Idioma original: Francés
Título original: Le consentement
Traducción: Noemí Sobregués
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable / Imprescindible
Oh, la France! Oh, Paris! Saint Germain des Prés, la Rive Gauche, el Barrio Latino, la bohemia, la burguesía, (también sus bobo, claro), los croissants y los brioches, mayo del 68, prohibido prohibir, los enfant terribles, ¡épater le bourgeois!, etc, etc. Oh, la France! Oh, Paris!
Pero hablemos del lado oscuro de París o, al menos, de ese París de los años 80
en el que algunos intelectuales eran capaces de firmar manifiestos que, con la
excusa de la liberación sexual y de acabar con la moral judeocristiana
(blablabla), pedían la liberación de artistas acusados de pedofilia, ese París
en el que los artistas parecen gozar de una impunidad que podría (o tal vez no)
parecer impensable para cualquier otro colectivo. Porque ese es el contexto en
el que hay que situar esta obra autobiográfica.
Resumen resumido: Vanessa Springora narra la relación de abuso que tuvo comienzo cuando apenas tenía 14 años, a manos del reputado escritor Gabriel Matzneff, que tenía nada menos que 50. (Es importante remarcar ese tuvo comienzo porque el abuso se prolonga durante años, más allá del fin de su relación, tal como explicaremos más adelante).
En los brevísimos capítulos de los dos primeros tercios de la novela, Springora desmenuza la cronología familiar y los motivos que pudieron provocar que cayera en las redes de Matzneff, los mecanismos utilizados por este para someter en cuerpo y alma a Vanessa (manipulación, control psicológico, desposesión del yo), la complacencia o indiferencia de los familiares y del entorno cultural, etc. Esta parte de la novela nos pone perfectamente en la piel de la víctima, desmontando todos los mantras y las falacias alrededor de «la libre elección». Comprendemos la situación de vulnerabilidad de esta niña de catorce años inmersa, además, en un total desarraigo familiar.
Todo esto se narra desde la posición actual de Springora, desde sus casi 50 años actuales, ya que en el momento en el que suceden los hechos ella cree estar en una relación entre iguales y no en una historia de depredación (vamos, un síndrome de Estocolmo de libro que se podría resumir en ese "creímos que nos hacía existir, cuando en realidad nos utilizaba"). En ese sentido es muy interesante lo que ella misma explica en esta entrevista sobre el largo y doloroso proceso de búsqueda que ha tenido que superar para hallar finalmente el lugar y la voz adecuadas desde los que poder narrar lo sucedido.
En el último tercio, por su parte, se narran los efectos que lo ocurrido causan en la vida adulta de Springora: depresión, rabia, ansiedad, culpa, incapacidad de asumir su papel de víctima y la final toma de conciencia y decisión de sacar a la luz y denunciar los hechos. Para ello han tenido que pasar más de 30 años.
Koldo dice
Recomendable porque: El consentimiento es un texto muy duro, y quizá por eso
necesario. En este sentido, emparenta con las novelas de Delphine de Vigan, aunque
creo que no llega al nivel de esta última. Mientras que a su favor
está el proceso de análisis (errores propios incluidos) y reconstrucción, la
denuncia de la hipocresía del mundillo literario o la toma de conciencia de la
realidad de los hechos, juega en su contra la propia estructura de la novela,
construida en base a breves imágenes o escenas que podrían haber tenido un
mayor desarrollo y una mayor carga, lo que no es obstáculo para que estemos
ante un texto al que debemos prestar la atención que merece, aunque solo sea
para todo esto no vuelva a suceder.
Beatriz dice Imprescincible porque: El consentimiento desvela con total rigor y legitimidad una realidad más extendida y aceptada de lo que queremos creer. Porque desmonta el mito de la Lolita lúbrica y manipuladora que conduce hacia la perdición al pobre hombre maduro enamorado (eso es lo que Matzneff transmite en su obra, no solo sobre Vanessa si no sobre el resto de sus amantes, todos niños y niñas). Y porque más allá de su valor testimonial y de denuncia, a mí me parece un libro muy bien escrito en el que la contención en el estilo y en el detalle es una apuesta estética que redunda en la crudeza de los hechos y pone en valor la voz de la mujer de 50 años que habla a través de la niña de 14.
En conclusión, Gabriel Matzneff no solo desposeyó a Vanessa de su cuerpo y de su infancia, si no que con la publicación de sus fotos, sus cartas y sus vivencias íntimas durante los años posteriores a su ruptura, le privó de tener una vida propia ya que todo el mundo solo veía a la Vanessa que él inmortalizó en sus libros. Vanessa explica que por ese motivo pasó muchos años odiando los libros pero, sin embargo ha sido precisamente un libro el que ha logrado devolverle su identidad y obligar a su abusador a retirar toda su obra y a retirarse él mismo de la vida pública en la que, ahora sí y por fin, es visto como lo que es: un depredador.
