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miércoles, 23 de septiembre de 2026

Clarice Lispector: Aprendizaje o El libro de los placeres

Idioma original: portugués
Título original: Uma aprendizagem ou O livro dos prazeres
Traducción: Josep Domènech Ponsatí en catalán para Club Editor, Cristina Sáenz de Tejada y Juan García Gayo encastellano para Siruela
Año de publicación: 1969
Valoración: muy recomendable


Es recomendable, y casi prescriptivo, volver de vez en cuando a Clarice Lispector. Porque conviene salir de la narrativa estructurada y atreverse a profundizar de nuevo en esos autores que te acercan al remolino reflexivo que te arrastra hacia la introspección, hacia el análisis de uno mismo, a la exploración de la condición humana y hacerlo sin temor a ser devorado por cierto aire de fatalismo que, por fortuna, la autora hábilmente combate y contrasta con un estilo muy elaborado, preciso y, hasta cierto punto, seductor.

En este relato, que por extensión podríamos ubicar dentro del género de la nouvelle, la autora brasileña nos lleva a esos paisajes ya conocidos de la introspección, de una mirada hacia el mundo interior y exterior que ejerce con cierto temor y recelo, con desconfianza, por miedo a lo que pueda encontrar en ese viaje pues, tal y como admite, «al fin y al cabo, vivir sólo era acercarse un poco más a la muerte».

Argumentalmente, la autora nos sitúa de manera clara y céntrica en Lóri, la protagonista principal del relato, una joven introspectiva, que teme el silencio porque la cuestiona mientras la observa, porque «el silencio te juzga, como he esperado en vano ser juzgada por Dios. Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forjadas, humildes excusas hasta la indignidad (…) solo estamos hechos para el silencio pequeño, no para el silencio astral». Pero, en ese estado de incomodidad vital, conoce a Ulises, profesor de filosofía, alguien mayor que ella, con más experiencia en los asuntos del amor y de la vida. Este motivo hace que dude de la relación y de sí misma, por su inexperiencia, por una desigual situación vital que la hace vivir en una marcada dicotomía, ya que teme que la relación avance a la vez que la inquieta también su fin pues, «Ulises, entrando cada vez más plenamente en su vida, hacía que se sintiera protegida por él y tuviera miedo a perder esta protección». De esta manera, ella solo tiene ojos para Ulises, la única persona que, mirándola a ella «sabía ver la belleza disimulada y tan recóndita que un ser normal y corriente no era capaz de ver», alguien que «apareció casualmente en su vida. Él, que se había interesado por Lóri, solo por deseo, ahora parecía ver hasta qué punto era inalcanzable. Y aún más: ni tan solo inalcanzable para él, sino para ella misma y para el mundo. Ella vivía con una opresión en el pecho: la vida» y justamente esa opresión la convierte en alguien inabordable, inaccesible para Ulises, pero también para ella misma, quizá por miedo a encontrar lo que alberga en su interior, quizá por miedo a creer que no es merecedora del amor, quizá porque la habitan demonios internos que no hay silencio que la calmen ni compañero que los apacigüe; quizá, en el fondo, no hay amante que merezca. Y Ulises lo sabe, hasta el punto de confesarle que «esperaré, aunque sean años que tú también tengas cuerpo y alma para amar. Todavía somos jóvenes, podemos perder un poco de tiempo sin perder la vida entera» porque es plenamente consciente de que ella, antes que nada «necesitaba conocerse a sí misma, antes necesitaba conocer el mundo». Por todo ello, esas dudas la ponen en un brete porque ¿qué le ocurriría si finalmente se viera capaz, si fuera apta para la felicidad, si se la mereciera y fuera capaz de sujetarla y mantenerla y, a la vez, disfrutarla? ¿Sería capaz de asumirlo? Y, si lo hiciera, ¿lo haría de forma nítida, sin recelos ni temores o la albergaría de nueva esa sensación de vacío, de una expectativa perpetua de temporalidad, de desconfianza por no ser digna de tal regalo? ¿Podría así redimirse de su falta de capacidad para el amor hacia los otros, pero también hacia sí misma?

En este breve texto, la autora se desenvuelve perfectamente en aquello que domina: la narración basada en la duda vital y las relaciones amorosas, la desconfianza hacia el mundo que nos rodea pero también hacia uno mismo, la incomodidad ante la perpetua disyuntiva que nos expone continuamente a elegir un camino, día a día, a tomar decisiones para las que nunca nos sentimos preparados; Lispector, de manera precisa y con una prosa brillante, canaliza todos estos temores en Lóri, una mujer que aguanta la espera para que nunca finalice, para que nunca tenga que comprobar si esta ha valido la pena y así puede mantenerlo todo en vilo: a Ulises, a su vida, al desenlace de una pasión que no llega nunca a explotar. Porque ella «siempre se frena un poco, como si frenara las riendas de un caballo que podría galopar y llevársela Dios sabe dónde». Es este temor constante y esa desconfianza hacia uno mismo donde Lispector sabe desplegar su calidad narrativa, su prosa ácida pero envuelta de belleza, su estilo incomparable.

