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jueves, 30 de octubre de 2025

Colaboración: A la intemperie, de Roberto Bolaño

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Interesante (para completistas)


Seguramente pensarían ustedes que ya no quedaba ningún escrito de Roberto Bolaño por publicar. Craso error. Debolsillo, dado el seguimiento que tienen las novelas del escritor chileno en nuestro país, se ha preocupado de saciar las necesidades de los “bolañistas” publicando un volumen titulado A la intemperie. 

En este caso, no nos encontramos con una nueva novela inédita, puesto que a estas alturas los baúles están vacíos. Se trata de un volumen que recopila los artículos, columnas y reseñas que publicó Bolaño desde los años 70 hasta poco antes de su muerte. También se recogen prólogos a obras de otros autores y algunas conferencias y discursos.

Con estos antecedentes, como ustedes fácilmente comprenderán, el interés que pueda suscitar esta obra es muy relativo. La temática es muy dispersa y el estilo varía mucho entre los distintos escritos puesto que pertenecen a épocas muy dispares, por lo que la coherencia general de la obra brilla por su ausencia. 

En este sentido, quizás no resultan especialmente atractivos tantos relatos sobre ambientes y personajes de Blanes, su lugar de residencia, ni tampoco los numerosísimos artículos dedicados a autores chilenos que no son conocidos por estos pagos, pero lógicamente hay que situarlos en el contexto de los medios informativos, especialmente el Diari de Girona y Las Últimas noticias de Chile, en que fueron publicados. 

Mucho más interesantes son los artículos en los que habla de literatura. Aunque debe quedar claro que no son críticas literarias ni artículos de opinión. Bolaño introduce sus valoraciones, principal aunque no exclusivamente, de escritores españoles e hispanoamericanos, donde desgrana sus filias y fobias personales, con las que el lector podrá estar o no de acuerdo. El autor chileno ensalza entre los autores españoles a Javier Cercas, Javier Marías o Vila-Matas y nos recomienda encarecidamente que si nos gustan los cuentos “un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Lo repito una vez más, por si no ha quedado claro, a Cela y Umbral ni en pintura”. Y poco más adelante concluye que como cuentista “con Poe tendríamos de sobra”. No creo que Harold Bloom estuviera de acuerdo.

En cuanto a la literatura hispanoamericana deja claramente de manifiesto su predilección por los autores argentinos, especialmente Borges y Cortázar, y en cuanto a la literatura chilena, sobre todo destaca a Huidobro y Nicanor Parra, a los que dedica varios artículos. En cuanto a fobias, aquí queda su valoración de Isabel Allende: “su literatura es mala, viva, pero mala”.

En fin, un volumen que puede resultar útil para completistas a los que les guste coleccionar todo lo publicado por Bolaño, pero prescindible para todos los demás.

Firmado: José Miguel Martínez

Otras muchas obras de Roberto Bolaño reseñadas en ULADaquí


miércoles, 23 de abril de 2025

Álvaro Colomer: Aprende a escribir

Idioma original: español 

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable 

En otro contexto, uno podría especular si alguno, de entre la centena aproximada de autores que se incluye en Aprende a escribir, no fuera el mismo autor, oculto bajo alguna guisa, y describiendo su propio modus operandi. Quizás hubiese sido una cuestión a plantear cuando acudí a la tumultuosa presentación del libro, hace algunas semanas, en una conferencia que contó con la inestimable presencia de un Enrique Vila-Matas ataviado con una gorra que le daba un aire de timidez esquiva. No lo hice, porque tampoco soy mucho de llamar la atención, aunque el acto me permitió constatar la preocupantemente alta media de edad de los asistentes, cuestión que algún día habrá que abordar.

Hago el comentario porque Colomer parece responder a una especie de perfil promedio de los descritos en este libro. Periodista, cronista, autor de novela juvenil y de novela para todos los públicos (...), también reseña con cierta regularidad en medios de gran divulgación, y ejerce de eso tan socorrido que se viene a denominar agitación cultural que, desde luego, sería un concepto idóneo como carrera profesional, si existiese la mínima posibilidad de hacerse rico con ello. 

De su desempeño en Zenda surge la mayoría de los textos que incluye esta colección de artículos. Algunos se mantenían inéditos y, aunque con paciencia y orden, podríamos hacernos con muchos de ellos, entonces no contaríamos con la estructura que Colomer les otorga al dividirlos en bloques. No hablamos de entrevistas transcritas, sino de textos trabajados, apenas dos o tres páginas, que describen los hábitos de trabajo de un buen montón de escritores de la escena española (con alguna excepción), de sus manías, sus procedimientos, sus ritmos, sus emplazamientos, sus horarios, sus entornos...

Y aunque podamos detectar similitudes, es enormemente estimulante profundizar en ello, y Colomer nos ahorra mucha verborrea aportando su sentido crítico y su agudeza, analizando sus comportamientos, aunque puede que en cierto sentido este libro sea mejor que la suma de sus partes. Tenemos aquí desde escritores a los que no conocía hasta manufacturadores de best-sellers (glups, Pérez Reverte) o maestros absolutos (Vila-Matas, Caparrós, Enriquez) y todos los artículos resultan tan interesantes que seguramente algunos de los autores nos decepcionarán, si nos atenemos al lógico entusiasmo de Colomer al describir sus secretos. Personalmente he echado de menos algunos autores que me hubiera gustado ver por aquí (¿quizás una segunda parte, Álvaro?) como Carrión, Monzó, Ramis o Pàmies, pero el libro, más que el convencional muy recomendable,  (etiquetas homologadas mandan), lo valoraría como perversamente tentador para cualquiera que conciba la literatura más allá de afición o entretenimiento. Es sumergirse en sus artículos y lanzarse a devorar estantes. Y ya se sabe lo que se dice de las tentaciones.

