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jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus y Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año): El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
Clásico: El crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convenció: Todos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés

miércoles, 10 de septiembre de 2025

James Ellroy: L.A. Confidential

Idioma original: Inglés

Título original: L.A. Confidential

Año de publicación: 1990

Traducción: Carlos Gardini d'Angelo

Valoración: Muy recomendable

La edición que tengo del Cuarteto de Los Ángeles de James Ellroy es un verdadero tabique de más de mil páginas que reúne las cuatro novelas. Y, como las páginas casi no pesan, apenas terminé El gran desierto seguí de corrido con L.A. Confidential. Debo admitirlo: fue un error.

Aunque sigue la línea de las entregas anteriores: historias atravesadas por crímenes, corrupción y violencia; esta tercera novela marca un cambio de tono importante. Ellroy baja la intensidad de la brutalidad y del vértigo narrativo que había impulsado desde La Dalia Negra y, con mayor fuerza, en El gran desierto. El foco se desplaza hacia las maniobras políticas y la psicología de los protagonistas. Por supuesto, no deja de ser una novela policiaca, con su trama articulada en torno a una investigación criminal, pero la violencia pasa a un segundo plano, como si Ellroy quisiera ensayar un registro más introspectivo y estratégico.

El cambio se refleja también en los recursos narrativos. Si en El gran desierto abundaban las escenas descritas como si fueran tomadas desde la lente de una cámara, reflejo del ambiente hollywoodense donde transcurría la acción; en L.A. Confidential el eje es la prensa sensacionalista. Los capítulos se entremezclan con artículos de revistas de chismes, reportes periodísticos y documentos oficiales, un collage que aporta verosimilitud y acentúa la manipulación mediática que atraviesa la historia.

El propio título remite a una publicación ficticia, Hush-Hush, espejo deformante de los tabloides reales de los años cincuenta (como Confidential). Su editor, con contactos en el Departamento de Policía de Los Ángeles, funciona como engranaje clave: filtra información, fabrica escándalos y utiliza el chantaje como moneda corriente frente a policías y políticos. Uno de los tres protagonistas, Jack Vincennes, no solo colabora con esta maquinaria, sino que la explota para construirse una imagen pública de policía heroico, gracias a sus vínculos con un programa televisivo al estilo de “Chico malo, Chico malo”.

Los otros dos protagonistas forman un contraste que sostiene buena parte del conflicto narrativo. Ed Exley es el trepador impecable, un policía obsesionado con la disciplina y la ambición profesional, dispuesto a sacrificar la lealtad a sus colegas con tal de ascender en la jerarquía. Bud White, en cambio, es un detective impulsivo y violento, marcado por un pasado de abusos, que canaliza su rabia en una cruzada personal contra los hombres que maltratan mujeres. La tensión entre la rectitud de Exley, la brutalidad de White y el cinismo de Vincennes convierte a la novela en un escaparate de tres modos distintos de habitar la corrupción.

Uno de los episodios más impactantes es la llamada “Navidad sangrienta”, una redada en la que varios policías descargan una violencia desproporcionada sobre prisioneros mexicanos (como en otras novelas de Ellroy, ocurrió en la vida real), la cual detona gran parte de la trama posterior. Al mismo tiempo es un claro ejemplo de la moral de toda una institución: un cuerpo policial que se cubre las espaldas a sí mismo y que se fragmenta cuando la verdad amenaza con salir a la luz. Ellroy convierte esa masacre como muestra del racismo estructural, la brutalidad policial y el cinismo político de la época.

L.A. Confidential quizá no posea la misma potencia bruta que El gran desierto (recomiendo tomarse un respiro y dejar que baje la adrenalina tras leer esta última), pero ofrece un retrato más complejo y corrosivo de Los Ángeles como maquinaria de poder, espectáculo y corrupción. 

El único aspecto que creo que puede echar para atrás a muchos lectores, o hacer que dejen el libro sin acabar, es que su lectura exige paciencia (mucha): la trama es intrincada, los personajes abundan y los giros no siempre son fáciles de seguir. Pero, como todo lo que supone un esfuerzo, al terminar el último capítulo uno siente que el esfuerzo ha valido la pena.

