viernes, 10 de abril de 2026

Fulgencio Argüelles: El desván de las musas dormidas

Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable

Resulta desconcertante la poca visibilidad que tiene Fulgencio Argüelles dentro de la narrativa española contemporánea. El escritor asturiano entrega unas novelas de una musicalidad asombrosa. Son textos dotados de un estilo eminentemente poético, minuciosos en las descripciones, precisos en la utilización del lenguaje y ricos en metáforas. Sin embargo, sus libros permanecen en la esfera de unos cuantos incondicionales que le seguimos desde maravillas como El palacio azul de los ingenieros belgas o Noches de luna rota.

El desván de las musas dormidas transita por el territorio de la autoficcion. Nos relata, en primera persona, la infancia y adolescencia de un niño en un pueblo de la comarca minera asturiana en la década de los años sesenta del siglo pasado. En las vivencias de este niño se cruzan las vidas de familiares, amigos e innumerables vecinos del pueblo que forman un microcosmos que Argüelles nos transmite de forma entrañable. Ninguno de los personajes que desfilan por la historia tienen nombre, ni siquiera nuestro protagonista, se les describe por sus profesiones, pero  tienen conciencia de pertenecer a una colectividad en la que todos se conocen y se respetan a pesar, en muchos casos, de sus insalvables distancias ideológicas.

Dentro de ese entramado la figura del padre se erige en una referencia vital para nuestro protagonista. Hombre culto, aquejado de frecuentes dolores de cabeza que derivan en ataques de epilepsia, arrastra una existencia anodina en un entorno que le resulta ajeno. En su juventud fue un estudiante brillante, obtuvo treinta y dos matrículas de honor como descubre secretamente nuestro protagonista, pero parece resignado a trabajar limpiando carbón y ocasionalmente compite con el maestro del pueblo e imparte clases particulares en el desván de la casa familiar.

El padre intenta huir de ese destino gris participando o impulsando  todas las actividades culturales o  recreativas que se celebran en el pueblo. Sin embargo, el niño advierte señales de alarma en esa actitud: "Su luz era inútil en un mundo demasiado oscuro. Su voz clamaba sin éxito en el desierto. Había equivocado su destino y su brillo era un grito de socorro, un suspiro de culpa, y se fue volviendo pálido poco a poco hasta apagarse. Sus musas se habían quedado dormidas en el desván".

Nuestro protagonista abandonará el pueblo para estudiar en un internado y asistimos  al lento derrumbe del universo que le cobijaba. Lejos quedan aquellos tiempos en que "los  desvanes eran enormes y las infancias duraban una eternidad". De alguna manera está reviviendo las circunstancias en las que su padre reordenó su historia personal y luchará denodadamente por no seguir su misma dirección. El miedo, la soledad y el vértigo ante el inexorable paso del tiempo le desconciertan :  "Casi nada era lo que parecía, y demasiadas cosas ocurrían para mantenerlas en secreto, y algunas palabras tomaron significados nuevos sin abandonar los que ya tenían, y comenzaron a llegarme ideas diferentes sobre el futuro, y entendí por fin aquel refrán que tanto había repetido mi abuela, cada cosa son dos cosas" 

Argüelles nos entrega un relato evocador, donde la añoranza y los recuerdos se convierten en los verdaderos protagonistas de la historia. Construye lo que él denomina una "literatura de la tierra" y nos invita a asomarnos a ese mundo que nos retrata con una belleza deslumbrante. Es literatura de altísima calidad y, desgraciadamente, no tiene el reconocimiento que se merece.

jueves, 9 de abril de 2026

Michael Crichton: Parque Jurásico

Idioma original: inglés
Título original: Jurassic Park
Año de publicación: 1990
Traducción: Daniel Ricardo Yagolkowski
Valoración: entre recomendable y está bien

En verdad ya hubo un repaso de la trayectoria de Crichton. En esa entrada se hacía un balance de las virtudes (pocas) y defectos (bastantes) del autor, y me pareció que Parque Jurásico (por su popularidad, sí, pero también por otros elementos de la novela derivados del tratamiento de la ciencia ficción) ameritaba una reseña propia.

