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miércoles, 15 de enero de 2025

Thomas Mann: Viaje por mar con Don Quijote

Idioma original: alemán

Título original: Meerfahrt mit Don Quijote

Traducción: Genoveva Dieterich

Año de publicación: 1945 (escrito en 1934)

Valoración: Recomendable alto


Se podría reflexionar sobre el peso que en un libro puede llegar a tener el talento del autor, quiero decir, hasta qué punto una mano diestra es capaz de levantar cualquier texto, se trate de lo que se trate. No es sólo la prosa, el estilo o la elegancia, es la cadencia, la sabiduría para contar cosas con el tono exacto, hacer que el libro interese y tenerlo controlado, equilibrado y en el punto que pide el texto. Eso se hace con técnica, con trabajo, claro, pero me sigue pareciendo que la materia prima es insustituible, y es lo que hace que el libro rezume naturalidad y parezca escrito sin esfuerzo. Con todo esto no puedo ya ocultar que me encanta Thomas Mann, en especial el de Muerte en Venecia, aunque de vez en cuando se deje llevar por la frase excesivamente rizada o las digresiones se le vayan a veces de las manos. 

Esas cualidades que apuntaba me atrevería a decir que se dejan ver especialmente en obritas menores, cuando el escritor no se está planteando crear algo importante y parece dejar fluir el texto como un mero entretenimiento. Viaje por mar con Don Quijote es una especie de pequeño diario, unos pocos días, escrito en una de las varias travesías marítimas que Mann realizó con su esposa Katia entre Europa y Nueva York. Podríamos pensar en algo parecido al crucero que David Foster Wallace contó en aquel corrosivo librito, pero las similitudes se reducen a la presencia en un barco surcando la inmensidad del mar (cómo se puede escribir dos cosas tan diferentes, e igualmente atinadas, a partir de un mismo motivo).

Thomas Mann no se propone nada concreto relatando su experiencia oceánica. Se limita a contar pequeñas anécdotas, a describir de pasada el ambiente de los salones o la cubierta, o apuntes rápidos sobre la meteorología cambiante. Lo demás son reflexiones que se van encadenando sin más planificación que lo que surge espontáneamente sobre el papel en blanco, y donde queda un papel importante para su lectura de cabecera, que naturalmente es el Don Quijote que luce en el título.

Tampoco es un ensayo sobre el libro de Cervantes, sino comentarios que brotan al hilo de la lectura. Mann se admira no solo de la personalidad de Don Quijote, sino de cómo evoluciona, cómo trata el autor a su personaje, se extiende algo más en torno a la viva defensa que Cervantes hace de su obra frente a la impostura del libro de Avellaneda, o el peso del personaje original frente a la caricatura de loco divertido que todos, en alguna medida, tenemos interiorizado. Las opiniones del autor alemán son de tal finura y profundidad que uno es consciente de que ha conectado por completo con el clásico. Todo ello, expresado en pequeñas píldoras y sin orden aparente lleva a sentir que está uno embarcado con el propio Mann, compartiendo con él un café y cambiando impresiones sobre el Quijote o, mejor dicho, escuchando embelesado sus reflexiones.

No todo se reduce a Cervantes. El pequeño diario incluye comentarios, siempre relajados y elegantes, sobre la propia singladura, sensaciones sobre la sobrecogedora pequeñez frente al océano inmenso, la distorsión de la perspectiva producto del aislamiento y la lejanía, o curiosidades como la llamada diaria a un progresivo cambio de hora y el equívoco de vivir dos veces el mismo tramo horario. El relato se extiende en ocasiones hacia asuntos aparentemente banales, como el contenido deliberadamente amable de la información que se hace circular en la nave (el crucero como mundo independiente de la realidad exterior), y en otras se adentra en reflexiones de calado que sin problema alguno podrían aplicarse a nuestro siglo XXI, como cuando apunta “¡Ah, la humanidad! Su progreso espiritual-moral queda detrás de su progreso técnico, anda muy rezagado”.

Pero ni en esos momentos toca el autor asuntos especialmente sensibles, lo que resulta llamativo en el complicado contexto de los años 30. Se diría que Mann esquiva cuestiones espinosas que sí tocará en otras obras, ahora es como quien, al igual que esas hojas informativas del crucero, al sentirse en un medio hostil, intenta centrarse en asuntos amables o al menos inofensivos. De esta forma, el libro transmite al mismo tiempo agudeza y relajación, y permite disfrutar de un autor que sea en el formato que sea, siempre parece capaz de escribir bien.

Otras obras de Thomas Mann reseñadas en ULAD: La muerte en VeneciaLa montaña mágica


martes, 30 de diciembre de 2025

Antonio Muñoz Molina: El verano de Cervantes

                                                                                     

Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable

Si entre sus próximos proyectos lectores está la última obra de Muñoz Molina harían bien en plantearse dos cuestiones previas: en primer lugar, ¿les interesa conocer detalles de la vida de Cervantes? y, en segundo lugar, ¿han leído o releído El Quijote en tiempos recientes? Si sus respuestas a estas preguntas son afirmativas, entonces es muy recomendable que aborden la lectura de este libro. En caso contrario, van a perderse muchos detalles sobre la obra cervantina y les va a resultar una lectura, si no decepcionante, sí incompleta.

El verano de Cervantes es un libro que, como nos cuenta el escritor jienense, surge de un enamoramiento de largo recorrido con El Quijote. "Fue un libro que había encontrado en un baúl, en el pajar del último piso, donde se amontonaban los trastos viejos y las herramientas de ir al campo". Al parecer, era uno de los pocos libros que había en la casa familiar y Muñoz Molina lo devoraba durante el verano, aunque era una edición muy antigua, Editorial Calleja 1881, "con su papel amarillento que tenía un tacto y un olor de polvo de trigo, con sus tapas rústicas gastadas en los bordes, ligeramente chamuscados".

A partir de ese momento y aunque Molina tiene sus escritores de cabecera, particularmente señala a Proust y Montaigne, es Cervantes, y sobre todo al Quijote,  al que vuelve con mayor frecuencia: "Don Quijote no sólo es el libro que he leído más veces a lo largo de mi vida: es también el que más veces he comprado, con cierta frecuencia para regalarlo, pero sobre todo para mí".

Como nos cuenta el escritor, en una de esas relecturas comienza a tomar notas y trabaja durante diez años para finalmente publicar el libro que tenemos entre manos. Nos encontramos con un riguroso ensayo que, aunque tiene como eje vertebrador El Quijote, va intercalando reflexiones sobre la vida y obra de Cervantes  y sobre recuerdos de la vida de Muñoz Molina, pero relacionados directamente con la obra cervantina. Queda meridianamente clara la admiración de Molina por Cervantes y su obra: "Su agudeza en la observación es tan excepcional como la amplitud de sus lecturas y de su experiencia directa del mundo. Tiene la cultura literaria de alguien que hubiera pasado la vida sosegadamente entre libros y la frescura de percepción de alguien que no ha dejado de comprometerse a fondo con la vida real, por voluntad propia o por azar, incluso por mala suerte".

Como he señalado, el ensayo es especialmente pormenorizado en lo que respecta al Quijote. Avanza cronológicamente destacando infinidad de detalles que, si no se ha leído la obra recientemente, van a ser irrelevantes para el lector. Personajes, paisajes, ambientes, todo es analizado minuciosamente por Muñoz Molina que llega a la conclusión  de que el trabajo de Cervantes como inspector y recaudador de impuestos resulta  fundamental para que pueda plasmar en la obra   una visión tan profunda de todo lo que le rodea. Al mismo tiempo nos recuerda que Cervantes no fue especialmente famoso en su época, y sus contemporáneos, como Lope de Vega, no reconocieron su talento. Molina señala, con cierta amargura, que para llegar al éxito de El Quijote "ha hecho falta la postergación, el fracaso en el teatro, el poco éxito en la poesía, el entusiasmo y luego el descrédito de las ilusiones, las más ambiciosas y las más modestas, el tránsito del heroismo militar a la monotonía administrativa, del triunfo engañoso de Lepanto a la ruina quijotesca de la Armada Invencible".

No falta en el análisis de Molina las referencias a la recepción que tuvo El Quijote en su época y con posterioridad. Así menciona la admiración o animadversión que algunos escritores sintieron por la obra. Entre los primeros, Thomas Mann o Freud, que llegó a aprender español para poder leer fielmente la obra. Entre los segundos Nabokov al que El Quijote le parecía "una novela cruel y detestable".

Nos enfrentamos, pues, a un ensayo excelentemente redactado, minucioso en las descripciones, rico en anécdotas y con ese estilo pausado y melódico que caracteriza la prosa de Muñoz Molina. Al final del libro, el escritor nos añade una lista de lecturas recomendadas sobre el tema, que le debieron servir de base para preparar el libro y que nos pueden orientar si queremos profundizar en el estudio de Cervantes y su obra. Llama en este sentido poderosamente la atención la ausencia de libros de Martín de Riquer, uno de los más reconocidos cervantistas de nuestro país.

Quizás a modo de recomendación me atrevería a aconsejarles que lean primero El Quijote, preferiblemente en verano, como hizo el autor, y luego aborden la lectura de este libro. Sólo de esa forma podrán disfrutar como se merece de El verano de Cervantes.

