jueves, 27 de julio de 2023
Arthur Schopenhauer: El arte de tener razón
sábado, 12 de noviembre de 2022
David L. Carlson & Landis Blair: El accidente de caza
Título original: The Hunting Accident: A True Story of Crime & Poetry
Año de publicación: 2017
Traducción: Víctor Manuel García de Isusi
Valoración: entre recomendable y está bien
En 1959 el niño Charlie Rizzo vuelva a Chicago junto a su padre tras haber partido unos años antes con su madre, ahora fallecida. El padre de Charlie es ciego, debido supuestamente a un accidente de caza cuando era joven, y bastante peculiar para el ambiente en el que vive: se dedica a redactar en braille un libro basándose en los más grandes poetas de la literatura y a tratar de inculcar en su hijo valores estéticos y filosóficos. Pero cuando llega a la adolescencia , esta educación contrastará con el influjo de las calles de Little Italy, donde viven y Charlie se juntará con compañías poco recomendables. Además, a partir de cierto incidente, éste descubrirá la verdad sobre la ceguera de su padre, quien tratará de convencer a su hijo para que no se deje arrastrar por el mal camino.
martes, 26 de abril de 2022
Salman Rushdie: La decadencia de Nerón Golden
Título original: The Golden House
Año de publicación: 2017
Valoración: Imprescindible
Tardaré en reponerme de una lectura como esta, en el buen sentido, claro. Ya he comentado mi admiración casi incondicional por Salman Rushdie. ¿Salman o Nerón, por dónde empiezo? Creo que dejaré volar las teclas y que ellas decidan. Este espacio literario que he habitado durante casi veinte días, ¿o debería admitir que me ha abducido? es una de las pocas lecturas dónde me gustaría irme a vivir, al menos por una temporada. No es que aspire a compartir las experiencias de los personajes, ni hablamos de un idílico lugar donde pasar las vacaciones, es más bien como… lo que hace el narrador (y personaje relevante) de esta compleja trama. Observar, incluso espiar, acercarse o alejarse según conveniencia, incluso mimetizarse a veces y hasta participar en la acción según convenga. Pero sin tener que involucrarme tanto como él, ya que René, al fin y al cabo, vive realmente ahí dentro y no puede permanecer siempre al margen, en cambio el estatus de lector me protegería de cualquier salpicadura ocasional. De René hablare más adelante, él es quien explica los hechos pero detrás de él, y de todos los demás, está la mano expertísima de un escritor que sale y entra de la realidad según le convenga con toda naturalidad y un punto de arrogancia que le perdonamos porque puede permitírselo.
Comprendo que a muchos no acabe de atraerles ese simbolismo constante, la fusión de realidad y fantasía, un sarcasmo que utiliza lo esotérico, la mitología, la confrontación real/irreal junto a la realidad más cruda para hacer una feroz crítica social. Y esa ausencia de cortapisas, su costumbre de dar rienda suelta a una imaginación desbocada así como el señalamiento de nuestros defectos y vicios con la mayor crudeza posible tiene poco de comercial. No es fácil leer la obra de Rushdie porque exige un esfuerzo constante y, de alguna forma, nos arañan por dentro. Hasta yo, que he disfrutado tanto con sus novelas, tuve que abandonar una de ellas porque tanta alegoría me sobrepasaba una poco. Pero aquí se da un cambio apreciable: no existen dos planos, el argumento es absolutamente realista, las pinceladas de irrealidad son un mero adorno, una rúbrica de autor. Encontramos también más humanidad, afecto hacia los personajes, valores positivos, planteamientos éticos directos, empatía, incluso amor del bueno (y de varios tipos) junto a la crueldad, dolor e injusticia que suponen una llamada a la catástrofe y que no pueden faltar en este autor sin desvirtuar su auténtica esencia. Así que, en caso de estar dispuestos a abordar sus más de quinientas páginas, no se lo piensen mucho y conozcan a este Nerón Golden y a toda su familia. Van a disfrutar y a sufrir, van a amar a unos y odiar a otros. Y eso es lo que se espera de esas grandes historias cuya mayor virtud es, quizá, su capacidad de engancharnos a poco que estemos disponibles.
