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jueves, 11 de septiembre de 2014

Alejandro Zambra: Formas de volver a casa

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: muy recomendable

Inevitable mencionar a Roberto Bolaño al afrontar la lectura de un autor chileno. Aún más ante la obvia existencia de lugares comunes: porque aunque les separen décadas y sus argumentos no tengan nada que ver, siempre recuerdo la extraordinaria Estrella distante cuando leo historias que guardan relación con el oscuro período que se inicia en Chile a raíz del asalto al Palacio de la Moneda, hoy, justamente, hace 41 años.
Las dictaduras en los países latinoamericanos han dado mucho juego literario. Triste, pero muchas grandes obras surgen de panoramas tan sórdidos, y, por lo que veo, el tema resultará recurrente. Lo cual me parece magnífico. Por mucho sentido de la moderacíón que se quiera imponer, todos los procesos de transición, no solo los de Argentina o Chile, se han basado sobre todo en que una gran cantidad de criminales de la peor calaña se salgan de rositas, mueran en cómodos lechos, y no respondan por sus fechorías. Cuando no se eternicen en el poder, lo traspasen a sus nominados, y aseguren su futuro en medio de riqueza y privilegios.
Este es uno de los planteamientos de Zambra para Formas de volver a casa: frente a las dictaduras no valen las posiciones intermedias, las consabidas cantinelas sobre países que necesitan orden, males menores, mano dura y bla bla bla. En el Chile de los 80, cuando más que atenuarse los efectos del golpe lo que pasaba era simplemente es que apenas quedaban disidentes que no estuvieran exiliados o aniquilados, o se estaba en contra o se estaba a favor. 
Y la historia de nuestro protagonista, niño de 9 años, y su amiga Claudia, es justo una representación de ese antagonismo: los perseguidos que sufren frente a los neutrales que, aceptando la situación de los perseguidos como anómala, no se atreven a ayudar a sus semejantes. O llegan hasta la posición cercana al poder de comprender la persecución, de criminalizar el débil. La amistad de dos niños esconde misterios sobre las personas que los rodean. Una historia fascinante por lo posible y por lo real, aderezada con la dosis exacta metaliteraria. El autor que se refleja y se incluye en la historia, que duda y que especula sobre el mejor modo de contarla. Con cada detalle que sugiere y retrata y con cada palabra en su justo lugar. Comparar a Zambra con Bolaño sería un crimen, y hablar de relevo generacional, una pretensión colada con calzador. Simplemente hay que dejar las cosas en su sitio. Alejandro Zambra es un magnífico escritor, esta es una historia perfecta, y los escritores que son capaces de alcanzar tanto con tan poco empiezan a ser bastante escasos. Cada uno que elija.

También de Alejandro Zambra en UnLibroAlDía: Formas de volver a casaLa vida privada de los árboles, Mis documentos

lunes, 17 de marzo de 2025

Padres de libro: Literatura infantil de Alejandro Zambra

Coincidiendo con el Día del Padre (19 de marzo), en ULAD hemos pensado dedicar una serie de entradas a libros que tratan, de una manera o de otra, el tema de la paternidad: exaltándola o problematizándola, mostrando sus múltiples alegrías, y también sus miserias y dificultades. Libros de épocas y literaturas muy diversas, que reflexionan sobre el modo como los hijos se relacionan con sus padres, y los padres con sus hijos. Esperamos que resulte interesante y que, en conjunto, la serie permita abrir reflexiones sobre lo que significa (lo que puede o debe significar) ser padre hoy en día.
 
 
Idioma original: español
Año de publicación: 2023
Valoración: Muy recomendable (aunque no responda exactamente a lo que esperaba de ella)
 
Leyendo Poeta chileno, ya se detecta una sensibilidad muy especial (teñida, eso sí, por la alargada sombra de Bolaño) de Alejandro Zambra para describir las relaciones familiares, paternofiliales y también el mundo de la infancia, su forma de ver el mundo, su particular lenguaje y su universo imaginativo. Literatura infantil recupera muchos de estos temas, y muy particularmente la idea de relación entre padres e hijos (el masculino aquí no es genérico, si es que lo es realmente alguna vez), adoptando en este caso un formato genérico próximo a la autobiografía (o autoficción). 

El libro se divide en dos partes, y hay entre ambas una relación especular: la primera (que sí corresponde a lo que esperaba de este libro) se centra fundamentalmente en la relación de Alejandro Zambra con su hijo y, en general, con su recién adquirida paternidad (el antes, el durante y el después); y la segunda parte, en cambio, orbita más en torno a la relación del escritor con su padre, por lo que, estando igualmente bien escrita, me ha interesado algo menos. No cabe duda de que esta correspondencia entre ambas partes responde a una de la ideas centrales del libro: que la relación con un hijo hace que te replantees la relación con tu propio padre, y reconsiderar tu propia infancia. O, en palabras del propio texto, "Cuando tienes un hijo, vuelves a ser hijo".
 
Como digo, la primera parte, compuesta por ocho capítulos independientes, es la que más me ha satisfecho, por responder a mis expectativas y porque, como también dice el propio texto, viene a llenar un cierto silencio literario que poco a poco se va llenando de voces: el que explica, analiza y representa la relación de los padres con sus hijos. Además, en esta primera parte (sobre todo en el primer texto, que se titula, como el libro, "Literatura infantil" y que es una especie de diario intermitente del primer año de vida de su hijo) he encontrado la mezcla exacta y precisa de ternura, sensibilidad y humor que me parece necesaria para narrar la experiencia de la paternidad. Digamos que si hubiera una escala entre la excesiva sublimación emocional de Umbilical y la aridez machuna de Irene y el aire de Alberto Olmos (que también reseñaré esta semana), Literatura infantil se situaría exactamente en un el punto adecuado (que no es necesariamente el medio) para tratar este tema. (Añado, entre paréntesis, que también Hijos del fútbol de Gálder Reguera, que perfectamente podría haber entrado en esta serie si no estuviese ya reseñado, también se encuentra muy cerca de ese punto dulce).
 
