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miércoles, 29 de diciembre de 2021

Charlotte Malterre-Barthes y Zosia Dzierżawska: Eileen Gray. Una casa bajo el sol

Idioma original: inglés
Título original: A house under the sun
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable

Aileen Gray, arquitecta y diseñadora pionera de la arquitectura moderna a la que imprimió un estilo personal propio, casi epidérmico, regido por la sensorialidad y capacidad de los espacios para albergar y dar refugio. Ella ha sido —oh, sorpresa— otra de esas grandes creadoras y artistas silenciadas de la historia a las que, en el mejor de los casos, se las despojaba de la autoría de su obra para adjudicársela a alguno de sus colegas varones.

Desde que empecé en la facultad de arquitectura que tengo un temita con Le Corbusier (*), al que en adelante llamaré SAASCUECE (señoro arquitecto altamente sobrevalorado con un ego como Estambul). En otras reseñas en las que venía a cuento mencionarlo me he mordido la lengua para no darle protagonismo. Y a pesar de lo mucho que me ha hervido la sangre tras leer Una casa bajo el sol voy a optar de nuevo por callarme, porque quiero destinar este espacio y este momento para devolverle a Aileen Gray su legítimo lugar. Por eso me centraré en esta fábula gráfica que explica con tanta sensibilidad la relación entre la arquitecta y su magnífica casa bajo el sol, conocida bajo el particular nombre de E-1027.

Resumen resumido: Aileen proviene de una familia irlandesa acomodada pero pronto da muestras de no pertenecer a esa atmósfera hermética y convencional. Su despertar artístico se iniciará en Londres y continuará en el círculo bohemio de la rive gauche de París, en el que conocerá al arquitecto rumano Jean Badovici. Él le pedirá que proyecte la E-1027, un refugio para ambos en la Costa Azul. Esa casa será objeto, causa y efecto de algunos de los hechos arquitectónicos y vitales más trascendentes de la vida de Aileen.

Una casa bajo el sol no pretende ser, ni mucho menos, una biografía exhaustiva sobre la vida y la obra de Eileen Gray, pero sí logra construir y condensar toda una órbita de acontecimientos pasados y futuros en relación al episodio de la E-1027 que nos acerca con sensibilidad e ingenio tanto a su personalidad como a su visión sobre su concepción de la arquitectura y los espacios:
  • La formación de la visión artística y humana de Eileen, tanto por su particular infancia como por sus aprendizajes junto a un artesano esmaltador.
  • El choque conceptual con sus contemporáneos varones (con SAASCUECE a la cabeza) que, a pesar de compartir las líneas generales de la arquitectura moderna, entendían que una casa debía ser una máquina racional para vivir, mientras que ella consideraba que los espacios también debían responder a las necesidades primitivas de confort, seguridad o belleza más vinculadas al instinto. Para Eileen, los materiales, los acabados, la luz, las texturas, la disposición del mobiliario dentro de un espacio tenía una incidencia irrevocable en la experiencia sensorial de dicho espacio. Ella no congregaba en absoluto con el mantra form follows function ya que consideraba que la función no es algo rígido en el tiempo si no que evoluciona según las necesidades y por ello los espacios tienen que tener capacidad de adaptación.
  • Eileen Gray proyectaba desde una concepción muy orgánica, contra lo que la imagen de su obra final pueda suscitar, y mantenía ese vínculo con los edificios y las piezas de mobiliario como si fueran un miembro más de su cuerpo. La E-1027 es una prolongación de sus inquietudes arquitectónicas y una materialización de su idea de vida junto a Badovici y el que consideraba su refugio común pero, por el mismo motivo, cuando su relación se rompe ella no tiene escrúpulos en buscarse otro refugio para ella sola: «Los recuerdos se aferran a las cosas, así que es mejor empezar de cero». Y lo mismo sucede cuando SAASCUECE mancilla las paredes de la E-1027 con sus intrusivos murales ya que, a partir de ese momento, Eileen Gray se niega a volver a pisar la casa.
Otro aspecto ineludible que se narra es la construcción del relato de SAASCUECE, secundado por Badovici y con la complicidad de una estructura cultural patriarcal para desdibujar la autoría de Eileen Gray sobre la E-1027.