El acaudalado industrial del título se ha metamorfoseado junto con toda su familia, cambiado de nombre, nacionalidad e idioma. Su identidad, pues, es otra. (Este tema de la identidad, en sus diferentes facetas (religión, estado, sexo etc,) se contempla a lo largo de estas páginas, con mayor o menor detalle, desde varios ángulos distintos. Aunque originarios de la India, sus nombres de pila están todos tomados de la Roma clásica (Petronio, Apuleyo, Dioniso y Vespasiano son los nombres de sus hijos por orden de edad, su autor sabrá el por qué de este guiño entre tantos). Me consta que le interesa situar en primer plano la tragedia griega, ¿será esa la razón por la que habla todo el tiempo de romanos? El mundo clásico, es cierto, está muy presente, pero también la mentalidad y política estadounidenses, vida y fisonomía de Nueva York, hechos históricos, el arte, lo hindú, problemáticas recientes –como la absurda polémica del género fluido, que el autor acaba resolviendo con su lógica implacable sin eludir el dramatismo que implica–, haciendo gala de una erudición más sorprendente aún si pensamos que abarca los mundos oriental y occidental y en ambos parece sentirse igualmente cómodo.
“Tendríamos que haber adivinado que un hombre que se había puesto el nombre del último de los Julio-Claudios de Roma y luego se había instalado en una domus aurea estaba reconociendo públicamente su propia locura, sus fechorías, su megalomanía y su inminente final trágico, y también riéndose en la cara de todo aquello; un hombre así estaba arrojando un guante a los pies del destino y chasqueando los dedos en la cara de la Muerte al acercarse esta…”.
En India, Nerón había perdido a su primera mujer, víctima de un terrible atentado, pero no tardará en aparecer Vasilisa, la cazafortunas joven, bella y arpía (¡cómo no! otro mito que no podía faltar), cuyo papel es fundamental en el desarrollo de los hechos. Y si la riqueza atrae a los ambiciosos, el culebrón que acabo de esbozar es un imán para un joven creador, el mencionado René, vecino de la cómoda zona residencial donde viven, que cree haber encontrado en la Casa Dorada el guion perfecto para triunfar en el mundo del cine. Como solo conocemos su punto de vista, forzosamente tiene que caernos bien, aunque su hipocresía sea más que evidente para el lector y gracias a ella capte la confianza de los Golden y de todo su entorno. El desarrollo no es lineal, abundan los cambios de registro, la alternancia entre primera y tercera personas, apuntes para ese futuro guion, flash backs ocasionales y digresiones varias. Historias dentro de historias, metaliteratura como ingrediente indispensable que no puede faltar en un guiso cocinado por Rushdie. Los recuerdos de Nerón Golden, en plena decadencia y cercano ya el desenlace, servirán para dar sentido a todo lo anterior, gracias a sus confidencias comprendemos que la clave del misterio se encuentra en la mafia. Como todo ese material está en manos de un narrador que, además, es cineasta, imaginen cuántos títulos y escenas salen de su cabeza y se convierten en el vehículo que da forma a su relato.
El climax de la acción tiene lugar en la época inmediatamente anterior a las elecciones que acabará ganando Trump, y que René vive con auténtico pavor como ciudadano y como documentalista cuyo principal deber es informar. La gran tragedia griega que se venía anunciando culmina finalmente, de todo aquel esplendor solo quedan las cenizas, y sin embargo, sorprendentemente, se produce cierta justicia. Poética, no religiosa, no se premia a los buenos y se castiga a los malos, muchos malos caen, también algunos buenos, tal como sucede en la vida, pero unos pocos, por sorprendente que parezca, pueden disfrutar de un final feliz.
