Título original: Els erms
Traducción: traducción al castellano en proceso en el momento de escribir esta reseña
Año de publicación: 2026
Valoración: recomendable
Idioma original: catalán
Título original: Biografia del foc
Traducción: la propia autora
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable
La autora hace una curiosa advertencia en el índice donde se relacionan los cuentos contenidos en este volumen. Leerlos en orden y no más de dos seguidos. Curiosa instrucción que hace unos semana oía cómo explicaba en un podcast y que tiene cierta lógica reivindicativa del género y de la colección de relatos como una vertiente literaria con personalidad y entidad propias. Lo cual no deja de alinearse con cierto tipo de acceso al estrellato (...) por cuanto hoy en día, aunque no falten las excepciones, muchos autores usan el relato corto como una especie de jam session, incluso una especie de tanteo de en qué registro se sienten más cómodos. Gurt reivindica orgullosa y no ve la necesidad de acometer la novela, aunque fue lo primero que publicó como si se tratara de una puesta de largo.
Bueno. A tenor de lo leído en esta Biografía del fuego no tiene sentido especular. Puede ser cierto, de ahí esa curiosa instrucción de la autora sobre el ritmo de lectura, que, sin llegar a estar más que puntualmente relacionados, los cuentos de esta colección, pueden superponerse de cierta manera, vistos en su conjunto sus protagonistas, casi siempre de mediana edad, en entornos urbanos, con cierto perfil formativo, son personajes a los que les suceden cosas posibles, quizás haya algún detalle surrealista, algún guiño a los grandes del género como Cortázar, Carver o Monzó, aunque aquí el aderezo es sumamente contemporáneo, y el armazón de la serie de relatos la constituyen ciertas sutiles coincidencias como la presencia de aves (de ahí la portada, que parece beber de las imágenes de Chernobyl) o esos planteamientos levemente surrealistas, cuentos modernos sin ironía en el adjetivo: recorridos en coche, parejas en diversos grados de (des)consolidación, curiosas aficiones - ¿seré el único que recuerda que Richard D. James AKA Aphex Twin también se compró un tanque? - y una percepción muy subliminal que parece impregnar esa continuidad: la extraña incerteza de la clase media.
No había leído a Gurt hasta ahora. Será, quizás, por el formato, pero me ha gustado su estilo directo y alérgico a lo periférico, su aplomo narrativo incluso en los cuentos más modestos. Curioso, con estos autores suele sucederme que me quedo con los desarrollos más prolongados, habré desarrollado alergia al microrrelato. He de decir, no quiero ser malinterpretado, que su nombre quedaba disuelto en cierta nube que podríamos etiquetar como narradoras/más bien jóvenes/catalanas, últimamente demasiado homogeneizadas por la industria (como si cada editorial temiera quedarse sin la suya), pero esta Biografía del fuego me genera curiosidad por el resto de su obra.
También de Carlota Gurt en ULAD: Aquí
Parece cuestión de casualidad, pero últimamente están apareciendo libros donde sus protagonistas se trasladan de la ciudad al campo. Es posible que sea debido a que hayamos llegado a un momento en el que las ciudades nos expulsan económica pero también emocionalmente y nos devuelven a los entornos rurales, allí donde todo parece más genuino y veraz. Este tipo de migración física pero ligada también a un cambio interior que encontramos en esta última obra del tríptico de Baltasar, la encontramos (y disfrutamos) recientemente en la novela «Sola», de Carlota Gurt, obra con la cual guarda ciertos paralelismos por esa huida adelante, pero también por una narración muy visceral, orgánica, casi salvaje que acompaña el escenario físico en el que transcurren ambas novelas. Parece como, si de golpe, recobrara peso la narración desde la ruralidad para volver a unos orígenes de los que la ciudad, inmensa, grande, hostil y antipáticamente fría nos ha alejado.
La novela empieza cuando la protagonista, narradora en primera persona, nos recuerda el día en que cumplía veinticuatro años, el día previamente elegido en el que debía lograr quedarse embarazada. Así, organizando una fiesta de fecundación en la que quería ser madre soltera, pues tenía claro que no quería que «nunca ningún padre me reclamara la parte», intenta encontrar quién pueda participar en el acto para conseguir su propósito. Así, como ocurría ya con «Boulder», en este caso también encontramos una mujer joven, en apariencia solitaria y en la que la maternidad incide en su vida, aunque en este caso de manera algo diferente pues la decisión está basada concretamente en el acto de dar a luz que en la maternidad futura porque «no era el deseo de tener un hijo, lo que me había secuestrado, era el deseo de gestarlo, el de hacer pasar la vida cuerpo a través, el de crear».
