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jueves, 10 de junio de 2010

Zoom: Aullido, de Allen Ginsberg

Título original: Howl
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1956
Valoración: imprescindible

Cuando Ginsberg escribió Aullido en el verano de 1955, concibió el texto como un "poema-performance". El poema no se publicó hasta 1956, después de ganar el juicio por obscenidad al que fue sometido.

¿Es Aullido obsceno? Un poco. ¿Por qué? Para provocar. En cierto modo, el poema reivindica la libertad de los autores para escribir sobre lo que quieran y con el tipo de lenguaje que quieran; trata de romper esa línea que hasta los años 50 separaba la "literatura formal" de las "inspiradoras vidas cotidianas", porque "no debería haber distinción entre lo que escribimos y lo que realmente sabemos" (palabras del propio Ginsberg).

A los miembros de la llamada Generación Beat, de la que Allen Ginsberg y su poema Aullido fueron máximos exponentes, se les acusó a menudo de preocuparse sólo de sí mismos. Y era cierto. Lo que se nos presenta en Aullido son los nombres, los lugares y las locuras reales de un grupo de amigos que quiso experimentar con los límites de la vida y decidió plasmarlo en sus obras. Encontramos, cómo no, multitud de referencias a la vida sexual y al uso de drogas experimentales de los protagonistas.

Como su amigo y figura de referencia Jack Kerouac, Ginsberg trató de dar rienda suelta a la espontaneidad y a la imaginación a la hora de escribir su famoso y controvertido poema. Para ello, no escoge ningún patrón métrico, sino que se deja llevar hasta llegar a ese patrón. El verso de Aullido es totalmente orgánico: como él mismo explicó, la medida del verso es la medida de su respiración.

El poema es un "aullido" que llama la atención del lector sobre un nuevo modo de entender la vida: frenético, imparable y, sobre todo, honesto. Y así es precisamente este poema de Allen Ginsberg. Si tratan de leerlo en voz alta, probablemente mueran asfixiados en el intento.

martes, 6 de diciembre de 2011

Roberto Bolaño: La literatura nazi en América

Idioma original: español
Año de publicación: 1996
Valoración: recomendable

Roberto Bolaño era un gamberro, un gran bromista. Se nota en su manera de escribir, en sus novelas, en sus relatos, en sus discursos. De puro bromista, hasta hizo la broma de morirse antes de tiempo, con solo 50 años, y el truco de magia de convertirse en un clásico contemporáneo mundial en menos de diez años desde su muerte. Y esta obra, esta Literatura nazi en América, es eso: la obra de un bromista con estilo.

Se podría calificar la obra de borgiana, si no fuera porque probablemente a Borges le habría dado vergüenza que le relacionaran con esta obra. Es también prima hermana de El gabinete de un aficionado, de Perec (otro gran bromista, por cierto), porque si aquella "novela" está compuesta por una lista de cuadros apenas comentados, esta otra "novela" está formada por biografías de escritores ficticios de extrema derecha (fascistas, filonazis, racistas, antisemitas...) norte- y sudamericanos.

Seguro que, leída con calma, esta obra tiene más gracia de la que parece, porque varias de las biografías se entrecruzan, se hace referencia a las mismas publicaciones periódicas (sobre todo, a El Cuarto Reich, supuesta revista argentina) y se mezclan personajes imaginados con otros reales como Ginsberg, Cabrera Infante u Octavio Paz. Pero como buena broma, la mejor forma de leerla, diría yo, es con una sonrisa y sin preocuparse demasiado por intentar no perderse estas relaciones.

Dicho así ("biografías de escritores ficticios de extrema derecha") no parece que la cosa vaya a ser demasiado divertida. Pero lo que salva la función es la ironía de Bolaño, que se transparenta en el modo de (re)tratar a los personajes, prácticamente todos ellos fracasados, ridículos, amargados. Algunas de sus obras son igualmente ridículas (como ese autor que se dedica a hacer "refutaciones" de todos los filósofos que han pasado sobre la faz de la tierra; o aquel otro que crea planos poéticos de campos de concentración...)

Merece la pena mencionar el último capítulo de la obra (antes de unos también paródicos índices), en primer lugar porque es el que más se parece a un relato casi independiente; y también porque en él, por primera vez en la obra, el propio Bolaño aparece mencionado explícitamente como narrador y como personaje, rompiendo así, por decirlo de alguna forma, la "cuarta pared" narrativa que se había mantenido incólume hasta entonces.

En fin, una curiosidad literaria entretenida. Una broma bien llevada. Un descojono.

