martes, 14 de noviembre de 2023

Benjamín Labatut: MANIAC

Idioma original: Inglés
Título original: The Maniac
Año de publicación: 2023
Traducción: Benjamín Labatut
Valoración: Muy recomendable alto

No es fácil condensar MANIAC en media docena de párrafos. Podríamos decir que es un tríptico sobre la razón y la locura (aquello de que el sueño de la razón produce monstruos), una novela metafísico-matemática sobre los peligros de la tecnología, sobre hombres que jugaron a ser dioses que no juegan a los dados, sobre cajas de Pandora entreabiertas, etc. Tantas cosas contenidas en 400 páginas que, al menos en dos tercios de las mismas, me recuerdan mucho a Zelig, aquella película de Woody Allen sobre un hombre camaleónico en la que el neoyorquino se servía de la forma del documental para construir la biografía del personaje. No nos adelantemos.

Tres son las partes en las que se divide el texto, siendo la segunda y más extensa el centro de una obra que extiende sus tentáculos hacia el pasado y el futuro. 

En la primera de ellas se narra la historia del físico Paul Ehrenfest y su creciente pulsión de muerte resultado de la perversa racionalidad que estaba empezando  echar raíces a su alrededor. Un comienzo realmente brutal y turbador que trae a la cabeza El túnel de Ernesto Sábato (curiosamente o no, físico y matemático antes que escritor y que abandonó la ciencia debido a una crisis existencial).

En la parte central, que ocupa 170 de las 400 páginas del libro, se novela la biografía del húngaro Janos Lajos Neumann, convertido en Johnny Von Neumann una vez emigró a los Estados Unidos y en JVN para nosotros, personaje fascinante y contradictorio (brillante e infantil, genio ego(t)ista y cruel, visionario obsesivo), que en sus 54 años de vida creó la primera computadora moderna, sentó las bases matemáticas de la mecánica cuántica o de la teoría de juegos, participó en la creación de la bomba atómica, profetizó la inteligencia artificial, etc. Como decía anteriormente, la biografía de JVN se construye en forma de falso documental / reportaje periodístico a partir de hechos ciertos y de testimonios de 15 personas que acompañaron al "genio" en vida: compañeros, amigos, esposas, hija, etc. Con esto lo que Labatut consigue, además de abarcar la totalidad de la vida y obra de JVN, es sugerir infinidad de preguntas y dudas y de ahí aquella vertiente matemático-metafísica de la que hablaba. 

Por última, las 100 páginas finales nos acercan al futuro entrevisto por JVN y nos relatan el desafío entre Lee Sedol, el mejor jugador de Go de su tiempo, y Alpha Go, sistema avanzado de inteligencia artificial. Contemplamos, así, el avance de las tecnologías desarrolladas o prefiguradas por JVN y compañía, nos situamos, esta vez ya sí, frente a frente con las máquinas, y asistimos entre fascinados y temblorosos a la aterradora belleza de las posibilidades que estas sugieren.

Creo que son dos los principales aciertos o virtudes de Labatut en esta obra. Por un lado, la estructura elegida, con múltiples voces, y la ubicación temporal de estas, muchos años después de la muerte de JVN, dan pie a variadas lecturas, a distintas interpretaciones sobre la vida y creaciones del personaje; por otro, el ritmo con el que Labatut maneja la narración hace que temas tan "arduos" como la física nuclear, la mecánica cuántica o el juego de Go se conviertan en algo realmente apasionante. En este sentido, Labatut recuerda al mejor Bolaño, capaz de imprimir un ritmo vertiginoso a cualquier narración, ya trate de escritores nazis, de crímenes espantosos o de delirios realvisceralistas.

