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domingo, 23 de marzo de 2025

Padres de libro: "Irene y el aire" de Alberto Olmos

Idioma original:
español
Año de publicación: 2020
Valoración: no está bien
 
Empiezo por un disclaimer: Alberto Olmos (o quizás debería decir: la "persona" pública de Alberto Olmos, construida a través de artículos, redes sociales, entrevistas, etc.) me cae mal. Siempre ha sido un escritor/articulista que ha jugado a ir de malote, de irreverente, de intelectual librepensador que dice lo que le da la gana - siendo que lo que le da la gana decir muchas veces incluye machistadas y boutades propias de lo que ha venido a conocerse irónicamente como "extremo centro". Tengo la sensación de que en los últimos años la cosa ha ido a más, con artículos que parecen escritos únicamente para provocar indignación y conseguir que se vuelvan virales, así que oír hablar de "Alberto Olmos" implica, para mí, torcer la boca inmediatamente y prepararme para leer algo que me indigna.

Sin embargo, como el tema de este libro me interesaba, decidí darle una oportunidad, y empecé a leerlo con ganas de que me gustase, para poder hacer honor a ese meme que dice "Heartbreaking: The worst person you know just made a great point". De hecho, uno de los escritores españoles con una "persona" pública más arisca ("Yo he venido aquí a hablar de mi libro"), Francisco Umbral, escribió uno de los más delicados y dolorosos libros sobre la paternidad, Mortal y rosa... Quizás podía volver a pasar... Infelizmente (para mí y para Olmos), no ha sido así...
 
Pero vayamos por partes, como diría Jack el Destripador.
 
El libro se divide en dos partes diferentes muy diferentes, que se sitúan, ambas, cronológicamente antes del momento del nacimiento de su hija. La primera parte son un conjunto de anotaciones autobiográficas o ensayísticas sobre el embarazo de la mujer del narrador, Eugenia. Esta primera parte me ha resultado bastante desagradable, porque en ella podemos ver al Alberto Olmos articulista, que intenta ser gracioso o provocador y acaba dando todo el cringe, como dice la chavalada. Por dar un ejemplo, en el primer capítulo describe cómo él y su mujer embarazada van a una fiesta, y nos explica que ante una mujer embarazada todos los hombres piensan que "alguien se le ha corrido dentro" o "Esa ha follado sin condón". Pues no, querido Alberto, eso lo debes pensar tú, no generalices. Por lo menos, el autor parece ser consciente de que está generalizando a partir de su propia forma de pensar, porque afirma: "Quizá era mi propia impresión del pasado frente a las embarazadas, proyectada en los demás varones ahora que yo había cruzado la línea". Efestiviwonder, Alberto.
 
El resto de capítulos de esta primera parte mantienen el tono de quien pretende ser el más listo de la clase, el más graciosillo, y acaba sonando pedante y antipático. El libro está lleno de frases que subrayaría, pero para indicar que son sentencias supuestamente profundas pero vacías, como por ejemplo  "No tener un hijo es el único fracaso definitivo" o "La paternidad siempre implica que alguien tiene que morir" (?). La escena en la que describe la primera visita al IKEA me resultó igualmente ridícula, como si estuviera descubriendo el secreto mejor guardado del capitalismo por hacer algo que la mayoría de nosotros hemos hecho sin tanto drama desde hace quince o veinte años (desde que IKEA llegó a España, vamos, que no sé exactamente cuándo fue y me da pereza ir a buscarlo a Google o preguntarle a ChatGPT para que se invente una fecha aleatoria).
 
La segunda parte del libro mejora (lo que no era difícil); de hecho, si todo el libro hubiera sido como esta segunda parte, la valoración habría sido más alta. En ella, el Alberto Olmos canallita parece cederle el mando a un Alberto Olmos escritor, que ya no se preocupa por dictar sentencia sobre lo que TODOS LOS HOMBRES (TM) sentimos al encontrarnos con una mujer embarazada, sino que narra, con un suspense digno de una novela, película o serie de acción, las horas inmediatamente anteriores al parto, a partir de las anotaciones que escribieron, tres o cuatro semanas después de los hechos, tanto él como su mujer (o al menos eso dice el narrador, pero puede ser un simple recurso retórico, el tópico del manuscrito encontrado). 
 
Después de un breve capítulo introductorio, esta segunda parte comienza cuando, en medio de la noche, Eugenia, que ese día sale de cuentas, nota que está sangrando y despierta a su marido. A partir de ahí, se narra con detalle y precisión el angustioso proceso de intentar llegar al hospital correcto, a las urgencias correctas, encontrar alguien que los acoja y les explique las cosas, que los tranquilice, que los acompañe durante el resto del proceso. En definitiva, que les ayude a tener un hijo vivo y saludable. Escrita con capítulos cortos (lo que contribuye para la sensación de urgencia), esta segunda parte consigue transmitir muy eficientemente la ansiedad, el miedo y la incertidumbre del matrimonio protagonista en los momentos inmediatamente anteriores al nacimiento de su hija. 
 
Aunque pueda haber algo tramposo también en esta segunda parte, porque el narrador constantemente juega a insinuar que su hija va a morir en el parto, transmitiendo (y quizás exagerando) las angustias de un padre primerizo, lo cierto es que esta parte del libro funciona muy bien, es mucho más humana y cercana, e incluso aquellos detalles más o menos escabrosos, como el hecho de que la madre se cague encima durante el parto, forman parte de una descripción realista y sin mitificaciones de un proceso natural, maravilloso y terrible al mismo tiempo.
 
Resumiendo: hay dos almas en este libro, como parece haber dos almas en Alberto Olmos: la del articulista canallita de extremo-centro, que parece escribir la primera parte; y la del escritor de ficción, que parece apropiarse de la segunda (aunque trabaje a partir de materiales de no ficción). Ojalá el segundo hubiera escrito la totalidad del libro, porque entonces podría haber empezado esta reseña diciendo: "Alberto Olmos no me cae bien, pero ha escrito un gran libro". Infelizmente, la sensación desagradable provocada por toda la primera mitad hace que la sensación general del libro sea de incomodidad, de rechazo. Una pena.

sábado, 16 de abril de 2016

Alberto Olmos: Trenes hacia Tokio

Idioma original: Español
Año publicación: 2006
Valoración: Bastante recomendable

Si tecleas Alberto Olmos en el ordenador, el primer enlace, ¡cómo no!, es el de su entrada en la Wikipedia. Ahí podemos leer:

Durante tres años residió en Japón en la prefectura de Tochigi. Allí dio clases de español y de inglés, hizo crítica cinematográfica y literaria, y se inició en el mundo de los blogs”.

Por lo que, una vez leída “Trenes hacia Tokio”, comprobamos que se trata de una especie de ¿novela autobiográfica?. En ella, Alberto Olmos se transforma en David, treintañero profesor de inglés en una escuela infantil y profesor de español para mujeres niponas.

Afortunadamente, sobre todo tratándose de un libro ambientado en Japón, no nos encontramos con una idealización del país o de sus costumbres y cultura (no está mal un poco de desmitificación).

No es un libro “sobre Japón”. No. Aunque pueda no parecerlo, es un libro sobre el desarraigo, la  soledad y el absurdo (¡Toma ya!). En él, asistimos al día a día de Olmos – David en Japón.

Es Olmos-David un observador lúcido, honesto, con buenas dosis de humor, cinismo e ironía (no solo en su mirada hacia el exterior, sino hacia su propia situación) y con un lenguaje ágil, directo, sin concesiones, sin florituras, con frases cortas que parecen más bien apuntes tomados a vuelapluma.

En los primeros capítulos, Olmos – David actúa más como un observador del exterior y se centra, fundamentalmente, en su relación con Kokoro (destaca, para mí, el capítulo “Ríete tú de Raymond Carver”) y sus problemas de adaptación y su desubicación (en “Malibú”).  

En la segunda parte del libro, tras su ruptura con Kokoro, Olmos – David aparece como una persona liberada de la carga que la relación le suponía. Se convierte en un narrador mucho más ácido (valgan como ejemplo “Dignidad” o “El momento culminante de mi fracaso”), no exento de humor (impagable esa imaginada violación por parte de un grupo de bibliotecarias sobre una mesa con todos los libros de William Faulkner abiertos por la página 33 de “Balada de las bibliotecarias dominatrices”), con sus filias, fobias y perversiones.

