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miércoles, 15 de noviembre de 2023

Natsume Soseki: El caminante

Idioma original: Japonés
Título original: Kōjin
Traducción: Yoko Ogihara / Fernando Cordobés
Año de publicación: 1912
Valoración: Recomendable (con matices)

El caminante es una novela muy japonesa. Su formato, registro, tono, enfoque temático, ambientación y personajes así lo acreditan. No es para menos; la escribió Natsume Soseki, considerado el padre de la literatura moderna nipona, en su madurez.

Personalmente, la he gozado muchísimo. Sin embargo, creo que no es accesible para el público occidental poco habituado a este tipo de obras. Y es que la sensibilidad japonesa presente en estas páginas es, como sugería antes, abrumadora. Por lo tanto, un lector que demande una estructura familiar de inicio, nudo y desenlace, o requiera de acción y dramatismo, abandonará la ficción de Soseki con toda seguridad.

Porque El caminante presenta una prosa lánguida, un argumento lento y unos personajes que callan más que dicen. Porque no suceden acontecimientos extraordinarios en esta historia, salvo alguna gesta de la naturaleza. Porque el autor se toma su tiempo a la hora de aclarar quién es el protagonista y concretar conceptos relevantes como el de la religión. Porque su final es totalmente abierto.

Pero bueno, ¿de qué trata esta novela? A Ichiro (un profesor universitario muy inteligente y sensible, primogénito de su familia), le angustia la existencia. La gente de su alrededor (su hermano soltero Jiro, narrador de la historia, su mujer Nao y otros familiares, amigos y conocidos) lidia con él como puede. 

De las muchas virtudes de El caminante, destacaría las siguientes:

  • Su capacidad para dotar a la cotidianidad con una textura marcadamente literaria. Como muestra, un botón: la convalecencia de Misawa, amigo de Jiro, es mundana, pero también bella y triste. 
  • La morosidad de su prosa.
  • Sus personajes son sumamente complejos y, por si esto fuera poco, su caracterización se expande constantemente.
  • Las interacciones entre personajes brillan en su oblicuo resplandor. Por ejemplo, resaltaría el tenue amor que parece sentir Jiro por su cuñada.
  • Explora sus temas con una profundidad y desde un ángulo exquisito: el egoísmo, el afecto ambivalente, la soledad, la incomunicación con el otro, la tradición erosionada, las tensiones entre sexos, las idiosincrasias familiares...
  • Desribe ciertas escenas magistralmente, como esa en que Jiro y Nao deben pasar una noche juntos en un hotel por culpa de una tormenta.
  • Su sutileza y ambigüedad incitan al lector a rellenar los huecos o interpretar determinadas cuestiones. 
  • Abunda en reflexiones enjundiosas. Esa en que Ichiro habla de la victoria a largo plazo del amor natural, o esa en que Nao lamenta la dependencia de las mujeres, o esa en que el señor H. medita sobre si merece la pena aliviar el sufrimiento de un individuo dotado a cambio de anular su aguda percepción de la vida.

Por otro lado, le reprocharía a El caminante que:

  • Subdivide de forma algo arbitraria ciertos capítulos.
  • El estilo es, en ocasiones, redundante.
  • La historia se podría podar, si nos pusiéramos quisquillosos. Aunque admito que todo lo narrado contribuye, en mayor o menor medida, a descubrirnos recovecos psicológicos, ampliar las perspectivas, espesar el tono o alimentar el ritmo pausado y melancólico.  
  • Introduce personajes que apenas tienen relevancia. Con esto no quiero decir que apenas participen en la trama, lo cual no tiene por qué ser negativo, sino que aportan poco al conjunto.
  • Los personajes postergan constantemente el momento de hablar de algo, lo cual se antoja frustrante e incluso poco verosímil. 

    En fin: El caminante es una novela cuyas virtudes eclipsan holgadamente a sus minúsculos defectos. No obstante, puede llegar a intimidar a quienes no sean amantes de la literatura japonesa, ya que la representa impúdicamente.    


    También de Natsume Soseki en ULAD: Aquí

    jueves, 10 de julio de 2014

    Natsume Sōseki: Soy un gato

    Idioma original: japonés
    Título original: 吾輩は猫である (Wagahai wa neko de aru)
    Año de publicación: 1905-06
    Valoración: está bien / recomendable
    Traductores: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés

    Sí, lo reconozco, me leí este libro por culpa de Fernando Sánchez-Drago, que tenía (¿tiene?) un gato llamado Soseki. (No se me olvida, por cierto, que hace tiempo que prometí en Twitter leerme y reseñar algún libro de Sánchez-Dragó, y todavía no lo he hecho). ¿Me arrepiento de haberlo leído? No. Pero sí.