Lo único que "empaña" la valoración del libro y que no lo sitúa en la categoría de imprescindible es el carácter excesivamente "wikipédico" del texto. Y esto me lleva a preguntarme si Benjamín Labatut es un genio o un encantador de serpientes, un enorme escritor o un mago extremadamente habilidoso en sus juegos de manos. Para aclarar esta duda (y porque, sea como sea, he disfrutado de MANIAC como un enano) ya he encargado Un verdor terrible. En unas semanas lo reseñaré. Queda dicho.

lunes, 13 de noviembre de 2023

Douglas Rushkoff: La supervivencia de los más ricos

Idioma original: inglés
Título original: Survival of the Richest: Escape Fantasies of the Tech Billionaires
Traducción: Francisco J. Ramos Mena, para Capitán Swing
Año de publicación: 2022
Valoración: muy recomendable


Vivimos a merced del vaivén de las ilusiones de unas pocas mentes pensantes que se encargan día tras día de definir, planificar y crear el mundo en el que ellos quieren vivir. Lo han hecho hasta ahora y lo seguirán haciendo pero habrá un momento en el que ya no querrán vivir en este mundo, ni en sus acaudaladas parcelas en las que viven aislados del resto de la población, de la humanidad. Elon Musk lo sabe y también el autor de este interesantísimo ensayo, Douglas Rushkoff, alguien que se autodefine como «humanista que escribe sobre el impacto de la tecnología digital en nuestras vidas» (…) y que afirma que «nunca me ha gustado mucho hablar del futuro, y menos aún para los ricos», quien se encarga de diseccionar esta realidad y alertarnos de lo que nos espera si seguimos contribuyendo (por activa, pero especialmente por pasiva) a lo que ellos nos deparan.

Este brillante y sobrecogedor análisis, profundo pero de lectura muy amena, parte de una introducción donde el autor describe cómo lo contrataron para dar una charla privada a «cinco tíos superricos —sí, todo hombres— de las altas esferas del mundo de la inversión tecnológica y los fondos de cobertura. Al menos dos de ellos eran milmillonarios» y que «ahí estaban, pidiendo consejo a un teórico de los medios de tendencia marxista acerca de dónde y cómo configurar sus búnkeres postapocalípticos». En esa charla el autor descubrió rápidamente que el conjunto de la humanidad no entraba en sus planes, pues «para ellos, el futuro de la tecnología consiste en una sola cosa: escapar del resto de nosotros» y, por ello, buscaban encontrar «un medio para escapar del apocalipsis que ellos mismos han creado».

Con esta premisa, Douglas Rushkoff, considerado uno de los diez intelectuales más influyentes del mundo según el MIT, escribe este ensayo para indicarnos los planes que tienen los milmillonarios tecnológicos para nuestro (y especialmente «su») futuro y, como todo ensayo que se precie, este análisis no puede partir in media res, sino que el autor lanza su afilada mirada hacia el pasado para ver la evolución (sic) que hemos experimentado y sitúa su origen en la Declaración de Independencia del Ciberespacio, una declaración en la que se pretendía evitar que «los gobiernos ejercieran su autoridad sobre este nuevo proyecto colectivo de la humanidad» pero que el autor confiesa que nuestra esperanza se basaba meramente en una ilusión pues a «la mayoría de nosotros pasó por alto la línea que cerraba el manifiesto: “Davos, Suiza, 8 de febrero de 1996”; el momento y el lugar del famoso Foro Económico Mundial, la zona cero del capitalismo global». Era evidente que una declaración acordada y firmada en la cúspide del capitalismo no podía traer nada buena para el conjunto de la humanidad.

El autor estadounidense es muy crítico con las plataformas tecnológicas pues, realmente, se ha superado el famoso mantra de que, al ser un servicio en apariencia gratuito, somos el producto. Rushkoff va más allá y afirma que hemos transgredido ya ese punto, pues «en este tipo de plataformas no somos tanto el producto como la mano de obra. Leemos, clicamos, publicamos y retuiteamos diligentemente (…) todo eso es trabajo». Toda esta relación que establecemos con las plataformas han modificado nuestra visión del mundo, les hemos sustraído de sus evidentes capas de responsabilidad hasta llegar al punto de que «hemos decidido que el capitalismo implica ser afectuoso y empático con las empresas, y riguroso y darwinista con los individuos», algo que se hizo patente de manera muy evidente y alarmante con la pandemia del COVID que nos hizo más transigentes con los abusos cometidos por las grandes empresas y con quienes acabamos colaborando en su auge y expansión. Así, la pandemia nos aisló, no únicamente de manera física sino también afectiva y humanitaria, pues dejamos de relacionarnos con quienes están fueran de nuestras burbujas y eso supone un problema porque «habitualmente establecemos relaciones con otras personas mediante sutiles señales sociales que han evolucionado durante siglos para favorecer los vínculos afectivos y la compartición grupal». Una pandemia que nos hizo comprar objetos y comida que nos llevaban repartidores expuestos a los virus en sus centros de trabajo y transportes compartidos mientras los recibíamos en la comodidad de nuestro hogar con los ojos cerrados para no ver que la distancia entre ellos y nosotros no se medía en centímetros sino en billetes. 

