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sábado, 30 de enero de 2010

J. D. Salinger: El guardián entre el centeno

Idioma original: inglés
Título original: The catcher in the rye
Fecha de publicación: 1951
Valoración: Muy recomendable

Ha muerto Jerome David Salinger.

El esquivo escritor (un tipo que vivía en una casa apartada, espantaba a base de perdigones a los curiosos y que concedió su última entrevista hace treinta años) ha expirado el 28 de enero de 2010 a los 91 años; de muerte natural, dicen. Y los que escribimos en este blog nos vemos en el deber casi moral de reseñar, por fin, uno de los mayores fenómenos literarios del siglo XX: El guardián entre el centeno.

Y no, no me parece descabellado hablar de "fenómeno", porque ahora mismo no se me ocurre ningún libro que haya provocado tanto de tanto (escándalo, controversia, adicción, inspiración, leyenda urbana, fanatismo...). Pero creo que este no es el espacio idóneo para regalar al visitante hornadas de chascarrillos: quines deseen conocer mejor a los serial killers y a las stars que veneran El guardián entre el centeno, que chapuceen en Google...

El carismático protagonista de esta historia es Holden Caulfield, un muchacho de dieciséis años de buena familia, muy espabilado, mal hablado, ingenioso y repollo pero pésimo estudiante, que está a punto de ser expulsado del cuarto caro colegio donde estudia. Esto lo sabemos ya en las primeras páginas del libro, narrado en primera persona, donde leemos también cómo se pelea con un repelente compañero de estudios por una chica.

Pero no son sólo sus fracasos académicos y sociales lo que le lleva por la calle de la amargura; digamos que a tan corta edad, Holden es un hombrecito completamente consciente de que no le gustan ni un pelo el Mundo y sus habitantes. El inconformismo y el deseo de huir de las garras de la cruda realidad provocan que antes de ser expulsado oficialmente de su centro, huya un fin de semana a la big city de Nueva York. Allí vivirá experiencias de todo tipo, intento de perder su virginidad con una prostituta inclusive...

La galería de personajes que nutre la historia no tiene desperdicio, y el ácido jovenzuelo de apellido Caulfield que la describe no tiene piedad. Ni siquiera es clemente con su hermano mayor, un afamado escritor en Hollywood, o con sus padres, hombre de éxito él y mujer melancólica ella, debido a la muerte por leucemia de uno de sus hijos (al que Holden adoraba).

Lean este libro y conozcan a Holden, Holden Caulfield. El chico que desea dedicarse a evitar que los niños que juegan en los campos de centeno caigan por el amenazador barranco que lo limita por alguna parte. El chico que no quiere crecer. Un Rimbaud, un Peter Pan, un Jo March...

He de decir que en un primer momento, El guardián entre el centeno, caracterizado por su lenguaje rapidísimo, directo y poco floreado, y centrado en la mente ágil y mareante de un adolescente inquieto con respuesta para todo, me pareció algo sobrevalorado. Pero ahora lo considero una de las mejores novelas iniciáticas que he leído, y a HC, uno de los seres literarios más particulares de todos los tiempos. Será que hay que tener cierta edad para comprender que el paso del tiempo expropia muchos tesoros: ciertos años para que en uno se frague el deseo de ser guardián de campos de centeno.

Como último detalle, he aquí esta lucidísima opinión de Benedetti sobre Salinger: “Ni se droga ni se escapa; es un atrincherado, pero no un evadido”.

También de o sobre Salinger en ULAD: SalingerNueve cuentosOona y SalingerFranny y ZooeyLevantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción

domingo, 16 de julio de 2023

Scott Spencer: Amor sin fin

Idioma original: Inglés
Título original: Endless love
Traducción: Inmaculada Pérez Parra
Año de publicación: 1979
Valoración: Bastante recomendable

Amor sin fin es una extensa novela que podríamos emparentar con dos películas estrenadas también a finales de los setenta y con dos libros perfectamente conocidos por todos. Y las películas serían Malas tierras y Alguien voló sobre el nido del cuco y las novelas serían El guardián entre el centeno y El túnel.

Empecemos por el final. La asociación con la novela de Sábato tiene su origen en un primer párrafo o una primera página verdaderamente apabullante en la que el narrador confiesa haber prendido fuego a una casa en cuyo interior estaban las personas a las que más adoraba en el mundo; la vinculación con la novela de Salinger se debe a la primera mitad del texto, en la que un narrador adolescente observa extrañado el mundo de los adultos; el nexo con la película de Milos Forman tiene que ver con un final en la que uno puede imaginarse a Dave Axelrod en la situación en la que se encontraba el personaje interpretado por Jack Nicholson; por último, el vínculo con la película protagonizada por Martin Sheen y Sissy Spacek tiene que ver con el propio argumento de esta, que si recordáis trataba de una pareja de adolescentes que vivía un amor apasionado y trataba de escapar del mundo de los adultos a través de él. Creo que esas cuatro referencias pueden servir para que os hagáis una idea del argumento de la novela.

