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jueves, 23 de marzo de 2023

Arthur Miller: El crisol (o Las brujas de Salem)

Idioma original: inglés
Título original: The Crucible
Traducción: Ramón Espejo Romero
Año de publicación: 1953
Valoración: Recomendable

Será una deriva de lo más natural que tras leer una obra que reflexiona sobre un hecho histórico, empiece una a querer leer todo lo relativo a ese mismo hecho hasta conformarse lo más parecido a una idea propia. En ese sentido, quizá lo «natural» no hubiera sido empezar con la magnífica novela gráfica con perspectiva de género, si no por esta archiconocida y archiversionada pieza teatral de Arthur Miller. Una obra tan universalizada que, sospecho, ha suplantado los verdaderos acontecimientos en el imaginario del gran público.

Resumen resumido: Nueva Inglaterra, 1692. Un grupo de niñas, lideradas por la joven Abigail Williams, son sorprendidas de noche en el bosque, en medio de unas danzas y ritos extraños. Ante el terror de ser castigadas, se hacen pasar por víctimas de algún tipo de maleficio y acusan de brujería a varias conciudadanas. Lo que empieza como una descabellada huida hacia adelante acaba convirtiéndose en una gran bola de nieve que muchos tratan de dirigir para satisfacer sus propias venganzas y anhelos. Abigail Williams, por su parte, acusará de brujería a la esposa de John Proctor, con el que está obsesionada desde que tuvieron un encuentro carnal clandestino.

La obra de Arthur Miller no pretende ser una crónica ficcionada de los verdaderos acontecidos. El interés del autor al poner el foco en este episodio histórico tiene mucho que ver con otro episodio de «caza de brujas» perpetrada durante los años 40 por McCarthy, que arrasó con el panorama artístico e intelectual de los EEUU en busca de supuestos comunistas a sueldo del gigante rojo. Incluso a día de hoy seguimos empleando la expresión «caza de brujas» para referirnos a una vulneración sistemática del principio de presunción de inocencia. La batería de juicios y la convulsión social que generaron son un denominador común en ambos momentos históricos y que la obra recoge perfectamente. Miller sufrió la «caza de brujas» en sus propias carnes sin que ello llegara a truncar su carrera definitivamente, como sí les sucedió a otros amigos y compañeros. Y ese hecho biográfico sumado a la vis política que siempre imprime en todas sus obras, fue un claro detonante a la hora de abordar la escritura de este texto. Eso en cuanto al marco y al tema de la obra.

En cuanto al conflicto (la redención de la culpa personal a través de la autoinmolación universal) y al héroe (John Proctor) también existe un vínculo biográfico muy potente: Arthur Miller le había sido infiel a su esposa con la estrella del momento, Marilyn Monroe, y la culpa lo estaba reconcomiendo. Sin ir más lejos, «El crisol» está dedicado a su esposa Mary. Este hecho se filtra en la trama del matrimonio Proctor y le otorga a su conflicto una profundidad emocional arrolladora. Y aunque la deriva de la obra acabe por separarlos, su momento de reencuentro y perdón mutuo en el ojo del huracán de la tragedia, es muy verosímil y de una belleza que pone los pelos de punta. (*)

El texto de la obra resulta natural y verosímil, los personajes se interrumpen, se solapan, tal como sucede en la vida real. Todos los personajes principales tienen un recorrido coherente y dramático, el ritmo en el que se van sucediendo los hechos hasta llegar al despropósito judicial con el mezquino juez Danforth a la cabeza, funciona muy bien. No se puede añadir mucho más, quizá me han sorprendido especialmente algunas acotaciones excesivamente largas, como las explicaciones de un narrador editor que desea intervenir demasiado en las sensaciones que deben llegarle al lector (o al director y a los actores).

Sobre el título, la definición de «crisol» es cavidad en la parte inferior de un alto horno donde se recoge el metal fundido. Me gusta pensar que Arthur Miller eligió ese término para referirse al resultado de ejercer la opresión y persecución en el seno de una comunidad: una masa caliente y peligrosa contenida en una pequeña cavidad. Pero seguro que hay estudios rigurosos que se extienden páginas y páginas a este respecto.

