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jueves, 27 de noviembre de 2025

Byung-Chul Han: El espíritu de la esperanza

Idioma original: alemán

Título original: Der Geist der Hoffnung

Traducción: Alberto Ciria

Año de publicación: 2024

Valoración: Decepcionante/Filosófico


‘Guerras, migraciones masivas, atentados, catástrofes climáticas, crisis y pandemias: escenarios apocalípticos muy diversos nos confrontan con una inminente amenaza de hundimiento y extinción [..] Sin embargo, de la desesperación más profunda nace también la esperanza más íntima. La esperanza nos abre tiempos futuros y espacio inéditos, en los que entramos soñando’. Bajo un título como El espíritu de la esperanza y con una contracubierta con semejante invocación, queremos pensar que Byung-Chul Han, él sí, ha dado con la tecla para ofrecernos el salvavidas que nos saque del marasmo en que nos hemos metido en este cuarto de siglo. Quizá por eso le acaban de dar un nuevo premio más, y hasta parece que se ha hecho un poco más popular.

Un preludio bastante largo nos deja un poco descolocados, porque empieza a referirse a raíces etimológicas y a enfrentar esa esperanza a diferentes conceptos, angustia, miedo, optimismo. Este deslindar el concepto parece algo muy profesoral y, aunque se prolonga más de lo esperable, espera uno que pronto se ponga el Sr. Han a explicarnos cómo podemos albergar esperanza en tiempos tan inciertos. Pero no. Lejos de bajar a nivel terrenal, el texto sigue navegando entre conceptos abstractos, presentando a buena parte del panteón de la filosofía alemana del último siglo, desde Heidegger a Adorno, Benjamin, Bloch o Arendt, incluyendo a algunos foráneos como Derrida, Camus o Václav Havel. Seguimos página tras página desglosando la culpa o la teoría del perdón, esperanza y acción, soñar dormido y soñar despierto, la reflexión prospectiva y retrospectiva.

Como se ve, nada que contribuya a sacarnos de la zozobra de los genocidios, aeronaves hostiles que sobrevuelan los cielos, o diversas especies de dictadorzuelos de ópera bufa desgraciadamente demasiado poderosos para tomarlos a broma. Tampoco me seduce precisamente ese estilo de frase breve y redonda que salpica el texto con insistencia: puede que simplemente sea la forma de expresarse del autor, pero da la impresión de buscar siempre la cita célebre, lo cual se confirma sospechosamente cuando uno escribe en el buscador Byung-Chul Han y la búsqueda más frecuente que se ofrece es ‘citas’ o ‘frases’.

Pero tampoco nos enfademos demasiado con este autor coreano afincado en Alemania. Esto no es en realidad otra cosa que un libro de filosofía, y Han disfruta tomando el hilo de algunos  de sus colegas y confrontando con otros, siempre en torno a ese concepto de esperanza, como podría haber sido cualquier otro. Y estas reflexiones (o discusiones, que también) son las que posicionan a los filósofos en su mundo particular, porque en definitiva es a lo que se dedican.

Así que desde ese punto de vista no me siento capaz de negarle valor al libro. El problema es otro: cuando estudiábamos filosofía se desplegaba un esfuerzo generalizado por convencernos de que aquello tenía una utilidad real, quizá a largo plazo, tal vez solo (y eso sería suficiente) para iluminar el espíritu y hacernos pensar, hacernos más humanos, y qué sé yo. Siendo muy sincero, y aunque esto pueda parecer una aberración, tengo que reconocer que me resulta muy difícil encontrarle utilidad a estas elucubraciones, como no sea en un plano casi completamente abstracto, como una pequeña semilla que, aunque la ignoremos, contribuye a hacer que la Humanidad sea un poco mejor (aunque no lo parezca).

P.D. En cualquier caso, lo mejor del libro son en mi opinión las varias reproducciones de pinturas de Anselm Kiefer que incluye, aunque es indudable que en el pequeño formato del libro lucen mucho menos grandiosas que a tamaño natural. Y tampoco tengo nada claro que sean lo más indicado para ilustrar un texto sobre la esperanza porque, a mí al menos, estas obras, aunque muy sugerentes, me mueven a sentimientos mucho menos luminosos.


Unas cuantas obras de Byung-Chul Han reseñadas en ULADaquí


lunes, 2 de diciembre de 2024

Byung-Chul Han: La crisis de la narración

Idioma original: alemán
Título original: Die Krise der Narration
Traducción: David Torres en catalán y Alberto Ciria en castellano para Herder Editorial
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable

Quienes hayan seguido mínimamente la trayectoria profesional y literaria del filósofo surcoreano, se habrán percatado que centra su reflexión y discurso acerca de la sociedad actual y la pérdida de valores, ya no únicamente en sentido personal e individual sino también colectivo. En este caso, el autor aborda la crisis narrativa, no en lo que refiere al tema literario sino en el aspecto discursivo de cada uno de nosotros.

