miércoles, 12 de enero de 2011

Benito Pérez Galdós: Nazarín


Idioma original: español
Año de publicación: 1895
Valoración: Recomendable

Este último año y medio ha sido el de mi reconciliación con Galdós, sobre todo gracias a Fortunata y Jacinta, ese culebrón magistral. Y hacía tiempo que tenía ganas de leer algo de su última etapa, la que llaman "espiritual(ista)", en la que renuncia a la exactitud del retrato psicológico, histórico y social para concentrarse en los problemas filosóficos, religiosos o éticos que afligen al hombre de cualquier época y condición. Nazarín es la más conocida de esta época (entre otras cosas, gracias a la adaptación de Buñuel) y bueno, me ha gustado, pero no tanto como Fortunata y Jacinta.

El protagonista de esta novela ha sido descrito como una mezcla de Don Quijote y Jesucristo. Del primero tiene su idealismo, su nomadismo y su incapacidad (o resistencia voluntaria) para adaptarse a la realidad; del segundo, su misticismo, su pacifismo, su entrega al prójimo e incluso un cierto mesianismo (una de las escenas más divertidas de la novela es aquella en que Pedro Belmonte cree ver en Nazarín al obispo armenio Esrou-Esdras redivivo). Además, en su vagar por las afueras de Madrid lo acompañan Ándara y Beatriz (que tienen con él una relación verdaderamente entrañable, muy bonita y muy bien construida por Galdós), que tanto pueden ser la Marta y María evangélicas, como nuevas Sancho-Panzas andrajosas y malhabladas.

La acción de la novela, bastante escasa, por cierto, es la típica de una novela de viaje, o mejor, de vagabundeo (como es, precisamente, el Quijote): los personajes andan por los caminos, se encuentran con gente, hablan, les pasan cosas. El hilo conductor es el protagonista, que con su actitud y su personalidad mística y desprendida provoca admiración, respeto, desprecio o burla en quienes lo conocen.

En fin, la novela es interesante por su contraste, precisamente, con los periodos anteriores del propio Galdós: qué diferente es el tono, el tema o el tratamiento de los personajes y la acción, si lo comparamos con su etapa más realista o, por ejemplo, con Doña Perfecta: la ambigüedad con la que se presenta a Nazarín (termina la obra y no sabemos si es un santo, un loco o una mezcla de las dos cosas) es, también, puramente cervantina. En todo caso, para mi gusto esta obra es menos perfecta que los mejores novelones realistas del mismo autor.

Ah, por cierto, no he visto la película de Buñuel, ¿qué tal está?