Olmos nos cuenta, por tanto, su experiencia a partir de pequeñas escenas cotidianas (sus viajes en tren, cenas familiares, visitas a la biblioteca, etc.), que forman los diferentes capítulos de libro, y que permanecen unidas entre sí por un tenue hilo narrativo.  Es tan tenue este hilo que no sabría si clasificar el libro como novela o conjunto de relatos.

Pero, ¿qué más da? Es, a fin de cuentas, un libro interesante, de ritmo frenético, divertido, pero que quizá esté muy dirigido a un “público” de 30 a 50 años, tanto por su forma como por su fondo. Al menos yo, situado en esa franja de edad, la identificación que he podido sentir con el personaje en ciertos momentos ha sido muy alta.  Cuestión generacional, supongo.



domingo, 29 de marzo de 2015

Alberto Olmos: Vida y opiniones de Juan Mal-herido

Idioma: español
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable... según gustos

Peliaguda esta tarea autoimpuesta (porque sepan ustedes que en este bienaventurado blog gozamos de libertad absoluta y no existe ningún tipo de coacción... si obviamos el látigo de siete colas que acaricia de cuando en cuando nuestras espaldas, claro... ¡ay!): reseñar en un blog literario un libro compuesto de... reseñas aparecidas en un blog literario. Y no uno cualquiera, además: probablemente el más conocido y polémico -aunque sea en el limitado mundo de la letraheridez española- de los últimos años de la, por otra parte, también limitada Historia de la "blogosfera": el del Lector Mal-herido, a.k.a. Alberto Olmos.

Antecedentes de este libro, hasta donde llegan mis conocimientos: el tal Lector Mal-herido (Juan de nombre de pila, aunque juro que no es pariente mío) apareció como comentarista en otro blog de reseñas literarias, escritas por un "Lector Ileso" -de ahí lo de "Mal-herido", después- a.k.a. Roberto Enríquez, a.k.a. Bob Pop (sí, el de la tele). Al cabo de un tiempo, Mal-herido se independizó y se dedicó a reseñar sin piedad ni arrepentimiento los libros que le caían entre manos, ya fueran clásicos o novedades, con la aparente inconsciencia de un mono con una metralleta. Las reseñas resultaban refrescantemente faltonas -fórmula mágica:  mucho humor, muchos tacos y muchas, muchas, muchas alusiones sexuales- y el tal Juan Mal-herido se fue convirtiendo en un personaje excesivo: narcisista, insultante, machista, chovinista, catalanófobo, racista e incluso filonazi (tuvo una etapa, según creo recordar, bastante pesada, en la que no hacía más que mencionar a Hitler y Mein Kampf... en fin, las chiquilladas de costumbre); es decir, en un compendio de todo lo "políticamente incorrecto" o lo que si nos ponemos finos, podríamos llamar las boutades de un enfant terrible. O de un Torrente de las letras, vaya (y no me refiero a Torrente Ballester...). Las fotos subiditas de tono que acompañaban las reseñas no hicieron más que aumentar la popularidad del blog... ejem, eso me han dicho...

Hace cosa de un año, el blog del lector Mal-herido pasó a convertirse en un blog de pago, accesible sólo a suscriptores -no lo critico, que conste. Es más: dejo aquí el enlace para quien esté interesado: http://www.malherido.com/ -, pero ya antes, Alberto Olmos decidió rentabilizar en algo su popularidad y publicó en papel una serie de reseñas, seleccionadas ignoro con qué criterio (por entonces, Olmos aún pretendía hacer creer que él no era quien escribía el blog... o pretendía hacer creer que pretendía hacer creer, etc... de modo  que en el libro figura como responsable de la edición y prologuista). Así que nos encontramos con este libro estupendamente editado -y con un formato de bolsillo muy divertido, pues realmente cabe en un bolsillo- en el que podemos disfrutar de toda una serie de reseñas "malheridas" de los más variado: desde filósofos asentados como Stoderlijk a pensadoras feministas de lo menos ortodoxo como Virginie Despentes; novelistas reconocidos y/o clásicos (Javier Marías, Mme. De Lafayette) junto a otros poco conocidos, primerizos... ensayos más o menos rigurosos (Cercas, Anna Caballé)... y sobre todo, memorias y diarios de todo tipo de escritores, -empezando por Dalí, por ejemplo-, que parece ser lo que más le gusta al Mal-herido. A destacar, además, las jocosas entrevistas que mantiene con diferentes personajes del mundo de las letras (Vila-Matas, Sánchez-Dragó) o del mundo, así en general... (el 30% de Dios).

Creo que se pueden extraer varias conclusiones de la lectura de este libro, a saber:

1-Mal-herido/Olmos no es tan fiero como lo pintan... una vez despojado de su anti-camuflaje soez y malhablado, de su pose de malote, aparece un lector con opiniones interesantes y bien asentadas, a tener en cuenta , en cualquier caso... Y no todo es zurrar la badana al personal: cuando la obra de un escritor le gusta (Greene, ChandlerKristof) lo señala con respeto y hasta con unción.

2-De la misma forma, la misoginia y chulería de la que hace gala el personaje en todo momento es puro postureo, que diríamos ahora. De hecho, buena parte de las reseñas están dedicadas a escritoras y, sobre todo, a cómo retratan estas autoras a sus congéneres en sus libros. Y cómo debería hacerse. Otra cosa es que estemos más o menos de acuerdo con las opiniones que expone luego al respecto el propio Olmos/Malherido, pero está claro que el tema le interesa.

3-Igualmente, le interesa y mucho, lo que tiene que ver con el acto de escribir ("Leer no es la droga; la droga es escribir", dice), la voluntad de hacerlo y, aún más, la de convertirse en escritor (en escritor que escribe, se entiende, no en la figura pública que representa ese papel)... de hecho, junto con lo que piensan y sienten las mujeres, parece ser el asunto que más le interesa a este tipo.

4-Éste es un librito con el que te lo pasas francamente bien -yo, al menos, me he carcajeado varias veces-, siempre que no se tengan muchos prejuicios con el lenguaje y se acepte una mirada gamberra sobre lo que se habla (repito: los libros, el sexo, la escritura, el sexo, las mujeres, el sexo, la celebridad, el sexo, el sexo, el sexo...). No dudo en recomendarlo, desde luego, aunque quizá no sea plato para todos los gustos. Lástima,  eso sí,  que en el libro no aparezcan las fotos del blog...

Y ya está.

Otros libros de Alberto Olmos reseñados en Un Libro Al Día: Ejército enemigoAlabanzaTrenes hacia Tokio

sábado, 27 de diciembre de 2014

Alberto Olmos: Alabanza

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: está bien

Que digo yo, que qué fiebre les ha dado a los escritores con mandar a sus personajes al campo a pastar, como las cabras. No es que yo tenga nada en contra del ruralismo en sí, pero me llama la atención que en dos años se hayan publicado Por si se va la luz de Lara Moreno y esta Alabanza de Alberto Olmos, cuyos argumentos son tan semejantes (por no hablar de la tan famosa Intemperie de Jesús Carrasco o de Es un decir de Jenn Díaz, en las que la acción también transcurre en el campo, aunque con personajes "autóctonos" y no con urbanitas trasplantados). "Rural rules!", dice un personaje de la novela; pues se ve que sí, que rural rules.

En Alabanza, como en Por si se va la luz, una pareja huye de la ciudad y se va a un pueblo remoto en busca de sosiego, aislamiento y desconexión de internet. Él es escritor, y ella es, bueno, la novia del escritor. Solo que no estamos en 2014, sino en 2019, y en 2019 ya no existe la literatura porque, como se suele decir, ella sola se murió y entre todos la mataron: autores, editores, críticos, lectores... Sebastian Bel, el protagonista, contribuyó a la muerte de la literatura con una novela comercial, El mapa del misterio o El misterio del mapa o algo parecido con la que renunció a todos sus propósitos literarios en favor del éxito comercial.

En realidad, Alabanza son tres novelas en una: en la primera parte, vemos a Sebastian Bel intentando sin éxito escribir un libro de relatos, titulado Las amadas, sobre cada una de sus relaciones amorosas pasadas, y a Claudia, su novia, explorando el pueblo e intentando averiguar quién quemó la iglesia del pueblo; en la segunda, Sebatian vagabundea por el pueblo recordando su infancia (porque, sí, descubrimos que el pueblo en el que están es el de la infancia de Sebastian, que entonces no se llamaba Sebastian sino Miguel); en la tercera parte Sebastian y Claudia vuelven a juntarse, y se nos cuenta, entonces, la trayectoria literaria del escritor hasta el momento de su éxito y la posterior muerte de la literatura.

