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domingo, 9 de agosto de 2015

Colaboración: Pulp de Charles Bukowski

Idioma original: inglés
Título original: Pulp
Traductoras: Cecilia Ceriani y Txaro Santoro
Año de publicación: 1994
Valoración: Decepcionante


Mi experiencia con Bukowski ha sido muy grata. Me enorgullece decir que gracias a él he vivido momentos increíblemente intensos. En un periodo en que no encontraba una literatura que no que me hastiara o me dejara indiferente, apareció él. Desde entonces, no nos hemos separado, y dudo que jamás lo hagamos (aunque con ello le daría una alegría a mi novia, que es una feminista convencida).

Debo decir que siempre me entrego a la obra de este autor, sobre todo si hablamos de su vertiente narrativa (la poesía en general, no sólo la suya, no me atrae demasiado), con gran entusiasmo. Cuando llevaba leídas unas pocas páginas de Pulp, sin embargo, ya percibí que el libro no iba a gustarme. Y no porque sea precisamente malo, sino porque, dentro de lo que el talento de Bukowski puede llegar a engendrar, se queda corto.

Use retazos autobiográficos o escriba ficción pura y dura, Bukowski es capaz de deleitarnos siempre con dos cosas: en primer lugar, nos entrega una media de veinte carcajadas (de las que te hacen parecer un perturbado mental si te encuentras en el metro y el resto de pasajeros te escuchan reír) con cada libro. Su genial humor acompaña cada uno de sus textos de narrativa (e incluso en varios de sus poemas), tiñe cada uno de sus párrafos con sus hilarantes y a veces también corrosivas sentencias.

No obstante, hay otro elemento en el trabajo de Bukowski por el que yo me siento sumamente interesado. Además de su sentido del humor, este escritor posee una capacidad inigualable para machacarnos, para humillarnos. O, al menos, eso es lo que creo yo. Cuando lo leo, siento que me desprecia, que su ponzoñoso desdén va aflorando de cada una de sus palabras y cala en mí. Su crudeza al retratarnos a nosotros, los seres humanos, es algo fantástico que, a mi forma de ver, convierte en verosímiles a todos sus personajes. Es un misántropo (y sí, un misógino, ¿estás contenta, cariño?) y nos odia tanto como se odia a sí mismo.

En los personajes de Pulp, sin embargo, no existe este realismo. Entiendo que, al ser una novela que parodia la literatura de consumo popular, no haga demasiado hincapié en la profundidad psicológica de los personajes, pero, al estar escrita por Bukowski, esa característica no hace más que desacreditarla un poco. 

Así que sí, es cierto, Pulp es una novela que expone (o desnuda, palabra que considero muy acorde al hablar de la obra de Bukowski) los excesos del género de la novela policíaca o fantástica de las publicaciones “pulp”. Sí, no lo voy a negar, Pulp es tan tremendamente divertida como cualquier otro libro de Bukowski. Sin embargo, si tu relación con este autor es igual que la mía, notarás que él mismo se ha extirpado parte de su esencia al escribir Pulp. Es decir, que si lo quieres leer por separado, Pulp es un libro recomendable. No obstante, si lo haces para continuar un largo viaje con Bukowski, pronto comprenderás que te decepciona bastante.

También de Charles Bukowski en ULAD: CarteroEl capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, La máquina de follarHollywood

Firmado: Oriol Vigil

viernes, 24 de mayo de 2024

Charles Bukowski: Hollywood

Idioma original: inglés

Título original: Hollywood

Traducción: Cecilia Ceriani

Año de publicación: 1989

Valoración: Está bien


No creo que me equivoque mucho si digo que casi todos hemos catado en alguna medida a Bukowski en nuestra juventud. Es que es irresistible, todo eso del realismo sucio, hablando sin tapujos de sexo, de alcohol, libros en los que se dice follar y que te jodan, tipos antisociales que se ríen de las convenciones. Una especie de versión cínica de Kerouac, un Borroughs en viaje de vuelta. Un cóctel apetecible para alguien ansioso de conocer el lado oscuro del vicio, el riesgo y las peleas. Muchos años más tarde echamos un vistazo a aquellas historias y, claro, impresionan bastante menos pero ¿pueden seguir resultando atrayentes?

Un director de cine encarga a Bukowski (o a su inevitable alter ego Chinaski) que escriba un guion. Tras algunas dudas consigue sacarlo adelante, y ahora toca hacer la película. Todo son dificultades con productores y actores, con la financiación y los caprichos de la industria, problemas que el guionista contempla a cierta distancia, más vinculado al proyecto por amistad que por auténtico interés (al margen del económico, claro). Las múltiples vicisitudes que se van sucediendo, algunas disparatadas pero con el aspecto de ser muy reales, constituyen el cuerpo del relato de principio a fin.

Bukowski siempre habla de Bukowski, con lo que la lectura de todos sus libros nos proporciona algo parecido a una biografía completa. Esta tendencia a contarnos sus excesos y aventuras puede resultar un poco cansina, y hasta poner en cuestión la creatividad del autor. Pero bueno, es innegable que con su personaje a cuestas consigue arrastrar a buen número de incondicionales que disfrutan de su aspereza y su sarcasmo. Todo esto lo encontramos, claro está, en Hollywood, que por lo demás me parece un texto algo monótono, una colección de anécdotas más o menos cómicas que desde el punto de vista narrativo no dan mucho más de sí.

Claro que Bukowski no es mal escritor, no solo tiene un estilo muy personal y domina perfectamente la acción (no por nada es su propio protagonista y puede estirar, adornar o reinventar su propia experiencia), sino que también sabe colocar elementos que realcen su relato. Aunque sea en una capa menos visible, podemos detectar la decadencia que marca la edad, y una especie de viaje involuntario, casual o no tanto, a lugares visitados en la juventud, un punto muy tenue que, sumergido en la ironía dominante, se diría que el autor no quiere que se llegue a apreciar. El peculiar papel del guionista asoma también entre las páginas, es quien ‘hace latir los corazones’ de sus personajes, quien les da ‘palabras para hablar’, les hace vivir o morir; pero

¿Y dónde estaba el escritor? ¿Quién fotografiaba alguna vez al escritor? ¿Quién aplaudía? Aunque menos mal ¡joder!, claro que menos mal: el escritor estaba donde debía estar: en algún rincón oscuro, observando.