Diré, primero, que estoy de acuerdo con lo expuesto en la reseña ya mencionada. Los trucos de Crichton para mantener la atención del lector son de todo menos sutiles, y si te agarra un rapto de furia lectora para terminar el libro, como me pasó, te termina dando un leve dolor de cabeza ante las sucesivas escenas construidas exactamente de la misma forma, además de ciertas situaciones inverosímiles para justificar la llegada de los protagonistas a la isla (¿Alan Grant le va a contar todo lo que sabe a un desconocido sobre el patrón que financia sus excavaciones arqueológicas?). Es decir, se empieza con la (re)contextualización de los personajes en el ambiente, se introduce o se retoma la amenaza que los persigue y acaba el capítulo en otro punto de la isla y en una situación más o menos límite, y vuelta a empezar. Esto se agrava por el hecho de que, cuando la acción da comienzo, la trama se bifurca en tres o cuatro personajes diseminados por el territorio, por lo que hay tres peligros y tres formas de resolver la tensión (esto es lo que diría si no fuera porque son peligrosamente intercambiables).

La historia tarda como ciento cincuenta páginas en arrancar: uno diría que en un libro de casi cuatrocientas y de estas características lo primero es instaurar la tensión. En cambio, tenemos unas primeras páginas bien logradas en tono y hasta superiores en bestialidad con respecto a la película, y a partir de ahí pega un bajonazo hasta la entrada en escena de los animales que todos conocemos (quiero decir, cuando actúan en su esplendor y no solo desde la contemplación onanista de John Hammond, su creador, y entre perpleja y cautelosa desde los demás). Pero una vez que, como lector, supera la impresión de que el ritmo del libro navega mejor en los terrenos de la ciencia ficción dura (de hecho conlleva un alud de datos y un manejo de bioingeniería y teoría del caos que, siendo yo un neófito en esos temas, me parecieron lo suficientemente asequibles como para no leerlos en diagonal), se disfruta más el hecho de que a Crichton no le interesa mostrar en sí la amenaza de los dinosaurios, sino más bien los peligros de jugar a ser Dios. Si hace unas semanas mencionaba en la reseña de La isla del Doctor Moreau las críticas acerca de los intentos de superar los límites de la naturaleza, acá se hace un comentario incisivo sobre el manejo de las empresas a la hora de invertir en proyectos que transforman el paisaje de un país ajeno (Costa Rica), con la complicidad del gobierno local e ignorando las quejas de los habitantes, y sobre aquellos adinerados que, producto del aburrimiento y con ganas de cumplir sus fantasías, deciden omitir todo aviso en procura de su megalomanía. Y eso es un punto bastante fresco en una novela que fue un bestseller.

Más allá de la crítica, sutil y no tanto, la historia se lee en un suspiro. No considero que las escenas de acción estén descritas de una forma apoteósicas, ni que en algún momento se haya logrado una sensación parecida al terror (lo único logrado es la escena donde el nene engaña a un velociraptor con carne cruda y congelada para encerrarlo), pero cumplen su función y amenizan la trama. Los personajes son planos, sacando al matemático del grupo, Ian Malcolm, cínico y profundamente moral a la vez y poseedor de los mejores diálogos y monólogos, y a Hammond, el creador de la isla, por su, en apariencia, ingenua personalidad, para revelarse como un anciano déspota e ignorante que solo tiene ojos para sus creaciones. Ni siquiera el protagonista, Alan Grant, pasa de ser alguien que cumple con su rol de protector del grupo, y los nenes, aunque se comportan de forma creíble para su edad, bordean lo repelente en algunas ocasiones, sobre todo la nena, lo que perjudica bastante a la novela, ya que diálogo por medio encuentra la manera de estorbar lo que sucede con las peticiones más inoportunas, y en eso creo que Crichton no midió bien la línea entre el terror infantil y las ganas de ser protagonista sin razón aparente.

Creo que la película es bastante mejor, pero si uno lee esta novela, se encuentra con un planteo mucho más serio en cuanto a los peligros éticos y sociales de clonar especies extintas que la de su contraparte audiovisual, y hay suficientes elementos distintos como para despojarse de lo visto y encontrar una nueva perspectiva acerca del material.