Más allá del argumento, lo que importa es el cómo, qué es lo que hace que Amor sin fin sea una muy buena novela. Varios son los aspectos a destacar:
  • La construcción de los personajes. Obviamente el peso de la novela recae en Dave, narrador en primera persona de los hechos, y este es el personaje más destacado, especialmente por la evolución que tiene y el tratamiento que el autor concede a sus vaivenes emocionales. Pero además de Dave, los secundarios son mostrados en toda su complejidad y son fundamentales para el desarrollo de la historia
  • Los diálogos, ágiles y creíbles, que contribuyen a esa construcción de personajes de las que hablaba
  • Las tramas secundarias que acompañan y complementan la historia de Dave y Jade. Mención especial merece la crónica de la generación de los padres de estos y la brecha abierta entre ambas. 
Así, queda la sensación de haber leído una muy buena novela sobre la que solo queda añadir un comentario. Como sucede con El guardián entre el centeno (y también con Rayuela o con La insoportable levedad del ser), tengo la impresión de que Amor sin fin es una novela que puede impactar más a un lector más joven. Esos amores tan absolutos, esa angustia juvenil, esas búsquedas desesperadas entre el sexo y la confusión, entre la desesperación y el deseo, no suenan igual a los 20-25 años que a los 45. Cuestión de tiempo, quizá, porque como dice el propio Dave Axelrod hacia el final de la novela...
Ahora había una muerte entre nosotros y cuatro años de separación., había amantes y tribunales y hospitales y cartas sin mandar y diez mil horas de terror y de duda, pero no es que fuéramos menos por eso, solo menos felices. 
P.S.: Hay un par de versiones cinematográficas de la novela, aunque no parecen estar a la altura de esta. O, al menos, eso dicen los que las han visto.

También de Scott Spencer en ULAD: Despertar a los muertos

domingo, 8 de noviembre de 2015

J. D. Salinger: Franny y Zooey

Idioma original: inglés
Título original: Franny & Zooey
Año de publicación: 1955
Traducción: Isabel de Juan
Valoración: recomendable

Glups: habrá pocos escritores con los que andarse con pies de plomo a la hora de valorar y juzgar, pero seguro que uno de ellos es, (redoble), Jerome David Salinger. Así, con sus dos nombres, qué solemne suena. Para los amigos, Salinger, ya sabéis. Porque Salinger tiene muchos amigos y Salinger epitomiza el ideal que a muchos nos gusta del escritor/genio. Huraño, obra escueta, secretismo, y bla bla bla. Y el empujón: su novela cumbre como referencia mencionada por personajes de enorme repercusión en la iconografía cultural moderna. Encabezados por todo un asesino de John Lennon. Quede claro que, alejado de la necrofilia como uno es, Mark David Chapman podría haberse confesado seguidor de Marcial Lafuente Estefanía y ahora ése sería un icono alternativo. En ese mundo necrófilo vivimos.
Y no es que se trate aquí de plantear qué hubiera sido del mundo, de la literatura, de las referencias culturales del siglo XX, si el libro célebre de Salinger hubiera sido este Franny y Zooey. Pero, incluso tras el fascinante recorrido en su biografía escrita por Shields y Salerno, indudable espoleta de ésta y otras lecturas y relecturas que pienso hacer, mi respuesta no es demasiado ambigua. La magia de El guardián entre el centeno es única y es diferente, y es un listón muy alto con el que compararse.
Franny y Zooey consta de dos partes diferenciadas con nexos en común. Franny se inicia con Lane, novio de Franny, esperando junto a otros compañeros de estudios la llegada del tren que la trae. Digamos que es un relato de situación más comprensible y lineal, donde surgen algunos estereotipos relacionados con la condición de universitario en los Estados Unidos. La Ivy League, los elementos externos que los diferencian, la amabilidad y el cierto distanciamiento en las relaciones incluso dentro de la pareja.
Zoeey, por contra, más extenso y ambicioso, es un extenso diálogo a varias bandas que se va sucediendo en diversas estancias de la vivienda de la familia Glass (curiosa elección del apellido: ¿fragilidad, transparencia, distorsión?), con intervención de miembros presentes y ausentes (puesto que se trata de una familia donde los siete hijos han ido apareciendo en las diferentes temporadas de un concurso televisivo infantil, una especie de Quiz Show), y donde se va desgranando, (en unos diálogos que, aunque no alcancen un contexto unitario, aunque no armen una trama convencional, son el auténtico diamante de la novela) una serie de acontecimientos y situaciones que afectan a la familia, de la cual Franny y Zooey son hijo e hija, en sus veintenas, Seymour, un recuerdo, el padre una inquietante ausencia, la madre, Bessie, una mujer que acarrea en los bolsillos de su bata material suficiente para abrir un estanco, y otros hermanos que han desaparecido (uno, Seymour, por suicidio), los que, seguro, relecturas ayudarían a contextualizar.
Indudable influencia hacia cierto cine (no puedo menos que visualizar esas estancias como las réplicas, unos años atrás, de los elegantes apartamentos neoyorquinos de las películas de Woody Allen como Manhattan o Hannah y sus hermanas, y mucha literatura (esas tramas en constante coqueteo con la tragedia las hemos encontrado aún en Franzen, Pynchon, o Foster Wallace), Franny y Zooey me resulta difícil de comprender y evaluar: aprecio su aguda escritura y su exquisita forma, me quito el sombrero ante su maquiavélica habilidad para insertarnos en un ambiente y en sus personajes, pero tiene detalles que me descolocan, como una cierta obsesión (deduzco, por lo leído en su biografía, por el gusto de Salinger por las religiones orientales) por una espiritualidad religiosa multidisciplinar que hoy se me hace difícil situar como tema preponderante y recurrente en las conversaciones de los universitarios, ya no digo de los jóvenes en general. Donde El guardián entre el centeno exploraba sensaciones universales y extrapolables (y supongo que de ahí su apropiación global y su diversidad de interpretaciones), Franny y Zooey, méritos literarios al margen, acaba siendo un pelo confusa en su digestión e interpretación.
Pero sigue siendo Salinger.