Ya, se podría añadir, o más bien en el bar, o en ese mismo rincón oscuro trasegando un par de botellas de vino. Porque si nos parásemos a contar las botellas que se vacían en este relato (sobre todo vino, pero también whisky, vodka, lo que se tercie) nos podría salir un número cercano a ese gúgol que nos es tan familiar, no por nada la presencia del alcohol en los relatos de Bukowski, o sea, en su propio día a día, es de esas cosas que en principio hacen gracia, diríamos que despiertan simpatía, pero sobrepasada una frontera, empiezan a dar bastante grima. Quizá también porque, queriéndolo o no, todo tiene un ligero aire de autoparodia: al autor le gusta presentarse como el alcohólico irreductible que ha aprendido a integrar su vicio con cierta dignidad, y también como el sexagenario bien curtido al que nada asusta, el superviviente que se ríe del mundo y sus pequeñas miserias.

Naturalmente, hay en el fondo una corriente crítica con la industria del cine, el gobierno implacable del dinero y la ambición, los caprichos de las estrellas y la mezquindad de los productores, la falsedad escondida en fiestas aburridas donde cada uno busca su oportunidad. Y por ahí, ocultándose o saludando, anda Bukowski, que a fin de cuentas parece un buen hombre, buscando al camarero para que le ponga otra copa.

Más de Charles Bukowski reseñado en ULADaquí


viernes, 3 de febrero de 2012

Charles Bukowski: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco

Idioma original: inglés
Título original: The captain is out to lunch and the sailors have taken over the ship
Año de publicación: 1998
Valoración: Recomendable

¿Me estás diciendo en serio que llevamos casi tres años de blog, y que todavía no hemos reseñado nada de Charles Bukowski? ¿Pero qué clase de desaprensivos somos? ¿Quién manda aquí? ¿Qué clase de garito es este? Bueno, pues voy a reseñar yo este libro, aunque ya advierto, queridos lectores, que este probablemente no es el mejor libro para empezar a conocer a Bukowski; no, si no habéis leído nada de él, os recomiendo más bien que empecéis por Pulp o por algunas de sus recopilaciones de relatos (La máquina de follar o Escritos de un viejo indecente, por ejemplo).

En cambio, si ya has leído a Bukowski y le tienes cariño (de lejos, claro, porque de cerca tiene pinta de que debía de ser insoportable), entonces te gustará leer esta obra, publicada póstumamente y compuesta por algunos fragmentos de sus diarios ilustrados (para mi gusto, horriblemente) por Robert Crumb. En él encontrarás al mismo Bukowski de toda la vida, pero ya viejo (los diarios los escribió entre 1991 y 1993, es decir, cuando ya pasaba de los 70) y con una vida de lo más acomodada que se reparte entre el hipódromo y su casa, con ocasionales fiestas hollywoodienses. Nada que ver, como él mismo reflexiona, con el escritor despreciado por casi todos que dormía en la calle y comía cuando podía y lo que podía.

Es curioso, sí, ver a este Bukowski, tan antisocial y tan misántropo como siempre, hablar de cosas como su jacuzzi, sus nueve gatos o su ordenador Macintosh (que uno de sus gatos llena de semen en una de las escenas del libro, por cierto). Pero hay algo que no cambia con respecto a cualquiera de sus obras anteriores, y es lo que salva este libro: me refiero el estilo brutal, absolutamente libre de artificios y de correcciones políticas, de Bukowski. Cuánto podrían (podríamos) aprender los escritores de hoy, que demasiadas veces nos la cogemos con papel de fumar, de un escritor como él, por mucho que personalmente fuera un borracho, un misógino, un misántropo o lo que quiera que fuese, qué más da.

"Lo primero que debe hacer la escritura es salvar tu propio pellejo", dice. "Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte", dice. "Que te den por culo, compañero", le responde a un lector que le reprocha que no admire a Shakespeare: "¡Y tampoco me gusta Tolstoi!". Qué envidia escribir así, con esa libertad absoluta.

También de Charles Bukowski en ULAD: Pulp, CarteroHollywoodLa máquina de follar

lunes, 9 de septiembre de 2019

Charles Bukowski: Cartero

Idioma original: Inglés
Título original: Post Office
Traducción: Jorge García Berlanga
Año de publicación: 1971
Valoración: Está bien

Releo ahora, con veinticuatro años, esta novela de Charles Bukowski que a los diecinueve me encantó. Y debo reconocer que, aunque sigo apreciando sus hallazgos, la termino con un sabor agridulce.

En primer lugar, porque es más irregular de lo que recordaba. Su estructura y su argumento son un desastre, y su prosa tiene altibajos brutales. A esto súmale que el realismo sucio, género en el que se inscribe, ya no despierta en mí la admiración de antaño.

Pero bueno, especifiquemos a qué me refiero con que la estructura de este libro es un desastre. Antes he dicho que Cartero es una novela, pero realmente se puede considerar un ciclo cuentístico, ya que los relatos que la conforman tienen cierta unidad. No obstante, esta unidad se limita al protagonista compartido y a algún elemento recurrente puntual. De modo que las partes se sienten a menudo desconectadas del todo.

Asimismo, el argumento no acaba de funcionar. Cartero nos cuenta doce años de la vida de Henry Chinaski, álter ego de Bukowski. Esta es, pues, una historia semi-biográfica. Una historia que parece hablar de sueños frustrados y conformismo, pero que tiene demasiadas digresiones para focalizarse en nada. A la postre, uno no sabe si se encuentra frente a una novela con un mensaje aguado o ante un deslavazado estudio de personaje.

Por otro lado, digo que la prosa de Bukowski presenta altibajos considerables porque pasa de reflexiones geniales a metáforas manidas en menos que canta un gallo. También compagina interesantes recursos estilísticos (la técnica del "patchwork") con otros menos afortunados (enfatizar conceptos obvios mediante mayúsculas o cursivas). Y no hablemos de esos pasajes tediosos que se le cuelan al escritor de tanto en tanto; pasajes que hablan largo y tendido de temas tan fascinantes como el código de ética de la oficina de correos, las carreras de caballos o la morfología urbana de Los Ángeles.  

En cuanto a aspectos positivos, diría que esta auto-ficción se siente muy honesta. Además, hay que admitir que la voz de Bukowski, guste o no, es bastante personal. Su humor, negrísimo, es absolutamente hilarante. A destacar también el ejercicio de intertextualidad que hay en el final de la obra. Chinaski (y, por ende, Bukowski) abandona la miserable seguridad de su empleo con cuarenta y nueve años para dedicarse exclusivamente a escribir. Y escribe, precisamente, Cartero.

Lo dicho: una novela (o ciclo cuentístico, si lo preferís) muy irregular, con ideas la mar de sugestivas eclipsadas por otras que son decididamente mediocres. Bukowski fue un descubrimiento en mi adolescencia, pero mucho me temo que mi gusto lector le ha dejado atrás.


