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domingo, 16 de febrero de 2025

Hampton Sides: En el reino del hielo. El terrible viaje polar del USS Jeannette

Idioma original: Inglés
Título original: In the kingdom of ice: the grand and terrible polar voyage of the USS Jeannette
Año de publicación: 2015
Traducción: Miguel Marqués
Valoración: Muy recomendable

Aunque por el título lo parezca, esta no es una reseña de Frozen. Así que ¡keep calm y a aguantar una nueva turra sobre sueños polares! El viaje que hoy os acercamos (¿se puede considerar esto un oxímoron?) es el de la Expedición Ártica Estadounidense (1879-1882), la cual, a bordo del USS Jeannette y al mando de George W. De Long, pretendía llegar al Polo Norte atravesando el Estrecho de Bering y bordeando la costa siberiana. 

Spoiler: NO LLEGARON. Es más, lo que les pasó, en palabras de George Melville, ingeniero de la expedición, fue:
(...) Que el barco había partido desde América y atravesó el océano, que había quedado atrapado en el hielo y navegó a la deriva durante 2 años, que la banquisa lo aplastó y terminó hundiéndose, que 33 hombres se vieron obligados a marchar durante 3 meses sobre el hielo, arrastrando 3 embarcaciones, hasta encontrar aguas abiertas, que las 3 embarcaciones se habían separado durante una tormenta (...)

Os podéis imaginar, por tanto, que la Expedición del USS Jeannette fue, en su gran mayoría, un catálogo de penalidades, una trágica y dramática historia de héroes y mártires que libran una feroz batalla contra la muerte en la que habrán de hacer frente a decisiones y dilemas que pueden cambiar destinos. 

En este sentido, todo el libro puede ser leído como una gran novela de aventuras, tanto por los hechos en sí como por la estructura elegida por el autor. Ahora que lo pienso, me resulta extraño que no haya alguna serie o alguna película sobre la expedición porque hay una poética muy clara en el libro sobre  todo lo que uno va dejando atrás hasta llegar a la muerte (esposa e hijos, el barco, los trineos, los papeles, los compañeros...) y alguna que otra imagen tiene una potencia visual tremenda (unos hombres emergiendo del lodo en una playa, como si de las criaturas semilegendarias de Ramiro Pinilla se tratara). Fijaos, por ejemplo, en el laconismo de las últimas entradas del diario de De Long, infinitamente menos conocidas que las de Scott pero tan terribles y desoladoras como las del británico:

Lunes, 24 de octubre. Día 134. Ha sido una noche dura.
Martes, 25 de octubre. Día 135
Miércoles, 26 de octubre. Día 136
Jueves, 27 de octubre. Día 137. Iverson está moribundo
Viernes,  28 de octubre. Día 138. Iverson ha muerto a primera hora
Sábado, 29 de octubre. Día 139. Dressler ha muerto durante la noche
Domingo, 30 de octubre. Día 140. Boyd y Görtz han muerto durante la noche. El señor Collins está a punto de morir.

De todas formas, sería extremadamente reduccionista quedarnos con esa lectura porque todo viaje de estas características es fruto de unas circunstancias y de un contexto social, político, científico, cultural, etc. Así, el autor dedica unas 200 de las 550 páginas del libro a ese contexto y para ello se sirve, además del propio De Long, en dos personajes tan antagónicos como el magnate de la prensa, y mecenas de la expedición, James Gordon Bennett y el geógrafo alemán August Petermann. 

A través de personajes como estos, como el naturalista de origen escocés John Muir o el ya citado George Melville, el autor nos habla de una nación en reconstrucción, del sueño ártico como encarnación de las aspiraciones de la joven república de convertirse en una potencia mundial, de los intereses económicos y el escaso o nulo respeto por los pueblos originarios (justo ahora que cierto personaje de piel naranja quiere "comprar" Groenlandia), etc. Son estas otras vertientes del libro las que hacen que este se eleva más allá de una epopeya polar. 

Por terminar, En el reino del hielo es una magnífica y terrible historia muy bien contada, de esas que hacen que uno se pase luego (y durante) horas buscando datos sobre lugares como la Tierra de Wrangel, las islas Diomedes, las islas Aleutianas o Nueva Siberia o pueblos como los yakutos o los chukchis. ¿Será grave, doctor?

domingo, 26 de mayo de 2024

Ernest Schakleton: Sur. Relato de la Expedición del Endurance y Aurora 1914-1917

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2012 (esta edición)
Traducción y adaptación: Servanda de Hagen, Verónica Weinstabl y Teresa García, J.A. Sanz
Valoración: Bastante recomendable

Pues sí, queridos niños. Por si alguien no la conoce, estamos ante una de las mayores historias de supervivencia que ha dado la exploración polar (y mira que hay historias!). Un barco que se queda atrapado en el hielo hasta su hundimiento, una deriva agónica en la banquisa y por mares tempestuosos, una isla inhóspita, un viaje de 1300 km a través del océano austral para llegar a las Georgias de Sur (y luego tener que atravesar la isla en una caminata de 36 horas), un rescate al límite, etc. Vamos, que ni Julio Verne, tetes!

Este es el resumen resumido de la odisea que hubo de pasar la expedición del Endurance, liderada (a su manera, que toca desmitificar un poco) por Sir Ernest Shackleton y esto es lo que, a grandes rasgos, se narra en Sur. 

