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lunes, 21 de noviembre de 2022

Iván Reguera: El hombre que podía hacer milagros

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Entretenido (y especialmente recomendable para amantes del cine de finales de los 60 y primeros 70)

Si hace unos días traíamos a este espacio "El Padrino", la novela que dio origen a dos de las mejores películas de la Historia del Cine, la reseña de hoy está dedicada a "El hombre que podía hacer milagros", texto que recrea el antes, el durante y el después de la primera entrega de la saga de Coppola.

A efectos de etiquetas o clasificaciones, al inicial y previsible ensayo ha de agregarse el matiz, confesado por el propio autor, de que el libro se basa en hechos y personajes reales, si bien algunos sucesos, personajes y diálogos son inventados. Por tanto, ensayo novelado podría ser una aproximación más correcta. En cualquier caso, le pongamos al texto la etiqueta que le pongamos, lo importante es que "El hombre que podía hacer milagros" es un libro entretenido e interesante. 

Es interesante porque, en realidad, es un texto mucho más amplio que una simple "historia de El Padrino".  Así, creo que la principal lectura del libro es la  relacionada con la historia del cine de la época y las luchas de poder que tuvieron lugar a finales de los 60 y primeros 70, momento en el que nuevos directores (Coppola, Friedkin, Bogdanovich, G. Lucas, Polanski,...) buscan formas de hacer cine que rompan con los rígidos esquemas de las grandes productoras que dominan el mundillo. La eterna lucha de lo viejo y lo nuevo, la batalla por el control, la dicotomía arte / taquilla o artista / industria, etc y cómo estas afectan a la preparación y rodaje de la película aparecen muy bien reflejadas en el libro y constituyen, en mi opinión, su aspecto más destacable.

Además, y en términos generales, es un texto entretenido. El interés narrativo se mantiene a lo largo del libro gracias a unos personajes (Coppola, Brando, Evans, Puzo...) con unas biografías que por sí solas podrían ocupar muchas más páginas y a unas situaciones que casi lo acercan a la novela de intriga / misterio.

Pese a ese innegable carácter interesante y entretenido del texto, hay un par de cosas que no me acaban de convencer. Una es el exceso de personajes secundarios que quizá no sean tan fundamentales para la intrahistoria de la película y que hacen que uno se pierda por momentos; la otra es un excesivo peso de la trama gangsteril. Hablamos de El Padrino y de la Mafia, la cual extendía sus tentáculos por todas partes, pero creo que esta parte está sobrerrepresentada en el texto. 

No obstante los dos últimos apuntes, confieso que lo he pasado de maravilla leyendo "El hombre que podía hacer milagros". ¡Coño, que he leído sus 320 páginas en apenas 4 días!  Además, no todo va a ser "alta literatura", ¿no?

jueves, 30 de junio de 2022

Hans Magnus Enzensberger: Josefine y yo

 Idioma original: alemán

Título original: Josefine und ich

Año de publicación: 2006

Valoración: Recomendable



Si solo te interesan los relatos repletos de emoción, las locas aventuras y las experiencias extraordinarias es probable que esta novela se te caiga de las manos, pues lo que vas a encontrar es la vida misma reflejada de forma convincente y a unos personajes comunes y corrientes, con las vulgaridades y extravagancias que todos tenemos. Claro que haber captado ciertos rasgos en la gente, crear una personalidad o varias basándose en ellos y reflejarla de forma convincente revela auténtico talento, y después de cerrar el libro dan ganas de conocer al autor. Debe ser un tipo peculiar, muy agudo, buen conversador y con una gran mochila a sus espaldas. Y lo demuestra abarcando todos los géneros, con ese sorprendente conocimiento de la cultura española que le valió el premio Príncipe de Asturias y, sin ir más lejos, con esta novela y con otras reseñadas en Un libro al día.

Presentaré a los personajes. Josefine fue cantante de cierta fama en otro tiempo, ahora es una anciana que vive recluida en su gran mansión en decadencia acompañada de su fiel servidora, con sus manías, sus delirios de grandeza, pero también su legítimo orgullo, su aguda inteligencia, su ironía sin par y una curiosa habilidad para sembrar sus conversaciones de trampas dialécticas, de modo que Joachim, el Yo del título, para ella un bisoño de apenas treinta años, temerariamente asume el papel que le corresponde en ese entrañable juego del ratón y la gata. Tras un primer encuentro completamente casual, ella le atrapa con su mundología y termina visitándola semanalmente, cada vez más intrigado, cada vez más atraído por las veladas de su anfitriona, siempre empeñado en salir vencedor de unas polémicas arteramente amañadas por ella, que sin ahorrarse demagogias se divierte jugando a llevarle la contraria y cuando se le muestran sus contradicciones se niega a seguir debatiendo. Pero no es oro todo lo que reluce.