También de Bolaño en ULAD: Aquí

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Quién participa en el sorteo de tres libros

Salvo error nuestro (que puede pasar, no somos infalibles aunque lo parezcamos), esta es la lista de las personas que han participado a través del blog, de twitter o de facebook, en el sorteo que propusimos para conmemorar nuestras 1000 entradas, diciéndonos cuál era su favorito de entre los libros que hemos reseñado, y que por lo tanto pueden ganar un ejemplar de Loca Novelife, de Elvira Rebollo; Belfondo, de Fusa Díaz, o Quédense dentro y cierren las ventanas, de Iratxe Jaio y Klaas von Gorkum (ed. Consonni):
  1. @LucioRecalde (Twitter) votó por La maravillosa vida breve de Oscar Wao de Junot Díaz
  2. Irene (blog) votó por El viento de la luna de Antonio Muñoz Molina
  3. Beatriz Alday (blog) votó por Las uvas de la ira de John Steinbeck
  4. Miguel Yuste Ayarzaguena (facebook) votó por La insoportable levedad del ser de Milan Kundera
  5. @ComprensLectora (twitter) votó por Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello
  6. Yessica del Amo Sánchez (facebook) votó por El viento de la luna de Antonio Muñoz Molina
  7. Luisa (blog) votó por El bosque animado de Wenceslao Fernández Flores 
  8. Palimp (blog) votó por Shaun Tan
  9. Koldo (blog) votó por La higuera de Ramiro Pinilla 
  10. @RIC5AN (twitter) votó por La escritura o la vida de Jorge Semprún
  11. Josep M. Maya (blog) / @Mayaestudi (Twitter) votó por Aullido de Allen Ginsberg 
  12. Aída (blog) votó por Rebelión en la granja de George Orwell
  13. Marta Graupera Sanz (blog) votó por Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello
  14. mientrasleo (blog) votó por Novela de ajedrez de Stefan Zweig
  15. Juan Cruz López (blog) votó por Los detectives salvajes de Bolaño
  16. toni_mp (blog) votó por Africanus, el hijo del cónsul de Santiago Posteguillo
  17. Gallo (blog) votó por La Tregua de Benedetti 
  18. Natalia M. (blog) votó por 13,99€ de Frederic Beigbeder 
  19. Escanyabruixots (blog) votó por La conjura contra América de Philip Roth
  20. NoPuedoConMiVida (blog) votó por Metrópolis, de Ferenc Karinthy
  21. Itzitxu (blog) votó por Seda de Alessandro Baricco
  22. Avellaneda (blog) votó por Ayer, de Agotha Kristof
  23. Joss Nieve (twitter) votó por El pirata garrapata
  24. Ayudante (blog) votó por Peter Pan de James M. Barrie
  25. AnnaMaria (blog) votó por ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick
Si nos hemos olvidado de alguien, que hable ahora, porque una vez que hagamos el sorteo y enviemos los libros ya no hay vuelta de hoja. Y como no somos un organismo oficial, las reclamaciones, al maestro armero. El sorteo se celebrará la semana que viene en Bilbao, y a falta de notario, será documentado con abundantes y absurdas fotografías, que se publicarán junto con el resultado del sorteo.

Como hay tres libros para sortear entre 25 personas, la probabilidad de ganar uno de ellos es (si no me equivoco) de cerca del 12%. Mucho mejor que la lotería de Navidad. Seguro que los que no participasteis en el sorteo estáis ahora tirándolos de los pelos...

Por cierto que, entre los libros por los que han (habéis) votado los lectores, los sorprendentes ganadores, con dos votos cada uno, son Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello y El viento de la luna de Antonio Muñoz Molina.



miércoles, 19 de noviembre de 2014

Richard Brautigan: La pesca de la trucha en América

Idioma original: inglés
Título original: Trout Fishing in America
Año de publicación: 1967
Traductor: Pablo Álvarez Ellacuria
Valoración: ¿Recomendable? Humm... ¡diablos, sí!

Inclasificable.

Este adjetivo es el que más veces leerá cualquiera que se dedique a buscar reseñas sobre este libro... yo lo he hecho y no voy a dármelas de original. Porque, ciertamente, este libro lo es: inclasificable.

No es una novela, aunque tampoco podemos decir que no lo sea (en cierto modo). No es un libro de relatos, aunque muchos de sus capítulos lo parezcan. No es un libro de viajes, aunque tiene mucho de "novela de carretera" -o "de arroyo", en este caso-, a través de insólitos rincones de Estados Unidos. No es un libro de pensamientos filosóficos o políticos, aunque éstos también estén presentes (o mejor, aún, sumergidos, comos las truchas a las que se hace referencia una y otra vez). No es un libro de poesía, aunque haya pasajes de un lirismo sorprendente (y algo lisérgico, hay que decir...). No es una autobiografía... o lo es de una manera peculiar, a partir de momentos que casi nadie consideraría representativos del transcurrir de su propia vida (quizás de eso se trate, en realidad). No es un libro de humor, y eso que éste abunda en muchas de sus páginas, pero es un humor que, o bien adopta forma de sarcasmo o en general resulta bastante sombrío, poco dado a provocar la carcajada (conociendo ciertos avatares de la vida de Brautigan, que se cuentan en el prólogo, se entiende este humor subterráneo). No es un libro sobre la naturaleza de su país, o lo es sobre la naturaleza que está dejando de serlo, cada vez más degradada por la mano del hombre. No es un libro sobre la pesca de la trucha en América, repleto de anécdotas de pescador... o, un momento, puede que eso sí que lo sea, a su manera... (supongo, además, que al autor pudo resultarle muy gracioso pensar en los pescadores domingueros, tocados con sus gorras de béisbol y armados de sus neveras portátiles, que compraran este libro esperando encontrar los secretos para pescar truchas en América).

