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jueves, 30 de abril de 2015

Antonio Altarriba & Keko: Yo, asesino

Idioma original: español (creo)
Título original: Moi, assasssin
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Otra cosa tal vez no, pero desde luego este libro deja bien a las claras desde su título y aún más desde su magistral primera página, de qué trata: pues de las andanzas de un asesino, claro, contadas por él mismo. No un asesino a sueldo ni un terrorista obediente a su Causa, ni un homicida "pasional" (¿os acordáis de aquel "romántico" eufemismo, en boga hasta hace no demasiado tiempo?): hablamos de un asesino psicópata, frío y sin motivos aparentes. Pero nada del típico asesino en serie que destripa a sus víctimas o deja una firma reconocible para que le trinque la policía, más pronto que tarde; nuestro asesino es "en exclusiva", como dice él, mata por puro placer y para satisfacer una inquietud estética. Es más, se toma cada uno de los asesinatos como una obra de arte diferente, como una performance con la que trasmitir un mensaje conceptual, aunque sea poco discernible y aun permanezca oculto para la mayoría de la gente. Porque el asesino protagonista, Enrique Rodríguez, es además profesor de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco y ha desarrollado toda una tesis sobre el "arte del sufrimiento" en la que se basa su exitosa carrera académica.
Y aquí debo hacer una aclaración: aunque como lector soy bastante aficionado a la novela negra o policiaca, no es que yo tenga un especial interés en este tipo de personajes, asesinos psicópatas, de los que, por otra parte, en los últimos tiempos hemos sufrido una saturación en películas, series, novelas y hasta ensayos sesudos. Mi interés por esta novela gráfica /cómic -o  lo que se diga- viene en gran parte motivada porque la ciudad en la que se desarrolla gran parte de la historia ha sido -y aún es en buena medida-  también mi ciudad. Y es más, yo estudié en la Facultad universitaria donde da clase el asesino de la historia, hasta que fui injustamente expuls... bueno, ejem, dejémoslo. Digamos que es mi alma máter y conozco perfectamente sus pasillos y departamentos, que salen aquí plasmados. Lo que no conocí entonces, lo puedo jurar, es a ningún profesor asesino, aunque sí a más de uno al que me hubiera gustado... en fin, corramos otro estúpido velo... Bueno, para acabar el "momento Cuéntame" de hoy, explicaré que, para más regocijo, resulta que el guionista de este cómic/novela gráfica, Antonio Altarriba, también es profesor en esa misma Facultad (no de Historia del Arte, por suerte); imaginemos jocosos comentarios y el desinhibido ambiente que puede haber generado allí la publicación de este libro... Quizás previendo ciertas suspicacias -y también como una broma privada, al parecer- el dibujante Keko creó al asesino como un retrato exacto del guionista Altarriba. Lo que, por otro lado, ha resultado ser un acierto: resulta perfecto como plasmación del asesino Enrique Rodríguez, inconcebible con otro aspecto antes incluso de acabar de leer el libro.
Ya puestos, hay que hacer una especial mención al magnífico trabajo gráfico de Keko: no se trata sólo de ese estupendo dibujo en blanco y negro (y los toques de rojo, allí donde se requiere este color... adivinad dónde), minucioso para la ambientación (disfrutarán en especial quienes conozcan la ciudad de Vitoria, pero también aparecen otros escenarios: Madrid, París, Valladolid, Salamanca...) y expresionista al hora de tratar los personajes. No soy un aficionado exhaustivo de las novelas gráficas o cómics, pero su trazo me ha recordado a clásicos maestros del claroscuro como Will Eisner, Alex Toth y, sobre todo, el  Frank Miller de Sin City. O el Taxista de Martí, aparecido en la legendaria revista El Víbora. Sin olvidar que, aparte del tenebrista pero adecuado uso de luces y sombras, destaca la sabia planificación y montaje de las escenas... algunas de ellas especialmente delicadas, puesto que narran asesinatos truculentos, pero que este dibujante resuelve de forma magistral.
Al estar contada desde el punto de vista del asesino, éste nos va ilustrando a lo largo de toda la historia de las razones que justifican sus actos criminales. Al tratarse de un inteligente profesor universitario, el discurso está bien cimentado, aparte de que aparecen continuas referencias, tanto visuales como literarias, a la relación entre la violencia y el arte, comenzando  por el célebre libro de Thomas de Quincey El asesinato como una de las Bellas Artes (no aparece, sin embargo cierta referencia  de la cultura popular actual que, no por obvia, me parece menos pertinente: la del inefable personaje Hannibal Lecter. Aunque  no me refiero al dr. Lecter sujeto con el bozal o que se dedicaba a comerse el hígado de sus víctimas, sino al que, después de mostrar en una conferencia como fue el horcamiento de los Pazzi, en el siglo XV, reproduce el acto con su siguiente víctima); es más, el profesor Rodríguez no sólo considera como artísticas sus acciones, sino al asesinato gratuito como un actos verdaderamente revolucionario, a diferencia de los que matan amparándose o al servicio de una ideología -y aquí la inserción de un atentado de ETA no es mero recurso de la ambientación- o por servir a intereses espúreos, por interés personal. Nuestro asesino mata "por amor al arte" -son sus palabras- e incluso como una reivindicación de su individualidad y de sus instintos reprimidos por la sociedad y el Estado, que aceptan y fomentan ciertas formas de violencia mientras persiguen otras que escapan a su control. Incluso lo que parece insinuarnos esta historia es que el riesgo quizás no esté tanto en considerar el asesinato como un tipo de arte, sino que puede estar en considerar el arte -según qué arte, de quién y por quién- como un tipo de crimen.
Claro, que también todo este discurso puede verse como una elaboración intelectual del personaje, destinada a justificar -ante sí mismo, sobre todo- el sucumbir sin resistencia ante sus impulsos criminales. Y eso que el asesino de la historia, no es sólo una fría máquina de matar -y éste es uno de los aciertos del guión de Altarriba-, sino un tipo con sus problemas laborales, sentimentales y existenciales (casi se diría que está en plena crisis de la mediana edad). Incluso llega a parecernos una víctima él también, en este caso de las consabidas intrigas entre colegas universitarios y académicos... La empatía que él no parece sentir por los demás, acabamos sintiéndola los lectores por este asesino, que acaba por hacerse entrañable, de tan magistralmente que lo han construido los dos autores de este libro.


Nota aclaratoria: El título original está en francés porque esta novela gráfica se editó primero en Francia, aunque supongo que el idioma en el que se escribió fue el castellano. Digo supongo porque resulta que A. Altarriba es catedrático de literatura francesa, así que entra dentro de lo posible que escribiera el guión directamente en este otro idioma. Je ne sais pas.





