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domingo, 11 de octubre de 2026

3*1 en "no ficción": El arte de viajar sin moverse del sitio de Hilario J. Rodríguez, Regreso a Viena. Diario de 1946 de Hilda Spiel y La frase infinita de Aldo Gargani

Idioma original: Español
Año de publicación: 2026
Valoración: Bastante recomendable

Hace unos días comentaba con mi pareja que esto de viajar se nos está yendo de la manos, que todo parece una competición por ver quién ha visitado más países, quién ha ido a un destino más "exótico", quién tiene más likes en sus redes, etc. Todo para terminar comprando en las mismas franquicias de mierda, comiendo en las mimas cadenas de comida rápida, etc. ¿Dónde quedó, entonces, eso de viajar para perdernos, para iluminarnos o perfeccionarnos, para cuestionar certezas o experimentar con las dudas? Algo de eso se habla en este El arte de viajar sin moverse del sitio, breve y sorprendente ensayo de Hilario J. Rodríguez en el que el autor huye de lo "académico" para, como las guías Petit Planete, ofrecer un ensayo abierto, poroso y flexible, con intersecciones a veces descabelladas y notas al pie (¿o acaso debería decir desvíos o senderos que se bifurcan?) que podrían ser otros textos, otros libros, otros viajes.

Y así el autor habla del viaje y de viajar, pero como un ir más allá en el que caben muchos viajes diferentes: viajes imaginarios, viajes forzosos (emigración), viajes "inútiles" (¡que viva siempre hacer cosas "inútiles"!), viajes vegetales. 

Podría decir también que el viaje que propone Hilario J. Rodríguez es un "circuito cultural" con parada y fonda en la literatura (Borges, Piglia, Sebald, Schalansky, Herzog...), el cine (Herzog, Kurosawa...), la arquitectura (Speer y compañía), etc. Al fin y al cabo, el viaje y el arte en sus diferentes formas no son otra cosa que mirar, especular e interpretar símbolos.

Pero lo que sí tengo seguro es que El arte de viajar sin moverse del sitio es un elogio de la imaginación y de la cultura como motores de la vida, un recorrido construido a partir de referencias y asociaciones que, lejos de resultar un ejercicio de pedantería, se insertan a la perfección en esa ampliación del conocimiento que debería suponer cualquier buen viaje.

También de Hilario J. Rodríguez en ULAD: Construyendo Babel

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Título original: Rückkehr nach Wien. Tagebuch 1946 
Idioma original: Alemán
Año de publicación: 2026
Traducción: Pilar Mantilla
Valoración: Bastante recomendable

Pasamos de viajar sin moverse del sitio a viajar para volver al lugar en el que uno nació y que hubo de abandonar por razones políticas. El retorno y lo que eso supone para el retornado (todo lo que Nolan podría haber explorado en su versión de La Odisea y no quiso / supo / pudo hacer) son la base del diario de Hilde Spiel, periodista austríaca exiliada en Londres y que regresa en 1946 a la Viena ocupada por los vencedores.

Por lo tanto, el viaje como regreso a los lugares y personas de la infancia, adolescencia y juventud, pero también a los cambios operados en ambos y en la persona que retorna por los años de nazismo y guerra. Estos dos elementos son inseparables de la mirada con la que Spiel contempla la ciudad y hacen que el texto transite de lo íntimo a lo político, de los "pequeños seres" a los "grandes nombres".

Esa transversalidad es uno de los puntos fuertes del texto. Otros serían la indagación de Spiel sobre la identidad del retornado o el cuestionamiento de los procesos políticos en esos primeros momentos de transición. 

Ochenta años han pasado del retorno de Spiel a Viena y un poco más del final de la Segunda Guerra Mundial. Leamos a Spiel (pero también a Primo Levi o a tantos otros), leamos estos testimonios del horror y el terror. Nunca es tarde, de verdad.

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Título original: L'arte de esistere contro i fatti 
Idioma original: Italiano
Año de publicación: 1990
Traducción: Pilar González Rodríguez
Valoración: Recomendable para interesados

De la mano de Spiel y de la Austria de posguerra llegamos a Bernhard, a Bachmann y a este ensayo publicado por Ediciones del Subsuelo. Bernhard y Bachmann son dos de los escritores austríacos más importantes de la segunda mitad del siglo XX (aquel nació en 1931 y esta en 1926). Además, Bernhard y Spiel se escribían y para muestra una carta de 1971 en la que aquel habla de Wittgenstein. ¿Qué, no os parece suficiente? 

Sea como fuere, el caso es que La frase infinita sí que es un ensayo "académico". Al fin y al cabo su autor fue profesor de Estética e Historia de la Filosofía en la Universidad de Pisa. Y así como El arte de viajar sin moverse del sitio tomaba desvíos y caminos aparentemente alejados del centro del texto, el de Gargani se expande, digamos, en vertical y hacia abajo, como un taladro que penetrara en la escritura de Bernhard y Bachmann.

Es, por tanto, un texto denso y complejo en el que las referencias ineludibles son Wittgenstein y Musil, en el que ética y estética se conjugan para elevar la utopía del lenguaje sobre un mundo en ruinas, en el que muestra cómo, partiendo de actitudes y premisas diferentes, ambos autores comparten la idea de la imposibilidad de comunicar, del pensamiento narrado como ejercicio crítico. 

De lo anterior podéis deducir que La frase infinita es un texto "árido" que, además, cae en ciertas reiteraciones. Eso sí, quien se interese en (y guste de) la literatura de dos gigantes como Thomas Bernhard y/o Ingeborg Bachmann lo encontrará recomendable, claro que sí.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Daša Drndić: EEG

Idioma original: Croata
Título original: EEG
Año de publicación: 2016
Traducción: Juan Cristóbal Díaz
Valoración: Muy recomendable (con matices)

Aclaremos la valoración. Personalmente, creo que EGG es un texto magnífico, pero soy plenamente consciente que un lector menos flipado con exyugoslavos raros (Cortázar diría, de forma desafortunada, un lector-hembra) calificará esa valoración como exagerada.

Porque este es un texto exigente y extraño, tan alejado de la novela "decimonónica" como cercano a corrientes, técnicas y autores ligados a la modernidad formal y estilística (si la buena de Drndić leyera esta frase, lo mismo volvía a morirse del susto). O en palabras del propio Andreas Ban, quien tiene mucho de la propia Drndic, este no es libro para quienes buscan una forma "sólida" de formas "regulares" y contornos "armoniosos", conformada por una cascada de palabras "hilvanadas", cuyos personajes se dibujan "matizados", (...), todo ello además en un estilo "pulido",...

