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jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año)El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
ClásicoEl crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convencióTodos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés

sábado, 13 de septiembre de 2025

Madres de libro (bonus round): Linea nigra de Jazmina Barrera

Idioma original: 
español
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy recomendable
 
Cuando ya habíamos cerrado y programado la serie de libros para la semana sobre la maternidad, recuperé de entre mis eBooks atrasados esta obra de la autora mexicana Jazmina Barrera. Y en cierto modo es bastante adecuado que este libro aparezca como bonus round porque es, en sí mismo, una especie de sumatorio de obras sobre la maternidad, sobre el embarazo, el parto o la lactancia, entre otros temas. Es un libro que para desarrollarse reconstruye una genealogía (del Libro de la almohada a Pequeñas labores, pasando por Ursula K. LeGuin, Adrienne Rich, deRachel Cusk, o incluso el Frankenstein de Mary Shelley), y reivindica la propia necesidad de seguir ampliando esta genealogía, ocupando ese espacio negado a las mujeres, a las madres, en el propio concepto de literatura: 
Sé de otras escritoras que también están escribiendo sobre embarazo y parto y lactancia. Más libros fragmentarios, que citan al 'Libro de la almohada'. Me encanta esta moda, y quiero que sea mucho más que una moda. Que seamos más. Muchas. Creo que nunca vamos a ser suficientes. Pienso en los diarios, las listas, las cartas, los herbarios, los libros de texto: todas esas formas de escritura a veces son, o pueden ser, literatura. Lo mismo pasa con los diarios de embarazo, con los diarios de bebés. Quiero que sobren los libros, que los haya buenos y malos. Quiero un canon, una tradición. Y también una ruptura, libros en contra del canon. Nuevos géneros literarios. 
De hecho, este libro es, orgullosamente, un "Diario de la maternidad", que comienza con la noticia del embarazo, y dura (o al menos ese era el plan, como reconoce la escritora) con el destete de su hijo Silvestre. Así, el hilo principal del texto lo componen anotaciones muy concretas, y generalmente muy breves, sobre el embarazo, las náuseas, los movimientos del feto en la barriga; el parto con todo su terror y toda su gloria; y sobre los primeros meses de vida del bebé, y su relación fisiológica y emocional con su madre. En estas anotaciones, lo factual convive con lo reflexivo; la narración de anécdotas con la introspección o el comentario de lecturas de otras autoras, que ocupan sobre todo mucho más espacio en la segunda mitad. (De hecho, la obra incluye una lista final de "LIBROS QUE LEÍ MIENTRAS AMAMANTABA", en que figuran varios libros sobre la maternidad, aunque también sobre muchos otros temas).
 
Con todo, este plan, hasta cierto punto espontáneo (y que no corresponde, por cierto, con el libro que la autora debería estar escribiendo, y para el que había recibido una beca) se ve atravesado por otras líneas relevantes, algunas de ellas imposibles de prever, como el terremoto que sacudió México el 19 de septiembre de 2017, o el cáncer de ovarios detectado a la madre de la escritora. De hecho, la madre de la escritora, pintora de profesión, le sirve a la autora como puente para introducir en el texto numerosas referencias a la pintura o la fotografía, como Frida Kahlo o la narradora y traductora indígena Luz Jiménez, que aparece en varias fotografías de Tina Modotti (en algunas de ellas, dando de mamar) y que también fue modelo para Diego Rivera, entre otros pintores. 
 
El texto (y me imagino que los lectores atentos habrán notado que evito llamarlo "novela" para no traicionar la deliberada ambigüedad genérica de la obra) está compuesto, como mencionaba antes, por fragmentos relativamente breves e independientes; apuntes rápidos, como anotaciones de un diario, que crean una imagen poliédrica de la maternidad, con toda su complejidad y sus contradicciones. Esta es una decisión estética, pero también, como explica la autora, un efecto del propio tema y del contexto de la escritura, entre tomas del pecho, pañales cambiados y siestas mal dormidas:
Susan Griffin también escribe sobre las interrupciones de la maternidad y los fragmentos que produce. Dice que tenemos sólo iluminaciones breves entre las interrupciones que hay que registrar. Luego ponerlas una junto a otra, con la esperanza de que algún día, más tarde, podamos darles sentido.
Creo que, de los libros que he leído sobre la m/paternidad, este es uno de los que mejor toca todas las teclas que más me atraen en el tratamiento de este tema: es inteligente y sensible, no idealiza la experiencia pero tampoco es un relato tremendista, deja espacio al humor y a la ironía, es autoanalítico y autocrítico pero al mismo tiempo da cabida a muchas otras voces y experiencias, por lo que no se vuelve solipsista... Creo que es sin duda un libro que relagaría sin pensarlo a una amiga que estuviese embarazada, o pensando en quedarse embarazada, entre otras cosas porque, como decía antes, permite también seguir el hilo que te lleva a otras lecturas posteriores.
 
Como curiosa nota final, este libro lo disfrutarán todavía un poquito más los lectores que hayan leído también Literatura infantil de Alejandro Zambra: Jazmina Barrera y Alejandro Zambra son pareja, y ambos son los padres de Silvestre, por lo que ambos libros funcionan  como un espejo feminino/masculino sobre una misma experiencia. De hecho, "Alejandro" figura profusamente en la obra de Barrera, y alguna anécdota en concreto (como la sobredosis de hongos alucinógenos del escritor intentando superar una migraña) aparecen narrados en los dos libros desde perspectivas diferentes.

lunes, 17 de marzo de 2025

Padres de libro: Literatura infantil de Alejandro Zambra

Coincidiendo con el Día del Padre (19 de marzo), en ULAD hemos pensado dedicar una serie de entradas a libros que tratan, de una manera o de otra, el tema de la paternidad: exaltándola o problematizándola, mostrando sus múltiples alegrías, y también sus miserias y dificultades. Libros de épocas y literaturas muy diversas, que reflexionan sobre el modo como los hijos se relacionan con sus padres, y los padres con sus hijos. Esperamos que resulte interesante y que, en conjunto, la serie permita abrir reflexiones sobre lo que significa (lo que puede o debe significar) ser padre hoy en día.
 