Pero como suele ocurrir, esta es solo una parte de la historia. Y es que la Expedición Transantártica no fue, solo, "la expedición de Shackleton" ni Sur es solo la historia del Endurance. Porque fueron dos los barcos que se dirigieron al continente helado (aunque la Historia "Oficial" hable solo del Endurance en el que iba Sir Ernest), porque hay personajes, como Worsley o McNish, claves para entender el feliz desenlace de la aventura que no han sido debidamente reconocidos, porque Sir Ernest quizá no fue ese jefe tan "megamaravilloso" al que, por otro lado, sería injusto negar su mérito (pero de ahí a casi canonizar hay un trecho), etc.

De todo lo anterior se deriva una posible doble lectura del libro, en función de si el lector tiene o no conocimientos previos sobre las peripecias de Shackleton y compañía. ¡Al lío!

En el caso de que sea la primera vez que uno oiga hablar de la expedición, alucinará con el viaje. Una aventura que roza los límites de lo increíble, hombres en situaciones extremas en plena noche polar, drama, tragedia, la condición humana, recetas culinarias, etc condensadas en casi 600 páginas.

En cambio, para quien ya haya visto o leído algo sobre la expedición Sur puede ser otras cosas. La aventura no deja de ser brutal y posee todos los elementos que hacen de ella algo casi mítico, pero el lector más "experto" verá cómo ese "ejemplo de liderazgo" que pareció ser Shackleton igual no lo fue tanto y descubrirá otros nombres y otras historias con los que podrá sentirse más identificado. 

Sobre el liderazgo de Shackleton, llaman la atención cuatro cosas:

  • su escaso o nulo agradecimiento a dos personajes clave en toda la historia. Y es que Sir Ernest y el James Caird jamás habrían llegado a las Georgias del Sur tras un viaje de 1600 kilómetros orientándose como buenamente pudieron sin Frank Worsley, pero es que igual Worsley y Shackleton igual estaban criando malvas en 1916 si no hubiera sido por McNaish (el carpintero, así a secas para el cabronazo de Sir Ernest)
  • las pocas referencias a la organización del grupo durante la expedición, lo que unido a ciertas referencias a drásticas medidas dejan entrever a un Shackleton muy en su papel de jefazo. (A ver, ¿quién cojones es Sir en este puto barco, so inútiles?)
  • su nula autocrítica. Sí, todo tu grupo llegó vivo y todo lo que quieras pero algo mal tuviste que hacer, ¿no?
  • la poca atención que presta a los sentimientos o historias de sus compañeros de expedición. El tono de la narración es más bien frío y centrado en aspectos exteriores o en el propio narrador (aunque hay momentos en los que trasluce bien la desesperación y el hastío del grupo) y lo aleja de tipos como Nansen, mejor escritor y (parece que) mejor persona que Sir Ernest.

En cuanto a otros nombres y otras historias, me refiero fundamentalmente a los diarios de uno de los miembros de la expedición del Aurora: Ernest Joyce. La aventura (con ecos de los últimos de días de Scott) de su grupo con los depósitos de víveres, con dos mil kilometros a cuestas, ventiscas, frío espantoso, etc y la oscura poética que esconden sus lacónicos diarios deberían figurar entre lo mejor de la exploración polar.

Releo lo anterior y parece que se trata de un ajuste de cuentas con Sir Ernest. Si lo es, lo es con el Shackleton "mito", lo que no significa que no reconozca los méritos y el valor de un texto verdaderamente recomendable para amantes de trágicas aventuras polares con final (no tan) feliz.

miércoles, 17 de enero de 2024

Robert H. Barlow: La noche del océano y otros cuentos de lo extraño

Idioma original: Inglés
Título original: Eyes of the God. The Weird Fiction and Poetry of R. H. Barlow 
Año de publicación del volumen recopilatorio: 2002
Traducción: Aurora Jiménez
Valoración: Está bien (recomendable para interesados)

Robert H. Barlow conoció personalmente, cuando tenía dieciséis años, a su admirado H. P. Lovecraft, que por entonces contaba cuarenta y tres. Ambos llevaban un tiempo intercambiando correspondencia, y trabaron una amistad de la que surgieron charlas estimulantes y colaboraciones artísticas; dicha amistad fue tan intensa que el Soñador de Providence convirtió a Barlow en su albacea literario. Por desgracia, tras la muerte del primero, algunos de los seguidores del creador intelectual del horror cósmico (entre ellos August Derleth, sistematizador, para bien y para mal, de los Mitos de Cthulhu) obligaron a Barlow a cederles la gestión del legado lovecraftiano. 

La noche del océano y otros cuentos de lo extraño compila varios de los textos (algunos de ellos revisados, corregidos o incluso coescritos por Lovecraft) que Barlow produjo en su juventud.

Sorprende positivamente lo eclécticas que son las narraciones de Barlow. De las quince compiladas en esta antología hay, es cierto, algunas tirando a formulaicas, excesivamente condicionadas por la literatura pulp de la época o la influencia de Lovecraft. Sin embargo, también encontramos piezas más sui generis, como "La batalla que acabó con el siglo" o "El interrogador". Casualmente, las que más me han gustado se inclinan por el fantástico menos terrorífico, pese a que soy un devoto de este último género.

La mentada "La batalla que acabó con el siglo" es mi pieza favorita del conjunto. Breve, imaginativa, hilarante y absurda, me ha cautivado por lo descabellado de su premisa, la atención al detalle que exhibe y las múltiples referencias con que nos obsequia. En ella, dos púgiles se enfrentan en un combate extremadamente surrealista y violento.

También valoro la vocación abstracta de "La muerte del monstruo", "El interrogador" o "La recompensa del artesano", aunque la factura de los tres cuentos deje bastante que desear. Otra historia reivindicable, pese a su estilo algo desangelado, sería "Hasta que los mares", un apocalipsis medioambiental que narra con crudeza la extinción de la humanidad y el agostamiento del planeta Tierra.

