martes, 7 de julio de 2015

Erskine Caldwell: Tierra trágica

Idioma original: inglés
Título original: Tragic ground
Año de publicación: 1944
Traducción: José Luis Piquero
Valoración: muy recomendable

Tercer Caldwell en menos de tres meses. Tercer rictus de estupefacción que se me queda en la cara. Cómo podíamos estar ignorando un escritor de esta talla. Quizás, porque cierto sentido del esnobismo nos haga inclinarnos por escritores, como Faulkner, que no fueron tan exitosos en lo comercial. Caldwell vendió millones, ya lo dije. Y Caldwell fue prolífico, también. Y, si vamos a ser sinceros, sus novelas no plantean tantos retos al lector; son lineales, una cosa pasa detrás de otra, el narrador no cambia. Cumple, entonces, con ciertos requisitos que lo acercan a un espectro más amplio de lectores. Claro que uno debe disponer de cierta actitud para acercarse a sus novelas, y esa actitud incluiría, por ejemplo, aceptar cierto tratamiento casi "humoristico" para cosas que son muy serias. Cuando Floyd habla de llevarse al montón de hijas que ha ido engendrando a su mujer para ahogarlas, solo con tal de evitar a ellas y a sí mismo todas las desgracias que parecen cernirse sobre ellos, uno ha de hacer un esfuerzo para relativizar la barbarie de que estamos hablando. 
Floyd es el vecino de Spence Douthit, otro personaje caldwelliano de extraño nombre y actitud hacia la vida marcada por una letal combinación de desarraigo, vagancia, mala fortuna y patética resignación. Spence dice que sus defectos le agarran , que no tiene cuajo para luchar contra ellos, y aunque su entorno no lo pone nada sencillo, hay que decir que él cede con suma facilidad.
Todos ellos viven en un lugar llamado Pobre Chico, una especie de suburbio donde se hacinan personas cuyo único vínculo común es su condición de víctimas de la más absoluta miseria.
Maud, esposa de Spence, una mujer confinada entre la cama y la botella de tónico del doctor Mundley, o sea, alcoholizada e incapaz de dominar su carácter, agresivo, errático, volátil. Libby, hija mayor, loca por huir del insano ambiente del hogar, que es, en una de las primeras escenas sorprendida por su padre en la cama con su novio. Mavis, que ya ha escapado de su familia, con trece años y tras ser violentada por un vecino, para emplearse en un prostíbulo, captada por Bubber, un bobalicón corruptor de menores de la peor calaña. Lo que se dice todo un panorama. Spence, sin trabajo después de que la fabrica de pólvora en que trabajaba fuera desmantelada, no es capaz de controlar nada de lo que sucede a su alrededor. Sus ideas para salir adelante son cada vez más extrañas y estrafalarias, coincidiendo todas siempre en la elusión escrupulosa de cualquier responsabilidad. No vayamos a buscar trabajo, no sea que lo encontremos. Pero sí se puede buscar un novio con dinero que despose con Mavis, ahora que su experiencia en el prostíbulo ya le permite satisfacerlo. Spence Douthit, que culpa a cualquiera de sus desgracias menos a sí mismo, espera que cualquiera le saque de su nido de ratas.

El constante coqueteo con el desastre se concretará, claro. La familia es objeto de la atención de un par de trabajadoras sociales cuya misión no parece ser la de enmendar su situación, sino la de mejorar su propia estadística apartando a la familia hacia otro entorno más alejado. Pero Spence es capaz de acabar con la paciencia de cualquiera. Antes comprar tabaco, o bebida, que comida. Antes aprovecharse de la buena voluntad de las personas que hacer el mínimo esfuerzo. Demasiados impedimentos. El calor. Las moscas. Las tentaciones.

Lleno de episodios a la vez tristes y descacharrantes, la privilegiada condición de Caldwell para dibujar situaciones a través de diálogos arrastra e involucra al lector. De una manera particularmente seductora, pues sus novelas están gobernadas por un patrón común, pero cada una de ellas no deja de sorprender, cargando la tinta en un sentido u otro, pero siempre flirteando con alguna tragedia que se sucede, casi, por circunstancias aleatorias.

En un mundo gobernado por las desigualdades, las novelas de Caldwell, no, por situarse lejanas en el tiempo, han perdido un ápice de frescura y de actualidad.