 
Idioma original: español
Año de publicación: 2023
Valoración: Muy recomendable (aunque no responda exactamente a lo que esperaba de ella)
 
Leyendo Poeta chileno, ya se detecta una sensibilidad muy especial (teñida, eso sí, por la alargada sombra de Bolaño) de Alejandro Zambra para describir las relaciones familiares, paternofiliales y también el mundo de la infancia, su forma de ver el mundo, su particular lenguaje y su universo imaginativo. Literatura infantil recupera muchos de estos temas, y muy particularmente la idea de relación entre padres e hijos (el masculino aquí no es genérico, si es que lo es realmente alguna vez), adoptando en este caso un formato genérico próximo a la autobiografía (o autoficción). 

El libro se divide en dos partes, y hay entre ambas una relación especular: la primera (que sí corresponde a lo que esperaba de este libro) se centra fundamentalmente en la relación de Alejandro Zambra con su hijo y, en general, con su recién adquirida paternidad (el antes, el durante y el después); y la segunda parte, en cambio, orbita más en torno a la relación del escritor con su padre, por lo que, estando igualmente bien escrita, me ha interesado algo menos. No cabe duda de que esta correspondencia entre ambas partes responde a una de la ideas centrales del libro: que la relación con un hijo hace que te replantees la relación con tu propio padre, y reconsiderar tu propia infancia. O, en palabras del propio texto, "Cuando tienes un hijo, vuelves a ser hijo".
 
Como digo, la primera parte, compuesta por ocho capítulos independientes, es la que más me ha satisfecho, por responder a mis expectativas y porque, como también dice el propio texto, viene a llenar un cierto silencio literario que poco a poco se va llenando de voces: el que explica, analiza y representa la relación de los padres con sus hijos. Además, en esta primera parte (sobre todo en el primer texto, que se titula, como el libro, "Literatura infantil" y que es una especie de diario intermitente del primer año de vida de su hijo) he encontrado la mezcla exacta y precisa de ternura, sensibilidad y humor que me parece necesaria para narrar la experiencia de la paternidad. Digamos que si hubiera una escala entre la excesiva sublimación emocional de Umbilical y la aridez machuna de Irene y el aire de Alberto Olmos (que también reseñaré esta semana), Literatura infantil se situaría exactamente en un el punto adecuado (que no es necesariamente el medio) para tratar este tema. (Añado, entre paréntesis, que también Hijos del fútbol de Gálder Reguera, que perfectamente podría haber entrado en esta serie si no estuviese ya reseñado, también se encuentra muy cerca de ese punto dulce).
 
El autor es consciente de esta elección estética, obviamente, y también de que va en contra de una cierta idea de masculinidad y de "buen gusto", y lo plasma en el propio texto:
Durante siglos la literatura ha evitado el sentimentalismo como a una peste. Tengo la impresión de que hasta el día de hoy muchos escritores preferirían ser ignorados antes que correr el riesgo de ser considerados cursis o sensibleros. Y es verdad que, a la hora de escribir sobre nuestros hijos, la felicidad y la ternura desafían nuestra antigua y masculina idea de lo comunicable. ¿Qué hacer, entonces, con la satisfacción gozosa y necesariamente bobalicona de ver a un hijo ponerse de pie o comenzar a hablar?
Otros textos de esta primera parte tratan otros aspectos de la experiencia de la paternidad: la elección del nombre, la lectura de cuentos antes de dormir y, justo al final de esta sección, el confinamiento por causa del covid. Ninguno está a la altura, pienso, del primero, el diario de un padre primerizo, pero todos son buenos, cada uno a su manera.
 
Después, en la segunda sección, el foco del libro va girando hacia el otro ángulo del tema de la paternidad: la relación que el escritor tiene con su propio padre, sobre todo a partir del capítulo titulado "Rascacielos". (Antes viene un cuento protagonizado por niños, "Garabatos", que sin ser malo no me parece que acabe de encajar en el conjunto). También en esta segunda parte hay capítulos notables, siempre en ese registro autobiográfico/autoficcional, contados con sensibilidad y humor, como "Cogoteros de ojos azules" o "Lecciones tardías de pesca con mosca", pero personalmente no he disfrutado tanto de esta segunda parte del libro, porque lo que esperaba, lo que venía buscando, ya lo había encontrado en la primera.
 
En todo caso, este libro es uno de los mejores representantes que se me ocurren para esta semana de reseñas dedicada a la paternidad...

Otras reseñas de Alejandro Zambra en ULAD, aquí.

lunes, 16 de diciembre de 2024

ULAD 2024 - Olvidad cualquier otra lista

Para qué más preámbulos: la lista de los listos. La que todo autor anhela por integrar. La que todo el mundo editorial espera para consultar. La única virtud que nos falta es la modestia.


Alain:

Resumen del año: Mi primer año como miembro de ULAD. Formar parte de un grupo de apasionados por la literatura ha sido estimulante. Además, tuve la oportunidad de platicar con escritores a los que admiro. Así que ha sido un año muy bueno para mí. Aquí mis favoritos del año:

Novela: Salto mortal, de Kenzaburo Oé. Los años de espera, de Fumiko Enchi.
Novela corta: Ella en la otra orilla, de Mitsuyo Kakuta.
Cuentos: Lealtad al fantasma, de Enrique Serna. La sangre de medusa (y otros cuentos marginales), de José Emilio Pacheco.
Comic: Takemitsuzamurai, de Issei Eifuku y Taiyō Matsumoto.
Crónica: Una novela criminal, de Jorge Volpi.
Poesía: Kokinwakashu. Sobre la luz, de Oscar de Pablo.
Relectura: Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia.
Descubrimientos: Los niños 6 y Cómo provocar un incendio y por qué, de Jesse Ball.

Oriol:

Resumen del año: No ha leído ningún libro imprescindible. Aun así, he descubierto muchas novelas, antologías y cómics notables. ¡Ah, y mi primer título, El amor edípico contra la lujuria sadomasona, ha sido publicado por Colectivo Juan de Madre Presenta, ilustrado por Rios Über Alles y reseñado con mucho tino por, entre otros, Santi Pérez Isasi y David Calpa! ¡Ah, y a través del compañero Alain Ríos he podido preguntar un par de cosillas al gran Shintaro Kago!