En este ensayo, el autor nos habla de la narración en su aspecto más global y genérico, una narración necesaria que se va perdiendo y, con la pérdida, también lo hace nuestra identificación como sociedad puesto que «las narraciones son generadoras de comunidad. El storytelling, por otro lado, sólo crea communities. La community es la comunidad en forma de mercancía. Consta de consumidores». Así, el autor critica el propósito de la narrativa actual, pues realmente el «storytelling es storyselling: explicar historias es venderlas». Por ello, afirma el autor que «en nuestra vida diaria cada vez nos explicamos menos historias. La comunicación como intercambio de informaciones paraliza la narración de historias» de manera que nuestro discurso se construye principalmente de aportación de datos, pero sin una correlación o análisis que desarrolle una historia al trasmitirlos. Con este enfoque, el autor también incide en la vida narrada y lo relaciona con la felicidad, que no es un «acaecimiento puntual. Es como un cometa con una cola muy larga que llega hasta el pasado». Así, el autor evoca a la memoria y hace especial mención a la obra de Proust y Heideger quienes combatieron «la atrofia temporal, la amenaza de la desintegración del tiempo» y, citando al autor alemán, nos recuerda su teoría en la que afirma que «el hombre no va existiendo en cada momento. No es un ser de instantes. La existencia le abarca todo el lapso que se extiende desde el nacimiento hasta la muerte. A causa de la falta de orientación externa, porque no hay anclajes narrativos en el ser, tiene que salir de uno mismo la fuerza para contraer el lapso entre nacimiento y muerte, y convertirlo en una unidad viviente que penetre y comprenda todos los acontecimientos y todos los hechos». Así, continuando con sus alusiones a Heideger, el autor indica que hay que intentar que la existencia «no se desintegre en realidades momentáneas de vivencias que se van sucediendo y van despareciendo», una existencia amenazada con la facilidad en la que tomamos instantáneas de nuestra realidad, cada vez más expuesta e inmortalizada en una tecnología que favorece una digitalización que «agrava la atrofia del tiempo. La realidad se desintegra en informaciones con un margen de actualidad muy reducido». Con este propósito, y enlazando la tecnología con su uso, el autor habla también de las redes sociales y cita las stories de Instagram afirmando que «son una simple sucesión de instantáneas que no narran nada. En realidad, no son más que informaciones visuales que desparecen rápidamente. No queda nada», así como de las selfies, que «no sirven para recordar, sino para comunicar», en un enfoque que ya compartió en «La expulsión de lo distinto» y que aquí reincide al afirmar que «la vida no se puede narrar en forma de acontecimientos cuantificables» en un mal uso que potencia y engrandece el narcisismo, ese gran peligro que «elimina la mirada, es decir, al otro, y lo sustituye por una imagen especular imaginaria».

Afirma que autor que «el recuerdo no es una repetición mecánica de aquello que se ha vivido, sino una narración que continuamente hay que volver a explicar. Los recuerdos forzosamente tienen vacíos (…); cuando todo lo vivido (…) está disponible, el recuerdo desaparece (…) Quien quiere narrar o recordar tiene que poder olvidar u omitir muchas cosas. La sociedad de la trasparencia significa el final de la narración y del recuerdo» y apuntala esta tesis afirmando que «es la narración lo que eleva la vida por encima de la mera facticidad, per encima de su desnudez. Narrar consiste en hacer que el transcurso del tiempo tenga sentido, consiste en dar al tiempo un principio y un final. Sin narración, la vida es meramente aditiva».

Con este libro el autor nos invita a la reflexión y nos interpela afirmando que «tendríamos que ser conscientes que, en el fondo, pensar no es otra cosa que narrar, y que el pensamiento avanza con pasos narrativos». Así, tenemos que reivindicar el poder de la narración, y no dejar que el storytelling se convierta en un storyselling que nos encierre en nosotros mismos, limitándonos a otros mundos, otras narraciones, otras formas de vida.

lunes, 18 de diciembre de 2023

2023 en libros. El único veredicto que vale

¡Pues sí, amigos! Llega el día en que todas las listas de "lo mejor de 2023" palidecen, pese al título de la entrada, ante la proverbial independencia, modestia y buen gusto de los reseñistas de ULAD. Porque no estamos ante la lista de los invitados a la boda del crítico de turno (no, Babelia y El Cultural, no estamos diciendo que vosotros hagáis eso) y porque no pretendemos sentar cátedra diciendo qué es lo mejor que se ha publicado en 2023 (¡coño, que hay tropecientas mil novedades y habremos leído un 0,0001%!). Esto solamente es, nada más y nada menos, lo mejor que hemos leído en 2023.

No podemos dar paso a la lista sin antes recordar lo que para nosotros ha sido la peor noticia que nos ha podido dejar este 2023: el fallecimiento, en el mes de agosto, de nuestro compañero Emilio. Las reseñas que dejó programadas y que hemos ido publicando estos últimos meses dan idea de lo que para Emilio fueron sus mejores lecturas del año.

