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viernes, 29 de mayo de 2026

Manuel Vilas: Nosotros


Idioma original:
español
Año de publicación: 2023
Valoración: incomprensible

Premio Nadal 2023. Quizás este sea el momento, el punto de inflexión respecto a Manuel Vilas (@granvilas en Twitter: la única virtud que le falta es la modestia).

Porque el escritor aragonés no tiene la culpa de que, allá por 2019, y seguro que gracias a los consejos de referentes culturales como Kiko Matamoros, algunos críticos con pocas ganas de complicarse la vida abrazaran llorosos sus novelas y las convirtieran en iconos literarios teñidos de verdad, duras confesiones de varón ibérico desesperado por lo que los avatares de la vida le iban procurando.

Tampoco, del todo, de aprovechar ese tirón, el de Ordesa, de plegarse, previo cobro de anticipos, a las solicitudes de sus editores y completar páginas y más páginas de talante parecido: lamentos y lamentos de lo jodida que es la vida porque los ascendentes fallecen/las parejas se separan y otras tantas cosas que parece que solo a Vilas le pasan. O solo a Vilas le pasan, escribe sobre ellas, y convence a algún incauto de que eso puede interesar y constituir una obra.

Si eso gusta a la gente, si eso hace que algún booktuber caiga rendido a sus pies e incluso comparta escenarios promocionales, quia, Manuel Vilas solamente crea y crea y escribe y ya las ventas es algo que sus asesores (financieros, mayormente) le explican.

De lo que sí tiene la culpa es de escribir mierdas como esta Nosotros. Una novela que igual sería soportable si se ciñera a su estrambótica historia; Irene, cincuenta años, viuda reciente con una sustancial fortuna heredada que le permitirá embarcarse en una vida algo disoluta en la que sublimará el recuerdo de Marce, su marido, a través de los encuentros sexuales aleatorios que su existencia le va interponiendo. En esos momentos de clímax, Irene ve a Marce en una especie de escalera simbólica de ascenso a no sé dónde. Realmente, una trama muy flojita, marcada por un neomachismo recalcitrante y casi básicamente dependiente de que esos encuentros sean con ciertos hombres o ciertas mujeres en contextos más casuales - sobre todo se los va encontrando, no demasiado original, en hoteles y restaurantes. Ahí vemos que Irene se fija mucho en los relojes que lleva la gente, algo menos en los coches, también en los perfumes, hay toda una panoplia de productos de cierta alta gama que le fascina. Y un soneto de Quevedo. 
Lejos de quedarse ahí, Vilas incursiona en la historia, sobre todo, soltando la vena poética que, dicen, pero tres oportunidades son demasiadas y como que voy a pasar, es su mejor baza. Aquí cualquier continuidad narrativa queda cortada por los devaneos poéticos del autor, que es incapaz de estarse quieto en una perspectiva narrativa contenida y objetiva. No hay párrafo que no quede destrozado por esas ínfulas constantes de sacar punta de forma grandilocuente a todo, y los juegos de palabras son marca de la casa y eso es, siempre, malo. Pesado, pretencioso, vacío, e insustancial. Rozando lo autoparódico. Y la parte final de la novela: tan horripilante y sacada del sombrero como para mostrar al lector (mira de qué soy capaz, toma giro!) algo que yo no atino a comprender. Ganas me dan de destrozar el final en esta reseña, pero, vamos, es primavera, yo voy a respetar al lector más que este autor.

Por cierto, ahora tiene una cosa nueva, Islandia, que parece ser que versa sobre una separación (¿la suya?).
Ni con un palo.

Otras obras perpetradas por Vilas y reseñadas por ULAD, aquí

sábado, 14 de enero de 2023

Lydie Salvayre: Caminar hasta el anochecer


Idioma original: francés

Título original: Marcher jusqu'au soir

Año de publicación: 2019

Traducción: Marta Cerezales Laforet

Valoración: decepcionante

La información contenida en sinopsis y solapa de este libro insisten en que su autora ha ganado el Goncourt en 2014. No estoy muy al día del prestigio de los premios literarios franceses. De los de aquí, por ejemplo, mi recuerdo más fresco es que le han dado el Nadal a Manuel Vilas. El Nadal se lo dieron hace unas cuantas décadas a Juan José Saer. En 2023, a Manuel Vilas. 

Pero mi primera intención era afrontar esta reseña con cierto sentido del humor, no con la indignación propia de alguien que asiste a la degradación del reconocimiento del mérito a favor de los imperativos comerciales y la mediocridad. De hecho, a mitad del libro estaba a punto de insinuar si a esta novela (o lo que sea) no le hubiera encajado mejor el título del último libro de Santiago Lorenzo. Todo ello me parecía un poco frívolo, incluso poco respetuoso con el trabajo de su editorial, El Desvelo, una editorial independiente santanderina a cuenta de cuyo nombre me permitiré una pequeña broma, ya que este libro no es que desvele precisamente, atendiendo a su primera mitad. Su ritmo es lento, inexplicable cuando el planteamiento puede suponer incluso cierto reto creativo. Una escritora acepta pasar una noche en un museo con la mera compañía de una obra de arte, en este caso una escultura de Giacometti. Digamos que una experiencia que ha de generar un texto interesante basado en su reacción. Pero no: lo que resulta es un anodino stream of consciousness donde las reflexiones en todo el proceso resultan recargadas, monótonas, a veces anegadas de erudición y citas poéticas, a veces más mundanas y asociadas al devenir de lo cotidiano - coqueteando con la autoficción - siempre con un uso abusivo de las anáforas, aspecto muy significativo en el estilo del texto y que lastran el ritmo, marcan un compás que podría ser disruptivo y acaba provocando cierto sopor. Siendo justos, pero hay que llegar ahí con no poca dificultad, el texto recupera cierto sentido hacia el último tercio, cuando una semblanza biográfica de Giacometti y algunos párrafos sobre Picasso resultan interesantes entre tanto análisis algo redundante entre intenciones de la obra - aquella con la que la autora ha pernoctado - y funcionalidad y pertinencia del arte.