De todos los subproductos (léase en el buen sentido) derivados de la obra teatral, destacaré la película de 1996, cuyo guion fue escrito por el propio Arthur Miller, lo que se hace patente por la cantidad de frases y diálogos extraídos directamente del texto original. Y funcionan. Las variaciones para adaptar la historia a la gran pantalla son mínimas aunque haya que sumarle los peajes para el cine mainstream. No hay más que mirar el cartel. En mi opinión personal, a Daniel-Day Lewis la intensidad de Proctor le viene al dedo, Joan Allen está excelsa como su esposa Elizabeth y Winona Ryder interpreta una Abigail un poco pasada de vueltas. Eran los 90 y a toda película le venía bien una «Lolita» ni que fuera con cofia.

Y hablando de subproductos en el buen sentido, y en este caso basados en los hechos reales, no en la obra de Miller, el compañero Juan reseñó esta curiosidad sobre Tituba, primera señalada, esclava del reverendo Parris (tío de Abigail y colaborador necesario en el esperpento de lo acontecido).

Así que Muy recomendable y especialmente esta edición de Cátedra, que tiene un prólogo muy interesante y completo, escrito por el que también es el traductor, Ramón Espejo Romero, y que profundiza (con rigor y sin aburrir) en las cuestiones técnicas de la obra, así como en el marco histórico.

(*) Y por cosas como esta, Arthur Miller es un genio, por ser capaz de trasladar emociones y conflictos reales y muy complejos al papel, a las tablas o a la pantalla. Por otra parte, podemos deducir que o bien su sentimiento de culpa o bien la paciencia de Mary no eran tan grandes, y Arthur Miller acabó casándose con Marilyn Monroe. También podemos saber (si recurrimos a la extensa bibliografía sobre la vida de Marilyn Monroe) que Arthur Miller se portó con ella como lo que viene siendo un jabalí doméstico.

viernes, 15 de octubre de 2021

Nicholas Evans: El hombre que susurraba a los caballos

Idioma original: Inglés
Título original: The horse whisperer
Traducción: Luis Murillo Fort
Año de publicación: 1995
Valoración: Decepcionante



Amparándome en la máxima que promulga que el libro suele ser mejor que la película, abordé la lectura de este best-seller de los noventa con bastantes expectativas. Pensé que el tono excesivamente romanticón del film —dirigido y protagonizado por Robert Redford— era un peaje necesario para su comercialización y que el libro se centraría más en otras cuestiones mucho más interesantes que en la película quedaban tan solo apuntadas. 

Pues me equivoqué; en este caso la película es mejor que el libro ya solo porque prescinde con acierto —sobre todo al principio y al final— de aquellos tramos que debilitan la narración tanto desde un punto de vista técnico como en el tema central y los conflictos planteados. Y entonces ¿por qué no abandoné la lectura? buena pregunta. Algo tendrán que ver las 24 horas en observación que tuve que pasar en un box de urgencias mientras la yaya del box contiguo cantaba salmos; mi móvil se estaba cargando y lo único que tenía a mano para distraerme era este libro. Era leer o pedir morfina.

Resumen resumido: la joven Grace McLean sufre un trágico accidente a lomos de su caballo Pilgrim con gravísimas secuelas físicas y emocionales para ambos. La madre de Grace (Annie), una despiadada ejecutiva del mundillo editorial neoyorquino, percibe que la recuperación de su hija está vinculada de algún modo a la recuperación del caballo, por lo que arrastrará a ambos hasta el rancho de Tom Booker, en Montana. Los meses que pasarán junto a Tom y su familia en ese entorno natural y liberador, marcará un antes y un después no solo para Grace y Pilgrim, si no para la propia Annie.