    A ver, Soy un gato es una novela cómica, satírica, que refleja la evolución de la sociedad japonesa, en particular las clases medias (comerciantes, estudiantes, profesores...) a principios del siglo XX. El dueño del gato, el maestro Kushami, dedica su vida fundamentalmente a charlar con sus amigotes, el sardónico e irreverente Meitei (el personaje más memorable de la novela, después del gato), y el indeciso Kangetsu, que no sabe si dedicar su vida a obtener un doctorado o a buscarse una mujer.

    En Soy un gato hay páginas muy divertidas. Recuerdo, en particular, las páginas en las que el gato comenta las absurdas costumbres de los dueños, en particular la de vestirse con ropas coloridas o darse baños. La novela está además llena de historias contadas por los propios personajes, de forma que a veces tiene cierto aire de Mil y una noches, con historias dentro de historias dentro de historias. La novela está además llenos de diálogos, muchos ridículos, algunos francamente divertidos. Otros no tanto.

    Resulta muy curioso, desde luego, ver lo que la obra tiene de tradicionalmente japonesa, y lo que tiene de occidental. El propio Soseki estudió en Reino Unido, donde conoció la literatura británica, europea y americana, muy presentes en Soy un gato (Tristam Shandy o Las aventuras del gato Murr pueden considerarse antecedentes, en cierto modo, de la obra). Pero también la sociedad japonesa que retrata está en vías de transformación: una larga transformación que solo culminaría tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, y que posteriores escritores japoneses han retatado magistralmente.

    ¿Y por qué digo al principio que no me he arrepentido de leerla, pero sí? Pues porque me he divertido a ratos, ha habido páginas que me han entretenido y otras me han hecho sonreír, pero en conjunto la lectura se me ha hecho larga. Son 656 páginas de sátira de una sociedad que no conozco, y por tanto se me escapan, seguro, muchos referentes, limitando el disfrute de la novela. (Por poner solo un ejemplo, los traductores ingleses de la novela han optado por adaptar los nombres de los personajes para conservar su origen satírico, cosa que no se ha hecho en el texto español).

    En fin, que tiene cierta gracia, la novela; pero quizás no tanta gracia como para justificar 656 páginas de lectura. No lo sé.

    También de Natsume Soseki en ULAD: KokoroEl mineroEl caminante

    lunes, 6 de febrero de 2017

    Natsume Sōseki: Kokoro

    Idioma original: Japonés
    Título original: Sensei no Isho
    Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
    Año de publicación: 1914
    Valoración: Bastante recomendable

    ¡Cuántas veces hemos oído hablar de la Restauración Meiji y qué lejos nos sigue quedando! Ya sea a través de libros de historia, de novelas o de películas, hemos conseguido saber que la Era Meiji (1868-1912) significó la apertura de Japón al mundo, el fin del feudalismo, la modernización del país, etc. En definitiva, un cambio trascendental cuyos efectos modificarían el país para siempre. Pero, a pesar de haber oído y leído cosas sobre esa época, me sigue dando la impresión de ser algo tremendamente lejano, no solo geográfica sino culturalmente, y que desde Occidente no somos capaces de valorar en su justa medida.

    Cuento todo esto porque "Kokoro", además de situarse en el tiempo en el fin de la Era Meiji, bebe de los efectos de los choques (los eternos choques entre "lo viejo y lo nuevo", la tradición y la modernidad) que se produjeron en el Japón de finales del XIX y principios del XX.

    Narrada siempre en primera persona, la novela cuenta, en su primer tercio, la relación (más espiritual que intelectual) entre el narrador, joven estudiante universitario cuyo nombre desconocemos, y Sensei, hombre de mucha más edad que el narrador y marcado por una profunda misantropía y desprecio de sí mismo. 

    En el segundo tercio, el joven narrador se ve obligado a dejar Tokio para regresar a la casa familiar debido a la grave enfermedad de su padre. Pese a esta vuelta, la influencia de Sensei sobre el joven es poderosa y no abandonará sus pensamientos.

    El último tercio es la confesión de Sensei, una larga carta dirigida al narrador en la que hace un repaso a su vida. En ella conoceremos la relación de amistad que mantuvo en su juventud con K y el origen de la misantropía y el desprecio de sí mismo del que hablábamos.

