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martes, 13 de abril de 2021

VV.AA.: Cuadernos hispanoamericanos (Cuento)

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Bastante recomendable

Que el "cuento latinoamericano" goza de una salud excelente es algo que creo que poca gente pondrá en duda. Una muestra significativa de ello son las múltiples reseñas que hemos publicado en este blog en los últimos años y que dejan un buen reguero de nombres: Mariana Enríquez, Vera Giaconi, Magela Baudoin, Mónica Ojeda, Samantha Schweblin, Rodrigo Blanco, Edmundo Paz Soldán, etc., algunos de los cuales aparecen en este número dedicado al género breve de la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" con el que podemos corroborar la afirmación inicial.

18 autores (12 hombres y 6 mujeres, lo cual  - aunque aquí habría que valorar los entresijos de la selección - me parece injusto dada la calidad de alguna autora que no aparece por aquí), 18 países (solo falta, si no me equivoco, una representación de República Dominicana y El Salvador) y 18 relatos con un nivel medio bastante alto.

Curiosamente, este elevado nivel medio no viene siempre de la mano de los autores más consagrados o reconocidos a este lado del Océano. Por poner un par de ejemplos, el relato de Halfon (escritor que me encanta) parece hecho con el piloto automático puesto y el relato metaliterario de Fernanda Trías deja al lector algo frío porque puede funcionar bien como juego pero se echa en falta algo más. Por su parte, otros autores TOP, como Mariana Enríquez, Liliana Colanzi o Mónica Ojeda, aportan relatos que serán fácilmente identificables para sus lectores habituales y servirán como interesante carta de presentación para los no iniciados.

Por el lado de los autores más desconocidos (o menos leídos) para mi vienen alguna de las sorpresas más agradables. Destacan especialmente 4/5 relatos:

  • "La cinta roja" de la hondureña María Eugenia Ramos, un relato brutal cargado de simbología.
  • "El río, una pasta espesa que no hace olas" de Jon Bilbao, relato carveriano de parejas y amistades, mentiras o medias verdades y tensión "subterránea" algo alejado en lo estilístico de lo que yo he podio leer de su obra.
  • "Marginalia" del costarricense Carlos Fonseca, un relato en el que se juega con la literatura como forma de huida o de entrada a otras vidas posibles.
  • "El barbero de Hialeah" del cubano Carlos Manuel Álvarez y su impactante final.
  • "Serenatas" del venezolano Juan Carlos Méndez Guedez, quizá el relato más arriesgado en lo estilístico, con sus diferentes voces y tiempos y su aire de "culebrón"

En definitiva, 18 más que interesantes relatos que beben de múltiples influencias, tanto del propio Sur como del Norte, que poseen una serie de elementos comunes (la emigración, la violencia, el desarraigo, la propia literatura) y que demuestran que la cantera de "cuentistas" latinoamericanos está muy pero que muy viva. ¡Y que dure!.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Varios autores: ALTAÏR magazine. Contar(nos) el mundo


Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable

Dejadme que empiece primero por dejar paso a mi reprimida vena fetichista. Este libro es un objeto precioso. Con su tapa dura, su maquetación, lleno a reventar de ilustraciones y detalles gráficos de todo tipo, que revelan el mimo empleado en su confección. Con ese olor a tinta que tanto nos gusta a algunos, con una primorosa presentación pendiente de cada detalle. Ya la gente de Altaïr hizo que me saltara hace tiempo una norma (con su número sobre el desierto de Sonora), pero aquí me lo han puesto más sencillo aún: aunque ponga magazine hablamos de un libro, de 200 páginas en gran formato, y como su portada proclama recoge 32 miradas sobre la cultura y el viaje. Y estas 32 miradas incluyen a Martín Caparrós, a Jorge Carrión, Leila Guerriero, Jon Lee Anderson, Ander Izagirre o Rodrigo Fresán. Poca broma, entonces, y tened la completa seguridad de que no solo tenéis en las manos algo objetivamente bello, sino el resultado de un planteamiento muy serio y muy respetuoso, no solo con el concepto de la revista, la crónica, sino con su resultado en términos literarios. 
Y aquí hay textos de mucho valor. Crónicas en el término canónico del término, ejercicios más despojados de una estructura clásica. Con el pretexto del viaje, con la presencia del escritor en entornos que en principio le son ajenos, aquí nos encontraremos interesantes aportaciones con mayor o menor aporte visual, más extensas y bordeando la ficción algunas, otras puros textos de denuncia sobre situaciones particulares y, aunque se haya escapado algún texto algo escorado hacia la modalidad "perfil de destino de vacaciones", en la mayoría de los casos los autores van más allá del puro detalle de andanzas en viaje, indagan, informan, detallan, toman ese papel tan fascinante del ojo objetivo que muestra las cosas para que cada lector adopte su visión subjetiva.
Aquí se habla del Irán de la decidida apertura, de Irlanda, del Perú amazónico, de Tenerife, de las duras condiciones de extracción del azufre en Indonesia, de Venecia, de las reservas indias en Estados Unidos, de Alaska, y diría yo que es una lectura particularmente apropiada para aquellas personas que recortarían un reportaje interesante pero se olvidan y acaban tirando la revista. Echo de menos a autores que encajarían perfectamente aquí como Juan Villoro, Álvaro Colomer o Valeria Luiselli, pero el nivel es desde luego muy notable, esto, queridos lectores, es un libro con todas las de la ley, una obra consistente, cohesionada, tan homogénea en el fondo como heterogenea en la fonda, un disfrute lector y visual de mucho valor, y os recomiendo, si os interesa, que le echéis un vistazo, si lo tenéis en las manos no os vais a poder resistir.
Porque encima queda la mar de bien sobre la mesa de centro.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Revista Altaïr: Los desiertos de Sonora

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: muy recomendable

Ya sé. Este blog se llama Un Libro Al Día. Pero no es la primera vez que reseñamos una publicación que validamos por su valor literario. Este es un caso, como lo era Orsai (ahora renacida, por cierto) en su momento.
Ya sé, también. Me pongo muy pesado con Bolaño. Podría ser peor: de hecho, esta ha sido, muy oportunamente en cuanto a su publicación, mi elección entre una terna de productos literarios dedicados a su obra, sin descartar que futuros acontecimientos me apremien a recurrir a cualquiera de los otros dos. Bolaño ha representado, incluso lustros tras su desaparición, el estímulo más poderoso, la patada en el culo más eficaz para refrescar la narrativa que el final del boom había dejado en un estado semi-letárgico. Que sí, que hubo autores destacables en ese período, que si, pero ya sabemos, Bolaño volvió a encender los focos, y ese sótano pasó a ser una cava.
Los desiertos de Sonora es un especial dedicado por Altaïr, aguerrida revista en ese territorio colindante en el reportaje de viajes y la crónica, a esos desiertos que constituyen presencia central en Los detectives salvajes y sombra amenazadora en 2666. Esos en los que se ubica Santa Teresa y esos en que los detectives buscan entre anécdotas a Cesárea Tinajero. Pero no es una revista homenaje ni pretende serlo. No es un complemento sino un artefacto literario que se sustenta por sí solo. Quede claro que la reacción normal sea echarse sobre las páginas de la obra maestra del chileno nada más acabarlo, pero no se trata solamente de eso. Se trata de ese concepto empresarial tan aborrecible de la sinergia. Revistas como la que tengo entre manos se convierten instantáneamente en objeto de deseo al que se busca ubicación preferente en los estantes, porque su vocación es esa, la del viaje constante donde su simple hojeo resulta excitante. El objeto es un puro fetiche. 
Hay artículos inspirados en la lectura de la obra del chileno y hay abundante material gráfico. Hay un desplegable del Atlas de los Desiertos, de Montané, que sirvió (Bolaño no pisó JAMÁS esas tierras) de inspiración para el desarrollo de los fragmentos que se ubicaban allí. Hay textos (muchos de ellos inéditos) del séquito bolañiano en términos reales o mentales (Fresán, Villoro, Carrión - echo de menos a Vila-Matas o a Cercas o a Pron, pero eso sería ya demasiado), de escritores obviamente admiradores, más escorados a la crónica o más hacia la tonalidad poética. No hay pega posible cuando el texto, encima, se complementa con unos códigos QPR que remiten a material gráfico adicional (vídeos de entrevistas con los colaboradores), y que convierten este colosal y ejemplar trabajo en una tentación a la que resulta imposible resistirse.
Ya sé: esto no es un libro y la reseña me ha salido que parece un publireportaje. Pero haced la prueba. Tanta revista literaria que trata por igual a Dan Brown y a Cartarescu. Probad con esta. Tenedla en las manos. A ver cómo os lo montáis para dejarla ahí. 

