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viernes, 18 de marzo de 2016

Jon Bilbao: Estrómboli

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable, rozando el imprescindible

En un artículo reciente, Alberto Olmos decía que en España hay dos escritores reconocibles como tales: Jon Bilbao y Óscar Esquivias. Si lo dice Alberto Olmos, quién soy yo para llevarle la contraria. Lo que yo puedo decir es que hace tiempo que no recuerdo haber leído un libro de relatos tan bueno como Estrómboli; y no digo "un libro de relatos español", no, digo un libro de relatos en general. Claro, Técnicas de iluminación por ejemplo me gustó, pero es otra cosa: Eloy Tizón es sobre todo un maestro del estilo y de la imagen; Jon Bilbao es un narrador puro, un contador de historias, sin que eso suponga un descuido del estilo ni mucho menos.

Jon Bilbao escribe de desencuentros trágicos, de malentendidos dolorosos, de conflictos profundos y muchas veces insolubles; escribe historias violentas, o historias que contienen violencia. En muchos casos se trata de tensiones reprimidas o inconscientes, que esperan una grieta en la realidad para salir a la superficie; "Estrómboli", el relato que da título al volumen y lo cierra, termina con una imagen muy representativa del modo como estas tensiones psicológicas e interpersonales se acumulan y se liberan cuando la presión se vuelve insostenible:
...el magma ascendía por la chimenea volcánica hasta el cráter [...]. Al subir por la chimenea, la parte superior del magma se enfriaba y solidificaba, formando un tapón. El magma de más abajo liberaba el vapor de agua y los productos gaseosos albergados en su interior. Los gases y el vapor generaban una burbuja que crecía hasta reventar el tapón. Esto sucedía cada veinte minutos.
En "Crónica distanciada de mi último verano", la violencia es la que se crea entre el narrador y un grupo de moteros que lo acosa, pero también entre la propia pareja protagonista. "El peso de tu hijo en oro" gira en torno a un accidente brutal e imprevisible que destroza la vida de sus protagonistas; en "Siempre hay algo peor" es un San Francisco corrupto y mafioso el que condiciona las vidas (y las muerte) de los personajes. "Avicularia avicularia" es un cuento grotesco, casi tremendista, sobre los límites a los que podemos llegar por nuestra familia; "El castigo más deseado", que tiene algunos paralelismos con "El peso de tu hijo en oro", hay corrientes subterráneas (o submarinas) de odio que solo se desvelan en las últimas páginas.


Los relatos de Estrómboli, como los de otros libros de Jon Bilbao, son decididamente cosmopolitas: Reno, San Francisco, Nueva Zelanda, Estrómboli... (Para compensar, también hay relatos situados en el País Vasco, en Tarragona, en los Picos de Europa....) Creo que este cosmopolitismo no es una simple búsqueda de variedad de paisajes: es también un indicativo de que Jon Bilbao se inscribe, conscientemente, en una tradición que va más allá de la española; una tradición que incluye muy particularmente la narrativa americana (Hemingway, McCarthy, Carver, Salter...). El estilo conciso, poco adornado pero muy efectivo, o el realismo crudo que impregna los relatos, también me parece heredero de esta tradición americana.

Jon Bilbao es, como dice Alberto Olmos, un escritor. No hace falta ni siquiera ponerle adjetivos. Es un pedazo de escritor. Despliega una escritura clásica, maciza, poco dado a experimentaciones formales, pero en la que también es muy difícil encontrar grietas. Es verdad que algunos finales de algunos cuentos me han dejado con ganas de más, con ganas de que se los relatos se hubieran cerrado de forma más contundente, o con ganas de que se hubieran resuelto de otra forma. Pero para eso haría falta que los cuentos los hubiera escrito yo, y no, los ha escrito Jon Bilbao; y con ellos ha construido uno de los mejores libros de relato que se han publicado en España en los últimos años.

También de Jon Bilbao en ULAD: Shakespeare y la ballenaComo una historia de terrorFísica familiar, Padres, hijos y primates

miércoles, 15 de julio de 2020

Jon Bilbao: Basilisco

Idioma original:
español
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy recomendable

En este blog somos muy fans de Jon Bilbao: hemos reseñado una buena parte de su obra, y siempre ha tenido valoraciones del "recomendable" para arriba. Así que no podíamos dejar de reseñar también Basilisco, su última obra recién publicada, que ha sido aclamada por muchos como su mejor obra. Y sí, no vamos a andarnos con rodeos: esta es probablemente la obra más acabada y compleja de un autor con una trayectoria ya de por sí muy sólida. Ya su anterior publicación, El silencio y los crujidos, anunciaba un paso más allá de la "simple" (con muchas comillas) recopilación de relatos, planteando variaciones sobre un mismo tema, pero en este caso va un poco más allá, forzando los límites de los géneros narrativos (relato, novela corta, novela) y construyendo una obra poderosa y ambigua.

Quien conozca la obra anterior de Jon Bilbao, al empezar a leer Basilisco es posible que tenga una cierta sensación de déjà vu. La primera historia, "La asombrosa historia de los hermanos ladrones de tumbas", nos presenta a un tipo de personajes que ya conocemos de otros relatos anteriores del mismo autor: una pareja compuesta por un escritor con formación en ingeniería y una investigadora académica, envueltos en trifulcas más o menos banales en el Oeste americano. Solo que la segunda mitad del relato abre una vía diferente con la historia de los hermanos Dunbar, situada, también, en el Oeste americano, pero en el mítico, el de las películas, el de la expansión de la frontera, la lucha contra los indios y los forajidos, la fiebre del oro, etc. El lector todavía no lo sabe, pero en este primer relato (que es, al final, algo más que un relato) se encuentran ya las dos líneas en que se desdobla el libro: una que roza lo autoficcional (volveré a esto más tarde), y otra, la historia de John Dunbar, que comienza como un western bastante tradicional, y que luego se adentra por otros caminos más sinuosos.

De hecho, el siguiente relato, "La playa del naufragio", parece confirmar que nos encontramos ante otro libro de relatos de Jon Bilbao (lo que ya no sería decir poco), al presentar una historia independiente de la(s) del relato anterior: la de un hombre que por arrogancia e imprevisión se encuentra en medio de un naufragio, flotando en un mar que lo arrastra a la deriva y obligado a mantener con vida, a lo largo de toda una noche, a las dos niñas que estaban a su cargo, su hija y su sobrina. Lo que pasa es que más tarde descubrimos que quizás esta historia no esté tan separada del resto del libro como a primera vista parece.

A partir de aquí podría decirse que el libro entra en los carriles que lo estructuran: los capítulos alternan la historia de John Dunbar, un hombre silencioso, misterioso y violento embarcado en una expedición por las tierras de la frontera americana; y el narrador-escritor-ingeniero, padre de familia y marido inseguro, algo torpe para las relaciones humanas, cargado con una irritación casi constante hacia la vida que vive, que no es la que le gustaría vivir. Pero una vez, más, Jon Bilbao no se limita a narrar estas dos historias en paralelo, unidas solo por lo temático o lo simbólico (a lo Las palmeras salvajes de Faulkner), sino que establece entre ellas puentes más directos, cuestionando la separación (cronológica y narrativa) de sus tramas.