El autor es consciente de esta elección estética, obviamente, y también de que va en contra de una cierta idea de masculinidad y de "buen gusto", y lo plasma en el propio texto:
Durante siglos la literatura ha evitado el sentimentalismo como a una peste. Tengo la impresión de que hasta el día de hoy muchos escritores preferirían ser ignorados antes que correr el riesgo de ser considerados cursis o sensibleros. Y es verdad que, a la hora de escribir sobre nuestros hijos, la felicidad y la ternura desafían nuestra antigua y masculina idea de lo comunicable. ¿Qué hacer, entonces, con la satisfacción gozosa y necesariamente bobalicona de ver a un hijo ponerse de pie o comenzar a hablar?
Otros textos de esta primera parte tratan otros aspectos de la experiencia de la paternidad: la elección del nombre, la lectura de cuentos antes de dormir y, justo al final de esta sección, el confinamiento por causa del covid. Ninguno está a la altura, pienso, del primero, el diario de un padre primerizo, pero todos son buenos, cada uno a su manera.
 
Después, en la segunda sección, el foco del libro va girando hacia el otro ángulo del tema de la paternidad: la relación que el escritor tiene con su propio padre, sobre todo a partir del capítulo titulado "Rascacielos". (Antes viene un cuento protagonizado por niños, "Garabatos", que sin ser malo no me parece que acabe de encajar en el conjunto). También en esta segunda parte hay capítulos notables, siempre en ese registro autobiográfico/autoficcional, contados con sensibilidad y humor, como "Cogoteros de ojos azules" o "Lecciones tardías de pesca con mosca", pero personalmente no he disfrutado tanto de esta segunda parte del libro, porque lo que esperaba, lo que venía buscando, ya lo había encontrado en la primera.
 
En todo caso, este libro es uno de los mejores representantes que se me ocurren para esta semana de reseñas dedicada a la paternidad...

Otras reseñas de Alejandro Zambra en ULAD, aquí.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Alejandro Zambra. Mis documentos

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Ya sabréis los habituales de UnLibroAlDía que nuestro implacable e innombrable coordinador (no nos atrevemos a decir su nombre, solemos mencionarle como Guardián del Averno y cosas parecidas) nos impone añadir una serie de etiquetitas que identifiquen la reseña y permitan a los buscadores acceder a ella.
Una es el siglo al que pertenece el libro que hemos leído.
Pues bien: hasta dos veces tendría que haber puesto siglo XXI al hablar de este libro. Ya sé que me diréis que los clásicos son muy clásicos y muy necesarios y que qué mejor testimonio que nos sitúe en una época que el literario, a falta de otras cosas. Pero soy un incondicional de la literatura de hoy,  de esa literatura que permite a sus autores hablarnos de tú a tú de las cosas que, casi, les han pasado al mismo tiempo que a nosotros.
Y Alejandro Zambra, chileno nacido en 1975, menciona un 1997 oyendo OK Computer, excelso disco de Radiohead, y menciona un 2012 con Alexis, futbolista chileno del Barça (igual cuando leáis estas líneas ya lo han traspasado, por eso) y un partido de fútbol en el que marcan Villa, Messi y Xavi. ¿Una trampa? No: más bien esa posibilidad de acercamiento e inmediatez que hace que uno se sienta más partícipe. Pero ese mismo recurso podría usarlo cualquiera para meterse al lector en el bolsillo. Claro. Pero habría de escribir como Zambra. Cosa, me temo, inasequible a bastante gente.
Mis documentos es un compendio de diez relatos de apariencia autobiográfica a la par que unitaria. Es una especie de toma de instantáneas de momentos vitales de cierta relevancia (Zambra aún no ha cumplido los 40) que funciona a las mil maravillas gracias a que Zambra, que ya me gustó mucho en Formas de volver a casa dispone de ese rabioso estilo contemporáneo que conjuga aquello que a muchos nos gusta. Porque también en la literatura las cosas han cambiado, y hay que dirigirse al lector, ser literario pero se preciso, ser asequible, ser interesante y, plus no tan fácil de conseguir, que todas estas condiciones no parezcan planificadas.
Mis documentos es como se llama esa carpetita que todos tenemos en el PC. Lo cual revela dos cuestiones: una especie de aire íntimo, y una tonalidad ligeramente de borrador. Las dos, en beneficio del conjunto: Zambra habita lugares comunes a cierta literatura chilena, la que es más crítica con esa transición tutelada por el pinochetismo. Las menciones al criminal dictador menudean y esa sensación del desamparo del exiliado también teje una veladura sobre alguno de los relatos. Zambra muestra sus cartas, escribe con sinceridad y oficio, hace interesantes hasta anécdotas banales, y consigue dejar una impronta duradera. Posiblemente pueda liderar una generación. Apetece corroborarlo viéndole afrontar un cambio de registro.

viernes, 13 de octubre de 2023

Alejandro Zambra: Poeta chileno

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable 

Hacía tiempo que no leía a Zambra y, entre el marasmo de recuerdos propio de cierto tipo de lector caótico/compulsivo, me costaba recordar (aunque sí recordaba que sus libros los publicaba Anagrama, va a resultar que tengo memoria visual) si lo que había leído era novela corta o colección de relatos. Sé que eran tomos no muy voluminosos, pero no pasaba de ahí. En todo caso, cuando un autor así publica una novela de más cuatrocientas páginas, parece que se decida a presentarse a otro nivel. Ya no digamos con un título así, que, llámadme obseso, desprende bolañismo por doquier. Cuestión zanjada con elegancia, por supuesto que Bolaño es mencionado en algún punto, concretamente su novela Nocturno de Chile (incomprensiblemente no reseñada en este blog). No es que Zambra necesitara una puesta de largo, pero parece ser que esa percepción es común, y esta novela cuenta en su lanzamiento con una acogida crítica unánime y un ensalzamiento merecido al que voy a unirme.

