domingo, 25 de octubre de 2026

Alessandro Piperno: Aire de familia

Título original: Aria di famiglia

Idioma original: italiano

Traducción: Carlos Gumpert

Año de publicación: 2026

Valoración: Está bien


Aires de familia nos cuenta el lento declive existencial de un profesor universitario, escritor de éxito anclado en un prolongado periodo de sequía creativa, que es acusado por sus alumnos de transmitir comentarios misóginos durante la exposición de unos textos dedicados a Flaubert y llevado ante un comité disciplinario.

En estas circunstancias de estancamiento profesional recibe la noticia de la muerte de una antigua compañera y rememora su juventud y madurez y va confesando los errores que ha cometido en su vida. Criado por un tío millonario se ha construido a si mismo una vida tranquila y acomodada donde lo fundamental es evitar cualquier tipo de complicaciones. Eso ha hecho que sus relaciones sentimentales hayan sido breves y poco comprometidas y que se acomode en una  cátedra universitaria en la que languidece plácidamente.

Alessandro Sacerdoti, que así se llama nuestro profesor, se confiesa un tanto misántropo, pero aunque inicialmente tiene un alto concepto de si mismo las circunstancias académicas hacen que comience a cuestionarse su valía personal y profesional: "Había escrito artículos pontificando sobre cómo es la gente, sobre cómo cambian los tiempos, abusando de la primera persona del plural como un Montaigne de cuatro cuartos. Había llenado mis escritos con consideraciones sapienciales para el uso de burgueses ociosos. ¡Qué desperdicio!¡Qué arrogancia!".

Tampoco su tarea como escritor escapa al juicio despiadado del profesor: " Tenía poco más de treinta años. Habían transcurrido un puñado de meses desde la publicación de la novela que me había dado una notoriedad extemporánea, fugaz y de lo más irritante. Hoy sé que era demasiado joven para soportarlo y demasiado viejo para disfrutarlo con ligereza".

Así pues, y dada su poca querencia por las complicaciones, se deja apartar de la cátedra y se refugia en su apartamento. En ese retiro espiritual recibe la noticia de que se tiene que hacer cargo de Noah, el hijo de una prima lejana que acaba de quedar huérfano,  y su vida sufrirá un vuelco. Acostumbrado a ocuparse únicamente de si mismo, Alessandro tendrá que cambiar su modus vivendi y  aprenderá sobre la marcha a criar a un adolescente callado y esquivo. La llegada de Noah a la vida de Sacerdoti supondrá un cambio en la actitud vital de nuestro protagonista que se verá obligado a salir de su aislamiento habitual y convivir con un joven que le hará cuestionarse su papel en el mundo.

Llegados a este punto es cuando la lectura de esta agradable novela de Piperno nos comienza a dejar la tibia sensación de haber leído esta misma historia en otras ocasiones. En primer lugar, los problemas en su cátedra nos recuerdan inevitablemente a Stoner de John Williams o La mancha humana de Joseph Roth y el terremoto personal que supone la llegada de Noah nos recuerda innumerables novelas de iniciación que hayamos leído con anterioridad. En este sentido, además, es donde esta novela tiene su eslabón más débil: apenas vemos razones para creer en que esta  nueva familia reconstruida tenga algún futuro, porque los puntos de contacto entre ambos protagonistas son más bien escasos. Más allá de intentar salvar las evidentes diferencias vitales y generacionales que les separan no vemos que se produzca un acercamiento personal o sentimental entre ambos. Algunas conversaciones sobre el colegio, la tibia recepción de regalos como una raqueta, unos walkietalkies o unos playmobil o unas tardes frente al televisor viendo jugar al Tottenham no parecen elementos que puedan unir profundamente a un padre y su hijo, aunque sea adoptivo. Por eso, el inesperado giro final que remueve las vidas de los dos protagonistas nos resulta poco creíble y un tanto forzado.

La novela está bien escrita, el ritmo narrativo es adecuado, las reflexiones personales del protagonista sobre si mismo y sobre la burguesía a la que representa son irónicas y mordaces, el estilo es ágil y se lee con rapidez, pero resulta un tanto superficial. No enternece ni conmueve. Se lee con agrado, pero no deja poso.





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