También de Caldwell en UnLibroAlDía: El camino del tabaco, La parcela de Dios

lunes, 6 de julio de 2015

Cristina Fernández Cubas: La habitación de Nona

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable

Para el gran público, Cristina Fernández Cubas es prácticamente desconocida (o por lo menos eso pienso yo); es en cambio mucho más prestigiosa entre los escritores y los críticos, que la reconocen como una de las grandes cuentistas del panorama literario español actual. Quizás sea precisamente por haberse especializado en el cuento por lo que es menos conocida que otras escritoras, lo que no deja de ser injusto porque no es inferior a ninguna de ellas. Es verdad que su novela policiaco-fantástica La puerta de atrás puede considerarse un experimento relativamente fallido, pero en cambio el ensayo (o conjunto de ensayos) Cosas que ya no existen es una obra magnífica en su género, que no está muy claro cuál es.

En La habitación de Nona, Cristina Fernández Cubas vuelve a su terreno favorito: el relato, que viene cultivando desde que en 1980 publicó Mi hermana Elba. Y en concreto, el relato con tintes fantásticos, aunque no siempre pueda encajarse estrictamente en el género, si entendemos que para ello debe aparecer algún elemento sobrenatural.

El primer relato del volumen, el que le da título, es un ejemplo perfecto del estilo y las técnicas de Fernández Cubas: centrado en la relación de la narradora con su hermana Nona, una niña "especial", el relato se mueve en el terreno de la ambigüedad sobre la veracidad de lo que se nos está contando, y camina sobre la frágil frontera entre imaginación y realidad, sobre todo cuando el punto de vista es el de un niño. Por un momento parece que el relato va a terminar con una conclusión tradicional, en la que el lector recibe una respuesta que explica retrospectivamente todo el texto (al estilo de El sexto sentido) pero hábilmente Fernández Cubas rechaza esa opción, y vuelve a llevar al lector al campo de la ambigüedad y la duda. Es en este relato, en este tipo de relatos, donde la escritora explora las posibilidades del relato fantástico en el siglo XXI.

Otros relatos del volumen son en cambio más tradicionales, es decir, más "siglo XX". El segundo cuento, por ejemplo, cae dentro de la categoría de "relato con sorpresa", y lo fía casi todo a una revelación final que no es en realidad tan sorprendente. "Interno con figura" juega con la autoficción (se menciona, por ejemplo, un relato protagonizado por una niña llamada Nona), al igual que "La nueva vida"; "El final de Barbro" es una historia de tensiones familiares muy bien construida y muy bien contada, pero más tradicional que el resto, mientras que "Días entre los Wasi-Wano" mezcla esto mismo con la posibilidad de otra dimensión fantástica superpuesta, aunque nunca claramente desarrollada.

Como era esperable en su autora, La habitación de Nona es un muy buen libro de relatos: conjuga su capacidad para insinuar la presencia de mundos subterráneos e invisibles que subyacen al nuestro, con una destreza técnica y estilística admirable. Quizás sea un volumen algo irregular, en el que destacan ciertos cuentos (sobre todo el primero, o "Interno con figura"), y otros en cambio resultan más planos ("Hablar con viejas" o "El final de Barbro"). Es en todo caso una más que digna adición a la larga bibliografía de la autora, un referente indispensable del relato español contemporáneo.

También de Cristina Fernández Cubas en ULAD: Cosas que ya no existenLa puerta entreabierta (como Fernanda Kubbs)Parientes pobres del Diablo, El año de Gracia

