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lunes, 16 de noviembre de 2015

Arturo Pérez-Reverte: Hombres buenos

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: por una parte, está bien; por otra, intragable


Hacía un porrón de años que no leía nada de Pérez-Reverte. Cuando escribo "porrón", me refiero a la época de los primeros Alatristes...¿cuánto hace ya de eso? ¿Doce, quince años? Por ahí... Lo menciono porque aunque me consta que él ha ido sacando libros con la regularidad de un metrónomo o un desfile militar (¿cómo no enterarse, con las campañas de promoción por tierra, mar y aire que suelen acompañar el lanzamiento de sus novelas?), yo no tenía mucha idea de por dónde han ido sus derroteros literarios; si sigue haciendo lo de antes o ha evolucionado hacia... yo qué sé, la autoficción metaliteraria. Por decir algo. 

Impelido por razones que no vienen al caso a leer su última novela, Hombres buenos, ahora puedo afirmar que Pérez-Reverte ha mejorado bastante como escritor: ya no abundan tanto los lugares comunes, los diálogos chulescos... los personajes apareen definidos por algo más que un patronímico chocante y dos o tres rasgos tópicos (ahora son cuatro. por lo menos); la narración se ha vuelto menos efectista y más reflexiva. A cambio, el libro también resulta más aburrido, me temo. También es verdad que la historia que nos cuenta no resulta especialmente trepidante: se trata del viaje -auténtico- que, a finales del siglo XVIII, realizaron a París dos miembros de la Real Academia Española de la Lengua con el objeto de adquirir, para tan venerable institución, una primera edición completa de la Enciclopédie de Diderot y D'Alembert, el no va más del saber científico y filosófico del momento. Una historia ésta que con seguridad le resulta especialmente cara a don Pérez-Reverte, pues no olvidemos -ni podemos hacerlo, puesto que él se encarga de recordárnoslo a lo largo de todo el libro- que también es académico de la RAE... pero una historia, en fin, que a pesar de los loables intentos del autor por darle vidilla a la trama, da como resultado una novela fundamentada, más que nada, en una recreación histórica minuciosa -y aparentemente bien conseguida, hay que decirlo- y en los constantes diálogos entre los personajes. Conversaciones que tratan sobre todo, como no podía ser de otra forma, de: 
1-Libros y autores de la época.
2-La disyuntiva entre tradición /modernidad o ciencia/ superstición (por no decir religión).
3-España; es decir: los males de España; los remedios a los males de España; la dificultad de aplicar los remedios de los males de España, etc... (toda una fiesta, vaya).

Los protagonistas, el marino don Pedro Zárate y el bibliotecario don Hermógenes, resultan una pareja dispar pero bien avenida (en la tradición de las buddy stories: Don Quijote y Sancho, el Gordo y el Flaco, Mortadelo y Filemón...); demasiado bien avenida, quizá, desperdiciando el juego que podrían haber dado sus desavenencias. Menos mal que a partir de un cierto momento se les incorpora el ínclito y revolucionario abate Bringas, (personaje también real, al parecer), para aportar la nota discordante. En todo caso, resulta incluso loable la idea de honrar la memoria de unos hombres que trataron, en la medida de sus posibilidades, de contribuir a desasnar a sus compatriotas (con eficacia harto discutible, como demostraron los dos siglos subsiguientes).

Para ser justos, hay que admitir que el resultado de estas casi seicientas páginas es una novela correcta, bien escrita y ambientada, de lectura fácil aunque, como ya he señalado, más bien aburridilla. Pero en fin, aconsejable a quien le gusten las recreaciones históricas y las novelas de corte convencional. Ahora bien... quizá no tan convencional porque resulta que Pérez-Reverte sí que se dedica, o al menos lo utiliza,  a ese recurso tan à la page que es la llamada "autoficción". Aunque sea una autoficción un tanto impostada: en efecto, don Arturo se coloca a sí mismo como personaje para contarnos sus cuitas, indagaciones y difíciles pesquisas para documentar esta novela como es debido (perfeccionista que es... y deja ver). Es un truco muy pillo, puesto que le sirve, por un lado, para colarnos así la información que, en rigor, debería de proporcionarse a través de la narración en sí. Y por otro, nos demuestra lo muchísimo que ha trabajado en la ambientación, a pesar de que tal cosa no se trasluzca siempre en la novela (por ejemplo: nos cuenta los muchos y venerables libros y cartografía que hubo de consultar para establecer la ruta exacta de Madrid a París en el siglo XVIII, con sus casas de posta, etc... y luego, apenas lo utiliza al contar el viaje). De paso, inserta como personajes a algunos de sus compañeros académicos, a quienes seguro se les hizo el culo gaseosa al verse inmortalizados en tan insigne obra.

¿Les parece que el tono de la reseña se ha ido agriando en el anterior párrafo? Pues sí, lo siento... pero si hay algo que me toca las narices -por no decir otra cosa- es esta puñetera moda de la autoficción, más aún si es fullera, como es el caso... ¿Quién les ha dicho a los juntaletras de turno que a los lectores nos interesan un pimiento su vida y circunstancias? Por lo que a mí respecta, acepto -a regañadientes- que lo haga Emmanuel Carrére, por ejemplo, que ha demostrado ser un buen escritor; paso por que lo haga Laurent Binet, que parece buen chaval. Incluso se lo puedo perdonar a... no sé, Paco Roca, que al menos tiene el doble curro de dibujar y escribir (a Cercas, por si alguien se lo está preguntando, no se lo perdono). ¿Pero a Pérez-Reverte? ¡Ni hablar del peluquín! Además, si quisiera saber algo -más- de su vida, para eso está twitter, que tampoco es que sea muy discreto, el hombre...

Vamos, jamais de la vie! (que es la manera fina de decir que en mi **** vida).

(Pido perdón si alguien se siente molesto por las palabras de mi último párrafo -excepto si se trata del autor del libro, claro está-, y les doy gracias a todos por su comprensión al permitirme el desahogo. Que tós semos personas humanas... ¿que no?).


Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULAD: Cabo Trafalgar, La sombra del águila, El maestro de esgrima, La reina del sur

sábado, 14 de marzo de 2009

Arturo Pérez-Reverte: La sombra del águila

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1993
Valoración: Está bien

La historia, al parecer, es verídica. Durante la campaña de Rusia, un batallón entero de españoles enrolados a la fuerza en el ejército napoleónico trata de desertar en plena faena. El alto mando francés interpreta la maniobra de acercamiento al enemigo como un acto de heroísmo y ordena una carga de caballería que decide la suerte de la batalla, hasta entonces más bien incierta. A los españoles, cogidos por sorpresa, no les queda otra que conformarse con el papel de héroes y dejar para mejor momento sus ganas de desertar.

