Idioma original: español
Año de publicación: 2023
Valoración: incomprensible
Premio Nadal 2023. Quizás este sea el momento, el punto de inflexión respecto a Manuel Vilas (@granvilas en Twitter: la única virtud que le falta es la modestia).
Porque el escritor aragonés no tiene la culpa de que, allá por 2019, y seguro que gracias a los consejos de referentes culturales como Kiko Matamoros, algunos críticos con pocas ganas de complicarse la vida abrazaran llorosos sus novelas y las convirtieran en iconos literarios teñidos de verdad, duras confesiones de varón ibérico desesperado por lo que los avatares de la vida le iban procurando.
Tampoco, del todo, de aprovechar ese tirón, el de Ordesa, de plegarse, previo cobro de anticipos, a las solicitudes de sus editores y completar páginas y más páginas de talante parecido: lamentos y lamentos de lo jodida que es la vida porque los ascendentes fallecen/las parejas se separan y otras tantas cosas que parece que solo a Vilas le pasan. O solo a Vilas le pasan, escribe sobre ellas, y convence a algún incauto de que eso puede interesar y constituir una obra.
Si eso gusta a la gente, si eso hace que algún booktuber caiga rendido a sus pies e incluso comparta escenarios promocionales, quia, Manuel Vilas solamente crea y crea y escribe y ya las ventas es algo que sus asesores (financieros, mayormente) le explican.
De lo que sí tiene la culpa es de escribir mierdas como esta Nosotros. Una novela que igual sería soportable si se ciñera a su estrambótica historia; Irene, cincuenta años, viuda reciente con una sustancial fortuna heredada que le permitirá embarcarse en una vida algo disoluta en la que sublimará el recuerdo de Marce, su marido, a través de los encuentros sexuales aleatorios que su existencia le va interponiendo. En esos momentos de clímax, Irene ve a Marce en una especie de escalera simbólica de ascenso a no sé dónde. Realmente, una trama muy flojita, marcada por un neomachismo recalcitrante y casi básicamente dependiente de que esos encuentros sean con ciertos hombres o ciertas mujeres en contextos más casuales - sobre todo se los va encontrando, no demasiado original, en hoteles y restaurantes. Ahí vemos que Irene se fija mucho en los relojes que lleva la gente, algo menos en los coches, también en los perfumes, hay toda una panoplia de productos de cierta alta gama que le fascina. Y un soneto de Quevedo.
Lejos de quedarse ahí, Vilas incursiona en la historia, sobre todo, soltando la vena poética que, dicen, pero tres oportunidades son demasiadas y como que voy a pasar, es su mejor baza. Aquí cualquier continuidad narrativa queda cortada por los devaneos poéticos del autor, que es incapaz de estarse quieto en una perspectiva narrativa contenida y objetiva. No hay párrafo que no quede destrozado por esas ínfulas constantes de sacar punta de forma grandilocuente a todo, y los juegos de palabras son marca de la casa y eso es, siempre, malo. Pesado, pretencioso, vacío, e insustancial. Rozando lo autoparódico. Y la parte final de la novela: tan horripilante y sacada del sombrero como para mostrar al lector (mira de qué soy capaz, toma giro!) algo que yo no atino a comprender. Ganas me dan de destrozar el final en esta reseña, pero, vamos, es primavera, yo voy a respetar al lector más que este autor.
Por cierto, ahora tiene una cosa nueva, Islandia, que parece ser que versa sobre una separación (¿la suya?).
Ni con un palo.
Otras obras perpetradas por Vilas y reseñadas por ULAD, aquí

2 comentarios:
¡Qué corto se queda el reseñista!
Mis condolencias por soportar a este autor, del que creo que lleva ya varias entregas.
Pero al mismo tiempo le pido, no nos prive de las reseñas de Vilas, por motivos evidentes.
Saludos y gracias por la filantropía.
No, si ya con que haya conseguido el Nadal en los últimos tiempos ... mala tarjeta de presentación. Salud!
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