Primero: el estilo de Zambra. Dinámico, contemporáneo, poco proclive a los devaneos líricos pero curiosamente poético en su profundidad esquemática. Las palabras precisas, incluso cuando se elucubra. Una escrupulosa elección de los términos, de las progresiones. Un elemento clave para que la novela sea a la vez ligera en su recorrido y densa en su percepción. Aunque sea una novela con enormes saltos temporales (que excita al lector, que puede preguntarse en todo momento qué ha pasado en esos intersticios), la linealidad temporal no se arrastra hacia evocaciones nostálgicas, hacia páramos donde (cuando la poesía es la protagonista constante entre bambalinas) uno pudiera simplemente sentarse a rememorar y perderse en ese recuerdo, pero de eso no se trata aquí.

Segundo: la trama. Lejos de trucos o pirotecnia, todo es normal y asequible. Gonzalo, joven adolescente, inicia relación de iniciación con Carla, compañera de conciertos, de estancias en habitaciones oyendo discos. Chile, entendemos, en los momentos tardíos de la dictadura de Pinochet, y es ahora que hace unos días que acabé el libro pienso si esas parejas ausentes no son trágicos esbozos que evocan fantasmas de distintas gradaciones (exilio, encarcelamiento, desaparición). Gonzalo vive con su madre y quiere ser poeta, está decidiendo qué va a estudiar, Carla aparece en su vida y en esa primera parte (glorioso título, Obra temprana), Gonzalo define su existencia y su terrible vocación. Pasados unos años, el reencuentro. Carla tiene un hijo de una relación, León se llama el padre y Vicente el hijo, niño al que Gonzalo, obsesionado con la fealdad de palabras como padrastro o poetrasto, acoge con dignidad, con entusiasmo, con una actitud que le eleva como persona. Pero es poeta, y eso significa precariedad, escasez de recursos. Mucho más tarde, Vicente resurge. Es un poeta de falsa segunda generación que se reencuentra con Gonzalo y que ya es un joven que tiene una aventura algo desestructurada con Pru, una periodista norteamericana que ha aparecido casi por azar para hacer un artículo, sobre nueva poesía chilena, para una revista. Prodigioso pretexto para entregar (a través de una serie de entrevistas) una divertida serie de personajes. 

Suficiente para que Zambra esboce una semblanza que aglutina país, profesión, generación, una especie de perspectiva universal de ejecución sublime donde nada sobra y todo se disfruta y se degusta.


También de Alenandro Zambra en ULAD: Aquí

miércoles, 12 de agosto de 2015

Alejandro Zambra: La vida privada de los árboles

Idioma original: español
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable

Lo pone en la solapa de este libro: la búsqueda de la perfección es uno de los requisitos de la novela breve. Lo cual incurre en cierta contradicción con alguna que otra de esas máximas que algunos solemos recordar. Que habla sobre las grandes obras (por su extensión) imperfectas e irregulares, pero atrevidas. No se trata de que haya que decidirse en definitivo por una o por otra. Pero sí que acumulamos ciertas preconcepciones, y una quizás fuera que un libro corto espera, en su modestia, optar a ser leído más de una vez, espera a albergar en sus páginas alguna melodía que podamos retener y, por tanto se erige en una especie de subgénero, que sería algo así como las novelas que no lo dicen todo a la primera.
Lo que ocurre es que no todos disponemos de todo el tiempo que querríamos para releer. Escritores del mundo, estáis advertidos. Bastante hay con leeros una vez. O no sabéis como está el mundo. Entendemos el empeño, y la exigencia, y seguramente reconozcamos cierto mérito, pero ya es incluso atrevido el aspirar a ser leído una sola vez.
Imagino, entonces, que el disfrute de leer La vida privada de los árboles se acrecentaría. Pero de momento voy a quedarme sin saberlo. Esta novela habla de la espera de Julián, residente en Santiago de Chile (situado por ciertas referencias culturales en un momento actual al de la escritura, año 2006), que convive con Verónica, mujer a la que espera, y con Daniela, hija de ella y de otro hombre, de nombre Fernando. No hay desaparición a manos golpistas, interpreto. La duda que cruza la mente de Julián sobre la ausencia de su amada es pragmática. Tarda en venir pero alguna explicación prosaica debe haber. En su espera, Julián explica cuentos a su hija, recuerda las circunstancias en que se encontraron, ambos procedentes de relaciones anteriores finiquitadas con suertes diversas, habla de profesiones y vocaciones, de existencias pasadas y existencias futuras, con distintos niveles de especulación. Y la duda crece en su cabeza, duda que no estalla ni se enquista ni lleva a la locura. Estamos en un mundo civilizado, hombre.
Zambra hace una divertida mención a Auster: se le tilda de Borges pasado por agua. Pero quizás ese sea una cruel broma aplicable a La vida privada de los árboles. Una historia que amaga con escorarse (pero las fechas no cuadran) hacia lo político, pero que también juguetea con lo simbólico (un nuevo mundo de clase media donde las familias se componen y se recomponen a merced de los caprichos de la intensa vida de una juventud alargada a costa de la madurez). Y aunque el estilo es impecable, casi exquisito, y su asequibilidad como texto es incuestionable, debo reconocer que esperaba algo más parecido a la intensidad de un estallido.