He escrito varias veces la palabra "hombre" a lo largo de esta reseña, y no es casual: este es un libro sobre hombres, en el sentido puramente masculino del término. El narrador, John Dunbar, el protagonista de "La playa del naufragio", son hombres que cargan con una masculinidad si no opresora, sí al menos incómoda: una irritación constante contra el mundo que descadena la tragedia (como en "La playa del naufragio"), la violencia (como en "Basilisco") o la huida (en "Hacia el nido de la araña"), unida a la incapacidad, o a la imposibilidad, de comunicarse con los demás y con el mundo de forma positiva. Con todo, si desde un punto de vista de los personajes y las historias Jon Bilbao tiene, efectivamente, algo de faulkneriano (marca de estilo que quizás heredó de Ramiro Pinilla, al que tanto admira), en esta obra parece haber querido vestirse, hasta cierto punto, de Pynchon, jugando con los planos narrativos, las dimensiones de la historia que se (con)funden o la mezcla de tiempos y espacios a través de túneles, en este caso literales, que atraviesan la obra.

Desde el punto de vista puramente literario, me pregunto también si con esta obra Jon Bilbao no ha querido dejar su mensaje en relación con la autoficción, uno de los géneros de moda en este inicio del siglo XXI: el narrador y protagonista comparte bastantes características con el propio autor (asturiano, residente en Bilbao, formación en ingeniería, entre muchos otros detalles), aunque en ningún momento se produce una identificación explícita. Dado que el narrador-protagonista es pintado a veces con rasgos poco halagadores (inseguro, inmaduro, irresponsable), quizás Jon Bilbao haya creado un alter ego de sí mismo, con el que jugar a construir ficciones; o quizás haya creado dos alter egos, como Superman y Clark Kent: el superhombre John Dunbar, y el algo-menos-hombre atrapado en una vida mundana y familiar (cenas, pañales, exnovios, padres ancianos) en la que no se reconoce. No creo que se pueda decir que Basilisco es una parodia de la autoficción; pero sí sería una variante, autoconsciente y distanciada, creada por alguien habituado a escribir ficción a secas (si es que eso existe).

Al final, como decía al principio, lo que queda es la sensación de que estamos ante una obra de plenitud de un escritor que domina su oficio: a las cualidades ya habituales de sus obras, como la tensión narrativa medida, la atención al detalle (tanto en las abundantes y pormenorizadas descripciones como en el uso del léxico exacto para cada objeto, planta, animal o idea) o la construcción de tramas y personajes llamativos, se une en este caso una ambición mayor en la estructura de la obra, en los juegos con los planos y voces narrativas, y por lo tanto en la capacidad para sorprender al lector y desafiar sus expectativas desde el principio mismo del texto. Ahora solo cabe preguntarse hacia dónde va a ir Jon Bilbao después de esta obra, y si conseguirá volver a superarse a sí mismo.

______

P.D.: Para quien no lo recuerde (yo mismo tuve que ir a buscarlo), el Basilisco es un animal mitológico, "el rey de los reptiles", tan mortífero que es capaz de matar con la mirada o el aliento.

sábado, 31 de julio de 2010

Jon BIlbao: Como una historia de terror


Idioma original: castellano
Año de publicación: 2008
Valoración: Muy recomendable

Hace días que terminé de leer esta estupenda recopilación de cuentos escritos por Jon Bilbao y, sin lugar a dudas, tengo que decir que me sorprendieron muy gratamente, empezando por el primero de todos. La verdad es que el título del libro es muy revelador acerca de su contenido: son cuentos de terror aunque, como bien se dice en la contraportada del libro, "Jon Bilbao nos asoma a las amenazas que a menudo esconde lo cotidiano." Y es que en Como una historia de terror no vamos a encontrar cuentos típicamente de terror, con un ambiente marcadamente gótico o unos personajes extraídos de nuestras peores pesadillas. Por el contrario, el escritor asturiano ahonda en los miedos que se esconden en las situaciones más rutinarias y que las convierten en situaciones embarazosas, traumáticas y obsesivas.

El libro comienza por los "Prolegómenos", uno de los cuentos que más me han gustado, si bien es cierto que probablemente sea uno de los más simples y menos imaginativos. Durante unas horas nos inmiscuimos en la vida de una pareja y viajamos con ellos por las frías calles de una ciudad. Mientras tanto, compartimos con ellos el misterio en torno a un artículo sexual que han reservado y van a recoger. La atmósfera del cuento se tiñe desde el primer momento de un erotismo que engancha al lector hasta las últimas líneas.

Pero éste es sólo el inicio porque a partir de aquí Jon Bilbao nos muestra otras historias que rozan el absurdo, como la del vecino ladrón de ropa interior de "El ladrón de lencería", o que mezclan el mundo de las pesadillas con la realidad, como en el cuento que da nombre al libro "Como una historia de terror".

Jon Bilbao, además, recibió el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2008, concedido por RNE, por este libro de cuentos.

También de Jon Bilbao en ULAD: Shakespeare y la ballena blancaFísica familiarEstrómboli, Padres, hijos y primates

sábado, 16 de agosto de 2014

Jon Bilbao: Física familiar

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable

Cuando oímos el término "familia", lo primero que solemos hacer es pensar directamente en la nuestra, en nuestros padres, hermanos, abuelos y tíos y primos y gente que consideramos familiares aunque no exista consanguinidad alguna. Si bien todas las familias son diferentes, también es cierto que todas tienen varias cosas en común, como los roces, rencillas y sentimientos contradictorios (y, en muchos casos, inquietantes) que tan a menudo afloran, aun cuando se supone que no deberían.

Jon Bilbao se ha encargado de explorar esos sentimientos contradictorios y las curiosas relaciones que se establecen dentro del núcleo familiar en su nueva colección de relatos, Física familiar. En su último libro, el autor nos presenta a un hombre que es atacado por un perro –experiencia que le cambia la vida para siempre–, a dos parejas que se viven unas vacaciones fuera de lo normal, a un reciente viudo que empieza a sospechar –y temer– las construcciones de Lego de su hijo, a dos hermanas que compiten hasta límites insospechados por el amor del mismo hombre... amén de otros personajes que nos aportan una nueva visión de lo que la palabra "familia" significa.

Bilbao construye situaciones que, por lo cotidiano y por lo inhabitual que contienen, así como por el gran acierto con el que se han construido los personajes y lo verosímil de sus reacciones, consiguen al momento conectar con el lector, así como envolverlo en el ambiente incómodo al que el escritor quiere llevarlo.

Física familiar está dividido en tres partes: la primera es una reedición del primer libro de relatos de Bilbao; la segunda, una compilación de narraciones aparecidas en diversas antologías y revistas; y la tercera, finalmente, la componen tres relatos inéditos. Así, esta obra es perfecta tanto para aquellos que están familiarizados (nunca mejor dicho) con la obra del autor y que deseen acceder a aquellos escritos quizá no demasiado fáciles de encontrar, como para quien desee comenzar a conocer el trabajo de uno de los escritores españoles más interesantes de la actualidad.

También de Jon Bilbao: Shakespeare y la ballena blanca, Como una historia de terror La banda de los corazones sucios. Padres, hijos y primates

domingo, 12 de enero de 2020

Jon Bilbao: Padres, hijos y primates

Idioma original: Español
Año de publicación: 2011
Valoración: Recomendable

Esta novelita de menos de doscientas páginas ha sido toda una revelación. No es literatura de alto voltaje, pero entretiene de lo lindo. De verdad, Padres, hijos y primates es un maravilloso pasatiempo. Uno repleto de suspense, crueldad y violencia. Uno que, para colmo, está bien escrito. ¿Qué más se puede pedir? 

