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domingo, 7 de febrero de 2021

Moderna de Pueblo: Cooltureta

Idioma: español

Año de publicación: 2014

Valoración: divertido... y revelador

COOLTURETA: Dícese del individuo que pretende conseguir alguna notoriedad social (es decir, parecer cool o guay) por medio del conocimiento de diversas manifestaciones culturales y artísticas, a ser posible elitistas y/o vanguardistas; a veces se conoce a estos especímenes como "gafapastas", por su afición a estos adminículos para la mejora óptica, aun cuando no las necesiten (lo que, por cierto, causa no poca perplejidad a quienes desde siempre somos más miopes que Stephen King cuando se levanta por la noche a hacer pis). No hay, sin embargo, que confundir al verdadero cooltureta, cuyo deseo de ser guay y molar no está reñido con un interés auténtico, por más que pueda ser algo errático, por la cultura (entiéndase la música, el cine, cierta literatura y, como mucho, algunas artes plásticas o escénicas... otras variedades como las danzas regionales o la cerámica vidriada no suele ser objeto de su atención); no hay que confundirlo, digo, con el llamado "cultureta de palo", que sólo finge tal interés por conseguir objetivos más espúreos, ya sean de tipo crematístico o lúbrico. Los fenotipos diferenciados de ambos especímenes, el auténtico cooltureta y el de palo, se encuentran bien representados en este cómic novela gráfica, así como de otras subespecies asociadas; verbigracia:


La historia que se nos cuenta es, justamente, la de un joven cooltureta que se muda al barrio bohemio de sus sueños, repleto de tiendas de vinilos, mercadillos vintage, cafeterías prohibitivas y locales de coworking (confieso que este concepto siempre me ha hecho mucha gracia); amén, claro está de mucha gente guapa e interesante. Lo que no significa que a nuestro héroe todo le venga rodado en su vida soñada, sobre todo en lo refrente a sus relaciones sociales y amorosas... Porque, en fin, más allá de este neo-costumbrismo, por divertido que resulte, lo que encontramos en el cómic novela gráfica es la enésima variante de la historia de chico-conoce-chica-fascinante-pero-sobre-todo-que-está-buenorra-aunque-no-le-hace-mucho-caso-mientras-él-pasa-de-su-amiga-simpática-que-sin-embargo-está-loca-por-sus-huesos... (esto me recuerda una peli en la que a la amiga simpática pero feúcha la interpretaba... Halle Berry O_o ). También se remarca la idea de que es más importante la autenticidad y el estar a gusto con uno mismo que conseguir la supuesta excelencia a la que aspiremos (lo que puede aplicarse a cualquier otro coolectivo, desde los coolturistas a los cooleccionistas de coo... vale, ya lo dejo). En todo caso, especialmente divertido para nosotros puede ser contemplar los avances del protagonista en cuestión de lecturas, en aras de hacerse con una culturilla literaria -aunque no queda muy claro si se ha leído todos los libros que aparecen-: así, pasa de El guardián entre el centeno o 1984 de su adolescencia a La insoportable levedad del ser, para acabar con los libros de DFW y Murakami (el malo)... ¿Alguien se siente reflejado?

Porque a estas alturas, más vale reconocerlo: TODOS SOMOS UN POCO COOLTURETAS, vosotros y yo. Vosotros, porque, si no, de qué ibáis a seguir un blog que trata diariamente de libros de ex-yugoslavos raros y guatemaltecas que no conocen ni en su casa a la hora de cenar, o lo que sea... Yo, porque, lo admito, en mi lejana juventud también vi películas rarunas, escuché música que no me gustaba y fingí haber leído libros que ni había abierto (bueno, esto lo sigo haciendo) para tratar de ir de guay. Y eso que en mi época lo que de verdad molaba era tener moto o, más adelante, un VW Golf 16 válvulas, a qué engañarnos... 

También es cierto que este có... novela gráfica (al final se me va a enfadar el prota) es de hace ya unos añitos; no sé si el coolturetismo estará hoy día tan en auge como entonces. Me huelo que ha sido ya barrido, por una parte, por la moda hipster, que no deja de ser una banalización del coolturetismo con vistas a ser deglutido más fácilmente por el mercado. Y, por otro lado, por la ola friki, que ha acabado convirtiendo a buena parte de la población adulta occidental e incluso, sospecho, mundial en expertos en los multiversos DC y Marvel y en los vericuetos de las sagas Star WarsGoTESDLA y yo que sé qué culebrones más... Aún así, el coolturetismo, gafapastismo o simple pedantería pervivirá mientras algún jovenzuelo pretenda distinguirse de la masa (para pillar cacho, tampoco os creáis) citando a un ex-yugoslavo raro de ésos, comparando la peli de un cineasta iraní que conocen cuatro gatos con el cine de Haneke o alabando al arquitecto neozelandés que diseñó los aseos de la Kunsthalle de no sé dónde... Porque ser cooltureta, amigos y amigas de ULAD, no es una moda, sino una elección de estilo de vida, incluso una filosofía existencial, como ser montañero, radioaficionado, swinger o jugador de curling...  Así que repetid conmigo: THE COOLTURETA NEVER DIES!

Real como la vida misma...

También de Moderna de Pueblo en Un Libro Al Día: Coñodramas. La fuga de las secundarias.

martes, 24 de marzo de 2009

Milan Kundera: La insoportable levedad del ser

Título original: Nesnesitelná lehkost byti
Idioma original: checo
Año de publicación: 1984
Valoración: Imprescindible

Hay libros que te tocan por dentro, que llegan a cambiar tu vida, que amplian tu forma de sentir y de pensar.

En este sentido, tengo mucho que agradecerle a esta novela, repleta de hondas reflexiones, como todas las de Kundera.

Además de una dura crítica al régimen socialista que regía en Europa del Este, es una novela compleja, en la que se entrelazan las historias de cuatro personajes con la voz, casi filosófica, del narrador.

Así, se nos presentan cuestiones de gran hondura. Entre ellas: la imposibilidad de saber a ciencia cierta si erramos o no en una decisión tomada (debido a que la vida no tiene marcha atrás ni hay manera de ensayar previamente para actuar de forma certera); la difícil situación del ser humano inmerso en un régimen político que le priva de su libertad e intimidad; la lucha entre el "kitsch" (la sensiblería, lo que se supone que uno debe sentir) y el verdadero sentimiento (único, no unificable)...

Lo cierto es que me siento torpe al intentar expresar por qué éste es, para mí, uno de esos libros que guardo en mi "memoria poética" (usando una expresión del propio Kundera) como imprescindibles.

Quizá un fragmento tomado de él permita intuir un poco de su brillantez, mejor que mis palabras.

"La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.
Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.
Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?
"

Todas las reseñas sobre Milan Kundera en ULAD: Aquí

viernes, 17 de julio de 2009

¿Existe la 'buena literatura'?