En la contraportada de esta edición -muy bien editada, por cierto-, encontramos nombres, referencias como Dylan, Ginsberg, Hemingway, Mark Twain, Emerson, Thoureau... así como autores en los que parece haber influido Brautigan: Raymond Carver, David Foster Wallace (no en lo de las notas a pie de página, gracias a Dios), Murakami (!)... Puede que todo sea cierto, así como se podrían añadir, tanto en la lista de influencias recibidas como ejercidas, a Kerouac, Hunter S. Thompson, Bukowski... Por su época y actitud, Brautigan pertenece, ciertamente, a la generación de escritores beat -y del postmodernismo literario norteamericano-, aunque le llegó el éxito más tarde, en plena época del flower power... En todo caso, cualquier intento clasificatorio es vano: Brautigan se nos aparece como un autor personalísimo, de lo más original en sus imágenes, de un surrealismo escurridizo (cabe suponer que a la hora de redactar más de una de estas páginas, este escritor se había dejado abiertas las puertas de su percepción, para que nos entendamos).

El propio concepto de "la pesca de la trucha en América"  no deja de ser cambiante y huidizo... Por supuesto, es una metáfora que se repite en casi todo el libro -a veces, sin embargo, es literal y de lo que habla es de pescar truchas en América, sin más-, pero lo mismo se refiere a la felicidad que, según la Constitución de Estados Unidos, todo ciudadano americano tiene derecho a buscar (la referencia a Benjamin Franklin que se hace al comienzo es inequívoca); al éxito que, según se dice, aguarda a todo el mundo en la "tierra de las oportunidades", o a la libertad que, según se dice también, constituye la base sobre la que se cimenta tan gran país. De hecho, "la pesca de la trucha en América" también parece hacer alusión, en otras ocasiones, a la propia América (Estados Unidos de, se entiende), pero también a sus "enemigos" en aquellos años 50 y 60, como eran Vietnam o la amenaza del comunismo internacional... O sirve para denominar a una persona concreta, incluyendo el propio autor, o una organización o idea.... o se convierte en el propio marco en el que se desarrolla la metáfora de "la pesca de la trucha en América"... en fin, que más vale relajarse y no tratar de entenderlo racionalmente...

Un libro -novela, ensayo o lo que sea- que quizá no sirva para trazar nuevos caminos para los escritores ni encontrar arroyos en los que practicar la pesca de truchas -literarias, quiero decir- para los lectores, pero que no se debería dejar de leer, aunque sólo sea para conocer una visión diferente, abierta y heterodoxa (y más bien triste, me temo), del mundo y sus circunstancias, incluyendo la literatura. Y la pesca, claro.

Otrostítulos de Richard Brautigan reseñados en Un Libro Al Día: Un detective en Babilonia, El monstruo de Hawkline

domingo, 31 de mayo de 2020

Nathan Hill: El Nix


Idioma original: inglés
Título original: The Nix
Año de publicación: 2018
Traducción: Carles Andreu
Valoración: recomendable

En otras circunstancias, una novela como esta, casi 700 páginas incluyendo 3 páginas de agradecimientos del autor, hubiera sido obvio pasto de TochoWeek, pero las premuras y ciertos deméritos aconsejan ya no relegarla, que es una palabra algo fea, más bien no destacarla en exceso. Y eso que la novela viene precedida por alguna opinión entusiasta que las solapas se encargan de recordarnos. Porque esto es una primera novela de un autor joven, no parece que tenga más de treinta y cinco, y menudo volumen para una opera prima, (aunque venga precedida de la consabida ristra de relatos publicados en diversos medios) con su ambicioso planteamiento y un intento (algo forzado) de alcance universal.

Perdonad un momento: hay unas voces en mi cabeza que susurran algo que no entiendo.

Continuo: El Nix debe su título a una especie de duende o criatura imaginaria o algo así que forma parte del imaginario noruego. Imagino que se trata de una alegoría que no acabo de ver clara, porque la situación esporádica de ciertas escenas en Noruega de la novela es breve y meramente referencial, quizás con cierta influencia en aspectos de la historia, pero en cualquier caso no puede considerarse el nudo principal en absoluto.
De una novela, por cierto, primera coartada para una extensión algo excesiva, que no tiene un solo escenario e incluso diría que hasta cierto punto podríamos definir como "coral", urdida, digamos a base de cambios de protagonista, flash-backs de décadas, cambios de ubicación y, por supuesto, intención manifiesta de que las piezas encajen, que una cosa es afrontar una novela de debut con ambición y otra jugártela a que el critiquillo de turno te despedace por intentar subvertir las reglas de la narrativa a la primera de turno. No es sencillo, y en este sentido la novela está trabajada y resuelta con los lógicos flecos de poca importancia, todo ello en un ejercicio de estilo que, sin ser demasiado original resulta efectivo. La novela se lee sin respiro a partir de la página 150, cuando las tramas empiezan a desarrollarse hacia lugares que empiezan a suscitar cierta curiosidad acerca de cómo va a resolverse todo eso.