Otros libros de Antonio Altarriba en Un libro al día: El arte de volar

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Reseña(s) Interruptus: 7 x 1

Aunque justamente hoy no lo parezca, no soy yo muy partidario de esta modalidad de "reseña interruptus"; ahora bien, en los últimos tiempos me he encontrado con varios libros cuya lectura, por una causa u otra, he abandonado, y que, puesto que no están reseñados en este sacrosanto blog, mis compañeros ni siquiera han tenido en cuenta para leer. Con buen criterio, visto lo visto... Como se acerca el Año Nuevo y antes de los consabidos buenos propósitos resulta conveniente hacer limpieza y tirar lo viejo o inútil por la ventana (de forma metafórica, se entiende... tened cuidado con lo que hacéis, plis), aquí va un pack de minireseñas que se han quedado en meros esbozos, abortos de las que pudieron ser y ya no serán. Al menos, por mi parte...


1- El silencio de la ciudad blanca de Eva García Sáenz de Urturi

Idioma original: español

Año de publicación: 2016

Valoración: No eres tú, soy yo...

Resumen resumido: en la siempre primorosa ciudad de Vitoria-Gasteiz aparecen una serie de cadáveres, en monumentos emblemáticos de la misma, que recuerdan indefectiblemente a unos asesinatos que tuvieron lugar un par de décadas antes pero cuyo autor, vaya por Dios, resulta que está ya en la cárcel. Así que el inspector que se encarga del caso, apodado Kraken (!) por sus compañeros y amigos, se ve en la tesitura de tener que resolver los nuevos y desconcertantes asesinatos antes de que se multipliquen.

Es posible que se deba a que conozco un poco los escenarios donde se desarrolla esta historia y por tanto hay cosas -bastantes- que me resultan de lo más inverosímil. Es posible también que, a pesar de mi debilidad por los thrillers policiacos con asesinos en serie, mi nivel de exigencia sea más alto del que yo mismo pienso. O también puede que experimentara una reacción adversa al entusiasmo que esta novela ha producido en miles de lectores y lectoras, que incluso ha llevado a que se hagan tours literario-turísticos por la capital alavesa, algo realmente desusado en la misma (por la parte turística más que la literaria, aunque también). Pero el caso es que, según iba avanzando en la lectura del libro, me iba invadiendo una vergüenza ajena tal que tuve que dejarlo y no he osado volver a intentarlo, desde hace ya años. Que seguro que es culpa mía, no lo niego, pero mirad, más vale ponerse rojo una vez que amarillo un ciento...


2- El olor del bosque de Hélène Gestern

Idioma original: francés

Título original: L'Odeur de la fôret

Año de publicación: 2016

Traducción: Laura Salas Rodríguez

Valoración: zzzzZzz...

Resumen resumido: Élisabeth Bathori (no dire nada sobre el nombre) es una historiadora que trabaja en el Instituto de la Memoria Fotográfica del Siglo, que recibe de la anciana Alix de Chalendar, para su preservación, una serie de fotografías y cartas de su tío Alban de Willecot, desde el frente de la I Guerra Mundial con su amigo, el insigne poeta Anatole Massis. Además, la anciana -porque sí o por joder a sus parientes-le lega en su testamento una casa en un pueblo del Borbonesado (región que con ese nombre parece mentira que no haya sido expoliada del todo por cierta familia), donde Élizabeth continua indagando en los secretos de los Willecot, mientras pasa el duelo por su reciente viudedad.

Compré esta novela en aquel proceloso año de la pandemia, impelido por la recomendación de una conocida prescriptora literaria, que la consideraba una de las mejores novelas editadas ese año. Me pareció una buena opción lectora para pasar el confinamiento y mirad, ni aún con tantas horas por delante logré avanzar mucho, porque en seguida me quedaba zzzzZz... como un cepo. Lo intenté con posterioridad al menos un par de veces más, pero siempre acababa como un ladrillo en brazos de Morfeo. Ahora bien, cierto es que, poco a poco y siesta a siesta podía haber ido avanzando en el libro (aunque ojo cuidao que son casi 800 páginas); tampoco es que esté mal escrito, ni mucho menos y, desde luego, parece bien documentado y demás condiciones que se le pueden pedir a una buena novela. Pero no acabó de engancharme y cuando vi que tomaba un giro romántico (romántico en plan editorial Harlequin, me refiero, no a la narrativa de principios del XIX) fui consciente de la finitud de la vida y de que aún me quedaba por leer toda la saga de Mundodisco, por ejemplo. Conservo el libro, eso sí, para las noches de insomnio.


3- La señal de Maxime Chattam

Idioma original: francés

Título original: Le signal

Año de publicación: 2020

Traducción: José Antonio Soriano Marco

Valoración: Rechace imitaciones

Resumen resumido: la familia Spencer (nada que ver con Lady Di) se traslada desde Nueva York al idílico y hasta pintoresco pueblo de Mahingan Falls, en Nueva Inglaterra, huyendo del mundanal ruido y de sus altos precios  Pueblo, ya digo que muy cuqui, pero embebido de rumores sobre un pasado de brujería y horror (estamos en Nueva Inglaterra, ¿qué os esperábais?), en el que les comienzan a ocurrir cosas harto extrañas... aunque nada comparable a los horrendos crímenes que se suceden en la zona.

Maxime Chattam es el penúltimo joven escritor de best-sellers (bueno, ya no tan joven, en realidad) al que se ha calificado como "heredero de Stephen King". En este caso, o al menos por lo que respecta a esta novela, el calificativo tiene alguna base, porque, en efecto, el libro apesta (sí, no me he equivocado de verbo) a King, pero a un King de imitación, un King de bazar oriental, si se me permite el prejuicio barato... Es decir, esta novela es lo que se conoce como un PASTICHE, término que creo deberíamos emplear más a menudo. Que sí, un pastiche puede ser muy divertido y lo cierto es que esta novela, quizás por cierto desaforamiento o exageracíón, podía incluso resultarme entretenida... El caso es que, cuando ya llevaba leídas bastantes páginas, pero habida cuenta que el libro consta de más de 600, me pregunté: ¿pero qué cojones haces leyendo una mala imitación de Stephen King, cuando podrías estar empleando ese tiempo en leer, sin ir más lejos, una novela del propio King? Lo dejé y hasta ahora...

(Por cierto, que si alguien está interesado en una premisa similar a la de esta novela, pero que discurre por derroteros mucho más inquietantes, que le hará perder muchísimo menos tiempo y, sobre todo, cagarse por la pata abajo, conocer una interesante propuesta del género de terror contemporáneo, que vea la película La autopsia de Jane Doe. Hora y media de peli e insomnio garantizado toda la noche).


4- La señora Potter no es exactamente Santa Claus de Laura Fernández

Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: No gano para aspirinas

Resumen resumido: en Kimberly Clark Weymouth, desabrida ciudad de algún lugar de la Norteamerica profunda, la escritora Louise Cassidy Feldman ambientó su clásico de la literatura infantil La señora Potter no es exactamente Santa Claus, lo que proporcionó cierta celebridad y visitas turísticas a la localidad. Ahora bien, un buen día Billy Bane Peltzer decide cerrar la tiendas de recuerdos abierta por su padre, Randal, lo cual provoca toda una serie de consecuencias imprevistas en el ecosistema formado por los entrañables habitantes de Kimberly Clark Weymouth. Consecuencias que no os puedo relatar porque abandoné la lectura de la novela, aquejado de un dolor de cabeza galopante.

