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viernes, 25 de julio de 2025

Ante Tomic: Milagro en el valle de los Víboras

Idioma original: Croata 
Título original: Cudou Poskokovoj Dragi
Año de publicación: 2009
Traducción: Patricia Pizarroso y Marc Casals
Valoración: Divertidísimo

Hace mucho que no me reía tanto con un libro. De hecho, diría que pocos libros me han hecho reír a carcajada limpia: Wilt, Sin noticias de Gurb, La conjura de los necios y poco más. Eso si la memoria no me falla, ¡claro!

Bien, pues a esta escueta lista hemos de añadir este Milagro en el valle de los Víboras, novela del croata Ante Tomic protagonizada por una familia de subnormales todos locos compuesta por Jozo (padre) y Kresimir, Branimir, Zvonimir y Domagoj (sus cuatro adorables retoños) que vive en estado semisalvaje en una remota aldea montañosa. En fin, una panda de paletos tarados y semianalfabetos, irascibles, violentos, groseros, supersticiosos, etc. Para que os hagáis una idea: unos hillbillies sacados de alguna peli de Tarantino o de los Coen y trasladados a los Balcanes para que salgan en una peli de Kusturica.

Vale, ¿y el argumento?. Bueno, pues por ahí que andan los Víboras haciendo sus cosas (secuestrando a unos empleados de la compañía eléctrica que se acercan por sus dominios para hacerles pagar recibos pendientes desde 1984) cuando uno de ellos, Kresimir, se harta y dice que se larga a Split a recuperar a un "amor" de los tiempos de guerra y poner una mujer en sus vidas.

No me extiendo más. La novela tiene tantos giros y tan disparatados que sería imposible hacer un resumen. Solo diré que hay golpes, tortazos y peleas que ni en las pelis de Bud Spencer (tiene mucho de slapstick esta novela), amenazas, persecuciones, equívocos, clases de ligoteo, corruptelas, veteranos de guerra, neonazis patéticos, orgías armamentísiticas... Pero lo que hay, sobre todo, son muchas risas gracias a un humor absurdo y grotesco.
Tenía un moratón gigante en el muslo derecho, y otro en el costado, y un tercero en el antebrazo izquierdo, e incluso un cuarto debajo del ojo. Le dolía al respirar, como si le hubieran roto una costilla. Además, tenía sendas brechas en el labio, la ceja y la oreja, le habían sacado un diente y otros dos estaban bastante flojos. Por lo demás, estaba bien.

Otros aspectos a destacar del libro son su ritmo endiablado, su agilidad y plasticidad y unos diálogos de lo más loco. No solo eso. Como todo buen libro "de humor", algo hay de crítica al tiempo y lugar en el que transcurre, esa nueva Croacia de lounge bar a la que resulta difícil dejar atrás algunas referencias del pasado más oscuro, y esto podría emparentar en cierta forma a los Víboras con el soldado Svejk o con Ivan Chonkin, pero son asociaciones menos claras.

En cualquier caso, y pasando por alto alguna que otra "incoherencia" o "punto no demasiado claro), un libro divertidísimo y una opción ideal para quienes busquen en sus lecturas veraniegas algo entretenido y ligero, aunque no exento de calidad.

jueves, 20 de febrero de 2025

Slavenka Drakulic: No matarían ni una mosca. Retratos de los criminales de las guerras balcánicas

Idioma original: Croata 
Título original: Oni ne bi ni mrava sgazili
Traducción: Isabel Núñez
Año de publicación: 2005 
Valoración: Terrible y (precisamente por eso) necesario

A medio camino entre Svetlana Alexievich, Hannah Arendt o el más reciente V13 de Emmanuel Carrère, No mataría ni una mosca es el acercamiento de la croata Slavenka Drakulic a esas preguntas que nos surgen cada vez que asistimos a un crimen atroz, a una masacre o a una guerra.

¿Cómo un país que durante cuarenta y cinco años convivió en armonía estalla en mil pedazos y se desangra en una serie de guerras fratricidas? ¿Qué lleva a un aparentemente apacible contable, taxista o enfermero a convertirse en un criminal de guerra? ¿Hablamos de sádicos, de oportunistas, de cobardes, de convencidos de la causa? ¿Circunstancias y decisiones puntuales pueden hacer que un tipo normal sea capaz de asesinar y/u ordenar asesinatos? ¿Cómo es posible que una sociedad pierda sus valores y un individuo pierda su alma y admita el mal? Y lo que es aún más inquietante, ¿qué hubieras hecho tú de haber vivido en Vukovar, Bijeljina o Mostar entre 1991 y 1995?