O dicho en palabras de este reseñista, EEG es una ¿novela? documental y fragmentaria (¿acaso existe la totalidad?), el larguísimo y solo aparentemente deslavazado monólogo interior de Andreas Ban, "cioraniano" suicida fallido, psicólogo jubilado y extranjero en su propia tierra. En ese monólogo que nos trae a la cabeza a Bernhard, y también al Thomas F. de Askildsen, Ban tratará de ordenar las migajas de la Historia y nos llevará a diferentes épocas y lugares, a historias reales y ficticias que se entretejen y se extienden como redes capilares (porque la Historia nos asalta a cada paso) y que son protagonizadas, mayoritariamente, por los olvidados por la Historia.

Todo ello, ya digo, utilizando elementos de la modernidad: inserción de multitud de citas y referencias (editores del mundo, leed a Drndić para posibles futuras publicaciones), de fotografías, de listas de represaliados (y esto es de justicia. ¿Por qué, en muchas ocasiones, conocemos el nombre de los asesinos y no el de los asesinados), de reproducciones de interrogatorios, etc. Lo anterior liga a Drndić con Modiano o con Bolaño, pero especialmente con Sebald, por la relación de esas herramientas con la construcción de la memoria y la identidad individual y colectiva. Eso sí, lo que en Sebald es niebla y melancolía (o cierta forma de melancolía) en Drndić es oscuridad, rabia y mala hostia.

En cuanto a posibles "defectos" del texto, alguien podría decir que no es necesaria tanta lista, tanto dato. Es posible, pero me parece una forma legítima y acertada de mostrar el horror. La frialdad de una lista o de unos datos puede resultar tanto o más escalofriante que una explicación detallada de los horrores del campo de concentración. 

También alguien podría decir que algunas de las historias o personajes que encontramos en EEG aportan bien poco a la ¿novela?. Pero ya decía por ahí que esta es una novela fragmentaria en la que las asociaciones, a veces, son tenues. Y es muy probable que estas se nos puedan, en ocasiones, escapar.

Resumiendo: EEG me parece un libro impactante por su forma de mostrar el horror del siglo XX, un texto que lleva en su interior una fría y extraña poética y que supone un llamado a no olvidar. Aunque eso de recordar para no cometer los mismos errores suene a deseo imposible. Ya nos hemos empeñado en demostrarlo.

También de Daša Drndić  en ULAD: Leica Format

domingo, 22 de febrero de 2026

Thomas Bernhard: Trastorno

Idioma original: alemán

Título original: Verstörung

Traducción: Miguel Sáenz

Año de publicación: 1967

Valoración: Recomendable


Dentro de la obra narrativa de Thomas Bernhard Trastorno (1967) va en segunda posición, es decir, es su segunda novela, publicada ocho años antes de Corrección (1975), la única que conozco aparte de esta. Entre ambas publicó La calera (1970). No son datos que llamen la atención o que puedan interesar mucho al lector, ni es mi costumbre largar este muestrario de títulos y fechas, pero hay algo disonante en esta secuencia, ya verán.

Y es que Trastorno, aunque tiene una cierta unidad argumental, desde el punto vista estilístico muestra una ruptura fuera de lo común a la que no encuentro demasiada lógica. De forma que en el aspecto formal tenemos algo así como dos novelas independientes:

1. Personajes de la Austria profunda

Con un formato perfectamente convencional, Bernhard cuenta el periplo de un médico rural que, acompañado de su hijo, visita a diversos pacientes en la región austriaca de Estiria, repleta de bosques, montañas y valles profundos. El judío Bloch, la señora Ebenhöh, el industrial que vive con su hermanastra aislado del mundo, el hijo contrahecho de los guardeses del castillo, los Fochler con su molino incrustado en un barranco y con gran número de pájaros exóticos en una jaula. Es una ‘población básicamente enferma, propensa a la violencia y el desvarío, […] gentes del campo que degeneran en la brutalidad, […] un paisaje de profundos valles sin sol, pequeñas ciudades y abúlicos pueblos y mercados’. No es de extrañar que Bernhard no despertase precisamente la simpatía de buen número de compatriotas con semejantes opiniones.

Por momentos recuerda retratos inclementes de mundos rurales de otras tierras, pero aquí no se trata de personajes primitivos como los de las aldeas gallegas de Valle Inclán, o brumosos, intemporales y casi metafísicos como los de la Región de Juan Benet. No arrastran, que sepamos, traumas antiguos o extrañas taras, son individuos simplemente sometidos por ese entorno hostil y embrutecedor que los trastorna y deshumaniza generación tras generación, a la vez que les ata para siempre a esa tierra, naturaleza pura, maravillosa y aterradora al mismo tiempo.

La narración es poderosa, fluida, y diríamos perfectamente homologable, como si un artista abstracto decidiese demostrar que también sabe hacer pintura figurativa, y lo hace espléndidamente. Pero Bernhard, de repente, toma otro rumbo.

2. Saurau

El último paciente de la ronda es el príncipe Saurau, que habita con sus hermanas e hijas en el castillo que se yergue en lo alto del barranco. Necesita de un nuevo administrador para sus tierras, y Bernhard, que le concede la voz única en prácticamente todo lo que resta del libro, dedica once páginas a describir cómo un hombre se postulaba al puesto y fue finalmente rechazado, una simple entrevista de trabajo. La desproporción sugiere cierto desequilibrio en el protagonista-narrador, y promete por tanto sensaciones intensas. Saurau puede además resultar un personaje fascinante, solitario y sumido en inquietudes intelectuales, que lanza su disertación de forma fragmentada y en todas direcciones, la naturaleza del hombre, la posible traición de su hijo, la interacción con la naturaleza, el espíritu del castillo o la enfermedad moral de los pueblerinos, sus empleados, o de Austria entera. 

Ese torrente incontenible, el interminable monólogo del príncipe, hace inmediatamente pensar en el Roithamer de Corrección, y por eso esta segunda parte del libro es como un puente hacia la posterior novela de Bernhard. Se diría que el autor ha descubierto repentinamente otra forma de contar las cosas, abandona el convencionalismo anterior y se lanza sin freno por el nuevo camino. De ahí que surja la duda sobre esa novela intermedia que de momento no conozco.

Pero lo cierto es que al larguísimo speech no le veo la profundidad y la coherencia que, dentro de formato tan complejo, mostraba en Corrección. La perorata del príncipe es una sucesión de comentarios muy breves y con escasas conexiones, que bien podría ser simplemente el discurso de un demente, con poco que aportar al resto de la narración. Lo cual demuestra que el descubrimiento de una herramienta narrativa, por valiosa que pueda ser, no garantiza por sí misma un resultado brillante, algo que solo se consigue cuando se carga con el material y en la forma adecuados. Con todo, el libro no deja de ser estimable, con ese punto extraño que resulta atrayente siempre que estemos prevenidos: la lectura de Bernhard es estimulante, pero (afortunadamente) nunca sale gratis.


Otras obras de Thomas Bernhard reseñadas en ULAD: aquí

jueves, 6 de febrero de 2025

Reseña + Entrevista: The Machine Stories, de Jared Roberts

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Jared Roberts es uno de mis escritores de creepypastas favoritos. Su prosa no es la más cuidada, ni sus personajes los más complejos. Pero su obra, publicada originalmente en su mayoría en el foro nosleep de Reddit, es creativa y personal (pues mezcla elementos weird con terror y ciencia ficción), además de desconcertante y desasosegante de un modo único e inimitable. Ah, y tiene algunos planteamientos, ideas y giros extremadamente alocados. 