Y, a pesar de los beneficios que nos puede suponer en el día a día el progreso tecnológico, también es cierto que, tal y como afirma el autor, «lo mejor que puede ofrecernos realmente la tecnología es una falsa ilusión de aislamiento: independientemente de lo que les ocurra a los demás —sea un virus concreto o una catástrofe climática que afecte a todo el sistema—, puede hacernos sentir protegidos (…) por muy inmersos que estemos en el juego de la vida en línea, el mundo real, el de los virus, la pobreza, el terrorismo, el cambio climático y otros horrores, persiste. Solo que somos menos capaces de empatizar con él». Un cambio climático que nos invade y del que pretendemos creer que somos ajenos a sus consecuencias mientras aumentamos su efecto con la ilusión de que siempre habrá una posibilidad de frenarlo. Porque en la mentalidad de quienes gobiernan el sistema, la solución siempre ha sido ir hacia adelante, barriendo con todo, dejando cadáveres por el camino que yacen rápidamente olvidados enterrados bajo los escombros que deja el progreso, porque «la retórica de Silicon Valley (…) exhibe siempre los mismos rasgos distintivos que esos planes de negocio: progreso, futuro, optimismo, transformación, ganancia. Pero normalmente se trata solo de eufemismos para referirse a la conquista, la colonización, la dominación, la extracción». Y en esa huida siempre hacia adelante, es fácil deducir que «cada uno de nosotros nos estamos haciendo más valiosos como conjunto de datos que como consumidores de carne y hueso, o incluso como seres humanos» porque «posiblemente el defecto más trágico de los triunfalistas tecnológicos sea su absoluto desprecio por la historia».

Afirma Rushkoff que «los conquistadores y capitalistas más agresivos del mundo (…) se mueven rápido al romper cosas para que, al caer, los escombros que dejan tras de sí no los alcancen» aunque lamentablemente los escombros no desaparecen, solo dejamos de verlos al fijar nuestra mirada hacia un horizonte estelar lleno de progreso y de nuevas tecnologías que, de nuevo, creen que nos podrán salvar porque «como un niño pequeño que quiere esconderse y cree que tapándose los ojos con las manos puede evitar que lo vean, quienes pretendan depender de la tecnología digital para mediar con el mundo de van a llevar una buena sorpresa» y ahonda en ello al citar a John Culkin (uno de los padres de la teoría de los medios) afirmando que «nos convertimos en aquello que contemplamos. Nosotros modelamos nuestras herramientas y luego nuestras herramientas nos modelan a nosotros». Hemos llegado a este punto, nos hemos convertido en el producto de sus productos, ahora la cuestión es descubrir si seremos capaces de vencer un mundo que, llevándonos siempre hacia adelante, nos dirige directamente a un abismo del que no hay salida tecnológica sino humanista porque, a fin de cuentas, «¿desde cuándo los humanos estamos aquí para servir a la economía?»

domingo, 12 de noviembre de 2023

Manuel Rivas: En salvaje compañía


Idioma original:
gallego
Título original: En salvaxe compaña
Traducción: Manuel Rivas
Año de publicación: 1994
Valoración: Muy recomendable

(Aviso: He leído este libro en el gallego original, por lo que no puedo opinar sobre la traducción).