Quizá todo se reduzca, como dijo Biljana Plavsic con algo de cinismo, a que en nuestra obsesión por no convertirnos nunca más en víctimas, nos permitimos convertirnos en victimarios. O quizá no sea todo tan sencillo.

Conceptos como memoria y reparación, justicia y verdad, culpa y responsabilidad, la normalización del odio o la deshumanización del otro recorren un texto tan terrible como necesario en tiempos en los que la memoria histórica está en entredicho. 

Pero no esperéis encontrar respuestas en el libro. Hay más preguntas que soluciones, más conjeturas que certezas en los 13 retratos (+ la introducción, la paradójica coda final y el epílogo de Marc Casals) que componen un libro que nace de la asistencia de la autora a los juicios de Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia.

Creo que uno de los principales aciertos de la autora es el de reunir a criminales anónimos con criminales famosos, como Slobodan Milosevic, Ratko Mladic o Frandjo Tudjman (que no tiene retrato pero podría haberlo tenido), porque con ello se cubren varios frentes que no son "compartimentos estancos": no solo el paso de la normalidad a la violencia ciega sino también el paso del anonimato a las posiciones de poder y, sobre todo, cómo se consigue desde el poder crear un clima que acabe dando lugar a hechos tan terribles.

Otro punto a favor, y que contribuye a esa permanente sensación de irrealidad de acompaña a los textos, son los paralelismos entre algunas de las personas retratadas y personas del entorno cercano de Drakulic. Por ejemplo, un carnicero de cara inocente e ingenua (¡¡¡del que hasta sus vecinos musulmanes hablaban bien!!!) como Goran Jelisic comparte generación con la hija de la autora; Radoslav Krstic trae a la mente al propio padre de la autora, militar en el ejército yugoslavo; Biljana Plavisc, número 2 del gobierno de la República Srpska, le recuerda a su propia madre...

Y claro, si gente con la que compartimos generación, formación, trabajo o cultura, si tu vecino del 4º B o tu compañero de pupitre en 3º de EGB termina convirtiéndose en un monstruo, quizá tú hayas estado muy cerca de serlo y solo una casualidad lo ha evitado (o lo has ido viendo, pero lo has dejado correr (o te ha importado una mierda)...)

Más. Drakulic no entra en detalles escabrosos. No es eso lo que importa, el horror no se muestra a través de la sangre ni de las vísceras. Lo terrorífico no viene de vampiros ni de seres deformes y perversos, sino de lo ya conocido.

Por último, el libro admite posibles lecturas que van algo más allá de lo "meramente filosófico y/o psicológico". Las historias individuales de los diferentes personajes son tan potentes que admiten una lectura como simples "relatos", ya sean como relatos de terror, absurdos o (aunque no lo parezca) surrealistas. Además, los paralelismos que decía establece la autora entre los protagonistas de los textos y personas cercanas a ella hacen que el libro se remonte en el tiempo y ofrezca una lectura que podríamos llamar "crónicas yugoslavas". Quizá por esta vía se podría acceder, aunque solo sea en parte, a una posible explicación de lo que vino después.

En resumen, un libro duro e incómodo pero absolutamente necesario, no ya para aprender del pasado y no incurrir en los mismos errores (llevamos ya siglos tropezando en las mismas piedras) sino, al menos, para que memoria, verdad, justicia y reparación ocupen el primer plano. 

P.S. 1: Se cumple este año el 30 aniversario de la matanza de Srbrenica (también de los acuerdos de Dayton). Por si no la habéis visto, hay una película muy interesante sobre el tema: ¿Quo vadis, Aida?

P.S. 2: El libro se publicó en castellano en el año 2008. En este 2025, Libros del KO lo recupera e incluye el ya citado epílogo de Marc Casals y notas al pie actualizando la situación de algunos de los tipos que aparecen en el texto. 

jueves, 27 de junio de 2024

Slobodan Šnajder: Los años de bronce

Idioma original: Serbocroata
Título original: Doba Mjedi
Año de publicación: 2015
Traducción: Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek
Valoración: Muy recomendable

Las malas lenguas de este blog, que haberlas haylas, me acusan de forma infundada de cierta afición por escritores "yugoslavos" raros. ¡Pues os vais a cagar!