Novelas destacables: Un jardín de placeres terrenales, de Joyce Carol Oates, Valentino, de Natalia Ginzburg, El reloj de sol, de Shirley Jackson, y Job. Historia de un hombre sencillo, de Joseph Roth.
Novelas que parecen escritas específicamente para mí: My husband has taken our roleplaying too far, de Christian Wallis, El regreso, de Walter de la Mare, y El dios de piedra, de Leonard Cline. Quizá incluiría también La declaración de Stella Maberly, de F. Anstey, y Los veinte días de Turín, de Giorgio de Maria.
Clásicos decimonónicos castizos desempolvados: Las cañadas indómitas, de Raimon Casellas, El subterráneo habitado, de Manuel Benito Aguirre, Narraciones inverosímiles. Selección, de Pedro Antonio de Alarcón, y Criadero de curas, de Alejandro Sawa.
Mejor antología de relatos:  Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero. 
Relatos destacados: Varios de T.errores. En el bosque ya estás muerto, de VV.AA., de L'amant del diable, de Elizabeth Bowen, de Parásitos perfectos, de Luis Carlos Barragán Castro, y de Negro tal vez, de Attila Veres. 
Mejores novelas gráficas: Fraction y El palacio infinito de Shintaro Kago. También es bastante buena La voz de las bestias, el ansia de los hombresde Thomas Gilbert.
Mejor libro de no ficción: El camino pagano, de Edgar-Max.
Empacho de: Narrativa (tanto novela como relato).

Juan:

Resumen del año: En general, un año bastante anodino; ni bien ni mal, ni frío ni calor, ni carne ni pescado... Aún así, alguna que otra lectura destacable sí que ha habido:

Polar y novela del año (previsiblemente, aunque aún quedan unos cuantos días para que éste termine): Historias de la noche de Laurent Mauvignier 
Novela de miedito (o no): Una cabeza llena de fantasmas de Paul Tremblay 
Novela/reportaje gráfico: sin duda, El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrasa.
Biografía (más o menos) también bastante gráfica: Las 100 primeras películas de Nicolás Cage de Paco Alcázar y Torïo García.
Ensayo: The King, de autoría variada y, en curso de lectura, Danza macabra, justamente de The King...

Poesía: Llibre de meravelles de Vicent Andrés Estellés (cierto que no he leído ningún otro, pero lo merece igualmente).

Decepción: Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query. Esta es la chafada más gorda, pero también ha sido un poquito decepcionante Lo que más me gusta son los monstruos - Libro Dos de Emil Ferris. Y aún tengo el culo torcío con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda...

NO decepción del año: Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enriquez.

Sorpresa (se entiende que agradable) del año: Los secretos de Heap House de Edward Carey,

Bizarrada del año (y por muchos más, sospecho): El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil.


Carlos:


Resumen del año: esto es una novedad introducida por sorpresa, así que me ha dejado un poco descolocado. Aun así diré que el año ha sido regular, con más decepciones de las habituales, y un nivel medio en el que apenas sobresalen un puñadico de cosas, algunas como estas:


Novela: en castellano Extraña forma de vida, de Enrique Vila-Matas; en otros idiomas, El otro nombre (Septología I), de Jon Fosse

Novela corta: Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño, y Noches blancas, de Fiódor Dostoyevski

Ensayos y similares:

    - Humanidades: Los hombres no son islas, de Nuccio Ordine

    - Música: Aquellos años accidentales, de Laura Piñero

    - Arte: El eco pintado, de Óscar Martínez

Historia: Ocho días de mayo, de Volker Ullrich

Libros de viajes: Campos de Níjar, de Juan Goytisolo

Biografía novelada: Lawrence de Arabia. La corona de arena, de Jose María Álvarez

Relectura: Artificios, de Jorge Luis Borges

Humor: El puente de los perros suicidas, de Abel Amutxategi

Clásico: La guerra carlista, de Ramón del Valle-Inclán (reseña en unas semanas)

Rarezas y descubrimientos: Madame Edwarda, de Georges Bataille, y Nebiros, de Juan Eduardo Cirlot


Koldo:

Resumen del año: Lo de siempre, pero un año más viejo

Tres libros de relatos:  Ahí fuera de Kate Folk, Alcaravea de Irene Reyes-Noguerol y Cuentos completos de Juan Carlos Onetti. 
Tres novelas: Eloy de Carlos Droguett, Despertar a los muertos de Scott Spencer y El origen. Una indicación de Thomas Bernhard. 
Dos libros híbridos: Yo navegué con Magallanes  de Stuart Dybek y Grimmish de Michael Winkler.
Dos libros de memorias (también un poco híbridos): Cada uno por su lado y Dios contra todos de Werner Herzog y Vida de un pollo blanquecino de piel fina de Andrés Pérez Perruca.
Un ensayo: Terror y utopía: Moscu en 1937 de Karl Schlogel.

Marc:

Resumen del año: año flojo en lecturas (en cantidad, pero también en calidad). Pocos libros destacables en un año en el que se salva básicamente por libros de autores ya conocidos y por el descubrimiento de la obra de Fosse.

Libro del año: «La próxima vez el fuego», de James Baldwin
Ensayo del año: «El temps de la promesa», de Marina Garcés
Autores de literatura infantil del año: Romain Pujol & Vincent Caut con la serie «Avni»
Consagraciones del año, nuevamente: Pol Guasch, Annie Ernaux
Descubrimientos del año (autores): Jon Fosse 
Propósitos para el 2025: más poesía y más clásicos
 
Francesc: 
 
Resumen del año: incluso estando satisfecho de haber sido capaz de sostener un cierto ritmo lector, lo hubiera estado más si el año hubiera contado con alguna experiencia reveladora sobre todo en clave ficción, aunque quizás en estos tiempos extraños y convulsos confiar en que se produzcan carreras literarias de largo recorrido resulte un poco ingenuo. 
 
Aún así:
 
Libro del año: Ex-aequo: Los jugadores de Whist de Vicenç Pagès Jordà (aún no reseñado) y El dia de la Independència de Tuli Márquez, lecturas, ambas, generacionales, cercanas y crepusculares y reivindicaciones de que los autores en catalán deberían contar con una industria valiente que los traduzca. Ya de paso, todo lo de Monzó y lo de Pàmies.
Retrasos del año: Mary Gaitskill, autora que me ha interesado con cierto efecto retroactivo y a la que aún me resulta difícil ubicar, por la manía de la industria editorial USA de etiquetarlo todo
Ensayos del año: lo digo en el resumen, me gustaría engancharme a algún autor de ficción, pero el ensayo (y las novelas cortas, je je) ha sido un recurso muy útil para marcarme ciertas pautas lectoras, así que desgloso dos categorías: 
  •     Ensayo atemporal: Aldous Huxley y Barbara Cassin (aún no reseñado)
  •     Ensayo del momentoEva Illouz Mark Coeckelbergh, más que nada para que se lean antes de que sus premisas caduquen (o estallen por los aires) y los veamos más antiguos que el periódico de ayer (¿qué es un periódico?)
Propósitos del año: hacer algún mínimo caso a las novedades de ficción, a ver si así descubro algún escritor notable antes de que se me muera. Leer ensayos sin que sepa de antemano que comulgo con sus planteamientos (se resolvería de cuajo leyendo a Jiménez Losantos). No pasar de largo en las secciones de poesía (al menos mirar las portadas, me refiero). Leer más crónica. Releer más de todo.
 