También de Charles Bukowski en ULAD: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, Pulp, La máquina de follar, La senda del perdedor Hollywood

jueves, 16 de agosto de 2018

Charles Bukowski: La máquina de follar

Idioma original: inglés
Título original: Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary Madness 
Año de publicación: 1974 (como libro) 
Traducción: J. M. Álvarez y Ángela Pérez 
Valoración: entre recomendable y está bien


No soy un devoto de Charles Bukowski (*), aunque claro, allá por mi desencantada juventud sí que leí, al menos que yo recuerde, un par de libros de este autor (de la serie de su alter ego Chinaski, para más señas). Vamos, como todos, al menos todos los jóvenes varones que aspirábamos a una vida de emociones fuertes, siquiera a través de la palabra escrita. Después, sí que he leído algunos poemas del viejo Hank Bukowski, en mi opinión bastante buenos y en los que demostraba una sensibilidad... digamos más afinada que en su prosa. Pero hasta ahí. Lo que pasa es que, reconozcámoslo, el título de este volumen de relatos es irresistible: esto lo tenía que reseñar mientras aún me quede un rescoldo de ímpeto juvenil y alguien, aunque sólo sean ya las octogenarias, me siga llamando "este chico"... (que lo hacen, eh, a ver qué os pensáis).

La máquina de follar, por lo demás, es en realidad el título del último cuento o relato que componen esta recopilación, cuyo título en inglés, de todas maneras, resulta no menos sugestivo. Eso sí, el título que se le puso en castellano resulta no poco pertinente, porque aquí otra cosa no, pero no se para de follar. Bueno, de follar y de cumplir con todo tipo de funciones corporales sobre las que se suele guardar un cierto recato. Y también de beber, porque el personaje protagonista de todos los cuentos que encontramos en este libro -que son bastantes- es el típico personaje bukowskiano: alcohólico irredento, bala perdida, jugador y mujeriego. Vamos, como se supone que era el propio autor de los mismos... de hecho, en la mayoría de ellos el protagonista se llama también Bukowski, aunque en otros ha tenido el detalle mínimo de cambiarle el nombre. Es más, algunos de estos relatos  -Ojos como el cielo, Notas sobre la peste, Un hombre célebre- parecen una crónica de cómo eran los días de este escritor famoso por su malditismo, con otros poetas o profesores universitarios visitándole mientras él sólo quería hundirse en su propia miseria alcohólica-; otros también parecen tener una impronta autobiográfica importante, en los que cuenta su estancia en hospitales -Vida y muerte en el pabellón de caridad-, sus desesperanzadas visitas al hipódromo -Caballo florido-, sus opiniones (no demasiado entusiastas, sobre el LSD y el cannabis, en Un mal viaje y El gran juego de la yerba,sus escarceos sexuales, mediante pago o no -Tres mujeres, Reparando la batería- o sus vagabundeos por América, como en los tristísimos Lo toma o lo deja y Un lindo asunto de amor; este último relato animado por una ternura insólita, pese a estar protagonizado por el característico personaje que ya conocemos, cínico y que trata las mujeres con un desenvuelto pero impostado 8por temeroso) desdén.

Cuatro cuentos, no obstante, se salen un poco de la tónica general, aun compartiendo el cutrerío ambiental: los tres últimos, La manta, Animales hasta en la sopa y La máquina de follar, entrarían en el registro, y de forma más bien divertida, del género erótico-terrorífico-fantástico (seguro que existe un nombre más corto para esto). El otro relato que destaca del resto, en este caso por su crudeza añadida, es El malvado, la descarnada descripción de un pederasta, que, más que como un intento de epatar o escandalizar al lector, quizás sea más bien un remedo sarcástico (y por tanto crítico, podemos suponer) de la célebre, y más por aquella época, puesto que su adaptación al cine era relativamente reciente,  Lolita.

Luego está, claro, la cuestión del estilo de este escritor. dinámico, burlón, arrebatador.... Más clásico en ocasiones o al borde del stream of conscieousness en otras (la desaparición de las mayúsculas o la alternancia aparentemente espontánea de la primera a la tercera persona y viceversa acentúan esta impresión): es lo que ocurre con Yo maté a un hombre en Reno, por ejemplo. ¿Los mejores relatos del libro? Pues aparte de alguno de los ya mencionados, como Un lindo asunto de amor, yo diría que alguno más que incide en su más que recurrente "senda del perdedor", como Veinticinco vagabundos andrajosos. O una supuesta estancia en un psiquiátrico (no se si el Bukowski real llegó a vivirlo) en Púrpura como un iris, sin duda uno de los más destacados relatos de esta pasmosa y muy particular antología.

(*) Casualmente, hoy sería su cumple, así que ¡felicidades y buena borrachera, allá donde se encuentre!


Otros títulos de Charles Bukowski reseñados en Un Libro Al Día: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barcoPulp, CarteroHollywood

jueves, 3 de abril de 2025

Charles Bukowski: Música de cañerías

Idioma original: Inglés

Título original: Hot water music

Traducción:  Jorge Berlanga

Año de publicación: 1984

Valoración: Muy recomendable


Muchos dicen que Bukowski era misógino; lo cierto es que fue muchas cosas: alcohólico, violento, depresivo, misógino… pero, desde luego, nunca un comunista. Lo que no podemos negar es que era también profundamente hilarante.

Este fue el primer libro que leí del buen Chinaski, cuando yo tenía 18 años, y por supuesto que me encantó. Aún hoy, al releerlo, sigue siendo de los pocos que logran arrancarme una carcajada. Probablemente Bukowski era una persona insufrible, con la que resultaría imposible convivir, pero Chinaski, su alter ego, es un tipazo: ocurrente, espontáneo, carismático, alguien con quien habría querido tomarme unas cervezas.

Los relatos de este libro presentan a protagonistas entrañables: poetas decadentes, mujeres apasionadas, borrachos, gigolós cínicos, exhibicionistas, etc. Son historias muy breves, de apenas unas páginas, que parten de premisas simples. Bukowski no necesita demasiadas palabras para conseguir resultados extraordinarios: a veces a través de un giro inesperado y, otras, simplemente por medio de una ocurrencia ingeniosa. Además, no se molesta en adornar las frases ni recargar las descripciones; todo es directo, con diálogos escuetos. El punto fuerte, tal como he mencionado, es el humor y las frases mordaces que pueblan estos cuentos.

Entre mis favoritos, hay historias de lo más disparatadas: un hombre que se lacera el pene con un florero con el que pretendía tener coito; otro que no soporta los celos al ver a su pareja bailar como poseída con otros; un tipo obligado a lidiar con todo lo que conlleva la muerte de su padre cuando, en realidad, lo que menos le importa es su padre; e incluso una pareja que decide solucionar la escasez de alimentos recurriendo a la carne humana. Como pueden ver, los temas son tan variados como inverosímiles.