También de o sobre Salinger en ULAD: SalingerEl guardián entre el centenoNueve cuentosOona y SalingerLevantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción

sábado, 7 de enero de 2012

Algunas reflexiones sobre la lectura de traducciones

La traducción es un fenómeno que a nadie le es ajeno: seamos o no conscientes, muchas de las noticias que leemos o escuchamos son traducciones; la mayor parte de las películas que vemos son traducciones; incluso los anuncios de perfumes, que en muchas ocasiones no están traducidos, son traducciones: ¿acaso es lo mismo escuchar «Carolina Herrera» a la española, con sus erres rotundas y su hache muda, que oír «Chu-guan-chu: Carowlina Hewrewra», con esa hache delicadamente aspirada? ¡Y qué me decís del de Nespresso!


De igual modo, muchos de los libros que leemos son traducciones: aun teniendo un nivel alto de algún otro idioma, sumergirse en la lectura de un libro en una lengua que no es la propia supone un enorme esfuerzo añadido. Pero ¿cuán a menudo nos paramos a reflexionar sobre la traducción? Supongo que solo cuando la que tenemos entre manos es llamativamente buena o mala (y, seguramente, sobre todo en este último caso). A veces pasa, incluso, que una mala traducción puede entorpecer la lectura —lo mismo que una mala edición, como comentaba Iván en esta entrada, relacionada asimismo con esta otra sobre la labor del corrector editorial hasta el punto de llevarnos a abandonarla (no sé si os ha pasado; a mí, sí). En términos generales, podríamos decir que una traducción es «aceptable» cuando ni siquiera se para uno a pensar que lo que tiene entre manos es una traducción: cuando se le permite al lector vivir la ilusión de que está leyendo un original.


Con todo esto solo quiero reflexionar sobre el hecho de que no leemos originales, sino traducciones. Que no leemos Hamlet o El guardián entre el centeno a secas, sino determinada visión/versión de Hamlet o El guardián entre el centeno. Entramos en terreno peliagudo y me vais a perdonar que quiera crear un poco de polémica respecto a la traducción, tema en el que normalmente no nos detenemos en este blog por motivos que explicamos aquí, pero es que toda traducción, por mucha fidelidad que jure guardar al original, es una versión, una recreación, inevitablemente tamizada por la interpretación del traductor. (Y no digo que esto sea en sí mismo algo negativo, ¿eh?, ojo: todo lector interpreta, y el traductor es ante todo lector). Así, también podríamos decir que toda traducción es a su vez un original nuevo.


Por eso, y aquí es donde quería llegar con esta reflexión, la recepción de un autor que para el lector sea extranjero depende innegablemente de la traducción que maneje. En traducción literaria, la línea entre interpretación inevitable y traición indeseable es muy difusa. Cuándo determinado rasgo lingüístico es simplemente una característica del idioma de partida que no se debe mantener en el de llegada, y cuándo es un rasgo distintivo del autor; cuándo una repetición es lo suficientemente significativa como para conservarla, y cuando es preferible utilizar sinónimos son solo dos de las cuestiones a las que se enfrenta el traductor literario. Cada profesional adoptará soluciones diferentes pero igualmente válidas en muchos casos.


Ahora bien, por ejemplo en poesía todo se vuelve más complicado, y a menudo al traductor no le queda más remedio que pasarse por el forro el código deontológico de la fidelidad, término necesariamente elástico a la hora de traducir un género como este. La poesía es el más claro ejemplo de traducción como recreación, y las consecuencias para el lector son brutales, para bien o para mal. Un ejemplo personal, en este caso para mal: hace poco me hice con una edición bilingüe de una poeta estadounidense maravillosa y comprobé que el «espíritu» llamémoslo así de la escritora había sido completamente tergiversado en la versión española. Para que nos entendamos: creí estar leyendo a Góngora cuando la traducción debía asemejarse más a Lorca (aparte de muchos otros detalles en los que no me voy a parar). Un amigo mío, voraz lector de poesía y poeta él mismo, me confesó que la autora en cuestión siempre lo había dejado frío. Pues ¿sabéis qué? Él había leído aquella misma traducción.


Después de estas reflexiones, que son mías y no necesariamente las de ningún otro miembro de ULAD, os invito a que compartáis con nosotros vuestras opiniones y experiencias con la lectura de traducciones. ¡Los comentarios son vuestros!

miércoles, 10 de marzo de 2010

J. D. Salinger: Nueve cuentos

Idioma original: inglés
Título original: Nine stories 
Año de publicación: 1953
Valoración: Muy recomendable

Nueve cuentos es, obviamente después de El guardián entre el centeno, la obra más conocida del recientemente fallecido J. D. Salinger. Como indica su (nada imagintivo) título, es una colección de nueve relatos breves, la mayoría de tono y tema sombríos, aunque no faltan algunos más ligeros como "El periodo azul de Daumier-Smith", abiertamente cómico (aunque es el que menos me ha gustado, la verdad).

