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miércoles, 3 de junio de 2020

Ursula K. Le Guin y David Naimon: Conversaciones sobre la escritura

Idioma original: Inglés
Título original: Conversations on writing
Traducción: Núria Molines Galarza
Año de publicación: 2018
Valoración: Interesante




Abordar un libro de entrevistas a un autor consagrado es —si nos apropiamos del mantra de Forrest Gump— como abrir una caja de bombones. Son libros cuya reseña siempre me resulta enormemente difícil y cada vez que publico una me juro y me perjuro que será la última. Y aquí estamos otra vez. 

Efectivamente, nunca sabes lo que va a salir cuando abres uno de estos libros porque el ángulo y el rigor del entrevistador que plantea las preguntas juega un papel determinante y porque cada entrevistado tiene su talante, su ego y sus manías. Y es que, así como La Frantumaglia proclamaba «Bienvenida a mi profundo e intenso mundo interior-literario» y Conversaciones con Ian McEwan destilaba ese «Puedo opinar con consistencia sobre cualquier cuestión que se me plantee», Conversaciones sobre la escritura sería algo así como «Escribir es mi manera natural de contribuir a que todo sea mejor, si eso es posible». (*) 

Resumen resumido: El escritor David Naimon y Ursula K. Le Guin se reúnen en tres ocasiones para hablar sobre narrativa, poesía y ensayo, las dos primeras en la KBOO, una modesta emisora del East Side de Portland, y la última en casa de la propia autora. 

La decisión de estructurar las conversaciones en tres bloques temáticos puede parecer demasiado rígida a primera vista, pero funciona muy bien ya que Ursula K. Le Guin tiene experiencia en las tres y, lo que es mejor, las ideas muy claras. David Naimon, por su parte, es un fan declarado de la autora pero no por eso cae en la anécdota o el menudeo; conoce la obra, tiene una idea bastante acertada de «lo que mueve» a la autora y sabe poner el foco en las cuestiones de calado. Las conversaciones que se desarrollan a partir de ahí pivotan siempre alrededor de la literatura y la narrativa al tiempo que ofrecen un retrato muy sincero de la mirada de Ursula hacia el mundo. 

La única y gran decepción que me ha proporcionado Conversaciones sobre la escritura es su extensión: apenas alcanza las cien páginas, incluyendo los fragmentos de las obras de la autora que irrumpen puntualmente entre las conversaciones. Sin embargo me doy cuenta de lo mucho que eso tiene que ver con la personalidad de Ursula K. Le Guin, una mujer lúcida, directa e inteligentísima y con cero tendencia al regodeo: 
«Si escribes una villanesca, pues leñe, escribes una villanesca y sanseacabó. No escribes algo parecidito y vas diciendo que es una villanesca. Las normas hay que tomárselas en serio y, al seguirlas, verás que la necesidad de tener que cumplir con ciertos requisitos te da algo que hacer. No sé por qué siempre es así y siempre funciona.» 
La voz de Ursula K. Le Guin es poderosa y transmite mucha verdad; no hay puesta en escena, ella habla así para la entrevista, tal como debe hablar en su casa mientras hace una ensalada de patata y eso, en esta era del postureo cegador es todo un acto de generosidad hacia el lector. 

Sobre la valoración, digo Interesante pero no puedo decir Recomendable porque las entrevistas a escritores no son lecturas mainstream, por así decirlo. Conversaciones sobre la escritura no ofrece, para nada, una inmersión en los mundos ficticios de la autora ni un repaso de los pormenores de su vida. A mí me ha servido para acercarme a ella, comprender los mecanismos que la llevan a escribir como escribe e interesarme por su faceta ensayística. Sospecho que me ganó definitivamente en este punto: 
«Cuando Maybeck planeaba una casa se imaginaba la familia que acabaría viviendo allí. No diseñaba una “máquina para vivir” o para expresar su ego, como hacen muchos arquitectos (algo que suele alabarse). Hacía todo lo contrario y aun así las “Maybecks” son perfectamente reconocibles.» 
Qué maravilla. Casi tanto como lo que hizo en 2014 al recoger la Medalla a la distinguida contribución a las Letras Americanas de la Fundación Nacional del Libro en el 65° National Book Awards. Disponía de seis minutos para dar un discurso y decidió prepararlo a conciencia resultando una maravillosa amalgama de ironía, dulzura y lucidez incontestable, con la que repartió collejas a toda la concurrencia. El vídeo se hizo viral. Escuchadla con detenimiento y si al acabar no la adoráis de pies a cabeza es que no tenéis ni una gota de sangre en las venas. 