Otras obras de Álvaro Colomer reseñadas en ULAD: aquí

miércoles, 29 de enero de 2025

Agustín Fernández Mallo: Madre de corazón atómico

Idioma original: español
Año de publicación: 2024.
Valoración:muy recomendable

 Madre de corazón atómico, empecemos por aclarar, es el libro más asequible de Fernández Mallo. Un autor que suele ser víctima de ciertas etiquetas que nunca sabemos si son atribuidas de forma solemne o con cierta ironía corrosiva: “postmoderno” “alternativo” “atrevido”. Depende de quién emplee ciertos apelativos, de los contextos de uso, algunos de ellos pueden parecer un encendido elogio (incuestionable, para mí, que tenga el mérito de situar cuestiones literarias en clave polémica, con lo adormecida que suele ser la escena local) o, por el contrario, desprender cierta sorna (de las minorías arremolinadas en sus ámbitos exclusivos de preservación de la pureza conceptual que solo ellos entienden). Pero uno puede (debería) leerle sin posicionarse de forma clara o exclusiva en un lado u otro de esta especie de dilema existencial. Mi experiencia con él es desigual, y ello obliga a la fuerza a coquetear con el territorio de la contradicción: sus obras oscilan entre el ejercicio de banalidad escorado hacia el pop hasta la glorificación irredenta de sus ídolos literarios (Borges, Sebald) ejecutada con los ineludibles pretextos eruditos que a tantos pueden crispar, pero aunque sus resultados puedan ser heterodoxos, no tengo duda de sus intenciones. Las de Madre de corazón atómico, cuya primera coartada contemporánea es tomar su título prestado de un álbum de Pink Floyd, son las de un escritor que ya cuenta con sobrada madurez en sus planteamientos como para que, en un eventual acceso a temas clásicos, se muestre seguro y desinhibido.

Porque este libro es un homenaje a la figura de su padre. A la manera del escritor, desviándose del foco central justo para que sus devaneos sean justificados y respetuosos, la pura estructura del libro ya muestra claramente en sus títulos (Antes, Después, Absolutamente después) que la muerte es el eje de la narración. Que eluda el consabido tono llorón y esquive el panegírico debe ser algo que consolide a Fernández Mallo como un muy buen escritor, al margen de los eventuales arqueos de ceja que puedan suscitar sus obras más osadas.Otra cosa (pero a ver si escritores canónicamente venerados como Vila-Matas no lo hacen también) es que algunas de sus obras traspasen límites que ofuscan a algunos - ser demasiado experimentales, cargar con alguna pretensión trans-género (literario, aclaro) o incluso perpetren algún sacrilegio. Pero aquí, en esta crónica personal cargada de anécdotas, de apuntes, de divagaciones, a lo que nos enfrentamos es a una narración vital, meditada pero espontánea, como un flujo constante que tiene amarras locales, como la habitación 405 en la que el escritor medita al pie de la cama en que su padre está en el hospital, y también enormes, y memorables salidas al espacio, con el escritor rememorando y evocando viajes tanto propios como ajenos, situaciones tanto lejanas como cercanas en el tiempo, e implicando hasta cierto punto al lector en esa especie de inevitable comunión inter-generacional a la que la vida parece empujarnos.

Apelar a Fernández Mallo de locuaz podría parecer un arma de doble filo. Aquí, por supuesto, están presentes muchos de sus trucos como escritor, desde la pura especulación verbal hasta el uso de ciertas metáforas eruditas. Están sus iconos y cierto coqueteo con la autoficción cuando entrevera tanta experiencia personal, sin intención de despistar o confundir. Las alusiones a otros canales al margen de la palabra escrita, desde su blog personal hasta imágenes propias de sus experiencias o de su vida profesional al margen de la literatura. También cierto compromiso social y un agradable aire de bitácora personal, con una perspectiva emocional pero nada plañidera. Son demasiados puntos a su favor para mantener el escepticismo, pero no hay que olvidar lo principal para los que por aquí transitamos: que leer este libro es una experiencia placentera.

 Otros libros de Fernández Mallo reseñados en ULAD aquí

lunes, 16 de diciembre de 2024

ULAD 2024 - Olvidad cualquier otra lista

Para qué más preámbulos: la lista de los listos. La que todo autor anhela por integrar. La que todo el mundo editorial espera para consultar. La única virtud que nos falta es la modestia.


Alain:

Resumen del año: Mi primer año como miembro de ULAD. Formar parte de un grupo de apasionados por la literatura ha sido estimulante. Además, tuve la oportunidad de platicar con escritores a los que admiro. Así que ha sido un año muy bueno para mí. Aquí mis favoritos del año:

Novela: Salto mortal, de Kenzaburo Oé. Los años de espera, de Fumiko Enchi.
Novela corta: Ella en la otra orilla, de Mitsuyo Kakuta.
Cuentos: Lealtad al fantasma, de Enrique Serna. La sangre de medusa (y otros cuentos marginales), de José Emilio Pacheco.
Comic: Takemitsuzamurai, de Issei Eifuku y Taiyō Matsumoto.
Crónica: Una novela criminal, de Jorge Volpi.
Poesía: Kokinwakashu. Sobre la luz, de Oscar de Pablo.
Relectura: Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia.
Descubrimientos: Los niños 6 y Cómo provocar un incendio y por qué, de Jesse Ball.

Oriol:

Resumen del año: No ha leído ningún libro imprescindible. Aun así, he descubierto muchas novelas, antologías y cómics notables. ¡Ah, y mi primer título, El amor edípico contra la lujuria sadomasona, ha sido publicado por Colectivo Juan de Madre Presenta, ilustrado por Rios Über Alles y reseñado con mucho tino por, entre otros, Santi Pérez Isasi y David Calpa! ¡Ah, y a través del compañero Alain Ríos he podido preguntar un par de cosillas al gran Shintaro Kago!