Sin más, aquí tenéis nuestro dictamen

El veredicto de Koldo (por ahora):


La sentencia de Juan:

Palabra de Oriol:

La sentencia de Francesc:
 
      No muy bien habrá ido la cosa cuando he tenido que revisitar mis reseñas para poder componer esta lista. Así que
  • Recuerdos que prevalecen sin excesivo esfuerzo, o sea, MUY BIEN: Material de construcción de Eider Rodríguez, o cómo lidiar bien, literariamente, con la pérdida, y Les voltes del món de Tuli Márquez, a ver si el mundo editorial se entera del talento de este hombre y se le traduce al español.
  • Demasiados ensayos que se han quedado a medias o que me ha dado la impresión de que no conectan profundamente con la realidad, así que no los mencionaré. La realidad no lo pone fácil, cambiando cada dos por tres.
  • Alguna biografía musical que tiene más pulsación narrativa que mucha narrativa, como Bobby Gillespie en Un chaval del barrio o Jarvis Cocker en Buen Pop Mal Pop
  • Extraño reencuentro por partida doble con Houellebecq, del cual Unos meses de mi vida me ha mostrado una sorprendente actitud frágil y victimista. Curioso que su acercamiento a sí mismo le haya hecho desenfocar su aguda visión de la sociedad.
  • Y a ver si las cosas mejoran. O sea, que los tótems atinen o que las eternas promesas se consoliden. Ya, por favor.

El panegírico de Santi

En un año de bastantes pocas lecturas (una vez más), afortunadamente ha habido algunas buenas o muy buenas:

Resolución (recurrible) de Carlos

El dictamen de Marc:
  • Libro del año: «Un caballero en Moscú», de Amor Towles
  • Ensayo del año: «La supervivencia de los más ricos», de Douglas Rushkoff
  • Grandes consolidaciones en narrativa: Xavier Mas Craviotto, por «La pell del món»
  • Descubrimientos del año (autores): Byung-Chul Han con «La expulsión de lo distinto»
  • Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Amor Towles, Paul Auster
  • Propósitos para el 2024: más poesía, continuar con más ensayo y reencontrarme con la narrativa tras un año sin grandes lecturas

miércoles, 18 de enero de 2023

Byung-Chul Han: La expulsión de lo distinto

Idioma original: alemán
Título original: Die Austreibung des Anderen
Traducción: Alberto Ciria
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable


Confieso ya de entrada, que los libros que analizan, en clave de ensayo, nuestra sociedad y el mundo en el que nos encontramos despiertan mi interés. Y más aún si lo hacen mediante una crítica sin paliativos al egoísmo y narcisismo que, cuál veneno o virus letal, nos contagia y nos envuelve, nos adormece en un largo letargo envuelto de objetos y vacuidades que nos distraen de nuestro propósito vital que, a mi entender, no debería ser otro que el de (auto)conocernos y enriquecer nuestros conocimientos y nuestra sociedad.

En este conjunto de reflexiones acerca de diferentes aspectos en torno a la alteridad que el autor descompone en doce capítulos, Byung-Chul Han explora nuestra relación con lo distinto, con "el otro" pero que, a la vez, no deja de ser una relación con nosotros mismos. Y para ello, debemos conocernos y conocer el mundo que nos rodea, entendiendo “mundo” como lugar habitado por personas con las que no siempre coincidiremos en nuestra visión del mismo.

Por ello, en un mundo cada vez más parecido y uniforme, Byung-Chul Han asevera que «el terror de lo igual alcanza hoy todos los ámbitos vitales. Viajamos por todas las partes sin tener ninguna experiencia. Uno se entera de todo sin adquirir ningún conocimiento». Así, deambulamos por la vida sin tener consciencia (entendiendo consciencia a un acto que requiere de reflexión) de la misma ni de una necesaria interrelación con los demás, pues «la interconexión digital total y la comunicación total no facilitan el encuentro con otros. Más bien sirven para encontrar personas iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los desconocidos y quienes son distintos, y se encargan de que nuestro horizonte de experiencias se vuelva cada vez más estrecho. Nos enredan en un inacabable bucle del yo». En nuestros tiempos de fácil acceso a la información, se puede constatar que su fácil acceso es a la vez su limitación, pues «la información simplemente está disponible. El saber en un sentido enfático, por el contrario, es un proceso lento y largo» e incluso, en el universo de los metadatos, suponen un saber muy escaso pues «con la ayuda de macrodatos se averiguan correlaciones (…) La correlación es la forma de saber más primitiva, ni siquiera está en condiciones de averiguar la relación causal (…) La pregunta por el porqué está aquí de más. Es decir, no se comprende nada. Pero saber es comprender».

En el amplio alcance que supone la comunicación digital, el autor nos habla sobre las redes sociales y el uso que se hace de ellas, pues «la comunicación digital (…) propicia una comunicación expansiva y despersonalizada que no precisa interlocutor personal, mirada ni voz. (…) Las redes sociales no fomentan forzosamente la cultura de la discusión. A menudo los manejan las pasiones» creando así un lugar de confrontación y no de crecimiento algo que es aprovechado por los populismos. Respecto a este aspecto, cabe decir que ciertas ideas que arroja el pensador son controvertidas y con las que podríamos divergir pues aunque afirma que «el nacionalismo que hoy vuelve a despertar, la nueva derecha o el movimiento identitario son asimismo reacciones reflejas al dominio de lo global», también afirma que «no es casualidad que los seguidores de la nueva derecha no solo sean xenófobos, sino también críticos del capitalismo» (algo que a mi modo de ver no es cierto, o al menos no lo es en todos los territorios). Más acertado está, a mi entender, cuando habla de la economía de la atención pues «totaliza el tiempo del yo» en una búsqueda constante de la atención, ese gran bien del que disponemos y que es objeto de deseo de las corporaciones como ya apuntaba James Williams en «Clics contra la humanidad».