También de Alejandro Zambra en UnLibroAlDía: Formas de volver a casaFormas de volver a casaMis documentos

sábado, 13 de septiembre de 2025

Madres de libro (bonus round): Linea nigra de Jazmina Barrera

Idioma original: 
español
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy recomendable
 
Cuando ya habíamos cerrado y programado la serie de libros para la semana sobre la maternidad, recuperé de entre mis eBooks atrasados esta obra de la autora mexicana Jazmina Barrera. Y en cierto modo es bastante adecuado que este libro aparezca como bonus round porque es, en sí mismo, una especie de sumatorio de obras sobre la maternidad, sobre el embarazo, el parto o la lactancia, entre otros temas. Es un libro que para desarrollarse reconstruye una genealogía (del Libro de la almohada a Pequeñas labores, pasando por Ursula K. LeGuin, Adrienne Rich, deRachel Cusk, o incluso el Frankenstein de Mary Shelley), y reivindica la propia necesidad de seguir ampliando esta genealogía, ocupando ese espacio negado a las mujeres, a las madres, en el propio concepto de literatura: 
Sé de otras escritoras que también están escribiendo sobre embarazo y parto y lactancia. Más libros fragmentarios, que citan al 'Libro de la almohada'. Me encanta esta moda, y quiero que sea mucho más que una moda. Que seamos más. Muchas. Creo que nunca vamos a ser suficientes. Pienso en los diarios, las listas, las cartas, los herbarios, los libros de texto: todas esas formas de escritura a veces son, o pueden ser, literatura. Lo mismo pasa con los diarios de embarazo, con los diarios de bebés. Quiero que sobren los libros, que los haya buenos y malos. Quiero un canon, una tradición. Y también una ruptura, libros en contra del canon. Nuevos géneros literarios. 
De hecho, este libro es, orgullosamente, un "Diario de la maternidad", que comienza con la noticia del embarazo, y dura (o al menos ese era el plan, como reconoce la escritora) con el destete de su hijo Silvestre. Así, el hilo principal del texto lo componen anotaciones muy concretas, y generalmente muy breves, sobre el embarazo, las náuseas, los movimientos del feto en la barriga; el parto con todo su terror y toda su gloria; y sobre los primeros meses de vida del bebé, y su relación fisiológica y emocional con su madre. En estas anotaciones, lo factual convive con lo reflexivo; la narración de anécdotas con la introspección o el comentario de lecturas de otras autoras, que ocupan sobre todo mucho más espacio en la segunda mitad. (De hecho, la obra incluye una lista final de "LIBROS QUE LEÍ MIENTRAS AMAMANTABA", en que figuran varios libros sobre la maternidad, aunque también sobre muchos otros temas).
 
Con todo, este plan, hasta cierto punto espontáneo (y que no corresponde, por cierto, con el libro que la autora debería estar escribiendo, y para el que había recibido una beca) se ve atravesado por otras líneas relevantes, algunas de ellas imposibles de prever, como el terremoto que sacudió México el 19 de septiembre de 2017, o el cáncer de ovarios detectado a la madre de la escritora. De hecho, la madre de la escritora, pintora de profesión, le sirve a la autora como puente para introducir en el texto numerosas referencias a la pintura o la fotografía, como Frida Kahlo o la narradora y traductora indígena Luz Jiménez, que aparece en varias fotografías de Tina Modotti (en algunas de ellas, dando de mamar) y que también fue modelo para Diego Rivera, entre otros pintores. 
 
El texto (y me imagino que los lectores atentos habrán notado que evito llamarlo "novela" para no traicionar la deliberada ambigüedad genérica de la obra) está compuesto, como mencionaba antes, por fragmentos relativamente breves e independientes; apuntes rápidos, como anotaciones de un diario, que crean una imagen poliédrica de la maternidad, con toda su complejidad y sus contradicciones. Esta es una decisión estética, pero también, como explica la autora, un efecto del propio tema y del contexto de la escritura, entre tomas del pecho, pañales cambiados y siestas mal dormidas:
Susan Griffin también escribe sobre las interrupciones de la maternidad y los fragmentos que produce. Dice que tenemos sólo iluminaciones breves entre las interrupciones que hay que registrar. Luego ponerlas una junto a otra, con la esperanza de que algún día, más tarde, podamos darles sentido.
Creo que, de los libros que he leído sobre la m/paternidad, este es uno de los que mejor toca todas las teclas que más me atraen en el tratamiento de este tema: es inteligente y sensible, no idealiza la experiencia pero tampoco es un relato tremendista, deja espacio al humor y a la ironía, es autoanalítico y autocrítico pero al mismo tiempo da cabida a muchas otras voces y experiencias, por lo que no se vuelve solipsista... Creo que es sin duda un libro que relagaría sin pensarlo a una amiga que estuviese embarazada, o pensando en quedarse embarazada, entre otras cosas porque, como decía antes, permite también seguir el hilo que te lleva a otras lecturas posteriores.
 