Por último, destacaría "La noche del océano". En vez de plegarse a los esquemas más obvios del horror cósmico lovecraftiano, se adueña de ellos para ofrecer un relato de terror atmosférico y ominoso en el que la indefinición inquieta muchísimo más que lo explícito. ¿De qué va? Pues de las sensaciones que experimenta un artista que se retira a descansar a la costa ante el vasto océano. «Algo de la oscuridad y desasosiego del mar había penetrado en mi corazón, de modo que vivía en un tormento irracional e ilógico....», confiesa el narrador de esta joyita que recuerda al formidable Los sauces de Algernon Blackwood.
 
Vayamos ahora a los versos de Barlow. Quizá por mis limitaciones como lector no he sabido apreciarlos adecuadamente; en cualquier caso, admiro que toquen el erotismo (aunque Barlow, que era homosexual, apenas aprovecha la ocasión para sublimar su deseo) o la mitología prehispánica (de mayor, Barlow se convirtió en un reconocido experto en la materia).

Resumiendo: La noche del océano y otros cuentos de lo extraño es una antología valiosa, sobre todo en tanto que homenaje a uno de los autores más olvidados del Círculo de Lovecraft. El único reporche que le haría es que los dos textos introductorios se antojan redundantes. Por lo demás, lo recomiendo encarecidamente a quienes pueda interesar; pese a la irregularidad de las piezas que la componen, gustará especialmente a los amantes del fantástico y el horror cósmico.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Contrarreseña: José Donoso; El lugar sin límites

Idioma original: español

Año de publicación: 1966

Valoración: Imprescindible



No me cansaré de repetirlo: leer a los maestros es como volver al paraíso perdido, se está tan a gusto que dan ganas de no marcharse nunca. De esta gran personalidad de las letras hispanoamericanas, José Donoso  (1924-1996), no hay nada que no se haya dicho ya. De todas formas, y como me consta que nos lee gente muy joven, comentaré que se trata de uno de los representantes del boom latinoamericano que crearía escuela en los años 60-70, aunque él siguió publicando regularmente hasta su fallecimiento, y aún después a título póstumo. Sus novelas más complicadas, esas que aluden al mundo real mediante símbolos, es decir, no hay que leerlas literalmente, como El obsceno pájaro de la noche y Casa de campo –ambas, difíciles donde las haya, doy fe–, a pesar de estar consideradas como grandes obras maestras de la literatura en castellano y, la segunda, formar parte del famoso canon de Harold Bloom, o lo que es igual, el súmmum del súmmum de la literatura de Occidente,  no están aún reseñadas aquí. Pero todo se andará, jeje, ustedes no pierdan la esperanza.

 Más allá de esto, todo lo escrito por él es magnífico, pues a su gran talento unía una gran meticulosidad (ocho años le costó escribir cada una de las dos novelas que cito más arriba) y el hecho de haber estudiado a fondo a los grandes maestros y de saber manejar los recursos literarios como pocos. He dicho magnífico, sí, pero tan desazonante que siempre acaba tocando en los lectores algo muy profundo. Aun así, tranquilos, en El lugar sin límites al menos sabemos de qué se trata, en sus novelas complicadas, en cambio, se nos amenaza e inquieta sin que logremos entender bien por qué.

Utilice una perspectiva realista como aquí o metafórica como en muchas de sus novelas, Donoso pone el foco en una esquina de la sociedad, en los parias –psíquicos, económicos, por sexo, orientación sexual, lo que sea– a los que retrata ácida y sarcásticamente. Y siempre da en el clavo. Con una prosa inusualmente certera representa la sordidez, desamparo, miseria y astucia de los despojados de todo. Por eso tendré que analizar, más que el aspecto literario, la situación real que se nos muestra. Porque el retrato geográfico, psicológico y social es tan exacto en su esquematismo, las imágenes son tan poderosas, sus poquísimos trazos son tan esenciales y están hechos con un pincel tan fino, el de la prosa exacta, envolvente y arraigada al terruño, que el lector no está leyendo sino sumergido en aquel ambiente y codeándose con los personajes. La ventaja es que nosotros podemos salir de allí cuando queramos y ellos, los auténticos, evidentemente no. Para muestra, aquí tienen parte del primer párrafo:

“La Manuela despegó con dificultad sus ojos lagañosos, se estiró apenas y volcándose hacia el lado opuesto de donde dormía la Japonesita, alargó la mano para tomar el reloj. Cinco para las diez. Misa de once. Las lagañas latigudas volvieron a sellar sus párpados en cuanto puso el reloj sobre el cajón junto a la cama. Por lo menos media hora antes que su hija le pidiera el desayuno.”

En muy pocas líneas se nos presenta al personaje principal, Manuela, un travesti que no reconoce como hija a la mencionada por circunstancias, bastante retorcidas, que entenderán cuando lean la novela. Tampoco se acepta a él mismo, en parte por el rechazo que provoca, en parte por una incoherencia que proviene de los estereotipos sociales más rancios y arraigados, a la que se suma su extrema pobreza. Esto puede parecer irrelevante, pero imaginen que la Manuela, en lugar de no tener donde caerse muerto, formase parte de la sociedad más opulenta. ¿Creen que los que le rodean, incluso los extraños, no le harían la rosca? Yo, desde luego, no lo dudo. Su gran drama es que, por culpa de la miseria y la ignorancia, el primero que no se respeta es él a sí mismo. Además, su pensamiento atropellado lo mezcla todo: el placer con la economía de subsistencia que practica, la condescendencia abusadora del amo con apoyo y complicidad, su propio deseo con supuesta atracción hacia él, la marginación que sufre con una inexistente repulsa por parte de la Japonesita que, en el fondo y si se dejara, estaría encantada de apoyarle. El resultado es que todos los habitantes de la casa nadan en la precariedad, endiosando a quien les explota y sin ninguna empatía entre ellos, menos aún cariño o unión de fuerzas. Una pequeña comunidad integrada por islas flotantes, los personajes, sufriendo a solas, ignorándose unos a otros, braceando para huir de ese océano de angustias pero incapaces de hacer ni un movimiento correcto para salir a flote, o al menos mejorar un poco.

