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miércoles, 28 de junio de 2023

Emmanuel Carrère: V13. Crónica judicial

Idioma original: Francés
Título original: V13. Cronique judiciaire
Traducción: Jaime Zulaika
Año de publicación: 2022
Valoración: Está muy bien

Quien ya conozca la obra de Emmanuel Carrére seguro que sabe de sus diversas exploraciones en la violencia, el dolor o la muerte. Buena muestra de lo anterior lo constituyen el magnífico El adversario o, el no menos estupendo, De vidas ajenas.

Pues bien, este V13 vendría a ahondar en la línea de los anteriores a través de la crónica de los nueve meses del juicio por los atentados del 13 de noviembre de 2015 en la sala Bataclán, en diversas terrazas del distrito X de París y en el Stade de France.

Originalmente concebidos y publicados como artículos periodísticos de periodicidad semanal y ampliados convenientemente para su publicación en formato libro, los textos de V13 tienen, en palabras del propio autor, un doble objetivo: leer el libro (la vida?) de los yihadistas desde el principio y construir un relato colectivo. Para lograrlo, Carrère ordena los textos cronológicamente y entrelaza en ellos dos componentes: las certezas y las dudas. 

En la primera están los grandes rasgos de los hechos, la atrocidad y brutalidad de los atentados, el sufrimiento de las víctimas y sus familiares. Mención especial merece la parte dedicada al testimonio de los supervivientes y/o familiares de las víctimas, historias terroríficas sobre vidas destrozadas narradas por Carrère con gran sensibilidad y que dejan al lector muy pero que muy tocado.

En la parte de las dudas estarían algunos comportamientos demasiado erráticos (aunque quizá el problema sea buscar la racionalidad donde no la hay), las personalidades de algunos de los protagonistas, las reacciones ante la tragedia, que van desde la esperanza hasta el odio, pasando por la culpa, etc.

Uno de los principales méritos de Carrère radica en ofrecernos esa visión "global", en ese no quedarse en uno solo de los aspectos de la tragedia, pero sin perder de vista que "comprender no significa disculpar".  Esto permite encontrarnos con un completo y complejo catálogo de sentimientos y personajes, que van de lo cruel y lo trágico a lo patético, de lo dostoyevskiano a lo balzaquiano.

Lo hace, además, dando al conjunto un ritmo vertiginoso (algo que me parece sumamente complicado tratándose de una recopilación de artículos) y flirteando con diversos géneros, tanto es así que V13 podría ser leído, además de como crónica, como "thriller", ensayo histórico, novela de acción o novela judicial. 

En resumen, un texto impactante, en especial en su primera mitad, pero sumamente recomendable para acercarnos a unos hechos y unos seres fieramente humanos, aunque nos pese.

Un montón de libros de Emmanuel Carrère reseñados AQUÍ

martes, 28 de diciembre de 2021

I Congreso ULADIANO (Y entrevista exclusiva al invitado sorpresa)


Pues sí, queridos. Acabamos este pandémico 2021 y queremos hacerlo por todo lo alto. Porque el próximo 1 de marzo de 2022 este sacrosanto blog cumple 13 años (o 12 + 1, que dirían los supersticiosos) y ha llegado la hora de celebrarlo con vosotros. Así, gracias a la anónima y desinteresada aportación de un mecenas que desvelaremos en tan señalada ocasión, hemos reservado para el fin de semana del 26 y 27 de febrero una planta entera de Hotel Bali (Benidorm) con el fin de celebrar... ¡el I CONGRESO ULADIANO!

Estamos hartos de virus, de pandemias, de provacunas y antivacunas, de AstraZeneca, Pfizer y demás familia. Es hora de reunirnos y celebrar, con todas las medidas que las autoridades ordenen, la entrada en la adolescencia del blog.

Por supuesto, estaremos el equipo actual de ULAD y antiguos colaboradores. ¡Pero queremos contar con vosotros! El aforo y el presupuesto son limitados, así que aquellas personas interesadas en acudir (con un máximo de dos personas por familia) deberán enviar un mail a unlibroaldia@gmail.com con sus datos personales con el fin de ir gestionando las reservas.