En mi opinión, el autor se muestra especialmente lúcido y acertado cuando habla de la sociedad actual y su alta tendencia al narcisismo, propulsado por un consumismo que viene aupado del neoliberalismo. Un consumismo que pretende alimentar una autenticidad pero que nos convierte en sus esclavos, pues tal y como afirma Byung-Chul Han, «como estrategia neoliberal de producción, la autenticidad genera diferencias comercializables (…) Los individuos expresan su autenticidad sobre todo mediante el consumo. El imperativo de la autenticidad no conduce a la formación de un individuo autónomo y soberano.  Lo que sucede es, más bien, que el comercio lo acapara por completo» y que desvirtúa el concepto de autenticidad porque «el imperativo de autenticidad desarrolla una obligación para consigo mismo, una coerción a cuestionarse permanente a sí mismo, a vigilarse a sí mismo, a estar al acecho de sí mismo, a asediarse a sí mismo. Con ello intensifica la referencia narcisista». En este aspecto, la relación entre la sociedad actual y el narcisismo imperante recuerda al ensayo de Lluís Calvo «Els llegats» así como nos viene también a la memoria el ensayo «Calla y paga» de Inés García López en el que la autora aborda el impacto del capitalismo y la relación entre objeto y sujeto o a Ingrid Guardiola y su «El ojo y la navaja» en el que explora la relación entre el individuo y las imágenes mostradas en las redes. En este aspecto, Byung-Chul Han (como Inés García López) cita a Lacan para sostener su opinión y afirma que «el sujeto narcisista solo pervive el mundo en las matizaciones de sí mismo. La consecuencia fatal de ello es que el otro desaparece». Así, expulsamos al otro de nuestro mundo, dirigimos la mirada hacia nosotros mismos reduciendo así el mundo a nuestra propia imagen, algo que se evidencia por «la adicción a los selfies» pues «no tiene mucho que ver con el sano amor a sí mismo: no es otra cosa que la marcha en vacío de un yo narcisista que se ha quedado solo (…) Los selfies son el yo en formas vacías». 

Byung-Chul Han también dirige su mirada a la cultura y al arte como elemento disruptivo y que de manera denunciativa exhibe Jeff Koons en sus obras, pues «muestran unas imágenes que reflejan nuestra sociedad, que se ha convertido en unos grandes almacenes». Un arte que «se amalgama por completo con la cultura del consumo». Y, hablando de arte, el autor cita también a Adorno quien defiende la extrañeza del mundo afirmando que «quien percibe el mundo de otro modo que no sea como algo extraño no lo percibe en absoluto» de manera que «para Adorno no habría ningún arte que haga sentirse a gusto» y critica la sociedad actual, una sociedad del «me gusta» para quien «todo se vuelve complaciente, incluso el arte. Hoy hemos olvidado de asombrarnos». En este aspecto, el autor ahonda específicamente en la literatura y defiende especialmente la poesía pues «el poema es un acontecimiento dialógico. La comunicación actual es fuertemente narcisista. Se produce sin ningún tú, sin invocar al otro. En el poema, por el contrario, yo y tú se engendran mutuamente».

Para terminar, hago mías unas palabras del escritor francés Michel Butor, citado por Byung-Chul Han, quien «constata una crisis contemporánea de la literatura y la concibe como una crisis de espíritu», pues «hace diez o veinte años que ya no sucede casi nada en la literatura. Hay un aluvión de publicaciones, pero un parón intelectual». Creo que el autor tiene bastante razón en esta afirmación, pues particularmente cada vez me es más difícil encontrar un gran libro de narrativa actual. Por el contrario, me encuentro más a gusto (que no cómodo) en los ensayos como este pues nos invitan a la reflexión y a la ardua tarea de intentar comprender algo mejor este cambiante, consumista y narcisista mundo que, por fortuna o por desgracia, estamos construyendo entre todos.

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.



martes, 6 de diciembre de 2022

Byung-Chul Han: Capitalismo y pulsión de muerte

Idioma original:
 Alemán
Título original: Kapitalismus und Todestrieb
Año de publicación: 2019
Traducción: Alberto Ciria
Valoración: Entre recomendable y está bien

Capitalismo y pulsión de muerte recopila catorce artículos escritos por el filósofo Byung-Chul Han. También incluye, a modo de cierre, dos entrevistas realizadas al autor.

Si bien algunos de los textos aquí reunidos me parecen poco logrados, recomiendo su lectura íntegra. Son, como toda la obra del pensador coreano, relativamente asequibles; ayudan a profundizar en las inquietudes y conceptos recurrentes de su pensamiento; y ofrecen reflexiones inéditas en torno a la inmigración o los refugiados. En otras palabras: valen la pena, pese a sus limitaciones.  

Ciertamente, Byung-Chul Han es más certero diagnosticando problemas que aportando soluciones. De hecho, aunque a nivel abstracto suscribo su reivindicación de los valores humanistas, la moral y la razón, esta me parece una estrategia estéril a la hora de combatir con garantías asuntos tan conflictivos como, por ejemplo, la crisis de refugiados. En asuntos de esa índole siempre predominarán los bajos instintos de la naturaleza humana, el poder del dinero, los intereses de la geopolítica y quién sabe si algún siniestro poder fáctico. 