Donoso se centra en la Manuela porque, como varón, comprende mejor su situación y es capaz de empatizar con él. Pero no se le escapa ese ambiente sórdido al que están condenadas las mujeres de ese lugar desde que nacen. Ellas son, más que nadie, víctimas que ni siquiera tienen esperanzas o sueños como el protagonista, sino que se hunden en una apatía resignada y determinista en la que vegetan, cada una por su cuenta, sin que se les ocurra compartir sus soledades.

 Pero ahí mismo, en ese primer párrafo, está (casi) todo. Aparece también el causante de la miseria que asola el poblado, aunque ninguno de ellos sea consciente de ello. Veamos:

“Habían comenzado a molestar a la Japonesita cuando llegó don Alejo, como por milagro, como si lo hubieran invocado. Tan bueno él. Si hasta cara de Tatita Dios tenía, con sus ojos como de loza azulina y sus bigotes y cejas de nieve.”

“Tan bueno él” que hasta las mujeres del pueblo hicieron la vista gorda cuando sus maridos visitaron el prostíbulo en bloque, ya que lo hacían para homenajear al gran señor. Porque, efectivamente, ese es el negocio que regentan padre e hija, sobre todo ella, porque la Manuela siempre ha sido un socio sin demasiado compromiso y ahora, que la edad la ha hundido en su drama, todavía más que al principio. En ese sitio, cuya suciedad es una de las metáforas utilizadas para pintar su sordidez, se cocinó el triunfo del cacique; la propaganda que hizo la casa –debido a sus promesas de mejorar el pueblo, de que la carretera principal pasaría por allí, de que traería la electricidad a las viviendas– convirtieron en diputado a don Alejo, pero ahora, cuando todo ha quedado en nada, cuando se propone derribar los edificios y convertir el suelo en tierra de labor, siguen adorándole. Sí, cuando lo leemos resulta incomprensible, pero esto sucede tal como lo cuenta Donoso.

No puedo dejar de mencionar ese final paradigmático que debería formar parte de una selección de desenlaces maravillosamente bien planteados, tal como se hace a veces con los mejores comienzos de ficción. Hemos visto a la Manuela salir con Pancho y su cuñado, les hemos seguido un rato, ¿y luego? Lo que pasa después no lo vemos pero lo oímos, se nos transmite a través de alusiones y de pensamientos de la Japonesita que, por cierto, se equivoca de plano. Una forma ingeniosa de decir algo sin decirlo, por medio de sugerencias. Porque no hace falta más, somos los lectores quienes debemos interpretar las señales, mucho mejor esto que darnos todo hecho y digerido, como si se dudase de nuestra capacidad para entender.

 

Otras obras de José Donoso: Coronación, El lugar sin límites (reseña original)

Obras sobre José Donoso: Correr el tupido velo

martes, 22 de diciembre de 2020

Lawrence Osborne: Perdonar

Idioma original: inglés
Título original: The forgiven
Traducción: Montse Basté y 
Hara Kraan (catalán) y 
Magdalena Palmer (castellano)
Año de publicación: 2019
Valoración: entre recomendable y está bien



Con el tiempo y la experiencia estoy empezando a decantarme por lecturas, de las que de entrada no tengo ninguna referencia, solo porque la editorial en sí me parece un valor seguro. Este es uno de esos casos. Cabe aclarar que la edición que he leído es en catalán, de Navona y que en castellano ha sido publicada por Gatopardo. Pues dos valores seguros. 

Resumen resumido: el desencantado matrimonio conformado por Jo y David Henniger, dos ingleses de clase media alta, viaja al desierto de Marruecos para pasar unos días en la mansión de Richard Galloway, su excéntrico amigo millonario. De camino en medio de la noche, perdidos y algo bebidos, atropellan de muerte a Driss, un joven marroquí que les sale al paso en la carretera. Las consecuencias de ese hecho darán un giro inesperado al fin de semana que tenían en mente. 