La colección de relatos tiene ciertos elementos que le dan coherencia. Por ejemplo, en varios de ellos aparecen miembros de la familia Glass, a la que Salinger volvería también en otros relatos; además, en muchos de ellos juegan un papel fundamental los niños o los adolescentes (como en El guardián...), que representan o bien la inocencia frente a la crueldad y al cinismo de los adultos, o la pérdida de esta misma inocencia en diversos modos y por diversos motivos.

Algunos relatos del volumen son ciertamente memorables. El primero, "Un día perfecto para el pez plátano", me recuerda lejanamente a Mrs. Dalloway, de Woolf, por el tema pero también por su fragmentación narrativa; "Para Esmé, con amor y sordidez" (probablemente el cuento más famoso de Salinger), es sorprendente en su estructura, y desasosegante en su contenido; "Linda boquita y verdes mis ojos", aunque no pasa de ser la historia de un triángulo amoroso, es técnicamente perfecta, y ofrece varias lecturas posibles.

Siguiendo con la idea que planteaba Guillermo hace unos días, sobre que cada lectura que hacemos es una comparación con los anteriores, también leer Nueve cuentos después de El guardián es una experiencia interesante: aquí sí encontramos una amplia variedad de técnicas y recursos narrativos que no están presentes en la novela; después de leer Nueve cuentos, se comprende que la simplicidad técnica y, hasta cierto punto, psicológica de El guardián no se debe a limitaciones del autor o al puro azar, sino a una elección consciente, coherente y deliberada.

También de o sobre Salinger en ULAD: SalingerEl guardián entre el centenoOona y SalingerFranny y ZooeyLevantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción

martes, 22 de noviembre de 2016

J. D. Salinger: Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción

Idioma original: inglés
Título original: Raise High the Roof Beam, carpenters and Seymour: An Introduction
Año de publicación: 1955-1959-1963
Traducción: Aurora Bernárdez
Valoración: imprescindible

Antes de que se líe la polémica a costa de la valoración aquí expresada sobre esta novela compuesta de dos: la cuestión es que se hace difícil valorar una novela como ésta hasta no ver como se integra en la obra total de su autor, y la cuestión es cómo resulta imposible o demasiado incoherente revisar valoraciones de lecturas previas por los motivos que sea, y que, encima, con el largo recorrido de clásicos como éste, pues la mera indagación en la red da, curioso, para leer todo tipo de opiniones, incluída, cómo no, la de que ésta fuera la peor novela de Salinger, incluso, la que, con su fracaso comercial, actuara como espoleta de su decisión de retirarse de la luz pública, dedicándose por tanto a partir de ese momento, a escribir, dicen, obras de las que nada se sabe, y a inflar, quizás de forma inconsciente, el enorme zeppelin de su mito.
Levantad... se compone de dos relatos, o quizás novelas cortas, que fueron publicados previamente. Ambos cuentan con el mismo narrador: Buddy Glass, uno de los varones entre los siete hermanos de la curiosa familia Glass, ya presente en la obra de Salinger y, a la postre, vertebradora de su narrativa. El primero de ellos, Levantad, carpinteros, la viga del tejado, cuyo título surge de las notas que, escritas con jabón en el espejo del único baño del hogar familiar, se dejaban los hermanos los unos a los otros. Un relato situacional que se va desarrollando de forma relativamente lineal (aunque en momentos hurga en pasado y anticipa el futuro, con lo que sabemos que el narrador lo está haciendo desde un inconcreto momento posterior), y que coincide con El guardián entre el centeno en esa descripción del lapso corto de tiempo que, se entiende, define y sintetiza un momento crucial en una existencia, y en ese retrato minucioso que se hace de él para proyectarlo sobre, o hacia el lector. Buddy asiste a la boda de Seymour, hermano mayor. Pero la boda no se celebra, Seymour no se presenta y, ya sabéis eso de los traslados en las bodas cuando has acudido a tu rollo, Buddy acaba metido en un automóvil, junto a familiares de Muriel, la novia, que despotrican sobre su hermano y especulan con los motivos de esa espantada. Seymour, poeta, profesor, enrolado en el ejército, compleja personalidad: desde los primeros párrafos sabemos que, en el futuro y con 31 años, ya casado, se suicidará en un viaje. Los ires y venires de la familia Glass, niños concursantes bajo seudónimos en programas televisivos, futuros dispares con pinceladas trágicas. Las contiendas de Japón y Europa al fondo, formando parte también del duro pasado de Salinger. Una semblanza de la sociedad neoyorquina de clase media, de raza blanca, de origen europeo. El día acabará con Buddy y los invitados en su apartamento, y con éste descubriendo la maleta de su hermano y leyendo el diario que se encuentra en ella.
Seymour: una introducción reprende en un momento en el futuro. Seymour se ha suicidado y Buddy custodia sus 184 poemas ante la posibilidad de seleccionarlos para ser publicados. Buddy empieza la narración con dos citas aclaradas a posteriori. Kafka y Kierkegaard. La narración es compleja, densa, a veces caótica pues empiezan a asomar de forma esporádica varias líneas de influencia. La relación entre autor y lector, en los dos sentidos. La personalidad de Salinger autor, aflorando, quizás ya consciente o meditando acerca de su decisión de aislarse. Vemos a Salinger proyectándose de forma alterna en los dos escritores presentes: en Buddy, novelista, en Seymour, poeta. Lo vemos afectado por la reacción ante sus escritos. También notamos la influencia de la fascinación tardía de Salinger por las culturas orientales, que ya se ha manifestado apenas en las primeras dos páginas del primer relato. Esa composición de detalles, junto al constante avance de la descripción que Buddy hace de su hermano, desconcertante, cercana, a veces chocante, como una bitácora de algo que está representando un esfuerzo, a la vez entrañable y desapasionada, con expresiones coloquiales, con intercambio de sensaciones livianas. A poco que uno haya seguido la narrativa norteamericana posterior, esa profundidad la encontraremos en futuras obras y su influencia, tintando novelas, que décadas más tarde, llamaremos maestras, seminales, colosales, pivotales. 
Salinger dejó de publicar tras este libro. Su párrafo final, "Ahora véte a la cama. Rápido Rápido y lentamente" parece un epitafio irónico, una despedida postergada o a la espera, de no sabemos qué, pero a tenor de lo leído, pues sí, nos gustaría, por qué no.