Más sobre Crichton acá

miércoles, 8 de abril de 2026

Kenji Ueda: Los secretos de la papelería Shihodo

Idioma original: japonés

Título original: 銀座「四宝堂」文房具店

Traducción: David Aguilar Gutiérrez

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien


En una elegante zona comercial de Tokio, el señor Takarada regenta una papelería, negocio que ahora mismo parece en vías de extinción, o al menos de reconversión hacia productos industriales masivos, regalos o merchandising. Cuando el mundo gira, en aparente camino sin retorno, hacia lo digital, en ese pequeño rincón se continúa cuidando los viejos productos, papel de diversos gramajes y rayados, sobres a juego, estilográficas y lápices con punta de pincel, cuadernos de diferentes formatos según el uso y la ocasión. En el piso superior hay incluso anaqueles con material reservado a situaciones especiales y un venerable escritorio donde el cliente puede redactar sus misivas alejado del mundo mientras saborea un té.

El escenario no puede ser más idóneo para el improbable supuesto de que alguien se decida a escribir, a mano y en papel, una carta a alguien especial que merece algo más que unas flores o un presente, alguien con quien quizá tenemos una cuenta pendiente que solo se puede saldar abriendo el corazón. Improbable pero posible, y aquí Ueda nos deja algunos casos: el oficinista que escribe a la abuela con quien se crio, la señorita de compañía que agradece a la madame sus enseñanzas para abrirse paso en la vida, la joven deportista enamorada del compañero de equipo, el empresario un poco calavera que intenta redimir sus deslices, o el cocinero que recuerda a su antiguo mentor. Personajes agradecidos, enamorados, arrepentidos, con relaciones que se mantienen, empiezan o terminan, pero que necesitan para expresarse el cauce que les proporciona la papelería Shihodo, con su calma y sus materiales nobles.

Cada uno de los cinco protagonistas termina, más pronto que tarde, contando su pequeña historia al señor Takarada, que escucha con paciencia e incluso se permite intervenir para intentar restaurar lo dañado, para lo que pone al servicio del cliente los productos más adecuados. Fluye la caligrafía y, cómo no, también las lágrimas, que el escribiente derrama sobre los ideogramas, porque estas son historias, ya lo habrán adivinado, saturadas de buenos sentimientos, recuerdos intensos e incomprensiones a superar. Estamos en terreno del feelgood, relatos amables en los que ningún personaje baja del aprobado en moralidad, y los desencuentros que genera la vida pueden, y deben, ser reparados con un arranque de sinceridad que se vacía en las tintas y los papeles de Takarada. 

El estilo con que lo expone Ueda hay que reconocer que va en perfecta consonancia con el contenido: prosa limpia, casi colegial, sin artificio de ninguna clase y explicándolo todo, lo que proporciona una sensación agradable siempre que uno no sea muy exigente con la técnica literaria. De esta forma, cuando se vuelve a casa después de un día de trabajo, o se disfruta de un ratito relajado el fin de semana, da gusto, hay que reconocerlo, tener en las manos algo tranquilo y afable, que se lee sin esfuerzo, pequeñas historias llenas de sentimientos nobles y errores disculpables, envuelto en la atmósfera casi mística de una vieja papelería donde se venden objetos periclitados por la modernidad.

El mundo parece más acogedor, recupera uno la confianza en el ser humano porque todavía quedan por ahí gentes generosas y agradecidas que buscan la mejor forma de hacer sentir bien a sus semejantes, lavar pequeñas culpas o apostar por una vida plena. El señor Takarada, siempre dispuesto, más ángel que comerciante, les ayudará a ellos y al lector mismo, que acabará sintiendo una especie de paz momentánea. Un lector que no habrá leído un gran libro ni habrá tenido que esforzarse en encontrar claves ocultas, pero bueno, de vez en cuando y sin abusar tampoco es malo dejarse llevar por la comodidad y los sentimientos puros.


martes, 7 de abril de 2026

Eduardo Zamacois: El Otro

Idioma original: Español
Año de publicación: 1910
Valoración: Entre recomendable y está bien

El Otro, novela de Eduardo Zamacois publicada originalmente el 1910 y basada en un relato homónimo del mismo autor, vendió muchos ejemplares en su momento. Su éxito se debió, evidentemente, a su contenido erótico-terrorífico, que si bien para estándares actuales es suave, entonces debió resultar bastante provocador.