Seguramente un libro más experimental e íntimo que puramente narrativo, pero, en conjunto, poco entusiasmo por indagar en más obras de su autora.



domingo, 22 de abril de 2018

Manuel Vilas: Ordesa


Idioma original: español
Año de publicación: 2018
Valoración: a quién le importa lo que yo haga (a quién le importa lo que yo diga)

Un momentito. Acabo una carta y empiezo:
Queridos responsables de promoción de las editoriales. Primero de todo agradeceros las copias que de vez en cuando me enviáis, aunque a veces los libros no acaben de gustarme. Ya sabéis lo de la coherencia y la independencia a ultranza de este blog. Solo un detalle a comentaros: cuidado con exagerar con determinadas obras. Ya sabemos que habéis de vender libros y que los super-ventas (se dice) pueden permitir acometer proyectos más artísticamente arriesgados. Pero cuidado con las expectativas. Y con lo que ponéis en las fajas, ya de paso.
Pues eso. Que las grandes expectativas son un arma de doble filo. Cuidado si estas son exageradas (una de mis valoraciones alternativas para el libro era : Dembélé).
El resultado es, entonces, la desazón. Bueno, si uno ha leído todas esas críticas inflamadas y ha leído esos tweets con menciones a pasajes del libro (uno en concreto fue el que hizo que me decidiera a leerlo)  como si Ordesa fuera EL PUTO FUTURO DE LA NARRATIVA, lo de desazón puede que se quede corto. Hablemos de decepción, hablemos de engañifa, hablemos de cabreo, de un cabreo de dimensiones considerables.
Lo he de confesar: desde la página 24 o así tenía claro lo que pensaba de este libro. Las 363 adicionales (interminables) solo lo han corroborado y, eso sí, me han permitido hacer acopio de montones de ejemplos por lo general bastante sonrojantes, que voy a usar más que nada para a) demostrar que he leído todo el libro y b) hacer un poquito llevadera esta reseña que, a la fuerza, va a resultar un poco reiterativa.
Pág. 84.
Eran guapos. Los dos eran guapos. Por eso estoy escribiendo este libro, porque los estoy viendo.
Los vi entonces, cuando eran guapos, y los veo ahora que están muertos.
Que mis padres fueran tan guapos es lo mejor que me ha pasado en la vida.
Vilas se muestra incapaz de parar en la descripción de obviedades. Su prosa es formulaica. Frases sueltas, ideas poco floridas, de esas que algún reseñista sobreexcitado llamaría dardos o flechas o vete a saber qué. Otros podemos decir que algunas son frases para jarras de Mr. Wonderful. Unas cuantas de ésas y entonces, patapum, frase larga que apuntala y desarrolla y aglutina los conceptos y mirad cómo me extiendo. Y conclusión final, a modo de remate. Una y otra vez. Esa combinación busca abarcarlo todo. No hay duda de ello. Pero hay capítulos que parecen redacciones de alumno de ESO. Manolito: escríbeme un folio sobre alguien de tu familia.
Pág, 219
 Los muertos anónimos están libres del ridículo del paso del tiempo. No fueron motivo de fotografías recordadas. Son nadie, son viento, y el viento no hace el ridículo.
Y vuelta a empezar. 387 páginas de insistencia narcisista (o de otro tipo, otra de mis valoraciones posibles era: onanista),  de un narcisismo masoquista, como si fuera el único que ha perdido a los padres y se ha separado y vive la crisis de la media edad. Como si ello fuera suficiente para mostrarlo al mundo, para convencer a alguien más que a familia y amiguetes para que te lean. Coño, escribe un blog, confórmate con eso, como hacen muchos. Porque forzar cada acto de la existencia humana como una analogía de la trascendencia es risible. El pasaje que mencionaba el tweet hablaba de atar una bolsa de basura como una especie de catarsis de la existencia. Qué pretensiones, madre. No es una opinión mía. Es un hecho. O es que el extremo de banalizarlo todo es teñirlo todo de sentido del destino. Al final, uno acaba pensando que se trata de una simple falta de madurez.
Este libro es, por todo ello, un absoluto desastre. Este libro, semblanza autobiográfica que no moviliza al lector salvo, especulo, por curiosidad morbosa, rollo reality-show, me ha traído a la cabeza a Loriga, a Pérez Andújar, a Trueba. Mediocres por distintos caminos, pero escritores de los que nadie se acordará en el futuro.
Pág. 197
No puedes renunciar a la catástrofe, es el gran orden de la literatura, el viento de la maldad y el viento de todas las cosas que han sido.
Qué pesao con el viento. Obviamente, Vilas también tiene como ejemplo a Knausgard. Me lo va a negar. Solo espero que algunas de las elipsis de este libro (adolescencia, matrimonio, relación con el alcohol) no sirvan para eventuales nuevas entregas. Pero Knausgard, al menos, escribe con fuerza y convicción, puede que hasta con chulería. Vilas combina momentos de complejo de inferioridad con arreos de intelectual sensible y esa combinación no funciona. NO FUNCIONA.
Pág. 17
 Antes la vida valía menos. Ahora vale más.
Sí: página 17. Ver lo que quedaba por delante me ha causado cierto desasosiego. Porque una de las características (la cuarta de mis valoraciones posibles era estéril) de la literatura ha de ser interesar, interesar lo suficiente como para seguir, ya puestos, seguir hasta la 361 en que el autor nos regala 26 páginas de epílogo poético como para recordar que es un gran narrador pero también un gran poeta. Poesía, interpreto para este caso, es coger un párrafo en prosa y recortarlo de forma caótica para que uno piense que, en vez de leerlo ha de recitarlo.
Pág. 371
El poder en todo tiempo siempre igual a sí mismo.
La historia humana en todo tiempo como ya fue hace tiempo.
El mismo tiempo siempre.
Repitiéndose la esencia de España, la esencia del mundo grande.  
Vilas, por eso, es el típico escritor que genera cierto efecto de llamada. Algún pesado (me viene a la cabeza Risto Mejide), lee un libro así, se entera de su inexplicable exitazo, y piensa qué guay, que sencillo, ser escritor no parece difícil, yo podría intentarlo. 
Pág. 29
Los muertos no fuman 
Pero a mí, sobre todo, me ha venido a la cabeza otro plasta: Albert Espinosa. Otro maestro de la repetición y la vuelta una y otra vez sobre el mismo registro.  
Luego pasa lo que pasa. 
Con Sant Jordi aquí al lado, alguien tenía que decirlo. 

viernes, 8 de diciembre de 2023

NOVELAS PIRAÑA #5: Los de Bilbao nacen donde quieren de María Larrea (Reseña + entrevista)

Idioma original: Francés
Título original: Les gens de Bilbao naissent où ils veulent
Traducción: Alicia Martorell
Año de publicación: 2022
Valoración: Está muy bien

La literatura francesa tiene una larga tradición en lo que a autobiografía personal y familiar y/o autoficción se refiere. No nos remontaremos mucho en el tiempo y nos centraremos en literatura escrita por mujeres para dar dos ejemplos: Delphine de Vigan y Brigitte Giraud. En esa tradición y en el mismo epígrafe que estos nombres podemos situar el libro de debut de la bilbaína residente en Francia María Larrea. Luego preguntaremos a la autora si esta comparación es acertada o no, pero creo que puede servir para una ubicación inicial.

Resulta casi imposible hablar de Los de Bilbao nacen donde quieren sin hacer "spoiler". La historia que en el se narra resulta tan tremenda que es muy difícil no destripar el libro, pero lo vamos a intentar. 

Estamos ante una autobiografía familiar que transcurre entre la posguerra española y el París del siglo XXI, ante un drama almodovariano (cambiando los colorinchis del manchego por el gris del Bilbao preGuggenheim) en el que la búsqueda y construcción de la identidad personal y familiar/colectiva ocupa el lugar central. 

