miércoles, 5 de diciembre de 2018
Sidonie-Gabrielle Colette: Chéri
Título original: Chéri
Traductora: Núria Petit
Año de publicación: 1920
Valoración: es cuestión de gustos
Como dice el dicho portugués, não há fome que não dê em fartura (no hay hambre que no se convierta en hartazgo): como comenté en una reseña anterior, después de unos meses con muy poco tiempo para leer, he podido bajar un poco el ritmo de trabajo y dedicar un algo más de tiempo a la lectura. Y ando devorando novelas (aunque no sean novelas demasiado largas, todo hay que decirlo). Después de Cara de pan de Sara Mesa y La pasión de Jeanette Winterson, le llega el turno a Chéri, de Colette, una obra a la que reconozco virtudes indiscutibles, pero con la que no he conseguido conectar demasiado.
La novela presenta un tema muy típico de la narrativa de Colette, por lo que he ido leyendo: la relación entre una mujer madura, independiente y sofisticada, Léa de Lonval, y un jovencito tan hermoso como caprichoso, tan seductor como infantil. Es una relación condenada de antemano, por causa de la diferencia de edad y las convenciones sociales, que obligan a Chéri a escoger una esposa más joven y sumisa, pero cuya llama no termina de apagarse a pesar de la distancia y la separación.
Donde más destaca la obra de Colette es, creo, en la construcción de personajes: Chéri, el efebo malcriado, hermoso y volátil, es quizás algo más estereotípico; en cambio, el personaje de Léa, mujer madura, consciente de su belleza, su poder y también su edad, su poder y sus fragilidades, con todos los matices de sus pensamientos y sentimientos, es una creación mucho más individual y también con muchas más capas. Y a estos personajes protagonistas se une un coro de personajes secundarios igualmente destacados y perfilados: Madame Peloux, la madre de Chéri, enemiga y al mismo tiempo inseparable de Léa; la joven Edmée, esposa sumisa cuya impasibilidad parece casi rebeldía; la insportable madre de Edmée, Marie-Laure...
Colette consigue crear una dinámica entre estos personajes que muestra la complejidad de los sentimientos y las relaciones humanas, más allá del tópico de la pasión romántica: Léa es mayor que Chéri, y lo sabe, pero ama a Chéri; también sabe que la sociedad no aprueba su relación, algo que no le importa (pero sí le importa); no le importa tampoco (pero sí) que Chéri se case con una mujer mucho más joven; y cuando ese momento llegue será capaz de huir de París, pero no de olvidar a Chéri... Querría olvidar, enfocarse en sus otros amantes o en su propia soledad, pero no lo consigue. Es una mujer independiente y segura, consciente de sus deseos y de la forma de satisfacerlos, pero no puede dejar de necesitar a Chéri, más allá de lo que desearía...
Lo que no me ha gustado, y ha hecho que me cueste involucrarme en la novela, es el ambiente de lujo, sofisticación y derroche en que se desarrolla la novela. Ya, esto puede ser una manía mía, pero una novela que constantemente hace referencia a champagne y seda y agua de sándalo y adornos de oro y mármol y ébano y marfil, me cuesta entrar en los conflictos de los personajes. Es admirable, sí, la forma en la que Colette describe la sensualidad (la sensorialidad) con la que circulan los cuerpos por el texto, pasando de la desnudez a las vestimentas más suntuosas. Pero esta capacidad descriptiva no anula mi desinterés o rechazo hacia el objeto descrito: siguen siendo unos aristócratas rentistas jugando a enamorarse y a ser rebeldes. No es, precisamente, el tipo de historia que más me atrae, por muy bien escrita que esté.
También de Colette en ULAD: Dúo
jueves, 16 de enero de 2020
Colette: La vagabunda
jueves, 21 de abril de 2022
Colette: El quepis y otros relatos
Título original: Le képi
Traducción: Núria Petit Fontserè
Año de publicación: 1943
Valoración: Recomendable alto
Reconozco que me provoca cierto recelo asomarme a un autor al que conozco poco a través de algo que tiene todo el aspecto de una obra menor, en este caso un pequeño puñado de relatos, cuatro para ser exactos. Existe el riesgo de desenfocar la valoración partiendo de un prejuicio, tanto en una dirección como en la contraria: sobrevalorar la obrita en base a la celebridad del autor, o bien denostarla sabiendo que ocupa un lugar secundario en su bibliografía. Soy consciente del problema e intento por encima de todo ser objetivo y, cómo no, disfrutar de la lectura, eso siempre.
El carácter libre y rompedor de Colette y su vida escandalosa, al menos para la época, no me interesan más que, a lo sumo, como marco de referencia donde situar el apreciable aire autobiográfico que asoma en algunos momentos. Más interesante me parece que en estos textos, bastante tardíos (al menos cuando se publican, 1943, ella tiene cerca de setenta años), siguen en primer plano algunas de las constantes que se muestran en sus obras más significativas: la relación de pareja, o más bien sus inicios, la atracción mutua o las circunstancias que concurren cuando el azar reúne a dos personas de edades muy diferentes.
Los dos primeros relatos (El quepis y La mocita) exploran estas situaciones. En el primer caso, se trata de una mujer madura con un pasado complicado, que contacta de forma inesperada con un joven militar. En el segundo, es un cincuentón aficionado a las jovencitas que se encuentra con una de ellas. Como se ve, son parejas que se salen de lo usual y que se observan más que se examinan. A la autora no parecen interesarle demasiado los problemas que pueden plantear esas relaciones, de hecho más bien se diría que no ve en ellas ningún inconveniente especial. Colette se limita a mirar y describir (y describe con elegancia y con soltura), evitando intervenir y mucho menos juzgar. De hecho se aparta de la figura del narrador y se coloca como un personaje más, completamente secundario, cuya finalidad es solo sostener el hilo narrativo. En El quepis la voz la lleva una amiga de la protagonista que se interesa por su aventura amorosa, y en La mocita, la autora, o narradora, es la simple destinataria del relato que del escarceo hace el hombre que lo protagonizó.
No son solo pequeñas historias galantes. Aunque en ningún momento se entra en el terreno de los sentimientos, la narración tiene el mérito de hacer que el lector se los plantee: se nos cuentan hechos, lo que la amiga ve y oye, lo que el hombre cuenta que vio y que hizo, pero no nos queda más remedio que intentar escudriñar qué sienten aquella mujer madura y esa rústica adolescente, todo en base a lo que cuentan los respectivos narradores. Este manejo de la información y la sutilísima invitación al lector me parecen un juego muy sugestivo, signo de buena literatura y también una velada insinuación para respetar cualquier tipo de relación, aunque pueda parecernos inconveniente, problemática o directamente reprobable. El subtexto de estas historias lo tiene que poner el lector, si quiere.
Hay también algún otro rasgo común, como la tendencia a resolver la narración con un final más bien abrupto, sorprendente y de mayor profundidad en el primer relato, más humorístico en el segundo, y decididamente absurdo en el último, Armande, tal vez el más flojo aunque tampoco carente de interés. El tono es también cambiante, destacando el aire más clásico e irónico de La mocita, en tanto que en El quepis parece mantenerse a propósito una distancia respetuosa con la protagonista.
Tampoco hay que olvidar El lacre verde, cuyo argumento se aparta de las relaciones que centran los demás relatos, aunque también se remite a pasajes de la adolescencia que parecen habituales en la autora. Excelentemente escrito, es un muy bonito híbrido donde se mezclan recuerdos de la casa familiar con secretos y viejas historias de pueblo pequeño, todo ello con un trasfondo, siempre más bien sugerido que explícito, de novela negra.
Un pequeño repertorio que resulta sugerente, gotas de buena literatura que inducen a buscar más cosas de esta autora, un personaje singular, libre, que parece flotar entre escuelas, corrientes y etiquetas, para presentarnos una visión de la vida que merece mucho nuestra atención. Porque lo hace muy bien.
sábado, 23 de julio de 2016
Sidonie-Gabrielle Colette: Dúo
Idioma original: FrancésTítulo original: Duo
Traducción: E. Piñas
Año de publicación: 1934
Valoración: Muy recomendable
También de Colette en ULAD: Cheri
martes, 15 de febrero de 2022
Vivian Gornick: Cuentas pendientes
Título original: Unfinished business
Traducción: Martí Sales (edición en catalán) y Julia Osuna Aguilar (edición en castellano)
Año de publicación: 2020
Valoración: entre está bien y recomendable
A aquellos a los que nos gusta leer y que llevamos décadas haciéndolo, siempre nos asalta la duda sobre si vale la pena volver a esos libros que nos fascinaron, que nos dejaron una huella imborrable, aquellos que por su argumento, pero diría que especialmente por su estilo, ocupan un lugar destacadísimo en nuestra memoria. Y la duda respecto a si volver a ellos no reside únicamente en si vale la pena dedicar nuestro valioso tiempo a leer un libro ya leído en lugar de dedicarlo a un libro por descubrir, sino especialmente, o al menos en mi caso, la duda está en qué pasaría si leyera de nuevo ese libro en concreto. ¿Me gustaría de igual modo? ¿Encontraría de nuevo en él todo aquello que me cautivó? O, por el contrario, ¿me decepcionaría? Esto mismo es lo que Vivian Gornick trata en esta recopilación de ensayos.
En esta recopilación de ensayos literarios (y pongo especial énfasis en lo de “literarios”), la autora estadounidense aborda precisamente el tema de las relecturas, ofreciéndonos una reflexión sobre cómo los libros impactan de diferente manera según nuestro momento vital, nuestra madurez o nuestro estado de ánimo. Y, para ello, nos ubica de manera muy resumida en su infancia, afirmando que «crecí en una ruidosa casa de izquierdas donde Karl Marx y la clase obrera internacional eran dogmas de fe: el sentimiento de injusticia social se daba por hecho». También nos cuenta sus primeras incursiones en el mundo periodístico a través de The Village Voice y cómo a raíz de tener que escribir un artículo sobre el feminismo se dio cuenta de que ella lo era. Y, ese trayecto vital coincidió, como no podía ser de otro modo, con un recorrido lector, y en esta recopilación hace una parada para examinar y comentar esos libros que, de un modo u otro, le causaron un impacto, no una única vez, sino que se lo causaron en sus diferentes lecturas porque como gran lectora, ensayística, crítica literaria y periodista que es, afirma justo al inicio del libro que «como la mayoría de lectores, a veces pienso que nací leyendo» y confirma su pasión por la literatura al afirmar que en la introducción que «el mundo continua desapareciendo cuando leo y no dejo de maravillarme» y, como buena lectora, no le cuesta empatizar con sus propios lectores como demuestra libro tras libro manteniendo un firme propósito: «cuando escribo aún espero poner los lectores detrás de mis ojos, que vivan el tema tal y como yo lo viví, que lo sientan tan visceralmente como lo sentí yo».
De esta manera, y haciendo un repaso a las lecturas que más la marcaron, Gornick nos habla en primer lugar de «Sons and lovers», de D. H. Lawrence, la primera novela de aprendizaje que leyó y nos cuenta cómo y por qué le impactó, no en una sino en las diferentes ocasiones en las que leyó el libro. Esta ‘lectura’ es interesante, pero vemos ya en ese primer capítulo el principal punto débil de esta obra: la autora utiliza las casi veinte páginas de este primer ensayo para explicar el libro y las diferentes lecturas del mismo que hizo a lo largo del tiempo con sus diferentes interpretaciones según el momento vital en el que lo leía, pero lo hace de un modo demasiado exhaustivo, contándonos todo el libro y eso es algo que puede tener cierto interés si uno ha leído el libro pero en caso contrario no es algo que aporte demasiado a la lectura aparte de un conjunto de spoilers, explicar toda la trama argumental de principio a fin y añadir unas cuantas citas o incluso párrafos del libro en cuestión.
Ya en el segundo ensayo continua con Colette, de la que afirma que «en su obra, nos podíamos ver no tal y cómo éramos, sino tal y cómo probablemente seríamos», pues «parecía que supiera todo lo que le pasaba por dentro a una mujer ‘bajo presión’». Tras Colette, la autora sigue con su análisis más próximo a la crítica literaria con Marguerite Duras y «El amante» y sigue con Elizabeth Bowen, Delmore Schwartz y Yehoshua donde aprovecha para narrar lo que supone ser judío en Estados Unidos, afirmando que «la mía fue la última generación de criaturas nacidas en Estados Unidos hijas de los judíos europeos que llegaron a este país a finales del siglo XIX. En gran parte, quedamos marcados de por vida en la experiencia angustiante de nuestros padres de vivir en la periferia, colectivamente hablando; empezamos temprano a dejar un testimonio literario de qué quería decir ser judío en los Estados Unidos». La autora se percata de que «últimamente, me he encontrado pensando en este corpus de obras escritas por norteamericanos para los cuales ser judío era central». Asimismo, se confiesa al afirmar que su visión de judía estadounidense le chocó enormemente con la realidad existente en Israel, pues tras su visita a ese país finales de los 70, afirma que «por más que lo intentara, durante los meses en los que viví en Israel, mediante cualquiera de los rasgos identitarios que tenía a mano (judía, mujer y norteamericana), no fui capaz de conectar. Como hija de judíos seglares que hablaban yidis, la lengua hebrea me decía lo mismo que cualquier otra lengua extranjera; como mujer, retrocedí al encontrarme un país aún más machista que el mío; como producto del individualismo de los Estados Unidos, no podía superar el espantoso tribalismo de su cultura».
De igual manera, nos habla también de feminismo al hablarnos de Elizabeth Stanton, quién fue presidenta de La Asociación norteamericana de Mujeres Sufragistas y de cómo conectó profundamente con su obra «The Solitude of Self», pues «ningún libro judío norteamericano había retratado con tanta precisión mi interior, atrapado entre la naturaleza y la historia». Nos habla también de Natalia Ginzburg de quien afirma que, «leyéndola, como he hecho repetidamente a lo largo de muchos años, experimento la euforia de cuando te recuerdan intelectualmente que eres un ser sensible» y nos revela que la propia Ginzburg descubre que «el truco era prestar mucha atención a la propia experiencia y después encontrar la manera de hacer que la escritura se acomode a ella». Su conexión con la autora italiana era tal que parecía que «sus escritos le hablaran directamente. A la larga, parecía que los hubiera escrito para mí». Finalizando los ensayos con las figuras de J. L. Carr y Pat Barker, nos habla también de la predisposición del lector hacia un libro y cómo está condiciona irremediablemente la valoración y el disfrute de su lectura, y de Doris Lessing (y su relación con los gatos) o Thomas Hardy y su libro «Jude». Ya hacia el final del libro, Gornick nos cuenta cómo se encuentra con un libro que leyó y subrayó hace tiempo y cómo aquello que destacó antes no le parecía tan importante y sí en cambio otras frases del libro; esto la sorprende hasta el punto de que lo relee de nuevo siendo consciente que, quizá en una tercera lectura más adelante, encontrará otras partes interesantes a las que ahora mismo no le aportan o impactan en exceso.
De esta manera, en este recopilatorio de ensayos, Gornick nos narra cómo esas lecturas la impactaron, cómo se identificaba con algunas escenas, pasajes y pensamientos. Por ello, en este libro, más cercano a una recopilación de reseñas o crítica literaria que a un ensayo reflexivo sobre ella o sobre la sociedad, Gornick parece destinarlo a aquellos que en algún momento de su vida se han interesado por esas mismas lecturas que la autora analiza y desgrana, pero que no contará con gran interés por parte de aquellos que no los han leído o que la temática que tratan no se encontrarían entre sus preferencias lectoras. Es posible que mi valoración del libro nos sea mejor debido a las expectativas que tenía sobre él, más cercanas a una especie de Bildungsroman literario donde la autora nos deleitara (como de costumbre) acerca de reflexiones sobre su vida y evolución, que no al análisis de las propias obras. Esperaba de esta lectura que Gornick nos explicará su vida lectora (algo parecido a lo que hicimos en una de nuestras semanas temáticas) ligada a su evolución vital, pero se centra en exceso (según mi opinión) en desgranar las propias obras expuestas y su argumento.
En cualquier caso, la lectura del libro sirve para constatar que «la experiencia del arte solo se produce en el encuentro entre el espectador y el objeto artístico» tal y como afirma Hustvedt en «La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres», y esta experiencia es diferente cada vez, pues el espectador cambia con el paso del tiempo y con ello su visión del mundo. Por ello, parafraseando a Heráclito, quien afirmó que «no nos podemos bañar dos veces en el mismo río» porque las aguas siempre son otras, yo afirmaría que no podemos leer dos veces el mismo libro, puesto que, aunque el texto siempre es el mismo, nosotros cambiamos con el paso del tiempo por lo que nuestra lectura será diferente a cada vez que lo intentemos. Y es bonito que así sea, porque significa que evolucionamos y que siempre podremos sorprendernos con los libros, aunque ya los hayamos leído.
lunes, 7 de enero de 2019
Patricia Highsmith: Las dos caras de enero
martes, 27 de noviembre de 2018
Jeanette Winterson: La pasión
Título original: The Passion
Traducción: Elena Rius
Año de publicación: 1987
Valoración: Muy recomendable
Llevaba unos meses sin conseguir sacar tiempo para leer, por culpa de la carga de trabajo, y ahora que estoy un poco más libre me estoy desquitando, con tres novelas de autoría femenina: Cara de pan, de Sara Mesa; La pasión, de Jeanette Winterson; y Chéri de Colette (que todavía no he terminado). Y puede que ayude el hambre de lectura que tenía, pero he acabado las dos primeras de las tres muy satisfecho. De Cara de pan ya dije lo que tenía para decir en la reseña correspondiente; de La pasión puedo decir que es una obra original, poderosa, sorprendente y maravillosamente escrita (y traducida).
En su primera sección, "El emperador", La pasión podría tomarse por una novela histórica: la acción se centra en Henry, un campesino francés que por distintos avatares acaba trabajando como cocinero y sirviente de Napoleón Bonaparte, primero en la campaña para conquistar Inglaterra, y después en el frente ruso; la segunda sección ("La reina de espadas") introduce un nuevo personaje (la joven Villanelle), un nuevo escenario (una Venecia misteriosa y seductora) y también elementos que aproximan el texto del género fantástico; en la tercera sección ("El invierno bajo cero") ambos personajes se encuentran e inician una relación asimétrica: Henry ama Villanelle, pero ella reserva su pasión para una misteriosa dama de la que se enamoró en Venecia, y ve a Henry como un hermano. La cuarta sección, "La roca", muestra el destino final de ambos protagonistas, que me callaré por respeto a los futuros lectores.
El gran tema que Winterson explora a través de las acciones y los personajes de la novela es el que anuncia el título: la pasión. O incluso la Pasión, con mayúscula. Esa fuerza inexplicable y avasalladora que es capaz de elevarnos, arrastrarnos, engrandecernos o destruirnos irremediablemente. En la novela, la pasión adopta formas diversas: es la pasión que Henry, y Francia en general, sienten por Napoleón y su ambición imperial; es la pasión de Villanelle por su misteriosa dama veneciana; es la pasión trágica de Henry por Villanelle. Es la fuerza que mueve la trama, pero también el mundo. "La pasión", dice Villanelle, "está algún lugar entre el miedo y el sexo. La pasión no es tanto una emoción como un destino". Y más adelante: "La pasión no se deja dominar. No es un genio que al liberarlo nos concede tres deseos. Nos domina y en muy contadas ocasiones en el sentido que habríamos elegido".
Me temo que cualquier reseña o comentario de esta obra no consiga transmitir el placer que produce la lectura, porque el caso es que está jodidamente bien escrito (con perdón por la vulgaridad). Winterson consigue combinar el lirismo y la sensibilidad con el humor y la fantasía, la reflexión con la acción más alocada. Es verdad que a veces su estilo puede parecer un poco efectista, con sus párrafos de una línea y sus frases lapidarias que parecen estar destinadas a una taza de Mister Wonderful. Pero en su contexto, y en el conjunto de la obra, el resultado es armónico y bien medido. No todas las páginas de la novela son perfectas, ni todas las escenas son magistrales, pero en cada capítulo hay páginas memorables y frases que, efectivamente, dan ganas de incluir como epígrafe en cualquier cosa.
Pregunta el coro: y si tanto te ha gustado, ¿por qué no le pones un imprescindible? Pues no lo sé, la verdad es que quizás se le podría poner un imprescindible. En todo caso, ¿qué importa una valoración? ¡Esto no es un concurso de belleza! ¡Arranquen esa página!
Más obras de Jeanette Winterson en Un libro al día.
jueves, 6 de febrero de 2020
Escritores de película (resopón de la Semana del Cine)
Revirando, pues, el sabio aserto que aconseja no leer libro protagonizados por escritores -misión imposible- ni ver películas sobre cineastas, hago notar que existen un montón de films que tienen a escritores de protagonistas, ya sean como personajes reales o de ficción (mejor dicho: más o menos de ficción). la variante más obvia de este tipo de películas son las llamadas "biopics", es decir, películas biográficas que retratan toda o una parte sustancial de la vida de algún personaje conocido; aunque, ciertamente, en ocasiones resulta difícil saber de antemano quién es la figura biografiada: Capote, Wilde, Tolkien, Dovlatov, Yesenin, Mary Shelley, La joven Jane Austen, Las hermanas Brontë, Mishima, una vida en cuatro capítulos... Se lo han currado a tope, ¿eh? Incluso Miss Potter, encarnada por la simpática Renée Zellweger, resulta fácil de identificar para el público anglófono como la madre de Harry... perdón, de Peter Rabbit. Hay que fijarse un poco más, eso sí, cuando el título de la película es tan sólo un nombre de pila: Iris (Murdoch), Enid (Blyton), Colette... bueno, éste no tanto. Resulta más sugerente -aunque el contenido no tiene por qué ser más interesante- cuando el título es menos obvio: Antes que anochezca, sobre Reinaldo Arenas haciendo de Javier Bardem, Tierras de penumbra, sobre C. S. Lewis o la inefable Ábrete de orejas, acerca del malogrado dramaturgo Joe Orton. Rebelde en el centeno, ni os digo sobre quién trata...
-Historia de un crimen: James Bond cae en una trampa de Spectra y es encerrado en una cárcel de Kansas, adonde el MI6 envía a sus agentes Ruiseñor y Gorrión -a.k.a. Harper Lee y Truman Capote- para liberarlo. No lo consiguen y Bond es ejecutado, con lo que ahora se encuentran en el brete de tener que elegir a un nuevo 007.jueves, 1 de noviembre de 2018
Biblio-Necrophiliac Quiz 2018:

Quien acierte todas las respuestas podrá participar en el sorteo de una fabulosa, aunque escalofriante, velada espiritista a cargo del Profesor Eggbá, sacerdote de la religión yoruba, reconocido sanador de todo tipo de enfermedades, incluidos el SIDA, el ébola, la alopecia y las hemorroides, experto en hechizos de amor, salud y trabajo, y célebre médium, intermediario en la comunicación con los muertos, a voluntad y bajo pedido... (ya sé que tal currículum resulta asombroso, pero si no te fías de un folleto que te dejan en el limpiaparabrisas del coche, ¿de qué te vas a fiar?).
Pues en palabras del, en cambio, inmortal Peter Pan: Here we go! Prohibido, eso sí, consultar la wikipedia o similares; no seáis tramposillos. Ni tramposillas... ; )
1- Venga, una facilita para empezar: ¿En que hermosa localidad mallorquina (perdón por la redundancia) se halla la tumba del escritor Robert Graves (perdón por otra redundancia)?
A/ Palma
B/ Calviá
C/ Deiá
D/ Magaluf
2- ¿Qué dejan sus muchos admiradores, según marca la tradición, en el sepulcro parisino de Oscar Wilde?
A/ Cartas de amor
B/ Besos
C/ Lazos de cintas arco iris
D/ Cajas de ansiolíticos
3- ¿Y sobre la tumba de qué famosa escritora lo que se deja son corazones formados con piedrecitas?
A/ Marguerite Duras
B/ Colette
C/ Barbara Cartland
D/ Patricia Highsmith
4- Ya puestos: ¿junto a la tumba de qué escritor, un pelín dipsómano, una figura misteriosa dejó durante muchos años una botella de coñac, en cada aniversario de su nacimiento?
A/ Edgar Allan Poe
B/ Malcolm Lowry
C/ Charles Bukowski
D/ Ernest Hemingway
5- ¿En la lápida de qué otro exitoso escritor podemos ver grabado un drakkar o barco vikingo?
A/ Stieg Larsson
B/ Michael Crichton
C/ Edison Tesla Marshall
D/ Jorge Luis Borges
6- ¿Qué famoso/a escritor o escritora está enterrado/a en plena naturaleza, al pie de un haya centenaria?
A/ Virginia Woolf
B/ Lev Tólstoi
C/ Isak Dinesen
D/ Bruce Chatwin
7- ¿De qué eximio autor, gloria de las letras de su patria, no estamos por completo seguros de dónde yacen sus restos (o al menos todos sus restos)?
A/ Miguel de Cervantes
B/ Fernando Pessoa
C/ William Shakespeare
D/ Todos ellos
8- ¿Y, en cambio, qué otro poeta, no menos insigne, dispone para su descanso eterno de dos sepulcros, dos (aunque sólo repose en uno de ellos, como es lógico)?
A/ Dante Aligheri
B/ Walt Whitman
C/ Reiner Maria Rilke
D/ Pablo Neruda
9- ¿En la tumba de qué gran escritor del género fantástico podemos contemplar una escultura que representa, precisamente, a ese autor saliendo de su propia tumba, cual walking dead ansioso por merendarse nuestros cerebros?
A/ Jules Verne
B/ H. P. Lovecraft
C/ Bram Stoker
D/ Richard Matheson
10- ¿Junto a la tumba de qué conocido/a autor /a de novelas detectivescas, situada en el no menos célebre Poet's Corner de Westminster, sus seguidores tienen permiso, por su cumpleaños y siempre que vayan vestidos como los personajes de sus novelas, a tomar el té con sandwiches de pepino?
A/ Arthur Conan Doyle
B/ Agatha Christie
C/ Michael Innes
D/ Esto es un INVENT como el Big Ben de grande, porque yo estuve en Londres de viaje con el insti y no recuerdo que ninguno de ésos estuviese enterrado allí...
Y para los obse... eruditos del tema, bonus extra, ya para nota:
11- ¿El cantante de qué mítica banda de heavy-metal intervino recientemente en la inauguración de una nueva lápida en la tumba del poeta, pintor y visionario William Blake, de quien es devoto admirador?
A/ Ozzy Osbourne, de Black Sabbath
B/ Bruce Dickinson, de Iron Maiden
C/ James Hetfield, de Metallica
D/ Jon Bon Jovi, de... vale, olvidémoslo
Las respuestas correctas, después de la preceptiva visita al tío Marcel:
Respuestas lúgubre y aproximadamente correctas:
1-C/ 2-B/ 3-A/ 4-A/ 5-D/ 6- C/ 7-D/ 8-A/ 9-A/ 10-D/ 11-B/
Valoración de los resultados:
De 1 a 3 aciertos: Reconoced que habéis seguido el mismo método que os sirvió para aprobar (a la cuarta vez) el examen teórico del carnet de conducir: poner las respuestas a boleo. Hala, venga, idos a comer huesos de santo o panellets, que os van a aprovechar más...
De 4 a 7 aciertos: Pscháa... podría estar mejor, sinceramente. Tiene un pase, pero pensad que con un cuatro, ni siquiera aprobaríais una asignatura de la ESO. Ahora bien, sí que podríais liderar un partido político español, así que no todo está perdido.
De 8 a 10 aciertos: ¡Enhorabuena: sois unos auténticos biblionecrófilos/as! Cuando hacéis un viaje lo primero que vais a visitar son las librerías y los cementerios; os gusta disfrutar de la paz de los camposantos leyendo y paseando entre sus tumbas... Vale, tenéis pocos amigos y además os llaman cada vez menos, pero cuando llegue el apocalipsis zombi ya veremos si logran rehuiros, ya... (a no ser que os toque ser zombis de ésos que van despacico, que entonces sí. Sorry).
11 aciertos: ¿Once? ¿En serio? Ejem... ¿No sois un poco raritos/as, eh? Y mirad que de raritos en este blog sabemos bastante. Por favor, dejad de leernos, no sigáis Un Libro Al Día... y si tratáis de contactar con nosotros os denunciaremos por ciberacoso. Hacedle un favor a la sociedad y acudid a un psiquiatra, o a un exorcista o lo que sea. O mejor no salgáis nunca de casa... aquí tenéis una página web para que os vayáis entreteniendo; os prometo horas y horas de diversión:
https://www.findagrave.com/
viernes, 30 de septiembre de 2022
Gabrielle Wittkop. El necrófilo
domingo, 20 de febrero de 2022
Julian Barnes: El hombre de la bata roja
Título original: The Man on the Red Coat
Año de publicación: 2019
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: recomendable
Conocida es la francofilia del británico Julian Barnes y también que en más de uno de sus libros se ha dedicado a explorar la idiosincrasia de su propio país y sus relaciones con sus vecino del otro lado de Canal. Vuelve a hacerlo en este libro, en cierto modo, a partir de una anécdota histórica: el viaje a Inglaterra que llevaron a cabo en 1885 tres franceses de renombre en la bonne société de la época, con el objeto de adquirir en Londres telas, trajes y otros objetos de buen gusto... Los susodichos caballeros eran el príncipe de Polignac, el conde de Montesquiou-Fézenac y el doctor Samuel Pozzi, quien resulta ser el "hombre de la bata roja" que da título e ilustra la cubierta del libro, pues fue retratado de esta guisa por el pintor norteamericano John Singer Sargent.
La anécdota del viaje, en todo caso, no es sino una excusa para departir acerca de estos tres personajes y, sobre todo, de la sociedad en la que les tocó en suerte vivir: la Belle Époque, como en Francia se conoce a los años de paz transcurridos entre la guerra franco-prusiana de 1870 y la I Guerra Mundial. Una época de apogeo colonialista y lucha de clases, pero también de esplendor de las artes y avance científico. Barnes hace un seguimiento de los tres personajes a lo largo de esos años; un poco menos, empero, al príncipe de Polignac, compositor musical, además de aristócrata (arruinado) que acabó casándose en un mariage blanc, pero muy bien avenido, con la heredera de las máquinas de coser Singer. Los otros dos personajes le resultan más interesantes: el conde de Montesquiou, poeta y, sobre todo, dandy -de hecho, se le puede considerar como epítome del dandismo, fenómeno o tendencia alrededor de la que también gira, en buena medida, este libro- y que acabó consagrado para la posteridad y, sobre todo, en su época, como el poco disimulado inspirador de varios personajes de ficción: Des Essaintes, protagonista de A contrapelo, de Huysmans; el de Monsieur de Phocas, de Jean Lorrain, el barón de Charlus, de En busca del tiempo perdido de Proust, el pavo (sic) de la obra Chantecler, de Edmond de Rostand -amén del protagonista de sus propias memorias, Les pas effacés, claro-... Más interesante y, sobre todo, simpático, le resulta a Barnes el tercer viajero y, hasta cierto punto, protagonista de este libro, el doctor Samuel Pozzi, prestigioso médico innovador en la ginecología y la cirugía abdominal, coleccionista de arte, hombre de gran éxito social y aún más entre el género femenino -empezando por la famosa actriz Sara Bernhard, que fue su amante y luego amiga durante toda su vida-, ateo de origen hugonote, darwinista, prodreyfusiano, padre y esposo ejempl... bueno, con algunos problemillas familiares.
Siguiendo a este atractivo personaje, aunque también a los otros dos, ya digo, Barnes va recorriendo diversos temas que afectaban a la sociedad francesa y occidental de aquella Belle Époque: desde el dandismo, el decadentismo o los estetas a los frecuentes duelos que se producían en aquellos tiempos, la homosexualidad y la relación entre Francia e Inglaterra (cómo no); de los avances científicos en el campo de la medicina -cirugía, higienismo, transplantes- o las ideas de Darwin, a la pervivencia del arte, la relación entre retratista y retratado o, en el caso de la literatura, entre los personajes y las personas que los inspiran y su posteridad...
La lista de otras personalidades de las que se habla en el libro y que configuran, entre todas, una amplia panorámica de la época resulta bastante extensa: a los ya citados, hay que añadir otros escritores como son o fueron Henry James, Maupassant, Mallarmé, Oscar Wilde -muy presente en todo el libro, como no podía ser de otra forma-, Baudelaire, Barbey d'Aurevilly, Flaubert, Edmond de Goncourt, Félix Fénéon, Colette, Ford Madox Ford, Conan Doyle, Zola, Léon Daudet (hijo de Alphonse), Léon Bloy; pintores como el ya citado Sargent, Gustave Moreau, Degas, Boldini o Whistler; personalidades de otros ámbitos como los médicos Alexis Carrel o Tourette (sí, el del famoso síndrome), el historiador Maurice Delafosse, etc. Lo más divertido es que los retratos de muchos de estos personajes aparecen en el libro... en la colección de fotografías que venían con las chocolatinas de la confitería Félix Potin, de París, en una especie de parnaso de la época, convenientemente endulzado y chocolateado para los siglos venideros. Quizá sea una forma muy adecuada de recordarlos, qué narices,,, ; )
sábado, 1 de julio de 2023
Alessandro Tota & Pierre van Hove: El ladrón de libros
Título original. Le vouleur de livres
Año de publicación: 2015
Traducción: Isabel Pérez van Kappel
Esta galardonada novela gráfica -aunque ha tardado en publicarse en España- nos remonta al parís de 1953, en el que el joven estudiante Daniel Brodin trata de descollar como poeta, al tiempo que se dedica a su secreta afición -o pulsión, más bien- que es la de robar libros. En una de estas "travesuras" conoce a otro par de jóvenes, Gilles y Linda, que junto al fornido Jean-Michel le introducen en un curioso grupo que se reúne en el café Sully y se mueve entre la vanguardia más extrema -digamos que están inspirados en los situacionistas y en el primer surrealismo-, la anarquía y directamente, la delincuencia común. Desprecian tanto a la burguesía biempensante como a la intelectualidad parisina, representada por los existencialistas reunidos alrededor de Jean-Paul Sarte.
sábado, 4 de junio de 2022
Lev Tolstói: La mañana de un terrateniente
Título original: Утро помещика
Traducción: Selma Ancira
Año de publicación: 1856 (en castellano, que yo sepa, 2021)
Valoración: Recomendable
Acantilado viene aplicando hace tiempo la política de rescatar títulos poco conocidos de autores relevantes, como Pessoa, Erasmo, Colette o Auden, varios de los cuales hemos traído ya al blog. Creo que también Tólstoi ha visto publicada alguna otra obrita anterior en este catálogo. Y no hace mucho comentaba sobre los posibles prejuicios (positivos o negativos) con que existe el riesgo de que se afronten estas lecturas, así que no me voy a repetir. En el caso del gran autor ruso, aviso solamente que el libro que nos toca hoy tiene un trasfondo autobiográfico que puede añadir interés para sus fans.
Don León, como se le conocía tradicionalmente por estas tierras, procede de un cierto linaje aristocrático, aunque por lo visto tuvo desde joven inquietudes en torno al bienestar de los más desfavorecidos, y desarrolló algunas iniciativas en beneficio de los campesinos, no tengo claro si se trataba una escuela gratuita o algo parecido. El carácter autobiográfico que decía antes queda claro si pensamos que Tolstói tenía unos treinta años cuando escribió el libro, tal vez menos, y esa preocupación por la situación de los más miserables había brotado ya con fuerza, seguramente preludiando la deriva filosófica que le dominó con el paso de los años, una mezcla de altruismo y religiosidad que sedujo a un amplio y heterogéneo grupo de admiradores.
El alter ego del autor es entonces el joven príncipe Nejliúdov, un joven terrateniente que abandona sus estudios para dedicarse de lleno a mejorar las condiciones de vida de sus mujiks, los campesinos sin propiedades que trabajaban las tierras del señor a quien les unía una relación poco menos que feudal. El chico tiene una especie de revelación, una visión muy clara de lo que quiere hacer, acercarse personalmente a sus campesinos e intentar mejorar su situación. Desde el principio es consciente de que nadie en su entorno, ni siquiera su querida tía y consejera, va a apoyarle, pero no por ello se desanima, y emprende un recorrido por unas cuantas isbas en las que residen algunos de esos aldeanos para conocer sus necesidades.
Lo que va encontrando es algo que a buen seguro supera las negras expectativas que se había planteado. Churis es un viejo que vive en una choza infrahumana, la tierra que le corresponde es incapaz de dar ningún tipo de fruto, está enfermo y sin fuerzas, y responde con sutil ironía a cuantas posibilidades de mejora le propone Nejliúdov. Solo tiene un hijo varón, apenas un chaval y, en uno de los momentos más duros y clarificadores del relato, se niega en redondo a que vaya a la escuela porque el hijo constituye su única posibilidad de ayuda. Yuvanka no está en mucho mejor situación, es un borracho cuya aspiración es vender un caballo para poder seguir pagando el alcohol que consume. Davidka es un muchacho albino, gordo y pasivo, quizá con algún tipo de problema, a quien su madre no consigue hacer que trabaje. A Dutlov las cosas parece que le van mejor, apoyado por sus dos hijos, pero es especialmente celoso de que nadie sepa el dinero que tiene, ni siquiera su señor, y ha construido una burbuja en la que prosperar dentro de lo que cabe sin interferencias externas, seguramente consciente de su situación excepcional.
En ese mundo inhóspito de temperaturas gélidas, maderas podridas, tierra infértil y pobreza extrema el príncipe se mueve con dignidad, intentando resultar cercano sin abandonar su status, y aportar ideas, luchando por evitar que sus ideales se tambaleen, aunque es a cada paso más consciente de la dificultad de la empresa. Porque aquí surgen con toda su crudeza algunas de las taras clásicas asociadas a eso que se llama el alma rusa, singularmente el fatalismo, que a veces se traduce en la muy conocida afición al alcohol, y casi siempre en una cierta pasividad, la incapacidad para buscar una salida, el sometimiento al sistema y la convicción de que lo único que se puede hacer es intentar sobrevivir con lo que a cada uno le ha tocado.
Nejliúdov, siempre bienintencionado, intenta atender a las necesidades más inmediatas de sus campesinos, les invita a cambiar de isba, les ofrece trigo, intenta cambiar sus costumbres, pero choca siempre con la negrura de quienes han aceptado su destino como irrevocable y reciben con cierta sorna, cuando no con desconfianza, las buenas palabras de su amo. El inevitable paternalismo del joven idealista se va así encontrando con un muro que le deja claro lo complicado que será llevar adelante sus propósitos. No bastará con buenas palabras ni con una ayuda momentánea, nada cambiará en lo sustancial mientras el sistema siga funcionando de la misma manera, y removerlo ni es su intención ni, a lo que se ve, la de quienes deberían estar luchando por cambiarlo.
El viejo maestro ruso, aun todavía en una fase casi embrionaria, nos deleita con su estilo limpio, elegante pero directo, pero sobre todo nos invita a pensar en la situación: nadie pone en cuestión el funcionamiento de las cosas pero, aun dentro del esquema, es el señor quien intenta mejorarlas, y sus campesinos quienes se muestran más inmovilistas. Cuestiones que, más que con la economía o la política, tienen que ver con la cultura y una determinada forma de ver el mundo.
Otras obras de Lev Tolstói en ULAD: Guerra y paz, Anna Karenina, Sonata a Kreutzer, La felicidad conyugal, La muerte de Iván Ilich, Los dos húsares, La mañana de un terrateniente,
miércoles, 16 de diciembre de 2020
ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020
Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.
Beatriz Garza
Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing
Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales
Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence
Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa
Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix
Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto
Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022
Carlos Andia
Mejor novela (2x1): Siglo XX: El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXI: Corazón giratorio, de Donal Ryan
Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso
Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens
Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala
Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán
Un tocho interesante, de toda la vida: La democracia en América, de Alexis de Tocqueville
Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce
Libro de viajes: En las antípodas, de Bill Bryson
Relectura del año: El templo del alba, de Yukio Mishima
Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)
Y dejamos para el final lo más flojito:
Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto
Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)
Francesc Bon
Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.
Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata
Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)
Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)
Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.
Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.
Juan G. B.
Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.
Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.
Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.
Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.
Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.
Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.
Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.
Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.
Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...
Koldo CF
Relecturas: Los pasos perdidos, La marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).
Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil.
Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera
Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.
Decepciones: Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.
Marc Peig
Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.
Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.
Librodenuncia del año: «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.
Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».
Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone», Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».
Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».
Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.
Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.
Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)
Montuenga
LO +
Ficción:
· Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.
· Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.
· Una maravilla más en la extensa obra de una
autora excepcional (y cuyo premio Nobel la
humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.
· Un clásico revisitado (y convertido en thriller
por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.
·
La mejor novela histórica leída (y publicada)
este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.
· La mejor primera novela que he leído en
muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un
texto intimista se lee como si fuera un thriller).
No Ficción:
· El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez
Magda. (Y con entrevista añadida).
· Un ensayo científico muy adecuado para
reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas
Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos
pasa por la cabeza).
· Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos
que corren: Querida Ijeawele de
Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer
muchos/as adultos/as).
LO –
Ficción:
· Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo
· El testamento, poco afortunado, de un clásico
indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri
· Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.
Oriol Vigil
-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton
-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor
-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro
-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir
-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras
-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin
-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo
Santi
Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:
- Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
- Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
- Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
- La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
- El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
- Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre
Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.
Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...