La historia de Una casa bajo el sol está basada en información absolutamente verídica, lo que no impide que la narración se permita ciertas licencias poéticas: así como Eileen Gray percibe la E-1027 como uno de sus miembros que, sin embargo, no duda en cortarse, en alejarse de ella cuando cambian sus circunstancias vitales, SAASCUECE mantiene una relación enfermiza de posesión desde el momento que la visita por primera vez, la mancilla posteriormente con unos murales que nadie le ha pedido, se apropia su autoría aprovechando su privilegio de arquitecto consagrado, trata de que a la muerte de Badovici la compre una de sus admiradoras y es el último lugar en el que duerme la mañana antes de morir ahogado en la playa que hay justo enfrente.

La narración gráfica y el estilo fluyen con mucha elegancia, con trazo negro sobre una paleta de verdes ocres y azules para distinguir el tiempo en el que transcurre cada momento. Un regalo para la vista al tiempo que transcurre esta historia que debió ser contada hace ya mucho mucho tiempo.

(*) Afortunadamente, no estoy sola.

martes, 14 de diciembre de 2021

Yasmina Reza: Serge

Idioma original: Francés
Título original: Serge
Traducción: Juan de Sola
Año de publicación: 2021
Valoración: entre Se deja leer y Está bien





De Yasmina Reza había visto alguna de sus obras de teatro en las que queda muy patente la solidez la autora. Así que cuando me encuentro con Serge en el estante de novedades de mi librería de confianza y leo su contraportada, me lo compro sin pensármelo ni un segundo, convencida de que su lectura va a aportarme grandes momentos de disfrute.

Resumen resumido: Jean, Serge y Nana deciden visitar Auschwitz en busca de los resquicios de un triste pasado familiar al que no habían prestado la menor atención hasta ahora que su madre, judía de origen húngaro, ha fallecido. El momento también coincide con el hecho de que cada uno de ellos se enfrenta a la agria revisión de su propia vida ya entrada en una irreversible madurez.

El planteamiento de Serge es, pues, bastante prometedor y más conociendo la vis irónica de esta autora que no pierde ocasión de destripar el alma humana dibujándonos una sonrisa. El viaje a Auschwitz es lo de menos, como no podía ser de otro modo, pero funciona como detonante para encender la chispa que hará entrar en combustión los vínculos entre estos tres hermanos. Esas son, al menos, las pretensiones pero ¿se materializan? En mi opinión, no. O al menos eso me ha parecido en una primera lectura.

El estilo de Yasmina Reza es impecable, se nota que cada palabra, cada coma, están puestas ahí por algún motivo, los diálogos son muy brillantes y las descripciones nunca son a la ligera.
«Nos dirigimos al acceso, descubrimos el Arbeit macht frei, el portal infantilmente arqueado debajo del cual posa una clase y que el siguiente grupo espera poder fotografiar. Al otro lado, los edificios de ladrillo de la caserna. Árboles altos (¿cuánto tiempo llevan aquí?), hierbas en los márgenes. Los postres electrificados, el alambre de espino. Estábamos en Auschwitz.»
Los personajes, por su parte, están muy trabajados, rebosan defectos, vicios, coletillas, nos llegan con muchísimo detalle, sin embargo, cabe la posibilidad que no nos importen. Jean es el hermano mediano y ejerce de narrador con una voz irónica y algo distante, del mismo modo que se relaciona en su vida familiar y personal. Jean consiente y acompaña al hermano mayor, Serge, en todas sus meteduras de pata y desvaríos, todo lo contrario que Nana, la hermana pequeña, que cada vez soporta menos la pasividad del primero y la estupidez del segundo. De entrada puede parecer que todos tienen una personalidad muy especial y que cada uno lidia con conflictos internos de gran calado, pero a medida que la novela avanza y vamos conociéndolos más y desvelando sus anhelos, da la sensación de que todos están viviendo sus propias crisis de la madurez. Eso no es bueno ni malo pero, repito, que al lector no le importe es un problema. Quizá sea cuestión de hacer una segunda lectura aún más atenta, más pendiente de los detalles y los matices, aunque no lo creo.

Y luego está el título, Serge, que no está puesto porque sí, que es un título funcional que está apuntando, incluso antes de empezar la novela, hacia el eslabón más débil, hacia el área sensible, ese hombre ya metido en la cincuentena y con un lastre de malas decisiones a sus espaldas que trata de disimular a golpe de soberbia. El personaje que irrita a todo el mundo pero en el que finalmente todos se vuelcan porque —este parece ser el mantra de la novela que se refleja, ni más ni menos, en el arranque de Anna Karenina— así son las familias.

Ya para acabar, me pregunto si la autora era consciente de que la mayoría de sus lectores no han estado jamás en Auschwitz. Lo digo porque las descripciones y las sensaciones que intenta trasladar durante la visita de los protagonistas a mí me han funcionado más o menos porque estuve allí hace unos años pero me pregunto si otro lector sin una mínima idea de las dimensiones, materiales, espacios y atmósfera que allí se respira puede llegar a captar la intensidad y la contradicción que ese lugar despierta.