Por tanto, no es solo la historia de María Larrea sino también, y especialmente, la de Victoria y Julián. Vidas marcadas por unas condiciones terribles en la infancia, por abandonos, violencias, exilios, soledades, estrecheces, revelaciones, dudas, etc, aunque siempre con un punto de esperanza y ternura entre todo ese sufrimiento.

En este tipo de textos siempre existe el riesgo de que la propia historia acabe devorando otros aspectos del libro. Es innegable la potencia que aquella posee, pero también es cierto que Los de Bilbao nacen donde quieren posee, además, un alto valor literario. Por varios motivos:

  • Las diferentes lecturas que ofrece, gracias a la estructura elegida por la autora. Breves capítulos con saltos temporales que sirven para mostrar un crudo retrato de la España posfranquista (más en la primera parte del texto) se mezclan con capítulos intimistas centrados en tiempos y problemáticas más cercanas.
  • La acertada combinación de drama, humor (¡¡¡¡María, cómo se te ocurre lo de La tienda del espía!!!!) y ternura (ay, ese capítulo 23). El material daba para caídas libres en lo melodramático y autocompasivo, pero la autora consigue el tono adecuado al texto, en mi opinión.
  • El ritmo, gracias a esos breves capítulos de los que hablaba. Los cambios de personajes y escenarios, además de otorgar al texto de diferentes capas, confieren a la narración una agilidad que es de agradecer.
En resumen, un magnífico debut con una historia impactante pero muy bien manejada por su autora. Queda saber qué camino tomará en el futuro la escritura de María Larrea. Estaremos atentos

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Gracias a la gente de Alianza Editorial (Pepe, Raúl), tenemos la suerte de colarnos el día 16/11, día de la investidura de Pedro Sánchez, en la gira de presentación de la novela y de charlar un rato con María Larrea. Estas son nuestras preguntas y sus más que interesantes respuestas:

ULAD: Hablo al comienzo de la reseña de la tradición literaria francesa en lo que a literatura autobiográfica se refiere (Duras o Simone de Beauvoir en el pasado y Ernaux, De Vigan, Brigitte Giraud o Vanessa Springora más recientes). ¿Es correcto situar Los de Bilbao nacen donde quieren en esa tradición?

M.L.: Sí, yo hablaría más (doy la lata con esta novela) de Ordesa, de Manuel Vilas. Es mi novela española favorita, la número 1 para mi. La leía cuando escribía, así que de verdad que ha sido una novela muy importante para mi. Y también Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan. Esta la leí después de escribir, no quería leerla antes. 

Pese a esto, Los de Bilbao nacen donde quieren es una novela autobiográfica, sí, pero insisto mucho en que es una novela. No en un ensayo, no es un testimonio. Es una novela y eso es también lo que dice Delphine de Vigan de su libro, que es novela basada en hechos reales.

ULAD: Siendo autobiográfica, tu novela tiene muchas capas, muchas lecturas. La historia de tus padres es brutal y habla de una España que, por suerte, ya no existe, pero tiene también esa lectura, por ejemplo.

M.L.: Bueno, no sé si esa España no existe. Yo creo que todavía hay ecos de esa España en esta sociedad. Ahora mismo utilizar 24 horas la palabra amnistía me parece que no es inofensivo (anodine es la palabra usada por María) y eso remueve muchas cosas. Creo que todavía está esa tiniebla, o esa España oscura, por ahí escondida.

ULAD: Antes de que tu misma incluyeras la referencia a Almodóvar en la novela yo pensaba en un Almodóvar sin colorines, pero pasados unos días de la lectura del libro pienso en un Almodóvar guionizado por Agustín Gómez Arcos o en un Almodóvar pasado por el filtro del Truffaut de Los 400 golpes o del Louis Malle de Un soplo en el corazón. ¿Pueden ser referencias válidas para alguien que no haya leído el libro?

M.L.: Sí, absolutamente. Los 400 golpes es una referencia. He pensado mucho en Truffaut. Es una de mis referencias. Hizo un cine, a través del personaje de Antoine Doinel, íntimo y comercial al mismo tiempo, pero sin que la palabra sea "fea". Él podía llegar a mucha gente hablando de sí mismo.

Y Almodóvar, también. Creo que Almodóvar ha sido muy importante para mi, siendo hija de inmigrantes. Era mi primera ventana hacia España, y hacia una España y un mundo de mujeres socialmente invisibles que yo no veía representado en el cine o en la literatura francesas. Así que el y su cine me han ayudado mucho a medida que crecía, en mi vida de adolescente en París que empezaba a ser llamada por el cine. 

ULAD: En el capítulo 11 del texto dice que "pone su salvación en el celuloide y en las historias". ¿Qué pones en este libro?

M.L.: También la salvación. La salvación en la ficción, ya sea en el cine o en la literatura. Desde que empecé a escribir películas, a hacer cortos o con el libro, quise entender el mundo, que la vida es, muchas veces, muy absurda y que con la ficción nos hacemos preguntas e intentamos buscar respuestas a lo absurdo, lo complicado, lo duro o lo violento. 

Cuando empiezo la novela, yo me hago esta pregunta: ¿cómo tres huérfanos de una misma nación van a formar una familia en la Francia de los 80? Y así he tenido que revisitar todas las historias para poder entenderlas y para poder comprender de dónde venía y a dónde voy. Nosotros nos hacemos preguntas existenciales y tratamos de contestarlas escribiendo.

ULAD: Hace poco veía una entrevista al escritor cubano Severo Sarduy (que vivió y murió en París, por cierto) en la que decía que "la biografía de un hombre es un corte bastante arbitrario. ¿Por qué esta biografía ha de empezar forzosamente en el momento en que ese hombre nace y terminar en el momento en que un hombre muere?". ¿Se anticipó sin saberlo a tu novela?

M.L.: Sí, lo que has citado es muy impactante y precisamente la primera frase de mi novela es "nadie se acuerda del momento en que nació". Eso era lo que me fastidiaba, no poder recordar para saber lo que ocurrió. Y toda la novela trata de intentar saber sobre esa nacimiento. Para mi es muy importante esa primera página, párrafo o frase que va a ser el "programa" del libro.

También por eso quise inventar el nacimiento de Julián y de Victoria hasta llegar al mío porque esa ha sido la clave de nuestra familia, esos nacimientos, esos abandonos...

Curiosamente, en el libro solo hay un personaje (Julián, el padre) al que seguimos desde el momento en que nace hasta el momento en que muere y con ese personaje lo que he buscado es una redención. He escrito sobre ese antihéroe y redimirle a través del resumen de su vida. 

ULAD: ¿Cuánto hay de memoria personal y cuánto de investigación / documentación en el texto?