Por último, y pese a que a medida que os pongáis en contacto con nosotros os iremos detallando el programa de festejos, os adelantamos algunas de las actividades: talleres de escritura, talleres de crítica literaria, cata de vinos, batucada, visita guiada por la ciudad de Benidorm, pase VIP para la discoteca Privilege y una mariscada bien surtida para todos, con su opción vegetariana o vegana para quien así lo solicite en la inscripción al evento

Además de esto, contaremos con la presencia exclusiva de uno de los escritores del momento, de un gran amante de las playas y la gastronomía española: el gran... ¡¡¡¡MICHEL HOUELLEBECQ!!!! Vale, inicialmente queríamos contar con Ana Iris Simón, pero entre la reseña poco elogiosa de Santi y que está liada con su nueva novela "Ramiroquai", una ucronía en la que un joven falangista llamado Ramiro Ledesma descubre la música electrónica, pues hemos tenido que recurrir al astro francés. Por cierto, ese sábado 26 de febrero... ¡es el cumple de Michel! 

Lo dicho, gentes: enviadnos un mail a unlibroaldia@gmail.com para ampliar información e ir cerrando detalles.

******************

Dejémonos de falsa modestia. El único debate para hablar de la mejor estrella literaria del siglo es si su ejército de incondicionales debe llamarse houellebecquianos o houellebecquistas. Todo lo demás son zarandajas, y si de algo ULAD debe sentirse orgulloso es de que , a toda prisa y encajándolo en fechas, antes de que las onerosas filtraciones sobre su próxima novela, Anéantir, precipiten el estallido promocional, Michel Houellebecq nos haya concedido una entrevista en mucha profundidad.
Porque el amigo José de Montfort dejó algunos aspectos no tratados en su afanoso intento anterior, pero es lo que tiene el músculo financiero. Nosotros hemos apostado fuerte (cuatro cartones de Gauloises - le da para un par de días-, un par de vouchers para seminarios de enología y un pase VIP para el tour "Murcia, qué hermosa eres") y aquí está el resultado.

Impertinente. Nocivo. Obsceno. Cínico. Enfadado. Narcótico. Tozudo. Experto. Solitario. El es Michel Houellebecq. 

ULAD: Sr. Houllebecq, ¿Qué se siente sabiéndose el mejor escritor de todos los tiempos? 

M.H.: Bueno, es algo que llevo con modestia y naturalidad. Pese a eso, me gustaría que me dieran más premios y pasta. No sé, el Nobel, el Planeta, el Nadal, el del Ayuntamiento de Motilla del Palancar... Todos. Lo que pasa es que me tienen manía porque alguna vez se me ha calentado la boca y eso no me lo perdonan.

ULAD: ¿Está preparando una novela sobre la pandemia?

M.H.: No exactamente. Es sobre otra pandemia, la de los escritorzuelos "guapetes" a los que su puta editorial española les hace tanto caso que se olvidan de que tienen en su catálogo al mejor escritor de la Historia.

ULAD: ¿Usted cree en las vacunas?

M.H.: Yo solo creo en Michel Houellebecq, los Gauloises y el Burdeos.

ULAD: ¿Cuál fue la fuente de inspiración de su última novela? 

M.H.: La parienta (la de ahora, quiero decir). Qianyum, luz de mi vida, fuego de mis entrañas... De ahí que Anéantir sea mi novela más luminosa, tanto como una cerilla encendida en la cara oculta de la Luna.

ULAD: ¿Puede hablarnos de su proceso creativo?

M.H.: No, que luego me lo copia Carrere. Sólo diré que los Gauloises, el tintorro y Tinder tienen mucho que ver.

ULAD: ¿Qué se siente sabiéndose un icono sexual tanto para mujeres como para hombres?

M.H.: Y no te olvides de todas esas cosas nuevas que hay hoy en día que no se sabe si son carne o pescado. Dicho esto, pues igual que lo de ser el mejor escritor del mundo: con modestia y naturalidad. Creo que en mi persona se concentran el ideal clásico de la belleza física y una mente privilegiada.

ULAD: ¿Hasta dónde llega su amistad " íntima" con Gérard Depardieu?

M.H.: Es verdad que Thalasso tenía una alta carga homoerótica, pero eran exigencias del guion. ¡Yo soy un macho galo de los de toda la vida! Lo único que comparto ahora mismo con Gerard es asesor fiscal.