Tal y como afirma la autora, «hemos construido catedrales y nos hemos quedado fuera, porque tenemos miedo de que las catedrales que hemos construido sean trampas. No nos hemos entregado nosotros mismos, porque esto sería el principio de una vida larga, y nos da miedo (…) no hemos utilizado la palabra amor, para no tener que reconocer su contextura, de odio, de amor, de celos y de tantos otros contradictorios». Con ello, Lispector nos lleva a ese estado en el que la vida nos somete a un análisis sobre qué somos, qué nos falta y, especialmente, qué estamos preparados para asumir y en qué cuantía, sin temor a que desborde y nos arrastre como un alud de intensas emociones porque «es verdad que la tragedia de vivir existe, y que la sentimos. Pero eso no impide que tengamos una profunda aproximación a la alegría con esta misma vida». Así que debemos aceptar el reto, atrevernos a encontrar esa felicidad y derrotar con ella la tragedia que nos acecha en cada decisión tomada.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Clarice Lispector: Lazos de familia

Idioma original: portugués

Título original: Laços de Família

Traducción: Cristina Peri Rossi

Año de publicación: 1960

Valoración: Recomendable


La verdad es que no había oído hablar de Clarice Lispector hasta que varios de sus libros aterrizaron en ULAD, así que una vez más queda claro que aquí todos aprendemos de todos, o al menos soy yo el que aprende de todos. Casualmente cae en mis manos este Lazos de familia, que resulta ser un libro de relatos breves, lo cual no estoy seguro de que sea el medio más adecuado para testar a un escritor, pero es lo que hay. El libro se publica en 1960, cuando la autora brasileña, ucraniana de nacimiento, ya ha publicado algo de narrativa, incluyendo la que creo que es su primera y más celebrada novela, Cerca del corazón salvaje, escrita con solo veinticuatro años.

Ya puestos un poco en situación, podemos ir desgranando los distintos tipos de relatos que, con características bastante marcadas, componen el libro. Varios de ellos, colocados en la parte final, tienen un tinte muy de obra juvenil, con protagonistas adolescentes o poco menos, y un desarrollo más bien convencional. Narrados con pulcritud, son seguramente cuentos escritos años atrás que no aportan demasiado, con excepción de aquel (perdón por no recordar el título) que relata una agresión sexual, con un crescendo muy potente y una conclusión sobria que dan un resultado impecable.

Otro grupo de relatos se aproxima más a la fábula, con rasgos de humor y argumento más o menos insólito, como la historia de un perro, la más sorprendente de la mujer más pequeña del mundo, o aquella que tiene como protagonista a una gallina. Pasajes divertidos con un fondo simbólico resuelto con dignidad y eficacia.

Y quizá los cuentos más característicos, casi todos colocados al principio, son aquellos que hablan de historias cotidianas de mujeres, en tono intimista y algo brumoso, que bucean sentimientos e inseguridades que tienen que ver con el sufrimiento, el amor, la amistad o la soledad. Es escudriñar en la mente y el corazón de sus protagonistas, leer sus pensamientos y descubrir inseguridades, pequeñas envidias secretas o simplemente zonas de sombra que no conocemos pero que dejan cicatrices antiguas que no quieren ser borradas. Ocurre así en Feliz cumpleaños, uno de los relatos más brillantes, donde confluye la amargura de aquellas heridas con geniales golpes de humor.

Son finalmente narraciones que casi siempre carecen de desenlace, como trozos aleatorios de películas que se hubieran perdido: no sabemos qué hubo antes ni qué vendrá después, pero el cuadro es suficiente para transmitir emociones o definir personajes o parte de ellos. Y todo con la inconfundible seña de identidad de una prosa algo desconcertante, inexacta o improvisada, que provoca una sensación de frescura muy recomendable, a veces incluso con un punto excitante poco usual. Es en ocasiones una sintaxis forzada, en otras repeticiones o interrupciones que dan lugar a una expresión marcadamente personal a la que es difícil buscar parentescos, algo que hace de la lectura una experiencia gratificante aunque de vez en cuando, que todo hay que decirlo, peque de algún que otro exceso.


También de Clarice Lispector reseñado en ULAD: aquí

jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus y Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año): El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
Clásico: El crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convenció: Todos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés

lunes, 16 de diciembre de 2024

ULAD 2024 - Olvidad cualquier otra lista

Para qué más preámbulos: la lista de los listos. La que todo autor anhela por integrar. La que todo el mundo editorial espera para consultar. La única virtud que nos falta es la modestia.


