Mostrando las entradas para la consulta pol guasch ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta pol guasch ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de junio de 2026

Claire Marin: Estar en su lugar

Idioma original: francés
Título original: Être à sa place
Traducción: Álex Gibert en castellano para Anagrama
Año de publicación: 2022
Valoración: recomendable


En estos tiempos en los que todo va muy deprisa, en la que la sensación que tenemos de no querer perdernos cosas es cada vez más acuciante y donde los problemas y preocupaciones de diversa índole nos descolocan, leer ensayo filosófico nos puede ayudar a resituarnos. Y claro está que este libro es muy adecuado para tal efecto. Porque nos habla del lugar que ocupamos, a nivel físico, pero también emocional y espiritual.

Tal y como expone la autora en el inicio del ensayo, «¿por qué este libro? Porque a veces nos vemos bruscamente desalojados de un lugar que creíamos ocupar por elección, felizmente. Era un lugar que dábamos por sentado, que creíamos justificado y merecido, sin reparar en el elemento de azar que allí nos había arrojado en primer lugar». Así que, ya de entrada, emergen directamente en nuestra mente una serie de cuestiones: ¿hasta qué punto los lugares nos pertenecen?, ¿hasta qué punto somos merecedores de ellos?, ¿hasta qué punto nos identifican?, ¿podemos desasociar los lugares físicos de los mentales?, ¿hasta qué punto están relacionados? Porque es evidente que «en la cuestión del lugar, están en juego de nuestra singularidad, pero también la de nuestra inserción en una sociedad, una familia o cualquier grupo del que formamos o querríamos formar parte». 

Con este amplio espectro analítico, la autora traza una analogía entre el lugar como espacio físico, pero también como espacio vital. Así, asevera que quien de golpe deja el hogar lo abandona, porque realmente lo que quiere es huir de ese espacio que se le supone en la vida, a nivel físico, pero también relacional y con ello parafrasea a Foucault al decir que «los espacios no son neutros ni carecen de cualidades (…) están poblados de proyecciones y esperanzas». Porque un lugar no es un espacio únicamente físico, sino también un lugar donde depositar nuestros recuerdos, donde establecer los pilares que sustentarán nuestras vidas, aunque, a veces, esas mismas raíces que hemos echado se convierten en cadenas que nos atan, que nos limitan, porque constituyen aquello que a veces nos impide la partida, pues «nuestras representaciones nos frenan tanto como la propia realidad, y a menudo obedecemos a mandatos latentes y asignaciones implícitas sin percatarnos necesariamente de ello».

También el espacio es tratado por la autora como elemento de distancia entre personas y utiliza esta interpretación para denunciar el racismo al mencionar a Fanon y su paradoja del hombre negro: «ocupar un lugar sin tener ninguno. El hombre negro, dice, crea un vacío a su alrededor. En el tren no le dejan un asiento, sino tres. No es un asiento lo que se le cede, sino un vacío. Lo que se crea en torno a él no es un espacio, sino una distancia». Así, profundizando en aspectos más sociales y sus desigualdades, extiende su crítica hacia el espacio que ocupa el machismo y el patriarcado al hablar sobre las mujeres, sobre quienes se ha impuesto durante mucho tiempo la orden de encogerse incluso intentando «que desaparezca, que se oculte, se la cubra de telas o maquillajes, se suprime o se embadurna su semblante. No ocupar demasiado espacio, pasar inadvertidas». Así, el espacio ocupado (o la ausencia de él) marcan la importancia de cada uno dentro de una estructura familiar, social o económica. La presencia o la ausencia otorgan visibilidad, denotan poder, establecen jerarquías. Igualmente, y de manera muy acertada, la autora critica el negro futuro que nos espera como humanidad y justifica el estado de abatimiento que nos persigue, pues «que el mundo de ayer se desvanezca entra dentro del orden de las cosas. Que nos inspire cierta nostalgia entra también dentro del orden de las cosas. Es fácil consolarse de la desaparición del pasado; de lo que no puede uno reponerse es de la desaparición del futuro. El país cuya ausencia me entristece y me obsesiona no es aquel que conocí en mi juventud; es aquel que soñé entonces y nunca vio la luz del día». Por ello, la necesidad de definir un espacio es aún mayor en un mundo vacilante; así que debemos encajar en un papel, en un lugar social, para que ese lugar defina nuestros límites. Un espacio no siempre accesible especialmente para los emigrantes y los desplazados que la autora diferencia sabiamente pues «así como el inmigrante acaba por encontrar su lugar, el desplazado no encuentra su lugar en ninguna parte» (algo que me lleva a pensar en «Los errantes» de la Premio Nobel Tokarczuk que trataba en gran parte sobre las personas en tránsito).

