Mostrando las entradas para la consulta Robert Walser ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Robert Walser ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de marzo de 2017

Semana del ULADiano pródigo: El paseo de Robert Walser

Nota explicativa: para conmemorar los ocho años de existencia del blog, hemos invitado a los antiguos miembros del equipo a colaborar de nuevo con nosotros con una reseña. Esta semana publicamos las contribuciones de los que han aceptado nuestra invitación.  

Idioma original: Alemán
Título original: Der Spaziergang
Año de publicación: 1917
Traducción: Carlos Fortea
Valoración: Imprescindible

Se ha comentado muchas veces en este blog. A menudo llegamos a ciertos escritores gracias a otros escritores que, normalmente para bien, los mencionan en sus libros, artículos o entrevistas. Yo llegué a Robert Walser (Biel, Suiza, 1878- Herisau, Suiza, 1956) a través de Enrique Vila-Matas. El autor catalán lo citaba muchas veces en una novela suya de cuya lectura disfruté mucho.
 
De esta primera toma de contacto con Walser hace ya mucho, pero de mi inmersión en la obra del escritor suizo no demasiado. Pesó mucho el pasar una temporada en Suiza y toparme varias veces con su nombre. La primera fue durante mi visita a Berna, ciudad donde el escritor pasó más de diez años. Era la mañana de un día laborable, nevaba sin parar y apenas había gente por la calle. Tanta nieve y la falta de transeúntes dotaban a aquel lugar de un encanto muy especial, y de repente, en mi deambular desorientado por los fríos soportales de la céntrica Marktgasse, pasado el intrigante Reloj Astronómico, me topé con un pulcro letrero que indicaba que allí se encontraba el Centro Robert Walser. Entonces, automáticamente, me entró una gran y extraña alegría: sentí que me reencontraba con cierto nombre del pasado, sumamente importante y admirable pero al que hasta entonces yo no había sabido apreciar como se merecía. Ni que decir tiene que lo solucioné al de poco.

¿Pero quién fue Robert Walser?

A Robert Walser tuvo una vida cuanto menos peculiar y cambiante, mostrándose siempre reacio a entregarse a cualquier tipo de rutina mundana a largo plazo y poco amigo de los bienes materiales. Hijo de una familia numerosa, desde la adolescencia Robert Walser trabajó en diversos oficios. No tenía domicilio fijo, económicamente vivía en un constante vaivén, y sus textos literarios, inspirados por sus experiencias y donatarios de un estilo en apariencia sencillo pero colmado de reflexiones irónicas y amargas, le hicieron ser moderadamente reconocido y admirado (se dice que influyó notablemente en Robert Musil, Elias Canetti o Frank Kafka). Víctima de una querencia insana por la soledad y de carácter depresivo, Walser acabó residiendo en dos instituciones mentales. Y no a la fuerza. En la última, la de Herisau, Walser viviría nada más ni nada menos que veintitrés años. En sus inmediaciones fue donde lo encontraron muerto un día de Navidad, postrado sobre una densa capa de nieve y tan bien vestido como siempre. La Parca le congeló el corazón durante uno de sus largos paseos.

Precisamente en el libro que he escogido para mi retorno fugaz a ULAD Walser relata lo que se le pasa por la cabeza durante uno de sus paseos. Y qué decir de El paseo sin destriparlo, sin desentrañar su encanto y las múltiples, si no todas, líneas que he llegado a anotar para degustarlas de vez en cuando. Digamos, para resumir y no estropear, que cierta mañana Robert Walser, como buen flâneur, sale a pasear por la ciudad y va relatando todo lo que ve y siente con un bucolismo aparente que en el fondo encierra desolación y amargura ante una realidad caracterizada por la avaricia, la mediocridad, la estupidez y otros vicios morales de los individuos que la pueblan, aunque su ruta también contenga ciertos momentos de belleza y sosiego. Adelantaré encuentros del narrador con un perro y unas golondrinas; con un panadero con ganas de aumentar la clientela, un librero, un mezquino empleado de banca y otro no menos patán de Hacienda; con un mendigo y la Belleza encarnada en muchacha de voz angelical, y hasta con unas hermosas flores salvajes que dudará si aprehender o no. Pero, al menos para quien termina ya esta reseña, la parte más lograda del libro es la carta censuradora que el protagonista decide enviarle a cierto abyecto individuo, un tipo de persona que, por lo visto, se repite en todas las épocas. Solo por ella merece leer el libro.         

«Sé que no es de esperar respeto de mí de usted y de los que son como usted; porque usted, y los que son como usted, tienen una desmedida opinión de sí mismos que les impide comportarse con inteligencia y consideración. Sé con certeza que usted forma parte de esas gentes que se creen grandes por ser irrespetuosas y descorteses, que se creen poderosas porque disfrutan de protección, y que se creen sabias porque se les ocurre la palabrita "sabio". La gente como usted se atreve a ser dura, descarada y grosera y violenta frente a la pobreza y frente a la desprotección. La gente como usted posee la extraordinaria sabiduría de creer que es necesario estar en lo más alto de todo, poseer un gran peso en todas las partes y triunfar a todas las horas del día. La gente como usted no se da cuenta de que es necio, de que ni entra dentro de lo posible ni puede ser deseable. La gente como usted es jactanciosa y está dispuesta en todo momento a servir celosamente a la brutalidad. La gente como usted es muy valiente para evitar con cuidado todo verdadero valor; porque sabe que todo verdadero valor promete perjuicios, y es muy valiente para presentarse siempre como buena y hermosa, testimoniando enorme placer y enorme celo. La gente como usted no respeta ni la edad ni el merito, ni sin duda el trabajo. La gente como usted respeta el dinero, y el respeto al dinero le impide respetar cualquier cosa».
Y me despido ya. 

 Un placer esta visita. Y recuerdos de Ian Grecco. Últimamente anda por la Bucovina.  
   
Firmado: Yemila

jueves, 2 de septiembre de 2010

Robert Walser: Vida de poeta


Idioma original: alemán
Título original: Geschichten y Poetenleben
Año de publicación: 1914 y 1918
Valoración: Recomendable


Robert Walser fue uno de los escritores en lengua alemana más importantes del siglo XX. Aquejado por una enfermedad mental e ingresado en un manicomio durante los últimos 30 años de su vida, Walser escribió varias colecciones de poemas, novelas y el libro de narraciones cortas que hoy reseño.

Compuesta en realidad por dos colecciones de relatos independientes (GeschichtenHistorias– y PoetenlebenVida de poeta–), esta obra no es sino una muestra del talento literario de Walser. Disfrutamos en ella de un estilo elegante y poético, donde la melancolía y la nostalgia se convierten en un personaje más de la narración y ésta pasa a ser un ejercicio merecedor de toda atención y elogio.

Una gran obra, sin duda, que, como los buenos platos, sacia pero deja con ganas de probar un poco más. Habrá que hacerse con sus otros libros.

Otros libros de Robert Walser reseñados en ULADJakob von GuntenEl ayudante

lunes, 9 de julio de 2012

Robert Walser: El ayudante

Idioma original: alemán
Título original: Der Gehülfe
Año de publicación: 1908
Valoración: psché, está bien

Amigos lectores de ULAD, como ya sois como de la familia, o poco menos, os voy a hacer una confesión: me da una pereza terrible escribir esta reseña. De hecho, este es uno de los pocos libros que he leído últimamente que no he corrido a reseñar inmediatamente, me haya gustado o no.

Es que tengo la sensación de que no tengo gran cosa que decir sobre este libro. Y también es que tengo la sensación de que este libro me debería haber gustado más de lo que me ha gustado.

Dice Izas, por ejemplo, al empezar su reseña de Vida de poeta: "Robert Walser fue uno de los escritores en lengua alemana más importantes del siglo XX". Y la Wikipedia en inglés, en la sección titulada "Writings and reception" del artículo sobre Walser nos dice que escritores como Franz Kafka, Walter Benjamin o Herman Hesse (nada menos) eran grandes admiradores de él.

Y yo leo El ayudante y... psché. Está bien. Los personajes están bien construidos, hay escenas divertidas, escenas conmovedoras, una trama bien estructurada. ¿Y? ¿Eso es todo? ¿Es esto suficiente para convertirte en un maestro?

La novela cuenta la historia de Joseph Marti, quien se instala como ayudante en la casa del excéntrico ingeniero Tobler, inventor de máquinas inservibles y caracterizado por un genio despótico y variable. Todo el universo de la novela gira en realidad alrededor de este personaje, que oscila entre la caricatura y el antihéroe trágico.

Al parecer, la novela es esencialmente autobiográfica, lo que en realidad no le añade ni quita valor. Pero como otros lo dicen, yo lo repito, para que no digáis que os oculto información. Tampoco le añade valor (aunque sí morbo, al menos para algunos lectores) el hecho de que su autor sufriera de trastornos mentales que terminaron llevando a su reclusión en una institución.

Creo que la clave es que esta es una novela que no me ha producido ninguna impresión. Si me hubiera parecido muy buena, habría tenido ganas de reseñarla. Si me hubiera parecido muy mala, también habría querido reseñarla, para destrozarla, como Yemila con 50 sombras de Grey. Pero ni una cosa ni otra. Me ha parecido "psché". Y creedme, amigos lectores: reseñar un libro "psché" es mucho más difícil que reseñar un "Repugnante".

También de Robert Walser: Vida de poeta, Jakob von Gunten

viernes, 8 de abril de 2022

Robert Walser: Los hermanos Tanner

Idioma original: alemán

Título original: Geschwister Tanner

Traducción: Juan José del Solar

Año de publicación: 1907

Valoración: Decepcionante


Si comenzamos una novela teniendo como protagonista a un joven de veinte años que rápidamente se presenta solo y errabundo por una ciudad, es fácil pensar que estamos ante eso que se viene a denominar novela de formación o de aprendizaje (chico que se busca la vida incorporándose al mundo adulto con sus consecuentes dificultades, que le hacen ir madurando, etc.). Si tenemos a la vista un título que hace referencia a hermanos, podemos pensar en una saga familiar (cada uno toma un rumbo y tal vez colisionan entre ellos, o con los padres) o en una interacción de algún tipo en base a sus personalidades, diversas pero con algo en común (los Karamazov). Ni una ni la otra. A Los hermanos Tanner le podría cuadrar mejor ese coso al que llamamos novela filosófica, es decir, algo que se presenta en formato narrativo pero cuyo objeto real es ahondar en una serie de cuestiones en torno a la vida, el ser humano, su posición como ente social, su perspectiva en relación con la existencia.

Aclarado esto, diremos que el joven se llama Simon Tanner, que no tiene oficio ni, que se sepa, estudios concretos, y se dedica a deambular sin más objetivo que recorrer, observar, sentir, e intentar disfrutar de todo lo que se le va presentando. Pero no piensen en alguien ansioso de experimentar, crear o conocer (desafíos, sexo, arte, relaciones). Simon se decide por algún trabajillo cuando se ve ya muy necesitado de fondos, toma contacto con desconocidos solo por pura casualidad, y el motor que le anima no es otro que avanzar de alguna forma hacia algo inconcreto, y mientras tanto ser capaz de sentir la nieve, una puesta de sol o una simple charla. Diríamos que no hace nada sino estar. ¿Simplemente un vago? Tampoco. Es un tipo ligeramente insolente a quien continuamente le están diciendo que nunca dejará huella en nadie, algo que parece bastante duro de tragar, pero que a él le resulta del todo indiferente, porque lo que valora es sentir la vida y prácticamente nada más. Un chico raro, realmente.

Sus hermanos, aunque comparten la gloria del título, apenas ocupan un pequeño puñado de páginas: Klaus, el mayor, científico, un tipo serio y responsable aunque en el fondo triste (o así lo ve Simon); Karl, el artista, involuntaria e irresistiblemente seductor; Hedwig, la única hermana, solitaria e incómoda en un papel de maestra rural que no cree que le corresponda; Emil, el hermano perdido, el más fascinante, que acabó en un manicomio. Al margen del tanto autobiográfico que pueda tener el relato (tengo la intuición de que muy elevado), esos hermanos ostentan un papel muy secundario y apenas representan distintos afluentes del río de la vida, caminos en direcciones diversas que contrastan con la actitud indolente y contemplativa que muestra Simon.

Por lo demás, en la novela no ocurre nada relevante, lo que tampoco es necesariamente un lastre, porque lo que le interesa a Walser parece ser solo profundizar en la posición de Simon, acomodaticia, de simple espectador que transita (nunca mejor dicho) por el mundo observando y nutriéndose de la contemplación de la naturaleza, de la comprensión de casi todo lo que le rodea, de las personas y sus circunstancias. Y, sobre todo, recreándose en las larguísimas parrafadas que intercambia con todo aquel que se encuentra. 

Porque (y ahí está el gran escollo del libro), el deambular de Simon no es más que una excusa para colocar interminables peroratas, ya sean de palabra o como monólogos reflexivos, explicando una y otra vez sus peculiares puntos de vista, o divagando sobre la amistad, la personalidad o las diferentes perspectivas de la vida en el campo y en la ciudad. Cualquier cosa le sirve para explayarse y llenar dos o tres páginas de soliloquio que, siendo sinceros, aburren a las ovejas. 

De forma que, por interesantes que puedan parecer las meditaciones de Simon-Walser (y a mí me lo parecen solo de forma muy limitada), al cabo de unas pocas sesiones de lectura es inevitable que el asunto nos pese mucho, demasiado, y uno esté ansioso de que ocurra algo, aunque no sea algo físico, que el personaje experimente algún desarrollo, que esos secundarios empiecen a aportar algo más que nuevas disertaciones o un dudoso papel de oyentes. En definitiva, que el relato arranque por alguna parte y se convierta, al ritmo que sea, en algo con una progresión aunque sea mínima. Porque ciertamente una novela puede servir muy bien para exponer cuestiones bien profundas sobre temas muy diversos, y hay montones de ejemplos excelentes. Pero si hablamos de narrativa, hay unos mecanismos para hacerla funcionar, y colocar un personaje que se limita a hablar o reflexionar bajo registros invariables no parece un sistema muy adecuado. Cierto que existe cierta tendencia de otros autores germánicos a eso que llanamente llamamos enrollarse, y más en esas épocas de arranque del siglo XX (Wassermann); pero tampoco me parece suficiente para exculpar a Walser, porque hay quien es capaz de bordar esas ensoñaciones del paseante en su periplo (Sebald).

No sé, puede que Walser sea de esos autores a los que se ama o se odia, y yo, sin llegar a tanto, y al menos a partir de este libro, tal vez me incline algo más por lo segundo que por lo primero.

P.D: Por destacar algo, aunque no sea del todo en el plano literario, hay una escena en la que Simon encuentra a un poeta conocido muerto en la nieve, seguramente agotado por una caminata. El joven admira la dignidad que envuelve el fin de ese hombre. Y es justamente la forma en que encontraron el cadáver del propio Walser medio siglo más tarde. 

Otras obras de Robert Walser en ULAD (y, en general, con mejores valoraciones): Jakob von GuntenVida de poetaEl ayudanteEl paseo

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Robert Walser: Jakob von Gunten

Idioma original: alemán
Título original: Jakob von Gunten
Año de publicación: 1909
Valoración: Recomendable

“Jakob von Gunten” es la tercera novela de Walser, su preferida y la más innovadora y polémica. Publicada hace ahora justamente un siglo, – con una gran carga autobiográfica, ya que fue escrita sólo tres años después de haber dejado el instituto donde estudió – narra las peripecias de un muchacho de buena familia que ingresa voluntariamente en régimen de internado en un centro educativo en el que apenas se aprende y que, por lo que cuenta, resulta bastante siniestro.

Walser intenta plasmar la espontaneidad del flujo de conciencia del protagonista a través de una prosa torrencial y aparentemente desordenada. El narrador (Jakob) va describiendo – con cierta sorpresa al principio, aunque no mayor de la que experimenta el lector – lo que observa en su día a día dentro de la institución (personas, lugares, costumbres, situaciones, leyes organizativas y disciplinarias escritas o no escritas).

Entre ambos momentos, un tercero que sirve, quizá, de remanso, de apeadero pacífico en el que se detiene toda esa acumulación de angustia, agresividad, injusticia, soledad y dolor más o menos camuflados. Es cuando el narrador se recrea en sus paseos urbanos. Entonces, a diferencia de lo demás, nos traslada a un mundo cotidiano: su tranquilo deambular, la soñadora placidez con que se recuesta en cualquier banco para dar rienda suelta a sus fantasías, las menudas escenas callejeras… Todo ello resulta una especie de arco iris en medio del tormentoso resto de la historia – tanto pasada como presente – a la que estamos asistiendo los lectores. Él mismo dice: “Una vez fuera, en la calle, tengo la impresión de vivir un cuento de hadas donde todo es caótico y desenfrenado.” La muda pregunta del lector es ésta: si él lo vive desde dentro igual que lo vemos nosotros desde fuera, ¿por qué no abandona cuanto antes ese funesto lugar?

Según iba leyendo no dejaba de preguntarme qué pretende Jakob al recluirse en un ambiente semejante. Alguna vez confiesa que, ante todo, desea descubrir el misterio de los directores de la institución, los hermanos Benjamenta. También parece claro que está decidido a apartarse del destino de su linaje y dedicarse a servir. En cualquier caso, lo que importa es ¿Cuál es el tema de la obra? ¿la moral individual y colectiva?¿Pretende plantear al lector cuestiones morales y conflictos éticos?¿trazar el panorama moral de una época? Todas los dilemas que se mencionan, (monarquía-república, pragmatismo- inteligencia, servir y obedecer o ser libre y creativo, enseñanza autoritaria y pobre para producir esclavos o una educación más completa con profesorado competente como insinúa que era su antiguo colegio) parecen remitir a lo mismo.

A primera vista parece que el gran objetivo de nuestro héroe consiste en mantener la posición social de su familia. En apariencia, la mejor forma de conseguirlo sería seguir instalado en la clase social que le corresponde por nacimiento. Pero podría ocurrir que la comodidad de esa forma de vida le debilitase y acabase por convertirle en alguien incapaz de conservar los privilegios adquiridos en la cuna. Por el contrario, y puesto que se considera una persona inteligente, una vida de privaciones en la adolescencia y un comienzo de la edad adulta como sirviente puede curtirle y capacitarle para adquirir habilidades infalibles, convirtiéndole en un tiburón que, no sólo no se dejará arrebatar lo heredado sino que será capaz de aumentar su poder y patrimonio hasta niveles inauditos.

En caso de ser ésta la interpretación correcta del libro, estaríamos ante una especie de manual para aristócratas sobre el mejor modo de conservar lo heredado. Pero entonces nos mostraría un camino claramente dibujado, recetas específicas, y sin embargo ésta es una obra llena de paradojas. También de voluntarias lagunas narrativas, en primer lugar, no aparecen por ningún lado los padres, sólo el hermano se deja entrever de vez en cuando y algún recuerdo eventual de la madre y la mansión familiar. ¿Cómo esos progenitores aristócratas no reclaman al chico ni reprochan que siga ahí ni se ponen en contacto con él? Además hay una ausencia absoluta de referencias temporales y las espaciales que aparecen son bastante abstractas. Por último, hay que tener en cuenta el sorpresivo final de la historia. Es probable entonces – y ésta sería la segunda hipótesis– que ninguno de los personajes sea lo que parece sino una metáfora de otra cosa. Algo que no puedo definir del todo, pero cuyo origen está seguramente en la decepción absoluta de Walser ante todo lo que tenga que ver con la gente, el éxito, el lujo y ciertos ambientes sociales de principios del siglo XX.

En 1995 y con el título "Institute Benjamenta", fue llevada al cine por los hermanos Quay, cuyo probado gusto por las atmósferas asfixiantes, concuerda perfectamente con el ambiente descrito en la novela. Volviendo a ésta, nos encontramos ante un producto interesante que plantea cuestiones de interés universal y cuyo principal merito reside en sus innovaciones conceptuales y formales, algo habitual en la época en que fue escrita. Pero hay que tener en cuenta que se trata de un autor de mente más que compleja, al que no se puede entender del todo con una sola obra y al que, para podernos sumergir en sus ficciones, probablemente, haya que conocer bastante más.

Otros libros de Robert Walser reseñados en ULADVida de poetaEl ayudante

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Horacio Castellanos Moya: El asco. Thomas Bernhard en San Salvador

Idioma original: español
Año de publicación: 1997
Valoración: recomendable


Edgardo Vega, un salvadoreño que lleva dieciocho años viviendo en Canadá, se ve obligado a volver a su país de origen para asistir al entierro de su madre. Tiene que quedarse un mes en casa de su hermano para arreglar el papeleo y vender la casa familiar, tras lo cual su intención es volver a Canadá y olvidarse de El Salvador para siempre. Cuando lleva dos semanas en la ciudad queda con su amigo Horacio en el único bar en el que se siente cómodo y despotrica a gusto sobre todo lo que odia de su país, elaborando un interesante monólogo que posteriormente Horacio reproducirá en este libro.

Se queja del viaje, de los taxistas, de los bares, de la música tradicional, de la cultura (mejor dicho, de la falta de cultura), del culto a la televisión, de los políticos corruptos, de la falta de ideales, del consumismo atroz, de la comida tradicional, de las casas amuralladas y la absurda y extrema obsesión de los salvadoreños por la seguridad, de la influencia de la iglesia en la política y la sociedad e incluso de su familia, una panda de ineptos cuya máxima aspiración es cotillear (en el caso de ellas) o visitar prostíbulos (en el caso de ellos).

Horacio Castellanos (quien advierte al principio de El asco que Edgardo Vega existe y vive, efectivamente, en Canadá bajo otro nombre) escribió este libro en 1997 como un ejercicio de estilo, intentando emular a Thomas Bernhard y su crítica a su país natal. Lo que consiguió, al contrario que el escritor austríaco y tal y como cuenta en su epílogo, fue un rechazo absoluto e innumerables críticas por parte de público, crítica y conocidos, así como amenazas de muerte y la obligación de exiliarse para evitar que lo mataran o que hicieran daño a sus seres queridos.

Aunque, como dijo Robert Walser (y así lo reproduce también Castellanos), "No se hace frente impunemente a la nación propia", El asco siguió reeditándose en El Salvador y, poco después, en otros países sudamericanos y en Europa. El autor ha trabajado en otros países, ha escrito otras novelas, pero –para su desgracia– siempre será conocido por ser el autor de esta pequeña gran obra, en la que, además de realizar una dura crítica a su país de origen, también se descubre como un escritor de gran talento.

También de Horacio Castellanos Moya en ULAD: El arma en el hombreEl sueño del retornoLa sirvienta y el luchadorInsensatez

viernes, 20 de febrero de 2026

Reseña + entrevista: La vida interrumpida de Pedro Plaza Salvati

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2025

Valoración: Está muy bien

Una vez más, el viaje. Y una vez más, el caminar. Caminar en la línea de un Walter Benjamin o de un Robert Walser (cargados, eso sí, de teléfono móvil para fotografiar y tomar notas) por una ciudad a la que se retorna, teóricamente por unos días pero finalmente, y debido al COVID-19, por algo más de un año.

El caminante esta vez se llama Pedro Plaza Salvati y la ciudad a la que regresa es una Caracas pandémica, distópica, tormentosa y opresiva, aunque también pueda llegar a ser, por momentos, surrealista y entrañable. 

El resultado de todo esto es la crónica de meses de observación y escritura, de un regreso inesperado, de los paseos o vagabundeos por la "nueva ciudad" que es la ciudad, al tiempo que el autor la (re)descubre, se redescubre y revive el pasado. Crónica, sí, aunque el autor se sirva de herramientas propias del cuento, de la novela o del ensayo y aunque, de hecho, los textos puedan funcionar como piezas separadas y ser leídos de diversas formas por el lector.

Es Plaza Salvati un caminante que encuentra más que busca, que observa, registra y continua caminando, y de ahí que los citados (re)descubrimientos se realicen a través de las cosas más pequeñas, cosas tan nimias como unos papeles arrojados a la basura, los libros con la firma de su anterior propietario, unos paseos por el parque, la vuelta al solar de la casa de sus abuelos, etc. 

Son esa mirada y esos puntos en los que el autor fija la atención los que hacen de La vida interrumpida una joya de lo pequeño. Porque a veces no es necesario poner el foco en los grandes temas o en los grandes acontecimientos históricos, sino que es lo aparentemente trivial lo que explica el mundo y sus cambios. Así, a través de esas imágenes o de esos sucesos, Plaza Salvati traza una crónica de la Caracas que fue, de la Caracas que es y de su propio pasado y presente. 

Ya puestos a elegir entre las 8 crónicas (+3 introducciones / epílogos), me gustaría citar algunas de ellas:

  • Salvar la bomba, con ecos de La autopista del Sur de Cortázar, texto en el que se pone claramente de manifiesto la paradójica situación de Venezuela, su nuevo orden social y su degradación, no sin un punto tragicómico.
  • El también cortazariano en el título Ciudad tomada, con el que se narran las diversas metamorfosis del país y del chavismo.
  • Un milagro literario. texto con el que cualquier bibliófilo se sentirá identificado.
  • Atención a la víctima y La pelea y el pasado, dos de los textos más emocionantes del conjunto por lo que tienen de entrelazamiento entre historia personal y familiar e "Historia".
Pero dejemos que sea el propio Pedro Plaza Salvati, quien nos cuente más acerca de estas crónicas pandémicas. ¡Muchas gracias, Pedro!



sábado, 19 de enero de 2013

Enrique Vila-Matas: El mal de Montano

Idioma original: español
Año de publicación: 2002
Valoración: recomendable

Sé que entre los autores de este blog hay algunos que no son fans de Vila-Matas (cof, cof, Montuenga, cof, cof); pero yo me reafirmo en lo que dije hace tiempo en algún comentario: es uno de mis escritores españoles contemporáneos favoritos, junto con Javier Cercas. Claro que soy consciente de que lo es porque conecta con muchos de mis personales "fetichismos" literarios, que no tienen por qué gustarle a todo el mundo: la metaliteratura, la autoficción, los narradores no fiables, los juegos de planos narrativos... Quien prefiera una narración más tradicional, verse atrapado por la trama y empatizar con los personajes probablemente se verá decepcionado por, por lo menos, una buena parte de las obras de Vila-Matas, entre ellas esta.

Porque en realidad El mal de Montano es pura metaliteratura: se podría decir que es el resultado de un empacho de la lectura de diarios íntimos de diversos escritores. Un meta-diario que reflexiona sobre su propia condición de diario, se compara con otros diarios y los incluye, o que huye de sí mismo para mezclarse con otros géneros narrativos. Y todo ello aderezado con citas y anécdotas (¿reales? ¿ficticias? ¿adaptadas?) de escritores presentes y pasados, con especial predilección por Kafka, Musil o Robert Walser.

Dividida en cinco partes cada vez más enloquecidas, la novela habla de varios personajes obsesionados con los libros (ese es el mal de Montano: un exceso de literatura): el narrador, Rosario Girondo, escritor que aspira a convertirse en la "memoria viviente de la literatura"; su mujer, Rosa, que unas veces es una directora de cine, otras una agente literaria y otras una vagabunda en Budapest; o Tongoy, el hombre más feo del mundo, el Sancho Panza (o el antagonista) de Girondo. Y cómo no, Montano, el supuesto hijo del escritor-narrador en el primer capítulo, autor de un libro sobre escritores que dejaron de escribir (que se parece sospechosamente a Bartleby y compañía, del propio Vila-Matas), y que después dejó de escribir.

Aunque en realidad casi no podemos saber quién es quién, porque en El mal de Montano, con una estructura siempre en fuga, cada nuevo capítulo es una negación del anterior: lo que parecía verdad deja de serlo, los personajes ya no son los que creíamos que eran y el tipo de texto que estamos leyendo (novela corta, diccionario, diario, conferencia, sueño) ya no tiene nada que ver con el que estábamos leyendo hace un momento. En realidad, lo único central, lo único que se mantiene, es ese virus de la literatura que todo lo consume, y que en mayor o menor medida compartimos (y contagiamos alegremente) los amantes de los libros.

Mucho Vila-Matas ya en UnLibroAlDía: aquí

lunes, 18 de junio de 2012

Ramiro Pinilla: Aquella edad inolvidable

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

Estoy últimamente en uno de estos periodos en que leo varias novelas y ninguna me emociona: La cola de la serpiente de Padura, El ayudante de Robert Walser (habrá reseña... a lo mejor) o este Aquella edad inolvidable de Ramiro Pinilla, todas ellas son novelas correctas, pero... sin más. Así que me pregunto: ¿seré yo, maestro, seré yo?

Con respecto a Aquella edad inolvidable de Pinilla, coincido con lo que dice Senabre en su reseña: "esta es una novela menor... de un novelista mayor". En las primeras páginas ya se resume toda la historia, que es muy prometedora: un jugador (ficticio) del Athletic de los años 40 vive un episodio de gloria fugaz cuando marca el gol definitivo en la final de Copa contra el Madrid; pero poco después cae gravemente lesionado por una entrada brutal y debe abandonar el fútbol. La lesión lo destruye no solo físicamente, sino también anímicamente: rompe su relación con su novia, se encierra en casa y un tiempo después se ve metiendo cromos en sobres, y entre esos cromos, el suyo propio, el de Souto Menaya, el héroe de la final de Madrid.

El problema es que la novela consiste en una repetición ampliada de esas primeras páginas, ampliando los detalles pero con pocas sorpresas para el lector. La imagen más poderosa de la novela (la del héroe que se ve obligado a enfrentarse con su propia gloria, plastificada e irrecuperable) ya nos ha sido desvelada; cuando llega por segunda vez, ya ha perdido parte de su fuerza. Cabe preguntarse por qué ha decidido Pinilla hacer ese resumen inicial, ni qué habría sido de la experiencia de la novela sin él.

Otro problema que le encuentro a Aquella edad inolvidable es que el personaje principal no resulta simpático -aunque otros lectores pueden no estar de acuerdo conmigo-. Souto Menaya es un personaje que se compadece de sí mismo y parece decidido a vivir una vida infeliz rechazando los esfuerzos de quienes le rodean (a diferencia, por cierto, del Rogelio Cerón de La higuera, que acepta estoicamente su condena autoimpuesta). Al final, uno siente más compasión por Cecilio, Socorro o Irune, que por el protagonista.

No sé qué impresión causará esta novela en alguien que no sea del Athletic, o incluso en alguien a quien no le guste el fútbol. Pinilla (que aparece en la solapa fotografiado de chaval con la camiseta del Athletic) hace un esfuerzo por introducir al profano en esa religión mezclada de política que es el fútbol. A mí, personalmente, me ha parecido una novela menor, aunque bien escrita. O sea: sí; pero no.


La obra casi completa de Ramiro Pinilla en ULADSenoLa higueraVerdes valles, colinas rojas 1,Verdes valles, colinas rojas 2 y 3Solo un muerto másHuesosCadáveres en la playaEl cementerio vacíoLas ciegas hormigasLos cuentos

viernes, 27 de mayo de 2022

Sabina Urraca: Las niñas prodigio

 Idioma original: español

Año de publicación: 2017

Valoración: Está bien



Con este texto inclasificable me he sentido como en una montaña rusa: unas veces arriba, otras abajo, hasta invadirme una especie de mareo por tanto vaivén y querer que acabase cuanto antes. Desde el principio se advierte su intención de atrapar al lector, de epatar con todo lo que cuenta, y lo hace con una anécdota tan escabrosa como desagradable que podía haberse ahorrado, la verdad, o profundizar más en ella y aprovechar la ocasión para reflexionar sobre inusuales prácticas post-parto o para, ya puestos, describir una escena terrorífica. Quienes usan la auto ficción para no complicarse la existencia, hacen exactamente esto, tiran la piedra y esconden la mano, amenazan con escandalizarnos pero se arrepienten antes de entrar en detalles que sucedieron realmente o sienten pereza si tienen que inventar lo que no sucedió. Pero la literatura es eso, una mezcla de ficción y realidad, y si no quieres completar las lagunas, en lugar de dejar boquiabierto al lector, escritor o escritora del género, acabarás fastidiándole con tanto relato a medias, tanto personaje indefinido, tanto amagar y no dar. Gran parte del tiempo, el lector camina a trompicones, desconcertado y eso, en literatura, significa aburrimiento; cuando llegamos a convencernos de que no podemos esperar gran cosa, llega la apatía, la indiferencia y hasta el hastío lector.

Y es una pena, porque Sabina Urraca tiene una prosa contundente y, una vez superado ese primer escollo, me sedujo durante un buen trecho. Me pareció que introducía relaciones inusuales y sus análisis eran profundos, que su introspección estaba  bien dirigida, que conseguía reivindicar a las niña que fue, y a todas las niñas de paso, que señalaba acertadamente los mil hándicaps que estas encuentran en el camino y lo pronto que asumen la diferencia con los chicos, bien para resignarse (en su propio detrimento) bien para oponerse a ese estado de cosas. Llegó a fascinarme ese sarcasmo suyo, la conciencia crítica que asoma a veces, aunque enseguida encontré banalidades que se multiplicaban con el tiempo.

La narradora, que es un trasunto de la autora fabricada con sus propios retazos, vive en un estado de frustración permanente. Y eso, que al principio puede suscitar empatía, nos acaba convenciendo de que su estado es crónico, que no tiene remedio y que nunca saldrá del atolladero ya que es el escenario que ha creado para mostrar su faceta de víctima en constante pelea con el mundo. Esta postura, escéptica hasta el nihilismo, mejor aprovechada podría dar mucho juego, pero la constante indefinición a que aludía antes la corta de raíz y quien acabamos frustrados somos nosotros, los sufridos lectores de Las niñas prodigio. ¿Es la protagonista una niña prodigio, lo ha sido la escritora en el pasado? No sabría decirlo. Habilidades literarias tiene, aunque, creo, muy desaprovechadas en esta (casi) inacabable confesión. 

“Al día siguiente volvería a los caminos helados del pueblo, a vivir durante semanas con el pijama debajo de la ropa, a comer sopa de col junto a un padre alcohólico y silencioso. Pero durante un momento, en su cara curtida de niño tortuga sin cuello, la sonrisa se abrió paso y arrojó un poco de sol sobre la granja, las vacas, el cazo de leche hirviendo, el cazo de leche hirviendo con la nata flotando…” 

Repasando lo leído en conjunto veo demasiada auto exploración, auto victimismo, demasiado auto todo. Demasiado "auto". A ratos se diría que se ha tumbado en el diván, pero el psicoanalista es puro humo ya que la familia no aparece, solo sabemos que existe. Pues ¿qué es una niñez sin padres? si prescindimos de referencias familiares ¿dónde hemos dejado a Freud? En realidad nadie sabe cómo darle sentido a una vida. No hay fórmulas para eso, el absurdo nos invade seamos o no conscientes de ello. Podemos ignorarlo o bien refugiarnos en alguna de las opciones disponibles (ciencia, religión, esoterismo…) entre las que lo literario quizá sea una de las más inocuas, ya que incluye lo irracional sin permitir que nos aplaste. En algún momento he pensado que Sabina Urraca bebe de fuentes surrealistas, me han impresionado algunas imágenes potentes. Me pareció que lograba conectarme con el núcleo de una personalidad compleja que sabe transmitir sus claves y el origen de ellas, si esto fuera posible. Pero, en fin, sin ánimo de comparar esta lectura con un Robert Walser o un Thomas Bernard, me han entrado ganas de cerrar el libro y refugiarme en cualquiera de los dos para compensar algunos desatinos con auto ficción pata negra, que la hay, se lo aseguro. Encadenar situaciones extremas es un recurso válido, tal como han demostrado tantos genios, pero no suficiente para componer una obra medianamente digna. La papelera está siempre al alcance de la mano, y recurrir a ella cuando hace falta es síntoma de sensatez y buen gusto.

Mi conclusión es que Urraca describe una personalidad errática –la suya o una que se ha inventado, no sabemos– y lo hace también de forma errática demostrando talento, es verdad, pero desperdiciado en parte, tanto en literatura como en la vida de ese trasunto suyo que no acaba de ubicarse en ningún sitio ni de transmitirlo con verdadera habilidad.

jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año)El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
ClásicoEl crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convencióTodos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Robert Musil: Las tribulaciones del estudiante Törless

Resultado de imagen de las tribulaciones del estudiante törlessIdioma original: alemán
Título original: Die Verwirrungen des Zöglings Törless
Año de publicación: 1906
Valoración: Imprescindible

En los convulsos comienzos del siglo pasado, el idioma filosófico por excelencia alumbró esta pequeña joya, primera obra de una fecunda y personalísima carrera que entrelaza ficción con pensamiento. Se sitúa en la tradición de la novela iniciática, probablemente inspirado por Las desventuras del joven Wherter de Goethe –a quien cita como una de los autores que se estudian en la institución de referencia– aunque con un argumento menos convencional y una resolución bastante menos trágica. También he creído encontrar huellas suyas en el Demian de Hesse, Jakob von Gunten de Walser, La ciudad y los perros e, incluso en El guardián entre el centeno.
Musil nos sumerge en un mundo sórdido y asfixiante, el de una academia militar donde la tragedia (de poca monta) se va urdiendo lenta e inexorablemente hasta atrapar en sus angustiosas redes tanto a personajes como a lector. A la creciente tensión se añade el morbo que domina el núcleo del argumento. Resuelto, eso sí, con la mayor de las contenciones; un procedimiento que, sospecho, resulta más inquietante aún.
Pero la trama acepta más de una lectura: al margen de la anécdota, tan creíble como perfectamente desarrollada, se puede interpretar como metáfora de lo que sucede en el interior de sociedades e individuos. Contiene además todos los elementos que definen al ser humano, cuyo germen aparece en la adolescencia y de cuya resolución en uno u otro sentido depende el tipo de personalidad que se acaba construyendo. En páginas previas al desenlace, en una especie de anticipación del futuro que el autor tiene a bien regalarnos, podemos vislumbrar el adulto en que años más tarde se verá convertido el protagonista.
Su personaje, literalmente hablando, no sale demasiado bien parado de la prueba a que se ve sometido, pero su papel, como espectador de excepción en un complot de humillación y dominio, va mucho más allá. Se trata del testigo que, además de observar, extrae consecuencias. Filosóficas y morales, fundamentalmente. Su personalidad, interesada por la ciencia, contrasta con la deriva mística de su oponente, el materialismo enfrentado a una espiritualidad cruel. Puede que el mayor acierto de la novela consista en que, a pesar de plantear cuestiones éticas como el abuso, la delación y sus derivados, no presenta moraleja ninguna. No hay castigo para los culpables, ni compasión por la víctima, ni apoyo a la torturada mente de Törless. Este comienza sugiriendo a sus compañeros la solución más sensata, pero luego pierde el rumbo, se sume en divagaciones que le conducen a buscar en sí mismo la esencia de las cosas sin apenas un intento de ayuda a la víctima. Lo que importa aquí son sus interrogantes. Por lo demás, el camino estaba claro y Bassani –el torpe y cobarde Bassani– podría haberse librado de sus torturadores con relativa facilidad.


También de Musil: El hombre sin atributos