Así que, cuando supe que Roberts había publicado The Machine Stories, la compré sin pensarlo un segundo. Quería apoyar a tan talentoso autor, e incluso estaba dispuesto a hacerlo a pesar de que su antología la imprimiera y distribuyera Amazon, adoleciera de una cubierta horrenda hecha con IA y compilara algunos relatos que yo ya conocía, pues los había escuchado locutados en YouTube.

¡Y cuánto me alegro de haber adquirido The Machine Stories! Al fin y al cabo, es un festín para los incondicionales de Roberts; también es una toma de contacto inmejorable para todo aquel que quiera adentrarse en su universo surreal y enigmático, o una buena adquisición para los amantes de la literatura extraña que no le teman a la complejidad y la ambigüedad. 

Los doce textos compilados en The Machine Stories tienen una calidad bastante homogénea. El único que no me ha gustado, pues me ha parecido muy pobre en su simpleza y linealidad, ha sido "More Channels". "Push the Blue Botton", por su parte, tiene un planteamiento interesante, pero no lo desarrolla de forma convincente y recuerda vagamente a una parte de La ciudad de Mario Levrero mucho más lograda. "The Arkansas Sleep Experiments", la interpretación de Roberts de uno de los subgéneros fundacionales de los creepypastas, resulta efectivo, pero se queda corto en impronta autoral e intensidad argumental cuando lo comparamos con otras obras del escritor.

De los demás textos, insisto en que todos ellos muy dignos, destacaría si acaso, por su absoluta genialidad, la novela corta "The Hidden Webpage", por su protagonista, "The Trees Are Not What They Seem" y, por su atractivo formato (se concibió para ser narrado en un podcast) y sus giros, "Sunburn".

Los textos de The Machine Stories parten de la misma premisa: personas corrientes con vidas anodinas se ven súbitamente envueltas en una serie de eventos bizarros. En ellos hay también una serie de elementos recurrentes: memorias de las que no te puedes fiar o directamente alteradas, angustia existencial y universos paralelos. Además, todos desdibujan la realidad con tanto éxito (o quizá es que la percepción de los protagonistas es errónea) que, al terminarlos, resulta imposible saber qué ha sucedido realmente. 

Teniendo este contenido y estética unificadores en cuenta, uno podría pensar que, leídos de corrido, los textos de The Machine Stories se antojarían reiterativos. Sin embargo, la inagotable inventiva de su autor convierte a cada uno de ellos en una experiencia distinta.

Dejad que os hable un poco de mis favoritos: 

"The Hidden Webpage" inaugura el volumen. Es, sin duda, un clásico de los creepypastas. Uno extremadamente original, capaz de apilar detalles extraños (aparentemente interconectados pero cuya lógica interna somos incapaces de establecer) con suma facilidad, erigir una atmósfera muy lograda e incrementar la tensión paulatinamente. Uno que se apropia de una imagen tan ridícula como lo son dos hombres disfrazados de abeja y hace que ésta te provoque un escalofrío. 

"The Trees Are Not What They Seem" es creativo, intenso y atmosférico. Ciertamente, resulta menos original que "The Hidden Webpage", y su manera de amontonar detalles extraños sin dar tregua al lector o a los personajes no fluye tan orgánicamente como en esa genialidad inspirada. Aun así, me parece un relato muy recomendable, y tiene la particularidad de que su protagonista es más proactivo y tiene una personalidad más marcada de lo habitual en la obra de Roberts.

"Sunburn" cierra la antología. Y lo hace por todo lo alto, con una historia redactada a modo de guion que sabe llevar su premisa hasta límites insospechados. Roberts en estado puro, señores.

Ahora permitid que liste algunos pasajes del libro:

«If you've been on the internet long enough you learn that. There's evil out there. Not the child porn or torture videos. Something deeper. Something hidden in all the code and connections.» ("The Hidden Webpage", página 10)

«When something dies, (...) there’s just this emptiness there. I think sometimes that emptiness can get filled with something else. Maybe that might look to us like a ghost. It’s nothing we should have anything to do with.» ("An Old-Fashioned Ghost Story?", página 128)

«(...) natural selection has nothing to do with with truth and everything to do with survival. It’s as reasonable to think we survive by being constantly deceived as to belive we survive by knowing reality as it is. Maybe we were naturally selected to detect the world all wrong.» ("We Built a Machine that Told Us Everything We Wanted", página 137)

Poco más que añadir. The Machine Stories no gustará a todo el mundo. Al fin y al cabo, los textos que compila son, al igual que la mayoría de Roberts, sumamente desconcertantes (incluso diría que herméticos), y suelen cerrarse con finales abiertos que pueden frustrar a cierto tipo de lectores. 

Aun así, esta antología autopublicada hará las delicias a los amantes de la literatura de lo extraño. Porque Roberts es uno de sus mejores cultivadores, y no sabéis lo afortunados que somos de que mucha de su obra se pueda leer o escuchar en internet de manera totalmente gratuita. Ojalá saque otro libro pronto para poder seguir apoyando su carrera; evidentemente, lo compraré sin pensarlo dos veces, aunque me gustaría que en esta ocasión el autor cuidara la edición (¡si hace falta hago yo la ilustración de cubierta!), no se decantara tanto por los elementos de ciencia ficción e incluyera más textos inéditos.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Roberts ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¡Hola, Jared! ¿Cómo estás? Soy un gran admirador de tu obra y me hace mucha ilusión poder entrevistarte. En primer lugar querría preguntarte cómo te definirías en tanto que autor. ¿A qué género te adscribes y a qué público quieres llegar?

J.R.: Definir mi obra me provoca ansiedad, pues al hacerlo corro el riesgo de gafarla. Como cuando notas que las cosas están yendo bien y luego dejan de hacerlo. O cuando descubres que eres un escritor de terror e inmediatamente no puedes escribir nada que dé miedo. Así que intento no darle muchas vueltas. 

Escribo situaciones que nacen de sentimientos, fantasías y percepeciones de experiencias propias. Quiero captar sentimientos para que podamos hablar sobre ellos. Creo que a todos nos interesa la vida interior, especialmente la oscura. Supongo que el éxito de A24 prueba que mi público no es tan de nicho como en un inicio llegué a pensar. La gente busca complejidad, honestidad y sombras.

ULAD: ¿Qué obras te inspiran? 

J.R.: Miro muchas películas. Sobre todo de terror. Y dramas lentos y sombríos, como Paterson y Manchester by the Sea. También me gusta la TV. Twin Peaks. Y esa serie de los 90 llamada Millennium.