En contraste al espacio que ocupan los cuerpos y objetos presentes, también pone de relieve el espacio que ocupan los que ya no están (…) quizá ocupando un espacio superior en nuestra memoria que cuando existía en realidad: «el fantasma nace de esa desproporción entre la necesidad de una persona y su irremediable ausencia (…) para compensar esa ausencia, nuestra conciencia lo mantiene vivo en nuestro fuero interno» (algo que me lleva a novelas sobre la pérdida, como por ejemplo, la última novela de Pol Guasch o también la de Siri Hustvedt).

Por todo ello, el ensayo que nos propone Claire Marin es interesante, pues parte de un concepto como lugar para, a partir de ahí, desarrollar una serie de interpretaciones, espacios y paisajes en los que el concepto toma forma limitando así su significado. Por otra parte, bien es cierto que como ocurre en algunos ensayos, el desarrollo de la idea podría adaptarse en un espacio más comedido, sin tener que abarcar doscientas páginas de texto pues la autora se nutre de diferentes ejemplos en la literatura o el cine para sustentar sus afirmaciones y eso es algo que, si bien puede servir de apoyo si se utiliza con mesura, en dosis elevadas puede llevar a la desconexión por la reiteración de ejemplos o el análisis muy en detalle de tales referencias. Aun así, es interesante el planteamiento del libro por aquello que nos ofrece, que nos amplía, que nos limita, y que, en el fondo, nos define.

Para concluir, Clarie Marin indica que «todos buscamos un hogar, ese lugar por el que nos desplazamos sin pensar, con los ojos cerrados» y coincido en la voluntad de la autora al aprovechar el ensayo para transmitir y reivindicar la importancia del arte en nuestras vidas y el espacio que ocupa en nuestro crecimiento personal, afirmando que «el poder del poema, como el de la novela o la película, es precisamente ese, el de desplazarnos (…) a un lugar que nunca habíamos ocupado y que, no obstante, nos parecerá familiar mientras dure la lectura o la proyección. La obra de arte nos desaloja, nos arranca a nosotros mismos y nos hace perceptibles y accesibles otras vidas, otros lugares distintos al nuestro», ensanchando así nuestra empatía, nuestro conocimiento acerca de otras culturas y maneras de ser. Un espacio que también generamos en este blog, en el que podemos encontrarnos e intentar dar cobijo a nuestras carencias.

También de Claire Marin en ULAD: Los comienzos

sábado, 14 de marzo de 2026

Eva Baltasar: Peces

Idioma original: catalán
Título original: Peixos
Traducción: Unai Velasco en castellano para Random House
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


En poco tiempo, Eva Baltasar se ha erigido una de las figuras clave de la nueva generación de autores catalanes que, tras su paso por la poesía, han dado un salto a la novela. Ahí, en ese privilegiado grupo, encontramos también a Irene Solà, Pol Guasch y Xavier Mas Craviotto, un grupo selecto de quienes no acostumbro a perderme ni uno de sus libros. Y, en el caso de Baltasar, tenía interés para ver su evolución, tras unos dos primeros libros magníficos («Permafrost» y «Boulder») y otros dos algo más irregulares, aunque con notables destellos de calidad especialmente en «Ocaso y fascinación» (donde además hacia un paso adelante en cuanto a atrevimiento y riesgos tomados).

En el libro que nos ocupa, la autora empieza en una suerte de juego al despiste con su propia biografía, pues la protagonista, también escritora, narra en primera persona sus sensaciones a la hora de visitar pueblos y ciudades para presentar sus libros. Así, y sin saber hasta qué punto la novela revela visos autobiográficos, la historia arranca cuando la protagonista nos cuenta cómo, deambulando entre las pequeñas calles de un pueblo, se encuentra frente a una roulotte (en lo que parece un claro guiño a su anterior novela «Boulder») donde una mujer vende pescado frito y, sin más (como si realmente hiciera falta algo más), se enamora al instante de la dependienta. Un flechazo, un enamoramiento a primera vista, un amor de aquellos que «tanto da si es el más largo o el más breve, y tanto da si trae paz o trae guerra (…) puede ser el mejor. Puede ser el peor. Puede ser un amor correspondido o un amor solitario (…) eso da igual. Este amor empieza así, con una absoluta convicción», con la tremenda, rotunda y absoluta seguridad de que «es ella»; un impulso inexorable, implacable, irrebatible, irrenunciable, de aquellos que dejan huella porque «una vez has sentido algo así es igual si acabas solo, si el enamoramiento se va o eres tú quien te apartas de él. El amor que teníais pervive, son las raíces tozudas que se han quedado sin árbol». Pero ya se sabe que el enamoramiento no es siempre certero y no siempre es correspondido, porque en ocasiones uno yerra al confiar en la intuición y nuestra protagonista es víctima de ello pues rápidamente se percata de que Victoria es una persona seca, áspera, dura. Alguien que no da concesiones, es hermética y no da pistas ni lanza señuelos. Es directa. Y contundente. Es «una mujer a la que nunca le ha hecho falta seducir a nadie» y la protagonista es plenamente consciente de ello al reconocer que «había llegado a mi vida como una horda, para tomar y poseer».