Por otro lado, cuando Byung-Chul Han acierta lo hace a lo grande. A título personal, comparto al cien por cien su apreciación de que el peligro del capitalismo y la ideología neoliberal radica en su capacidad para seducir a las que serán sus víctimas, o en desviar cualquier tipo de crítica social hacia la problematización individual. 

Igualmente coincido con Byung-Chul Han en que la libertad, ese concepto tan fetichizado, tergiversado y sobrevalorado en la actualidad, es un arma de doble filo. Y es que, por ejemplo, «La autoexplotación es más eficaz que la explotación por otros, porque va acompañada de la sensación de libertad. El sujeto del rendimiento se somete a un imperativo libre, que él mismo se ha generado. También la sociedad de control se basa en esta diálectica de la libertad. El autodesvelamiento es más eficaz que ser desvelado por otro, porque viene acompañado de sensación de libertad.»

En resumidas cuentas: este volumen hará las delicias de aquellos que admiramos a Byung-Chul Han. Obviamente, acusa cierta tendencia a repetir ideas. Además, deja entrever que determinados postulados del autor han quedado un tanto obsoletos, o que pecan de cierta ingenuidad. Sin embargo, insisto en que Capitalismo y pulsión de muerte vale la pena.


martes, 1 de junio de 2021

Byung-Chul Han: La sociedad paliativa

Idioma original: 
Alemán 
Título original: Palliativgesellschaft
Traducción: Alberto Ciria 
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable (con matices)

Según Byung-Chul Han, el dolor no debe erradicarse. Es imprescindible para vivir una «vida humana», una vida que no se suprima a sí misma. Además, «sin dolor no hay revolución, partida hacia lo nuevo ni historia.» 

El dolor es negativo (es la negatividad por excelencia, de hecho), pero no tenemos que rehuir la negatividad. Con todo, las sociedades contemporáneas, ávidas de positividad, intentan proscribir la negatividad del dolor. 

«La sociedad paliativa coincide con la sociedad del rendimiento. El dolor se interpreta como síntoma de debilidad. Es algo que hay que ocultar o eliminar optimizándolo.» Es algo que se «despolitiza», encubriendo así sus causas socio-culturales. Es algo que se despoja de sentido, reduciéndolo a «un tormento puramente corporal» e individual a tratar mediante la medicina, la psicología y la farmacéutica.

La sociedad paliativa es un ensayo filosófico, sociológico, político y estético de apenas cien páginas. Le he notado algunos defectos. En primer lugar, Byung-Chul Han se muestra en esta obra un pelín más disperso de lo habitual. Asimismo, en ocasiones requiere que uno esté familiarizado de antemao con los conceptos recurrentes de su cosmovisión, y no me acaba de convencer cómo integra la pandemia de coronavirus en sus reflexiones. Sea como fuere, el libro complementa al resto de bibliografía del autor, es ameno, reivindica la negatividad, arroja luz en torno a ciertas problemáticas actuales y nos obliga a pensar. ¿Qué más se puede pedir?
 

lunes, 8 de febrero de 2021

Sergio Vila-Sanjuán: Por qué soy monárquico

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy decepcionante

Fue enterarme de que Ariel publicaría Por qué soy monárquico y hacerme con un ejemplar. Nunca creí que Sergio Vila-Sanjuán, el autor del libro, me hiciera comulgar con su postura, pues soy republicano, pero pensé que sería intelectualmente estimulante confrontar ideas. Además, le supuse a Vila-Sanjuán una categoría argumentativa superior a la de otros monárquicos con los que me he ido encontrando hasta la fecha. Lamentablemente, mis ya de por sí moderadas expectativas se vieron frustradas. Esto se debe a varias razones: 

  1. Por qué soy monárquico es, antes que un ensayo, una suerte de «crónica impresionista (...) declaradamente personal». Lo cual reduce sobremanera su potencia conceptual y fomenta licencias y excesos alejados de una perspectiva objetiva e imparcial. 
  2. Vila-Sanjuán se centra tanto en la realidad española que pierde en el proceso la capacidad para hacer una reivindicación más amplia y enjundiosa de la institución a la que trata de defender. 
  3. Las tesis de la obra no ofrecen enfoques novedosos. Son las de siempre, por lo general tan vacías de contenido y carentes de rigor crítico como las que podría expresar un tuitero anónimo. Sin duda, esperaba más nivel de Vila-Sanjuán, a quien tengo por una persona culta y cuya labor periodística (no puedo juzgar su vertiente narrativa, porque la desconozco) me parece sobresaliente.
  4. Por qué soy monárquico nos enfrenta por enésima vez a debates que a estas alturas tendrían que estar superados, y recurre impúdicamente a varias falacias lógicas (la del falso dilema o la "cum hoc ergo propter hoc", por ejemplo). 
  5. El relato histórico de Vila-Sanjuán presenta imprecisiones, tergiversaciones, omisiones convenientes y lecturas sesgadas. Un caso flagrante de esto es el de Juan Carlos I, cuyas virtudes y hazañas son sobredimensionadas en estas páginas, y cuyas equivocaciones y tachas se intentan relegar casi exclusivamente a los años 2000 en adelante. Al menos, y esto honra a Vila-Sanjuán, se airean unas cuantas de las miserias del emérito (y de algún otro monarca); no todo el mundo se atreve a asumirlas.
  6. A ratos, uno tiene la impresión de que este texto no sólo es el peloteo laudatorio habitual, sino que es un ejercicio oportunista de blanqueamiento de la cada vez más desprestigiada Casa Real española. Y si no, que me expliquen por qué de los Borbones que Vila-Sanjuán aborda, aquél al que se dedica más tiempo es Felipe VI, quien a día de hoy no lleva ni diez años de reinado. Entiendo que Vila-Sanjuán ha conocido personalmente al actual jefe de Estado, pero no comprendo por qué le ve tanto interés. ¡Casi le pone más énfasis a su lucha contra el catalanismo independentista que al papel que Juan Carlos I desempeñó durante la Transición! ¿No sería conveniente tener mayor perspectiva histórica antes de endiosarle? ¿Quién te dice que en unos años no se le va a relacionar con los tejemanejes de su padre? Si a un monarca «se le pide que sea sabio y prudente», también a sus partidarios. 
  7. No ayudan a redondear el conjunto las constantes intromisiones de Vila-Sanjuán, que distraen del que debería ser el objetivo del texto. Sus comentarios y opiniones connotan situaciones que deberían haberse retratado con fidelidad documental; las referencias a su familia y amigos, amén de las que hace a su propio corpus literario y a su carrera laboral, huelen a ego y a autopromoción. 

Llegados a este punto, dejad que discuta algunas de las afirmaciones que se hacen en Por qué soy monárquico:

  1. Que entre los países con más calidad democrática del mundo se encuentren múltiples monarquías parlamentarias no implica que dichas monarquías parlamentarias sean la causa de la calidad democrática de los países en cuestión.
  2. Que la monarquía (o cualquier otra forma política) sea constitucional no quiere decir que se vea respaldada por la legitimidad.
  3. Los monarcas carecen del peso simbólico que se les intenta insuflar. Es más: a ningún ser humano (y menos todavía a uno que no lo obtiene a través del filtro de la meritocracia, sino a través de un derecho de nacimiento) debería atribuírsele peso simbólico alguno.
  4. Soy el primero en reclamar una separación (especialmente, en el terreno de las artes) de autor y obra. Por tanto, estoy a favor de que los méritos políticos de los reyes no queden opacados por sus defectos humanos. Pero es que a menudo olvidamos que los reyes alcanzan el estatus institucional que les permite intervenir en política mediante mecanismos hereditarios, lo cual hace que incluso sus méritos políticos sean injustos. Y, ¿de qué sirve separar, como propone Ernst H. Kantorowicz, la figura institucional de su actividad como persona normal sujeta a debilidades y fallos, si luego se dota a esta última de inmunidad jurídica, blindando obscenamente así sus debilidades y fallos? 
  5. ¿Puede considerarse monárquico (en sentido amplio, se entiende) alguien que se define exclusivamente como juancarlista o felipista? Yo no dejo de ser demócrata cuando un candidato que no me gusta gana las elecciones presidenciales; si acaso, me vuelvo más crítico todavía con el sistema imperfecto al que me adscribo. 
  6. Sugerir que las conquistas modernizadoras y democráticas alcanzadas gracias a los Borbones sólo podrían haberlas logrado ellos, y que por esto la institución monárquica es necesaria en España, es deshonesto.     
  7. Si vamos a ensalzar el valor de los rituales, citando fuera de contexto a Byung-Chul Han, ¿no sería mejor que nuestro país dejara de ser aconfesional? A fin de cuentas, la religión ofrecería unos cuantos «rituales y ceremonias»; esos que, según parece, son tan necesarios. Tampoco deberíamos revisar críticamente varios de nuestros rasgos identitarios, como el toreo, pese a su insultante anacronismo. 
  8. Y bueno, no creo que haga falta entrar en por qué declarar que Felipe VI encarna los valores republicanos es una paparruchada. Por no hablar de lo falso que es asumir que, económicamente, la aportación del rey al Estado es muy superior a lo que cuesta al contribuyente. 

Para ir concluyendo, destacaré que la única virtud que puedo encontrarle a este opúsculo es que sugiera conclusiones que, pese a su obviedad, los republicanos más radicales se niegan a admitir. A saber: 

  1. Que los reyes pueden ser, hasta cierto punto, gobernantes (o agentes políticos) reformistas.
  2. Que no todos los que los apoyan deben ser necesariamente gente conservadora, pues suelen atraer también a perfiles liberales.  
  3. Que se les puede reivindicar sin caer en el proselitismo.