Como "críticos amateur" que somos los que hacemos este blog, hay una pregunta que debemos intentar contestar, aunque sea imposible dar una respuesta definitiva: ¿existe realmente algo que pueda ser calificado como "buena literatura", opuesto a lo que podríamos llamar "subliteratura"? ¿Son libros como La insoportable levedad del ser, Pedro Páramo o Ficciones inherentemente mejores que El Código Da Vinci, Parque Jurásico o la última novela de Danielle Steel? Dicho en otras palabras: ¿existe algún criterio, aparte del gusto personal, que nos permita calificar determinados libros como "imprescindibles", "muy recomendables" o "repugnantes"?

Tradicionalmente se habla de "alta" y "baja literatura". La distinción puede imaginarse así. De un lado están los autores que continúan formas y géneros heredados adaptándolos a los gustos de la masa, que es perezosa y no quiere complicaciones: eso es bajo. De otro lado están los autores que se preocupan por innovar en su arte, llevan a su perfección formas que ya existían o crean otras nuevas: eso es alto. Por supuesto, decirlo así suena más bien a enseñanza de Barrio Sésamo, pero algo parecido es lo que se tiene en mente cuando se habla de alta literatura (seria, difícil, guiada sólo por criterios estéticos) y baja literatura (superficial, fácil de leer, preocupada por agradar).

Existe desde luego actualmente la tendencia, que no carece de argumentos, a considerar que clasificar así las producciones culturales es un formulismo conservador injustificado que conviene desterrar. Al fin y al cabo, el criterio presenta sus problemas cuando se trata de aplicarlo. Por ejemplo, hay muchos autores que escribían con la clara intención de agradar a su público y ponerles las cosas fáciles, más que nada porque vivían de su aprobación. Según la distinción en "alto" y "bajo", deberíamos condenarlos como mediocres productores de best sellers, pero no, resulta que forman parte del canon. Lope de Vega, sin ir más lejos. Por otro lado, las fronteras entre la alta y la baja literatura, pretendidamente eternas, han demostrado ser bastante cambiantes: escritores saludados en su tiempo como un dechado de originalidad y genio son olvidados poco después y vistos como meros epígonos. ¿Quién recuerda, por ejemplo, a Echegaray, uno de nuestros premios Nobel?

Y no es sólo que el criterio se muestre poco útil, es que puede sospecharse, con motivo, que su verdadera razón de ser tiene poco que ver con la literatura, y mucho con la distinción social. Así, excluir géneros completos del canon literario sería más un gesto de exclusividad aristocratizante que la aplicación de ninguna verdad estética: abajo, la chusma que consume mala literatura; arriba, los lectores selectos que se deleitan con obras de arte. En muchos casos puede aceptarse que es así, y que hay mucho de esnobismo en rechazar, a priori, las posibilidades y los logros de, por ejemplo, la novela policiaca, la novela fantástica o el relato de terror.

Pero, al mismo tiempo, tampoco les falta razón a los críticos que, como Harold Bloom (aunque quizás no con los mismos argumentos que Harold Bloom) defienden la necesidad de mantener una exigencia estética que limite la entrada en el canon: que puede ser histórica y científicamente apasionante estudiar los géneros populares, pero a fin de cuentas existe una diferencia cualitativa entre, por ejemplo, Philip Roth y Stephen King. Es innegable que unos libros son más simples que otros; en su estructura narrativa, en la construcción de personajes y escenas o en el tipo de lenguaje utilizado.

En algunos casos, por ejemplo, bastan un par de rasgos descriptivos para que reconozcamos un tipo de personaje que ya conocemos de sobra de mil películas, cómics, etc. Para no salir del Código Da Vinci (que es una bendición al hablar de estos temas): el protagonista es un profesor universitario, que habla varias lenguas vivas y muertas y es experto en antiguas simbologías, pero que, a la vez, sabe disparar un arma y al que siempre se le ocurre la manera de escapar de la muerte en el último segundo. ¿De qué me sonará...? Ese uso de ciertos clichés facilita la lectura, porque hace que anticipemos en gran parte la acción y no tengamos que detenernos en los detalles para ir completando nuestra imagen del personaje. Por la misma razón, claro, aligera mucho el trabajo del escritor. Podría decirse que muchos libros pecan, por así decirlo, de pereza literaria. ¿Es eso malo? Bueno, todos preferimos una lasagna casera, que tarda horas en cocinarse, a una precocinada y calentada cinco minutos en el microondas. Pues eso.

Parece evidente que, por el mero hecho de escribir críticas literarias, y por calificar a los libros en una escala de gusto, en este blog nos estamos situando más cerca de esta segunda postura que de la primera. Sí, hay razones por las que, como novela, El Código Da Vinci es inferior a El nombre de la rosa, e intentamos explicarlos en nuestras reseñas. ¿Significa esto que no se deban leer libros como Crepúsculo, Harry Potter o cualquier novela de Camilleri? En absoluto. De hecho, todos los que hacemos este blog las leemos -cada cual tiene sus géneros favoritos- y las disfrutamos. Pero esto no nos impide afirmar que al mismo tiempo, leyendo otro tipo de literatura (sí, vamos a decirlo claramente, "otros libros mejores") se pueden tener experiencias lectoras más profundas y enriquecedoras.

lunes, 18 de diciembre de 2023

2023 en libros. El único veredicto que vale

¡Pues sí, amigos! Llega el día en que todas las listas de "lo mejor de 2023" palidecen, pese al título de la entrada, ante la proverbial independencia, modestia y buen gusto de los reseñistas de ULAD. Porque no estamos ante la lista de los invitados a la boda del crítico de turno (no, Babelia y El Cultural, no estamos diciendo que vosotros hagáis eso) y porque no pretendemos sentar cátedra diciendo qué es lo mejor que se ha publicado en 2023 (¡coño, que hay tropecientas mil novedades y habremos leído un 0,0001%!). Esto solamente es, nada más y nada menos, lo mejor que hemos leído en 2023.

No podemos dar paso a la lista sin antes recordar lo que para nosotros ha sido la peor noticia que nos ha podido dejar este 2023: el fallecimiento, en el mes de agosto, de nuestro compañero Emilio. Las reseñas que dejó programadas y que hemos ido publicando estos últimos meses dan idea de lo que para Emilio fueron sus mejores lecturas del año.