Y lo que pasa es que, de las tres partes, la primera me estaba entreteniendo y hasta intrigando; la segunda me ha parecido demasiado larga y me ha aburrido bastante; y la tercera en cambio me ha parecido demasiado obvia en su intento de criticar las podredumbres del sistema literario español y universal, que sin duda existen: la arbitrariedad de los editores, las componendas entre críticos, autores y editoriales; la vulgaridad y el egocentrismo de los escritores... Solo los lectores parecen salvarse de la quema, a lo mejor porque Alberto Olmos no quiere alienar a sus lectores acusándoles de ser cómplices en el asesinato de la literatura.

Creo que Alabanza habría sido mejor novela si hubiera sido más corta y se hubiera enredado menos en recuerdos infantiles y en consideraciones no tan originales sobre esos animales exóticos que son los editores. Si las desventuras de un escritor frustrado luchando por salvar la literatura son suficientes para entretener a todo el mundo, o solo a los que somos especialmente letraheridos, eso es otra cuestión diferente.

También de Alberto Olmos: Ejército enemigoTrenes hacia TokioVida y opiniones de Juan Mal-herido

martes, 5 de junio de 2012

Alberto Olmos: Ejército enemigo

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: se deja leer

He tenido un dilema a la hora de valorar, según nuestros parámetros, esta última novela de Alberto Olmos. Porque al terminarla tuve la sensación de que había estado leyendo tres libros distintos, con tres contenidos distintos y con tres maneras distintas de contar. Y cada uno de esos tres libros me pedía, honestamente, tres valoraciones diferentes: recomendable, se deja leer, decepcionante. Finalmente, he optado por la segunda, al considerarla la más ajustada a la realidad y la más salomónica. En todo caso, era importante dejar claras mis dudas y mis reservas.

Ejército enemigo gira en torno a Santiago, un publicista ruin, cobarde y cínico que vive precipitado por una inercia de la que no sabe, o no quiere escapar: sin relaciones afectivas sinceras, con una sexualidad furibunda y viciosa y una obsesiva capacidad crítica. Malvive en un barrio hostil, tiene un trabajo insatisfactorio y gran parte de su tiempo lo dedica a navegar por internet o discutir con algún medio amigo. Al comenzar la novela uno de estos amigos, vinculado a los movimientos sociales e indignaciones varias de nuestro tiempo, muere en extrañas circunstancias. Eso dispara la acción: Santiago entrará de lleno en la vida privada del muerto, descubrirá secretos que no debían ser revelados, investigará las causas de su muerte, etc.

El primer libro es el que más me gustó y es el que permite al autor, a través del narrador, hablar de todo tipo de cosas que están ahí y de las que poca gente habla. Sus teorías y reflexiones sobre numerosos temas (internet, sexo, muerte...) son, por lo general, radicales; algunas veces, ingeniosas; en ciertos momentos, agudísimas. La trama, en este sentido, es una excusa para hablar en voz alta sobre lo que sea, mientras Santiago, el protagonista, hace y deshace sin que nos importe. Por este motivo, pensé que muchas de las ideas que se ponen sobre la mesa tendrían cierto interés en otro formato, cibernético o en papel, pero desde luego no en forma de novela. Quizá artículos de opinión, o un blog, u otra cosa.

El segundo libro me gustó menos, pero "se deja leer", como decía, y es el que entronca con el tema de la solidaridad contemporánea, la conciencia ciudadana, los movimientos sociales, los quinceemes de toda índole y la perspectiva de futuro, o de presente, que tienen las diferentes tesis para provocar, realmente, un cambio en la sociedad. "Cambiar la mente de los hombres", que rezaba aquel papel fundamental de 1948. Aquí sí que la acción de la novela encaja y se sigue, pues es por boca del protagonista y en conversaciones con personajes secundarios que se emiten distintos veredictos, más o menos discutibles, sobre la importancia y capacidad de estos movimientos sociales. Siendo Santiago un cabrón despiadado, como es, es fácil intuir qué opina y cómo los siente de cercanos. En todo caso, una buena hostia se rifa durante todo el libro, y en algunos momentos crees que ciertos puntos se han tratado de forma superficial, es decir, que se podría haber "rascado" un poco más.

El tercer libro me pareció decepcionante, insípido: es la trama "negra", la peripecia detectivesca del protagonista que trata de resolver un crimen y se deja llevar por un torbellino de pistas, de emails contradictorios, de misterios. Desgraciadamente, gran parte del peso de la novela recae sobre este punto, sobre todo la última parte, y el embrollo, que comienza con algún interés, se desinfla y pierde sustancia, camina por tierra de nadie y termina, todavía peor, en ningún sitio. Como si el narrador se perdiera, o mejor: como si hubiera perdido el interés por su historia. La propuesta de conclusión no tiene color ni brillo, se queda coja, y lo que pretende ser un giro final que resuma el palpitar último de toda la novela es, para tristeza del lector, inconsistente. Una sensación de vacío tal que faltaran cien páginas, que la edición está castrada, o algo así.

Dado que Olmos escribe fácil y tiene gracia cuando quiere, el libro se sigue hasta el final. Pero la sensación de que las últimas cien páginas se te hacen cuesta arriba es evidente. Y tiene 279.

Otros libros de Alberto Olmos en Un Libro Al Día: Trenes hacia TokioVida y opiniones de Juan Mal-heridoAlabanza

viernes, 18 de marzo de 2016

Jon Bilbao: Estrómboli

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable, rozando el imprescindible

En un artículo reciente, Alberto Olmos decía que en España hay dos escritores reconocibles como tales: Jon Bilbao y Óscar Esquivias. Si lo dice Alberto Olmos, quién soy yo para llevarle la contraria. Lo que yo puedo decir es que hace tiempo que no recuerdo haber leído un libro de relatos tan bueno como Estrómboli; y no digo "un libro de relatos español", no, digo un libro de relatos en general. Claro, Técnicas de iluminación por ejemplo me gustó, pero es otra cosa: Eloy Tizón es sobre todo un maestro del estilo y de la imagen; Jon Bilbao es un narrador puro, un contador de historias, sin que eso suponga un descuido del estilo ni mucho menos.

Jon Bilbao escribe de desencuentros trágicos, de malentendidos dolorosos, de conflictos profundos y muchas veces insolubles; escribe historias violentas, o historias que contienen violencia. En muchos casos se trata de tensiones reprimidas o inconscientes, que esperan una grieta en la realidad para salir a la superficie; "Estrómboli", el relato que da título al volumen y lo cierra, termina con una imagen muy representativa del modo como estas tensiones psicológicas e interpersonales se acumulan y se liberan cuando la presión se vuelve insostenible:
...el magma ascendía por la chimenea volcánica hasta el cráter [...]. Al subir por la chimenea, la parte superior del magma se enfriaba y solidificaba, formando un tapón. El magma de más abajo liberaba el vapor de agua y los productos gaseosos albergados en su interior. Los gases y el vapor generaban una burbuja que crecía hasta reventar el tapón. Esto sucedía cada veinte minutos.
En "Crónica distanciada de mi último verano", la violencia es la que se crea entre el narrador y un grupo de moteros que lo acosa, pero también entre la propia pareja protagonista. "El peso de tu hijo en oro" gira en torno a un accidente brutal e imprevisible que destroza la vida de sus protagonistas; en "Siempre hay algo peor" es un San Francisco corrupto y mafioso el que condiciona las vidas (y las muerte) de los personajes. "Avicularia avicularia" es un cuento grotesco, casi tremendista, sobre los límites a los que podemos llegar por nuestra familia; "El castigo más deseado", que tiene algunos paralelismos con "El peso de tu hijo en oro", hay corrientes subterráneas (o submarinas) de odio que solo se desvelan en las últimas páginas.


Los relatos de Estrómboli, como los de otros libros de Jon Bilbao, son decididamente cosmopolitas: Reno, San Francisco, Nueva Zelanda, Estrómboli... (Para compensar, también hay relatos situados en el País Vasco, en Tarragona, en los Picos de Europa....) Creo que este cosmopolitismo no es una simple búsqueda de variedad de paisajes: es también un indicativo de que Jon Bilbao se inscribe, conscientemente, en una tradición que va más allá de la española; una tradición que incluye muy particularmente la narrativa americana (Hemingway, McCarthy, Carver, Salter...). El estilo conciso, poco adornado pero muy efectivo, o el realismo crudo que impregna los relatos, también me parece heredero de esta tradición americana.