Un graduado en Ingeniería al borde de la quiebra se encuentra con su antiguo profesor durante un accidentado viaje por México. La tensión entre los dos crecerá hasta culminar en un clímax sobrecogedor. 

Jon Bilbao relata en Padres, hijos y primates cómo reaccionan varios personajes (supuestamente civilizados y racionales) a una situación límite. Esta premisa, no me lo negaréis, suena intrigante. Y dejad que os diga que Bilbao la desarrolla con una prosa sencilla y directa, una tensión narrativa admirable y una especial atención por lo atmosférico.

Ya habréis notado que de Padres, hijos y primates me ha gustado casi todo: su premisa, su estructura, su prosa, sus personajes y los conflictos de éstos, su ambientación, sus temas, su tono, su ritmo, su narración sesgada, su manejo del suspense, sus escenas de casquería... Incluso su final, algo efectista y excesivo, ha acabado por seducirme. Es cierto que choca al compararlo con el resto de la historia, más realista y comedida, pero Bilbao se encarga de que la transición de lo uno a lo otro sea orgánica y satisfactoria. 
  
Quizás le pondría, eso sí, una pega a esta novela. Sus digresiones sobre la «Inteligencia Artificial» o la «cosmogonía de Hörbiger» abultan demasiado, y hasta pueden imprimir una pátina de pretenciosidad a un relato cuyo objetivo último no es más que hacernos pasar un rato endiabladamente bueno.

En todo caso, repito que Padres, hijos y primates (premio "Otras Voces, Otros Ámbitos" del 2011) es un entretenimiento estupendo. Me encantaría ver esta obra llevada a la pantalla grande, aunque temo que la adaptación perdiera la enriquecedora ambigüedad del material original. Ya sabéis lo complicado que es que el lenguaje audiovisual respete este tipo de sutilezas.  


También de Jon Bilbao en ULAD: Aquí

domingo, 31 de octubre de 2021

Jon Bilbao: Los extraños

Idioma original: Español     
Año de publicación: 2021
Valoración: Entre recomendable y está bien

Los extrañosnovela corta del asturiano Jon Bilbao, es tan incómoda y perturbadora como, a su extraña manera, hermosa. Funciona a la perfección en tanto que excusa para abordar la agonizante relación que ata a sus dos protagonistas. En cambio, no acaba de cuajar como narración al uso. 

Vamos por partes. De este texto, destacaría las siguientes virtudes: 

  • Se lee de una sentada. 
  • Tiene un título la mar de sugerente.
  • En su prosa, que hace gala del estilo taquigráfico propio de un guion audiovisual, se aprecia sin embargo cierta factura artística (descripciones sensibles, recursos expresivos...).
  • Sus personajes, aunque algo simples, tienen unas caracterizaciones lo suficientemente marcadas como para diferenciarse entre ellos. Y las dinámicas y sinergias que mantienen unos con otros, por cierto, son bastante interesantes. 
  • Abunda en escenas impactantes, ya sea porque son visualmente potentes, porque su planteamiento derrocha imaginación o porque logran teñir lo cotidiano de rareza.

Por otro lado, tengo que admitir que le he encontrado defectillos a Los extraños

  • En retrospectiva, da la impresión de que le falta empaque. Parece, antes que una obra terminada, un borrador (uno muy trabajado y sumamente prometedor, eso sí). 
  • Abusa de la indefinición y la ambigüedad. Ambas, cualidades que admiro, especialmente en ficciones que se pretendan misteriosas e inquietantes, pero que hay que saber administrar en su justa medida.
  • Desaprovecha vetas argumentales con mucho potencial, como la de la sexualidad malrollera.

En fin: Los extraños es una propuesta sugestiva y entretenida a la que le falta mayor definición para ser todo lo memorable y compleja que prometía. En cualquier caso, deja buen sabor de boca y reafirma la certeza de que la literatura de Bilbao es siempre, aun con sus más y sus menos, una apuesta segura. 


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miércoles, 21 de agosto de 2013

Jon Bilbao: Shakespeare y la ballena blanca

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable


En 1601, la reina Isabel de Inglaterra envía una misión naval a Dinamarca para rendir homenaje al rey Cristián IV. Como miembros más de la tripulación nos encontramos a William Shakespeare y su compañía de teatro, quienes han recibido el encargo de representar algunas de las obras del dramaturgo (Hamlet no, por supuesto) y enretener a la corte. 

Ocurre que, a media travesía, los asalta un cielo cargado de nubes y una absoluta ausencia de viento, con lo cual el barco se detiene. Mientras la tripulación espera que la situación cambie, aparece una inmensa ballena arrastando cadáveres y luciendo restos de arpones aún clavados en su lomo, que a partir de entonces rondará el barco sin descanso. Shakespeare, por supuesto, queda fascinado por el animal y, cansado de la situación en la que tiene que representar sus obras, de los pocos medios existentes y del mínimo nivel de exigencia de su público, comienza a elaborar lo que podría ser toda una revolución en el mundo del treatro de la época: una obra con la ballena como protagonista.

Así comienza Shakespeare y la ballena blanca, una novela en la que Jon Bilbao se encarga de homenajear no sólo al dramaturgo inglés, sino también a Herman Melville y su inolvidable Moby Dick. Mientras la tripulación (marineros curtidos en rutas peligrosas, que han vivido mil y una situaciones parecidas) intenta encontrar la manera de ahuyentar al enorme cetáceo, Shakespeare idea su obra de teatro y comienza a plantearse cómo solucionar los problemas técnicos que surgirían al intentar llevar una ballena al escenario.

De este modo, el barco y lo que sucede en él se convierten en un atípico escenario teatral, donde cada personaje juega un papel importantísimo e indispensable para el desarrollo de todo lo que está por pasar. De la misma manera, Bilbao utiliza las cavilaciones de Shakespeare como excusa para mostrar una parte de la vida del autor que seguramente desconocíamos y para esconder –y, al mismo tiempo, sugerir– otras reflexiones no menos importantes sobre y para él mismo.

Que nadie espere en este libro una nueva Moby Dick en otro escenario, porque se decepcionará. Shakespeare y la ballena blanca no es Moby Dick. Puede ser un homenaje, claro, pero es una novela completamente independiente y ha de leerse como tal. Sólo así podremos disfrutarla como se merece.


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jueves, 23 de abril de 2026

Jon Bilbao: El regreso del Hircocervo

Idioma original: Español     
Año de publicación: 2020
Valoración: Entre recomendable y está bien

En Reata, ningún animal doméstico sobrevive a la medianoche. Un veterinario que llega a este pequeño pueblo de la España profunda, supuestamente de vacaciones, acabará investigando, al igual que tantos otros antes que él, semejante fenómeno.

Esta es la premisa de El regreso del Hircocervo, novela corta del asturiano Jon Bilbao que aúna el terror rural castizo con lo lovecraftiano, siempre desde la óptica ambigüa e indefininida de lo extraño y lo insólito. Funciona a la perfección en tanto que experiencia literartia creativa, incómoda y perturbadora. Desgraciadamente no acaba de cuajar como narración al uso. 

Vamos por partes. De este texto, destacaría las siguientes virtudes: 

  • Dada su brevedad y el interés que genera se lee de una sentada.
  • Tiene un planteamiento extremadamente sugerente.
  • En su estilo taquigráfico, similar al de un guion audiovisual, se aprecia sin embargo cierta sensibilidad.
  • Sus personajes, aunque algo simples, tienen unas caracterizaciones lo suficientemente marcadas como para diferenciarse entre ellos.
  • Alberga un par de escenas impactantes, ya sea porque son muy imaginativas o porque logran teñir lo cotidiano de rareza.
  • Se guarda las explicaciones y respuestas sobre su misterio principal para sí mismo.

