sábado, 31 de octubre de 2026
Biblio-Necrophiliac Quiz 2026: Sic transit gloria mundi
domingo, 16 de febrero de 2025
Hampton Sides: En el reino del hielo. El terrible viaje polar del USS Jeannette
Año de publicación: 2015
Traducción: Miguel Marqués
Valoración: Muy recomendable
(...) Que el barco había partido desde América y atravesó el océano, que había quedado atrapado en el hielo y navegó a la deriva durante 2 años, que la banquisa lo aplastó y terminó hundiéndose, que 33 hombres se vieron obligados a marchar durante 3 meses sobre el hielo, arrastrando 3 embarcaciones, hasta encontrar aguas abiertas, que las 3 embarcaciones se habían separado durante una tormenta (...)
Os podéis imaginar, por tanto, que la Expedición del USS Jeannette fue, en su gran mayoría, un catálogo de penalidades, una trágica y dramática historia de héroes y mártires que libran una feroz batalla contra la muerte en la que habrán de hacer frente a decisiones y dilemas que pueden cambiar destinos.
En este sentido, todo el libro puede ser leído como una gran novela de aventuras, tanto por los hechos en sí como por la estructura elegida por el autor. Ahora que lo pienso, me resulta extraño que no haya alguna serie o alguna película sobre la expedición porque hay una poética muy clara en el libro sobre todo lo que uno va dejando atrás hasta llegar a la muerte (esposa e hijos, el barco, los trineos, los papeles, los compañeros...) y alguna que otra imagen tiene una potencia visual tremenda (unos hombres emergiendo del lodo en una playa, como si de las criaturas semilegendarias de Ramiro Pinilla se tratara). Fijaos, por ejemplo, en el laconismo de las últimas entradas del diario de De Long, infinitamente menos conocidas que las de Scott pero tan terribles y desoladoras como las del británico:
Lunes, 24 de octubre. Día 134. Ha sido una noche dura.Martes, 25 de octubre. Día 135Miércoles, 26 de octubre. Día 136Jueves, 27 de octubre. Día 137. Iverson está moribundoViernes, 28 de octubre. Día 138. Iverson ha muerto a primera horaSábado, 29 de octubre. Día 139. Dressler ha muerto durante la nocheDomingo, 30 de octubre. Día 140. Boyd y Görtz han muerto durante la noche. El señor Collins está a punto de morir.
De todas formas, sería extremadamente reduccionista quedarnos con esa lectura porque todo viaje de estas características es fruto de unas circunstancias y de un contexto social, político, científico, cultural, etc. Así, el autor dedica unas 200 de las 550 páginas del libro a ese contexto y para ello se sirve, además del propio De Long, en dos personajes tan antagónicos como el magnate de la prensa, y mecenas de la expedición, James Gordon Bennett y el geógrafo alemán August Petermann.
A través de personajes como estos, como el naturalista de origen escocés John Muir o el ya citado George Melville, el autor nos habla de una nación en reconstrucción, del sueño ártico como encarnación de las aspiraciones de la joven república de convertirse en una potencia mundial, de los intereses económicos y el escaso o nulo respeto por los pueblos originarios (justo ahora que cierto personaje de piel naranja quiere "comprar" Groenlandia), etc. Son estas otras vertientes del libro las que hacen que este se eleva más allá de una epopeya polar.
Por terminar, En el reino del hielo es una magnífica y terrible historia muy bien contada, de esas que hacen que uno se pase luego (y durante) horas buscando datos sobre lugares como la Tierra de Wrangel, las islas Diomedes, las islas Aleutianas o Nueva Siberia o pueblos como los yakutos o los chukchis. ¿Será grave, doctor?
domingo, 26 de mayo de 2024
Ernest Schakleton: Sur. Relato de la Expedición del Endurance y Aurora 1914-1917
Este es el resumen resumido de la odisea que hubo de pasar la expedición del Endurance, liderada (a su manera, que toca desmitificar un poco) por Sir Ernest Shackleton y esto es lo que, a grandes rasgos, se narra en Sur.