Sin embargo, más allá del aparente nihilismo con el que la mayoría de los protagonistas afrontan sus experiencias, estos escenarios retratan la vida de gente que vive al límite, marginada, decadente y, al mismo tiempo, tan humana como cualquiera.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Charles Bukowski: La senda del perdedor

Idioma original: Inglés
Título original: Ham on Rye
Traducción: Jorge Berlanga
                           Ernesto Giménez-Caballero
Año de publicación: 1982
Valoración: Recomendable

Releer La senda del perdedor me deja un mejor sabor de boca que hacer lo propio con las otras cuatro novelas dedicadas al álter ego de Charles Bukowski. A fin de cuentas, esta obra es mucho más variada que el resto de entregas de la saga.

Narra la infancia, adolescencia y juventud de Henry («Hank») Chinaski. Aborda multitud de temas: la pobreza, el mito del Sueño Americano, la violencia, los abusos domésticos, la crueldad, el alcohol en tanto que válvula de escape, la sexualidad precoz y el desencanto por la vida. Como telón de fondo tenemos la Gran Depresión primero y la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial después.

Llegados a este punto, querría destacar los apartados que más me han gustado de La senda del perdedor.

  • Su estilo. Es austero (salvo por algún alarde poético), pero funciona de maravilla.
  • Su humor. Ácido y mordaz a la par que fruto del nihilismo más profundo.  
  • Sus reflexiones. Para muestra, un botón: «Todo lo que necesitaba una persona era una oportunidad. Siempre había alguien controlando quién podía tener una oportunidad y quién no.»
  • El narrador. Es un "underdog" que siempre quiere tener la última palabra, pero se le cuestiona diegéticamente. 
  • El padre. Personaje muy humano retratado con sus contradicciones. Es una caricatura del norteamericano de clase baja que, según la famosa cita, se ve a sí mismo como un multimillonario temporalmente avergonzado. Pobre diablo. 
  • Ciertas escenas, bien descritas y bastante memorables.
  • Los guiños que Bukowski hace a su admirado John Fante. 

Por otro lado, me gustaría resaltar los aspectos más flojos de esta obra.

  • Su estructura un tanto deslavazada. 
  • La repetición estéril de situaciones que involucran peleas, masturbación o alcohol. 
  • Su prosa. Ya he dicho que el estilo me gusta, pero la prosa es algo burda. La transición de un párrafo a otro no siempre fluye orgánicamente. También hay frases cuya formulación no tiene sentido. Por ejemplo: «Al día siguiente (...) busqué un gran cuaderno que destinaba para las tareas del instituto. Estaba en blanco.» O: «Ya no temía en absoluto a la aguja. Además, nunca la había temido.» Aunque le daremos el beneficio de la duda a Bukowski y asumiremos que están mal traducidas.

Porque la traducción de esta edición es pésima. No sólo repite palabras innecesariamente, sino que siente un apego excesivo por el idioma original del texto. Así pues, nos obsequia constantemente con anglicismos: juramentos, interjecciones y estructuras lingüísticas propias de la jerga norteamericana.

En definitiva, La senda del perdedor es una novela recomendable, pese a no ser redonda. Sobre todo si eres un adolescente, ya que conseguirás empatizar fácilmente con su protagonista y su mensaje. Ojalá el resto de la saga de Henry Chinaski hubiera mantenido el nivel de esta primera entrega. 


 También de Charles Bukowski en ULAD: Aquí

jueves, 10 de julio de 2025

Paulina Flores: La próxima vez que te vea, te mato

Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Entre recomendable y está bien

Una historia de amor sin moraleja.

Cada vez que leo autoficción, recuerdo el documental de Barbet Schroeder The Charles Bukowski Tapes. En uno de los episodios, un amigo le reclama a Bukowski haberlo retratado como un borracho violento en uno de sus cuentos, mientras que él mismo se mostraba como un ser magnánimo. “Fue completamente al revés”, le increpaba su amigo. Bukowski respondió tranquilo, como si fuera una obviedad: “En mis historias, yo siempre soy el héroe”. Creo que tenía razón. Leer autoficción (y ni hablar de escribirla) es un acto de fe. Bajo esas condiciones, veo innecesario considerar a la autoficción como una categoría independiente; llamémosle, simplemente, ficción.

En La próxima vez..., Paulina Flores nos cuenta la experiencia de Javiera (sería muy avaro de mi parte no derle el lugar de alter ego) como inmigrante chilena en Barcelona, primero como estudiante, luego como desempleada indocumentada. Además de lo que cabría esperar (choques culturales, aislamiento, nostalgia, etc.), se nos presenta una historia de amor. Pero amor amor, de esos que acaban en tragedia y muerte; ya saben de cuál. No se trata solo de un amor a la antigua: Javiera incursiona en el poliamor, lo cual, considerando que proviene del tercer mundo católico, resulta una aventura destinada al fracaso. Además, se relaciona con un catálogo de personajes, cada uno más extravagante que el anterior, lo que enriquece su mundo con ideas profundamente contrastantes respecto a su vida anterior.

La novela es breve, entretenida, e incluso tiene momentos reveladores. Es la segunda novela de Flores y, aunque se nota su juventud (referencias a la cultura pop millennial, reflexiones propias de una novela de formación, un tono desenfadado), también revela una escritura madura, aunque aún no se logre distinguir un estilo propio. (Por alguna razón, en la descripción del libro se lee “una voz a medio camino entre Violeta Parra y Bad Bunny”; no sé si eso es bueno o malo).

Por último, quisiera mencionar algunos reparos:

1. Entiendo que cada quien descubre el mundo a su manera y a su debido tiempo, pero esperaría que una protagonista inmadura, impulsiva, que descubre el mundo y el amor pasional, fuese una adolescente o una joven en sus veintes. Que la protagonista tenga 31 años me resultó un tanto anticlimático. Además, se relatan aventuras de secundaria, lo que deja un hueco en el curriculum de más de diez años (supongo que la escritora estaba demasiado ocupada con los estudios y el trabajo como para que le ocurriera algo interesante en ese periodo).

2. A falta de un mejor adjetivo en español, la trama me resultó, por momentos, demasiado edgy: pasiones exaltadas, intentos de asesinato y suicidio que rebasan mi gusto personal.