El material no podía ser más apropiado para Pérez-Reverte. No sé por qué, pero hay ciertos temas que consiguen sacar lo mejor del estilo de un determinado autor. En este caso, yo siempre disfruto mucho más de la prosa de Pérez-Reverte, ya sean artículos o novela, cuando se ocupa de ese fondo tabernario y cerril de lo español. Sabe captar como nadie esos momentos en los que parece imposible distinguir si es arrojo o desesperación, indignación o mala baba, lo que mueve nuestra historia. En esa mezcla de virtudes y vicios, altura histórica y ruindad cotidiana, su estilo se vuelve más ágil, más vivo, tragicómico. Aunque, en fin, siendo sinceros, creo que eso suena demasiado grandioso para frases como éstas: “…a un palmo habíamos estado de librarnos de los franchutes y mira, allí seguíamos pintándola, con más mili por delante que el cabo Machichaco. Nos habían jodido Murat y mayo con las flores”.

No es la gran novela del siglo XX, pero tampoco lo pretende. Se lee de una sentada y por momentos es capaz de arrancarte carcajadas. Algo que es muy, pero muy raro.

Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULAD: Cabo Trafalgar, El maestro de esgrima, La reina del sur, Hombres buenos

lunes, 18 de septiembre de 2017

Colaboración. Arturo Pérez-Reverte: Falcó

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2016
Valoración: se deja leer

Lorenzo Falcó es el mercenario ficticio que Arturo Pérez-Reverte ha concebido para dar pie a un ciclo que constará, por lo pronto, de este primer volumen y de otro más, que llevará por título Eva. La Guerra civil no es un ambiente ajeno a los escritos del autor cartaginés: antecedentes suyos que trataron el tema serían las colaboraciones en El Semanal de ABC o el tomo La Guerra civil contada a los jóvenes. La imprecisa postura que mantiene sobre esta cuestión continúa enfrentando a sus seguidores y detractores en una polémica que se anuncia duradera.

El libro presenta un tiempo —aquellas décadas del siglo XX que explotaron a España como laboratorio político— y un país —espías a pie de pista, bien o mal pagados; más libertinaje militar del que se piensa; una nación dividida en bandos, suscritos a su vez a lealtades que actúan como infamantes parteaguas. En medio, una galería de caracteres distintivos de su creador que se relacionan de diversas maneras (escabrosos erotismos incluidos) con el agente secreto Falcó, encargado del motín que pretende liberar a Primo de Rivera de la prisión de Alicante. Su jefe es un almirante gallego ocupado con frecuencia en sacarle las castañas del fuego. Los secuaces, Eva Rengel, intachable mujer fatal; Juan Portela y los hermanos Cari y Ginés Montero, falangistas disconformes con las órdenes del protagonista; y algún secundario ocurrente, como el sicario Araña o el confiado Estévez.

Tal vez la obra ejerza como punto de partida de las siguientes entregas. Para calificarla de sospechosa basta saber que la constante puesta en escena de personajes y lugares comunes cede poco paso a la acción, así como que Reverte (tan contrario a Faulkner o Bolaño) nunca da cabida al pretexto estilístico. El tan provechoso paso del río Pisuerga por Valladolid permitiría debatir ad infinitum si la serie que comienza con Falcó no será, en realidad, una treta por parte de narrador o editorial con el fin de sacar una rentabilidad parecida a la que proporcionaron Las aventuras del capitán Alatriste, cuyo estreno, por cierto, tenía mucho más contenido. No sé si a medida que se conozcan las andanzas de este espía el interés individual de su primer tomo disminuirá. El aleatorio público me dispensará que sea poco adepto a los (casi siempre) excusables alargamientos y, por ende, persona desautorizada a la hora de juzgar este aspecto, típico de sagas como la que comienza con esta novela.

Firmado: César


Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULAD: Cabo Trafalgar, La sombra del águila, El maestro de esgrima, La reina del sur, Hombres buenos

lunes, 8 de noviembre de 2010

Arturo Pérez- Reverte: La reina del sur


Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2002
Valoración: recomendable

Con este autor me siento un poco como si yo fuese bipolar, pues hay escritos suyos que me gustan mucho y otros que me dejan indiferente. Y me pasa tanto con sus novelas como con sus artículos. No sé, dependerá del pie con el que me levante o de lo tópico que me pueda resultar algunas veces. Pero el caso es que esta, su decimocuarta novela, es de las que me han gustado mucho. Me la regalaron y claro, al leer la contraportada no se me parecía a la historias habituales del autor.

No tiene nada que ver con las otras: se sitúa a finales del siglo XX, entre México y el sur de España, la protagonista es una mujer y toca el mundo del tráfico de drogas y la corrupción política. Así, conocemos a Teresa Mendoza, mexicana de Culiacán, y nos sumergimos en los sucesos que le acontecen, de los que no voy a revelar nada, aunque ya sabemos que vendrá a España y se meterá en un mundillo peligroso.

La narración se hace muy rápida, es precisa y, por la forma en que está contada la historia, da la impresión de tratarse de la biografía de alguien real, que existe y que aún anda en algún rincón del planeta. Un tocho de quinientas y pico páginas que entretiene y nos muestra a otro Reverte. Y, como suele hacer, se documentó durante dos años para poder ser bastante fiel a la realidad, incluyendo algunos viajes nocturnos en lancha a lo largo del Estrecho persiguiendo contrabandistas junto a la policía aduanera.

Como curiosidad, resulta que están rodando la telenovela y la serie basadas en el libro.

Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULAD: Cabo Trafalgar, La sombra del águila, El maestro de esgrima, Hombres buenos

martes, 9 de agosto de 2011

Arturo Pérez Reverte: Cabo Trafalgar. Un relato naval

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: está bien

Aquí viene Arturito a poner las cosas en su sitio, que lo de Pérez Galdós estuvo bien, pero ya se ha quedado un poco viejo. Bien, Benito, bien, hiciste lo tuyo pero deja ya paso a las nuevas generaciones. Aunque también, Arturo, se te ve un poco aprovechado con esto de las conmemoraciones, ¿eh? ¿Que se van a cumplir doscientos años de Trafalgar? Toma: Cabo Trafalgar. Un relato naval. ¿Que si doscientos años del sitio de Cádiz? Pumba: El asedio. Que vale, está bien, son temas que te pegan, que te hinchan la vena patriótica, la irónica, la satírica y otras venas que no se pueden mencionar porque hay señoritas delante; pero no me negarás que algo de estrategia comercial también hay, ¿eh?