El argumento de El Otro es sencillo. En su primera parte narra cómo la joven Adelina Vera y de Félix es maltratada y abusada por su marido, el doctor Alberto Riaza, quien ha enloquecido por culpa de su impotencia. Adelina confiesa el martirio al que es sometida a su amante, Juan Enrique Halderg, barón de Nhorres, y entre ambos deciden asesinar a Riaza. La segunda parte de la novela sigue a Halderg y Adelina siendo atormentados (al menos presuntamente) por el espíritu vengativo del muerto.

Como se puede deducir de este resumen, en El Otro hay varias escenas sexuales. Y no me extraña que escandalizaran a los biempensantes a principios del siglo XX, porque además de lo explícitas que eran para la época, lucían una inusitada perversidad. Hablo, además de escenas de adulterio, de las repetidas violaciones espectrales que Riaza perpetra a Adelina (en ocasiones con Halderg presente en la misma habitación).

Otro aspecto relevante de El Otro, aunque éste quizá no se desprenda tan fácilmente de mi resumen, es la ambigüedad del conjunto. Zamacois da indicios de que, realmente, la presencia sobrenatural de Riaza acecha a Halderg y Adelina, pero al mismo tiempo da explicaciones (médicas o de otra índole) para justificar los acontecimientos.

Personalmente, he disfrutado muchísimo de El Otro. Me han gustado sobre todo su prosa, en ocasiones arcaizada pero nunca recargada, y algunas de sus ideas (como el sadismo de Riaza, el fallecimiento del hijo de Adelina y Halderg o el hecho de que Adelina acabe gozando las visitas de su antiguo marido).
   
Sin embargo, admito que El Otro tiene sus defectos. A mi juicio, la novela se siente algo desorganizada y más larga de lo estrictamente necesario. Asimismo, sus personajes (pese a estar adecuadamente caracterizados, son un pelín planos), y su final se antoja anticlimático.

Sea como fuere, la mentada sobredimensión de El Otro es el único reproche serio que puedo ponerle a esta por otro lado disfrutable novela. Y es Zamacois hubiera podido recortar el texto para que no se sintiera tan repetitivo (¿por qué recalcar tantas veces, ya sea en monólogos internos o en diálogos, la indefensión de Halderg hacia Riaza, y su voluntad de morir para combatirlo en igualdad de condiciones?). 

Para podar la extensión de El Otro, Zamacois también podría haber minimizado las a todas luces excesivas digresiones y racionalizaciones que los acontecimientos instigan en diversos personajes, o eliminar escenas (como, por ejemplo, la que narra la visita de Halderg a don Jaime, un vidente mitad adivino, mitad brujo) o detalles (el cambio que se opera en Matilde, una de las dos vecinas solteras de Adelina) que parecen conduciar a algo pero no acaban aportando nada. 

Ah, se realizó una adptación cinematográfica de El Otro en 1919. Lamentablemente, el film, dirigido por José María Codina y protagonizado por el mismísimo Zamacois, se ha perdido con el tiempo.

lunes, 6 de abril de 2026

Joyce Carol Oates:A media luz

Idioma original: Inglés

Título original: Middle Age: A Romance

Traducción: Carme Camps Monfa

Año de publicación: 2001

Valoración: Recomendable

Desde la posición privilegiada del hombre del futuro, me resulta fácil mirar con cierta condescendencia los conflictos que desgarraban a los adultos al entrar en la mediana edad a finales del siglo XX. Hoy, muchas de aquellas crisis sentimentales: los adulterios, los divorcios, la devastación doméstica, la sensación de fracaso asociada a la ruptura matrimonial; parecen menos tragedias excepcionales que estaciones previsibles dentro de la vida familiar. En una sociedad como la nuestra, donde el divorcio ha dejado de ser un estigma para convertirse casi en una etapa más del recorrido conyugal, cuesta comprender del todo la intensidad moral, social e incluso metafísica que estos hechos tuvieron para generaciones anteriores. Hasta el trauma de los hijos de padres separados, otrora presentado como una herida irreparable, parece haberse normalizado al grado de perder su antiguo carácter de catástrofe.