Porque esta vez traigo la novela de un autor croata perteneciente a la minoría de origen alemán que se trasladó a Eslavonia (lo que hoy sería la parte este de Croacia) a finales del siglo XVIII y que habla, al menos en su parte central, de la experiencia de uno de los miembros de esa minoría durante la Segunda Guerra Mundial.

Se trata de una novela de casi seiscientas páginas con las que el autor recorre más de doscientos años de historia europea, si bien el grueso de la acción transcurre entre 1942-1948 (aprox). y su principal protagonista  es Georg/Djuka/Jurej/Yuri Kempf, joven croata de origen alemán que será alistado a la fuerza en las Wafen-SS. 

Voluntario involuntario, alemán que no es 100% alemán, croata que no es 100% croata... toda esa extrañeza le perseguirá durante toda su vida y hará de él un individuo sometido a los azares del destino y de la Historia en tiempos convulsos. Porque la historia no conoce la categoría de justicia y no padece de misericordia. De ahí una de las principales reflexiones a las que nos lleva la novela: ¿qué proporción de fieles, de conversos o de meros supervivientes constituyen movimientos como el fascismo, el nacionalismo o el comunismo?.

Kempf era una decepción en todo. En opinión de los suabos locales, era un mal alemán; en opinión de los "frankistas" croatas, era un mal croata. En opinión de los comunistas, no era nada..

Más allá de lo anterior, la novela posee innegables reminiscencias bíblicas. La llegada del primer Kempf a Eslavonia semejando la huida de los israelitas de Egipto, ideologías que funcionan como nuevos credos y sobre todo la culpa, esa marca de Caín que persigue a Kempf durante su juventud y madurez, son los mas claros ejemplos de esos ecos fundamentales para entender la novela.

Esto no quiere decir que sea una narración 100% clásica. Snajder introduce elementos "modernos" en la narración (una especie de coro de tragedia griega, fragmentos que lindan con el realismo mágico, pasajes más líricos, fábulas, etc) que lo separan de autores que han tratado temas similares de manera mas "áspera" como el gran Aleksandr Tisma.

Quizá lo único que se le pueda achacar a la novela es una cierta desproporción entre la "parte Segunda Guerra Mundial" y la "parte Yugoslavia de Tito". Obviamente, los primeros son los años de formación y las experiencias vividas en ellos constituyen el quid de la novela, pero seguro que frikis proyugoslavos como un servidor (gentes, aquella Jugoplastika de Split hizo mucho daño) se quedan con ganas de más.

Sea como fuere, Los años de bronce es una magnífica novela, con buenas historias y buenos personajes. ¡No la dejéis pasar!

lunes, 4 de julio de 2022

Daša Drndić: Leica Format

Idioma original: croata

Título original: Leica Format

Traducción: Juan Cristóbal Díaz

Año de publicación: 2003 (en castellano, 2021)

Valoración: Recomendable


Daša Drndić es una autora croata fallecida no hace mucho, y entiendo que mayoritariamente desconocida en nuestro país (totalmente desconocida para mí), cuyo libro con más repercusión parece ser Trieste, centrado en la presencia nazi en Italia. Quedémonos con esta ubicación, Trieste, y echemos un vistazo en las cercanías porque, aparte de la fantástica isla de Krk, muy cerquita está la ciudad de Rijeka, ahora croata, durante muchos años yugoslava, pero antes también italiana y húngara. Toda una encrucijada política y cultural que es la auténtica protagonista de Leica Format.

Pero sigamos un poco más la pista de la autora. Aunque nacida en Zagreb, vivió también en Belgrado, y por tanto parte de su vida se ha desarrollado en dos puntos diríamos contrapuestos de esa amalgama yugoslava que terminó estallando de mala manera. De forma que hay mucho de autobiográfico en este libro, en el que confluyen la historia personal o familiar, la remota del nazismo, cuya huella vuelve a examinar, y la más reciente del desgarro de las comunidades que convivieron durante décadas aparentemente en paz hasta que, como tantas veces, ambiciones e intereses de aquí y allá se conjuraron para despertar odios antiguos y sueños de grandeza enfermizos.