Una cosa te tengo que reconocer, Arturito, y es que te has documentado como un campeón para escribir esta novela. Que a veces leo tanto término náutico junto y pienso: ¿pero este tío ya sabrá lo que está diciendo? Porque yo, la verdad, ni pajolera idea. Pero me fío, además seguro que has tenido buenos asesores... Vamos, que esa parte se te reconoce. Y el estilo, pues también, aunque sea el mismo que usas en tus columnas y que ya te tiene que salir como el mear, o sea, sin esfuerzo. Pero bueno, es gracioso, por ejemplo cuando transcribes las palabras extranjeras como suenan, como "Yenesepá", "Les choses como son" o "Du yu spikin spanish", o cuando haces hablar a los marineros del siglo XIX como si fueran macarras del siglo XXI. Bien, Arturito, bien.

Alguna pega te voy a poner, Arturito, porque si no no sería yo, y porque la gente se va a pensar que somos compadres, que comemos juntos y nos damos palmadas en la espalda y nos vamos de putas juntos. Y no. Pues mira, que a veces me parece un poco repetitiva la novela, Arturo, la verdad. Coño, Arturo, que te pones muy pesao con lo de que los ingleses son eficaces y disciplinados; los españoles, torpes y trepas, pero con los cojones bien puestos; y los franceses, unos cobardes de cuidado. O con lo de que los que pelearon en Trafalgar no tenían ni pajolera idea de barcos, ni de guerra, ni de nada. Vale, sí ya lo has dicho. No hace falta que insistas tanto, que es peor. Que a estas alturas ya deberías saberlo, Arturo, que pareces nuevo.

Pero vamos, que sí, Arturo, que bien, que es una novela divertida, que te echas unas risas leyéndola aunque a veces te pierdas un poco entre tanto nombre de barco y de vela y de cuerda y de aparataje y de leches en vinagre. Bien, Arturito, bien. Esta vez te la pasamos con buena nota.

Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULAD: La sombra del águila, El maestro de esgrima, La reina del sur, Hombres buenos

viernes, 6 de febrero de 2026

Je suis David Uclés

Hace unos meses escribí una reseña negativa de La Península de las casa vacías, así que creo que no soy sospechoso de amiguuismo cuando digo esto: ahora mismo, todos somos, o deberíamos ser, David Uclés. Lo digo, por si hay quien todavía no se ha enterado, por la campaña de desprestigio, y creo que se puede decir también, de acoso, que se ha organizado en su contra en las últimas semanas, a raíz de algunas polémicas en las que se ha visto envuelto, y en las que los medios e influencers de extremo centro y de extrema derecha parecen haberse coordinado "espontáneamente". 
 
Aclaro que no voy a hablar de los ataques que se refieren a su apariencia, su vestimenta, su orientación sexual o su afición por el acordeón (esos ataques se descalifican solos), y aclaro también que, como se verá después, estoy en desacuerdo con David Uclés, o con algunas de las posturas de David Uclés, en varios aspectos importantes; lo que no quiere decir que sea tolerable una campaña de difamación como la que está viviendo, y que es, en realidad, una manifestación de una estrategia de intimidación más amplia, e incluso global, podríamos decir. (De hecho, esta misma semana y solo en España, un humorista y una influencer de izquierdas han decidido tomarse un descanso en sus carreras a causa del acoso de la extrema derecha). 
 
Así, voy a centrarme en dos de las polémicas recientes de David Uclés, una literaria/editorial y otra política, de las cuales la segunda me parece sin duda la más relevante.
 
 
La polémica del Premio Nadal
 
A principios de año (como es habitual) se fallaba el Premio Nadal y, para sorpresa de muchos, el ganador no era otro que el "chico maravilla" de la literatura española reciente, con una novela titulada La ciudad de las luces muertas (que obviamente no he leído, porque en el momento de escribir esta reseña todavía no está a la venta; y que probablemente no leeré, al menos por ahora, vista mi impresión de la anterior novela del autor y de las primeras reseñas que van apareciendo en la prensa). En el momento de la entrega del premio, el autor explicó que se trata de una declaración de amor a Barcelona, con toques de realismo mágico (again), e inspirada por la obra de Carmen Laforet, Montserrat Roig o Mercè Rodoreda, entre otros. De hecho, la novela fue al menos parcialmente escrita gracias a una beca Montserrat Roig, que permitió al autor residir en Barcelona durante seis meses.
 
Conviene recordar que el premio Nadal no es un premio tan ridículamente comercial como el Planeta (solo hay que recordar que el último Planeta lo ganó Juan del Mal), aunque obviamente lo que las editoriales que conceden estos premios quieren es vender libros. Así, pronto se levantaron algunas sospechas de que se trataba de una forma no demasiado sutil de "robarle" un autor de éxito a Siruela, para traérselo al grupo Planeta (a quien pertenece actualmente la editorial Destino que concede el Nadal). El propio David Uclés se ha defendido de estas acusaciones afirmando (y algo de razón no le falta) que el éxito de La península... le ha beneficiado a él, pero también a Siruela, así que no hay nada criticable en que ahora siga su camino y "migre" a una editorial diferente, y a un grupo tan potente como Planeta. 
 
Personalmente, no puedo dejar de apuntar que el movimiento resulta algo oportunista por parte de David Uclés, que parece haber escrito una-novela-para-ganar-el-premio-Nadal, con guiños a la cultura de la ciudad en la que se sitúa en grupo editorial que la publica, unos cuantos fuegos artificiales literarios marca de la casa, y un discurso paratextual "bienqueda", también marca de la casa. Quizás se trate de una novela magnífica, y si es así me comeré mis palabras, pero lo que sé sobre ella en este momento me hace verla más como un producto vendible que como un proyecto artístico.
 
Esta polémica, que es habitual en el caso de premios de carácter más o menos abiertamente comerciales, ganó una nueva dimensión a partir de un artículo de Nadal Suau en El País, en el que daba una de cal y una de arena: defendía a Uclés de los ataques fascistas que (ya entonces) estaba recibiendo en redes, sobre todo en X; pero al mismo tiempo criticaba, de forma bastante diplomática pero clara, el proceso de "construcción de una persona pública" del escritor, como parte de su estrategia de promoción: la boina, el acordeón, el buenrollismo... 
 