Ahora, a darle a White Jazz.

jueves, 21 de agosto de 2025

James Ellroy: El gran desierto

Idioma original: Inglés

Título original: The Big Nowhere

Año de publicación: 1986

Traducción: Carlos Gardini d'Angelo

Valoración: Muy recomendable

«Todos los policías honestos se parecen unos a otros, pero cada policía corrupto lo es a su manera». Alain Ríos

La recomendación más concreta que puedo hacer sobre el segundo libro de El Cuarteto de Los Ángeles es la siguiente: si les gustó La dalia negra, El gran desierto les va a encantar.

Asesinatos, policías corruptos, mafiosos, judíos, femme fatales, comunistas, gais, jazz… No se puede pedir más. Una novela que lo tiene todo.

El epígrafe de esta reseña hace referencia a los tres protagonistas de esta historia: Danny Upshaw, un policía corrupto que investiga una serie de asesinatos grotescos; Malcolm "Mal" Considine, un policía aún más corrupto, encargado de infiltrar el movimiento comunista que ha impregnado Hollywood, mientras lidia con la batalla legal contra su esposa europea (a quien rescató de los nazis, detalle que da cuenta de la densidad de la novela) por la custodia de su hijo; y Turner "Buzz" Meeks, un expolicía convertido en esbirro de la mafia judía de Los Ángeles, quizá el más corrupto de todos. Como era de esperarse, las tres líneas narrativas se entrelazan de manera magistral.

Cuando leí el libro, era completamente ignorante de los hechos históricos que retrata la novela. En la mayoría de los casos, lo real aporta verosimilitud y crudeza a la ficción, algo que en ocasiones me parece una pequeña trampa por parte del escritor. En mi caso, incluso desconociendo la situación de los Estados Unidos de posguerra (sin saber siquiera que estaba basado en sucesos reales), los personajes y situaciones narrados por Ellroy me impresionaron por su autenticidad y complejidad.

Figuras como Mickey Cohen, el célebre gánster judío que controlaba el negocio del juego y la extorsión en Los Ángeles, o Jack Dragna, su contraparte ítalo-estadounidense, aparecen retratados con la crudeza característica de Ellroy: violentos, paranoicos y siempre al borde de la traición. 

Además, la novela se sumerge en las tensiones políticas de la época, en particular la cacería anticomunista que impregnó Hollywood durante los años cuarenta y cincuenta. Los comités de investigación, las listas negras y la paranoia generalizada forman parte del día a día de los protagonistas. Ellroy incorpora de manera orgánica episodios concretos como el caso de Sleepy Lagoon, donde un grupo de jóvenes méxico-americanos fue injustamente acusado de asesinato en un clima cargado de racismo, y los posteriores disturbios de los zoot suits. Estos hechos históricos revelan el ambiente de miedo, discriminación y persecución ideológica que convirtió a Los Ángeles en un hervidero de tensiones sociales y políticas, terreno fértil para la corrupción policial y la violencia que dominan la novela. 

Si en La dalia negra nos enfrentábamos al mito del crimen irresuelto, aquí el horror es colectivo: en Los Ángeles todos conspiran, todos traicionan y nadie queda limpio.

Otras obras de James Elroy en ULAD: La dalia negra, Perfidia, Esta tormenta, Mis rincones oscuros

viernes, 3 de diciembre de 2021

Tochoweek V #5 Stephen King: Billy Summers

Idioma original: inglés
Título original: Billy Summers
Año de publicación: 2021
Traducción: Carlos Milla Soler
Valoración: recomendable (si no esperas una historia de terror)

Vale, ya sé lo que estaréis pensando: que mientras mis compañeros/eras del blog se dejaban las pestañas leyendo tochacos de mil páginas de autores que parecen haberlos escrito con el palo de la escoba metido por el de lo más sesudo y selecto del panorama literario, yo me lo he estado pasando chupete con un best-seller del Rey de los mismos y de Maine. Ante esa sospecha, sólo puede decir dos cosas. SÍ, eso he hecho; tenéis toda la razón. Y, en segundo lugar, señalar que reseñar cualquier libro del Rey no es sólo un placer, sino UN SERVICIO PÚBLICO. Más aún si se trata de su más reciente novela (que siempre puede ser la última, que el hombre tiene ya una edad, por el amor de Dios). Además, cualquier año de éstos los de la Academia Sueca entran en razón y le dan el Nobel, y ya veréis lo que vais a poder presumir de conocer al dedillo su obra, gracias a Un Libro Al Día (el auténtico, rechace imitaciones).