En cuanto a literatura. Thomas Bernhard supuso una revelación la primera vez que lo leí. También me gusta mucho John Updike. Y esa novela extraña titulada A Voyage to Arcturus es una gran influencia.

El misticismo católico también me inspira. Estuve a punto de convertirme en un monje benedictino. Cuando tenía 18, leí a Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Juan de la Cruz, Pseudo-Dionysus, Augustine, Evagrius Ponticus, Ángela de Foligno, etc... Ahora soy ateo, pero católico al mismo tiempo.

ULAD: ¿Cuál es tu trayectoria como escritor?

J.R.: No tengo mucho bagaje como escritor. Estudié filosofía. Dirijo una PMO (Oficina de Gestión de Proyectos). Escribo porque lo necesito, porque es una pasión, un propósito.

ULAD: ¿Qué ha supuesto autopublicar The Machine Stories, tu primer libro? ¿Tienes algún otro proyecto en mente, literario o de otra índole?

J.R.: No me ha gustado publicar The Machine Stories. Supuso una capitulación, porque nunca quise autopublicar. Sin embargo, suspendieron mi cuenta de Reddit por un tiempo (ya la he recuperado) y pensé que debía preservar de alguna manera las historias que subí ahí por si acaso. 

Estoy trabjando en múltiples proyectos. Es uno de mis defectos. Estoy enfangado con tres guiones. Uno de ellos, sobre "The Hidden Webpage". Un talent manager de Hollywood me lo pidió hace ocho años, pero la cagué. Por entonces no estaba preparado. También estoy escribiendo una novela, que ya tengo a medias. Y otra antología. ¡Eres el primero en saberlo, sin contar a mi mujer! Asimismo, querría montar un podcast con las últimas historias que he escrito. Y tengo listo un ensayo monstruoso basado la historia y cultura de una de mis pasiones, los estudios de internet.

ULAD: He visto que, entre tus referentes, citas a Robert Aickman, John Carpenter y David Lynch. ¿Puede que, en tu literatura, también haya algo de Philip K. Dick, y de escritores de terror contemporáneo (ya sea de otros cultivadores de nosleep y creepypastas o de autores como Thomas Ligotti o Michael Wehunt)?

J.R.: Realmente sólo he leído una novela de Philip K. Dick, Valis. Fue hace años, y me gustó mucho. En esa novela, Dick retrata eventos e ideas cósmicos al hacer que afecten la vida de un tipo corriente. Eso me impresionó sobremanera, aunque no lo consideraría una influencia. Pero corrígeme si me equivoco, ¡no dejes que me autoengañe! 

Sobre los otros autores. No he leído a Thomas Ligotti, y no conocía a Michael Wehunt. ¿Te suena el concepto alemán del zeitgeist? Quizá nuestras similitudes se deban a ello. Distintas personas llegarán a los mismos sentimientos e ideas, y acabarán reflejándolos en obras similares, pues la época y el contexto geográfico lo propician.

ULAD: Tus ficciones dejan entrever una visión del mundo y del hombre muy específicas. Hablan de universos incognoscibles y hostiles, llenos de eventos y conexiones que tus protagonistas apenas pueden asimilar o comprender, en los que gobiernan fuerzas aterradoramente poderosas. ¿Esta aproximación existencial es meramente literaria o, al igual que la de H. P. Lovecraft se nutría del materialismo y miedo a lo desconocido del autor, la tuya tiene raíces en creencias personales?

J.R.: Bueno, en la mayoría de mis historias abordo la memoria. A grandes rasgos, la memoria construye nuestro mundo. Si recuerdas a tus padres como abusivos, incluso si no lo eran, esto tendrá consecuencias en tu vida. Yo mismo he tenido memorias de cosas raras que otra gente niega que hayan sucedido. No sé. Todo esto se coló en mis historias. Algunas están más interesadas en plasmar la extrañeza y la liminalidad. Nada de lo que he escrito es puramente litetario.

ULAD: Ya que he mencionado a Lovecraft, me gustaría saber si te sientes influenciado por él de algún modo. Superficialmente, creo que vuestra obra no tiene nada que ver la una con la otra. Sin embargo, al menos en mi opinión, compartís temas y recursos narrativos. Uno de dichos temas sería la representación de un universo hostil hacia el ser humano repleto de fuerzas que escapan a nuestra comprensión. Y un recurso narrativo, el usar protagonistas con poca personalidad y proactividad para acentuar su universalidad e indefensión.

J.R.: Hmm, bueno, ciertamente disfruto sus historias. Me gusta bastante, por ejemplo, Dreams in the Witch House, donde los ángulos de la habitación no tienen sentido matemáticamente. ¿Qué es más inherente al orden del universo que las matemáticas? El protagonista atraviesa un mal ángulo o algo así, y luego se concatenan una serie de imágenes delirantes que te obligan a forcejear para darles sentido. Así que supongo que Lovecraft me influye en cierto modo. 

Me gusta cómo rompe las reglas. No le importa la narrativa convencional. Exploraba, ante todo, sus sentimientos. Antes de él, la gente ya sentía el horror cósmico. Más inmigrantes de lo habitual llegaban a ciudades históricamente insulares. Einstein nos descubría cosas nuevas sobre el universo. El universo devino enorme y complicado y abrumador. Las historias de Lovecraft transmutan los sentimientos de su mundo provinciano y de sus intereses siendo opacados por la inmensidad del universo. 

A pesar de que mucha gente a día de hoy la disfruta superficialmente, su obra nos permitió crear un vocabulario para un sentimiento concreto, el del horror cósmico. Y estoy seguro de que muchos de sus lectores identificarán sus propios sentimientos gracias a su obra. Esto es lo que pretendo lograr yo. Querría enriquecer el entendimiento de nuestra vida interior al imbuirlo en mis historias.

Y es cierto que mis protagonistas son poco proactivos (exceptuando el de "The Trees Are Not What They Seem", que tiene mucha personalidad). Quizá esto es algo en lo que emulo a Lovecraft. 

ULAD: He notado que muchas de tus historias están contextualizadas por una mitología propia y comparten elementos, aunque de una manera tan críptica que al lector le cuesta hacerse una visión panorámica nítida. ¿Tienes muy trabajado ese universo englobador, o te limitas a interconectar superficialmente tus ficciones?

J.R.: En la mayoría de casos, establezco esas conexiones según me parece. A veces tengo una noción más clara de cómo conectan las cosas, como en "The Trees Are Not What They Seem". Pero, al contrario que J. R. R. Tolkien, no dibujo mapas ni establezco genealogías antes de empezar a escribir. ¡Eso me volvería loco!

ULAD: Se puede extraer una lectura simbólica a tus textos. A "The Hidden Webpage", por ejemplo, el cómo internet puede absorver nuestra vida por completo; a "Remember that David Lynch movie, Dune? About that", "How to Lose Friends and Terrify People" o "Three Visits to a Hidden Tribe", el cómo familiares o amigos devienen irreconocibles. ¿Sueles tener en cuenta un núcleo temático alrededor del cual desarrollar tus historias?