Alain:

Resumen del año: Mi primer año como miembro de ULAD. Formar parte de un grupo de apasionados por la literatura ha sido estimulante. Además, tuve la oportunidad de platicar con escritores a los que admiro. Así que ha sido un año muy bueno para mí. Aquí mis favoritos del año:

Novela: Salto mortal, de Kenzaburo Oé. Los años de espera, de Fumiko Enchi.
Novela corta: Ella en la otra orilla, de Mitsuyo Kakuta.
Cuentos: Lealtad al fantasma, de Enrique Serna. La sangre de medusa (y otros cuentos marginales), de José Emilio Pacheco.
Comic: Takemitsuzamurai, de Issei Eifuku y Taiyō Matsumoto.
Crónica: Una novela criminal, de Jorge Volpi.
Poesía: Kokinwakashu. Sobre la luz, de Oscar de Pablo.
Relectura: Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia.
Descubrimientos: Los niños 6 y Cómo provocar un incendio y por qué, de Jesse Ball.

Oriol:

Resumen del año: No ha leído ningún libro imprescindible. Aun así, he descubierto muchas novelas, antologías y cómics notables. ¡Ah, y mi primer título, El amor edípico contra la lujuria sadomasona, ha sido publicado por Colectivo Juan de Madre Presenta, ilustrado por Rios Über Alles y reseñado con mucho tino por, entre otros, Santi Pérez Isasi y David Calpa! ¡Ah, y a través del compañero Alain Ríos he podido preguntar un par de cosillas al gran Shintaro Kago!

Novelas destacables: Un jardín de placeres terrenales, de Joyce Carol Oates, Valentino, de Natalia Ginzburg, El reloj de sol, de Shirley Jackson, y Job. Historia de un hombre sencillo, de Joseph Roth.
Novelas que parecen escritas específicamente para mí: My husband has taken our roleplaying too far, de Christian Wallis, El regreso, de Walter de la Mare, y El dios de piedra, de Leonard Cline. Quizá incluiría también La declaración de Stella Maberly, de F. Anstey, y Los veinte días de Turín, de Giorgio de Maria.
Clásicos decimonónicos castizos desempolvados: Las cañadas indómitas, de Raimon Casellas, El subterráneo habitado, de Manuel Benito Aguirre, Narraciones inverosímiles. Selección, de Pedro Antonio de Alarcón, y Criadero de curas, de Alejandro Sawa.
Mejor antología de relatos:  Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero. 
Relatos destacados: Varios de T.errores. En el bosque ya estás muerto, de VV.AA., de L'amant del diable, de Elizabeth Bowen, de Parásitos perfectos, de Luis Carlos Barragán Castro, y de Negro tal vez, de Attila Veres. 
Mejores novelas gráficas: Fraction y El palacio infinito de Shintaro Kago. También es bastante buena La voz de las bestias, el ansia de los hombres, de Thomas Gilbert.
Mejor libro de no ficción: El camino pagano, de Edgar-Max.
Empacho de: Narrativa (tanto novela como relato).

Juan:

Resumen del año: En general, un año bastante anodino; ni bien ni mal, ni frío ni calor, ni carne ni pescado... Aún así, alguna que otra lectura destacable sí que ha habido:

Polar y novela del año (previsiblemente, aunque aún quedan unos cuantos días para que éste termine): Historias de la noche de Laurent Mauvignier 
Novela de miedito (o no): Una cabeza llena de fantasmas de Paul Tremblay 
Novela/reportaje gráfico: sin duda, El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrasa.
Biografía (más o menos) también bastante gráfica: Las 100 primeras películas de Nicolás Cage de Paco Alcázar y Torïo García.
Ensayo: The King, de autoría variada y, en curso de lectura, Danza macabra, justamente de The King...

Poesía: Llibre de meravelles de Vicent Andrés Estellés (cierto que no he leído ningún otro, pero lo merece igualmente).

Decepción: Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query. Esta es la chafada más gorda, pero también ha sido un poquito decepcionante Lo que más me gusta son los monstruos - Libro Dos de Emil Ferris. Y aún tengo el culo torcío con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda...

NO decepción del año: Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enriquez.

Sorpresa (se entiende que agradable) del año: Los secretos de Heap House de Edward Carey,

Bizarrada del año (y por muchos más, sospecho): El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil.


Carlos:


Resumen del año: esto es una novedad introducida por sorpresa, así que me ha dejado un poco descolocado. Aun así diré que el año ha sido regular, con más decepciones de las habituales, y un nivel medio en el que apenas sobresalen un puñadico de cosas, algunas como estas:


Novela: en castellano Extraña forma de vida, de Enrique Vila-Matas; en otros idiomas, El otro nombre (Septología I), de Jon Fosse

Novela corta: Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño, y Noches blancas, de Fiódor Dostoyevski

Ensayos y similares:

    - Humanidades: Los hombres no son islas, de Nuccio Ordine

    - Música: Aquellos años accidentales, de Laura Piñero

    - Arte: El eco pintado, de Óscar Martínez

Historia: Ocho días de mayo, de Volker Ullrich

Libros de viajes: Campos de Níjar, de Juan Goytisolo

Biografía novelada: Lawrence de Arabia. La corona de arena, de Jose María Álvarez

