Mostrando las entradas para la consulta Sherlock Holmes ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Sherlock Holmes ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de julio de 2016

Semana del best-seller #6: Las aventuras de Sherlock Holmes, de ArthurConan Doyle

Resultado de imagen de las aventuras de sherlock holmesIdioma original: inglés
Título original: The Adventures of Sherlock Holmes
Año de publicación: 1891-92
Valoración: Muy recomendable

Sir Arthur es uno de esos profesionales de la pluma al que te imaginas inclinado sobre la mesa absorto en su labor, debía ser un tipo meticuloso que disfrutaba lo suyo escribiendo. Siempre que leo algo de Holmes –y ya hacía años que no le hincaba el diente– se me aparece la imagen de su creador con una media sonrisa intentando plasmar de la mejor forma posible su última ocurrencia. Supongo que se consideraba atrevido y seguro que en su época lo era. Ahora nos hacen gracia sus remilgos y lo consideramos autor para todos los públicos. Y cuando digo "todos" no me estoy refiriendo solo a los más jóvenes, el gran mérito de Conan Doyle es haber creado un ser asequible y disfrutable, en todas las edades y épocas, para cualquier estrato cultural, social, ideológico y geográfico. De alguien como Holmes, personaje leído y comentado hasta la saciedad –para decirlo todo, más comentado que leído pues la iconografía, la televisión y el cine lo han convertido en el mito que es hoy– está todo dicho y explicado, me limitaré, pues, a recordarlo aquí, como el best-seller indiscutible que sigue siendo después de más de doce décadas y a anotar algo de lo que iba pensando mientras leía Las aventuras. Uno más de la serie y van...
Después de tanto tiempo siguiendo al personaje, empiezo a mezclar los argumentos, a no tener muy claro los libros que he leído ya y los que me faltan. Pero su personalidad, perfectamente definida sin dejar de sorprender de vez en cuando, está impresa en la memoria de todos; no tanto en la de los lectores de entonces, para los que el autor realiza una breve semblanza en la primera página de Escándalo en Bohemia, el relato que abre el volumen:
“Su inteligencia fría, llena de precisión, pero admirablemente equilibrada, era en extremo opuesta a cualquier clase de emociones. Yo le considero como la máquina de razonar y de observar más perfecta que ha conocido el mundo…”
Aún así resulta entrañable. Nos encanta esa actitud displicente que manifiesta ante el mismísimo rey de Bohemia asegurando, mientras bosteza, que tres días son demasiados para resolver su encargo y tendrá que dedicarlos a asuntos “de verdadera importancia”. Esa vanidad no exenta de valentía junto a otros rasgos peculiares que el autor va sembrando relato tras relato consiguen convertirlo en persona.
Pero, aún siendo tan humano, también tiene algo de robot. Los archivos privados y misteriosos que consulta en muchas de estas piezas para averiguar las circunstancias personales de sospechosos y clientes son, en cierto modo, los precursores de internet. Holmes es a la vez el símbolo caricaturizado de nuestra propia curiosidad y el mecanismo que la satisface.
Esa confianza absoluta en la ciencia como remedio de todos los males representa la mentalidad de la época. En Las cinco semillas de naranja –uno de los pocos donde se alude, si bien de pasada, a cuestiones sociales– Watson enumera las especialidades de su amigo:
“En filosofía, astronomía y política le puse a usted cero, lo recuerdo. En botánica, irregular, en geología, profundo (…) en química, excéntrico, en anatomía, asistemático, en literatura, sensacionalista, y en historia de crímenes, único, y además, violinista, boxeador, esgrimista, abogado…”
En definitiva, una sabiduría muy práctica. Hasta a la amistad, alabada a menudo, se la valora por motivos utilitarios, Watson es su amigo porque le ayuda en sus investigaciones. Esa es la razón de que resulte tan verosímil: apenas se idealiza, hasta la proverbial infalibilidad de Holmes puede fallar a veces. En las dos historias mencionadas, en Un caso de identidad y en El dedo pulgar del ingeniero se desvela el misterio pero no es él quien resuelve el caso sino otra persona o las circunstancias.
Tampoco podía faltar lo metaliterario. En algunos relatos se mencionan personajes o hechos de otros y el libro entero es una muñeca rusa repleta de ficciones que se contienen a sí mismas. Incluso, en El misterio de Cooper Beeches, el propio Holmes se convierte en crítico literario de los supuestas crónicas de Watson.
Sherlock Holmes constituye una mínima parte de la extensísima obra de Doyle. No me cabe duda de que tanto éxito se debe, en parte, a la gran sinceridad que transmite: aun no siendo lo más valorado por su autor, esta serie manifiesta su auténtica visión del mundo. Y eso los lectores lo notan.

El famoso investigador interpretado por otros autores: Los años perdidos de Sherlock Holmes

viernes, 31 de agosto de 2012

Ellery Queen (y Paul W. Fairman): Estudio de terror (Sherlock Holmes contra Jack el Destripador)

Idioma original: inglés
Título original: A Study in Terror
Año de publicación: 1966
Valoracción: Se deja leer

Reconozco que este es el equivalente literario de un BidMac: comida rápida que no llena pero engaña al estómago. En este caso, no conmueve ni enseña ni cambia el mundo, pero entretiene, que es lo que se le pide.

Además, este es un libro con una historia curiosa: es, en realidad, la novelización de una película del año anterior, A Study in Terror, en la que Sherlock Holmes se enfrenta a Jack el Destripador (una historia que Conan Doyle nunca llegó a escribir, obviamente). Después de la película, Paul W. Fairman se encargó de la novelización de la trama (con algunas modificaciones), y Ellery Queen -que no es una persona, sino dos, los primos Frederick Dannay y Manfred Bennington Lee- de escribir una historia-marco, en la que el detective Ellery Queen recibe el manuscrito del doctor Watson (ojo, no de Conan Doyle sino de Watson: la novela se sitúa en el mismo mundo de ficción que los relatos originales de Sherlock Holmes).

Como digo, no hay que buscar grandes profundidades a la novela: mantiene el suspense con bastante pericia, muestra el típico sentido del humor de Ellery Queen en las partes escritas por Ellery Queen, y en las novelizadas por Paul W. Fairman se imita relativamente bien el estilo y las técnicas de Conan Doyle, incluidas las casi milagrosas deducciones de Sherlock Holmes "marca de la casa", a partir de una mancha casi invisible o de un gesto imperceptible de su interlocutor. Tal vez el detective tenga en esta novela algo más de héroe acción que en los relatos originales, lo que hace pensar que es un término medio en el camino hacia las recientes películas de Sherlock Holmes made in Hollywood.