Perdonar tiene muchos elementos que le otorgan interés literario y también personalidad: 
  • Su atemporalidad. Sabemos que los hechos se producen en el momento presente gracias a pequeñas migajas de información estratégicamente dispuestas, pero la acción que se narra podría situarse perfectamente hace un siglo. Este efecto totalmente intencionado, por una parte imprime en la historia y en el conflicto de los personajes una pátina de universalidad. Por otra parte contribuye a crear una atmósfera casi onírica, como de fábula. 
  • El escenario: el desierto de Marruecos. Una localización no tan lejana para los europeos pero que adquiere un carácter remoto, como si todo lo que allí sucede no tuviera nada que ver con el primer mundo occidental. La brecha cultural y social se hace patente mediante los contrastes entre los nativos marroquís que malviven de la venta de fósiles y los excesos de las fiestas en la mansión de Richard Galloway. La descripción de ese territorio seco, terroso y ardiente, antiguo lecho de un vasto océano del que solo quedan los esqueletos fosilizados de los extraños peces que lo habitaban, contribuye también a la atmósfera onírica que antes mencionaba. 
  • El tiempo. La narración corresponde a un periodo de tiempo muy acotado, concretamente un fin de semana, por lo que buena parte de la acción transcurre en la mente de los personajes, lo que sienten, piensan o perciben. La novela tiene un bis psicológico muy marcado y en ningún momento oculta su intención de indagar en grandes cuestiones como la responsabilidad o la culpa. 
  • La prosa es muy rica sin resultar recargada ni perder el tono o la mesura, y encaja perfectamente es esa atmósfera de excesos —en ambos sentidos— que, no obstante, pasan frente a los ojos del lector sin estridencias, como si lo que se narra no estuviera sucediendo en realidad, tal como hemos aprendido a observar en nuestras pantallas, por ejemplo, la tragedia de la inmigración ilegal en el Mediterráneo. 
Sin embargo, hay otros elementos que no resultan tan efectivos y que hacen que, en su conjunto, la novela no resulte redonda a mi entender. Al menos en mi caso no he sido capaz de conectar del todo con el conflicto de los personajes en relación al perdón que es el elemento alrededor del cual se articula toda la historia. Tal vez sea porque no solo me ha resultado difícil empatizar con la pareja protagonista, especialmente con David, si no que no he empatizado con ningún personaje, ni tan siquiera con Driss (el muchacho atropellado) o su gente. Mi experiencia lectora con esta novela no me ha dejado ninguna reflexión dando vueltas por la cabeza a pesar de que la lectura en sí ha resultado muy placentera por todos los elementos que mencionaba al principio. Y de ahí que lo que podría situarse entre un Recomendable y Muy recomendable se haya quedado entre un Está bien y Recomendable

Sí quería comentar una curiosidad en relación a la traducción del título que probablemente tenga más enjundia de la que parece: en la versión original el título es The forgiven y en la edición en castellano se ha traducido literalmente, es decir Los perdonados, pero en la edición catalana el título es Perdonar. No soy traductora y desconozco hasta qué punto pueden tomarse este tipo de licencias pero sí es cierto que en este caso, Perdonar adquiere un sentido mucho más amplio puesto que la idea del perdón en la novela no está presente tan solo en el hecho que genera el detonante si no que sobrevuela a varios personajes en varios momentos, incluso por defecto. 

Y ya para acabar, deciros que la adaptación al cine se halla en postproducción con intención de que se estrene en 2021. Jessica Chastain y Ralph Fiennes encarnan al desencantado matrimonio Henniger. Para quien le pueda interesar.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020

Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.

 

Beatriz Garza

Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing

Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales

Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence

Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa

Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix

Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto

Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022

 

Carlos Andia

Mejor novela (2x1): Siglo XXEl gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXICorazón giratorio, de Donal Ryan

Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso 

Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens 

Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala 

Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán  

Un tocho interesante, de toda la vidaLa democracia en América, de Alexis de Tocqueville

Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce

Libro de viajesEn las antípodas, de Bill Bryson

Relectura del añoEl templo del alba, de Yukio Mishima

Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)

Y dejamos para el final lo más flojito:

Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto

Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)

 

Francesc Bon

Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.

Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata

Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)

Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)

Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.

Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.


Juan G. B.

Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.

Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.

Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.

Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.

Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.

Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.

Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.

Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...


Koldo CF

RelecturasLos pasos perdidosLa marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).

Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil

Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera

Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.

Decepciones:  Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.


Marc Peig

Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.

Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.

Librodenuncia del año:  «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.

Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».

Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone»,  Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».

Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».

Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.

Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.

Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)


Montuenga

LO +

Ficción:

·       Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.

·       Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.

·       Una maravilla más en la extensa obra de una autora excepcional (y cuyo premio Nobel la humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.

·    Un clásico revisitado (y convertido en thriller por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.

·        La mejor novela histórica leída (y publicada) este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.

·     La mejor primera novela que he leído en muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un texto intimista se lee como si fuera un thriller).

                                                                                                                                                No Ficción:

·       El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez Magda. (Y con entrevista añadida).

·     Un ensayo científico muy adecuado para reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos pasa por la cabeza).

·     Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos que corren: Querida Ijeawele de Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer muchos/as adultos/as).

LO –

Ficción:

·       Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo

·     El testamento, poco afortunado, de un clásico indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri

·       Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.


Oriol Vigil

-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton

-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor

-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro 

-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir 

-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras

-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin

-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo

 

Santi 

Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:

  • Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
  • Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
  • Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
  • La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
  • El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
  • Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre

Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.

Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...

 


jueves, 2 de julio de 2020

Raquel Taranilla: Noche y océano


Idioma: español
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable... o todo lo contrario

Es ésta la novela ganadora del último y aún notorio premio Biblioteca Breve (a lo que no quito su mérito, no mucho menos. no pretendo reabrir el debate sobre los premios literarios concedidos por editoriales), que parte de un suceso ocurrido en realidad y de lo más sugerente: el robo, en el verano de 2015, de la calavera del director de cine F. W. Murnau, artífice, si ir más lejos, de la no sólo apreciada sino casi mítica película Nosferatu. Cuando la protagonista y narradora de esta novela, Beatriz Silva, profesora de Sociología del Turismo en la Universidad de Barcelona -aunque, en verdad, especialista en Gyorg Lúkacs (que es un marxista, no el de Star Wars)-lee la noticia, de inmediato piensa que el profanador y ladrón del cráneo ha sido Quirós, un documentalista amigo de la propietaria del caserón donde ella reside, y que se alojó allí uno tiempo antes, mientras preparaba una película sobre el rodaje de otra, en la Polinesia: Tabú, a la sazón la última que dirigió Murnau.