Pero como suele ocurrir, esta es solo una parte de la historia. Y es que la Expedición Transantártica no fue, solo, "la expedición de Shackleton" ni Sur es solo la historia del Endurance. Porque fueron dos los barcos que se dirigieron al continente helado (aunque la Historia "Oficial" hable solo del Endurance en el que iba Sir Ernest), porque hay personajes, como Worsley o McNish, claves para entender el feliz desenlace de la aventura que no han sido debidamente reconocidos, porque Sir Ernest quizá no fue ese jefe tan "megamaravilloso" al que, por otro lado, sería injusto negar su mérito (pero de ahí a casi canonizar hay un trecho), etc.
De todo lo anterior se deriva una posible doble lectura del libro, en función de si el lector tiene o no conocimientos previos sobre las peripecias de Shackleton y compañía. ¡Al lío!
En el caso de que sea la primera vez que uno oiga hablar de la expedición, alucinará con el viaje. Una aventura que roza los límites de lo increíble, hombres en situaciones extremas en plena noche polar, drama, tragedia, la condición humana, recetas culinarias, etc condensadas en casi 600 páginas.
En cambio, para quien ya haya visto o leído algo sobre la expedición Sur puede ser otras cosas. La aventura no deja de ser brutal y posee todos los elementos que hacen de ella algo casi mítico, pero el lector más "experto" verá cómo ese "ejemplo de liderazgo" que pareció ser Shackleton igual no lo fue tanto y descubrirá otros nombres y otras historias con los que podrá sentirse más identificado.
Sobre el liderazgo de Shackleton, llaman la atención cuatro cosas:
- su escaso o nulo agradecimiento a dos personajes clave en toda la historia. Y es que Sir Ernest y el James Caird jamás habrían llegado a las Georgias del Sur tras un viaje de 1600 kilómetros orientándose como buenamente pudieron sin Frank Worsley, pero es que igual Worsley y Shackleton igual estaban criando malvas en 1916 si no hubiera sido por McNaish (el carpintero, así a secas
para el cabronazo de Sir Ernest). - las pocas referencias a la organización del grupo durante la expedición, lo que unido a ciertas referencias a drásticas medidas dejan entrever a un Shackleton muy en su papel de jefazo. (A ver, ¿quién cojones es Sir en este puto barco, so inútiles?)
- su nula autocrítica. Sí, todo tu grupo llegó vivo y todo lo que quieras pero algo mal tuviste que hacer, ¿no?
- la poca atención que presta a los sentimientos o historias de sus compañeros de expedición. El tono de la narración es más bien frío y centrado en aspectos exteriores o en el propio narrador (aunque hay momentos en los que trasluce bien la desesperación y el hastío del grupo) y lo aleja de tipos como Nansen, mejor escritor y (parece que) mejor persona que Sir Ernest.
En cuanto a otros nombres y otras historias, me refiero fundamentalmente a los diarios de uno de los miembros de la expedición del Aurora: Ernest Joyce. La aventura (con ecos de los últimos de días de Scott) de su grupo con los depósitos de víveres, con dos mil kilometros a cuestas, ventiscas, frío espantoso, etc y la oscura poética que esconden sus lacónicos diarios deberían figurar entre lo mejor de la exploración polar.
Releo lo anterior y parece que se trata de un ajuste de cuentas con Sir Ernest. Si lo es, lo es con el Shackleton "mito", lo que no significa que no reconozca los méritos y el valor de un texto verdaderamente recomendable para amantes de trágicas aventuras polares con final (no tan) feliz.