Joachim registra en su diario los encuentros y así esos recuerdos tan pormenorizados resultan verosímiles. Se ha dicho que esta novela es una forma de exteriorizar las ideas menos populares del autor en su momento sin confesar que son de su cosecha. Los asuntos que tratan son variados, en un panorama histórico-social como el de los meses que siguieron a la caída del muro de Berlín, no puede faltar la política, las cuestiones sociales ni los planteamientos éticos, pero también la religión, la moda, las costumbres modernas y hasta el futbol. A medida que conoce a Josefine, el narrador se va interesando cada vez más por su auténtica personalidad y se esfuerza por arrancarle esa máscara de diva que se coloca cada vez que la visita. Gracias a su empeño –tras el que vemos la indiscutible habilidad de Enzensberger– los tres personajes, pues Fryda adquiere cada vez mayor protagonismo,  se van humanizando, se vuelven más comprensibles para el lector, más complejos, más llenos de matices. Pero como la vida nunca se detiene siempre hay un momento en que hemos de prescindir hasta de las rutinas más arraigadas. Así que, quince años después de los hechos y haciendo arqueología doméstica, el narrador encuentra esos cuadernos olvidados hace mucho y se enfrenta con un pasado en el que ya no se reconoce. Y es que, como ocurre en la vida real, sin casi darse cuenta se ha convertido en otra persona y el reencuentro con la anterior le ayuda a conocerse mejor y a recuperar algo valioso que había perdido o estaba a punto de hacerlo.


Otras obras del autor: Aquí

lunes, 22 de marzo de 2021

Jesús Fernández Santos: Libro de las memorias de las cosas

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1970

Valoración: Bastante recomendable


Paso la última de las 499 páginas (incluyendo ciento y pico con una de las exhaustivas y terribles introducciones de Cátedra, de la que luego hablaré) con la sensación de haber leído un muy buen libro, al que habrá que ponerle algunos matices. Diría más, un gran libro, un trabajo admirable lo mires por donde lo mires, serio, concienzudo, técnicamente quizá perfecto. Empezando por el hermosísimo título tomado del Libro de Esther, con ese plural algo disonante que transmite una especie de ligera inquietud. Siguiendo por el tema, algo bastante insólito en la literatura castellana, las vicisitudes de una comunidad protestante asentada en un pequeño pueblo de León.

Centrémonos ahí, de momento. Los evangélicos –protestantes, así, grosso modo- forman en España un colectivo minúsculo promovido sobre todo por algunos ingleses llegados por distintos motivos. La mayoría se ubican en las grandes ciudades pero en zonas rurales hay pequeños grupúsculos que funcionan de forma independiente, a veces una sola familia o algún individuo aislado que mantiene sus creencias contra viento y marea. Los que describe Fernández Santos se encuentran desde finales del siglo XIX en algún lugar de León, un pequeño pueblo en el que se puede uno imaginar que la cosa no pinta fácil. La omnipresente Iglesia católica (´los romanos’) impregna la vida social de arriba abajo, y los vecinos observan a los Hermanos con recelo y hasta cierto miedo (Delibes escribió El hereje muchos años más tarde, con un enfoque bastante distinto). De manera que la sensación más patente y, con el tiempo, más angustiosa, es la del aislamiento de ese puñado de fieles, que es como una isla dentro del pueblo, en una doble dirección: porque nadie les quiere cerca, y porque ellos tampoco quieren contacto con ‘los del mundo’. Gente cuya vida transcurre entre la oración, las reuniones y severas costumbres donde domina el conservadurismo más estricto.

Aunque no de forma lineal, el ámbito temporal del relato abarca desde la creación de esa comunidad hasta la misma fecha de publicación del libro, es decir, casi un siglo, durante el cual el grupo tiene ciertos momentos de alivio (la entrevista con Cánovas para levantar la capilla, la República), aunque lo normal será vivir bajo todo tipo de cortapisas legales y sociales, especialmente durante el franquismo. Una ligera apertura llega con la Ley de Asociaciones, creo que de 1964, aunque la tendencia a la atomización, las desavenencias entre diversas ramas (sobre todo, con los Testigos) y el rechazo a verse ‘laicizados’ impiden prácticamente cualquier progreso real. La comunidad continúa aislada, enroscada sobre sí misma, también afectada por la creciente indiferencia que el entorno muestra hacia cualquier tipo de religión. La sociedad cambia, camina hacia la secularización, y los Hermanos parecen cada vez más encerrados en su círculo.