(*) Con qué desfachatez pongo afirmaciones en boca de, ni más ni menos que, Elena Ferrante, Ian McEwan y Ursula K. Le Guin.


lunes, 13 de junio de 2022

Ursula K. Le Guin: Quienes se marchan de Omelas

Idioma original: Inglés
Título original: The Ones Who Walk Away from Omelas
Traducción: Maite Fernández
Año de publicación: 1973 
Valoración: Muy recomendable

¿La felicidad y prosperidad de una ciudad justifican el sufrimiento de una criatura? Esta es la paradoja a la que nos enfrenta Quienes se marchan de Omelas, cuento de Ursula K. Le Guin plagado de reflexiones morales. 

Le Guin nos incita a imaginar una utopía para, inmediatamente después, subrayar que no puede existir tal cosa. La escritora afirma que, para que unos sean felices, otros deben ser desgraciados. 

Le Guin cuestiona, a través de Quienes se marchan de Omelas, las problemáticas que acarrea la felicidad, pero no por ello romantiza el sufrimiento. Y es que, según ella, «tenemos la mala costumbre, alentada por gente pedante y rebuscada, de considerar la felicidad como algo bastante estúpido. Solo el dolor es intelectual, solo la maldad es interesante. Esa es la traición del artista: la negación a admitir la banalidad del mal y el terrible aburrimiento del dolor.»

Llegados a este punto, dejad que liste algunas de las virtudes de esta ficción:

  • Su memorabilidad.
  • Su ya mentada profundidad reflexiva.
  • Las múltipes interpretaciones que suscita.
  • La grisalla que sus mensajes contemplan. 
  • Sus logrados contrastes.
  • Sus astutas transiciones.
  • Sus descripciones, sensoriales y exhuberantes pero deliberadamente abiertas a que el lector las complete.
  • Su potente clímax.
  • Su síntesis de la filosofía taoísta. 
  • Su crítica al pensamiento utilitario.
  • Su negativa a entregar respuestas fáciles y complacientes. 

En fin: Quienes se marchan de Omelas es muy reivindicable. Más todavía en los tiempos en que un niño tercermundista debe trabajar en condiciones deplorables para que la ropa nos salga barata, un repartidor debe entregar un capricho en día festivo o un pollito debe vivir en cautividad para acabar en nuestro menú. 

Le Guin no se disfraza en estas páginas de moralista que vende soluciones mágicas, pero tampoco pretende aliviar consciencias. Igual que los habitantes de Omelas tienen que saber que su dicha proviene de la miseria de un infante, nosotros debemos ser conscientes de que nuestro (relativo) bienestar tiene consecuencias desastrosas para otros. 

Por cierto, antes de terminar esta reseña querría alabar la edición de Nórdica. El libro que han publicado es una auténtica maravilla: encuadernación en cartoné, tipografía generosa, ilustraciones a color... 

Y ya que saco a colación las hermosas ilustraciones de Eva Vázquez, dejad que me detenga en ellas unos instantes. Su factura, composición y cromatismo merecen todos mis elogios. Si acaso remarcaría que traicionan (como lo haría cualquier otra imagen, dicho sea de paso) la vocación abstracta del texto de Le Guin; mas insisto en que son preciosas y funcionan a la perfección en tanto que interpretación personal de Vázquez.  