Por otro lado, tengo que admitir que El regreso del Hircocervo me ha parecido algo mejorable: 

  • Visto en retrospectiva, da la impresión de que le falta empaque. Parece, antes que una obra terminada, un borrador (uno muy trabajado y sumamente prometedor, todo sea dicho).
  • La mayoría de escenas que muestran los enredos sexuales del protagonista aportan poco y se antojan reiterativas.
  • Desaprovecha a algunos personajes.

En fin: El regreso del Hircocervo es una novela solvente, sugestiva y entretenida. No obstante, parece escrita en un frenesí de inspiración que se hubiera beneficiado, al menos para mi gusto, de una revisión en frío. Sea como fuere, cumple sin sobresalir, gusta sin entusiasmar e impacta sin llegar a ser memorable, y demuestra, una vez más, que Bilbao es un autor al que conviene tener en cuenta.

Ah, esta novela se la debemos a Fin de Raza, editorial (lamentablemente en hiato desde hace bastante tiempo) que apuesta por libros que combinan lo literario y lo visual y devienen bellos objetos de coleccionismo. Como muestra de esta filosofía tenemos El regreso del Hircocervo, con su calidad artesanal, su tirada de 1000 ejemplares y sus ilustraciones de Celsius Pictor.


También de Jon Bilbao en ULAD: Aquí

lunes, 15 de junio de 2015

Nere Basabe: El límite inferior

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable

Alguien debería estudiar la conexión que existe entre Salto de Página y los escritores bilbaínos, porque es uno de los fenómenos editoriales fundamentales de la literatura española (con perdón): Aixa de la Cruz, Nere Basabe, Jon Bilbao, Juan Carlos Márquez (que no vive en Bilbao pero a bilbaíno le gana poca gente)... Y casi podíamos añadir a Juan Gómez Bárcena, que es cántabro, pero porque los de Bilbao nacen donde quieren. Solo falta que Salto de Página fiche a Iván Repila, y el universo implosiona... en torno a Bilbao, que como todo el mundo sabe es su centro.

Bromas aparte, con este catálogo de escritores jóvenes -que sean de Bilbao y alrededores es algo anecdótico-, Salto de Página está haciendo una apuesta valiente, y creo que ganadora, por publicar nuevas voces narrativas que tienen solo una cosa en común: que escriben bien y que no se molestan en redactar manifiestos generacionales para demostrarlo. Nere Basabe es la última incorporación a este grupo (la última que yo he conocido, porque ya en 2008 publicó su primera novela, Clara Venus), con esta obra, El límite inferior, que ya ha sido comparada con En la orilla de Chirbes, lo que supongo que a estas alturas le tocará un poco las narices a la autora.

Pero es que algunas similitudes de ambientación y de temas son evidentes: El límite inferior se sitúa en La Solana, una ficticia localidad de la costa española, convertida en resort turístico para extranjeros y ancianos (y extranjeros ancianos). Es un pueblo que parece hecho a propósito para filmar una película de terror: despoblado en época baja, y ligado a tierra por un único puente que, como era de esperar, quedará cortado en un momento de la novela. En ese espacio muy poco paradisiaco coinciden cuatro personajes que cargan cada uno con su propia soledad: Víctor y Valeria son un matrimonio en el que ya queda muy poco de cariño y sí mucho resentimiento y desprecio mutuo; Brigitte es una mujer francesa que un día salió de Francia huyendo de sí misma, y que ahora se ocupa de cuidar de los jubilados franceses que van a La Solana; y Breogán, un artista bohemio que ahora trabaja creando souvenirs y dando talleres para personas con discapacidad.

Ninguno de los cuatro personajes es un héroe; ninguno es exactamente simpático, de esos que hacen que el lector se identifique inmediatamente con ellos. Todos tienen sus pecados, sus vicios, sus secretos, sus defectos. Víctor y Valeria son quizás los más estereotípicos (el marido corrupto, cobarde y mujeriego; la mujer superficial y vengativa); Brigitte, que al principio parece una arpía que no siente ninguna compasión hacia sus semejantes, ni hacia los vejetes de los que tiene que ocuparse, termina siendo quizás el personaje más complejo y mejor dibujado; a Breogán confieso que no he acabado de cogerle el punto, y no sé si sentir pena por él y por sus sueños de artista tirados por la borda, o si despreciarlo por cobarde y por autocompasivo. Hay en esta obra una cierta crueldad en el trato de los personajes que me recuerda a otra escritora de la lista de escritores bilbaínos que citaba antes: Aixa de la Cruz, aunque en su caso la crueldad adquiere una forma más física y más obvia (todavía me acuerdo del pobre gato de uno de sus cuentos).

El límite inferior tiene una estructura algo inusual: los tres primeros capítulos, titulados con nombres de vientos, serían una especie de primer acto, en que se establecen los personajes, las relaciones entre ellos, y el ambiente claustrofóbico en el que va a desarrollarse el resto de la acción; los cuatro últimos capítulos, titulados con nombres de mareas, adquieren un cierto aire de novela policiaca, cuando desaparece un chaval de La Solana y los cuatro personajes protagonistas se convierten en sospechosos. En ningún momento El límite inferior se adscribe completamente al género policiaco, pero esta subtrama de investigación le añade al conjunto un grado más de tensión que, la verdad, se agradece, e incluso hace desear que hubiera aparecido antes en el texto.

Hay un aspecto que me alejó de esta novela al principio, y que me impide darle un "Muy recomendable" (si no pusiera pegas, dejaría de ser yo mismo), y es el estilo, que alterna grandes aciertos y frases memorables ("Valeria es el jarrón de porcelana y es el balón que acaba de romperlo" me encantó como descripción sintética de un personaje), con cierta búsqueda de palabras que pueden ser exactísimas en su significado, pero resultan extrañas en el texto, y más aún en los diálogos (de la misma Valeria, por ejemplo, se dice que está "más cerca del climaterio que de su primera menstruación", que es una forma bastante rebuscada de decir que ya no era una chavala).

Si se ha comparado machaconamente este libro con Chirbes no es solo porque se sitúe en la costa española, claro, sino porque de alguna forma comparte con él la intención de radiografiar las causas y las consecuencias de la crisis (económica pero también cívica y moral) de finales del siglo XX y principios del XXI. Los paisajes de horribles apartamentos a pie de playa y urbanizaciones a medio construir han dejado también como resultado seres como Víctor, Valeria, Brigitte y Breogán: seres sin ilusión, sin futuro y sin esperanza que giran los unos en torno a los otros sin llegar a encontrarse. Y los cadáveres mientras tanto siguen apareciendo en la playa.

domingo, 14 de febrero de 2016

Colaboración: 612 euros de Jon Arretxe

Idioma original: euskera
Título original: 612 euro

Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable (conviene ser de Bilbao, Bilbao…)

El Cholo Simeone. Háganme caso: si quieren un filósofo fetén, un pensador de cabecera que, con los pies en el suelo, dé alguna explicación a su existencia, prueben con la frase del entrenador colchonero: “hay que ir partido a partido”. Al menos, al protagonista y personajes de esta novela les funciona: en esta segunda entrega del inspector Touré, los habitantes de un Bilbao clandestino van sorteando el día a día con esa máxima.