El hombre que susurraba a los caballos tiene un planteamiento muy atractivo. La restitución del vínculo entre un caballo y su joven jinete como excusa para indagar en la superación de los traumas, tanto físicos como emocionales de los personajes es un detonador potentísimo; y si además eso se produce dentro de un universo tan particular como el del mundo del caballo y el arte ancestral de los «susurradores de caballos» pues puede salir un novelón impresionante. Y con esto quiero decir que los mimbres de la novela son muy prometedores, el problema llega cuando hay que desarrollarla y el resultado no está a la altura. Los/as que habitualmente leéis mis reseñas habréis observado lo mucho que me gusta introducir citas que ilustren el tejido, la textura, la calidad del texto, eso es porque cuando leo voy subrayando aquellos pasajes que me resultan interesantes o especialmente bien escritos. Pues bien, es la primera vez que leo una obra para reseñar en el blog y no subrayo absolutamente nada.

Parte del problema con esta novela está, en mi opinión, en el hecho de que cuando la empiezas a leer crees que el tema central es, efectivamente, cómo un horse whisperer ayuda a una niña y a su caballo a restablecer su vínculo y su confianza mutua y, de manera secundaria, su madre tiene un romance con el susurrador. Sin embargo es justo al revés: la trama se vuelca en el romance y en la evolución de la madre (Annie) empleando a la niña y al caballo como excusa. Y es un pastel. Por no hablar del final —doble final con coletilla— que a medida que avanza da más vergüenza ajena y que no hay por donde cogerlo.

Eso en cuanto a la trama. Si nos centramos en la técnica, como decía, no hay ni un pasaje con un mínimo de brillo, ni un párrafo en el que el autor se halla dignado a sacar un poquito de punta al lápiz para hacer aflorar algún tipo de emoción, ni tan siquiera en los momentos más álgidos de la historia, que los hay. Muchas descripciones del paisaje de Montana, mucho estilo indirecto que mata la acción, diálogos poco naturales, mucha información para el lector y, sobre todo, mucho decir y poco mostrar. A los diez minutos el lector ya ha renunciado a emplear la inteligencia y se limita a leer en modo automático. Por no hablar de lo mal parados que salen algunos personajes por falta de matices: el susurrador (Tom Booker) es poco más que un santo y Annie responde al tan recurrido cliché de mujer acorazada.

Y de ahí mi valoración de Decepcionante, la primera en los más de cuatro años que llevo colaborando en el blog.

jueves, 15 de julio de 2021

Sarah Andersen: Colmillos

Idioma original: inglés
Título original: Fangs
Año de publicación: 2020
Traducción: José M. López
Valoración: entretenido







Llegué a Sarah Andersen a través de sus tiras Sarah’s Scribbles en redes sociales, unos dibujines desaliñados con una protagonista también desaliñada pero entrañable, divertida, imaginativa y, sobretodo, amantísima de la lectura y de los libros. 

Colmillos, sin embargo, hace gala de una ilustración mucho más cuidada, fina, minimal, un poco al estilo japonés incluso en la estética de los protagonistas; la historia, una sucesión de pequeños episodios que ilustran con humor y simpatía las dinámicas de una (muy insólita) pareja que está empezando a convivir y a conocerse.

Resumen resumido: una joven vampira de trescientos años (Elsie) y un hombre lobo (Jimmy) se conocen una noche en un bar y se sienten atraídos al instante. A partir de ahí viviremos con ellos su singular relación en la que todo aquello que los hace tan dispares y que, en principio, debería distanciarlos es precisamente lo que los une.

Al final son un conjunto de historietas cargadas de humor y originalidad, que sacan el máximo partido a la condición particular de cada uno de sus protagonistas.


Lo mejor de todo, lo bien que la autora retrata a Elsie y a Jimmy que, más allá de su naturaleza sobrenatural, cuentan con personalidades propias y unos bagajes vitales que les condicionan sin remedio: Jimmy vive de algún modo sometido a los ciclos lunares y se pone nervioso cuando ve venir al cartero, Elsie marchita todas las flores a su paso cuando está triste y no puede hacerse un selfie ni tener redes sociales porque, sencillamente, la cámara es incapaz de captarla. 