miércoles, 17 de enero de 2024
Robert H. Barlow: La noche del océano y otros cuentos de lo extraño
miércoles, 22 de septiembre de 2021
Contrarreseña: José Donoso; El lugar sin límites
Año de publicación: 1966
Valoración: Imprescindible
No me cansaré de repetirlo: leer a los maestros es como
volver al paraíso perdido, se está tan a gusto que dan ganas de no marcharse
nunca. De esta gran personalidad de las letras hispanoamericanas, José Donoso (1924-1996), no hay nada que no se haya dicho
ya. De todas formas, y como me consta que nos lee gente muy joven, comentaré
que se trata de uno de los representantes del boom latinoamericano que crearía
escuela en los años 60-70, aunque él siguió publicando regularmente hasta su
fallecimiento, y aún después a título póstumo. Sus novelas más complicadas,
esas que aluden al mundo real mediante símbolos, es decir, no hay que leerlas
literalmente, como El obsceno pájaro de
la noche y Casa de campo –ambas,
difíciles donde las haya, doy fe–, a pesar de estar consideradas como grandes
obras maestras de la literatura en castellano y, la segunda, formar parte del
famoso canon de Harold Bloom, o lo que es igual, el súmmum del súmmum de la
literatura de Occidente, no están aún
reseñadas aquí. Pero todo se andará, jeje, ustedes no pierdan la esperanza.
Más allá de esto,
todo lo escrito por él es magnífico, pues a su gran talento unía una gran
meticulosidad (ocho años le costó escribir cada una de las dos novelas que cito
más arriba) y el hecho de haber estudiado a fondo a los grandes maestros y de saber
manejar los recursos literarios como pocos. He dicho magnífico, sí, pero tan
desazonante que siempre acaba tocando en los lectores algo muy profundo. Aun
así, tranquilos, en El lugar sin límites
al menos sabemos de qué se trata, en sus novelas complicadas, en cambio, se nos
amenaza e inquieta sin que logremos entender bien por qué.
Utilice una perspectiva realista como aquí o metafórica como
en muchas de sus novelas, Donoso pone el foco en una esquina de la sociedad, en
los parias –psíquicos, económicos, por sexo, orientación sexual, lo que sea– a
los que retrata ácida y sarcásticamente. Y siempre da en el clavo. Con una
prosa inusualmente certera representa la sordidez, desamparo, miseria y astucia
de los despojados de todo. Por eso tendré que analizar, más que el aspecto literario,
la situación real que se nos muestra. Porque el retrato geográfico, psicológico
y social es tan exacto en su esquematismo, las imágenes son tan poderosas, sus
poquísimos trazos son tan esenciales y están hechos con un pincel tan fino, el
de la prosa exacta, envolvente y arraigada al terruño, que el lector no está
leyendo sino sumergido en aquel ambiente y codeándose con los personajes. La
ventaja es que nosotros podemos salir de allí cuando queramos y ellos, los
auténticos, evidentemente no. Para muestra, aquí tienen parte del primer párrafo:
“La Manuela despegó con dificultad sus ojos lagañosos, se estiró apenas y volcándose hacia el lado opuesto de donde dormía la Japonesita, alargó la mano para tomar el reloj. Cinco para las diez. Misa de once. Las lagañas latigudas volvieron a sellar sus párpados en cuanto puso el reloj sobre el cajón junto a la cama. Por lo menos media hora antes que su hija le pidiera el desayuno.”
En muy pocas líneas se nos presenta al personaje principal,
Manuela, un travesti que no reconoce como hija a la mencionada por
circunstancias, bastante retorcidas, que entenderán cuando lean la novela. Tampoco
se acepta a él mismo, en parte por el rechazo que provoca, en parte por una
incoherencia que proviene de los estereotipos sociales más rancios y arraigados,
a la que se suma su extrema pobreza. Esto puede parecer irrelevante, pero
imaginen que la Manuela, en lugar de no tener donde caerse muerto, formase
parte de la sociedad más opulenta. ¿Creen que los que le rodean, incluso los
extraños, no le harían la rosca? Yo, desde luego, no lo dudo. Su gran drama es
que, por culpa de la miseria y la ignorancia, el primero que no se respeta es
él a sí mismo. Además, su pensamiento atropellado lo mezcla todo: el placer con
la economía de subsistencia que practica, la condescendencia abusadora del amo
con apoyo y complicidad, su propio deseo con supuesta atracción hacia él, la
marginación que sufre con una inexistente repulsa por parte de la Japonesita
que, en el fondo y si se dejara, estaría encantada de apoyarle. El resultado es
que todos los habitantes de la casa nadan en la precariedad, endiosando a quien
les explota y sin ninguna empatía entre ellos, menos aún cariño o unión de
fuerzas. Una pequeña comunidad integrada por islas flotantes, los personajes,
sufriendo a solas, ignorándose unos a otros, braceando para huir de ese océano
de angustias pero incapaces de hacer ni un movimiento correcto para salir a
flote, o al menos mejorar un poco.