De ese mundo de Boomers y GenXes trata A media luz: del amor y del desgaste del amor; de hombres y mujeres que se acercan no solo a la vejez, sino también a la dolorosa conciencia de que gran parte de su vida ya ha sido decidida. Joyce Carol Oates se interna en ese territorio de matrimonios erosionados, lealtades agotadas, deseos tardíos y rencores sedimentados para retratar una sociedad puritana e hipócrita, sí, pero también profundamente vulnerable. Sus personajes, aun atrapados en códigos morales asfixiantes y en una teatralidad sentimental a veces exasperante, a pesar de comportarse por momentos como simples caricaturas del autoengaño burgués, también son seres que, aferrados a los pocos restos de felicidad que todavía creen posibles, conservan de vez en cuando un destello de bondad, una lucidez fugaz, una forma menor pero genuina de compasión.

Una de las virtudes de la novela es que Oates no se limita a exhibir las miserias de ese mundo: las comprende. No absuelve a sus criaturas, pero tampoco las condena del todo. Las observa con una mezcla muy particular de ironía, distancia clínica y piedad. En sus manos, la mediana edad no aparece como una etapa de madurez serena, sino como una zona de descomposición silenciosa. Los personajes descubren que no han llegado a ser quienes imaginaron; que el amor, lejos de redimir, suele humillar; y que el paso del tiempo no necesariamente trae sabiduría, sino más bien una forma refinada de desencanto.

En ese sentido, A media luz pertenece a una tradición muy reconocible de la novela norteamericana interesada en las fracturas de la vida privada, en el tedio de la prosperidad y en la violencia sorda que habita bajo la respetabilidad de la clase media (un libro perfecto para un club de lectura de señoras). Pero Oates aporta algo más: una sensibilidad casi cruel para registrar la humillación íntima. Sus personajes no solo sufren; se observan sufrir, se justifican, se mienten, se espían a sí mismos con un narcisismo doloroso.

También hay algo profundamente revelador en la forma en que la novela muestra el matrimonio no como culminación romántica, sino como una estructura social fatigada, una institución sostenida muchas veces por la costumbre, el miedo, la conveniencia o la incapacidad de imaginar otra vida. Leída hoy, cuando muchas de esas certezas ya han sido erosionadas, la novela adquiere incluso un interés histórico: permite asomarse a un momento en que la descomposición del ideal conyugal todavía conservaba la gravedad de un derrumbe moral. Lo que en nuestro presente puede parecer un conflicto ordinario, ahí se vive como una crisis del sentido mismo de la existencia.

Sin embargo, reducir la novela a un documento sociológico sería injusto. Su fuerza está menos en lo que dice sobre el matrimonio estadounidense de una época que en la manera en que capta un malestar persistente y difícil de erradicar: el miedo a haber desperdiciado la vida, a haber amado mal, a llegar demasiado tarde a uno mismo. Pero no se preocupen, aunque no lo crean, el libro tiene un final feliz, conmovedor, dejando atrás todo rastro de cinismo. Oates es compasiva con sus criaturas.

Otras obras de Joyce Carol Oates en ULAD aquí

domingo, 5 de abril de 2026

Parinoush Saniee: El libro de mi destino

Idioma original: Inglés
Título original: Sahme man
Año de publicación: 2004
Traducción: Gemma Rovira Ortega
Valoración: Recomendable

Ha tenido que llegar el putonazi de Trump y bombardear Teherán y han tenido que pasar unos cuantos años para que nos animemos a reseñar otro libro de una autora iraní. Lo hacemos con este El libro de mi destino, el cual tiene, con sus virtudes y sus defectos, todos los ingredientes para haberse convertido en un longseller.