Anda: las voces otra vez. Repiten una palabra, empieza por F, creo.

Samuel Anderson es profesor en la universidad y escritor en bloqueo permanente: recibió hace mucho tiempo un desproporcionado anticipo de una editorial por una novela que no avanza. Todo ello a consecuencia de la publicación de un relato que le puso en el punto de mira de las editoriales obsesionadas por encontrar The Next Big Thing. Su existencia dista de ser la de un escritor entregado a su obra. Vegeta por la universidad intentando que sus alumnos asimilen a los clásicos y superen la materia, intenta mantener la cabeza alta en medio del desinterés general, y tiene un excusable vicio oculto: se pasa la vida jugando (bajo pseudónimo) a un juego online donde hay elfos y orcos y esas cosas.
Su rutina es alterada. Mientras una alumna empieza a ponerse pesada porque él ha descubierto que le ha presentado un trabajo copiado sobre Hamlet, su agente empieza a amenazar con demandarle para recuperar el anticipo si no entrega su novela, y su madre, que le abandonó en su tierna infancia, reaparece en su vida de la forma más extraña. Ha protagonizado un incidente de poca importancia con un político conservador que los medios y un juez bastante agresivo se han encargado de magnificar. Sugerido por su agente literario y a la búsqueda de descerrojar el bloqueo, Anderson decide indagar en el pasado de su madre y usar lo que obtenga como materia prima para su obra.
Y esa es la premisa que permite ir hacia adelante y atrás, ir incorporando capítulos dedicados a situaciones y personajes que configuran esa trama que, por momentos se cierne hacia la clásica novela con giros y la narrativa moderna que pretende ser inclusiva. Pasaremos fugazmente por la Noruega de la ocupación nazi, pero también asistiremos, con Allen Ginsberg de invitado, a las protestas en los últimos años 60 contra la guerra de Vietnam, varias décadas más tarde al fenómeno #OccupyWallStreet, todo ello siguiendo las andanzas de Faye, madre de Samuel y pretexto, en su tortuoso pasado, para el recorrido de la novela por los diversos escenarios y épocas.

Vaya: las voces. ¡Pensaba que decían Francesc! pero decían Franzen, Franzen, Franzen.

Pues eso. Es lógico que un escritor de cierto prestigio cuente con seguidores que asimilen su estilo y empleen sus estructuras. Si gente como Dan Brown o Stig Larsson han tenido imitadores, por qué no Franzen. No digo que Nathan Hill pretenda servirnos un sucedáneo. Pero  la influencia es muy clara, no solo en el empleo de esas líneas que se ramifican y escarban en el pasado, en ese pasado oscuro que todo ser humano parece acarrear. También la pura proyección ideológica del autor, mostrándose crítico de forma interpuesta con las derivas totalitarias, el abuso de poder, el capitalismo a ultranza, la represión sexual, nos evoca a Franzen o incluso a Don De Lillo (el de Submundo o Ruido de fondo). No pasa nada: no solo unos pocos autores tienen la licencia de usar sus obras para destripar el terrón de la realidad americana, ergo casi la realidad global de todo Occidente. Pero a la hora de juzgar un libro, una novela de 700 páginas, el matiz podrá aportarse, pienso. Porque a veces no hay nada como los originales.

También de Nathan Hill en ULAD: Wellness

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Colaboración: Bob Dylan. Canciones

Idioma original: Español (el libro). Inglés (las canciones)
Título original: Bob Dylan. Canciones.
Año de publicación: 2005
Valoración: (sin entrar en la selección) Está bien.

Homero fue un bardo callejero. Las obras de Shakespeare no fueron escritas para ser leídas sino para ser escuchadas. La poesía más famosa en lengua inglesa es una canción (la canta Ava Gardner en "Mogambo" y es el leitmotiv de "El guardián entre el centeno"). Lo que ha hecho la Academia Sueca ha sido recordarlo, nada más.

Pero la música se perdió y quedó el verso. ¿Por qué nadie ha visto bajo esta perspectiva el nobel a Bob Dylan? La reacción más común ha sido de elogio al premiado y de fastidio por la extravagancia sueca. ¿Y si le diéramos la vuelta a este impulso? Aceptemos que un cantautor puede ser un poeta de altura y, llegados a este punto, leamos a Dylan. Sin música.

Y entonces surge el primer problema grave al que nos enfrentamos: aunque los españoles no lo necesitamos porque el inglés es un idioma que dominamos desde la cuna, apenas existen ediciones de canciones de Dylan con traducciones de especialistas. Por supuesto hay un sinfín de libritos y cuadernos con letras del cantante, pero no queremos eso, no queremos la traducción apresurada del periodista que informa de la concesión del premio, ni la de los discos. Puesto que un poema primero debe ser estudiado, luego interpretado y finalmente traducido.