lunes, 30 de marzo de 2020

Malditas cubiertas: El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald

¿Qué tiene esta historia y sus protagonistas que resultan tan magnéticos y envolventes? Ese Jay y esa Daisy, fabricados de un precioso cristal líquido que se escurre entre los dedos del lector. Esos conflictos tan particulares y complejos, ese retrato de un momento tan crucial —y volátil— en el seno de la alta sociedad neoyorquina. El gran Gatsby es el claro ejemplo de cómo se narra algo absolutamente complejo para que parezca sencillo. Y si, como ya hemos visto, existen despropósitos de cubiertas para obras mucho más evidentes en su planteamiento ¿qué no nos encontraremos en este caso? Y, lo que es aún más interesante ¿cuál es el mensaje que hay detrás? 

«Hombre: esta es tu novela» 
Tan fácil como materializar las tres cosas que, por supuesto, rigen la vida de un hombre (que coinciden con las tres más recurrentes en cualquier vídeo de música trap): 
El POWER

Las PIBAS

El BUGA


«Mujer: esta también podría ser tu novela» 
Alguien cayó en la cuenta de que más de la mitad de los lectores son lectorAs y no les quedó otra que tratar de seducirlas con aquello a lo que jamás podría resistirse ninguna mujer como dios manda: 
ROMANTICISMO (la parejita)

TENSIÓN HETEROSEXUAL SIN COCHINADAS (los bailarines)

ESTAMPAS CUQUIS (costumbrismo evocador - todo bien)


«Aquí nos hemos leído la novela» 
Pero eso solo demuestra que poseer toda información no es, en absoluto, garantía de éxito. Y en este caso, el mensaje completo sería: «Aquí nos hemos leído la novela pero, sin saber muy bien por qué, vamos a disuadirte de que quieras leerla tú»

(1) Alcoholismo: diez pasos para salir a flote 
(2 y 3) NODO - Nueva York años 20 
(4, 5 y 6) Literatura pulp de género indefinido

«Aquí nos hemos visto LAS DOS películas» 
Conclusión: chulazo rubio y misterioso a las doce en punto. 


«Aquí hemos estado pensando un buen rato»
Efectivamente, lo más característico del personaje de Jay Gatsby es su misterio, lo desconocido que resulta para todos y su capacidad para reinventarse, así como su enorme soledad a pesar de estar continuamente rodeado de gente. Y tanto un hombre en la lejanía como un hombre de espaldas como un hombre sin rostro puede estar inmerso perfectamente en las disquisiciones más profundas sobre el yo en el universo como puede estar, simplemente, más borracho que una cuba. Así que, como suele decirse, si non e vero e ben trovato.















«Aquí somos muy del design»
Salimos de casa en chándal a tomar un café pero nos acabamos pidiendo unas cañas, luego unas pintas, luego unos gin-tonic y cuando abrimos los ojos, estábamos en Valencia y eran las Fallas.

«Aquí nos hemos hecho un lío pero no se nota apenas»

(1) El fantasma de la ópera se retira a su mansión de las afueras 
(2) Irma la dulce 
(3) El guardián entre el centeno II (más cínico, más apático y más proclive al suicidio) 
(4) El nuevo caso de Philip Marlowe 
(5) Memorias de Benito Pérez Galdós: jubilación en la sierra con mi gato. 

«El gran sueño americano solo puede salir de una gran cabeza americana» 
Aquí el estilo adoptado por Ignasi Blanch para la cuidada edición hecha por Nørdicalibros en 2013 me lo ha puesto fácil para el chiste. Bromas aparte, todo mi apoyo por los esfuerzos que hacen algunas pequeñas y medianas editoriales para reivindicar y reinventar las ediciones en papel de grandes clásicos como este. 

Y ya que estamos con cuestiones gráficas, acabamos con este bonito diagrama ilustrado sobre los vínculos entre los personajes de la novela. La composición y el estilo son muy elegantes, sin embargo no acabo de estar conforme con las relaciones que se establecen, especialmente con el hecho de que el coche de Gatsby tenga más peso en la trama que el propio narrador, Nick Carray. La única explicación posible sería que lo que aquí se esté valorando sea el carisma: el coche de Gatsby lo tiene (y mucho) mientras que el bueno de Nick Carraway es probablemente uno de los personajes más insulsos que nos ha dado la literatura.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Colaboración. J.R. Moehringer: El bar de las grandes esperanzas


Idioma original: Inglés
Título original: The Tender Bar
Traducción: Juanjo Estrella González
Año de publicación: 2005
Valoración: Imprescindible

Sin palabras. Todas las palabras que me faltan para escribir la reseña de este libro son las que plasma hábilmente su autor en cada frase de esta magnífica obra.