Hablando de actualidad, y aunque sea en otro nivel, me vienen a la cabeza unas declaraciones de Silvia Abril en la gala de los premios Goya. Decía algo así como que ella hubiese preferido que el premio a mejor película fuese para Sorda porque le parecía una película más necesaria que Los domingos (además de alguna que otra chorrada sobre esta última). Sin menospreciar el valor testimonial, de denuncia o reivindicación que pueda tener una obra, creo, más bien, que los premios artísticos han de premiar el valor artístico de estas. De lo contrario, corremos el riesgo de que los premios se conviertan en otra cosa.

Cuento todo esto porque en el caso de El libro de mi destino hemos de diferenciar entre la valoración que merece su parte "testimonial, de denuncia o reivindicativa" y la que otorgamos a su parte "artística".  

Por el lado de "allá", diría que se trata de una obra imprescindible pues pone sobre la mesa la situación de la mujer en Irán en la segunda mitad del siglo XX (sí, por allí ya andaban jodiendo los putosnazis de los ayatolás), a través de la vida de Masumeh y de una historia de independencia y dignidad. Sometida a diferentes violencias, ya sean físicas o no, la de Masumeh es una historia demoledora en la que la intolerancia, el miedo y la culpa ocupan un lugar fundamental.

Por el lado "artístico"·, en cambio, la valoración debemos rebajarla hasta un menos entusiasta "recomendable". Y es que aunque la novela tiene evidentes virtudes, también se ve lastrada por una serie de defectos, en mi opinión, bastante evidentes.

Entre las virtudes de El libro de mi destino, cabe citar:

  • su vertiente novela de formación / iniciación. Los dos primeros tercios de la novela se centran en la Masumeh adolescente y "joven" y en cómo esta se ve afectada por una serie de condicionantes (sexuales, sociales, religiosos, políticos, etc)  que determinarán su vida. En este sentido, creo que el personaje de Masumeh y la penetración psicológica de la autora en ella son lo más destacado de la novela.
  • su aspecto sociológico / antropológico. Esta es una obra de ficción. Basada en hechos reales, sí, pero obra de ficción. Pero es innegable que se trata de un texto que nos permite conocer de primera mano una realidad demasiado extendida y, por desgracia, demasiado vigente. Al mismo tiempo, vuelve a poner sobre la mesa conflictos eternos (lo viejo y lo nuevo, lo individual y lo colectivo, etc)
  • su ritmo, sobre todo en esos dos primeros tercios de la novela, en la que esta avanza lenta pero segura.
Por el contrario, la novela se ve lastrada por ciertos defectos:
  • personajes excesivamente planos o "estereotipados". Ya he dicho que el de Masumeh me parece un  personaje magnífico, pero muchos de los secundarios de la novela más parecen "categorizaciones generales" que seres de carne y hueso. Demasiado "blanco", demasiado "negro" y poco gris.
  • cierta aceleración o dispersión en el último tercio de la novela. Lo que hasta la página 300 (más o menos) sucedía y se narraba con naturalidad y coherencia se convierte en un cúmulo de casualidades que roza lo melodramático y lo inverosímil. Como si a la autora le hubiesen entrado prisas por terminar, vaya.
  • Ligado a lo anterior, Saniee desaprovecha algunos temas que se apuntan en esa parte final del texto. Dos ejemplos: el exilio y el choque cultural que para los iraníes supone este.
Lo dicho: novela imprescindible por lo que tiene de testimonio y denuncia y novela recomendable por su valor artístico. No está nada mal, ¿no?

sábado, 4 de abril de 2026

Posy Simmonds: Cassandra Darke

Idioma original: inglés

Título original: Cassandra Darke

Año de publicación: 2018

Traducción: Regina López Muñoz

Valoración: entre recomendable y está bien

Si hay una heroína a priori improbable en cualquier tipo de narración, en este caso una novela gráfica (aunque dada la frecuente utilización por su autora, Posy Simmonds, de cajas de texto en crudo, bien podríamos hablar, en algún momento de una "novela ilustrada"), esa es , sin duda, la protagonista de esta historia, que lleva su nombre; Cassandra Darke -el apellido no me parece casual- es una septuagenaria antipática, obesa y que viste, ya que la acción se sitúa entre dos periodos navideños, un poco favorecedor atuendo invernal (*). Además de eso, reside en el muy exclusivo barrio londinense de Chelsea,  y dirigiría la galería de arte de su ex-marido sino hubiera sido clausurada, a causa de un fraude con ciertas esculturas llevado a cabo por Cassandra, lo que la ha convertido, además de una convicta, en una paria social. 