Es Manuel Rivas un autor bien conocido por el gran público: en los 90 se realizaron un par de películas basadas en relatos suyos que disfrutaron de gran éxito de crítica y público y lo llevaron a la fama más allá de las fronteras gallegas. Dato curioso es que quizá en la actualidad sea más conocido por ser el padre del actor Martiño Rivas, protagonista de una serie de televisión en la que encarna a otro conocido actor porno. La vida es así.

Al grano: En este libro, una de sus primeras novelas, Rivas hace gala y honor de poder presumir de ser el heredero legítimo de la narrativa mágica del Merlín de Álvaro Cunqueiro. Nos sumerge en una Galicia llena de realismo mágico, donde realidad y fantasía se mezclan de forma natural desembocando en un mundo onírico, hermosísimo y lleno de vida, donde las personas no desaparecen al morir sino que renacen reencarnados en animales y disfrutan de una nueva vida más primitiva (lógicamente), más salvaje, pero también disfrutable, metiendo también en la mezcla narrativa algo de mitología e historia de Galicia.

Curiosísimos personajes, mezcla también cómo no de realidad y fantasía, nos llevan por un relato doble donde los animales (anteriores moradores del pueblo de Arán, que no pueden ir al cielo ni al infierno por una admonición del párroco) nos sirven de testigos excepcionales, con el cuervo Toimil dando cuenta al Rey de las aventuras y desventuras de los aranenses (¿será este el gentilicio correcto? Me lo acabo de inventar?), interviniendo en sus destinos y dirigiendo el pueblo desde las alturas.

Una parte más tierna, donde el protagonismo recae en Simón y Misia, cada uno por su lado, seres más mágicos y ensimismados en su propio mundo, contrasta con el lado más sucio y realista de la parte de Rosa y su familia. La emigración, la resignación de lo que no pudo haber sido y no fue, así como la nostalgia, son telón de fondo de la narración. 

Debo decir que es esta crítica un resultado de una relectura: aunque ya había leído este libro hace años, no había sabido disfrutarlo apropiadamente (quizá por el momento, quizá por mi juventud) y me había quedado en el recuerdo un regusto amargo. Con el tiempo fui leyendo más de la obra de Rivas, tanto anterior como posterior a este libro, y me animé de nuevo con esta novela: ha valido mucho la pena, convirtiéndose en mi libro favorito de este escritor. Y los tiene muy buenos. Para mí gusto es en esta novela donde Manuel Rivas alcanza su mayor nivel literario: por su parte siempre podemos contar con una buena metáfora, con estilismos muy bien trabajados y oportunos, con un estilo preciosista pero efectivo: no se enquista en la floritura, sino que avanza en la entrega de información. Quizá sea este el rasgo que más me gusta de su escritura. 

Con Manuel Rivas siempre podemos contar con un nivel muy alto en general, pero es que en este libro estaba de dulce. Me corroboro en mi afirmación, es mi libro preferido de él.

Tiene una forma de escribir muy propia, con larguísimas secciones sin utilizar el punto, simplemente separando la información a base de comas, sin respiro, con un gran sentido de la estructura y el ritmo, en el estilo de Vargas Llosa en Los Cachorros, o tantos otros autores que utilizaron y utilizarán ese recurso antes y después que él, como por ejemplo estoy haciendo yo ahora mismo en este párrafo. Pero son en el caso de Rivas mucho más largos todavía, de páginas enteras. Y uno las lee sin darse cuenta, pasan como agua.

Es este un recurso arriesgado pero que el autor domina a la perfección, dando como resultado una velocidad narrativa que convierte la lectura en un fluir ligero y muy disfrutable.

En fin, muy recomendable alto.


Todos los libros de Manuel Rivas reseñados en la ULAD aquí.

sábado, 11 de noviembre de 2023

DIA DE LAS LIBRERIAS Gaizka Fernández Soldevilla y Juan Francisco López Pérez: Allí donde se queman libros

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Se supone que si nos encontramos aquí, en este blog, es porque nos gustan los libros, ahí supongo que no me equivoco. Y para aquellos que tenemos esta afición los libros son algo importante, un pasatiempo, sí, pero también una forma de disfrutar de cierta belleza, de acceder al pensamiento y al talento de otros, una excusa para compartir opiniones, para pararse a reflexionar sobre cosas en las que quizá no habíamos pensado. Hay mil razones para, si se me permite la cursilada, amar los libros. Y para este colectivo que formamos, no sé si grande o pequeño, las librerías son por tanto pequeños templos de la cultura, los más cercanos, los que encontramos (o encontrábamos) a pie de calle. 