Donoso se centra en la Manuela porque, como varón, comprende
mejor su situación y es capaz de empatizar con él. Pero no se le escapa ese
ambiente sórdido al que están condenadas las mujeres de ese lugar desde que
nacen. Ellas son, más que nadie, víctimas que ni siquiera tienen esperanzas o
sueños como el protagonista, sino que se hunden en una apatía resignada y
determinista en la que vegetan, cada una por su cuenta, sin que se les ocurra
compartir sus soledades.
Pero ahí mismo, en
ese primer párrafo, está (casi) todo. Aparece también el causante de la miseria
que asola el poblado, aunque ninguno de ellos sea consciente de ello. Veamos:
“Habían comenzado a molestar a la Japonesita cuando llegó don Alejo, como por milagro, como si lo hubieran invocado. Tan bueno él. Si hasta cara de Tatita Dios tenía, con sus ojos como de loza azulina y sus bigotes y cejas de nieve.”
“Tan bueno él” que hasta las mujeres del pueblo hicieron la
vista gorda cuando sus maridos visitaron el prostíbulo en bloque, ya que lo
hacían para homenajear al gran señor. Porque, efectivamente, ese es el negocio
que regentan padre e hija, sobre todo ella, porque la Manuela siempre ha sido
un socio sin demasiado compromiso y ahora, que la edad la ha hundido en su drama,
todavía más que al principio. En ese sitio, cuya suciedad es una de las
metáforas utilizadas para pintar su sordidez, se cocinó el triunfo del cacique;
la propaganda que hizo la casa –debido
a sus promesas de mejorar el pueblo, de que la carretera principal pasaría por
allí, de que traería la electricidad a las viviendas– convirtieron en diputado
a don Alejo, pero ahora, cuando todo ha quedado en nada, cuando se propone derribar
los edificios y convertir el suelo en tierra de labor, siguen adorándole. Sí, cuando
lo leemos resulta incomprensible, pero esto sucede tal como lo cuenta Donoso.
No puedo dejar de mencionar ese final paradigmático que
debería formar parte de una selección de desenlaces maravillosamente bien
planteados, tal como se hace a veces con los mejores comienzos de ficción. Hemos
visto a la Manuela salir con Pancho y su cuñado, les hemos seguido un rato, ¿y
luego? Lo que pasa después no lo vemos pero lo oímos, se nos transmite a través
de alusiones y de pensamientos de la Japonesita que, por cierto, se
equivoca de plano. Una forma ingeniosa de decir algo sin decirlo, por medio de
sugerencias. Porque no hace falta más, somos los lectores quienes debemos interpretar
las señales, mucho mejor esto que darnos todo hecho y digerido, como si se
dudase de nuestra capacidad para entender.
Otras obras de José Donoso: Coronación, El lugar sin límites (reseña original)
Obras sobre José Donoso: Correr el tupido velo
martes, 22 de diciembre de 2020
Lawrence Osborne: Perdonar
Traducción: Montse Basté y
Valoración: entre recomendable y está bien
- Su atemporalidad. Sabemos que los hechos se producen en el momento presente gracias a pequeñas migajas de información estratégicamente dispuestas, pero la acción que se narra podría situarse perfectamente hace un siglo. Este efecto totalmente intencionado, por una parte imprime en la historia y en el conflicto de los personajes una pátina de universalidad. Por otra parte contribuye a crear una atmósfera casi onírica, como de fábula.