También de Muñoz Molina en ULAD: El jinete polaco, Como la sombra que se va, El viento de la luna, Plenilunio, Todo lo que era solido.

miércoles, 25 de enero de 2023

Dennis McShade: Requiem por don Quijote

Idioma original: portugués
Título original: Requiem para D. Quixote
Año de publicación: 1967
Valoración: Entre está bien y recomendable

La primera vez que oí hablar de Dennis McShade creo que fue en una clase con mis alumnos de primero. Hablábamos de pseudónimos, y de los diferentes usos que se les pueden dar, y les mencioné el caso de John Banville / Benjamin Black: un pseudónimo utilizado para diferenciar la obra literaria tout court de un autor, de aquella que se incribe en un género determinado, en este caso el policiaco. Fue entonces cuando una alumna me comentó que en Portugal había un caso semejante: el de Dinis Machado, que para su trilogía de novelas policiacas usó el pseudónimo de Dennis McShade. Me encantó la historia, así que me prometí leer al autor en sus dos "personas" diferentes.

Primero lo hice con O que diz Molero, de Dinis Machado, una novela magnífica, breve pero densísima, cargada de ironía, belleza, juegos narrativos y crítica social y política, que no reseñé en ULAD porque está prácticamente inencontrable en España (y porque no hay tiempo para todo, también); y ahora lo he hecho, por fin, con una de las novelas policiacas de McShade, la segunda concretamente: este Requiem para D. Quixote, recientemente reeditada en Portugal por Assirio & Alvim. ¿Debería haber leído la primera novela de la trilogía, Mão direita do Diabo? Probablemente, aunque por suerte este Requiem se entiende perfectamente, a pesar de contener algunas referencias a su predecesora. Pero no me pude resistir a ese título quijotesco, claro...

La novela (y la trilogía) nos presenta a Peter Maynard (una referencia bastante obvia a "Pierre Menard, autor del Quijote" de Borges), un asesino a sueldo astuto, independiente, perezoso, culto, eficaz, filósofo, honesto, brutal. Después de un exilio en Roma cuyos motivos solo conocerá quien haya leído la primera novela de la trilogía, Maynard vuelve a Nueva York y se encuentra en un atolladero: para poder recuperar su vida, deberá cumplir un difícil encargo del Sindicato [del crimen]; tendrá que asesinar al misterioso magnate Big Shelley. Este encargo va contra su código de honra (no le gusta matar a nadie sin saber si se lo merece), contra su orgullo (porque su relación con el Sindicato es turbulenta como poco) y contra su intuición, que le dice que hay algo oscuro o alguna trampa escondida en este asunto.

Requiem por don Quijote tiene muchas cualidades: mantiene el suspense, tiene mucho humor y, naturalmente, mucha acción, la trama detectivesca está bastante bien construida (aunque contiene algunas casualidades quizás demasiado casuales). Sigue muy de cerca los modelos del hardboiled de Hammett o Chandler (situando la acción, por ejemplo, en Nueva York y no en el Portugal contemporáneo), pero por otra parte hay que tener en cuenta que esta novela se publicó en 1967, cuando todavía no habían aparecido Pepe Carvalho ni Montalbano, y no digamos Mario Conde o Kurt Wallander. Esta antigüedad y esta relación directa con sus modelos americanos quizás explica también (aunque no sé si justifica exactamente) ciertos aspectos que hoy nos chirrían bastante, particularmente la representación de la homosexualidad en la novela.

En fin, que esta es una novela policiaca que se disfruta, particularmente si se es aficionado al género como yo (aunque últimamente lo tengo bastante abandonado, después de una época de saturación). Sinceramente esperaba que fuese algo más rompedora, teniendo en cuenta lo mucho que me gustó Lo que dice Molero, perosigue siendo un buen exponente de su género. Leeré, casi seguro, los otros dos libros de la trilogía en un futuro no muy lejano.

(Por cierto, si alguien se lo está preguntando, el Quijote no tiene un papel relevante en la trama, más allá del nombre del personaje principal y una escena casi al final de la novela; salvo que quiera leerse al personaje principal como un "quijote", pero esa no es una lectura particularmente original...).

viernes, 24 de julio de 2009

Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1605-1615
Valoración: Imprescindible

Pues sí, por fin me decido. Los que me conocen personalmente saben que el Quijote es uno de mis libros de cabecera, que lo he leído entero unas ocho veces, y a saltos otra decena más (en parte por obligación pero también, por supuesto, porque me encanta). ¿Hay necesidad de recomendar el Quijote a estas alturas? Yo creo que sí, porque aunque parezca mentira, conozco a lectores -y lectoras- voraces que no se han atrevido con él, probablemente porque piensan que se van a aburrir, que se trata de un fósil literario como el Cantar de Mío Cid o los Milagros de Nuestra Señora (dos obras que merecen nuestra veneración como objetos históricos, pero que para el lector actual son una verdadera tortura).

Pues no, el Quijote es una obra muy viva, y muy divertida. Hay que superar, por supuesto, la distancia lingüística y estética que imponen los cuatro siglos desde que se publicó, pero una vez conseguido esto, será raro el lector que no sonría, e incluso que no suelte alguna carcajada leyendo el Quijote (la escena, por ejemplo, de la pelea con la fea asturiana Maritornes en la venta es un clásico de la comedia de todos los tiempos). Hay episodios de los que hemos oído hablar mil veces, como el de los molinos o los rebaños de ovejas, y otros menos conocidos pero igual de graciosos, como el de la cueva de Montesinos o el baciyelmo, además de todas las parodias de los caballeros andantes que pueblan la primera parte...

Pero en el Quijote hay mucho más: su primera parte es todo un compendio de los géneros narrativos de la época (la novela pastoril, la novella corta, incluso la novela bizantina...), y la segunda, que prescinde de estos "episodios" para centrarse en la pareja protagonista, inaugura, como se ha dicho muchas veces, la novela moderna, de la que beberán los escritores ingleses del siglo XVIII, los franceses del XIX y los españoles e hispanoamericanos desde entonces. Su ironía, sus juegos de planos de ficción, la humanidad de sus personajes (¿cómicos o trágicos?), la gracia desprejuiciada con la que está escrito, contribuyen a multiplicar la complejidad de la obra, y explican la multiplicidad de lecturas que ha provocado.

Por supuesto, no todo es perfecto en el Quijote: las aventuras pastoriles y románticas de la primera parte terminan resultando cargantes; el final de la segunda -quizás por las prisas que le provocó la publicación del Quijote de Avellaneda- resulta algo precipitado, aunque sigue teniendo episodios memorables. En cualquier caso, el Quijote es una de esas novelas llenas de sutilezas -narrativas, lingüísticas, psicológicas...- que se van descubriendo con el tiempo, y que merece la pena recorrer cada cierto tiempo, porque, como dice un personaje en la segunda parte, "los niños lo manosean; los jóvenes lo leen; los adultos lo entienden y los viejos lo celebran"

También de Miguel de Cervantes en ULAD: Los trabajos de Persiles y SegismundaNovelas ejemplares (I)

sábado, 6 de junio de 2015

Juan López Bauzá: Barataria

Idioma original: español
Título original: Barataria
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

Cuando Cervantes escribió El Quijote, dudo mucho que imaginase que algún día su obra iba a inspirar a un escritor de una lejana isla del Caribe, cuatro siglos más tarde, para escribir una sátira política sobre la situación de su país, Puerto Rico, y su ambigua y conflictiva relación con los Estados Unido. Pero así es. Y tan mal no lo ha debido de hacer Juan López Bauzá, porque su obra ganó el Premio Las Américas de 2013 frente a escritores con más nombre internacional como Juan Villoro o Jorge Eduardo Benavides.

Desde luego, Barataria es una novela cervantina, o mejor, quijotesca desde el propio título. A nuestros lectores, que son gente leída, no hará falta recordarles que Barataria era el nombre de la "ínsula" que Don Quijote prometía a Sancho durante buena parte de la obra, hasta que finalmente los duques se la conceden con afán de burla, y Sancho se convierte por fin en un gobernador sorprendentemente prudente.

Pero el título no es el único elemento cervantino, claro: también lo es, y mucho, su protagonista, Pedro Umir Campala Suárez, alias 'Chiquitín', un veterano de la guerra de Vietnam con dos obsesiones contradictorias: por una parte, rescatar las reliquias arqueológicas del pueblo taíno, los antiguos moradores de Puerto Rico antes de que pasase a ser Puerto RIco; y por otro lado, enfrentarse a los independentistas que quieren romper todos los lazos con Estados Unidos. (Chiquitín es, por su parte, un acérrimo anexionista y admirador de todo lo que sea estadounidense, desde la economía o la política hasta los puestos de comida rápida yanqui). A partir de su segunda salida (otra vez, como en El Quijote) se le une otro personaje, su particular Sancho, que en este caso es un afropuertorriqueño delgado y peludo llamado Margaro.