Una vez analizado el arranque del libro, vemos que, estilísticamente, es innegable que Eva Baltasar es plenamente conocedora de sus grandes habilidades al tocar aquellos puntos de nuestra sensibilidad donde nos sentimos atraídos y cautivados, pero a su vez también inquietos, volátiles, frágiles y vulnerables. Su lenguaje y ritmo narrativo le permiten colocar al lector en el mismo plano que su protagonista, en esa relación desigual de clara desventaja emocional. Para ello, utiliza también un recurso útil al dirigirse en ocasiones directamente al lector en una narración en primera persona con aires de una misiva, que lo busca y lo tienta para explicarse, pero con un tono que pide comprensión, casi expresando una disculpa o un arrepentimiento, casi clamando una absolución por el error en la decisión. Así, el lector empatiza al instante con las sensaciones que emanan de su protagonista y percibe ciertas notas de continuidad respecto al final de su anterior libro («Ocaso y fascinación») por el tono, por lo que desprende y lo que apuntaba en esas pocas páginas finales sintiendo de manera orgánica, casi epidérmica, un aire de hostilidad, de rechazo, de dominio, de una brusquedad rozando el desprecio que, en esta ocasión, proviene no solo de la pareja protagonista sino también de su propio entorno ambiental: un lugar inhóspito que, análogamente, emana esas mismas sensaciones a través de los diferentes elementos que las rodean: los animales, la vegetación, la casa, la amante. De esta manera, la autora teje un claro paralelismo entre la casa y las sensaciones que desprende y las de su propietaria Victoria: ambas transmiten inquietud, frialdad, tosquedad y una extraña sensación de inquietud, tensión y un ambiente oprimido, cerrado y opresivo (que se evidencia cuando indica que el jardín está repleto de hierba alta, hiedras… que «suben enérgicas y gigantes»); también con la aparición de un perro, grande, misterioso, siempre inquietante, con una agresividad contenida, a la espera, latente, avizor, acechante. O, también, la presencia constante de la muerte, en los peces, en los animales. En todo ello, hay cierto aspecto en el tono utilizado por Baltasar que recuerda en parte a Carlota Gurt y su libro «Sola», por la visceralidad con la que narra la pasión desatada en la que aparecen los instintos más primarios en un desborde de sentimientos y emociones que irradia de manera orgánica, visceral, física y carnal. O también de Núria Bendicho y sus «Tierra muertas», por cómo se palpa la tierra, la naturaleza en su lado más seco, cruel y atemorizante. 

Con este texto, Eva Baltasar ha escrito una historia de amor. También una historia de abandono. O una historia de soledad. O quizás una historia de necesidades. Una historia de pasión. De lujuria. Pero también de invisibilidad. De silencios. De abusos. De toxicidad. De debilidades, pero también de atrevimientos. Esta es una novela que trata de pasiones, de límites entre el amor y el desamor, entre la voluntad de poseer y la dificultad de escapar, de arrebatos y de calma (que no tranquilidad), de deseos y temores. De la vida, en sus extremos más pasionales, más impulsivos.

Dice Eva Baltasar que «el cuerpo de un escritor solo conoce una emoción, la exaltación. Y ni tan siquiera es suya, pertenece a la escritura. Llega con ella, se va con ella y deja al escritor exhausto y con el trabajo por deshacer». Y, en este punto justo, es donde el lector le ofrece una continuidad, pues esta historia es de las que se queda dentro y nos hace reflexionar sobre si, en ocasiones, las pasiones se erigen como compañeras del alma o se convierten en sus implacables verdugos.

También de Eva Baltasar en ULAD: Permagel, BoulderMamutOcaso y fascinación

jueves, 29 de enero de 2026

Pol Guasch: Reliquia

Idioma original: catalán
Título original: Relíquia
Traducción: Unai Velasco, para Anagrama
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Como se dice en algunes ocasiones cuando se habla de grandes escritores, de Pol Guasch me leería hasta su lista de la compra. Su inmenso talento que exhibe en cada uno de sus poemas, artículos o libros, hace que para mí sea un autor de referencia y uno de los grandes talentos de la literatura catalana.