Novelas destacables: Un jardín de placeres terrenales, de Joyce Carol Oates, Valentino, de Natalia Ginzburg, El reloj de sol, de Shirley Jackson, y Job. Historia de un hombre sencillo, de Joseph Roth.
Novelas que parecen escritas específicamente para mí: My husband has taken our roleplaying too far, de Christian Wallis, El regreso, de Walter de la Mare, y El dios de piedra, de Leonard Cline. Quizá incluiría también La declaración de Stella Maberly, de F. Anstey, y Los veinte días de Turín, de Giorgio de Maria.
Clásicos decimonónicos castizos desempolvados: Las cañadas indómitas, de Raimon Casellas, El subterráneo habitado, de Manuel Benito Aguirre, Narraciones inverosímiles. Selección, de Pedro Antonio de Alarcón, y Criadero de curas, de Alejandro Sawa.
Mejor antología de relatos:  Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero. 
Relatos destacados: Varios de T.errores. En el bosque ya estás muerto, de VV.AA., de L'amant del diable, de Elizabeth Bowen, de Parásitos perfectos, de Luis Carlos Barragán Castro, y de Negro tal vez, de Attila Veres. 
Mejores novelas gráficas: Fraction y El palacio infinito de Shintaro Kago. También es bastante buena La voz de las bestias, el ansia de los hombresde Thomas Gilbert.
Mejor libro de no ficción: El camino pagano, de Edgar-Max.
Empacho de: Narrativa (tanto novela como relato).

Juan:

Resumen del año: En general, un año bastante anodino; ni bien ni mal, ni frío ni calor, ni carne ni pescado... Aún así, alguna que otra lectura destacable sí que ha habido:

Polar y novela del año (previsiblemente, aunque aún quedan unos cuantos días para que éste termine): Historias de la noche de Laurent Mauvignier 
Novela de miedito (o no): Una cabeza llena de fantasmas de Paul Tremblay 
Novela/reportaje gráfico: sin duda, El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrasa.
Biografía (más o menos) también bastante gráfica: Las 100 primeras películas de Nicolás Cage de Paco Alcázar y Torïo García.
Ensayo: The King, de autoría variada y, en curso de lectura, Danza macabra, justamente de The King...

Poesía: Llibre de meravelles de Vicent Andrés Estellés (cierto que no he leído ningún otro, pero lo merece igualmente).

Decepción: Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query. Esta es la chafada más gorda, pero también ha sido un poquito decepcionante Lo que más me gusta son los monstruos - Libro Dos de Emil Ferris. Y aún tengo el culo torcío con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda...

NO decepción del año: Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enriquez.

Sorpresa (se entiende que agradable) del año: Los secretos de Heap House de Edward Carey,

Bizarrada del año (y por muchos más, sospecho): El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil.


Carlos:


Resumen del año: esto es una novedad introducida por sorpresa, así que me ha dejado un poco descolocado. Aun así diré que el año ha sido regular, con más decepciones de las habituales, y un nivel medio en el que apenas sobresalen un puñadico de cosas, algunas como estas:


Novela: en castellano Extraña forma de vida, de Enrique Vila-Matas; en otros idiomas, El otro nombre (Septología I), de Jon Fosse

Novela corta: Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño, y Noches blancas, de Fiódor Dostoyevski

Ensayos y similares:

    - Humanidades: Los hombres no son islas, de Nuccio Ordine

    - Música: Aquellos años accidentales, de Laura Piñero

    - Arte: El eco pintado, de Óscar Martínez

Historia: Ocho días de mayo, de Volker Ullrich

Libros de viajes: Campos de Níjar, de Juan Goytisolo

Biografía novelada: Lawrence de Arabia. La corona de arena, de Jose María Álvarez

Relectura: Artificios, de Jorge Luis Borges

Humor: El puente de los perros suicidas, de Abel Amutxategi

Clásico: La guerra carlista, de Ramón del Valle-Inclán (reseña en unas semanas)

Rarezas y descubrimientos: Madame Edwarda, de Georges Bataille, y Nebiros, de Juan Eduardo Cirlot


Koldo:

Resumen del año: Lo de siempre, pero un año más viejo

Tres libros de relatos:  Ahí fuera de Kate Folk, Alcaravea de Irene Reyes-Noguerol y Cuentos completos de Juan Carlos Onetti. 
Tres novelas: Eloy de Carlos Droguett, Despertar a los muertos de Scott Spencer y El origen. Una indicación de Thomas Bernhard. 
Dos libros híbridos: Yo navegué con Magallanes  de Stuart Dybek y Grimmish de Michael Winkler.
Dos libros de memorias (también un poco híbridos): Cada uno por su lado y Dios contra todos de Werner Herzog y Vida de un pollo blanquecino de piel fina de Andrés Pérez Perruca.
Un ensayo: Terror y utopía: Moscu en 1937 de Karl Schlogel.

Marc:

Resumen del año: año flojo en lecturas (en cantidad, pero también en calidad). Pocos libros destacables en un año en el que se salva básicamente por libros de autores ya conocidos y por el descubrimiento de la obra de Fosse.

Libro del año: «La próxima vez el fuego», de James Baldwin
Ensayo del año: «El temps de la promesa», de Marina Garcés
Autores de literatura infantil del año: Romain Pujol & Vincent Caut con la serie «Avni»
Consagraciones del año, nuevamente: Pol Guasch, Annie Ernaux
Descubrimientos del año (autores): Jon Fosse 
Propósitos para el 2025: más poesía y más clásicos
 
Francesc: 
 
Resumen del año: incluso estando satisfecho de haber sido capaz de sostener un cierto ritmo lector, lo hubiera estado más si el año hubiera contado con alguna experiencia reveladora sobre todo en clave ficción, aunque quizás en estos tiempos extraños y convulsos confiar en que se produzcan carreras literarias de largo recorrido resulte un poco ingenuo. 
 