Esa sensación de asfixia, muy bien transmitida a través de los personajes, la atmósfera oscura, el agotamiento de una fe que parece consumirse en sí misma, genera grietas dolorosas entre los miembros de la comunidad, que apenas asoman al exterior se ven tentados por ese mundo cada vez más libre de las ataduras de normas estrictas y perímetros insuperables. Por ahí, entre dudas existenciales y la tragedia de abandonar lo aprendido y vivido, se va fraguando el hundimiento de aquellas ilusiones iniciales y el camino inexorable hacia su extinción.

El libro podría caber sin problema en el hoy denostado concepto de novela histórica, pero creo que va un paso más allá. Es más bien una recreación, basada con mucho rigor en personajes y localizaciones reales (lo explica con detalle la introducción), pero por la profundidad que alcanza en el análisis yo diría que es más bien un ensayo novelado, un auténtico tratado sobre la evolución y circunstancias de estos grupos evangélicos en la España de finales del siglo XIX hasta los años 70 del XX. Solo el último tramo del relato adquiere un tono decididamente narrativo y la ficción termina prevaleciendo.

Decía al principio que me parece un muy buen libro. Desde el punto de vista literario, se ve un relato muy trabajado, con un subtexto cuajado de metáforas (siempre el páramo, la tapia, los muros, el aislamiento desde dentro y desde fuera, el invierno que debilita la fe), pluralidad de puntos de vista (monólogos de distintos personajes, el relato de un reportero, cartas y documentos) y una sucesión de secuencias, con saltos temporales y de localización muy medidos, de aspecto claramente cinematográfico. En definitiva, una estructura a la que se pueden poner muy pocas pegas como no sea una prosa a veces algo abrupta que contrasta con una indudable capacidad descriptiva.

Y los matices. Pues con todo esto, reconozco que el libro se me ha hecho bastante largo. Puede que sea el ritmo algo moroso, quizá algo anticuado, donde pesa demasiado la voluntad de tocar todos los temas y entrar en todos los detalles. Tal vez uno se ha acostumbrado a un tipo de relato más dinámico, que haga sentir el avance de la narración, y el Libro de las memorias…, salvo en su parte final, no termina de coger el paso, y eso a pesar de la naturalidad con que la acción se mueve de una secuencia a otra, con cambios de perspectiva, de voz y de época. Todo parece insuficiente para transmitir vigor a la lectura, de manera que, aunque esa atmósfera pesada y aplastante puede acompañar muy adecuadamente al cuerpo de la narración (la soledad, la endogamia, el sometimiento a normas posiblemente castrantes), el libro se puede indigestar a un lector poco habituado a (o poco amigo de) páginas que pasan muy lentamente.

ATENCIÓN: Si se decide usted por esta edición de Cátedra debe tener muy en cuenta algunas cosas. La introducción, como apunté al principio, reúne todas las características propias de estas ediciones: más de cien páginas con todo tipo de datos sobre el objeto del relato, historia de estas colectividades protestantes, paralelismo con los personajes reales, análisis pormenorizado de cada detalle del libro. Es interesante leerlo para ponerse en situación. Pero, como también es marca de la casa, el relato cuenta con numerosas notas a pie de página. En general me parecen prescindibles, pero sobre todo, deje usted de leerlas cuando falten unas cien páginas para el final. HAY VARIOS ESPOILERS INTOLERABLES (y además repetidos) que echan por tierra lo más llamativo del desenlace. No entiendo qué editor puede pasar por semejante disparate.