- El escenario: el desierto de Marruecos. Una localización no tan lejana para los europeos pero que adquiere un carácter remoto, como si todo lo que allí sucede no tuviera nada que ver con el primer mundo occidental. La brecha cultural y social se hace patente mediante los contrastes entre los nativos marroquís que malviven de la venta de fósiles y los excesos de las fiestas en la mansión de Richard Galloway. La descripción de ese territorio seco, terroso y ardiente, antiguo lecho de un vasto océano del que solo quedan los esqueletos fosilizados de los extraños peces que lo habitaban, contribuye también a la atmósfera onírica que antes mencionaba.
- El tiempo. La narración corresponde a un periodo de tiempo muy acotado, concretamente un fin de semana, por lo que buena parte de la acción transcurre en la mente de los personajes, lo que sienten, piensan o perciben. La novela tiene un bis psicológico muy marcado y en ningún momento oculta su intención de indagar en grandes cuestiones como la responsabilidad o la culpa.
- La prosa es muy rica sin resultar recargada ni perder el tono o la mesura, y encaja perfectamente es esa atmósfera de excesos —en ambos sentidos— que, no obstante, pasan frente a los ojos del lector sin estridencias, como si lo que se narra no estuviera sucediendo en realidad, tal como hemos aprendido a observar en nuestras pantallas, por ejemplo, la tragedia de la inmigración ilegal en el Mediterráneo.
miércoles, 16 de diciembre de 2020
ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020
Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.
Beatriz Garza
Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing
Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales
Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence
Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa
Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix
Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto
Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022
Carlos Andia
Mejor novela (2x1): Siglo XX: El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXI: Corazón giratorio, de Donal Ryan
Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso
Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens
Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala
Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán
Un tocho interesante, de toda la vida: La democracia en América, de Alexis de Tocqueville
Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce
Libro de viajes: En las antípodas, de Bill Bryson
Relectura del año: El templo del alba, de Yukio Mishima
Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)
Y dejamos para el final lo más flojito:
Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto
Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)
Francesc Bon
Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.
Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata
Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)
Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)
Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.
Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.
Juan G. B.
Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.
Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.
Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.
Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.
Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.
Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.
Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.
Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.
Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...
Koldo CF
Relecturas: Los pasos perdidos, La marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).
Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil.
Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera
Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.
Decepciones: Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.
Marc Peig
Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.
Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.
Librodenuncia del año: «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.
Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».
Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone», Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».
Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».
Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.
Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.
Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)
Montuenga
LO +
Ficción:
· Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.
· Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.
· Una maravilla más en la extensa obra de una
autora excepcional (y cuyo premio Nobel la
humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.
· Un clásico revisitado (y convertido en thriller
por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.
·
La mejor novela histórica leída (y publicada)
este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.
· La mejor primera novela que he leído en
muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un
texto intimista se lee como si fuera un thriller).
No Ficción:
· El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez
Magda. (Y con entrevista añadida).
· Un ensayo científico muy adecuado para
reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas
Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos
pasa por la cabeza).
· Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos
que corren: Querida Ijeawele de
Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer
muchos/as adultos/as).
LO –
Ficción:
· Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo
· El testamento, poco afortunado, de un clásico
indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri
· Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.
Oriol Vigil
-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton
-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor
-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro
-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir
-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras
-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin
-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo
Santi
Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:
- Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
- Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
- Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
- La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
- El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
- Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre
Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.
Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...
jueves, 2 de julio de 2020
Raquel Taranilla: Noche y océano

"Es la acumulación (...) aquello que garantiza que la verdad emerja; es sólo abrazando el todo como es posible asegurar el acierto. El método (...) no se anda con remilgos, sobrelleva o perdona el desatino y a cambio, en la fricción de lo infinito, convierte montañas de plomo en pepitas de oro. Según las reglas de su alquimia, es en la omisión donde estás el error (...)"