En el plano más prosaico, la librería es obviamente también un negocio, la forma de vida de sus propietarios, una actividad sometida como cualquier otra a los caprichos del mercado. Ahora mismo, sin ir más lejos, bajo la sombra de lo digital merodeando, sin que tengamos la seguridad de que no terminará por eliminar del todo el viejo tochete de papel impreso.

Pero en circunstancias complicadas, donde reinan dictaduras o proliferan lo fanáticos, la librería es un centro de disidencia, de resistencia a dictados e imposiciones. En palabras del poeta Joan Margarit, ‘la libertad es una librería’. Y el libro, un objeto peligroso que hay que esconder en trastiendas y pasar de mano en mano con cautela. A los fascistas de todo pelaje no les gustan los libros, porque el libro es la expresión máxima de la libertad de pensamiento y de expresión, y eso es justamente lo que no pueden soportar.

En la última década del régimen de Franco en las librerías se fueron colando algunas avanzadillas de libertad, gracias a cierta pericia adquirida con el paso de los años, alguna pequeña relajación de la mordaza gubernamental, y la presión de una sociedad que empezaba a desbordar las costuras de un sistema intelectualmente enano. De forma más o menos disimulada empiezan a circular títulos prohibidos y las librerías, muchas de ellas, pasan de ser simples establecimientos comerciales a asumir el papel de focos de difusión cultural y de oposición al franquismo. Paralelamente, empieza a despuntar un movimiento involucionista, agitado por individuos como Blas Piñar o Girón, que ven en peligro las ‘conquistas’ del franquismo más rancio, más aún cuando empieza a barruntarse la proximidad de eso que tan graciosamente se llamó el ‘hecho biológico’, es decir, que la naturaleza terminaría por hacer lo que los españoles no habían conseguido. 

Los cachorros más descerebrados de ese sector se lanzaron a lo que consideraban una nueva ‘cruzada’, y qué mejor blanco que las librerías, aquellas que más se habían significado como rebeldes o contestatarias, pacíficos establecimientos con accesibles escaparates que pintarrajear o destruir, con muchos libros (esa cosa misteriosa que seguro que trae algo malo dentro) fácilmente quemables. Basta un rumor, los colores sospechosos de una cubierta o un título que parece apartarse del canon para lanzar la pedrada o el coctel molotov.

El acoso ultra va languideciendo cuando los agresores ven su batalla perdida, y en Euskadi el protagonismo lo toma entonces la kale borroka (guerrilla urbana, siendo muy generosos). Las motivaciones son algo diferentes, aquí se trata sobre todo de machacar a quienes no se pliegan a las exigencias de estos otros fanáticos, aquellos que se significan por opciones políticas distintas a la suya, se niegan a bajar la persiana cuando se lo ordenan o se mantienen en el territorio hostil del que les quieren echar. Sin más apoyo que el de unos pocos amigos y vecinos, con la mayoría mirando para otro lado y las acciones terroristas amenazando o directamente liquidando a gente del entorno, subsistieron a duras penas las librerías Minicost de Andoain, y Lagun de Donostia-San Sebastián. Esta última aguantó heroicamente los múltiples ataques hasta la jubilación de su propietario el pasado 31 de agosto.

En estos casos el librero no era objeto de agresión por lo que exponía o vendía sino por su disidencia, por mantener su libertad de pensamiento y de expresión frente a la intimidación fascista. Pero siempre a pie de calle, dando la cara y defendiendo su medio de vida, pero también la cultura y unos pocos principios básicos a los que algunos no estuvieron dispuestos a renunciar.