    A lo largo de la novela, los choques derivados de la Restauración Meiji son claros y sus manifestaciones evidentes. Por ejemplo, entre Tokio y el resto del país (la urbe que comienza su modernización contra las provincias ancladas en la tradición), el narrador y su familia (el joven estudiante trasladado a Tokio y su padres, criados en otra época y otro contexto sociocultural absolutamente diferente) o Sensei y K (aquel, en cierta manera, "contaminado" por el ambiente de Tokio, y este, profundamente religioso y con un halo de pureza). Estos choques desencadenarán una serie de conflictos que llevarán a los protagonistas al desengaño y a la culpa, así como a un sentimiento de soledad del que no podrán desprenderse.

    Es, por tanto, Kokoro una novela psicológica que, pese a estar escrita en Japón hace más de cien años, presenta conflictos universales de una forma relativamente amena y sencilla. El problema para un lector occidental, y de ahí la valoración, es que el origen de esos conflictos quizá nos resulte, por momentos, algo difícil de comprender. Pese a todo, se trata de un libro altamente recomendable y disfrutable.

    También de Natsume Soseki en ULAD: Soy un gatoEl mineroEl caminante

    lunes, 18 de diciembre de 2023

    2023 en libros. El único veredicto que vale

    ¡Pues sí, amigos! Llega el día en que todas las listas de "lo mejor de 2023" palidecen, pese al título de la entrada, ante la proverbial independencia, modestia y buen gusto de los reseñistas de ULAD. Porque no estamos ante la lista de los invitados a la boda del crítico de turno (no, Babelia y El Cultural, no estamos diciendo que vosotros hagáis eso) y porque no pretendemos sentar cátedra diciendo qué es lo mejor que se ha publicado en 2023 (¡coño, que hay tropecientas mil novedades y habremos leído un 0,0001%!). Esto solamente es, nada más y nada menos, lo mejor que hemos leído en 2023.

    No podemos dar paso a la lista sin antes recordar lo que para nosotros ha sido la peor noticia que nos ha podido dejar este 2023: el fallecimiento, en el mes de agosto, de nuestro compañero Emilio. Las reseñas que dejó programadas y que hemos ido publicando estos últimos meses dan idea de lo que para Emilio fueron sus mejores lecturas del año.

    Sin más, aquí tenéis nuestro dictamen

    El veredicto de Koldo (por ahora):


    La sentencia de Juan:

    Palabra de Oriol:

    La sentencia de Francesc:
     
          No muy bien habrá ido la cosa cuando he tenido que revisitar mis reseñas para poder componer esta lista. Así que
    • Recuerdos que prevalecen sin excesivo esfuerzo, o sea, MUY BIEN: Material de construcción de Eider Rodríguez, o cómo lidiar bien, literariamente, con la pérdida, y Les voltes del món de Tuli Márquez, a ver si el mundo editorial se entera del talento de este hombre y se le traduce al español.
    • Demasiados ensayos que se han quedado a medias o que me ha dado la impresión de que no conectan profundamente con la realidad, así que no los mencionaré. La realidad no lo pone fácil, cambiando cada dos por tres.
    • Alguna biografía musical que tiene más pulsación narrativa que mucha narrativa, como Bobby Gillespie en Un chaval del barrio o Jarvis Cocker en Buen Pop Mal Pop
    • Extraño reencuentro por partida doble con Houellebecq, del cual Unos meses de mi vida me ha mostrado una sorprendente actitud frágil y victimista. Curioso que su acercamiento a sí mismo le haya hecho desenfocar su aguda visión de la sociedad.
    • Y a ver si las cosas mejoran. O sea, que los tótems atinen o que las eternas promesas se consoliden. Ya, por favor.

    El panegírico de Santi

    En un año de bastantes pocas lecturas (una vez más), afortunadamente ha habido algunas buenas o muy buenas:

    Resolución (recurrible) de Carlos

    El dictamen de Marc:
    • Libro del año: «Un caballero en Moscú», de Amor Towles
    • Ensayo del año: «La supervivencia de los más ricos», de Douglas Rushkoff
    • Grandes consolidaciones en narrativa: Xavier Mas Craviotto, por «La pell del món»
    • Descubrimientos del año (autores): Byung-Chul Han con «La expulsión de lo distinto»
    • Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Amor Towles, Paul Auster
    • Propósitos para el 2024: más poesía, continuar con más ensayo y reencontrarme con la narrativa tras un año sin grandes lecturas