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jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus y Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año): El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
Clásico: El crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convenció: Todos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés

sábado, 2 de agosto de 2025

Jesús Cañadas: Fundido a negro

Idioma: español
Año de publicación: 2025
Valoración: Muy, pero que muy recomendable

Apariciones de la Virgen; leyendas granaínas; gitanos del Sacromonte; parejas de la Guardia Civil; procesiones entre flores... Con todos estos elementos se podría componer un drama lorquiano. O un pastiche lorquiano, que tanto da... Pero lo que hace Jesús Cañadas en esta novela no es ni una cosa ni la otra, sino añadirle al cóctel un documental de true crime, la telebasura adicta al frikismo de los 90 (no me refiero a los fans de Star Wars, precisamente), los jipis de la Alpujarra, drogas y culpabilidad . Y a Juliette Binoche, qué ya me diréis como se la puede meter en una novela de terror,  pero Cañadas lo consigue... Porque sí, Fundido a negro es una novela de terror, pese a que su autor afirme que él lo que escribe son thrillers (y sí, está novela es un thriller, quizás antes que ninguna otra cosa, pero también da mucho miedito), ya desde su comienzo, con la transcripción de un video en que los guardias civiles se dirigen de noche a un cortijo donde, al parecer, ha habido un grave incidente... Pero avancemos la imagen para hacer el consabido resumen resumido: 
Benjamín Correa es un director de documentales andaluz en horas bajas -bajísimas- a pesar de haber ganado, años atrás, la Palma de Oro en Cannes -o precisamente, a raíz de haber ganado la Palma de Oro en Cannes-, así que decide aceptar, no muy convencido, el encargo de Canal Sur de realizar, deprisa y corriendo, un documenta sobre la secta mariano-milenarista de El Encuentro de María, que, dieciocho años atrás, acabó. por decirlo suavemente y emplear el término de la novela, en una marimorena de mucho cuidado... El equipo de grabación, compuesto por antiguos amigos de Benjamín, se pone a la tarea y comienza a entrevistar a personas que tuvieron que ver, de un modo en otro, con El Encuentro. Pero pronto empiezan a encontrarse elementos cada vez más inquietantes, según van indagando sobre las figuras de Elías, el líder de la secta y Micaela, su pérfida factótum, así como lo que ocurría en el seno del grupo. Y no sigo porque esta es una de esas novelas que hay que leer hasta el final para poder entender -o no-, sabiendo lo menos posible de la misma y así disfrutar (o pasarlo mal, según se mire) al máximo. Muchos son los elementos presentes en esta novela que propician que esto suceda; por citar algunos, al modo de Oriol:

  • Que nos encontremos, precisamente, ante un thriller, con los mecanismos y tropos propios (y típicos) del thriller, pero, al mismo tiempo, ante una novela de terror, con los mecanismos y tropos propios del terror, lo que nos hace olvidar las costuras que se le puedan ver al thriller.
  • Que el autor consiga crear momentos  inquietantes, cuando no terroríficas, no sólo por la presencia de personajes, entidades o situaciones aterradoras, sino, sobre todo, por el dominio e incremento de la tensión en casa capítulo y la gran habilidad de este escritor para crear ambientes perturbado(re)s, espacios liminares, equívocos o, directamente siniestros. Pero todo y siempre, sin embargo, al servicio de la trama y del devenir reservado a sus personajes.
  • Que la trama funcione con la precisión de un reloj suizo, con la minuciosidad de una maqueta ferroviaria, con el ingenio de un juego de palabras inesperado... pero todo sin que nos demos cuenta de ello hasta el final, ya sea debido a las circunstancias que antes he comentado, o, simplemente, para la facilidad de Cañadas para que todo fluya, sin forzar la máquina, sin obligar al lector a inclinarse a cada momento ante el talento del autor. 
  • Que nos hallamos, además, ante un escritor especialmente dotado para contarnos lo más terrible y mantenernos en vilo con el suspense y el ritmo que le imprime a la narración, sin por ello (quizá por su origen gaditano) perder la naturalidad y aun el gracejo de lo coloquial, el respiro de lo cotidiano, que nos permite una falsa relajación hasta que nos damos cuenta de que la temperatura narrativa ha subido y no tenemos ya escapatoria, como langostas cociéndose en un agua cada vez más caliente. Por no mencionar (o mejor sí), la extraordinaria capacidad de que hace gala Cañadas para el símil, la metáfora o la metonimia certera e ingeniosa, que posiblemente tenga también su raíz en Cádiz (y perdón por el tópico, si es que molesta a alguien). Unos pocos ejemplos extraídos de un mismo capitulo: "Se había levantado con los ojos convertidos en dos puñaladas en una Caja Roja de Nestlé"; "(...) era un polvorón empapado en bechamel seca"; "(...) asintió con lentitud de café de filtro que gotea en la cafetera"."Aparte de caminar a paso de lista de espera en correos, con una cojera imposible de disimular (...) no relajaba ni a tiros esa expresión que parecía ponerse por las mañanas, antes incluso que las pantuflas". "Echó la mandíbula hacia delante y se montó su propia final de Roland Garros con los ojos, que fueron de un lado a otro en busca de una excusa que, por supuesto, no encontró. Al cabo, soltó un un suspiro de cañería".
  • Que el autor hace un empleo loable e inteligente de diferentes aspectos de la cultura andaluza, en el seno de la cual se desarrolla la historia; desde el habla sevillana y granaína (he de señalar que yo no soy andaluz, pero, desde luego, parece bastante convincente) a otros elementos culturales o incluso subculturales .dado el tema y la ambientación de la novela- de la misma. Todo escrito con un aire desenvuelto, ya digo, pero que trasluce el respeto que le produce a Cañadas su propio pueblo, su idiosincrasia y forma de expresarla.                                                                                
No me quiero extender mucho más, que la reseña ya se está haciendo larga y leerla es tiempo que se podría utilizar mejor en leer la propia novela. Quien lo haga se encontrará no ya un thriller yo una historia de terror, sino una magnífica novela en la que convive un toque de folk horror con cierto costumbrismo crítico, un trasfondo de horror cósmico con la llamada "cultura de la cancelación"; el desvarío onírico con el gore; el juego tipográfico (tampoco es La casa de hojas, no os asustéis) con la influencia, inevitable, por otra parte, de lo audiovisual, tanto en el falso found footage como en la propia dinámica narrativa. Y además aparece Juliette Binoche, ya lo he dicho, y me quito el sombrero de cómo Jesús Cañadas ha conseguido introducirla aquí... Ojalá ella llegue a leer, algún día, está novela, porque seguro que estaría orgullosa de formar parte de ella, me apuesto lo que queráis... O, por lo menos, se lo iba a pasar de miedo (literalmente), que es de lo que se trata, ¿no?. Después de todo.

También de Jesús Cañadas y reseñado en Un Libro Al Día: Dientes rojos

domingo, 31 de diciembre de 2023

Jesús Cañadas: Dientes rojos

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable

Hay libros (no sólo novelas, pero es más habitual que ocurra con algunas novelas) que te agarran, te muerden, se aferran a ti y no te sueltan, como la barracuda al brazo del buceador demasiado curioso o el perro de tu vecino cuando se aferra a tu pierna para... bueno, dejémoslo. El caso es que, como digo, hay libros que no te sueltan ni echándoles agua caliente o, mejor dicho, que uno es incapaz de soltar ya desde un principio y no se puede hacer otra cosa sino leerlos hasta que acaban. Sí, es cierto que existen fórmulas, trucos de escritor para conseguirlo y de eso se alimentan los escritores de best-sellers o, más aún, quienes publican libros sobre como escribir un best-seller, pero los escritores con auténtico talento, pese a que pueden utilizar todos esos trucos, en realidad no los necesitan o les salen solos, los traen ya aprendidos de serie. Esto, por supuesto, no se limita a los thrillers o, más en general, a las obras de género, como es el caso que nos ocupa, y se me ocurre un buen puñado de autores/as, no sólo de ficción, que saben cómo atrapar a los lectores y no soltarnos hasta que llegamos, exhaustos y a veces estremecidos e incluso emocionados, al final del libro. En ese grupo, a partir de ahora (y espero que sea algo que ratifiquen próximas lecturas) incluyo, sin la menor duda, a Jesús Cañadas.