Bueno, ya, el libro. Pues el libro nos cuenta todo esto con muchísimo detalle, mil datos, testimonios, información sobre el escenario y la evolución política de los diferentes grupos de quemadores de libros y sus instigadores. Un trabajo muy serio, concienzudo, profusamente anotado y con amplia bibliografía, algo que suena más bien a tesis de investigador, pero que me temo que puede no llegar a calar en el lector, al menos es lo que a mí me ha ocurrido. Quizá al circunscribirse a un ámbito geográfico y temporal tan estrecho (España, desde 1962 hasta la actualidad) no hay realmente mucho material para contar, y es necesario bajar a demasiados detalles. 

Perdemos entonces una perspectiva más amplia, porque se han quemado libros en muchos lugares y momentos de la Historia y, en palabras de Heine, “allí donde se queman libros, se acaba quemando también seres humanos”, vaya que sí, aunque el poeta no llegó a ver lo bien que cumplieron el axioma sus compatriotas hitlerianos. Cada uno de todos esos episodios es un toque de atención, también una pequeña tragedia, un paso atrás para la cultura y la civilización, pero igualmente una muestra de la desesperación de los fanáticos, incapaces de exhibir otra cosa que su propia bestialidad. 

Esta vez nos importa menos si el libro que traemos sea más o menos afortunado, porque lo fundamental es que nos ha servido de excusa para rendir este pequeño homenaje a las librerías y a los libreros, un bien cada vez más escaso.

También de Gaizka Fernández Soldevilla en ULADHéroes, heterodoxos y traidores


viernes, 10 de noviembre de 2023

Owen Martell; Intervalo


Idioma original:
inglés
Título original: Intermission
Traducción: Júlia Ibarz
Año de publicación: 2019
Valoración: bastante recomendable

Podéis ver a Bill Evans en los videos que hay en Youtube. Con un aspecto algo taciturno, inclinado de forma casi insana sobre el teclado, concentrado en su música. Una de esas leyendas que, desgraciadamente, va quedando atrás sepultado por el tiempo. El jazz puede ser cool pero no funciona para Tik Tok, sus temas suelen ser largos, nulamente tarareables y muy raramente bailables. Otra cosa más de la que lamentarnos en el futuro. 

Owen Martell elige para su primera novela en inglés (hasta entonces ha publicado en gaélico) evocar un hecho capital en la vida del músico. Atención: esta no es una novela sobre música, sobre proceso creativo, sobre advenimiento de la fama. Intervalo es, más bien, una especulación psicológica sobre cierto submundo casi reducido, unipersonal, el del genio de la música que se enfrenta de repente a un hecho trágico e imprevisto. Scott LaFaro, contrabajista del emergente Bill Evans Trio, fallece en un accidente de tráfico. Evans, consciente en su ensimismamiento de la pérdida, se refugia en sí mismo y entra en una dinámica de duelo que cuenta con el sesgo de su condición de artista que ha perdido a un elemento clave en su mundo creativo. La familia lo protege mientras el músico solo hace que acrecentar su aislamiento. Sus adicciones tampoco son de ayuda. 

Martell usa ese material para componer una historia en la que los distintos elementos del entorno de Evans se confabulan, sin orquestarlo ni planearlo, para que el artista atraviese esa situación. Sin presiones, sin atosigamientos, comprendiendo que el escenario tras la tragedia tiene una condición abrumadora, que el delicado estado emocional del músico lo hace aún más especial. Puede que todo ello sea un puro viaje literariamente especulativo, pero tanto la estructura de la novela como la progresión de sus partes la convierten en una experiencia más que notable e incluso me atrevería a decir que se trata de una obra única que se sitúa en un terreno poco transitado (¿los hay?) entre la especulación, la metaficción, el relato psicológico y una cierta frescura, libre, improvisada y creativa que es muy de agradecer.


jueves, 9 de noviembre de 2023

Charles Senard: Ser estoico no basta

Idioma original: Francés
Título original: Carpe Diem. Petite initiation à la sagesse épicurienne
Traducción: Franscesc Esparza Pagès
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable (sobre todo para interesados)

En los últimos años, el estoicismo ha experimentado un "boom" inusitado. Y no sólo entre los humanistas y académicos, sino también entre las masas. Tanto intelectuales de relumbrón como "coaches", ejecutivos, y vendehúmos varios lo prescriben para afrontar un presente tumultuoso y un futuro incierto. Francamente, no me sorprendería que haya intereses espurios detrás de la divulgación menos seria de esta filosofía, porque en las manos equivocadas es una forma de canalizar, e incluso legitimar, el desengaño, la precariedad y el conformismo a que los tiempos que vivimos abocan a la mayoría de la población.