Dicho lo dicho, creo que puede entenderse la valoración de entre Se deja leer y Está bien. Quizá sea algo estricta porque las expectativas eran muy altas pero de algún modo tengo que paliar la frustración.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Catherine Meurisse: La levedad

Idioma original: Francés
Título original: La légèreté
Traducción: Lluís Maria Todó
Año de publicación: 2017
Valoración: Está muy bien

Ganadora del Prix Wolinski de la BD du Point 2016, esta obra en realidad no necesita que la avale ningún premio; será por el tema, por cómo lo aborda, por cómo lo ilustra o por el mensaje que subyace. O todo junto. Será porque retrata con sensibilidad y valentía unos hechos reales que nos golpearon a todos recientemente, a la vez que refleja sus efectos colaterales menos perceptibles para la mayoría de la sociedad.

Resumen resumido: la mañana del 7 de enero de 2015, Catherine se duerme y llega tarde a la redacción de la revista Charlie Ebdo en la que trabaja. Ese retraso la salva del horrible atentado que sí se llevó la vida de doce compañeros y amigos con los que llevaba diez años trabajando. Después de eso, Catherine deberá recorrer un largo y oscuro camino que le devuelva el sentido del humor, la ilusión por volver a dibujar y por la vida en general, ¿por dónde transitará ese camino?

El tema de narrar las grandes atrocidades desde el punto de vista de los supervivientes no es algo nuevo; el duelo y la culpa, entre otras muchas emociones, suelen generar conflictos complejísimos en aquellos que han tenido que ver como sus iguales se quedaban injustamente por el camino. Esas personas arrastran toda su vida la huella de un dolor persistente con el que tienen que convivir, mientras el resto del mundo insiste en señalarlos como «los afortunados».

En el caso de Catherine, esa huella la sume en un estado de profunda apatía hacia el placer, algo especialmente relevante para alguien que trabaja y se nutre de lo sensorial, de cualquier manifestación artística y, especialmente, del humor. Porque el atentado en Charlie Ebdo fue un golpe inesperado a la libertad de expresión en su faceta más sofisticada y compleja: la de reflejar la realidad desde una óptica irónica.

Y es, precisamente, la búsqueda por recuperar esa relación casi epidérmica con el arte y la belleza, el mecanismo que pone en marcha el camino de Catherine hacia su recuperación.
Es difícil explicar por qué esta obra resulta tan especial, por qué nos deja tras su lectura con la sensación de haber vivido una experiencia gratificante y hermosa. En mi caso, ha sido algo similar a lo que sentí cuando vi La gran belleza (2013) por esa manera en la que se nos enseña a descubrir de nuevo, casi con la inocencia de los ojos de un niño, la belleza de lo cotidiano, lo menudo, lo que se da tanto por hecho que se nos pasa por alto; con la intención de recorrer un camino a la inversa que implica también un cambio en lo personal y lo emocional, en este caso un proceso de duelo. Esa forma de redescubrir las perlas que lucen en lo cotidiano, en lo supuestamente ya conocido, tiene mucho que ver con el título original de la obra que se traduciría literalmente como la ligereza. En el prólogo, el periodista y escritor Philippe Lançon dice en un momento dado algo que condensa a la perfección lo que trataba de explicar:
«Catherine le quita a la belleza todo el peso que con demasiada frecuencia nos impide disfrutarla.»
En ese sentido, la traducción del título como La levedad responde seguramente a evitar la acepción que en nuestro idioma puede tener la palabra ligereza como sinónimo de superficialidad.

Desde el punto de vista gráfico, el estilo de Meurisse es muy expresivo y minimalista, añadiendo manchas de color sobre los dinámicos trazos negros únicamente en aquellas escenas en las que ha de contribuir al mensaje.

Por todo eso, La levedad no solo Está muy bien si no que es una obra que invita a la auto reflexión.

viernes, 19 de marzo de 2021

Delphine de Vigan: Las gratitudes

Idioma original: francés
Título original: Les gratitudes
Traducción: Pablo Martín Sánchez
Año de publicación: 2021
Valoración: Muy recomendable




No voy a andarme con rodeos: lo ha vuelto a hacer.

Me refiero, por supuesto, a Delphine de Vigan, cuyos libros empiezo siempre con recelo (pensando que me van a decepcionar porque me parece imposible que vaya a lograr mantener el nivel de sus obras anteriores) y cuyas últimas páginas siempre termino rebosante de GRATITUD.