También de Ursula K. Le Guin en ULAD: Aquí

viernes, 5 de octubre de 2012

Semana de la Ciencia Ficción: Planeta de exilio de Ursula K. Le Guin

Idioma original: inglés
Título original: Planet of exile
Año de publicación: 1966
Valoración: recomendable

A Ursula K. Le Guin llego por un camino poco habitual: porque una compañera de la Universidad la mencionó en relación con la novela de Rosa Montero Lágrimas bajo la lluvia, que la escritora estadounidense alabó por su "great, vivid warmth" (Rosa Montero le correspondió con un artículo hiperbólicamente elogioso en El País). Luego, al investigar un poco, descubro que efectivamente Le Guin es una "gran dama" de la ciencia ficción y la fantasía, que ha ganado prácticamente todos los premios más prestigiosos del género.

Y para empezar a acercarme a su obra elijo este Planeta de exilio, que probablemente no es lo mejor de su producción, pero es lo que tenía a mano. Planeta de exilio forma parte de su "ciclo de Hain" o "ciclo de Ekumen", un conjunto de novelas que comparten un mismo universo ficcional, aunque sus historias no estén estrechamente relacionadas unas con otras. En este caso, la acción se sitúa en el planeta Werel, en el que coinciden dos razas distintas, cercanas pero nunca mezcladas: los Tevaranos y los "lejosnatos", raza nómada que sufre una prolongada decadencia. Ambas razas deberán encontrar la forma de entenderse para enfrentarse a un enemigo común: los Gaal, el pueblo de las nieves, que avanza hacia el Sur y amenaza con destruirlas a ambas a su paso.

Ursula K. Le Guin es exponente de lo que se denomina "ciencia-ficción soft", es decir, una ciencia ficción en la que los avances técnicos o las ubicaciones en tiempos o espacios lejanos son en realidad un modo de plantear cuestiones humanas, sociales o políticas. En Planeta de exilio esto es muy evidente: toda la novela es una reflexión sobre la relación con el "otro", con el que es diferente, y sobre los prejuicios que nos impiden verlos como iguales. En la novela, por ejemplo, ambas razas se denominan a sí mismas como "humanos", mientras que para la otra raza tienen un nombre distinto. Por lo demás, la trama principal, que gira en torno a la relación amorosa de Jakob Agat y Rolery, vienen a ser una actualización extraterrestre de la historia de Romeo y Julieta, West Side Story o Aragorn y Arwen.

Creo que para apreciar a Le Guin y entender por qué Rosa Montero llega a decir que es "uno de los mejores novelistas vivos del mundo", será necesario leer más de una de sus novelas. Intuyo que lo mejor que tiene, precisamente, es su capacidad para crear un complejo mundo de relaciones interestelares y razas (cuasi)humanas, un mundo que en esta novela se da casi siempre por sobreentendido y solo ocasionalmente se hace explícito. Creo que volveré a intentarlo con Los desposeídos o con La mano izquierda de la oscuridad, a ver si esta intuición es cierta...

También de Ursula K. Le Guin en ULAD: Los desposeídos, El día antes de la revolución, Quienes se marchan de Omelas

miércoles, 9 de julio de 2014

Colaboración: Los desposeídos de Ursula K. Le Guin

Idioma original: Inglés
Título original: The Dispossessed
Año de Publicación: 1974
Valoración: Muy recomendable

Dentro del género de ciencia ficción, existen novelas que entregan una historia que va más allá de la anécdota, son pequeños universos con diferentes aristas y cuya temática es perdurable a pesar del contexto temporal en el que fueron escritas. Así entonces, al hablar de Los Desposeídos, se podría describir la construcción de la sociedad utópica que se propone, o bien el origen de un artefacto llamado “Ansible” que tendrá consecuencias futuras importantes para esas sociedades interplanetarias, también se podría discutir la diferencia abismal entre las dos sociedades que se nos presentan, como una alegoría de lo que somos ahora. 