Jon Bilbao es, como dice Alberto Olmos, un escritor. No hace falta ni siquiera ponerle adjetivos. Es un pedazo de escritor. Despliega una escritura clásica, maciza, poco dado a experimentaciones formales, pero en la que también es muy difícil encontrar grietas. Es verdad que algunos finales de algunos cuentos me han dejado con ganas de más, con ganas de que se los relatos se hubieran cerrado de forma más contundente, o con ganas de que se hubieran resuelto de otra forma. Pero para eso haría falta que los cuentos los hubiera escrito yo, y no, los ha escrito Jon Bilbao; y con ellos ha construido uno de los mejores libros de relato que se han publicado en España en los últimos años.

También de Jon Bilbao en ULAD: Shakespeare y la ballenaComo una historia de terrorFísica familiar, Padres, hijos y primates

miércoles, 27 de abril de 2016

Óscar Esquivias: Andarás perdido por el mundo


Idioma original: Español
Año publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable


Recientemente decía Alberto Olmos en un artículo que en España hay dos escritores reconocibles como tales: Jon Bilbao y Oscar Esquivias.

Santi, en su reseña de "Strómboli", lo corroboró en lo tocante a Jon Bilbao.

Y ahora tocaba comprobar si Alberto Olmos también llevaba razón en lo referente al burgalés Óscar Esquivias. Ya habíamos comprobado las dotes del Esquivias novelista en su "trilogía dantesca" y ahora queríamos testear su versión "cuentista".

Pues bien. Los relatos (cuentos, historias o como prefiráis) que componen “Andarás perdido por el mundo” vuelven a poner de manifiesto la habilidad de Esquivias. Un escritor muy castellano, tradicional en las formas, con una prosa elegante y sobria y siempre en busca de la palabra precisa. Un muy buen escritor.

Los catorce relatos, escritos todos ellos por encargo y ya publicados con anterioridad en libros colectivos, revistas o antologías, se sitúan geográficamente en lugares tan variopintos como Madrid, África, Florencia, Rusia, Los Ángeles, París o, cómo no, Burgos y temporalmente abarcan desde el siglo XIX hasta nuestros días.

Pero sí que poseen una serie de rasgos comunes. Principalmente los protagonistas, en su inmensa mayoría niños, adolescentes o jóvenes (¡cómo no se va a andar perdido por el mundo a esas edades!) y los temas, que son los inherentes a esos períodos de la vida, es decir, los descubrimientos, los extrañamientos, la frustración, el desengaño, el aprendizaje en su más amplio sentido.

El libro comienza de forma totalmente deslumbrante con cuatro relatos de un nivel, en mi opinión, altísimo.

“Todo un mundo lejano” narra de forma magistral la evolución de la fe religiosa de un grupo de jóvenes y las contradicciones entre esa fe y la sexualidad, con un final abrupto y sorprendente. La descripción del ambiente en el que se desarrolla el relato es de lo mejor de todo el libro. 

“Curso de natación” es un relato de apenas dos páginas que definiría con una palabra: desengaño.

“El chino de Cuatroca” es el relato barojiano-dickensiano del libro. Con su toque de costumbrismo y picaresca. En él asistimos a los intentos de un joven ecuatoriano por entrar en el mundo de los adultos en el Madrid del siglo XXI. 

Llegamos después a “La Florida”, otra de las joyas del libro. Un relato tierno y hermoso, con tintes autobiográficos, en el que un narrador adulto recuerda escenas familiares de su infancia que, con el paso de los años, revelan su verdadero significado.

Los cuatro siguientes, el místico “El joven de Gorea”, el homenaje a Leskov de “El príncipe Hamlet de Mtsensk”, acerca de las dudas y el desencanto juvenil, “Los chinos” y el gamberro “Temblad, filisteos”, pese a ser más que correctos, no llegan, en mi opinión, al nivel de los anteriores.

El libro remonta vuelo con “La última víctima de Trafalgar” y “La casa de las mimosas”.

“La última víctima de Trafalgar” es el relato más largo del libro (unas 40 páginas) y se trata de una divertidísima y disparatada historia con turbios profesores universitarios, enamoradizos y vengativos piratas de tiempos remotos y legajos históricos de dudosa procedencia. 

En “La casa de las mimosas” se retoman los temas de “Curso de natación” o “La Florida”, con, de nuevo, un narrador adulto que rememora su infancia y su descubrimiento del mundo de los adultos. Aunque en este caso el escenario pasa de Oña (en "La Florida) a Los Ángeles.

“Mambo” es un simpático relato breve por debajo de los dos anteriores.

“El mejor de los mundos” nos vuelve a traer a un joven desorientado y plagado de dudas, con África como telón de fondo.

Se cierra el libro con dos relatos que vuelven a elevarse por encima de la media del libro.

Uno es “El misterio de la Encarnación”, el relato proustiano de Esquivias, en el que la famosa magdalena del francés es sustituida por una nota de oboe. Nuevamente, asistimos en él a los descubrimientos y extrañamientos que el mundo de los adultos supone, en este caso, para un preadolescente.

El relato final, “El arpa eólica”, es una divertida y tenebrosa historia al más puro estilo de Edgar Allan Poe o de H.P. Lovecraft. En él, la música tiene un importante papel, como en muchos otros relatos del libro.

En resumen, una obra con un nivel medio muy alto en la que encontramos alguno de los mejores relatos publicados en lengua castellana en lo que llevamos de siglo (opinión muy personal, por supuesto). Y no, no  me hace falta haberlos leído todos.

Ahora bien, después de leerla, no sé si quedarme con el Esquivias novelista o con el Esquivias cuentista. No lo tengo claro.

Pero hay una cosa que sí tengo clara: en lo que se refiere a Oscar Esquivias, Alberto Olmos también llevaba razón.


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Tras  preparar la reseña y, en vista de la gran idea que tuvo Francesc en reseña de el libro de Javier Calvo "El fantasma en el libro", se planteó la idea de tener una pequeña charla con Óscar Esquivias.

Gracias a la amabilidad de Óscar, aquí la tenéis:

ULAD:  ¿Cómo surge la idea de recopilar en un único volumen estos 14 relatos ya previamente publicados pero que estaban un poco “perdidos por el mundo”?

O.E: Sucedió cuando me di cuenta, a finales del año pasado, que no iba a terminar pronto la novela en la que andaba (ando) enfrascado desde hace un lustro. Me dije: ¿Por qué no publicar ahora estos relatos que casi nadie conoce? Se lo comenté a mi editor y dos meses después el libro estaba en la calle.

ULAD: Imagino que habrá muchos más relatos por ahí dispersos o pendientes de publicar. ¿Por qué, entonces, estos 14 y no otros?

O.E: Porque estos catorce tienen en común ciertos elementos (la juventud, cierta idea del desamparo, la variedad de localizaciones, la voz masculina) que hacen que puedan integrarse con cierta coherencia dentro de un mismo ciclo narrativo. Los que quedaron fuera desentonarían, a mi juicio, dentro de este conjunto.

ULAD: Según comentas al final del libro, muchos relatos corresponden a determinados encargos para revistas, libros colectivos, etc. ¿Antecede el encargo al relato o el relato al encargo y lo que hay es una adaptación del relato a las circunstancias?

O.E.: Todos nacieron gracias a los encargos, en ningún caso reciclé un cuento preexistente. En mi caso, los encargos suelen disparar mi imaginación.

ULAD: Hay varios relatos de corte autobiográfico. Después de tantos años escribiendo, ¿sigue habiendo algo de pudor o de vergüenza a la hora de escribir ciertas cosas?

O.E.: Más que autobiográficos, algunos de los cuentos se ambientan en lugares que conozco muy bien, como el barrio de Gamonal de Burgos o el de Cuatro Caminos de Madrid, pero en ninguno de ellos cuento exactamente mi vida. Evito la llamada autoficción (género en el que hay obras que me entusiasman) porque siento cierto pudor no tanto a hablar sobre mí mismo como sobre los demás. Me parece que traiciono a las personas que quiero si narro episodios –aunque sean inocentes– en los que estuvieron involucradas. 