En esta ocasión, Guasch deja de lado la ficción para esgrimir un relato muy personal, muy íntimo, en el que narra un suceso que le ha marcado profundamente: el suicidio de su padre a los cuarenta y cuatro años cuando él tenía solo quince. Un suicidio que nadie previó, que nadie presagió y que les dejó un terrible vacío, más por lo que no rellenó en vida que por lo que se vislumbraba en el futuro. Una ausencia que abre el libro, de manera honesta y triste, cuando ya en su primera frase, el autor confiesa: «Habría agradecido una nota. Doblada en cuatro, con erratas y palabras borradas, en una hoja reciclada de otro día, en un pedazo cualquiera de papel, en una servilleta vieja, sobre una carta abierta, da igual, una nota antes de hacerlo», aunque reconoce, con cierta resignación, «que a veces no hay frases finales para cerrar nada, para terminar, que a veces no hay palabras acertadas para huir». Así, Pol Guasch escribe este libro diez años después del suicidio de su padre, diez años que dan para mucha reflexión y búsqueda de recuerdos, diez años para constatar «que amar consiste en acumular estratos que sedimentan uno tras otro y que cada amor nuevo descansa sobre las ruinas de uno antiguo. Diez años para reconocer que tú fuiste el primer estrato de todos. Diez años para asumir que tendremos que esforzarnos terriblemente para olvidar lo que hemos amado de alguien».

Con este estilo directo pero sentido, conmovedor y emotivo, Pol Guasch se nos abre en canal (o más bien en un torrente emocional) en el que narra la muerte de su padre desde el dolor del vacío que deja. Un suicidio que llena un futuro de lagunas, un paisaje por colorear, un sinfín de preguntas sin respuesta y de conversaciones no iniciadas. Y, en la búsqueda de motivos, un intento de acercamiento, de emular sus gestos o aficiones, porque «copiarte era una forma de acercarme a ti. También de admirarte. Un intento de entenderte, seguramente: pensaba que, si hacía lo mismo, podría llegar a sentir lo que sentías, que solo hacía falta esperar, repetir y esperar». Un intento infructuoso que le lleva a buscar nuevas vías, nuevas formas, para alcanzarlo, para comprenderlo, de manera que Guasch opta por buscar más allá de él y de ellos y, por ello, se encamina a mezclar reflexiones, notas biográficas de autores conocidos que travesaron circunstancias similares con retazos de su propio pasado. Unas memorias que le sirven para recordar no tanto a su padre sino a sí mismo; un tiempo pretérito que recuerda para traerlo nuevamente al presente, intentando encontrar en sí mismo respuestas y rellenar pasajes del pasado, para no olvidar, para retomar y para completar quien es hora con quién fue. De esta manera, el autor se escuda y se arropa en textos y biografías de autores que también se suicidaron para encontrar en ellos aquellas palabras que le faltan para explicar lo sucedido, para comprender a su padre y qué le llevó al suicidio y entender a la vez sus propios sentimientos y emociones, un amparo en su tristeza y dolor causado por la incapacidad en entender y de entenderse tras un suicidio que les deja sin, tan siquiera, una carta de despedida, quien sabe si porque aquello «significaba que el último pensamiento no había sido para nosotros», o quizás porque «ya debías de saber que un largo silencio, al final, también es un lugar donde descansar, una zona donde los demás escogen las palabras con las que querrían recordarte». Quizás este era el motivo, quizás.

De esta manera, Pol Guasch se adentra en la historia familiar de manera terriblemente íntima y personal para intentar comprender el suicidio de su padre, y lo hace con una aproximación que le surge de manera orgánica: a través de otros escritores que han pasado por lo mismo. Y esa es la magia de la historia: cómo la literatura, los libros, los autores que nos envuelven pueden ser de ayuda en ese difícil proceso de entender a los que ya no están, a nuestras personas más cercanas, a nosotros mismos. Ahí radica el submensaje de esta obra: cómo la literatura nos ayuda a lidiar con nuestras vidas, nuestros obstáculos, nuestros pensamientos y, a la postre, con nosotros mismos. Un texto a caballo entre la memoria y referencias de biografías de autores con el que Pol Guasch despliega su talento pero especialmente su sensibilidad para tejer un relato que conmueve, que nos hace reflexionar sobre la vida y su ausencia, porque la muerte no es nada en sí misma sino la carencia de momentos por vivir, de conversaciones pendientes, de intuiciones no corroboradas, de miradas que no encuentran réplica más allá de la que podamos darnos a nosotros mismos a sabiendas de que siempre nos quedaremos cortos en palabras y en afectos.

jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año)El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
ClásicoEl crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convencióTodos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés

lunes, 16 de diciembre de 2024

ULAD 2024 - Olvidad cualquier otra lista

Para qué más preámbulos: la lista de los listos. La que todo autor anhela por integrar. La que todo el mundo editorial espera para consultar. La única virtud que nos falta es la modestia.