jueves, 26 de marzo de 2015

100 años de Orpheu, hito de la literatura portuguesa

Quizás poca gente en España se haya enterado de que este mes, en marzo de 2015, se cumplen los 100 años del primer número de la revista Orpheu, una publicación que con apenas dos números cambió de manera radical la historia de la literatura portuguesa.

Situémonos. Portugal era a principios del siglo XX un país que se asomaba a la modernidad (como España, sin ir más lejos). En Lisboa se inauguraban los elevadores y los funiculares, se instalaba el alumbrado eléctrico, se generalizaban los tranvías, abrían los Armazens do Chiado, se abrían las Avenidas Novas que marcaban la expansión futura de la ciudad hacia el extrarradio. En 1910 acababa de proclamarse la República, con la que se esperaba superar los problemas del régimen monárquico decimonónico. En literatura, y sobre todo en poesía, el post-romanticismo proyectaba una sombra alargada y los grandes popes controlaban los engranajes del sistema literario.

En este contexto surge Orpheu, un proyecto editorial dominado por un conjunto de escritores (y artistas) que han viajado, han leído, han conocido los movimientos de la vanguardia parisina y europea. A la cabeza de este grupo, el más famoso y el más ambicioso de todos, Fernando Pessoa, acompañado por los portugueses Sá-Carneiro, Luís de Montalvor y Almada Negreiros, o el brasileño Ronald de Carvalho. (De hecho, Orpheu nació como un proyecto luso-brasileño, aunque en el segundo número ya aparecen como directores Pessoa y Almada Negreiros). Junto a ellos, pintores como Amadeo de Souza-Cardoso o Santa-Rita Pintor, que de hecho ilustró el segundo número de la revista.

Orpheu es puro modernismo, en cualquier sentido que se le quiera dar al término. De hecho, conviven en sus números poemas herederos del simbolismo (sonetos esteticistas dedicados a Salomé, llenos de sedas, marfiles y piedras preciosas), con otros abiertamente vanguardistas, más concretamente futuristas, con su exaltación de la máquina, de la velocidad, de lo moderno frente a lo antiguo. La "Oda triunfal", que aparece en el primer número de Orpheu con la firma de Álvaro de Campos (uno de los heterónimos de Pessoa) es todo un manifiesto vanguardista digno del mismísimo Marinetti:


¡Eh-ah-ho, fachadas de los grandes almacenes!
¡Eh-ah-ho, ascensores de los grandes edificios!
¡Eh-ah-ho, reorganizaciones ministeriales!
¡Parlamentos, políticas, secretarios de presupuestos,
presupuestos falsificados!
(Un presupuesto es tan natural como un árbol
y un parlamento tan bello como una mariposa.)

El primer número de Orpheu fue un éxito y un escándalo mayúsculo. "Somos el asunto del día en Lisboa; lo digo sin exagerar", escribe Pessoa en una carta en abril de 1915. "El escándalo es enorme. Nos señalan por la calle, y todo el mundo -incluso fuera del mundo literario- habla de Orpheu". Así debió ser, sin duda, porque el panorama literario portugués no estaba quizás preparado ni para la sensualidad de los poemas modernistas -en el sentido simbolista-, ni para la provocación estética que suponían los poemas más vanguardistas, debidos al propio Pessoa o a Sá-Carneiro sobre todo.