Relectura: Artificios, de Jorge Luis Borges

Humor: El puente de los perros suicidas, de Abel Amutxategi

Clásico: La guerra carlista, de Ramón del Valle-Inclán (reseña en unas semanas)

Rarezas y descubrimientos: Madame Edwarda, de Georges Bataille, y Nebiros, de Juan Eduardo Cirlot


Koldo:

Resumen del año: Lo de siempre, pero un año más viejo

Tres libros de relatos:  Ahí fuera de Kate Folk, Alcaravea de Irene Reyes-Noguerol y Cuentos completos de Juan Carlos Onetti. 
Tres novelas: Eloy de Carlos Droguett, Despertar a los muertos de Scott Spencer y El origen. Una indicación de Thomas Bernhard. 
Dos libros híbridos: Yo navegué con Magallanes  de Stuart Dybek y Grimmish de Michael Winkler.
Dos libros de memorias (también un poco híbridos): Cada uno por su lado y Dios contra todos de Werner Herzog y Vida de un pollo blanquecino de piel fina de Andrés Pérez Perruca.
Un ensayo: Terror y utopía: Moscu en 1937 de Karl Schlogel.

Marc:

Resumen del año: año flojo en lecturas (en cantidad, pero también en calidad). Pocos libros destacables en un año en el que se salva básicamente por libros de autores ya conocidos y por el descubrimiento de la obra de Fosse.

Libro del año: «La próxima vez el fuego», de James Baldwin
Ensayo del año: «El temps de la promesa», de Marina Garcés
Autores de literatura infantil del año: Romain Pujol & Vincent Caut con la serie «Avni»
Consagraciones del año, nuevamente: Pol Guasch, Annie Ernaux
Descubrimientos del año (autores): Jon Fosse 
Propósitos para el 2025: más poesía y más clásicos
 
Francesc: 
 
Resumen del año: incluso estando satisfecho de haber sido capaz de sostener un cierto ritmo lector, lo hubiera estado más si el año hubiera contado con alguna experiencia reveladora sobre todo en clave ficción, aunque quizás en estos tiempos extraños y convulsos confiar en que se produzcan carreras literarias de largo recorrido resulte un poco ingenuo. 
 
Aún así:
 
Libro del año: Ex-aequo: Los jugadores de Whist de Vicenç Pagès Jordà (aún no reseñado) y El dia de la Independència de Tuli Márquez, lecturas, ambas, generacionales, cercanas y crepusculares y reivindicaciones de que los autores en catalán deberían contar con una industria valiente que los traduzca. Ya de paso, todo lo de Monzó y lo de Pàmies.
Retrasos del año: Mary Gaitskill, autora que me ha interesado con cierto efecto retroactivo y a la que aún me resulta difícil ubicar, por la manía de la industria editorial USA de etiquetarlo todo
Ensayos del año: lo digo en el resumen, me gustaría engancharme a algún autor de ficción, pero el ensayo (y las novelas cortas, je je) ha sido un recurso muy útil para marcarme ciertas pautas lectoras, así que desgloso dos categorías: 
  •     Ensayo atemporal: Aldous Huxley y Barbara Cassin (aún no reseñado)
  •     Ensayo del momento: Eva Illouz y Mark Coeckelbergh, más que nada para que se lean antes de que sus premisas caduquen (o estallen por los aires) y los veamos más antiguos que el periódico de ayer (¿qué es un periódico?)
Propósitos del año: hacer algún mínimo caso a las novedades de ficción, a ver si así descubro algún escritor notable antes de que se me muera. Leer ensayos sin que sepa de antemano que comulgo con sus planteamientos (se resolvería de cuajo leyendo a Jiménez Losantos). No pasar de largo en las secciones de poesía (al menos mirar las portadas, me refiero). Leer más crónica. Releer más de todo.
 
 
Santi:
Resumen del año: Revisando mis (escasas) reseñas de 2024, veo que el año empezó bien, con una buena cosecha de libros comprados/regalados en Navidad, pero luego vino una larga sequía de lecturas, en la que predominaron las relecturas y los clásicos. Entre lo que he leído más reciente predomina claramente lo fantástico y el terror, y la literatura española y en español. Va mi lista:

  • Libro del año: De entre los recientes, Visceral, de María Fernanda Ampuero, que me sorprendió muchísimo; de entre los menos recientes, Los santos inocentes de Delibes, que no puedo creer que todavía no estuviera publicado en el blog.
  • Mejores novelas: Un amor de Sara Mesa (con permiso de Juan G.B.) entre las recientes y Tristana de Galdós entre los clásicos. Mención especial para dos novelas hispanoamericanas impresionantes: Huasipungo de Jorge Icaza y Balún Canán de Rosario Castellanos.
  • Mejores novelas cortas: Un detalle menor de Adania Shibli y Mireia de Purificació Mascarell.
  • Mejores libros de cuentos: Conejo maldito de Bora Chung y El peor escenario posible de Alejandro Morellón.
  • Mejor ensayo / autobiografía / autoficción / whatever: Yeguas exhaustas de Bibiana Collado Cabrera
  • Libros sobre paternidad (que aún no he reseñado): "pulgar hacia arriba" para Literatura infantil de Alejandro Zambra; "pulgar hacia abajo" para Irene y el aire de Alberto Olmos
  • Lectura más loca e inclasificable del año: El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil Hervás.
  • Decepciones (sin ser libros horribles ninguno de los dos): Soy fan de Sheena Patel y Otaberra de Elisa Victoria.