J.R.: Yo forcejeo más bien con impresiones y sentimientos, que supongo que son similares a un tema. Pero señalar ese tema, o mejor dicho, buscar la palabra que lo defina, es trabajo de los críticos literarios. A ellos se les da bien. 

Mis temas provienen de la sección de mi paisaje interior que en ese momento quiera explorar. Me gusta pensar que otras personas tienen pensamientos y sentimientos similares a los míos, porque si no, todo es en vano. Todos tenemos pensamos y sentimos cosas que no sabemos cómo definir o expresar. 

O sea, ¿sabes lo que es el ASMR? Yo sentí eso toda mi vida, pero hasta que se popularizó en YouTube no fui capaz de ponerle un nombre. Durante dos décadas estuve intentando transmitir a otros ese cosquilleo placentero sin éxito alguno.

ULAD: Me ha parecido que tu antología The Machine Stories, aunque adscrita como la mayoría de tu obra dentro del género de terror, se decanta bastante hacia la ciencia ficción. En ella no hay solamente otras dimensiones y entidades cósmicas, sino que también tecnología futuristas y experimentos imposibles. ¿Fue el toque de ciencia ficción un criterio a la hora de seleccionar varios de los relatos que la compondrían? ¿Cómo decidiste qué historias la conformarían y en qué orden las situarías?

J.R.: No me gusta recurrir a lo sobrenatural en mis historias, quizá porque no creo en ello. Pero sí que creo que el mundo natural es inmensamente más complejo de lo que suponemos, y que el poder de la tecnología será cada vez más aterrador. Así que la tecnología misteriosa sustituye a demonios y fantasmas para mí. The Machine Stories agrupa historias con máquinas que distorsionan la realidad, nunca para bien. A veces de forma maliciosa, y otras no tanto, aunque siempre como las entidades amorales del Gran Colisionador de Hadrones de Lovecraft.

ULAD: Hay personas a las que tu literatura no les atrae. La consideran demasiado hermética. Tampoco les gusta que les obligue a estar atentos a múltiples pistas y detalles, ni que tenga finales abiertos y ambiguos. ¿Por qué decidiste abanderar este tipo de ficción? ¿Cómo la reivindicarías ante gente reticente?

J.R.: ¡Hermética! Me encanta esta palabra. 

A ver, ninguna obra de arte gustará a todo el mundo. Scorsese odia el cine de Marvel. A mí me encanta Deadpool y en cambio jamás miraré The Irishman. Mi película favorita del año pasado fue Hundreds of Beavers, pero poca gente se tragará  una comedia de dos horas grabada como una película muda.

Por mucho que disfruto las historias bien atadas y con un desenlace definido, no me siento cómodo escribiéndolas, porque al hacerlo siento como si estuviera jugando con figuras de acción. Movamos este juguete de plástico aquí y este otro allá y hagamos que peleen y fin. Cuando yo escribo historias misteriosas y ambiguas, me siento confiado en lo que hago. Estoy hablando de la realidad en toda su escurridiza gloria. No de plástico. Aunque entiendo que, a veces, demasiada vaguedad puede ser frustrante y pretenciosa. Yo mismo fui incapaz de terminar Skinamarink.


También de Jared Roberts en ULAD: Aquí

lunes, 16 de diciembre de 2024

ULAD 2024 - Olvidad cualquier otra lista

Para qué más preámbulos: la lista de los listos. La que todo autor anhela por integrar. La que todo el mundo editorial espera para consultar. La única virtud que nos falta es la modestia.


Alain:

Resumen del año: Mi primer año como miembro de ULAD. Formar parte de un grupo de apasionados por la literatura ha sido estimulante. Además, tuve la oportunidad de platicar con escritores a los que admiro. Así que ha sido un año muy bueno para mí. Aquí mis favoritos del año:

Novela: Salto mortal, de Kenzaburo Oé. Los años de espera, de Fumiko Enchi.
Novela corta: Ella en la otra orilla, de Mitsuyo Kakuta.
Cuentos: Lealtad al fantasma, de Enrique Serna. La sangre de medusa (y otros cuentos marginales), de José Emilio Pacheco.
Comic: Takemitsuzamurai, de Issei Eifuku y Taiyō Matsumoto.
Crónica: Una novela criminal, de Jorge Volpi.
Poesía: Kokinwakashu. Sobre la luz, de Oscar de Pablo.
Relectura: Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia.
Descubrimientos: Los niños 6 y Cómo provocar un incendio y por qué, de Jesse Ball.

Oriol:

Resumen del año: No ha leído ningún libro imprescindible. Aun así, he descubierto muchas novelas, antologías y cómics notables. ¡Ah, y mi primer título, El amor edípico contra la lujuria sadomasona, ha sido publicado por Colectivo Juan de Madre Presenta, ilustrado por Rios Über Alles y reseñado con mucho tino por, entre otros, Santi Pérez Isasi y David Calpa! ¡Ah, y a través del compañero Alain Ríos he podido preguntar un par de cosillas al gran Shintaro Kago!

Novelas destacables: Un jardín de placeres terrenales, de Joyce Carol Oates, Valentino, de Natalia Ginzburg, El reloj de sol, de Shirley Jackson, y Job. Historia de un hombre sencillo, de Joseph Roth.
Novelas que parecen escritas específicamente para mí: My husband has taken our roleplaying too far, de Christian Wallis, El regreso, de Walter de la Mare, y El dios de piedra, de Leonard Cline. Quizá incluiría también La declaración de Stella Maberly, de F. Anstey, y Los veinte días de Turín, de Giorgio de Maria.
Clásicos decimonónicos castizos desempolvados: Las cañadas indómitas, de Raimon Casellas, El subterráneo habitado, de Manuel Benito Aguirre, Narraciones inverosímiles. Selección, de Pedro Antonio de Alarcón, y Criadero de curas, de Alejandro Sawa.
Mejor antología de relatos:  Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero. 
Relatos destacados: Varios de T.errores. En el bosque ya estás muerto, de VV.AA., de L'amant del diable, de Elizabeth Bowen, de Parásitos perfectos, de Luis Carlos Barragán Castro, y de Negro tal vez, de Attila Veres. 
Mejores novelas gráficas: Fraction y El palacio infinito de Shintaro Kago. También es bastante buena La voz de las bestias, el ansia de los hombres, de Thomas Gilbert.
Mejor libro de no ficción: El camino pagano, de Edgar-Max.
Empacho de: Narrativa (tanto novela como relato).

Juan:

Resumen del año: En general, un año bastante anodino; ni bien ni mal, ni frío ni calor, ni carne ni pescado... Aún así, alguna que otra lectura destacable sí que ha habido:

Polar y novela del año (previsiblemente, aunque aún quedan unos cuantos días para que éste termine): Historias de la noche de Laurent Mauvignier 
Novela de miedito (o no): Una cabeza llena de fantasmas de Paul Tremblay 
Novela/reportaje gráfico: sin duda, El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrasa.
Biografía (más o menos) también bastante gráfica: Las 100 primeras películas de Nicolás Cage de Paco Alcázar y Torïo García.
Ensayo: The King, de autoría variada y, en curso de lectura, Danza macabra, justamente de The King...