Es Elsie la que tiene un mayor protagonismo en las historietas al ser la más carismática de ambos. Al fin y al cabo tiene trescientos años y ya está de vuelta de todo. Es sofisticada, irónica, escéptica, elegante, atractiva y excéntrica, con un punto de mínima amargura en el reconocimiento de las limitaciones que le supone su condición de vampira, en contraste con una tremenda frescura para expresar sus impulsos más primarios cuando está con Jimmy que, al fin y al cabo, es la única persona del mundo que no va a juzgarla.


No será un librazo que pase a la historia de la novela gráfica pero tiene una edición impecable y está hecho con mucho ingenio y buen gusto; y resulta más que Entretenido. Vale la pena zambullirse en su curiosa amalgama de ironía, humor un poco negro y cero ñoñeces que logra proyectar un buen puñado de escenas de dinámicas amorosas y (sí) románticas en el marco de una relación sana y con más futuro del que se podía imaginar. 

Sin mayores pretensiones que hacernos pasar un buen rato y obligarnos a reflexionar sobre qué tipo de relaciones de pareja mantenemos hoy en día y en qué se sustentan. ¿O acaso no estamos un poco encallados en la idea de valorar en el otro únicamente lo que nos recuerda a nosotros mismos?


viernes, 5 de febrero de 2021

Dalton Trumbo: Johnny empuñó su fusil

Idioma original: inglés
Título original: Johnny got his gun
Año de publicación: 1939 (2020 edición reseñada)
Valoración: Muy recomendable




Dalton Trumbo, novelista, guionista y director de cine, publicó en 1939 (tras la patente catástrofe que supuso la Primera Guerra Mundial) la que se considera aún hoy la novela anti belicista por excelencia; no es que sirviera de mucho visto lo visto, pero Johnny empuñó su fusil sigue siendo un magnífico ejercicio literario cargado de humanidad y reflexiones totalmente vigentes.

Resumen resumido: el joven Joe Bonham yace desorientado en una cama de hospital. Poco a poco va tomando conciencia de su situación; un obús en el campo de batalla le ha dejado sin brazos, sin piernas y sin cara, por lo que está desprovisto del habla y de todos los sentidos a excepción del tacto. Es un hombre atrapado con sus pensamientos cuya única conexión con el mundo exterior son las sensaciones que percibe a través de la piel.