Leamos a Dylan, pues. No conozco lo suficiente su obra para saber si las canciones recogidas en este volumen son significativas o no. Yo diría que, por lo visto aquí, hay varios Dylan: como mínimo, está el intimista Si los perros corren libres, El sueño de Bob Dylan, Dama mirada triste de las tierras bajas), el profeta del cambio social (Señores de la guerra, Los tiempos están cambiando), el apocalíptico alucinado (Una fuerte lluvia va a caer, Día de langostas). Mi impresión es que mientras el más popular es el segundo, el que más llama la atención de la comunidad literaria -sueca o no- y cimenta realmente su prestigio como poeta, es el último, aunque los tres se mezclan en la mayor parte de las canciones. San Juan, la cábala, Rimbaud, William Burroughs, Ginsberg, y por supuesto Dylan Thomas..., se trata de una poesía conceptualmente densa como el alquitrán, grandilocuente, llena de imágenes chocantes y, por qué no, perturbadoras, que a veces busca abrumar mediante la acumulación y otras encuentra lo extravagante de la sencillez:

de vuelta aquí, un Mercury/convertible modelo sesenta y tres/se estrella contra una chica/y diez pájaros/acaban de cruzar/la frontera de Colorado.

Tengo que decir que prefiero el Dylan más lineal aunque no necesariamente más cercano, el "storyteller" de Chica negra, por ejemplo:

tú hablas de orden/ella empeñaría/el mundo/por un dólar veinticinco

El escritor venezolano Gabriel Jiménez Emán es el traductor y compilador de este libro. Es espinoso pronunciarse sobre el trabajo de un profesional cuando uno no conoce la obra original, si bien he de decir que mi opinión -basada sólo en la extrañeza que me causan determinados giros y expresiones leídas en español- es que se decanta demasiado por la traslación literal del verso de Dylan. Obviamente, es mucho más fácil escuchar sus canciones que leerlas. Uno tropieza constantemente con adverbios y epítetos, porque paradójicamente, su poesía traducida no resulta nada musical. Lean y juzguen:

Hey, Mr Tambourine Man, play a song for me/In the jingle jangle morning i´ll come following you

O lo que es lo mismo (Gabriel Jiménez Emán mediante):

Eh, Señor Panderetero, toca una canción para mí/En la mañana del cencerro y cascabel te seguiré

No creo que nadie pueda leer esto sin olvidar la música. Quizás eso demuestra que Dylan es un poeta aún pendiente de traducir correctamente al español o quizás que no hay traducción mínimamente aceptable de la poesía, de cualquier poesía. En fin, puedo estar equivocado, pero si un poema no traspasa la frontera de su idioma y hace olvidar su soporte sonoro (Homero lo hizo, Shakespeare lo hizo) ¿puede decirse que su lenguaje es universal?

Talibán

martes, 1 de diciembre de 2020

Alexander Trocchi: El joven Adán

Idioma original: inglés
Título original: Young Adam
Traducción: Héctor Arnau
Año de publicación: 1954
Valoración: Bastante recomendable


Primero fue, hace mucho tiempo, El tercer policía, de Flann O´Brien, y más recientemente Locus Solus, de Raymond Roussel, dos libros fascinantes, de esos que me entusiasman especialmente porque se salen de lo normal, desbordan de imaginación y muestran algún rasgo de locura. La conexión entre ellos: la editorial Numa, que si no estoy equivocado (y ojalá lo esté) ha desaparecido del panorama. Pero con esos antecedentes no era cosa de darse por satisfecho y ya llevaba tiempo buscando algún otro título de su catálogo. Así llego a El joven Adán, y de nuevo me encuentro con un libro diferente de lo habitual, aunque por motivos diferentes de las dos joyas anteriores.

El joven Joe (lo de Adán es más bien una metáfora que no llego a captar del todo) trabaja en una barcaza que transporta cosas por los canales de Escocia, algo que hizo el propio Trocchi, por donde encontramos un claro rasgo autobiográfico. Joe vive allí, en la barcaza, junto a su jefe, o compañero, Leslie, y la mujer y el hijo de este último. Un buen día encuentran flotando a una joven muerta (casi como la Laura Palmer de Twin Peaks), la pescan y la transportan a tierra. En principio, la cosa pinta bien. Tenemos un escenario interesante, un entorno diferente que se va moviendo por pequeños pueblos en fuerte crecimiento industrial (estamos en los años 50), con un cuadro de personajes que pasan mucho tiempo juntos y aislados del exterior, y que se antojan bruscos, algo primarios, curtidos por una vida difícil. Paisaje fabril, convivencia intensa y un cadáver en el agua, todo muy prometedor. Y más aún, las primeras páginas son extraordinarias, perfectas para recrear esa atmósfera brumosa de silencios y un misterio vago.

