Ahora bien, Sanderson es conocido por escribir fantasía. Tiene todo un universo llamado Cosmere, y varias sagas de 5-10 libros (extensos como para hacer dulce de leche de TochoWeek) interconectadas entre ellas, aunque creo que por ahora esa conexión se ha dado puntualmente. Pero que el hombre saca religiosamente uno o dos libros por año, lo hace. De eso podría aprender Rothfuss o George R.R. Martín. Claro que para eso tendrían que renunciar a toda prosa elaborada y contentarse con la funcionalidad más básica de la palabra.
viernes, 23 de octubre de 2026
Brandon Sanderson: Curso de escritura creativa
Ahora bien, Sanderson es conocido por escribir fantasía. Tiene todo un universo llamado Cosmere, y varias sagas de 5-10 libros (extensos como para hacer dulce de leche de TochoWeek) interconectadas entre ellas, aunque creo que por ahora esa conexión se ha dado puntualmente. Pero que el hombre saca religiosamente uno o dos libros por año, lo hace. De eso podría aprender Rothfuss o George R.R. Martín. Claro que para eso tendrían que renunciar a toda prosa elaborada y contentarse con la funcionalidad más básica de la palabra.
domingo, 9 de febrero de 2025
Nina Lykke: No hemos venido a divertirnos
Título original: Vi er ikke her for å ha det morsomt
Año de publicación: 2022
Traducción: Ana Flecha Marco
Valoración: recomendable
Knut Pettersen es un escritor noruego de mediana edad -mediana edad más bien pasadita- que conoció el éxito literario veinte años atrás, pero que desde entonces ha ido viviendo un paulatino declive, tanto en lo literario y financiero -de hecho, para sobrevivir debe trabajar esporádicamente en una residencia de ancianos- como en lo que respecta a sus relaciones amorosas, familiares y sociales... Vamos, que su vida sería parecida al lento rodar de una piedra por la ladera de una árida montaña. En éstas, recibe la invitación a un importante festival literario, con el inconveniente de que debe participar en un coloquio sobre la infidelidad junto al marido de su ex-mujer y, peor aún, a una escritora que describió un supuesto episodio de acoso sexual por su parte en una novela de autoficción (por lo que no cabía defenderse legal ni casi públicamente de tal acusación). Acuciado por su situación económica, pero también por su deseo de volver a formar parte del mundillo literario, Knut acude al festival junto a su amigo y vecino Frank.
A partir de esta premisa, Nina Lykke nos hace acompañar al muy neurótico y deprimido Knut durante los días previos a tal evento, que le causa una ansiedad considerable, añadida a la amargura y el desencanto provocadas por su situación profesional y familiar, amén de su pesimismo vital, en general. Con tan agobiante mochila, Knut hace frente al cambiante y desconcertante mundo que le rodea con reflexiones caústicas en su lucidez sobre lo que se va encontrando y también -no es menos importante- sobre los recuerdos de sus comportamientos pasados. Sin embargo, y aunque la novela es irónica y hasta mordaz sobre ciertos excesos del "feminismo" (lo pongo entre comillas porque no me atrevo a afirmar que se trate de actitudes propias del verdadero feminismo... Aunque tampoco me atrevo a determinar en qué consiste eso del "verdadero feminismo"), el llamado "wokismo" o, sin más, el postureo de cierta intelectualidad que siempre intenta nadar y guardar la ropa, éste no es un libro que pretenda pelear en la cacareada "guerra cultural" a la que nos están obligando a asistir en los últimos tiempos (pese a lo que considere algún que otro opinador extremocentrista que lo ha reseñado). Ni tampoco su autora es una de esas indignadas mujeres que se aprestan a acudir en defensa del vapuleado varón blanco heterosexual y pitopaúsico de mediana edad; entre otras cosas, porque nos presenta a su protagonista, más que como un ser noble e incomprendido, como un tipo un tanto gilipollas (en el sentido más cariñoso del término, si es que lo hay): si la vida de Knut es un desastre, en buena parte es culpa suya... lo que no significa que no podamos sentir empatía y hasta algún cariño por él, que tampoco es ningún monstruo, sino un individuo inofensivo y más bien pusilánime (aunque no durante toda la novela, pero no quiero adelantar nada).
En realidad, yo diría que, más que una visión o reivindicación del punto de vista del varón blanco, heterosexual, etc., lo que encontramos en esta novela es el punto de vista (generalizando mucho, claro está) de la generación que nació en los años 60 y se hizo adulta en los muy modernos y rompedores 80, para llegar o incluso superar la mediana edad y darse cuenta de que ya no son modernos ni rompedores y que el mundo ha cambiado, dejándolos atrás o, cuando menos, demodés. OK, boomer, que se decía hace no mucho (sospecho que la expresión ya está también demodé), pero, ¿a qué viene todo esto? Bueno, pues porque la autora de la novela tiene, por casualidad, la misma edad que el protagonista y cabe suponer que comulga con muchos de los airados pensamientos de éste, aunque ya sé que, en puridad, pertenecen a un personaje de ficción y no tienen por qué compartirlos. No obstante, cuando menos se le han ocurrido a ella, fruto, probablemente, de la observación y escucha a sus coetáneos.
Que tampoco se entienda esto como una crítica negativa al libro, ojo; de hecho, yo también puedo compartir algunas de las reflexiones de Knut (*) (es lo que tiene ir haciéndose viejo) y, en cualquier caso, la novela resulta, si no hilarante, bastante divertida, como buena ficción con el típico personaje metepatas, combinado aquí con el -casi- viejales cascarrabias. Además (y reconozco que con esto me ganó) de soltar varias inventivas contra la moda fulera de la autoficción -de hecho, a la escritora que le acusó, en un libro de este género, de haberla acosado sexualmente, Knut la llama, y aquí la ironía parece dejar paso al sarcasmo, La Escritora de la Realidad-. Lástima, de todos modos, no saber más sobre el ambientillo literario noruego, para poder disfrutar plenamente de la malicia de doña Nina Lykke, aunque bueno, es de esperar que sea bastante parecido al de aquí o de cualquier otro país. Eso sí, con mejores canapés de salmón, supongo.
(*) Sé que habrá quien piense, tal vez con razón, que como señoro que soy no tengo derecho a opinar sobre una novela escrita por una mujer y traducido por otra (la cubierta parece que la ha hecho un maromo), aunque trate sobre un personaje de mi misma especie... Pero como, al fin y al cabo, creo que el tono de la reseña es bastante positivo hacia el libro, estoy seguro de que, al menos en esta ocasión, a ninguna de las dos le parecerá mal.
miércoles, 10 de julio de 2024
Lorenzo Montatore: La mentira por delante
Año de publicación: 2021
Valoración: está bien (sobre todo para fans)
Contra lo que pueda sugerir la valoración de este libro y antes que nada, debo decir que yo nunca he sido demasiado fan de Francisco Umbral. En mi juventud de aspirante a cultureta leí dos libros suyos que no me entusiasmaron, precisamente (uno de ellos sobre Valle-Inclán, que me pareció directamente un timo y el otro, una novela que se desarrollaba en un poblado chabolista de Madrid anejo a cementerio, al menos tenía la gracia (?) de ser bastante delirante... Sí, ya sé lo que me vais a decir: que debería de leer Mortal y rosa, pero mirad, ya tuve suficiente). Sus celebradas columnas periodísticas tampoco me llamaban la atención, aunque debo reconocer su facilidad para la metáfora ocurrente. Y, como personaje público, Umbral era, en mis años mozuelos, uno de los pocos escritores (junto al ínclito Cela, Antonio Gala, Sánchez-Dragó... aunque me cuesta incluir a este señor en el gremio) que salían a menudo por la tele e incluso eran carne de imitación por los humoristas, por lo que eran reconocibles para una mayoría de gentes que nunca habían leído sus libros ni se les pasaba por la cabeza hacerlo. En el caso de Francisco Umbral, se hizo más célebre aún por haberle soltado una encendida diatriba a Mercedes Milá (visto lo visto, bien que hizo), que se convirtió en una ocurrencia recurrente en España durante años y aun décadas.
Ahora bien, que a mí no me gustara este escritor no quiere decir que no haya, incluso hoy, gente fascinada por su prosa sonajero florida, su voluntariosa figura de dandy (?) y su aún más férreo propósito de convertirse en una personalidad literaria de renombre (este es el caso, creo, de Alberto Olmos, aunque no sé si él ya ha renunciado a hacer lo propio). esta misma maravilla por el influjo umbraliano es la que debe haber impulsado al autor de este cómic, él sabrá por qué, a realizar el mismo, que resulta ser una suerte de panegírico caricaturesco a mayor gloria de Umbral y sus contemporáneos.
Digo "caricaturesco" no porque este libro -tebeo, según su propio autor- sea una sátira o parodia de nada o de nadie, sino por el estilo de dibujo de Lorenzo Montatore, con evidente influencia tanto de la "escuela Bruguera" como de la mítica revista La Codorniz. Que tiene gran talento para la caricatura lo atestiguan los retratos que hace de los ya mencionados Umbral y Milá, pero también de Lola Flores, Massiel, Carrillo, los ya mencionados Cela y Sánchez-Dragó, Delibes, Pérez-Reverte, Los Ramones, Ramoncín, el Rey Emérito, García Berlanga, Jesús Hermida, Pitita Ridruejo,... en fin, toda una heteróclita colección de personajes que tienen en común, aparte de ser en su mayoría escritores (juntaletras, en algún caso), eran una parte importante de esa sociedad que salía en los medios (es decir, la tele) en aquellos procelosos y demasiado recordados años 80 y 90, cuando el protagonista de esta biografía era también una estrellita mediática, al menos en España. También aparecen otros escritores de otro tiempo que Umbral tenía o pretendía tener como refrentes (en algún caso, para criticarlo): Valle-Inclán, Pío Baroja, Gómez de la Serna, Larra...
miércoles, 3 de junio de 2020
Ursula K. Le Guin y David Naimon: Conversaciones sobre la escritura
Idioma original: InglésTítulo original: Conversations on writing
Traducción: Núria Molines Galarza
Año de publicación: 2018
Valoración: Interesante
«Si escribes una villanesca, pues leñe, escribes una villanesca y sanseacabó. No escribes algo parecidito y vas diciendo que es una villanesca. Las normas hay que tomárselas en serio y, al seguirlas, verás que la necesidad de tener que cumplir con ciertos requisitos te da algo que hacer. No sé por qué siempre es así y siempre funciona.»
«Cuando Maybeck planeaba una casa se imaginaba la familia que acabaría viviendo allí. No diseñaba una “máquina para vivir” o para expresar su ego, como hacen muchos arquitectos (algo que suele alabarse). Hacía todo lo contrario y aun así las “Maybecks” son perfectamente reconocibles.»




