martes, 26 de abril de 2011

Tony Judt: Algo va mal


Idioma original: inglés
Título original: III Fares the Land
Año de publicación: 2010
Valoración: Recomendable

Esta obra póstuma de Tony Judt - profesor británico afincado en Estados Unidos, autor de ensayos importantes y reputado articulista – podría molestar a los que piensen de forma distinta suponiendo que alguno de ellos llegue a leerla. Pues, aunque está claro que su intención era otra: tratar de persuadir al norteamericano medio – tan hostil como todos sabemos a esta clase de cuestiones – de los beneficios de cierta intervención estatal en asuntos económicos, lo cierto es que la gran mayoría de sus lectores ya estarán convencidos de antemano y, quizá, considerarán obvios sus argumentos e, incluso, su postura excesivamente cauta. Pero, como él mismo se encarga de aclarar, la suya es una voz disidente en un mundo conquistado por la pretendidamente infalible ciencia económica – incluso ahora, cuando la realidad la ha puesto contra las cuerdas – donde las leyes del mercado no deben discutirse jamás. Precisamente uno de sus mayores méritos es la sensación constante de que no está abordando ninguna novedad, sensación causada por su razonamiento irreprochable, la claridad de sus planteamientos y su excelente síntesis de los antecedentes históricos. Aunque resulte algo repetitivo – probablemente a causa de un propósito didáctico que no oculta – y no es tan sistemático como debería, éste es un volumen de divulgación que hacía falta, que seguirá vigente muchos años y fue objeto de un trabajo febril en los últimos meses de la vida de Judt, que se daba cuenta de que se le acababa el tiempo.

El autor aborda los fundamentos éticos de esta intervención y su justificación histórica, insiste en el hecho de que un estado que se inhibe de la marcha económica de un país no es necesariamente más democrático y que ciertas limitaciones de la libertad individual, como “las cámaras de circuito cerrado, los rescates estatales de bancos de inversión demasiado grandes para dejarlos caer, las escuchas telefónicas y las costosas guerras en otros países”, pueden resultar al ciudadano mucho más agobiantes que los impuestos. Considera que las dos grandes causas de la decadencia de la izquierda de posguerra en los países occidentales son: la aparición, en los años 70, de una nueva izquierda individualista que, por razones de edad, no estaba tan convencida como sus padres de la necesidad de cooperación social y, en segundo lugar, el triunfo de la Escuela de Chicago, basada en las ideas de economistas austriacos de posguerra traumatizados por la experiencia del nazismo.

Las consecuencias están a la vista, en unos países más claramente que en otros. Por ejemplo, internet acorta distancias, difunde noticias de forma inmediata pero, en lo que concierne a la opinión pública y como sustituto de la prensa escrita, uniformiza los puntos de vista y propicia una visión de los hechos bastante más superficial. Además, todo es susceptible de privatizarse: los servicios postales, la sanidad, la seguridad ciudadana, los suministros de los ejércitos, ciertas áreas exclusivas de las grandes ciudades. Ni siquiera se salvan los clubes de futbol. La relajación ética a que todo esto puede dar lugar son más que evidentes. En palabras del propio Juddt “una vez que dejamos de valorar más lo público que lo privado, seguramente estamos abocados a no entender por qué hemos de valorar más la ley que la fuerza”.

Pero la tributación progresiva está desacreditada en Estados Unidos y, si bien cada vez menos, ha sido asumida en Europa por la mayoría de los partidos de derecha. En consecuencia, la izquierda no tiene hoy día mucho que ofrecer a no ser que se reinvente a sí misma. Y no es cierto que, como desde hace tiempo se quiere dar a entender, hoy día los conceptos izquierda y derecha hayan perdido vigencia. Como él dice, “los que se ganan la vida con su trabajo no quieren lo mismo que los que viven de dividendos e inversiones, los que no necesitan servicios públicos no quieren lo mismo que los que dependen de ellos, los que se benefician de la guerra tienen objetivos distintos de los que se oponen a ella” y así sucesivamente.

En resumen, ni el crecimiento ininterrumpido de los mercados, a costa de lo que sea, y en detrimento de las economías individuales de los que están por debajo en la escala social, es lo mejor que les puede ocurrir a los países ni es inevitable como se nos quiere hacer creer. Judt defiende la reincorporación del argumento ético dentro del discurso político del que formó parte indiscutible después de las dos grandes guerras y del que nunca se debió prescindir. Sobre todo porque el mundo se ha vuelto realmente peligroso desde el momento que “quienes ostentan el poder también han perdido el control, que ahora está en manos de fuerzas que se encuentran fuera de su alcance.”

9 comentarios:

Santi dijo...

Pues tiene buena pinta. Probablemente, como tú dices, no añade nada a lo que ya sabemos todos, pero está bien decirlo. A ver si también esta entrada es tan polémica como la de Indignaos :)

izas dijo...

estoy con santi, tiene MUY buena pinta

Montuenga dijo...

De verdad que merece la pena. Añade una base histórica sencilla a los argumentos de los que pensamos más o menos como él y quizá algún argumento que no se nos había ocurrido. Y lo ideal es que lo lea con mente abierta mucha gente de a pie, los que no tienen nada que ganar con el liberalismo salvaje pero lo apoyan porque les han convencido de que es lo más conveniente (o inteligente, o científico).

Montuenga dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Montuenga dijo...

Dejo el enlace a este artículo que acabo de leer:

http://www.elpais.com/articulo/
opinion/Quiebra/moral/economia/
mercado/elpepuopi/
20110418elpepiopi_12/Tes

Maese Salakov dijo...

Yo le tengo más ganas a "El refugio de la memoria", del mismo autor. ¿Os lo habéis leído alguno? ¿Y es tan recomendable como espero?

Anónimo dijo...

coño! claro que vaís a encontrar nueva información! que os pensáis? si TODOS supiésemos todos los sucesos, transformacipnes y procesos que relata el ensayo, NO nos dejaríamos influenciar y manipular del modo en que lo permitimos y no estaríamos hablando de esto ahora mismo, porque, entre otras cosas, no hubiese hecho falta su elaboración (que la tiene, y mucho)
saludos y gracias al blog por tratar este gran autor,

Anónimo dijo...

Buen libro, didáctico y con una idea de actuación que nos lega el abuelo total: llamemos a las cosas por su nombre y con un nuevo discurso cambiemos el sistema desde dentro.

Diego Escribano C. dijo...

Necesario libro,sin duda.