Sin más, aquí tenéis nuestro dictamen

El veredicto de Koldo (por ahora):


La sentencia de Juan:

Palabra de Oriol:

La sentencia de Francesc:
 
      No muy bien habrá ido la cosa cuando he tenido que revisitar mis reseñas para poder componer esta lista. Así que
  • Recuerdos que prevalecen sin excesivo esfuerzo, o sea, MUY BIEN: Material de construcción de Eider Rodríguez, o cómo lidiar bien, literariamente, con la pérdida, y Les voltes del món de Tuli Márquez, a ver si el mundo editorial se entera del talento de este hombre y se le traduce al español.
  • Demasiados ensayos que se han quedado a medias o que me ha dado la impresión de que no conectan profundamente con la realidad, así que no los mencionaré. La realidad no lo pone fácil, cambiando cada dos por tres.
  • Alguna biografía musical que tiene más pulsación narrativa que mucha narrativa, como Bobby Gillespie en Un chaval del barrio o Jarvis Cocker en Buen Pop Mal Pop
  • Extraño reencuentro por partida doble con Houellebecq, del cual Unos meses de mi vida me ha mostrado una sorprendente actitud frágil y victimista. Curioso que su acercamiento a sí mismo le haya hecho desenfocar su aguda visión de la sociedad.
  • Y a ver si las cosas mejoran. O sea, que los tótems atinen o que las eternas promesas se consoliden. Ya, por favor.

El panegírico de Santi

En un año de bastantes pocas lecturas (una vez más), afortunadamente ha habido algunas buenas o muy buenas:

Resolución (recurrible) de Carlos

El dictamen de Marc:
  • Libro del año: «Un caballero en Moscú», de Amor Towles
  • Ensayo del año: «La supervivencia de los más ricos», de Douglas Rushkoff
  • Grandes consolidaciones en narrativa: Xavier Mas Craviotto, por «La pell del món»
  • Descubrimientos del año (autores): Byung-Chul Han con «La expulsión de lo distinto»
  • Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Amor Towles, Paul Auster
  • Propósitos para el 2024: más poesía, continuar con más ensayo y reencontrarme con la narrativa tras un año sin grandes lecturas

lunes, 14 de septiembre de 2026

Gonzalo Núñez: Los retratos desparejados

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable

Así, cuando alguien ve un cuadro o lee un libro es el tiempo el verdadero tema, pero este es tan astuto que hace creer al lector o al espectador que solo es una historia de amor o de guerra o el retrato de un hombre que ya pasó por este mundo.

Pues sí, queridos, creo que esta frase extraída de la página 72 de la novela podría ser una buena aproximación a esta porque, aunque Los retratos desparejados parece una texto sobre relaciones de pareja en pleno siglo XXI, lo que Gonzalo Núñez nos ofrece en su segunda novela es una historia / tratado sobre el amor y el desamor (eso es innegable), sobre el peso del pasado y de la culpa, sobre lo que fue y no se vio o sobre lo que se vio y no fue, sobre palabras no dichas, sobre palabras supuestas, sobre el tiempo, el puto paso del tiempo.

Todo lo anterior con el arte como telón de fondo. Son los retratos desparejados (dípticos de parejas o matrimonios pintados por autores flamencos allá por el siglo XV y que por diversas causas y azares fueron separados) que dan título al libro la imagen perfecta de la separación y de la ruptura, así como el punto en el que confluirán pasado y presente del narrador y protagonista.

Esta presencia del arte permite al autor introducir digresiones sobre el mundillo. El problema está en que, si bien resultan interesantes y darían para un ensayo de lo más entretenido, personalmente me sacan un poco de la trama principal, esa centrada en la psicología del amor, en cómo vemos o creemos que nos vemos (y ven). Y mira que me jode porque la indagación sobre el amor y el desamor y sus alrededores tiene ritmo, es profunda, casi obsesiva y retrata a la perfección estos tiempos líquidos que nos ha tocado vivir y la parte más "ensayística" le da un puntito intelectual que a gafapastas y curiosos (ejem, aquí hay uno) disfrutamos.

En cualquier caso, Los retratos desparejados no deja de ser una buena novela en la que hay un fuerte componente generacional (recomendada especialmente para nacidos en los 70 - 80) y en la que las influencias van de Javier Marías a Milan Kundera, pasando por un Houellebecq relajadito. La influencia de Marías se aprecia ya desde la primera frase, muy al estilo de Mañana en la batalla piensa en mi o Corazón tan blanco, pero también en el manejo del lenguaje y los saltos temporales; la de Kundera en las reflexiones sobre el propio "hecho amoroso", un poco en la onda de La insoportable levedad del ser  (a veces me parece ver por las páginas de Gonzalo Núñez a Teresa y Tomas); la de Houellebecq relajadito en ese retrato de nuestro tiempo, aunque sea menos oscuro y pesimista que el del francés. ¡Palabras mayores, eh!

En fin, como decían en Con faldas y a lo loco... Nadie es perfecto. Esta novela tampoco. Eso sí, es de lo más recomendable.

lunes, 12 de julio de 2010

Hacia dónde va la novela


Desde finales del s. XX se ha venido anunciando la muerte de la novela. Aunque al principio pareciesen algo derrotistas, en realidad, las voces que abordaron la cuestión se referían, más que al género en sí, al modelo de novela que se venía practicando hasta entonces. Esto, como diría Eduardo Mendoza, tratando de explicar unas declaraciones suyas que levantaron bastante polémica: “La novela de sofá – heredera de las grandes obras y la única que merece tal nombre – “ya no da más de sí” y su muerte “se ha anunciado varias veces y siempre con razón”. Efectivamente, la primera transformación ocurrió a principios del s. XX, sobre todo con la llegada de las vanguardias. El modelo anterior siguió encontrando lectores, pero como experiencia creativa estaba agotado y no tuvo más remedio que evolucionar. Cuando después Vargas Llosa señala que la novela siempre fue un producto de minorías y que banalizarla convirtiéndola en light para que compita con lo audiovisual no conseguirá más que aburrir al público, en realidad estaba diciendo lo mismo: que urge dignificar el género y convertirlo de nuevo en signo de la época.

Este tipo de cambios lleva su tiempo. Tampoco son uniformes, pero la palabra que puede definirlos sería, quizá, mestizaje, pues lo que hemos observado hasta ahora es que las fronteras entre géneros están cada vez más diluidas.

En un primer grupo pondríamos obras que pierden la homogeneidad acostumbrada para convertirse en un amasijo de elementos. Como Vida de Pi de Yann Martel, La vida, instrucciones de uso de Georges Perec, No es país para viejos de Cormac McCarthy, El cuaderno dorado de Doris Lessing o Una noche de invierno un viajero de Italo Calvino. Si damos un paso más, llegamos a las que utilizan técnicas de géneros distintos mezclando la novela con un segundo género y a veces un tercero o más. Estos productos, de naturaleza híbrida, al estar formados por la acumulación de elementos, admite infinitas combinaciones. Lo que permanece invariable es la ficción, y con ella podrían fundirse historia, geografía, relato corto, biografía, crónica de viajes, reportaje periodístico, diario personal, notas sueltas, poesía o cualquier otro que se nos ocurra. Cabe todo lo que pueda transformarse en literatura o ensamblarse con ella, incluidos documentos oficiales, sentencias judiciales e instancias. Valga como muestra la magnífica Pantaleón y las visitadoras. Nos encontramos entonces con nuevas y hermosas experiencias lejos del camino trillado de siempre, con un campo abierto a la creatividad.