Moehringer se basa en sus recuerdos desde la infancia a su edad adulta para escribir un libro que es todo un homenaje a la vida, no únicamente a la suya propia sino también a la de cada personaje que formó parte de su pasado, a la vida misma del bar donde creció y donde se formó como persona. Pero asimismo, y de forma muy destacada, es también un homenaje a las palabras y a los libros.

Llegados a este punto pensaréis: ¿vale la pena leer una autobiografia de un autor desconocido, aún siendo premio Pulitzer, y que centra la historia en un bar? La respuesta es sí, sí, y mil veces sí. Si amáis las palabras, si os emocionáis cuando al coger un libro veis que en sus frases hay vida y sentimientos, y que más allá de ellos hay una historia que contar, no dudéis ni un segundo en leerlo. Solo hay que leer la introducción que hace el propio autor del bar donde ocurren las cosas, el hogar de sus vidas, para darse cuenta de la calidad de su prosa:

"Íbamos para todo lo que necesitábamos. Cuando teníamos sed, claro, y cuando teníamos hambre, y cuando estábamos muertos de cansancio. Íbamos cuando estábamos contentos, a celebrar, y cuando estábamos tristes, a quedarnos callados. Íbamos después de una boda, de un funeral, en busca de algo que nos calmara los nervios, y siempre antes, para armarnos de valor tomando un trago. Íbamos cuando no sabíamos qué necesitábamos, con la esperanza de que alguien nos lo dijera. Íbamos a buscar amor, o sexo, o líos, o a alguien que estuviera desaparecido, porque tarde o temprano todo el mundo pasaba por allí. Íbamos, sobre todo, cuando queríamos que nos encontraran."

Narrado en primera persona, Moehringer nos cuenta la importancia de las amistades, del sentimiento de pertenencia a un lugar, a un grupo de amigos, a una comunidad. Y nos cuenta sus pasiones vitales, ya sean los libros o la cultura, las mujeres y la compañía pero también la solitud.

A partir de una infancia sin la figura paterna como referente masculino, el personaje encuentra refugio en un bar, pero no en el bar en sí como local, sino en los diferentes personajes que lo habitan, porque en el fondo viven en el bar, siendo su casa, su sitio, donde pertenecen. El bar es el lugar donde no se los juzga y donde sí encuentran soporte. Lo que la vida les quita, el bar se lo ofrece; lo que les falta en la vida, en el bar lo encuentran.

El libro por tanto es un canto a favor de la comunidad, a favor de la proximidad entre personas que no tienen por qué tener un vínculo entre ellas pero que gracias al bar encuentran un lugar común que les permite compartir un espacio emocional.

Con un estilo elaborado y preciso, el autor nos presenta un personaje que algunas veces nos recuerda al Holden Caulfield de “El guardián entre el centeno” pero visto desde los ojos y la sinceridad de Karl Ove Knausgard. Pero allí donde Knausgard transmitiría desaliento y pesar, Moehringer irradia camaradería y esperanza.

Asimismo, este libro también tiene algunos aspectos no tan logrados que cabe mencionar. Entre ellos destacaría que en algunos pasajes la noción del tiempo se diluye, de forma que se pierde de vista la edad del protagonista en algunas fases del libro; igualmente, la parte del libro donde el protagonista está en la universidad no tiene la meticulosidad del resto del libro ya que a veces sorprende como llega a avanzar sin demasiados contratiempos en unos estudios tan exigentes y al mismo tiempo llevar una vida tan caótica y desorganizada. En este aspecto le encuentro falto de coherencia o de una narración que aclare mejor este hecho.

En cualquier caso, la habilidad de Moehringer en el uso de las palabras consigue su propósito: que la historia te atrape y no la abandones, hasta el punto que sin darte cuenta acabas devorando el libro a una velocidad de vértigo invitando al lector a formar parte de la comunidad del protagonista, consiguiendo que te familiarices con cada uno de sus personajes. De esta forma, aparentemente tan sencilla, Moehringer consigue lo que se propone: hacer un homenaje al bar donde todo el mundo se encuentra a gusto, incluido el propio lector.

Así pues, os animo a formar parte de esta historia. Bienvenidos al bar donde descansan las palabras y se reconfortan los ánimos. Acomodaos y disfrutad de la compañía.

Autor: Marc Peig

También de J.R. Moehringer en ULADEl campeón ha vueltoOpen

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Colaboración: Bob Dylan. Canciones

Idioma original: Español (el libro). Inglés (las canciones)
Título original: Bob Dylan. Canciones.
Año de publicación: 2005
Valoración: (sin entrar en la selección) Está bien.

Homero fue un bardo callejero. Las obras de Shakespeare no fueron escritas para ser leídas sino para ser escuchadas. La poesía más famosa en lengua inglesa es una canción (la canta Ava Gardner en "Mogambo" y es el leitmotiv de "El guardián entre el centeno"). Lo que ha hecho la Academia Sueca ha sido recordarlo, nada más.

Pero la música se perdió y quedó el verso. ¿Por qué nadie ha visto bajo esta perspectiva el nobel a Bob Dylan? La reacción más común ha sido de elogio al premiado y de fastidio por la extravagancia sueca. ¿Y si le diéramos la vuelta a este impulso? Aceptemos que un cantautor puede ser un poeta de altura y, llegados a este punto, leamos a Dylan. Sin música.