Y la novela, a partir de este momento, es eso: Chiquitín y Margaro, con su bicicleta-carretilla, de aventura en aventura por Puerto Rico (bueno, por la zona de Ponce más bien), intentando encontrar el Guanín Sagrado (un supuesto artefacto mágico taíno) y encontrándose por medio con policías corruptos, fábricas abandonadas, enfrentamientos políticos entre independentistas y anexionistas (que a la manera de los duques intentan aprovecharse de las locuras de Chiquitín)... Y en medio, también como en el Quijote, hay mucho, muchísimo diálogo entre los dos protagonistas y sus distintas maneras de encarar la vida: idealista Chiquitín (siendo el Ideal los EE.UU., claro) y materialista y pragmático Margaro. Y bastantes palizas para el pobre Chiquitín

Barataria es dede luego una curiosidad literaria, que demuestra la vitalidad del Quijote para encarnarse en otras literaturas, en otros contextos y con otros fines; son muchas las escenas que López Bauzá aprovecha del texto cervantino, como por ejemplo el "donoso escrutinio" (transformado aquí en la destrucción de los aparatos arqueológicos de Chiquitín) o el descenso a la cueva de Montesinos, en la que aquí intervienen los efectos de las drogas alucinógenas. Es también un panorama crítico y bastante desolador de la situación de la isla de Puerto Rico, en la que parece que hay que elegir entre lo malo y lo peor y en la que no queda muy claro si son peores los anexionistas o los indepentistas.

Pero Barataria también es una novela de 900 páginas (aunque se publique en dos volúmenes, realmente es una única novela), y hace falta ser muy bueno o tener mucho que contar para que el interés se mantenga durante 900 páginas. A mí, la verdad, la segunda mitad se me hizo larga, y los diálogos entre la pareja protagonista llegaron a cansarme, por mucho que estén aderezados de malentendidos, refranes y palabrotas de Margaro. Tiene mérito el empeño, tiene mucho interés la propuesta narrativa y política, pero como obra de disfrute, con el primer tomo me llegaba.

Eso sí, a los estudiosos que trabajen sobre la vigencia del Quijote en el siglo XXI, les convendría hacerse rápidamente con un ejemplar...
el Guanín Sagrado, “emblema de potestad máxima del cacique principal de Boriken, visto por última vez sobre la caja del pecho de Agüeybaná II, el Bravo, hace poco más de quinientos años” (13). - See more at: http://www.80grados.net/una-apuesta-a-la-novela-barataria-literatura-y-satira/#sthash.ZO8FWMQx.dpuf

jueves, 23 de diciembre de 2010

No regales libros

Ahora que llegan fechas de regalar mucho y gastar más, desde "Un Libro al Día" queremos haceros una recomendación del alma: no regaléis libros. No, en serio. Regalar libros es una idea horrible, espantosa, la peor que podríais tener. ¿Que por qué? Bueno, aquí van diez razones por las que regalar libros es una mala idea:

  1. Ocupan sitio, mucho sitio, demasiado sitio, porque una vez que te compras (o te regalan) un libro te entra la obligación de acompañarlo con otros, y ya sabemos que hoy en día no hay quien pueda permitirse tener una biblioteca. Cuando alguien te regala un libro, sientes, inevitable e inconscientemente, que eres pobre, que tu casa es pequeña y que deberías hacer más ejercicio (esto no está relacionado, pero también lo sientes, por alguna razón).
  2. Exigen tiempo. Si le regalas a un libro a alguien, en realidad, aunque no lo sepas, estás insinuando que le sobra el tiempo, que es un ocioso, un vago, un diletante. Que es, en una palabra, un desgarramantas.
  3. Son caros. No tan caros como los juegos de Xbox pero poco les falta. Una novedad puede costarte 18€-20€. ¿Tú sabes la de regalos más pequeños y resultones que puedes comprar con ese dinero en un todo-a-un-euro-24-horas? ¿Por qué quedar bien con una persona, cuando puedes salir del paso con cinco?
  4. Contienen ideas raras. Y si lees, llegará un momento en que no podrás saber qué ideas son tuyas y cuáles son de los libros, qué es realidad y qué es ficción. Mira lo que les pasó a don Quijote y a Madame Bovary (por cierto, ¿don Quijote y Madame Bovary son reales?). Jack el destripador leía mucho, yo no quiero decir nada...
  5. No tienen botones ni luces. Sobre todo si tus regalados son niños, ni se te ocurra comprarles un libro. No hacen ruido, no tienen luces de colores, no se mueven solos... Y lo peor de todo, no tienen botones que se puedan apretar fuerte fuerte hasta romperlos. ¿Ereaders? ¿Erredequé?
  6. No hay quien acierte. Sí, tu prima la de Amoroto pondrá cara de sorpresa e ilusión cuando abra su paquete y se encuentre con las obras completas de Clarice Lispector, pero cuando llegue a casa y empiece a hojearlas, se quedará con la idea de que eres un pervertido, un disléxico, o las dos cosas juntas. ¿Por qué no regalar cosas que le gustan a todo el mundo? ¿Como una cabra?
  7. Te pueden dejar ciego. No hay nada que canse más la vista que los libros, si exceptuamos los ordenadores, la televisión, las videoconsolas y el aire acondicionado. Y mirar mucho tiempo fijamente al sol. Nada. Yo mismo tengo que llevar gafas por culpa de los libros. No, no, no, eso otro es una leyenda urbana. Es por los libros.
  8. Son feos. Bueno, los hay bonitos, pero el 99% de los que se publican son feos. Rectangulares, seriotes, ladrilláceos. Y ya si los abres, ni te cuento: todo en blanco y negro, sin dibujitos... que no pegan con nada...
  9. Los escribe gente rara y que, por lo general, no sale en la tele. Consejo suplementario: si vas a regalar un libro, si no te queda más remedio que regalar un libro, asegúrate de que esté escrito por alguien que sale en la tele. Son los únicos que merecen la pena.
  10. Hacen pensar. Esta es la razón final, la definitiva, la peor de todas. Cuando le regalas un libro a alguien (parafraseando a Cortázar), no le estás regalando un libro: le estás haciendo una putada. Porque en ese libro se hablará de cosas; de cosas en las que, a lo mejor, no habrá pensado nunca antes. Y eso es algo terrible: le entrarán dolores de cabeza y perderá la ilusión por la vida. Si regalas un libro a una persona, no te extrañe verle después caminando por el parque vestido de negro y hablando con las abubillas. Y será culpa tuya.
Esperamos habers convencido: no regaléis libros estas Navidades. No lo hagáis. No lo hagáis. ¡¡¡No lo hagáis!!!

Bueno, ¿qué tal ha quedado? ¿Otra toma? ¿Repetimos? ¿Todo desde el principio?

sábado, 21 de julio de 2012

Miguel de Cervantes: Los trabajos de Persiles y Segismunda

Idioma original: español
Año de publicación: 1617
Valoración: está bien

¡Cómo! ¿Una obra del ínclito, excelentísimo, ubérrimo Cervantes calificada solo con un "está bien"? ¿Una nueva herejía de estos desarrapados de ULAD? Pues sí, qué quieres que te diga. Y aun así creo que estoy siendo generoso, en atención a la importancia histórica de la obra y el autor, y a ciertas páginas muy especiales de las que hablaré más adelante.

Suele decirse (con bastante razón, probablemente) que el Quijote marca el inicio de la novela moderna. Y cabría pensar que el Persiles, publicado póstumamente, y escrito ya después del gran éxito quijotesco, continuaría esa misma línea del Ingenioso Hidalgo. No es así. El Persiles, como la Galatea, también de Cervantes, son novelas de géneros rigurosamente clásicos (novelas bizantina y pastoril respectivamente) y cuesta adivinar en ellas los rasgos (ironía, metaficcionalidad, complejidad simbólica de los personajes...) que alumbran al Quijote. Y sin embargo, era en estas obras, precisamente por su espíritu clásico, en las que Cervantes depositaba mayores esperanzas de alcanzar prestigio, inmortalidad y fama.

No es que en el Persiles falten aventuras para entretener al lector, sino todo lo contrario: las hay para dar y tomar. Como corresponde a la novela bizantina desde sus orígenes helenísticos, el argumento consiste en la lucha de dos amantes (Persiles y Segismunda) por reunirse y casarse y ser felices y comer perdices. Para ello, ocultos bajo los nombres falsos de Periandro y Auristela y fingiendo ser hermanos, emprenden una peregrinación a Roma durante la cual sufrirán (en sus propias carnes y en las de sus acompañantes) todo de tipo de infortunios: raptos, naufragios, enfrentamientos con piratas... En la primera mitad de la obra, situada en un norte de Europa mágico e irreal (el Persiles lleva por subtítulo "historia septentrional"), hay hasta hombres lobo y alfombras voladoras; la segunda mitad, situada en Portugal, España e Italia es más realista, aunque igualmente llena de aventuras "sin cuento", que diría el propio Cervantes.

Resulta curioso que una novela tan llena de acción resulte pesada; y sin embargo, es así. Es una sensación parecida a la que producen muchas películas de Hollywood, llenas de persecuciones y peleas pero que no consiguen atraparnos. Al Persiles, como a esas películas, le falta el interés de una trama central a la que se subordinen todos esos episodios secundarios de manera lógica y orgánica; le falta también una profundidad en los personajes que nos haga idenfiticarnos con ellos; en comparación con el Quijote, le falta también humor y un narrador con voz propia, elementos que siempre hacen la lectura más llevadera.