La historia de Shevek, el protagonista de la novela, ocurre en dos sitios contextualmente disímiles. Urras, es un planeta próspero y multicultural, de clima benigno y recursos naturales en abundancia. Y por el otro lado está Anarres, la luna de Urras, climáticamente agresiva, semi-desértica y aunque adaptada para la vida humana, es limitada en fuentes naturales. Y así como resulta tan contrastante su naturaleza y clima, de la misma manera son desiguales las sociedades que albergan. Urras es el prototipo de una sociedad capitalista y plural, Anarres es un solo pueblo, exiliado, cultural e ideológicamente aislado de su planeta madre (Urras) desde hace 200 años, pero que constituyen una comunidad cercana a la utopía. Con Anarres, Le Guin se inventa un mundo cerrado pero armónico, una sociedad sin propiedades ni posesiones individuales, que  está sustentada sobre un ideal filosófico convertido en realidad.

Shevek, oriundo de Anarres, es un físico teórico que durante la mayor parte de su vida adulta, intenta desarrollar su hipótesis matemática para un instrumento denominado Ansible. Por desgracia, en su mundo y sociedad no existen ni los recursos ni la visión política e ideológica para un proyecto así. Tras varios intentos y fracasos, se ve obligado a poner sus ojos en el cielo y embarcarse en un peligroso viaje hacia Urras, marcando un suceso histórico para ambas sociedades separadas desde hace 2 siglos. Shevek es el anarquista de dos mundos. En Urras por ideología, en Anarres por deseo de cambiar el sistema.

Le Guin construye esta novela en dos tiempos y dos sitios. Es el presente de Urras y el pasado en Anarres y su conjunción al final de la novela. Anarres nos habla del pasado del protagonista y la sociedad e historia de su luna. Urras es el presente en acción, en dónde un Shevek adulto nos muestra el otro planeta, aquel de dónde sus ancestros provienen. Estéticamente está armada como una especie de caduceo temporal y encaja con el tema que le apasiona al protagonista: la teoría física del tiempo. El diseño de la historia permite, además, mostrar los drásticos contrastes de ambas sociedades.

Esta novela, inscrita dentro de la llamada Nueva Ola de la ciencia ficción, la respaldan tres importantes premios dentro de su género: el Nébula, Hugo y Locus.

Firmado: Julieta Moreyra

También de Ursula K. Le Guin: Planeta de exilio, El día antes de la revolución, Quienes se marchan de Omelas

martes, 12 de febrero de 2019

Zoom: Ursula K. Le Guin: El día antes de la revolución

Resultado de imagen de el dia antes de la revolucion amazonIdioma original: inglés
Título original: The Day before the Revolution
Año de publicación: 1974
Valoración: Está bien



Los motivos que mueven a la gente a rellenar una página en blanco pueden ser de muchos tipos. Ursula K. Le Guin (1929-2018) fue una gran fabuladora y, sobre todo, una idealista que utilizó los géneros fantástico y especulativo para exponer su pensamiento. En el terreno de la ciencia ficción sigue en cierto modo la estela de Stanislaw Lem aunque con un enfoque más político. Confieso que no siento una admiración incondicional por ella, sí por su compromiso, pero literariamente hablando no acaba de convencerme. El universo que presenta, poblado de especies que evolucionaron a partir de la humana, refleja sus ideales (pacifistas, ácratas, feministas y ecológicos).
El día antes de la revolución se publicó primero en una revista dedicada al género. luego formó parte de varias antologías. Narra el ocaso de la fundadora de la sociedad odoniana, cuyos descendientes seguirán viviendo conforme a sus ideas varias generaciones más tarde en Los desposeídos, una de sus novelas más célebres y mejor consideradas. Tal como la autora explica en el prólogo: “Odo apareció de entre las sombras y atravesó el abismo de lo probable pidiendo un relato, no sobre el mundo que construyó sino sobre sí misma.” Supongo que un personaje tan importante, origen de toda una estirpe y promotora de una nueva forma de convivencia, tenía la potencia necesaria para reclamar mayor atención. Pero el resultado decepciona un poco, sobre todo por las expectativas que genera en el lector, deseoso de conocer a la persona capaz de llevar a cabo una hazaña como aquella.
Les adelanto que no van a encontrar aventuras, ni asistirán al proceso que transformó radicalmente las estructuras vigentes, conocerán solo a un pequeño grupo de adeptos que intenta abrirse paso dentro de un contexto más amplio. Le Guin nos enfrenta a una Odo exhausta, desilusionada y escéptica –ya que el proyecto no ha llegado aún a triunfar del todo– en un escenario de decadencia personal, con un horizonte mucho más realista que el argumento que le dio origen. Aquí lo que se plantea no es una convivencia más justa sino si merece la pena trabajar incansablemente durante toda una vida, sin tiempo para pensar en uno mismo ni para fijarse en lo que hay alrededor, para acabar convertido en mero símbolo.