Poesía: Llibre de meravelles de Vicent Andrés Estellés (cierto que no he leído ningún otro, pero lo merece igualmente).

Decepción: Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query. Esta es la chafada más gorda, pero también ha sido un poquito decepcionante Lo que más me gusta son los monstruos - Libro Dos de Emil Ferris. Y aún tengo el culo torcío con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda...

NO decepción del año: Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enriquez.

Sorpresa (se entiende que agradable) del año: Los secretos de Heap House de Edward Carey,

Bizarrada del año (y por muchos más, sospecho): El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil.


Carlos:


Resumen del año: esto es una novedad introducida por sorpresa, así que me ha dejado un poco descolocado. Aun así diré que el año ha sido regular, con más decepciones de las habituales, y un nivel medio en el que apenas sobresalen un puñadico de cosas, algunas como estas:


Novela: en castellano Extraña forma de vida, de Enrique Vila-Matas; en otros idiomas, El otro nombre (Septología I), de Jon Fosse

Novela corta: Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño, y Noches blancas, de Fiódor Dostoyevski

Ensayos y similares:

    - Humanidades: Los hombres no son islas, de Nuccio Ordine

    - Música: Aquellos años accidentales, de Laura Piñero

    - Arte: El eco pintado, de Óscar Martínez

Historia: Ocho días de mayo, de Volker Ullrich

Libros de viajes: Campos de Níjar, de Juan Goytisolo

Biografía novelada: Lawrence de Arabia. La corona de arena, de Jose María Álvarez

Relectura: Artificios, de Jorge Luis Borges

Humor: El puente de los perros suicidas, de Abel Amutxategi

Clásico: La guerra carlista, de Ramón del Valle-Inclán (reseña en unas semanas)

Rarezas y descubrimientos: Madame Edwarda, de Georges Bataille, y Nebiros, de Juan Eduardo Cirlot


Koldo:

Resumen del año: Lo de siempre, pero un año más viejo

Tres libros de relatos:  Ahí fuera de Kate Folk, Alcaravea de Irene Reyes-Noguerol y Cuentos completos de Juan Carlos Onetti. 
Tres novelas: Eloy de Carlos Droguett, Despertar a los muertos de Scott Spencer y El origen. Una indicación de Thomas Bernhard. 
Dos libros híbridos: Yo navegué con Magallanes  de Stuart Dybek y Grimmish de Michael Winkler.
Dos libros de memorias (también un poco híbridos): Cada uno por su lado y Dios contra todos de Werner Herzog y Vida de un pollo blanquecino de piel fina de Andrés Pérez Perruca.
Un ensayo: Terror y utopía: Moscu en 1937 de Karl Schlogel.

Marc:

Resumen del año: año flojo en lecturas (en cantidad, pero también en calidad). Pocos libros destacables en un año en el que se salva básicamente por libros de autores ya conocidos y por el descubrimiento de la obra de Fosse.

Libro del año: «La próxima vez el fuego», de James Baldwin
Ensayo del año: «El temps de la promesa», de Marina Garcés
Autores de literatura infantil del año: Romain Pujol & Vincent Caut con la serie «Avni»
Consagraciones del año, nuevamente: Pol Guasch, Annie Ernaux
Descubrimientos del año (autores): Jon Fosse 
Propósitos para el 2025: más poesía y más clásicos
 
Francesc: 
 
Resumen del año: incluso estando satisfecho de haber sido capaz de sostener un cierto ritmo lector, lo hubiera estado más si el año hubiera contado con alguna experiencia reveladora sobre todo en clave ficción, aunque quizás en estos tiempos extraños y convulsos confiar en que se produzcan carreras literarias de largo recorrido resulte un poco ingenuo. 
 
Aún así:
 
Libro del año: Ex-aequo: Los jugadores de Whist de Vicenç Pagès Jordà (aún no reseñado) y El dia de la Independència de Tuli Márquez, lecturas, ambas, generacionales, cercanas y crepusculares y reivindicaciones de que los autores en catalán deberían contar con una industria valiente que los traduzca. Ya de paso, todo lo de Monzó y lo de Pàmies.
Retrasos del año: Mary Gaitskill, autora que me ha interesado con cierto efecto retroactivo y a la que aún me resulta difícil ubicar, por la manía de la industria editorial USA de etiquetarlo todo
Ensayos del año: lo digo en el resumen, me gustaría engancharme a algún autor de ficción, pero el ensayo (y las novelas cortas, je je) ha sido un recurso muy útil para marcarme ciertas pautas lectoras, así que desgloso dos categorías: 
  •     Ensayo atemporal: Aldous Huxley y Barbara Cassin (aún no reseñado)
  •     Ensayo del momento: Eva Illouz y Mark Coeckelbergh, más que nada para que se lean antes de que sus premisas caduquen (o estallen por los aires) y los veamos más antiguos que el periódico de ayer (¿qué es un periódico?)
Propósitos del año: hacer algún mínimo caso a las novedades de ficción, a ver si así descubro algún escritor notable antes de que se me muera. Leer ensayos sin que sepa de antemano que comulgo con sus planteamientos (se resolvería de cuajo leyendo a Jiménez Losantos). No pasar de largo en las secciones de poesía (al menos mirar las portadas, me refiero). Leer más crónica. Releer más de todo.
 
 
Santi:
Resumen del año: Revisando mis (escasas) reseñas de 2024, veo que el año empezó bien, con una buena cosecha de libros comprados/regalados en Navidad, pero luego vino una larga sequía de lecturas, en la que predominaron las relecturas y los clásicos. Entre lo que he leído más reciente predomina claramente lo fantástico y el terror, y la literatura española y en español. Va mi lista:

  • Libro del año: De entre los recientes, Visceral, de María Fernanda Ampuero, que me sorprendió muchísimo; de entre los menos recientes, Los santos inocentes de Delibes, que no puedo creer que todavía no estuviera publicado en el blog.
  • Mejores novelas: Un amor de Sara Mesa (con permiso de Juan G.B.) entre las recientes y Tristana de Galdós entre los clásicos. Mención especial para dos novelas hispanoamericanas impresionantes: Huasipungo de Jorge Icaza y Balún Canán de Rosario Castellanos.
  • Mejores novelas cortas: Un detalle menor de Adania Shibli y Mireia de Purificació Mascarell.
  • Mejores libros de cuentos: Conejo maldito de Bora Chung y El peor escenario posible de Alejandro Morellón.
  • Mejor ensayo / autobiografía / autoficción / whatever: Yeguas exhaustas de Bibiana Collado Cabrera
  • Libros sobre paternidad (que aún no he reseñado): "pulgar hacia arriba" para Literatura infantil de Alejandro Zambra; "pulgar hacia abajo" para Irene y el aire de Alberto Olmos
  • Lectura más loca e inclasificable del año: El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil Hervás.
  • Decepciones (sin ser libros horribles ninguno de los dos): Soy fan de Sheena Patel y Otaberra de Elisa Victoria.