En fin, que le agradezco al señor (a los señores) Ellery Queen que me entretuvieran durante un viaje de tren de dos horas, y que muy probablemente volveré a comprar otra novela suya en el futuro. Cuando tenga otro viaje de dos horas por delante.

Ahora, vuelvo a Verdes valles, colinas rojas de Ramiro Pinilla, que es la antítesis de esta novela.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Jamyang Norbu: Los años perdidos de Sherlock Holmes


Título original: Sherlock Holmes: The Missing Years
Idioma original: ingles
Año de publicación: 1999
Valoración: Está bien


¿Alguien recuerda a aquel famoso quijote con qué un tal Avellaneda continuó la primera parte de la obra original? Cervantes se enfadó tanto como se burló de él mientras escribía el auténtico segundo libro y desde luego el fraude sólo ha pasado a la historia como anécdota.

En este caso no se trata de un plagio sino de dos homenajes: uno explícito a Sir Arthur Conan Doyle a través de su personaje más conocido y otro implícito al propio Cervantes ya que, además repetir lo que hizo Avellaneda (con mucha más elegancia), utiliza el mismo recurso del manuscrito encontrado para introducir al lector en la acción así como en un ambiente exótico y misterioso en el que el omnipresente humor no altera en absoluto un respeto exquisito por las creencias ajenas.

Norbu aprovecha que el creador de Sherlock Holmes relató su muerte en uno de sus libros y que, cuando se vio obligado a resucitarlo por la presión de sus lectores, el detective, para rellenar una laguna de dos años, confesó a Watson que había estado viajando por el Tibet y había conocido al Gran Lama. Pero esta vez y a pesar de las apariencias (al principio, como no podía ser de otro modo, encuentran un cadáver y es Holmes quien consigue averiguar lo ocurrido) no se trata de un argumento policíaco. Lo que Norbu hace es tejer un entramado de aventuras en el que combina perfectamente el budismo, la reivindicación de la autonomía tibetana frente al dominio chino en la región, la recreación de la figura de Holmes, lo sublime, los enrevesados episodios, los personajes extraordinarios, lo maravilloso, la humilde heroicidad, las tradiciones tibetanas, la espiritualidad y el misticismo, la magia y el misterio, la exhibición de impresionantes escenarios naturales dónde los humanos se ven como figurillas insignificantes perdidas en esa grandeza, la parodia y la comicidad centradas en la figura del protagonista. Pero el tal Hurree Chunder Mookerjee - también presunto autor del manuscrito que un descendiente suyo encuentra en una caja descubierta por un terremoto y entrega diligentemente a Norbu - más que al doctor Watson se parece a Sancho Panza. El autor lo presenta como un indio grueso y bonachón que reverencia a Holmes y que está enamorado del Tibet. Su afición por la etnología constituye una defensa algo irónica del racionalismo, pero tanto la cercanía con que se describe lo sobrenatural como la evolución que finalmente experimenta Holmes – no sólo en sus convicciones sino en su misma naturaleza – emiten un mensaje que da qué pensar.

La admiración por la obra de sir Athur Conan Doyle se manifiesta: en el conocimiento que demuestra Norbu de la trayectoria general de su gran mito literario y, en particular, de varias de las obras del Canon holmesiano – que cita expresamente a pie de página –donde Mookerjee compara conductas y frases del detective con las que aparecen en títulos concretos de Conan Doyle, en la entrega incondicional de éste a su héroe y ahora compañero de fatigas, en la recreación que hace de la psicología y hábitos de Holmes, por sacar a escena al malévolo Moriarty, su eterno rival y asesino frustrado, y por haber creado un sustituto de Watson al resultar imposible que éste le acompañara pues – según sabemos por su creador – el amigo durante esos dos años le creyó muerto.

En algún sitio he leído que se trata de un pastiche, pero esta palabra tiene una connotación despectiva; cuando una mezcla está bien elaborada podemos llamarla engranaje. Yo lo catalogaría como un entretenido libro de acción que no elimina el pensamiento, en el que se exalta tanto lo racional como lo espiritual, los valores orientales y los occidentales. Nada excluye nada es la idea que queda flotando cuando hemos acabado de leerlo.

sábado, 22 de abril de 2017

Arthur Conan Doyle: Cuentos de terror

Idioma original: inglés
Título original: Tales of the Unease
Valoración: Recomendable
Año de publicación: como relatos sueltos, en fechas diversas entre 1883 y 1922
Valoración: recomendable

Arthur Conan Doyle es, para la mayor parte de los mortales, sinónimo de Sherlock Holmes: son los relatos sobre su detective excéntrico y brillante los que le han asegurado la fama póstuma. Sin embargo, Conan Doyle era un hombre de muchos intereses y habilidades, y su producción es amplia y variada: poesía de guerra, relatos policiacos, novelas históricas, panfletos, ensayos... Además de todo esto era también, como muchos de sus contemporáneos (incluida la propia reina Victoria de Inglaterra), aficionado al ocultismo y al espiritismo, temas a los que dedicó una buena docena de obras de mayor o menor enjundia. Así que no sorprende que también escribiera una serie de relatos de terror, publicados en diversas revistas a lo largo de casi cuarenta años, y que Penguin ha recopilado, al menos parcialmente, con el título de Tales of Unease (algo así como "cuentos que causan inquietud").

Para el lector de los relatos policiacos de Conan Doyle, y también para el lector habitual de relatos de terror, esta colección contiene algunas sorpresas agradables. Así, por ejemplo, tenemos el relato "El lote 249", que es uno de los primeros, si no el primero, en el que aparece una momia revivida como elemento terrorífico; "La mano marrón", que es un clásico cuento de fantasmas con un título un pelín racista; "El horror de las alturas", que recuerda un poco a Lovecraft aunque sin llegar a desarrollar toda su mitología, o "El terror de la sima de Blue John", que bien podría haber inspirado las películas de la serie The descent.

Algunas de estas historias recurren a trucos bien conocidos del género, como el manuscrito encontrado o el juego de espejos entre terror y locura, y no todos se leen con igual placer (algunas de estas historias, hoy, en el siglo XXI, suenan ya muy sabidas), pero en otras, como en "El fiasco de Los Amigos" hay un sentido del humor irónico que recuerda a los relatos de terror de Ambrose Bierce.