Intentando destripar lo mínimo posible, diré que, en una transición sutil y bien desarrollada, la historia se desliza hacia las aventuras sexuales del tal Joe, no muchas (el libro tiene apenas 150 páginas) pero sí muy intensas y con cierta abundancia de detalles. Parece que Trocchi juega al despiste, arrinconando en un plano de fondo ese cuerpo flotante hasta el punto de hacernos pensar si realmente no se habrá olvidado de él por completo. Porque el libro adquiere por momentos el aspecto de una novela erótica, y de alguna manera parece desinflarse, o al menos caminar hacia un terreno muchas veces conocido, ya sea en libros o en el cine.

Como tengo la buena costumbre de no acumular apenas información sobre el autor hasta haber terminado el libro (y a veces ni eso), me ahorro de momento saber que Trocchi se dedicó tiempo después a la novela pornográfica, lo que hubiera supuesto un prejuicio difícil de superar a la vista del derrotero que parece tomar el texto. Y sin embargo esa insistencia en las escenas tórridas –en ocasiones bastante gratuitas- no hace que el libro se desmorone de todo. En parte porque están francamente bien expuestas, y también porque se acompañan de un clima de extraña tensión que provoca una especie de impaciencia: sabemos que es un relato breve, y estamos esperando que algo ocurra, que las situaciones giren de forma abrupta hacia algo seguramente dramático, pero las páginas avanzan y no ocurre mucho más. Es una pequeña montaña rusa, que oscila entre lo poco (y a veces no muy interesante) que nos está contando el autor y lo bien que lo hace, con lo que a ratos queda el lector seducido por esa atmósfera turbia, y a ratos decepcionado por lo aparentemente rectilíneo del relato.

Todo queda por tanto en el aire hasta ver qué hace Trocchi con su narración aparte de calentar el ambiente. Aquí, sintiéndolo mucho, no voy a poder contar nada concreto, pero hay que reconocer que la novela recobra buena parte del valor que le suponíamos al principio. Nuestro personaje masculino, además de su voracidad sexual, empieza a adquirir matices. Vemos a un individuo áspero, con arrebatos violentos, que siempre parece aburrirse de todo, un tipo básicamente egoísta. Y sin embargo aparecen por algunas grietas ciertos atisbos de empatía, de la debilidad que se suponía ausente. Como ya consiguió en un pico de tensión anterior, Trocchi va dejando ver por qué camino vamos a avanzar hacia el desenlace, pero lo hace siempre ocultando toda pista, obligando al lector a permanecer atento página tras página hasta el mismo final del libro.

Se podría hablar mucho de Alexander Trocchi, un tipo pendenciero, heroinómano (y orgulloso de serlo), traficante y no sé cuántas cosas más, como decía antes en parte reflejado en el personaje principal de la novela. Por mi parte, como desconocedor de cualquier otra obra suya, me queda la sensación de que es un autor a quien le sobraba talento y quizá le faltaba trabajo. Porque tengo la convicción de que un buen libro no nace de raptos de inspiración de las musas ni se construye solo a base de lo bien que uno escribe. Aun así, me sigue pareciendo un título bastante valioso que merece la pena descubrir.

P.S. No me puedo resistir a contar algo acerca de la contracubierta. Además de algún comentario algo chocante y una horrenda foto del autor en bañador, dice lo siguiente ‘El joven Adán ha recibido los consabidos parabienes de autores consagrados y crítica preclara (Burroughs, Ginsberg, Beckett, TLS…). En efecto, esta podría ser una de las cien mil mejores novelas de la historia de la literatura’. ¿Un rasgo de autocrítica? ¿Un exceso de sarcasmo? ¿Un mal día del editor? En todo caso, no descarto seguir buceando en este sorprendente catálogo. Veremos.

 

sábado, 31 de octubre de 2020

Biblio-necrophiliac Quiz 2020: The Year of The (Tiny) Beast

¡Por fin ha llegado Samaín, amiguites! Esperamos que paséis una buena Noche de de Jalogüín (o mejor aún, mala). Como cada año desde que nuestra especie tiene memoria, llega el momento del año en que se diluyen las fronteras entre el mundo de los vivos y el de los muertos, bla, bla, bla... y para celebrarlo, en Un Libro Al Día abrimos las puertas de nuestro Arkham particular para dejar salir por una vez la insania, la sagrada locura que... eeh, vale, de acuerdo,  que éstos me dejan hacer el gamba un rato, a cambio de que no les de la brasa el resto del año.

En fin, a lo que íbamos: como lo de este 2020, para qué nos vamos a engañar, es insuperable como performance de terror y además a un servidor ya se le acaban los recursos, después de una primera edición del Biblio-necrophiliac Quiz dedicada a las tumbas de escritores/as y una segunda que trataba de las maneras curiosas de morir que tuvieron algunos de ellos y ellas... el Biblio-necrophiliac Quiz de este año va dedicado a las truculencias que adornaron las vidas de nuestros queridos (aunque en algún caso, no tanto) juntaletras. Truculencias variaditas, aviso, que no estamos para elegir... ¿Preparado todo el mundo? Are you ready to rock? Pues arreando, que es gerundio...