Dicho esto, y a pesar de que estamos hablando del escritor vivo, y posiblemente la persona sobre la faz de la Tierra, más guay que existe, lo cortés no quita lo valiente y la obligación de cualquier reseñista de ULAD es dar su sincera opinión sobre los libros hayamos sido o no sobornados por la editorial que los publica. En este caso, hay que dejar claro desde el principio que ésta no es una de las novelas de corte fantástico o de terror de Stephen King; pertenece, más bien a su vertiente "realista", si se puede considerar tal un noir -de aquella manera- sobre un asesino a sueldo que debe esperar a su víctima en un pequeña ciudad del Sur de EEUU; como no saben cuando deberá llevar a cabo el "trabajo", la excusa que se les ocurre a sus contratantes para justificar la estancia en la ciudad de Billy Summers -el killer- es que se trata de un escritor que necesita un lugar tranquilo para acabar su libro... Y aquí está la gracia de la historia, porque Billy, aunque por precaución intenta parecer más tonto de lo que es, en realidad resulta ser un avezado lector y toma esta coartada como una oportunidad para dar el salto a la escritura, comenzando a redactar su propia y dura autobiografía novelada.

Así pues, nos encontramos con dos novelas en una o, mejor dicho, una novela (incluso más) dentro de otra: por un lado , una novela negra, más Elmore Leonard que James Ellroy (quizás un poco Don Winslow, si se quiere), que en parte recuerda a la hipnótica minuciosidad de Chacal, pero que luego remite a una historia de venganza(s). O también de redención del protagonista, a partir de cierto acontecimiento inesperado... Por lo que respecta, a la "novela dentro de la novela", nos ofrece una historia de crecimiento de un chico de la "basura blanca" y también un relato bélico, en este caso de la guerra de Irak en 2004. Además, y aunque sea a través del protagonista-autor del mismo, King nos regala alguna que otra reflexión de lo más interesante sobre el acto de escribir, algunas perlas se diría que sacadas de su Mientras escribo.

Huelga decir que en esta novela encontramos la agilidad y el dominio narrativo que el Rey ha demostrado ya en multitud de ocasiones, así como la verosimilitud en los detalles que caracteriza a sus historias: los personajes compran en el Wal-Mart, comen en cadenas de hamburguesería y duermen en moteles baratos. Además, se incluyen referencias a películas bien conocidas, series de Netflix y libros -incluso, como suele hacer a veces King, a alguno de los suyos-; por no hablar de las referencias a la etapa trumpista en la que se desarrolla la acción. Aunque es cierto que la situación en sí no resulta demasiado realista , pero tampoco nos vamos a poner melindrosos a estas alturas con el autor de It, El misterio de Salem's Lot o La niebla... Tampoco resulta del todo verosímil el protagonista de la novela: aparte de ser un trasunto de otros "héroes tranquilos" habituales en las novelas de King, resulta ser un tío culto, empático y de lo más majete con niños y mayores que, sobre todo a partir de cierto momento, más que un encallecido asesino asueldo y veterano de guerra 8de una guerra de invasión, no lo olvidemos), se diría un caballero de brillante armadura, aun convenientemente camuflado para desenvolverse con naturalidad en la América Profunda...

Da igual, porque tampoco es que uno busque realismo a ultranza en las novelas de King, ni que fuera Zola, caramba...;) Incluso en una como ésta, en la que el punto sobrenatural -que lo hay- está reducido a una mínima expresión, no es eso lo que sus lectores pedimos; lo que buscamos es una lectura que nos atrape, nos arrebate y no nos suelte hasta que hayamos acabado de conocer lasa aventuras y desventuras de sus personajes, tan de carne y hueso, por otra parte... Y con ese Billy Summers el Rey lo consigue, una vez más.