La próxima vez que te vea, te mato es una novela visceral más que confesional, que se mueve entre el drama amoroso y la búsqueda de identidad. Aunque su protagonista y sus decisiones pueden generar cierta resistencia, Flores logra construir una voz narrativa potente y honesta. Puede que no todos (digase yo) se identifiquen con el torbellino emocional que atraviesa Javiera, pero pocos quedarán indiferentes ante la intensidad con la que se cuenta su historia. Una apuesta arriesgada, con sus aciertos y excesos.


viernes, 5 de julio de 2024

Pedro Juan Gutiérrez: Mecánica popular

Idioma original: Español

Año de publicación: 2024

Valoración: Bastante recomendable

Con Bukowski ocurre un poco como con Maradona (y no, no me refiero a su afición por ciertas sustancias). Así como allá donde surgía un jugador con la mínima semejanza al astro argentino ya teníamos un Maradona "local" (el Maradona de los Cárpatos, el Maradona del los Balcanes...), allá donde aparece un escritor que hable sin tapujos de sexo, alcohol y demás ya tenemos al Bukowski "local" de turno. Es lo que ocurre con Pedro Juan Gutiérrez, quien en muchas reseñas y artículos, es nombrado como el Bukowski cubano. 

No seré yo quien venga a enmendar la plana al casi unánime coro de adalides de la cultura (por ejemplo, es algo que en la contracubierta de este libro dicen Richard Bernstein (NYT) o Felipe Benítez Reyes), pero sí que me serviré de una frase del propio Pedro Juan para matizarlo: Así que no sé exactamente si lo que yo hago es realismo, sucio, definitivamente, no. Lo que pasa es que me interesa mucho meterme en las sombras de los personajes, la parte oscura, la parte que todos tenemos, porque todos tenemos sombras, todos tenemos vicios, todos tenemos maldades, todos tenemos un diablo dentro. (ver artículo completo AQUÍ).

En cualquier caso, este es el libro menos "bukowskiano" de los que he leído de Pedro Juan. Diría, incluso, que podría acercarse más al costumbrismo que a un hipotético realismo sucio. ¡Al lío!

Diecisiete relatos componen este Mecánica popular. Se trata de textos que abarcan tres décadas (50, 60 y 70) de cambios vertiginosos en la sociedad cubana a los que asistimos a través de Carlitos, personaje protagonista y/o testigo de buena parte de los mismos, lo que nos lleva a la más acertada descripción de Mecánica popular como una novela de formación fragmentaria. De hecho, se observa una evolución del personaje de Carlitos muy propia de la novela.

Sea como fuere, son textos en los que se ven confrontados sueños y realidad (el hombre nuevo vs una sociedad aún machista y falocrática, las ganas de comerse el mundo vs la escasez, etc), en el que las soledades se combaten a través del sexo, el ron y el baile, en el que todo sucede a una velocidad de vértigo tal que la vida semeja un accidente alimentado por los imprevistos.

Más allá de ese retrato de la sociedad cubana, tres son los aspectos que destacaría en la prosa de Pedro Juan: 

  • el manejo de la frase breve.
  • la utilización de los diálogos y del habla "de la calle", lo que unido al punto anterior confiere a los textos de Pedro Juan de un ritmo muy característico.
  • su capacidad para meternos de lleno en el relato con apenas unas líneas. Pedro Juan no se anda con rodeos, "ni pa una cosa ni pa otra".
Por último, quisiera mencionar los tres textos, en mi opinión, más destacados. Serían:
  • El corazón palpitante, con sus metafóricos recuerdos y lecciones y cargado de frustración y soledad.
  • Asesinos en serie, quizá en texto en el que mejor y más claramente se muestran las contradicciones de una sociedad en plena vorágine.
  • Abundancia de peces, el más cinematográfico y "moderno" de todos ellos.
En fin, volveremos a hablar de Pedro Juan en no demasiado tiempo. Más allá de etiquetas (al fin y al cabo, donde unos ven poesía otros ven sordidez (o viceversa)), Pedro Juan demuestra con estos textos que continua en buena forma. Volveremos a hablar de él en breve. 

También de Pedro Juan Gutiérrez en ULAD: Anclado en tierra de nadie

jueves, 7 de mayo de 2009

John Fante: Pregúntale al polvo

Idioma original: inglés
Título original: Ask the Dust
Fecha de publicación: 1939
Valoración: Imprescindible

Cuando Charles Bukowski, fundador y máximo exponente del “realismo sucio”, proclamó a John Fante como una de sus principales influencias, lo elevó instantáneamente a la altura de clásica contemporáneo. Así, Pregúntale al polvo, la novela más conocida (y probablemente la mejor escrita) de John Fante, se convirtió de repente en un best-seller de los ochenta, casi cincuenta años de su publicación original. En España, la recuperación de Fante debió esperar otros veinte años, hasta que la editorial Anagrama se decidió a publicar las obras completas de Fante.

Fante es por lo general un escritor ligero, con un toque humorístico importante, quizás algo misógino para los gustos actuales, pero también con un elemento humano. Es un escritor que practicó con abundancia lo que hoy en día se llamaría "autoficción", o casi: la mayoría de sus novelas están protagonizadas por aspirantes a escritores de origen italiano en la California de mediados de siglo, es decir, alter-egos poco disfrazados del propio escritor (una tradición muy fecunda en Estados Unidos, y que sigue utilizando frecuentemente por ejemplo Philip Roth).

Pregúntale al polvo está considerada como la obra maestra de Fante. Contiene muchos de los elementos que acabo de mencionar: el alter-ego de Fante, llamado Arturo Bandini, que protagonizó cuatro de sus novelas; el sentido del humor cínico y destructivo; la descripción de personajes perdedores pero soñadores; el estilo rápido, natural, sin complejos... Pero sobre todo donde destaca esta novela es en la humanidad de sus personajes: Bandini, enfrentado a los enemigos habituales (la falta de trabajo y dinero, su propia inseguridad, el rechazo o la indiferencia de los demás...), y además a una relación autodestructiva con una joven camarera mexicana, Camila, que le dará tanto como le quitará, o más.

Nota final: Es cierto que, como tantas veces se ha repetido, Fante es un antecedente del "realismo sucio" de Bukowski; pero lo último que querría es que esa afirmación bastante tópica, y que no añade nada al original, alejara a ningún lector de sus novelas. Bukowski puede ser brutal, pornográfico y hasta vulgar -aunque también sabe encontrar perlas entre el fango-; Fante no huye de los aspectos escatológicos de la existencia, pero tampoco los convierte en el centro de todo.

También de John Fante en ULAD: El vino de la juventudLlenos de polvo

domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

lunes, 23 de mayo de 2022

Reseña + Entrevista: Todo en orden de Luis Sánchez Martín

Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2022
Valoración: Entre recomendable y está bien

Todo en orden compila once relatos de extensión variable. Once relatos que abordan temas como el ostracismo, la precariedad, la depresión, la soledad y la muerte desde un enfoque pesimista no exento de cierta dignidad. 