M.L.: Lo mejor que hice cuando empecé la novela fue tirar el guion de la película que había escrito y parar de hacer preguntas. Dejé de preguntar a mi madre, solo quería funcionar con mi memoria y mis recuerdos. En francés, la palabra recuerdo es souvenir y la etimología de souvenir es "venir al socorro de". Creo que la memoria y el recuerdo vienen a socorrernos ante el sufrimiento o las preguntas.

Posteriormente sí que me documenté sobre cómo eran Galicia o Bilbao en los años 40, pero fundamentalmente he querido trabajar sobre la memoria y el recuerdo. Como dice Vilas en la edición 5º aniversario de Ordesa, "la memoria es una de las formas más misteriosas del amor". ¡Manuel Vilas me mata, me mata!. 

Yo he trabajado, ya te digo, fundamentalmente con esos recuerdos o esa memoria que tenía de mis padres y de lo poco que me habían dicho y al final la novela es una declaración de amor hacia ellos. No hay otra manera de decirlo.

ULAD: ¿Y cómo afronta una persona con un pasado familiar tan "peculiar como el tuyo su propia maternidad?

M.L: He sido madre dos veces; una sin saber y otra sabiendo. La viví de las dos maneras. Una de ellas fue totalmente incomprensible, no entendía lo que era ser madre. Con mi primer hijo me sentía totalmente desarmada y con mi segundo hijo, sabiendo ya el secreto de mi nacimiento, habiendo reflexionado sobre eso y sin tener todas las respuestas, he sido madre de una manera algo diferente, aceptando que no podré ser la mejor madre del mundo sino la única madre disponible para él y que tratará de hacerlo lo mejor posible.

ULAD: Ahora hago yo autoficción y te cuento que un familiar relativamente cercano tiene una historia muy similar a la suya (no en Bilbao, pero en otra ciudad del norte de España) pero en su caso nunca quiso saber. ¿Qué le parece esta postura, tan diametralmente opuesta a la suya?

M.L.: En mi caso, yo no sabía de dónde venía. En mi caso había un gran misterio, un gran agujero negro, y yo, siendo guionista y gustándome las historias y con una mente que va fabricando escenarios y guiones de todas las posibilidades, me volvía loca y tenía esa obsesión de saber, saber, saber, saber...Quería saber la verdadera historia, cuál era el árbol genealógico escondido detrás del otro.

Por otra parte, además de la obsesión de un adoptado de saber de dónde viene, yo siempre estado obsesionada con las historias de la gente (de mis amigos, de la gente que voy conociendo, etc) o sus trayectorias humanas. Y por ese motivo, también, quise saber de la historia de mis padres biológicos
 
ULAD: Otro tema de libro, aunque en menor medida, es el cambio de las ciudades. ¿Reconoces en el San Francisco de ahora el San Francisco de su abuela paterna (San Francisco fue, durante años, el barrio de "mala vida" de Bilbao y ha sufrido un brutal proceso de gentrificación en los últimos años? 

M.L.: Bilbao es un claro protagonista del libro. Como te decía, la casi única documentación o investigación que hice para la novela fue sobre Bilbao. Y también quería contar ese Bilbao de los 80 que no tiene nada que ver con el Bilbao de hoy y la transformación de ese Bilbao que mis amigos, por fin, saben que no es esa ciudad oscura, negra, sucia de los 80 o esa ciudad que los inmigrantes portugueses o marroquíes atravesaban en verano cuando volvían a sus orígenes.

Para mi, Bilbao, o Irala, eran mi pueblo y yo quería contar la transformación de la ciudad hasta llegar al Guggenheim, hasta esa ciudad de postal que es ahora, y la resiliencia de los bilbaínos. Estoy muy orgullosa de venir de una ciudad que ha podido y sabido transformarse sin dar la espalda a lo que ha sido. Ese creo que es el orgullo de ser bilbaíno.

ULAD: Y ya para terminar. No vamos a hacerte un examen de bilbainidad ni a pedirte que nos digas la alineación del Athletic, que ni yo me la sé, pero sí que tenemos una pregunta muy importante: ¿bollo de mantequilla o carolina?

M.L.: Con el bollo de mantequilla. Soy "team bollo de mantequilla" (risas de María pero no mías porque yo soy "team carolina") y "team" palmera de chocolate de Arrese!.

sábado, 11 de abril de 2020

Manuel Vilas: Alegría

Idioma original: español
Año de publicación:2019
Valoración: aún peor que el otro

Pues este año no hay Sant Jordi, o id a saber qué día se van a inventar (al año confinado le seguirá el año desplazado, me temo) para reubicarlo y darle árnica al sector editorial. Pero esta triste (y dramática para demasiados) situación en que se halla media humanidad da para que uno, atolondrado por el constante vagar por casa y sin afeitar, pueda llegar a pensar que esa literatura del yo profundo aún pueda aportarnos algo que se nos escapó. Y que con el buenismo espontáneo y prematuramente patrocinado de los aplausos en los balcones (hasta Telecirco interrumpe su show de casquería para retransmitirlos en riguroso directo), a uno se le ha aparecido un angelito de esos de camisoncillo azulado y rubias guedejas a decirme: 

Todo el mundo merece una segunda oportunidad.

Tocaba un arpa y todo.

Y no negaré que me lo pasé bien cuando reseñé Ordesa, aquel fenómeno editorial que dejó a media comunidad lectora babeante de gusto y a la otra media estupefacta, aunque he decir, de forma muy inmodesta, que creo que ganábamos los segundos, aquellos que nos preguntábamos qué le habían visto a semejante despropósito aquellos que la encumbraron no solo como un destacado hito local sino hasta global. La deben haber traducido y todo.

Pues señores, Alegría riza el rizo. No digo que no me lo esperara, incluso me permití (con fria acogida) sugerir a los colegas del blog crear un nuevo género consistente en no reseñar un libro explicando porqué ni se merecía ser leído.
Luego recapacité y pensé en la dilatada trayectoria de este bendito blog y la necesidad de ser éticos y coherentes y dignos de nuestro nombre, aunque esta ética y coherencia lo haya sido a costa de leer esta bazofia.
Pero antes he de agradecerle a Vilas que haya expuesto sus cartas de forma tan abierta, presentando el libro al premio Planeta y entregándose ya sin tapujos al mundo del best-seller, de las ventas masivas y de la nula intención de aportación alguna con significado, ejem, literario. Con todo, fue solamente el finalista. El premio fue para la, dicen, peor novela de Javier Cercas.