¿Y a cuento de qué este dolor de cabeza, preguntaréis (O NO)? Pues porque la novela, toda la novela  y no es corta, está repleta de (PALABRAS) escritas en cursiva o mayúsculas entre (PARÉNTESIS), de una forma absolutamente (RANDOM) o que, al menos, yo no he sido capaz de dilucidar según qué (PAUTA). Que esta peculiaridad del estilo parece que acrecenta la (IRONÍA) postmo-metaficcional que recorre la novela y ha entusiasmado a crítica público mayormente gafapástico o, en todo caso, a (PERSONAS) con un criterio literario más exquisito que el mío pero que (A MÍ) me produce migraña, jaqueca, cefalea en racimo, neuralgia o dolor de (LA CHOLA), yo qué sé... Así que tuve que dejar su lectura porque mirad, en la vida hay que (SABER) elegir y la (SALUD) es lo primero... Aparte de que me estaba pareciendo una puta santa chorrada, claro.


5- La camarera de Nita Prose

Idioma original: inglés

Título original: The Maid

Año de publicación: 2022

Traducción: Ángela Esteller

Valoración: Mátame, camión, pero rapidito...

Resumen resumido: la joven Molly es una camarera del hotel de lujo Regency, extremadamente minuciosa y hasta perfeccionista en su trabajo, tal vez -o casi seguro- porque padece algún tipo de trastorno del espectro autista... Necesitando como el comer la rutina y hasta monotonía en su vida, ésta se verá trastocada cuando en una de las suites que debe limpiar, donde se aloja un matrimonio millonario, encuentra un cadáver sobre la cama. Y hasta aquí puedo contar, no porque tema estropearos la lectura con algún spoiler, sino porque yo la abandoné en este punto y os aseguro que no lo he lamentado...

Aquí he de confesar que tengo un problema, no con las personas de la vida real que son autistas, padecen Aspergen o algún tipo de trastorno similar... (incluso todo lo contrario, que tampoco soy un monstruo), aunque, por alguna razón, sí con las novelas protagonizadas por este tipo de personajes, generalmente niños o jóvenes. Curiosamente, no me pasa con las películas, pero en los libros enseguida pierdo la paciencia (de hecho, no sé como llegué a acabar el célebre El curioso incidente del perro a medianoche sin estamparlo contra la pared... en fin, era más joven y perseverante que ahora). Ahora bien, reflexionando sobre ello (brevemente, que tampoco merece comerse mucho el tarro) he llegado a la conclusión de que si abandoné La camarera una vez aparecido el crimen, que al fin y al cabo es lo que mola en este tipo de libros, no fue sólo por lo exasperante que me parecía su protagonista sino porque el misterio en sí me daba una perezaca que no veas. Me daba igual quien había matado a la víctima, la verdad, y sólo podía desear que el/la/los asesino/a/s se hubieran esmerado un poco más, disolviendo el cadáver en ácido o enterrándolo en un maizal, con lo que la buena de Molly no se hubiera coscao de nada. Hubiera salido ganando, creo.


6- Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query

Idioma original: inglés

Título original: Old Country

Año de publicación: 2022

Traducción: Alejandra Tapia Silva

Valoración: Dame veneno, me quiero morir, dame veneenooo...

Resumen resumido: El ex-marine y veterano de Afganistán Harry Blakemore y su mujer Sasha, publicista, deciden abandonar la ciudad de Denver para trasladarse a un rancho de las montañas de Idaho donde poder llevar una vida más tranquila y satisfactoria, en comunión con la naturaleza. El sueño americano, vaya... Ahora, bien, cuando llegan al idílico rancho, sus por otra parte muy amables vecinos les advierten que el valle donde está situado recibe con frecuencia la visita de un espíritu o ente sobrenatural que adopta una manifestación diferente en cada estación -menos en invierno, cuando por lo visto se va a dormir como los osos-, a cada cual también más extravagante. El espíritu o lo que sea se puede combatir tomando una serie de medidas que los Blakemore se resisten a adoptar, pero que acaban haciéndolo pues parece ser la única manera de poder vivir en el lugar.

Como se ve, la premisa de la novela, resulta bastante increíble y hasta absurda. No pasa nada, porque ocurre lo mismo con muchas de las del género de terror, la cuestión es hasta que punto el o la autora de las mismas logra convencernos para que nos la creamos y, sobre todo, mantener nuestro interés en una historia, para lo que la suspensión de la incredulidad suele ser condición sine qua non. Algo que no ocurre en esta novela, sobre todo, creo yo, por lo rutinaria y hasta cansina que resulta la trama, más ocupada en glosar las maravillas de la naturaleza norteamericana y la "guayotez" de los protagonistas que en darnos el necesario canguelo, que es de lo que se trata. Yo aguanté algo más de la mitad del libro, con lo que me perdí el final, que debe ser, por lo que tengo entendido, ya directamente hilarante. No obstante, si alguien está interesado en conocer más de esta novela, aquí dejo el enlace de la reseña que hizo en el videoblog Gafas y ojeras el gran David Calpa, que sí que tuvo los redaños de leerla entera (reseña con la que estoy totalmente de acuerdo, por supuesto).

Por último, parece ser que uno de los hermanos Query, autores del libro, tiene muchos contactos con la industria audiovisual, así que no os extrañéis si pronto veis esta historia en alguna plataforma en forma de película o, más aún, de serie. De hecho, casi se diría, teniendo en cuenta los tempos de la trama, que ya la escribieron pensando en ello. También que, al parecer la historia surgió como un hilo en Reddit que fueron alargando según la respuesta de sus seguidores. Así ha salido, claro...


7- El carnicero y el pájaro de Alaina Urquhart

Idioma original: inglés

Título original: The Butcher and the Wren

Año de publicación: 2022

Traducción: Pilar de la Peña Minguell

Valoración: No es por no ir, pero ir pa ná es tontería...

Resumen resumido: un asesino en serie conocido como "el Asesino del Pantano" se dedica a secuestrar a sus víctimas en Nueva Orleans, torturarlas un poquito antes de matarlas y luego abandonar sus cadáveres en los socorridos pantanos de Luisiana. La patóloga forense Wren Muller y el inspector Louis Leroux se embarcarán en una investigación sin tregua para tratar de detenerlo.