He hablado al principio (para dejar algo de suspense) de que había en el Persiles unas páginas muy especiales: me refería, obviamente, al prólogo y a la Carta al Conde de Lemos que encabezan la obra, páginas escritas por Cervantes muy pocos días antes de su muerte, cuando la sabía ya inevitable (había recibido ya la extremaunción, como cuenta en el texto), con una entereza, una serenidad y un sentido del humor conmovedores: "Tiempo vendra, quizá, donde, anudando este roto hilo, diga lo que aquí me falta y lo que se convenía. ¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regozijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!".

Cuesta leer esta despedida de la vida sin emocionares; solo por esas páginas, merece el Persiles seguir siendo reimprimido, por los siglos de los siglos. Amén.

También de Miguel de Cervantes en ULAD: Don Quijote de la ManchaNovelas ejemplares (I)

lunes, 16 de noviembre de 2015

Arturo Pérez-Reverte: Hombres buenos

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: por una parte, está bien; por otra, intragable


Hacía un porrón de años que no leía nada de Pérez-Reverte. Cuando escribo "porrón", me refiero a la época de los primeros Alatristes...¿cuánto hace ya de eso? ¿Doce, quince años? Por ahí... Lo menciono porque aunque me consta que él ha ido sacando libros con la regularidad de un metrónomo o un desfile militar (¿cómo no enterarse, con las campañas de promoción por tierra, mar y aire que suelen acompañar el lanzamiento de sus novelas?), yo no tenía mucha idea de por dónde han ido sus derroteros literarios; si sigue haciendo lo de antes o ha evolucionado hacia... yo qué sé, la autoficción metaliteraria. Por decir algo. 

Impelido por razones que no vienen al caso a leer su última novela, Hombres buenos, ahora puedo afirmar que Pérez-Reverte ha mejorado bastante como escritor: ya no abundan tanto los lugares comunes, los diálogos chulescos... los personajes apareen definidos por algo más que un patronímico chocante y dos o tres rasgos tópicos (ahora son cuatro. por lo menos); la narración se ha vuelto menos efectista y más reflexiva. A cambio, el libro también resulta más aburrido, me temo. También es verdad que la historia que nos cuenta no resulta especialmente trepidante: se trata del viaje -auténtico- que, a finales del siglo XVIII, realizaron a París dos miembros de la Real Academia Española de la Lengua con el objeto de adquirir, para tan venerable institución, una primera edición completa de la Enciclopédie de Diderot y D'Alembert, el no va más del saber científico y filosófico del momento. Una historia ésta que con seguridad le resulta especialmente cara a don Pérez-Reverte, pues no olvidemos -ni podemos hacerlo, puesto que él se encarga de recordárnoslo a lo largo de todo el libro- que también es académico de la RAE... pero una historia, en fin, que a pesar de los loables intentos del autor por darle vidilla a la trama, da como resultado una novela fundamentada, más que nada, en una recreación histórica minuciosa -y aparentemente bien conseguida, hay que decirlo- y en los constantes diálogos entre los personajes. Conversaciones que tratan sobre todo, como no podía ser de otra forma, de: 
1-Libros y autores de la época.
2-La disyuntiva entre tradición /modernidad o ciencia/ superstición (por no decir religión).
3-España; es decir: los males de España; los remedios a los males de España; la dificultad de aplicar los remedios de los males de España, etc... (toda una fiesta, vaya).

Los protagonistas, el marino don Pedro Zárate y el bibliotecario don Hermógenes, resultan una pareja dispar pero bien avenida (en la tradición de las buddy stories: Don Quijote y Sancho, el Gordo y el Flaco, Mortadelo y Filemón...); demasiado bien avenida, quizá, desperdiciando el juego que podrían haber dado sus desavenencias. Menos mal que a partir de un cierto momento se les incorpora el ínclito y revolucionario abate Bringas, (personaje también real, al parecer), para aportar la nota discordante. En todo caso, resulta incluso loable la idea de honrar la memoria de unos hombres que trataron, en la medida de sus posibilidades, de contribuir a desasnar a sus compatriotas (con eficacia harto discutible, como demostraron los dos siglos subsiguientes).

Para ser justos, hay que admitir que el resultado de estas casi seicientas páginas es una novela correcta, bien escrita y ambientada, de lectura fácil aunque, como ya he señalado, más bien aburridilla. Pero en fin, aconsejable a quien le gusten las recreaciones históricas y las novelas de corte convencional. Ahora bien... quizá no tan convencional porque resulta que Pérez-Reverte sí que se dedica, o al menos lo utiliza,  a ese recurso tan à la page que es la llamada "autoficción". Aunque sea una autoficción un tanto impostada: en efecto, don Arturo se coloca a sí mismo como personaje para contarnos sus cuitas, indagaciones y difíciles pesquisas para documentar esta novela como es debido (perfeccionista que es... y deja ver). Es un truco muy pillo, puesto que le sirve, por un lado, para colarnos así la información que, en rigor, debería de proporcionarse a través de la narración en sí. Y por otro, nos demuestra lo muchísimo que ha trabajado en la ambientación, a pesar de que tal cosa no se trasluzca siempre en la novela (por ejemplo: nos cuenta los muchos y venerables libros y cartografía que hubo de consultar para establecer la ruta exacta de Madrid a París en el siglo XVIII, con sus casas de posta, etc... y luego, apenas lo utiliza al contar el viaje). De paso, inserta como personajes a algunos de sus compañeros académicos, a quienes seguro se les hizo el culo gaseosa al verse inmortalizados en tan insigne obra.

¿Les parece que el tono de la reseña se ha ido agriando en el anterior párrafo? Pues sí, lo siento... pero si hay algo que me toca las narices -por no decir otra cosa- es esta puñetera moda de la autoficción, más aún si es fullera, como es el caso... ¿Quién les ha dicho a los juntaletras de turno que a los lectores nos interesan un pimiento su vida y circunstancias? Por lo que a mí respecta, acepto -a regañadientes- que lo haga Emmanuel Carrére, por ejemplo, que ha demostrado ser un buen escritor; paso por que lo haga Laurent Binet, que parece buen chaval. Incluso se lo puedo perdonar a... no sé, Paco Roca, que al menos tiene el doble curro de dibujar y escribir (a Cercas, por si alguien se lo está preguntando, no se lo perdono). ¿Pero a Pérez-Reverte? ¡Ni hablar del peluquín! Además, si quisiera saber algo -más- de su vida, para eso está twitter, que tampoco es que sea muy discreto, el hombre...

Vamos, jamais de la vie! (que es la manera fina de decir que en mi **** vida).

(Pido perdón si alguien se siente molesto por las palabras de mi último párrafo -excepto si se trata del autor del libro, claro está-, y les doy gracias a todos por su comprensión al permitirme el desahogo. Que tós semos personas humanas... ¿que no?).


Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULADCabo TrafalgarLa sombra del águilaEl maestro de esgrimaLa reina del sur

lunes, 26 de octubre de 2020

Miguel de Cervantes: Novelas ejemplares (I)

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1613

Valoración: Recomendable


Uy, uy, uy… Cervantes, señores, esto es caza mayor, pero muy mayor, como los elefantes de… Vamos, que uno tiene un respeto a los clásicos, y tocar ciertas teclas me da un poquito de pudor, pero bueno, que vamos con ello.

Dice el prologuista Luciano García Lorenzo que Cervantes, que ya había publicado la primera parte del Quijote unos cuantos años antes y debía tener casi a punto la segunda, consideraba que las Novelas ejemplares estaban destinadas a ser su gran obra. Una opinión bastante sorprendente si comparamos la gran obra universal con esta colección de relatos, como vamos a ver. El formato entronca con el de la novella italiana, de moda en aquellos tiempos, aunque lo que llegaba de Italia tenía un contenido más frívolo y subido de tono. Por el contrario, los relatos de Cervantes tienen una finalidad de entretenimiento más bien inocente, etiquetado con el elegantísimo término de eutropelia en alguna de las numerosas autorizaciones oficiales que acompañan al texto. Lo dice claramente el autor en el prólogo: ‘Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos’, es decir, un pasatiempo, sí, aunque cargado de cierta moralina, lo que hoy llamaríamos políticamente correcto. No nos sorprenderán por tanto los parabienes civiles y eclesiásticos que sirven de introducción al texto.

Los seis relatos que componen este primer volumen de las Novelas tienen algunos elementos comunes, y otros diferenciales. Tres de ellos, La gitanilla, La española inglesa y El amante liberal (seguramente, la más floja de todas), se construyen en torno a una figura femenina deslumbrante: son chicas, casi niñas, que reúnen todos los atributos de belleza, inteligencia y donosura posibles, y que se desenvuelven en un entorno hostil, víctimas de raptos y de la codicia (sexual, básicamente) de los hombres. Estas mujeres excepcionales, como no podía ser de otra forma, triunfan ante las adversidades, y la victoria se manifiesta, cómo no, en magníficas bodas con pretendientes rendidos a sus encantos, y con los culpables castigados de diversas formas. Tenemos también otros ingredientes más o menos interesantes para enmarcar la acción, como el mundo de los gitanos, algunos rasgos de la sociedad inglesa (muy conciliador Cervantes, en épocas no muy propicias) y contiendas navales con el turco, esto último algo de lo que evidentemente sabía mucho el autor, y se le ve con muchas ganas de contar. Malentendidos, personalidades ocultas y vidas complicadas enriquecen los relatos, así como algunos pequeños pasajes colaterales, como el desternillante y muy quijotesco del gorrero Triguillos en La gitanilla.