Sin embargo, mis cuentos favoritos de la colección no son precisamente los sobrenaturales, sino aquellos en los que la inquietud proviene de la propia crueldad humana: de los trucos, engaños y torturas que somos capaces de producirnos los unos a los otros por ambición, envidia, celos o avaricia. A este grupo pertenecen "La nueva catacumba" (que quizás es demasiado obvio en su final); "El gato de Brasil", con un ambiente de locura opresiva casi digna de Poe; o mi favorito, "El caso de Lady Sannox", un cuento con un final retorcido que hace que nos preguntemos qué tenía dentro de la cabeza el bueno de Conan Doyle.

En conjunto, esta colección de relatos de terror no desmerece en absoluto a otras colecciones semejantes de autores más asentados en el género. Es cierto que la relevancia mundial de Sherlock Holmes ha eclipsado el resto de la obra de Conan Doyle, y hasta cierto punto es justo, ya que consiguió crear uno de los personajes más icónicos de la literatura universal, de esos que son reconocibles solo con ver su silueta. Pero merece la pena darle una oportunidad a sus otros libros. A veces uno se lleva sorpresas agradables.


También de Arthur Conan Doyle en ULAD: Las aventuras de Sherlock Holmes, La tragedia del Korosko

viernes, 17 de abril de 2009

La literatura policiaca

Una vez una amiga me preguntó: "¿por qué te gusta tanto la novela policiaca?". Bueno, me gusta por varias razones. En primer lugar, porque es fácil de leer, tanto en español como en inglés; no exige mucha concentración, así que es la lectura perfecta para viajes, vacaciones, ratos de descanso. Además, es un género con reglas claras y definidas, que se podrían resumir en: "hay un misterio -generalmente, un crimen-, y una persona debe desentrañarlo". A partir de este planteamiento común, es apasionante observar las variantes, modificaciones y reinvenciones del género, que sigue muy vivo en la actualidad (no hay más que mirar la amplitud de las secciones de novela policiaca en las librerías).

Este es un breve repaso a algunos de los nombres fundamentales del género:

Los clásicos:

1.- Edgar Allan Poe: Aunque se le conoce fundamentamente como autor de cuentos de terror, para muchos es también el inventor del relato policiaco en su forma moderna con "Los crímenes de la Rue Morgue", en que aparece un detective intelectualmente superdotado (Chevalier Auguste Dupin), una habitación cerrada, un cadáver y muchas preguntas sin resolver. Dupin sólo volvió a aparecer en otras dos historias de Poe, "El misterio de Marie Rogêt" y "La carta robada", pero estos tres relatos fueron suficientes para dejar sentadas las bases del género.

2.- Arthur Conan Doyle: Y si se trata de encontrar los modelos fundacionales de la novela policiaca, cómo no referirse a Conan Doyle y su Sherlock Holmes. Desde su primera aparición en Estudio en escarlata hasta su desaparición en 1927 con El archivo de Sherlock Holmes (muerte y resurrección de por medio), Doyle marcó la pauta que luego seguirían muchos otros -hasta llegar a nuestro querido Dr. House. Su detective, dotado de una inteligencia sobrehumana aunque social y personalmente inestable, y su inseparable compañero, el Dr. Watson, se pasearon por 4 novelas y 56 historias cortas antes de desaparecer, dejando establecido el canon del género policiaco.

3.- Agatha Christie: El otro gran nombre del género, Agatha Christie escribió unas 80 obras del género policiaco, entre novelas y libros de relatos, y dio luz a dos detectives distintos pero igualmente memorables: el petulante y sofisticado Hércules Poirot, y la adorable pero terrible anciana Miss Marple. Las novelas de Christie suelen tener un desarrollo lento, largas presentaciones de situación y personajes, antes de que se produzca el crimen en cuestión, y suelen estar llenos de pistas falsas que hacen que el lector sospeche de todos los personajes salvo del propio detective. Algunas de las obras más conocidas de esta autora han sido llevadas al cine o al teatro, como Diez negritos, Muerte en el Nilo o Tres ratones ciegos -adaptada con el título de La ratonera-.

4.- Georges Simenon: Menos conocidos que los anteriores, pero quizás más literario que ellos en su estilo y sus intenciones, el belga Simenon es el creador del comisario Maigret, un detective parisino inteligente -pero no de una manera tan sobrehumana o abrumadora como sus predecesores- y humano, iniciando de alguna manera la tradición del "detective sufriente" que han prolongado varios escritores actuales. Las historias de Maigret suelen ser pausadas, casi estáticas, sin tantos giros sorprendentes o revelaciones cataclísmicas como las de Conan Doyle o Agatha Christie. Esto no quiere decir que sean aburridas, sino que su interés está en otra parte: en la presentación de los personajes y la sociedad que rodean al crimen.

5.- Gastón Leroux: A Leroux le corresponde, se puede decir, el honor de cerrar un subgénero que inició Poe con la Rue Morgue: el del "misterio de la habitación cerrada". El Misterio del Cuarto Amarillo está considerado por muchos como el modelo último y definitivo de este tipo de novela, en el que el crimen se ha cometido en una habitación cerrada a cal y canto, sin salidas posibles, y en la que aparentemente sólo se encontraba la víctima. Después de él se han escrito otras novelas similares -por ejemplo, El hombre vacío de John Dickson Carr-, pero no han logrado superar la complejidad o el ingenio de la de Leroux.

6.- Dashiell Hammett: Por terminar con los clásicos, citemos a Hammett, autor de novelas como Cosecha Roja o El halcón maltés, considerado como el iniciador o el maestro del subgénero del hard-boiled o "novela negra", en el que el detective no alcanza la solución del misterio necesariamente a través de la inteligencia, sino a través de la insistencia, la falta de escrúpulos y también, a veces, la violencia o la suerte. En sus novelas -como en las de Raymond Chandler, creador del detective Phillip Marlowe-, la ley y la moral no siempre van de la mano, y el resolver el crimen no siempre significa salir triunfador...


Los actuales:

1.- P.D. James: Creadora del detective-poeta Adam Dalgliesh, P.D. James podría considerarse como una continuadora de la obra de Agatha Christie, tanto por sus entornos ingleses como su detallada presentación de ambientes y personajes, aunque James quizás tenga un estilo algo más irónico que Christie, lo que hace su lectura más entretenida.

2.- Henning Mankell: El escritor sueco actual más conocido, con permiso de Stieg Larsson, es el creador de Kurt Wallander, un detective solitario, profesional pero un poco amargado. Sus novelas, generalmente muy bien escritas y planeadas (con la excepción de Firewall, que no me gustó nada), cuentan detalladamente todo el proceso policial -investigación, burocracia, interrogatorios...- desde que se produce el crimen hasta que se resuelve.