Hasta ahí la cosa pintaba bien, dentro de los parámetros habituales de los thrillers con asesino en serie, por los que ya digo que tengo cierta debilidad. Y lo cierto es que la novela resulta correcta, lo que, unido a que no es demasiado larga, bien podría haberme animado a terminarla (leí la mitad). Pero, precisamente porque transita por senderos perfectamente establecidos: escenarios tópicos, situaciones previsibles, asesino locatis pero muy inteligentes, policías voluntariosos a la hora de seguir la gymkana de pistas que les va dejando el psicópata, etc., en fin, que fui perdiendo el interés, ni siquiera alentado porque la autora fuera técnica de autopsias (tampoco es que se note mucho, por lo menos para quien haya visto al menos un par de episodios de C.S.I.) y creadora del podcast de true crime más seguido del mundo o eso dicen (yo reconozco que lo que más llamó mi atención es el apellido molón que tiene, que era el mismo de la protagonista de una novela de Joyce Carol Oates que acababa de leer).
Dicho lo cual, tampoco me extrañaría que hiciesen una peli basada en esta novela. De las que ponen los domingos por la tarde en Antena 3, quiero decir...

viernes, 26 de enero de 2018

3x1: Museos, Historietas Y Viceversa


A estas alturas, creo que todos convendremos en considerar al cómic -llamémosle tebeo, BD o fumetti- como una más de las artes -¿la octava, quizá?- o, cuando menos, una afortunada combinación entre dos de ellas. En todo caso, quienes sí parecen tenerlo claro son algunos de los más importantes museos del mundo; no sólo porque en ellos se programen exposiciones sobre este género (como la que ahora mismo hay en el Reina Sofía de Madrid dedicada a George Herriman, creador de Krazy Kat), sino porque algunos incluso han decidido implementar joint-ventures editoriales para optimizar la sinergia resultante de esta suerte de coworking artístico-conceptual (vale, pido perdón por la gilipollez de esta frase, pero no me he podido resistir...); es decir, en plata: que ciertos museos han comenzado a publicar cómics, de reputados autores, eso sí, relacionados precisamente con su actividad museística o alguna de las obras que en ellos se exponen.


Autor: Nicolas de Crécy
Título: Periodo glacial
Idioma original: francés
Título original: Période Glaciaire
Año de publicación: 2005
Traducción: Ana Millán
Valoración: entre recomendable y está bien


El museo pionero en esta práctica, que yo sepa, fue el del Louvre (cómo no, dada la categoría y respeto que se le concede en Francia a la Bande Dessinée), habiendo participado en esta iniciativa autores tan reconocidos como Enki Bilal o Jiro Taniguchi. O quien abrió en 2005 esta serie de coediciones de cómics relacionados con el museo: el sorprendente y exquisito Nicolas de Crécy, precisamente con este Período glacial, original historia postapocalíptica en la que un grupo de exploradores-antropólogos, ayudados por una especie de híbridos parlantes entre perro y cerdo -como el romántico Hulk-, recorren una Francia convertida en blanquisa en busca de los escasos restos de la civilización actual... ¿Hasta dónde llegarán en su pesquisa? Ya, ya lo sé; no es muy difícil de adivinar... ; )

El resultado es una obra deliciosa y con el peculiar toque lindante con lo surreal que caracteriza a este autor. Como mínimo, una propuesta interesante y recomendable, sobre todo para los amantes del cómic galo.




Autor: Étienne Davodeau
Título: El perro bizco
Idioma original: francés
Título original: Le chien qui louche
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien


El perro bizco, de Étienne Davodeau también pertenece a la serie publicada por las ediciones del Museo del Louvre en colaboración con Futuropolis, aunque en este caso el registro cambia: está ambientada en un prosaico presente y la ironía melancólica del cómic anterior se convierte en un humor mucho más evidente, casi con la tierna socarronería de las películas de Jacques Tati. Aquí el protagonista es Fabien, un vigilante del museo -muy divertida la relación que los celadores mantienen con las obras y con los visitantes que las contemplan- que debe atender a la "sugerencia" de la familia de su novia Mathilde, el irreductible clan Benion, de colgar en el mismísimo Louvre un cuadro horrendo pintado por un antepasado con ínfulas artísticas: "El perro bizco", claro... obra que hace honor a su nombre. El pobre Fabien se ve en un aprieto fácil de imaginar, hasta que recibe una ayuda inesperada, que no desvelaré. Una BD divertida y hasta tierna, aunque no deja una huella demasiado profunda, hay que reconocer...



Título: El perdón y la furia
Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: está bastante bien

Este tercer cómic, sin embargo, está editado por el Museo de Prado, pinacoteca que también se ha sumado a esta práctica editorial, pero relacionándola con exposiciones que se hacen en el Museo (habiendo sido así su primera Historieta publicada El tríptico de los encantados (una pantomima bosquiana), de Max, con motivo de la exposición que celebraba el V centenario de El Bosco). Este otro cómic, El perdón y la furia, está dedicado a José de Ribera y cuenta la historia de un artista llamado Osvaldo González,  obsesionado hasta la locura con la obra de este pintor; en concreto con el conjunto llamado Las furias, encargado por el virrey de Nápoles en 1632, y que él relaciona con el Speculum redemptionis, la Geometría Mágica y otras sesudeces de las que sin duda se han informado bien los autores del libro.  Autores que son, Altarriba y Keko, además de otra historieta, Yo, asesino que comparte con este cómic no sólo una afinidad temática, la relación entre el arte y el crimen -aunque aquí no todo es lo que parece- sino también la misma técnica gráfica, a base de violentos claroscuros, en puro blanco y negro, aderezados tan sólo por la violencia del color rojo.

Los admiradores de esta pareja de guionista-ilustrador no se verán decepcionados, pero para los que no las conozcan, quizás sea mejor empezar a leer otraas obras de Altarriba, como la ya mencionada o la excepcional El arte de volar.


En fin, no sé hasta qué punto esta y otras iniciativas semejantes conseguirán que los no aficionados al género se interesen o simplemente respeten un poco más los cómics. O consigan que quienes no suelen entrar en un museo se acerquen de vez  en cuando a uno. Pero ojalá ocurriera alguna de las dos cosas o ambas. Porque de hecho, no hay por qué elegir entre la "alta cultura" y la cultura popular: una puede disfrutarse tanto como la otra. O viceversa.


Otras obras de Antonio Altarriba y Keko reseñadas en Un libro Al Día: Yo, asesinoEl arte de volar 

domingo, 22 de septiembre de 2019

Hannes Råstam: Thomas Quick: cómo se hace un asesino en serie


Idioma original: sueco
Título original: Fallet Thomas Quick: att skapa en seriemördare
Año de publicación: 2012
Traducción: Yeray García
Valoración: más que recomendable

Parece que en los últimos tiempos se ha reavivado el interés popular por los asesinos en serie, tal vez debido a ciertas series y documentales programadas por Netflix (esto lo escribe un seguidor acérrimo de Mindhunter, sin ir más lejos); parece también, por tanto, el momento adecuado para recomendar este libro publicado ya hace unos años por el periodista sueco Hannes Råstam. En él se trata el caso de Thomas Quick, como se conoció durante un tiempo al también sueco Sture Bergwall, quien, a partir de 1992, estando internado en una clínica psiquiátrica y a raíz de la terapia recibida, comenzó a confesar su culpabilidad en diversos crímenes execrables -asesinato, violación, mutilación y canibalismo- cometido durante los 30 años anteriores; en total, se reconoció autor de casi cuarenta asesinatos, por ocho de los cuales fue declarado culpable por los tribunales, siendo considerado además el mayor serial killer europeo hasta ese momento. Pues bien, este pavoroso asesino está hoy en día libre y vive bajo seudónimo en algún país fuera de Suecia. Quizás resida en vuestra misma ciudad y os lo cruzáis todos los días, pensando que es un inofensivo jubilado escandinavo. Quizás sea ese tipo calvo y con gafas que os mira fijamente  mientras vosotros leéis esta reseña en el móvil...