Alegría es, claro, la continuación de Ordesa y nos presenta a su autor ya lanzado hacia la fama, con los bolsillos llenos y en plena promoción, y tirando del anodino (sus acólitos dirán que fascinante o hasta inagotable) filón de sus experiencias personales, materializadas en reflexiones que vuelven a responder a los pueriles patrones de su antecesor. Hecho, descripción del hecho, reflexión más o menos objetiva, que evoluciona y se va por las ramas y acaba inflamándose poéticamente y acaba rematándose en alguna frase ridícula, ambiciosa y pretenciosa que contiene las palabras vida, muerte, alegría o viento. 
Y así por 107 capítulos, señores. Viajes, hoteles, convivencia con la familia, anécdotas que a nadie interesan. Con familia insoportablemente renombrada con nombres de músicos, con pasajes de pelotilleo a la monarquía, con montones de verborrea que no va a  ningún lado más que a la acumulación de tópicos o a que cierto lector poco exigente (o booktuber de medio pelo) llegue a proclamar que Vilas ha hecho de su depresión y de sus paranoias ARTE.
Aun así, esto no es lo peor. El éxito de Ordesa seguramente sorprendió a su autor si este tiene alguna capacidad autocrítica: era un libro llorón y mediocre. Con Alegría ha optado por profundizar en los peores aspectos, adaptarlos a nuevas situaciones, premeditadamente ha servido al público aquello que el público podía comprarle: el engaño, que en este contexto consiste en hacerse con el dinero y el tiempo del lector, se materializa, y aquí no es casual, sino deliberado, cosa que a este humilde reseñista le parece ofensiva e inaceptable. Y, por favor, no me vengáis con lo de los gustos y los colores.

Así que  esta vez ya he renunciado  a seleccionar muestrecitas de texto para que los pusilánimes defensores de este fraude no me recriminen sacar las cosas de contexto para lucirme. El libro, tomo cierta descripción prestada de quien igual un día lea esto, es horroroso. Y convenceros de ello es la función de estos párrafos, y su misión principal, que ni la curiosidad os acerque a él.

Lo siento, angelito, no habrá tercera oportunidad.

lunes, 17 de diciembre de 2018

LO MEJOR DEL 2018, SEGÚN ULAD, MODESTIA APARTE

Juan G. B. dice: 

Oriol Vigil dice:

Koldo CF dice:
Ha sido, para mi, el año de los autores latinoamericanos. Aquí la lista:

Francesc Bon opina:
No ha sido un buen año. Mis preferencias siguen inamovibles y nadie les hace sombra y alguno ya debería. Y un desastre solo recordar leer autores españoles o estadounidenses. 
  • Mi mejor lectura del año: El viaje vertical, de Vila-Matas 
  • Novedades que salvo, y mucho: Las posesiones, de Llucia Ramis 
  • Te gustará si votaste o piensas votar a Vox: Ordesa de Manuel Vilas. (Esto es una broma muy del momento, ni siquiera comprendería que le gustara a alguien, y los que votan a Vox ni leen libros ni leen blogs literarios, seguro) 
  • Hartito de darles más oportunidades: Trueba, Amat, y otros involucrados en el socavón que se abre bajo lo que fue antes Anagrama. 
  • Propósitos de año nuevo que caerán seguro: Barth, Gaddis, Vollmann. Y ya que otros toman gustosos el relevo de la actualidad, re-lecturas a manta. 

Carlos Andia sentencia:
  • Lo mejor del año: las relecturas de Lorca (Bodas de Sangre / Yerma) y Carpentier (El siglo de las luces)
  • Narrativa: quizá Lectura insólita de 'El capital', de Raúl Guerra Garrido, porque el nivel, la verdad, no ha sido muy espectacular 
  • Descubrimientos: Antonio Di Benedetto (Zama), y la faceta literaria de Henri Michaux (Un bárbaro en Asia)
  • Reconciliación con, y por lo tanto reapertura de puertas a: Michel Houellebecq (gracias a El mapa y el territorio)
  • Ensayo: entre bastante igualdad, finalmente me decanto por Jean-Yves Jouannais (El uso de las ruinas, reseña dentro de poco) 
  • Clásico: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne 
  • Experimento: Me acuerdo, de Georges Perec (reseña también en unos días) 
  • Decepciones: varias, moderadas, quizá la más fastidiosa, por los elogios que arrastraba, Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón 
  • Intenciones: un hipertocho que llegará pronto, volver a Di Benedetto, quizá a Sabato, cosas interesantes... y, sí Koldo, Cartarescu también. 

Montuenga contribuye: 

Marc Peig opina:

Carlos Ciprés añade:
Y que en los próximos meses Ustedes gocen de sus lecturas. 

Beatriz Garza estima:
  • Autor descubrimiento del año: Margaret Atwood 
  • Novela(ZA) descubrimiento del año injustamente olvidada: Primera sangre de David Morrell 
  • Clásico del año: Marianela de Benito Pérez Galdós 
  • Novela (que como no podía ser de otra manera, supera a la película) del año: Tomates Verdes Fritos de Fannie Flagg 
  • Relectura provechosa del año: Las hermanas Grimes de Richard Yates 
  • Lectura LGTBI del año: La chica danesa de David Eberhoff 
  • Objetivos cumplidos del año: Lectura y reseña de novela gráfica 
  • Conceptos aprendidos del año: La diferencia entre "literatura" y "producto literario". El género del ciclo cuentístico
  • Objetivos para el año que viene: me abstengo, que luego me siento fatal. 

Santi concluye:

viernes, 4 de noviembre de 2022

ULAD 5000

Como ya deben saber los que nos sigan por redes sociales (porque casi no hemos hablado de otra cosa en el último mes), esta que se publica hoy en es nuestra entrada 5000 desde que abrimos el blog.

Vamos a repetirlo: esta que se publica hoy es nuestra entrada 5000 desde que abrimos el blog.

¡5000!

Son trece años, ocho meses y tres días, más de 24 millones de visitas, con un promedio diario de unas 4500 - 5000 visitas, y más de 25000 comentarios de nuestros lectores. Son también, ya, 42.700 seguidores en Twitter, más de 10.000 en Facebook y más de 1.200 en Instagram.

Pero, sobre todo, son muchos libros leídos, comentados, criticados, mayoritariamente elogiados y recomendados (no en vano hay quien nos considera “buenistas”), aunque también hemos dado algunos “se deja leer” y algunos “repugnantes” por el camino… Son pocos, en cualquier caso, en comparación con los 380 libros “imprescindibles”, o con los 1375 “muy recomendables” que hemos identificado hasta ahora…

De hecho, este blog no sería posible, y no habría durado tanto, sin la pasión que compartimos (colaboradores/as y lectores/as del blog) por los libros, por la literatura en su sentido más amplio: clásicos y novedades; novela, relato, cómic, ensayo, poesía o teatro; publicados originariamente en español y traducidos; sin límites lingüísticos, geográficos, culturales o políticos, y también sin depender de ningún grupo editorial o mediático, lo que garantiza nuestra libertad para decir lo que pensamos cómo lo pensamos…

Claro que entre estas 5000 entradas no solo hay reseñas de libros: también hemos hecho series temáticas (sobre cine, arte, comida, o las ya míticas “tochoweeks”), reseñas a cuatro o hasta seis manos, entrevistas con autores/as como Edurne Portela, Ana Flecha, Ana Penyas, Amelia Tiganus, Xavi Ayén, Carlos Pitillas Salvá, Layla Martínez o Mariana Enríquez (aquí podéis acceder a todas la entrevistas) ; o entradas temáticas, como las dedicadas a las “malditas cubiertas”, a los libros inexistentes o a los libros sobre el fin del mundo, entre muchas otras.