Especialmente en el primer tramo del libro reconocemos a la autora que ya nos impactó con sus anteriores libros, por la potencia narrativa, por la claridad expositiva y por un estilo poético que llena el relato de frases como «era abril y la primavera reventaba los ventanales con una bocanada de vida en suspensión» o cómo, al narrar los trabajos precarios que tenía, la protagonista afirma que «dejaba los trabajos al cabo de poco de haberlos empezado, cuando ya me estaba acostumbrando a ellos, porque me aterraba la sensación de habituarme a la explotación» porque «vi claro que, en el mundo laboral legalizado, era una tomadura de pelo. Trabajando para otro entregaba lo más valioso que tenía (…): la dignidad». Por todo ello, tras algún intento de quedarse embarazada infructuoso, decide abandonar una vida que no le aporta nada e irse a vivir al campo, apartada de la civilización y de trabajos mal pagados. Así, con ello, la autora apunta a uno de los males de la sociedad y que lleva a su protagonista a abandonar la ciudad, rompiendo con el mundo en el que vivía para encontrarse ella misma y lograr un cambio de vida abrupto y drástico que da pie a un cambio de aires de la protagonista, pero también de estilo en la autora en la que no encaja de manera tan fluida.
A partir de ese cambio, constamos un evidente cambio de estilo; Baltasar deja de lado metáforas y los aires poéticos a los que nos tenía acostumbrados para escribir desde la ruralidad, desde un paisaje que se intuye infinito para los acostumbrados a las grandes ciudades, con la presencia constante y vigilante de los bosques que amenaza la protagonista por su desmesura y hostilidad y que constata afirmando que «a pesar de que el camino entre el albergue y el bosque discurre entre vegetación, es fácil saber cuando he llegado propiamente al bosque. Es cuando empiezo a notar que los árboles hablan de mí con un lenguaje que se me escapa», porque «el bosque tiene manos y me tapa los ojos. Hace que gire sobre mí misma hasta marearme. Me incita para que corra, me araña, me hace caer». Y la soledad, que hace mella en ella, viviendo en medio de la nada, en una «casa que es más grande por dentro que por fuera», pero que no la aparta de la idea de dar a luz a un bebé, una idea que no la abandona y provoca que esa necesidad imperiosa de gestar un bebé la cambie, la transforme en un ser muy animal, muy visceral, muy orgánico. Y, con ello, la historia se dirige hacia un estado donde la ruralidad la posee y la absorbe, donde lo terrenal plana sobre un relato que se centra y obsesiona en nuestros aspectos más primitivos y carnales, donde la vida y la muerte se encuentran de cara y se rehúyen para encontrarse de nuevo, donde la exploración de la vida parte la consciencia del dolor y del sufrimiento, y de la lejanía anímica hasta el punto de saberse otra persona. El relato gira y cambia, hasta el punto de no parecerse en nada al del principio del libro asemejándose de manera inexorable a un relato crudo y visceral, sin poesía ni adornos, pero que a la vez parece desconectado también a nivel argumentativo, como si el cambio que sufre la protagonista lo hubiera sufrido también la historia, como si fueran dos relatos casi inconexos.
Sin desvelar el avance de la trama ni su desenlace, sí cabe decir que la lectura ofrece sensaciones encontradas; su primer tramo es realmente bueno (aunque sin llegar al nivel de sus anteriores novelas), pues vemos a la autora que nos sorprendía por la belleza de sus metáforas, pero lamentablemente en la mayor parte del libro parece como si hubiera dejado de lado esas reflexiones y aires poéticos que nos impactaban para dejar que el impacto venga de la mano de las escenas, narradas de manera cruda y sin cortapisas. Es un giro estilístico arriesgado que puede sorprender a muchos y no siempre de manera grata, porque aquí la potencia viene de las escenas mientras las pequeñas pinceladas de poesía quedan diluidas y perdidas como el eco que uno busca en medio de la soledad; tampoco la extensión tan corta del libro ayuda a acompañar a la protagonista en una transición tan radical dificultando entrar en una narración sin una clara continuidad argumental que nos lleva a una historia que a menudo no se sabe dónde va ni dónde pretender llegar. Por todo ello, al lector, a pesar de los grandes momentos que ofrece la novela, le puede ocurrir como a la propia protagonista, que en ocasiones parece perdida y desconcertada ante un cambio en el que no se siente nunca cómoda ni en calma.