Aún así:
 
Libro del año: Ex-aequo: Los jugadores de Whist de Vicenç Pagès Jordà (aún no reseñado) y El dia de la Independència de Tuli Márquez, lecturas, ambas, generacionales, cercanas y crepusculares y reivindicaciones de que los autores en catalán deberían contar con una industria valiente que los traduzca. Ya de paso, todo lo de Monzó y lo de Pàmies.
Retrasos del año: Mary Gaitskill, autora que me ha interesado con cierto efecto retroactivo y a la que aún me resulta difícil ubicar, por la manía de la industria editorial USA de etiquetarlo todo
Ensayos del año: lo digo en el resumen, me gustaría engancharme a algún autor de ficción, pero el ensayo (y las novelas cortas, je je) ha sido un recurso muy útil para marcarme ciertas pautas lectoras, así que desgloso dos categorías: 
  •     Ensayo atemporal: Aldous Huxley y Barbara Cassin (aún no reseñado)
  •     Ensayo del momentoEva Illouz Mark Coeckelbergh, más que nada para que se lean antes de que sus premisas caduquen (o estallen por los aires) y los veamos más antiguos que el periódico de ayer (¿qué es un periódico?)
Propósitos del año: hacer algún mínimo caso a las novedades de ficción, a ver si así descubro algún escritor notable antes de que se me muera. Leer ensayos sin que sepa de antemano que comulgo con sus planteamientos (se resolvería de cuajo leyendo a Jiménez Losantos). No pasar de largo en las secciones de poesía (al menos mirar las portadas, me refiero). Leer más crónica. Releer más de todo.
 
 
Santi:
Resumen del año: Revisando mis (escasas) reseñas de 2024, veo que el año empezó bien, con una buena cosecha de libros comprados/regalados en Navidad, pero luego vino una larga sequía de lecturas, en la que predominaron las relecturas y los clásicos. Entre lo que he leído más reciente predomina claramente lo fantástico y el terror, y la literatura española y en español. Va mi lista:

  • Libro del año: De entre los recientes, Visceral, de María Fernanda Ampuero, que me sorprendió muchísimo; de entre los menos recientes, Los santos inocentes de Delibes, que no puedo creer que todavía no estuviera publicado en el blog.
  • Mejores novelas: Un amor de Sara Mesa (con permiso de Juan G.B.) entre las recientes y Tristana de Galdós entre los clásicos. Mención especial para dos novelas hispanoamericanas impresionantes: Huasipungo de Jorge Icaza y Balún Canán de Rosario Castellanos.
  • Mejores novelas cortas: Un detalle menor de Adania Shibli y Mireia de Purificació Mascarell.
  • Mejores libros de cuentos: Conejo maldito de Bora Chung y El peor escenario posible de Alejandro Morellón.
  • Mejor ensayo / autobiografía / autoficción / whatever: Yeguas exhaustas de Bibiana Collado Cabrera
  • Libros sobre paternidad (que aún no he reseñado): "pulgar hacia arriba" para Literatura infantil de Alejandro Zambra; "pulgar hacia abajo" para Irene y el aire de Alberto Olmos
  • Lectura más loca e inclasificable del año: El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil Hervás.
  • Decepciones (sin ser libros horribles ninguno de los dos): Soy fan de Sheena Patel y Otaberra de Elisa Victoria.

Propósitos del año: Leer más, mejor, más variado y más reciente (aunque este propósito lo hago todos los años y ya se ven los resultados...).


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¿Qué hay de vosotros, queridos lectores de ULAD? Estamos deseosos de que compartais vuestras listas con nosotros en los comentarios.

domingo, 1 de diciembre de 2024

Antonio Tabucchi . Autobiografías ajenas


Idioma original: italiano
Título original: Poetiche a posteriori
Traducción: Carlos Gumpert .
Año de publicación: 2006
Valoración: imprescindible para completistas, muy recomendable en general

Parece ser que llego tarde a la obra de Tabucchi, y no sé si tendré tiempo de enmendarlo o corregirlo, pues leyendo este Autobiografías ajenas reconozco sentirme tentado - si dispusiera de tiempo - por ponerme al día o incluso reseñar alguna de sus novelas (obviamente un blog como este ya ha reseñado Sostiene Pereira) pero voy a centrarme en lo que he encontrado aquí. 

Que es un escritor de alto nivel, con algún regusto a esa Europa multilingüe y ligeramente decadente que, especulo, comparte con algún otro como Vila-Matas o Sebald. En tono despectivo se les suele denominar escritores para escritores pero yo no me aventuraría con un concepto tan equívoco. Lo que tenemos en esta colección de textos es como un complemento que seguro que sus lectores habituales no han ignorado. Al leerlo sin haber leído sus novelas me suena como si hubiera compuesto un texto con los prólogos o epílogos o incluso con algunas notas a pie o descartes de ellas. 

Lo curioso es que, debido a su extensión siempre ajustada y a la pericia del escritor, acaba funcionando como una obra separada sin dejar de cumplir la función de excitar la curiosidad, como suelen desprender obras de este tipo. Seduciendo en el espacio corto, en tramos en que parece un diario de experiencias personales paralelas al proceso creativo, o tomando una perspectiva más amplia, donde se aventura en ejercicios que demuestran a las claras que muchos grandes escritores son enormes lectores. Las referencias aquí no se limitan solo a las frases introductorias de los capítulos o al extenso índice de autores mencionados - desde la A de Apollonaire a la Y de Yourcenar, sino que se integran a la perfección en el texto y juguetean con él, con lo cual todos esas hipérboles sobre su obra parecen tomar completo sentido. Así que, por una vez, aceptaré con sumo agrado sugerencias sobre su obra. 



jueves, 21 de noviembre de 2024

Enrique Vila-Matas: Extraña forma de vida

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1997

Valoración: Muy recomendable 


Mi conocimiento de la obra de Enrique Vila-Matas, además de bastante reciente y muy reducido, tiene una característica algo particular, porque se reduce a dos de sus novelas más antiguas y dos de las últimas publicadas. Aunque desde luego no es algo buscado a propósito, creo que me permite establecer una diferenciación bastante clara entre dos etapas separadas por un intervalo relativamente largo: la primera, en los 80-90 del siglo pasado, la segunda en los últimos siete u ocho años. No será un análisis muy científico de su bibliografía, pero me sirve para valorar las lecturas.

De las dos novelas del primer ciclo, si Breve historia de la literatura portátil era un muestrario comprimido, acelerado y bastante loco, también muy divertido, de algunos recursos que Vila-Matas utilizaría en el futuro, en Extraña forma de vida parece que autor barcelonés se recoge en un texto más íntimo y sosegado, hasta cierto punto más convencional. Cierto que también podremos contemplar algunos otros elementos que irán manifestándose más adelante, como el papel del escritor y la dicotomía entre realidad e imaginación, los dobles o parecidos como expresión de dudas sobre la identidad, la decisión (o indecisión) entre dos opciones posibles. Siempre disyuntivas o formas de observar, a fin de cuentas quizá un único problema de indefinición universal que empieza por uno mismo. 