Propósitos del año: Leer más, mejor, más variado y más reciente (aunque este propósito lo hago todos los años y ya se ven los resultados...).


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¿Qué hay de vosotros, queridos lectores de ULAD? Estamos deseosos de que compartais vuestras listas con nosotros en los comentarios.

martes, 27 de agosto de 2024

Eva Piquer: Aterratge

Idioma original: catalán
Título original: Aterratge
Traducción: sin traducción al castellano
Año de publicación: 2023
Valoración: se deja leer


Poco conocimiento tenía de Eva Piquer como escritora, aunque sí que la conocía por sus artículos en medios periodísticos y culturales y por ser alguien con un bagaje como lectora muy amplio y rico. Así que esta reciente publicación, después de veinte años desde su última novela, me despertó el interés para ver cómo se desenvolvía como escritora de narrativa y más aún después de un parón de veinte años. Lamentablemente el resultado es bastante desigual.
 
Empieza el relato donde la narradora en primera persona nos indica que fue a Islandia con tres desconocidos, uno de los cuales un fotógrafo que quería fotografiar el fuselaje de un avión que aterrizó de emergencia sobre la isla hacía cuarenta y seis años y que desde entonces sigue permaneciendo en el mismo lugar. Esa historia la animó para viajar a la isla y conocer los detalles del accidente, así como para huir de su realidad, una realidad marcada por la reciente defunción de su marido y que sigue teniendo muy presente. De esta manera, la autora sitúa la historia en 2020, tres años después de ese hecho trágico en su vida que describe afirmando que «hacía tres años que los aullidos del horror me perforaban los tímpanos y me invadía en silencio una urgencia de mal confesar: cuando antes toques fondo, antes remontarás». Pero justo cuando parecía que empezaba a remontar, aparece la pandemia que lo cambia y lo encierra todo, recluyéndola en su soledad y en su pequeño hogar. Por ello, ya pocos años después, decide emprender este viaje y contacta con el piloto que sufrió ese accidente para ver los restos del avión, pues la protagonista, intrigada por esa historia, quiere escribir sobre él, aunque el piloto se niega a que alteren los hechos, a que los ficcionen, con lo que le pone una condición para quiere escribir esa historia: «no sé qué pretendes escribir pero me niego a ser un personaje de novela con una personalidad imaginada. Te podría contar cómo fue todo si lo escribieras tal cual, sin ficcionarlo».
 
Con este pretexto, la autora entremezcla fragmentos del pasado en las que el piloto relata el viaje y aterrizaje forzoso del avión con su propia experiencia y el duelo (sobre)vivido, estableciendo paralelismos no siempre conseguidos. De este modo, sus reflexiones y pinceladas en torno a la vida y la muerte se simultanean con el relato del aviador, así como también el de su propio viaje para encontrarse con el avión. Tres relatos entremezclados que tienen su propia historia por separado y que desafortunadamente se pueden leer de manera aislada a pesar del intento de la autora por entretejer las historias. Ese esfuerzo es evidente y se nota en exceso cuando la autora utiliza expresiones como «poner el piloto automático» (al referirse a su día a día), cuando habla de cómo conseguir «mantener el rumbo» o incluso hablando de «turbulencias» vitales lo cual, aunque no deja de tener evidente paralelismo, quizá es algo forzado.
 
La parte positiva de la novela es que la prosa fluye de manera rápida y el libro se lee de un tirón a pesar de que la historia del piloto no suscita interés, pues no se puede empatizar con un piloto del que apenas se nos cuenta nada a nivel personal y que no narra nada diferente de otras historias sobre catástrofes aéreas sucedidas (me viene a la cabeza «¡Viven!», de Piers Paul Read) donde sí hay un buen retrato a nivel de personajes. Una historia de catástrofes solo se sostiene si el libro se centra en ella y especialmente en el impacto en las vidas de los que lo sufren más que del trayecto en sí; en este caso no es así, pues parece que el accidente del avión sirve únicamente como un canal para establecer paralelismos que no acaban de funcionar pues el lector se percata enseguida de que se trata meramente de un vehículo a través del cual explicar una historia personal (en gran medida basada en su propia vida) y que la autora ha querido plasmar en un libro de ficción en una suerte de catarsis. Incluso la propia autora parece reconocer el poco impacto de la historia del piloto al afirmar que «si le tuviera confianza, le diría que echo en falta detalles de la vivencia humana del aterrizaje (…) como si no fuera él el piloto del avión estrellado», confirmando así las sensaciones de la distancia emocional hacia la historia narrada.
 