Después de este artículo, la polémica entró en ámbitos poco agradables: Uclés acusó a Suau de criticarle por su aspecto (lo que no es cierto, creo); Manuel Vilas, que también ganó el Nadal hace unos años, y que parece que le tenía guardada alguna inquina al crítico de El País, entró como un elefante en una cacharrería en un post de Facebook acusando a Nadal Suau de atacar a Uclés por elitismo cultural, o sea, porque vende muchos libros; y a ambas críticas Suau respondió, de forma sin duda poco elegante, publicando algunos mensajes privados enviados por Uclés, en los que este se mostraba cordial e incluso agradecido por el apoyo del crítico contra los ataques... En fin, que la cosa pasó de lo literario a lo personal, perdiendo gran parte de su potencial interés: la reflexión sobre el funcionamiento del sistema editorial español, y la importancia de la presencia pública (y, hoy en día), online de los escritores para contribuir o garantizar su éxito. 
 
 
La polémica sobre el evento La guerra que todos
 perdimos
La segunda y más reciente polémica me parece mucho más relevante y significativa, sobre todo por la su simbolismo en el panorama cultural y político actual. Muy resumida, la cuestión es esta: David Uclés había sido invitado para un coloquio sobre la Guerra Civil organizado por Pérez Reverte y Jesús Vigorra, cuyo título y composición ignoraba, aparentemente, cuando aceptó la invitación; a pocos días del evento, cuando supo que el título era 1936: La guerra que todos perdimos, y quién iba a participar además de él, decidió retirar su participación, en primer lugar por estar en desacuerdo con la premisa ("la Guerra Civil la sufrieron todos, pero solo la ganó un bando", explicó más tarde), pero sobre todo por su rechazo a compartir cartel y evento con personalidades como José María Aznar o Espinosa de los Montero. Siguiendo a su desistencia, o de forma casi simultánea, varias personas más se dieron de baja, lo que ha llevado al aplazamiento de las jornadas hasta octubre. 
 
Antes de pasar a hablar de las consecuencias y el backlash generado por todo esto, sobre todo para el propio David Uclés, me parece relevante mencionar que esta posición del escritor supone una evolución o una matización de sus posiciones anteriores, mucho más equidistantes en este tema; de hecho una de las críticas que yo mismo le hacía a su novela La Península... era asumir ese discurso de la "guerra cainita" entre hermanos, la tragedia humana desideologizada en la que ambos bandos cometieron atrocidades. Declaraciones igualmente tibias en entrevistas en que parecía equiparar la crispación generada a izquierda y a derecha del espectro político parecían ir en la misma línea de ambigüedad calculada. Con todo, ya algunas actuaciones anteriores, como el discurso pronunciado ante Isabel Díaz Ayuso, de tono muy crítico, parecían indicar que Uclés estaba saliendo de ese marco de equidistancia y de querer contentar a tirios y a troyanos. Este cambio puede deberse, precisamente, al hecho de estar recibiendo ataques en redes sociales incluso con una postura tibia y apaciguadora, o precisamente a causa de ello: no sirve de nada intentar apaciguar a los bullies de extrema derecha, porque siempre van a exigir una adhesión absoluta - e incluso así... 
 
[Como nota al margen, porque preveo lo que van a decir los comentarios: sí, la izquierda (yo mismo, por ejemplo) también criticó la novela de Uclés por su equidistancia ideológico; pero de ahí a los insultos y las amenazas va un gran paso...]
 
David Uclés, por lo tanto, caído ya del equidistante guindo ideológico, renunció a participar en las jornadas de Pérez Reverte, que se defendió diciendo que el título se suponía que debía aparecer entre interrogaciones ("¿La guerra que todos perdimos?"), lo que no sé si mejora gran cosa el tema. Y además y después de eso, con todo el ego y todo el machirulismo de que hace gala habitualmente, se ha dedicado a atacar a David Uclés, llamándole mentiroso e infantil, retirándole la invitación y sugiriendo que todo forma parte de una campaña de autopromoción. Y detrás de Pérez Reverte, que sigue siendo una figura poderosa dentro del mundo cultural español, han venido naturalmente sus acólitos y seguidores a sumarse al linchamiento. Entre ellos, Ana Iris Simón, la gran musa del rojipardismo patrio, que publicó un artículo lamentable en El País (lo que, en su caso, no es precisamente una novedad) acusando a Uclés de ser fascista por no querer debatir con fascistas. 
 
Mi afirmación inicial de que todos somos, o debemos ser, David Uclés tiene relación con esta segunda polémica: en un momento de crecimiento global de la ultraderecha (y ya preveo una vez más los comentarios: "¿Y VeNezUeLa?"), quien se atreve a denunciarla y a distanciarse públicamente de ella, tiene que tener el respaldo y el apoyo de todos los demócratas (no solo de los de izquierdas), independientemente de que sus novelas nos hayan podido gustar más o menos, o de que hayamos podido discordar de algunas de sus posiciones anteriores. Es una cuestión de decencia y de conciencia democrática, de memoria histórica y de dignidad.
 
Así pues, lo repito por si no ha quedado claro: Je suis David Uclés. 

jueves, 27 de agosto de 2009

Arturo Pérez Reverte: El maestro de esgrima

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1988
Valoración: está bien

Había oído hablar mucho de esta novela, y este verano parecía un buen momento para leerla. No está mal, pero quizá esperaba algo más. La tabla de Flandes me encantó y La reina del sur, dentro de otro estilo, me pareció muy entretenida. Pero con esta novela, bueno, me ha decepcionado un poco. Quizá haya sido por el estilo costumbrista, recordando a Galdós y la España de mediados del siglo XIX, que, para ser sincera, personalmente me aburren un poco. Si le añadimos que la historia es muy predecible pues tenemos eso, una novela que está bien para leer en verano.

Jaime Astarloa, el protagonista, es un maestro de esgrima ya entrado en años que subsiste gracias a las clases que da a los hijos de la nobleza y a su amigo el marqués de los Alumbres. El esgrima se está perdiendo en un momento donde los duelos de honor con florete se transforman en duelos de pistolas, y el esgrima se ve como un deporte.

Su vida transcurre entre las clases, las tertulias en el café, donde ahora el tema principal de conversación es el posible regreso a España del general Prim y su golpe a Isabel II, y la búsqueda de la estocada perfecta. Hasta que aparece Adela de Otero, una joven sensual que quiere que Astarloa le enseñe la estocada de los doscientos escudos, ideada por el propio maestro. Le enreda en situaciones y sentimientos que el viejo maestro creía olvidados. Pero hay algo oculto y secreto cuyo propósito se nos irá revelando a medida que el propio Jaime vaya vislumbrándolo.

Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULAD: Cabo Trafalgar, La sombra del águila, La reina del sur, Hombres buenos

jueves, 18 de agosto de 2016

Kate Griffin: Kitty Peck y los asesinos del Music-Hall

Idioma: inglés
Título original: Kitty Peck and the Music hall Murders
Año de publicación: 2014
Traductor: Alejandro Palomas
Valoración: está bien

La época victoriana y la ciudad de Londres durante la misma siempre han dado mucho juego literario, quizás por el recuerdo de los grandes escritores británicos de aquellos años. pero, sobre todo, resulta una ambientación especialmente estimulante en lo que se refiere a las novelas de misterio, sin duda por los ecos que nos traen del personaje de Sherlock Holmes, pero también de los casos reales como los célebres crímenes de Jack el Destripador. Supongo que más o menos inspirada en este último personaje, que aterrorizó el East End londinense, la autora de la novela la ha ambientado en ese mismo ámbito geográfico, aunque centrando la trama en los music-halls de la zona de Limehouse, y en concreto, en los que conformaban el llamado "Paraíso", sobre el que reinaba la siniestra, opiómana y orientalizante Lady Ginger. Como han desaparecido varias chicas de sus teatros -coristas, camareras, fulanas-, esta señora del submundo de las variedades, pero también de los bajos fondos de la ciudad, decide colocar como cebo a una joven costurera y limpiadora de uno de sus teatros, Kitty Peck; también para que pague una supuesta deuda moral contraída por su desaparecido hermano Joey. Con la ayuda de su amigo, el pintor y tramoyista Lucca Fratelli, Kitty hará bastante más que servir de señuelo para atrapar al secuestrador -y tal vez asesino- de las chicas, además de descubrir un montón de secretos incómodos... alguno de los cuales también le atañe a ella.

Creo que se puede afirmar que lo mejor de esta novela es la ambientación, en una época y lugar ya digo que de lo más estimulante para estos menesteres (que se lo pregunten a Anne Perry), porque, por lo  demás, la trama detectivesca no tiene demasiado recorrido, la verdad... Sí que resulta atractivo cierto aire de folletín que adopta la historia en algún momento, aunque también bordea -por suerte, sólo eso-, la novela romántica. Y no me refiero a Victor Hugo, claro, sino a algo más parecido a aquellos entrañables dibujos de Candy Candy... (que, por supuesto, yo no vi nunca... ejem). Los personajes, por otra parte, están bien trazados y delineados, pero quizás resultan un poco excesivos cuando se desvanece ese aire folletinesco al que me he referido. El melodrama, con el que también coquetea la narración, no acaba de sentarles bien, me parece. En suma, resulta una novela entretenida, adecuada para pasar las largas tardes estivales pero poco más. Sospecho que no se fijará en la memoria de nadie.

Una última aclaración, creo que pertinente: Kate Griffin también ha publicado libros como Claire North... pero ambos nombres son seudónimos (o heterónimos, incluso) de la escritora Catherine Webb, que además firma otros títulos con este su verdadero nombre. ¿Un poco confuso? Pues sepan que además existe otra escritora, diferente de la anterior, que se llama Katherine Webb... ¡Para que luego se quejen, por ejemplo,  Pérez-Reverte, Martínez Reverte y Javier Reverte!

Nota post-reseña: Al parecer, y según un comentario de la propia autora del libro, he cometido un error y resulta que la Kate Griffin que ha escrito esta novela no es la misma Kate Griffin que en realidad se llama Catherine Webb (que, como ya he mencionado, es distinta de Katherine Webb). Para entendernos: podemos encontrar libros firmados por dos Kate Griffin y por dos Catherine /Katherine Webb, siendo  tres personas diferentes... Mea culpa por lo que al error de atribución de autoría se refiere, por supuesto, pero... ejem, como sin duda alguna vez dijo el inmortal bardo de Stratford-Upon-Avon: ¡Ché, qué quilombo! ; )

miércoles, 21 de febrero de 2018

2x1: Los peligros de internet (El desengaño de internet y Arden las redes)

Evgeny Morozov: El desengaño de internet. Los mitos de la libertad en la red

Idioma original: inglés

Título original: The net delusion
Traductor: Eduardo G. Murillo
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable

Quien no conozca a Evgeny Morozov por sus artículos en innumerables medios (entre ellos El País), puede empezar a hacerse una idea siguiéndole a través de su cuenta de twitter; no son necesarios muchos twits para darse cuenta de cuál es su tema favorito, por no decir su único tema: la tecnología, y más concretamente la interpretación ideológica del uso de la tecnología. Sus blancos favoritos son los "gurús" de Silicon Valley, que prometen que si les damos todos nuestros datos, nuestras contraseñas, nuestra localización exacta y nuestras fotografías y vídeos, crearán con ellas un mundo maravilloso, democrático y vegano (en vez de, por ejemplo, vender todos esos datos a otras empresas, usarlos para fines de marketing o, dios no lo quiera, entregarlos al gobierno de turno cuando este lo pida).


Estas obsesiones están muy presentes en su primer libro, The net delusion, cuyo título traducido al español, El desengaño de internet, es algo equívoco; quizás debería haberse traducido como The God delusion, de Richard Dawkins, como El espejismo de internet. Porque la palabra delusion, y esta es una de las claves del libro, hace referencia a un autoengaño, a una ilusión o fantasía que hace ver cosas maravillosas donde no existen. En este caso, el engaño del que habla Morozov es el "ciberutopismo": la idea de que más internet equivale a más democracia; de que implantar banda ancha equivale a implantar libertad (como en el siglo XIX construir ferrocarriles significaba difundir civilización), o que cualquier problema político, social o económico puede tener una solución meramente tecnológica, independientemente del contexto (lo que Morozov llama "internetcentrismo").


Pero ojo, Morozov no es el típico "ludita" que piensa que internet es malo, que los móviles nos esclavizan o que estábamos mejor sin televisión. Su crítica se enfoca muy concretamente en el ciberutopismo, que lleva por una parte a exagerar la importancia relativa de las tecnologías en revoluciones como la Primavera Árabe o las revueltas en Irán; y por otra parte produce políticas simplistas o mal direccionadas, que obvian el hecho de que "los malos" (por decirlo así) también pueden usar una mayor implantación de internet y de las redes sociales para controlar más y mejor a sus ciudadanos.


El libro de Morozov ofrece multitud de ejemplos concretos, tanto de citas que muestran que el ciberutopismo alcanza a las más altas esferas (por ejemplo, Hillary Clinton aparece en multitud de ocasiones defendiendo que más internet equivale a más libertad), como de eventos políticos reales o posibles que cuestionan esta opinión, desde Irán a China o a los propios Estados Unidos. El mayor problema que tiene el libro es que es excesivamente prolijo, y a veces hasta repetitivo; la idea central es necesaria y está magníficamente apoyada en datos; pero el lector se cansa de leer una y otra vez la misma idea (en voz de Morozov o en voces ajenas) y de encontrar decenas de ejemplos para demostrar lo mismo, o incluso el mismo ejemplo varias veces a lo largo del libro.