Aunque es una forma de expresión que llevaba casi un siglo gestándose, sólo al acercarse el fin de milenio empezó a adquirir relevancia. Hasta 1990 Mario Benedetti no se decide a publicar su miscelánea Despistes y franquezas, un tipo de obra que, por sus posibilidades de libertad creativa, le había atraído desde siempre. Y en 2003, Carlos Fuentes manifiesta que le parecería inconcebible que en la novela no tuvieran cabida “la narrativa, la poesía, el ensayo, la filosofía, la ciencia, el reportaje”. El crítico Stephen Kock se suma a esa opinión: “La novela no escrita es un libro, sin embargo, tan pulido, que parece una recopilación de fragmentos. Sin embargo estas obras no son pastiches. Tienen una unidad. Esta unidad se la da la coherencia que supone rechazar la homogeneidad. La negación de la unidad contribuye a su energía".

Encontramos ejemplos en todas las épocas: biografías noveladas como Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz o Desde el amanecer de Rosa Chacel, combinación de ensayo y narrativa en Milan Kundera con La insoportable levedad del ser y La inmortalidad, entre otros, apuntes de viaje literarios en Ventanas de Mahattan de Muñoz Molina, meditaciones personales en Mortal y rosa de Francisco Umbral, De profundis de Oscar Wilde y Diario de la galera de Imre Kemrestz, periodismo unido a literatura desde A sangre fría de Truman Capote o Los ejércitos de la noche de Norman Mailer hasta India de V. S. Naipaul, memorias noveladas en París no se acaba nunca de Vila Matas y poetizadas en Confieso que he vivido de Neruda, misceláneas como El azul relativo de Andres Trapiello y miles de ejemplos más de todos los países del mundo que se han ido haciendo más comunes a medida que avanzaba esta primera década. En realidad son la respuesta espontánea de los autores al momento que estamos viviendo, tienen su correspondencia en otros campos artísticos como la música y las artes plásticas, se las ha definido como misceláneas o enciclopedias en miniatura y se caracterizan por ser de carácter abierto, componerse de una combinación de elementos y carecer de jerarquía entre sus componentes. Pero lo que más me fascina de ellas es la multitud de posibilidades que promete su evolución.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Hillel Halkin: ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?

Idioma original: inglés
Título original: Melisande! What Are Dreams?
Año de publicación: 2012
Traducción: Vanessa Casanova
Valoración: recomendable (imprescindible solo para románticos empedernidos)

Debo ser yo, la verdad: debe de ser cosa mía, que me he vuelto cínico o descreído o duro, o algo. Debe ser que he perdido la capacidad de emocionarme con las historias bonitas sin poner algún tipo de distancia. Porque a todo el mundo le ha encantado este libro, todo el mundo lo recomienda con grandes muestras de emoción, lo mismo libreros que críticos que lectores. Y a mí, pues sí, me ha gustado, sí, pero no me ha encantado, por motivos que luego explicaré.

Es verdad que ¡Melisande! ¿Qué son los sueños? es un libro bonito: es una historia de amor y amistad, un triángulo amoroso entre dos amigos, Ricky y Hoo, y una mujer, Mellie (la "Melisenda" del título) que tiene algo de Manic Pixie Dream Girl, un término polémico nacido en la crítica cinematográfica para definir a "esa criatura chispeante y superficial que existe solo en la imaginación febril de escritores y directores sensibles, para enseñar a taciturnos hombres jóvenes los infinitos misterios y aventuras de la vida." Es verdad que Melisande no es una cáscara vacía, sino que tiene su propia evolución, sueños y esperanzas, pero sigue existiendo (o eso me lo parece a mí) como objeto del amor y el deseo de los personajes masculinos.

Es innegable que la historia está bien contada, con sensibilidad, interés y una técnica bien escogida: el narrador, ya mayor, regresa a los recuerdos de su adolescencia, en que conoció a Ricky y a Mellie; narra después el proceso de colapso mental de Ricky, su acercamiento a Mellie y (la parte más bonita del libro) su larga relación y su matrimonio lleno de todas las cosas buenas y malas de la vida. Algunos pasajes (como cuando Ricky quiere deshacerse de su dinero, dólar a dólar, o cuando Hoo encuentra las notas domésticas de Mellie escondidas en medio de sus libros) son realmente memorables.

Y sin embargo la pega mayor que yo le pongo a este libro es que cada cierto tiempo cae en lo cursi, que sé que es un término y un límite difícilmente objetivable pero que también creo que es indudable que existe. Cuando Mellie cuenta un cuento de hadas y "una solitaria lágrima rueda por su mejilla", eso es para mí el epítome de lo cursi; o cuando en el día de su boda Mellie y Hoo se encuentran bajo la "lluvia lunar"; la nota que Hoo le envía a Mellie antes de casarse con ella, a muchos lectores les habrá parecido deliciosa, pero a mí también me ha parecido cursi, y bastante tópica además.


En un párrafo de La insoportable levedad del ser que me viene a la memoria a menudo, Milan Kundera define así lo kitsch:


El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lagrima dice: ¡Qué hermoso, los niños corren por el césped! La segunda lágrima dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped! Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch.
Si se sustituye la palabra kitsch (que entre tanto se ha pasado de moda) por la palabra "cursi", y así es como yo veo esta novela. Si entras en el juego y te emocionas con el resto de la humanidad, entonces la disfrutarás hasta el infinito y más allá. Pero si eres como yo y esos momentos particularmente empalagosos te provocan escalofríos, entonces le pondrás algún pero al bueno de Halkin. Y eso a pesar de que, como digo, me sigue pareciendo una novela bonita.

martes, 15 de abril de 2014

Biografías lectoras: ganadores (2)

TOC, por David Villar Cembellín

El acto de leer, a estas alturas lo tengo claro, es un trastorno obsesivo-compulsivo. Obsesivo, porque mentalmente no concibes tu existencia sin lectura o tu mente sin el sumatorio de las mismas; y compulsivo, porque recurrentemente vuelves a los libros como pulsión vital. «El arte es la mentira que nos permite comprender la verdad», que dijo Picasso en la que puede ser la mejor definición sobre la función de la Literatura.

Así las cosas, recapitulemos: ¿dónde comenzó mi afición de lector? No tengo ninguna duda, el germen tuvo lugar a edad temprana con las historietas de Pulgarcito, un tebeo que devoraba semanalmente y que proporcionó infantil e infinito placer al niño que fui. Por supuesto que a esos Pulgarcitos siguieron otros tebeos: la colección entera de Tintín, de Astérix, Zipi y Zapes, Mortadelos y Filemón, Grandes Aventuras Ilustradas… mi afición lectora se cimentó sobre una sólidas raíces: los tebeos. En mi cabeza sonaban Enrique y Ana.