domingo, 5 de julio de 2015

Jorge Luis Borges: Poesía completa

Idioma: español
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable


Reconozco (y que conste que no me vanaglorio de ello, sino que lo admito como una de mis carencias) que nunca he sido un lector asiduo de poesía; de hecho, tampoco lo he sido más que de un puñado de autores (Quevedo, Machado, Gil de Biedma). Es más, creo que el poeta que más he frecuentado, de una forma u otra, resulta ser uno que no suele recordarse como tal, aunque sin embargo este libro que hoy reseño deja constancia inequívoca de su fiel dedicación a este género a lo largo de toda su vida.
Se trata de Jorge Luis Borges, tan idolatrado a menudo -aunque también desdeñado por algunos- como ilustre cultivador de la narrativa breve, del cuento o la digresión... e incluso poseedor de una mirada literario-filosófica peculiar: lo "borgiano", concepto imitado luego por muchos epígonos, con desigual -y por lo general, escasa- fortuna. Y sin embargo, Borges comenzó y acabó su carrera literaria como poeta: en una época tan temprana como 1921, publicó Fervor de Buenos Aires, y en 1985, un año antes de su muerte, salió su último libro de poemas, Los conjurados.
A lo largo de esos más de 60 años,  Borges generó una obra poética demasiado vasta como para resumirla en esta reseña.  Tan sólo decir que evolucionó desde uns bisoñez afectada, de iinspiración modernista (movimiento que el Borges poeta reivindicaría siempre como origen de sus versos, aunque en general descreyera de las escuelas literarias! que juzgaba "simulacros didácticos para simplificar lo que enseñan"), con cierta querencia por el criollismo patriótico,  el exotismo y cierta morbosidad romántica (ahí están los poemas a los cementerios de Buenos Aires: La Chacarita y La Recoleta); como él mismo admitía en un prólogo,  "de joven buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha..." Son los poemas de Fervor de Buenos AiresLuna de enfrente (1925) y Cuaderno de San Martín  (1929).
Sus versos de la edad madura ya han cambiado de tono y de intereses (aunque nunca renunciaría su criollismo y aun "gauchismo", como demuestran las milongas de Para las seis cuerdas, del año 1965), e incluso de métricas: siempre reivindicó el verso libre, pero cultivó también el soneto -con variables resultados- y, cada vez más,  la "prosa poética". Para El hacedor (1960) los temas que le cautivan son la eternidad, cierta metafísica (Los espejos) y la épica, incluso familiar (Los Borges, El capitán Borges). A este libro corresponde una de las poesías más conocidas del autor -recordemos que fue nombrado director de la Biblioteca nacional y al poco se quedó ciego-, El poema de los dones, que comienza así:

                                        Nadie rebaje a lágrima o reproche
                                        esta declaración de la maestría
                                        de Dios, que con magnífica ironía
                                        me dio a la vez los libros y la noche.

Su libro favorito de versos era, sin embargo, El otro, el mismo, de 1967, en el que reconoce: "Ahí están asimismo mis hábitos: Buenos Aires, el culto de los mayores, la contradicción del tiempo que pasa y de la identidad que perdura..." Admite además, con ironía, la observación hecha por Alberto Hidalgo de su costumbre de escribir dos veces la misma página, con variaciones mínimas, Y también pergeña una definición del arte poética: "Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto".
En Elogio de la sombra (1969) dice: "A los espejos, laberintos y espadas que ya prevé mi resignado lector, se ha agregado dos temas nuevos: la vejez y la muerte". Este libro, de hecho, inaugura la muy fecunda serie de lo que podríamos llamar "poemas de vejez" de Borges: El oro de los tigres (1972), La rosa profunda (1975), La moneda de hierro (1976), Historia de la noche (1977), La cifra (1981) y Los conjurados (1985)... multitud de poemas y de prosas poéticas en las que trató de proyectar la emoción íntima que le causaba "una observación, una despedida, un encuentro, uno de esos curiosos arabescos en que se complace el azar...", pues, según él, "un volumen de versos no es otra cosa que una sucesión de ejercicios mágicos".
No me resisto a reproducir aquí, como perfecta plasmación -creo- de lo que fue la obra y tal vez la vida de Borges, uno de sus poemas, la tanka nº 6 que aparece en El oro de los tigres:

                                                          No haber caído
                                                          como otros de mi sangre
                                                          en la batalla.
                                                          Ser en la vana noche
                                                          el que cuenta los versos.




Otros libros de Jorge Luis Borges en Un Libro al Día: AtlasEl hacedorCrónicas de Bustos DomecqEl informe de BrodieOtras inquisicionesEl AlephArte poéticaSiete nochesQué es el budismoAutobiografíaHistoria de la eternidadHistoria universal de la infamiaDiscusiónFervor de Buenos AiresEl libro de arenaAntología de la literatura fantásticaFicciones

sábado, 4 de julio de 2015

Colaboración: Ánima de Wajdi Mouawad

Idioma original: francés
Título original: Anima
Año de publicación: 2012
Traducción: Pablo Martín Sánchez
Valoración: Recomendable