Pues tranquilo todo el mundo, porque eso es exactamente Thomas Quick/Sture Bergwall (o como se llame ahora): un vejete más o menos inofensivo; Thomas o Sture es inocente, al menos de los crímenes que confesó. Todo había sido una trola inventado por este caballero tan locatis y creída -o al menos aceptada- por un buen número de médicos, psicoterapeutas, policías, abogados, jueces, periodistas... Otros, no obstante, se mostraron desde un primer momento escépticos sobre sus revelaciones -empezando por los padres de su supuesta primera víctima- y siempre le consideraron inocente, a la par que mentiroso. El autor de este libro, que era periodista de la televisión sueca, en principio sin una opinión formada al respecto, fue quien, al preparar un reportaje sobre el caso en 2008, consiguió que Sture/Thomas reconociese que todo había sido una invención por su parte. El libro es, por tanto, la crónica de cómo se llevó a cabo la investigación, no para probar la culpabilidad de un asesino, sino su inocencia.

¿Y por qué razón iba a querer alguien, por muy chiflado que esté, autoinculparse de un montón de terribles y hasta horripilantes crímenes? Pues por el motivo más viejo del mundo: para que le hicieran casito. Primero se inventó abusos e intentos de asesinato que habría sufrido por parte de sus padres, para hacerse así más interesante a los ojos de su terapeuta y luego confesó la autoría en uno de los casos de desaparición infantil más célebre de Suecia. La cosa no hubiera salido de la clínica psiquiátrica, tal vez, de no llegar a oídos de la policía y luego de la fiscalía, por lo que Quick, ante la tesitura de tener que retractarse, decidió tirar para delante y confesar no sólo ése sino otros asesinatos sin resolver -que le fueran aumentando la medicación, a la que era adicto, también tuvo mucho que ver-; ya sea por su interés particular o por incompetencia propia de un país bananero, psicoterapeutas, fiscal, policías, abogado defensor... todos le siguieron el juego y fueron hacer crecer la bola de nieve del "peor asesino en serie de Suecia".

De todas formas, lo más llamativo del asunto Thomas Quick, no es lo ñapas que pudieron ser algunos psiquiatras, policías, etc... suecos, ni siquiera en el caso de que su intención fuera cargar el mochuelo a un inocente -por más que él fuera quien se incriminara a sí mismo, a partir de cierto momento aquello era una verdadera encerrona- o, lo que es más probable, sacar algún partido en sus carreras profesionales (por cierto, que si algunas medidas que se tomaron sobre el paciente eran muy cuestionables sabiendo que era inocente, otras resultan totalmente increíbles si pensamos que podría haber sido culpable); es cierto que uno de queda atónito al leer como de van acumulando desafuero tras desafuero, sí, pero la manipulación de pruebas, interrogatorios o testimonios no es algo nuevo bajo el sol procesal, por desgracia. Lo impactante en último término, por diferente, de esta historia es darse cuenta cómo todos o muchos implicados acabaron sucumbiendo al poder de la ficción: la que se inventó en un primer momento Thomas Quick, pero que después es retroalimentada, en un demencial bucle que parecía no ir a tener fin, por la ficción que van pergeñando quienes se ocupan de su caso -tanto criminal como psiquiátrico- y a la que el paciente se va adaptando como nuevo Zelig. De hecho, justo estos días se ha estrenado en Suecia una película basada en este libro de Råstam, titulada Quick, pero cuyo título en inglés es asaz significativo: The Perfect Patient.

El libro resulta aún más interesante además, porque no se trata de la crónica de la captura de un asesino o el trazado de su perfil psicológico, sino de todo lo contrario: la deconstrucción  (más apasionante que su desvelamiento) de uno de estos serial killers. Muchos de los cuales ya han pasado a formar parte de la cultura popular, ya sean personajes reales -Bundy, Dahmer, Berkowitz... o novelescos, como el sempiterno Hannibal Lecter. Ya digo que yo mismo soy muy aficionado a este género de historias, pero también pienso que ojalá incorporemos pronto a nuestro imaginario el caso de Thomas Quick; todos podemos aprender más de él que de cualquier asesino psicópata de tres al cuarto. Por la cuenta que nos trae, además...

miércoles, 15 de octubre de 2014

Jim Thompson: El asesino dentro de mí

Idioma original: inglés
Título original: The killer inside me
Año de publicación: 1952
Traductor: Galvarino Plaza
Valoración: recomendable

Si se me permite comenzar con una expresión bastante tópica y manida, diré que esta novela es Jim Thompson en estado puro. Quienes hayan leído antes más libros de este autor, ya me habrán entendido; a los que no lo hayan hecho, les explicaré lo que significa: sexo bastante explícito, violencia aún más explícita y -en especial en este caso- sexo y violencia explícitamente juntos (no está mal, para haberse escrito en los años 50 del siglo pasado).

Y, sobre todo, significa una buena ración de sentimientos y deseos más que oscuros, en lo más profundo de la Norteamérica más profunda. Lugares con personajes como Lou Ford, el protagonista de esta novela, el ayudante del sheriff de una pequeña ciudad petrolera del Oeste de Texas, un tipo de lo más normal y puede que hasta característico de aquellos lares. Pero como explicaba, al parecer, el mismo Thompson: "Hay 32 maneras de contar una historia y yo las he usado todas, pero sólo hay una trama: las cosas no son lo que parecen". Y así resulta que Lou, bajo una apariencia afable y hasta cachazuda, esconde a un asesino en latencia que, a partir de su relación con una prostituta, desata su impulso homicida. La historia está contada, además, por el propio asesino, que nos va explicando sus motivos y razonamientos (torcidos, como puede suponerse, pero con su propia lógica), sus planes, preparativos, ejecuciones inexorables... no diré que de esta forma se llegue a sentir empatía por el protagonista, cosa que resulta harto difícil, pero sí se entiende lo que dice otro de los personajes, un abogado: una amapola puede verse como una mala hierba o una flor, dependiendo de si se encuentra en un trigal o en un jardín...

Tal vez el propio Thompson se sentía un poco como esa amapola: tras una infancia alborotada, fue, entre otras cosas, vagabundo, botones de hotel, obrero, bracero en un oleoducto, contrabandista de alcohol, universitario, comunista ocasional, reportero, guionista de cine... y siempre escritor, que puso en sus relatos buena parte de su azarosa biografía. Al igual que en este personaje de Lou Ford podemos encontrar elementos de la figura de su padre, que fue sheriff de un pueblo de Oklahoma hasta que huyó por malversación de fondos públicos, para luego probar fortuna en el negocio petrolero... precisamente en el Oeste de Texas. El protagonista de esta novela resulta ser también el reverso (o más aún: el antecesor, puesto que El asesino dentro de mí es anterior) de otro personaje emblemático de Thompson: el sheriff Corey de 1280 almas. Pero lo que en ésta última es humor y socarronería (aunque no del todo, como sabrá cualquiera que la haya leído), en la primera es oscuridad e inclemencia. Aquí asistimos, sin poder -y quizás sin querer- evitarlo, al precipitarse en su propio abismo (llevándose a quien pueda con él, eso sí), de un pobre tipo enfermo o de un asesino despiadado, según se mire... O de ambas cosas a un tiempo, como suele ser frecuente.