El detective es el burkinés sin papeles de 19 cámaras que sobrevive gracias a trabajos tan esporádicos como variopintos y que aspira a esos 612 euros de la Renta de Garantía Social que ponen título a la historia. La relativa normalidad de su barrio, San Francisco, se ve alterada por la llegada de Cissé, supuesto primo del protagonista, y de su hijo Garán, de apenas seis años. Sus menudeos, trapicheos y robos nos permitirán hacer un tour por Bilbao la Vieja, pondrán a Touré en un brete continuo y lo acabarán abocando a una situación explosiva.

Vayamos con sus luces… En numerosas ocasiones, la originalidad de una obra reside en el punto de vista; en la deixis, si nos ponemos pedantes; en el mirador –más bien la mirilla- en que nos coloca Jon Arretxe para contemplar lo que ocurre en el barrio de al lado. Por esa perspectiva insólita recuerda a Santiago Beltrán, el anciano protagonista de El ojo de halcón de L. M. Ruiz y algo tiene también del alicate de El misterio de la cripta embrujada. Esa baza está, también aquí, bien jugada; no estamos ante un investigador al uso y ese detalle tan significativo sumará atractivo a la novela.

Por otro lado, hay un Bilbao multiétnico que roza ya los límites, las costuras más recientes del botxo, como Miribilla. Arretxe saca partido a esa incertidumbre, a ese desasosiego que inevitablemente genera esa situación y escribe un relato conciliador, casi terapéutico. Quizás no fuera urgente pero iba siendo, al menos, necesario.

Detengámonos en sus sombras… El lector, lamentablemente, tiene la sensación de que la trama es una simple excusa para mostrar el paisaje y el paisanaje de esta parte de la Villa: el escenario se come literalmente a sus actores, privados de aristas, esbozados, perfilados precipitadamente. Curiosamente, los secundarios -Osmán, Txema y Cristina- parecen haber estado más tiempo en el horno y ofrecen una mayor solidez. Y no ha sido por falta de páginas, pues Este, como decíamos, es ya el segundo volumen de la serie y acaba de publicarse un tercero, Juegos de cloaca.

Al lado de Carvalho, Petra Delicado o Bevilacqua, Touré es un pobre sucedáneo cuyo mérito principal es hacer de cicerone en unas calles desaconsejables para los bilbaínos blancos. En el caso de las obras de Vázquez Montalbán, G. Bartlett o de L. Silva el decorado no está sobredimensionado ni hipertrofiado (acaso –seamos justos- las localizaciones sean también más convencionales). En definitiva, si hemos contratado anteriormente a otros detectives, el de esta ocasión nos defraudará irremisiblemente y es muy posible que no contemos con él en futuras ocasiones.

En fin.

Otras obras de Jon Arretxe en ULAD: La calle de los ángeles

Firmado: Aster Navas

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Geoffrey Willans & Ronald Searle: ¡Abajo el colejio!

Idioma original: inglés
Título original: Down with skool!
Año de publicación: 1953
Traducción: Jon Bilbao
Valoración: divertido

ha todos los ninios i niñas qe enpezais de nuebo el kurso eskolar: ¡No seais exklabos! no permitais la hopresion de padres i profes! Biva la livertaz, ermanos i ermanas de infortunio! ¡Abajo el colejio!

Uf... qué cansado es escribir así, os lo digo de verdad; más aún para una persona como un servidor, que no ha puesto una falta de ortografía en su VIDA (las que encontráis  ocasionalmente en mis reseñas y que señaláis con suma y bienvenida gentileza son por culpa, en exclusiva, del defectuoso software del procesador de textos de blogger.com, os lo aseguro). Pero el caso es que así es como está escrito este libro de Geoffrey Willans -bueno, así no, claro, en inglés, cuidadosamente traducido por Jon Bilbao... o quizás debería escribir "cuidadosamente mal traducido"-, en el que un estudiante de uno de esos típicos colegios privados británicos, santuarios de los deportes de equipo y los castigos corporales, en este caso uno llamado San Custodio, nos ofrece un compendio de observaciones y consejos sobre compañeros, padres y profesores para sobrevivir a los años escolares sin dar ni golpe y recibiendo los menos posibles...


El resultado es una mezcla entre las aventuras de Guillermo el travieso, las del pequeño Nicolás (el original, se entiende) y un Harry Potter sin magia... Así, aprendemos que podemos tener como compañeros tanto a repelentes barbilindos como a prepotentes ricachones; la diversa tipología de "direztores" y sus instrumentos de castigo, así como la de esos infelices que son los profesores; cómo conseguir librarnos de sus clases, tanto de latín, mates o literatura, como de las excursiones botánicas o la religión -el poco eficaz método de aparecer vestido de ángel y colgando de una cuerda hasta que te castiguen por blasfemo). También cómo torturar a esos curiosos especímenes que son los padres y madres cuando acuden al colegio a visitar a sus vástagos o cómo evitar  -o al menos divertirse con la infame comida que se sirve en San Custodio.

Como se ve, se trata de un texto muy divertido, aunque quizá su acidez se nos quede un tanto diluida en estos tiempos, pese a que las dosis de vitriolo no son escasas... claro que quizás aumentasen en los siguientes tres o cuatro libros que Willans escribió con el inefable Nigel Molesworth de protagonista, no lo sé... 
"Pasa a menudo que los padres se preocupan por los pogresos de sus hijos. No se dan cuenta de que todos los niños son unos zoquetes sin celebro, lo que es fácil de conprender viendo a los padres."

En todo caso, el divertimento que supone este libro sería mucho menor sin las desopilantes ilustraciones de Ronald Searle, tan jocosas como el propio texto y que, en verdad, funcionan al margen de éste. Una delicia (bueno, según para quién...):


Así que, ya sabéis, niñas y niños, personas diminutas, que retomáis en estas fechas las clases, después del parénteisi veraniego: tal vez no os guste vuestro cole, vuestros profes o compañeros, pero siempre podía ser peor; podríaas estar en San Custodio... De cualquier forma, ahora y siempre: ¡Abajo el colejio!

miércoles, 27 de abril de 2016

Óscar Esquivias: Andarás perdido por el mundo


Idioma original: Español
Año publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable


Recientemente decía Alberto Olmos en un artículo que en España hay dos escritores reconocibles como tales: Jon Bilbao y Oscar Esquivias.

Santi, en su reseña de "Strómboli", lo corroboró en lo tocante a Jon Bilbao.

Y ahora tocaba comprobar si Alberto Olmos también llevaba razón en lo referente al burgalés Óscar Esquivias. Ya habíamos comprobado las dotes del Esquivias novelista en su "trilogía dantesca" y ahora queríamos testear su versión "cuentista".

Pues bien. Los relatos (cuentos, historias o como prefiráis) que componen “Andarás perdido por el mundo” vuelven a poner de manifiesto la habilidad de Esquivias. Un escritor muy castellano, tradicional en las formas, con una prosa elegante y sobria y siempre en busca de la palabra precisa. Un muy buen escritor.

Los catorce relatos, escritos todos ellos por encargo y ya publicados con anterioridad en libros colectivos, revistas o antologías, se sitúan geográficamente en lugares tan variopintos como Madrid, África, Florencia, Rusia, Los Ángeles, París o, cómo no, Burgos y temporalmente abarcan desde el siglo XIX hasta nuestros días.