Como es tan habitual, el paso lo marca un personaje-escritor, que en este caso trabaja en un texto realista y que debe preparar una conferencia. Sospechando que su amante ocasional acudirá al acto y que de lo que él exponga en público dependerá que la recupere o le abandone, el sujeto va trabajando su intervención con diferentes enfoques, según vaya pesando en él la voluntad de lanzarse a una aventura seria o el deseo de conservar su estabilidad familiar. En función de ese pensamiento pendular decide incorporar o desechar sucesivos relatos, reales o ficticios, que tienen como único nexo el espionaje: el portugués que conoció en el tren y que trabajaba para los servicios secretos franceses, el abuelo que espiaba la hostia sagrada, el padre que caminaba atento a las voces del subsuelo, el espía doble de Hamburgo que nadie conocía. El mismo personaje, que analiza a sus vecinos como material para su novela, se considera también espía, y en esa  identificación está el corazón del libro, el escritor siempre atento a su entorno, a las historias propias o ajenas, auténticas o inventadas, a imágenes, gestos, actitudes o palabras que va registrando para ser después reproducidas o utilizadas a voluntad.

Pero tampoco nos quedemos con la idea de algo que puede parecer tan serio. Ese hilo conductor del escritor-espía sirve para desplegar algunos de los numerosos recursos que tan bien maneja Vila-Matas. Con escasos de sus habituales guiños a personajes de la cultura, hay toda una exhibición de imaginación que roza a veces alusiones políticas o atmósferas de novela negra, siempre con una destreza admirable para mezclar y entrecruzar diferentes texturas, saltos entre diferentes escenarios y espacios temporales, hasta formar una constelación de pequeñas historias llenas de humor en torno a ese escritor indeciso, que intenta incorporarlas para buscar el impacto deseado.

El trazo es tan fino y la construcción tan elegante, llena de sutilezas, que hacen de la lectura una delicia, algo de apariencia ligera pero donde, a nada que nos decidamos a acercar la lupa, iremos encontrando nexos ocultos, viajes de ida y vuelta en la búsqueda de un camino tanto para el artista como para la persona. Un entramado que funciona como un reloj, y al que solo se le puede achacar que no esté, o eso parece, destinado a levantar algo más sólido. Puede que a Vila-Matas le gusten estos relatos abiertos, tengo la sensación de que es así, que le interesa más dejarlo fluir sin preocuparse de redondearlo del todo, y entonces queda la sensación de haber disfrutado de un libro inteligente, muy bien montado, sí, aunque quizá excesiva y voluntariamente gaseoso.

P.S: Olvidaba decir que en esa dicotomía entre las obras más antiguas y las más recientes de este autor me quedo, dentro de mis limitados conocimientos, con las primeras.


Muchas obras de Enrique Vila-Matas reseñadas en ULADaquí


martes, 23 de julio de 2024

Patricio Pron: La naturaleza secreta de las cosas de este mundo


Idioma original: español
Año de publicación: 2023
Valoración: bastante recomendable

Al hilo de mi última reseña, (porque quizás un día hubiera de establecerse - posible guion para una eventual serie abocada a una segura cancelación- una especie de hilo argumental por el que uno transita de una lectura a otra), he de decir que no hay nada más alejado a los escritores relativamente mediáticos que escritores como Patricio Pron. Que se limita a ir publicando sus novelas y continuar con una sólida carrera. Que tiene un nivel notable, de hecho ninguno de sus libros reseñados ha estado por debajo del recomendable y ya empieza a acumular un cierto número, esta sería su décima novela y que, hasta ahora, en todas las que he leído consigue mantener una cierta esencia y cuesta pocos párrafos reconocer su estilo y establecer una confortable y cierta familiaridad. 

Para empezar, sus títulos se convierten en una marca de la casa. Hace unos días, tuve una relativa decepción al leer un artículo de la muy brillante Begoña Gómez Urzaiz sobre títulos de libros, en el que no se le mencionaba. Supondré que esa omisión fue un tácito reconocimiento de que en estas lides Pron merece un capítulo aparte. Con esta novela,  Pron se incorpora al catálogo de Anagrama, proveniente de Random House, y he decir que,  aunque sus portadas con la maquetación de su anterior editorial siempre me resultarán reconocibles, resulta un cambio nada discordante o traumático, casi un paso lógico, una secuencia natural. Me da que a Pron le sienta perfecto ese traje ya vestido por Bolaño, por Zambra, Villoro o Vila-Matas, todos ellos compañeros en intenciones y, lo suelto ya, en firmeza y seguridad a la hora de afirmar su narrativa. Permitid que reivindique por enésima vez a Bolaño como escritor de temeraria convicción en su obra y que se limitó (aunque los cálculos temporales le fallaron - él perdonaría esta broma) a esperar el reconocimiento. 

Entonces, Pron no necesita epatar con la trama para noquear al lector. Le sería suficiente con la prosa y cómo esta serpentea y seduce. La historia está dividida en dos bloques. En el primero Olivia Byrne, joven actriz británica, reproduce a toda prisa su existencia, que ha quedado marcada y condicionada por la desaparición de su padre siendo ella una niña. En la segunda parte Edward Byrne, padre, narra su desaparición y su vida, dejadas atrás esposa e hija. Las dos narraciones tienen confluencias muy puntuales y evitan mencionar explícitamente causas y consecuencias, ya no juzgarlas o valorarlas, la figura del narrador está configurada con una extrema frialdad, reforzada por la práctica ausencia de diálogos y la propia composición narrativa, frases y párrafos extensos sin apenas pausas, Pron se extiende y retuerce hasta la extenuación, puede que hasta la veintena de páginas o así el lector pueda mostrarse hasta incómodo, pero, volvamos a mi modesto texto introductorio, Pron no escribe para ser gustado o interpretado o desentrañado sino para entregar una obra redonda, coherente y sin una sola grieta. Y esta novela puede interpretarse como una alusión a la huida como parte del tránsito vital o como ruptura que representa liberación, al reencuentro como cierre de círculo o como actualización de sistema. Pero nos queda una cierta sensación de expectativa de continuidad, de flujo. De hecho la novela menciona en sus agradecimientos no poco material en internet que puede usarse para complementarla y enriquecerla. 