 
Santi:
Resumen del año: Revisando mis (escasas) reseñas de 2024, veo que el año empezó bien, con una buena cosecha de libros comprados/regalados en Navidad, pero luego vino una larga sequía de lecturas, en la que predominaron las relecturas y los clásicos. Entre lo que he leído más reciente predomina claramente lo fantástico y el terror, y la literatura española y en español. Va mi lista:

  • Libro del año: De entre los recientes, Visceral, de María Fernanda Ampuero, que me sorprendió muchísimo; de entre los menos recientes, Los santos inocentes de Delibes, que no puedo creer que todavía no estuviera publicado en el blog.
  • Mejores novelas: Un amor de Sara Mesa (con permiso de Juan G.B.) entre las recientes y Tristana de Galdós entre los clásicos. Mención especial para dos novelas hispanoamericanas impresionantes: Huasipungo de Jorge Icaza y Balún Canán de Rosario Castellanos.
  • Mejores novelas cortas: Un detalle menor de Adania Shibli y Mireia de Purificació Mascarell.
  • Mejores libros de cuentos: Conejo maldito de Bora Chung y El peor escenario posible de Alejandro Morellón.
  • Mejor ensayo / autobiografía / autoficción / whatever: Yeguas exhaustas de Bibiana Collado Cabrera
  • Libros sobre paternidad (que aún no he reseñado): "pulgar hacia arriba" para Literatura infantil de Alejandro Zambra; "pulgar hacia abajo" para Irene y el aire de Alberto Olmos
  • Lectura más loca e inclasificable del año: El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil Hervás.
  • Decepciones (sin ser libros horribles ninguno de los dos): Soy fan de Sheena Patel y Otaberra de Elisa Victoria.

Propósitos del año: Leer más, mejor, más variado y más reciente (aunque este propósito lo hago todos los años y ya se ven los resultados...).


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¿Qué hay de vosotros, queridos lectores de ULAD? Estamos deseosos de que compartais vuestras listas con nosotros en los comentarios.

viernes, 13 de octubre de 2023

Alejandro Zambra: Poeta chileno

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable 

Hacía tiempo que no leía a Zambra y, entre el marasmo de recuerdos propio de cierto tipo de lector caótico/compulsivo, me costaba recordar (aunque sí recordaba que sus libros los publicaba Anagrama, va a resultar que tengo memoria visual) si lo que había leído era novela corta o colección de relatos. Sé que eran tomos no muy voluminosos, pero no pasaba de ahí. En todo caso, cuando un autor así publica una novela de más cuatrocientas páginas, parece que se decida a presentarse a otro nivel. Ya no digamos con un título así, que, llámadme obseso, desprende bolañismo por doquier. Cuestión zanjada con elegancia, por supuesto que Bolaño es mencionado en algún punto, concretamente su novela Nocturno de Chile (incomprensiblemente no reseñada en este blog). No es que Zambra necesitara una puesta de largo, pero parece ser que esa percepción es común, y esta novela cuenta en su lanzamiento con una acogida crítica unánime y un ensalzamiento merecido al que voy a unirme.

Primero: el estilo de Zambra. Dinámico, contemporáneo, poco proclive a los devaneos líricos pero curiosamente poético en su profundidad esquemática. Las palabras precisas, incluso cuando se elucubra. Una escrupulosa elección de los términos, de las progresiones. Un elemento clave para que la novela sea a la vez ligera en su recorrido y densa en su percepción. Aunque sea una novela con enormes saltos temporales (que excita al lector, que puede preguntarse en todo momento qué ha pasado en esos intersticios), la linealidad temporal no se arrastra hacia evocaciones nostálgicas, hacia páramos donde (cuando la poesía es la protagonista constante entre bambalinas) uno pudiera simplemente sentarse a rememorar y perderse en ese recuerdo, pero de eso no se trata aquí.

Segundo: la trama. Lejos de trucos o pirotecnia, todo es normal y asequible. Gonzalo, joven adolescente, inicia relación de iniciación con Carla, compañera de conciertos, de estancias en habitaciones oyendo discos. Chile, entendemos, en los momentos tardíos de la dictadura de Pinochet, y es ahora que hace unos días que acabé el libro pienso si esas parejas ausentes no son trágicos esbozos que evocan fantasmas de distintas gradaciones (exilio, encarcelamiento, desaparición). Gonzalo vive con su madre y quiere ser poeta, está decidiendo qué va a estudiar, Carla aparece en su vida y en esa primera parte (glorioso título, Obra temprana), Gonzalo define su existencia y su terrible vocación. Pasados unos años, el reencuentro. Carla tiene un hijo de una relación, León se llama el padre y Vicente el hijo, niño al que Gonzalo, obsesionado con la fealdad de palabras como padrastro o poetrasto, acoge con dignidad, con entusiasmo, con una actitud que le eleva como persona. Pero es poeta, y eso significa precariedad, escasez de recursos. Mucho más tarde, Vicente resurge. Es un poeta de falsa segunda generación que se reencuentra con Gonzalo y que ya es un joven que tiene una aventura algo desestructurada con Pru, una periodista norteamericana que ha aparecido casi por azar para hacer un artículo, sobre nueva poesía chilena, para una revista. Prodigioso pretexto para entregar (a través de una serie de entrevistas) una divertida serie de personajes. 

Suficiente para que Zambra esboce una semblanza que aglutina país, profesión, generación, una especie de perspectiva universal de ejecución sublime donde nada sobra y todo se disfruta y se degusta.


También de Alenandro Zambra en ULAD: Aquí

miércoles, 16 de febrero de 2022

Lo mejor de 2021: Lo que opinan nuestros lectores

Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.

En riguroso orden de llegada.

Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.

Salud y cultura, amigos.