Sobre estos tres ámbitos se construye esta narración, fragmentaria, quizá algo caprichosa, levantada sobre la prosa potente y directa de la autora croata. No hay una cronología precisa ni desde luego una secuencia temporal lineal, sino un collage de imágenes, recuerdos y noticias que saltan de un campo al otro hasta formar un conjunto que solo puede apreciarse a una cierta distancia. El mundo de Drndić se centra en aquella Rijeka fronteriza, evoca sus antiguas calles, los hoteles clásicos reconvertidos en viviendas, el flujo de viajeros que confluyen con sus distintas lenguas. Y al mismo tiempo rememora el terror del nazismo bajo el gobierno ustacha (su versión croata, especialmente sanguinaria), y muestra las grietas, mucho más recientes, de los enfrentamientos entre comunidades, de los que la autora fue, como tantos otros, víctima involuntaria de uno y otro bando.

Con todo ello se muestra un dibujo de sociedad torturada, crispada y finalmente reducida a una especie de melancolía asumible, personificada en la ciudad misma, que ha pasado del aluvión bullicioso del imperio austrohúngaro a un lugar provinciano, aburrido y opaco, tal vez el precio que ha habido que pagar por la uniformidad nacional. Pero no hay en el libro nostalgia, sino simple constatación de una pérdida, una muestra de estupor algo desdeñoso ante los cambios.

Si queremos pensar en el libro como una novela apenas encontraremos algún que otro hilo conductor, siempre tenues, entre los que destaca por su mayor continuidad el protagonizado por un tal Ludwig Jakob Fritz, un médico de visita en la ciudad, cuya figura contribuye al dibujo de las calles, los mercados, sus gentes, para fundirse de forma brillante con los retazos de la historia familiar. Estas leves líneas argumentales, no está claro hasta dónde ficcionales, se encuentran como escondidas entre gran cantidad de material diverso, cartas, recuerdos o pasajes de libros (Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, sobre todo), o datos históricos que explora (a veces de forma muy pormenorizada) en torno por ejemplo a los atroces experimentos con niños y enfermos mentales, experiencias con cobayas humanos que tampoco se detuvieron en el III Reich, sino que continuaron en otros países, singularmente en los Estados Unidos, o sobre los síntomas de la sífilis, enfermedad netamente  definitoria de amplios periodos históricos. 

Quizá se echa de menos un mayor protagonismo de aquella parte novelada, porque da la sensación de que Drndić tiene capacidad suficiente para desarrollar un argumento más sólido. Pero parece que, o bien opta voluntariamente por reunir información para formar un mosaico, o simplemente el libro carece de un plan definido y va creciendo (y bastante, más allá de las cuatrocientas páginas) de forma silvestre y algo descompensada.

Pero quedémonos con lo positivo. La atmósfera que llega al lector es con toda probabilidad la que buscaba la autora, un retrato de la ciudad y su historia en las últimas décadas, convulsa, ligeramente decadente, con las sombras profundamente negras de dos época distintas, unas ya lejanas, cuyo eco sigue siendo estremecedor, otras recientes, de un tiempo sumergido en el absurdo y la locura. Una sensación de pesadumbre por la que la autora se mueve con más desprecio que lástima, pero siempre sin sucumbir, simplemente siguiendo adelante. Lo que diríamos una superviviente.


viernes, 12 de febrero de 2021

Dubravka Ugrešić: Baba Yagá puso un huevo

Idioma original: croata

Título original: Baja Jaga ja mijela jaje

Año de publicación: 2008

Traducción: Luisa Fernanda Garrido / Tihomir Pistelek

Valoración: se deja leer

Tal como esta reseña se publique recibiré, supongo, una llamada al orden por parte del Subcomité de Asuntos Balcánicos del blog, y en un principio basaré mi defensa en el poderoso argumento esgrimido hace unos días por la compañera Beatriz, en uno de esos eternos rifirrafes en los comentarios, sutiles pero últimamente tan frecuentes: somos un blog amateur y no un comité académico. Gracias por el capote, amiga.

Porque la cuestión lleva unos días haciéndome plantear un poco hasta mis hábitos lectores y mi firme determinación de los últimos tiempos de desestimar abandonos y seguir con los libros hasta el final. O sea, que la sombra amenazadora de la reseña interruptus sobrevoló cual ave carroñera, pero decidí seguir hasta el final, donec perficiam que dicen algunos últimamente, y no porque esperara gran premio, sino porque los años le hacen a uno tozudo a la par que impaciente, curioso oxímoron.