Otro aspecto negativo que le encuentro al libro es que la autora hace referencia y menciona de forma frecuente a autores y libros que destaca y parafrasea en un claro homenaje y demostración de su bagaje literario, pero que aparecen en el texto como pinceladas in media res. Con el propósito aparente de dar cierta profundidad al texto, la autora utiliza citas de otros autores y libros leídos para a partir de ahí lanzar algunas reflexiones (aunque de manera fragmentada) y, a pesar de que tratan sobre de la vida y la muerte, no hay más continuidad con la historia que la de proporcionar una serie de aforismos y razonamientos en torno a ese mismo tema. Este recurso, que cada vez utiliza más a medida que el libro avanza, no aporta mucho a la historia, en todo caso sirve para conocer el estado de ánimo de la autora y hacernos partícipes de lo que piensa, pero es un recurso difícil de utilizar con éxito si se quiere entrelazar bien con la historia contada y es algo solo al alcance de unos pocos (mencionaría Gornick, Hardwick o Lispector). Por el contrario, y afortunadamente, la historia sobre el piloto sí mejora a medida que avanza la narración cuando deja de lado el propio accidente y conocemos algo más de su manera de ser y su vida, aunque quizás ya es algo tarde para ello pues la desconexión con esa parte del relato ya se ha producido páginas atrás.
 
Por todo ello, se trata de un libro que se lee de una sentada pero que, a excepción de algunos pasajes concretos, no termina de funcionar y siguiendo los mismos paralelismos utilizados por la autora, podría afirmar que acaba aterrizando en el poso lector con también algunas dificultades.


lunes, 18 de diciembre de 2023

2023 en libros. El único veredicto que vale

¡Pues sí, amigos! Llega el día en que todas las listas de "lo mejor de 2023" palidecen, pese al título de la entrada, ante la proverbial independencia, modestia y buen gusto de los reseñistas de ULAD. Porque no estamos ante la lista de los invitados a la boda del crítico de turno (no, Babelia y El Cultural, no estamos diciendo que vosotros hagáis eso) y porque no pretendemos sentar cátedra diciendo qué es lo mejor que se ha publicado en 2023 (¡coño, que hay tropecientas mil novedades y habremos leído un 0,0001%!). Esto solamente es, nada más y nada menos, lo mejor que hemos leído en 2023.

No podemos dar paso a la lista sin antes recordar lo que para nosotros ha sido la peor noticia que nos ha podido dejar este 2023: el fallecimiento, en el mes de agosto, de nuestro compañero Emilio. Las reseñas que dejó programadas y que hemos ido publicando estos últimos meses dan idea de lo que para Emilio fueron sus mejores lecturas del año.

Sin más, aquí tenéis nuestro dictamen

El veredicto de Koldo (por ahora):


La sentencia de Juan:

Palabra de Oriol:

La sentencia de Francesc:
 
      No muy bien habrá ido la cosa cuando he tenido que revisitar mis reseñas para poder componer esta lista. Así que
  • Recuerdos que prevalecen sin excesivo esfuerzo, o sea, MUY BIEN: Material de construcción de Eider Rodríguez, o cómo lidiar bien, literariamente, con la pérdida, y Les voltes del món de Tuli Márquez, a ver si el mundo editorial se entera del talento de este hombre y se le traduce al español.
  • Demasiados ensayos que se han quedado a medias o que me ha dado la impresión de que no conectan profundamente con la realidad, así que no los mencionaré. La realidad no lo pone fácil, cambiando cada dos por tres.
  • Alguna biografía musical que tiene más pulsación narrativa que mucha narrativa, como Bobby Gillespie en Un chaval del barrio o Jarvis Cocker en Buen Pop Mal Pop
  • Extraño reencuentro por partida doble con Houellebecq, del cual Unos meses de mi vida me ha mostrado una sorprendente actitud frágil y victimista. Curioso que su acercamiento a sí mismo le haya hecho desenfocar su aguda visión de la sociedad.
  • Y a ver si las cosas mejoran. O sea, que los tótems atinen o que las eternas promesas se consoliden. Ya, por favor.