Mención aparte merecen dos de los títulos más conocidos de la colección. Rinconete y Cortadillo (desalentadores diminutivos) es, como se puede intuir fácilmente, una pequeña historia de dos chavales pobres que deciden probar suerte algo más allá de la línea que marca la ley, claramente en la línea de la picaresca, tan española. Es no obstante un relato bastante sorprendente porque en vez de cebarse con el típico anecdotario de pillerías infantiles se adentra en un curioso repertorio de personajes del hampa sevillana, en un ambiente que más que criminal se podría definir como valleinclanesco, si se me permite la licencia. Lástima que don Miguel parece que no quiso continuar por el camino emprendido y el cuento termina de forma apresurada y más bien simplona.

El licenciado Vidriera arranca con un disparate genial, un destello de esa gracia que –a veces- tiene Cervantes para componer situaciones locas que atrapan al lector y hacen inolvidable ese episodio. Más adelante el relato cambia de tono, y nuestro licenciado se dedica por lo visto a recorrer mundo esparciendo comentarios y sentencias propias de un Asperger: sarcasmo y acidez caen sin recato sobre el primero que se le acerque a preguntar, formando una miscelánea con ocurrencias del propio Cervantes en relación a cualquier asunto, en especial relacionados con distintas profesiones… siempre sin ofender en exceso, que para eso el libro tiene los parabienes que tiene. La sonrisa que todo ello obtenga del lector dependerá un poco de la predisposición que tengamos ante las agudezas, pero en todo caso me parecen menos punzantes que las que podamos encontrar en Quevedo, pongo por caso.

Dejo para el final el que quizá es mi relato preferido, La fuerza de la sangre. La estructura es bastante similar al primer bloque de las doncellas maravillosas en situaciones de estrés, pero aquí las cosas son algo diferentes. El ritmo de la narración es, con diferencia, mucho más vivo, diríamos más moderno, y las situaciones bastante más duras. Sobre todo en su primera parte parecería que el autor se decide a romper con los usos de la época, escapa de los diálogos alambicados, las acciones complejas y el tono moroso del cuento clásico, y enfoca directamente sobre una realidad cruda, como si hubiese descendido de repente del mundo de la fantasía. Aunque el relato se diluye, como parece inevitable, en terrenos mucho más convencionales, esas páginas iniciales me parecen excepcionales, con un Cervantes tres siglos adelantado a su tiempo.

Y bien, la valoración en conjunto no puede ser más que Recomendable. Me parece saludable y conveniente ir un poco más allá del Quijote, y estas Novelas son una buena avanzadilla. Son entretenidas, tienen su punto arcaico pero también los atrevimientos propios del autor y ofrecen una cierta variedad temática y en menor medida estilística. Faltan algunos de los relatos más conocidos, como El coloquio de los perros y La ilustre fregona, incluidos en un segundo volumen, pero al menos en lo que a mí respecta por ahora me parece suficiente con lo leído.

Otras obras de Miguel de Cervantes en ULAD: Don Quijote de la ManchaLos trabajos de Persiles y Segismunda

 


domingo, 21 de febrero de 2010

Libros sobre libros: Mímesis de Erich Auerbach

Idioma original: Alemán
Título original: Mimesis: Dargestellte Wirklichkeit in der abendländischen Literatur
Año de publicación: 1946
Valoración: Imprescindible

Mímesis: la representación de la realidad en la literatura occidental es uno de esos libros de crítica literaria que todo amante de la literatura, filólogo profesional o no, debería leer, no por obligación, sino por el puro placer de su lectura. En él, Erich Auerbach repasa las distintas maneras en las que la literatura occidental (desde los autores griegos y la Biblia, hasta los novelistas del siglo XX) ha representado la realidad. Si en la tradición poética y retórica clásica esta representación se llevaba a cabo mediante el "estilo elevado" -el de la tragedia- y "estilo bajo" -el de la comedia-, Auerbach identifica y rastrea a lo largo de la historia un estilo mixto intermedio, que identifica con el estilo bíblico y evangélico, y que terminarán por horadar el sistema clásico de estilos e imponerse en la novela realista contemporánea.

Aun cuando la visión historicista (casi teleológica) general de Auerbach pueda ser discutible, sus análisis de los textos elegidos -Homero, el Satiricon, el Cantar de Roldán, Rabelais, el Quijote, Stendhal, Virginia Woolf...- son siempre iluminadores, capaces de transmitir a un tiempo erudición y belleza poética. El más famoso de los capítulos es el primero, dedicado a analizar el momento en que Ulises es reconocido como tal al final de la Odisea, aunque, por razones profesionales y por cercanía, mi capítulo favorito es el que analiza una divertidísima escena del Quijote (esa en la que, invirtiendo los papeles, Sancho intenta convencer a don Quijote de que tres aldeanas de lo más groseras son en realidad Dulcinea y sus doncellas).

Hay aún un motivo más para admirar Mímesis y a su autor: Auerbach, un intelectual de origen judío obligado a exiliarse de la Alemania nazi, lo escribió en Estambul durante la Segunda Guerra Mundial, sin acceso por lo tanto a una biblioteca bien provista de bibliografía sobre literatura europea. En circunstancias individuales y colectivas tan terribles, se comprende que al escribir esta obra Auerbach no estaba solo haciendo un ejercicio de análisis retórico solipsista: mediante el análisis de la mejor tradición literaria europea, estaba intentando rescatar para la posteridad a la civilización occidental de la barbarie en la que estaba sumida.

sábado, 9 de marzo de 2013

Miguel de Unamuno: Sombras de sueño

Idioma original: español
Año de publicación: 1927
Año de estreno: 1930
Valoración: se deja leer

Siguiendo con nuestro afán por reseñar las últimas novedades editoriales, aquí vengo yo con una reseña de una obra de teatro de Unamuno escrita en 1926, publicada en 1927 y estrenada en 1930. El teatro de Unamuno es, seguramente, lo menos conocido y estudiado de su producción; incluso la poesía, que fue menos apreciada por sus contemporáneos y por los críticos posteriores, ha empezado a recibir una atención más sistemática y laudatoria; por no hablar de la narrativa o el ensayo, que son tradicionalmente los géneros privilegiados de la producción Unamuniana.

Y hasta cierto punto se comprende el por qué de esta desatención hacia el teatro de Unamuno, leyendo Sombras de sueño. Empezaré por decir que la obra plantea cuestiones interesantes -como no podía ser menos en una obra de Unamuno-: la cuestión de la identidad privada frente a la pública; el peso y el sentido de la historia (con algunas puyas al positivismo, así de pasada); o la relación del individuo con su propio pasado.

El argumento tiene cierta semejanza con La tempestad de Shakespeare, aunque con mucho menos vuelo, claro. En una pequeña isla viven Don Juan Manuel de Solórzano y su hija Elvira, que está apasionadamente enamorada de un héroe histórico al que solo conoce por un libro: Tulio Montalbán, libertador de su patria cuyo cuerpo desapareció misteriosamente después de una batalla (como ocurrió con el del rey Don Sebastián portugués). A esta isla llega un hombre joven que atrae la atención de todos: Julio Macedo, misterioso y seductor. Entre Elvira y Julio se produce el esperable encuentro y reconocimiento de las almas, pero todo se tuerce cuando él confiesa (redoble de tambores) que es el asesino de Tulio Montalbán. ¿O será el propio Tulio Montalbán disfrazado? (chanchancháaaaaan)

Y sin embargo, Unamuno no consigue construir una obra que atrape al lector/espectador. A pesar de que, efectivamente, plantea temas que podrían dar mucho juego, y que de hecho son muy actuales (por ejemplo, el "derecho al olvido", la finalidad de la historia o la relación entre narración, memoria e identidad), en conjunto en el texto ninguno de estos temas se desarrolla por caminos medianamente interesantes; los personajes, como sucede en sus nivolas, son encarnaciones de una idea o un sentimiento, unidimensionales, irreales. Además, las casualidades inverosímiles y los giros precipitados de la trama no sorprenden, sino que aturden.

Hay también otra razón por la que el talento (innegable) de Unamuno quizás encaja en el teatro peor que en cualquiera de los demás géneros: su estilo. Unamuno siempre escribe como Unamuno, y sus personajes siempre hablan como él. Incluso Elvira parece en ciertas escenas un Unamuno con faldas, que se enzarza en una discusión con su padre sobre el significado de don Quijote y Sancho, tema favorito del autor. Y no solo eso: aquí, como en cualquier texto de Unamuno, abundan las antítesis, paradojas, etimologías, paralelismos, creando un lenguaje denso y a veces confuso, repetitivo y antinatural. Si eso en una novela, ensayo o poesía puede ser interesante y hasta meritorio, en el teatro, creo, produce un efecto pesado y distanciador.

No cabe duda de que las obras teatrales de Unamuno tienen su interés en el conjunto de su producción, y que merecen ser estudiadas como nuevas reiteraciones, en un género distinto, de sus obsesiones temáticas recurrentes. Pero como espectador, la verdad, creo que no disfrutaría de ver estas Sombras de sueño.