Tampoco es que todo esto parezca importarle demasiado a la buena (es un decir) de Cassandra, que a su egoísmo e incluso mezquindad une un agudo sentido de la autoprotección; de ahí que, cuando descubre cierto perturbador objeto escondido en su domicilio, que ella sospecha ha sido introducido por su sobrinastra, la un tanto dispersa Nicki -por no decir más tonta que una mata de habas-, se le disparan las alarmas aunque no entra en pánico (no del todo, al menos). A partir de ahí, las dos, Cassandra y Nicki se ven metidas en una trama criminal, con homicidio incluido, por culpa de Billy, el novio -sería más propio hablar de "rollete"- de la joven y de sus malas compañías. La veterana Cassandra se ve ejerciendo entonces de improvisada detective y no lo hace mal del todo, aunque... bueno, no voy a espoilear como acaba la historia, ya lo veréis quienes os decidáis a leerla. En cualquier caso, el personaje es de lo más interesante, tanto por sus características personales, bien distintas de las  protagonistas de las otras dos novelas gráficas con nombre de mujer realizadas por esta autora, Gemma Bovery y Tamara Drewe (de hecho, interpretadas ambas en el cine por la bella y rozagante Gemma Arterton), como por la ambigüedad moral que muestra, aunque también hay que decir que sufre cierta evolución a lo largo de la historia. Por otro lado y tampoco creo que sea algo casual, el personaje tiene la misma edad o casi, que la autora cuando publicó este libro, a los 73 años. No es difícil colegir que más de una reflexión, aprensión y actitud en general de Cassandra se corresponde con las de la propia Posy Simmonds.


Una autora que, por lo demás, despliega aquí toda su destreza narrativa -un poco embarullada a veces por los frecuentes flashbacks, aunque tampoco se llega a perder el hilo- y, sobre todo,  gráfica, que es mucha, tanto en lo que se refiere a la composición de las páginas -sin descartar insertos de conversaciones de WhatsApp o Telegram- como en el primor habitual que muestran sus dibujos, así como la cuidada ambientación, en este caso y sobre todo, de Londres, tanto de sus barrios más pijos como de otros más populares (por no decir degradados). Por no hablar del paisanaje, claro: en este libro, como de costumbre, Simmonds se muestra como una fina observadora del prójimo que le rodea, de su variedad y costumbre, casi una ornitóloga, más que entomóloga; no pretende atravesar a sus criaturas con un alfiler, sino observar con curiosidad y comprensión  como se comportan en libertad ("libertad" entre comillas, claro, pues no deja de ser su creadora y han de avanzar por donde ella quiera). No es, en todo caso una novela ésta que permita una conclusión clara, una moraleja aleccionadora, pues si bien es cierto que la protagonista una evolución a mejor persona a lo largo de sus páginas, también hay que admitir que le iba mejor cuando era un poco cabrona más egoísta. O no, todo depende de cómo se vea. En todo caso, lo que la autora nos propone es que, antes o después (o tal vez todos lo días, en pequeñas cosas) hay que elegir: o miramos sólo por nuestro interés o también por el de los demás. Cassandra Darke lo hace y no podemos decir que escoja mal...


(*) Antes de que me llaméis edadista, capacitista, gordofóbico y otras lindezas por el estilo... ¿Cuántas ficciones conocéis, incluso creadas de personas con la más acedrada sensibilidad social, protagonizadas por personajes de estas características? Pues eso, que es bastante inusual...


También de esta autora y reseñados en Un Libro al Día:  El mundillo literario, Tamara Drewe