Traducción: Javier Calvo
También de Salman Rushdie: Dos años, ocho meses y veintiocho noches, Los versos satánicos
martes, 5 de octubre de 2021
Kim: Nieve en los bolsillos. Alemania 1963
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable
También de Kim y reseñado en Un Libro Al Día: El arte de volar
viernes, 26 de enero de 2018
3x1: Museos, Historietas Y Viceversa
El resultado es una obra deliciosa y con el peculiar toque lindante con lo surreal que caracteriza a este autor. Como mínimo, una propuesta interesante y recomendable, sobre todo para los amantes del cómic galo.
El perro bizco, de Étienne Davodeau también pertenece a la serie publicada por las ediciones del Museo del Louvre en colaboración con Futuropolis, aunque en este caso el registro cambia: está ambientada en un prosaico presente y la ironía melancólica del cómic anterior se convierte en un humor mucho más evidente, casi con la tierna socarronería de las películas de Jacques Tati. Aquí el protagonista es Fabien, un vigilante del museo -muy divertida la relación que los celadores mantienen con las obras y con los visitantes que las contemplan- que debe atender a la "sugerencia" de la familia de su novia Mathilde, el irreductible clan Benion, de colgar en el mismísimo Louvre un cuadro horrendo pintado por un antepasado con ínfulas artísticas: "El perro bizco", claro... obra que hace honor a su nombre. El pobre Fabien se ve en un aprieto fácil de imaginar, hasta que recibe una ayuda inesperada, que no desvelaré. Una BD divertida y hasta tierna, aunque no deja una huella demasiado profunda, hay que reconocer...Los admiradores de esta pareja de guionista-ilustrador no se verán decepcionados, pero para los que no las conozcan, quizás sea mejor empezar a leer otraas obras de Altarriba, como la ya mencionada o la excepcional El arte de volar.
lunes, 19 de diciembre de 2016
ULAD: Lo mejor del 2016
- Libro del año: Pues para mí el libro del año ha sido Breve historia de siete asesinatos de Marlon James. No sé decir exactamente el motivo, pero al final me recuerdo acarreándolo, con su presencia imponente y su lomo amarillo, siguiendo andanzas de rastafaris y es una sensación demasiado imborrable. Quizás sea un libro cautivo de su componente visual, pero desde cuándo va a ser malo que una novela contemporánea te recuerde a una nueva temporada de The Wire. Con dos muy dignos contendientes: Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y Satin Island de Tom McCarthy, cuya importancia aún no soy capaz de calibrar.
- Sorpresón postrero: el festín de Xavi Ayén en La vuelta al mundo en 80 autores.
- Porquerías: En un año globalmente positivo: el incomprensible apoyo a algo tan vacuo como Érase una vez el fin, de Pablo Rivero, o la esperada constatación del timo de La chica del tren
- Caerá en 2017: Cualquier Saer que se ponga en medio.
- No tocar ni con un palo: Zanón, Pérez Andújar, y todos aquellos que quieren apropiarse de la literatura de barrio. Por mediocres y por cansinos.
- Los comentarios me han hecho salivar para el 2017: Vollmann y, dicen, el Ray Pollock que viene.
- Tochoclásico del año: Ulises de Joyce.
- Novelón histórico-o-lo-que-sea del año: Música acuática de T. C. Boyle.
- Novelón negro del año para-disfrutar-como-un-cochino: Perfidia de James Ellroy.
- Libro de relatos del año: Vidas imaginarias de Marcel Schwob.
- Novela gráfica del año: El arte de volar de Antonio Altarriba y Kim.
- Frikilibro del año: La exhibición de atrocidades de J. G. Ballard.
- Novela que ni fu ni fa: Cicatriz de Sara Mesa.
- Novela que algo fu y algo fa: Patria de Fernando Aramburu.
- Libro que se me cayó de la manos: Sumisión de Houellebecq
- Libro que ojalá se me hubiese caído de las manos: Me llamo Lucy Barton de Elizabeth Strout.