ULAD: ¿Su aparición como personaje en el último álbum de Ásterix supone su consagración definitiva como una gloria nacional francesa o es más bien usted quien ha dotado de inmortalidad a esos dibujitos de galos bigotudo?

M.H.: Creo que es una pregunta absurda. Lo cojonudo es que no me han mandado ni un puto ejemplar de prensa. Bueno, tampoco Flammarion ni Anagrama. Al final me voy a tener que comprar mis propios libros.

ULAD: 734 páginas ¿No cree que ese exceso inusitado puede cargar las armas de sus enemigos?

M.H.: ¡Que se jodan y se las lean enteritas! No, de verdad, es una puta obra maestra que dudo pueda crearme (más) enemigos, aparte de los moros, los suecos, las feministas, los maricas y toda esa ralea

ULAD: De sus estancias en España recuerdo las menciones a David Bisbal en La posibilidad de una isla. ¿De verdad un cantante espantoso es lo único que merece que usted mencione acerca de la cultura ibérica?

M.H.: Eh, también hablo de las playas nudistas y de los puticlubs de la A3! Y de lo que no hablo, he de confesar que me gustan mucho las migas, el kalimotxo, Andrea Levy, los casettes con los chistes de Arévalo y el Gran Prix.

ULAD: Una celebridad de su repercusión, ¿nunca se ha sentido tentado por dar el salto a la política?

M.H.: El único salto que tengo previsto dar es el salto del tigre esta noche con la parienta.

ULAD: De que hay más en su ordenador: ¿porno, música tecno o planes de acabar con Carrére?

M.H.: 95% porno y 5% tecno. Lo de Carrere se lo he encargado a unos sicarios albanokosovares.

ULAD: ¿De los tres países dónde ha vivido (Francia, obviamente, Irlanda y el Cabo de Gata en España), en cual lo han tratado mejor? ¿Y peor? ¿Cómo han sido esas experiencias?

M.H.: Me quedo con España porque el tabaco y el tintorro son más baratos. En Francia son un poco estirados (mira, por ejemplo, el mongolo de Henri-Levy) y en Irlanda cuando no están bebiendo orín de caballo están follando con animales de granja y a mi ese rollo no me va.

ULAD: ¿Cómo justifica estar influido por Celine, Sade, Lovecraft, Camus, Huxley y tener un estilo plano? ¿O no es verdad que usted haya confesado tal cosa?

M.H.: ¿Plano yo? Te reto a duelo cuando quieras. Y, otra cosa, ellos me plagiaron a mi. Se llama plagio por anticipación.

ULAD: Por último, ¿qué nos puede adelantar de cara al evento del 26 y 27 de febrero en Benidorm?

M.H.: Estoy muy contento de que se hayan acordado de mí y por eso hago esta excepción a lo de no conceder entrevistas ni promocionar Anéantir. Para ese fin de semana, estoy pensado en llevar de acompañante a Frederic Beigbeder! Si se viene Fred, los baños del parlamento británico comparados con los del Hotel Bali pueden parecer un jardín de infancia. 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020

Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.

 

Beatriz Garza

Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing

Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales

Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence

Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa

Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix

Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto

Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022

 

Carlos Andia

Mejor novela (2x1): Siglo XXEl gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXICorazón giratorio, de Donal Ryan

Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso 

Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens 

Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala 

Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán  

Un tocho interesante, de toda la vidaLa democracia en América, de Alexis de Tocqueville

Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce

Libro de viajesEn las antípodas, de Bill Bryson

Relectura del añoEl templo del alba, de Yukio Mishima

Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)

Y dejamos para el final lo más flojito:

Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto

Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)

 

Francesc Bon

Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.

Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata

Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)

Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)

Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.

Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.


Juan G. B.

Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.

Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.

Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.

Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.

Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.

Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.

Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.

Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...


Koldo CF

RelecturasLos pasos perdidosLa marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).

Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil

Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera

Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.

Decepciones:  Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.


Marc Peig

Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.

Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.

Librodenuncia del año:  «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.

Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».

Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone»,  Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».

Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».

Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.

Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.

Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)


Montuenga

LO +

Ficción:

·       Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.

·       Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.

·       Una maravilla más en la extensa obra de una autora excepcional (y cuyo premio Nobel la humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.

·    Un clásico revisitado (y convertido en thriller por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.

·        La mejor novela histórica leída (y publicada) este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.