Más reseñas de Patricio Pron aquí 

domingo, 7 de mayo de 2023

Enrique Vila-Matas: Historia abreviada de la literatura portátil

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1985

Valoración: Muy recomendable


Llegué tarde a Vila-Matas, como si dijéramos a los postres, cuando ya había lectores un poco cansados de esa fórmula (verdad, Santi?) que, por lo que cuentan los demás y he podido comprobar en un par de lecturas, viene a ser la herramienta básica que el escritor barcelonés utiliza en todas o la mayoría de sus novelas. Esa fórmula que consiste en un armazón narrativo quizá no excesivamente sólido, sobre el que se levanta todo un revestimiento hecho a base de citas y referencias, a veces reales, a veces apócrifas, aparición de personajes existentes o imaginados en proporción a veces difícil de determinar, juegos de identidad, fusión de elementos aleatorios, todo ello manejado con suma destreza, como quien hace malabarismos con frasquitos de explosivo.

Puede que todo eso empezase aquí, en Historia abreviada de la literatura portátil, un relato breve de hace casi cuarenta años, seguramente el primero que sirvió para que don Enrique adquiriese alguna notoriedad. Porque, aun reconociendo mi muy escasa autoridad para analizar su trayectoria, creo que en este libro están, en todo su esplendor, esos ingredientes que después han servido para aderezar sus sucesivas publicaciones. Aquí están las primeras piedras preciosas, en estado puro, sin desbastar, y son francamente atrayentes.

Allá por los años veinte del siglo pasado, un puñado de artistas crea una especie de sociedad secreta para pertenecer a la cual es necesario cumplir una serie de requisitos: que toda su obra sea susceptible de ser transportada en una maleta (aunque se admiten las miniaturas), mostrar un punto de insolencia, o comportarse como una máquina soltera (sic) son algunas de las sorprendentes y poco concretas normas de acceso. Aunque sí hay un acto fundacional, nada menos que en la desembocadura del Níger, no existe rito iniciático, ni nómina oficial de socios, es algo vaporoso como si se llamasen a sí mismos ‘los modernos’, o cosa parecida (me queda la duda de si Vila-Matas está haciendo algún tipo de selección racional muy sutil o es un simple juego intelectual). Así pasa uno a ser un shandy, referencia bastante obvia a Laurence Sterne, lo que a su vez enlazaría con cierta incontinencia verbal, gusto por la digresión, etc. Porque aquí todo va relacionado con todo, aunque sea de forma inverosímil.

En esa peculiar comunidad se encuentran decenas de nombres del arte y el pensamiento de la época: Francis Picabia parece uno de los impulsores del invento, Duchamp deja su sello en la idea misma de la portabilidad, con su famosa caja, y sobre todo con la extraña referencia a la soltería, sin duda con origen en el también famoso cuadro del que hablamos aquí; Walter Benjamin inventa una máquina para detectar libros ‘pesados y engorrosos’ (esto nos sería muy útil en el blog, la verdad); Paul Klee escribe una especie de diario de las reuniones del club, y Tristan Tzara incorpora una interpretación de sus principios a sus Manifiestos Dadá. Pero circulan además por el texto, y busco aleatoriamente entre las páginas, César Vallejo, Valery Larbaud, Lorca, Karl Kraus, Cendrars y su hija Miriam, Aleister Crowley (papel destacado), Huidobro, Man Ray, Georgia O´Keeffe… y muchos, muchos nombres más, algunos, creo yo, inexistentes. A veces con referencias a alguna de sus obras, otras con párrafos alusivos o en tono de parodia.

Es un puro disparate, un fascinante desparrame repleto de elementos metaliterarios, con una notable influencia de Raymond Roussel y la voluntad decidida de internarse, con ese mismo punto de insolencia shandy, en los entresijos de la creación literaria y artística, de darles una vuelta, al mismo tiempo con admiración e irreverencia, a las obras de todo ese gran listado de creadores. Todo esto lo vamos viendo mientras asistimos a varias de las multitudinarias reuniones que estos señores mantienen por ejemplo en un balneario de Praga, creo que también en Italia, y en la Sevilla de aquel homenaje a Góngora considerado el acto fundacional de la Generación del 27. Siempre momentos, obras, autores, que van quedando ligados por la loca historia de Vila-Matas. No solo ellos, sino a veces sus propias criaturas, como los odradeks de Kafka, o el Golem de Meyrink, travestidos en cosas parecidas pero diferentes, que acompañan o persiguen a los artistas allá donde van, sin duda otra metáfora juguetona.

Podríamos estar tiempo indefinido buscando el porqué de cada cosa que se cita, qué nombres son reales y cuáles no, por qué algunos contemporáneos no son mencionados, qué títulos o citas son auténticos, qué caracteres se han distorsionado, conexiones entre los personajes o con los lugares en que se encuentran. O hasta dónde ese submarino varado en la costa de Bretaña, último lugar de reunión de los shandys antes de su disolución, es una mera invención o hay en alguna parte algo que no es imaginado.  

El libro es como un festival de nombres célebres al servicio de ese juego metaliterario inteligente y desenfadado, a la vez que un ejercicio de insumisión a las normas convencionales y una relectura revoltosa de la historia del arte de hace un siglo. Disfrutón para quienes gozan con estas cosas, y me incluyo hasta cierto punto, pero ojo, no para todos los gustos, no para aquellos lectores a quienes todo este exquisito batiburrillo no les dice nada. Si más adelante la fórmula ha sido repetida con exceso, porque ha perdido frescura y vigor o se ha amanerado, es otra cuestión, porque en este libro en concreto el juego, compacto y controlable, deja un resultado muy notable.