Pero sí que poseen una serie de rasgos comunes. Principalmente los protagonistas, en su inmensa mayoría niños, adolescentes o jóvenes (¡cómo no se va a andar perdido por el mundo a esas edades!) y los temas, que son los inherentes a esos períodos de la vida, es decir, los descubrimientos, los extrañamientos, la frustración, el desengaño, el aprendizaje en su más amplio sentido.

El libro comienza de forma totalmente deslumbrante con cuatro relatos de un nivel, en mi opinión, altísimo.

“Todo un mundo lejano” narra de forma magistral la evolución de la fe religiosa de un grupo de jóvenes y las contradicciones entre esa fe y la sexualidad, con un final abrupto y sorprendente. La descripción del ambiente en el que se desarrolla el relato es de lo mejor de todo el libro. 

“Curso de natación” es un relato de apenas dos páginas que definiría con una palabra: desengaño.

“El chino de Cuatroca” es el relato barojiano-dickensiano del libro. Con su toque de costumbrismo y picaresca. En él asistimos a los intentos de un joven ecuatoriano por entrar en el mundo de los adultos en el Madrid del siglo XXI. 

Llegamos después a “La Florida”, otra de las joyas del libro. Un relato tierno y hermoso, con tintes autobiográficos, en el que un narrador adulto recuerda escenas familiares de su infancia que, con el paso de los años, revelan su verdadero significado.

Los cuatro siguientes, el místico “El joven de Gorea”, el homenaje a Leskov de “El príncipe Hamlet de Mtsensk”, acerca de las dudas y el desencanto juvenil, “Los chinos” y el gamberro “Temblad, filisteos”, pese a ser más que correctos, no llegan, en mi opinión, al nivel de los anteriores.

El libro remonta vuelo con “La última víctima de Trafalgar” y “La casa de las mimosas”.

“La última víctima de Trafalgar” es el relato más largo del libro (unas 40 páginas) y se trata de una divertidísima y disparatada historia con turbios profesores universitarios, enamoradizos y vengativos piratas de tiempos remotos y legajos históricos de dudosa procedencia. 

En “La casa de las mimosas” se retoman los temas de “Curso de natación” o “La Florida”, con, de nuevo, un narrador adulto que rememora su infancia y su descubrimiento del mundo de los adultos. Aunque en este caso el escenario pasa de Oña (en "La Florida) a Los Ángeles.

“Mambo” es un simpático relato breve por debajo de los dos anteriores.

“El mejor de los mundos” nos vuelve a traer a un joven desorientado y plagado de dudas, con África como telón de fondo.

Se cierra el libro con dos relatos que vuelven a elevarse por encima de la media del libro.

Uno es “El misterio de la Encarnación”, el relato proustiano de Esquivias, en el que la famosa magdalena del francés es sustituida por una nota de oboe. Nuevamente, asistimos en él a los descubrimientos y extrañamientos que el mundo de los adultos supone, en este caso, para un preadolescente.

El relato final, “El arpa eólica”, es una divertida y tenebrosa historia al más puro estilo de Edgar Allan Poe o de H.P. Lovecraft. En él, la música tiene un importante papel, como en muchos otros relatos del libro.

En resumen, una obra con un nivel medio muy alto en la que encontramos alguno de los mejores relatos publicados en lengua castellana en lo que llevamos de siglo (opinión muy personal, por supuesto). Y no, no  me hace falta haberlos leído todos.

Ahora bien, después de leerla, no sé si quedarme con el Esquivias novelista o con el Esquivias cuentista. No lo tengo claro.

Pero hay una cosa que sí tengo clara: en lo que se refiere a Oscar Esquivias, Alberto Olmos también llevaba razón.


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Tras  preparar la reseña y, en vista de la gran idea que tuvo Francesc en reseña de el libro de Javier Calvo "El fantasma en el libro", se planteó la idea de tener una pequeña charla con Óscar Esquivias.

Gracias a la amabilidad de Óscar, aquí la tenéis:

ULAD:  ¿Cómo surge la idea de recopilar en un único volumen estos 14 relatos ya previamente publicados pero que estaban un poco “perdidos por el mundo”?

O.E: Sucedió cuando me di cuenta, a finales del año pasado, que no iba a terminar pronto la novela en la que andaba (ando) enfrascado desde hace un lustro. Me dije: ¿Por qué no publicar ahora estos relatos que casi nadie conoce? Se lo comenté a mi editor y dos meses después el libro estaba en la calle.

ULAD: Imagino que habrá muchos más relatos por ahí dispersos o pendientes de publicar. ¿Por qué, entonces, estos 14 y no otros?

O.E: Porque estos catorce tienen en común ciertos elementos (la juventud, cierta idea del desamparo, la variedad de localizaciones, la voz masculina) que hacen que puedan integrarse con cierta coherencia dentro de un mismo ciclo narrativo. Los que quedaron fuera desentonarían, a mi juicio, dentro de este conjunto.

ULAD: Según comentas al final del libro, muchos relatos corresponden a determinados encargos para revistas, libros colectivos, etc. ¿Antecede el encargo al relato o el relato al encargo y lo que hay es una adaptación del relato a las circunstancias?

O.E.: Todos nacieron gracias a los encargos, en ningún caso reciclé un cuento preexistente. En mi caso, los encargos suelen disparar mi imaginación.

ULAD: Hay varios relatos de corte autobiográfico. Después de tantos años escribiendo, ¿sigue habiendo algo de pudor o de vergüenza a la hora de escribir ciertas cosas?

O.E.: Más que autobiográficos, algunos de los cuentos se ambientan en lugares que conozco muy bien, como el barrio de Gamonal de Burgos o el de Cuatro Caminos de Madrid, pero en ninguno de ellos cuento exactamente mi vida. Evito la llamada autoficción (género en el que hay obras que me entusiasman) porque siento cierto pudor no tanto a hablar sobre mí mismo como sobre los demás. Me parece que traiciono a las personas que quiero si narro episodios –aunque sean inocentes– en los que estuvieron involucradas. 

ULAD: En el libro hay un relato barojiano (“El chino de Cuatroca”), otro proustiano (“El misterio de la Encarnación”) y otro lovecraftiano (“El arpa eólica”). Como lector, ¿con cuál de estos tres monstruos de la literatura te quedas?

O.E.: Baroja es el autor al que mejor conozco de los tres. Es un escritor que me entusiasma y al que me siento muy afín. 

ULAD: El hecho de que la gran mayoría de relatos esté protagonizado por niños, jóvenes o adolescentes, ¿implica un especial interés por las situaciones y procesos que tienen lugar en estos períodos de la vida o es pura casualidad?

O.E.: Uno de los asuntos que me gusta abordar en mi obra es el autoconocimiento, especialmente en ciertos cuentos que se centran en un momento de epifanía de los personajes. Uno puede tener estas iluminaciones íntimas a lo largo de toda su vida, pero generalmente es en la juventud cuando se producen los descubrimientos vitales más importantes.

ULAD: Cambiando de tema. Eres un escritor joven, pero con una obra premiada, extensa y variada, que va desde la novela juvenil, la novela, el relato o incluso el ensayo. ¿En qué género te sientes más cómodo?

O.E.: Gracias por lo de joven. Creo que lo que mejor se me da es la novela y el cuento, o al menos son los géneros donde siento que he llegado más alto y para los que estoy mejor dotado.