El primer número de Orpheu correspondía a los meses de enero-febrero-marzo de 1915; el segundo, a abril-mayo-junio; nunca hubo un número 3. Las diferencias ideológicas, la pérdida del mecenazgo económico, la muerte de Sá-Carneiro en 1916 fueron algunos de los motivos de esta desaparición. Y sin embargo, el legado de Orpheu se sintió mucho más allá de las fechas de su publicación. Con esta revista, la modernidad entraba en la literatura portuguesa, y entraba para quedarse. Las posteriores publicaciones vanguardistas que fueron surgiendo en Portugal (el Sudoeste de Almada Negreiros, la Presença de José Régio, entre otros...) se proclamaron siempre continuadores de Orpheu.

sábado, 5 de enero de 2013

Varios autores: Orsai

Idioma de publicación: español
Año de publicación: 10 números, desde 2011, 6 en previsión para 2013
Valoración: muy recomendable

Puede que algunos aquí ya hayan leído u oído hablar acerca de este proyecto. La revista Orsai nace, sobre todo, porque Hernán Casciari es un argentino muy cabezota. Obstinado en la relación directa con el lector, en la medida de lo posible. Sin nadie en medio, dice. Podéis oír aquí cómo piensa, pero volved luego, que aún no he acabado. El proyecto Orsai se apoya y parte de su éxito como autor, cuando uno de sus libros es llevado al teatro, y cuando su blog personal, un blog que inicia, con toda modestia, como argentino residente en Sant Celoni (población a unos 40 km. de Barcelona en la que acaba estableciéndose por cuestiones amorosas) empieza a expandirse y a ser una especie de punto de encuentro. También parte del momento en que Casciari, harto de que grupos editoriales para los que colabora le digan si ha de escribir tantas o cuantas palabras más o menos, los envía a tomar viento.
A partir de ahí, todo se precipita. Yo sé por primera vez de Casciari por una entrevista en prensa, a finales de 2011: habla en ella de su proyecto, una especie  de crowdfounding sui géneris por el cual los suscriptores que paguen financiarán y posibilitarán que la revista esté disponible gratis en fichero formato pdf. Sin una sola página de publicidad. Todo chicha, o pan de la mejor calidad, pero ni una sola página de publicidad. Se lanza a la cacería de una masa crítica de suscriptores necesaria para ejecutar esa idea y la consigue. Hasta ahí, diríamos que es el tesón del tipo éste, que entre otros apodos se automoteja como gordo marquetinero. Pero es que resulta que Orsai consigue publicar relatos exclusivos, en original o en traducción, de Hornby, de McEwan, de Junot Díaz, de Juan Villoro, de Mario Bellatín, de otros escritores de no tanto renombre pero a los que se les adivina un gran futuro. Además de contar con colaboraciones de todo un star-system de ilustradores, autores de cómic, cronistas. Ha hecho trampas, como fragmentar relatos en varias revistas, para generar seguidores. Bueno, él dirá que son folletines por entregas, al uso francés del siglo XVIII, pero yo le digo que en el siglo XXI esto consiste en ya volverás por aquí si no quieres morirte sin saber cómo acaba esta historia. Se ha promocionado lo indecible, a costa de su propio bolsillo. O de su propio tiempo, que viene a ser lo mismo. Parece un tipo tímido y se ha sometido a entrevistas y charlas defendiendo su proyecto.

¿Lo ha sacado adelante por insistencia? Pues sí. Pero con toda justicia y merecimiento. La revista objeto es un puro fetiche, de esas cosas que justifican el verbo atesorar. La revista en formato pdf es un must de lo voluntariamente gratuito. Sí, recalco, gratuito. Ahora anuncian un tercer año con seis números más, y creo que es muy recomendable para todo el mundo, al menos, echarle un vistazo a fondo a lo que ha sido 2011 y 2012. Sin deslizarse por las simas de la pura revista literaria, a veces excesivamente erudita, o de la que es cautiva de los objetivos de los grupos editoriales.

No es que Orsai sea la idea más original del mundo. Es que no siempre la tozudez se sale con la suya con tanta gracia y con tanta contundencia. No es un libro, claro, me diréis. Pero es un catálogo de autores, es un sampler, una especie de aperitivo enorme, una bandeja de canapés de esas que hacen soportables ciertos actos, tras la cual uno se lanza siempre a por más. Que es de lo que se trata.