Poco más que añadir. Por qué soy monárquico me ha decepcionado bastante. A la postre, lo que debería haber sido un ensayo como es debido, se queda en una mera reafirmación de las convicciones del autor, en un estéril panegírico salpimentado con trazos de crónica familiar. Ya sé que Vila-Sanjuán no pretendía otra cosa, pero eso no ha hecho menos frustrante mi experiencia lectora, ni ha servido para satisfacer mi curiosidad intelectual.

lunes, 9 de abril de 2018

Byung-Chul Han: La agonía del Eros


Idioma original: Alemán
Título original: Agonie des Eros
Año de publicación: 2012
Traducción: Raúl Gabás
Valoración: Recomendable

Le tengo un aprecio enorme a Byung-Chul Han. Me lo dieron a conocer cuando estudiaba Bellas Artes (¡en cuántos trabajos le habré citado!) y todavía sigo deslumbrado por su filosofía. Ésta tiene sus defectos, no lo voy a negar, pero son defectos discretos que no han impedido que el autor ejerza una gran influencia en mi forma de entender las cosas. Bueno, en la mía y en la de muchos.

Creo que parte de la popularidad que ha tenido Byung-Chul Han se debe a la claridad con que expone su pensamiento. Cuando leo cualquiera de sus libros me lo imagino delante mío, caminando lentamente de un lado a otro, hablando en voz alta. Le veo, incluso, improvisando sobre la marcha; ¡así de distendido es el fluir de sus ensayos! Y, pese a esta aparente espontaneidad de los mismos, el discurso del filósofo no descuida en ningún momento aspectos como el rigor o la coherencia. Gracias a esta mezcla entre asequibilidad y seriedad, las disquisiciones del escritor son atractivas a ojos de aquéllos menos habituados a enfrentarnos con textos ensayísticos, así como a los de los veteranos más exigentes.

Pero bueno, centrémonos. En La agonía del Eros, Byung-Chul Han habla de la crisis del amor; crisis que se debe, principalmente, a dos factores. En primer lugar, a la existencia de una oferta ilimitada de "otros". Y, al mismo tiempo, en la desaparición del "otro", provocada en parte por la tendencia hacia el individualismo contemporáneo y en parte por un capitalismo que asimila cualquier cosa (por incompatible que le sea) a su propia lógica. Según el autor, "el amor como conclusión absoluta pasa a través de la muerte". En otras palabras: al amar "se muere en lo otro". Pero en una sociedad positiva, de la que se ha retirado la negatividad de la muerte, no se puede amar al otro, sólo consumirlo. Y bueno, en este deprimente paisaje nos arroja Byung-Chul Han.

En definitiva, este es un ensayo ameno y lúcido que responde a una inquietud (la del fin del amor) con una vigencia tremenda. Quizás el único inconveniente que se le puede hacer a este breve librito es que leerlo de forma autónoma puede suscitar algunas dudas. Y es que Byung-Chul Han alude a cuestiones tocadas en otros de sus ensayos, como, por ejemplo, La sociedad del cansancio, sin molestarse en repetir conceptos que pongan en contexto al recién llegado. Pero vamos, que esto apenas dificulta la comprensión global de su discurso, bastante intuitivo a fin de cuentas.

Por último quiero mencionar que hay una línea de investigación contemporánea muy volcada en lo que al amor respecta, y que presenta ciertas afinidades con las ideas expuestas por Byung-Chul Han en La agonía del Eros. El sociólogo Zygmunt Bauman tiene un libro, no muy afortunado a mi parecer, al respecto: Amor líquido. También hay otros pensadores, quizás menos conocidos, que han cultivado esta temática desde diversas disciplinas. Ahora mismo me viene a la cabeza a Alain Badiou y su Elogio del amor. Vamos, que bibliografía relacionada la hay para rato. Y a quien le interese el tema pero le dé palo leer le dejo un podcast del youtuber Esquizofrenia Natural, que aborda la cuestión de forma bastante amplia, cubriendo parcialmente las ideas expuestas en La agonía del Eros. Y nada más, salvo pediros que sigáis amando. Por favor.  



lunes, 25 de diciembre de 2017

Jair Domínguez: Segui vora el foc


Idioma original: Catalán  
Año de publicación: 2014
Valoración: Se deja leer (siendo muy tolerante)

 La portada de Segui vora el foc da vergüenza ajena. Lo siento, pero es así. Estuve a punto de no leer la novela sólo por esto. Yo no conocía al autor, ni me sonaba el título de la obra. Lo único que tenía frente a mí era esta horterada. Y las primeras impresiones tienen mucho peso. La portada no es seria. Ni siquiera deliberadamente ridícula. Por favor, ¡si tiene la tipografía, los colores y la maquetación propias de un pakaging de muffins destinado a una target muy hipster!

 Cuánta cursiva, diréis. No os enfadéis. Parece que hablar así es de cronistas posmodernos. En Segui vora el foc se explota mucho este recurso. Emo y selfie son sólo dos de las muchas palabras en cursiva que aparecen en este libro.

 Perdón, ya me he tomado las tilas. Prosigo. Intentaré controlarme; ya está bien de tanto despotricar. A estas alturas de la reseña, parece que la novela no me haya gustado nada. Y debo decir que, aunque no me ha parecido espectacular, tiene un aspecto positivo a destacar. La historia es algo anárquica y no está pulida ni en tono ni en ritmo, su protagonista apenas evoluciona, y, no obstante, el libro tiene frases interesantes. No brillantes, pero sí perspicaces. El libro, de hecho, es un cajón de sastre (o a veces un "cajón desastre") donde Jair Domínguez volcó todas estas frases y las interconectó como buenamente pudo. Es decir, el libro es una excusa, vale, pero si fingimos que no nos hemos percatado de lo endeble que es su razón de ser, puede funcionar a su manera. 