También de Unamuno en ULAD: Niebla, San Manuel Bueno, mártir, Abel SánchezLa tía TulaPaz en la guerra

miércoles, 12 de enero de 2011

Benito Pérez Galdós: Nazarín


Idioma original: español
Año de publicación: 1895
Valoración: Recomendable

Este último año y medio ha sido el de mi reconciliación con Galdós, sobre todo gracias a Fortunata y Jacinta, ese culebrón magistral. Y hacía tiempo que tenía ganas de leer algo de su última etapa, la que llaman "espiritual(ista)", en la que renuncia a la exactitud del retrato psicológico, histórico y social para concentrarse en los problemas filosóficos, religiosos o éticos que afligen al hombre de cualquier época y condición. Nazarín es la más conocida de esta época (entre otras cosas, gracias a la adaptación de Buñuel) y bueno, me ha gustado, pero no tanto como Fortunata y Jacinta.

El protagonista de esta novela ha sido descrito como una mezcla de Don Quijote y Jesucristo. Del primero tiene su idealismo, su nomadismo y su incapacidad (o resistencia voluntaria) para adaptarse a la realidad; del segundo, su misticismo, su pacifismo, su entrega al prójimo e incluso un cierto mesianismo (una de las escenas más divertidas de la novela es aquella en que Pedro Belmonte cree ver en Nazarín al obispo armenio Esrou-Esdras redivivo). Además, en su vagar por las afueras de Madrid lo acompañan Ándara y Beatriz (que tienen con él una relación verdaderamente entrañable, muy bonita y muy bien construida por Galdós), que tanto pueden ser la Marta y María evangélicas, como nuevas Sancho-Panzas andrajosas y malhabladas.

La acción de la novela, bastante escasa, por cierto, es la típica de una novela de viaje, o mejor, de vagabundeo (como es, precisamente, el Quijote): los personajes andan por los caminos, se encuentran con gente, hablan, les pasan cosas. El hilo conductor es el protagonista, que con su actitud y su personalidad mística y desprendida provoca admiración, respeto, desprecio o burla en quienes lo conocen.

En fin, la novela es interesante por su contraste, precisamente, con los periodos anteriores del propio Galdós: qué diferente es el tono, el tema o el tratamiento de los personajes y la acción, si lo comparamos con su etapa más realista o, por ejemplo, con Doña Perfecta: la ambigüedad con la que se presenta a Nazarín (termina la obra y no sabemos si es un santo, un loco o una mezcla de las dos cosas) es, también, puramente cervantina. En todo caso, para mi gusto esta obra es menos perfecta que los mejores novelones realistas del mismo autor.

Ah, por cierto, no he visto la película de Buñuel, ¿qué tal está?


Otras obras de Benito Pérez Galdós en ULADFortunata y JacintaNazarínTorquemada en la hogueraLa sombraTristanaMarianelaTrafalgar

domingo, 10 de mayo de 2009

Rafael Sánchez Ferlosio: El testimonio de Yarfoz

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1986
Valoración: muy recomendable

El testimonio de Yarfoz narra la historia de Nébride, príncipe industrioso y pacífico de la casa gobernante entre los Grágidos, que se ve obligado a partir al exilio para no volver nunca. Su amigo Yarfoz, quien le acompañó en su desgracia, escribe para la posteridad las circunstancias que rodearon su partida para limpiar así la memoria del príncipe de todas las falsedades que la empañan. Sánchez Ferlosio sitúa la acción en una región imaginaria, poblada por los pueblos de los Grágidos y los Atánidas, que habitan a orillas del río Barcial. El río, frontera aceptada entre los territorios de ambos pueblos, da su nombre a los conflictos que durante siglos, intermitentemente, los enfrentaron: las guerras barcialeas. Es precisamente el estallido de la cuarta de estas guerras, condenado por el manso espíritu de Nébride, el episodio que decidirá su destino errante.

La narración se presenta de un modo no menos complejo que el que sigue Cervantes para el Quijote. Como es sabido, el verdadero autor de la historia de Don Quijote de la Mancha sería, según se cuenta en el capítulo IX de la primera parte, un tal Cide Hamete Benengeli, "historiador arábigo". Cervantes se habría limitado a editar, con ciertos cambios, el manuscrito que encontró por casualidad y que hizo traducir al castellano por un morisco. Sánchez Ferlosio repite esta complicada versión del recurso del "manuscrito hallado" e interpone también a dos personas (o quizá tres) entre su obra y él mismo.

En última instancia, como ya he dicho, la narración es el relato que hace Yarfoz sobre los principales acontecimientos de la vida del príncipe Nébride. El testimonio de Yarfoz es encontrado unos 250 años después por Ogai el Viejo, renombrado historiador que decide incluirlo como apéndice al Libro II de su Historia de las guerras barcialeas. Sánchez Ferlosio, por último, se presenta en una nota como el editor de esta magna obra de Ogai, de la que -por inconstancia- sólo publica este apéndice al Libro II. Algunas notas, supuestamente extraídas por Ferlosio de la Historia de las guerras barcialeas, ilustran a lo largo del texto algunos pasajes oscuros. Una de ellas, para complicar aún más el procedimiento, es atribuida a otro historiador: el llamado "falso Ogai".

El lenguaje del libro es de una solemnidad bella y arcaizante. Los más nimios episodios cobran así una altura lapidaria difícil de encontrar, que no deriva en ningún momento en vacía pompa retórica: son admirables la exactitud y capacidad de síntesis que muestra Sánchez Ferlosio al describir las matizadas reacciones de los personajes o las más complejas cuestiones históricas e institucionales de su mundo inventado. Los nombres, en fin, son pura música verbal: el príncipe Arriasco, el maestro Susubruz, la ciudad de Esteverna, el puente de Ordimbrod...

Más libros de Sánchez Ferlosio en ULAD: El Jarama

viernes, 11 de junio de 2010

Elías Canetti: Auto de fe


Idioma original: alemán
Título original: Die Blendung
Año de publicación: 1936
Valoración: Imprescindible

Antonio Machado se preguntaba hasta qué punto desarrollar la vida interior en detrimento de la social no mutilaba en cierto modo una parte esencial de sí mismo. Pero lograr un equilibrio perfecto es casi imposible, en casi todas las personas predomina una u otra actitud. Auto de fe lleva al extremo las consecuencias de este planteamiento.

Esta es la única novela de un autor que cultivó diversos géneros, sobre todo la autobiografía y el ensayo. En ella encontramos algunas, seguramente nada casuales, coincidencias con nuestro quijote. Veremos un trasunto del ama, del propio don Quijote, de Sancho e incluso del bachiller. Otros elementos comunes serían la locura o la exagerada afición por los libros. También aquí se explora la condición humana a través de un ser idealista y centrado en su propio delirio a quien rodea un grupo de personas incapaces de entender lo que pasa por su cabeza. Pero esta vez el humor y la humanidad no aparecen por ningún sitio, el autor no se compadece como Cervantes de sus criaturas, es mucho más severo con ellas y ellas, a su vez, resultan más desalmadas y egoístas. La incomunicación, la codicia, la crueldad, la estupidez evolucionan, sin matices, hasta sus últimas consecuencias.

Lo que se nos cuenta es, en apariencia, sencillo, una sucesión de aventuras, a cual más absurda, en la que no se plantea ninguna cuestión trascendente, pero si nos fijamos en su lado simbólico y contemplamos a los personajes más como arquetipos que como seres humanos reales, percibiremos su vertiente más reflexiva y caricaturesca. Las peripecias se multiplican, transitamos por un mundo alucinado en el que predominan escenas más que surrealistas, la intriga por lo que puede ocurrirle al protagonista va en aumento, se despierta el instinto protector del que lee y lo que sucede no es más que la consecuencia lógica de las acciones que tienen lugar. Estas se presentan de forma objetiva, sin apelar a la emotividad del lector ni revelar la postura del autor. Aunque eso no nos impide implicarnos, al contrario, la empatía con los personajes se potencia, pero a veces la lectura puede resultar algo árida.

Canetti, cuyo idioma materno era el ladino, al haberse trasladado su familia a Viena siendo él todavía un niño, adoptaría el alemán como lengua literaria. Su rica herencia cultural unida a una marcada personalidad dieron lugar a un conjunto inclasificable de obras a cual más ambiciosa y original, entre las que se encuentra Auto de fe , que ha sido catalogada como una de las grandes novelas del siglo XX.

Otras obras de Elías Canetti en ULAD: La antorcha al oído

domingo, 14 de julio de 2013

Jonathan Swift: Los viajes de Gulliver

Idioma original: inglés
Título original: Gulliver's Travels (Travels into Several Remote Nations of the World. In Four Parts. By Lemuel Gulliver, First a Surgeon, and then a Captain of Several Ships)
Año de publicación: 1726
Valoración: interesante

Hace ya años que vengo diciendo que tenía ganas de leerme esta obra, para ver qué había realmente en un texto que ha pasado al imaginario colectivo como un relato fantástico adaptado, la mayoría de las veces, a un público infantil. Efectivamente, uno piensa en Gulliver y le viene a la cabeza la imagen de un hombre atado al suelo por cuerdas y rodeado de hombrecitos minúsculos (los famosos lilliputienses). Y desde luego, esa imagen está en la novela, pero hay mucho, mucho más. Y desde luego no es una novela para niños, ni mucho menos.