Alain:

Resumen del año: Mi primer año como miembro de ULAD. Formar parte de un grupo de apasionados por la literatura ha sido estimulante. Además, tuve la oportunidad de platicar con escritores a los que admiro. Así que ha sido un año muy bueno para mí. Aquí mis favoritos del año:

Novela: Salto mortal, de Kenzaburo Oé. Los años de espera, de Fumiko Enchi.
Novela corta: Ella en la otra orilla, de Mitsuyo Kakuta.
Cuentos: Lealtad al fantasma, de Enrique Serna. La sangre de medusa (y otros cuentos marginales), de José Emilio Pacheco.
Comic: Takemitsuzamurai, de Issei Eifuku y Taiyō Matsumoto.
Crónica: Una novela criminal, de Jorge Volpi.
Poesía: Kokinwakashu. Sobre la luz, de Oscar de Pablo.
Relectura: Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia.
Descubrimientos: Los niños 6 y Cómo provocar un incendio y por qué, de Jesse Ball.

Oriol:

Resumen del año: No ha leído ningún libro imprescindible. Aun así, he descubierto muchas novelas, antologías y cómics notables. ¡Ah, y mi primer título, El amor edípico contra la lujuria sadomasona, ha sido publicado por Colectivo Juan de Madre Presenta, ilustrado por Rios Über Alles y reseñado con mucho tino por, entre otros, Santi Pérez Isasi y David Calpa! ¡Ah, y a través del compañero Alain Ríos he podido preguntar un par de cosillas al gran Shintaro Kago!

Novelas destacables: Un jardín de placeres terrenales, de Joyce Carol Oates, Valentino, de Natalia Ginzburg, El reloj de sol, de Shirley Jackson, y Job. Historia de un hombre sencillo, de Joseph Roth.
Novelas que parecen escritas específicamente para mí: My husband has taken our roleplaying too far, de Christian Wallis, El regreso, de Walter de la Mare, y El dios de piedra, de Leonard Cline. Quizá incluiría también La declaración de Stella Maberly, de F. Anstey, y Los veinte días de Turín, de Giorgio de Maria.
Clásicos decimonónicos castizos desempolvados: Las cañadas indómitas, de Raimon Casellas, El subterráneo habitado, de Manuel Benito Aguirre, Narraciones inverosímiles. Selección, de Pedro Antonio de Alarcón, y Criadero de curas, de Alejandro Sawa.
Mejor antología de relatos:  Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero. 
Relatos destacados: Varios de T.errores. En el bosque ya estás muerto, de VV.AA., de L'amant del diable, de Elizabeth Bowen, de Parásitos perfectos, de Luis Carlos Barragán Castro, y de Negro tal vez, de Attila Veres. 
Mejores novelas gráficas: Fraction y El palacio infinito de Shintaro Kago. También es bastante buena La voz de las bestias, el ansia de los hombresde Thomas Gilbert.
Mejor libro de no ficción: El camino pagano, de Edgar-Max.
Empacho de: Narrativa (tanto novela como relato).

Juan:

Resumen del año: En general, un año bastante anodino; ni bien ni mal, ni frío ni calor, ni carne ni pescado... Aún así, alguna que otra lectura destacable sí que ha habido:

Polar y novela del año (previsiblemente, aunque aún quedan unos cuantos días para que éste termine): Historias de la noche de Laurent Mauvignier 
Novela de miedito (o no): Una cabeza llena de fantasmas de Paul Tremblay 
Novela/reportaje gráfico: sin duda, El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrasa.
Biografía (más o menos) también bastante gráfica: Las 100 primeras películas de Nicolás Cage de Paco Alcázar y Torïo García.
Ensayo: The King, de autoría variada y, en curso de lectura, Danza macabra, justamente de The King...

Poesía: Llibre de meravelles de Vicent Andrés Estellés (cierto que no he leído ningún otro, pero lo merece igualmente).

Decepción: Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query. Esta es la chafada más gorda, pero también ha sido un poquito decepcionante Lo que más me gusta son los monstruos - Libro Dos de Emil Ferris. Y aún tengo el culo torcío con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda...

NO decepción del año: Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enriquez.

Sorpresa (se entiende que agradable) del año: Los secretos de Heap House de Edward Carey,

Bizarrada del año (y por muchos más, sospecho): El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil.