Resumen resumido: la anciana Michka vive sola y no tiene familia. Cuando empieza a sufrir vértigos y afasia, no le queda más remedio que internarse en una residencia a la que Marie, su única allegada, la visita con frecuencia. Allí Michka conocerá a Jérôme, un amable logopeda que se implicará, junto con Marie, para que Michka no pierda su capacidad de comunicarse y, con ella, la oportunidad de cumplir su deseo por expresar una gratitud que tiene pendiente.

Las gratitudes forma parte de una serie iniciada con Las lealtades cuyo objetivo es, según expresó la propia autora, indagar en esos sentimientos que de un modo u otro determinan nuestra visión de la vida y, sobre todo, nuestras relaciones con los demás. Ambas son novelas bastante cortas con tramas muy contenidas, casi minimalistas, con el propósito de mantener continuamente el foco en el asunto central, la gratitud en este caso. Ese planteamiento hace que durante la lectura uno se pregunte si no se tratará en realidad de un relato largo o incluso de una fábula, sin apenas subtramas y con tan pocos personajes; dos narradores que hacen avanzar la trama desde el punto de vista de Marie y de Jérôme y de forma lineal, un final que se prevé con facilidad… Esto no es una novela —te dices a ti misma— Delphine está resbalando —te lamentas— tenía que pasar —concluyes. Pero, de nuevo, te equivocas. Las gratitudes es otro artefacto narrativo calibrado con gran precisión, cuya contención no le resta ni un ápice de sensibilidad, de certeza o de emoción. De hecho, Las gratitudes podría adaptarse con suma facilidad al teatro. 

Gratitudes expresadas, las pendientes, las dolorosas, las arriesgadas, las sistemáticas, todas nos sobrevuelan y conforman nuestro universo. Así lo refleja maravillosamente esta historia, aparentemente pequeña, que de nuevo abre una brecha a la reflexión sobre esas «cosas pequeñas» que al final tanto importan y tal vez por eso el libro se nos pegue a las manos como a fuego y nos dejemos transportar por su belleza, su nostalgia, tristeza, humor y sobre todo, por su amor.
«Veo, como si estuviese allí, esas extensiones vacías, áridas, esos caminos devastados que surgen en mitad de sus frases cuando intenta hablar. Paisajes desolados, sin luz, de una trivialidad inquietante, y nada, absolutamente nada, a lo que aferrarse. Imágenes del fin del mundo. En cuanto empieza una frase le faltan las palabras, trastabilla como si hubiera metido el pie en un agujero. Ya no hay balizas ni puntos de referencia, pues no hay sendero capaz de atravesar tierras tan estériles. Las palabras han desaparecido y las imágenes no consiguen reemplazarlas. Su voz, asfixiada por el yugo de la derrota, se desintegra. Obstáculos desconocidos le obstruyen el paso. Masas oscuras, igualmente innombrables. Ya nada puede compartirse. Y todos sus intentos caen en un pozo sin fondo de donde nada, jamás, podrá ser rescatado. Busca en mis ojos un indicio, una clave, un atajo. Pero mis ojos no le ofrecen ninguna ayuda, ningún desvío. La ruta está cortada. El hilo de la comunicación se ha roto. El silencio le ha ganado la partida. Y ya nada la retiene.»
La valoración, sin duda que Muy Recomendable. Aprovecho para adelantarme al debate que suele surgir siempre que reseño a esta autora. En mi opinión, Nada se opone a la noche es su mejor obra (punto) y si en mi reseña de entonces la valoré solo con un Muy recomendable en lugar de con un rotundo Imprescindible fue quizá porque era mi primera aportación oficial en el blog como colaboradora y no quería ir de intensa. Dicho esto, revalido el Recomendable de Basado en hechos reales y el Muy Recomendable de Las lealtades que guarda, como ya he dicho, ciertas similitudes con Las gratitudes sin que por ello ninguna de las dos pierda una pizca de personalidad propia o el lector pueda sentir que al leer una ha leído la otra.

Hemos llegado de nuevo a ese punto en el que trato de disimular mi absoluta veneración por la autora y, para demostrarlo, me quejo de algo. En este caso diré que Las gratitudes es muy corta —unas ciento setenta páginas bien espaciadas— y te la lees en una sola tarde quedándote, inmediatamente después, huérfana de lectura. A solas con la reflexión y con el pataleo.

Otras obras de Delphine de Vigan reseñadas en ULAD: Nada se opone a la nocheLas lealtadesBasada en hechos reales