En general, los cuentos de Luis Sánchez Martín me han parecido correctos; eso sí, creo que un par son más flojillos que el resto y mejorarían con sólo aplicarles algunas modificaciones. Por ejemplo, su prosa se podría pulir, ya que peca de erratas ocasionales, reiteraciones intrusivas, frases excesivamente largas o estructuras redundantes. Asimismo, opino que sus premisas tienen margen de maniobra en lo que a exprimir al máximo su potencial respecta. 

Sea como fuere, aprecio el regusto a realismo sucio que dejan las historias de Luis; también el humor negro y la mala leche que supuran. Del conjunto destacaría "Distrito Federal" por su lograda atmósfera y su ambiciosa trama, "Nada en el buzón" por sus inquietantes implicaciones y la pieza que da nombre a la antología por abocarnos a la espiral de venganza de un antihéroe que no tiene nada que perder.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Luis ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Buenas, Luis. Antes que nada, deja que te diga que me encanta la franqueza que destila Todo en ordenSe nota que no te asusta desnudar tus imperfecciones frente al lector; que no te acompleja mostrarte frustrado, rabioso y resentido con la vida. Eso es de ser un valiente.

L.S.M.: No sé si soy valiente porque lo hago desde una silla frente a un ordenador, pero desde luego planto cara (simbólicamente) a un sistema (llámalo neoliberalismo, llámalo capitalismo) que nos ha hecho creer que la sumisión y el tener el tiempo libre justo para ver un rato la tele(basura) por la noche, porque el resto del tiempo hay que trabajarlo para pagar una hipoteca que se lleva el 70 % del sueldo y un BMW que no necesitamos, es el modo de vida que tenemos que aceptar como normal. No sólo eso, sino que debemos rechazar, “reprogramar” a quien no piense así.

ULAD: ¿No te preocupa que tus cuentos se puedan malinterpretar? Lo digo porque hoy día mucha gente es incapaz de separar al autor de la obra, la ficción de la realidad. Igual alguien lee Todo en orden y se imagina que eres un sádico y un degenerado (risas).

L.S.M.: Y para el modelo de persona que describo en la anterior respuesta quizá lo soy. Mr. Wonderful me come los huevos, reivindico el derecho a estar enfadado y legitimo ciertos tipos de violencia. Creo que deberíamos preguntarnos por qué se considera terrorismo lanzar un cóctel molotov contra una sucursal bancaria, pero no es terrorismo que esa sucursal bancaria deje en la calle a una familia con hijos y sin ingresos (y que la deuda se mantenga aún después de quitarles la casa); por qué no es violencia que te obliguen a trabajar 10 horas de lunes a sábado por 800 euros y sí lo es darle un guantazo a ese empresario. Y así, infinidad de violencias que hemos legitimado y a las que no nos permiten enfrentarnos, pues han creado una burocracia ‘legítima’ y unas leyes que no sirven absolutamente para nada.

ULAD: Se te da bastante bien construir personajes de dudosa moralidad con los que, sin embargo, es fácil empatizar, e incluso simpatizar. ¿Cuál es tu truco?

L.S.M.: Todo es real, tan sencillo como eso. Lo que cuento ocurre, y busco incomodar. Si incomodo y eso ayuda a que la gente vea la realidad de otro modo (o, simplemente, vea LA REALIDAD), sin los filtros del Mr. Wonderfulismo y la “poesía de mierda” (frases de sobre de azúcar, memes con arcoíris de Facebook, etc…), he logrado el objetivo. Y si incomodo porque alguien cree que exagero y se enfada porque ese no es su mundo, también (por idiota, a ver si abre los ojos algún día).

ULAD: Tengo entendido que eres un admirador incondicional de Charles Bukowski. Y lo cierto es que se nota la influencia que ha tenido el autor en tu literatura. ¿Extrapolas deliberadamente su visión del mundo a España o simplemente nuestra tierra se parece, en el fondo, a los EEUU decadentes y sórdidos que él ayudó a desenmascarar?  

L.S.M.: No admiro, ADORO a Bukowski. Y sí, creo que nuestra España actual (la del milagro económicJOJOJOJOO) se parece a aquellos EEUU donde él tuvo que dormir en la calle sobre cartones para poder trabajar por unos céntimos la hora. Vivo en la huerta de Murcia, y en los últimos años han salido a la luz varios casos de empresas que tenían a los trabajadores en condiciones de esclavitud, con jornadas de doce horas, descontándoles el tiempo para comer e incluso ir al servicio y durmiendo hacinados en zulos y almacenes. En pleno siglo XXI, empresarios que van en Mercedes paseando sus barrigas y tocando el culo a las camareras porque se creen con ese derecho.

domingo, 7 de enero de 2018

Fiston Mwanza Mujila: Tranvía 83


Idioma original: Francés
Título original: Tram 83
Traductor: Rubén Martín Giráldez
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable 

Esta novela, ópera prima de Fiston Mwanza, brota de las entrañas del escritor congoleño. Normal que, por la honestidad y frescura que desprende, la crítica la haya relacionado con la música jazz o los "beatnicks". A mí, pero, me ha recordado poderosamente a Bukowski. Tanto la temática como la prosa (sobre todo la prosa) de Tranvía 83 me remitían constantemente al representante del realismo sucio. No en balde, en este libro hay un lenguaje a caballo entre lo lírico y lo vulgar, sentencias lapidarias, parcas descripciones, largas enumeraciones de elementos, continua repetición de motivos y diálogos mundanos cargados de profundidad.

Tranvía 83 es un texto poco convencional. En primer lugar, porque tiene una estructura desacompasada, caótica; por algo ha sido comparado con una improvisación musical. También tiene un estilo rompedor. Ah, y una ironía exponencial. El humor negro que supuran estas páginas es de lo mejorcito que he leído últimamente. Mirad la página 121: «Casi dos semanas sin agua corriente por motivos patrióticos.» Dejadme citar, también, la 134: «perros de Europa que (...) roban la ternura humana.» Por no hablar del final de Tranvía 83, un auténtico broche de oro de lo más cínico y amargo. Pero vayamos al argumento, ya que, como se dice en el libro «Los preliminares son importantes, pero apoyarse demasiado en ellos puede matar el amor». Del mismo modo, enrrollarme perjudicará a la reseña. 