En todo caso, como antídoto contra los discursos eLibertarios (que a veces esconden, consciente o inconscientemente, un capitalismo neoliberal) y frente a la idea de internet como panacea, este sigue siendo un libro necesario.


Juan Soto Ivars: Arden las redes. La postcensura y el nuevo mundo virtual

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable como diagnóstico, decepcionante como análisis


Si Morozov puede ser un autor menos conocido para quien no se mueva en ámbitos tecnológicos, Juan Soto Ivars en cambio es probable que no necesite presentación para casi nadie que tenga Twitter en España: novelista, articulista, ensayista y twitero amado y odiado por igual, Soto Ivars se ha hecho un hueco (también en la Fundeu) como opinador ácido e irreverente, que levanta tantas pasiones como ampollas. Y también Soto Ivars, como Morozov, tiene un tema obsesivo en el último año (además de Cataluña); en este caso, se trata de los linchamientos digitales.


Arden las redes trata precisamente de estos momentos, que suelen terminar por aparecer en los periódicos con esa expresión tan manida, en que una persona privada o pública hace un comentario desafortunado en las redes sociales, y el resto de internet, como jauría justiciera, se le lanza encima exigiendo justicia, o más que justicia, venganza. Soto Ivars recolecta una buena colección de casos nacionales e internacionales, algunos de ellos bastante conocidos (el caso Zapata, Vigalondo, la escritora de libros infantiles María Frisa...), algunos de los cuales tuvieron consecuencias perdurables para sus protagonistas: pérdida de empleo, ostracismo digital, multas, juicios...


Como diagnóstico, Arden las redes me parece un libro recomendable: cada vez que veamos que un "tuitstar" republica un twit con una opinión estúpida o con un insulto despreciable, deberíamos esperar primero a conocer toda la información relevante, y no solo el titular, y después recordar que detrás de esos twits hay una persona que ha cometido un error, claro, pero que seguramente no merece (ni posiblemente está preparado para asumir) el odio, el desprecio y la humillación de miles de personas gritándole con una @ junto a su nombre. Si la opinión traspasa el ámbito de lo despreciable para entrar en lo delictivo, debe ser sin duda castigado, pero no condenado a arrastrar el oprobio de por vida (e internet tiene una memoria muy cruel). También conviene recordar que la libertad de expresión es una vía de dos sentidos: si no nos gusta que censuren a los que piensan como nosotros, no debemos querer censurar a quien piensa diferente (siempre que esa opinión no se transforme en injuria, agresión o exaltación del odio).


En cambio, el libro me parece mucho más flojo si lo tomamos no como advertencia, sino como análisis. Soto Ivars basa todo su argumento en dos conceptos: "poscensura" y "guerra cultural". La "poscensura" es la coerción para no expresar opiniones, no por miedo a una censura organizada y oficial, sino a la reprobación social de tus contactos digitales; la "guerra cultural" (y el término no es de Soto Ivars sino de James Davison Hunter) se refiere a una lucha por el control del discurso cultural/político, entre, básicamente, conservadores y progresistas (o "liberales", en el sentido anglosajón, que es distinto del español).


Aunque el término "poscensura" es el que más discusión ha provocado y el que ha sido peor recibido (probablemente porque estamos ya hartos de tanto "post"), mi mayor problema se sitúa en el segundo término, que me parece tan problemático como el "choque de civilizaciones" de Huntington. En primer lugar, porque crea dos polos monolíticos donde no los hay (sobre todo en el espectro político de la izquierda, tan aficionado a luchas fratricidas); y sobre todo porque parece situar en un estatuto de igualdad al poder y al contrapoder, a la cultura y la contracultura, a la lucha por determinados derechos, y al rechazo a estos derechos; al feminismo y al antifeminismo (por ejemplo), o a quien defiende los derechos de los homosexuales y a quien los ataca.

También, y este es otro problema importande del libro de Soto Ivars, porque no diferencia de forma suficientemente clara las explosiones espontáneas de indignación (que no por espontáneas son más justificables), de aquellas que responden claramente a intereses partidistas, como en el caso de Guillermo Zapata y de los titiriteros. Tampoco distingue claramente entre quienes hablan desde una posición de hegemonía cultural (Javier Marías o Pérez Reverte, por ejemplo) y quienes lo hacen desde una posición más periférica y por lo tanto más vulnerable; dicho con otras palabras, el libro parece decir que son igual de graves y peligrosos los insultos que pueda recibir Pérez Reverte por escribir una columna machista, que los insultos machistas o racistas que pueda recibir una activista de los derechos de las mujeres negras por parte del ejército de trolls de forocoches. Ambos insultos existen, y en grandes cantidades, pero ni todos reciben el mismo trato ni todos tienen la misma visibilidad (como tampoco se paga igual, por ejemplo, insultar a una víctima de ETA que a una víctima del Franquismo o del 11-M).


Lo mejor que podría pasar es que Arden las redes nos hiciera más conscientes de que a veces en internet nos comportamos como una masa enfurecida con antorchas y tridentes, un comportamiento gregario y cobarde que fuera de internet (no digo "en la vida real", porque internet también es real) nos resultaría repugnante. Lo peor que podría pasar es que se creyese que, efectivamente, la guerra cultural lo explica todo, que todo es "poscensura" (¡caca!), y que por lo tanto no hace falta ni analizar nada más; porque en esa línea, Arden las redes se queda claramente corto.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos: 'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos: 'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política: 'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética: 'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año: 'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      viernes, 4 de noviembre de 2016

      Armen Melikian: Viaje a Virgenia

      Idioma original: inglés
      Título original: Journey to Virginland: Epistle I
      Año de publicación: 2011
      Traducción: Elia Maqueda López
      Valoración: está bien

      Como ya sabrán nuestros irreductibles y encantadores seguidores, en este blog nos hemos dedicado últimamente al escurridizo tema de los llamados "libros de culto". A pesar del estupendo prólogo  que a tal respecto nos ofreció el compañero Francesc, puede que a algún lector le haya quedado el prurito  de saber identificar uno de estos libros "de culto" e incluso adelantarse a su categorización como tal, para convertirse en el primer -y quizás único- fiel de ese culto tan peculiar que mereces algunos de estos objetos fabricados con celulosa, tinta y cartoné, en la mayoría de los casos, cuando no compuesto de bits o bytes o lo que sea... Pues bien, la novela de la que hablamos hoy reúne varias de las características requeridas para ser considerada como de culto... tal vez en un futuro, claro (después de todo, el libro se publicó hace sólo cinco años). Se trata de una obra excéntrica donde las haya, escrita por un autor poco conocido fuera de, supongo, ciertos círculos literarios estadounidenses. Y eso que en ha ganado un buen puñado de premios con ella, lo que en España le convertiría de inmediato -al menos por un rato- en aspirante a masterchef de las letras hispanas, futuro candidato a disputarse un sillón de la Real Academia de la Lengua y a zurrarse con Pérez-Reverte a la puerta de tan venerable institución.