El panegírico de Santi

En un año de bastantes pocas lecturas (una vez más), afortunadamente ha habido algunas buenas o muy buenas:

Resolución (recurrible) de Carlos

El dictamen de Marc:
  • Libro del año: «Un caballero en Moscú», de Amor Towles
  • Ensayo del año: «La supervivencia de los más ricos», de Douglas Rushkoff
  • Grandes consolidaciones en narrativa: Xavier Mas Craviotto, por «La pell del món»
  • Descubrimientos del año (autores): Byung-Chul Han con «La expulsión de lo distinto»
  • Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Amor Towles, Paul Auster
  • Propósitos para el 2024: más poesía, continuar con más ensayo y reencontrarme con la narrativa tras un año sin grandes lecturas

martes, 4 de abril de 2023

Xavier Mas Craviotto: La pell del món

Idioma original: catalán
Título original: La pell del món
Traducción: publicado en catalán por L'Altra Editorial, sin traducción al castellano en el momento de publicar la reseña
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable


Tenía curiosidad por saber cómo sería la nueva novela del autor de «La mort lenta», una opera prima muy interesante que mostraba indicios de gran potencial en su autor. Han pasado ya cuatro años desde la publicación de esa novela y por el camino ha escrito poemarios como «La gran náusea» (aprovecho aquí para reivindicar su lectura), otra de las vías creativas del autor y más prolíficas. Y debo decir que en este libro ambos géneros se encuentran muy próximos, pues el estilo de Mas Craviotto se ha afilado y ha ampliado y perfeccionado el uso de metáforas y alegorías, a menudo recursos más próximos a la poesía que a la novela.

En una clara muestra de influencias literarias (que el autor no esconde, como detalla en su nota final), el libro empieza con la cita de un libro de Clarice Lispector, y eso ya es algo admirable y un acierto por lo que el libro ofrece. Y a esa cita le sigue una entrada de las impactan y suponen toda una declaración de intenciones, la apertura a una antesala de introspección: «Querrías saber cómo soy. Querrías entenderme. Pero cuando piensas en mí, solo sabes ver la muerte». Con ello, una de las protagonistas se nos dirige en una suerte de monólogo interno o introspectivo en el que afirma que «las preguntas que se hacen por dentro solo pueden tener respuestas que también vengan de dentro. Y piensas que hacen mucho ruido, las preguntas que vienen de dentro. Mucho más que las que se hacen en voz alta.»

Así, con pocas páginas, el lector toma consciencia de cómo ha evolucionado la prosa de Mas Craviotto, pues ha agudizado su estilo y le ha dado un contenido más profundo, más introspectivo y estilísticamente más próximo a la poesía. Aun así, es claramente identificable y deslumbra en el uso de sus alegorías, como cuando afirma que «porque las imágenes y los recuerdos, como las bacterias, te habitan el cuerpo y la mente y, con la paciencia persistente y tozuda de las hormigas, te van creando túneles de memoria por dentro». De esta manera, este libro se acerca a «La gran náusea» en la sabia elección de las palabras y en el viaje al interior de los sentimientos sin mostrar miedo alguno a aquello que se encuentre en el arduo viaje. Y la cita inicial de Lispector no es gratuita, tiene su más alto sentido, pues el libro conecta de manera ineludible las reflexiones sobre la vida y la muerte y aquello que somos, en un continuo diálogo laberíntico en el que la única salida válida es la cordura. Porque el pasado marca la vida y el presente, a veces, nos lo exhibe de nuevo como desafiándonos, como sometiendo nuestra fortaleza con clara intención de quebrantarla. Porque la protagonista habla de su madre que está en un hospital en los últimos días de su vida, en un cuerpo que ya no responde, con «dos ojos vivos dentro de una cosa quieta y dura e inerte. Dos ojos vivos dentro de una cosa muerta. Como si los ojos fueran la única ventana de vida que le queda abierta. La única puerta que la conecta con el mundo» e intuimos con ello que la relación entre madre e hija no fue fácil, o simplemente no fue y, ahora que la tiene enfrente, postrada en la cama del hospital, reconoce que «te esfuerzas a recordar que la madre es una mala persona. Te lo recuerdas porque te ha parecido que te empezaba a dar un poco de pena (…) La maldad de la madre era de las silenciosas. Una maldad pasiva, cómplice». Tampoco la relación con el hermano fue fácil, ni entre ellos dos ni con los padres, pues «nunca hablaba de vosotros, como hacen todas las madres del mundo. Las madres que conoces siempre hablan de sus hijos. Como si fueran la cosa más importante que les ha sucedido nunca. Pero madre era diferente. No hablaba nunca, de vosotros.»

A nivel estructural, el autor alterna tres momentos narrativos, tres líneas temporales: las escenas en las que están en el hospital y que le sirven al autor para profundizar en los recuerdos pasados acerca de la relación familiar entre hermana, hermano y padres, la evocación de escenas de la infancia y, por otra parte, breves pinceladas con las sesiones con el terapeuta con quién repasa su estado anímico en un punto indefinido temporalmente y hacen de puente entre presente y pasado y la infancia como tercer y marcado momento. Esta alternancia está bien estructurada ya que no rompe el ritmo narrativo sino que sirve para aplicar una especie de zoom emocional reviviendo momentos puntuales que van estrechamente enlazados con lo descrito en la trama principal en la que dirige su mirada especialmente a la infancia. Porque la infancia nos marca, a todos, y Mas Craviotto sabe utilizar sus recursos poéticos para describir los ambientes opresivos de una casa donde el padre impone su voluntad y el resto calla, por falta de opciones pero también por costumbre. Y por miedo. Y el ambiente es incómodo, hasta el punto de que se nota que hay «una calma tensa quieta que molesta un poco, porque es la calma que siempre hace la casa después que padre se enfade y chille e insulte a madre. Una calma peligrosa. Como si la casa aguantara la respiración para no molestar demasiado, ahora que todos estáis tristes». Y aquí vemos otro aspecto singular (por inusual) de la novela: la narración en segunda persona, un punto de vista que emula a un testigo presencial y que añade tensión a la propia de los protagonistas. Un «tú» que sitúa al narrador (y por extensión al lector) en una posición a medio camino entre testigo y juez.