El título de esta novela hace referencia a un bar que se encuentra en la capital de Ciudad-País. En este local se reúne toda la fauna de la ciudad: cavadores que trabajan en las minas, madres solteras, pipiolos, potrillas, estudiantes, turistas, sicarios... Todos están obsesionados con el sexo y el dinero. También nuestros protagonistas acuden al Tranvía 83. Lucien es un aspirante a escritor. Su integridad, su conciencia, chocan con el contexto, brutal y duro. Su idealismo es tratado por Fiston Mwanza de forma sarcástica; Lucien no es más que un soñador ingenuo. No obstante, el realismo imperante tampoco es glorificado. Requiem, un traficante y proxeneta, es la mayor prueba de ello: tiene dinero y amigos, sabe moverse por ese ambiente, y, pese a ello, se le plasma como un ser humano roto y lleno de defectos. Es quizás el personaje más interesante de la novela. Tiene un carisma a lo Tyler Durden, pero por razones menos bombásticas, más maduras. Requiem y Lucien compartirán piso, ya que éste último acaba de llegar a la Ciudad-País. Y la química entre ambos dará lugar a algunos de los mejores pasajes de esta novela, puesto que su amistad es de lo más tóxica. 
La Ciudad-País es un país ficticio del continente africano. El autor desdibuja detalles identitarios para hacer a este país inventado lo más genérico posible. En él podemos ver a niños soldado, a un dictador y a extranjeros explotando los recursos locales. En él se libran guerras civiles, rebeliones, motines y huelgas, y es un hervidero de corrupción, injusticia y desesperación. Fiston Mwanza consigue, con este retrato del escenario, denunciar las formas más indirectas de esclavitud que existen en la actualidad, así como denunciar que los vestigios del imperalismo han sido reemplazados por otros tipos de abuso, más sutiles, pero igual de reprochables. Eso sí, esta presentación y tratamiento de la Ciudad-País no hace que el autor caiga en el tono sombrío de tantas otras novelas africanas coetáneas. Fiston Mwanza se aleja de convertir a los habitantes de la capital en víctimas. Viven en condiciones pésimas, probablemente han sido arrastrados a esta situación por la mano de otros, pero nos son retratados de forma forzadamente empática. Los personajes están obcecados en «satisfacer los placeres del bajo vientre», son egoístas y traicionarían a un compañero si hiciera falta. 

En definitiva, este libro me ha parecido una propuesta ambiciosa que tiene un nivel de corrección más que notable. No obstante, tiene algunos lastres, probablemente fruto de la inexperiencia del autor:

  • Hay tantas decisiones estilísticas rompedoras, y tan variadas entre ellas, que no todas cuajan con la misma efectividad. Algunas acaban por integrarse poco en el conjunto, y se me antojaron un pegote innecesario.  

  • Cada capítulo tiene una especie de título (una frase o varias) como encabezado. A veces, estos encabezados son demasiado grandilocuentes para mi gusto. Que exhiban un cierto efectismo no me molesta en lo más mínimo, pero es en la incoherencia de tono de algunos con el capítulo que inauguran donde percibo una disonancia extraña. 

  • También me resultaba poco creíble la forma de hablar de ciertos personajes. El autor establece que la Ciudad-País desdeña la cultura, y hay ciertos personajes, de hecho, que quieren acercarla a sus habitantes por ese motivo. A pesar de ello, tenemos a potrillas (a las cuales suponemos analfabetas, o poco cultivadas en el mejor de los casos) usando palabras o frases relativamente complejas. Por no decir aquellas que sueltan perlas dignas de la poesía de Frida Ediciones. Fijaos en esta: “Tu boca es como los ojos de la torre Eiffel...” (pg. 188). Ya sé que la novela tiene un componente absurdo, que tiende a la incongruencia en todas sus manifestaciones, pero esto no debería impedirle seguir una cierta lógica interna.  

  • La presencia femenina tiene una gran importancia, tanto en la construcción del escenario como en ciertas partes del desarrollo de la trama. Pese a eso, se aborda a las mujeres de forma anecdótica, se las relega a un segundo plano. Volvamos a Bukowski. Las mujeres también tenían un enorme peso en su obra, pero mantenerlas al margen acentuaba el desconcierto del joven Chinaski ante el sexo femenino, o la misoginia del autor. Sin embargo, creo que Tranvía 83 no se beneficia de su ausencia. De hecho, pierde mucha potencia narrativa por renunciar a su perspectiva. 

Por último, no quiero dejar pasar la oportunidad de remarcar la labor de traducción de Rubén Martín Giráldez. Tiene que haber sido duro, pero te ha quedado genial. Felicidades. 

jueves, 25 de julio de 2019

Felipe Benítez Reyes: El novio del mundo

Idioma original: español
Año de publicación: 1998
Valoración: Muy recomendable




Cierro el libro y me invade la nostalgia. Lamento que les parezca cursi esta frase –y de hecho lo sea– pero es lo que se siente tras perder a un compañero de viaje al que te has acabado acostumbrando. Algo que, aviso, les puede pasar a ustedes tras escuchar durante 600 páginas las confidencias del tal Walter Arias, autodenominado novio del mundo, narrador y protagonista absoluto de la novela homónima. Aunque bien podría ser que el mundo entero, tal como nos lo presenta Benítez Reyes, sea el propio Walter, y todo lo demás gire en torno a él como satélites enloquecidos sin órbita fija. Pero no me hagan mucho caso: todavía estoy bajo los efectos de una lectura capaz de abducir a cualquiera que se preste al tortuoso juego ideado por su autor.
Digo más, El novio del mundo, además de un alarde de estilo –una delicatessen de la gastronomía literaria– es el alumbramiento de un personaje casi de carne y hueso, y tan memorable como puedan serlo Ignatius Reilly, Karoo, el capitán Jakab Störr, Dangerfield, el rey de la lluvia Henderson o el propio Bukowski en persona. Junto a tantos paradigmas del absurdo, este en concreto presenta una faceta tierna, camuflada por un mar de disipación, que le otorga una ambigüedad de lo más convincente. Walter Arias –que desde una cuna acomodada desciende vertiginosamente al submundo, permaneciendo en él años y años hasta su meteórica y poco ortodoxa opulencia– es un antihéroe, un pícaro situado en la confluencia de dos siglos que reflexiona sobre sus andanzas como es habitual en ellos; un héroe solipsista y abúlico, libidinoso, egocéntrico y machista convencido, a quien le cae encima una realidad que se niega a enfrentar por sistema. Concretando más, se trata de un delincuente de baja estofa, un diletante, un vago integral, un cínico sin carisma. ¿Quién se puede encariñar con un elemento como ese? Bueno, esperen a estar a cien páginas del final y luego me lo cuentan.
Los secundarios llegan y se van como han venido. Cómplices de sadismo, aventuras sexuales, amores más o menos fortuitos, empresarios de pacotilla, mafiosos de medio pelo, ocasionales acompañantes en el descenso a los infiernos: la sociedad lumpen de la época descrita sin concesiones con la particular óptica de Walter Arias.

“Cada vez que una mujer se pone unos pantis en vez de unas medias con liguero, se hunden un poco los cimientos de la cultura de Occidente –aquella por la que lucharon con gran denuedo Platón, Kant, Uri Geller, Sigmund Freud y todos esos simpáticos chiflados de la farándula mental.”