Digamos que Dubravka Ugrešić ha concebido este libro como una especie de mezcla de géneros y que a mí esa mezcla me ha convencido muy poco. Baba Yagá puso un huevo me ha parecido, en algún momento, como un libro hecho por encargo a medida de una cierta propuesta, que es encajar ciertos elementos de la mitología de los países eslavos en una narración de ubicación contemporánea, encajarla como si se tratase de un cuento narrado por un tercero, e incrustar en este remedo ciertos estereotipos de corte reivindicativo, fundamentalmente la invisibilidad a la que son postergadas las mujeres de avanzada edad, y como esta situación no es nueva sino la consecuencia del prolongado arraigo de dicha imagen en el imaginario popular, aludiendo en dicho discurso (en una especie de epílogo/glosario que se extiende por decenas de páginas al final del libro) a todo tipo de figuras como las brujas, la inquisición, leyendas populares, etc.

Yo me hubiera quedado más satisfecho si la novela se hubiera limitado a esos hechos de hoy: a la presencia de tres mujeres de avanzada edad (Pupa, Beba, Kukla) que se toman unas vacaciones y visitan un balneario en Varna, Bulgaria, de viaje desde su Zagreb natal, donde pasan unos días de corte tragicómico acompañadas por masajistas con priapismo, médicos de lo estético ávidos de facturación, y creo que, como lector y considero que otros lectores podrían sostener igual planteamiento, no sería necesaria tanta explicación y tanto contrapunto, ni esos pareados finales que apuntan un hilo narrativo y que deben haber traído de cabeza a los traductores, que lo han resuelto con fe y resignación. Porque en cada una de sus andanzas casuales, en sus conversaciones y en los recorridos sobre sus existencias y el tono crepuscular generacional, ya se apunta entre líneas ese agridulce presente: haber dejado atrás existencias pasadas, juventud, familia, amoríos, limitarse a ser seres invisibles abocados a una decadencia física irremisible. Siempre teniendo en cuenta que el balcanic touch está ahí, en forma de breves pero memorables alusiones a la época del comunismo, a la política de bloques, al conflicto en el que el estado yugoslavo se desmoronó, a la precariedad económica heredada de la época, a lo errático del comportamiento de las distintas futuras naciones, colectivos, etc, desde que ese proceso de reubicación de fronteras se inició. Un espíritu que se percibe en esa narrativa reciente de forma no siempre tranquilizadora. Como si solo una férrea dictadura fuera capaz de mantener cohesión entre pueblos que en realidad son demasiado antagonistas para permanecer unidos.

Pero esta semana ya hemos hablado demasiado de estadistas que se creen padres ejemplares de sus gobernados, ¿no?

Y entonces la autora cierra el libro con ese epílogo que parece un who's who de figuras populares del norte y el este de Europa y nos ofrece una relación de conceptos algo repetitiva y monocorde donde, en una algo pesada mezcolanza de tono poético e informativo, se alude a las distintas acepciones de esa Baba Yagá, mujer de avanzada edad, de aspecto físico desagradable, nos empieza a hablar de aves y sus representaciones en el imaginario popular eslavo, del huevo como contenedor y como especie de regreso al útero, pasaje este que me ha aburrido sobremanera y que no niego que pueda encontrar su público entre curiosos insaciables y consumidores impenitentes de canales ubicados en los diales de tres cifras de los operadores digitales. Y perdonad, también he de declararme fan por lo general de lo que publica Impedimenta, pero, ay, ¿dije aburrido?, palabra tabú quizás para algunos, pero sensación que experimenté en demasiados momentos y que me veo obligado a transmitir aquí, que para eso estamos.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Colaboración: Breviario mediterráneo, de Predrag Matvejević

Idioma original: Croata
Título original: Mediteranski brevijar 
Año publicación: 1989
Valoración: Muy recomendable

Esta reseña iba a ser completamente diferente de lo que al final es.

Y es que muchos días, desgraciadamente demasiados días en los últimos tiempos, la realidad supera a la ficción. Por si fuera poco con la desesperada situación de los refugiados a los que, tras huir de fanatismos, intolerancia, guerras y pobreza, la Unión Europea (sí, esa que fue premiada con el Nobel de la Paz) confina en campamentos insalubres o devuelve a sus lugares de origen, hoy 22 de marzo nos despertamos con la noticia de los salvajes atentados, valga la redundancia, que en nombre de ese fanatismo se han perpetrado en Bruselas.