“Ellos aceptaban sus azotes verbales, sumisos como niños agradecidos, como si ella fuera algún tipo de Madre Absoluta, el ídolo del Gran Útero Protector, ¡¿Ella?! Ella, que había minado los astilleros de Seissero y había insultado al primer ministro…”
La imagen de la impotencia: una mente que reclama acción en un cuerpo que apenas responde. Los otros serían dueños de su destino si se decidiesen a actuar pero, al parecer, la única que tiene agallas carece ya de fuerza física. Le Guin no se conforma con mostrarnos la parte humana, el relato es también la otra cara de la moneda de Los desposeídos. Si allí se mostraba la parte luminosa, aquí encontraremos todo lo contrario: el mundo real, sin utopías.


Traducción de Enrique Maldonado
Ilustraciones de Arnal Ballester


miércoles, 10 de marzo de 2021

Ursula K. Le Guin: La mano izquierda de la oscuridad


Idioma original:
inglés
Título original: The left hand of darkness
Traductor: Francisco Abelenda
Año de publicación: 1969
Valoración: imprescindible

Los escritores de lo que a veces se denomina "ficción imaginativa" (como si hubiera alguna ficción que no requiriese imaginación), y que incluye a la ciencia ficción, la fantasía o ciertas ramas del terror, tiene un trabajo extra, en oposición a los escritores de ficción realista. Porque si sitúas tu narración en el Madrid actual, o en el Londres victoriano, hay una serie de referentes (geográficos, culturales, lingüísticos, políticos, etc.) que el lector asume y que por lo tanto no hay que explicar explícitamente (salvo que se desee hacerlo, claro). 
 
En cambio, si sitúas la acción en Mperg, o en Plazg X del Norte, o en Chemporg, todas esas cuestiones dejan de ser obvias y hay que explicitarlas: ¿dónde se sitúa ese lugar? ¿Es el mismo universo que el nuestro, y con la misma cronología? ¿Ese lugar tiene la misma atmósfera que la Tierra? ¿La misma gravedad, las mismas leyes físicas? ¿Cómo es el clima, la geología, la geografía, su fauna y su flora? ¿Tiene habitantes humanos o humanoides? ¿Cómo es su lengua, su cultura, su organización social y política, su economía, su alimentación, su religión si la tienen...? De hecho, un error muy común que se comete en estos casos, es introducir al comienzo del libro (o de la película) un tocho indigesto de exposición donde se intenta condensar todos los datos relevantes para poder comprender la acción: dónde se sitúa, cuáles son las características del lugar, de sus habitantes, algo de su historia previa, y después de un fundido a negro o un salto de página empieza la acción propiamente dicha.
 