Carlos:


Resumen del año: esto es una novedad introducida por sorpresa, así que me ha dejado un poco descolocado. Aun así diré que el año ha sido regular, con más decepciones de las habituales, y un nivel medio en el que apenas sobresalen un puñadico de cosas, algunas como estas:


Novela: en castellano Extraña forma de vida, de Enrique Vila-Matas; en otros idiomas, El otro nombre (Septología I), de Jon Fosse

Novela corta: Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño, y Noches blancas, de Fiódor Dostoyevski

Ensayos y similares:

    - Humanidades: Los hombres no son islas, de Nuccio Ordine

    - Música: Aquellos años accidentales, de Laura Piñero

    - Arte: El eco pintado, de Óscar Martínez

Historia: Ocho días de mayo, de Volker Ullrich

Libros de viajes: Campos de Níjar, de Juan Goytisolo

Biografía novelada: Lawrence de Arabia. La corona de arena, de Jose María Álvarez

Relectura: Artificios, de Jorge Luis Borges

Humor: El puente de los perros suicidas, de Abel Amutxategi

Clásico: La guerra carlista, de Ramón del Valle-Inclán (reseña en unas semanas)

Rarezas y descubrimientos: Madame Edwarda, de Georges Bataille, y Nebiros, de Juan Eduardo Cirlot


Koldo:

Resumen del año: Lo de siempre, pero un año más viejo

Tres libros de relatos:  Ahí fuera de Kate Folk, Alcaravea de Irene Reyes-Noguerol y Cuentos completos de Juan Carlos Onetti. 
Tres novelas: Eloy de Carlos Droguett, Despertar a los muertos de Scott Spencer y El origen. Una indicación de Thomas Bernhard. 
Dos libros híbridos: Yo navegué con Magallanes  de Stuart Dybek y Grimmish de Michael Winkler.
Dos libros de memorias (también un poco híbridos): Cada uno por su lado y Dios contra todos de Werner Herzog y Vida de un pollo blanquecino de piel fina de Andrés Pérez Perruca.
Un ensayo: Terror y utopía: Moscu en 1937 de Karl Schlogel.

Marc:

Resumen del año: año flojo en lecturas (en cantidad, pero también en calidad). Pocos libros destacables en un año en el que se salva básicamente por libros de autores ya conocidos y por el descubrimiento de la obra de Fosse.

Libro del año: «La próxima vez el fuego», de James Baldwin
Ensayo del año: «El temps de la promesa», de Marina Garcés
Autores de literatura infantil del año: Romain Pujol & Vincent Caut con la serie «Avni»
Consagraciones del año, nuevamente: Pol Guasch, Annie Ernaux
Descubrimientos del año (autores): Jon Fosse 
Propósitos para el 2025: más poesía y más clásicos
 
Francesc: 
 
Resumen del año: incluso estando satisfecho de haber sido capaz de sostener un cierto ritmo lector, lo hubiera estado más si el año hubiera contado con alguna experiencia reveladora sobre todo en clave ficción, aunque quizás en estos tiempos extraños y convulsos confiar en que se produzcan carreras literarias de largo recorrido resulte un poco ingenuo. 
 
Aún así:
 
Libro del año: Ex-aequo: Los jugadores de Whist de Vicenç Pagès Jordà (aún no reseñado) y El dia de la Independència de Tuli Márquez, lecturas, ambas, generacionales, cercanas y crepusculares y reivindicaciones de que los autores en catalán deberían contar con una industria valiente que los traduzca. Ya de paso, todo lo de Monzó y lo de Pàmies.
Retrasos del año: Mary Gaitskill, autora que me ha interesado con cierto efecto retroactivo y a la que aún me resulta difícil ubicar, por la manía de la industria editorial USA de etiquetarlo todo
Ensayos del año: lo digo en el resumen, me gustaría engancharme a algún autor de ficción, pero el ensayo (y las novelas cortas, je je) ha sido un recurso muy útil para marcarme ciertas pautas lectoras, así que desgloso dos categorías: 
  •     Ensayo atemporal: Aldous Huxley y Barbara Cassin (aún no reseñado)
  •     Ensayo del momentoEva Illouz Mark Coeckelbergh, más que nada para que se lean antes de que sus premisas caduquen (o estallen por los aires) y los veamos más antiguos que el periódico de ayer (¿qué es un periódico?)
Propósitos del año: hacer algún mínimo caso a las novedades de ficción, a ver si así descubro algún escritor notable antes de que se me muera. Leer ensayos sin que sepa de antemano que comulgo con sus planteamientos (se resolvería de cuajo leyendo a Jiménez Losantos). No pasar de largo en las secciones de poesía (al menos mirar las portadas, me refiero). Leer más crónica. Releer más de todo.
 