El planteamiento no deja indiferente y se desarrolla con eficacia a lo largo de toda la novela. El autor sostiene con éxito esta narración atrapada dentro de una mente prácticamente aislada, mediante la sabia combinación de tres recursos:
  • Una voz narrativa en tercera persona que se camufla como flujo de conciencia del propio Joe. Su voz es uno de los elementos que más cautiva al estar llena de matices y transmitir tan bien la complejidad del momento vital del muchacho. El lector confía en él desde el primer momento; es un joven genuino e inteligente que se ha visto obligado a madurar forzosamente en insólitas circunstancias. Es un niño y un hombre, es víctima pero no se victimiza y quiere luchar por su vida pero no del modo que le han enseñado. Su penosa situación, lejos de llevarlo a la locura como bien podría haber sucedido, lo conduce hacia una formidable lucidez que, sin embargo, no puede compartir con nadie.
  • Joe deambula la mayor parte del tiempo entre los recuerdos y las ensoñaciones, todos ellos (sobre todo los recuerdos) narrados con gran sensibilidad y una capacidad evocadora arrolladora que contrasta con su situación presente.
  • Los momentos puntuales de conexión con el exterior que se convierten en auténticos hitos para el protagonista y el lector: desde las visitas sistemáticas de la/s enfermera/s hasta los matices térmicos sobre la piel que le permiten empezar a ejercer cierto control sobre el transcurso de tiempo. Dichos momentos van ampliándose y alcanzando mayor interés a medida que Joe adquiere nuevas habilidades que le conducen hacia el desenlace de la obra.
El tema principal de Johnny empuñó su fusil es sin duda el anti belicismo; combate contra toda la maquinaria ideológica que engaña a tantos jóvenes para embarcarlos en un viaje del horror cuyos verdaderos fundamentos desconocen. A través de Joe, un muchacho que atrapado en su mínima expresión física alcanza altísimas cotas de humanidad y lucidez, Dalton Trumbo despliega todo su argumentario para desactivar los mensajes populistas siempre sostenidos por conceptos abstractos e intangibles:
«Y cuando no podían enganchar a los pobres diablos para luchar por la libertad o la independencia o la democracia o la decencia o el honor usaban a las mujeres. Miren esos puercos alemanes decían miren cómo violan a las hermosas muchachas francesas y belgas. Alguien tiene que acabar con esa violación. Venga usted jovenzuelo únase al ejército y salve a las hermosas muchachas francesas y belgas. Y entonces el chaval se quedó perplejo y firmó y poco después estalló una granada y su vida se esparció en roja pulpa de carne y quedó muerto. Muerto por otra palabra y por todos los viejos y feroces murciélagos de la DAR que salen gritando ¡viva! sobre su tumba hasta quedarse roncos porque murió por la feminidad.»
Otras cuestiones que orbitan alrededor del tema principal son:
  • El papel que juega la medicina en contextos guerra. Joe se siente como un experimento con el que se han explorado nuevos límites sin tener en cuenta que un cuerpo con vida no es nada si se le despoja de su dignidad.
  • Qué significa estar vivo. Joe reflexiona sobre su situación (una mente intacta aislada dentro de un cuerpo mutilado) y la compara con la de otros soldados cuyo cuerpo está intacto pero su mente enloquecida los mantiene igualmente aislados del mundo. Estar vivo es, al fin y al cabo, estar conectado con el mundo que te rodea.
  • Qué es lo que verdaderamente importa en la vida, qué elementos hacen de nuestra existencia una experiencia que valga la pena: el presente, nuestras relaciones, las cosas concretas que podemos percibir con los sentidos, lejos de los ideales abstractos que no podemos asir.
Y siempre, sobrevolando muy veladamente, la pregunta ¿vale la pena vivir según que vida?.

Así que Muy recomendable por lo arriesgado del planteamiento y la indudable habilidad con la que se resuelve, porque literariamente transmite, revuelve y obliga a la reflexión, y porque considero que las obras que abordan cuestiones difíciles o comprometidas merecen una consideración especial. Mientras leía Johnny empuñó su fusil no me quitaba de la cabeza lo mucho que disfruté también Primera sangre de David Morrell, otra gran novela anti belicista abordada desde un prisma muy diferente y más actual.

Johnny empuñó su fusil tiene una adaptación al cine de 1971 con el mismo título y dirigida por el propio Dalton Trumbo. Al parecer, la cinta se ciñe con fidelidad a la obra original con un pequeño viraje final que en la novela no queda reflejado aunque el mensaje, como ya se ha mencionado, la sobrevuela veladamente: la apología de la eutanasia. Es indudable que tal mensaje ya estaba en la mente del autor cuando escribió la novela y que no fue hasta casi treinta años más tarde que se atrevió a exponerla abiertamente en la película.

Ya para terminar, decir que Johnny empuñó su fusil no parece a priori un título que albergue mayor doblez; tenemos un protagonista, Joe (Johnny) que ha ido a la guerra y para ello ha tenido que empuñar necesariamente su fusil. Sin embargo, Dalton Trumbo eligió cuidadosamente este título en clara respuesta a la canción belicista Over there de George M. Cohan en la que se animaba encarecidamente a los jóvenes patriotas estadounidenses a alistarse en la guerra, alentándolos con la frase «Johnny, get your gun». Efectivamente —trata de decirles con su novela Dalton Trumbo a todos esos jóvenes— Johnny empuñó su fusil y ved para lo que le sirvió.