      En fin, sigamos: ¿por qué es esta una novela tan excéntrica, por no decir raruna? Pues ustedes dirán: En Viaje a Virgenia se nos narra, en primera persona, las vicisitudes de Can -viene de Dog, no de lata de refresco-, habitante de un lugar llamado Virgenia -Virginland-, que parece ser una región del Paraíso, país que queda más o menos en el Caúcaso (y que correspondería, se supone, con la real Armenia, el origen familiar, aunque él sea norteamericano, de Melikian). Las vicisitudes en cuestión se centran en sus dificultades con respecto a las vidriosas costumbres, y a las agobiantes peculiaridades políticas y religiosas imperantes en Virgenia. Y sobre todo, a la escasa predisposición amatoria -por decirlo de algún modo- de las lugareñas (lástima para él no haber sido vasco; en Euskadi al menos hubiera comido bien). Porque Can en realidad es de familia virgenia o paradisoica  pero nacido en Adonis -¿Líbano?- y ha vivido en el Infierno o Satania -EEUU- concretamente en Pornostán -o sea, california- por lo que su mentalidad y sus costumbres son harto diferentes. Así, la estancia en la tierra de origen de sus ancestros adquiere casi el rango de crónica satírica de viajes, al estilo (salvando las distancias) de  Los viajes de Gulliver, por citar el ejemplo más conocido... Se trata. por tanto , de una distopía, aunque la geografía del mundo que retrata Melikian sea similar a la real; básicamente está dividido en dos parte: África por un lado y Oniria... todo lo demás. Por lo demás, lo que ha hecho el autor es cambiar lo nombres de los píses y ciudades de forma más o menos chistosa: Alalia sería Arabia; Pashalia -enemiga ancestral de los paradisoicos-, Turquía. Leninstán o Natashalia, Rusia, claro. Alpacinolia (mi favorita) sería Italia y, bueno, no creo que haga falta explicar dónde estarían Napoleonia, Shakespearia o Faraonia...

      Pero estos divertimentos geográficos son algo secundario; la miga de la novela se la llevan las disertaciones de can sobre las relaciones humanas en general y las referentes a hombres y mujeres en particular (bastante peliagudas en todas partes, más aún en Virgenia, según parece). Y, sobre todo, buena parte del libro se dedica a dilucidar las intricadas creencias religiosas dominantes en Oniria, un asunto en el que, por lo visto, de igual manera que en el mundo real, lo más prudente parece seguir la corriente dominante en cada sitio, si no se quiere ser lapidado, real o metafóricamente (en caso de convivencia de varias comunidades religiosas, hay que estar doblemente atento). Así, nos encontramos un confuso panteón formado por Diosoh -o Yehubaba- y su hermano Diosonón -también conocido por Ononón...creo-, Yehu o Yaveh o Yah  -nombre inverso de Hay o Hayk dios del tiempo, fundador del Paraíso-, adorado por los judoicos o yinyinistas (tampoco estoy muy seguro de que sean los mismos); Yuju MacYehu, sucesor del faraonio señor Mosmos, con sus doce apóstoles, que a su vez remiten a las doce tribus maimónidas..., el señor Alamalá de Penesalén, el profeta Máimono, hijo de Sha -y sha Abu Ayatolá... Amén de  religiones como la de los pedristas o la Iglesia Paradisoica, seguidora del Antiguo Testículo y del Libro de las Revelaciones, a los que debe renunciar, según el Can Negro -némesis de nuestro Can-, puesto que contradicen el espíritu de los dogmas de Yuju... En fin, todo un lío, intencionado para desnudar la absurdidad de ciertos dogmas y creencias, convenientemenete rebozado con consideraciones políticas, históricas y hasta lingüísticas (por ejemplo, sobre el lenguaje "nostrático", pre-indoeuropeo). El maremágnum resultante convierten la lectura de esta novela en delirantemenete divertida, siempre que no se intente seguir o entender al detalle todos los elementos que aparecen.

      Al cabo, una novela que podemos situar entre el Gulliver y la Guía del autoestopista galáctico, entre le Antiguo Testamento y.... pongan aquí el nombre de su escritor armenio favorito (si conocen alguno, porque yo, he de admitir que ni idea). Si el tiempo lo convierte en uno de esos "libros de culto", cuando menos en el género humorístico y/o religioso (a veces coinciden los conceptos), eso ya se verá. 

      miércoles, 23 de abril de 2025

      Álvaro Colomer: Aprende a escribir

      Idioma original: español 

      Año de publicación: 2025

      Valoración: muy recomendable 

      En otro contexto, uno podría especular si alguno, de entre la centena aproximada de autores que se incluye en Aprende a escribir, no fuera el mismo autor, oculto bajo alguna guisa, y describiendo su propio modus operandi. Quizás hubiese sido una cuestión a plantear cuando acudí a la tumultuosa presentación del libro, hace algunas semanas, en una conferencia que contó con la inestimable presencia de un Enrique Vila-Matas ataviado con una gorra que le daba un aire de timidez esquiva. No lo hice, porque tampoco soy mucho de llamar la atención, aunque el acto me permitió constatar la preocupantemente alta media de edad de los asistentes, cuestión que algún día habrá que abordar.

      Hago el comentario porque Colomer parece responder a una especie de perfil promedio de los descritos en este libro. Periodista, cronista, autor de novela juvenil y de novela para todos los públicos (...), también reseña con cierta regularidad en medios de gran divulgación, y ejerce de eso tan socorrido que se viene a denominar agitación cultural que, desde luego, sería un concepto idóneo como carrera profesional, si existiese la mínima posibilidad de hacerse rico con ello. 

      De su desempeño en Zenda surge la mayoría de los textos que incluye esta colección de artículos. Algunos se mantenían inéditos y, aunque con paciencia y orden, podríamos hacernos con muchos de ellos, entonces no contaríamos con la estructura que Colomer les otorga al dividirlos en bloques. No hablamos de entrevistas transcritas, sino de textos trabajados, apenas dos o tres páginas, que describen los hábitos de trabajo de un buen montón de escritores de la escena española (con alguna excepción), de sus manías, sus procedimientos, sus ritmos, sus emplazamientos, sus horarios, sus entornos...