Como curiosa nota final, este libro lo disfrutarán todavía un poquito más los lectores que hayan leído también Literatura infantil de Alejandro Zambra: Jazmina Barrera y Alejandro Zambra son pareja, y ambos son los padres de Silvestre, por lo que ambos libros funcionan  como un espejo feminino/masculino sobre una misma experiencia. De hecho, "Alejandro" figura profusamente en la obra de Barrera, y alguna anécdota en concreto (como la sobredosis de hongos alucinógenos del escritor intentando superar una migraña) aparecen narrados en los dos libros desde perspectivas diferentes.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Alejandro Zambra: No leer. Crónicas y ensayos sobre literatura


Idioma original: español
Año de publicación: 2010
Valoración: Está bien


Ante el hecho literario muchos siguen dando prioridad al argumento cuando, en realidad, es irrelevante, un material o conjunto de materiales al alcance de cualquiera. Las virtudes de un texto radican en su elaboración, en la peculiar forma que adquiere una vez ha pasado por el tamiz del artista. Un autor a quien se encargó una biografía de Shakespeare concluyó que el dramaturgo había escrito la mejor biografía posible consistente en el conjunto de su obra. Este párrafo del artículo Cómo estar callado en alemán me parece una descripción de la literatura tan expresiva como exacta.

El volumen recoge cuarenta y siete artículos –la mayoría muy breves– agrupados en tres secciones, que fueron publicados con anterioridad en diversos medios chilenos y españoles. El gran acierto editorial: prescindir de la cronología al ordenarlos dando prioridad a la temática. El título, No leer, se ha tomado de la improbable crítica a un ensayo de Pierre Bayard, Cómo hablar de los libros que no se han leído, reseñado en este blog hace tiempo. Digo “improbable” pues Zambra confiesa que no puede opinar sobre él porque nunca ha llegado a leerlo. Se observa un afán por asombrar, incluso por escandalizar, a sus lectores, jactándose a menudo de que jamás leerá a tal autor o tal obra, sabiendo como sabe a priori si le va a gustar o no. A mí, la verdad, tanta arrogancia me supera, y lo digo porque yo sí he leído No leer.

Tampoco ayuda que gran parte de los autores mencionados en la primera parte me resulten muy lejanos. No han llegado aquí o no han llegado a mí en cualquier caso. Pero aunque los hubiera leído no podría cotejar nuestras respectivas opiniones por la sencilla razón de que el autor no ofrece las suyas, la mayor parte de las veces se pierde en divagaciones sin llegar a ninguna conclusión. Aunque de vez en cuando da de lleno en la diana, como cuando afirma: “muchos poetas olvidan que escribir un verso es bastante más complejo que sumar palabras a la lista de compras”. O cuando, en Un libro vacío, se refiere a esos escritores que no tienen nada que decir (aunque crean anticipar los gustos del público o se sientan representantes de una generación) pero se molestan por las críticas negativas o la ausencia de ventas.

Finalmente, he tenido que reconciliarme con Zambra. Porque, ya en la segunda mitad y hablando de Coetzee, observa que este se convierte en escritor cuando olvida su intento de cosmopolitismo y comprende que tiene que hablar de Sudáfrica. Porque asegura que a Onetti hace falta leerlo con calma y así convertirse en su cómplice. Porque, en su análisis de El oficio de vivir de Pavese, prescinde de la parte autobiográfica y se interesa por el examen que hace el autor de su obra. Porque a Natalia Ginzburg la considera un “testigo de su tiempo” y “una escritora deslumbrante”. Porque considera a Bolaño el producto resultante de un Borges y un Kafka. Porque capta a la perfección esa actitud de espera y de radical soledad con la que Dino Buzzati nos representa a todos. Porque se interna en las penumbras de Tanizaki aunque lamente que lo que llega hasta nosotros se haya vertido del inglés.


Del mismo autor: La vida privada de los árboles, Formas de volver a casa, Mis documentos

miércoles, 16 de febrero de 2022

Lo mejor de 2021: Lo que opinan nuestros lectores

Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.

En riguroso orden de llegada.

Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.

Salud y cultura, amigos.

Anónimo

Ficción

Libros que merecen mejor valoración en el blog

Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino

Tres tristes tigres de Cabrera infante


Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan

La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses


Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique


Nada que decir, apuestas seguras

Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo

Ficciones de Borges

Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas


Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón

Bajo el volcán de Lowry

La insoportable levedad del ser de Kundera


No ficción

Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

Sociología y pragmatismo de Wright Mills

La distinción de Bourdieu

La selva de los símbolos de Turner


Relectura necesaria

La imaginación sociológica de Wright Mills

Outsiders de Howard Becker

La zona gris de Auyero


Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas

Los trucos del oficio de Becker

Describir el escribir de Cassany

Decir casi lo mismo de Eco


Clásicos que faltaban

La rebelión de las masas de Ortega y Gasset

Técnica y civilización de Mumford


Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer

Adiós al socialismo de Del Búfalo

La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja

El Estado mágico de Coronil


Conseguidos por sorpresa

Orientalismo de Said

La invención de Irlanda de Kiberd

Comunidades imaginadas de Anderson


Gabriel Diz

Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:


1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)

2)El corazón del daño (María Negroni)

3)Años luz (James Salter)

4)2666 (Roberto Bolaño)

5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)

6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)

7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

8)La hermana menor (Mariana Enriquez)

9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)

10)Prins (Cesar Aira)

11)La sangre manda (Stephen King)

12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)

13)Persecución (J.C. Oates)

Carlos Ávila:

El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De

todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar

Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.

Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.

Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la

precariedad de Jorge Moruno.

Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero

con Frutos extraños y Carrère con Yoga.

Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick

Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.

Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove

Ditlevsen.

Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos

de Kenneth Cook.

Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de

Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.

Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con

Guerra y paz.

Pablo GP

Libros Preferidos:

- Donal Ryan: Corazón giratorio.

- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.

- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.

- Albert Cohen: Bella del señor.

- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.

- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).

Libros Destacables:

- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.

- Alan Parks: Enero sangriento.

- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.

- Jeffrey Eugenides: Middlesex.

- Bruce Chatwin: Colina negra.

- Peter Kaldheim: El viento idiota.

Mención honrosa:

- Alan Parks: Hijos de Febrero.

- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.

- D.H. Lawrence: El arco iris.

- Chriss Offutt: Kentucky seco.

- Emmanuel Carrère: Yoga

Decepciones:

- George Saunders: Lincoln en el bardo.

- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.

- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.

- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.

Maqroll El Gaviero

Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):

- Los siete locos (Roberto Arlt)

- Limónov (Carrère)

- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)

- Glosa (JJ Saer)

- Me llamo Rojo (Pamuk)

- Martin Eden (Jack London)

- Kokoro (Soseki)

- El idiota (Dostoievsky)

- La suerte de Omensetter (W Gass)


Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).

Ángel Muñoz

El mejor,

No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.

Me daba perezón pero mira…

Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)

Me arriesgué y no me decepcionó

64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.

Qué necesidad tenía yo…

A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins;  La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.

Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).

Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)

Sorpresas inesperadas

Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).

Me hicieron reír, mucho

Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)

Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción

Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)

Zoila Blanco

ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)

Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)

VERA (E. von Armin)

ELS DICS (I.Solá)

LA DRECERA (M.Martin Serra)

LAS LEALTADES (De Vigan)

LA AVERIA (F.Dürrenmatt)

ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)

EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)

TSUNAMI (A. Pijuan)

LLUM DE FEBRER (E.Strout)

L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)

LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)

AMARILLO (F. Romero)

EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)

LAS GRATITUDES (De Vigan)

Sergio Borao Llop

Ante todo, gracias por las reseñas diarias.

En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler

Noir, de Robert Coover

Todo lo que muere, de John Connolly

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

Solo el silencio, de R. J. Ellory

X, de Percival Everett

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

El gran cuaderno, de Agota Kristof

El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

Cuentos completos, de Mario Levrero

Ánima, de Wajdi Mouawad

Plop, de Rafael Pinedo

Las primas, de Aurora Venturini

Michi:

Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao

Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los

mentirosos - Mary Karr

Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello 

Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte 

Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns 

Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez 

Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne 

Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar 

Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor 



martes, 29 de abril de 2014

Georges Perec: Las cosas

Idioma original: francés
Título original: Les choses. Une histoire des années soixante.
Año de publicación: 1965
Traducción: Josep Escué
Valoración: recomendable

Pocas veces me he sentido tan desarmado ante la perfección de la sinopsis que figura en la contratapa de un  libro como en esta ocasión. Pues la descripción de la obra de la edición de Anagrama que he leído es tan precisa que casi me disuade de intentar aportar nada.
Y no era cuestión de plagiarla descaradamente. Pero sí que me quedo con una palabra: distanciamiento.
Que es lo que me desarma un poco a la hora de otorgarle una mayor valoración. Aunque el aspecto ligeramente enajenado del escritor y la cita final de Karl Marx (colofón que viene a ser la punzada final reveladora y corroboradora de sus intenciones) contarían con mis simpatías, he de decir que he encontrado Las cosas una novela más simbólica por su valor social que por el literario. De hecho, lo mismo me sucedió cuando (no descarto que en momentos poco adecuados para ello) auténticos iconos de la literatura, como El extranjero de Camus o El túnel de Sabato, me dejaron tirando a tibio.
Fundamentalmente Las cosas es un duro alegato contra la sociedad de consumo. La ya existente en los 60, léase la segunda e intraducida (¿por qué?)  frase de su título original. Si el pobre Perec, fallecido prematuramente a los 44 años, hubiera asistido a estos tiempos, no sé que le habría pasado al hombre. Cuestión que viene representada por las constantes menciones (listas, relaciones casi grotescas) a objetos de todo tipo, desde muebles de venta en los anticuarios de las calles parisinas hasta caro calzado a medida de venta en selectos locales de calles londinenses. Esa avidez, reiterada, insistente, gravita sobre la existencia de Sylvie  y Jérôme, joven pareja residente en París, rodeada de cosas en un pequeño apartamento, ambos dedicados a encuestas en el mundo de la publicidad, ambos trabajadores con trabajos precarios, pero deslumbrados por todo lo que les rodea, obsesionados por la riqueza. El ansia de la posesión, de la escalada social, de su representación en tenencia de propiedades, condiciona y guía su existencia. Ni mención a su relación personal, no hay sexo, no hay otro proyecto que el avance económico como estilete del avance social. Algo que ha calado en mí: ¿qué hacen cuando progresan?.Venden sus libros.
¿Qué hace que no me haya parecido merecedora de una valoración superior? Primero, que me hubiera gustado que Perec fuera más radical en su planteamiento. Que mostrara facetas más duras de esa condición a la que el mundo entero ha abocado a mucha gente. Que hubiera, más que resignación, sufrimiento. A pesar de su rencor subliminal, el escritor muestra a una pareja que avanza a pesar de todo. Que se mantiene, que se muda de país, que subsiste.
Después, cincuenta años más tarde, que son cincuenta años en que esta tuerca capitalista ha sido apretada unas cuantas vueltas más, críticas tan lúcidas pero más abiertas y más desgarradas han tomado su testigo. Respeto para lo seminal, sí, claro, pero, como lector y como parte de esta sociedad tan cuajada de defectos, hubiera agradecido más contundencia. La sutileza, hoy en día, no juega a nuestro favor.

Por último, una anécdota significativa: hace unos días leí una interesante lista donde 100 escritores en español relacionaban sus 10 obras universales de referencia. Chocante que el único escritor que acaparaba la lista íntegra de uno de los encuestados (Alejandro Zambra) era Perec.