A posteriori —o paralelamente, no recuerdo— llegaron decenas, quizá centenares de libros infantiles que sacaba casi a diario de la Biblioteca del Colegio de La Salle de Sestao (un abrazo fuerte desde aquí para Míkel, el bibliotecario): allí fueron cayendo desde la colección de Los Cinco (que me volvió loco), hasta los infames Hollister (que nunca me terminaron de gustar, demasiado anglobuenistas), Los tres investigadores, La banda del cuatro y medio, libros de El barco de vapor, la colección entera de los inolvidables Elige tu propia aventura de tapa roja (mis favoritos, La guarida de los dragones y Te conviertes en tiburón), etc. Pero si debo rescatar un libro de mi infancia, aquel fue La historia interminable. Su extensión (400 páginas o´clock), el carácter épico de la aventura que contaba, la multitud de personajes, la tipografía a doble color… aquel ejemplar que mi madre me compró en el Círculo de Lectores fue, sin ambages, mi lectura favorita de aquella infancia tardía. Aún lo es. En la radio sonaban casetes de Duncan Dhu que regalaban con la SuperPop y recopilatorios grabados de Los 40 Prinicpales a los que bautizaba con los originales nombres de “Guay 1”, “Guay 2”, “Guay 3”…

Y en estas llegó mi pubertad, llegó la adolescencia… y digamos que estuve más preocupado/ocupado de otras cosas que de leer. Además, en términos estrictamente crematísticos fue mi adolescencia una época particularmente jodida: fumador precoz, bebedor de fin de semana y aficionado a los tebeos… muchos vicios para 300 pesetas a la semana si las notas acompañaban (que no era el caso, para más inri). Pero, oh, de repente, como maná del cielo, a últimos de mes siempre aparecían 2000 pesetas en mi mano. ¡2000 pesetas!

Son para sacarte el bono mensual para el tren, ¿eh? —especificaba nítidamente mi madre.
—Sí, mama —mentía yo.

Y esas 2000 pesetas para el bono mensual, demasiadas definitivamente para un trozo de cartulina amarilla con tu DNI escrito a boli, se convertían automáticamente en mi paga extra, en mi bolsa de resistencia, en mi fondo de reptiles, en mi salvación. A cambio solo debía ir el resto del mes de colada en el tren, ni tan mal. Así fue como el casi hasta la indigencia misérrimo adolescente de Margen Izquierda que fui —que en el fondo siempre seré— consiguió dinero para seguir comprando cómics (el Spiderman de McFarlane, la Patrulla-X de Claremont…). Mis lecturas de esa época: las Crónicas de la Dragonlance (que me encantaron), El señor de los anillos (que me pareció un tostón ultradescriptivo, aún hoy no trago a Tolkien), los mitos de Chtuluh de Lovecraft, y algún que otro libro de más empaque que iba rescatando de las abigarradas estanterías de mi casa: La ciudad de la alegría de Lapierre, La insoportable levedad del ser de Kundera, Por quién doblan las campanas de Hemingway, Misericordia de Galdós, Tartufo de Moliere, Papillón de Carriere, Réquiem por un campesino español de Sender, La buena tierra de Pearl S. Buck, etc. La verdad es que tenía en mi propio hogar un buen fondo de armario. 

Pero si he de elegir una lectura de adolescencia que me marcó, que me tocó hondo, fue El club de los poetas muertos de N. H. Kleinbaum. Probablemente será una obra menor, o tramposa, o maniquea, pero me da igual, no me avergüenza reconocerlo… en aquel momento quinceañero la leí de un tirón, me habló de mí mismo y agitó mi anterior como ninguna lectura lo había hecho hasta entonces. En mi radiocasete sonaban noche y día A night at the opera de Queen, Violator de Depeche Mode, Disintegration de The Cure y Zooropa de U2.

Y como quien no quiere la cosa, crecí, me hice legal —que no moralmente— adulto, y el cuerpo me pedía más y más. Y entre cosas que me dejaron amigos (La tregua de Benedetti, El camino de Delibes…) y cosas que iba sacando de la biblioteca de Sestao (me divertí mucho cuando descubrí a Bukowski y Fante, me maravillé con Unamuno a través de Niebla, flipé con la trilogía de Auschwitz de Primo Levi…), las lecturas crecían y crecían. Además, gracias a trabajos esporádicos comencé a gozar de cierto escaso poder adquisitivo y pude culminar los imprescindibles de cómics que había ido dejando cojos a falta de vil metal: Watchmen, V de Vendetta, The Sandman, Black Orchid... Los dos más grandes de aquella época fueron sin duda Alan Moore (de quien aún sigo comprando compulsivamente todo lo que hace, de nuevo el TOC) y Neil Gaiman. Todavía conservo los originales de aquellos cómics que editó Zinco por primera vez. En la radio sonaban Guns´n Roses y grupos grunge que nunca me acabaron de convencer del todo, mientras yo descubría a Serrat, a Sabina, a Victor Jara, y me iba de concierto hasta Barcelona para ver a U2 (año 1997, Placebo de teloneros).

Y el tiempo prosiguió. Y con él las lecturas. Y así llegaron los que considero los más grandes. Pessoa y su Libro del desasosiego. Dostoievski y sus hermanos Karamazov (y, ¡oh!, Noches blancas). Scott Fitzgerald y sus hermosos y malditos. Steinbeck y sus uvas de la ira. Céline y su viaje al fin de la noche. Kenzaburo Oé y su cuestión personal. Y los relatos y el teatro de Chejov (mención especial para las líneas finales de El tío Vania y Las tres hermanas). Y la inolvidable disertación amorosa de Carson McCullers en La balada del café triste. Y la siempre hilarante y divertida crítica social de Gogol. Y el realismo sucio y desesperanzado de Thom Jones, Kjell Askilden y Ray Pollock. Y los futuros distópicos de Zamiatin, Orwell y Huxley. Y los alegatos antibelicistas de Trumbo y Vonnegut. Y la eterna espera de Buzzati. Y la lucidez impía de Saramago. Y las historias siempre trágicas y emocionantes de Zweig. Y los justos de Camus. Y las ciudades de Calvino. Y las estrellas de Lem. Y tantos y tantos…

La lista a estas alturas no es interminable, pero sí extensa. Menos de lo que me gustaría, no obstante. También han ido evolucionando mis gustos en cómics, creo, hacia terrenos más europeos e independientes, y en estos años he leído unos cuantos excelentes: Blankets de Craig Thompson, El arte de volar de Altarriba y Kim, la serie de Paul de Rabagliati, el Paracuellos de Carlos Giménez, el siempre seguro de calidad Luis Durán, y muchos más que no tendría tiempo aquí de reseñar. Además, con el tiempo he dado cabida a la poesía, a la que tenía semiolvidada, y he disfrutado como un loco de poetas tan grandes como Pessoa, Alejandra Pizarnik, Marina Tsvetaieva, Kavafis, Karmelo Iribarren, Luis Alberto de Cuenca, Manuel Altolaguirre, Kirmen Uribe, y tantos otros que se me estaban escapando —que todavía se me escapan— por pura ignorancia (internet ha sido un cauce muy útil, por cierto, para estos hallazgos). En mi reproductor de mp3 ahora suenan mucho los Smiths y Nacho Vegas, señal tal vez de que a estas alturas me he vuelto un ser más triste, o quizá tan sólo más lastimero.