- Libro que no me atreví a reseñar: El secreto de la modelo extraviada de Eduardo Mendoza.
- Espero leer en 2017: La tetralogía de "las dos amigas" de Elena Ferrante.
Carlos Andia:
- Volumen imponente del año: El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty -algunas claves que deberíamos conocer.
- La relectura del año: Coronación, de José Donoso -buenas sensaciones después de muchos años
- Libro de Historia del año: Continente salvaje, de Keith Lowe -una etapa muy especial de la Historia de Europa
- Una joya a la que tenía muchas ganas: Locus Solus, de Raymond Roussel -atrévase usted.
- Clásico rescatado: Reivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo -imprescindible con mayúsculas.
- Obra de teatro del año: Calígula, de Albert Camus -todo intensidad
Koldo CF:
- Clasicazo: En busca del tiempo perdido de Marcel Proust
- Novela en español: Seno de Ramiro Pinilla
- Novela extranjera: Los restos del día de Kazuo Ishiguro
- Libro de relatos: Evocación de Matthias Stimmberg de Alain-Paul Mallard
- Libro "musical": El café celestial de Stuart Murdoch
- Poemario: Ancia de Blas de Otero
- Novela histórica: Bomarzo de Manuel Mujica Lainez
- Truñazo del año: Andrés Iniesta: La jugada de mi vida. Memorias
- Decepción del año: Bravura de Emmanuel Carrère
- Propósito para 2017: Releer y reseñar la tetralogía El mar de la fertilidad, de Yukio Mishima
Montuenga:
- Publicadas este año (o el pasado):
- Mejor novela: Brújula de Mathias Enard
- Mejor ensayo: En defensa del error de Kathryn Schulz
- Mejor crónica de viajes: Mi vida en la carretera de Gloria Steinem
- Peor novela: Las chicas de Emma Cline
- En general:
- Mejor novela: Meridiano de sangre de Cormac McCarthy
- Mejor ensayo: Tratado de ateología de Michel Onfray
- Peor ensayo: ¿Es usted un psicópata? de Jon Ronson
- Mejor novela leída este año: La hierba roja de Boris Vian
- Mejor libro de relatos: Estrómboli de Jon Bilbao
- Plomazos del año: La montaña mágica de Thomas Mann y El tambor de hojalata de Günter Grass (la literatura alemana no es lo mío, se ve...)
- Libros españoles del año de los que esperaba más: Mala letra de Sara Mesa; El sistema de Ricardo Menéndez Salmón; Madre e hija de Jenn Díaz; Patria de Fernando Aramburu...
- Autor descubrimiento del año: David Toscana
- Una rareza maravillosa: Juego de cartas de Max Aub
- Autora a la que seguiré leyendo en 2017: Elena Ferrante
- Autor al que NO seguiré leyendo en 2016: Karl Ove Náusea
- Y una coda vasca:
- Un ensayo: El eco de los disparos de Edurne Portela
- Una novela / autoficción: El comensal de Gabriela Ybarra
- Una antología: Nuestras guerras. Relatos sobre los conflictos vascos
- Libro del año: El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer
- Autobiografía del año: Instrumental, de James Rhodes
- Tocholibrohistórico del año: Las benévolas, de Jonathan Littell
- Tochonovela del año: La broma infinita, de David Foster Wallace
- Ensayo del año: Esto es agua, de David Foster Wallace
- Clásico que debería haber leído antes: La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
- Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: En manos de las furias, de Lauren Groff
- Decepción del año: Sueños de trenes, de Denis Johnson
- No pasará un año más sin leer: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe
- Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): Haruki Murakami
- Caerán más libros de: Stefan Zweig
- Ganas de que llegue el 2017 para lo nuevo de: Siri Hustvedt, Paul Auster y Karl Ove Knausgaard
jueves, 30 de abril de 2015
Antonio Altarriba & Keko: Yo, asesino
Título original: Moi, assasssin
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable
Y aquí debo hacer una aclaración: aunque como lector soy bastante aficionado a la novela negra o policiaca, no es que yo tenga un especial interés en este tipo de personajes, asesinos psicópatas, de los que, por otra parte, en los últimos tiempos hemos sufrido una saturación en películas, series, novelas y hasta ensayos sesudos. Mi interés por esta novela gráfica /cómic -o lo que se diga- viene en gran parte motivada porque la ciudad en la que se desarrolla gran parte de la historia ha sido -y aún es en buena medida- también mi ciudad. Y es más, yo estudié en la Facultad universitaria donde da clase el asesino de la historia, hasta que fui injustamente expuls... bueno, ejem, dejémoslo. Digamos que es mi alma máter y conozco perfectamente sus pasillos y departamentos, que salen aquí plasmados. Lo que no conocí entonces, lo puedo jurar, es a ningún profesor asesino, aunque sí a más de uno al que me hubiera gustado... en fin, corramos otro estúpido velo... Bueno, para acabar el "momento Cuéntame" de hoy, explicaré que, para más regocijo, resulta que el guionista de este cómic/novela gráfica, Antonio Altarriba, también es profesor en esa misma Facultad (no de Historia del Arte, por suerte); imaginemos jocosos comentarios y el desinhibido ambiente que puede haber generado allí la publicación de este libro... Quizás previendo ciertas suspicacias -y también como una broma privada, al parecer- el dibujante Keko creó al asesino como un retrato exacto del guionista Altarriba. Lo que, por otro lado, ha resultado ser un acierto: resulta perfecto como plasmación del asesino Enrique Rodríguez, inconcebible con otro aspecto antes incluso de acabar de leer el libro.
Ya puestos, hay que hacer una especial mención al magnífico trabajo gráfico de Keko: no se trata sólo de ese estupendo dibujo en blanco y negro (y los toques de rojo, allí donde se requiere este color... adivinad dónde), minucioso para la ambientación (disfrutarán en especial quienes conozcan la ciudad de Vitoria, pero también aparecen otros escenarios: Madrid, París, Valladolid, Salamanca...) y expresionista al hora de tratar los personajes. No soy un aficionado exhaustivo de las novelas gráficas o cómics, pero su trazo me ha recordado a clásicos maestros del claroscuro como Will Eisner, Alex Toth y, sobre todo, el Frank Miller de Sin City. O el Taxista de Martí, aparecido en la legendaria revista El Víbora. Sin olvidar que, aparte del tenebrista pero adecuado uso de luces y sombras, destaca la sabia planificación y montaje de las escenas... algunas de ellas especialmente delicadas, puesto que narran asesinatos truculentos, pero que este dibujante resuelve de forma magistral.
Al estar contada desde el punto de vista del asesino, éste nos va ilustrando a lo largo de toda la historia de las razones que justifican sus actos criminales. Al tratarse de un inteligente profesor universitario, el discurso está bien cimentado, aparte de que aparecen continuas referencias, tanto visuales como literarias, a la relación entre la violencia y el arte, comenzando por el célebre libro de Thomas de Quincey El asesinato como una de las Bellas Artes (no aparece, sin embargo cierta referencia de la cultura popular actual que, no por obvia, me parece menos pertinente: la del inefable personaje Hannibal Lecter. Aunque no me refiero al dr. Lecter sujeto con el bozal o que se dedicaba a comerse el hígado de sus víctimas, sino al que, después de mostrar en una conferencia como fue el horcamiento de los Pazzi, en el siglo XV, reproduce el acto con su siguiente víctima); es más, el profesor Rodríguez no sólo considera como artísticas sus acciones, sino al asesinato gratuito como un actos verdaderamente revolucionario, a diferencia de los que matan amparándose o al servicio de una ideología -y aquí la inserción de un atentado de ETA no es mero recurso de la ambientación- o por servir a intereses espúreos, por interés personal. Nuestro asesino mata "por amor al arte" -son sus palabras- e incluso como una reivindicación de su individualidad y de sus instintos reprimidos por la sociedad y el Estado, que aceptan y fomentan ciertas formas de violencia mientras persiguen otras que escapan a su control. Incluso lo que parece insinuarnos esta historia es que el riesgo quizás no esté tanto en considerar el asesinato como un tipo de arte, sino que puede estar en considerar el arte -según qué arte, de quién y por quién- como un tipo de crimen.