A pesar de la crisis del sector editorial el alud de libros que salen a la calle cada día en España es abrumador, 50.000 títulos en el 2014. Para un lector que no sea convulsivo, como yo, hay momentos en los que uno se siente atosigado y perdido; vamos, que no se sabe qué leer o, para ser preciso, qué leer primero. En un primer impulso de filtración leo las solapas de los libros, pero realmente el marketing publicitario consigue que todo sea gris: "conmovedora, divertida y sorprendente; esta novela empuja los límites de la literatura; deslumbrante obra maestra; un tour de force narrativo asombroso; literariamente impactante"… Uno se queda estupefacto ante tanta frase que no expresa nada. Para más complejidad las listas de lo mejor del año y los premios muchas veces tampoco me resuelven la duda. Ante mi desespero recurro a una vía de selección. Confío en las recomendaciones de amigos o conocidos, incluso convenzo a alguno para que lea el libro que a mí me interesa y que me transmita su opinión, hay que tener un poco de paciencia pero me aseguro cierto filtro. Pero claro, también acarrea sus problemas. Según quien me lo recomienda, o la motivación con que lo haga, me haré unas expectativas u otras; cuanto más altas sean estas más difícil será para la obra en cuestión llegar a lo que se espera de ella, y otras veces ocurre lo contrario no me parece tan mala como me habían dicho.

Tras esta larga introducción paso a comentar Ánima, recomendada por un amigo y según parece una gran novela del 2014, año de su publicación en España. Su autor, Wajdi Mouawad, es conocido como dramaturgo, director y actor teatral de éxito. Asimismo la obra ha sido galardonada con varios premios. Hay que reconocer que la obra tiene un buen inicio: los párrafos de la introducción, el misterio de lo que acontece, el punto de vista del narrador (que no desvelaré), la violencia animal del ser humano. Todo nos ofrece unas buenas expectativas. En primer lugar el ya mencionado acierto del punto de vista del narrador, que primero desorienta, luego sorprende, al rato es curioso, pero a las cien páginas aburre. Y lo mismo va sucediendo con el resto de la narración, plagada de buenas ideas e intenciones, pero que en determinado momento son excesivas.

Tal vez el problema está en querer alargar o complicar demasiado la trama por acumulación de material: Mouaward tardo diez años en concluir su novela. Por ejemplo, uno de los protagonistas es un perro, un híbrido entre el Buck de Jack London y la Trixie de William Maxwell, híbrido por motivos bien diferentes; uno es el ser salvaje y la otra tiene su dialogo interior. Pero cuando a eso le añadimos el toque de titán de Hollywood ya nos empieza a sonar raro, es demasiada mezcla. Y con el protagonista principal pasa lo mismo: el pobre tiene que superar mil pruebas, a cuál más dura e inhumana, a lo largo de más de 400 páginas para ser el héroe, o uno de ellos. Eso sí, su personalidad, a pesar de los problemas, las sorpresas y las hojas, no evoluciona lo más mínimo. Demasiadas aventuras, demasiadas historias, o que no se han sabido enlazar correctamente.

Y eso es lo que creo que impide redondear la obra: una historia rocambolesca, con escenas que pueden ser reales pero que su encadenamiento hace un conjunto no creíble, no verosímil, excesivamente artificioso. Suena a película de aventuras o tal vez a teatro, en el sentido de muchas imágenes una detrás de otra (no quiero quitar valor al teatro o al cine, son otra forma de expresión). Aunque contemos la historia más salvaje y la llenemos de sangre, aunque narremos lo bestial que es el ser humano, eso no hace que la obra sea literaria y lo que se cuente esté bien contado. Mouaward tal vez piensa que el hombre de hoy está dormido, y quiere sacudirnos o hacernos reaccionar. Pero cuidado, un texto nos tiene que atraer y arrastrar, no saturar; no por ser más violento nos va a transmitir unas sensaciones más profundas.

Sobre la bestialidad del ser humano cedo la palabra al filosofo Emmanuel Lévinas: «No se trata de dudar de esa miseria humana de esa animalidad. Pero ser hombre es saber que es así. La libertad consiste en saber que la libertad está en peligro. Pero saber o ser consciente es tener tiempo para evitar o prevenir el momento de inhumanidad». (Totalidad e infinito, 1971). En fin, que tal vez esté sugestionado por las expectativas puestas en la novela, en su buen principio, en sus ideas, pero la verdad es que me he ido saltando párrafos, sin perderme nada.