Víctimas inocentes por todas partes.

Y es que pudiendo hablar largo y tendido de una obra que no es ni novela, ni ensayo, ni libro de viajes, ni guía de viajes, sino todo eso mezclado, escrita con una prosa elegante y amena, casi en forma de micro-relato, por un respetado profesor de la Sorbona como el croata Predrag Matvejevic, y acompañada de la reproducción de mapas, grabados y cuadros antiquísimos, como los planos de Marsella o Nápoles del Civitates Orbis Terrarum publicado entre los siglos XVI y XVII, o el Peutingeriana romano publicado entre los siglos III y IV, una obra maravillosa e inclasificable, con múltiples facetas y que abarca con un enfoque personal y original todo el ámbito mediterráneo, solamente tengo ganas de pedir a todo el mundo que lea esta obra, y que, tal y como hace el autor, sepa comprender que más allá de las diferencias históricas, culturales o religiosas entre el Oriente y el Occidente mediterráneo, hay un espacio común (mediterráneo, en este caso, pero extensible a cualquier lugar) que todos compartimos, en que la convivencia pacífica, queramos o no, es posible, es necesaria y es urgente.

Me duele que la reseña no haga prácticamente referencia a las cualidades del libro, que son muchas. En cualquier caso, quedémonos con que es un libro muy recomendable. Pero el cuerpo y la mente hoy no dan para más.

Ojala la reseña hubiera sido la inicialmente prevista, de verdad.

Lo siento.

Firmado: Kim Jong Nam

También de Predrag Matvejević en ULAD: Nuestro pan de cada día

sábado, 22 de junio de 2013

Predrag Matvejević: Nuestro pan de cada día

Idioma original: croata
Título original: Kruh naš
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable


"A buen hambre no hay pan duro", "Rábanos sin pan, poco o nada te alimentarán", "Quien hambre tiene, en pan piensa", "Pan ajeno, nunca sabroso ni tierno", "Ni mesa sin pan ni ejército sin capitán", "En casa del capellán no falta nunca el pan", "Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierdan no importa"... Son innumerables los refranes o dichos que hacen referencia al pan que podemos encontrar en nuestra cultura. En casi cualquier cultura, de hecho, el pan (en cualquiera de sus variantes: de trigo, de centeno, de maíz, cocido, horneado, frito, con o sin levadura, con semillas, con fruta, con carnes, con azúcar, con especias...) resulta ser el alimento básico por excelencia.

Tal y como nos explica Matvejević en Nuestro pan de cada día, con el devenir de los siglos el pan ha pasado de ser un alimento como cualquier otro a convertirse en símbolo de justicia (e injusticia), en detonante de revoluciones, en medida del poder adquisitivo de la población de un país... y en centro de un sinfín de celebraciones tanto religiosas como laicas (Adán fue condenado a ganárselo con el sudor de su frente, se toma en forma de hostia en la eucaristía cristiana, de prosphora en los servicios ortodoxos y de matzoh en la pascua judía, y forma parte del rito de bienvenida de los pueblos eslavos, por ejemplo...).

Aunque es innegable que el ser humano puede vivir sin este alimento, el autor se encarga de mostrarnos, a través de un viaje que pasa por la historia, la antropología, la ética, la etimología, la política, la lingüística, la religión, la literatura, la gastronomía, la sociología, la pintura... e incluso su propia biografía, cómo el pan no sólo ha sido determinante en todas las culturas en las que aparece, sino también cómo su historia y, por tanto, también su destino están profundamente ligados a los del ser humano y cómo, en realidad, podemos decir que nos define como especie.

Advierto, también, a los posibles lectores que éste no es un ensayo al uso. Combina tanta información proveniente de tantas ramas de la ciencia diferentes, que el autor ha escrito este libro alejándose del estilo ensayístico más estricto y utilizando uno más abierto que bebe de la narración y la poesía, difícil de catalogar dentro de un género en concreto, pero sin duda más ameno e inspirador.