Resumen resumido: en un Berlín pre-invernal, el agente de la Brigada Criminal del distrito de Neukölln Lukas Kocaj es asignado al caso de la desaparición, en preocupantes circunstancias, de Rebecca Lilienthal, una adolescente interna en un colegio católico. Su compañero es el veterano sargento Otto Ritter, alias Tenaza, una mala bestia de la antigua escuela, poco dado en contemplaciones con los sospechosos, sobre todo cuando lo son de violencia contra las mujeres. Juntos, aunque no siempre bien avenidos, tratarán de seguir la pista de la chica y de un enigmático y ominoso Rey, que parece acechar detrás de todo el asunto. Para ello tendrán que visitar el Incendio y el Hoyo, en busca de la misteriosa Zona de Fumadores, donde parece haber acabado Rebecca...

Como se ve, la novela discurre , en su primera mitad, por los caminos más o menos habituales del thriller policiaco, echando mano su autor, incluso, de algunos de los consabidos tópicos del género (poli novato frente a poli veterano, problemas personales de los mismos, etc.), aunque con la suficiente habilidad para integrarlos dentro de una historia que, por momentos, se va volviendo más extraña, hasta convertirse, ya definitivamente, en una historia de terror fantástico, aunque con el trasfondo, por desgracia más que real, de la violencia de distinta intensidad, pero inequívoca, que sufren tantas mujeres, no importa la edad... Cañadas mueve a sus personajes por un escenario inequívocamente urbano, un Berlín bastante alejado de los que suelen conocer los turistas  e incluso, en más de una ocasión, de lo que conocen los propios berlineses, de una ciudad al parecer especialmente plagada de recovecos y grietas, donde se ocultan realidades cuando menos inquietantes; sin embargo, se diría que, junto a elementos arraigados tanto en la propia religión cristiana como en la mitología clásica  (se podría decir que la novela es, en cierto modo, una traslación moderna del mito de Orfeo y Eurídice en la que ambos tuvieran un descenso al Hades y vuelta de allí, aún mucho más complicado) o la tradición de la narrativa de terror, se diría que también echa mano del imaginario propio de los cuentos tradicionales, de los hermanos Grimm, sin ir más lejos: encontramos con un caballero que trata de salvar a una princesa, con ogros y otros monstruos varios, con una bruja... (En realidad, mi teoría va un poco más allá y me atrevería a sugerir que la historia puede verse como una versión oscura y siniestra de un episodio de Hora de aventuras, con Kocaj haciendo de Finn el Humano, Ritter de Jake el Perro, Rebecca sería la Princesa Chicle y el Rey... pues el Rey Hielo, claro.

Digo que me atrevería a sugerirlo pero no me atrevo, porque si aún tengo miedo, desde que escribí que Nuestra parte de noche venía a ser una versión adulta de las aventuras de Harry Potter, de que la Reina Mariana le pida a San La Muerte que me haga algún trabajito, no voy a ahora a provocar que Jesús Cañadas contrate a unos sicarios del este de Europa para darme una paliza. Así que paz, ¿eh, Jesús, bro?. Buen rollito).

Vale, no voy a seguir por ahí, que luego se me queja el respetable y, además, quedan varias cosas importantes que decir acerca de esta novela:

1- El arco narrativo o incluso la transformación de los principales personajes. Y no sólo es que cambien, es que ya desde un principio (o de lo que parece en un principio, mejor dicho) todos ellos son más que complejos...

2-  La frecuente aparición de momentos muy violentos, tanto en el plano real como en el fantástico, llegando a extremos bastante gore... Es necesario avisar de esto porque tampoco es ésta una novela apta para espíritus y estómagos delicados. No es una violencia, empero, gratuita, porque cierta violencia es, precisamente, el tema central de la novela.

3- La creación de ambientes y personajes -no me refiero sólo a los protagonistas, que también- absolutamente fascinantes, opresivos a la par que magnéticos, espeluznantes pero verosímiles. Quien viva o visite Berlín no podrá veer ciertas partes de la ciudad de la misma forma de la misma forma ni cruzarse con sus habitantes sin preguntaarse por los secretos que esconderán, sospecho... (hay que explicar, que el autor también vive allí, al parecer).