 
Santi:
Resumen del año: Revisando mis (escasas) reseñas de 2024, veo que el año empezó bien, con una buena cosecha de libros comprados/regalados en Navidad, pero luego vino una larga sequía de lecturas, en la que predominaron las relecturas y los clásicos. Entre lo que he leído más reciente predomina claramente lo fantástico y el terror, y la literatura española y en español. Va mi lista:

  • Libro del año: De entre los recientes, Visceral, de María Fernanda Ampuero, que me sorprendió muchísimo; de entre los menos recientes, Los santos inocentes de Delibes, que no puedo creer que todavía no estuviera publicado en el blog.
  • Mejores novelas: Un amor de Sara Mesa (con permiso de Juan G.B.) entre las recientes y Tristana de Galdós entre los clásicos. Mención especial para dos novelas hispanoamericanas impresionantes: Huasipungo de Jorge Icaza y Balún Canán de Rosario Castellanos.
  • Mejores novelas cortas: Un detalle menor de Adania Shibli y Mireia de Purificació Mascarell.
  • Mejores libros de cuentos: Conejo maldito de Bora Chung y El peor escenario posible de Alejandro Morellón.
  • Mejor ensayo / autobiografía / autoficción / whatever: Yeguas exhaustas de Bibiana Collado Cabrera
  • Libros sobre paternidad (que aún no he reseñado): "pulgar hacia arriba" para Literatura infantil de Alejandro Zambra; "pulgar hacia abajo" para Irene y el aire de Alberto Olmos
  • Lectura más loca e inclasificable del año: El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil Hervás.
  • Decepciones (sin ser libros horribles ninguno de los dos): Soy fan de Sheena Patel y Otaberra de Elisa Victoria.

Propósitos del año: Leer más, mejor, más variado y más reciente (aunque este propósito lo hago todos los años y ya se ven los resultados...).


********************************************************************

¿Qué hay de vosotros, queridos lectores de ULAD? Estamos deseosos de que compartais vuestras listas con nosotros en los comentarios.

martes, 6 de febrero de 2024

Pol Guasch: Ofert a les mans, el paradís crema

Idioma original: catalán
Título original: Ofert a les mans, el paradís crema
Traducción: fecha de la traducción al castellano: junio 2024
Año de publicación: 2024
Valoración: muy recomendable

Le tenía muchas ganas a este libro de Pol Guasch. Tenía curiosidad por saber dónde nos llevaría esta vez, a que paisaje mental nos dirigiría, qué territorios físicos y especialmente emocionales abriría delante de nosotros donde adentrarnos y encontrarnos, pues su estilo y profundidad me sorprendió y entusiasmó, no únicamente en su poesía sino también en su anterior novela «Napalm en el corazón».

Fiel a su estilo reflexivo, el libro empieza con una aseveración, que sobrevuela a modo de suspiro: «Todas las vidas empiezan antes de nacer», y con ello nos relata como ahora, veinticuatro años después de nacer, puede afirmar sin rubor que «estoy convencido que mi minúsculo cuerpo, recogido en un lado oscuro del vientre de mi madre, era incapaz de despertar ningún sentimiento» confesándonos a la vez que «de eso trata, también, mi historia: del tiempo». Un tiempo que se traduce en recuerdos del pasado, en el transcurso de la vida en uno mismo, pero también en una amistad, en una relación amorosa, en una familia. Un tiempo corto pero intenso, marcado por un dolor y una gran pena con la que el autor va impregnando la lectura, poco a poco, dejando que nos cale por dentro.

Como un gran canto a la amistad y al amor en todas sus dimensiones, el relato parte de la relación entre dos amigos, Líton y Rita, él residiendo en un pueblo después de haber vivido en la ciudad, ella en la Colonia, «un puñado de casas en la cima de la montaña» donde «vivían los mineros con sus familias. Había gente mayor, había gente cansada». Rita, la hija del nuevo minero; Líton, el recién llegado. Una amistad entre dos jóvenes «cansados de ellos mismos, de los pensamientos que cada uno carga», una relación entre dos personas que comparten soledad y pesares, que encajan en un mundo que parece expulsarles, y que se entienden, que hablarían horas juntos, que «hablarían de cómo hace falta imaginar un poco para poder vivir y de cómo las historias, de tanto repetirlas, se vuelven verdad». Una amistad que se nutre de conversaciones sobre la vida, sobre las clases sociales, sobre el amor del que afirma que «del amor se pueden decir pocas cosas, cuando estás dentro, porque todo se nubla con la binza de la emoción, y pocas cosas, cuando sales, porque todo se nubla con la binza de la tristeza». Y, en esos encuentros, ambos constatan el porqué de su amistad, porque se sienten cómodos en la compañía del otro, porque, aunque diferentes, se asemejan en su manera de entenderse a uno mismo, en las conversaciones, pero también en los silencios, porque «es como si los dos hubieran aprendido la misma lección: que el silencio no trata de la ausencia de ruido, sino de encontrar un rincón exacto donde descansar el alma y el cuerpo».