Por eso, a cualquier futuro/a escritor/a que se proponga crear un mundo ficcional para su obra le recomendaría que leyera La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin, y que tomase notas, porque es toda una lección de lo que en inglés se llama world building o "creación de mundos" (entre otras cosas). Ursula K. Leguin hace lo opuesto del tocho expositivo incial: lanza la acción desde la primera página, provocando en el lector (deliberadamente) una cierta sensación de desorientación, y a partir de ahí, lentamente, magistralmente, va introduciendo más y más datos sobre el mundo en que nos encontramos y sobre sus habitantes. Y de hecho no dejará de hacerlo hasta literalmente la última página del libro, dando la impresión de que nos encontramos ante una novela que es también una enciclopedia del planeta Gueden (también conocido como Invierno) y de todo lo que contiene, pero al mismo tiempo consiguiendo que eso no interrumpa ni oculte la narración. La alternancia de capítulos narrativos con otros que conforman la mitología del planeta (algunos de ellos de una belleza abrumadora), o con fragmentos de los informes previos recogidos sobre el planeta ayudan a componer todo este mosaico de información compleja.

En cuanto a la historia propiamente dicha, viene a corresponder en cierto modo con el tópico del "extranjero en tierra extraña", lo que facilita la presentación progresiva del mundo. El protagonista y narrador de la mayoría de los capítulos es Genly Ai, enviado por el Ecumen (una especie de confederación pacífica de planetas) para convencer a los habitantes de Gueden de que se unan a ella. Primero lo intenta en Karhide, uno de los países del planeta, y cuando sus intentos resultan infructuosos, hace una nueva tentativa en Orgoreyn, el país rival de Karhide. En el desarrollo de estos esfuerzos diplomáticos, su camino se cruza con el de Estraven, consejero del rey de Karhide, con el cual establece una relación de progresivo descubrimiento y confianza mutua, y cuyo diario también se transcribe parcialmente en la novela.

Y, en realidad, creo que esa es la historia fundamental que se narra en La mano izquierda de la oscuridad: no tanto las relaciones y tensiones entre Karhide y Orgoyen, sino el proceso por el cual dos seres humanos, de planetas, culturas y hasta fisiologías diferentes, pueden aprender a reconocer su humanidad mutua, vencer el miedo y la desconfianza y aprender a comunicarse de la forma más pura y directa. Eso implicará que Genry Ai asimile y acepte la diferencia de Estraven, y viceversa, hasta convertirse en un sistema complejo de dos seres que se complementan y orbitan el uno alrededor del otro. Esta capacidad humana, esa empatía, parece ser el reverso luminoso de ese miedo o esa suspicacia con la que los poderosos de Karhide y Orgoyen pretenden regir sus vidas y destinos, con una complementariedad que remite para el ambiguo título de la novela y para la poesía tradicional de Gueden que le da origen (y que tiene indudables semejanzas, como el propio Genly Ai reconoce, con el Yin y el Yang taoísta):
 
La luz es la mano izquierda de la oscuridad, 
y la oscuridad es la mano derecha de la luz. 
Las dos son una, vida y muerte, juntas 
como amantes en kémmer, 
como manos unidas, 
como el término y el camino

Uno de los aspectos que dificulta, al menos inicialmente, la comprensión mutua entre Genly Ai y Estraven (y es también uno de los aspectos más estudiados de la novela) es que los habitantes de Gueden son andróginos, tienen características masculinas y femininas, y durante la mayor parte del tiempo no sienten deseo sexual. Solo una vez al mes entran en una especie de celo llamada kemmer, durante la cual pueden adoptar el rol masculino o femenino en función de las circunstancias, tener relaciones sexuales y, eventualmente, quedarse embarazados. Esta indefinición sexual, que lleva aparejada la inexistencia del género como tal, tiene otras consecuencias en la organización social y cultural de Gueden: la guerra no existe, como no existe la competitividad o la división de roles sociales, y la vida se organiza en torno a los ciclos lunares de veintiséis días (divididos en dos series de trece) entre cada kemmer.