He aquí, para quien quiera conocernos algo mejor, algunas curiosidades sobre ULAD:

-A lo largo de estos trece años y medio largos han pasado por el equipo de ULAD un total de 22 colaboradores/as, ocho de los cuales componen el equipo actual.

-Nuestra primera reseña fue la de La tregua, de Mario Benedetti, una novela que tenía un significado especial para los miembros fundadores del blog. Vista con la distancia de trece años, y comparada con los tochos que escribimos ahora, da ternurita ver lo corta que es.

-Nuestra reseña 1.000 fue la también conmemorativa Mil reseñas y un sorteo; la 2.000 fue una colaboración (El hombre del salto); la 3.000 fue Cerezos en la oscuridad y la 4.000 fue Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes (1 y 2)

-Hay dos entradas anuales que se sitúan siempre entre nuestras favoritas: la lista de lo mejor que hemos leído a lo largo de cada año, y la ULADcentada del 28 de diciembre, en la que nos hemos inventado libros, hemos cerrado el blog, abierto una empresa, nos hemos escindido o hemos publicado por error (¡glups!) nuestras tarifas para editoriales.

-La lista de reseñas más leídas del blog es francamente incomprensible:

 
-Entre las reseñas más comentadas se sitúan Rayuela de Julio Cortázar, con 101 comentarios; Patria de Fernando Aramburu con 95 comentarios; Tú, ¡cállate!, de Laura Huerga y Blanca Busquets con 79; Ordesa de Manuel Vilas con 76 comentarios; Por qué soy monárquico de Sergio Vila Sanjuán con 75, y El libro de Urantia con 59, y eso a pesar de que en esta última ya no aceptamos comentarios hace tiempo, porque se estaba convirtiendo en un nido proselitista.

Por último, como también saben quienes nos siguen habitualmente, estamos abiertos a recibir comentarios, así que si queréis entrar en contacto con nosostros para recibir más información, o para entrevistarnos para algún medio, para colaborar con una reseña propia o simplemente para felicitarnos por la efemérides, este es nuestro email: unlibroaldia@gmail.com.

lunes, 17 de junio de 2024

Peter Bergen: Osama de cerca


Idioma original:
inglés
Título original: The Osama Bin Laden I Know
Traducción: Gabriel Dols Gallardo
Año de publicación: 2006
Valoración: bastante recomendable

Si hay una máxima periodística que dice que no hay nada más viejo que el periódico de ayer, imaginad cómo me siento programando hoy una reseña como esta. Ni tan siquiera cuento con la coartada de la efemérides o de la rememoración de algún hecho relacionado con cierta fatídica fecha, no hay nada (aparte de las referencias el texto en cierta lectura reciente de Susan Sontag) que justifique que recupere o reabra el interés por este personaje que, cuesta encontrar los términos para ser preciso, es historia de la humanidad. Porque han pasado casi veintitrés años de ese momento que, como muy pocos, queda definido en la memoria colectiva con la consabida frase ¿dónde estabas cuándo cayeron las Torres Gemelas? Y para los muy jóvenes o muy despistados, un gentle reminder sobre los motivos por los que cada vez que tomas un vuelo hay que pasar por los farragosos controles de equipaje y los rutinarios arcos de seguridad. O porque en los puertos hay controles aleatorios de escaneo de los contenedores. Y un largo etcétera de cosas que el liderazgo de Osama Bin Laden provocó. Bueno, y los actos de sus seguidores y su organización terrorista. claro.

De hecho, cuando este libro se publicó ni siquiera se había producido el misterioso episodio de su muerte (o de su desaparición) y el libro, antes de epílogos y apéndices finales, aún habla en tiempo real del cabecilla de Al Qaeda y, con un respeto distante pero respeto al fin y al cabo, se refiere a él como lo que fue durante años: el hombre más buscado del planeta. Un respeto precavido que, ya sabemos cómo se las gastan, habré de mantener para no excitar los ánimos. A ver si habiendo sobrevivido a los fanáticos de Manuel Vilas voy a caer con esto. 

Peter Bergen articula un texto extenso y documentado con dos centros de gravedad: la entrevista que le hizo al propio líder de Al Qaeda y ese crescendo hasta el 11-S al que ineludiblemente el libro nos arrastra. En medio, fragmentos de entrevistas, testimonios y confesiones de detenidos y condenados, confesiones, semblanzas de acólitos y enemigos, recortes biográficos, declaraciones propagandísticas y textos con un claro factor diferencial entre el frío relato de los hechos y el fervor, diría ingenuo pero no, religioso, que tizna las declaraciones y me corrobora en mi opinión expresada no hace demasiado sobre lo pernicioso de las religiones y lo curioso que es que, en los sectores más extremistas, se deteste con tanto encomio a los ateos, como si se tratara de invididuos rebeldes incapaces de acatar un orden superior, bajo el nombre en que este pueda presentarse. Aunque el texto tenga ese efecto colateral de la humanización, al que muchas veces se presenta como un hombre educado, austero, de maneras y ademanes correctos y matizados, apenas hay que raspar un poco para ver cómo sus ideas influyen en sus seguidores, cómo éstas anulan a las de los suyos, cómo el discurso se inflama y se convierte en un díálogo cansino y monocorde (mencionando, eso sí, a Dios cada tres frases) y cómo calaba o cómo cala. 

Porque aún asistimos a los poderosos coletazos de esos hechos y Osama Bin Laden, sin lugar de entierro al que peregrinar, sin que la gente lo lleve en camisetas como a Pablo Escobar, aún está vivo en su estela en el presente. Y no sólo por la escasa habilidad de la civilización occidental para neutralizar su influencia. Cuidado, que los frentes que abrió aún están muy lejos de cerrarse.

viernes, 6 de febrero de 2026

Je suis David Uclés

Hace unos meses escribí una reseña negativa de La Península de las casa vacías, así que creo que no soy sospechoso de amiguuismo cuando digo esto: ahora mismo, todos somos, o deberíamos ser, David Uclés. Lo digo, por si hay quien todavía no se ha enterado, por la campaña de desprestigio, y creo que se puede decir también, de acoso, que se ha organizado en su contra en las últimas semanas, a raíz de algunas polémicas en las que se ha visto envuelto, y en las que los medios e influencers de extremo centro y de extrema derecha parecen haberse coordinado "espontáneamente". 
 
Aclaro que no voy a hablar de los ataques que se refieren a su apariencia, su vestimenta, su orientación sexual o su afición por el acordeón (esos ataques se descalifican solos), y aclaro también que, como se verá después, estoy en desacuerdo con David Uclés, o con algunas de las posturas de David Uclés, en varios aspectos importantes; lo que no quiere decir que sea tolerable una campaña de difamación como la que está viviendo, y que es, en realidad, una manifestación de una estrategia de intimidación más amplia, e incluso global, podríamos decir. (De hecho, esta misma semana y solo en España, un humorista y una influencer de izquierdas han decidido tomarse un descanso en sus carreras a causa del acoso de la extrema derecha). 
 