ULAD: En el libro hay un relato barojiano (“El chino de Cuatroca”), otro proustiano (“El misterio de la Encarnación”) y otro lovecraftiano (“El arpa eólica”). Como lector, ¿con cuál de estos tres monstruos de la literatura te quedas?

O.E.: Baroja es el autor al que mejor conozco de los tres. Es un escritor que me entusiasma y al que me siento muy afín. 

ULAD: El hecho de que la gran mayoría de relatos esté protagonizado por niños, jóvenes o adolescentes, ¿implica un especial interés por las situaciones y procesos que tienen lugar en estos períodos de la vida o es pura casualidad?

O.E.: Uno de los asuntos que me gusta abordar en mi obra es el autoconocimiento, especialmente en ciertos cuentos que se centran en un momento de epifanía de los personajes. Uno puede tener estas iluminaciones íntimas a lo largo de toda su vida, pero generalmente es en la juventud cuando se producen los descubrimientos vitales más importantes.

ULAD: Cambiando de tema. Eres un escritor joven, pero con una obra premiada, extensa y variada, que va desde la novela juvenil, la novela, el relato o incluso el ensayo. ¿En qué género te sientes más cómodo?

O.E.: Gracias por lo de joven. Creo que lo que mejor se me da es la novela y el cuento, o al menos son los géneros donde siento que he llegado más alto y para los que estoy mejor dotado.

ULAD: De toda tu obra, “Inquietud en el paraíso” es para algunos miembros del blog de lo mejor que se ha escrito en lengua castellana en el siglo XXI. Teniendo en cuenta que se publicó en la Editorial DeBolsillo (una de las “grandes”), ¿qué pudo fallar para que no te convirtieras en un escritor más conocido para el gran público?

O.E.: Yo no me quejo de la porción de éxito que me ha tocado, en absoluto. Por recordar a un autor aquí citado, hoy leemos y apreciamos a Baroja, lo consideramos un autor vigente e importante y los escolares lo estudian, pero a veces nos olvidamos de que, en su momento, los escritores más populares y que más vendían no eran él, Valle Inclán o Unamuno, sino el Caballero Audaz y otros de ese estilo. 

ULAD: Vinculado a lo anterior, ¿qué diferencias hay entre trabajar con una editorial grande y trabajar con otra más pequeña como Ediciones del Viento, con la que llevas ya muchos años?

O.E.: Supongo que una editorial pequeña es más ágil y flexible para decidir la publicación de un libro, mientras que en una grande todo se planifica con más tiempo y, según los casos, se interviene en el texto del autor para satisfacer las demandas de su público. Para bien o para mal, el texto que yo envío a la editorial es el mismo que aparece impreso.

ULAD: Hablando de Ediciones del Viento, hace poco vi en su web que “Andarás perdido por el mundo” ya va por su segunda edición. Todo un éxito (merecido, además). ¿A qué crees que puede deberse?

O.E.: No lo sé. Los libros de cuentos suelen pasar más inadvertidos y a mí mismo me ha sorprendido su éxito (su modesto éxito, tampoco es que se esté vendiendo como El código Da Vinci). Seguramente ha influido que hacía mucho tiempo que no sacaba ninguna novedad y mis pocos (pero animosos) lectores estaban ya impacientes.

ULAD: Por último, teniendo en cuenta la variedad de registros en la que te mueves ¿con que nos sorprenderás próximamente? ¿O lo dejamos en secreto?

O.E.: Tengo varios proyectos entre manos con sendos amigos que son grandes artistas, el ilustrador Miguel Navia y el fotógrafo Asís G. Ayerbe. Y luego debería terminar esa novela que llevo escribiendo desde hace un lustro (a este paso va a terminar antes ella conmigo). No sé cuál de todos estos proyectos nacerá primero, así que el primer sorprendido voy a ser yo mismo.

Otras obras de Óscar Esquivias en ULAD: Aquí




martes, 7 de febrero de 2017

Txani Rodríguez: Si quieres, puedes quedarte aquí

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Creo que algún día alguien hará una tesis doctoral sobre las "narrativas de la huida" o "narrativas del aislamiento" que parecen estar en boga en esta segunda década del siglo XXI: me refiero a novelas en las que los (y muy frecuentemente las) protagonistas huyen del espacio urbano para recluirse en el campo o en la costa, en lugares abandonados o aislados, intentando huir de algo o reencontrarse consigo mismos. Ejemplos de este subgénero: Alabanza de Alberto Olmos, Por si se va la luz o Piel de lobo de Lara Moreno, El límite interior de Nere Basabe... Es posible que este futuro doctorando relacione esta tendencia con la ansiedad de la hiperconectividad o algún otro palabro parecido; yo ahí lo dejo.

El caso es que Si quieres, puedes quedarte aquí encaja también en ese patrón: quien se aísla en el campo es, en este caso, Andrea, una joven filóloga de Bilbao en una complicada situación emocional con su novio Gonzalo, que busca tranquilidad en una cabaña en el monte, rodeada de ovejas y personajes extraños, como Otermin, el encargado de las cabañas y las ovejas; Rosario, una mujer que cocina para una asociación de jubiladas, o un grupo de escritores new age que hacen retiros espirituales y follan unos con otros. Entre estos personajes, Andrea encontrará complicidad, apoyo o deseo (¿amor?), pero también sospecha, violencia o envidia, hasta que se ve colocada en una situación en que debe tomar una decisión vital para él y para quienes la rodean.

Si quieres, puedes quedarte aquí es una buena novela (fue finalista del XLVII Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro): está bien escrita, aunque algunas decisiones estilísticas me parezcan cuestionables; mantiene la tensión; crea un grupo de personajes creíbles y bien ensamblados, en algunos casos algo unidimensionales pero siempre creíbles. Su lectura se hace amena y adictiva, lo que es una virtud que no tantas novelas tienen y que suele estar infravalorada entre los críticos.

El mayor problema que le veo a esta novela es, precisamente, que sigue demasiado de cerca la estela de Por si se va la luz; no digo que haya una copia, ni siquiera una influencia directa; no sé si Txani Rodríguez ha leído a Lara Moreno. Pero para quien ha leído ya una novela, la otra no aporta excesivas novedades al subgénero, aunque narrativamente, en el sentido de la construcción de la trama, creo que Si quieres puedes quedarte aquí es superior (no así en el estilo, en que Lara Moreno es más innovadora). Veremos si en los próximos años estas autoras, u otros escritores, ofrecen nuevas aportaciones a esta "narrativa del aislamiento" para nuestro futuro (hipotético) doctorando.

miércoles, 10 de julio de 2024

Lorenzo Montatore: La mentira por delante

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: está bien (sobre todo para fans)

Contra lo que pueda sugerir la valoración de este libro y antes que nada, debo decir que yo nunca he sido demasiado fan de Francisco Umbral. En mi juventud de aspirante a cultureta leí dos libros suyos que no me entusiasmaron, precisamente (uno de ellos sobre Valle-Inclán, que me pareció directamente un timo y el otro, una novela que se desarrollaba en un poblado chabolista de Madrid anejo a cementerio, al menos tenía la gracia (?) de ser bastante delirante... Sí, ya sé lo que me vais a decir: que debería de leer Mortal y rosa, pero mirad, ya tuve suficiente). Sus celebradas columnas periodísticas tampoco me llamaban la atención, aunque debo reconocer su facilidad para la metáfora ocurrente. Y, como personaje público, Umbral era, en mis años mozuelos, uno de los pocos escritores (junto al ínclito Cela, Antonio Gala, Sánchez-Dragó... aunque me cuesta incluir a este señor en el gremio) que salían a menudo por la tele e incluso eran carne de imitación por los humoristas, por lo que eran reconocibles para una mayoría de gentes que nunca habían leído sus libros ni se les pasaba por la cabeza hacerlo. En el caso de Francisco Umbral, se hizo más célebre aún por haberle soltado una encendida diatriba a Mercedes Milá (visto lo visto, bien que hizo), que se convirtió en una ocurrencia recurrente en España durante años y aun décadas.

Ahora bien, que a mí no me gustara este escritor no quiere decir que no haya, incluso hoy, gente fascinada por su prosa sonajero florida, su voluntariosa figura de dandy (?) y su aún más férreo propósito de convertirse en una personalidad literaria de renombre (este es el caso, creo, de Alberto Olmos, aunque no sé si él ya ha renunciado a hacer lo propio). esta misma maravilla por el influjo umbraliano es la que debe haber impulsado al autor de este cómic, él sabrá por qué, a realizar el mismo, que resulta ser una suerte de panegírico caricaturesco a mayor gloria de Umbral y sus contemporáneos.