Y entonces surge el primer problema grave al que nos enfrentamos: aunque los españoles no lo necesitamos porque el inglés es un idioma que dominamos desde la cuna, apenas existen ediciones de canciones de Dylan con traducciones de especialistas. Por supuesto hay un sinfín de libritos y cuadernos con letras del cantante, pero no queremos eso, no queremos la traducción apresurada del periodista que informa de la concesión del premio, ni la de los discos. Puesto que un poema primero debe ser estudiado, luego interpretado y finalmente traducido.

Leamos a Dylan, pues. No conozco lo suficiente su obra para saber si las canciones recogidas en este volumen son significativas o no. Yo diría que, por lo visto aquí, hay varios Dylan: como mínimo, está el intimista Si los perros corren libres, El sueño de Bob Dylan, Dama mirada triste de las tierras bajas), el profeta del cambio social (Señores de la guerraLos tiempos están cambiando), el apocalíptico alucinado (Una fuerte lluvia va a caer, Día de langostas). Mi impresión es que mientras el más popular es el segundo, el que más llama la atención de la comunidad literaria -sueca o no- y cimenta realmente su prestigio como poeta, es el último, aunque los tres se mezclan en la mayor parte de las canciones. San Juan, la cábala, Rimbaud, William Burroughs, Ginsberg, y por supuesto Dylan Thomas..., se trata de una poesía conceptualmente densa como el alquitrán, grandilocuente, llena de imágenes chocantes y, por qué no, perturbadoras, que a veces busca abrumar mediante la acumulación y otras encuentra lo extravagante de la sencillez:

de vuelta aquí, un Mercury/convertible modelo sesenta y tres/se estrella contra una chica/y diez pájaros/acaban de cruzar/la frontera de Colorado.

Tengo que decir que prefiero el Dylan más lineal aunque no necesariamente más cercano, el "storyteller" de Chica negra, por ejemplo:

tú hablas de orden/ella empeñaría/el mundo/por un dólar veinticinco

El escritor venezolano Gabriel Jiménez Emán es el traductor y compilador de este libro. Es espinoso pronunciarse sobre el trabajo de un profesional cuando uno no conoce la obra original, si bien he de decir que mi opinión -basada sólo en la extrañeza que me causan determinados giros y expresiones leídas en español- es que se decanta demasiado por la traslación literal del verso de Dylan. Obviamente, es mucho más fácil escuchar sus canciones que leerlas. Uno tropieza constantemente con adverbios y epítetos, porque paradójicamente, su poesía traducida no resulta nada musical. Lean y juzguen:

Hey, Mr Tambourine Man, play a song for me/In the jingle jangle morning i´ll come following you

O lo que es lo mismo (Gabriel Jiménez Emán mediante):

Eh, Señor Panderetero, toca una canción para mí/En la mañana del cencerro y cascabel te seguiré

No creo que nadie pueda leer esto sin olvidar la música. Quizás eso demuestra que Dylan es un poeta aún pendiente de traducir correctamente al español o quizás que no hay traducción mínimamente aceptable de la poesía, de cualquier poesía. En fin, puedo estar equivocado, pero si un poema no traspasa la frontera de su idioma y hace olvidar su soporte sonoro (Homero lo hizo, Shakespeare lo hizo) ¿puede decirse que su lenguaje es universal?

Talibán

sábado, 25 de febrero de 2017

Michael Muhammad Knight: The Taqwacores

Idioma original: inglés
Resultado de imagen de the taqwacoresTítulo original: The Taqwacores
Año de publicación: 2004 (En España: 2014)
Valoración: Muy recomendable