También de Georges Perec en UnLibroAlDíaEl gabinete de un aficionadoLa vida, instrucciones de usoMe acuerdoLo infraordinario
Más sobre Perec, en la entrada sobre OuLiPo

lunes, 16 de diciembre de 2024

ULAD 2024 - Olvidad cualquier otra lista

Para qué más preámbulos: la lista de los listos. La que todo autor anhela por integrar. La que todo el mundo editorial espera para consultar. La única virtud que nos falta es la modestia.


Alain:

Resumen del año: Mi primer año como miembro de ULAD. Formar parte de un grupo de apasionados por la literatura ha sido estimulante. Además, tuve la oportunidad de platicar con escritores a los que admiro. Así que ha sido un año muy bueno para mí. Aquí mis favoritos del año:

Novela: Salto mortal, de Kenzaburo Oé. Los años de espera, de Fumiko Enchi.
Novela corta: Ella en la otra orilla, de Mitsuyo Kakuta.
Cuentos: Lealtad al fantasma, de Enrique Serna. La sangre de medusa (y otros cuentos marginales), de José Emilio Pacheco.
Comic: Takemitsuzamurai, de Issei Eifuku y Taiyō Matsumoto.
Crónica: Una novela criminal, de Jorge Volpi.
Poesía: Kokinwakashu. Sobre la luz, de Oscar de Pablo.
Relectura: Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia.
Descubrimientos: Los niños 6 y Cómo provocar un incendio y por qué, de Jesse Ball.

Oriol:

Resumen del año: No ha leído ningún libro imprescindible. Aun así, he descubierto muchas novelas, antologías y cómics notables. ¡Ah, y mi primer título, El amor edípico contra la lujuria sadomasona, ha sido publicado por Colectivo Juan de Madre Presenta, ilustrado por Rios Über Alles y reseñado con mucho tino por, entre otros, Santi Pérez Isasi y David Calpa! ¡Ah, y a través del compañero Alain Ríos he podido preguntar un par de cosillas al gran Shintaro Kago!

Novelas destacables: Un jardín de placeres terrenales, de Joyce Carol Oates, Valentino, de Natalia Ginzburg, El reloj de sol, de Shirley Jackson, y Job. Historia de un hombre sencillo, de Joseph Roth.
Novelas que parecen escritas específicamente para mí: My husband has taken our roleplaying too far, de Christian Wallis, El regreso, de Walter de la Mare, y El dios de piedra, de Leonard Cline. Quizá incluiría también La declaración de Stella Maberly, de F. Anstey, y Los veinte días de Turín, de Giorgio de Maria.
Clásicos decimonónicos castizos desempolvados: Las cañadas indómitas, de Raimon Casellas, El subterráneo habitado, de Manuel Benito Aguirre, Narraciones inverosímiles. Selección, de Pedro Antonio de Alarcón, y Criadero de curas, de Alejandro Sawa.
Mejor antología de relatos:  Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero. 
Relatos destacados: Varios de T.errores. En el bosque ya estás muerto, de VV.AA., de L'amant del diable, de Elizabeth Bowen, de Parásitos perfectos, de Luis Carlos Barragán Castro, y de Negro tal vez, de Attila Veres. 
Mejores novelas gráficas: Fraction y El palacio infinito de Shintaro Kago. También es bastante buena La voz de las bestias, el ansia de los hombresde Thomas Gilbert.
Mejor libro de no ficción: El camino pagano, de Edgar-Max.
Empacho de: Narrativa (tanto novela como relato).

Juan:

Resumen del año: En general, un año bastante anodino; ni bien ni mal, ni frío ni calor, ni carne ni pescado... Aún así, alguna que otra lectura destacable sí que ha habido:

Polar y novela del año (previsiblemente, aunque aún quedan unos cuantos días para que éste termine): Historias de la noche de Laurent Mauvignier 
Novela de miedito (o no): Una cabeza llena de fantasmas de Paul Tremblay 
Novela/reportaje gráfico: sin duda, El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrasa.
Biografía (más o menos) también bastante gráfica: Las 100 primeras películas de Nicolás Cage de Paco Alcázar y Torïo García.
Ensayo: The King, de autoría variada y, en curso de lectura, Danza macabra, justamente de The King...

Poesía: Llibre de meravelles de Vicent Andrés Estellés (cierto que no he leído ningún otro, pero lo merece igualmente).

Decepción: Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query. Esta es la chafada más gorda, pero también ha sido un poquito decepcionante Lo que más me gusta son los monstruos - Libro Dos de Emil Ferris. Y aún tengo el culo torcío con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda...

NO decepción del año: Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enriquez.

Sorpresa (se entiende que agradable) del año: Los secretos de Heap House de Edward Carey,

Bizarrada del año (y por muchos más, sospecho): El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil.


Carlos:


Resumen del año: esto es una novedad introducida por sorpresa, así que me ha dejado un poco descolocado. Aun así diré que el año ha sido regular, con más decepciones de las habituales, y un nivel medio en el que apenas sobresalen un puñadico de cosas, algunas como estas:


Novela: en castellano Extraña forma de vida, de Enrique Vila-Matas; en otros idiomas, El otro nombre (Septología I), de Jon Fosse

Novela corta: Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño, y Noches blancas, de Fiódor Dostoyevski

Ensayos y similares:

    - Humanidades: Los hombres no son islas, de Nuccio Ordine

    - Música: Aquellos años accidentales, de Laura Piñero

    - Arte: El eco pintado, de Óscar Martínez

Historia: Ocho días de mayo, de Volker Ullrich

Libros de viajes: Campos de Níjar, de Juan Goytisolo

Biografía novelada: Lawrence de Arabia. La corona de arena, de Jose María Álvarez

Relectura: Artificios, de Jorge Luis Borges

Humor: El puente de los perros suicidas, de Abel Amutxategi

Clásico: La guerra carlista, de Ramón del Valle-Inclán (reseña en unas semanas)