Digo "caricaturesco" no porque este libro -tebeo, según su propio autor- sea una sátira o parodia de nada o de nadie, sino por el estilo de dibujo de Lorenzo Montatore, con evidente influencia tanto de la "escuela Bruguera" como de la mítica revista La Codorniz. Que tiene gran talento para la caricatura lo atestiguan los retratos que hace de los ya mencionados Umbral y Milá, pero también de Lola Flores, Massiel, Carrillo, los ya mencionados Cela y Sánchez-Dragó, Delibes, Pérez-Reverte, Los Ramones, Ramoncín, el Rey Emérito, García Berlanga, Jesús Hermida, Pitita Ridruejo,... en fin, toda una heteróclita colección de personajes que tienen en común, aparte de ser en su mayoría escritores (juntaletras, en algún caso), eran una parte importante de esa sociedad que salía en los medios (es decir, la tele) en aquellos procelosos y demasiado recordados años 80 y 90, cuando el protagonista de esta biografía era también una estrellita mediática, al menos en España. También aparecen otros escritores de otro tiempo que Umbral tenía o pretendía tener como refrentes (en algún caso, para criticarlo): Valle-Inclán, Pío Baroja, Gómez de la Serna, Larra...

La parte mollar del libro, no obstante, y quizás lo más destacable para retratar al biografiado, puede que sean, más bien, las muchas sentencias de este escritor recogidas aquí, toda una serie de frases lapidarias, a modo de aforismos en las que Umbral, un escritor especialmente dotado para el regate en corto (desde luego, más que para el juego estratégico), mostraba su versión más brillante. La mayoría de estas sentencias tratan, cómo no, sobre la literatura, aunque no todas: 

-"Soy un vendedor de metáforas de parroquia."
- "Prefiero el robo a la influencia. El robo y el asesinato."
-"La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad."
-"La vejez es asistir al propio pasado."
-"Yo no he vivido, no he llegado a tocar nunca la realidad porque todo lo he vivido literariamente."
-"Mis libros me vivirán cuando yo muera."
-"Poeta es el que sólo escribe cuando se le ha ocurrido algo. Prosista es aquel a quien se le ocurren las cosas escribiendo."
-"Había nacido poeta lírico y lo puse todo en prosa para vivir."
-"Hace falta mucha humanidad para mirar como mira un perro."
-"El niño nos lleva a los reinos de lo pequeño. Acude a nuestra propia infancia dormida."
-"La infancia es una multitud, una aglomeración, una angostura. cada cinco o seis meses el niño es otro. El niño es sucesivo."
- "El dandismo tiene que ir por dentro."
-"Soy un quinqui vestido por Pierre Cardin."

Sin embargo, la frase por la que pasará a la Historia, aquella que recuerdan todos los que vivieron aquel momento y también muchos que no lo vivieron no la escribió, sino que la pronunció cual Zeus tonante en un plató de televisión. Una frase mítica, por menos de la cual a algunos les han dado el premio Nobel (que no digo que Umbral se lo mereciera, ojo, ni de lejos, pero algún contemporáneo suyo, tampoco):

Amén.

sábado, 7 de septiembre de 2024

Contrarreseña: Un amor de Sara Mesa

Idioma original:
español
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy recomendable

Los grandes cismas de la historia de la humanidad (Catolicismo vs. Protestantismo, Comunismo vs. Capitalismo, Barcelona vs. Real Madrid) no son nada comparados con algunas de las discrepancias que atraviesan al equipo de este modesto blog de crítica literaria: Murakami, Knausgard, Marías o Houllebecq son algunos de los autores que pueden llevar a duelos a florete al amanecer entre la comunidad uladiana. Otra autora que tiene esa "capacidad divisoria" es Sara Mesa, a quien hemos adjudicado valoraciones que van desde el imprescindible de Cuatro por cuatro o el Muy recomendable de Cicatriz o Cara de pan, hasta otras más medianas (o mediocres) como el "está bien" de Un incendio invisible o Mala letra. Esta reseña, de hecho, es una respuesta a la obra peor valorada de la autora, Un amor, que recibió un parco "Se deja leer" por parte de Juan G. B., quizás el máximo y más vocal antimesista (o sillista) del blog.

Efectivamente, como se puede ver por la valoración, a mí Un amor me ha gustado bastante más que a Juan, y no porque estemos en desacuerdo en muchas de nuestras lecturas de la novela sino porque lo que a él le parecen defectos, curiosamente a mí me han parecido virtudes.

Dice Juan, por ejemplo, que la novela se centra en una protagonista irritante: la traductora Natalia, que decide huir de la ciudad (y de sus carísimos alquileres) para establecerse en una casa ruinosa en un pueblo perdido (e inventado), integrándose así en una línea de la narrativa española en la que destacan títulos como Alabanza de Alberto Olmos, Por si se va la luz o Piel de lobo de Lara Moreno o El límite interior de Nere Basabe. Estoy de acuerdo, por otro lado, en que Natalia, o Nat, es una persona antisocial, egocéntrica e irresponsable, pero... nadie dijo que los personajes nos tengan que caernos bien para ser interesantes. De hecho, es una marca definidora de la narrativa de Sara Mesa el construir personajes atípicos, antipáticos, excéntricos y que toman decisiones sorprendentes o inexplicables, que pueden incluso resultar inverosímiles, llevados por el instinto, la necesidad, el deseo o el trauma. 
 
En Un amor, de hecho, Natalia tomará varias decisiones claramente autodestructivas (la fundamental, la que da título a la obra, será iniciar una relación amorosa con... con uno de los personajes masculinos, no diré cuál para no estropear la novela a futuros lectores) que pueden estar fundamentadas en un trauma anterior, una explicación poco desarrollada que personalmente me parece algo simplista psicológicamente hablando. La forma como se comporta puede parecer inverosímil o injustificada, pero no deja de ser un comportamiento humanamente posible, y Sara Mesa consigue profundizar en cada momento de ese proceso de forma que minuciosa y creíble.
 
Otra cosa que dice en su reseña Juan es que los conflictos y la sensación de opresión que Natalia vive en el pueblo no es "real", sino que responde a su propia psicología y a su predisposición previa. Una vez más, estoy de acuerdo, pero una vez más, esto no me parece en absoluto un defecto sino, simplemente, una técnica narrativa. Aunque la novela esté escrita en tercera persona, el punto de vista es obviamente el de Natalia, y es un punto de vista necesariamente parcial, y en este caso deformado por esa suspicacia que la caracteriza. Así, no solo el personaje del casero aparece marcado de forma claramente negativa, sino que también se establece una distancia hacia los personajes de Píter (un hippie bienintencionado aunque por momentos resulte bastante pesado), de la chica de la tienda del pueblo, del "alemán" (un misterioso y silencioso hombre que, por supuesto, no es alemán) o de los vecinos, una familia urbanita y típicamente burguesa. Esta frialdad y ese distanciamiento en relación con el mundo solo se rompe cuando en el mundo de Nat entra el "amor" del título, aunque, obviamente, tratándose de Sara Mesa no es un amor de unicornios que vomitan arco iris, sino algo bien diferente.

Coincidimos, por último, Juan y yo, en el que creo que es casi el único elogio que le dedica en su reseña: a lo largo de su trayectoria, Sara Mesa ha perfeccionado un estilo clínico, funcional, que viene a corresponder perfectamente con el distanciamiento emocional que demuestran sus personajes. Podríamos desear que la escritora hubiese optado por un estilo más emotivo, más exuberante o más rompedor (como los de Mónica Ojeda o Andrea Abreu, por poner dos ejemplos), pero entonces Sara Mesa no sería Sara Mesa. Y a Sara Mesa hay que quererla (u odiarla) como es. 

Sé que no habré convencido a Juan (ni al resto de los antimesistas del blog) con esta contrarreseña; tampoco era esa mi intención. Creo que la propuesta estética de Sara Mesa tiene una personalidad propia, establecida y original, y es bueno que esto provoque adhesiones y rechazos. Personalmente, seguiré leyendo lo que escriba con interés (y tengo, de hecho, pendiente La familia), y, si mantiene el nivel de sus últimos libros, seguiré reseñándola positivamente.