Claro, que también todo este discurso puede verse como una elaboración intelectual del personaje, destinada a justificar -ante sí mismo, sobre todo- el sucumbir sin resistencia ante sus impulsos criminales. Y eso que el asesino de la historia, no es sólo una fría máquina de matar -y éste es uno de los aciertos del guión de Altarriba-, sino un tipo con sus problemas laborales, sentimentales y existenciales (casi se diría que está en plena crisis de la mediana edad). Incluso llega a parecernos una víctima él también, en este caso de las consabidas intrigas entre colegas universitarios y académicos... La empatía que él no parece sentir por los demás, acabamos sintiéndola los lectores por este asesino, que acaba por hacerse entrañable, de tan magistralmente que lo han construido los dos autores de este libro.
Nota aclaratoria: El título original está en francés porque esta novela gráfica se editó primero en Francia, aunque supongo que el idioma en el que se escribió fue el castellano. Digo supongo porque resulta que A. Altarriba es catedrático de literatura francesa, así que entra dentro de lo posible que escribiera el guión directamente en este otro idioma. Je ne sais pas.
Otros libros de Antonio Altarriba en Un libro al día: El arte de volar
martes, 15 de abril de 2014
Biografías lectoras: ganadores (2)
TOC, por David Villar Cembellín
Así las cosas, recapitulemos: ¿dónde
comenzó mi afición de lector? No tengo ninguna duda, el germen tuvo lugar a
edad temprana con las historietas de Pulgarcito,
un tebeo que devoraba semanalmente y que proporcionó infantil e infinito placer
al niño que fui. Por supuesto que a esos Pulgarcitos siguieron otros tebeos: la
colección entera de Tintín, de Astérix, Zipi y Zapes, Mortadelos y Filemón,
Grandes Aventuras Ilustradas… mi afición lectora se cimentó sobre una sólidas
raíces: los tebeos. En mi cabeza sonaban Enrique y Ana.
Y en estas llegó mi pubertad,
llegó la adolescencia… y digamos que estuve más preocupado/ocupado de
otras cosas que de leer. Además, en términos estrictamente crematísticos fue mi
adolescencia una época particularmente jodida: fumador precoz, bebedor de fin
de semana y aficionado a los tebeos… muchos vicios para 300 pesetas a la semana
si las notas acompañaban (que no era el caso, para más inri). Pero, oh, de
repente, como maná del cielo, a últimos de mes siempre aparecían 2000 pesetas
en mi mano. ¡2000 pesetas!
Pero si he de elegir una lectura de adolescencia que me
marcó, que me tocó hondo, fue El club
de los poetas muertos de N. H. Kleinbaum. Probablemente será una obra
menor, o tramposa, o maniquea, pero me da igual, no me avergüenza reconocerlo…
en aquel momento quinceañero la leí de un tirón, me habló de mí mismo y agitó
mi anterior como ninguna lectura lo había hecho hasta entonces. En mi
radiocasete sonaban noche y día A night at the opera de Queen, Violator de
Depeche Mode, Disintegration de The Cure y Zooropa de U2.domingo, 24 de febrero de 2013
Izaskun Gracia: Artikoa/Ártica
husturik vaciada
eta poliki-poliki ez daukadanak bihurtu y poco a poco lo que carezco
ninduen harresi] me volvió muralla]
viernes, 7 de enero de 2011
Antonio Altarriba y Kim: El arte de volar
Idioma original: castellanoFecha de publicación: 2009
Valoración: Imprescindible
El 4 de mayo de 2001, Antonio Altarriba se quitó la vida. Tenía 90 años y dejaba un hijo, que no entendió la razón por la que su padre hizo lo que hizo hasta que leyó su diario y encontró entre sus páginas a un hombre que poco o nada tenía que ver con aquel al que creía conocer. El arte de volar es la historia de Antonio Altarriba “padre”, pero también el viaje que realiza Antonio Altarriba “hijo” buscando a su progenitor. Poniéndose en el lugar de su padre, adoptando su voz, el autor narra la existencia del hombre que le dio la vida y, con ella, la de tantos hombres y mujeres a los que les tocó recorrer el mismo camino de frustración y fracaso.
Conoceremos así a un niño que quería volar, a un adolescente que huyó a Zaragoza en busca de una vida mejor, a un soldado, emigrante, marido, trabajador, adúltero, padre… Antonio Altarriba fue uno de esos protagonistas anónimos que sufrió el hambre, la escasez y el exilio, y que tuvo que tragarse su orgullo para poder sacar adelante a su familia, aun a costa de todos sus ideales.
Altarriba realiza un magnífico trabajo al escribir el guión de El arte de volar, pero habría quedado cojo si no hubiera contado con el apoyo del dibujante Joaquin Aubert, Kim, conocido por ser el autor de las historietas de Martínez, el Facha que semanalmente se pueden leer en la revista El Jueves. Kim realiza un trabajo inmejorable, muy expresivo y detallado, que se complementa perfectamente con el fluir de los acontecimientos.
El arte de volar, en resumen, no sólo cuenta la historia –desgarrada, frustrante y dolorosa– de su protagonista, sino que nos escupe a la cara 90 años de historia de un país en el que nacieron miles de hombres y mujeres que no tuvieron ninguna oportunidad de tomar las riendas de su vida y que, llenos de sinsabores y capeando como podían la injusticia, se esforzaron por intentar llegar al día siguiente como buenamente podían. Por todos ellos, leed este libro. No os defraudará.
También de Antonio Altarriba en Un Libro Al Dïa: Yo, asesino
sábado, 10 de octubre de 2009
Deyan Sudjic: El lenguaje de las cosas
Idioma original: inglésTítulo original: The Language of Things
Año de publicación: 2009
Valoración: Está bien
Hace no muchos años, la gente sólo poseía aquello que necesitaba. Poco a poco, a medida que creció nuestro poder adquisitivo, la cosa cambió. Lo que considerábamos necesario tenía que ser también bonito, elegante y, además, caro (y si encima aparentaba todo el dinero que valía, mejor). Partiendo de la premisa de que los objetos que poseemos (como la obsoleta máquina de escribir que guardamos por su valor romántico y los recuerdos que nos evoca o el ordenador último modelo que nos hemos comprado) forman parte de nuestra historia y nos distinguen de los demás, Deyan Sudjic reflexiona sobre el diseño, el lujo o el afán de posesión que nos invade y nos hace intentar tener más y más cosas.
En un mundo en el que una silla puede costar tanto como un cuadro o una escultura, debemos plantearnos si el diseño es realmente otra forma de arte o tan sólo una evolución desproporcionada de nuestro afán consumista. Del mismo modo, es necesario reflexionar acerca del lujo, de cómo éste ha cambiado a lo largo de los años (si antes volar se consideraba lujoso ahora lo es hacerlo en jet privado, por ejemplo) y en qué medida nos afecta, podamos permitírnoslo o no. El lenguaje de las cosas nos invita a plantearnos estas cuestiones, al mismo tiempo que nos guía a lo largo de la historia de aquellos objetos que definen lo que somos y, sobre todo, nos hace pensar qué hace que deseemos tener tantas posesiones que muchas veces ni utilizamos y si no seríamos más felices liberándonos de todas ellas.