También de Predrag Matvejević en ULAD: Breviario mediterráneo

domingo, 7 de abril de 2013

Natasa Dragnic: Cada día, cada hora

Idioma original: alemán
Título original: Jeden Tag, jede Stunde

Fecha de publicación: 2012
Valoración: Malo

Yo creo que un libro puede ser malo por diferentes motivos: porque esté escrito con pereza y dejadez, a base de frases simplonas y toneladas de tópicos, como si se tratara de un compendio de redacciones de estudiantes de primaria; por pretencioso, por intentar hacer llegar al lector una historia excitante o apasionante o desgarradora, o todo ello junto, y lograr, en cambio, un resultado muy pobre al no poseer su escritor la pericia necesaria para engendrar personajes creíbles y carismáticos, y tramas sólidas y llevadas con buen pulso; por aburrido, pesado, repetitivo e insípido, aunque esté bien escrito y sus seres hayan sido construidos de forma decente; por copión, por ser un auténtico (y fácilmente reconocible) clon o refrito de otro/s libro/s que, por un motivo u otro, fue/fueron muy bien recibido/s por la crítica y los lectores...

En fin, paro, que el tema da para mucho y estoy aquí para explicar por qué Cada día, cada hora me ha parecido un libro francamente malo. De ese tipo de "maldad" que no degustaba desde mis veranos de la adolescencia, cuando me empeñaba en leerme premiosplaneta en la playa creyendo que eso era lectura de "entretenimiento": libros tejidos con infinita zanganería, con hombres y mujeres sacados de anuncios de perfume o telefilmes de sobremesa, e historietas que uno sabe cómo van a terminar en cuanto lleva medio tercio de su lectura.
Se puede decir que Cada día, cada hora es una mezcla de las clases de maldad literaria con las que he comenzado este post.

Vamos a ver...

Natasa Dragnic es una profesora de idiomas y literatura afincada en Alemania (estudió Filología alemana y escribe en este idioma), y Cada día, cada hora es su primera novela.
Una vez más, me hice con este libro en la bibilioteca que frecuento seducido por las buenas críticas que leí en su contraportada y solapas, y he de decir que hay una que, una vez terminado el libro, he llegado a pensar que fue escrita mientras su autor se partía  la caja en mitad de un ataque de ironía inclemente:
"No es habitual encontrar una bella y romántica historia de amor tan bien contada y exenta de toda cursilería. Un verdadero hallazgo", Berliner Morgenpost.

Ja, ja, y ja, Berliner Morgenpost, ¡¡pero si Cada día, cada hora es un descarado y merengado monumento a la cursilería!!

Bueno, ya es hora de contar el argumento...

Estamos en los 60 (pero podían ser los 70, los 80, o el 2200, para el caso...). Dora y Luka son dos críos de un pueblo costero de Croacia que se llevan 3 años (Luka es el mayor) y que antes de los 10 años son super amiguitos, se van a la playa solos, se aconsejan y se quieren por encima de todo y, sí, se puede decir, se enamoran y se dan cuenta de que son el uno para el otro. Pero Dora se tiene que ir a vivir a París por cosas de famiglia, y Luka se queda en su pueblecito croata todo disgustado.

Y en cuanto los dos tortolitos predestinados se separan, Dragnic pretende que nos creamos lo que les suecede a cada uno: la guapísima Dora llevará una vida estupenda en París porque, con poco más de veinte años, se convertirá en una grandísima y famosísima actriz de teatro (¡que no aparecerá  ni por asomo en la televisión ni en el cine!), pero la melancolía siempre la acompañará (por culpa de Luka, se entiende), y rechazará a un buen puñado de mozos regios tan guapos y artísticos como ella.
Mientras tanto, Luka, en su idílico poblacho, se aborregará hasta límites insospechados aunque sea un talentoso pintor; sufrirá el abandono momentáneo de su tarugo padre y la muerte de su madre; acabará currando en el hotel familiar y emparejado con una tipa (bailarina de ballet lesionada, pobre muñeca rota) a la que no ama; su choni hermana, repentinamente, querrá ser médico, etc, etc...

Pero por caprichos del destino (y tanto que caprichos: la escena es de vergüenza ajena), Dora y Luka se reencontrarán en una galería de arte parisina ya creciditos, y ella intentará volver a Croacia a proseguir con su historia, pero la no-novia de Luka logrará engancharle por culpa de un embarazo que, ¡oh, no, cielos!, Luka nunca pretendió provocar... Y mientras, la madre de Dora dejará a su marido por un jovencito sabrosón que, fíjate tú, será escritor (en este libro todos tienen ínfulas artísticas, incluso el gigoló de la madre), y la bailarina lesionada y la hermana chorra de Luka harán de las suyas para que la pareja se rompa. Pero Dora, más lista que el hambre, ¡ATENCIÓN! ¡SPOILER!, también intentará inseminarse del pobre y utilizado Luka que, una vez más, no sabrá que una mujer quiere un hijo suyo, no sólo sexo.