También de Jim Thompson en ULAD: Los timadores1280 almasHijo de la ira

viernes, 29 de noviembre de 2019

Margaret Atwood: Los testamentos

Idioma original: inglés
Título original: The Testaments
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable pero decepcionante



Montuenga. Confieso que Los testamentos me ha decepcionado un poco. Salvaría muchas cosas de ella, pero después de toda la expectación que se creó tras el anuncio de una secuela de la gran novela de moda, la verdad, me esperaba más, y me ha parecido lo más flojo que he leído de Atwood. Aunque no la considero una gran obra de arte, creo que El cuento de la criada es muy superior. La autora describía de forma bastante hermética un mundo que daba escalofríos, y no solo en relación con las mujeres. Esta, en cambio, me ha parecido una concesión a los lectores. Aunque, por otra parte, el hecho de que aparezca mucho más claro el proceso que desemboca en una sociedad totalitaria facilita la lectura a un público mucho más amplio.

Juan. En sentido general estoy de acuerdo (es decir, en este caso, está claro que "las intenciones" apuntan más alto que la novela), he de decir que a mí no me ha parecido tan mal... Por lo menos, las partes narradas por Tía Lydia y Agnes, sobre todo al principio, están a un nivel si no tan alto como la primera parte de "El cuento de la criada", sí al menos en esa línea. De la parte narrada por Daisy, mejor no hablemos, porque coincido en que es la más floja e incluso todo el personaje me resulta fuera de lugar.

M. Al menos ha intentado hacer la historia de Gilead más legible, analiza causas y consecuencias, amplía la perspectiva, podemos reconstruir el hilo argumental que dio lugar a Gilead y lo que Gilead construyó y destruyó, así como su influencia en el entorno. Pero, como dices, le queda bastante irregular y los personajes son poco creíbles. Es verdad que Daisy parece un robot desde el principio, pero Tía Lydia y Agnes se van convirtiendo en un estereotipo a medida que avanza la acción y la doble cara de la primera, en lugar de justificarse al final, me resulta completamente inverosímil.

 J. Lo que yo creo que le pasa a Margaret Atwoood, al menos en los libros que yo he leído de ella, es que es muy buena describiendo situaciones, digamos estáticas, en este caso de opresión, etc... pero cuando trata de hacer evolucionar esas situaciones o a sus personajes dentro de ellas, se mete en lo que llamaríamos la "peripecia" y ahí sufre un apreciable bajón del nivel literario.

 M. No se me había ocurrido verlo así, pero tienes razón. En este caso, como la foto casi fija que era El cuento de la criada tiene que evolucionar de alguna forma, acaba derivando, creo yo, en un thriller algo flojo y, sobre todo al final de la acción propiamente dicha, en novela de aventuras para jóvenes.

 J. No es que resulten novelas ilegibles, porque tiene oficio, pero sí acaban dejando una impresión decepcionante. Le ocurría también, que yo recuerde, en "Por último el corazón". En "El cuento de la criada" no tanto, porque el final es un poco "chapucero", si me permites la expresión, Lo cual hace que, justamente, haya tratado de arreglarlo en esta otra novela, supongo yo, y la cosa le ha quedado regulinchi.

 M. No solo no lo arregla. Es que este desenlace arqueológico es casi peor que el anterior. Una forma de eludir la responsabilidad inventándose un final que no le exige un progreso de la acción ni concede a los personajes un futuro coherente. Lo que hace es inventarse la manera de ofrecer datos dispersos y así no tiene que romperse la cabeza.

 J. Además, y de esto sabrás tú más que yo, supongo que ha querido darle voz a otras mujeres, no sólo a la "mujer-víctima" que representan las criadas.

 M. Yo creo que todos los personajes femeninos son víctimas de alguna forma, y en eso estoy de acuerdo con Atwood. Desde luego, toda esa trama de manipulación, confabulaciones, chantaje y chismorreo generalizados, como vehículo para hacer llegar un mensaje y al margen de sus valores literarios, está bastante bien, así como la escala jerárquica del sexo inferior: tías, marthas, esposas, econoesposas, criadas y perlas. El argumento es previsible y a la vez intrigante, aunque parezca contradictorio, y tiene una estructura muy atrayente: tres mujeres de diferentes edades alternándose como narradoras, una de ellas, Tía Lydia, cofundadora de Gilead y las otras, nacidas después del gran derrumbe; entre las jóvenes, Agnes, criada en Gilead y Daisy en un Canadá libre aunque muy influido por la proximidad del nuevo estado. Todo esto ofrece una perspectiva amplia,  ayuda a establecer comparaciones y nos empuja a leerla casi de un tirón a pesar de sus 500 páginas. Pero le encuentro muchos puntos débiles, por ejemplo, la falta de referencias espacio-temporales: se supone que Gilead abarca gran parte del antiguo Estados Unidos, sin embargo parece un pueblito donde todo el mundo se conoce.

 J. Y sabiendo las movidas que ha tenido en los últimos tiempos con algunos sectores del feminismo, sospecho que el personaje de Tía Lydia es un trasunto, en cierta manera de ella misma, (aunque quizás eso sea ir demasiado lejos en la especulación).

 M. No estoy al tanto de esas movidas, sí me consta que los medios suelen amplificarlas para desacreditar nuestras reivindicaciones. En cuanto a que Tía Lydia sea un trasunto de la autora, me parece mucho decir. Puede que su primera idea fuese esa, pero le ha quedado un personaje tan siniestro que no hay por donde cogerlo, por mucho que quiera arreglarlo al final. Su personalidad evoluciona de una manera que, como decía antes, no hay quién se lo compre. Lo que es evidente es que las mujeres hemos visto la necesidad de hablar claro, incluso las de su generación. O sobre todo ellas, que han sufrido las consecuencias de esa forma peculiar de ver las cosas, siempre en detrimento nuestro. No hace falta recordar que el velo islámico, el porno machista, los vientres de alquiler, los techos de cristal, las diferencias de salario, violaciones etc. siguen existiendo a día de hoy. La denuncia de Atwood consiste en colocarnos frente a un espejo deforme y dejarnos pensar. Tienes razón en que lo mejor de la novela son sus intenciones, pero se le ha ido un poco de las manos. Aunque reconozco que inspirarse en la iglesia y los totalitarismos, como hizo ya en su precuela, ha sido un gran acierto. Tampoco lo tenía nada fácil, supongo que no se le ha concedido todo el tiempo del mundo para escribirla, que obligatoriamente tenía que crear un best-seller y que la carta blanca de que disponía en los ochenta para opinar lo que le viniese en gana ya no existe. Todavía no hemos caído en el estadio involutivo que ella predijo, pero –a pesar de las apariencias– en libertad de expresión hemos perdido bastante, aquí en España, en Estados Unidos y creo que a escala universal. Así que ¡bien por Margaret Atwood! una escritora que a sus ochenta años sigue contando historias complejas y trabajando por la igualdad entre los sexos.