Firmado: Jordi Corominas

También de Wajdi Mouawad en ULAD: Litoral, Incendios, Bosques, Cielos, Todos pájarosAssedegatsUn obús al cor, Madre

viernes, 3 de julio de 2015

Isaac Bashevis Singer: La destrucción de Kreshev

Idioma original: inglés
Titulo original: The destruction of Kreshev
Año de publicación: 1961
Traducción: Rhoda Henelde y Jacob Abecassis
Valoración: muy recomendable

"Yo soy el Espíritu del Mal, Satanás, la serpiente primigenia"

Así se nos presenta este peculiar narrador: fuera sutilezas y fuera cualquier máscara. Sus planes son sencillos, y se resumen en hacer el mal: el mal es su finalidad y los caminos que usa para llegar a él serán más largos y darán más rodeos unos que otros, pero siempre llegan. Y Lise y Shlóimele son solo dos marionetas más en la ejecución de sus planes. Un curioso matrimonio casi planificado por reb Búnim, un plan a priori poco complicado, pero que se tuerce: Porque hay cosas que se tuercen. ¿O no?

Curioso: Bashevis Singer era solo uno de esos escritores que, a raíz de lo de Modiano, me ha dado por averiguar si merecen o no el reconocimiento del Nobel. Y esta corta novela, apenas una hora y media de lectura, que me confirma que es de los que sí lo merecían, se presenta, en su modesto formato, como una obra menor, como un fondo de catálogo. Pero miren, quizás la portada ayuda, pero me sorprende su claustrofóbico aire, casi lovecraftiano. Su cuidado estilo, su riqueza de conceptos a la hora de mostrarnos la existencia en una pequeña comunidad judía en Ucrania, llamada Kreshev, y su apariencia leve. Pero, si vamos a ser justos, nada hay que deje atrás a esta pequeña narración respecto a historias tan concisas pero mucho más afamadas y promocionadas como, por ejemplo, Seda de Baricco. La delicadeza de su vocabulario no ha de engañarnos. Aquí hay mucho vitriolo, mucha crítica de fondo a la asfixiante vida de las pequeñas comunidades, al estricto sentido religioso del judaísmo ortodoxo y, si me aspan, a la hipocresía latente tras la obsesión de ciertas culturas por preservar las apariencias y por perpetuar tradiciones milenarias o centenarias, pero no por ello menos obsoletas. A la dependencia de las pequeñas comunidades de la existencia de un poder económico que les aporte relevancia económica. Con un formidable sentido de la progresión, la historia trágica de este matrimonio concertado, que parece, a priori, tan sencilla e idílica, acaba pendiendo del delicado hilo que es la mente humana, su capacidad de complicar las cosas, su tendencia a la inestabilidad, sus ganas de hurgar en las consecuencias de sus especulaciones.Y Satanás, el mismo que nos sonríe maléfico desde la portada, aplaude satisfecho, pensando si ha intervenido o, simplemente, ha dejado a cada cual comportarse siguiendo sus instintos.

También de Isaac Bashevis Singer en UnLibroAlDía: ShoshaLa familia MoskatEscoriaEl certificado, El seductor, Keyle la PelirrojaUna ventana al mundo y otros relatos

jueves, 2 de julio de 2015

François Truffaut: El cine según Hitchcock

Idioma original: francés
Título original: Le Cinéma selon Hitchcock
Año de publicación: 1966 -1983
Traducción: Ramón G. Redondo
Valoración: Imprescindible para amantes del cine.
De lo más recomendable para todos los demás.

Los aficionados al cine sin duda ya conocerán este libro, casi mítico, en el que el gran director Alfred Hitchcock hizo un repaso a toda su extensa carrera -y a su modo de ver la vida, en gran medida-entrevistado por otro grande detrás de las cámaras, François Truffaut, que por entonces ya había dirigido alguno se sus títulos más memorables (Jules y Jim), pero cuyo pasado reciente era el de crítico de Cahiers du Cinéma (es más, ya había entrevistado a Hitchcock en 1955 para esa revista). La razón que inspiró a Truffaut a escribir este libro fue darse cuenta de que, mientras en Francia el director londinense era visto un gran y muy personal creador cinematográfico, en Norteamérica era considerado como poco más que un artesano eficaz, de gran éxito pero sin "sustancia"; incluso con una imagen pública superficial y frívola.

Este libro es, por tanto, una vindicación, pero en absoluto una defensa desbocada -aunque sí apasionada-de la obra del director británico. de hecho, Truffaut se planteó las entrevistas de una forma absolutamente organizada, con un guión o esquema previo: 

a/ Circunstancias que rodearon el nacimiento de cada film.
b/Elaboración y construcción del guión.
c/Los problemas particulares de la puesta en escena de cada film.
d/La estimación personal del resultado comercial y artístico de cada película.

Con este esquema,. que se va repitiendo a lo largo del libro, pero nunca cae en la monotonía de un interrogatorio -el tono general es más bien el de una conversación profunda entre dos profesionales e innovadores de su disciplina artística-, ambos van haciendo un repaso a la carrera de Hitchcock desde sus primeros trabajos como ayudante de dirección y guionista, en 1922, y luego director (la primera película que dirigió al completo fue, en 1925, un film anglo-alemán, El jardín de la alegría), hasta sus últimos trabajos (La trama, de 1976). Lógicamente, Truffaut realizó para ellos nuevas entrevistas aHitchcock, después de las primeras, que se llevaron a cabo en 1962 -durante el montaje de Los pájaros, nada menos-, alguna incluso para la televisión, y así fue testigo del extrañamiento hacia el cine de los 70 -pues no sería justo denominar a ese proceso "decadencia"- del director de Vértigo o Psicosis. Gracias a este libro podemos conocer las circunstancias que rodearon la realización de éstos y otros legendarios filmes, auténticas obras maestras del cine. Cómo evolucionaron los guiones desde la idea inicial, por qué se eligió a este o al otro actor...y sobre todo, actriz, qué problemas técnicos surgieron en los rodajes (un aspecto que quizá no interese tanto al público en general pero que a los propios Hitchcock y Truffaut les resultaba fundamental y decisivo para el resultado final de cada film)....Qué pretendía mostrar o insinuar el director en cada escena y por qué motivo la rodó así y no de otra manera... En definitiva, una auténtica disección de la obra de uno de los genios fundamentales de ese arte propio de los últimos 120 años que es el cine. Uno que, además, supo mantener su mirada peculiar y única, aun dentro de la industria del cine más comercial.

Un libro además, escrito de una forma amena y con un resultado apasionante. En realidad tampoco importa tanto si el posible lector le gusta mucho el cine o no, o si es fan de la obra de Alfred Hitchcock: el libro en sí mismo resulta delicioso y absorbente; no sólo recomendable, sino necesariamente imprescindible.



miércoles, 1 de julio de 2015

Colaboración: ¡Vivir! de Yu Hua

Idioma original: chino
Título original: Huozhe 
Año de publicación: 1992
Traducción: Anne-Helène Suárez Girard
Valoración: Imprescindible

Quien está acostumbrado a inmiscuirse en la exploración del análisis del ámbito cinematográfico acaba por saber apreciar el fondo, es decir, la teoría de la puesta en escena, la manera en el que el cineasta interpela al espectador, y el contenido, el relato que trata de contar, como un todo indisoluble. Obviamente, en el notablemente más anciano y experimentado arte literario, la manera de abarcar una novela un escritor no se queda atrás. No obstante, pocas veces se experimenta un sincronización tan grande entre forma y fondo que casen tan bien como lo hacen en la novela del chino Yu Hua ¡Vivir! (1992). El novelista, que alcanzó su popularidad haciéndose con el James Joyce Foundation Award, logró con esta obra colocarla entre las diez más influyentes de la década de los noventa en China. No es de extrañar, pues, que un cineasta tan ensimismado en la profundización de la China de provincias y la vida rural durante el siglo XX como es Zhang Yimou, sobre todo en la década en la que se escribió la novela, acabara dando vida (nunca mejor dicho) a su versión cinematográfica.

El narrador de la obra, en primera persona, se entrevista con el viejo Fugui, quien ocupa casi todas las letras de la novela para explicar a su interlocutor, y a su vez al lector, la historia de su vida. Fugui fue un señorito venido a menos por su mala cabeza, que hizo pocos esfuerzos en cultivar su intelecto en el momento en el que pudo, por lo que su narración carece de cualquier tipo de florituras: habla de una manera llana y concisa, directamente al grano y sin desprenderse de su propia subjetividad en ningún momento. No espere el lector encontrarse con adornadas palabras que contrasten con la hostilidad de la contado (véase por ejemplo la novela epistolar picaresca de 1926 Don Segundo Sombra del argentino Ricardo Güiraldes): aquí la voz de Fugui será igual de dura, abrupta y doliente como el tratado sobre las penurias humanas a la que la historia se remite.