Más libros de Su Majestad reseñados en Un Libro Al Día: here

jueves, 27 de febrero de 2020

James Ellroy: Esta tormenta

Idioma original: inglés
Título original: This Storm
Año de publicación: 2019
Traducción: Carlos Milla Soler
Valoración: bastante recomendable (y, sin duda, para los fans)

Última brutalidad, por el momento (*), perpetrada por el señor Ellroy, con todas esas cosas que tanto le gusta meter en sus novelas al viejo Demon Dog: violencia en plan burro, sexo desenfrenado -a veces también a lo burro-, alcohol y drogas por un tubo, polis corruptos a cascoporro, pirados de toda clase y muchos, muchos fascistas, fascistas a tutiplén... Coño, es que aquí hay más fascistas que en un mítin de VOX con barra libre; hasta los rojos que salen son bastante fascistas, no os digo más... También hay un mogollón de personajes -de hecho, el libro incluye al final una sección de Dramatis Personae para no perderse- que que se explayan a lo largo de casi 700 páginas de una trama que se enrosca y se desenrosca, que se ramifica y se poda a sí misma, a una velocidad extenuante. Porque esa es otra: la novela está escrita al ritmo del jazz más sincopado, con la cadencia de una metralleta Thompson que suelta una larga ráfaga de balas hasta que se agota todo el cargador. Pasan tantas cosas en cada uno de sus cortos capítulos que se hace imposible una sinopsis siquiera aproximada, menos aún en una modesta reseña...

Intentémoslo: la novela comienza en la tormentosa Nochevieja del año 41, poco después del ataque a Pearl Harbor -e inmediatamente después de la anterior novela de Ellroy, Perfidia- y la acción se extiende durante los primeros mese del año 42, cuando se temía un ataque japonés al sur de California y los nipones residentes en ese estado fueron recluidos en campos de concentración, por si las moscas. Crímenes que suceden esos primeros meses del nuevo año, más otros que vienen del pasado acaban convergiendo, en las mentes más perspicaces del departamento de Policía, en una trama inestable que arranca -o no- en el robo de un cargamento de oro en el año 31, y cristaliza de forma inaudita en el asesinato de unos polis de dudosa reputación en un tugurio de aún peor reputación en el barrio negro, pasando por el incendio de Griffith Park en 1933. Todo ello aderezado con los supuestos tejemanejes de los quintacolumnistas pronipones, pronazis o prosoviéticos, más la paranoia y la excitación de esos primeros momentos de la guerra en América. Y la presencia como guest stars de famosos de Hollywood como el afamado Orson Welles -éste no le cae muy bien a Ellroy- y Bárbara Stanwyck, entre otros...

¿Cómo maneja James Ellroy todo este quilombo? Pues al igual que hizo en Perfidia, repartiendo el peso de la investigación de los distintos sucesos, y de la propia narración de los mismos, entre varios personajes, en este caso un quinteto compuesto por:
  • Elmer Jackson: poli paleto y cafiche que busca a) desentrañar y si es necesario vengar la muerte de su hermano, delincuente ocasional no menos paleto y b) hacerle alguna jugarreta a Dudley Smith y protegerse por si éste se le adelanta.
  • Hideo Ashida: japo protegido del Departamento de Policía y de Dudley Smith en particular, por su habilidad como forensic. Busca impresionar a D. S.
  • Dudley Smith: poli irlandés corrupto y filofascista, macho alfa (o "chad", como dicen ahora los pobrecicos incels) favorito de Ellroy, se supone... Destinado como oficial del SIS a Baja California para detectar movimientos japoneses y quintacolumnista, allí entra en contacto con los sinarquistas mexicanos, tipejos aún más filofascistas que él, liderados por un tal Abascal (que también manda narices). Busca tenerlo TODO.
  • Joan Conville: oficial de la Marina que, de forma accidental, entra a trabajar para el departamento de Policía, donde subyuga a todo el mundo por su inteligencia, encanto y donosura de pelirroja del Medio Oeste. Busca venganza por la muerte de su padre en un incendio.
  • Kay Lake: abeja reina y metomentodo favorita de Ellroy (comprensible si pensamos que el personaje fue interpretado en el cine por Scarlett Johansson). Busca respuestas y salirse con la suya, básicamente.
Todo esto, ya digo, contado a un ritmo endiablado, absolutamente agotador, pero también electrizante: los capítulos que narran la "Batalla de Los Ángeles", por ejemplo, parecen coreografiar la música de una enloquecida Big Band. Frases cortas, casi telegráficas, en capítulos también cortos... pero que al cabo de unos cuantos, el lector siente como si un boxeador profesional le hubiese dado una paliza, cuando menos a los puntos.