·     La mejor primera novela que he leído en muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un texto intimista se lee como si fuera un thriller).

                                                                                                                                                No Ficción:

·       El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez Magda. (Y con entrevista añadida).

·     Un ensayo científico muy adecuado para reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos pasa por la cabeza).

·     Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos que corren: Querida Ijeawele de Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer muchos/as adultos/as).

LO –

Ficción:

·       Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo

·     El testamento, poco afortunado, de un clásico indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri

·       Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.


Oriol Vigil

-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton

-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor

-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro 

-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir 

-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras

-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin

-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo

 

Santi 

Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:

  • Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
  • Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
  • Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
  • La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
  • El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
  • Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre

Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.

Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...

 


viernes, 25 de noviembre de 2016

Reseña Interruptus. Emmanuel Carrère: Bravura

Idioma original: Francés
Título original: Bravoure
Traducción: Jaime Zulaika
Año de publicación: 1984
Valoración: Decepcionante

Antes de leer esta reseña, consulte a su médico o farmaceútico. No, perdón. Antes de leer esta reseña, recordad que se admiten contrarreseñas. Es más, estaríamos encantados de recibirlas.

Al lio. He dejado este libro en la página 120. Vale que tiene 350 páginas, que a lo mejor he pecado de precipitación o que en las 230 restantes quizá todo cobraba sentido para hacer de este libro una obra maestra, pero la verdad es que no me apetecía continuar. Hay mucho por ahí que leer.

Sé que las comparaciones son odiosas, pero cuando uno ha leído otras obras de Carrére tan buenas como "Limonov", "El adversario" o "Una novela rusa", tiende a comparar y, desgraciadamente, "Bravura" no está a la altura, ni de lejos, de ninguna de ellas. Ni tan siquiera se acerca, en mi opinión, a "El bigote", que es sensiblemente inferior a las anteriores y que fue publicada dos años después de "Bravura".

Y eso que, a priori, el punto de partida parece interesante. Porque el libro comienza hablando de John William Polidori, aspirante a escritor, licenciado en medicina a los 19 años y acompañante (y secretario) durante un breve espacio de tiempo de Lord Byron o Mary Shelley. Y parece que va a continuar con la historia de su caída en desgracia y de su derrumbamiento, hasta el punto de acabar Polidori viviendo en la miseria y convertido en un adicto a los opiaceos, debido a lo que el considera una doble usurpación (la de la idea del Frankenstein de Shelley y la de la publicación de su único relato bajo el nombre de Byron).

Pero no. Lo que parecía que iba a ser un libro semejante a obras posteriores del autor, la novelización de la vida de un sujeto real de lo más interesante, pasa a ser una novela gótica o romántica con elementos de ciencia-ficción. Esto, por sí solo, no tiene que ser algo negativo. El problema es cómo se lleva a cabo. Para esa transción comienza un juego de espejos reiterativo y absurdo, el argumento se retuerce de forma inverosímil por momentos, la narración se estanca y da la impresión de que no se va a llegar a ninguna parte, de que algo se te ha escapado por el camino. 

Llevas 80 páginas con una sensación extraña. No entiendes dónde quiere llegar el autor ni el camino que ha elegido. Se te está haciendo cuesta arriba. Pero es Carrère y decides seguir. 20-30-40 páginas más. La misma sensación continúa. No ves una salida porque el libro sigue dando vueltas en círculo. No le encuentras sentido. Te preguntas: ¿por qué no habrá seguido este hombre con la historia de Polidori, que tan curiosa parecía? Compruebas horrorizado que aún queda más de la mitad del libro y, con gran dolor de corazón y de bolsillo, decides dejarlo para otra ocasión. O no, ¡quién sabe!

Para terminar, una pregunta que cada cierto tiempo me asalta: ¿Por qué las editoriales (en general) se empeñan en exprimir el jugo de autores de reciente éxito con la publicación de sus obras de juventud, las cuales en muchos casos no están a la altura?

Otros libros de Emmanuel Carrère en ULAD: Una semana en la nieveYo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Philp K. Dick 1928-1982. El bigoteEl adversarioEl reinoDe vidas ajenasLimonov

lunes, 16 de noviembre de 2015

Arturo Pérez-Reverte: Hombres buenos

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: por una parte, está bien; por otra, intragable


Hacía un porrón de años que no leía nada de Pérez-Reverte. Cuando escribo "porrón", me refiero a la época de los primeros Alatristes...¿cuánto hace ya de eso? ¿Doce, quince años? Por ahí... Lo menciono porque aunque me consta que él ha ido sacando libros con la regularidad de un metrónomo o un desfile militar (¿cómo no enterarse, con las campañas de promoción por tierra, mar y aire que suelen acompañar el lanzamiento de sus novelas?), yo no tenía mucha idea de por dónde han ido sus derroteros literarios; si sigue haciendo lo de antes o ha evolucionado hacia... yo qué sé, la autoficción metaliteraria. Por decir algo. 

Impelido por razones que no vienen al caso a leer su última novela, Hombres buenos, ahora puedo afirmar que Pérez-Reverte ha mejorado bastante como escritor: ya no abundan tanto los lugares comunes, los diálogos chulescos... los personajes apareen definidos por algo más que un patronímico chocante y dos o tres rasgos tópicos (ahora son cuatro. por lo menos); la narración se ha vuelto menos efectista y más reflexiva. A cambio, el libro también resulta más aburrido, me temo. También es verdad que la historia que nos cuenta no resulta especialmente trepidante: se trata del viaje -auténtico- que, a finales del siglo XVIII, realizaron a París dos miembros de la Real Academia Española de la Lengua con el objeto de adquirir, para tan venerable institución, una primera edición completa de la Enciclopédie de Diderot y D'Alembert, el no va más del saber científico y filosófico del momento. Una historia ésta que con seguridad le resulta especialmente cara a don Pérez-Reverte, pues no olvidemos -ni podemos hacerlo, puesto que él se encarga de recordárnoslo a lo largo de todo el libro- que también es académico de la RAE... pero una historia, en fin, que a pesar de los loables intentos del autor por darle vidilla a la trama, da como resultado una novela fundamentada, más que nada, en una recreación histórica minuciosa -y aparentemente bien conseguida, hay que decirlo- y en los constantes diálogos entre los personajes. Conversaciones que tratan sobre todo, como no podía ser de otra forma, de: 
1-Libros y autores de la época.
2-La disyuntiva entre tradición /modernidad o ciencia/ superstición (por no decir religión).
3-España; es decir: los males de España; los remedios a los males de España; la dificultad de aplicar los remedios de los males de España, etc... (toda una fiesta, vaya).

Los protagonistas, el marino don Pedro Zárate y el bibliotecario don Hermógenes, resultan una pareja dispar pero bien avenida (en la tradición de las buddy stories: Don Quijote y Sancho, el Gordo y el Flaco, Mortadelo y Filemón...); demasiado bien avenida, quizá, desperdiciando el juego que podrían haber dado sus desavenencias. Menos mal que a partir de un cierto momento se les incorpora el ínclito y revolucionario abate Bringas, (personaje también real, al parecer), para aportar la nota discordante. En todo caso, resulta incluso loable la idea de honrar la memoria de unos hombres que trataron, en la medida de sus posibilidades, de contribuir a desasnar a sus compatriotas (con eficacia harto discutible, como demostraron los dos siglos subsiguientes).

Para ser justos, hay que admitir que el resultado de estas casi seicientas páginas es una novela correcta, bien escrita y ambientada, de lectura fácil aunque, como ya he señalado, más bien aburridilla. Pero en fin, aconsejable a quien le gusten las recreaciones históricas y las novelas de corte convencional. Ahora bien... quizá no tan convencional porque resulta que Pérez-Reverte sí que se dedica, o al menos lo utiliza,  a ese recurso tan à la page que es la llamada "autoficción". Aunque sea una autoficción un tanto impostada: en efecto, don Arturo se coloca a sí mismo como personaje para contarnos sus cuitas, indagaciones y difíciles pesquisas para documentar esta novela como es debido (perfeccionista que es... y deja ver). Es un truco muy pillo, puesto que le sirve, por un lado, para colarnos así la información que, en rigor, debería de proporcionarse a través de la narración en sí. Y por otro, nos demuestra lo muchísimo que ha trabajado en la ambientación, a pesar de que tal cosa no se trasluzca siempre en la novela (por ejemplo: nos cuenta los muchos y venerables libros y cartografía que hubo de consultar para establecer la ruta exacta de Madrid a París en el siglo XVIII, con sus casas de posta, etc... y luego, apenas lo utiliza al contar el viaje). De paso, inserta como personajes a algunos de sus compañeros académicos, a quienes seguro se les hizo el culo gaseosa al verse inmortalizados en tan insigne obra.

¿Les parece que el tono de la reseña se ha ido agriando en el anterior párrafo? Pues sí, lo siento... pero si hay algo que me toca las narices -por no decir otra cosa- es esta puñetera moda de la autoficción, más aún si es fullera, como es el caso... ¿Quién les ha dicho a los juntaletras de turno que a los lectores nos interesan un pimiento su vida y circunstancias? Por lo que a mí respecta, acepto -a regañadientes- que lo haga Emmanuel Carrére, por ejemplo, que ha demostrado ser un buen escritor; paso por que lo haga Laurent Binet, que parece buen chaval. Incluso se lo puedo perdonar a... no sé, Paco Roca, que al menos tiene el doble curro de dibujar y escribir (a Cercas, por si alguien se lo está preguntando, no se lo perdono). ¿Pero a Pérez-Reverte? ¡Ni hablar del peluquín! Además, si quisiera saber algo -más- de su vida, para eso está twitter, que tampoco es que sea muy discreto, el hombre...

Vamos, jamais de la vie! (que es la manera fina de decir que en mi **** vida).

(Pido perdón si alguien se siente molesto por las palabras de mi último párrafo -excepto si se trata del autor del libro, claro está-, y les doy gracias a todos por su comprensión al permitirme el desahogo. Que tós semos personas humanas... ¿que no?).


Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULADCabo TrafalgarLa sombra del águilaEl maestro de esgrimaLa reina del sur

miércoles, 18 de junio de 2014

Edward Limónov: Historia de un servidor

Idioma original: ruso
Título original: История его слуги
Año de publicación: 1984
Traducción: Víctor Luis Gómez Salvador y Marina Lysenko
Valoración: muy recomendable

Indudablemente Limónov, el excelente texto de Carrére, influye lo suyo, durante una temporada, a la hora de sentir curiosidad por la obra de este autor. Toda esa cuestión presente, muy cercana a lo morboso: su voraz, variado y algo disfuncional apetito sexual, sus cábalas sobre los más diversos asuntos, su radical filiación política, su sorprendente implicación en las causas más irremisiblemente abocadas al fracaso. Y lo que desafía el texto de Carrére no es tanto la curiosidad como averiguar si, como suele pasar, el mito no es al final más grande que la obra. 
Mejor manera de salir de dudas no hay, pues, que buscar uno de esos textos del propio Limónov, los que tienen más cariz autobiográfico, y ver si el prisma propio para observarse es siquiera parecido al de Carrére.Y resulta que no hay grandes discrepancias. Limónov actúa como el canalla simpático, el entrañable amigote egoísta y algo chuleta que describe Carrére, actúa con esa desquiciada y romántica convicción de clase, y en unas pocas páginas ya estamos sumidos en esa imagen casi costumbrista: el servidor es el propio Limónov, que habiendo publicado ya un libro de sus experiencias, se encuentra en Nueva York ejerciendo de mayordomo de un adinerado hombre de negocios, trabajo que le requiere el enorme sacrificio de estar aposentado en un gigantesco apartamento disponiendo de toda clase de comodidades, a cambio de hacerse cargo de su conservación y mantenimiento, para las esporádicas apariciones del dueño. Rápidamente se empareja con la joven ama de llaves, y empieza la descripción detallada (a veces muy detallada) de sus andanzas.
Estilo directo, procaz, y algo provocador. Manifiestamente escorado hacia cierta nostalgia ideológica (que va a menos, pues Limónov cada vez es más un neoyorquino habituado al confort, que, circunstancialmente, su trabajo le proporciona), pero con las lógicas dudas de quien se siente abrumado al conocer y disfrutar el lujo y el oropel. Limónov, residiendo en NY a las órdenes de Steven Grey, potentado ausente las más de las veces, nos cuenta en Historia de un servidor esa especie de esencia de la contradicción inherente al personaje de un escritor algo torturado, pero entregado a sus dos pasiones, la escritura y el sexo. Lo hace de forma tan dinámica, tan sincera y descarnada que parece que estemos leyendo el diario algo editado de un amigote de la juventud. Confesiones sorprendentes, sinceridad sin tapujos, y mucha vivencia acumulada. Y debajo de todo, el escritor de raza, el prosista incontinente que encuentra palabras hasta para los detalles más chocantes. Escritor de raza que colecciona rechazos de editoriales por docenas, que, de un modo bolañesco, desprecia esos rechazos esperando a que su talento se reconozca. Rebelde, a la vez dubitativo y contradictorio, pero indudablemente valioso.

También de Limónov en ULAD: Soy yo, ÉdichkaEl libro de las aguas

viernes, 21 de marzo de 2014

Zajar Prilepin: Patologías

Idioma original: ruso
Año de publicación: 2005
Título original: Patologii
Traducción: Marta Rebón
Valoración: muy recomendable

Funciona así. Te gusta mucho un libro, te gusta mucho y encima recorre y menciona territorios que tienes inexplorados. Entonces empiezas a acudir a sus referencias. Pues bien, yo estoy leyendo a Zajar Prilepin por las menciones que se hacen de él en la soberbia Limónov de Carrére. También leeré al propio Edward Limónov algún día. Ya no solamente por curiosidad literaria, sino también intrigado por conocer de primera mano la realidad de ciertas sociedades que nos parecen lejanas. Obviamente para el lector occidental ello representa un primer factor de atracción. Pues caemos aún en esa trampa, en asociar el desmembramiento de la URSS a un panorama de violencia, corrupción y crueldad generalizada, a una especie de enorme operación de recomposición de fronteras y reubicación de poderes, lucha de identidades y nostalgia del poder ostentado. A un fantasmagórico proceso de reempleo de fuerzas bélicas, de comandos especiales, de soldados de alta cualificación que, sin un enemigo externo, acabarán generando enemigos internos. Nacidos para matar.
Encima Zajar Prilepin tiene todo el pasado que otorga credibilidad y caché para quien pretenda escribir sobre un tema; sin haber cumplido los 40 ya tiene una formación como filólogo y un pasado como militar en las fuerzas especiales, y un presente como disidente político en la rocambolesca formación política en que coincidió con Limónov.
Patologías es un diario de campaña, una narración de una naturalidad escalofriante de lo que es el día a día en un conflicto bélico marcado por la desigualdad. La unidad rusa avanza como una apisonadora sobre los barrios chechenos, limpiando edificios, sin contemplaciones ni escrúpulos.
Lo que vemos en este libro no es la abulia ni la guerra burocrática de los soldados de series como Generation Kill. El paso de la unidad por los edificios jruschovianos se produce como si jugasen una partida de Tetris: ahora por aquí, ahora por allá, siguiente nivel, previo recuento de efectivos. La frialdad de la narración, en la que sólo en momentos puntuales (pero notables y memorables, gran mérito de Prilepin) se pone en tela de juicio todo ese teatro absurdo.
Quizás (y apostaría que se trata de elecciones poco acertadas por parte de la traducción) pueda argumentarse alguna expresión algo ingenua cuando el autor adopta metáforas. Pero esta novela se devora como los grandes reportajes de Kapuscinski, con fruición y sin respiro. Puede parecernos a ratos un relato de aventuras, con todos esos episodios armados y con poco hueco para una reflexión para la cual se dispone de escaso tiempo. A ratos creeremos que cierto episodio se hace largo o que ya estamos con lo mismo de todas las guerras: la mugre, la destrucción, el cansancio de la tensa espera. Pero así es  en realidad un conflicto extraño y desigual como el de Chechenia, con el bando perdedor que, sabiendo su condición de antemano, se conforma con resistir, dilatar el momento de lanzar la toalla y causar el mayor daño posible. 
Y en eso consiste la crónica del devenir cotidiano de Yegor Tashevski, integrante de una de esas unidades especiales que en primera línea y en plena jungla urbana. Entregado al día a día del conflicto, en lo que nos parece una rutina cercana a la desesperación, pero que traza en realidad una curva ascendente hacia el apocalipsis, a una escena final dantesca, enfermiza, pesadillesca, colofón idóneo para un libro que esconde un mensaje no siempre visible a flor de piel.

martes, 14 de enero de 2014

Colaboración: Limónov de Emmanuel Carrère

Idioma original: francés
Título original: Limónov
Año de publicación: 2011
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: Muy recomendable
Esta biografía novelada del escritor ruso Eduard Limónov ha sido uno de los acontecimientos literarios en España en el 2013, así como lo fue (o quizás porque lo fue) en Francia en el 2011, donde además recibió una buena ración de premios, entre ellos nada menos que el “Prix des prix”, el premio al mejor de los libros premiados ese año (¿se imaginan algo parecido aquí? Habría que elegir entre el Planeta, el Nadal, el Biblioteca Breve, el Primavera…. En fin, mejor no demos ideas).