1- La literaria es una actividad que a veces atrae a personajes turbios, como fue el caso del austriaco Jack Unterwegen, quien, tras asesinar a una mujer en 1974, se dedicó a escribir poemas y obras de teatro en la cárcel, hasta que un grupo de intelectuales (como la luego Nobel Elfriede Jelinek) pidió y consiguió su excarcelación en 1990. Una vez en libertad, Unterwegen desarrolló una notoria carrera como:

A- Tertuliano en programas de televisión.
B- Periodista acompañante de la policía de Los Ángeles.
C- Asesino en serie de prostitutas.
D- Todo lo anterior, a la vez.


2- Otro convicto y condenado a muerte, además, fue José Giovanni, gangster de Pigalle condenado por matar a tres personas durante unos atracos en 1945 y encerrado en la parisina prisión de La Santé, de donde trató de fugarse. Esta aventura la relató luego en una novela que fue llevada al cine por Jacques Becker en la magnífica La evasión (en la que aparece el propio Giovanni). Una vez en libertad, Giovanni llevó a cabo una exitosa carrera como escritor, guionista y director de cine; pero, ¿por qué motivo le fue conmutada la pena de muerte a este ex-hampón?

A- Por entregar a unos antiguos compinches y colaboracionistas de los nazis, que planeaban un atentado contra el general De Gaulle.
B- Por limpiar las playas francesas de minas alemanas.
C- Ocuparse a perpetuidad del mantenimiento de la Torre Eiffel (capa de minio más otra de pintura gris plomo y vuelta a empezar...).
D- Alistarse en la Legión Extranjera y caer herido en la batalla de Dien Bien Phu.


3- Claro que si hablamos de literatos franceses que tuvieron problemillas con la justicia, es  posible que quien se lleve la palma sea el poeta del siglo XV François Villon, que llegó a escribir La balada de los ahorcados, en 1463, mientras esperaba a ser ejecutado en la horca, precisamente. No llegó a serlo, pues le fue conmutada esta pena por la de destierro de París, pero ¿sabéis como murió este singular poeta?

A- Mientras yacía con una dama en su lecho, asesinado por el marido celoso (celoso porque Villon antes lo había seducido a él).
B- Arrojado al mar por unos piratas bretones a los que se había unido y luego tratado de engañar en el reparto del botín.
C- Reventado por la coz de un caballo percherón que trataba de robar de una granja de Picardía.
D- Ni puñetera idea, la verdad...


4- Aunque seguramente el escritor homicida más célebre sea el inefable William S. Burroughs, que en 1951 mató de un disparo a su mujer, Joan Vollmer, mientras trataba de imitar a Guillermo Tell, durante una fiesta que se les fue de las manos (o quizás era muy aburrida y querían animarla) en Ciudad de México. Esta historia es muy conocida, pero, ¿podríais decirnos qué arma utilizó Burroughs para tal "hazaña"?
A- Un revólver Smith & Wesson M1917 de calibre .45 ACP.
B- Una pistola Star 380, fabricada en Eibar por Bonifacio Echeverría S.A.
C- Un fusil de cerrojo Paravicini-Carcano modelo 91-38, fabricado en Terni (Italia).
D- Una pluma estilográfica-pistola, de 9mm., adquirida en Tijuana y de fabricación artesanal.


5- La malograda Joan Vollmer, años antes, había sido compañera de piso en Nueva York de Edie Parker, esposa a su vez de uno de los amigachos beatniks de Burroughs, que se casó con ella a cambio de que sus padres pagaran la fianza de 2500 dólares para sacarlo de la cárcel, pues había sido detenido como cómplice en el asesinato de David Kammerer. ¿Quién era esta joya de yerno (que por cierto, llegó a escribir un libro sobre el crimen con William S. Burroughs, aunque no se publicó)?

A- Jack Kerouac.
B- Neal Cassady.
C- Allen Ginsberg.
D- Lucien Carr.


6- Cambiemos de tercio. Una de las historias más truculentas de la literatura puede ser la que protagonizó el pintor y poeta prerrafaelita Dante Gabriel Rosetti, quien, transido de dolor por la prematura muerte de su joven esposa, enterró junto a ella sus poemas... hasta que, unos años más tarde, decidió recuperarlos, para lo cual hubo que exhumar el cadáver. Se dice, se comenta, se rumorea (aunque posiblemente fuera una mentira del agente del escritor) que el cuerpo de la joven no sólo estaba incorrupto, sino sonrosado y su cabellera había crecido... La historia, además, se ha relacionado con unos supuestos casos de vampirismo que tuvieron lugar en ese cementerio, sobre todo en los años 70 del pasado siglo (y que culminaron con una insólita disputa entre cazadores de vampiros). ¿De qué famoso cementerio estamos hablando?

A- Cementerio de Montparnasse, en París.
B- Cementerio de Highgate, en Londres.
C- Isla de San Michele, en Venecia.
D- Cementerio Acatólico (o Inglés) de Roma.