Así, voy a centrarme en dos de las polémicas recientes de David Uclés, una literaria/editorial y otra política, de las cuales la segunda me parece sin duda la más relevante.
 
 
La polémica del Premio Nadal
 
A principios de año (como es habitual) se fallaba el Premio Nadal y, para sorpresa de muchos, el ganador no era otro que el "chico maravilla" de la literatura española reciente, con una novela titulada La ciudad de las luces muertas (que obviamente no he leído, porque en el momento de escribir esta reseña todavía no está a la venta; y que probablemente no leeré, al menos por ahora, vista mi impresión de la anterior novela del autor y de las primeras reseñas que van apareciendo en la prensa). En el momento de la entrega del premio, el autor explicó que se trata de una declaración de amor a Barcelona, con toques de realismo mágico (again), e inspirada por la obra de Carmen Laforet, Montserrat Roig o Mercè Rodoreda, entre otros. De hecho, la novela fue al menos parcialmente escrita gracias a una beca Montserrat Roig, que permitió al autor residir en Barcelona durante seis meses.
 
Conviene recordar que el premio Nadal no es un premio tan ridículamente comercial como el Planeta (solo hay que recordar que el último Planeta lo ganó Juan del Mal), aunque obviamente lo que las editoriales que conceden estos premios quieren es vender libros. Así, pronto se levantaron algunas sospechas de que se trataba de una forma no demasiado sutil de "robarle" un autor de éxito a Siruela, para traérselo al grupo Planeta (a quien pertenece actualmente la editorial Destino que concede el Nadal). El propio David Uclés se ha defendido de estas acusaciones afirmando (y algo de razón no le falta) que el éxito de La península... le ha beneficiado a él, pero también a Siruela, así que no hay nada criticable en que ahora siga su camino y "migre" a una editorial diferente, y a un grupo tan potente como Planeta. 
 
Personalmente, no puedo dejar de apuntar que el movimiento resulta algo oportunista por parte de David Uclés, que parece haber escrito una-novela-para-ganar-el-premio-Nadal, con guiños a la cultura de la ciudad en la que se sitúa en grupo editorial que la publica, unos cuantos fuegos artificiales literarios marca de la casa, y un discurso paratextual "bienqueda", también marca de la casa. Quizás se trate de una novela magnífica, y si es así me comeré mis palabras, pero lo que sé sobre ella en este momento me hace verla más como un producto vendible que como un proyecto artístico.
 
Esta polémica, que es habitual en el caso de premios de carácter más o menos abiertamente comerciales, ganó una nueva dimensión a partir de un artículo de Nadal Suau en El Paísen el que daba una de cal y una de arena: defendía a Uclés de los ataques fascistas que (ya entonces) estaba recibiendo en redes, sobre todo en X; pero al mismo tiempo criticaba, de forma bastante diplomática pero clara, el proceso de "construcción de una persona pública" del escritor, como parte de su estrategia de promoción: la boina, el acordeón, el buenrollismo... 
 
Después de este artículo, la polémica entró en ámbitos poco agradables: Uclés acusó a Suau de criticarle por su aspecto (lo que no es cierto, creo); Manuel Vilas, que también ganó el Nadal hace unos años, y que parece que le tenía guardada alguna inquina al crítico de El País, entró como un elefante en una cacharrería en un post de Facebook acusando a Nadal Suau de atacar a Uclés por elitismo cultural, o sea, porque vende muchos libros; y a ambas críticas Suau respondió, de forma sin duda poco elegante, publicando algunos mensajes privados enviados por Uclés, en los que este se mostraba cordial e incluso agradecido por el apoyo del crítico contra los ataques... En fin, que la cosa pasó de lo literario a lo personal, perdiendo gran parte de su potencial interés: la reflexión sobre el funcionamiento del sistema editorial español, y la importancia de la presencia pública (y, hoy en día), online de los escritores para contribuir o garantizar su éxito. 
 
 
La polémica sobre el evento La guerra que todos
 perdimos
La segunda y más reciente polémica me parece mucho más relevante y significativa, sobre todo por la su simbolismo en el panorama cultural y político actual. Muy resumida, la cuestión es esta: David Uclés había sido invitado para un coloquio sobre la Guerra Civil organizado por Pérez Reverte y Jesús Vigorra, cuyo título y composición ignoraba, aparentemente, cuando aceptó la invitación; a pocos días del evento, cuando supo que el título era 1936: La guerra que todos perdimosy quién iba a participar además de él, decidió retirar su participación, en primer lugar por estar en desacuerdo con la premisa ("la Guerra Civil la sufrieron todos, pero solo la ganó un bando", explicó más tarde), pero sobre todo por su rechazo a compartir cartel y evento con personalidades como José María Aznar o Espinosa de los Montero. Siguiendo a su desistencia, o de forma casi simultánea, varias personas más se dieron de baja, lo que ha llevado al aplazamiento de las jornadas hasta octubre. 
 
Antes de pasar a hablar de las consecuencias y el backlash generado por todo esto, sobre todo para el propio David Uclés, me parece relevante mencionar que esta posición del escritor supone una evolución o una matización de sus posiciones anteriores, mucho más equidistantes en este tema; de hecho una de las críticas que yo mismo le hacía a su novela La Península... era asumir ese discurso de la "guerra cainita" entre hermanos, la tragedia humana desideologizada en la que ambos bandos cometieron atrocidades. Declaraciones igualmente tibias en entrevistas en que parecía equiparar la crispación generada a izquierda y a derecha del espectro político parecían ir en la misma línea de ambigüedad calculada. Con todo, ya algunas actuaciones anteriores, como el discurso pronunciado ante Isabel Díaz Ayuso, de tono muy crítico, parecían indicar que Uclés estaba saliendo de ese marco de equidistancia y de querer contentar a tirios y a troyanos. Este cambio puede deberse, precisamente, al hecho de estar recibiendo ataques en redes sociales incluso con una postura tibia y apaciguadora, o precisamente a causa de ello: no sirve de nada intentar apaciguar a los bullies de extrema derecha, porque siempre van a exigir una adhesión absoluta - e incluso así... 
 
[Como nota al margen, porque preveo lo que van a decir los comentarios: sí, la izquierda (yo mismo, por ejemplo) también criticó la novela de Uclés por su equidistancia ideológico; pero de ahí a los insultos y las amenazas va un gran paso...]
 