3.- Andrea Camillieri: Para muchos -entre los que me cuento-, el mejor escritor de novela policiaca contemporáneo. Basado -en el nombre y en su apetito voraz- en el inspector Carvalho de Vázquez Montalván, su inspector Salvo Montalbano, de Vigata, es un hombre inteligente, irónico, epicúreo, independiente y algo decadente, y las novelas de Camillieri están llenas de sentido del humor, de ligereza y de personajes grotescos. ¿Se casará algún día Montalbano con Livia?

4.- Michael Connelly: De los escritores actuales, y quizás por su origen estadounidense, Michael Connelly es el más cercano al género del hardboiled y a los tópicos hollywoodienses de la novela de detectives: su detective, Hieronymus 'Harry' Bosch es un tipo duro -pero con sentimientos-, enfrentado con la burocracia policial y con problemas personales y profesionales, que siempre resuelve los crímenes de una manera heroica y violenta, sin importarle las consecuencias.

5.- John Connolly
: Sus obras suponen, cada vez más a medida que avanza su carrera, la mezcla de dos géneros: el policiaco y el de terror. Comenzó siendo un escritor de novela negra especialmente irónico y atrevido con Todo lo que muere, para ir dando paso a más elementos sobrenaturales. Lo mejor de sus novelas, más que el detective Charlie Parker, torturado por su pasado, son dos personajes secundarios: Angel y Louis, una pareja de asesinos gays que ayudan a Parker cuando este lo necesita. Cuando aparecen en acción, uno sabe que se lo va a pasar bien durante unas cuantas páginas.

6.- Ian Rankin: Escritor escocés, Rankin sitúa sus novelas policiacas en Edimburgo y sus alrededores. Su detective, el Inspector Rebus, se parece un poco al Harry Bosch de Michael Connelly: está al margen de las intrigas políticas de la policía, es independiente, algo violento y tiene un alto sentido de la moral y la responsabilidad. Probablemente no es el mejor de los escritores citados, pero sí es uno de los que más vende, sobre todo en Europa.

¿Me olvido de alguno? Me lo podéis recordar en los comentarios...

lunes, 10 de agosto de 2015

Fernando Pessoa: Quaresma, descifrador. Relatos policiacos

Idioma original: portugués
Título original: Quaresma, descifrador. As novelas policiárias
Traductor: Roser Vilagrassa
Año de publicación: 2014
Valoración: interesante, no sé si recomendable

De Pessoa (si ya he dicho esto alguna otra vez en una reseña, pido perdón por adelantado), de Pessoa, digo, tenemos una visión algo limitada o deformada: nos hemos quedado con "el poeta es un fingidor" y nos hemos olvidado de casi todo lo demás. Y sin embargo Pessoa es un autor mucho más plural de lo que imaginamos, y no solo plural en el sentido de "ser una antología", sino desde el punto de vista de los géneros, los estilos y los temas que trató. Su obra incluye prosa y poesía, heterónimos y ortónimos (obras firmadas con el nombre de Fernando Pessoa); ensayos políticos, literarios, estéticos; es el autor de ese libro magnífico e inclasificable que es el Libro del desasosiego; fue un vanguardista furibundo como Álvaro de Campos, y un clasicista irredento como Ricardo Reis... Y sí, también escribió novelas policiacas.

O mejor dicho, habría que decir, intentó escribirlas. Porque de los trece relatos que componen el volumen, ninguno está terminado, y algunos no pasan de ser un boceto muy breve y algunas escenas sueltas. De ahí que la lectura de este Quaresma, descifrador resulte por momentos algo frustrante, sobre todo para quien se había hecho a la idea de leer novelas policiacas completas del maestro Pessoa.

Lo que sí que queda claro es cuál era la intención general de Pessoa con la creación de Abílio Quaresma, el descifrador: llevar al extremo el racionalismo de los detectives de estirpe británica, creando un personaje que ni siquiera necesita ver el lugar del crimen o recoger pruebas, porque con la sola fuerza de su raciocionio consigue resolver crímenes que al resto de los mortales les parecen no solo indescifrables, sino incomprensibles. Es, por decirlo así, un Sherlock Holmes destilado e depurado de cualquier rastro de empirismo.

(La referencia a Sherlock Holmes no es casual, y no solo porque Pessoa fuese un autor bilingüe, en inglés y portugués, sino porque el propio Pessoa lo menciona como una de sus lecturas de cabecera, y en el texto de Quaresma, descifrador pueden de hecho encontrarse algunas pruebas de ello, como la famosa cita que empieza "si eliminamos lo imposible", o el que uno de los casos se resuelva porque "los perros no ladraron", como en "Estrella de plata" de Conan Doyle).

Y sin embargo, tener un detective tan "puramente racional" es también un problema (y quizás por eso Pessoa no terminó nunca sus novelas). Veamos el primer relato, el más extenso y el más acabado del volumen -pero no el más interesante, advierto-: un hombre, Vargas, aparece muerto, aparentemente suicidado, en un callejón de Lisboa; tenía en su poder unos planos de un prototipo de submarino, que entre tanto han desaparecido. La policía no consigue descubrir si ha sido un suicidio o un asesinato; entonces entra en escena Quaresma, que tras un discurso de sesenta páginas (tal cual: sesenta páginas) sobre el método de razonamiento empleado, termina por anunciar quién es el asesino.

El resto de las novelas siguen un esquema semejante, aunque mucho menos exagerado; por eso, las que más me han gustado han sido las que aparecen a continuación en el volumen ("El pergamino robado", "La muerte de don João", "La carta mágica"), que están relativamente completos, y en las que Quaresma se muestra igual de perspicaz pero mucho menos prolijo. Claro, algunas de las soluciones son absolutamente inverosímiles, porque los problemas planteados son de lo más rebuscados, pero aun así no dejan de tener cierta originalidad e interés. Los últimos relatos del libro están tan incompletos, que casi resultan incompresibles.

En el encabezamiento digo que no sé si es un libro recomendable o no: es más bien una curiosidad, tanto para los amantes de Pessoa, como para los amantes de la novela policiaca. Para un lector común, puede resultar frustrante, como decía, por la exageración de la capacidad razonadora del personaje principal, y porque, textualmente, al lector se le escamotean fragmentos a veces muy importantes del relato. La editora, Ana María Freitas, ha hecho sin duda un trabajo ejemplar de reconstrucción a partir de originales a veces muy dispersos, pero lo que realmente haría falta sería un nuevo Pessoa que llenase los huecos y completase por lo menos una de las novelas del volumen.