Pero a lo que vamos: con el carácter ecléctico de siempre, sigo leyendo. Sin un orden, sin un patrón, solo por el placer de leer, y lo seguiré haciendo. Pero sirvan estas líneas, este corolario a esta biografía lectora, como agradecimiento a todos aquellos que lo hicieron posible y sentaron las bases del lector en que me he convertido. Así, quede dicho:

¡GRACIAS A MI FAMILA POR AQUELLOS PRIMEROS “PULGARCITOS”!
¡GRACIAS A MIKEL Y SU BIBLIOTECA DEL COLEGIO DE LA SALLE DE SESTAO POR EXISTIR!
¡GRACIAS A MI MADRE POR EL EXCELENTE FONDO DE ARMARIO LITERARIO QUE TENÍA EN CASA!
¡GRACIAS A LOS AMIGOS, NOVIAS, COMPAÑEROS DE TRABAJO… QUE COMPARTIERON CONMIGO SUS LECTURAS FAVORITAS!
¡GRACIAS A LOS LIBREROS QUE SUPIERON DESCUBRIRME AUTORES QUE DESCONOCÍA Y A AQUELLOS QUE SUPIERON ENCONTRAR MIS EXIGENCIAS MÁS BIZARRAS! (un abrazo especial para aquel dependiente rastafari de la FNAC-Zaragoza que se equivocó conmigo y se pensó algo que no era cuando le pedí el Maurice de Forster) ;P
¡GRACIAS A LA GUAPA BIBLIOTECARIA DE MUSKIZ QUE NUNCA SE ENFADA CUANDO LE LLEVO CON MUUUUUCHO RETRASO TODOS LOS LIBROS QUE ME LLEVO!
¡GRACIAS A LOS PEQUEÑOS EDITORES QUE ARRIESGAN Y RESCATAN DEL OLVIDO OBRAS QUE VALEN MUCHO LA PENA!
¡GRACIAS A INTERNET, Y SUS DESCONOCIDOS, Y SUS CRÍTICAS, Y SUS BLOGS, Y SUS PÁRRAFOS ESCOGIDOS… QUE SIRVEN DE BRÚJULA PARA TODOS ESOS NUEVOS DESCUBRIMIENTOS!

Gracias a todos, de verdad. Mi trastorno obsesivo-compulsivo está en deuda con vosotros. Pero eternamente agradecido por el mismo, en serio.

domingo, 16 de julio de 2023

Scott Spencer: Amor sin fin

Idioma original: Inglés
Título original: Endless love
Traducción: Inmaculada Pérez Parra
Año de publicación: 1979
Valoración: Bastante recomendable

Amor sin fin es una extensa novela que podríamos emparentar con dos películas estrenadas también a finales de los setenta y con dos libros perfectamente conocidos por todos. Y las películas serían Malas tierras y Alguien voló sobre el nido del cuco y las novelas serían El guardián entre el centeno y El túnel.

Empecemos por el final. La asociación con la novela de Sábato tiene su origen en un primer párrafo o una primera página verdaderamente apabullante en la que el narrador confiesa haber prendido fuego a una casa en cuyo interior estaban las personas a las que más adoraba en el mundo; la vinculación con la novela de Salinger se debe a la primera mitad del texto, en la que un narrador adolescente observa extrañado el mundo de los adultos; el nexo con la película de Milos Forman tiene que ver con un final en la que uno puede imaginarse a Dave Axelrod en la situación en la que se encontraba el personaje interpretado por Jack Nicholson; por último, el vínculo con la película protagonizada por Martin Sheen y Sissy Spacek tiene que ver con el propio argumento de esta, que si recordáis trataba de una pareja de adolescentes que vivía un amor apasionado y trataba de escapar del mundo de los adultos a través de él. Creo que esas cuatro referencias pueden servir para que os hagáis una idea del argumento de la novela.

Más allá del argumento, lo que importa es el cómo, qué es lo que hace que Amor sin fin sea una muy buena novela. Varios son los aspectos a destacar:
  • La construcción de los personajes. Obviamente el peso de la novela recae en Dave, narrador en primera persona de los hechos, y este es el personaje más destacado, especialmente por la evolución que tiene y el tratamiento que el autor concede a sus vaivenes emocionales. Pero además de Dave, los secundarios son mostrados en toda su complejidad y son fundamentales para el desarrollo de la historia
  • Los diálogos, ágiles y creíbles, que contribuyen a esa construcción de personajes de las que hablaba
  • Las tramas secundarias que acompañan y complementan la historia de Dave y Jade. Mención especial merece la crónica de la generación de los padres de estos y la brecha abierta entre ambas. 
Así, queda la sensación de haber leído una muy buena novela sobre la que solo queda añadir un comentario. Como sucede con El guardián entre el centeno (y también con Rayuela o con La insoportable levedad del ser), tengo la impresión de que Amor sin fin es una novela que puede impactar más a un lector más joven. Esos amores tan absolutos, esa angustia juvenil, esas búsquedas desesperadas entre el sexo y la confusión, entre la desesperación y el deseo, no suenan igual a los 20-25 años que a los 45. Cuestión de tiempo, quizá, porque como dice el propio Dave Axelrod hacia el final de la novela...
Ahora había una muerte entre nosotros y cuatro años de separación., había amantes y tribunales y hospitales y cartas sin mandar y diez mil horas de terror y de duda, pero no es que fuéramos menos por eso, solo menos felices. 
P.S.: Hay un par de versiones cinematográficas de la novela, aunque no parecen estar a la altura de esta. O, al menos, eso dicen los que las han visto.

También de Scott Spencer en ULAD: Despertar a los muertos

jueves, 26 de noviembre de 2015

Colaboración: La fiesta de la insignificancia de Milan Kundera

Idioma original: francés
Título original: La fête de l'insignifiance
Año de publicación: 2014

Valoración: Insignificante

Tengo que confesar que cuando concluí la lectura de este libro acudí a varios suplementos culturales porque la sensación de vacuidad que desprende la lectura del último libro del señor Kundera me había dejado perplejo. Quizás no había sabido entender el enfoque del libro o me faltaba alguna clave para poder situarlo en el contexto adecuado. Contexto que, sinceramente, se me escapaba. Cuál fue mi sorpresa cuando varios críticos saludaban la originalidad del libro, su visión irónica y absurda de la existencia y su trasfondo filosófico y metafísico. Alucinante.