A nivel estilístico, Pol Guasch alterna la narración en primera y en tercera persona, y teje un relato coherente pero desordenado porque «la gente no sabe que las historias, si se ordenan, no son historias, son mentiras». Así, el estilo y tono del narrador va cambiando a cada capítulo, ofreciéndole al lector un mosaico de voces diferentes que el autor saber aprovechar explorando y jugando con el lenguaje, que se refina o se torna más tosco según el capítulo, ofreciendo así una mirada de amplio espectro completando un relato que, si bien es narrado por pocas voces, sí resulta coral. Es en este aspecto en el que parece acercarse momentáneamente al estilo de Irene Solà, en la variedad y pluralidad cromática de la narración (especialmente marcado en el capítulo «velas y vientos»).

Argumentalmente, el libro desborda nostalgia y tristeza, una nostalgia por la Colonia y su paisaje, antes bonito y preciso, antes de que los incendios e inundaciones borraran su belleza porque «el fuego, como una pala inmensa, iguala el paisaje». Nostalgia por parte de la gente mayor hacia la juventud, por su alegría, su desparpajo y su despreocupación. Nostalgia también de la amistad en sus inicios, en aquellos momentos en que «todavía no sabían qué sentían uno por el otro, sino de lo que lo sentían por nadie que no fuera ellos». Pero especialmente nostalgia en Líton pensando en René, con quien tuvo una relación en el Servicio que terminó cuando este se acabó. René, el chico del servicio que conoció de manera imprevista y que le sacudió y le enamoró al instante. Alguien por quien los sentimientos vendrían después de su fugaz descubrimiento, de él y de su cuerpo, en un amor que crece en el silencio de un entorno hostil para ellos, en la clandestinidad de una caserna militar. Pero sueñan, y se sienten libres, pudiendo «fingir que podían construir un nuevo relato», manteniendo su relación oculta a los demás, por su condición, por su entorno, y porque «las palabras de amor solo son grandes y poderosas cuando los enamorados se las dicen entre ellos: el amor de desmigaja cuando los otros empiezan a escucharlo». Y también trata, de manera tangencial, sobre la enfermedad y la muerte, una muerte que crece silenciosa por dentro, porque «no puedes evitar preguntarte quien de vosotros lo llevará dentro sin saberlo, quien de vosotros se quedará pronto sin un amigo, sin un hermano, sin un amante. No puedes evitar preguntarte si la muerte también baila aquí, esta noche».  Y habla de cómo sobrevivir a una pérdida, física, emocional. Vencer el recuerdo mientras luchas contra el olvido. 

En resumidas cuentas, esta novela de Pol Guasch es de inicio incierto, tal vez como la vida y también la muerte. Porque, con la amistad, esos son los pilares sobre los cuales emerge y se alza esta gran novela, no de manera planificada, sino de manera orgánica, natural, a fragmentos que encajan en la mente del lector que compone en su cabeza, pero especialmente en su corazón, el mundo que rodea a Líton y Rita, tan unidos en su soledad, tan frágiles ante el mundo, pero tan fuertes en sus vidas. Es la historia de una amistad llena de silencios y compañías, de buscar en el otro y encontrar en uno mismo la cercanía de sentirse escuchado y entendido en un mundo que se aleja, quizás siendo arrastrado por un temporal o un incendio, dejando a su paso dos almas desencajadas, pero completamente síncronas. Y, tras las páginas que avanzan lentas al principio, pero vuelan una vez entra René en la historia, el autor nos deja una novela llena de tristeza, pero también de una profunda sensación de que la vida es efímera y solo es vida si conseguimos compartirla con quienes tiendan esa red sobre la cual caer cuando el agujero de la tristeza y la soledad se abran de tal manera que solo extendiendo la mano hacia nuestras personas cercanas evitemos así la caída hacia el abismo. Porque «una amiga, o un amigo, da igual, debe ser la red que hay sobre la cuerda floja que es estar vivo».

En el tramo final del libro, Rita afirma que «había sabido ver en la sonrisa de Líton el lugar donde ella quería llegar». Es indudable que Pol Guasch también consigue, gracias a sus obras, que el autor consiga llegar donde quiere, a emocionarse y comprenderse, a cuestionarse y a alcanzar esos recuerdos de lo que fue y de lo que no será, porque «en ocasiones el amor será un accidente y, en ocasiones, una voluntad» que aparece a menudo de manera imprevista y hay que abrazarlo cuando lo hace, ya sea en forma de amistad o de una relación amorosa, sin dejar de recordar que «amarse se parece más a mirar juntos una tercera cosa que no a mirarse entre dos».

También de Pol Guasch en ULAD: Napalm al corLa part del focReliquia

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.