Y como ya se habrá ido viendo en la reseña, el lenguaje es otro de los elementos importantes en la comunicación (o falta de ella) entre Genly y Estraven: no solo el desconocimiento de ciertas palabras, sino sobre todo la equivalencia imperfecta de los conceptos entre lenguas diferentes, sobre todo cuando responden a diferencias sociales o culturales profundas. Es el caso, por ejemplo, de shifgrethor, un término intraducible que viene a referirse a un sentido del honor o de la lealtad personal, un orgullo propio que debe ser protegido y defendido, pero que puede también ser puesto de lado en determinadas situaciones. La incomprensión de shifgrethor por parte de Genly producirá una serie de malentendidos que solo con el tiempo y la progresiva confianza permitirán la apertura a conocer al otro.

Por si no ha quedado claro en los párrafos anteriores, lo digo aquí más claramente: La mano izquierda de la oscuridad es una obra maestra, no solo por la forma de sostener un mundo de ficción complejo, coherente y lleno de capas de información y sentido, sino también por la construcción de los personajes y su evolución; por la estructura compleja y rica de la novela; por la maestría técnica con la que es capaz de mantener la tensión durante páginas y páginas en las que, rigurosamente, apenas pasa nada; o por la belleza poética de aquellos fragmentos místicos con los que nos aproximamos a la visión del mundo de los guedenianos. Cualquier buen lector, sea aficionado a la ciencia ficción o no, debería hacerse con este libro, y degustarlo.

Nota sobre la edición: la copia que yo he leído de La mano izquierda de la oscuridad es de la edición cuya portada coloco al inicio, una edición especial limitada que Minotauro sacó hace unos años, y que se agotó, creo. Por suerte, actualmente hay disponible otra edición, también de Minotauro, y creo que con la misma traducción, y a un precio algo más asequible...

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.



miércoles, 16 de diciembre de 2020

ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020

Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.

 

Beatriz Garza

Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing

Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales

Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence

Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa

Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix

Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto

Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022

 

Carlos Andia

Mejor novela (2x1): Siglo XXEl gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXICorazón giratorio, de Donal Ryan

Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso 

Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens 

Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala 

Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán  

Un tocho interesante, de toda la vidaLa democracia en América, de Alexis de Tocqueville

Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce

Libro de viajesEn las antípodas, de Bill Bryson

Relectura del añoEl templo del alba, de Yukio Mishima

Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)

Y dejamos para el final lo más flojito:

Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto

Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)

 

Francesc Bon

Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.

Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata

Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)

Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)

Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.

Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.


Juan G. B.

Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.

Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.

Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.

Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.

Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.

Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.

Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.

Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...


Koldo CF

RelecturasLos pasos perdidosLa marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).

Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil

Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera

Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.

Decepciones:  Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.


Marc Peig

Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.

Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.

Librodenuncia del año:  «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.

Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».

Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone»,  Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».

Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».

Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.

Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.

Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)


Montuenga

LO +

Ficción:

·       Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.

·       Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.

·       Una maravilla más en la extensa obra de una autora excepcional (y cuyo premio Nobel la humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.

·    Un clásico revisitado (y convertido en thriller por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.

·        La mejor novela histórica leída (y publicada) este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.

·     La mejor primera novela que he leído en muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un texto intimista se lee como si fuera un thriller).

                                                                                                                                                No Ficción:

·       El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez Magda. (Y con entrevista añadida).

·     Un ensayo científico muy adecuado para reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos pasa por la cabeza).

·     Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos que corren: Querida Ijeawele de Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer muchos/as adultos/as).

LO –

Ficción:

·       Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo

·     El testamento, poco afortunado, de un clásico indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri

·       Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.


Oriol Vigil

-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton

-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor

-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro 

-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir 

-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras

-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin

-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo

 

Santi 

Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:

  • Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
  • Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
  • Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
  • La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
  • El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
  • Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre

Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.

Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...

 


miércoles, 30 de marzo de 2022

Angélica Gorodischer: Trafalgar

Idioma: español

Año de publicación: 1979

Valoración: recomendable

No sé hasta qué punto es conocida para el público lector, en general, la escritora, recientemente fallecida (a los 93 años, que no está nada mal) Angélica Gorodischer. Quiero pensar que si lo es en su Argentina natal y también para los aficionados de habla hispana a la fantasía y la ciencia-ficción, puesto que se la considera una figura fundamental de la misma. Por mi parte, confieso que no supe de su existencia hasta que leí, paradójicamente, la noticia de su fallecimiento, por lo que esta reseña bien podía haber formado parte de nuestra última semana de "Ilustres olvidados" (y, de hecho, a punto estuvo de hacerlo).