Otro rasgo del estilo, además de esta velocidad y agilidad pasmosas, dignas de un practicante de parkour literario, es el empleo, en apariencia indiscriminado, de, por decirlo así, "términos políticamente incorrectos": aquí los afroamericanos son "charoles" y "tiznajos"; los mexicanos, "cholos", "frijoleros", "espaldas mojadas"; los homosexuales... ya os podéis imaginar. En principio, no deja de ser una forma de ambientar la novela en esos años 40 en los que los epítetos racistas, etc. se soltaban con naturalidad, más aún, es de suponer, por parte de los policías blancos... pero también cabe adivinar una cierta satisfacción en el autor por utilizar un lenguaje que escandalice a las mentes progres bienpensantes. Aunque al profundizar un poco en su narrativa, pronto se da uno cuenta de que su discurso -al menos, el subyacente- es mucho menos racista, menos derechista y machirulo de lo que parece. Ellroy podrá considerarse a sí mismo el último de los escritores "machos", el novelista cargado de testosterona y sin pelos en la lengua que se explaya en tal sentido en sus libros y entrevistas, pero al tiempo que representa ese papel, parece estar guiñando un ojo para avisarnos de que no va en serio. Bueno, sólo un poco...

(*) Aún quedan dos novelas más para completar el "Segundo Cuarteto de Los Ángeles", aunque cronológicamente, éste corresponda a una época anterior al "Primer Cuarteto de L. A.". Ambos, junto con la "Trilogía Americana", constituirán al final (esperemos) un ciclo de once novelas negras con personajes en común que saltan de unas a otras, que abarcarán desde 1941 a 1972 (he de decir, no obstante, que a diferencia de las series anteriores, en este Segundo Cuarteto sí que resulta conveniente haber leído el primer libro antes de acometer el segundo).

Otros libros del mismísimo Perro del Demonio reseñados en ULAD: Perfidia, La Dalia Negra, Mis rincones oscuros

lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica Ojeda, Imogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri Hustvedt, Irene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

jueves, 24 de enero de 2019

James Ellroy: Mis rincones oscuros


Idioma original: inglés
Título original: My Dark Places
Año de publicación: 1996
Traducción: Hernán Sabaté
Valoración: Out of order

Nota previa: No sé si esta reseña puede considerarse llena de spoilers o incluso un puro spoiler toda ella, puesto que no se trata de un libro de ficción, sino de unas memorias, pero, en todo caso, yo aviso.

Sobre la valoración: pongamos que uno de ustedes, de vosotros, es un un chaval de diez años cuyos padres están divorciados. Pasas los días de cole con tu pelirroja mamá, a la que odias y amas, mientras que los fines de semana te vas con tu padre, que viene a ser un simpático haragán. un domingo, al volver a casa te encuentras con que la noche anterior tu madre ha sido asesinada, posiblemente antes violada y su cuerpo arrojado a una acera del barrio. te vas a vivir con tu padre a tiempo completo; acabáis en la miseria. Dedicas tu adolescencia a llamar la atención soltando a diestro y siniestro majaderías nazis y a leer novelas policíacas; te obsesionas con la historia criminal de tu ciudad, con los casos que recuerdan al asesinato de tu madre. Tu padre muere antes de que llegues a la mayoría de edad. Te conviertes en alcohólico y drogadicto, en ratero, en un merodeador nocturno, en un mirón; en un sin techo ocasional. Acabas en la cárcel una y otra vez. Con 28 años, tras pasar por un psiquiátrico, te desintoxicas y empiezas a trabajar de caddy. También a escribir; consigues ser un novelista de éxito. Cuando tienes 47 años vuelves a investigar el asesinato de tu madre junto con un ex-policía: exploráis todas las pistas que permanecen, buscáis a todos los posibles testigos, seguís todas las huellas. Revivís juntos casos no menos pavorosos, con otras mujeres asesinadas. Y luego escribes un libro que es una confesión y una búsqueda, un abrirse en canal y una reconciliación con tu pasado y con tu madre. Además, un espejo en el que se refleja toda la violencia contra las mujeres que anida en esta sociedad, todo el rencor y la codicia sexual y la ferocidad de los hombres contra ellas. Y veintidós años después un panoli que escribe en un blog lee el libro y, anonadado, no sabe como valorarlo.