Hará un par de años me interesé por esta novela, luego se perdió entre la vorágine de proyectos. Puede que para algunos lectores no sea ninguna novedad, pero a mí en aquel primer contacto me pareció algo bastante apartado de mis referencias habituales y ahora, después de su lectura, siento que he tenido la suerte de poder echar una ligera ojeada al enorme abismo que media entre unas mentalidades y otras.
Para quienes no hayan oído hablar de él, Michael Muhammad Knight es un neoyorkino de antepasados irlandeses, nacido católico hace cuatro décadas, que siendo adolescente descubrió el islam a través del hip hop e inició el proceso que acabaría en su conversión. Esto puede dar una idea de por dónde van los tiros: la música es junto con la religión el nexo que conecta a los personajes (principales y secundarios), lo que les obsesiona, entusiasma, da sentido a sus vidas, forja amistades y hasta inspira algún ambicioso proyecto imposible de realizar de no existir una pasión común.
Si he entendido bien, esta novela parte de un momento de crisis, de la necesidad de aclarar ideas, pero su evidente sinceridad acabó convirtiéndola en un texto de culto que suele considerarse El guardián entre el centeno de la cultura islámica. Las comparaciones de este tipo no suelen ser muy certeras, pero en este caso –salvando todas las distancias y teniendo en cuenta que esta teoriza mucho más– me parecen bastante razonables.
Yusef Ali repasa los recuerdos de su época de estudiante universitario en Buffalo, cuando compartía piso con un grupo de chicos musulmanes y una chica, Rabeya, nada convencionales a pesar de sus creencias, excepto uno de ellos, Umar, el único que defiende con decisión la ortodoxia.
Taqwacore alude al punk islámico, un movimiento, entonces latente, que se desarrolló a raíz de la publicación de la novela y que combina el hardcore con la piedad o culto (taqwa). Tenemos, pues, toneladas de música, mucha ideología –en forma de cuestionamiento constante, de alusiones a las reglas y de flagrantes contradicciones– y un tercer elemento, la amistad, que no suele faltar en los relatos de aprendizaje. Una amistad –que de tan verosímil llega a ser palpable– estrecha, entrañable, más allá del simple compañerismo y, por tanto, potencialmente conflictiva.
En teoría, Knight no entra en grandes complicaciones literarias, pero tampoco sería coherente con un planteamiento que exige justamente lo que encontramos: sencillez, movimiento, mucho diálogo y la empanada mental consiguiente. Con un clímax narrativo muy bien dosificado y mediante un sinfín de argumentaciones, incoherencias, heterodoxia, discusiones, indecisión y ambigüedad, vamos conociendo al protagonista y a toda una colección de individuos, Jehangir Tabari, Ayyub el Magnífico, Fasiq, Dawud el Rude, a cual más peculiar y emblemático. Todos ellos cargan con la radical contradicción de conciliar el punk –asumiendo lo que conlleva de rebeldía, iconoclastia, rechazo frontal a cualquier regla impuesta– con una religión tan repleta de dogmas, barreras, mandatos y recomendaciones, tanto gestuales como éticos, que hace falta un glosario final para entender mínimamente toda la complejidad que encierra. Rituales ejercidos o no al pie de la letra, relaciones sexuales, alcohol y drogas, vestimenta femenina, contacto con la cultura americana directamente o a través de la televisión y otras muchas cuestiones polémicas. El libro está lleno de preguntas, son las dudas del propio escritor que, aprovechando su pertenencia al bildungsroman, caen como mazazos interrogando al lector e interrogándose. Supongo que el hecho de tener otras creencias de origen le proporciona, además de un torturado escepticismo, perspectiva y capacidad crítica difíciles de conseguir de otra forma.
Si todo esto causó sensación entre su público natural, puedo imaginarme cómo habrá caído en la juventud de otras latitudes ideológicas. Tanto es así que el término aprendizaje no se limitaría a los protagonistas: el lector profano en la materia –y no solo el juvenil– aprende algo de doctrina coránica, reflexiona sin parar junto a ellos y se implica afectivamente en la trama.
En 2010 se estrenó la película homónima, que participaría en el Festival Sundance de Cine Independiente; en España, se presentó al Festival Internacional de Orense. A esta novela le siguió otra decena y todas ellas prometen, no habrá más remedio que seguirle la pista al autor.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Robert Musil: Las tribulaciones del estudiante Törless

Resultado de imagen de las tribulaciones del estudiante törlessIdioma original: alemán
Título original: Die Verwirrungen des Zöglings Törless
Año de publicación: 1906
Valoración: Imprescindible

En los convulsos comienzos del siglo pasado, el idioma filosófico por excelencia alumbró esta pequeña joya, primera obra de una fecunda y personalísima carrera que entrelaza ficción con pensamiento. Se sitúa en la tradición de la novela iniciática, probablemente inspirado por Las desventuras del joven Wherter de Goethe –a quien cita como una de los autores que se estudian en la institución de referencia– aunque con un argumento menos convencional y una resolución bastante menos trágica. También he creído encontrar huellas suyas en el Demian de Hesse, Jakob von Gunten de Walser, La ciudad y los perros e, incluso en El guardián entre el centeno.
Musil nos sumerge en un mundo sórdido y asfixiante, el de una academia militar donde la tragedia (de poca monta) se va urdiendo lenta e inexorablemente hasta atrapar en sus angustiosas redes tanto a personajes como a lector. A la creciente tensión se añade el morbo que domina el núcleo del argumento. Resuelto, eso sí, con la mayor de las contenciones; un procedimiento que, sospecho, resulta más inquietante aún.
Pero la trama acepta más de una lectura: al margen de la anécdota, tan creíble como perfectamente desarrollada, se puede interpretar como metáfora de lo que sucede en el interior de sociedades e individuos. Contiene además todos los elementos que definen al ser humano, cuyo germen aparece en la adolescencia y de cuya resolución en uno u otro sentido depende el tipo de personalidad que se acaba construyendo. En páginas previas al desenlace, en una especie de anticipación del futuro que el autor tiene a bien regalarnos, podemos vislumbrar el adulto en que años más tarde se verá convertido el protagonista.
Su personaje, literalmente hablando, no sale demasiado bien parado de la prueba a que se ve sometido, pero su papel, como espectador de excepción en un complot de humillación y dominio, va mucho más allá. Se trata del testigo que, además de observar, extrae consecuencias. Filosóficas y morales, fundamentalmente. Su personalidad, interesada por la ciencia, contrasta con la deriva mística de su oponente, el materialismo enfrentado a una espiritualidad cruel. Puede que el mayor acierto de la novela consista en que, a pesar de plantear cuestiones éticas como el abuso, la delación y sus derivados, no presenta moraleja ninguna. No hay castigo para los culpables, ni compasión por la víctima, ni apoyo a la torturada mente de Törless. Este comienza sugiriendo a sus compañeros la solución más sensata, pero luego pierde el rumbo, se sume en divagaciones que le conducen a buscar en sí mismo la esencia de las cosas sin apenas un intento de ayuda a la víctima. Lo que importa aquí son sus interrogantes. Por lo demás, el camino estaba claro y Bassani –el torpe y cobarde Bassani– podría haberse librado de sus torturadores con relativa facilidad.


También de Musil: El hombre sin atributos