ULAD: De toda tu obra, “Inquietud en el paraíso” es para algunos miembros del blog de lo mejor que se ha escrito en lengua castellana en el siglo XXI. Teniendo en cuenta que se publicó en la Editorial DeBolsillo (una de las “grandes”), ¿qué pudo fallar para que no te convirtieras en un escritor más conocido para el gran público?

O.E.: Yo no me quejo de la porción de éxito que me ha tocado, en absoluto. Por recordar a un autor aquí citado, hoy leemos y apreciamos a Baroja, lo consideramos un autor vigente e importante y los escolares lo estudian, pero a veces nos olvidamos de que, en su momento, los escritores más populares y que más vendían no eran él, Valle Inclán o Unamuno, sino el Caballero Audaz y otros de ese estilo. 

ULAD: Vinculado a lo anterior, ¿qué diferencias hay entre trabajar con una editorial grande y trabajar con otra más pequeña como Ediciones del Viento, con la que llevas ya muchos años?

O.E.: Supongo que una editorial pequeña es más ágil y flexible para decidir la publicación de un libro, mientras que en una grande todo se planifica con más tiempo y, según los casos, se interviene en el texto del autor para satisfacer las demandas de su público. Para bien o para mal, el texto que yo envío a la editorial es el mismo que aparece impreso.

ULAD: Hablando de Ediciones del Viento, hace poco vi en su web que “Andarás perdido por el mundo” ya va por su segunda edición. Todo un éxito (merecido, además). ¿A qué crees que puede deberse?

O.E.: No lo sé. Los libros de cuentos suelen pasar más inadvertidos y a mí mismo me ha sorprendido su éxito (su modesto éxito, tampoco es que se esté vendiendo como El código Da Vinci). Seguramente ha influido que hacía mucho tiempo que no sacaba ninguna novedad y mis pocos (pero animosos) lectores estaban ya impacientes.

ULAD: Por último, teniendo en cuenta la variedad de registros en la que te mueves ¿con que nos sorprenderás próximamente? ¿O lo dejamos en secreto?

O.E.: Tengo varios proyectos entre manos con sendos amigos que son grandes artistas, el ilustrador Miguel Navia y el fotógrafo Asís G. Ayerbe. Y luego debería terminar esa novela que llevo escribiendo desde hace un lustro (a este paso va a terminar antes ella conmigo). No sé cuál de todos estos proyectos nacerá primero, así que el primer sorprendido voy a ser yo mismo.

Otras obras de Óscar Esquivias en ULAD: Aquí




domingo, 20 de diciembre de 2020

VVAA: Thomas Pynchon


Idioma original:
español

Año de publicación: 2016

Valoración: muy recomendable

Perdonaréis los lectores que aproveche esta reseña para analizar un poco mis hábitos de lectura e incluso mi comportamiento ante ciertos retos. Unas breves frases confesionales y ya paso a lo que os interesa. Hasta la fecha, ninguno de los cuatro libros de Pynchon que he leído (una colección de relatos y tres novelas) me ha entusiasmado. Incluso con el primero, La subasta del lote 49, tuve un serio encontronazo con muchos lectores, cuyas consideradas, pero razonadas, réplicas a mi valoración (intragable) me obligaron a plantearme si no había leído la novela demasiado a la ligera.

A pesar de lo cual, no solamente lo he seguido leyendo y haciéndome con toda su obra, sino que pienso llegar hasta el final. Leeré todas sus novelas y mi opinión la basaré en esa experiencia sin dejar cabo suelto alguno.

Por supuesto, la tentación de un libro dedicado a su obra como es este Thomas Pynchon era demasiado poderosa. Incluyendo firmas como Jon Bilbao o Rubén Martín Giráldez, no hay duda alguna de que buenos escritores escribiendo con total libertad sobre ese mito viviente (mito por los motivos que sea, incluyendo, por supuesto, la enorme carga de morbo que acarrea el misterio en torno a su persona) como son los autores de los artículos que configuran este brillante texto, no solo son un gancho si el escritor (tentado estoy de llamarle "el personaje") te interesa. Casi es un recorrido no exento de ironía por los resortes que convierten a un escritor de vocación artísticamente minoritaria, nada más alejado del mainstream literario por mucho que nos parezca, en una figura de culto, en una especie de icono popular capaz de apelar menciones en series televisivas, en una estrella brillante en un firmamento a veces demasiado embarullado. Aquí los escritores han de ser a la vez críticos, columnistas, tertulianos, guionistas, redactores anónimos de lo que vaya saliendo, y vete a saber si camareros para ganarse la vida. Pynchon solo aparece a través de su obra y de fugaces apuntes y eso le ha permitido seguir adelante pero, claro, hablamos de Estados Unidos y una poderosa industria editorial que sustenta a toda clase de autores, y elevarse a ese status levantando admiración, la suficiente para dar para varios estudios y mantener un ejército de fans digamos que irredentos, aunque me da a mí, puede que sea mi caso, que para ser fan de Pynchon hay que pasar una especie de período de adaptación que podría certificarse con un examen para ver si se han comprendido sus novelas y se ha captado un porcentaje significativo de su multitud de referencias.

Y Thomas Pynchon, el libro, es hasta Pynchoniano en su afán. Textos que lo ensalzan, textos que hablan de las conexiones entre sus obras, textos que estudian en profundidad alguna de ellas, textos que se atreven a convertirse en complementos a sus novelas (aquí tenemos una nueva andanza de Doc Sportello), algunos más académicos, algunos (dejad que destaque a Jon Bilbao) más osados en lo creativo, algunos casi informativos - uno habla del tráfico generado en la Wikìpedia por sus seguidores y de las Wiki-páginas dedicadas a sus novelas - otros que son semblanzas de sus novelas más célebres, todo teñido de un espíritu gozosamente literario, no despojado de un sentido irónico que tiene su culmen en la intervención de ese rara avis que es Rubén Martín Giráldez: en su artículo aún no me ha quedado claro si Mason y Dixon le gustó o la considera un proyecto fallido (casi me pasó lo mismo, lo expliqué en la última Tochoweek). Con lo cual resulta, tildadme de sacrílego, que un estudio o un compendio de artículos sobre Pynchon, casi me ha parecido más digerible en su variedad y en su heterogeneidad de planteamientos, que sus propias novelas. Que seguiré, por supuesto, comprando y leyendo. Lo cual no deja de ser, también, bastante Pynchoniano.

domingo, 19 de octubre de 2014

Sergio del Molino: Lo que a nadie le importa

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Decepcionante

No me resulta fácil escribir esta reseña, no creáis. No soy (en general, en este blog no somos) de esos críticos que disfrutan afilando el bolígrafo -o el teclado del ordenador- y poniendo a parir libros y escritores, y si son jóvenes y están blanditos mejor. Pero al mismo tiempo tampoco creo que sea bueno que nos abstengamos de criticar los libros que no nos han gustado, para no molestar.

O sea, que como se puede adivinar por este principio, y por la valoración que le he dado, Lo que a nadie le importa no me ha gustado. Lo cogí con muchas ganas, porque me había impresionado La hora violeta, por motivos que comprenderán muy bien los que hayan leído esa novela; de hecho, Lo que a nadie le importa es el primer libro que he pre-comprado en mi vida, cuando lo vi en pre-venta en eBook. Y de hecho las primeras, digamos, setenta páginas del libro hasta me estaban interesando. Pero luego no, y me da pena, pero no.