Otros títulos de Fernando Pessoa en Un Libro Al DíaLibro del desasosiegoEl banquero anarquistaEl mendigo y otros cuentos

jueves, 26 de marzo de 2026

Akimitsu Takagi: El misterio de la mujer tatuada

Idioma original: japonés

Título original: 刺青殺人事件 (Shisei Satsujin Jiken)

Año de publicación: 1948

Traducción: (del inglés) Eduardo Hojman

Valoración: bastante recomendable

Hoy en día los tatuajes son algo tan extendido y aceptado en nuestra sociedad que ya se los hacen hasta los chavales de la ESO (y los de Primaria, casi por poco), amén de jóvenes y mayores de toda clase y condición. pero antaño eran algo exclusivo de oficios un tanto aventureros (marineros y soldados, por ejemplo) y, sobre todo, de gentes de mal vivir o, al menos, que rondaban los ambientes del malevaje. Lo mismo que en Occidente ocurría en Japón, a pesar del maravilloso nivel artístico alcanzado por el irezumi o tatuaje tradicional, pero que se asociaba a  quienes se dedicaban a oficios arriesgados como bomberos o trabajadores de la construcción y, por otras razones, a los célebres yakuza. Con el punto añadido del erotismo, puesto que en la tradición japonesa los tatuajes más apreciados son de grandes dimensiones, en ocasiones de cuerpo entero o casi y sólo pueden apreciarse sobre los cuerpos desnudos.

Ahora bien, si hoy en día la percepción social hacia los tatuajes, aquí y allí, ha cambiado por fuer de la moda, en 1947, al poco de acabar la II G. M. en Japón seguían viéndose como algo más bien marginal y túrbido -y, de hecho, la prohibición de dedicarse a tatuar seguía vigente por entonces -; lo interesante, por supuesto, es que esa práctica o afición, incluso pulsión, en algunos casos, conformaba un submundo muy particular, entre lo artístico, lo exquisito y lo opaco que resultaba de lo  más estimulante, desde un punto de vista narrativo. De ahí que la primera novela policiaca de Akimitsu Takagi, el considerado "Simenon japonés" (aunque creo que esto también se dice de su mentor, Edogawa Rampo), partiendo de una idea de lo más sugerente: en el asolado Tokio de la posguerra, que trataba de volver a la normalidad entre ruinas y escasez, se producen unos crímenes que parecen tener como objetivo apropiarse de la piel tatuada de las personas asesinadas. En el primero de los asesinatos se ve envuelto el joven médico Kenzo Matsushita, quien nos servirá de guía lo largo de toda la novela, pues además es hermano del comisario de la policía criminal Daiyu Matsushita y amigo de otro forense, el antiguo "Niño Genio", Kyosuke Kamizu, que viene a ser el Sherlock Holmes de esta historia (de hecho, esta novela es la primera de una serie protagonizada por él). 

Con estas premisa, sin duda se podría escribir un thriller erótico/truculento -y aquí encontramos ambos aspectos, de lo sensual al gore, pues después de todo, los autores japoneses son consumados intérpretes de ambas suertes-, así como una "novela problema", con misterio de cuarto cerrado incluido, que también se trata de eso. Pero, además y antes que los subgéneros mencionados, éste es un noir diríamos que clásico -o casi, debido a su ambientación- con femme fatale y todo... Es decir, que Takagi jugó con la combinación de estas diversas modalidades del género, lo que no resulta fácil, pero a él le salió bastante bien, con el atractivo añadido de, ya digo, sumergirnos en un mundo hermético, en una subcultura cerrada incluso para la mayoría de los japoneses de aquella época y que resulta o puede resultar de lo más estimulante y estremecedor al mismo tiempo. Todo bañado, ya digo, por un aura de sensualidad y, por momentos, con un toque onírico -quizás debido al estilo con que describe el autor ciertos elementos que aparecen en la novela, pero también a circunstancias de la trama-; digamos, por entendernos, que si se hiciera una adaptación de este libro al cine  (creo que no existe aún), el resultado podría ser algo así como una clasica película de detectives  de la Hammer, dirigida por Kurosawa y con la trama de una peli de Park Chan-wook, pero dándole un aire al Terciopelo Azul de David Lynch y a la estilizada brutalidad de Se7en o El silencio de los corderos... (perdón, quizás sean demasiadas referencias cinematográficas para la reseña de un libros).

El caso es que Takagi consiguió combinar todos estos elementos de una forma cuando menos amena y, en algún  momento, incluso fascinante. Cierto es que se le puede atribuir una cierta parsimonia narrativa, propia de la época en la que se escribió la novela y que, como historia de misterio, despista un poco que el Sherlock Holmes o Poirot de turno no aparezca hasta el último tercio del libro, pera luego resolver el misterio sin apenas despeinarse -bueno, sí que se despeina un poco, cosa insólita en él, por lo demás-; así, aunque sus deducciones no resultan forzadas, sí algo artificiosas. Dicho de otro modo: quizá el final no sea un Deus ex machina, pero sí un Kamizu ex machina... Da lo mismo: estos no son más que detalles, pequeñas objeciones a una novela, por lo demás estupenda, interesante e insólita. Ojalá esta editorial u otra siga publicando en España los libros de este escritor porque realmente creo que merecerá la pena leerlos.

Nota para quienes hayan leído la novela o para quienes no lo hayan hecho, pero no les importe arriesgarse a un spoiler que, en realidad, no lo es: Por lo visto, en el Museo de Patología Médica de la Universidad de Tokio sí que existe la colección de tatuajes que aparece en este libro, aunque no está abierta al público (por suerte, pienso yo, aunque entiendo que habrá a quien le gustaría verla). El iniciador de la misma fue, al parecer, un tal doctor Fukushi Masaichi, a quien no cuesta reconocer como el inspirador del profesor Hayakawa de la novela.

viernes, 23 de junio de 2017

Ernest William Hornung: La cámara diabólica

Idioma original: Inglés
Título original: The camera fiend
Traducición: Susana Prieto Mori
Año de publicación: 1911
Valoración: Está bien

Ernest William Hornung fue un prolífico escritor inglés conocido, fundamentalmente, por dos de sus personajes, A.J. Rafflles y Bunny Manders, ligeramente inspirados en los celebérrimos Sherlock Holmes y Watson. Da la casualidad, además, de que Hornung estaba casado con una hermana de Arthur Conan Doyle. Pero tampoco vamos a hablar más de sir Arthur, ni de Watson y Holmes. Bastante tendría el pobre Hornung con aguantarle a su cuñado en los eventos familiares, ¿no?