Ya sabemos por libros anteriores que Kundera recurre en muchas ocasiones a hechos banales o anecdóticos para ir deslizando reflexiones profundas sobre el ser humano y su errático transitar por  este mundo. Pero aquí lo que tenemos entre manos es una anécdota elevada a novela y saludada como la última voluntad literaria de un clásico (al fin y al cabo el autor checo cuenta 85 años). Y esto es demasiado. Sinceramente no entiendo ni el enfoque del libro ni la supuesta maestría narrativa que despliega en sus, afortunadamente, breves páginas. Sí que entiendo que hace catorce años que el señor Kundera no publicaba nada y que en su editorial debían estar muy nerviosos. Quizás el autor checo se vio obligado a salir de su semirretiro y dar un poco de lustre postrero a su carrera. Quizás debía una novela a su editorial y no podía alargarse más el plazo de entrega. Sí, quizás, pero quizás deberían haber dejado que el señor Kundera siguiera paseando tranquilamente por los jardines de Luxemburgo, dando de comer a la palomas, mirando el ombligo de las jovencitas y reflexionando sobre estatuas y ángeles, que es a lo que parece que dedica últimamente su existencia.

Eso debería hacer  y no aderezarlo con la absurda aparición de cuatro atolondrados franceses, insignificantes, eso sí, en sí mismos, en lo que hacen y lo que viven,  que van a celebrar una fiesta de la que pronto nos desentendemos y que sinceramente nos hace arrepentirnos desde las primeras páginas de haber iniciado la lectura. Lo más jugoso de este libro, no se lo pierdan, es una anécdota de caza de Stalin que desliza Kundera a mitad de novela y que le sirve para burlarse del dictador y sus secuaces, pero para contarnos esa anécdota podía habernos invitado a tomar un refresco en alguna terraza de París y nos habría ahorrado pasar por la caja de la librería.

En fín, que si tienen oportunidad y ganas de leer a Kundera no les diré que recurran a La insoportable levedad del ser, que es una obviedad. Incluso La ignorancia, su anterior novela, siendo una obra menor está muy por encima de este entretenimiento banal, que lo único que puede conseguir es alejarnos irremediablemente del autor checo.

Todas las reseñas sobre Milan Kundera en ULAD: Aquí
Firmado: José Miguel Martínez Camino

miércoles, 16 de febrero de 2022

Lo mejor de 2021: Lo que opinan nuestros lectores

Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.

En riguroso orden de llegada.

Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.

Salud y cultura, amigos.

Anónimo

Ficción

Libros que merecen mejor valoración en el blog

Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino

Tres tristes tigres de Cabrera infante


Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan

La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses


Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique


Nada que decir, apuestas seguras

Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo

Ficciones de Borges

Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas


Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón

Bajo el volcán de Lowry

La insoportable levedad del ser de Kundera


No ficción

Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

Sociología y pragmatismo de Wright Mills

La distinción de Bourdieu

La selva de los símbolos de Turner


Relectura necesaria

La imaginación sociológica de Wright Mills

Outsiders de Howard Becker

La zona gris de Auyero


Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas

Los trucos del oficio de Becker

Describir el escribir de Cassany

Decir casi lo mismo de Eco


Clásicos que faltaban

La rebelión de las masas de Ortega y Gasset

Técnica y civilización de Mumford


Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer

Adiós al socialismo de Del Búfalo

La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja

El Estado mágico de Coronil


Conseguidos por sorpresa

Orientalismo de Said

La invención de Irlanda de Kiberd

Comunidades imaginadas de Anderson


Gabriel Diz

Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:


1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)

2)El corazón del daño (María Negroni)

3)Años luz (James Salter)

4)2666 (Roberto Bolaño)

5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)

6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)

7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

8)La hermana menor (Mariana Enriquez)

9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)

10)Prins (Cesar Aira)

11)La sangre manda (Stephen King)

12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)

13)Persecución (J.C. Oates)

Carlos Ávila:

El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De

todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar

Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.

Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.

Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la

precariedad de Jorge Moruno.

Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero

con Frutos extraños y Carrère con Yoga.

Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick

Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.

Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove

Ditlevsen.

Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos

de Kenneth Cook.

Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de

Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.

Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con

Guerra y paz.

Pablo GP

Libros Preferidos:

- Donal Ryan: Corazón giratorio.

- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.

- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.

- Albert Cohen: Bella del señor.

- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.

- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).

Libros Destacables:

- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.

- Alan Parks: Enero sangriento.

- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.

- Jeffrey Eugenides: Middlesex.

- Bruce Chatwin: Colina negra.

- Peter Kaldheim: El viento idiota.

Mención honrosa:

- Alan Parks: Hijos de Febrero.

- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.

- D.H. Lawrence: El arco iris.

- Chriss Offutt: Kentucky seco.

- Emmanuel Carrère: Yoga

Decepciones:

- George Saunders: Lincoln en el bardo.

- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.

- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.

- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.

Maqroll El Gaviero

Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):

- Los siete locos (Roberto Arlt)

- Limónov (Carrère)

- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)

- Glosa (JJ Saer)

- Me llamo Rojo (Pamuk)

- Martin Eden (Jack London)

- Kokoro (Soseki)

- El idiota (Dostoievsky)

- La suerte de Omensetter (W Gass)


Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).

Ángel Muñoz

El mejor,

No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.

Me daba perezón pero mira…

Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)

Me arriesgué y no me decepcionó

64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.

Qué necesidad tenía yo…

A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins;  La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.

Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).

Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)

Sorpresas inesperadas

Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).

Me hicieron reír, mucho

Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)

Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción

Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)

Zoila Blanco

ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)

Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)

VERA (E. von Armin)

ELS DICS (I.Solá)

LA DRECERA (M.Martin Serra)

LAS LEALTADES (De Vigan)

LA AVERIA (F.Dürrenmatt)

ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)

EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)

TSUNAMI (A. Pijuan)

LLUM DE FEBRER (E.Strout)

L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)

LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)

AMARILLO (F. Romero)

EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)

LAS GRATITUDES (De Vigan)

Sergio Borao Llop

Ante todo, gracias por las reseñas diarias.

En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler

Noir, de Robert Coover

Todo lo que muere, de John Connolly

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

Solo el silencio, de R. J. Ellory

X, de Percival Everett

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

El gran cuaderno, de Agota Kristof

El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

Cuentos completos, de Mario Levrero

Ánima, de Wajdi Mouawad

Plop, de Rafael Pinedo

Las primas, de Aurora Venturini

Michi:

Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao

Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los

mentirosos - Mary Karr

Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello 

Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte 

Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns 

Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez 

Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne 

Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar 

Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor 



viernes, 15 de noviembre de 2019

Marco Missiroli: Actos obscenos en lugar privado

Idioma original: italiano
Título original: Atti osceni in luogo privato
Año de publicación: 2015
Traducción: Carlos Gumpert
Valoración: Está (más o menos) bien

En 1975, a sus doce años, Libero Marsell vive una doble circunstancia que muy bien podría haberle causado traumas irreparables en su edad adulta. por una parte, tiene que abandonar su Italia natal para mudarse con sus padres a París. En segundo lugar, descubre a su madre haciendo cochinadas demostrando su afecto de forma poco decorosa a un amigo de la familia. Esta última sorpresa le podría haber acarreado problemas en relación a su propia vida sexual -de forma perfectamente comprensible-, además, pero no: a partir de ese momento Libero se dedica a practicar el sexo de forma frecuente y entusiasta el resto de su vida; más bien autosuficiente, eso sí, durante su adolescencia y con ayuda de alguna partenaire femenina, cada vez con más facilidad, según entra en su juventud y adultez y va desarrollando su atractivo. Como casi todo el mundo, vamos.