Muchas de las obras de Enrique Vila-Matas en ULAD: aquí

jueves, 26 de enero de 2023

Colaboración: Horas cruentas, de Casey Cep

Idioma original: inglés
Título original: Furious Hours: Murder, Fraud and the Last Trial of Harper Lee
Traducción: María Alonso Seisdedos
Valoración: imprescindible


Título y subtítulo de esta crónica adelantan por qué Harper Lee no emprendió la redacción de una No Ficción. Y la elaboración que no hizo o le costó demasiado a ella la hace Casey Cep con una amplia pintura de la Alabama que cobijó al reverendo Maxwell, a sus probables víctimas y a su asesino. Y, por supuesto, como aporte que se agradece, la historia de los seguros en los Estados Unidos, el país de los sueños y de la materialización de los mismos.

Paradoja: quien investiga y escribe una crónica sobre por qué Harper Lee no siguió una carrera literaria después de “Matar a un ruiseñor” cuenta los crímenes que desembocaron en el asesinato del reverendo Maxwell. El juicio a su asesino convocó a H. L. a hundirse hasta las rodillas en el fango de los mecanismos judiciales en la Alabama de finales de los años setenta. Cientos de folios reunidos en una investigación son apenas la promesa de una historia por escribirse.

Franqueza de por medio, no sé de qué va “Matar a un ruiseñor”, de Harper Lee, porque no la he leído. Alguna vez he visto la película, claro, pero ya está olvidada. Toca decir que, así como hay escritores de un solo libro también hay lectores que dejan de leer o que han elegido leer solo textos afines. Enrique Vila-Matas se explaya sobre el “síndrome de Bartleby” en un librito que es y no es puramente ficcioso. Los años “improductivos” de Harper Lee tienen en esta crónica de Casey Cep una aproximación a sus entresijos, casi una explicación ingenua y pudibunda de lo que no fue a continuación de “Matar a un ruiseñor” una carrera fértil o, siquiera, una vida discreta pero constante.

Otro punto que aborda la crónica de C. C. es la amistad de Harper Lee con Truman Capote y la tarea que emprendieron ambos de documentar el crimen múltiple antes de que Capote se pusiera a redactar la “novela sin ficción” “A sangre fría”. 

Una parcela de la vida de ambos había sido desconocida hasta ahora. Compartieron infancias en la misma ciudad. Jugaron, mataperrearon; se inventaron historias y casi fueron inseparables. 

Pero después de publicarse “A sangre fría”, Capote no volvió, en bastantes de los años que siguieron, a dirigirle la palabra a Lee. A pesar de la tan vendida, y comprada idea, de la “novela sin ficción”; de la defensa que hizo Capote de la veracidad de todas las líneas de su crónica, al parecer, aquello nunca dejó de estar trufado de párrafos enteramente ficciosos, de frases paridas por la creatividad de Capote antes que propiciadas por la documentación reunida tanto por él como por Harper Lee. La arbitraria decisión del cronista de mantener una enorme distancia entre él y su amiga de la infancia quizá se debía a que aquella conocía cuánto del texto final tenía de verdad como de fantasía.

Por último y, tal vez, lo principal, queda la idea de que “Matar a un ruiseñor” no fue tanto la obra de Harper Lee como la de sus editores. Bueno, sobre el punto, también vale el asunto de los cuentos de Raymond Carver y de su editor.

La historia de fondo, el probable asesino, los asesinatos, los cobros de los seguros de vida y el asesinato de ese probable asesino, constituyen eso, el fondo.

Firmado: Ronald Pérez


domingo, 22 de enero de 2023

Enrique Vila-Matas: Montevideo


Idioma original:
español

Año de publicación: 2022

Valoración: pesado


Lo siento: reconociéndome admirador de la obra de Vila-Matas - evitemos a partir de ahora el término incondicional - las trescientas páginas de Montevideo se me han hecho muy cuesta arriba. Ni siquiera la coartada parisina, el hipotético dinamismo al que los cambios de escenario podría conducir un libro, han llegado a salvar que mi sensación al leerlo haya sido un relativo hastío, un progresivo desconcierto al preguntarme dónde nos llevaba todo esto y una constatación persistente de, no sé si las presiones editoriales producto de su innegable gancho y su reconocido prestigio han tenido que ver, el escritor está ya en una fase de regodeo en su propia capacidad y, á la Picasso, opte por escribir unas cuantas cosas y mantener presencia en anaqueles y volumen en facturación.

A veces más de lo mismo no es lo mismo. Vila-Matas, colosal narrador de la naturaleza humana en El viaje vertical, no aparece aquí. Las peripecias de un escritor en perpetua duda sobre su dedicación a su labor, su asistencia a actos, sus idas y venidas por ciudades de dos continentes, su cohabitación, despojada de todo acto no estrictamente literario, con diversos colegas, resultan, no diré que su excesiva extensión también lo condene, en una entrega de un ejercicio de estilo redundante en exceso. Y puede que a los acólitos pueda gustarnos revolcarnos en continuas referencias a Cortázar - en la práctica, su relato La puerta condenada es lo más parecido al eje de este texto que encontraremos -, a Rimbaud, a Bolaño, a Melville (bueno, a Bartleby), a Tabucchi, a tantos otros que parecen configurar un microcosmos de indudable prestigio pero que no pueden evitar, en su conjunto, una actitud endogámica, casi snob, esa propia de los estudiosos que subrayan - horror - los libros y conservan en su memoria frases, párrafos, nutriéndose de aforismos que muchas veces son más estéticos que prácticos.

Con lo cual esa persecución de puertas en hoteles, esa constante reflexión interior, demasiado interior para ser mundana, demasiado interior para no acabar pareciendo reiterativa y onanista, acusa un paradójico exceso de estatismo. Nada se mueve fuera aunque se viaje y se desplace y se visiten lugares, cafés, restaurantes míticos, aunque se frecuenten encuentros reales y ficticios con destacados miembros del imaginario bibliófilo.