También de Eva Baltasar en ULAD: Permafrost, Boulder, Ocaso y fascinación, Peces
Los seres humanos somos superficiales por naturaleza (al menos, yo) y nuestras elecciones ha menudo están determinadas más por motivos estéticos que por razones más profundas. Bien que han sabido siempre los artistas, diseñadores y publicistas lo mucho que nos cuesta resistirnos a lo que nos entra por los ojillos, ya se trate de comida, automóviles o modelos de Victoria's Secret libros... En este último caso, ¿ quién no se ha sentido atraído alguna vez por la cubierta de un libro que luego ha resultado ser un auténtico tru... más bien mediocre? O viceversa: nos hemos resistido a leer otros excelentes porque su envoltorio nos tiraba para atrás...
Atendiendo a estas premisas, se me ha ocurrido hacer algunas consideraciones sobre cubiertas de libros publicados en el estado español el recién finiquitado año. He de decir, antes que nada, que, en mi opinión, el nivel del diseño gráfico en España y Europa, en general, es bastante notable (mejor, por ejemplo, que en EEUU, donde los diseñadores muchas veces echan mano al recurso facilón y sobado de los colores llamativos y el lettering que imita un trazo informal); de hecho, para el apartado de las mejores cubiertas del año he tenido que dejar fuera muchas que me gustan, para no alargar en exceso este post. De las que no me gustan, en cambio, he tenido que buscar ex profeso unas cuantas.
Un par de cositas más: esta clasificación no pretende ser un ranking de mejores o peores libros, sino que se refiere en exclusiva a la estética e idoneidad de sus cubiertas (aparte de que yo no los he leído todos y muchos ni siquiera tienen entrada en este benemérito blog). Por otra parte, los gustos y criterios expresados en esta entrada me pertenecen solamente a mí; no los he consultado con mis compañeros (a quienes he pillado a traición, de hecho), aunque, sin duda, cada uno y una tendrán las suyas propias. Ahora bien, los míos son mucho mejores, claro...; )
De lo güeno, lo mejor:
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez6. Caracas muerde de Héctor Torres5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto4. Contra vosotros de Mercedes Soriano3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo
Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.
Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing
Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales
Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence
Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa
Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix
Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto
Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022
Mejor novela (2x1): Siglo XX: El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXI: Corazón giratorio, de Donal Ryan
Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso
Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens
Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala
Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán
Un tocho interesante, de toda la vida: La democracia en América, de Alexis de Tocqueville
Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce
Libro de viajes: En las antípodas, de Bill Bryson
Relectura del año: El templo del alba, de Yukio Mishima
Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)
Y dejamos para el final lo más flojito:
Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto
Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)
Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.
Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata
Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)
Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)
Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.
Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.
Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.
Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.
Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.
Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.
Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.
Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.
Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.
Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.
Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...
Relecturas: Los pasos perdidos, La marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).
Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil.
Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera
Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.
Decepciones: Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.
Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.
Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.
Librodenuncia del año: «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.
Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».
Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone», Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».
Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».
Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.
Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.
Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)
LO +
Ficción:
· Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.
· Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.
· Una maravilla más en la extensa obra de una
autora excepcional (y cuyo premio Nobel la
humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.
· Un clásico revisitado (y convertido en thriller
por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.
·
La mejor novela histórica leída (y publicada)
este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.
· La mejor primera novela que he leído en
muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un
texto intimista se lee como si fuera un thriller).
No Ficción:
· El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez
Magda. (Y con entrevista añadida).
· Un ensayo científico muy adecuado para
reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas
Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos
pasa por la cabeza).
· Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos
que corren: Querida Ijeawele de
Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer
muchos/as adultos/as).
LO –
Ficción:
· Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo
· El testamento, poco afortunado, de un clásico
indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri
· Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.
-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton
-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor
-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro
-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir
-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras
-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin
-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo
Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:
Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.
Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...