Y prefiero no seguir porque, de verdad, la historia es de pena, penita, pena, y las frases y las cursilerías que la ¿sustentan?, básicas y simplonas hasta poner de mala leche.

La maldita gracia es que justo al final del libro la escritora mete a presión el tema de la tremebunda y vergonzosa guerra que asoló la ex-Yugoslavia en los 90, y eso ya me parece para cabrearse. Creo que algo tan horroroso merece más que unas cuantas frasecitas facilonas, y no debería utilizarse para pintar una herida más a un personaje tan penoso, plano e increíble como Luka.

Y paso de hablar de cómo citan los dos petardos del libro a Pablo Neruda, tooodooo el ratooo...

Esto sólo puede empeorar de una forma: cuando algún director de medio pelo adapte Cada día, cada hora al cine, con Penélope Cruz como Dora (es que a esta pobre la suelen utilizar para bodrietes de este tipo). Para Luka elegirán a algún actor italiano guaperas, de esos que interpretan a Jesucristo o a Marco Antonio en mini-series de la tv.





domingo, 23 de septiembre de 2012

Dubravka Ugrešić: Gracias por no leer

Idioma original: holandés
Título original: Verboden te lezen!
Año de publicación: 2001
Valoración: muy recomendable


Es algo ya conocido (gracias a las estadísticas con las que nos bombardean cada cierto tiempo) que España es uno de los países que más libros edita por año en proporción a su tamaño, población y, sobre todo, el tanto por cierto de lectores potenciales que existen –que, desgraciadamente, no podemos decir que sea de los más altos–. De ahí que no sea extraño escuchar que el mercado editorial está saturado, que las novedades no duran más de una semana en el escaparate de las librerías, que la competencia es durísima, que esta situación está provocando que se publiquen libros que se puedan vender con facilidad antes que apostar por su calidad literaria, etc. Pero, ¿podemos afirmar que esto sólo pasa en España o, por el contrario, es un problema global?

En Gracias por no leer Dubravka Ugrešić reúne treinta y un artículos y ensayos en los que analiza la situación actual del mundo editorial. Así, haciendo uso de una fina ironía, nos cuenta cómo trabajan hoy en día los agentes literarios (y cómo suele ser dificilísimo llegar a conocer a alguno en persona), por qué es importante que los escritores exploten su sex-appeal para promocionar sus obras, que la promoción suele ser más importante que los libros en sí, cómo se ha llegado a que algunos editores publiquen sus fotografías en las contraportadas de los libros (otorgándose, así, a sí mismos más importancia que a los propios autores) o por qué actualmente escritores consagrados tienen que competir con estrellas de la televisión o del cine (o con cualquiera que pueda atraer a un número significativo de posibles lectores, realmente) para poder ver publicadas sus obras. Como afirma en este libro, no todo el mundo puede ser cirujano, matemático o pianista, pero resulta que cualquiera puede publicar un libro [...] La literatura se ha convertido así en un pasaporte para la eternidad, al acceso de cualquiera, en un billete para viajar en la órbita de los elegidos. De pronto resulta que todo el mundo tiene derecho a hablar [...].

Ugrešić denuncia, además, la situación de los escritores de la Europa oriental una vez caído el telón de acero: por qué tiene más posibilidades de publicar un autor exiliado que otro que no haya abandonado su país, por qué el país de origen define desde un principio el posible volumen de ventas y la promoción dedicada a un autor (es más fácil que un autor serbio publique en Francia a que lo haga un autor francés, por ejemplo, aunque la obra de este último sea mucho mejor) o por qué siempre se espera que estos escritores traten ciertos temas en sus libros (la vida en la RDA, la caída del comunismo, etc.) y se evita o retrasa la publicación de aquellas obras que no se consideran lo suficiente "post-comunistas".

Es éste, por tanto, un libro imprescindible para todo aquel que quiera conocer cómo funciona el mundo editorial hoy en día (teniendo cuenta que, por supuesto, de todo hay y que la autora croata no habla de las pequeñas editoriales o grupos independientes) y que nos hará reflexionar cuando estemos en una librería y dudemos a la hora de comprar un libro.