También de Sara Mesa en ULAD: Aquí

lunes, 17 de marzo de 2025

Padres de libro: Literatura infantil de Alejandro Zambra

Coincidiendo con el Día del Padre (19 de marzo), en ULAD hemos pensado dedicar una serie de entradas a libros que tratan, de una manera o de otra, el tema de la paternidad: exaltándola o problematizándola, mostrando sus múltiples alegrías, y también sus miserias y dificultades. Libros de épocas y literaturas muy diversas, que reflexionan sobre el modo como los hijos se relacionan con sus padres, y los padres con sus hijos. Esperamos que resulte interesante y que, en conjunto, la serie permita abrir reflexiones sobre lo que significa (lo que puede o debe significar) ser padre hoy en día.
 
 
Idioma original: español
Año de publicación: 2023
Valoración: Muy recomendable (aunque no responda exactamente a lo que esperaba de ella)
 
Leyendo Poeta chileno, ya se detecta una sensibilidad muy especial (teñida, eso sí, por la alargada sombra de Bolaño) de Alejandro Zambra para describir las relaciones familiares, paternofiliales y también el mundo de la infancia, su forma de ver el mundo, su particular lenguaje y su universo imaginativo. Literatura infantil recupera muchos de estos temas, y muy particularmente la idea de relación entre padres e hijos (el masculino aquí no es genérico, si es que lo es realmente alguna vez), adoptando en este caso un formato genérico próximo a la autobiografía (o autoficción). 

El libro se divide en dos partes, y hay entre ambas una relación especular: la primera (que sí corresponde a lo que esperaba de este libro) se centra fundamentalmente en la relación de Alejandro Zambra con su hijo y, en general, con su recién adquirida paternidad (el antes, el durante y el después); y la segunda parte, en cambio, orbita más en torno a la relación del escritor con su padre, por lo que, estando igualmente bien escrita, me ha interesado algo menos. No cabe duda de que esta correspondencia entre ambas partes responde a una de la ideas centrales del libro: que la relación con un hijo hace que te replantees la relación con tu propio padre, y reconsiderar tu propia infancia. O, en palabras del propio texto, "Cuando tienes un hijo, vuelves a ser hijo".
 
Como digo, la primera parte, compuesta por ocho capítulos independientes, es la que más me ha satisfecho, por responder a mis expectativas y porque, como también dice el propio texto, viene a llenar un cierto silencio literario que poco a poco se va llenando de voces: el que explica, analiza y representa la relación de los padres con sus hijos. Además, en esta primera parte (sobre todo en el primer texto, que se titula, como el libro, "Literatura infantil" y que es una especie de diario intermitente del primer año de vida de su hijo) he encontrado la mezcla exacta y precisa de ternura, sensibilidad y humor que me parece necesaria para narrar la experiencia de la paternidad. Digamos que si hubiera una escala entre la excesiva sublimación emocional de Umbilical y la aridez machuna de Irene y el aire de Alberto Olmos (que también reseñaré esta semana), Literatura infantil se situaría exactamente en un el punto adecuado (que no es necesariamente el medio) para tratar este tema. (Añado, entre paréntesis, que también Hijos del fútbol de Gálder Reguera, que perfectamente podría haber entrado en esta serie si no estuviese ya reseñado, también se encuentra muy cerca de ese punto dulce).
 
El autor es consciente de esta elección estética, obviamente, y también de que va en contra de una cierta idea de masculinidad y de "buen gusto", y lo plasma en el propio texto:
Durante siglos la literatura ha evitado el sentimentalismo como a una peste. Tengo la impresión de que hasta el día de hoy muchos escritores preferirían ser ignorados antes que correr el riesgo de ser considerados cursis o sensibleros. Y es verdad que, a la hora de escribir sobre nuestros hijos, la felicidad y la ternura desafían nuestra antigua y masculina idea de lo comunicable. ¿Qué hacer, entonces, con la satisfacción gozosa y necesariamente bobalicona de ver a un hijo ponerse de pie o comenzar a hablar?
Otros textos de esta primera parte tratan otros aspectos de la experiencia de la paternidad: la elección del nombre, la lectura de cuentos antes de dormir y, justo al final de esta sección, el confinamiento por causa del covid. Ninguno está a la altura, pienso, del primero, el diario de un padre primerizo, pero todos son buenos, cada uno a su manera.
 
Después, en la segunda sección, el foco del libro va girando hacia el otro ángulo del tema de la paternidad: la relación que el escritor tiene con su propio padre, sobre todo a partir del capítulo titulado "Rascacielos". (Antes viene un cuento protagonizado por niños, "Garabatos", que sin ser malo no me parece que acabe de encajar en el conjunto). También en esta segunda parte hay capítulos notables, siempre en ese registro autobiográfico/autoficcional, contados con sensibilidad y humor, como "Cogoteros de ojos azules" o "Lecciones tardías de pesca con mosca", pero personalmente no he disfrutado tanto de esta segunda parte del libro, porque lo que esperaba, lo que venía buscando, ya lo había encontrado en la primera.
 
En todo caso, este libro es uno de los mejores representantes que se me ocurren para esta semana de reseñas dedicada a la paternidad...

Otras reseñas de Alejandro Zambra en ULAD, aquí.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

ULAD 5000 versión Deluxe (anecdotario)

Hace algunas semanas celebramos aquí mismo la publicación de nuestra entrada número 5.000 Desde entonces hemos recibido la felicitación de mucha gente, empezando, claro está, por quienes comentaron la efemérides en el propio blog y en nuestras redes sociales. Fuera de los focos recibimos también la enhorabuena y saludos de distinto carácter procedentes de gentes de la literatura (editores, autores, etc.), pero también de la crítica literaria, de los medios de comunicación, incluso de la política y, oh sorpresa, del mundo del deporte. A todos ellos agradecemos la atención y el interés que nos han prestado

La época navideña nos ha parecido un buen momento para terminar de recopilar y ordenar esta apreciable cantidad de mensajes, y ahora mismo tenemos el placer de compartir con los lectores algunos de ellos, los que por alguna razón nos han parecido más llamativos, En la mayoría de casos hemos pedido autorización para poder hacerlos público, pero hay que reconocer que no en todos:

Óscar López (Página 2): "Felicidades por vuestra permanente huida de la mediocridad, por la acertada combinación de autores estrella y nuevos talentos, por seguir sorprendiendo al lector cada semana."

Santiago Muñoz Machado: "Desde una institución centenaria como la RAE, un afectuoso saludo para estas nuevas formas de expresión del siglo XXI."

Risto Mejide: "Constancia, perseverancia e irreverencia no exentas de calidad. ¡Para mi sois un sí, chicos!"

Tongoy: "Parece que no os cansáis, eso está bien. Seguid con vuestro buenrollismo beatífico, a ver si llegáis a 10.000 o a 50.000, y algún director de suplemento cultural os pone una columnita semanal. Vuestra vocación es la de estómagos agradecidos, vais por buen camino. Yo sigo por el mío."

Alberto Olmos: "No me gusta la literatura española publicada en 2022, no me gusta la crítica literaria predominante y no me gustan los blogs, pero vuestras reseñas son una referencia (aunque no tanto como mis afiladas columnas)."

Michel Houellebecq: "La poca esperanza de salvaguardar la cultura occidental está en manos de personas como vosotros, aldea gala frente a la multiculturalidad uniformadora."

Carles Francino: "Una gente estupenda. Tuvieron la gran deferencia de venir a La Ventana y, sin duda, esa entrevista será el toque de calidad que servirá para proporcionarnos el próximo premio Ondas. Se lo dedicamos desde ya a Un Libro Al Día."

Arturo Pérez-Reverte: "Espléndido blog, sin las mariconadas ni blandenguerías de esos 'wokes' y ofendiditos que avergüenzan a esta pobre España, hijos ingratos de una madre resignada, pero siempre digna."

Benjamín Prado: "Mira que le dije a Francino que no os llamara, que le ibais a robar el programa... (bueno, vale, a mí)."

La Sexta: "Gracias por vuestra eterna inspiración."

Rosalía: "Una motomami siempre lee Un Libro al Día pa que parezca que se lo ha leído tó."

Telecinco: "¿Un "qué" al día?"

Lucía Etxebarria: "Un Libro al Día es un gran blog, pero porque plagia mi propio blog, 'Con Lucía, un libro cada día'. Es cierto que el blog no he llegado a hacerlo, pero la idea era mía."