Pese a su instrumentalización quizá tramposa, el estoicismo es una escuela de pensamiento con ideas sumamente interesantes. Sin embargo, creo que éstas casan poco con la naturaleza humana. En cualquier caso, me resulta imposible negar que, si alguien fuera capaz de aplicarlas, mejoraría su vida sustancialmente. A fin de cuentas, ayudan a sentirse satisfecho con uno mismo, a dejar de preocuparse por aquello que no se puede controlar y a moderar las expectativas, todas estrategias que hoy día servirían para relacionarse de forma realista con nuestro contexto. 

El latinista Charles Senard también valora el estoicismo, pero da a entender en el ensayo Ser estoico no basta que las enseñanzas de Séneca, Epicteto o Marco Aurelio no son suficientes para alcanzar la felicidad. Más apto considera, en ese sentido, al epicureísmo de autores como Lucrecio, Filodemo de Gádara u Horacio.

Asimismo, Senard quiere reivindicar el epicureísmo porque ha sido históricamente maltratado, primero por escuelas de pensamiento rivales de la antigüedad y luego por teólogos cristianos. Aunque se le tachó de libertino y hedonista, «siempre abogó por un ascetismo riguroso; se le acusó de inmoral, aunque jamás dejó de prescribir la práctica de virtudes morales como la justicia, el coraje o la amistad; fue considerado ateo cuando jamás negó la existencia de los dioses».

Personalmente, del epicureísmo opino algo parecido al estoicismo: sus preceptos sobrestiman nuestra capacidad para elevarnos por encima de nuestros instintos, deseos y pasiones. Aun así, admito, al igual que hacía con el estoicismo, que, de ser aplicados correctamente, lograrían «liberar al hombre de las preocupaciones, ayudarle a vencer el miedo a morir, enseñarle en qué consiste realmente el placer y permitirle derrotar a la muerte.» Y es que «El objeto final de tales enseñanzas es aniquilar la turbación del alma (ataraxia) y el dolor del cuerpo (aponía), condición ineludible para todo aquel que desee obtener la felicidad».

Una aportación valiosa del epicureísmo es, a mi juicio, su útil clasificación de los «deseos», ya que separa aquellos los que son «naturales» de los que no, o los que son «necesarios» de los que no. Por ejemplo, el «deseo sexual» sería «el más destacado de los deseos a la vez naturales e innecesarios (acompañado por el gusto por las comidas refinadas o la ropa lujosa»). En cuanto a deseos «que no son ni naturales ni necesarios», tendríamos «sobre todo la avaricia y la ambición ciega (...), a los que debe añadirse el anhelo de poder».

Así pues, Ser estoico no basta es un ensayo curioso que, además de acercarnos al epicureísmo y a diversas herramientas filosóficas con las que alcanzar la felicidad, dota de un inusitado protagonismo a la poesía, disciplina de la que el autor se declara apasionado. Eso sí, aunque los conocimientos enciclopédicos de Senard sobre la lírica le sirven para ilustrar con decenas de citas sus palabras, a veces alargan innecesariamente algún pasaje, o desbordan un entusiasmo que el lector lego no podrá compartir.

En resumen: Ser estoico no basta cumple a la hora de reivindicar el epicureísmo y sintetizar sus recetas para alcanzar la felicidad. Lástima que el ser humano no esté por la labor de recoger y aplicar toda la sabiduría clásica; aunque, ¿podemos culparle por ello, si incluso Horacio sucumbía de vez en cuando a la angustia de la muerte?