Los viajes de Gulliver es, sobre todo, un ejercicio de imaginación e ironía puesto al servicio del pensamiento filosófico y político (como sucedía, con otros parámetros, en su Una modesta proposición). Para hablar sobre los hombres (los ingleses sobre todo) y sobre los modos en los que los hombres se organizan socialmente, Swift inventa un protagonista al que el azar lleva a conocer sucesivamente cuatro civilizaciones diversas, y a cuál más extraña: los dimininutos liliputienses, los gigantes brobdingnagianos, los habitantes de la ciudad volante de Laputa (sic) y los sabios Houyhnhnms, unos caballos con un elevado sentido de la verdad, la razón y la justicia.

En realidad Los viajes de Gulliver es en muchos aspectos una sátira política, como dice la crítica. En este sentido, el golpe de gracia llega en la última parte del libro, cuando Swift comienza a describir, con mucha mala leche, el sistema político, judicial y social inglés. Después de trescientas páginas en que presenta civilizaciones ridículas que nos hacen sonreír con superioridad, el narrador empieza a describir su país natal... y no es menos ridículo ni absurdo que los demás. Aquí, algunos ejemplos, hablando de las razones "justificadas" para iniciar una guerra:
Difference in opinions has cost many millions of lives: for instance, whether flesh be bread, or bread be flesh; whether the juice of a certain berry be blood or wine; [...] It is a very justifiable cause of a war, to invade a country after the people have been wasted by famine, destroyed by pestilence, or embroiled by factions among themselves. [...] If a prince sends forces into a nation, where the people are poor and ignorant, he may lawfully put half of them to death, and make slaves of the rest, in order to civilize and reduce them from their barbarous way of living.


Y así.

Pero al margen de este deseo de mostrar lo absurdo de muchas de nuestras costumbres y sistemas supuestamente civilizados, el medio empleado para hacerlo es una novela fantástica llena de imaginación y humor, por momentos bastante irreverente y alocada (por poner un ejemplo: Gulliver termina siendo expulsado de Lilliput por apagar un incendio en el palacio Real meando encima de él). Algunas de sus invenciones, como la ciudad flotante de Laputa o la civilización caballuna de los Houyhnhnms, son ciertamente llamativas, y cada pocas páginas se encuentran ideas o pasajes que merecen la pena (aunque otras páginas o pasajes, también hay que reconocerlo, dan ganas de saltárselos olímpicamente).

Tampoco hay que olvidar lo que Gulliver tiene de quijotesco: del mismo modo que Cervantes en el Quijote parodiaba los libros de caballería (aunque el resultado vaya mucho más allá de eso, naturalmente), ridiculiza los libros de viajes "verídicos" en los que los autores intentan pasar por ciertas todo tipo de aventuras y criaturas extraordinarias -de hecho, cuando se publicó sin nombre de autor muchos tomaron a Gulliver por una persona real-; como don Quijote, Gulliver (¿algo que ver quizás con el adjetivo gullible, "crédulo"?) sale una y otra vez a la aventura -así se llama, de hecho, uno de los barcos en los que se enrola- y una y otra vez vuelve a Londres derrotado y cada vez más misántropo.

Solo una nota final (porque esta reseña ya me está quedando bastante larga) para decir que Los viajes de Gulliver es una de esas obras que han creado palabras nuevas para la lengua inglesa y universal: por supuesto, liliputian (liliputiense), pero también brogdingnagian (referido a algo muy grande, gigantesco) o yahoo, un término que no solo sirve para nombrar un conocido portal de internet, sino que designa, en inglés, a personas brutas o maleducadas.

También de Jonathan Swift en ULAD: Una modesta proposición

lunes, 24 de agosto de 2015

Reseña + entrevista: Los turistas desganados de Katixa Agirre

Idioma original: euskera
Título original: Atertu arte itxaron
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable

Nota inicial: esta reseña se publicó originalmente con motivo de la edición, en 2015, de la versión original de la novela en euskera, con el título de 'Atertu arte itxaron'. La entrevista ha sido realizada, en cambio, con motivo de la publicación de la traducción al castellano, en octubre de 2017, con el título de 'Los turistas desganados'.

¡Curioso libro este, que se empeña en explicarse a sí mismo y no nos deja a los críticos casi ningún trabajo por hacer! Así dice en uno de los primeros párrafos: "La carretera y el viaje, la metáfora de asfalto, el autoconocimiento, la penitencia, el destierro, la travesía del desierto. Ítaca. Un género con una abundante tradición en la historia de la literatura. Qué te piensas. Estas cosas se hacen con fundamento. Con una revisión de la literatura anterior. Status quaestionis". Y sigue luego, efectivamente, con una breve revisión de algunos antecedentes del género de viajes: Don Quijote, On the road, Lolita...

Porque, efectivamente, esta novela es casi una road novel: la reconstrucción de un viaje de vuelta a los orígenes (como la Odisea) pero también la historia de un vagabundeo sin objetivo definido más allá del propio viaje (como el Quijote y la novela de caballerías en general). Se trata, en este caso, del viaje que la protagonista y narradora, Ulia, emprende con su compañero, Gustavo, para mostrarle el País Vasco en el que nació: la casa de su madre en Vitoria, pero también Bilbao, Algorta, la costa vasca, San Sebastián...

Se trata, como dice el propio texto, de un viaje de autoconocimiento, y quizás más que eso, de conocimiento mutuo: tanto Ulia como Gustavo guardan secretos el uno para el otro, que solo desvelarán en las últimas páginas del libro. Pero la novela se compone también de otras líneas argumentales, como la reconstrucción de la vida pasada de Ulia (su adolescencia, su carrera truncada como cantante, su historia amorosa y sexual), sobre la relación de la madre de Ulia con un hombre llamado "Jota", y también algunos pasajes relativos a la vida de Benjamin Britten, que quedan algo lejanos del resto de la narración pero se justifican porque ese es el tema sobre el cual Ulia está escribiendo su tesis.

Es casi imposible no usar el término "posmoderno" para describir esta novela, no solo por la autorreferencialidad de la que ya hablaba antes (la narradora hace en varios momentos comentarios sobre el propio proceso de escritura, la selección de palabras, técnicas o perspectivas para contar la historia), sino también por la autoironía que aparece recurrentemente, por el fragmentarismo de la narración o por el juego (moderado) con el pastiche: en el texto se incluyen noticias del periódico (en euskera y en español), e incluso las instrucciones para preparar correctamente un white russian.

Pero Atertu arte itxaron no es solo una adaptación vasca de la road movie americana o una contribución a la narrativa vasca posmoderna (cuyo exponente más archiconocido es Bilbao-New York-Bilbao de Kirmen Uribe); es también una lectura ágil, con cabida para el humor y para la experimentación formal, para el melodrama y el erotismo; un paseo no turístico ni exotizante por un País Vasco que está encontrándose a sí mismo después de los años de violencia terrorista o allejera.

Otras obras de Katixa Agirre en ULAD: Hábitat


Entrevista con Katixa Agirre


Empezando por la (auto)traducción, ¿cómo ha sido el proceso? ¿Has reelaborado, o te has limitado a traducir? 

He sido fiel a lo que escribí en su día en un 99%. La verdad es que ha sido un proceso fácil y natural, conocía tan bien el texto que no me ha costado ponerlo en otra lengua.

 
¿Por qué ese cambio de título tan radical? 

Intenté una traducción literal, algo así como "Esperar a que escampe" y el verbo "escampar" me pareció entonces muy feo comparado con atertu, que es mucho más sugerente. Así que acabé rescatando uno de los muchos títulos que había descartado para la novela original, y lo traduje, y esta vez sí, me sonó bien.

 
¿Qué ha cambiado, en el País Vasco, y también en la literatura vasca, en los dos años desde que publicaste el original hasta ahora? ¿Crees que esa diferencia temporal puede afectar a la recepción de la traducción de la novela? 

No creo que el País Vasco haya cambiado mucho en este tiempo, quizá lo más reseñable, en el ámbito literario y también social, haya sido el éxito arrollador de Patria, y una cierta moda en torno al conflicto vasco en la literatura. No sé si esto es bueno o malo, puede ser bueno desde el punto de vista de marketing, pero quizá Patria haya agotado o asfixiado el tema, tengo dudas.

 
Esta es una novela muy posmoderna, en el sentido de que es muy autoconsciente de su existencia como narración (y como "literatura de viajes"). ¿Sigue vigente este paradigma literario, cultural, filosófico, o da muestras de agotamiento? 

Pues fíjate que yo la veo bastante clásica, con el viaje del héroe, sus pruebas y su clímax final. De haber algo, hay una parodia de lo posmoderno, esta tendencia a mezclar autora y narradora, a que la autora enseñe sus cartas continuamente e interpele al lector, porque esa asociación entre autora y narradora es pura ficción. Es cierto que la narradora explica el relato constantemente (básicamente, para quién escribe y por qué, incluso qué reacciones espera) pero esa explicación es pura invención, no son las verdaderas razones por las que yo escribí la novela.

 
En cierto modo, esta novela, como 'La línea del frente' de Aixa de la Cruz, reflexiona sobre la capacidad de dialogar y construir un discurso sobre eventos traumáticos. ¿Crees que esto es posible? En la novela, Ulia no consigue dialogar ni con su padre ni con su pareja... 