Paulo Coelho: "Felicitaciones y bienvenidos seáis, uladianos, si es que en estos años habéis conseguido aproximaros a la Vida Pura. Mirad en vuestro corazón y tal vez veáis alguna mancha, alguna pequeña injusticia cometida contra el inocente (y no voy a personalizar, no). No debéis temer. Si el Camino es recto, aunque no lo creáis, veréis enseguida la Luz, el daño será perdonado y volveréis a estar en comunión con Todas las Cosas."

Mariano Rajoy: "Un libro al día son 365 (o 366) libros al año, lo cual no es una cosa menor. Ni mayor. Después de un día viene otro día. Con una noche por medio, dirán algunos. Y es verdad. Por tanto, felicidades a ULAD por las más de 5000 reseñas y los más de 5000 días y 5000 noches."

Irene Montero: "He abierto expediente informativo para determinar si en ese blog se respeta la paridad de libros escritos por mujeres (que creo que no), si se presta suficiente atención a las personas del colectivo LGTBIQ+ y especialmente a las personas trans, y para tener constancia de si la proporción de reseñistes es también paritaria, lo que sospechamos que tampoco. Tomen nota y vayan corrigiendo sus micromachismos porque lo exigiremos con toda firmeza."

Benjamín Prado: "¿Sabéis el chiste aquél de la enfermera y el loro?"

Haruki Murakami: "Cuando vuelvo cada día de correr, después de una relajante sauna finlandesa y un exquisito té verde, me gusta sentarme a leer la reseña de Un Libro Al Día, mientras oigo algún disco de suave y melancólico jazz. Me resultan encantadoramente ingenuos, sobre todo porque se empeñan en reseñar los libros de Ryūnosuke pensando que son míos y siempre le ponen una buena valoración."

Santiago Abascal: "Esta gente no parecen muy buenos españoles y, sobre todo, les gustan demasiado los libros, pero, al menos, seguro que son de los que madrugan, aunque sólo sea para llegar a tiempo con sus reseñas."

Elon Musk: "Cuánto me pagaríais por la marca azul?"

Felipe VI: "Todos los españoles merecen una buena reseña. Los Borbones, una mejor."

Donald Trump: "Creo que sois buenos muchachos, pero a mí no me engañáis... ¿Cinco mil entradas? ¿Quién se va a creer que existen cinco mil libros diferentes? De todas maneras, me han dicho que no estáis en Truth Social, eso sí que no puede ser. ¡Venga, venid para acá, será salvaje!"

Vladimir Putin: "El bombardeo de Kharkov de la 00:00 horas y la reseña de Un Libro Al Día de las 12:00 son las dos constantes que marcan mi férrea rutina diaria. Bueno, y el paseo a media tarde con el torso desnudo sobre mi fiero oso Anatol, pero eso lo hago mas por él que por mí."

Samuel Beckett: "Lo leíste. Lo reseñaste. Da igual. Vuelve a leerlo. Reseña otra vez. Reseña mejor."

Don Quijote: "Ah, hideputas, y cómo reseñades. Ríndovos pleitesía por tan tremenda fazaña. Desde Merlino el Reseñador no se veía tamaña labor y tan gratamente desenvolvida. ¡Albricias!"

Leo Messi: "¿Qué leés, bobo? ¿Qué leés, bobo? ¡Andá a leer las reseñas de Un libro al día, bobo! ¡Andá a leerlas!"

Benjamín Prado: "¡Hablando de argentinos! ¿Os acordáis de la frase de Cortázar?"

Plataforma de Escritores Afectados por las Malas Reseñas: "Aficionaduchos" , "No tenéis ni idea", "No habéis entendido mi obra", "Vais de algo"... (extraídas al azar entre seis folios de dedicatorias y tres de amenazas)"

miércoles, 5 de octubre de 2022

Iban Zaldua: Panfletario

Idioma original: euskera y español

Año de publicación: como recopilación en este libro, 2021

Traducción: del propio autor

Valoración: recomendable 

Al escritor Iban Zaldua, conocido de sobra (creo) por los lectores españoles, conocido aún más (supongo) por los lectores vascos y archiconocido (espero, ya que hemos reseñado varios de sus libros e incluso entrevistado) por los lectores de este magnérrimo blog, le encantan las proclamas, los manifiestos y los decálogos, amén de cultivar el género de los relatos o cuentos, como demuestra su actividad literaria hasta la fecha -de hecho, uno de los artículos recogidos en este libro es un manifiesto en forma de casi-decálogo que se intitula Por qué nos empeñamos en escribir cuentos-; así, muchos de ellos, tanto de unos como de otros y ya publicados en diversos medios durante los últimos años, firman esta recopilación acertadamente llamada Panfletario y cuyo subtítulo no deja lugar a dudas (y perdón por la repetición): Manifiestos, decálogos y otros artefactos a favor (y en contra) de la literatura.

Un libro, por tanto, de temática "metaliteraria", lo cual, en principio, puede que eche para atrás a muchos lectores (confieso que incluso a mí mismo, según las circunstancias), poco interesados en el ombliguismo que se pueden traer escritores, críticos o simples reseñistas en blogs... Error. Porque Panfletario es, ante todo, un libro muy divertido. Zaldua ha recopilado aquí diversos textos referentes a la cosa literaria, en su más amplia concepción, que ha ido publicando  a lo largo de los años en diversos medios y en las dos lenguas que le son propias -aunque más en euskera y en medios vascos; de ahí las continuas referencias a su por fuerza, más exigua literatura-; el otro elemento común a todos los artículos, decálogo y hasta pequeños relatos seleccionados es, como ya digo, el humor.  Un humor que se despliega, en general, en forma de ironía, más o menos suave, más o menos ácida, aunque a veces derive hacia el sarcasmo y, sobre todo, no deja títere con cabeza... Porque el tono desenfadado no significa que el autor no suelte aquí las verdades del barquero, sin dejar incólume a casi ningún sector participante en esta cosa de los libros... (no confundir con la Cosa vasca, a la que dedica un capítulo... y no me refiero a uno de los 4 Fantásticos con txapela); si acaso, el de los lectores, y algún dardo que otro también hay. Sin ir más lejos, esto es lo que asevera Zaldua, conocido no sólo perpetrador, sino defensor acérrimo del relato corto, de sí mismo y de sus colegas que cultivan esta modalidad literaria:

"A fin de cuentas, ¿qué es un escritor sino un quejica? Pues un cuentista es un quejica al cuadrado,  o incluso al cubo. Es decir, el más escritor de todos los escritores..."

No me extenderé demasiado sobre el contenido de los diferentes capítulos, porque lo mejor es que cada cual los lea y disfrute de la ironía e incluso del puntito picante de cierta maldad  (sin ánimo de molestar) que convierten esto artículos en trasuntos del pintxo vasco por excelencia: las deliciosas gildas. Para abrir boca (y demostrar, que, en efecto, el autor reparte estopa a diestro y siniestro), algunos de sus títulos:

  • Guía para prologar adecuadamente.
  • Los siete pecados capitales de la poesía.
  • Texto para leer en la entrega de un premio literario.
  • Decálogo de consejos para el perfecto organizador de eventos culturales.
  • Tridecálogo del escritor amargado.
  • Contra la crítica (y también un poco a favor de ella).
  • Argumentos en contra de la novela (ese género menor).
  • Cómo llenar una contraportada.
No obstante, no puedo resistirme a reproducir aquí el comienzo de uno de mis capítulos favoritos (huelgan las explicaciones) el Manifiesto contra la autoficción. Con vuestro permiso y del autor:
"Un fantasma recorre el mundo literario: el fantasma de la autoficción.Todas las fuerzas de la República de las Letras se han unido en santa cruzada para azuzar a ese fantasma: la academia y la crítica, la FNAC y las librerías hípsteres,los clubes de lectores y los talleres de escritura, Alberto Olmos y Ana Rosa Quintana, las editoriales "soi-dissant" independientes y el complejo Penguin Random House.

¿Dónde están los escritores o los críticos que le harán, por fin, frente?¿Qué partido de oposición lanzará, tanto a los representantes más avanzados de la autoficción como a los más reaccionarios, los epítetos que merecen para así denunciar la literatura selfi?"

Simplemente GLORIOSO.

Otros títulos de Iban Zaldua reseñados en Un Libro Al Día: Ese idioma raro y poderoso, La isla de los antropólogos y otros relatosLa patria de todos los vascosSi Sabino viviríaBiodiscografíasComo si todo hubiera pasado, Nuestras guerras. Relatos sobre los conflictos vascos