  Quedémonos con las frases, que son, cuanto menos, interesantes. Abordan temas como la corrupción institucional de las editoriales o la decadencia de la narrativa (¡qué ironía!). También señala el triunfo que la mediocridad ha logrado gracias a internet. La falta de moral en el sujeto contemporáneo. O la sociedad del cansancio, aunque expuesta desde una perspectiva muy distinta a la ya vaticinada por autores como Byung-Chul Han o Michele Serra. 

 El problema es que Jair Domínguez no denuncia críticamente estos aspectos de nuestro presente. Parece, más bien, señalarlos en un patético intento de ceñirse a un determinado modelo de literatura, un modelo irreverente y ácido. Ya sabéis, en plan Bret Easton Ellis o Chuck Palahniuk. Bueno, en los momentos en que ambos autores están en más baja forma. Ah, no olvidemos el aderezo a lo Hunter S. Thompson. Puro postureo, vamos. 

 Espontaneidad agradecida, pero sin contener mínimamente. Escándalo barato, (mal)entendido como fin, no como medio. ¿Absurdo y experimental a lo David Lynch, como pregonan algunos? ¡Ni de coña! ¡Ni de forma intencional ni sin querer! Pero las frases... Les falta honestidad y mala leche, y sin embargo las frases no están tan mal. Tenemos aquí a uno de esos escritores con la osadía de un acróbata a los que les falta la técnica necesaria para mantenerse en la cuerda. Jair Domínguez acaba por precipitarse al vacío. Al menos grita durante su caída, eso tengo que reconocérselo. Y las piruetas previas a la caída, aunque ahora sabemos que eran una fanfarronada, también han tenido su qué. 

lunes, 5 de enero de 2015

Byung-Chul Han: La sociedad del cansancio

Versión original: alemán
Título original: Die Müdigkeitsgesellschaft
Año de publicación: 2010
Valoración: Recomendable


No cabe duda de que tanto mentalidades y valores como condiciones de vida evolucionan (o involucionan) con el tiempo. En cualquier caso, no se mantienen inmutables, aunque la mayor parte de las veces lo hagan tan pausadamente que nos cuesta trabajo percibirlo. Claro que nunca viene mal tomar conciencia de esos cambios y ¿quién mejor que los filósofos para analizar lo evidente y lo oculto del mundo de hoy?

En este reducido ensayo (tan solo 57 páginas en formato electrónico), Byung-Chul Han, profesor de de filosofía y doctor por la universidad de Friburgo de origen coreano, muestra las facetas que constituyen la fisonomía de las sociedades actuales diferenciándola de la que tenían hace tan solo unas décadas.

Centrando su análisis en las patologías que las caracterizan, observa que la rápida evolución de la tecnología ha convertido a la anterior sociedad inmunológica –en la que el vocabulario imperante era el de la guerra fría y su principal temor el contagio de “lo otro”, de lo diferente–  

“El objeto de resistencia inmunológica es la extrañeza como tal. Aun cuando el extraño no tenga ninguna intención hostil, incluso cuando de él no parta ningún peligro, será eliminado a causa de su otredad.”

a una civilización dominada por un exceso de positividad donde lo que predomina es el trastorno neuronal (depresión, síndrome de desgaste ocupacional, trastornos de la personalidad o por déficit de atención) originado por el cansancio a que da lugar un  exceso de expectativas personales y una preocupante tendencia al dopaje que, no obstante, ha llegado a considerarse inocua, recomendable incluso.

“El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma.”

El exceso de estímulos informativos consigue dispersar nuestra atención impidiendo que nos concentremos y que nos interesemos por nada medianamente profundo. Hemos perdido la costumbre de observar, ahora nos guiamos por impulsos y no hay lugar para la contemplación ni la reflexión. Por otra parte, nos hemos alejado mucho de la sociedad disciplinaria descrita por Foucault, sujeta a prohibición y mandato, y en la que se somete al ciudadano mediante instituciones como psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas; la convivencia actual gira alrededor de oficinas, centros comerciales y aviones, entre otros, que nos convierten en “sujetos de rendimiento” cuya exigencia suele ir más allá de lo aconsejable y que acaba convirtiéndonos en fracasados y depresivos.

Pero las consecuencias no son solo de índole personal: la violencia soterrada que esto implica afecta en primer lugar al individuo desestabilizándole y, paradójicamente, incapacitándole para la acción. Pero además, al propiciar su aislamiento, produce también la disgregación del grupo humano. Aunque esto, al formar parte del propio sistema y producirse en un contexto de paz y permisividad aparentes, resulta difícil de percibir.

El autor no pretende rebajar su discurso ni convertirlo en asequible a todo el mundo: la terminología y los conceptos que utiliza son los adecuados para un texto filosófico. Sin embargo, al abundar en explicaciones y no condensar excesivamente la información, limitándola además a unas pocas ideas, esta obra es apta para cualquiera que sienta interés. No hace falta más que curiosidad por estos asuntos y un mínimo de esfuerzo extra.


También de Byung-Chul Han en Unlibroaldía: La agonía del Eros, La sociedad paliativaCapitalismo y pulsión de muerte, La expulsión de lo distintoLa crisis de la narración