También de Jesús Fernández Santos en ULAD: Extramuros



domingo, 8 de noviembre de 2020

Zoom: La guerra de los pobres, de Éric Vuillard

Idioma original: francés

Título original: La guerre des pauvres

Año de publicación: 2019

Traducción: Javier Albiñana Serain

Valoración: Está bien


Supongo que todo el mundo conoce ya a Éric Vuillard, ese escritor francés que, con no poco éxito, parece haberse epecializado en pequeños libros  en los que noveliza grandes acontecimientos históricos, aunque focalizando la narración en algún suceso o personaje concreto para desde ahí dar una visión más general del tema. Al menos, eso ocurre en los títulos que se le han publicado en España durante estos últimos años; así, podemos leer sobre la Revolución Francesa en 14 de julio, sobre la Primera Guerra Mundial en La batalla de Occidente o sobre el creciente poder nazi en El orden del día. Son libros (me resisto a llamarles "novelas", pero tampoco "ensayos") cortos, pero el que nos ocupa hoy es añun más breve que los anteriores; en él Vuillard nos cuenta, o al menos nos introduce en el tema, la llamada "guerra de los campesinos" o "de los pobres" que tuvo lugar hace casi 500 años en lo que hoy es el sur de Alemania. Una rebelión con una evidente impronta religiosa, pues coincide con la Reforma iniciada por Lutero, y el subsiguiente terremoto que causó en Europa durante el siglo XVI, pero sobre todo social,pues los rebeldes buscaban el igualitarismo, empezando por la supresión de privilegios de la nobleza y el alto clero. Con cierto éxito, hay que decirlo (pese a la condena expresa del propio Lutero), hasta que los ejércitos de la nobleza dieron para el pelo a los insurgentes en la batalla de Frankenhausen.

Este libro, además de informarnos de antecedentes como las revueltas campesinas inglesas del siglo XIV o la de los husitas checos en el XV (aunque no nos habla de otras contemporáneas a ella o posteriores, como la de los anabaptistas de Münster, que conocerán los lectores de Q y Reconstrucción), se centra en la figura del líder rebelde, el religioso -y bastante iluminado- Thomas Müntzer (no menciona para nada oa otroa como el noble de pintoresco nombre Wendel Hipler). Tampoco es que se recree mucho y casi todo es especulación por medio de una creativa prosa, quizás por la falta de información sobre el personaje... El libro, pues, y pese al que ya digo buen oficio literariode Vuillard, se queda un poco escaso -también es verdad que se lee en un plis-, pero puede resultar un buen punto de partida para quien esté interesado en conocer más cosas sobre aquel convulso, pero fascinante mundo de hace cinco siglos.

También de Éric Vuillard y reseñado en Un Libro Al Día: El orden del día

viernes, 4 de septiembre de 2020

Svetislav Basara: El ángel del atentado


Idioma original: serbio
Título original: Andeo atentata (tabloid)
Año de publicación: 2019
Valoración: Está muy bien

¿Quién dijo que novela es aquello que está formado por palabras y acaba cuando pone Fin? Cito de memoria. Tampoco podría asegurar a quién pertenece la frase, aventuro que fue Cela y que alguien me corrija si no es así. En cualquier caso, el volumen que ahora reseño pertenece a esa categoría si la tomamos en sentido amplio y porque no se puede encuadrar en ningún otro sitio. Pertenece a ese género híbrido tan posmoderno, del que vengo hablando desde hace mucho tiempo y que tan buenos ejemplares ha aportado al acervo literario.
Sin embargo –y esto debe quedar claro– no es un manjar para todos los gustos, suelen ser libros eruditos y áridos, sin demasiada hilazón narrativa, que suelen satisfacer a gente algo rarita solo cuando está dispuesta a concentrarse, porque si lo que quiere es entretenerse esa misma gente buscará otro tipo de lecturas. Y esto lo sé porque me cuento entre los lectores de Cees Noteboom, Claudio Magris y otros con hábitos narrativos similares, sin embargo, debo reconocer que El ángel del atentado no ha cumplido mis expectativas del todo, no he encontrado esa habilidad que da una de cal y otra de arena y suele mantenerme en vilo. Y lo cierto es que Basara lo intenta: despliega una serie de bromas y sátiras bastante caústicas, sobre todo al principio. Pero mantener el tono durante más de doscientas cincuenta páginas no es fácil, así que coge carrerilla y se limita a una serie de tics que acaban aburriendo un poco.
El argumento está basado en un hecho histórico conocido de todos, el asesinato de Francisco Fernando a la sazón archiduque del imperio austrohúngaro, que además de tratarse de un magnicidio tiene especial relevancia por haber desencadenado la Primera Guerra Mundial. No es mi primera lectura sobre el particular, hace años me recomendaron El asesinato de Sarajevo, y me apresuro a aclarar que me gustó bastante menos que este.
El narrador, punto de vista o voz cantante del texto –porque narración, ya digo, no es que haya mucha– es ¡atención! nada menos que el propio Francisco Fernando, es decir, la víctima, que habla desde la tumba donde ha vivido (bueno vivir, lo que se dice vivir, no es la palabra), donde ha permanecido durante un siglo más o menos, porque su discurso tiene lugar en el presente, es decir, el año pasado, que es cuando se publicó. Y se manifiesta ante la posteridad, que somos sus lectores del presente y del futuro, en forma de diálogo, aunque su interlocutor apenas habla, solo asiente, acata órdenes y puntualiza muy de vez en cuando. Este interlocutor es un tal Berchtold, su asistente, un asistente que tiene poco trabajo porque el archiduque habla desde la tumba y él mismo ni siquiera existe, tal como repite el narrador una y otra vez (y esto me recuerda al procedimiento utilizado por Salman Rusdie en su celebrada Versos satánicos). Estamos pues ante un artefacto no-realista, que no pretende serlo y que utiliza esquemas narrativos y situacionales completamente inventados. Esto me parece correcto, tanto para la verosimilitud de la obra como para los objetivos de su autor, ya que el finado se permite divagar cuanto le place, alterna hechos del pasado con otros de ayer mismo y hace un totum revolutum de la Historia con bastante habilidad y todo el desenfado posible. En mi caso, veo dos problemas, uno es de carácter objetivo, empecemos por él: Basara escribe con un desenfado digno de elogio, pero quizá resulte algo excesivo eso de permitirse tantas licencias, sobre todo si el lector no es un experto en historia europea del s. XX, ni en ningún otro período, seamos francos, y asimilar tantos datos (voluntariamente) desorganizados, que se alternan con suposiciones, fantasías y disquisiciones varias puede resultar algo complejo. Y aquí entramos en la parte subjetiva. Puede que un historiador se lo beba como si fuese un vaso de agua, así que tomen nota los expertos.
También exhibe –y esto es de lo que más he disfrutado– su mentalidad –arraigada, naturalmente en la época que le tocó vivir–, prejuicios, fobias y filias, sin olvidar el montón de contradicciones que arrastra como todo hijo de vecino, no se va a librar de ello solo por ser archiduque. Y el hecho de haber organizado tal cantidad de información y estudio psico-sociológico me parece que tiene un mérito enorme. A través de sus (supuestas) propias palabras, Basara lo pinta como un redomado racista, misógino –adicto al derecho de pernada sin ir más lejos– experto en conspiraciones etc. Vamos, todo un angelito, como era de esperar por otra parte. Aunque en alguna ocasión, hace que se arrepienta. Aclaro esto, el autor pone en boca del personaje actos de arrepentimiento, bastante gratuitos históricamente hablando pero que sirven para humanizarle a los ojos del lector. Bien es verdad que esto sucede muy raramente, como debe ser si no quiere perder la coherencia. Veamos, a través de este botón de muestra, la mentalidad del susodicho:

“Jamás el arte ha tenido mejor mecenas y custodio. La Kunstkammer de Rodolfo era una fortaleza inexpugnable a la cual solo tenían acceso unos pocos elegidos. Y en muy contadas ocasiones además. ¡Solo para las grandes celebraciones! Al establecer un cordón sanitario en torno a su biblioteca y su colección artística, Rodolfo II mantenía el arte alejado de la plebe. Y por eso al arte y a la plebe les ha ido tan bien. El arte no es para todos, Berchtold, y la cultura es una espalda de mil filos.”

Sirva este párrafo también para aclarar que el archiduque no solo repasa los hechos, también habla de personalidades que representan movimientos culturales y artísticos, como Freud, Kafka, Wagner, Niestzche, Musil entre otros muchos. Por lo general, para denigrarlos, aunque no siempre.
Personalmente, catalogaría El ángel del atentado como ensayo histórico novelado, o más bien dramatizado, ya que se trata de un diálogo, tan ficticio como cualquier obra dramática. Naturalmente, no es representable en absoluto dada su extensión y complejidad, aunque tras una adaptación laboriosa se podría exhibir en los escenarios. Ya me estoy imaginando el féretro de pie, frente al público, y al actor declamando con voz cavernosa, interrumpido muy de vez en cuando por la voz en off de Berchtold.
Como colofón, se incluyen tres extensas misivas de otras tantas personalidades de la época, las dos primeras no sé si reales o ficticias, a saber, del embajador estadounidense en Belgrado, su homólogo ruso y del mariscal Tito a Stalin. A mi entender, lo único que las conecta con lo anterior es que están fechadas entre 1914 y 2019, para ser exactos poco después de la II GM. Da la impresión de que el autor las había compuesto para otro proyecto y, como no tenían encaje en ningún sitio, las incluyó aquí, que al fin y al cabo se trata de un despropósito con gracia. Y muy erudito, que conste.
Debo destacar la magnífica labor de traducción, en perfectísimo castellano, sin un solo detalle que chirríe, pues, aunque existen traducciones estupendas, no es habitual encontrar un trabajo ejecutado con tanto rigor y talento.



Traducción y notas: Juan Cristobal Díaz