No cuento más, no tanto por no destripar el libro (algo casi imposible de hacer, en este caso) sino porque tampoco hay mucho más que contar: la trama en sí de esta novela, elementos "accesorios" Aparte (ya explicaré las comillas) y sin necesidad de resumirla no ocuparía más de dos o tres páginas, media docena como mucho... El resto, hasta las más de 400 de extensión del libro, las completa un sinfín de referencias "culturetas" (que no se me ofenda nadie, por favor): menciones incesantes a sociólogos, filósofos, economistas, literatos, pintores y, por supuesto, cineastas -en un momento dado, la misma narradora reconoce que lleva mencionados a 336 personajes, nada menos (aunque tampoco me he puesto a contarlos yo)... cuando aún quedaba bastante para el final del libro-, muchos de ellos con sus correspondientes notas explicativas -casi todas en clave irónica, menos mal-, en un delirio anotador que recuerda al DFW más desatado o a un libro que reseñó Koldo hace no mucho, Leyden Ltd. ; además de todo esto, anécdotas y sucedidos varios, desde, por ejemplo, la descripción pormenorizada e historia  del complejo alemán "Tropical Islands", a la del cuadro La Magdalena de la Lamparilla, de Georges de La Tour, o los comentarios a un libro de Gilles Lipovetsky. Pasando, cómo no, por los muchos avatares de la vida y muerte del propio Murnau, y del rodaje y posterior suerte de sus películas...

"Es la acumulación (...) aquello que garantiza que la verdad emerja; es sólo abrazando el todo como es posible asegurar el acierto. El método (...) no se anda con remilgos, sobrelleva o perdona el desatino y a cambio, en la fricción de lo infinito, convierte montañas de plomo en pepitas de oro. Según las reglas de su alquimia, es en la omisión donde estás el error (...)"

Todo este maremágnum de referencias, citas, anotaciones, etc. lo encontramos bañado, además, por un estilo vesubiano, torrencial, barroquizante y enrevesado (más que el mío, que ya es decir...), abarrotado de oraciones que se pliegan sobre sí mismas como figuras de origami, enmarcadas en párrafos interminables, en los que se saluda a los puntos y aparte como a oasis en medio del desierto. Este estilo alambicado y encantado de haberse conocido recuerda un poco bastante al de la sin par (o casi, como vemos) Marta Sanz, aunque, por suerte, resulta menos onanista y las retorcidas frases parecen buscar algún objetivo más aparte del lucimiento y rellenar páginas como sea... En efecto, lo mismo que ocurre con tanta cita pedantuela, impregna todo el escrito un espíritu no ya humorístico, sino paródico, que busca ridiculizar (o eso espero), tanto la pedantería intelectualoide contemporánea como la rigidez esclerotizada del estilo académico universitario, modelo del que, aunque diga que a su pesar, ha bebido la protagonista-narradora durante toda su vida, y se nota... Personaja que además, como resulta embarazosamente evidente en la novela, trata de distraer la atención -o fijarla, ya no sé- de las importantes carencias emocionales y sociales que padece.

"(...) Admito que voy sin rumbo, sacando temas según se me ocurren (...) Concentración, me exigirán ustedes, pero ya hace muchas páginas que he renunciado a sujetar las riendas d este relato, de modo que no voy a poder evitar que se imponga en él cierta lógica turbia, pero tan real, como la carne viva que, sobre mi esqueleto, metaboliza, metaboliza, metaboliza (...)"

Aunque, como cabe suponer, las cuitas de la protagonista no componen el único trasfondo de la  novela -repito que son más de 400 páginas con una mínima trama-: podríamos hablar también de la dicotomía entre la acción y la reflexión o la vida activa frente a la vida contemplativa; la diferencia entre la realidad y su representación o la más pedestre entre lo verdadero y lo falso. Todo esto sin olvidar, eso también, que, según declaraciones de su propia autora, Noche y océano nació antes que nada como reacción o respuesta a otra novela, Aire de Dylan, del insigne y prolífico Vila-Matas. Como yo no he leído este otro libro , no puedo aclarar gran cosa a este respecto, excepto decir que la novela de Taranilla tiene a su vez un cierto aire vilamatesco o vilamatero, quizás también a modo de parodia.

De todos modos, no es ninguna de estas circunstancias lo más destacable de la novela; en mi opinión, lo fundamental de ella es que representa una cierta radicalidad narrativa (ojo, tampoco estoy diciendo que vanguardista), al llevar al extremo una determinada forma de narrar... Si se me permite una autocita, en una reseña de hace algún tiempo yo comparaba el estilo de ese libro con el de las carrocerías autoportantes de los automóviles; en el caso del que nos ocupa hoy, creo que una metáfora más adecuada sería la de las "estructuras aeroportadas"(*): esa especie de naves, a modo de grandes tiendas de campaña, que se mantienen en pie merced al aire que circula entre sus paredes. Sólo que, en este caso, estas paredes de lona o plástico estarían compuestas por el propio estilo abarrocado de esta novela y el aire que las sostiene y da forma, por ese chorrazo de nombres propios, datos biográficos, fechas, ideas y sucedidos variopintos... (también se entiende que si te has molestado en empollarte alguna vez a Thorstein Veblen, a Lipovetsky y, por supuesto, a Lúkacs, pues qué menos que ponerlo en tu libro, cuando luego cualquier jeta te suelta sus anécdotas del Erasmus y lo llama"autoficción"). Lo que ocurre es que sin ese aporte de aire, si se apagan los generadores y ventiladores, la estructura se deshincha y no quedan sino unos plásticos tirados por tierra, poco más que unos toldos para que los campesinos los extiendan sobre cuatro palos y den sombra a las gallinas.