Lo que a nadie le importa se compone de una especie de mezcla de Soldados de Salamina de Cercas con Bilbao-New York-Bilbao de Kirmen Uribe, aunque le falte algo que en estas obras era evidente: una intención, una idea central que articule la trama narrativa. Es al mismo tiempo una novela histórica, que reconstruye la evolución del país en los últimos setenta años, una memoria familiar, centrada sobre todo en el abuelo materno del escritor, y una obra de autoficción, en la que el escritor se retrata a sí mismo en el momento de escribir, pero sobre todo como el nieto de su abuelo, por parecidos y contrastes.

El problema es que, sin querer hacer un chiste, el título del libro está bastante bien elegido: lo que cuenta Sergio del Molino interesa al principio, con una anécdota inicial poderosa (el momento de la muerte del abuelo y su contundente última frase a su mujer), y la reconstrucción de la que podría ser la fecha central de su vida: la batalla del Ebro en la Guerra Civil. Pero luego la historia, como el abuelo, se trasladan a Madrid, y el texto se vuelve repetitivo, anodino y, la verdad, poco interesante. Hay anécdotas curiosas, relaciones interesantes, personajes atractivos, pero se pierden en medio del texto; quizás una obra más breve, de capítulos más cortos y más centrados habría ayudado a la lectura, no lo sé.

El otro problema que tengo con la novela es el estilo, y esto es paradójico porque no cabe duda de que Sergio del Molino escribe bien. Mi problema es que, me da la impresión, hay en esta novela un esfuerzo demasiado claro por embellecer el texto: demasiados adjetivos sorprendentes, paralelismos, reflexiones altisonantes del narrador. A veces, en esta búsqueda de la frase perfecta, el autor acierta con una presa y entonces dan ganas de subrayar el libro y añadir una frase a un cuadernito de citas; pero una novela no es un cuadernito de citas.

No cabe duda de que hay un grupo más que interesante de escritores jóvenes (así de repente se me ocurren Jon Bilbao, Jenn Díaz o "nuestro" Iván Repila) que sin estridencias de nocillos se dedican simplemente a hacer su trabajo: escribir, y escribir bien. A este grupo pertenece Sergio del Molino por derecho propio, así que, aunque esta vez no haya acertado con su propuesta, habrá que estar atento a sus siguientes proyectos.

Otros libros de Sergio del Molino en ULAD: La España vacíaLa hora violeta

domingo, 10 de octubre de 2010

Kirmen Uribe: Bilbao-New York-Bilbao

Idioma original: euskera
Título original: Bilbao-New York-Bilbao
Año de publicación: 2009
Valoración: Recomendable

No sé por qué, esta reseña me está costando más que otras. La tenía pendiente hace tiempo, pero no termino de ponerme a escribirla, y cuando lo hago, escribo un párrafo, medio párrafo, dos líneas, borro más de lo que escribo, busco dos o tres datos biobibliográficos (que ganó el Premio Nacional de Narrativa, por ejemplo, o que el primer libro de poemas de Kirmen Uribe, Bitartean heldu eskutik, fue también un éxito de crítica que lo situó entre los más reconocidos escritores en euskera), los elimino, vuelvo a empezar. La cosa tiene gracia, porque resulta que ya he escrito otra reseña de esta novela, larga, académica, sesuda, para una revista especializada, y en cambio esta, corta, ligera, informal, no termina de salirme.

Para documentarme, claro, he leído lo que dicen otros. Dos de los grandes gurús literarios de este país, José María Pozuelo Yvancos y Jon Kortazar (a los que además conozco y aprecio personalmente) la han saludado y aplaudido como una renovación ("revolución tranquila") en el canon de la literatura vasca, que sin perder sus raíces, se abre a la modernidad narrativa. Desde luego, el libro está lleno de autoficción, metaficción, fragmentarismo, cosmopolitismo. Lo más nuevo de lo nuevo en la literatura universal del momento, pero combinado con barcos de pesca en Ondarroa, figuras de la cultura y la política vasca del siglo XX o con reflexiones sobre el lugar de una "literatura menor" (en el sentido de Deleuze y Guattari) como la escrita en euskera en el concierto de las literaturas mundiales.

El libro me lo leí en un viaje de Bilbao a Londres (algo muy propio, porque la novela habla de un viaje que el autor hace de Bilbao a Nueva York) y al principio no me estaba gustando demasiado: como es un collage narrativo sin demasiada hilazón narrativa -más allá del personaje principal, el propio Kirmen Uribe-, me parecía que la cosa no iba a ninguna parte. Pero a medida que iba leyendo, me empezó a gustar más, sobre todo por dos motivos: el lirismo de algunas de las escenas, y la carga metaficcional que va asumiendo un papel más importante. Así, nos vamos enterando de que la novela que Kirmen Uribe (el personaje) dice estar intentando escribir, contando la vida de su familia pero sin contarla al modo decimonónico, es en realidad esta novela que tenemos entre manos: este collage informe donde, sí, aparece la familia de Kirmen Uribe, pero también Aurelio Arteta y Ricardo Bastida, Indalecio Prieto, poetas, directores, profesores universitarios, y hasta los jugadores del Athletic; Resurrección María de Azcue y la Wikipedia, el iPod y una perdida isla del Mar del Norte, dos barcos y un avión con destino a Nueva York.

Y a pesar de todo esto, cuando me pongo a escribir la reseña, no me sale. Me siento delante del ordenador, releo lo que he escrito, y no me gusta. Y lo borro y vuelvo a empezar. Así que a lo mejor debería renunciar a escribir esta reseña, y pasar a otra cosa. ¿No?

También de Kirmen Uribe en ULAD: Lo que mueve el mundo

miércoles, 16 de diciembre de 2020

ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020

Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.

 

Beatriz Garza

Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing

Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales

Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence

Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa

Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix

Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto

Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022

 

Carlos Andia

Mejor novela (2x1): Siglo XXEl gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXICorazón giratorio, de Donal Ryan

Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso 

Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens 

Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala 

Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán  

Un tocho interesante, de toda la vidaLa democracia en América, de Alexis de Tocqueville

Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce

Libro de viajesEn las antípodas, de Bill Bryson

Relectura del añoEl templo del alba, de Yukio Mishima

Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)

Y dejamos para el final lo más flojito:

Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto

Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)

 

Francesc Bon

Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.

Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata

Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)

Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)

Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.

Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.


Juan G. B.

Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.

Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.

Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.

Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.

Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.

Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.

Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.

Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...


Koldo CF

RelecturasLos pasos perdidosLa marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).

Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil

Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera

Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.

Decepciones:  Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.


Marc Peig

Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.

Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.

Librodenuncia del año:  «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.

Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».

Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone»,  Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».

Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».

Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.

Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.

Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)


Montuenga

LO +

Ficción:

·       Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.

·       Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.

·       Una maravilla más en la extensa obra de una autora excepcional (y cuyo premio Nobel la humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.

·    Un clásico revisitado (y convertido en thriller por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.

·        La mejor novela histórica leída (y publicada) este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.

·     La mejor primera novela que he leído en muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un texto intimista se lee como si fuera un thriller).

                                                                                                                                                No Ficción:

·       El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez Magda. (Y con entrevista añadida).

·     Un ensayo científico muy adecuado para reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos pasa por la cabeza).

·     Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos que corren: Querida Ijeawele de Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer muchos/as adultos/as).

LO –

Ficción:

·       Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo

·     El testamento, poco afortunado, de un clásico indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri

·       Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.


Oriol Vigil

-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton

-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor

-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro 

-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir 

-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras

-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin

-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo

 

Santi 

Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:

  • Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
  • Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
  • Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
  • La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
  • El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
  • Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre

Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.

Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...