Propósitos del año: Leer más, mejor, más variado y más reciente (aunque este propósito lo hago todos los años y ya se ven los resultados...).


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¿Qué hay de vosotros, queridos lectores de ULAD? Estamos deseosos de que compartais vuestras listas con nosotros en los comentarios.

lunes, 25 de diciembre de 2023

Thomas Bernhard: Corrección

Idioma original: alemán

Título original: Korrektur

Traducción: Miguel Sáenz

Año de publicación: 1975

Valoración: Casi imprescindible


Roithamer es una especie de científico que investiga y da clases en Cambridge, y además ha construido para su hermana una vivienda en forma de cono en el centro geométrico de un bosque. El narrador (quizá un trasunto del propio Bernhard) es su amigo de la infancia, y reflexiona sobre Roithamer desde la buhardilla de la casa de Höller, quien también mantiene la relación con ambos desde la época escolar. De manera que Roithamer es, aunque de forma más bien indirecta, el protagonista de este relato localizado en pequeñas poblaciones de la montaña austriaca.

Corrección es un enorme monólogo interior de casi trescientas páginas, aunque mejor le cuadraría el concepto inglés de stream of consciousness, donde el stream tendría más bien la acepción de 'corriente' o, mejor, 'torrente', porque esto es justamente eso, un torrente incontenible de reflexiones, recuerdos, hechos, ideas, cuyo centro es el citado Roithamer, con todas las ramificaciones posibles. El carácter desbocado del monólogo, antes de conocerlo mediante la lectura, lo vemos al abrir cualquier página: todas y cada una forman el rectángulo perfecto, sin un hueco, porque no hallaremos ni un solo punto y aparte, ningún párrafo, apenas algún punto y seguido. Pero si a alguien le intimidan esas páginas de aspecto monolítico, le diré que no hay nada que temer, en unas pocas líneas, apenas dos o tres páginas, estamos inmersos en ese enorme caudal, nos dejamos llevar por él y enseguida empezará a resultar adictivo, hipnótico.

Con igual facilidad se diría que Bernhard coge velocidad y se ve a su vez dominado por esa prosa que cobra vida propia, de forma que las ideas se van enlazando unas con otras con total naturalidad y, aún más importante, con absoluta nitidez. Así que, pese a las impresiones iniciales, el libro para nada resulta difícil de leer. Estamos sin remedio dentro de la cabeza del narrador, siguiendo sus reflexiones siempre en torno al amigo genial, y en ese gran flujo desordenado hay sitio para muchas cosas: los feroces paisajes de sombrías gargantas entre montañas, la obsesiva búsqueda de la perfección en la construcción del Cono, el carácter destructivo de un trabajo intelectual riguroso, las zonas oscuras de la labor del taxidermista o las comidas familiares en silencio absoluto, el recuerdo de las caminatas infantiles hacia la escuela, la aversión hacia la mediocridad y la molicie de la sociedad austriaca y, sobre todo, la profunda toxicidad de la historia familiar, en la que odios difícilmente explicables quedan apenas ocultos tras la aparente normalidad. Roithamer es el hermano raro que nunca quiso adaptarse a la alienante vida en la casa familiar, que siempre intentó huir, física e intelectualmente, de un medio que le era extraño.

Y la corrección, claro. La corrección es aniquilación, y así Roithamer, que acumula miles de escritos dispersos por su estudio, ha redactado un texto voluminoso que a cada corrección va perdiendo páginas, hasta quedar en unas pocas decenas. Pero la corrección es un concepto tan poderoso que no solo es aplicable a ese libro sino también a la vida misma, porque esa búsqueda de la perfección destruye todo lo que la rodea, los seres queridos y la propia obra. El Cono, el libro, la vida, van quedando carcomidos según se avanza intentando conocer a fondo cada detalle y gobernar todos los resortes.

El texto es tan obsesivo, repleto de repeticiones y retrocesos para machacar una y otra vez cada idea hasta un punto que se revela insano, que poco a poco las voces se van superponiendo, quizás fundiendo y, sin abandonar una cadencia casi musical, parecen ir acelerándose, como precipitándose hacia un abismo. Es como una extraña terapia, en la que los tres personajes parecen ser diferentes perspectivas del propio autor, como en una óptica cubista. El pensamiento se deja correr en distintas direcciones para encontrar solo atisbos, síntomas o nuevos interrogantes, nunca respuestas, un narrador sin nombre que parece real aunque puede no serlo, un amigo en perpetuo silencio que es sin embargo capaz de construir desde sus íntimas convicciones, un genio atormentado que protagoniza páginas y más páginas pero que quizá no es más que la personificación de una enorme incomodidad con el mundo.


Otras obras de Thomas Bernhard reseñadas en ULAD: aquí

lunes, 18 de diciembre de 2023

2023 en libros. El único veredicto que vale

¡Pues sí, amigos! Llega el día en que todas las listas de "lo mejor de 2023" palidecen, pese al título de la entrada, ante la proverbial independencia, modestia y buen gusto de los reseñistas de ULAD. Porque no estamos ante la lista de los invitados a la boda del crítico de turno (no, Babelia y El Cultural, no estamos diciendo que vosotros hagáis eso) y porque no pretendemos sentar cátedra diciendo qué es lo mejor que se ha publicado en 2023 (¡coño, que hay tropecientas mil novedades y habremos leído un 0,0001%!). Esto solamente es, nada más y nada menos, lo mejor que hemos leído en 2023.

No podemos dar paso a la lista sin antes recordar lo que para nosotros ha sido la peor noticia que nos ha podido dejar este 2023: el fallecimiento, en el mes de agosto, de nuestro compañero Emilio. Las reseñas que dejó programadas y que hemos ido publicando estos últimos meses dan idea de lo que para Emilio fueron sus mejores lecturas del año.

Sin más, aquí tenéis nuestro dictamen

El veredicto de Koldo (por ahora):


La sentencia de Juan:

Palabra de Oriol:

La sentencia de Francesc:
 
      No muy bien habrá ido la cosa cuando he tenido que revisitar mis reseñas para poder componer esta lista. Así que
  • Recuerdos que prevalecen sin excesivo esfuerzo, o sea, MUY BIEN: Material de construcción de Eider Rodríguez, o cómo lidiar bien, literariamente, con la pérdida, y Les voltes del món de Tuli Márquez, a ver si el mundo editorial se entera del talento de este hombre y se le traduce al español.
  • Demasiados ensayos que se han quedado a medias o que me ha dado la impresión de que no conectan profundamente con la realidad, así que no los mencionaré. La realidad no lo pone fácil, cambiando cada dos por tres.
  • Alguna biografía musical que tiene más pulsación narrativa que mucha narrativa, como Bobby Gillespie en Un chaval del barrio o Jarvis Cocker en Buen Pop Mal Pop
  • Extraño reencuentro por partida doble con Houellebecq, del cual Unos meses de mi vida me ha mostrado una sorprendente actitud frágil y victimista. Curioso que su acercamiento a sí mismo le haya hecho desenfocar su aguda visión de la sociedad.
  • Y a ver si las cosas mejoran. O sea, que los tótems atinen o que las eternas promesas se consoliden. Ya, por favor.