"Y a ustedes les ruego paciencia con mi discurso canceroso, que, por flácido, resulta de lo más actual. Vean de qué forma tan despampanante se acumulan en él los temas, que se inflan y generan ecos y nuevas remisiones, el noventa por ciento de los cuales es puro desecho (...)"

De ahí que mi valoración del libro quizás parezca ambigua o contradictoria... Pero es una novela que lo mismo puede resultar absorbente y divertida que cargante o incluso irritar al lector, por momentos; a mí, cuando menos, me ha ocurrido un poco de todo esto.

(*) Esta idea no se me ha ocurrido a mí solo, que ya sabéis que soy bastante gañán, sino que la he tomado de este estupendo hilo de twitter, sobre la Instant City de Ibiza de 1971, de la cuenta del arquitecto Pedro Torrijos (@Pedro_Torrijos). Os recomiendo que leáis todos sus hilos agrupados en  el hashtag #LaBrasaTorrijos, porque son una maravilla... y que, sospecho, habrían encantado a la protagonista de esta novela, además.

lunes, 1 de agosto de 2016

Neil Gaiman: El cementerio sin lápidas y otras historias negras

Idioma original: inglés
Título original: M is for Magic
Año de publicación: 2007
Traducción: Mónica Faerna
Valoración: recomendable

No creo que haga falta presentar ya a un autor como Neil Gaiman, célebre escritor y guionista de cómics y, sobre todo, por las reseñas que nuestra infatigable compañera Izas le ha dedicado en Un Libro Al Día. Sabida es, pues, su vocación hacia la fantasía, el misterio y lo ultraterreno, aspectos de los que los relatos que aparecen en este libro están más que bien servidos. De hecho, creo que resulta una obra excelente para iniciarse con este escritor, para quien no lo conozca (y no es necesario pertenecer al público juvenil, por más que sea hacia las edades tempranas a quien parezca dirigirse este libro).

Cierto es que podemos encontrar un poco de todo: la fantasía casi propia de Las mil y una noches, de Cómo vender el puente de Ponti , o la bienhumorada de El pájaro del Sol; el recurso a lo fantasmagórico de La presidencia de Octubre y La lápida de la bruja (cuento en el que encontramos la razón del título del libro en español, ya que no hay ninguno titulado como éste); el ambiguo mundo de los cuentos infantiles en El puente del trol y El caso de los veinticuatro mirlos -este último relato queda inevitablemente deslucido con la traducción, al estar protagonizado por personajes propios de las cancioncillas infantiles inglesas, no siempre conocidos en otros países-; la narración en verso de Instrucciones o la alucinación lisérgico-alienígena de Cómo hablar con las chicas en las fiestas (relato que todo adolescente varón y heterosexual debería leer alguna vez). Y, por supuesto, el humor, presente en varios de los cuentos pero, sobre todo, en Caballería, donde una ancianita encuentra el Santo Grial en una tienda de Oxfam y recibe en su casa la visita del caballero Sir Galahad. Sin embargo, el mejor relato del libro es, en mi opinión, uno de los más cortos: No le preguntes a Jack, en el que la  -muy- inquietante trama se va tejiendo alrededor de un elemento en apariencia banal, pero, quizás por eso mismo, decididamente ominoso.

Resulta destacable, además de la evidente calidad de la prosa de Gaiman, su enorme capacidad para sumergirnos en mundos cerrados y autónomos, aparentemente ajenos a las vivencias o experiencias de la mayoría de los lectores (o todos), ya se trate de un cementerio abandonado por el que pululan los espectros y otras criaturas de la noche como Pedro por su casa -claro que, de hecho, es su casa...), un extravagante club de gastrónomos "extremos" o la improbable reunión mensual de los doce meses del año para contarse historias unos a otros. Gaiman consigue que durante el rato que dura la lectura de sus cuentos, nos olvidemos que sólo somos unos lectores sentados en una butaca, un banco del parque o una tumbona en la playa , con un libro en las manos, y eso, ya sea a los diez años, a los cuarenta o a los ochenta, siempre es de agradecer. Y tiene muchísimo mérito.

(Una última cosa: creo que alguno de los relatos, al menos un par de ellos, están también incluidos en otro libro ya reseñado en ULAD, Objetos frágiles, y además el titulado La lápida de la bruja parece estar bastante relacionado con otro, El libro del cementerio, aunque no puedo decir si es un prólogo de éste, una secuela, precuela, spin-off o todo lo contrario... Sirva de aviso a interesados, en todo caso).


Otros títulos de Neli Gaiman reseñados en Un Libro Al Día: El libro del cementerioObjetos frágilesEl océano al final de la carreteraAmerican Gods, Coraline

martes, 7 de abril de 2015

Albert Sánchez Piñol: La piel fría

Idioma original: catalán
Título original: La pell freda
Año de publicación: 2002
Valoración: bastante recomendable