Vila-Matas siempre despierta mi interés y ya he perdido la cuenta de las veces que, incluso por aparentes obras menores, le he prestado mi atención. Montevideo, a tenor de los comentarios en la faja, tenía la apariencia y las hechuras de gran obra. Desde luego, quien quiera acceder a su obra por primera vez, recuerdo, trescientas páginas, seguramente sea presa de sopor y estupefacción. Incluso le veo presa de algún acceso de nostalgia que normalmente atribuiría a otros escritores, no hace falta nombrarlos. Eso me preocupa. Aunque yo también añore y prefiera al hombre joven que coquetea con gentuza en los bajos fondos, aquel pillo que no escribe y trapichea en París. 

Muchas obras de Enrique Vila-Matas reseñadas en ULADaquí

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.



domingo, 18 de diciembre de 2022

J. Casri: El modelador de la historia

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2022
Valoración: Entre está bien y recomendable

La cubierta de este libro es lo suficientemente explícita: la historia dentro de la historia dentro de la historia. Y así hasta el infinito. Así que lo encontraremos ya en el interior no sorprenderá en exceso: el juego, la mistificación, los incisos y desvíos, la historia y la Historia, la escritura y el autor, la ficción y la realidad (¿cuál de todas?), el pasado y el futuro en constante (re)creación, etc.

Nombres que vienen a la cabeza: Perec, Vila-Matas, Calvino, Borges (también es verdad que yo veo a Borges por todas partes), la Cesárea Tinajero de Los detectives salvajes, etc.. Esta última referencia puede, de inicio, chocar pero es que El modelador de la historia es, en líneas generales, la búsqueda de un personaje / autor situado entre la ficción y la historia, entre el pensamiento y la expresión a través de un viaje que comienza en un vuelo (y no es casual esta elección de un escenario que es un no-lugar situado en un no-tiempo) y que continúa por París, Londres y Barcelona.

Así, indicios, pistas y sospechas aparecerán a lo largo del texto dando lugar a la citada "mise en abyme". Libros que no deberían existir pero existen, historias dentro de ellos, autores fantasmas, búsquedas infructuosas o no... diferentes niveles, planos paralelos que al final se tocan porque no existen las líneas perfectas.

Esa multitud de historias tiene su parte buena y su parte no tan buena. Por un lado, el autor consigue mantener el interés pese a esa variedad, hasta el punto de semejar todo un juego de prestidigitación ejecutado a un ritmo vertiginoso; por otro, una vez terminada la lectura queda la sensación de que algunas de las historias no aportan demasiado a la trama y de que no han sido otra cosa que fuegos artificiales. 

Y aunque cierta sensación de algo ya leído (ya habéis visto las referencias que menciono en el segundo párrafo) transita por el texto, sus buenos diálogos, sus interesantes reflexiones y sus variopintas historias hacen que la impresión final sea favorable. Que no es moco de pavo, oigan 

miércoles, 6 de abril de 2022

Stanley Elkin: El no va más

Idioma original: inglés

Título original: The living end

Año de publicación: 1988

Traducción: Roser Berdagué

Valoración: recomendable

Leo a Elkin como inmediato efecto colateral de su mención por Vila-Matas. Una de esas maneras en que uno empieza a enlazar lecturas y que voy a apuntar como un punto adicional para recomendar leer al barcelonés. Porque aunque no se trate de un autor al uso, aunque ese recomendable que me ha costado un poco decidir tenga el pequeño matiz de que no es una opinión para todos los públicos, siempre procura cierta satisfacción acceder a autores que nos eran ajenos, y Elkin, aunque coetáneo de esa generación (Pynchon, DeLillo, Barthelme, Gadds) que se alinea con una concepción (glups) post-moderna y que presenta ciertos rasgos amenazadores para con el lector convencional: El no va más no es una novela para cualquier lector (no negaré que algún pasaje en la segunda parte me hacía preguntarme qué hacía yo leyendo este texto tan extraño.

Así que es absurdo, pero hay que intentar con una sinopsis: Ellerbee posee una tienda de licores en un mal barrio. Dos de sus dependientes han sufrido las consecuencias en sendos atracos. Uno falleció y el otro quedó enfermo de por vida. Ellerbee obró con ellos con un extremo sentido de la ética y la responsabilidad, siguió pagando su salario a sus familias, se encargó de que nada les faltase pues los consideraba caídos en acto de servicio. Y se traslada a un barrio más seguro con su negocio, pero allí todo resulta peor, y es él quien es asesinado en un nuevo atraco. Hasta aquí podríamos decir que la novela tiene un desarrollo convencional, incluso que se escora hacia el género negro ya que resulta todo lineal, secuencial, accesible. Para nada. Lo que viene a continuación podría pasar por una total pasada de rosca del autor. Elkin cambia el escenario de la novela y nos vemos situados en el Paraíso y después en el Infierno. Allí donde Ellerbee acaba junto a algunos de los personajes que ha conocido en su vida. Con un radical corte de la coherencia espacio-tiempo pues se encuentra con su asesino que ha fallecido pasados unos años. Y allí habla con ellos, entre dantescos sufrimientos, que eso es el Infierno, y habla con Dios y con Jesús y hasta con San Pedro, consciente de que aquello va para rato y la eternidad ha de justificar su nombre incluso entre llamas, azufre y constante padecimiento.

Más que impactar por esa descripción de esa rutina, a partir de ahí la novela se planta en una especie de simbolismo al que pueden encontrarse capas, y no acabo muy convencido de si es una crítica velada a las creencias religiosas o hasta una metáfora extraña de la sociedad americana. El Infierno parece más bien una instalación tediosa  a la que sus moradores se adaptan y el Dios descrito se asemeja más bien a un empresario cabrón que somete día a día a sus subordinados -incluyendo arbitrariedad y comportamiento errático y caprichoso, y todos esos diálogos en que los personajes intentan aportar matices a sus malos actos del pasado resultan a veces incomprensibles y otras simplemente absurdos intercambios de ideas aunque he de decir que seguro que relecturas de la novela podrán aportar más pistas y estructurar algo que podrá parecer absurdo en una primera lectura. Que no es que sea exactamente algo de lo que quejarse, por cierto.