Es posible y necesario, hablar, contarse historias, darle sentido al pasado y al presente mediante el artilugio narrativo. Es una necesidad humana tan básica como la de respirar. Ulia no consigue hablar pero puede escribir. 

 
El epílogo y la frase final ("tengo muchas cosas que contarte"), ¿indican una cierta esperanza de que este diálogo "sanador" pueda darse en el futuro? 

Yo creo que el final, aunque abierto, sí es esperanzador, y la última frase es toda una declaración de intenciones: hay que seguir contándonos, contar y escuchar historias es la mejor manera no sólo de darle sentido a nuestras vidas, sino de generar empatía y entender al otro.  


¿Qué papel juega la biografía de Benjamin Britten en la novela? ¿Por qué decidiste incluirlo?
 

Como excusa de la tesis que está escribiendo la protagonista, doy pinceladas de la vida de este compositor inglés, sobre todo de su juventud, marcada por su pacifismo y su negativa a hacer la guerra justo cuando la guerra parecía más justificada, en plena ofensiva nazi. En las partes dedicadas a Britten es donde más de lleno se tratan los temas que en el resto de la novela solo se intuyen. ¿Es la violencia siempre rechazable? ¿Podemos ponernos de perfil cuando los acontecimientos históricos nos arrollan? ¿Tenemos derecho a negarnos a luchar cuando sabemos que otros lo harán por nosotros?


¿Crees que existe una "guerra por el relato" en el País Vasco, como tantas veces se ha dicho en los últimos años? ¿Qué papel puede/debe jugarla literatura en este contexto?
 

Siempre ha existido esa guerra a nivel simbólico: desde el lenguaje que acuñó la izquierda abertzale, hasta esa negación misma de que existiera un conflicto que se gestó, creo, en tiempos de Aznar. Que exista esa guerra simbólica, que esté viva, que cada cual tenga la libertad de contar cómo lo vivió y confrontar su experiencia con otras experiencias antagónicas, me parece positivo, aunque hay que recordar que esa libertad está aún hoy en día coartada (nada tan fácil como invocar a las víctimas para censurar esto o aquello). En general, me remito a lo dicho por Edurne Portela en El eco de los disparos, sobre la necesidad de una imaginación ética que venga fomentada por las representaciones artísticas de toda índole. Ahí es donde la literatura puede hacer su humilde aportación.

viernes, 10 de abril de 2009

Thomas Mann: La muerte en Venecia


Título original: Der Tod in Venedig
Idioma original: alemán
Fecha de publicación: 1912
Valoración: Muy recomendable

El argumento de esta novela breve de Thomas Mann se puede resumir en pocas palabras: trata de la estancia del escritor Gustav von Aschenbach en Venecia, durante la cual se enamora de un muchacho polaco llamado Tadzio (incomprensiblemente, Tadrio en la traducción que tengo) y contrae una enfermedad que le lleva a la muerte. Sí, he destripado el final de la novela, pero ¿qué os esperábais con ese título?

Lo fundamental, de todas maneras, no es la acción. Quien esté buscando acción más vale que deje esta novela para otro momento. Thomas Mann busca transmitir esa inactividad morbosa, ese exceso lánguido que caracterizaba el modo de vida de la gran burguesía a comienzos del XX, y lo hace de modo magistral. Aunque más que una ausencia de actividad, ese ambiente enfermizo parece denunciar una profunda parálisis de la vida, un espíritu infectado de tedio. La novela se encuadra así en esa dolorosa conciencia de la "decadencia de Occidente", que embargó antes de la Primera Guerra Mundial, sobre todo, a los intelectuales conservadores. Se huele en muchos pasajes la influencia de Nietzsche, pero de un Nietzsche descorazonador, que sólo hace más insufribles las convenciones burguesas con su prédica del sí a la vida.

La muerte en Venecia está plagada de referencias simbólicas a la mitología y la Filosofía clásicas. Tadzio es comparado con Eros, claro: el dios del amor que, según Platón, alienta en los hombres el anhelo de belleza e inmortalidad. Pero también con Narciso, el enamorado de sí mismo. La suya se nos presenta como una belleza inocente pero lejana, tentadora pero imposible. Mediador entre una tierra corrompida (simbolizada por una Venecia enferma de cólera) y un ideal de perfección, Tadzio es un ángel, pero a la manera de Rilke cuando dice "todo ángel es terrible". Como todo ángel, es portador de un mensaje de salvación, en este caso para Aschenbach.

Mientras la enfermedad se propaga a su alrededor y se ceba con su propio cuerpo, Aschenbach debe aprender a salvarse, aceptando su propia verdad y pactando con sus propios miedos. La asunción de su sombra y del mal (no sólo físico) que le carcome hace posible una reconciliación final. En ella puede verse toda una teoría del arte como sublimación y, en general, una doctrina de la búsqueda del sentido en el sinsentido que es la vida. Ésta es la austera esperanza que nos ofrece Mann.

También de Thomas Mann en ULAD: La montaña mágicaViaje por mar con Don Quijote

viernes, 10 de febrero de 2023

Azorín: Capricho

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1943

Valoración: Bastante recomendable 


Si hablamos de la generación del 98, Azorín se cita siempre entre los nombres indiscutibles, no por nada fue precisamente quien le puso el nombre. Entre ese colectivo de composición controvertida, mucha gente ha leído a Baroja, bastantes a Unamuno, y algunos otros conocen, aunque solo sea por canciones de Serrat o Paco Ibáñez, a Machado, por ejemplo. Pero nadie que yo conozca ha leído nunca a Azorín, yo diría que en general casi nadie ha leído a Azorín. Y me incluyo, hasta hace unos pocos días. Es una situación algo extraña, y tal vez un poco injusta, y me propongo corregirla, al menos en el modesto ámbito de nuestro blog, a través de este libro, elegido completamente al azar.

Aparte del desconocimiento, podemos también tener el prejuicio de etiquetar a este autor como clásico, convencional, poco amigo de moderneces y atado quizá a la reciedumbre del paisaje castellano, cosas así. Puede que algo de eso haya en otras de sus obras, pero entonces Capricho sería, y no sé si realmente es, una rara avis, porque se trata de una pieza cercana a la experimentación, una especie de juego literario que hace honor al título en su concepto tradicional, como obra que ‘se ejecuta por la fuerza del ingenio, más que por la observancia de las reglas del arte’, como en el mismo inicio del libro se indica.

El texto consiste en un pequeño relato inacabado que el autor propone, dejando abierto el desenlace para que cada uno de los distintos redactores de un periódico lo complete a su manera. Se acompañan semblanzas totalmente subjetivas de cada uno de los candidatos, muy bien modeladas por cierto, y hasta el autorretrato de varias mujeres que pudieran ser posibles personajes a utilizar. Finalmente, se diría que el relato lo completan, aunque solo parcialmente, una serie de personajes literarios (don Quijote, Juan Tenorio, el buscón Pablos, etc.) en un ejercicio que más que de estilo es de inmersión en su personalidad y su modo de ver el mundo. Esta perspectiva un poco insólita es quizá lo más interesante del libro: no nos centremos tanto en cómo idearía un desenlace o qué forma le daría este o aquel personaje, ni el redactor jefe o el reportero de tribunales, sino cómo la subjetividad de cada uno determina el modo de enfocar la situación que se plantea. Y un paso más allá, asistimos a la confusión entre autor y personaje, de manera que unos y otros, trabajadores del periódico y protagonistas de clásicos, adoptan una u otra posición según se les observe.

En los tiempos actuales el formato no resulta especialmente novedoso, ni quizá lo era siquiera en 1943 cuando se escribió el libro, pero sí que transmite la imagen de un autor con mucha menos aversión al riesgo de lo que cabía esperar. 

Seguramente se trata de una diversión, un pasatiempo de escritor que se siente libre para crear una cosa de apariencia ligera pero que, ya puestos, aprovecha para enredar con distintos aspectos de la creación literaria: la recuperación de términos arcaicos, el reflejo de la personalidad (o las circunstancias) del autor en la obra, cómo el personaje puede cobrar vida propia o quedar abandonado sin el aliento del autor, o lo artificial (o meramente convencional) de la distinción entre géneros literarios. El mismo Capricho es un híbrido entre varios de ellos, con trazas de novela o relato corto, pero también de ensayo, biografía e incluso poesía, si atendemos al tono lírico que se deja ver de tanto en tanto. Pero ante todo me parece, como decía al principio, que la mayor parte de su esencia es de juego y experimento. 

Es cierto, el libro carga con el lastre de una prosa que hoy resulta algo anticuada, de páginas que a veces se hacen un poco largas, sumergidas entre reflexiones de personajes clásicos que tal vez solo el erudito capte como es debido. No creo que sea una obra demasiado representativa de este Azorín al que he querido rescatar del olvido, ni probablemente sea una de las mejores. Pero me ha gustado su atrevimiento, la libertad que demuestra al crear y la forma de dejar pistas sobre los entresijos de la literatura. Quizá no muy entretenido de leer, pero de esos libros que dejan un cierto poso a nada que les dediques una pequeña reflexión.

Otros libros de Azorín en ULAD: El chirrión de los políticos