David Uclés, por lo tanto, caído ya del equidistante guindo ideológico, renunció a participar en las jornadas de Pérez Reverte, que se defendió diciendo que el título se suponía que debía aparecer entre interrogaciones ("¿La guerra que todos perdimos?"), lo que no sé si mejora gran cosa el tema. Y además y después de eso, con todo el ego y todo el machirulismo de que hace gala habitualmente, se ha dedicado a atacar a David Uclés, llamándole mentiroso e infantil, retirándole la invitación y sugiriendo que todo forma parte de una campaña de autopromoción. Y detrás de Pérez Reverte, que sigue siendo una figura poderosa dentro del mundo cultural español, han venido naturalmente sus acólitos y seguidores a sumarse al linchamiento. Entre ellos, Ana Iris Simón, la gran musa del rojipardismo patrio, que publicó un artículo lamentable en El País (lo que, en su caso, no es precisamente una novedad) acusando a Uclés de ser fascista por no querer debatir con fascistas. 
 
Mi afirmación inicial de que todos somos, o debemos ser, David Uclés tiene relación con esta segunda polémica: en un momento de crecimiento global de la ultraderecha (y ya preveo una vez más los comentarios: "¿Y VeNezUeLa?"), quien se atreve a denunciarla y a distanciarse públicamente de ella, tiene que tener el respaldo y el apoyo de todos los demócratas (no solo de los de izquierdas), independientemente de que sus novelas nos hayan podido gustar más o menos, o de que hayamos podido discordar de algunas de sus posiciones anteriores. Es una cuestión de decencia y de conciencia democrática, de memoria histórica y de dignidad.
 
Así pues, lo repito por si no ha quedado claro: Je suis David Uclés

sábado, 1 de septiembre de 2018

César Brandon Ndjocu: Las almas de Brandon


Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: indigno

Pues no me ha costado ni nada encontrar la portada original de la primera edición. Las que encontraba por todas partes ya incorporaban en portada los fajines de las sucesivas ediciones, van por la quinta o así, fajines que tanto aprecia un servidor, fajines que hablan de salvar el arte y esas cosas, lo cual ya es demasiado. Cinco ediciones en algo que se proclama poesía es mucho.
No pienso llamarle mérito, ni nada que se le asemeje, por eso.
Este es, por encima de todo, un libro para que lo lea gente que detesta leer. Una especie de compensación para aliviar algún resquicio de cargo de conciencia por ello. Estéril, por eso.
Porque aquí la cosa va más de promoción. Yo no reseño este libro porque me guste que me llamen "fantasmón". Yo lo reseño porque creo que es mi deber advertir y contrarrestar el aluvión mediático. Porque de esto se proclama ser "el libro del poeta que conquistó un país entero en menos de tres minutos", porque su autor ganó un concurso de esos de talentos de la TV basándose en su innegable fotogenia, su perfil a medida, y en ese nauseabundo racismo inverso que consiste en alabar por lo exótico, loar por las condiciones particulares antes que por el resultado o por el talento. El racismo inverso del que mira qué enrollado que soy que te aplaudo y te tolero y hasta te toco y te abrazo mientras te promociono.

Haciendo caja, mientras tanto, por supuesto. De eso se trataba, desde el primer momento. No es casual cierta coincidencia de sellos de publicación ni es casual el entusiasmo de los jurados en endilgarnos un producto (tardaba en salir la palabra: producto) o, mejor dicho, en intentar vender este sucedáneo de ínfima categoría ya no como poesía (casi prefiero ahorrarme un festival de ripios si lo fuera, que no) sino como literatura de cualquier guisa. Pero así es y así está siendo. Si la combinación es perfecta. César Brandon Ndjocu es negro, de raza negra, me refiero, guineano, es, o fue, inmigrante, y por tanto, precario, pobre, señalado, es fotogénico, tiene una apariencia sencilla y hasta modesta, de buen chico, es, él también, el producto de un plan orientado a expoliar los bolsillos de la gente y a pretender que se les vende literatura cuando esto es, y le he dado vueltas a la valoración, indigno de ser considerado como tal.
Señores consumidores (por favor, tengamos respeto a los lectores), aquí no hay ningún valor aparte de la mera retahíla de pensamientos obvios en voz alta expresados uno tras otro de forma tan obvia y previsible como anodina y falta de talento u originalidad, y ya perdonareis que en este caso me abstenga de la mera citación de pasaje alguno. Me limitaré a hacer mención a un curioso recurso: cuando no sabe cómo acabar con algún capítulo, como resolver alguna de las tonterías que van surgiendo en este desatino, el recurso más socorrido es un "te amo". Si el amor salvará el mundo, a mí me ha resuelto unos cuantos finales que se atascaban. 
Me explico un poco más. Se trata de unos 80 capítulos de diversa duración donde todos los recursos más hiper-explorados son usados sin pudor ni rubor alguno. La enfermedad, el abandono, la desazón juvenil, la precariedad, el sexo, el amor y el desamor, los lazos familiares más obvios, el gap generacional, esas cosas tan sabidas, la adolescencia, la autocompasión, el chascarrillo constante, el ripio, la repetición como recurso creativo, la obviedad, la inserción de juegos de palabras forzados a cuenta de cualquier cosa. Así es la poesía que triunfa en los talent-show. En algún momento se reivindica de forma contundente a Coelho, aunque otras celebridades nombradas puedan ser Álex Ubago o Albert Espinosa. Previsible. El estilo del autor puede atisbarse ya en su mero perfil en la solapa, para desesperar a más de uno, neograciosillismo deberían llamarle a esto, aunque la alternancia con el supuralagrimismo no es nada desdeñable. La letanía de analogías a la altura de redacciones de primaria o de advenedizos de Twitter es sonrojante. Por eso me veo obligado a engullir esta bazofia y a opinar sobre ella. Porque un libro se vende, se paga por él. No puede ser una sucesión de hashtags inocuos uno tras otro, tan voluble y vacío no es todo. Y llego tarde. Hay gente que ya ha pagado por ello. Y alguien que dude puede leerme, y le digo que se vaya olvidando. Esto es un engaño. Absoluto. Sin una frase aprovechable. Como decimos en catalán, se nos mean en la cara y nos dicen que llueve.
Quiero decir que César Brandon Ndjocu es perfectamente libre de aceptar todo el juego en el que se ha metido. De aprovecharse del tirón comercial de lo que escribe, igual le han convencido, a cambio del correspondiente tanto por ciento, de que tiene alguna clase de talento. De hecho, le deseo suerte en lo de intentar acabar mereciéndolo, de que el aspecto creativo llegue algún día a ser acreedor de su repercusión, aunque sea para justificarlo. No tengo la más mínima confianza en que ello vaya a ser así. Los elogios de tipos como Risto Mejide van a procurarle réditos, seguro, pero yo no sé si para alguien que pretende ser escritor es más valioso el reconocimiento económico o ese que solo el cruel paso del tiempo certifica. A mí, su libro me ha parecido de lo peor que he leído en décadas, un fraude, un insulto para quien lo lea y piense que ahí va a encontrar literatura o algo que se le acerque.
Con el listón tan bajo, no hay que extrañarse de que Manuel Vilas deslumbre.