La novela nos habla también de la relación entre la protagonista y su hermano al que vuelve a ver después de muchos años, de quién no sabía apenas nada, en un reencuentro siempre tenso, siempre violento, porque después de tanto tiempo «entre vosotros nacían, muy lentas, todas las distancias». Un hermano del que se distanció después de la adolescencia, alguien por quien siente rabia por haber sigo tan débil en los momentos en los que ella tenía que ser fuerte; alguien que a sus ojos es un extraño («no podía ser que aquel hombre fuera tu hermano (…) pero al mismo tiempo aún podías reconocerle alguna facción, algún tipo de movimiento facial, un batido casi imperceptible en las aletas de la nariz que te decía que sí, que ese era tu hermano, y era el de siempre»). De esta manera, a medida que avanzamos en la lectura entendemos el ambiente dentro de la familia y el por qué ella se marchó del pueblo. Pueblos pequeños, cotilleos grandes. Y situaciones familiares conflictivas. E inevitables. Como si fueran contagiosas, como si fuera una plaga de la que lo mejor es apartarse. Porque «estas cosas se transiten de padres a hijos. La rabia y el odio se heredan. Pasan de una generación a la siguiente» y en la escuela lo sabían, porque «cuando entras en el aula, todos los silencios hablan de ti», porque en sus casas se hablaba de ello y «aquella escuela era como el pueblo pero en miniatura». 

Parece que hay una literatura centrada en las relaciones familiares desestructuradas, narradas desde los más damnificados, los pequeños, indefensos, frágiles…. Hay casos en los que vemos de manera clara que el amor existe y también el afecto aunque sea unidireccional y en el que la protección va en sentido inverso al natural. Hablamos de Douglas Stuart con «La historia de Shuggie Bain» o también de Jesmyn Ward y «La canción de los vivos y los muertos», por poner un par de ejemplos. Pero hay otros casos en lo que el amor no existe en ningún caso ni de ninguna forma, donde lo que abunda es miedo, temor y odio. Porque existe también, y nos lo cuentan perfectamente Winkler, Bastašić y Kristof, entre otras. Este libro se enmarcaría en este último grupo, a pesar de la belleza de su narración poética. Y ubica la acción del reencuentro familiar en el hospital, ese lugar donde parece que el pasado nos atrape después de una vida huyendo de él, un lugar común de reencuentro y revisión (como hizo Mouawad en «Todos pájaros» o también Annie Ernaux en «No he salido de mi noche»), como si el lecho de muerte fuera la pasarela por la que desfilan los recuerdos y los rencores pasados, en un camino ineludible a la muerte que transitamos acompañados de dolor, pérdida pero también añoranza. Pero la aridez de esta lectura también nos hace llegar ecos que resuenan fuerte a Bendicho y sus «Tierras muertas» por la dureza del relato, por ese padre desgraciado («un grandísimo hijo de puta», según un conocido), y al que también, de manera similar, topa con el final de su vida de manera abrupta y sin saber el rostro del verdugo que ha terminado con su camino de desgracias infringidas o también por el entorno rural y la brutalidad de estar rodeados de muerte, en los animales y en sus propias almas. El autor nutre el relato de una fuerte tensión ambiental y emocional, a veces contenida a través de forzados silencios («Pero callas. Porque hay muchas cosas a decir y pocas palabras que puedan decirlas. Y porque los silencios te gustan más que las palabras»), otras veces expuesta, porque inevitablemente hay momentos en que «percibes muchas cosas. Cosas que dormían alrededor, silenciosas y quietas. Nunca te las habías mirado demasiado. Porque no os las miráis demasiado, las cosas que duermen. Pero hoy tu hermana las ha despertado todas. Y madre quería que siguieran dormidas, porque las cosas dormidas no hacen ruido». 

Por todo ello, y a pesar de su innegable dureza, la novela de Mas Craviotto es un claro ejemplo de que la belleza de un texto está muy por encima de la amarga historia que presenta y que, a pesar de la tristeza que desprende, uno puede disfrutar de su lectura solo por el placer de encontrar un autor que sabe plasmar con las palabras unas emociones que, con o sin experiencia previa, podemos comprender y compartir.

También de Xavier Mas Craviotto en ULAD: La mort lenta, La gran nàusea, Animals inexpressius, La llum subterrània