viernes, 8 de abril de 2011

Jorge Luis Borges: El hacedor

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 1960  
Valoración: muy recomendable

Esta vez tengo una buena excusa para avanzar otro pequeño trecho de mi taimado proyecto "Todo Borges": se ha publicado hace poco el remake que ha hecho Fernández Mallo de este libro en cuestión. Estoy leyendo la versión nocillesca y no quería dejar de hacer reseña del original antes de dedicarme a la copia. Lógico, ¿no? Platónico, al menos.

Este es quizá el libro más heterogéneo de Jorge Luis Borges (en dura competición con Atlas). En él hay relato, poesía y ensayo: o sea, todo lo que Borges sabía hacer e hizo. Como es habitual en toda su obra, los límites entre géneros no están nada claros. Los poemas son lo más reflexivo de todo el libro, mientras que no hay ningún ensayo que no se convierta en narración. Lo peculiar de El hacedor es su falta de propósito y de unidad.

Las piezas que lo componen incluso fueron escritas en diversos momentos. Sin embargo, o precisamente por eso, se trata de uno de los libros más inconfundiblemente borgianos. Los espejos, la ceguera, el anhelo imposible de encerrar el mundo en la palabra, el anglosajón y sus mitologías, Dante: todas las obsesiones de Borges están aquí. Contiene textos celebérrimos como el "Poema de los dones" o "Borges y yo". Si tuviera que elegir, yo me quedaría con dos. Uno se titula "Ragnarök" y narra un supuesto sueño del propio Borges. En el sueño, los Dioses vuelven tras un exilio de siglos, pero lo que al principio es entusiasmo colectivo no tarda en truncarse... El otro pertenece a la parte final del libro, que está separada del resto bajo el título "Museo". En esta parte Borges se dedica a lo que mejor sabía hacer: el fake, el extracto de erudición apócrifa. La pieza a la que me refiero también es bastante conocida, y probablemente sea uno de los textos literarios más citados por lógicos, filósofos y críticos de arte: "Del rigor en la ciencia". Lo podéis escuchar aquí.

No es un "imprescindible" a la altura de Ficciones, por ejemplo, pero sí es un gran texto, que debéis correr a leer si es que no lo habéis hecho ya. Y por favor, ni se os ocurra leeros antes el remake de Fernández Mallo.  


Otras obras de Jorge Luis Borges en ULAD: Aquí

1 comentario:

Anónimo dijo...

Fue el primer libro de Borges que leí en mi vida. Lo encontré, rebuscando al acaso, en la biblioteca de mi abuelo. Un pequeño volumen en rústica de Emecé, de cubierta verdosa e inexpresiva. Pero en cuanto le eché el ojo al contenido... No fue lo primero del argentino que cayó en mis manos, a decir verdad. Lo primero fue un fragmento de "El aleph" en "El retorno de los brujos" de Pauwels y Bergier. Lo segundo, "Las ruinas circulares", en el libro de literatura del colegio. Este último me causó fuerte impresión, aunque quizá a mis 15 años estaba un poco verde para darme cuenta del todo. Pero con "El hacedor" (que leí a los 17) obraron la magia, el deslumbramiento, el juego y la reverencia. "La lluvia" fue el primer poema que sentí profundamente -allí está la emoción pudorosa pero fortísima de Borges-; "Ariosto y los árabes" y el "Poema de los dones" me descubrieron que la mejor poesía, como la mejor música, no tiene que ser una apelación exclusiva al sentimiento. Y qué decir de las prosas y los microensayos como "Argumentum Ornithologicum", "Parábola del palacio", "Un problema", "El hacedor", "Everything and nothing" o el citado "Del arte de la cartografía"... Era un librito en verdad engañoso mi hallazgo: tan modesto por fuera, casi infinito por dentro. Y es que Borges no escribe en español sino en Borges, y en cada verso y en cada línea puede aguardarnos la felicidad. Por descontado, desde aquel día me propuse ir detrás de todo lo que de Borges pudiera encontrar. Y si bien releerlo cada cierto tiempo es una dicha cabal, siempre recordaré el deslumbramiento que me produjo el texto aquella primera vez.

Aún conservo ese librito entre mis cosas. Es uno de mis tesoros más personales.

Gracias, maestro Borges, donde quiera que esté ahora. En verdad, más de un verso suyo perdura en la noche propicia a la memoria o en las mañanas de los hombres.

Pedro D. C. M.