¡Vivir! trata sobre las vivencias humanas, la lucha por la supervivencia y sus rifirrafes con la muerte y las desgracias, pero no se queda ahí. Yu Hua ofrece un retrato existencial de cómo afectaron a la población rural los cambios de un periodo muy convulso dentro del contexto de la historia de China. El relato narrado por el propio Fugui, no incide en las raíces ni en los juicios morales sobre esta más de lo que le resulta totalmente inmediato; sin embargo, el lector chino, conocedor de la historia reciente de su país, comprende fácilmente el desarrollo de los acontecimientos.

Es por eso por lo que para el lector poco entendido en la historia del gigante asiático, es posible no llegar a comprender la novela en su totalidad, al menos desde su visión política. Y es que lo que Fugui vive es ni más ni menos que la guerra civil que enfrentó al Guomindang de Chan Kai Shek, líder nacionalista aliado de EEUU, en el que él, sin saber de qué va todo eso, se ve forzosamente enrolado, y las milicias comunistas de Mao Zedong, quienes remontaron la debilidad mostrada después de la invasión japonesa para poder hacerse con el poder en China expulsando a los nacionalistas a la isla de Taiwán, donde se mantuvieron autoproclamando China de cara a las Naciones Unidas.

Finalizada la guerra, sufre las consecuencias del Gran Paso Adelante, vive en sus carnes la fundación de acero (no olvidemos el detalle del Jefe de Equipo exclamando con alegría que podrán bombardear a Chang Kai Shek en Taiwán), las comunas alimenticias y el inicio de las grandes hambrunas que fueron consecuencia directa de estas políticas. Por último, debido a la revolución cultural, se verá mareado por una imperiosa necesidad de la juventud por condenar a los viejos jefes, tachándolos de reaccionarios. Aquí hay que felicitar a Zhang Yumou, quien en su adaptación fílmica es más feroz en su crítica, sobre todo en la escena en la que los doctores son expulsados del hospital por unas enfermeras jóvenes e inexpertas, pero fervientemente revolucionarias. No menos duras son las escenas ofrecidas por otro cineasta, Chen Kaige, en su inolvidable palma de oro en Cannes Adiós a mi concubina (1993).

Y sin embargo, aunque el contexto histórico destila una de las esencias más valiosas de la novela, no hemos de olvidar de que lo que realmente trata es de profundizar de manera llana y directa en el potencial que desprenden las pasiones humanas. La mezquindad de Fugui, atada siempre al aburrimiento de una vida fácil, le sumerge en el egoísmo más malsano y en la total alienación respecto a las relaciones humanas. No será hasta el momento en el que cae en desgracia que sabrá valorar aquel amor recibido durante años y sentirá remordimientos por su mal comportamiento. Bajar del pedestal desde donde humillaba a los demás le hace sufrir en carnes propias lo que es encontrarse en el lado pobre de la vida. No obstante, se hallará tan solo ante el inicio de una epopeya existencial que le obligará a enfrentarse de cara con lo más duro de la vida y de la muerte. Asistirá al nacimiento de nuevas vidas y a la muerte de otras. Será entonces cuando tomará autoconciencia de su propia educación emocional, reflexionando sobre sus equivocaciones a la hora de tratar a los demás, intentando, dentro de lo humanamente posible, encontrar un equilibrio entre las decisiones racionales y las emocionales, aunque esto le lleve a diversos conflictos familiares fruto de su rudeza y tradicionalismo propios de un hombre en el contexto de la época.  

¡Vivir! se vale de la narración del anciano que cuenta su historia para apelar a un torrente de emociones humanas que a la vez que nos horroriza, sobre todo en la tristeza en la que se retrata la resignación de las miserias morales, nos invita a entender ese misterioso ímpetu del que hacen sus protagonistas por luchar contra las adversidades y afrontar la vida. Y es que los sentimientos amorosos hacia su propia familia serán los lazos que unan su supervivencia, aunque también por el que llorarán sus pérdidas y desgracias.

Firmado: Luis Suñer