Mejor hablemos de "La cámara diabólica", una novela negra con ligeros toques de ciencia-ficción. En ella, un informal y optimista, aunque algo despistado, Tony "Pocket" Upton se ve obligado a pasar la noche en las peligrosas calles de Londres. Para su desgracia, se ve involucrado en un asesinato del que todo parece indicar que es culpable.

A partir de ese momento, la novela se desarrolla en dos direcciones. Por un lado, un extraño doctor, gran aficionado a la fotografía y a las ciencias ocultas, "salva" a Upton y le oculta en su casa. Por otro, la familia de Upton, con la colaboración de un detective de extrañas maneras, emprende su búsqueda.

Tenemos, por tanto, un joven un tanto alocado, extraños doctores con bizarras pretensiones, hermosas jóvenes, detectives de métodos dudosos y una familia bien que trata de encontrar a su descarriado vástago.

Todo ello conforma un puzzle que Hornung consigue formar poco a poco, encajando las piezas con precisión y ofreciendo un libro tan británico como el Big Ben o el Palacio de Buckingham. Además, la novela tiene ritmo, se nota el oficio del autor y el desarrollo de la trama es coherente con el desenlace. En cambio, y de ahí en parte la valoración, me da la impresión de que los más de 100 años transcurridos desde su publicación no juegan precisamente a su favor. Pese a todo, creo que se trata de una buena opción para estos días de calor que se avecinan (en algunos sitios ya los sufrimos desde hace días), en los que lecturas ligeras como esta pueden ser interesantes.

jueves, 18 de agosto de 2016

Kate Griffin: Kitty Peck y los asesinos del Music-Hall

Idioma: inglés
Título original: Kitty Peck and the Music hall Murders
Año de publicación: 2014
Traductor: Alejandro Palomas
Valoración: está bien

La época victoriana y la ciudad de Londres durante la misma siempre han dado mucho juego literario, quizás por el recuerdo de los grandes escritores británicos de aquellos años. pero, sobre todo, resulta una ambientación especialmente estimulante en lo que se refiere a las novelas de misterio, sin duda por los ecos que nos traen del personaje de Sherlock Holmes, pero también de los casos reales como los célebres crímenes de Jack el Destripador. Supongo que más o menos inspirada en este último personaje, que aterrorizó el East End londinense, la autora de la novela la ha ambientado en ese mismo ámbito geográfico, aunque centrando la trama en los music-halls de la zona de Limehouse, y en concreto, en los que conformaban el llamado "Paraíso", sobre el que reinaba la siniestra, opiómana y orientalizante Lady Ginger. Como han desaparecido varias chicas de sus teatros -coristas, camareras, fulanas-, esta señora del submundo de las variedades, pero también de los bajos fondos de la ciudad, decide colocar como cebo a una joven costurera y limpiadora de uno de sus teatros, Kitty Peck; también para que pague una supuesta deuda moral contraída por su desaparecido hermano Joey. Con la ayuda de su amigo, el pintor y tramoyista Lucca Fratelli, Kitty hará bastante más que servir de señuelo para atrapar al secuestrador -y tal vez asesino- de las chicas, además de descubrir un montón de secretos incómodos... alguno de los cuales también le atañe a ella.

Creo que se puede afirmar que lo mejor de esta novela es la ambientación, en una época y lugar ya digo que de lo más estimulante para estos menesteres (que se lo pregunten a Anne Perry), porque, por lo  demás, la trama detectivesca no tiene demasiado recorrido, la verdad... Sí que resulta atractivo cierto aire de folletín que adopta la historia en algún momento, aunque también bordea -por suerte, sólo eso-, la novela romántica. Y no me refiero a Victor Hugo, claro, sino a algo más parecido a aquellos entrañables dibujos de Candy Candy... (que, por supuesto, yo no vi nunca... ejem). Los personajes, por otra parte, están bien trazados y delineados, pero quizás resultan un poco excesivos cuando se desvanece ese aire folletinesco al que me he referido. El melodrama, con el que también coquetea la narración, no acaba de sentarles bien, me parece. En suma, resulta una novela entretenida, adecuada para pasar las largas tardes estivales pero poco más. Sospecho que no se fijará en la memoria de nadie.

Una última aclaración, creo que pertinente: Kate Griffin también ha publicado libros como Claire North... pero ambos nombres son seudónimos (o heterónimos, incluso) de la escritora Catherine Webb, que además firma otros títulos con este su verdadero nombre. ¿Un poco confuso? Pues sepan que además existe otra escritora, diferente de la anterior, que se llama Katherine Webb... ¡Para que luego se quejen, por ejemplo,  Pérez-Reverte, Martínez Reverte y Javier Reverte!

Nota post-reseña: Al parecer, y según un comentario de la propia autora del libro, he cometido un error y resulta que la Kate Griffin que ha escrito esta novela no es la misma Kate Griffin que en realidad se llama Catherine Webb (que, como ya he mencionado, es distinta de Katherine Webb). Para entendernos: podemos encontrar libros firmados por dos Kate Griffin y por dos Catherine /Katherine Webb, siendo  tres personas diferentes... Mea culpa por lo que al error de atribución de autoría se refiere, por supuesto, pero... ejem, como sin duda alguna vez dijo el inmortal bardo de Stratford-Upon-Avon: ¡Ché, qué quilombo! ; )

jueves, 24 de septiembre de 2020

Arthur Conan Doyle: La tragedia del Korosko

Idioma original: Inglés
Título original: A Desert Drama. Being The Tragedy Of The Korosko
Año de publicación: 1897, por entregas
Traducción: E. F. S. Alonso
Valoración: Entre recomendable y está bien




Un grupo de turistas es secuestrado por guerreros árabes durante una excursión por el desierto de Libia. De esta sencilla premisa se sirve Arthur Conan Doyle para escribir La tragedia del Korosko, una novela de aventuras narrada a modo de crónica periodística.