Montuenga y Juan G. B.


miércoles, 10 de agosto de 2016

Bonus track de la Semana del best-seller: Chacal, de Frederick Forsyth

Idioma: inglés
Título original: The Day of the Jackal
Año de publicación: 1971
Traducción: Ramón Fernández
Valoración: de lo más recomendable

Señoras y señores, amigos y seguidores de Un Libro Al Día, no podía faltar, a modo de postre o complemento de la semana dedicada a los best-sellers, la reseña de algún libro de uno de sus más conspicuos cultivadores, autor de grandes éxitos de la política-ficción como son ODESSA, Los perros de la guerra, El cuarto protocolo o El manifiesto negro, entre muchos otros, y autor de este trepidante thriller en el que un implacable asesino a sueldo de la OAS trata de acabar con la vida del general De Gaulle...

-Hipotético Lector: Eh, un momento...¿Qué eso de la OAS y quien es ese general?

-Sufrido Reseñista: Humm... ¿y para qué sirve la Wikipedia, me pregunto yo? Bien, la OAS era una organización secreta de franceses que rechazaban la independencia de Argelia y que le echaban la culpa de la misma a De Gaulle, el líder de la Francia Libre y presidente de la República francesa entre 1958 y 1969.

-Hipotético Lector: ¿Cómo?¡ Pero si de eso hace casi 50 años! Menuda viejunez de libro...

-Sufrido Reseñista: ¡De eso nada, ignorante! Esta novela puede ser de 1971, pero es un ejemplo a seguir por todo el que quiera escribir una historia de intriga y acción. Y no es viejuna, es vintage, que no es lo mismo...¡Pero si el coche de De Gaulle es un Citroën DS, tipo Tiburón, y el del asesino, el Chacal, un Giulietta Spider, por el amor de Dios! ¿Puede haber algo más vintage que eso?

-H.L.: Un momento... Chacal, asesino... Yo creo que he visto algo así en una peli, una con Bruce Willis, que tenía una pedazo de ametralladora, y Richard G...

-S.R.: ¡Alto ahí: ni se te ocurra acabar ese nombre impío! Además, esa película es una porquería; la buena es la primera versión, la de Fred Zinnemann, con Edward Fox como el chacal y Michael Lonsdale como el policía francés que le persigue. Y no hay "pedazo ametralladoras", sino que todo es mucho más artesanal y fascinante, del tiempo en que había teléfonos de baquelita, los terroristas eran criminales glamurosos y los polis no tenían ni idea de lo que serían los Big Data.

-H.L.: Pues eso: una cosa de lo más viejuna.

-S.R.: Sí, viejuna y todo lo que quieras, pero es una novela capaz de tenerte pegado a sus páginas desde el principio hasta el final, cautivado por la caza del hombre y sobre todo, por los preparativos que realiza el frío Chacal para llevar a cabo su letal encargo (cierto es que la seguridad del Presidente francés resulta un poco de risa para los estándares actuales... hoy en día hasta parece más difícil colarse en una discoteca playera).

-H.L.: ¿Y al final lo mata con un dron o algo así?

-S.R.: ¿Eh? ¿Pero qué dron ni que gato muerto? ¿Es que no tienes ni idea de Historia o qué? Vale, nos respondas... Nada, tendrás que leer la novela para saberlo. Además, eso no es lo importante, sino la magnífica trama y cómo Forsyth conduce al lector a través de ella: una maravilla de precisión y ritmo narrativo.

-H.L.: Ya, bueno... puede que la lea. Aunque igual me pongo antes con ésa de lo perros, que son unos animales que me encantan...

-S.R.:  GGRRRL... Mejor ni te lo explico. Anda, déjame que cierre de una vez la reseña: 

Chacal, estimados lectores de ULAD: todo un clásico de la literatura popular y el thriller. Háganme caso: como ya he aclarado, no es ninguna antigualla, es vintage. Y eso mola.

domingo, 1 de mayo de 2016

Marc Biancarelli: Huérfanos de Dios

Idioma original: francés
Título original: Orphelins de Dieu
Año de publicación: 2014
Traducción: Antonio Roales Ruiz
Valoración: muy recomendable


Me llena de orgullo y satisfacción (¿dónde he oído yo eso antes?) inaugurar con esta reseña una nueva etiqueta en este benemérito blog: la que corresponde a "escritores corsos". Que yo sepa, Marc Biancarelli es el primero oriundo de esa isla cuya obra reseñamos aquí. Aunque, sin embargo, no podemos inaugurar la categoría de "libros en corso", pues precisamente ésta es la primera novela en francés de este autor -quien, por lo demás, ha desarrollado su carrera en la lengua vernácula de su tierra, de la que además es profesor-; así que dejémonos de otros detalles: esta es la primera novela "corsa de ULAD.

Bien, ¿qué sabemos de Córcega, aparte de la  proverbial belleza de sus paisajes (hablo por referencias, pues por desgracia yo aún no conozco esta isla mediterránea): que es la patria de Napoleón, por supuesto, pero además de gentes con fama de orgullosas, con un sentido calderoniano del honor ultrajado, proclives por tanto a la vendetta y a la violencia descarnada, casi rutinaria... Bueno, todo esto serán en su mayor parte tópicos, sin duda, pero tópicos o no, Biancarelli -al que concedamos que debe ser mejor conocedor de sus paisanos y de la historia de su isla que nosotros- no sólo los incluye en su novela, sino que les otorga un lugar central en la misma: la violencia está presente casi en cada una de sus páginas, aunque, huyendo de cualquier imagen efectista o frívola de la misma, adquiere un tono de profunda tristeza, como si fuese un sino inevitable que oprime a los personajes, incapaces de huir de ese destino violento al que parecen abocados por la obligación, ineludible, de la venganza de cualquier afrenta.

De eso mismo va, precisamente, el argumento de la novela: en la segunda mitad del siglo XIX, una joven campesina, Vénérande, contrata un viejo asesino a sueldo, apodado "L'Infernu" para que mate a los hombre que desfiguraron de forma horrible a su hermano, un simple pastor que se cruzó en el camino de la banda de los Santa Lucia. Comienza a sí una aventura que remite, de manera inevitable -y asumida por el propio autor, que no en vano cita la película Valor de ley- al western más clásico, aunque aquí la frontera entre "buenos" y "malos" se encuentra más bien difuminada: el relato del camino de la venganza que emprenden ambos, viejo y joven, se ve entreverado con los recuerdos del asesino, antiguo rebelde y bandolero por tierras toscanas y griegas, que nos ofrece el testimonio de su propia caída al infierno al que alude su apodo. Pero no sólo de él, sino, en mayor o menor grado, de todos los personajes que aparecen en la novela, e incluso se diría que de toda la isla de Córcega, que a partir de un momento indeterminado -quizá la pérdida de su independencia, o la caída de Napoleón...- también parece haber sido abocada al infierno de la Historia.