4- Y ya acabo: lo bien que escribe Cañadas y no sólo por su innegable sentido del ritmo, con el que sabe llevarte en andas toda la novela sin que te des cuenta, sino también su dominio de todos los recursos narrativos, que sabe manejar con destreza según las necesidades de cada momento, ya se trate de una escena de acción, una descripción, un interludio erótico o una mirada de frente al horror como la que encontramos, y en más de una y de dos ocasiones, en esta estupenda novela. ¿Que es una novela de género? Sí, carajo, y ojalá fueran todas así, en intensidad, honestidad y excelencia, ya se trate de terror, género negro o novelas "de tacitas". Y ojalá alguien se decidiera a hacer una peli o una serie basada en este libro, respetando todo lo posible sus muchas cualidades porque, creedme, lo íbamos a flipar...

lunes, 18 de diciembre de 2023

2023 en libros. El único veredicto que vale

¡Pues sí, amigos! Llega el día en que todas las listas de "lo mejor de 2023" palidecen, pese al título de la entrada, ante la proverbial independencia, modestia y buen gusto de los reseñistas de ULAD. Porque no estamos ante la lista de los invitados a la boda del crítico de turno (no, Babelia y El Cultural, no estamos diciendo que vosotros hagáis eso) y porque no pretendemos sentar cátedra diciendo qué es lo mejor que se ha publicado en 2023 (¡coño, que hay tropecientas mil novedades y habremos leído un 0,0001%!). Esto solamente es, nada más y nada menos, lo mejor que hemos leído en 2023.

No podemos dar paso a la lista sin antes recordar lo que para nosotros ha sido la peor noticia que nos ha podido dejar este 2023: el fallecimiento, en el mes de agosto, de nuestro compañero Emilio. Las reseñas que dejó programadas y que hemos ido publicando estos últimos meses dan idea de lo que para Emilio fueron sus mejores lecturas del año.

Sin más, aquí tenéis nuestro dictamen

El veredicto de Koldo (por ahora):


La sentencia de Juan:

Palabra de Oriol:

La sentencia de Francesc:
 
      No muy bien habrá ido la cosa cuando he tenido que revisitar mis reseñas para poder componer esta lista. Así que
  • Recuerdos que prevalecen sin excesivo esfuerzo, o sea, MUY BIEN: Material de construcción de Eider Rodríguez, o cómo lidiar bien, literariamente, con la pérdida, y Les voltes del món de Tuli Márquez, a ver si el mundo editorial se entera del talento de este hombre y se le traduce al español.
  • Demasiados ensayos que se han quedado a medias o que me ha dado la impresión de que no conectan profundamente con la realidad, así que no los mencionaré. La realidad no lo pone fácil, cambiando cada dos por tres.
  • Alguna biografía musical que tiene más pulsación narrativa que mucha narrativa, como Bobby Gillespie en Un chaval del barrio o Jarvis Cocker en Buen Pop Mal Pop
  • Extraño reencuentro por partida doble con Houellebecq, del cual Unos meses de mi vida me ha mostrado una sorprendente actitud frágil y victimista. Curioso que su acercamiento a sí mismo le haya hecho desenfocar su aguda visión de la sociedad.
  • Y a ver si las cosas mejoran. O sea, que los tótems atinen o que las eternas promesas se consoliden. Ya, por favor.

El panegírico de Santi

En un año de bastantes pocas lecturas (una vez más), afortunadamente ha habido algunas buenas o muy buenas:

Resolución (recurrible) de Carlos

El dictamen de Marc:
  • Libro del año: «Un caballero en Moscú», de Amor Towles
  • Ensayo del año: «La supervivencia de los más ricos», de Douglas Rushkoff
  • Grandes consolidaciones en narrativa: Xavier Mas Craviotto, por «La pell del món»
  • Descubrimientos del año (autores): Byung-Chul Han con «La expulsión de lo distinto»
  • Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Amor Towles, Paul Auster
  • Propósitos para el 2024: más poesía, continuar con más ensayo y reencontrarme con la narrativa tras un año sin grandes lecturas