Vaya por delante, antes de meternos en harina , que el título Trafalgar de este libro no tiene que ver ni con el cabo gaditano, ni con la batalla naval ni con la plaza londinense del mismo nombre, sino que se refiere a su personaje protagonista, Trafalgar Medrano, un comerciante rosarino, compulsivo fumador y cafeadicto , pero además consumado narrador de historias, que, a la vuelta de sus viajes, se dedica a contar sus aventurillas a sus amigos, que, entre tanto, han proseguido sus vidas apaciblemente convencionales en Rosario -también puede que no sea más que un simpático chiflado al que éstos siguen la corriente, aunque para el caso, da igual-; de esta forma, cada capítulo del libro corresponde a un relato de un viaje diferente, relatados a distintos interlocutores, pero que forman parte de la misma pandilla de amigos de clase media y de mediana edad (muy parecida, supongo, a las que se pueden encontrar entre la burguesía de cualquier ciudad de provincias del ancho mundo). Claro, que los viajes de Trafalgar Medrano no se limitan a ir a Salta, Buenos Aires o Tucumán y ni siquiera a otros países de América o de Europa, sino que los realiza a otros planetas, en las galaxias más alejadas -donde vende y compra mercancía bastante pedestre... o terrestre, por lo demás-; se ve que en el universo alternativo y setentero que habitan los personajes, viajar al espacio es algo relativamente común y asequible, como si uno fuera un Jeff Bezos cualquiera...

Como digo, Trafalgar le cuenta sus viajes a sus amigos y conocidos y por eso cada capítulo viene a ser un relato independiente de un viaje a algún planeta de por ahí; así, conocemos un mundo regido por bellísimas mujeres que sólo practican el sexo con máquinas, otro en el que sus habitantes han renunciado a todo conocimiento y manifestación cultural salvo el baile. Uno más en el que los muertos no acaban nunca de estarlo del todo. U otro planeta que parece el reflejo simétrico de la Tierra, pero con 500 años de retraso, por lo que Trafalgar acaba en la España de los Reyes Católicos... Porque, eso sí, que nadie piense que en estos relatos va a encontrar batallas entre naves espaciales o alienígenas verdes con tentáculos... Los extraterrestres con los que trata nuestro héroe son -o al menos no se especifica otra cosa- asombrosamente parecidos a los terrestre, e incluso él tiene sus frecuentes affaires con bellas damiselas que encuentra en sus viajes. Porque los mundos alternativos que describe a sus amigos parecen más que nada excusas de Angélica Gorodischer para hablarnos de nuestra especie y civilización humanas, y valorar los pros y contras de  algunas alternativas -o utopías si se quiere-; en ese sentido, se suele relacionar la obra de esta autora con la de Ursula K. Le Guin, aunque a mí me ha recordado, sobre todo, a la de Stanislaw Lem, aunque me refiero al Lem de los Diarios de las estrellas, más que al de Solaris. Trafalgar Medrano, en efecto, sería una especie de Ijon Tichy, pero argentino y canchero.

Otro punto en común con Lem sería el humor, en este caso, suave y con un tono costumbrista, pero presente, en mayor o menor medida, en todos los relatos. En esto podemos enlazar el libro de Gorodischer con la obra de otro escritor fantástico/utopista; el clásico Jonathan Swift y sus Viajes de Gulliver, aun siendo éstos más fantásticos, en realidad, que los de Trafalgar Medrano. Pero en ambos casos, lo que buscan sus autores es ponernos ante unos espejos que, deformantes y todo, nos permitan vernos tal y como somos, con nuestros defectos humanos aunque también, aunque sólo sea por comparación, nuestras virtudes, que alguna tendremos...