Un último apunte: el título de clara vocación comercial que la editorial Rosamerón ha dado al libro (Ser estoico no basta. Sabiduría epícurea para vivir el presente), originalmente llamado Carpe Diem. Petite initiation à la sagesse épicurienne, no se ajusta al contenido. En primer lugar, porque pone un foco excesivo en la distinción entre estoicismo y epicureísmo, en la cual Senard apenas profundiza. También porque promete una aplicación al presente de la filosofía barajada, pero en estas páginas apenas hay alguna mención pasajera a las «pandemias», la «publicidad omnipresente», la «adicción a las redes sociales», el «estado de bienestar», la «ayuda humanitaria», los «teléfonos inteligentes» o «Internet».

miércoles, 8 de noviembre de 2023

Hélène Carrère D'Encausse: Alexandra Kolontai

Idioma original: Francés

Título original: Alexandra Kollontai. La Walkyrie de la Révolution

Traducción: Lara Cortés

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable

Pese a haber sido, entre otras cosas, Gran Cruz de la Legión de Honor, miembro de la Academia Francesa desde 1991, Secretaria Perpetua del susodicha academia desde 1999 o Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales, Hélène Carrèrre D'Encausse es más conocida por estos lares por ser la madre de Emmanuel Carrère que por su propios méritos. Cosas de "la vida", ya sabéis.

El caso es que por fin nos estrenamos en esto de reseñar a Carrèrre D'Encausse y lo hacemos con esta magnífica biografía de Alexandra Kolontai, quien fuera la Comisaria de Pueblo de Asuntos Sociales (aka Ministra de Asuntos Sociales) allá por 1917-18 y la primera Embajadora de la historia.

Se inicial el libro con una breve introducción sobre la evolución de la situación política de Rusia en el siglo XX (decembristas, abolición de la servidumbre, Tkachov, Bakunin, Pugachow, crecimiento de la industria, conflictividad laboral y social, etc) que sirven para situar a Kolontai en su contexto histórico.

Tras esa introducción, Carrèrre D'Encausse entra en materia y nos cuenta la vida y obra de un personaje fascinante y contradictorio situado en un contexto histórico tan terrible, convulso y atrayente como la Rusia/URSS de 1905-1945. En esa narración se intercalan la vertiente íntima de la vida de Kolontai y su vertiente pública, en la que destaca su permanente implicación en políticas en favor de la mujer y su labor diplomática en Escandinavia a finales de los años 20 y en los años 30.

Tres son los aspectos que me gustaría destacar en lado más "genérico" del texto:

  • su ritmo (ya sabemos de dónde lo ha heredado Emmanuel). Si es que hay partes de libro que puedes ser leídas casi como un "thriller político"!!!
  • su carácter preminentemente divulgativo. No son necesarios grandes conocimientos a nivel "teórico" para seguir el texto. Un conocimiento e interés previo mínimo, sí, pero no ser un especialista en marxismo-leninismo, vaya.
  • su espíritu desmitificador aun sin dejar de reconocer los méritos de cada uno: Lenin no fue un santo (también había ahí un macho-alfa tirando a sanguinario), Kolontai no fue solo una ferviente feminista (en el fondo hay un ser contradictorio, con sus sombras, dudas y cuestionamientos (y ahora lo desarrollo más)), etc. 
Entrando algo más al detalle, me quedo con los capítulos que abarcan el período 1917-1939. Me parece que la autora dibuja muy bien el ambiente de esperanza, terror y paranoia que caracteriza la época y creo especialmente relevantes y reveladores cómo son y cómo van evolucionando las posiciones políticas e ideológicas (menchevique, bolchevique, oposición de izquierdas, stalinismo, etc) y su relación con el poder y sus máximos exponentes (Lenin, Stalin, Bujarin, Zinoviev, etc). Nos queda la duda de saber si Kolontai fue, en el fondo, un animal adaptativo, una revolucionaria sincera o alguien que, llegado el momento de las purgas y ejecuciones, solo buscaba sobrevivir. Quizá una mezcla de todo lo anterior.

En cualquier caso, lo que es indudable es que Alexandra Kolontai fue un personaje histórico con un poder de atracción bestial,  una mujer "en tierra de hombres" que abrió (o trató de abrir) caminos hasta entonces vedados para ellas y que Hélène Carrère D'Encausse nos la ha acercado a través de una biografía de lo más completa y altamente recomendable.