Nota posterior: abstenerse de leer este libro todo escritor que se haya dedicado o pretenda dedicarse a la llamada autoficción, porque le puede dar un pasmo. Yo aviso.

Otras barbaridades de libros de James Ellroy, reseñadas en Un Libro Al Día: Perfidia, La Dalia Negra

lunes, 3 de septiembre de 2018

J. D. Barker: El Cuarto Mono

Idioma original: inglés
Título original: The Fourth Monkey
Año de publicación: 2017
Traducción: Julio Hermoso
Valoración: se deja leer


¡Anda que no tenía yo ganas de meterme entre pecho y espalda una buena novela de asesinos psicópatas (la última con la que lo intenté, la tuve que abandonar), con su villano chifladísimo pero más listo que un demonio con sobredosis de azúcar y su trama con más giros y recontragiros que la carretera de Sa Colobra! Su poli atormentado de rigor, sus escenas aquero... escabrosas, su sorpresa final... En fin, que, para mí, sin novela de psicópatas no hay verano (que ya sé que lo que hay que hacer es leer a Faulkner y así, pero mirad, hay un momento para cada cosa, lo mismo que no siempre vas a estar comiendo solomillo Wellington con salsa de Pedro Ximénez y patatas soufflé, sino que a veces apetece una hamburguesa con queso y patatas fritas...).

Lo malo, claro, es cuando la hamburguesa no es de la cadena que te gusta, sino de esa otra que ni fu ni fa, por no decir puaggh... Cuando el artífice de dicha hamburguesa o de la novela de psicópatas asesinos (lo de la hamburguesa es una metáfora supercurrada que me había marcado, por si no os habíais dado cuenta) utiliza todos los ingredientes adecuados y sigue el manual de la cadena de fast-food de turno o el de "Cómo escribir su propia novela megaexitosa de psicópatas asesinos" (seguro que existe algo así) y el resultado es, quizá no puaggh pero sí plof... una sosada, una medianía, una decepción... Bueno, decepción a medias, porque tampoco es que uno esperase encontrar aquí un Faulkner, ni un James Ellroy... vamos, ni siquiera un Thomas Harris, por no salir del subgénero de asesinos psicópatas. Pero está claro que a veces no basta con seguir el manual, y por mucho que este Barker meta su asesino más listo que un demonio, su poli atormentado, sus escenas truculentas, sus giros y recontragiros, el resultado se parece más al cubo de cebo de Placton que a una deliciosa burguer Cangreburguer del Crustáceo Crujiente (igual ya se me ha ido un poco de las manos lo de la metáfora, ¿verdad? Sorry...).

Y el caso es que, a priori, la cosa no pintaba mal, con una premisa interesante: el poli atormentado, Sam Porter, detective de homicidios de Chicago, debe averiguar si un tipo que ha muerto atropellado por un autobús es el Cuarto Mono, el asesino psicópata más listo que etc..., que lleva varios años aterrorizando a la ciudad. Y de paso, tratar de salvar a la que podría ser su última víctima. La narración de la investigación en sí -con sus giros y etc...- se alterna con la transcripción de un supuesto diario, aún más delirante, si cabe, dejado por el supuesto asesino y que constituye en sí mismo casi otra novela, una "narración dentro de la narración", digna por momentos de la literatura pulp más rarita... En fin, tiene su gracia, aunque también ralentiza y entorpece el ritmo de la que sería la línea argumental principal. Tampoco es que se pierda mucho, hay que admitir...