De ella destacaría:

  • Su brevedad. Se lee, literalmente, en una sentada. 
  • Su empaque. Aunque originalmente fue publicada por entregas, su nivel de planificación es muy alto. 
  • Su prosa, concisa y elegante. 
  • Su bien estructurada y adictiva trama.
  • Su mezcla de drama, acción y romance. 
  • Su inmersiva ambientación. Doyle es capaz de sumergirnos en el escenario, hacer que sintamos el asfixiante calor del sol o el frío de las noches, consigue que veamos los bellos colores que presenta el paisaje. 
  • Sus heterogéneos protagonistas. Los pasajeros del Korosko no son excesivamente memorables (a excepción, quizás, de Miss Adams), pero te caen simpático, están bien caracterizados, tienen interacciones interesantes e incluso experimentan cierto desarrollo a lo largo del relato. 
  • Sus audaces contrastes. Estas páginas superponen Occidente con Oriente, lo moderno con lo atávico, la civilización con la barbarie, la dignidad con la mezquindad, la paz con la violencia, la fe armoniosa con el fanatismo más agresivo... 

Por otro lado, querría señalar aquellos aspectos en que la novela no acaba de funcionar, pues no ha envejecido demasiado bien:

  • La atraviesan varios prejuicios raciales y religiosos, amén de sesgos ideológicos, propios de la época y el contexto en que fue concebida. Al inicio de la narración, tenía la impresión de que Doyle iba a parodiar las actitudes colonialistas y evangelizadoras de los países cristianos. Sin embargo, se va posicionando subrepticiamente (o eso me ha parecido a mí) a favor de la ocupación militar británica de Egipto, o de la preponderancia del Cristianismo por encima del Islam. 

Tampoco me convencen algunas de las decisiones argumentales que toma Doyle:

  • Su manejo de la tensión es, visto en retrospectiva, un tanto artificial. Hay alguna que otra muerte en el grupo protagonista, cierto, y sus integrantes sufren lo suyo, pero el desenlace positivo da la impresión de que el autor velaba extradiegéticamente por su seguridad en todo momento. 
  • Me parecen poco verosímiles las reacciones que los turistas tienen, dada su situación. Salvo alguna rencilla aislada, hacen piña, hasta podría decirse que se muestran altruistas y heroicos. Personalmente, no creo en la bondad humana, y menos todavía en que ésta aflore en situaciones límite. 
  • A esto sumamos que los únicos personajes buenos del relato son exclusivamente blancos (al guía de la excursión o algún aliado sorpresa se les retrata como gente que, si actúan con rectitud, es por interés y conveniencia) y queda clara la parcialidad de Doyle.
  • Los antagonistas de su historia son villanos irredimibles. Les podría haber humanizado un poco para que el conflicto no fuera tan maniqueo.
  • El tonillo ejemplarizante que da al texto es, a mi juicio, un desatino.  

En todo caso, es innegable que La tragedia del Korosko es una novela muy entretenida. La recomiendo encarecidamente, pese a sus defectillos. Defectillos que, admitámoslo, en su mayoría se detectan por culpa de nuestra perspectiva histórica, y que estoy seguro que sus lectores decimonónicos apenas percibieron. 

Ah, el propio Doyle convirtió La tragedia del Korosko en una obra de teatro. Además, existen un par de adaptaciones cinematográficas: una película muda de 1923 y otra, esta vez sonora, de 1932.


También de Arthur Conan Doyle en ULAD: Las aventuras de Sherlock HolmesCuentos de terror

viernes, 2 de julio de 2010

Libros para el verano: El misterio del cuarto amarillo, de Gaston Leroux

Idioma original: francés
Título original: Le Mystère de la Chambre Jaune
Fecha de publicación: 1908
Valoración: Recomendable

Cuando tenía once años me dio por leer de forma compulsiva todos los libros de Agatha Christie y Arthur Conan Doyle (uséase, Sherlock Holmes) que pillaba. Resultaba que servidor quería ser detective privado, y pensaba que leyendo a estos autores, estaría preparado para resolver futuros crímenes...Es que daba por hecho que en mi excitante trabajo todas las semanas tendría un asesinato que resolver, ya fuera en mansiones victorianas o viajes en tren, siempre con varios sospechosos y mucho seso requerido para dar con el asesino: qué realista era yo...

Pero lo cierto es que disfruté sobremanera con esta clase de lectura, lo que consideraba toda una proeza tras leerme la colección completa de "Elige tu propia aventura" y "Alfred Hitchcock y los tres investigadores".

Luego llegaron los años, años y más años..., crecí, y bueno, aparte de que me di cuenta de que en este mundo, el de la realidad, ser detective privado consiste, más bien, en perseguir sigilosamente a presuntos infieles o grabar conversaciones compremetedoras con aparatos a años luz de los de James Bond, pasé a otro tipo de lectura y me olvidé de los detectives repollos, los pastelitos de arsénico y los sospechosos interesantes.

Pero la vida es un eterno retorno, y resultó que durante un curso de francés en Niza, para mejorar la comprensión escrita, la profesora nos ofreció unos libros de lectura, entre ellos, El misterio del cuarto amarillo. Y lo elegí porque en cuanto leí la sinopsis en su contraportada, me pareció el más atractivo de todos.

El misterio del cuarto amarillo plantea un misterio que deja de piedra: en el castillo Glandier una joven, la señorita Matilde, hija de un científico llamado Stangerson, sufre un intento de asesinato en su habitación de paredes amarillas. Alguien la lanza al suelo e intenta encajarle un tiro, pero en el forcejeo los disparos se pierden en el aire, y el asesino desaparece mágicamente, ya que ningún habitante del castillo ve salir a nadie del cuarto. Para más inri, el habitáculo tenía su ventana cerrada por dentro. La única pista que encuentran en el cuarto es una pistola que pertenece, maldita sea, al mayordomo de los Stangerson. ¿Qué pasó...?

Para resolver el caso, el padre de Matilde contrata al gran Joseph Rouletabille, un tipo peculiar pero listísimo, mientras que la poli se decanta por Larsan, uno de los investigadores más celebrities de Inglaterra. Así que, el misterio y la rivalidad están servidas: ¿quién y por qué intentó matar a la pobre Matilde y cómo demonios entró en el intrigante cuarto amarillo? Hummm...Lean el libro y lo sabrán... Además, hoy tenemos cine. Hay varias películas sobre el libro...

Y bueno, pues creo que está claro por qué recomiendo esta obra para la estación más pegajosa y ruidosa del año: el tiempo libre y el presunto buen tiempo reclaman una lectura más ágil y emocionante de lo habitual, pero tampoco hace falta dejar en la nevera el cerebro. Rouletabille no les permitirá hacerse los tontos...