El panegírico de Santi

En un año de bastantes pocas lecturas (una vez más), afortunadamente ha habido algunas buenas o muy buenas:

Resolución (recurrible) de Carlos

El dictamen de Marc:
  • Libro del año: «Un caballero en Moscú», de Amor Towles
  • Ensayo del año: «La supervivencia de los más ricos», de Douglas Rushkoff
  • Grandes consolidaciones en narrativa: Xavier Mas Craviotto, por «La pell del món»
  • Descubrimientos del año (autores): Byung-Chul Han con «La expulsión de lo distinto»
  • Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Amor Towles, Paul Auster
  • Propósitos para el 2024: más poesía, continuar con más ensayo y reencontrarme con la narrativa tras un año sin grandes lecturas

jueves, 12 de enero de 2023

Alejandro Hermosilla: Un reino oscuro

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2022

Valoración: Bastante recomendable

Alejandro Hermosilla es, por estilo y temática, un bicho raro dentro de la narrativa española contemporánea y con Un reino oscuro vuelve a demostrarlo. Estamos ante una ¿novela? de belleza oscura que podríamos situar a medio camino entre Thomas Bernhard y el conde de Lautréamont y en la que predomina más el aspecto formal, en la que no es tan importante el argumento o la sinopsis como lo que hay detrás de estos o el propio estilo del autor.

Pese a lo anterior, resumamos brevemente la ¿novela?: siglo XVII o XVIII en un lugar que podría ser casi cualquier país europeo, un arquitecto y su hijo, un bosque oscuro alejado de los centros de poder y poblado por diferentes personajes de clase media-alta (un pintor, un noble, un músico y un escritor) que van contando sus paranoias. 

La última palabra es clave y vincula el texto a los autores ya citados pues el peso de la ¿novela? recae sobre los monólogos alucinados de unos personajes desequilibrados (manía persecutoria, depresión nerviosa, egolatría, etc), estando estas divagaciones plagadas de imágenes oníricas y alegóricas.

Pero, en el fondo, este artefacto literario que explora los límites formales y genéricos no es otra cosa que una metáfora sobre el poder en sus diferentes formas, ya sea desde el lado del que lo ejerce (y de ahí también una serie de incisos delirantes sobre distintos reyes) o desde el lado del que está sometido a él. Así, la fascinación por el poder, poder y crueldad, poder y locura, poder e intimidación, poder y arbitrariedad, poder y soledad, poder e hipocresía, poder y ambigüedad... recorren las páginas de un texto que oscila entre la lucidez y la demencia.

Por tanto, Un reino oscuro es una profunda indagación sobre el poder, el arte y la sociedad en general, un ¿novela? elegante y de gran potencia visual a la que solo se le puede achacar, como creo que también ocurre con las novelas de Bernhard, una cierta tendencia al exceso y a la reiteración que puede no ser del gusto de ciertos lectores. 

P.S.: Mención especial para cubierta, preciosa desde el punto de vista estético y totalmente acorde al contenido del libro.

jueves, 23 de septiembre de 2021

Fernando Vallejo: Memorias de un hijueputa


Idioma original: español

Año de publicación: 2019

Valoración: cascarrabias

Fernando Vallejo cumple con el tópico: o se le ama o se le odia. Una virtud, desde luego, lo de no despertar indiferencia. Y sus obras siempre disponen de esa extraña cualidad en estos tiempos: primorosamente escritas y llenas de frases que son puñaladas. Ni un ápice de miedo a meterse con quien sea usando desde el más afilado eufemismo hasta el más directo insulto. Su coartada puede ser el registro autobiográfico, la pura creación o, como en este caso, una especie de jugueteo levemente paródico donde parecen convivir, de forma algo excesiva y desquiciada, pura mordacidad con una especie de autoparodia que combina elementos clásicos de la literatura del boom - esta es una novela, o un trasunto de novela de dictador con una muy actualizada puesta en escena. En Memorias de un hijueputa Vallejo demuestra ser un escritor de su tiempo y no hay pocas apelaciones al mundo digital.

Pero a Vallejo también se le puede volcar el tintero en la mesa o llenársele de bilis en exceso. Como si de un alter-ego se tratara, y convirtiéndose en una especie de Houellebecq centroamericano (o de Thomas Bernhard vivito y coleando con  la libido desbocada) ese es el tono dominante en esta novela, que casi podría definirse como un monólogo con muy poco aderezo externo o hasta, parafraseemos, una especie de dictado, que para eso están los dictadores y así se enorgullecen (en la intimidad) de ser calificados. Poca puesta en escena es necesaria: le explica a Peñaranda, supuesto biógrafo en la sombra, sus caóticas decisiones una vez en el poder, consistentes básicamente en un ajuste de cuentas continuo y cruel. Ordena ejecuciones a mansalva, incluyendo las de todos los anteriores mandatarios de su país, Colombia, en una especie de sueño enajenado al que no le falta aderezo alguno. Incluso cierta curiosa promoción: la guisa que crea Vallejo no deja de aludir a otro texto del autor, La puta de Babilonia, que toma como punto de partida para diatribas sin respiro, con varios focos muy concretos: Colombia como país y los colombianos como colectivo; las religiones monoteístas, los Estados Unidos, España y en especial el rey emérito (el cazador de elefantes). Ni una de esas gallinas (o gallos) deja Vallejo sin desplumar a base de prosa juguetona y ácida, una especie de martillo percutor que apenas descansa sino para tomar fuerzas. Lo cual es a la vez lo peor y lo mejor de la novela. Una obra para incondicionales, pues a cualquier no iniciado en la obra del de Medellín estas ciento ochenta páginas podrán hacérsele cuesta arriba. Vallejo emplea párrafos como mero apuntalamiento de otros. Casi se diría que resulta algo grotesco en su necesidad de mostrar (con personaje interpuesto) su rabia, por momentos desesperanzada, y sus pullas pueden agotar, aunque el mensaje vaya calando en el lector, aunque sea por las malas artes usadas. Prosa precisa y descarnada, gota malaya que penetra y ya sabemos lo que pasa con la gota malaya. Quizás lejos de ser su mejor obra, pero plenamente coherente con una evolución, vuelvo a referirme a Houellebecq, en que edad y condición personal deben pesar lo suyo. Y estas memorias mentirosas no son siempre fácilmente digeribles. Pero si lo fueran, no hablaríamos de ese outsider a su pesar que es Vallejo.