      Y aunque podamos detectar similitudes, es enormemente estimulante profundizar en ello, y Colomer nos ahorra mucha verborrea aportando su sentido crítico y su agudeza, analizando sus comportamientos, aunque puede que en cierto sentido este libro sea mejor que la suma de sus partes. Tenemos aquí desde escritores a los que no conocía hasta manufacturadores de best-sellers (glups, Pérez Reverte) o maestros absolutos (Vila-Matas, Caparrós, Enriquez) y todos los artículos resultan tan interesantes que seguramente algunos de los autores nos decepcionarán, si nos atenemos al lógico entusiasmo de Colomer al describir sus secretos. Personalmente he echado de menos algunos autores que me hubiera gustado ver por aquí (¿quizás una segunda parte, Álvaro?) como Carrión, Monzó, Ramis o Pàmies, pero el libro, más que el convencional muy recomendable,  (etiquetas homologadas mandan), lo valoraría como perversamente tentador para cualquiera que conciba la literatura más allá de afición o entretenimiento. Es sumergirse en sus artículos y lanzarse a devorar estantes. Y ya se sabe lo que se dice de las tentaciones.

      Otras obras de Álvaro Colomer reseñadas en ULAD: aquí

      miércoles, 10 de julio de 2024

      Lorenzo Montatore: La mentira por delante

      Idioma: español

      Año de publicación: 2021

      Valoración: está bien (sobre todo para fans)

      Contra lo que pueda sugerir la valoración de este libro y antes que nada, debo decir que yo nunca he sido demasiado fan de Francisco Umbral. En mi juventud de aspirante a cultureta leí dos libros suyos que no me entusiasmaron, precisamente (uno de ellos sobre Valle-Inclán, que me pareció directamente un timo y el otro, una novela que se desarrollaba en un poblado chabolista de Madrid anejo a cementerio, al menos tenía la gracia (?) de ser bastante delirante... Sí, ya sé lo que me vais a decir: que debería de leer Mortal y rosa, pero mirad, ya tuve suficiente). Sus celebradas columnas periodísticas tampoco me llamaban la atención, aunque debo reconocer su facilidad para la metáfora ocurrente. Y, como personaje público, Umbral era, en mis años mozuelos, uno de los pocos escritores (junto al ínclito Cela, Antonio Gala, Sánchez-Dragó... aunque me cuesta incluir a este señor en el gremio) que salían a menudo por la tele e incluso eran carne de imitación por los humoristas, por lo que eran reconocibles para una mayoría de gentes que nunca habían leído sus libros ni se les pasaba por la cabeza hacerlo. En el caso de Francisco Umbral, se hizo más célebre aún por haberle soltado una encendida diatriba a Mercedes Milá (visto lo visto, bien que hizo), que se convirtió en una ocurrencia recurrente en España durante años y aun décadas.

      Ahora bien, que a mí no me gustara este escritor no quiere decir que no haya, incluso hoy, gente fascinada por su prosa sonajero florida, su voluntariosa figura de dandy (?) y su aún más férreo propósito de convertirse en una personalidad literaria de renombre (este es el caso, creo, de Alberto Olmos, aunque no sé si él ya ha renunciado a hacer lo propio). esta misma maravilla por el influjo umbraliano es la que debe haber impulsado al autor de este cómic, él sabrá por qué, a realizar el mismo, que resulta ser una suerte de panegírico caricaturesco a mayor gloria de Umbral y sus contemporáneos.

      Digo "caricaturesco" no porque este libro -tebeo, según su propio autor- sea una sátira o parodia de nada o de nadie, sino por el estilo de dibujo de Lorenzo Montatore, con evidente influencia tanto de la "escuela Bruguera" como de la mítica revista La Codorniz. Que tiene gran talento para la caricatura lo atestiguan los retratos que hace de los ya mencionados Umbral y Milá, pero también de Lola Flores, Massiel, Carrillo, los ya mencionados Cela y Sánchez-Dragó, Delibes, Pérez-Reverte, Los Ramones, Ramoncín, el Rey Emérito, García Berlanga, Jesús Hermida, Pitita Ridruejo,... en fin, toda una heteróclita colección de personajes que tienen en común, aparte de ser en su mayoría escritores (juntaletras, en algún caso), eran una parte importante de esa sociedad que salía en los medios (es decir, la tele) en aquellos procelosos y demasiado recordados años 80 y 90, cuando el protagonista de esta biografía era también una estrellita mediática, al menos en España. También aparecen otros escritores de otro tiempo que Umbral tenía o pretendía tener como refrentes (en algún caso, para criticarlo): Valle-Inclán, Pío Baroja, Gómez de la Serna, Larra...

      La parte mollar del libro, no obstante, y quizás lo más destacable para retratar al biografiado, puede que sean, más bien, las muchas sentencias de este escritor recogidas aquí, toda una serie de frases lapidarias, a modo de aforismos en las que Umbral, un escritor especialmente dotado para el regate en corto (desde luego, más que para el juego estratégico), mostraba su versión más brillante. La mayoría de estas sentencias tratan, cómo no, sobre la literatura, aunque no todas: 

      -"Soy un vendedor de metáforas de parroquia."
      - "Prefiero el robo a la influencia. El robo y el asesinato."
      -"La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad."
      -"La vejez es asistir al propio pasado."
      -"Yo no he vivido, no he llegado a tocar nunca la realidad porque todo lo he vivido literariamente."
      -"Mis libros me vivirán cuando yo muera."
      -"Poeta es el que sólo escribe cuando se le ha ocurrido algo. Prosista es aquel a quien se le ocurren las cosas escribiendo."
      -"Había nacido poeta lírico y lo puse todo en prosa para vivir."
      -"Hace falta mucha humanidad para mirar como mira un perro."
      -"El niño nos lleva a los reinos de lo pequeño. Acude a nuestra propia infancia dormida."
      -"La infancia es una multitud, una aglomeración, una angostura. cada cinco o seis meses el niño es otro. El niño es sucesivo."
      - "El dandismo tiene que ir por dentro."
      -"Soy un quinqui vestido por Pierre Cardin."

      Sin embargo, la frase por la que pasará a la Historia, aquella que recuerdan todos los que vivieron aquel momento y también muchos que no lo vivieron no la escribió, sino que la pronunció cual Zeus tonante en un plató de televisión. Una frase mítica, por menos de la cual a algunos les han dado el premio Nobel (que no digo que Umbral se lo mereciera, ojo, ni de lejos, pero algún contemporáneo suyo, tampoco):

      Amén.