Bueno, tal vez estoy siendo demasiado duro con esta novela. Lo cierto es que, aunque no entusiasma ni sorprende, tampoco despierta el sonrojo y mucho menos, ya digo, la vergüenza ajena (cosa que no ocurre con otras, y bien exitosas, del mismo género). Está escrita con corrección y resulta una lectura ligera y previsible, ideal, supongo, para quien no busca otra cosa que amodorrarse con un libro en la playa o en la piscina. O echar una buena siesta en la hamaca de la terraza en los meses de canícula estival... Eso sí, si, pese a la calor, se quiere leer algo con más sustancia, mejor hacerle caso a Tongoy y dedicarse a Faulkner (Luz de agosto sería lo más adecuado, claro); eso que se habrá ganado.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos: 'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos: 'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política: 'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética: 'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año: 'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      jueves, 5 de octubre de 2017

      James Ellroy: La Dalia Negra

      Idioma original: inglés
      Título original: The Black Dahlia
      Año de publicación: 1986
      Traducción: Albert Solé
      Valoración: Muy, muy recomendable


      Me voy a permitir comenzar con una boutade, que quizá no lo sea tanto: ojalá James Ellroy fuera vasco o español o al menos estuviese suficientemente interesado en el tema como para escribir una novela sobre el llamado "conflicto vasco" que nos espeluznara y maravillara por igual. Y, sobre todo, mandase a freír espárragos toda esa palabrería interesada y/o tramposa sobre la "batalla del relato".

      Dicho esto, toca reconocer que tanto maravilla como repeluzno fue lo que consiguió el señor Ellroy hace treinta años con esta La Dalia Negra. Maravilla por lo bien escrita que está, claro; Ellroy consiguió con ésta una novela negra canónica, utilizando con maestría muchos elementos clásicos del género. El resultado, ya digo, es negro, negrísimo, como el culo de un chipirón... Pero espeluznante, además, porque a la tremenda escabrosidad de la historia que cuenta se le une el saber que está basada en un famosísimo caso real: el 15 de enero de 1947 apareció en un solar de Los Ángeles el cuerpo salvajemente torturado y despedazado de Elizabeth Short, una aspirante a actriz que la prensa bautizó como "La dalia negra". Pese a las muchas teorías y hasta curiosas atribuciones de culpabilidad, el caso sigue oficialmente sin estar resuelto y Ellroy lo aprovechó para construir a partir de él una de sus novelas sobre la culpa y el destino humanos, y sobre la culpa y el destino de su ciudad, (la irónicamente llamada) Los Ángeles. Quien se ocupa de la investigación en ella es Bucky Bleichert, un boxeador que entró en la policía huyendo de ser alistado para la guerra y que forma, junto a su compañero , el también ex-púgil Lee Blanchard y la pareja de éste, la fascinante Kay Lake, un triángulo sentimental que luego convierte en doble triángulo, trapecio o qué sé yo, que soy de letras...

      Más allá de la trama detectivesca, sin embargo, La Dalia Negra es, sobre todo, la historia de una obsesión, personalizada en Bucky, pero a la que en su momento sucumbió toda la sociedad californiana y hasta estadounidense. También de la obsesión de James Ellroy, debido a su truculenta historia personal (quién no la conozca la puede leer en el apéndice de la edición de este mismo año de la novela o en otro libro, de título asaz significativo: Mis rincones oscuros). En su caso, pues, está claro que tiene la justificación suficiente e incluso la autoridad moral como para escribir sobre éste o cualquier otro crimen real que le dé la gana... La pregunta que me hago yo, supongo que por mi educación judeo-cristiana, es si como lector tengo derecho a disfrutar tanto de un libro que, después de todo, no habría sido posible sin el sufrimiento extremo de una persona, por más que ocurriese hace 70 años. Y como lector, la respuesta también no puede ser otra que sí: desde el momento en que un escritor se ha apropiado de la historia para elaborar una obra literaria, ésta pasa a ser dominio de la ficción y sólo a los dioses de la misma y a su escurridiza moralidad debemos rendir cuentas. 

      En todo caso, si acabamos pagándolo en el Infierno, quizás sea con el señor Ellroy o, al menos, con sus libros (casi mejor).


      Otros títulos de James Ellroy reseñados en Um Libro Al Día: Perfidia