Todo este maremágnum de referencias, citas, anotaciones, etc. lo encontramos bañado, además, por un estilo vesubiano, torrencial, barroquizante y enrevesado (más que el mío, que ya es decir...), abarrotado de oraciones que se pliegan sobre sí mismas como figuras de origami, enmarcadas en párrafos interminables, en los que se saluda a los puntos y aparte como a oasis en medio del desierto. Este estilo alambicado y encantado de haberse conocido recuerda un poco bastante al de la sin par (o casi, como vemos) Marta Sanz, aunque, por suerte, resulta menos onanista y las retorcidas frases parecen buscar algún objetivo más aparte del lucimiento y rellenar páginas como sea... En efecto, lo mismo que ocurre con tanta cita pedantuela, impregna todo el escrito un espíritu no ya humorístico, sino paródico, que busca ridiculizar (o eso espero), tanto la pedantería intelectualoide contemporánea como la rigidez esclerotizada del estilo académico universitario, modelo del que, aunque diga que a su pesar, ha bebido la protagonista-narradora durante toda su vida, y se nota... Personaja que además, como resulta embarazosamente evidente en la novela, trata de distraer la atención -o fijarla, ya no sé- de las importantes carencias emocionales y sociales que padece.
"(...) Admito que voy sin rumbo, sacando temas según se me ocurren (...) Concentración, me exigirán ustedes, pero ya hace muchas páginas que he renunciado a sujetar las riendas d este relato, de modo que no voy a poder evitar que se imponga en él cierta lógica turbia, pero tan real, como la carne viva que, sobre mi esqueleto, metaboliza, metaboliza, metaboliza (...)"
Aunque, como cabe suponer, las cuitas de la protagonista no componen el único trasfondo de la novela -repito que son más de 400 páginas con una mínima trama-: podríamos hablar también de la dicotomía entre la acción y la reflexión o la vida activa frente a la vida contemplativa; la diferencia entre la realidad y su representación o la más pedestre entre lo verdadero y lo falso. Todo esto sin olvidar, eso también, que, según declaraciones de su propia autora, Noche y océano nació antes que nada como reacción o respuesta a otra novela, Aire de Dylan, del insigne y prolífico Vila-Matas. Como yo no he leído este otro libro , no puedo aclarar gran cosa a este respecto, excepto decir que la novela de Taranilla tiene a su vez un cierto aire vilamatesco o vilamatero, quizás también a modo de parodia.
De todos modos, no es ninguna de estas circunstancias lo más destacable de la novela; en mi opinión, lo fundamental de ella es que representa una cierta radicalidad narrativa (ojo, tampoco estoy diciendo que vanguardista), al llevar al extremo una determinada forma de narrar... Si se me permite una autocita, en una reseña de hace algún tiempo yo comparaba el estilo de ese libro con el de las carrocerías autoportantes de los automóviles; en el caso del que nos ocupa hoy, creo que una metáfora más adecuada sería la de las "estructuras aeroportadas"(*): esa especie de naves, a modo de grandes tiendas de campaña, que se mantienen en pie merced al aire que circula entre sus paredes. Sólo que, en este caso, estas paredes de lona o plástico estarían compuestas por el propio estilo abarrocado de esta novela y el aire que las sostiene y da forma, por ese chorrazo de nombres propios, datos biográficos, fechas, ideas y sucedidos variopintos... (también se entiende que si te has molestado en empollarte alguna vez a Thorstein Veblen, a Lipovetsky y, por supuesto, a Lúkacs, pues qué menos que ponerlo en tu libro, cuando luego cualquier jeta te suelta sus anécdotas del Erasmus y lo llama"autoficción"). Lo que ocurre es que sin ese aporte de aire, si se apagan los generadores y ventiladores, la estructura se deshincha y no quedan sino unos plásticos tirados por tierra, poco más que unos toldos para que los campesinos los extiendan sobre cuatro palos y den sombra a las gallinas.
"Y a ustedes les ruego paciencia con mi discurso canceroso, que, por flácido, resulta de lo más actual. Vean de qué forma tan despampanante se acumulan en él los temas, que se inflan y generan ecos y nuevas remisiones, el noventa por ciento de los cuales es puro desecho (...)"
De ahí que mi valoración del libro quizás parezca ambigua o contradictoria... Pero es una novela que lo mismo puede resultar absorbente y divertida que cargante o incluso irritar al lector, por momentos; a mí, cuando menos, me ha ocurrido un poco de todo esto.