37 idiomas. La leche de idiomas son 37. Esos son los que, según figura en la portada de la trigésimo-segunda (32, otro número nada desdeñable) edición, los que, en 2009, habían sido todos a los que esta novela había sido traducida, desde el catalán en el que la he leído. Algo debe tener, pienso cuando decido leerla. No será solamente el empeño de algún editor entusiasmado que la traduce a un primer idioma de mayor alcance y hace que todo el mundo enloquezca en el marco de una feria literaria de alto rango. No. 37 idiomas son tantos que ya me acuden a la memoria hasta alfabetos diferentes, hasta culturas que puede ser que absorban e interpreten este libro de forma radicalmente diferente.
Porque de eso se trata, ya que estamos. De todas las interpretaciones potenciales que se pueden hacer de esta novela de planteamiento esquemático, casi espartano, y, por tanto, proclive a buscarle rápidamente referencias en la literatura más clásica.
Un narrador sin nombre (al que vamos a llamar Kollege) es técnico oficial atmosférico cuyo pasado entronca con algún lejano conflicto armado en las Islas Británicas. Es llevado en misión laboral a una isla (podríamos llamarle islote o peñasco o terreno perdido en medio del océano) donde quedará poco menos que abandonado, con la única, parca, extraña y poco comunicativa compañía del encargado del faro. De este sí sabemos el nombre con seguridad: se llama Batís Caffo y es austriaco. Del profesional al que Kollege reemplaza nunca más se supo. Todo parece ir a ser normal: todo lo normal que pueda ser la existencia en un par de kilómetros cuadrados en forma de L en medio de un mar bravo, con la clara expectativa de la soledad que, claro, permite la reflexión, o la tranquilidad, o el aburrimiento. Pero no: porque resulta que, en las noches de la isla, bien pronto, empieza a ser asaltado por unos curiosos seres, los citaucas, que surgen del mar y se aventuran hacia la caseta en que Kollege intenta hacer su trabajo, con intenciones agresivas. Pronto las jornadas consistirán en eso: trabajar y subsistir durante el día, resistir el ataque por la noche. Ante ese enemigo común, Kollege y Caffó emprenderán una entente cordiale defensiva: se trata de garantizar acabar con los citaucas de una vez por todas. Aneris, tercer personaje, es una citauca hembra que, capturada y convertida en mascota, sirve a Caffó de solaz sexual. Me ahorro las especulaciones sobre pastores, ovejas, y soledad en los pastos. Aneris se convertirá, lógicamente, en un motivo de conflicto entre ellos.
Y poco más.
Adivino que una novela como La piel fría debe ser una preferida (como por ejemplo, Mecanoscrit del segón origen de Pedrolo) entre el profesorado de literatura de los últimos años de ESO o el bachillerato. La de encendidos debates que habrán suscitado las diversas posibles interpretaciones del texto. Que si el racismo, que si la conquista, que si la civilización, que si la asimilación o no de la diferencia, que si la enajenación de los pequeños espacios. No por casualidad dice la solapa que Sánchez Piñol es antropólogo, primero, y escritor, luego. En este sentido, La piel fría resulta pluscuamperfecta para muchos ejemplos de evolución de la conducta humana, en lo individual, en lo social, etc.
Pero si nos ceñimos a lo literario, y a su originalidad, ese territorio lo han pisado ya muchos. Y no hace poco tiempo, precisamente. Verne, Poe, Defoe, Lovecraft, son referencias ineludibles para muchas de las situaciones de La piel fría. Y cuanto más nos acercamos a la actual literatura del simbolismo, más proliferan: Caffó se erige como un coronel Kurtz cualquiera y Kollege parece ir a convertirse de un momento a otro en uno de los enajenados que pueblan los libros de Stephen King. Y todos vamos a acordarnos de cosas como la serie Lost. Y no es que Sánchez Piñol no lo haga bien, no demuestre más que de sobra su oficio. La tensión crece y sabemos que nos llevará a un faux finale inquietante, y así es. Aún así, 37 idiomas, ya que estamos, me parecen demasiados.

También de Sánchez Piñol en UnLibroAlDíaVictus

sábado, 22 de febrero de 2014

Neil Gaiman: El libro del cementerio

Ilustraciones: Dave McKean

Idioma original: inglés
Título original: The Graveyard Book
Fecha de publicación: 2008
Valoración: recomendable

Al comenzar este libro, lo único que sabemos del hombre Jack es que es un asesino. Más concretamente, que ha entrado en una casa en mitad de la noche y ha asesinado a toda la familia que vivía en ella. ¿Toda? En realidad, no. El miembro más joven de la familia, un bebé de apenas un año de edad, ha conseguido escabullirse y llegar a un cementerio cercano. Tras recibir el nombre de Nadie, el pequeño será adoptado y criado por los fantasmas que viven en el camposanto y por un par de seres humanos que tienen la capacidad de comunicarse con los muertos, mientras el hombre Jack continúa en su busca.

Si alguno de vosotros está familiarizado con la obra de Neil Gaiman, sabrá que, además de ser un excelente guionista de cómics, también es un reconocido autor de novelas. En este caso, estamos ante una de sus obras dedicadas al público juvenil, lo que no le resta un ápice de calidad, como se podría pensar (no olvidemos que libros como La historia interminable, por ejemplo, han sido también considerados "simples" libros juveniles). 

El libro del cementerio es una obra de ritmo rápido, muy entretenida y poblada por personajes que enseguida se ganarán nuestra simpatía (y todo lo contrario). Fantasmas, seres que se mueven entre dos mundos, humanos con capacidades "especiales"... Todo cabe en esta obra en la que el lector descubrirá que la presa aparentemente más desvalida resulta ser el mayor desafío al que un experimentado asesino tiene que enfrentarse.

Por si eso fuera poco, el libro está ilustrado por Dave McKean (colaborador y amigo personal de Gaiman desde hace más de veinte años), que consigue dotar a la obra del ambiente siniestro pero amable que desprende la narración. Perfecto para aquellos a los que les guste la obra anterior del autor, así como para todos los que disfrutan de una novela juvenil de calidad.

También de Neil Gaiman en ULAD: Objetos frágilesEl cementerio sin lápidasEl océano al final de la carretera, Coraline