Anónimo

Ficción

Libros que merecen mejor valoración en el blog

Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino

Tres tristes tigres de Cabrera infante


Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan

La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses


Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique


Nada que decir, apuestas seguras

Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo

Ficciones de Borges

Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas


Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón

Bajo el volcán de Lowry

La insoportable levedad del ser de Kundera


No ficción

Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

Sociología y pragmatismo de Wright Mills

La distinción de Bourdieu

La selva de los símbolos de Turner


Relectura necesaria

La imaginación sociológica de Wright Mills

Outsiders de Howard Becker

La zona gris de Auyero


Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas

Los trucos del oficio de Becker

Describir el escribir de Cassany

Decir casi lo mismo de Eco


Clásicos que faltaban

La rebelión de las masas de Ortega y Gasset

Técnica y civilización de Mumford


Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer

Adiós al socialismo de Del Búfalo

La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja

El Estado mágico de Coronil


Conseguidos por sorpresa

Orientalismo de Said

La invención de Irlanda de Kiberd

Comunidades imaginadas de Anderson


Gabriel Diz

Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:


1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)

2)El corazón del daño (María Negroni)

3)Años luz (James Salter)

4)2666 (Roberto Bolaño)

5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)

6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)

7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

8)La hermana menor (Mariana Enriquez)

9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)

10)Prins (Cesar Aira)

11)La sangre manda (Stephen King)

12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)

13)Persecución (J.C. Oates)

Carlos Ávila:

El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De

todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar

Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.

Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.

Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la

precariedad de Jorge Moruno.

Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero

con Frutos extraños y Carrère con Yoga.

Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick

Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.

Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove

Ditlevsen.

Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos

de Kenneth Cook.

Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de

Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.

Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con

Guerra y paz.

Pablo GP

Libros Preferidos:

- Donal Ryan: Corazón giratorio.

- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.

- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.

- Albert Cohen: Bella del señor.

- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.

- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).

Libros Destacables:

- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.

- Alan Parks: Enero sangriento.

- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.

- Jeffrey Eugenides: Middlesex.

- Bruce Chatwin: Colina negra.

- Peter Kaldheim: El viento idiota.

Mención honrosa:

- Alan Parks: Hijos de Febrero.

- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.

- D.H. Lawrence: El arco iris.

- Chriss Offutt: Kentucky seco.

- Emmanuel Carrère: Yoga

Decepciones:

- George Saunders: Lincoln en el bardo.

- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.

- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.

- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.

Maqroll El Gaviero

Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):

- Los siete locos (Roberto Arlt)

- Limónov (Carrère)

- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)

- Glosa (JJ Saer)

- Me llamo Rojo (Pamuk)

- Martin Eden (Jack London)

- Kokoro (Soseki)

- El idiota (Dostoievsky)

- La suerte de Omensetter (W Gass)


Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).

Ángel Muñoz

El mejor,

No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.

Me daba perezón pero mira…

Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)

Me arriesgué y no me decepcionó

64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.

Qué necesidad tenía yo…

A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins;  La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.

Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).

Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)

Sorpresas inesperadas

Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).

Me hicieron reír, mucho

Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)

Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción

Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)

Zoila Blanco

ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)

Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)

VERA (E. von Armin)

ELS DICS (I.Solá)

LA DRECERA (M.Martin Serra)

LAS LEALTADES (De Vigan)

LA AVERIA (F.Dürrenmatt)

ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)

EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)

TSUNAMI (A. Pijuan)

LLUM DE FEBRER (E.Strout)

L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)

LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)

AMARILLO (F. Romero)

EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)

LAS GRATITUDES (De Vigan)

Sergio Borao Llop

Ante todo, gracias por las reseñas diarias.

En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler

Noir, de Robert Coover

Todo lo que muere, de John Connolly

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

Solo el silencio, de R. J. Ellory

X, de Percival Everett

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

El gran cuaderno, de Agota Kristof

El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

Cuentos completos, de Mario Levrero

Ánima, de Wajdi Mouawad

Plop, de Rafael Pinedo

Las primas, de Aurora Venturini

Michi:

Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao

Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los

mentirosos - Mary Karr

Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello 

Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte 

Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns 

Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez 

Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne 

Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar 

Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor 



jueves, 25 de octubre de 2018

Entrevista + Reseña. Llucia Ramis: Las posesiones

Idioma original: catalán
Año de publicación: 2018
Valoración: muy recomendable

Puede que si los tiempos fueran otros yo hubiera leído Las posesiones con otra actitud inicial. Me refiero a los tiempos en que los buenos escritores tenían suficiente con lo que obtenían de sus libros para vivir con cierto desahogo. En ese caso, Llucia Ramis, que es una buena escritora, no tendría porqué mantener una presencia en los medios que condicionase y espaciase los acercamientos a sus obras “serias”, y cuando el lector acudiera a Las posesiones podría hacerlo sin pensar en su autora como comentarista en radios o como cronista de eventos literarios, actividades legítimamente alimenticias pero que, puristas echémonos las manos a la cabeza, son bastante alejadas del arquetipo del autor que trasnocha en la búsqueda del párrafo perfecto y se tortura llenando la papelera de borradores que acaba destruyendo entre sangre, sudor y lágrimas. A cambio de eso, o en vez de eso, el que sigue a Llucia Ramis ya la ha visto comentando presentaciones en La Calders o retransmitiendo por Twitter galas de los Planeta y ha asistido a cierto jugueteo de quien sabe que puede elegir de qué lado le apetece estar.
Cuando ha estado del otro lado, Llucia Ramis ha recibido premios. Las posesiones, por ejemplo, en su versión en catalán (por supuesto, la que he leído al ser mi primera lengua) fue premiada por Anagrama y, a riesgo de ignorar si hubo o no muchos contendientes, creo que lo fue de una forma merecida. Porque, con las debidas distancias y los lógicos errores disculpables y subsanables, en cuanto Ramis se pone el uniforme de escribir (y aquí se lo ha puesto) esa aura de frivolidad se desvanece y queda sustituida por una atmósfera sincera y cercana, pero con la mesura suficiente para dejar de lado ñoñeces y cursiladas y confidencias que suelen malbaratar (palabra que se queda muy corta) los textos de este tipo.

Hablando de tipos. Veo una cierta insistencia en el uso del término “novela” para describir textos como éste. Puede que tenga algo que ver con cuestiones comerciales, pero a mi me causa desconcierto y hasta me confunde, ya que, asumiendo cierta profusión de licencias creativas, me empieza a parecer que ya es un recurso el apelar al equívoco, el sobre-estimular al lector a la hora de afrontar un texto como si diciendo abiertamente “soy escritor y escribo sobre cosas que me han pasado” obrase un efecto desmotivador.

Porque me he encontrado googleando "Benito Vasconcelos" aunque fuera para constatar que sí, es un personaje creado para esta ficción pero no, podría ser que cierto sentido del respeto haya inducido a Llucia Ramis a alterar detalles. Aún así, aunque todo encaje con la realidad y las fechas y las circunstancias cuadren, Ramis me ha enredado, como decimos aquí, y me he visto absorto en esta historia. La de una chica mallorquina intentando abrirse paso en la vorágine barcelonesa pero absolutamente dependiente de divisar todo el rato una referencia para un eventual regreso. La de un padre recién jubilado que emplea sus fuerzas en buscar justicia en el mundo. La de un empresario de los tiempos del pelotazo y de la burbuja y del dinero negro (etapa ni mucho menos cerrada) abrumado por ser víctima de las trampas que él mismo ha creado. La de parejas de ir y venir, todas ellas maduras para unas cosas e inmaduras para otras, y en el telón de fondo esa precariedad que empieza a lastrar a una generación. La generación que se encontró la crisis cuando pensaban que iban a progresar, y la generación a la que se intenta convencer que ya todo está superado pero una de las claves de esa superación es que tú te olvides de cobrar lo que se le pagaba a cualquiera en 2006 por hacer lo que tú haces ahora. Ramis no tiene inconveniente en ponerse a sí misma de ejemplo de esa situación. Y esa honestidad traspasa la página y llega mejor al lector que muchos otros que no voy a citar. Aunque le he decir lo mismo que le dije a Halfon: la experiencia propia puede ser un buen vivero y es obviamente un punto de partida donde uno se mueve particularmente bien. Pero yo espero ficción abierta, creación, diseño de mundos más allá del propio. Esa batalla hay que librarla un día u otro.

Por si esta brillante novela no fuera suficiente, nos ha contestado de forma exuberante, sincera e intensa a unas cuantas preguntas. Menuda entrevista nos has concedido, Llucia: Moltes gràcies.

¿Por cuál de sus novelas recomendaría al lector que empezara con su obra?

Supongo que por la última, Las posesiones. Sergi Pàmies dijo que era como un “grandes éxitos”, así que no hace falta leer ninguna otra. Todo lo que una tarde murió con las bicicletas es más memorialística y la cara soleada de Las posesiones, según Julià Guillamon. En estas dos hablo de Mallorca y las familias, y en Cosas que te pasan en Barcelona cuando tienes treinta años y Egosurfing (las anteriores), hablo de Barcelona y los grupos de amigos. Todas están ubicadas en 2007, justo antes de la crisis, cuya sombra ya se cernía sobre nosotros.

En las dos que he leído he advertido una cierta añoranza de la vida en una isla, como si la vorágine barcelonesa fuera algo de lo que hay que salir a aliviarse. ¿Se ve de vuelta en el futuro, escribiendo desde una terraza en un pueblo, con vistas al mar?

El otro día hablaba con un amigo mallorquín que también vive en Barcelona, y comentábamos que, en el fondo, siempre nos hemos visto así de mayores: en una casa frente al mar. Pero cuando he tenido la oportunidad de hacerlo (y la he tenido en un par de ocasiones), no me he atrevido a dar el paso. No soportaría el paraíso. 
En Mallorca se vive muy bien si no has nacido allí, decía mi amigo. Los que regresan tras haber estudiado la carrera, o porque no encuentran trabajo, entran en la espiral de la ensaimada: se acomodan o les acomodan. Si tienes aspiraciones creativas, hay pocas salidas. De hecho, sólo las hay por avión o en barco. Claro que siempre puedes dedicarte a organizar bodas. Es el destino preferido para casarse.
Es un lugar que el mundo entero pisotea cada verano, y del que tú no puedes salir si no es dando un salto, porque estás rodeado de mar. Para mí Mallorca es como una madre: es la más guapa del planeta, la quieres con locura, te acoge siempre. Desde el momento en el que pones un pie en la isla, eres otra persona, vuelves a ser una niña. Te relajas, estás en casa. Pero al cabo de tres o cuatro días, no puedes más. Mallorca, igual que la familia, es refugio y a la vez es lastre. No puedes escapar.
En cambio, Barcelona es como esa pareja a la que habrías dejado mil veces porque cada dos por tres te saca de quicio. Y yo lo intenté: fui a París, a Buenos Aires, estuve a punto de irme a Madrid, incluso a Beirut. Pero al final siempre vuelvo. Necesito salir de vez en cuando, Barcelona puede resultar asfixiante. Es mucho más pequeña de lo que ella cree. Además, aunque vaya de presumida y se ponga guapa, está muy acomplejada y no sabe lo que quiere. Pronto se parecerá a todas esas ciudades que se ponen botox y silicona, y son indistinguibles. En cualquier caso, fue amor a primera vista. Desde que vine a pasar un fin de semana con unos amigos, a los dieciséis o diecisiete años, supe que viviría aquí, y por eso escogí carreras que no pudieran estudiarse en Palma. 
Sea como sea, no echo de menos la vida en una isla, sino a la isla en sí, al paisaje y la belleza que conformó una parte importante de mi vida. Necesito que ese paisaje se mantenga, porque si no, temo perder una parte de mi memoria y mi pasado. Por otro lado, no volvería a Mallorca para ocuparme de ello. En un momento de Las posesiones, la hija le dice a la madre que no pueden vender la casa familiar, que si lo hacen será como si le amputaran un brazo o una pierna; necesita poder pasar allí sus vacaciones o tendrá la sensación de que le falta algo. La madre le contesta: “Ah, muy bien, ¿y vas a hacerte cargo tú de la casa?”. Y la hija piensa que ni de coña. Ni se le había pasado por la cabeza.
Nuestra generación es un poco así: prematuramente nostálgica (echamos de menos los años ochenta, y pasaron hace cuatro días; aún no somos ancianos). Todavía esperamos que nuestros padres y abuelos cuiden del legado que nos dieron. Ellos lucharon para conseguir unos derechos y unas libertades, y no hemos entendido que a nosotros nos correspondía hacer un esfuerzo para conservarlos. En lugar de eso, nos quejamos por haber perdido unos privilegios, cuando lo grave es que estamos perdiendo esos derechos y libertades como perdemos las casas familiares, que nunca cuidaríamos (antes las alquilaríamos o venderíamos). Los privilegios son individuales, y los derechos y libertades, colectivos. Y claro, vivimos en una sociedad enfocada hacia el individualismo y el narcisismo, en la que nos dicen: móntatelo tú mismo y sálvese quien pueda.

Ya sé que la narradora no es la autora, pero, después de varias obras con coincidencias relevantes con su vida personal, ¿leeremos historias donde no la veamos en ningún personaje?

No creo. La novela tradicional cada vez me interesa menos, como lectora y como autora. Me gustan más los múltiples juegos que propone la realidad, que no existe por sí misma si no es como relato (lo que ya representa una forma de ficción). De todos modos, a partir de las historias de Philip Roth o Coetzee, por ejemplo, también creemos saber cómo son los autores, aunque los diferenciemos del narrador y los personajes, y nadie etiquete sus obras de “autoficción”.
Ahora se le llama autoficción a la literatura, cuando yo diría que la autoficción está en las redes sociales. De hecho, concibo la literatura –el artefacto literario– como una forma de distancia, una elaboración de la realidad que no tiene por qué pasar necesariamente por el yo. ¿Hacían Proust y Joyce autoficción? ¿Y Cervantes? ¿Por qué a los cantantes y poetas no se les pregunta cuánto hay de autobiográfico en sus canciones?
Mi yo es cronista, no protagonista. Pretende ser un yo observador. En una película, sería el director de fotografía. Puedo crear ambientes regulando la iluminación, tamizar algunas escenas, decidir dónde pongo el foco, pero no dar órdenes a los actores. Intento transmitir las emociones a través del modo en el que trato la imagen, subrayándolas lo mínimo. A partir de ahí, el lector pone de su parte. Capta las referencias, que lo trasladan a un momento de su propia vida (o no). No hago autoficción, sino que intento hacer alterficción. Quiero hablar de ti (de ti, y no de nosotros, ni de mí).
Mis narradoras, en primera persona, nunca tienen nombre. Se da por supuesto que es porque se llaman como yo, que su nombre es el que sale en la portada del libro. Mi nombre no merece salir en las páginas de ningún sitio. El juego que propongo (interno e íntimo) es otro: al escribir en primera persona, el lector o lectora lee en primera persona. Por lo tanto, el que se mueve por la historia es él o ella. Es el típico problema que flipa a los niños: “si tú eres tú, y yo soy yo, para ti tú eres yo”.

Como lector, y si las hay, no distingo grandes influencias, ¿cuáles son sus autores de referencia? Con tanto acceso al mundo literario, ¿qué hay en su mesita de noche? y, si no es demasiado comprometido, ¿podría hablarme de algunas lecturas recientes que le hayan dejado algún tipo de huella?

Mis referentes son Emmanuel Carrère, Michel Houellebecq, Natalia Ginzburg, Janet Malcolm, Stephen King (lo leí de adolescente, y fue el primero que me señaló la responsabilidad del escritor con respecto al texto y sus consecuencias; recordemos Misery), también Alejandro Zambra (por sus reflexiones sobre cómo escribir y leer). Todos tratan la escritura como trampa y a la vez salvación, que puede pervertirse hasta la obsesión. Se sitúan en algún lugar de aquello que cuentan. Están ahí, dudan, se equivocan, lo intentan de nuevo. Todos hablan del miedo, que es mi tema favorito y algún día espero estar preparada para abordarlo a fondo.
En mi mesita de noche está la obra completa de John Lanchester, porque participaremos en las Conversaciones de La Pedrera el 29 de octubre. Según los organizadores Montse Ingla y Toni Munné, compartimos al menos tres temas: el dinero, el tratamiento de la verdad y la familia. Mientras releía Capital, recordaba un proyecto –de momento aparcado– por el que quería entrevistar a todos los vecinos de la pequeña calle en la que vivía. A todos. Capital trata sobre los habitantes de la calle Pepys, en Londres, que ven como su fortuna crece por el simple hecho de tener una casa en un lugar que se revaloriza. He subrayado un montón de ideas en Cómo hablar de dinero. Me llama la atención que el dinero salga tan poco en las novelas, cuando es básico, lo determina todo. Explica cómo somos, hasta dónde estamos dispuestos a llegar dependiendo del valor que le demos, etc.
Me dejan huella muchos libros, por motivos distintos, casi siempre porque aprendo algo, o me enseñan las cosas desde una perspectiva que no me había planteado. ¿Recientes? Solenoide, de Cartarescu, Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez, L'art de portar gavardina, de Sergi Pàmies, también Adrià Pujol... Mucho menos recientes: Cioran, Jules Renard, Alice Munro. Pero me estoy dejando un montón. 

¿De que manera decide lo que lee una persona tan activa?

Estoy al día de las novedades porque muchas llegan a casa. Al recibirlas, hojeo las primeras páginas y enseguida sé si me van a interesar o no. A veces me engancho inmediatamente. Otras espero a que salgan las primeras reseñas en prensa y comentarios en las redes. Condicionan bastante. Por ejemplo: compré un libro que me había llamado la atención, y lo dejé al tercer capítulo porque la cadencia narrativa me ponía de los nervios. Demasiado rimbombante. Semanas más tarde, periodistas culturales me hablaron bien del libro. Luego también algunos libreros, luego algunos críticos, y gente de mi entorno con quien suelo compartir gustos. Luego fue un fenómeno. Cuando lo elogió uno de mis hermanos –que no tiene relación con el mundillo editorial– pensé: tengo que darle una segunda oportunidad, a ver qué se me escapa. Lo leí del tirón, y sigo sin entenderlo. Pero esto es lo asombroso y fascinante de la literatura: que no hay nada que entender. Lo que encanta a unos no entusiasma a otros. No existen unas reglas universales, aunque exista un canon y una literatura universal.

Vd. escribe una sección semanal, una especie de crónica de las presentaciones de la semana literaria. ¿Es un mundo tan cerrado como parece? Si reseñar le tentara, ¿podría uno opinar sin cortapisas sobre las obras de toda esa gente con la que ha convivido? 