Rarezas y descubrimientos: Madame Edwarda, de Georges Bataille, y Nebiros, de Juan Eduardo Cirlot


Koldo:

Resumen del año: Lo de siempre, pero un año más viejo

Tres libros de relatos:  Ahí fuera de Kate Folk, Alcaravea de Irene Reyes-Noguerol y Cuentos completos de Juan Carlos Onetti. 
Tres novelas: Eloy de Carlos Droguett, Despertar a los muertos de Scott Spencer y El origen. Una indicación de Thomas Bernhard. 
Dos libros híbridos: Yo navegué con Magallanes  de Stuart Dybek y Grimmish de Michael Winkler.
Dos libros de memorias (también un poco híbridos): Cada uno por su lado y Dios contra todos de Werner Herzog y Vida de un pollo blanquecino de piel fina de Andrés Pérez Perruca.
Un ensayo: Terror y utopía: Moscu en 1937 de Karl Schlogel.

Marc:

Resumen del año: año flojo en lecturas (en cantidad, pero también en calidad). Pocos libros destacables en un año en el que se salva básicamente por libros de autores ya conocidos y por el descubrimiento de la obra de Fosse.

Libro del año: «La próxima vez el fuego», de James Baldwin
Ensayo del año: «El temps de la promesa», de Marina Garcés
Autores de literatura infantil del año: Romain Pujol & Vincent Caut con la serie «Avni»
Consagraciones del año, nuevamente: Pol Guasch, Annie Ernaux
Descubrimientos del año (autores): Jon Fosse 
Propósitos para el 2025: más poesía y más clásicos
 
Francesc: 
 
Resumen del año: incluso estando satisfecho de haber sido capaz de sostener un cierto ritmo lector, lo hubiera estado más si el año hubiera contado con alguna experiencia reveladora sobre todo en clave ficción, aunque quizás en estos tiempos extraños y convulsos confiar en que se produzcan carreras literarias de largo recorrido resulte un poco ingenuo. 
 
Aún así:
 
Libro del año: Ex-aequo: Los jugadores de Whist de Vicenç Pagès Jordà (aún no reseñado) y El dia de la Independència de Tuli Márquez, lecturas, ambas, generacionales, cercanas y crepusculares y reivindicaciones de que los autores en catalán deberían contar con una industria valiente que los traduzca. Ya de paso, todo lo de Monzó y lo de Pàmies.
Retrasos del año: Mary Gaitskill, autora que me ha interesado con cierto efecto retroactivo y a la que aún me resulta difícil ubicar, por la manía de la industria editorial USA de etiquetarlo todo
Ensayos del año: lo digo en el resumen, me gustaría engancharme a algún autor de ficción, pero el ensayo (y las novelas cortas, je je) ha sido un recurso muy útil para marcarme ciertas pautas lectoras, así que desgloso dos categorías: 
  •     Ensayo atemporal: Aldous Huxley y Barbara Cassin (aún no reseñado)
  •     Ensayo del momentoEva Illouz Mark Coeckelbergh, más que nada para que se lean antes de que sus premisas caduquen (o estallen por los aires) y los veamos más antiguos que el periódico de ayer (¿qué es un periódico?)
Propósitos del año: hacer algún mínimo caso a las novedades de ficción, a ver si así descubro algún escritor notable antes de que se me muera. Leer ensayos sin que sepa de antemano que comulgo con sus planteamientos (se resolvería de cuajo leyendo a Jiménez Losantos). No pasar de largo en las secciones de poesía (al menos mirar las portadas, me refiero). Leer más crónica. Releer más de todo.
 
 
Santi:
Resumen del año: Revisando mis (escasas) reseñas de 2024, veo que el año empezó bien, con una buena cosecha de libros comprados/regalados en Navidad, pero luego vino una larga sequía de lecturas, en la que predominaron las relecturas y los clásicos. Entre lo que he leído más reciente predomina claramente lo fantástico y el terror, y la literatura española y en español. Va mi lista:

  • Libro del año: De entre los recientes, Visceral, de María Fernanda Ampuero, que me sorprendió muchísimo; de entre los menos recientes, Los santos inocentes de Delibes, que no puedo creer que todavía no estuviera publicado en el blog.
  • Mejores novelas: Un amor de Sara Mesa (con permiso de Juan G.B.) entre las recientes y Tristana de Galdós entre los clásicos. Mención especial para dos novelas hispanoamericanas impresionantes: Huasipungo de Jorge Icaza y Balún Canán de Rosario Castellanos.
  • Mejores novelas cortas: Un detalle menor de Adania Shibli y Mireia de Purificació Mascarell.
  • Mejores libros de cuentos: Conejo maldito de Bora Chung y El peor escenario posible de Alejandro Morellón.
  • Mejor ensayo / autobiografía / autoficción / whatever: Yeguas exhaustas de Bibiana Collado Cabrera
  • Libros sobre paternidad (que aún no he reseñado): "pulgar hacia arriba" para Literatura infantil de Alejandro Zambra; "pulgar hacia abajo" para Irene y el aire de Alberto Olmos
  • Lectura más loca e inclasificable del año: El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil Hervás.
  • Decepciones (sin ser libros horribles ninguno de los dos): Soy fan de Sheena Patel y Otaberra de Elisa Victoria.

Propósitos del año: Leer más, mejor, más variado y más reciente (aunque este propósito lo hago todos los años y ya se ven los resultados...).


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¿Qué hay de vosotros, queridos lectores de ULAD? Estamos deseosos de que compartais vuestras listas con nosotros en los comentarios.

jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año)El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
ClásicoEl crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convencióTodos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés