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viernes, 17 de julio de 2026

ULAD en el FLAZ (Festival Literario de Allariz)

La entrada de hoy no es la reseña de ningún libro. La ocasión lo merece. Y es que hemos tenido el honor de participar, los días 3 y 4 de julio, en el V Festival Literario de Allariz (Ourense), organizado por la editorial Aira y por la librería Aira das Letras. Además, hemos compartido cartel, ni más ni menos, que con Lucía Solla Sobral (sí, la autora de Comerás flores), Juan Gómez Bárcena, José Ignacio Carnero, Antía Yáñez y Tensi Gesteira (por favor, seguid su cuenta de IG: https://www.instagram.com/lecturafilia). ¡Cómo para no contarlo, no!

El caso es que allí nos presentamos el viernes 3 de julio, con tanto miedo como vergüenza, para una primera “toma de contacto” con el resto de invitadas al Festival. Ese previo resultó todo un acierto por parte de la organización pues las charlas informales alrededor de una mesa permiten romper el hielo y, de una forma u otra, orientar las conversaciones que tendrán lugar durante el fin de semana ya sobre el escenario de la Casa de Cultura de Allariz.

Abrió el Festival, la misma tarde del viernes, la conversación entre Juan Gómez Bárcena y José Ignacio Carnero. Bajo el título “El peso de la verdad en la ficción (y viceversa)”, los autores charlaron sobre ficción y realidad, responsabilidad del autor para con la verdad, autoficción, pudor, etc. Cada uno con su estilo, más académico el de Juan y más “campechano” el de Jose, también dejaron interesantes pistas sobre sus procesos de escritura y el trabajo previo de documentación.

Ya en la mañana del sábado tuvo lugar la más concurrida de las charlas, que llevaba por título “Nuevas perspectivas, inquietudes y temas en la literatura actual” y en la que Lucía Solla Sobral y Antía Yáñez hablaron de la necesidad de tratar temas arrinconados (o directamente ninguneados) en el canon literario, de la responsabilidad del autor para con el lector, del mensaje que debe o no contener el texto, de la recepción que esas nuevas miradas y/o nuevos temas tienen a nivel de crítica y público, etc. De verdad, charla necesaria y estimulante.

El sábado por la tarde llegó nuestro turno. Intentando dejar a un lado el miedo escénico y tratando de superar el síndrome del impostor, charlamos con Tensi Gesteira acerca de “La difusión de la literatura en redes: Nuevos lenguajes y nuevos objetivos”, expusimos brevemente el origen y funcionamiento de nuestro blog y debatimos sobre la función que ha de tener la crítica “amateur” frente a la profesional, sobre la necesaria independencia y libertad que han de mantener los blogs / webs / cuentas de reseñas literarias, sobre la posibilidades, ventajas e inconvenientes, aciertos y errores de los nuevos métodos de prescripción y difusión de la literatura y también, ¿por qué no?, aprovechamos para criticar un poquito a influencers profesionales. Algo de carnaza había que ofrecer.

Cerró el festival una mesa redonda en la que los seis invitados departimos acerca de “Escribir para uno, escribir para los demás”. Escribir, ese oficio solitario e interminable que, paradójicamente, siempre se dirige a un destinatario, sea este quien sea. Charla a seis (siete con César, moderador / conductor de todas las charlas) que se desvió hacia otros territorios como la pulsión de la escritura, la habitual precariedad del autor, la necesidad de reconocimiento (y no solo económico, pero también económico) de los creadores, el papel de la administración en ese reconocimiento, etc.

Para gente como nosotros, que solo toca estos temas de forma tangencial y que, salvo honrosas excepciones, no tenemos formación específica en la materia, resulta un placer poder escuchar a gente tan preparada y resulta casi sorprendente haber podido estar ahí.

Y así, hemos de agradecer a Carlos Airas y César Lorenzo (“jefazo” y editor de Aira, respectivamente) la invitación al FLAZ 2026, su amabilidad, su empatía y el trabajo que hacen en favor de la lengua y literatura en galego. En tiempos de IA, globalización y uniformidad, es esperanzador comprobar que aún existen espacios que buscan defender lo local y crear comunidad. Ya lo decía aquel: aquello de hablar de tu aldea para hablar del mundo, ¿no?

No quiero cerrar esta entrada sin agradecer las charlas y la compañía del resto de invitados: Tensi (sigamos haciendo cosas “inútiles e improductivas”), Lucía (santa paciencia la tuya), Antía (creo que quedo algún pimiento de Padrón por ahí), Juan (¡no, si todavía gana España el Mundial!) y Jose (te fuiste sin cantar nada de Juan Pardo. Si un día grabamos algo para el canal de Youtube, te tocará cantar).

Ha sido un fin de semana genial, de verdad. 

P.S.: Si no conocéis Allariz, acercaos por allí. El pueblo y su gente merecen mucho la pena.

domingo, 15 de marzo de 2026

Colaboración: Un episodio en la vida del pintor viajero, de César Aira

Idioma original: español 

Año de publicación: 2000

Valoración: Muy recomendable


El alemán Johann Moritz Rugendas puede no figurar entre los nombres de los grandes pintores del siglo XIX. Discípulo de Humboldt, fue un pintor que, en la mirada de Aira, se convierte en un eslabón perdido: posee la luz dramática de Turner y una audacia en el color y la línea que parece un Matisse avant la lettre. Por mucho tiempo se dijo que la atención que sus pinturas generaban no se debía a su técnica, sino a la belleza sin límites del paisaje americano. Aquí entra en acción César Aira, quien, aprovechando que el pintor viajero se reivindicaría en su paso por Argentina en un evento extraordinario, pone en marcha un relato histórico lleno de emociones, conciso e imprevisible.

Descendiente de pintores de batallas y víctima de la paz napoleónica, Rugendas sale de Europa e inicia una batalla interna en el Nuevo Mundo, acompañado de otro pintor: Krause. Sabe que su presente pasa por retratar los paisajes tropicales de los que Europa adolece, pero no tiene idea de su futuro. Quizá, hasta lo podría evadir desandando sus mismos pasos. Fruto de ese andar es la vasta cantidad de dibujos, los mismos que le generarían ingresos.

México y Brasil constituyen el grueso de su obra, con más de 3000 dibujos e ilustraciones (pero solo 118 totalmente terminados), aunque su fin último —ese que va más allá del dinero— estaba en Argentina: dibujar y gozar la serenidad de la luz del sur, pero deseando culposamente retratar antes un terremoto o la furia indígena de un malón. Sin embargo, el destino le dará el sobresalto que él busca de otra manera. Si Rugendas solo tenía el presente como herencia y sus manos y sus ojos como herramientas para subsistir, lo que vivirá entre San Luis y Mendoza lo dejará literalmente temblando, como a un niño recién parido. A partir de ahí, su verdadero rostro será el arte.

Desde ese momento, pasa de lo científico a lo dinámico. En comparación con sus dibujos documentales de México y Brasil, La cautiva, producto de su estancia en Argentina, sacude el alma. Es estilo, belleza y movimiento. Pero no sabemos cómo se pintó, ni cuál era el estado del pintor. Leemos a Aira —imperturbable, analítico, extrañamente divertido— y él nos revela la funcionalidad del dolor. El sufrimiento no es una tragedia aquí, sino una droga que agudiza la percepción: Rugendas deja de ser un hombre para convertirse en un ojo mecánico, alejándose de su propia humanidad. Pintor y escritor se unen aquí por lo simple y firme de su ejecución, además de la simetría de sus vidas: uno plasmó las escenas que recorrió, el otro lo revivió al leer, imaginar y complementar su correspondencia.

Libro corto, personajes profundos, imágenes poderosas. Con oraciones sencillas, lejos de lugares comunes, cautiva al describir lo imponente de los Andes, la bravía de quienes los cruzan o la vorágine de un campo de batalla. Llama la atención la identidad entre los bocetos veloces de Rugendas y la famosa "fuga hacia adelante" de Aira. Ambos rechazan la corrección: el error se integra, la deformidad se acepta. Para ambos, lo importante no es la obra terminada, sino el movimiento continuo, la invención constante del presente para no tener que mirar atrás aunque el motor sea agua de amapolas.

Pero, sobre todo, Aira nos muestra, a través de Rugendas, que los viajes sí nos cambian, pero de maneras repentinas e imprevisibles. Más que un homenaje a la perseverancia, es la constatación de una obsesión. Aira nos enseña que el arte es una forma de vampirismo: Rugendas se deja consumir a sí mismo para capturar el paisaje. Al final, no nos queda el consuelo de la aventura, sino la certeza de que la realidad es tan alucinante que solo un monstruo, o un artista drogado, con herramientas que van más allá del lápiz y pincel, puede verla tal cual es.

Firmado: Arturo Jiménez Viveros

Otras obras de César Aira reseñadas en ULAD: aquí


miércoles, 11 de marzo de 2026

Silvana Vogt: El fino arte de crear monstruos

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2025

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Aunque en la solapa del libro se define como ‘novela’, se podría decir que El fino arte de crear monstruos está en zona de transición entre novela y colección de relatos, aunque en mi opinión tiene más de lo segundo que de lo primero. Esta autora, argentina de nacimiento y afincada en Barcelona (de hecho, tiene algo publicado en catalán), presenta una serie de narraciones cortas que comparten protagonistas y guardan cierta coherencia cronológica, o esa sensación da, pero me parece difícil concluir que esto constituya una novela.

Una docena, quizá algo más, de relatos breves, episodios en la vida de Vidria, una niña que vive en la pequeña población de Morteros, que recuerda ligeramente a El Pensamiento, donde César Aira situaba una de sus últimas creaciones. Poco sabemos sobre en el entorno de Vidria, salvo que tiene un hermano quien al nacer la niña la tiró al cubo de la basura, y con el que no obstante comparte la protagonista ideas e iniciativas disparatadas. Estas ocurrencias, junto con las insólitos episodios que acontecen en el pueblo, son las que dan lugar a esos pequeños relatos que giran bajo títulos como ‘Segundo advenimiento con niña mutante’, ‘La indulgencia plenaria de las mandarinas’ o ‘El origen de la luz en la naturaleza de la máscara’. 

El mismo ingenio que exhiben esos fantásticos rótulos se manifiesta en la narración, donde lo inverosímil despunta en cada página sin que lleguemos a tener claro, y eso es parte de la gracia, lo que es real y lo que no. Entonces es inevitable pensar en el realismo mágico y en el desproporcionado número de secuelas que ha ido dejando a un lado y otro del Atlántico. Eso de inventarse cosas extravagantes y mezclarlas en una narración convencional parece una buena solución para darle brillo, sorprender al lector y dar sensación de dominio sobre el medio. No es exactamente lo que hace Silvana Vogt, aunque indudablemente ese camino abierto facilita el tránsito.

Esas dosis de fantasía, dispersas pero abundantes, otorgan a la narración una cierta aura, aunque a fin de cuentas se trata de episodios de la vida de aquella niña, cosas sorprendentes que casi siempre bordean la tragedia y cuyos límites con lo inverosímil son difícilmente distinguibles. Así que, visto desde otra perspectiva el libro constituye una especie de anecdotario, narrado con un tono ligeramente infantil muy logrado, con estilo a la vez fresco y elegante, algo que quizá no provoque un arrebato de placer literario pero deja la agradable sensación que proporciona lo bien hecho, lo curioso, digno y entretenido a partes iguales.


lunes, 3 de noviembre de 2025

César Aira: En El Pensamiento

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Recomendable


No sé si a alguien más le pasa, pero a mí valorar lecturas de César Aira me parece bastante complicado, quizá porque le leo muy de cuando en cuando. Me parece que escribe extraordinariamente bien, con capacidad para crear las atmósferas adecuadas, jugar al despiste con facilidad pasmosa y talentazo para sacar petróleo de cualquier cosa por insignificante que parezca. Todo esto solo lo puede conseguir un escritor con técnica y sensibilidad que brotan con naturalidad y llevan la palabra justa al lugar adecuado para construir narraciones siempre inteligentes y a veces de enorme belleza.

Si alguien se ha fijado en la mayúscula del título se habrá dado cuenta de que El Pensamiento es un lugar, en concreto un pueblito minúsculo, una pequeña aldea construida en torno a una estación del ferrocarril que une (o unía, no sé) Rosario con Puerto Belgrano. La estación y cuatro casas, rodeado todo ello por inmensos paisajes despoblados, un lugar real que Aira seguramente conocía, ya que nació en Coronel Pringles, localidad cercana y ya de más entidad. El relato se centra en los recuerdos de quien fue un niño en El Pensamiento, justamente el año anterior a emigrar a la pequeña ciudad vecina. 

La llegada de un joven preceptor y la misteriosa desaparición de una locomotora son los hilos conductores de la historia. Si es que se puede llamar así, porque lo que tenemos son multitud de imágenes, sonidos y sensaciones grabadas en el recuerdo del niño, percepciones de un mundo visto desde su  óptica, de dimensiones ajustadas a su escala, y de una ingenuidad que muy poco a poco va cediendo al contacto con el mundo adulto. La memoria se va entrelazando con la fantasía (el ángel que rellena los tinteros al amanecer), el descubrimiento de pequeñas claves racionales (las vías que parecen juntarse en la lejanía) o de pautas de comportamiento (el grupo en un picnic), mientras el autor se deja a ratos llevar por algo próximo a la prosa poética.

Pero, claro, es César Aira, y ese ramalazo dura poco, porque donde disfruta de verdad es integrando propuestas dispares, sin orden aparente, simplemente porque fluyen así, aparecen y desaparecen dejando al lector en una deliciosa duda. Así, el relato parece cobrar vida propia ofreciendo variantes posibles que quizá no conduzcan a nada, pero que dejan la sensación de literatura de gran nivel, y el mismo lenguaje se transforma en pocas líneas de algo que roza el surrealismo a la aspereza de un catálogo técnico. El relato se asoma al pasado del niño incluso físicamente, como observando un pequeño escenario de juguete en el que podría interactuar. Todo es un moderado placer en el que ya importa poco la historia de la aldea ferroviaria, y nos basta con disfrutar de la frase exacta, del quiebro sutil e inesperado o de la atmósfera tenue de un pasado en blanco y negro, hasta que el autor nos vuelve a sorprender con un final algo abrupto que le deja a uno estupefacto.

Estaba pensando que para César Aira esto de escribir libros debe ser una especie de juego, algo a lo que él juega desde luego muy bien, a base de ir soltando textos casi siempre muy breves donde se explaya como a él le apetece, ahora más bromista, luego más metaliterario, después más poético o reflexivo. Tiene repertorio, mucho, creatividad, a toneladas, escribe magníficamente y domina los resortes, de manera que todo le sale bien. Pero a uno le queda la duda de saber lo que daría de sí levantando algo de más empaque, una historia menos espontánea y más elaborada. Puede que de esta forma se convirtiese en un autor más convencional y se perdiese así la gracia de lo que hace. O tal vez podríamos descubrir a un absoluto genio que sumar a la lista de seis, ocho o diez autores latinoamericanos top que podamos tener en la cabeza. Podría ser una cosa o la contraria, veríamos, pero lo cierto es que don César no parece que esté por la labor.


viernes, 2 de agosto de 2024

John Franklin Bardin: El percherón mortal

Idioma original: inglés

Título original: The Deadly Percheron

Año de publicación: 1946

Traducción: César Aira

Valoración: está bastante bien y recomendable para aficionados al género

Ignoro si esta novela ha sido adaptada alguna vez al cine (lo dudo), pero tengo claro quién hubiera sido el director adecuado para hacerlo y no es otro que el inefable David Lynch.  La razón creo que estará clara para quien haya leído la novela, pero me temo será difícil de explicar a quien no la haya hecho, ya que si historia posee, además, la característica de resultar harto complicada de explicar. Aparte, claro, de que no debe hacerse, puesto que, en palabras de Cabrera Infante (que fue un gran admirador de este libro), "revelar la trama de esta novela es un verdadero crimen". Sirva como explicación de lo que he comentado sobre Lynch que aquí los lectores/as encontrarán, además de crímenes y misterio, amnesia, expeditivos leprechauns, ominosos caballos, extraños feriantes, femmes fatales, espejos deformantes, sinrazón y locura.

Resumen muy resumido (por contar algo): George Matthews es un psiquiatra de Nueva York que recibe en su consulta a James Blunt, joven heredero de una fortuna que teme estar volviéndose loco, pues pretende que unos peculiares hombrecillos le contratan para realizar ciertos encargos, a cual más absurdo. A partir de ahí, Matthews  se ve inmerso en una trama a cada momento más desconcertante y hasta alucinatoria, plagada de sorpresas y giros que convierten la lectura de esta historia en una experiencia intrigante y, por momentos, adictiva.

Y lo es, sobre todo, más que por una sabia dosificación del misterio en la trama, porque hasta el final uno no entiende nada de lo que está pasando, de forma que, incluso hasta justo antes de ese final, todas las posibilidades están abiertas. Bien es cierto, no obstante, que quizás la historia haya perdido punch desde ese 1946 en el que fue publicada o desde los años 70, cuando fue redescubierta, al parecer, por los aficionados al género y se cimentó el prestigio de El percherón mortal como una de las muestras más enigmáticas de la novela negra. Hoy en día, sin embargo (debido, en parte y precisamente, al cine de David Lynch y otras propuestas algo bizarras... como la narrativa del traductor al español, nuestro admirado César Aira) es más difícil que nos sorprenda. Lo que no quita, para que leer esta novela sea algo del todo recomendable, más aún e incluso diría que de forma obligada, para los amantes del noir.

miércoles, 15 de mayo de 2024

Mario Levrero: Dejen todo en mis manos

Idioma: español

Año de publicación: 1994

Valoración: está bien

Un escritor uruguayo no demasiado exitoso recibe el encargo, por parte de sus editores, de localizar en una ciudad del interior del país a quien haya escrito una novela magnífica que han recibido y con quien no pueden ponerse en contacto. El improvisado detective se desplaza a esa desabrida localidad, a la que llama penurias, y, durante los días de su estancia allí, lleva a cabo unas pesquisas más o menos exitosas -me callo si finalmente tiene éxito en la misión encomendada o no-, conoce a una serie de personajes más o menos pintorescos y tiene algunos encuentros, más o menos eróticos. con mujeres...

Novelette ésta (perfectamente la podría haber etiquetado como "zoom" de tan corta que es) que bebe, como es obvio, de la clásica novela negra norteamericana -de hecho, en el libro encontramos más de una referencia a Raymond Chandler-, sólo que con un tono paródico e incluso bufo, lo que, digámoslo claramente, es lo que salva la historia, que, por lo demás, tampoco tiene mucha chicha, más allá de algunas reflexiones del protagonista y de la ambientación en un escenario un tanto laberíntico y onírico -los propios sueños del escritor-sabueso tienen también bastante presencia en la novela, por cierto-; tengo entendido, sin haberla leído, que esta ambientación está relacionada con la de La ciudad, del mismo autor. Aunque, de hecho, a mí tanto la localidad de Penurias como la repetición de ciertas rutinas diarias del tipo me han recordado algo la película Atrapado en el tiempo... influencia que bien podría haber existido en su redacción, de no ser el estreno de este filme justamente contemporáneo de la publicación del libro. Lo mismo me ocurre con la prosa de César Aira, cuyo estilo me ha recordado esta novelita de Levrero. Pero, probablemente (quien sepa más del tema, que se manifieste, si quiere), la influencia, de existir, sea en sentido contrario, puesto que la mayor parte de la muy extensa obra del argentino se ha publicado después de este librito.

En cualquier caso, estamos ante una novela cortita y divertida -en algún momento, incluso hilarante-, aun sin demasiada sustancia y que, con seguridad, no se encuentra entre las obras más señeras de este escritor uruguayo. Se lee en un plis-plas, eso sí, luego está bien para pasar el rato y hasta ahí.

Otros libros de Mario Levrero reseñados en este blog: Trilogía involuntaria, La banda del ciempiés

viernes, 5 de mayo de 2023

Fight Combo: La condesa sangrienta.

Más que célebre es la historia de la condesa húngara Erzébet o Elizabeth Báthory, que a comienzos del siglo XVII se supone dio muerte, personalmente o como comandataria, a cientos de muchachas con el objeto de  satisfacer sus impulsos sádicos. aunque también de llevar a cabo prácticas en teoría rejuvenecedoras, como darse baños en la sangre de sus víctimas o rituales brujeriles. No sé si cientos, pero sin duda sí que decenas de libros se han escrito sobre ella (y también se ha realizado más de una película); los más conocidos en el ámbito hispanófono son, con seguridad, el que escribió la poeta argentina Alejandra Pizarnik y, antes que éste, el que le dio lugar, de otra poeta, la francesa Valentine Penrose, ambos con el mismo título, La condesa sangrienta y publicados, con algunos años de diferencia, en la década de los 60 del siglo XX. Veamos cuáles son las concomitancias y diferencias entre ellos:

Idioma original: francés

Título original: Erzsébeth Bàthory. La Comtesse sanglante

Año de publicación: 1962

Traducción: M. Teresa Gallego Urrutia e Isabel Reverte

Valoración: más que recomendable

No sé hasta qué punto este libro se considerará canónico sobre el tema, en el ámbito historiográfico, pero, como digo, al menos sí que se considera una obra literaria importante, quizá la principal que ha dado lugar la historia/leyenda de Erzébet Báthory. Y eso se debe a que, si bien parece que Valentine perose buscó y utilizó toda la bibliografía y documentación que pudo encontrar sobre la figura de la condesa Báthory, al final no compuso una biografía al uso. o; mejor dicho, sí que lo hizo, pero no se limitó a eso: este libro es también la crónica de una época y un lugar en pleno cambio, la Hungría de alrededor de 1600, que estaba evolucionando desde la ferocidad -por no decir la barbarie- de una sociedad aún feudal y guerrera (ante la amenaza turca, principalmente), hacia la implantación de un estado fuerte, centrado en la figura del emperador y más orientado a los vientos provenientes de Europa occidental. Pero, sobre todo, es una orgía para los sentidos, un derroche de suntuosidad literaria, tanto en lo que respecta a los aspectos más "ambientales", digamos -las descripciones de fiestas y banquetes, de bosques y castillos, de elementos climáticos, de paisajes urbanos, las genealogías familiares-, como de aquellos otros inevitablemente horrendos, sanguinarios, morbosos... las torturas y los asesinatos, las masacres, incluso, que dejan tras de sí cadáveres, charcos de sangre y hedor.

Como ya he mencionado, Penrose estructuró este libro como una biografía de la condesa, pero también a modo de crónica familiar, tanto de los perturbados Báthory como de los respetados Nàdasdy, la familia de su esposo. Y de la situación política del Imperio Germánico (del que Hungría no formaba parte, pero Austria, sí) en la época de los Habsburgo. pero sobre todo, el libro es un estudio sobre la locura sádica y narcisista, así como de la abyección humana, pues la condesa no perpetraba sola sus crímenes, sino que necesitaba la ayuda de sus siniestras sirvientas -Dorkó, Jó Ilona, Kata Beniezsky, Fitzkó-, la complicidad de muchas personas que cooperaban en la tarea de conseguirle víctimas y el silencio, ya fuera cómplice o cobarde, de muchas otras que sabían o sospechaban los que ocurría en su castillo de Cjelthe, o en otras de sus residencias, incluso en la propia Viena.  Porque, además, La condesa sangrienta, no sé si de forma intencionada por su autora, aunque cabe pensar que sí, tiene una lectura política: la condesa y sus secuaces no se cebaban con las hijas de la nobleza húngara, aunque hubieran podido hacerlo, sino con una infinidad de chicas campesinas que sus propios padres ponían a su servicio; así lo hacían, en primer lugar, para evitarse  problemas evidentes, pero también porque la condesa Báthory consideraba que tal era su privilegio, al pertenecer ella a una de las principales familias del país... y, ciertamente, como tal estaba protegida por los poderosos, incluso cuando se destapó todo el pastel y hubo que imponerle algún castigo. este privilegio de clase también era evidente en el caso de Gilles de Rais, el asesino en serie (o incluso de masas) con quien más se puede comparar a la Báthory -de hecho, Valentine Penrose le dedica un capítulo entero de su libro-, perteneciente, a su vez, a la más alta nobleza francesa del siglo XV.

Aunque lo más destacable de este La condesa sangrienta, aparte del obvio impacto gore que guardan sus páginas, es la recreación  de todo un mundo cerrado, malsano, aunque fascinante, que denota la desconexión con la realidad de alguien que se siente libre de llevar hasta el límite sus fantasías e impulsos más sádicos y homicidas... (por entendernos y para quien la haya leído, la novela malrrollera por excelencia, La chica de al lado, sería una versión doméstica de esta gran producción hollywoodiense en tecnicolor). Una recreación de un mundo tan endógeno que llega a poseer cierto carácter onírico, lo que no es de extrañar habiendo sido Valentine Penrose, antes que nada, una poeta del movimiento, aunque el tono literario del libro recuerde más al simbolismo decimonónico. En cualquier caso, os aseguro que es una lectura que no puede dejar indiferente a nadie.


Idioma original:
español
Año de publicación: 1966
Valoración: también recomendable

Pocos años más tarde que el libro de Penrose y, son duda, entusiasmada por éste, la poeta Argentina Alejandra Pizarnik publicó su propia versión -comenzada, al parecer a modo de reseña-, que puede considerarse casi como un resumen del libro anterior o incluso, más aún, una condensación (o, en este caso, "condesación"... vale, perdón, ya lo dejo) al estilo Reader's Digest. Claro que en absoluto su intención era hacer más "digerible" la historia; bien al contrario, Pizarnik se centra casi en exclusiva -también su libro es considerablemente más corto- en ciertos aspectos que más le interesan: su deriva sádica y truculenta más que en el color local o de la época. Como ella misma explica: "La perversión sexual y la demencia de la condesa Báthory son tan evidentes que Valentine  Penrose se desentiende de ellas, para concentrarse exclusivamente en la belleza morbosa del personaje." Y adjunta una cita de Jean-Paul Sartre, que podrían firmar muchos psycho-killers: "El criminal no hace la belleza: él mismo es la auténtica belleza."

También cita, para que no se diga, a René Daumal, Gombrowicz, Rimbaud, Baudelaire, Milose, Octavio Paz, Antonin Artaud, Pierre-Jean Jouvé y diversas elegías del cancionero. Y, por supuesto, al marqués de Sade, que no puede faltar en toda esta salsa:
"Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible."

No conozco lo suficiente la obra de Pizarnik como para explicar cómo encaja  en ella su "condesa sangrienta" (si a alguien le interesa mucho saberlo, parece que César Aira tiene publicado un ensayo sobre esta escritora. Según él, por lo visto, Pizarnik no quiso seguir por este camino, que para ella quedaba agotado con este libro). Sin duda, su impronta poética ve reflejada en la belleza que consigue sacar de esa pesadilla splatterpunk que suponen los crímenes de la condesa y compañía, algo que se ve reforzado por las magníficas ilustraciones, entre góticas y simbolista, de Santiago Caruso para esta edición de Libros del Zorro Rojo (no es la única ocasión, por cierto, que este ilustrador argentino ha puesto imágenes a la obra de su compatriota). El libro, cierto es, no tiene la riqueza descriptiva ni la ambientación de que hace gala el de Valentine Penrose, pero gana en síntesis y en un esteticismo más depurado, así como en una mirada más "filosófica" (si se quiere decir así) sobre la atracción del abismo que conlleva asomarse a la figura de la condesa Báthory y a sus perturbados crímenes. Ambos libros, en cualquier caso, resultan recomendables, aunque quizá no muy digeribles para según que estómagos, yo aviso...



viernes, 15 de julio de 2022

Mario Satz: Bibliotecas imaginarias

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable

Sé que se trata ya de un tópico excesivamente gastado por los reseñistas de libros, incluso (o empezando por) aquéllos que escriben en las revistas especializadas y suplementos culturales, pero no se puede decir de otra manera: este libro es una auténtica delicia. Una exquisitez, si lo preferís, un prodigio de erudición, sensibilidad y buen hacer literario, que resulta todo un placer leer, con la única pega de saber que pronto se acabará, pues tampoco hablamos de un libro demasiado extenso.

Bibliotecas imaginarias está compuesto de más de cuarenta capítulos o historias breves -de cinco o seis páginas a lo sumo, de un volumen de pequeño tamaño-, en los que recorremos gran parte del mundo y del tiempo, saltando de una biblioteca a otra: desde las saqueadas  biblioteca del emperador de China o de Madina al-Zahra a las bibliotecas portátiles de Francisco de Quevedo o del beduino Anir Kunta, que (re)descubrió el café (alabado sea por siempre);de los Archivos Secretos del vaticano a los rollos escondidos por los esenios cerca del mar Muerto; conoceremos los accidentados  avatares del llamado Fondo Kati o de la celebérrima biblioteca de Alejandría, pero también las de otras mucho más inciertas, como la de un pescador de esponjas griego, de un carpintero enamorado de las Musas, la biblioteca secreta de los judíos de Girona o la del arrasado ghetto de Varsovia... Compartiremos también la bibliofilia de un impresor veneciano, un legionario romano, un encuadernador de Amberes, de un ladrón de libros raros y también ladrona amante o del maestro Ibn Arabi de Murcia en su periplo por el fondo del mar ; pero también la de personajes aún más conocidos como Jenofonte, Arquímedes, San jerónimo, Ovidio, Paolo Uccello o la escritora japonesa Shei Shonagon...

El veterano escritor hispano-argentino Mario Satz muestra, como digo, toda su erudición, sensibilidad y talento -de las que no es ajeno, sin duda, su formación académica- en un libro que recuerda a Borges (referencia inevitable), pero también a las Vidas imaginarias de Marcel Schwob o a Ítalo Calvino... Incluso yo diría que existe no poca concomitancia, no sé si casual, de este libro con los de otro hijo de ese lugar, sin duda prodigioso, que es Coronel Pringles (provincia de Buenos Aires), el inefable César Aira. Como su paisano, Satz parte de lo que puede ser, quizás, una simple anotación en una enciclopedia o tratado, o un arquetipo, para desplegar su imaginación por medio de una prosa cuidada, elegante, que nos envuelve como volutas de humo y nos fascina para que sigamos sus evoluciones hacia lo alto, hasta tocar la maravilla y, en ocasiones, lo sublime.

viernes, 17 de junio de 2022

César Aira: El jardinero, el escultor y el fugitivo

Idioma: español

Año de publicación: 2022

Valoración: está bien

Último libro publicado (no por mucho tiempo, supongo) del muy prolífico César Aira y compuesto, en este caso, por tres relatos largos y, en principio, independientes entre sí, aunque quizá no tanto... El primero de ellos, El jardinero, tiene como protagonista-narrador -los tres están contados en primera persona. aun escritor de mediana edad, esperemos que no trasunto del propio Aira-, que trasacabar unas páginas mañaneras sale de su casa en bata y zpantuflas en busca de su jardinero, quien, según nos dice, se ha convertido en el primer lector de todo lo que escribe. Mientras lo busca por su extenso jardín, recuerda que el buen hombre parece en los últimos tiempos un tanto deprimido y resuelve hacer todo lo posible para sanarlo, al tiempo que su pensamiento se va enredando en observaciones y disquisiciones diversas, que van tejiendo a su alrededor un tupido muro, como el que forman las madreselvas que encuentra en algunos rincones del jardín. 

El segundo relato -casi una nouvelle-, El escultor, está protagonizado y narrado, oh, sorpresa, por un escultor de la Antigua Grecia que, pese a estar satisfecho con su trayectoria artística y su posición social y económica -en realidad, bastante satisfecho de haberse conocido, igual que el escritor anterior- se haya un tanto preocupado porque le parece que su asistente y mano ejecutora de sus obras -él se limita a la parte conceptual de la escultura, no a su talla, propiamente dicha- se encuentra también, oh, sorpresa, sumido en una depresión que puede hacer peligrar la producción escultórica. Para encontrar un remedio, este otro artista/intelectual se encamina a un lejano santuario donde consultar al oráculo por medio de unas pitias o pitonisas.

Por fin, el tercer y último cuento trata de un tipo (quizá también otro escritor) que, para evitar los riesgos aparejados a la pasividad a la que le aboca un mal que le aqueja -no queda claro de qué se trata; tal vez también un principio de depresión o una simple astenia - comete un crimen para que su huida de la policía le obligue a mantenerse siempre activo y alerta. Esta fuga le lleva por pequeñas ciudades del interior del país, donde vive alguna peripecia inesperada...

Que nadie piense que va a encontrar en este libro unos relatos perfectamente estructurados , donde todas las piezas encajan como en un puzle hasta llegar a un epatante final... Más bien la impresión que dan es que, como de costumbre en él, este autor ha partido de unas ideas y situaciones más o menos ocurrentes para luego ir brujuleando al albur de sus ocurrencias y reflexiones a cada momento, sin saber muy bien adónde quiere ir a parar. o mejor duicho, sií da la impresión de saberlo, aunque no sea cierto, pero sus lectores no, pero avanzan creyendo lo contrario, y de ahí la sensación de cierta extrañeza, incluso de irrealidad, que transmiten sus escritos. de todos modos, y aunque estos relatos están llenos, ya digo de digresiones y elucubraciones de todo tipo -en el caso de los dos primeros, sobre la enfermedad, el arte y la relación entre el artista, su obra y sus lectores/espectadores-, junto a descripciones, sueños y racconti, no se trata de un tipo de literatura "de ideas"; más bien, de una narración-contenedor, donde el señor Aira puede dar cabida a lo que le pasa por el cacumen, con total libertad, sin preocuparse del resultado final.

Claro que esto, que a priori parece al alcance de cualquiera, no puede hacerlo todo el mundo, al menos, no con tan buenos resultados como él, Porque si algo está claro es que César Aira escribe no sólo de maravilla, sino, sobre todo, con una gracia que lo redime de cualquier defecto -y no me refiero a que sea gracioso, aunque el humor, sobre todo como una suave ironía o sorna, está presente en todo momento en sus relatos, y es lo que hace soportables a personajes tan gilipo... cretin... pagados de sí mismos como los que los protagonizan-; de ahí que, aunque en algún momento sus narraciones puedan hacerse erráticas e incluso cansinas, deje la sensación de que, antes o después, uno siempre volverá a leer algún libro suyo. Y, sin duda, tenemos para elegir...


Más libros de César Aira reseñados: aquí

jueves, 4 de marzo de 2021

César Aira: El juego de los mundos

Idioma: español

Año de publicación: 2000 (2019, edición revisada)

Valoración: está bastante bien


En un futuro muy lejano -aunque en este libro se nos cuente como pasado- la Humanidad tendrá muy pocas cosas que hacer, ni siquiera pensar, gracias al desarrollo de los Sistemas Inteligentes, pudiendo así dedicar todo su (nuestro) tiempo al ocio. Entre la chavalada lo más popular será el llamado Juego de los Mundos, con el que podrán desplazarse, merced a los sistemas de Realidad Total, a alguno de los innumerables planetas con vida inteligente, que proliferan por toda la galaxia y más allá, para proceder a aniquilar esa vida y su civilización, utilizando todo tipo de estrategias, medios y crueldades a su alcance; así, uno tras otro, ir destruyendo mundos, provocando genocidios y ganando puntos en el juego, aunque lo principal sea la sana y deportiva satisfacción que proporciona una esforzada victoria.

Todo esto nos lo va contando en la novela el padre de un grupo de estos muchachos que ocupan su tiempo con el juego, de forma que al orgullos y satisfacc...(uy, perdón) deleite que siente el buen hombre al contemplar la felicidad de sus retoños, se contraponen algunas objeciones que se le ocurren, tanto de carácter meramente generacional (es incluso natural que los padres no comprendan los intereses de sus hijos) como ético y filosófico, en general -lo de acabar con otras civilizaciones por diversión no acaba de convencerle-... De paso, el padre nos va poniendo al corriente sobre las circunstancias de su tiempo, en las que cualquier semejanza con la experiencia humana actual (no digamos ya de la época preindustrial) es pura casualidad o anacronismo; sin ir más lejos, el desusado acto de leer no tiene nada que ver -resulta de una evidente ironía, por tanto, que para los humanos de esa sociedad futura, sus ancestros sean los conocidos como Escritores (*)-. Esta disociación entre experiencias vitales y su percepción virtual es, sin duda, uno de los temas de la novela; otro, el papel cada vez más crucial que juegan en nuestras vidas la tecnología digital y la llamada Inteligencia Artificial... y eso que la novela, aun habiendo sido revisada recientemente, es "tan sólo" del año 2000... la Prehistoria, como quien dice.

Como es habitual en los libros de César Aira, o al menos hasta dónde yo conozco, el planteamiento inicial de El juego de los mundos es bien original, desarrollado con eficacia y pulcritud y, por supuesto, con una prosa que siempre roza la excelencia. Ahora bien, así como le ocurre otras veces, el desenlace, o mejor la resolución de la historia resulta un tanto deslavazado, como si el escritor no quisiera (o no pudiera) darle un final excesivamente contundente a la novela y prefiriese dejar al albur de sus lectores cualquier conclusión a la que quieran llegar.

(*) No puedo evitar repetir este fragmento en el que la coña marinera de Aira, por lo general muy sutil, logra que la habitual sonrisa se nos transforme en una risa abierta y con todas las letras:
"(...) En efecto, una añeja conseja decía que la Tierra, en uno de los momentos de su origen, estaba habitada por una raza que se llamaba Escritores de Ciencia Ficción. estos hombres de los que descendía la Humanidad actual, habían dejado registrado en lenguaje todo el futuro de la civilización y de todas las civilizaciones posibles, incluyendo cualquier hecho que pasara en ellas y los sueños que los acompañaban.
"¿También el Juego de los Mundos?" -me preguntaban, de pronto interesados."

Otros títulos de este autor reseñados en Un Libro Al Día: aquí

miércoles, 30 de diciembre de 2020

2x1. César Aira: El gran misterio y Artforum

Idioma original: Español
Año de publicación: 2018 (El gran misterio) y 2014 (Artforum)
Valoración: Bastante recomendable

Pues en ULAD nos adelantamos a las rebajas y hoy reseñamos... ¡dos libros, dos, oigan! Vale, que sí, que son dos textos breves (apenas unas 80 páginas cada uno) muy en la línea de la más que extensa obra de César Aira, pero son dos libros en una sola reseña. ¡Casi nada!  La razón de la doble reseña es que se trata de dos textos publicados simultáneamente hace escasas semanas, así que algo de sentido tiene, ¿no?

El primero de ellos, "El gran misterio", es una novela corta protagonizada por un científico empeñado en descubrir el origen o la transparencia de las cosas (palabras, objetos, hechos...). Para ello, se remonta a pequeños hechos que se van sucediendo en extrañas relaciones causa-efecto con el fin de ver si estos desvelan el "gran misterio" (Me detuve en los detalles, que suelen ser los más reveladores). Eso sí, a Aira hay que leerle desde una cierta "distancia" porque humor, juego e ironía predominan en su obra y porque como él propio narrador de la novelita confiesa: Nuestras fabricaciones son solo pantomimas.

El segundo de los libros, "Artforum", es un conjunto de relatos breves (algunos casi microrrelatos) que tienen como "centro" diversas situaciones nimias derivadas de la relación del narrador con la revista Artforum, ese oscuro objeto del deseo de propiedades casi mágicas. Estas situaciones darán pie a unos textos en los que se aúnan lo real y lo fantástico (con un punto de fatalismo), el humor, el azar, el juego o el absurdo y en los que se reflexiona sobre el deseo, la nostalgia, la melancolía o la amistad.

Juego y humor, dos palabras clave para definir estos dos textos en los que Aira parte de cosas o sucesos aparentemente triviales o insignificantes para ir tirando de ellos y (des)enredar una madeja de la que forman parte realidad y ficción, forma y materia, objetos y seres porque los hechos más disímiles pueden relacionarse de modo de participar en un mismo relato y su incoherencia puede hacerse coherente.

Puestos a elegir, creo que me quedo con Artforum. Me parece un texto más "sencillo", más directo, ingenioso, divertido, gamberro y juguetón que "El gran misterio", que tiene un prólogo que me parece una maravilla aunque el texto posterior, pese a ser recomendable, queda algo por debajo de las expectativas generadas.

Una pequeña muestra de la ingente obra de César Aira AQUÍ

martes, 21 de julio de 2020

TochoWeek IV #2. Alberto Laiseca: Los sorias

Idioma original: Español
Año de publicación: 1998
Valoración: Empachoso 


Los sorias (premio Boris Vian) es considerada una obra maestra de la literatura latinoamericana. Autores de la talla de César Aira, Rodolfo Fogwill y Ricardo Piglia respaldan dicha opinión. Personalmente, no sabría decir si están en lo cierto. En todo caso, reconozco que esta es una novela pródiga en virtudes. Pero me es imposible negar lo obvio: también la lastran bastantes defectos. Y, además, es de ese tipo de ficciones que solamente atraerá a aquellos cuyos gustos sean afines.

Me explico: uno puede apreciar el tremendo esfuerzo que supone concebir este texto. Sin embargo, disfrutar de su lectura y reconocer sus geniales hallazgos es una tarea complicada. Únicamente quienes estén predispuestos a este tipo de narrativa saldrán de él con ganas de más. De más Alberto Laiseca, de más experiencias realmente singulares.

Volvamos al libro. A este tocho kilométrico que el autor tardó diez años en escribir (y otros dieciséis en publicar). Valorarlo según su carácter unitario le hace un flaco favor, pues no está concebido para ser leído de un tirón, ni tiene un argumento estrictamente lineal. Si acaso, hay que acercarse a esta obra como si de un retablo fragmentario se tratara. Sus mejores ideas se encuentran dispersas; su humor, espaciado. Tengámoslo muy en cuenta.

Estamos frente a un artefacto literario que parece un homenaje (y, asimismo, una crítica) a la posmodernidad. Ante una pintoresca mezcolanza de géneros y registros: ciencia ficción, fantasía, humor, terror, drama bélico, música, poesía, teatro... Ante una épica que narra el conflicto que existe entre las naciones de Tecnocracia y Soria. Ante la historia de un dictador que se humaniza.

Los aspectos positivos de esta obra son, a mi juicio, los siguientes:

  • Es una inestimable ventana al curioso universo de Laiseca. Universo onanista y, al mismo tiempo, proclive al tributo (o saqueo, más bien) de lo ajeno. 
  • Su originalidad. 
  • Su creatividad. La imaginación de Laiseca es colosal, capaz de conjurar una Tierra ficticia (aunque tenga algunas similitudes geográficas e históricas con nuestro planeta); una Tierra abundante en "lore", con sus propios países, lenguas y religiones. Amén de un sistema de magia tremendamente complejo (aunque, eso sí, algo incongruente). 
  • Como acabo de insinuar, el sistema de magia de Los sorias es fascinante. Involucra a ocultistas, sociedades esotéricas, mudras, viajes astrales, máquinas capaces de ofrecer apoyo logístico, zombies, gólems imparables, tijeras asesinas... 
  • También la tecnología pergreñada por Laiseca es extraordinaria y, hasta cierto punto, compleja. 
  • Diversos delirios, esoterismos, erotismos o personajes de corte bruegheliano que aparecen en estas páginas. 
  • La erudición (nada jactanciosa) que Laiseca derrocha. Sus conocimientos de ópera, literatura, historia o mitología son excepcionales. 
  • La desmitificación de varias disciplinas (como la filosofía y las matemáticas) o figuras históricas (Wagner, Napoleón...). 
  • El humor de Laiseca. Es cierto que es demasiado intermitente; no obstante, vale la pena armarse de paciencia y buscarlo. 
  • Sus reflexiones en torno al sindicalismo, al comunismo, a los técnicos, a la historia como farsa. Son muy lúcidas y se presentan con humildad.
  • Su "self-awareness". Varios pasajes dan a entender que Laiseca es consciente de estar escribiendo algo «revolucionario», por lo que hay que disculparle sus «excesos» (pg. 341), a la par que algo, en cierto modo «tedioso», cuyo único objetivo es llegar a una «frase genial insertada en el medio» (pg. 330). 
  • Las rupturas de la cuarta pared. Destacaría esa en que el cronista de Los sorias admite haber producido en el relato «rupturas discontinuizantes» y apela al perdón del «magnánimo lector» (pg. 244). O esa otra en que dice que se le ha tostado la tarta que tiene en el horno por estar distraído escribiendo una «disquisición sobre el amor y los franceses» (pg. 573).

En cuanto a los defectos de esta novela, destacaría que:

  • Los temas se exponen de forma un tanto débil, lo cual resulta insultante, teniendo en cuenta que el autor ha dispuesto de mucho tiempo para desarrollarlos. Por ejemplo, los delirios megalomaníacos de los dictadores. Esta ficción tenía todas las papeletas para sumarse a la tradición de novelas de dictadores hispanoamericanas y ofrecer una meditación al respecto, pero a la postre no da la talla. 
  • Hay poca consistencia en el "worldbuiling" y el sistema de magia establecidos por Laiseca. Comprendo que una obra como esta no requiere que semejantes apartados estén muy pulidos, pero aún y así, había veces en que las disonancias y lagunas impedían que me sumergiera al cien por cien en la lectura. 
  • La psicología de los personajes. Laiseca los va dibujando poco a poco, casi con parsimonia, pero nunca profundiza en ninguno. Y esto impide que empaticemos con ellos. El arco de redención del Monitor hubiera sido mucho más efectivo si se le hubiera desarrollado adecuadamente, por ejemplo. Además, la caracterización pobre de los protagonistas del relato resta impacto a algunas situaciones, especialmente a aquéllas que transcurren en los últimos coletazos de la novela.
  • Algunos pasajes de la novela, o incluso capítulos enteros, se hacen demasiado pesados, cuando no directamente aburridos.  
  • El final se siente abrupto y, sobre todo, se toma demasiado en serio a sí mismo, traicionando el acabado desenfado del resto.  
  • El narrador trata al lector como si fuera estúpido. En serio, se pasa todo el tiempo recordándonos que esto ya lo había dicho, pero te lo repito de todos modos por si te habías olvidado. 
  • La torpe exposición. A menudo, la información se nos entrega de forma poco orgánica. Con "infodumpings" o a base de notas y apéndices. 
  • Los delirios que más divertidos me parecieron reciben muy poco foco. El de un magnicida frustrado, por ejemplo, o el de un comerciante que vende pájaros. En cambio, los estereotipados, como el del Soriator, son omnipresentes. 
  • Las intrigas de palacio acaban reducidas a caprichosas rencillas. Cero tensión política. 
  • Hay muchas erratas. Algunas son obvias decisiones estilísticas (Laiseca emplea signos ortográficos, de puntuación y tildes al margen de convenciones, y a veces de forma arbitraria, sin respetar antecedentes propios); otras se deben, probablemente, a gazapos ortotipográficos. De todos modos, incluso a las erratas intencionadas se le podría reprochar que obstaculizan de forma innecesaria la lectura. Una tilde puede marcar la diferencia entre un sustantivo y un verbo; una mayúscula colocada donde no debería estar puede suponer una pausa accidentada; etc... 
  • Laiseca siente debilidad por las oraciones larguísimas y abusa de las subordinadas o de las comas. 
  • Los argentinismos homogeneizan las voces.

En conclusión: Los sorias es una novela que sólo recomendaría a los mitómanos de Laiseca. Y, seguramente, incluso los seguidores del escritor tendrán que intercalarla con otras lecturas. Al fin y al cabo, no es ni de lejos su trabajo más redondo, pese a que nos encontramos ante una obra innegablemente ambiciosa.

Para conocerle, acudid a El gusano máximo de la vida misma. Tiene los mismos elementos que hacen atractiva a Los sorias (ideas locas, humor, experimentación formal, un narrador carismático...) expuestos con mayor consistencia. Y es menos empachosa.


Otras obras de Alberto Laiseca en ULAD: El gusano máximo de la vida misma

martes, 16 de junio de 2020

César Aira: Fulgentius

Idioma: español
Año de publicación: 2020
Valoración: entre recomendable y está bien

Fabius Exelius Fulgentius es un legado imperial romano enviado al mando de los seis mil hombres de la Legión Lupina a pacificar la montañosa provincia de Panonia. Pero el verdadero motivo que lleva a este veterano general a proseguir su cursum honorum más allá de una edad adecuada para ello no es la ambición personal ni el servicio al Imperio, sino otra más íntima -aunque, paradójicamente, necesite del concurso del público para llevarla a cabo-: ver representada, en cada ciudad por donde pasa, una obra de teatro que escribió de joven y que le tiene a él mismo -es decir, a su yo futuro- como protagonista. 

Así, mientras se desarrolla la campaña de Panonia, Fulgentius puede asistir en varias ciudades -Vindobona, Carnutum, Sirmium- a representaciones de su obra, más otra que trata de montar él mismo con sus soldados durante el acantonamiento invernal, disfrutando y valorando los distintos matices de cada puesta en escena. Así como reflexiona sobre su vida y el mundo en general, a partir de los nuevos lugares y personas que va encontrando. adelanto (quizá no debería hacerlo) que pese a su apariencia de severo y eficiente prócer romano, tanto el pensamiento como el ánimo del legado Fulgentius son bastante cambiantes, y, en última instancia, uno no sabe si considerarlo un hombre cabal, un soñador o un cretino, sin más.

No conozco lo suficiente la muy extensa obra literaria de César Aira (y a ver quién) como para encuadrar esta peculiar novelita "histórica" -entrecomillo el adjetivo porque, aparte de su dudosa adscripción a un acontecimiento histórico verdadero, resulta bastante hiperbólica para ser realista-; quizás el elemento común con el resto de su obra, hasta donde yo conozco, sea el humor... En este caso, una ironía, por no decir guasa, más o menos camuflada en una corrección estilística extremada, al límite del engolamiento, pero que funciona como vector humorístico precisamente por eso. Tal ironía paree dirigida, sobre todo, hacia ese afán de transcendencia, de encontrar un sentido a la existencia, que, se supone, afecta a todos los seres humanos en algún momento de nuestras vidas, pero, sobre todo, (nos) sobreviene con más denuedo a los "señoros" al llegar a la mediana edad o,  más aún, cuando se empieza a superarla, como es el caso del protagonista de esta novela y también de su autor... Ahora bien, lo que nos viene a decir éste es que podemos mover carros y carretas para trataar de trascender, de dejar huella en este mundo, pero, por importantes que nos creamos, donde no hay mata, no hay patata, amigos...

Esto, me temo, sucede incluso en el caso de los escritores, que aspiran a dejar tras de sí una obra más o menos memorable: Aira vuelve a efectuar aquí una transposición irónica presentándonos a un autor que, al contrario de lo que suele suceder, escribe una obra idealizando su propia vida al principio de la misma, para pasarse el resto de la misma recreándose en ella, con un interés entre narcisista y masoca (supongo que habrá algún término psicológico más preciso,  que desconozco); de esta forma Fulgentius aspira a que sea su vida la que justifique su obra literaria y no al revés, como es lo habitual (también ignoro si César Aira trató de satirizar aquí la moda de la autoficción, pero , en todo caso, le salió como si...).

En fin, ya lo sé: parece mucha densidad conceptual para una novela tan breve -no llega a las 170 páginas-, porque además hay que añadir coloridas descripciones, escenas de la vida militar romana, personajes peculiares, anécdotas varias, etc. , aunque hacedme caso, si hay algún escritor capaz de embutir tanto contenido en tan exiguo continente, sin duda es éste.

Más títulos de César Aira reseñados en Un Libro Al Día: El congreso de literatura, La villa, Una novela china, Las noches de Flores, Los fantasmas, Prins

viernes, 27 de diciembre de 2019

César Aira: Prins

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable alto

Ya avisé que habría más sobre el opio. O en torno a. O no sé cómo decirlo. El caso es que me voy a la novela de César Aira, a la que le tenía ganas desde que se publicó, y zas! sin haberlo sospechado, allí está en la cubierta la amapola en su inocente integridad, con su bolita característica y alguna disección de forma altamente sospechosa. Aunque también cabe decir –aquí cabe decir casi todo- que el opio es más que nada una excusa, un leitmotiv para presentar una narración descoyuntada dentro de su racionalidad. La adormidera extiende su poder y ya no sabemos qué es real y qué no. Verán.

Tenemos a un escritor de novelas góticas de gran éxito comercial, que en un momento dado decide abandonar el oficio, harto de ver su nombre asociado a lo que reconoce que es una basura. Buscando entre numerosas alternativas para su nuevo tiempo libre, se decide por el consumo de opio. Ya tenemos algunos elementos fijados para desarrollar la narración: la droga y el trasfondo de historias misteriosas de época, todo ello con tintes claramente románticos. Y tal vez reflexiones en torno a la literatura en sus distintas vertientes, el hecho de escribir qué, por qué, cómo. Todo parece bastante lógico, sí, pero, ay amigos, el señor Aira no se parece a su propio escritor de best-sellers, y a partir de esos materiales lo que se va formando es algo muy especial. 

La prosa de Aira es más bien concisa y directa, eficaz y poco amiga del adorno, y por el contrario el hilo narrativo es silvestre, crece en direcciones que parecen aleatorias formando nudos y ramas sinuosas, volviendo sobre sí mismo, atrapando al lector en puntos ciegos que más tarde descubre que no eran tales. Tiene algo de laberinto pero los tiempos son breves, uno cree que sigue una pista cierta, enseguida la pierde pero pronto también la recupera… o cree recuperarla. No tengo claro si esto es o no un juego, pero desde luego si esta construcción errática está construida con plena consciencia demuestra una enorme pericia, y mucho talento si se impulsa a golpe de intuición. No me cabe duda de que el libro tiene mucho de ambas cosas.

El mismo título es un guiño muy sutil que tiene que ver con cierto edificio a medio terminar en el que se desarrolla una escena intensa y previsible con un desenlace disparatado. La crisis inicial en torno a la creación literaria da para argumentaciones muy racionales, pero no tardando mucho encontramos contradicciones y vacíos que descolocan de nuevo al lector. El ambiente gótico de las novelas se mimetiza en la propia historia de su autor, los trucos de la literatura fácil corren el riesgo de volverse reales, y el tópico de la dama secuestrada en el castillo se superpone al amor juvenil por una mujer, que puede ser una, o quizá dos. 

Aira muestra ingenio a paladas, humor y valentía para saltarse supuestas normas sobre la narrativa, y de esta forma el libro, que parece empapar al lector en los efectos de la adormidera que preside el relato, puede leerse como la deconstrucción de aquel género heredado del romanticismo con el que arranca el relato.

Si acaso, todo este chisporroteo de creatividad puede en algún momento resultar algo gaseoso, y cabría pensar si no hubiera colocado el libro todavía mucho más alto de haberse puesto al servicio de algo de mayor empaque. Es posible que lo que estoy planteando sea una contradicción en sí mismo, quizá solo una historia con los tintes paródicos de esta pueda armarse sobre esta estructura un poco loca, libre y espontánea, que es lo que da frescura a la obra de este autor y la hace tan singular. Hay que leerlo para decidir. Puede que no lleguemos a ninguna conclusión (eso mismo sería muy airiano), pero nos reiremos a ratos y disfrutaremos seguro.

Otras obras de César Aira reseñadas en ULAD: aquí

lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica Ojeda, Imogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri Hustvedt, Irene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Reseña + entrevista. Xavi Ayén: La vuelta al mundo en 80 autores


Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: lascivo

El perfil de Twitter. Algo más de una centena de caracteres donde muchos se afanan en colocar una especie de versión express de un CV vital, que les defina y les muestre de la manera más comprimida y exacta posible. El perfil de Twitter es la respuesta de cada uno a la pregunta tan ansiada. Háblame de ti mismo.
Pues bien. El perfil de Twitter de Xavi Ayén queda zanjado de forma escueta con una palabra. Periodista.

Y a eso lleva dedicándose unos cuantos años. Pero permitidme ampliar la información. Periodista dedicado a la cultura. Periodista entregado a la divulgación de la literatura. Periodista que se ha desplazado por el mundo para entrevistar a escritores. Muchos de ellos. Muchos muy importantes, y bastantes premios Nobel, como ya nos demostraba en un libro anterior: Rebeldía de Nobel. Vamos a reconocerlo: la mera imaginación de que a alguien le paguen por hacer una cosa así nos llena de envidia muy poco sana. Visitar a grandes escritores en las ciudades donde viven, incluso en sus propias casas. Más que entrevistar, como apunta el subtítulo, conversar.
Y para este libro se han escogido 80 de esas conversaciones, con un cierto criterio geográfico para que haya una representación de todos los continentes. La selección de 80 autores, ya que estamos en época de listas, contará con la presencia de nombres que a uno le gusten más o menos y siempre se echará en falta a alguien, pero dudo que nadie mínimamente interesado en la literatura encuentre menos de 40 o 50 autores que le gusten. Pero lo realmente fascinante es cómo Ayén hace que incluso lo que dicen autores por los que uno siente indiferencia nos resulte estimulante. Con lo cual, más de 500 páginas parecen pocas, y se leen con tal placer que se hacen cortas.

Resulta también revelador cómo ciertos escritores se muestran tan fieles en sus opiniones al contenido de sus obras. Así que Houellebecq (Pregunta: ¿cree realmente, como su personaje, que los perros son más felices que nosotros? Respuesta: Indudablemente. Mucho más felices. Me sorprende que lo dude.) se muestra ácido y corrosivo, Vargas Llosa, medido, calculador y seductor. Almudena Grandes nos deleita con una convicción y una seguridad fascinantes, Ken Follett, con una chulería no exenta de flema, James Ellroy, con una descacharrante fanfarronería, y a Peter Handke no hay quien lo entienda en sus elucubraciones... Como podéis ver el abanico es amplio y una mera consulta sobre los autores incluidos (para no agobiar, añadid García Márquez, Knausgaard, Philip Roth, Javier Cercas, Enrique Vila-Matas, etc.), es demostrativa de por sí del enorme poder de seducción de un texto así. Conversaciones relajadas donde surgen temas relacionados con su obra, pero también con su entorno y con la sociedad en que nace su obra. Siempre (alguna contada excepción resulta curiosa) con un tono tranquilo y colaborador, que pone de manifiesto que el prestigio de Ayén (capaz de entrevistar a García Márquez tras veinte años de silencio y de que este, en su última entrevista, le confesara que había dejado de escribir) va por delante a la hora de afrontar sus conversaciones. Y cada escritor, acompañado de un pequeño perfil enumerando algunas de sus obras más destacadas.
Una de esas obras que no queda en el estante una vez leída. Hay que consultarla y hay que referirse a ella, cosa que la convierte en única. De esos artefactos que no solamente se disfrutan por sí solos, sino que empujan a la búsqueda y a la indagación. De ahí lo de lascivo, aclaro. Por si acaso.

Con García Márquez. Foto: Kim Manresa
Además, su autor no ha encontrado impertinentes nuestras preguntas. A ver qué le va a preguntar uno a quien ha hecho preguntas a tal nómina de figuras. Lo hemos intentado, y el hombre ha sido todo amabilidad. Encima.

-¿Es Vd consciente de que, para un modesto blog literario como el nuestro, lo primero que suscita un libro como el suyo es una envidia colosal?
-No, hombre. Las entrevistas son lo mismo en cualquier sitio. Uno de los autores que aparecen, el asturiano Xuan Bello, ha creado un mundo colosal a partir de una aldea de unos cuarenta habitantes, donde él se crió. A veces leemos en los blogs entrevistas mejores que alguna del ‘New York Times’. En periodismo, es básica la mirada del autor. Dicho esto, sé que soy un privilegiado por haber contado con los medios de un gran medio de comunicación para poder trabajar, pero sin pasión no hay medios que valgan.

-No voy a comprometerle pidiendo detalles, pero ¿ha cambiado su opinión respecto a la obra de algún escritor - en el sentido que sea - por el hecho de conocerle?

-¡Sí, de muchos! Comprendí la importancia de la ciencia-ficción en el universo de la británica Doris Lessing, que veía antes como muy desligado de sus otras obras. Me impresionó la experiencia de cárcel prolongada y tortura que sufrió el indonesio Pramoedya Ananta Toer, a quien confinaron a una isla-prisión y le prohibieron escribir, pero él sobrevivió como escritor narrando historias oralmente a otros presos, lo que explica el tono de sus libros, que pueden leerse en voz alta. Y al revés también, no entiendo, por ejemplo, por qué se dio tanto bombo a muchos autores de novela negra mediocres, buena parte de ellos nórdicos.

-Me sorprende que dos "potencias" literarias como Argentina y la antigua URSS no estén representadas por escritores "puros". ¿Algún motivo especial?
-Está bien visto. Tenía que limitarme a 80 autores y, si ponía más nombres de un lugar, debía quitar otros. No es un canon realizado previamente, sino que es una selección espontánea y dinámica, que surge de la gente con que me he encontrado. He entrevistado a César Aira, Fogwill, Samanta Schweblin… pero eran textos muy centrados en los libros que venían a presentar, y he primado aquellas piezas que recorrían la trayectoria completa de un autor. Rusos no he entrevistado a tantos, lo confieso, aunque en una segunda edición podría ya incluir a Svetlana Aleksiévich, con quien estuve en su casa de Minsk.

-Deduzco del prólogo que hay abundante material que no ha encontrado ubicación en este libro. ¿Algún proyecto complementario en el futuro del que pueda hablarnos?

-Es frustrante eliminar a autores que admiras, pero un libro de 1.000 páginas tampoco hubiera sido buena idea (ya hice uno así sobre el boom latinoamericano). Este no debía pasar de 600. Claro que me gustaría publicar un día libros específicos: autores argentinos, catalanes, menores de 40 años, latinoamericanos, pero no estoy seguro de poder contagiar a ningún editor mi entusiasmo.

-Uno de los leit-motiv recurrentes en las entrevistas es la incompatibilidad entre escritor feliz y creador brillante. Pero muy pocos escritores de los entrevistados parecen lamentarse de la situación en que viven, al menos no se nos muestran, la gran mayoría de ellos, como seres atormentados ¿Puede que esa afirmación forme parte de ese ADN vanidoso atribuido a los creadores?
-Eso es lo que me dice Vargas Llosa: ningún gran escritor es feliz, y creo que en su caso es cierto. Cortázar, en el período más exultante de su vida, produjo sus peores obras. Y Gao Xingjian escribía mientras era prisionero de la Revolución Cultural. García Márquez se sentía un fracasado cuando emprendió ‘Cien años de soledad’… Pero es verdad, yo no generalizaría.

-Me gustan esas introducciones con leve aire de crónica, sobre todo en las descripciones de cómo se llega al sitio de la entrevista. ¿Veremos a un Xavi Ayén cronista o incluso a un autobiógrafo en el futuro?
-Ojalá lo vean. A ver si voy perdiendo la vergüenza…

-¿Puede recomendarnos algunos libros?

-Los mejores que he leído últimamente son ‘Por último, el corazón’ de Margaret Atwood, ‘Mumbo Jumbo’ de Ishmael Reed, ‘La música del hambre’ de J.M.G. Le Clézio y ‘El camino estrecho al norte profundo’ de Richard Flanagan.

-Nombres, queremos nombres. Un escritor que haya fallecido mientras Vd. planeaba entrevistar. Uno que se le esté resistiendo pero vaya a acabar cayendo, y alguno joven al que se vea entrevistando pasado un tiempo.
-Naguib Mahfuz y García Márquez me dieron la última entrevista de sus vidas. Me quedé sin entrevistar a Hilary Mantel, ya aterrizado en Londres, porque le dio un ataque paralizante de tiroides, algo que le sucede a menudo. Se me murió Harper Lee, la de ‘Matar un ruiseñor’, sin que la viera. Se me resiste Alice Munro… y a los jóvenes les entrevisto ya, por ejemplo a Miqui Otero, Laura Fernández, Antonio Ungar, Pablo Martín Sánchez… Ellos son el futuro.

-Y ya como periodista cultural, ¿cómo nos ve a los blogs: competencia, complemento, un ámbito diferente, o un entrañable grupúsculo de eternos discrepantes?
-Los blogs permiten un nivel de especialización que la prensa escrita no puede tener, y también pueden ofrecer mucha más cantidad de información sobre temas que los medios de gran tirada se ven obligados a tratar en poco espacio. No me imagino este trabajo sin documentarme en algunos buenos blogs. Formamos parte del mismo bosque y nos necesitamos mutuamente.

-¿Después de tantos años en esto, está de acuerdo con ese funesto panorama para la novela que describe, por ejemplo, Philip Roth?
-No, para nada. Yo creo que los adolescentes son grandes lectores, los de hoy más que mi generación. La gente, con la edad, tiende a idealizar el momento histórico en que fueron jóvenes. También le pasará a usted.

-¿Por qué esa mayoría abrumadora en la ficción? No hay apenas ensayistas.
-He primado la novela, sí. Soy un romántico que cree que es el género superior, lo siento por las excepciones, por Borges, Munro, Ferlinghetti, Fo… Pero, en general, si me pusieran una pistola en la cabeza y me dijeran que solamente iba a poder leer libros de un género el resto de mi vida, diría que novelas. ¿Usted no?

-¿Cuál es el criterio por el que uno se dirige a un escritor, aparte de los premios y las consabidas campañas promocionales?
-Por la lectura de su obra, ese es el mejor medio. No entiendo que autores maravillosos no consigan tener éxito, y que otros peores sí lo tengan. El mundo está loco pero, bueno, gracias a eso se siguen vendiendo periódicos.

-Apenas nos lee nadie. Puede ser sincero. En algún momento habrá sentido una irrefrenable pereza por conversar con alguien...
-¡Sí! No tanto de conversar sino de leerme su libro, pero somos profesionales ¿verdad? Gracias a eso, también suceden sorpresas agradables. Lo peor es cuando esa persona te pregunta: “¿Pero te ha gustado mi libro?”. Antes sufría mucho, ahora respondo: “La mejor parte es…” porque todo libro tiene siempre una mejor parte.

-Cierto: su libro tiene muchas mejores partes.