El autor, Emmanuel Carrère, tras reencontrar a Eduard Limónov como opositor a Putin, habiéndolo conocido años atrás como escritor trasgresor en Paris, interesó por su azarosa trayectoria y decidió contárnosla. Una buena idea, sin duda; primero, porque la vida de escritor-delincuente-guerrillero-político-agitador de Limónov da no sólo para una estupenda biografía, sino que ésta prácticamente se escribe sola (más aún cuanto que, al parecer, el propio Limónov ya se había dedicado a contar en sus libros todos sus avatares, con profusión de detalles escabrosos, pues se trata de uno de esos autores que escriben básicamente sobre sí mismos). En segundo lugar, fue una buena idea porque a Carrére le ha salido un libro absorbente, vibrante, que se lee de una sentada y se echa de menos cuando termina. Y no sólo por lo insólito o aventurero del protagonista, sino por el mundo que retrata: una Unión Soviética más gris, cutre y doméstica que opresiva, pero también vital, orgullosa de sí misma… (¿quizá esa vitalidad  fuera consecuencia de la juventud, no del entorno que envolvía al personaje?). Una Rusia en permanente “zápoi” (se explica muy bien lo que es en el libro), estupefacta tras su penúltima debacle. Y un Occidente veleidoso y cruel, bajo su opulencia decadente…

La única pega a esta biografía, por ponerle alguna, es la excesiva injerencia, a mi juicio, de la figura del autor y sus circunstancias (en la línea de otros escritores franceses, como Houellebecq o Beigbeder, pero  también Laurent Binet en “HHhH”). Tal vez lo haya hecho para resaltar así el origen proletario de Limónov y su férrea voluntad de convertirse en alguien, en un héroe o una estrella (aunque sea del fracaso), a costa de todo tipo de aventuras y peripecias, frente a su propia y aburrida vida de hijo de la burguesía intelectual, él mismo escritor de gran éxito, además… (casi llega a dar pena, el pobre). Aunque, ciertamente, esta presencia un poco chapucera del propio Carrère nos sirve para encontrar dónde está el intríngulis de la historia, que aen mi opinión, trata de la oposición (o complementariedad) entre la creación de una obra literaria (que es lo que hace Carrère) frente a la creación  (o autocreación) de un personaje literario ,que es lo que hace Limónov, ya desde un principio, desde que es un jovenzuelo que decide ser no ya un bandido, sino el rey de los bandidos, no sólo un poeta, sino el más grande de los poetas, no sólo político, sino el salvador de todo un país... (y eso, para acabar pasando a la Historia, tal vez, como el protagonista de un libro… escrito por otro).

Y si bien su figura nos puede parecer incluso irrisoria o infantil (sobre todo en sus escarceos bélicos), ególatra, fanfarrona, oportunista… seguramente reflejo de una personalidad acomplejada, no deja de poseer también cierta grandeza de espíritu (incluso mucha, en ocasiones, según nos trasmite su biógrafo); y aunque le intuyamos más bien vacuo y algo gilipollas, no deja de caernos bien, el tipo, pese a que por momentos nos parezca un trasunto mal fotocopiado de Johnny Rotten o Boris Vian, de Trotsky o incluso el Brad Pitt de “El club de la lucha”. O un místico de tres al cuarto, futuro gurú en la meseta de Altai. La biografía, si ésta era su intención, resulta eficaz: al final del libro, uno le ha cogido cariño al tal Limónov, se promete no perderle de vista y siente curiosidad por leer alguno de sus libros. A ver si, encima va a resultar no ser un mal escritor, y todo.

En resumen, una lectura muy recomendable. Y ante todo, muy adictiva.

También de Emmanuel Carrère en ULAD: Aquí

Firmado: Juan G. B.