Ironía a raudales, es cierto, pero como quien no quiere la cosa se pone todo patas arriba. Leyendo tal sucesión de aventuras –alambicadas, sórdidas, crueles, demenciales, hilarantes– nos parecerá que cualquier vida es anodina en el fondo, felizmente anodina siendo realistas. Y es que el argumento es como una montaña rusa: de la carcajada pasamos a la reflexión, y de ahí a la angustia, la indignación, el pavor o la empatía. Aunque nada de esto dura demasiado y pronto volveremos a reírnos (y a veces esta risa acaba congelándose). Por el momento, mejor no preguntarnos adónde nos conduce tanto disparate, dejémonos llevar y disfrutemos de un viaje cuya estructura circular nos deja en el mismo sitio solo en apariencia. Su prolífico y versátil conductor sabe lo que hace, no lo duden, de ahí que, finalmente, se encontrarán frente a un desenlace espléndido de una coherencia sorprendente.

“La realidad, ya digo, es un espejismo. No existe. O existe a lo sumo del modo en que existe una pompa de jabón… Hasta que un día, harta de su inexistencia, la Realidad decide contratarte precisamente a ti como actor principal para su nueva obra, a punto de estrenarse en el Teatro Real del Espanto Individualizado.”

Hacia su mitad, el relato cae en cierta monotonía, cierta sensación de déjà vu, comprensible dada su extensión y que acaba superándose cuando decididamente levanta el vuelo para brindarnos las páginas más trepidantes, demenciales, y por eso mismo, las más brutales de todas. En realidad, como sucede en el género picaresco, se trata de una continua sucesión de historias, y eso convierte a El novio del mundo en un artefacto metaliterario de lo más efectivo. Nada como la buena literatura para reflexionar sobre ella misma, y sin que apenas se note además.
El ejemplar que he leído es una reedición, bonita y bien cuidada, que salió el año pasado para conmemorar el vigésimo aniversario de la publicación original y que se cierra con un epílogo aclaratorio. En él Benítez Reyes relata la génesis y avatares del ente de ficción, nos enteramos así de que sus apasionados seguidores llegaron a convertirlo en libro de culto y que esto generó varias anécdotas: más de un gracioso intentó hacerse pasar por Walter Arias, también apareció un tocayo auténtico, se grabó un disco inspirado en uno de los episodios, hubo espectáculos de baile basados en el argumento y hasta se intentó crear un Club Walterista. Traducciones, en cambio, solo hubo una: al italiano, quizá porque su lectura requiere que colaboremos un poco para desentrañar unas claves metafóricas, en realidad bastante sencillas.

“Pero lo peor estaba por venir, ya que es condición natural de Lo Peor el hecho de llegar en último lugar, como broche de oro, con su castillo de fuegos artificiales, formando en el firmamento una gran palmera de luciérnagas desangradas.”

martes, 19 de febrero de 2013

Knut Hamsun: Hambre

Idioma original: noruego
Título original: Sult
Fecha de publicación: 1890
Valoración: Muy recomendable

Llegué a este libro por pura casualidad, esquivando a uno de esos individuos desconocidos que en espacios públicos y sin mediar palabra, se le pegan a uno como si no hubiera ningún ser humano más sobre la faz de la tierra. Sucedió en una de las bibliotecas que frecuento, y la lapa humana de turno provocó que dejara de curiosear libros de autores cuyos apellidos empiezan por "D" y huyera despavorido hacia la primera estantería que pillé, donde están los autores cuyos apellidos empiezan por "H". Así hallé a Knut Hamsun, autor del que, otra casualidad, había visto un biopic (palabra horrorosa que significa: película biográfica sobre la vida de un personaje célebre) la noche anterior. Miré un poco de qué iba su Hambre y me lo llevé a casa, dando esquinazo definitivo a mi perseguidor.

Y la verdad es que Hambre me ha gustado mucho y ahora entiendo por qué, según dicen en su prólogo, fue y es libro de cabecera de autores tan dispares como Thomas Mann, Maxim Gorki, Paul Auster, Charles Bukowski o Henry Miller. Yo, por mi parte, estoy convencido de que también le impactó bastante a Ferenc Karinthy (la Metrópolis de éste podría ser su prima-hermana) y a otros muchos más, sobre todo, a "artistas del hambre": escritores que lo pasaron francamente mal, torturados por carencias de todo tipo, mientras escribían sus obras.

Hambre cuenta, precisamente, la historia de un tipo del que no sabemos ni cómo se llama ni de dónde viene, sólo que es escritor y que las está pasando canutas. Vive en Christiania, la antigua capital de Noruega, y por sus calles deambula todo el día muerto de hambre, un hambre descrito con tal fiereza y fidelidad por Hamsun, que a uno se le pueden llegar a revolver las tripas. Nuestro penoso héroe no encuentra trabajo, está medio muerto de frío, empeña todo lo que tiene (en un momento dado incluso intenta vender los botones de su chaleco), le debe no sé cuánto dinero a su arrendadora, malvive escribiendo articulitos para periódicos que, por lo menos, le reconocen que están muy bien, y tiene un curioso y exasperante código ético que le obliga a dar limosnas (¡cuando él está a punto de morir!) pero a rechazar ayudas que él considera que atentan contra su dignidad.

En varios momentos de la novela, que es corta, dan ganas de abofetear al moribundo (¡Dios! ¡Que pida ayuda! ¡Que deje de ser tan asquerosamente orgulloso!), pero la criatura de Hamsun, sin necesidad de nuestros zarandeos, va sobreviviendo milagrosamente página a página, e incluso tiene tiempo para enamorarse de una joven desconocida a la que adjudica el imposible nombre de Ylayali.

En fin, en Hambre tenemos, una vez más, al Hombre (con todas sus circunstancias y valores personales) contra el Mundo. Y el lenguaje y el estilo que utiliza Hamsun para contarnos esta historia narrada en una efectiva primera persona son perfectos para que uno sienta el espíritu desesperado pero obsesivo y rebelde de su protagonista. Porque, pase lo que pase, él mantiene intacta su peculiar visión de la vida. Su vida.


En fin. Un libro muy recomendable con un final que me recordó al de la ya citada Metrópolis, de Karinthy.

Y no pienso hablar de que si Hamsun, premio Nobel de Literatura, fue odiado en su país durante mucho tiempo por sus simpatías por el nazismo, ni del buen biopic que sobre él vi y en el que Max Von Sydow le da vida.

Otras obras de Knut Hamsun reseñadas en Un Libro al Día: PanLa bendición de la tierraVictoria, El círculo se ha cerradoMisteriosPor senderos que la maleza oculta