Feliz verano. Espero que sean más afortunados que el que firma esta reseña: me esperan tres meses de estío urbano entre los duros muros de un banco...

lunes, 7 de septiembre de 2009

Alain Robbe-Grillet: La casa de citas

Idioma original: francésLa Maison de rendez-vous

Título original:

Año de publicación: 1965
Valoración: Imprescindible

Por norma, los lectores nos fiamos del narrador: es lo que se llama el "pacto ficcional", por el que anulamos nuestro juicio crítico habitual y aceptamos la existencia de dragones, naves espaciales o personajes como la Regenta o Sherlock Holmes. Desde tiempos del Quijote, y probablemente incluso antes, aunque sobre todo desde mediados del siglo XIX, los escritores vienen experimentando con la creación de eso que Wayne Booth llamaba "narradores no fiables", es decir, voces narrativas cuyas afirmaciones debe poner en duda el lector, para descubrir la verdad detrás de sus palabras: narradores que mienten, engañan, tergiversan u ocultan los hechos, por desconocimiento, malicia o torpeza.

La casa de citas (también publicada como La casa de Hong-Kong) es un ejemplo de cómo a lo largo del siglo XX se ha llevado este juego del gato y el ratón entre narrador y lector hasta el extremo, al igual que las novelas de Pynchon o algunas de Nabokov, por ejemplo. Porque en La casa de citas nada es completamente cierto, y es imposible intentar que la narración tenga sentido, en el sentido clásico del término. Los personajes tienen dos o tres nombres distintos cada uno; el narrador es a veces un personaje, a veces otro, a veces ninguno; el inicio de la novela se cita en medio de la novela, como si fuera un discurso de un personaje; las mismas acciones suceden tres, cuatro o veinte veces en lugares y momentos distintos, y unas veces se trata de una representación teatral, otras de un conjunto escultórico, o de unas figuritas de porcelana; un personaje muere varias veces en la novela, cada vez de una manera distinta...

Por supuesto, todo está manejado con habilidad, humor y frialdad por el autor, que se divierte dejándonos pistas acerca de su propia consciencia de estar mezclándolo todo, con frases como "pero de esto ya hemos hablado más arriba", "esto está aquí fuera de lugar" o "pero cuando me acerqué vi que no era quien yo pensaba", etc. Además, las descripciones de situaciones y objetos idénticos en distintas situaciones (el vestido estrecho que se abre hasta el muslo, y más arriba; las sandalias con cintas que se cruzan sobre el tobillo, los enormes perros de Lady Ava...) permiten hilar fragmentos de argumento, pero se ven desmentidos inmediatamente por las incoherencias, los cambios de plano o los saltos narrativos.

Porque en La casa de citas sólo puede hablarse de argumento: hay una fiesta, representaciones eróticas sado-masoquistas, tráfico de drogas, prostitución, un confuso triángulo amoroso, un asesinato. Todo ello da como resultado un ambiente más que una trama. Un aire a novela negra con ribetes románticos y eróticos, pasada por el turmix de la nouveau roman, que nos deja boquiabiertos y patidifusos, y que nos obliga a aceptar un nuevo pacto narrativo, distinto al anterior, que viene a decir: "No te creo, narrador, pero no tengo más remedio que seguirte".

Una novela que será disfrutada especialmente por los admiradores del David Lynch de Carretera perdida o Mulholland Drive.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El libro de mi infancia: El príncipe de la niebla, de Carlos Ruiz Zafón

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1993
Valoración: Recomendable

El llevar varias centenas de libros reseñados en ULAD tiene un lado malo, ¿sabéis? Y es que a los que escribimos en este blog, en ocasiones (sobre todo cuando preparamos series especiales como la presente) nos cuesta escoger libros para reseñar que no lo hayan sido ya por algún compañero. Y bueno, éste ha sido uno de esos casos, no puedo evitar ser sincera.

Vamos, que cuando me preguntan por "El libro de mi infancia", quizás tendría más derecho a ocupar ese lugar La historia interminable, de Michael Ende, que ya ha sido reseñado en este blog, o alguno de los cuentos de hadas de los que también se habló por aquí al aludir a cierto libro que ahondaba en la psicología de este tipo de relato... (por cierto, mi preferido era La bella y la bestia, en una edición preciosa que casi robo de la biblioteca de la escuela). Y considero que tampoco es plan de volver con Sherlock Holmes o con alguna de las novelas de Agatha Christie, que ya hay varias que han protagonizado posts en ULAD... Y no sé, ¿"Alfred Hitchcock y los tres investigadores" o la serie de "Elige tu propia aventura" no es quedarse un poco escaso para un blog tan sólido como ULAD? Hummm...

En fin, que finalmente he escogido El príncipe de la niebla, de Carlos Ruiz Zafón, porque considero que de todos los libros de este tipo que devoré en mis años mozos, mi tipo predilecto (a saber: misterio, algún detalle macabro, romance con un punto trágico, héroes jóvenes e imperfectos, componentes sobrenaturales), éste fue el mejor escrito y el que más poso ha dejado en mi memoria.

La trama nos presenta a la familia Carver, padre, madre, hija pequeña, hija adolescente e hijo adolescente, que huyendo de la Segunda Guerra Mundial, se refugian un verano en una misteriosa casa en la costa atlántica con un peculiar jardín con estatuas de piedra (donde destaca la de un inquietante payaso), un reloj que marcha al revés y un gato negro. En esta misma casa murió años atrás Jacob, el hijo de la anterior familia ocupante, en extrañas circunstancias, así que uno se puede imaginar que no hablamos precisamente de la casita de Pin y Pon...

El héroe de la función es el hijo de los Carver, Max, de trece años, y el villano, un terrible mago conocido como el señor Caín que pude adquirir las más diversas formas y que le concede a uno lo que desea a cambio de una fidelidad absoluta. Y pobre de aquél que rompa el trato...

Por la historia desfilan, por supuesto, los imprescindibles secundarios (donde destaca Roland, un atractivo muchacho, nieto del farero del lugar, que inicia un romance con Alice, la hermana de Max), y factores atractivos y determinantes para la trama como un enigmático barco sumergido y el faro del abuelo de Roland.

Y bueno, concluyo diciendo que recomiendo este libro para adolescentes con el que Zafón ganó el Edebé de literatura porque lo recuerdo como un divertidísimo pasatiempo bien escrito y emocionante donde alguien entre los once y los dieciséis años aficionado a los libros de aventuras y misterio encontrará todo lo que desea con una buena dosis de calidad literaria.

También de Carlos Ruiz-Zafón en ULAD: La sombra del viento