No, imposible. Cuando empecé a escribir las crónicas, hace unos quince años, no me conocía nadie y me permitía el lujo de decir lo que pensaba sin tapujos. Muchas presentaciones son un rollo, y el ego de la peña es alucinante. Lo que pasa es que, de vernos tanto, al final todo el mundo te cae bien. Siempre somos los mismos en los mismos sitios y haciendo lo mismo: beber, cotillear y reír. Es imposible criticar a las personas con las que te diviertes. O, al menos, lo es para mí. También sería muy difícil hablar de su obra, aunque me tienta hacerlo. Reseñas no, en todo caso un diario de lecturas. Sería un diario secreto, con un candado en forma de corazón para cerrar las tapas. 
Por ejemplo: en la página 34 de Cara de pan, de Sara Mesa, me acordé de una película que me impactó de pequeña. Se titulaba Viento en las velas. Unos piratas atacan un barco donde hay niños, navegan juntos, y al final los detienen. En el juicio, la niña protagonista está tan nerviosa y coartada por el entorno, que es incapaz de testificar a favor del pirata interpretado por Anthony Quinn, con el que se hicieron amigos. De manera que lo condenan a muerte. 
Contaría la vez que leí el Quijote (con veintipico años), o a John Irving (este verano, Una mujer difícil, y ya nunca dejaré el volante girado cuando el coche esté parado; de hecho, no conduzco). Pero no me veo acreditada para analizar ni criticar lo que hacen los demás.
Más ejemplos: a mí el rollo este desgarrador que se ha puesto tan de moda me parece pura pornografía. Y de la mala. Pero tiene éxito comercial (dentro de lo que sería “éxito comercial” en el mundillo, muy inferior al porno de verdad). Recibe buenas críticas, aplausos a la honestidad. Así que no tengo nada que decir. Y tampoco tengo nada que hacer, porque lo que escribo no va en esta línea. 
Si el cítico pone por las nubes el libro de X, cuyas novelas me parecen sosas, su efusividad provocará mi curiosidad, aunque el tema del libro en cuestión me interese cero. El crítico tiene criterio y normalmente es muy chungo, querré saber por qué se ha enamorado de este libro en concreto. Lo cojo, empiezo a leer y ya en la primera página se me cae de las manos. Lo dejo. ¿Y qué? ¿A quién le importa eso? ¿Para qué voy a publicar que estoy en total desacuerdo con el crítico, que sin duda tiene que haberse tomado un tripi? Ya he dicho que, aunque X me cae bien, no se encuentra en mi lista de favoritos. Pero no quiero entorpecer su trabajo ni la promoción de su libro. El tema no me motiva, vale. ¿Tengo que obligarme a leerlo y a obligarme a que me guste? A lo mejor no es el momento. El tema de su libro no me motiva. A lo mejor no es el momento de leerlo. A lo mejor me flipará dentro de unos años. A lo mejor estoy demasiado influenciada por el espíritu de contradicción. A lo mejor las expectativas eran demasiado altas. A lo mejor, si hubiera pasado de la primera página, se habría abierto ante mí un mundo nuevo, lleno de felicidad sideral. 
En definitiva: a lo mejor el libro es buenísimo y no tiene ningún sentido que yo publique lo que opino de él. Menos aún si me voy a encontrar a X en el próximo sarao literario. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Fingir que no escribí lo que escribí y que X no lo leyó? Además: ¿cómo se interpretaría mi reseña? Sin duda, como algo personal. Como un autor hablando de la obra de otro autor, de quien tal vez tenga celos y al que intenta boicotear. Es muy complicado. Y no me gustan nada estos rollos, generan estrés. Prefiero llevarme bien con todo el mundo. Mejor quedarse en las fiestas y contarlas (y contar hasta donde se pueda contar; el límite está en el Giardinetto).

Abusando de sus conocimientos de la escena, Vd., que conoce a tanta personalidad, sigue publicando en editoriales independientes. ¿Algún comentario?

La relación entre autor y editor es muy importante, y se basa en la confianza mutua. Uno tiene que creer en el otro y viceversa. Normalmente, cuanto mayor es una editorial, más diluida está la relación entre autor y editor, por una mera cuestión de número y números: hay otros muchos autores, y al grupo le interesa obtener beneficios para mantenerse y crecer. Si es grande, necesita más ganancias, con lo que apostará por obras más comerciales. 
Existen potentes grupos editoriales sin editores, o cuyos editores tienen poco margen de actuación, o poco tiempo para dedicarse a los autores, porque se les exigen resultados más económicos que literarios. Por una parte, estos grupos cuentan con premios suculentos, una muy buena distribución y mucha publicidad. Pero para que puedas acceder a todo eso, tienes que estar entre los más vendidos. Y entre los más vendidos no siempre están los mejores libros.
Yo quiero estar segura de lo que publico. Entiendo que pueda gustar más o menos, que pueda tener mejor o peor aceptación. Pero publicar es un honor, y hacerlo en sellos como Anagrama o Libros del Asteroide, formar parte de catálogos tan potentes como los suyos, para mí es una garantía de que no lo estaré haciendo tan mal. Ambos son una marca de calidad. Además, los editores me acompañan durante todo el proceso, nos entendemos, hablamos del texto; hacen observaciones, propuestas, las discutimos. Trabajamos juntos. El texto es mío, pero el libro es nuestro. Tenemos que quererlo, sentirnos orgullosos de él.
Algunas personas están impacientes por publicar, sueñan con tener fama y dinero. Carezco de esa vanidad. Escribir no va de eso. Tampoco va de competir, a ver quién está en las listas de los más vendidos o ha sido traducido a más lenguas. Son circunstancias pasajeras, el año que viene le tocará a otro. Meterse ahí es presionarse gratuitamente, una pérdida de energía absurda; uno acaba centrándose en sí mismo y no en su obra. Ni me voy a hacer rica con los libros que escribo, ni voy a enriquecer a nadie. Y sin embargo me siento la persona más afortunada del mundo. Me dedico a lo que quiero, hago lo que me da la gana, y estoy muy bien arropada.
Si una pequeña editorial como Barrett se fija en Coses que et passen a Barcelona... diez años después de su publicación, para mí es un regalo. Sé que se lo van  a currar, porque el hecho de sacarla en castellano les hace la misma ilusión que a mí. Al final se trata de disfrutar de lo que haces con personas que también lo disfrutan. De celebrarlo.

¿Cena de vuelta a casa después de los canapés, o las presentaciones ya no son lo que eran?

¡Jajaja! Hace tiempo que ya no dan canapés. ¡Incluso hay presentaciones en las que no dan ni una copa de vino al final! Y pensar que el premi Ramon Llull se llegó a entregar en Andorra, tres días en hoteles de lujo y baños en Caldea... He visto cosas que no creeríais, a importantes autores catalanes remojándose en aguas termales y paseando en albornoz. Todo eso se acabó para siempre. Creo que la situación actual se parece más a la alcoholexia. O sea: tomar unas cañas sin cenar porque no hay dinero para la tapas, pero mientras no falte para la cerveza, todo irá bien. Menos la resaca.