La suerte que tiene Libero es que es el protagonista de una novela cuyo autor ha decidido contarnos todos y cada uno de los polvos su "educación sentimental" (léase sexual) con pelos y señales. pero no os emocionéis: si bien estos encuentros -también el autosexo- están narrados con la suficiente eficacia y prestancia para resultar entretenidos, uno por uno, al cabo de unos cuantos la cosa se vuelve un poco rutinaria... Me explico con un ejemplo, sobre todo para los millenials (si es que nos lee alguno): cuando existía el servicio militar obligatorio, quienes teníamos la suerte de librarnos de la mili (nunca podré alabar lo suficiente la sabiduría del Ejército Español, en lo que a mí respecta), no estábamos, sin embargo, exentos de pagar un peaje, algo más que simbólico: que nos la contaran todos y cada uno de los que la habían hecho... Bueno, pues esto viene a ser lo mismo.

Luego está el toque de "guayotismo" o fantasmada (sí, ya sé que se trata de una novela y no de un libro de "autoficción", pero me entendís), variante cuqui: el protagonista no de mueve por una barriada de una anodina ciudad de provincias, sino en el París más intelectual y chachi... el café Deux-Magots, la Sorbona, el Marais... y si bien después se va a buscarse la vida a su Milán natal, trabaja, por ejemplo, en una pintoresca taberna de los Navigli, etc... Su primer amor es una hermosa diosa de ébano y su confidente, uno no menos bella bibliotecaria veinte años mayor que él -y novieta del amante de su madre- que, por algún motivo incognoscible siente debilidad por nuestro Libero desde que éste era apenas un pubescente... en fin, muy verosímil, chavalote...

Todo ello trufado con multitud de referencias culturales setenta-ochenteras  (o que tenían un revivir por entonces)...libros, películas, música que no dejan de tocar nuestro corazoncito (yo, al menos, estaría entre la época del protagonista y la del autor de la novela): nos habla de Camus, Buzzati, Faulkner, pero también de La insoportable levedad del ser (curiosamente, no de En brazos de la mujer madura, un libro que quedaría más à la page) y pelis como La chaqueta metálica o Bailando con lobos.  En fin, que gracias a eso y a que el estilo es más o menos ameno, aunque en ocasiones un tanto alambicado -incluso un pelín pedante-. la valoración del libro sube a un "está bien", con ciertas reservas por mi parte... Es decir, que si lo leeis tampoco os va a pasar nada... pero no lo leeis, tampoco, lo que es más preocupante.

viernes, 6 de noviembre de 2009

250 entradas - 250 años (I)

Para conmemorar que hemos llegado a las 250 entradas de blog -sin fallar un solo día-, los que hacemos Un libro al día nos hemos propuesto hacer nuestro propio "canon" de los mejores libros escritos en los últimos 250 años. Cada uno de los autores del blog votamos por los libros que quisimos (10 en algunos casos, 25 en otros), y después unificamos las listas.

Como la lista de "nominados" y "premiados" es muy larga, la dividimos en dos partes: publicamos hoy la lista de libros que obtuvieron un solo voto, de alguno de nosotros (los "nominados"). Mañana publicaremos la lista de los 14 libros que obtuvieron más de un voto y que, por lo tanto, se puede decir, son "los 14 mejores libros escritos en los últimos 250 años según Un libro al día". Como veréis, en la lista -la de hoy y la de mañana- hay un poco de todo: mucha literatura consagrada (no es un canon excesivamente rompedor en ese sentido); casi todo novela, con algunas incorporaciones de novela gráfica, ciencia-ficción o novela fantástica; bastante literatura en español (con predominio de Hispanoamérica) y sobre todo una aplastante mayoría de obras del siglo XX.

Esta es, en fin, la lista de nominados:


  • ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick
  • Antología poética, Miguel Hernández
  • Canto a mí mismo, Walt Whitman
  • Cantos de Maldoror, Isidore Ducasse
  • Capitanes de la arena, Jorge Amado
  • De ratones y hombres, John Steinbeck
  • Dune, Frank Herbert
  • El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez
  • El barón rampante, Ítalo Calvino
  • El candor del padre Brown, G. K. Chesterton
  • El color de la magia, Terry Pratchett
  • El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad
  • El lobo estepario, Herman Hesse
  • El marino que perdió la gracia del mar, Yukio Mishima
  • El proceso, de Kafka
  • El profeta, Khalil Gibran
  • El retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde
  • El rey se muere, Eugene Ionesco
  • El ruido y la furia, William Faulkner
  • El señor de los anillos, J.R.R Tolkien
  • El tragaluz, Antonio Buero Vallejo
  • El último encuentro, Sandor Marai
  • Esperando a los bárbaros, Coetzee
  • Fausto, Johann Wolfgang von Goethe
  • From Hell, Alan Moore
  • Hojas de hierba, Walt Whitman
  • Inventario Uno, Mario Benedetti
  • Jane Eyre, Emily Bronte
  • Juego de tronos, George R.R Martin
  • La casa de citas, Alain Robbe-Grillet
  • La ciénaga definitiva, Giorgio Manganelli
  • La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
  • La montaña mágica, Thomas Mann
  • La naúsea, Jean Paul Sartre
  • La tierra baldía, T. S. Eliot
  • Las amistades peligrosas, Pierre Choderlos de Laclos
  • Libro del desasosiego, Fernando Pessoa
  • Lo bello y lo triste, Yasunari Kawabata:
  • Luces de Bohemia, Valle Inclán
  • Me casé con un comunista, Philip Roth
  • Movimiento perpetuo, Augusto Monterroso
  • Mrs. Dalloway, Virginia Woolf
  • Narraciones extraordinarias, Poe
  • Nieve, Ohran Pamuk
  • Orgullo y prejuicio, Jane Austen
  • Poeta en Nueva York, Lorca
  • Rayuela, Julio Cortázar
  • Relatos, Julio Cortázar
  • Residencia en la tierra, Pablo Neruda
  • Rimas, Becquer
  • Sin destino, Imre Kertesz
  • Todo Mafalda, Quino
  • Un mundo feliz, Aldous Huxley
  • Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal
  • Una temporada en el infierno, Arthur Rimbaud