7- Tampoco es que éste fuese el único vínculo que el bueno de Dante Gabriel tuvo con el tema vampírico, pues guardaba un parentesco muy cercano, vía materna, con uno de los autores pioneros de este género:

A- Johann Wolfgang von Goethe
B- John William Polidori
C- Bram Stoker
D- Joseph Sheridan Le Fanu


8- Para acabar con este asunto: ¿Qué eximio escritor español afirma haber sido mordido en cierta ocasión por un vampiro... un murciélago hematófago, en realidad, y como efecto de la draculina (se llama así, no os riáis) que contiene su saliva, ahora él  goza de una fluidez mayor de la sangre y es alérgico al ajo?

A- Arturo Pérez-Reverte.
B- Fernando Sánchez-Dragó.
C- Alberto Vázquez-Figueroa.
D- Enrique Vila-Matas.


9- Vayamos ahora con la creadora de otro de los personajes inmortales (nunca mejor dicho) de la literatura de terror (?): Mary Wollstonecraft Shelley, casada, como es sabido, con el poeta Percy Shelley, que murió en un naufragio en el Mediterráneo. Su cuerpo, rescatado en la costa del Lazio, fue incinerado por disposición de su amigo Byron, excepto su corazón, entregado a su viuda Mary. ¿Qué hizo ésta con tan simbólico recuerdo?

A- Se lo comió a bocaos, crudo y sin salpimentar, siquiera...
B- Lo guardó, envuelto en seda, en un cajón de su escritorio, de donde lo sacaba para acariciarlo de tanto en cuando.                                           
C- Lo implantó en un cadáver de un mozo de taberna que hizo robar en el cementerio de Kentish Town, donde se había trasladado y trató de hacerlo revivir a base de corrientes eléctricas.
D- Lo enterró junto a la tumba de su madre, lugar de entrañable emoción y recuerdo para ella.


10- Por seguir con nuestra siempre apreciada Mary W. Shelley: es sabido que su segundo nombre se debe al apellido de su madre, Mary Wollstonecraft, notoria escritora feminista, fallecida tras dar a luz a su hija. Para la pequeña Mary la tumba de su madre, en el cementerio de St. Pancras Old Church, se convirtió en un lugar muy especial, llegando a aprender a escribir resiguiendo las letras de la lápida, por ejemplo... Ahora bien, ¿qué otra actividad menos confesable (aunque contada por ella misma) llevó a cabo sobre la tumba?

A- Misas negras con Percy Shelley, Byron, Polidori y su hermanastra Claire Clairmont.
B- Sesiones de espiritismo con Shelley, Byron y Polidori
C- Un mítin político con Shelley y Byron en favor de la independencia de Grecia, para los obreros que construían  la cercana estación de tren y que solían almorzar en el jardín del churchyard.
D- Perder la virginidad. Sólo con Shelley.

Y ahora por fin, la bola extra; una pregunta facilita, para quien quiera realizar un "pleno al once", que entre tanto coronavirus y tanto Trump y otros bichejos no estamos para estrujarnos mucho las meninges: 
11- ¿Qué celebérrimo escritor en lengua inglesa no perteneció (repito: NO perteneció) a la prestigiosa sociedad de flipaos estudiosos de los fenómenos paranormales The Ghost Club, fundada en el Trinity College de la Universidad de Cambridge en 1862?

A- Charles Dickens
B- Arthur Conan Doyle
C- William Butler Yeats
D- John Ronald Reuel Tolkien




Soluciones: 1- D ; 2- B ; 3- D ; 4- B ; 5- A ; 6- B ; 7- B ; 8- C ; 9- B ; 10- D ; 11- D

Valoración de los resultados: 
  • Entre 0 y 3 aciertos: ¿Qué hacéis aquí, parvenus, hipsters o lo que seáis? Idos con vuestros coches eléctricos a salvar las ballenas del Amazonas o lo que sea que hagáis para el postureo de IG y dejadnos las frikadas a los que no tenemos otra cosa en la vida...
  • Entre 4 y 7 aciertos: Humm... tiene un pase, pero seguro que la mayoría las habéis acertado de pura chiripa y no os habéis puesto con el Quiz más que para matar el tiempo mientras fingís tranbajar en vuestros informes u hojas de cálculo o lo que sea por lo que alguien os paga un sueldo. Procrastinadores... el Décimo Círculo del Infierno os aguarda.
  • Entre 8 y 10 aciertos: Esto está mejor; ahí demostrando que sois unos frikis solitarios, impopulares, solitarios y antisociales que se dedican a memorizar datos macabros sobre gente que ya está muerta... ¡Bienvenidos al club!
  • 11 aciertos: Bueno, no os lo creáis mucho, que la undécima era facilita, ¿que no? Pero vale, está muy bien. Tampoco sé qué os puede quedar después de esto... ¿la autoinmolación? Pensadlo; es una opción.

Nota: La ilustración del Carro del Ankou, servidor de la Muerte, al comienzoio de la entrada, me he permitido tomársela prestada al ilustrador Didier Graffet, algunos de cuyos otros trabajos podéis ver: aquí