A destacar, por cierto, el buen oficio narrativo de Biancarelli que, sin dejarse asfixiar por la ambientación decimonónica que enmarca la novela, consigue infundirle un ritmo y una fluidez admirables, de manera que se lee con gran facilidad, alternando las vicisitudes propias de la venganza con los hechos del pasado de L'Infernu, quien se los va narrando a la muchacha, no tanto con intención de confesión arrepentida como para compartir con alguien los desafueros de toda una vida dedicada al combate, el pillaje y el asesinato y que por eso mismo, se le va revelando como inútilmente gastada, aunque tal fuera el destino inexorable que le estaba reservado.

Una novela cuya lectura acaba siendo arrebatadora, pues, y además un muy buen debut para una nueva editorial, Armaenia, a la que hay que dar la bienvenida a un panorama de sellos independientes que se pone cada vez más interesante, por fortuna.

martes, 5 de junio de 2018

Max Aub: Crímenes ejemplares

Idioma: español
Año de publicación: 1957
Valoración:  recomendable

Entiendo que alguno de ustedes, de vosotros, esté ya hasta al gorro de tanta novela policíaca, novela negra, noir, polar, hardboiled, de crímenes o como se las quiera etiquetar. Yo no, que conste, pero lo comprendo; ya no hay rincón en este planeta sin su correspondiente detective de ficción, hombre, mujer, niño, oveja, cishetero, trans, homo, negro, blanco, chino, pobre, rico, muerto o aún no nacido... de todo, vaya. No queda ciudad o pueblo, al menos en España, sin su correspondiente festival de novela negra y los crímenes reales suscitan un morboso interés con programas especiales, supuestos expertos y periodistas especializados debatiendo hasta los detalles más escabrosos (y cuanto más  escabrosos mejor, de hecho)... Quizá sea porque, en realidad, en el estado español o en cualquier otro de Europa occidental tampoco suceden tantos asesinatos y demás sucesos luctuosos como nos parece. El legendario periódico El Caso, hoy lo tendría más difícil para llenar sus páginas (por suerte).

¿A qué viene toda esta introducción, posiblemente innecesaria? Pues a que, a pesar de este empacho criminal al que somos sometidos, como sociedad y en especial los lectores (aunque en mi caso, ya digo que bien a gusto), poco se suele escribir acerca de las causas que llevan a un asesino a serlo, en contraste con lo mucho que se detienen escritores y periodistas en las circunstancias del asesinato y de la investigación del mismo. Estas "razones del asesino" fueron las que, precisamente intrigaron al escritor hispano-franco-mexicano Max Aub (un auténtico lujo intelectual para cualquier país, por lo demás), que en 1957 publicó esta recopilación que había ido haciendo con las explicaciones  dadas acerca de sus crímenes por un montón de asesinos tanto de Francia como de España y México: 87 en total, pasadas, claro está por el tamiz literario de este autor. El resultado es absolutamente fascinante, habida cuenta, además, que sólo dos de los casos, según dice Aub en el prólogo, pertenecen a lo que podríamos llamar "enajenados"; todos los demás homicidas son, en principio personas tan en sus cabales o "normales" como cualquiera de nosotros... (aunque igual eso no es decir mucho).

Las razones de estos asesinos son de lo más variopinto, desde las más absurdas a las más eleboradas. Muchos han matado por un pronto, por un acceso de ira o una gota que ha colmado el vaso de la paciencia, ya sea hacia clientes pesados, camareros inútiles, vecinos incordiantes o alumnos imposibles. A veces es la mera presencia de la víctima o alguno de sus rasgos físicos o de su personalidad la que provoca el drama. En otras ocasiones, las más espeluznantes, no hay una razón concreta: se mata porque puede hacerse, por aburrimiento, porque resulta divertido o, simplemente, porque surge esa oportunidad, largamente esperada:

"¿Usted no ha matado nunca ha nadie por aburrimiento, por no saber que hacer? Es divertido."

" Era tan feo el hombre, que cada vez me que lo encontraba,  parecía un insulto. Todo tiene su límite."

" Lo maté porque tenía una pistola. ¡Y da tanto gusto tenerla en la mano! "

" Lo maté porque en vez de comer, rumiaba."

 Los motivos racionales, fríos, se mexclan con otros tan absurdos  que resultan hasta coherentes en su absurdez:

" Mató a su hermanita la noche de Reyes para que todos los juguetes fueran para ella."

" Lo maté en sueños  y luego no pude hacer nada hasta que lo despaché de verdad. Sin remedio. "

" Lo maté porque era de Vinaroz."

Aunque a veces no sé especifique, la mayoría de estos homicidas parecen ser varones. También hay mujeres, por supuesto, aunque me temo que sean más frecuentes como víctimas que como asesinas (¿qué raro, verdad?). Un par de ejemplos de lo que ahora llamamos "violencia de género" pero que en tiempos de Max Aub se consideraba "crimen pasional" (Aub, sin embargo, no se engañaba al respecto, como se puede ver):

"_ ¡Antes muerta! -me dijo. ¡Y lo único que yo quería era darle gusto! "

" ERRATA
Donde dice:
   La maté porque era mía.
Debe decir:
   La maté porque no era mía."

Por último, aunque no sea un detalle menor, ni mucho menos: la edición de este libro que yo he leído, (patrocinada por varias instituciones de la Comunidad Valenciana, lo cual se debe a que Max Aub residió en Valencia dutrante su etapa española y hoy en día la Fundación que lleva su nombre tiene su sede en la localidad de Segorbe) cuenta con las ilustraciones de nada menos que 31 artistas gráficos, de los más señeros en aquel ya lejano 2001 en que fue editado el libro. Algunos siguen siéndolo y otros ya no están tampoco entre nosotros. pero las ilustraciones de todos, limitadas, de forma muy adecuada, al blanco, negro y rojo, siguen proporcionando un interesante contrapunto a los textos de este libro algo extraño, pero fascinante, cuyos argumentos nos resultan a un tiempo familiares y ajenos. Esperemos que más de lo segundo que de lo primero... ; )



Otros ¿libros? de Max Aub reseñados en Un Libro Al Día: Las buenas intenciones, Juego de cartas

sábado, 30 de mayo de 2026

Carlos Portela y Keko: Contrition

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: recomendable

Tela marinera con esta novela gráfica que nos proponen el guionista Carlos Portela y el dibujante Keko, pues es de esas obras que resultan incómodas las mires por donde las mires y plantean espinosas preguntas de difícil respuesta... para quien quiera hacérselas, claro. Porque este cómic también puede leerse como un thriller policiaco -y periodístico, en este caso- sin más, bastante bien llevado e intrigante por fuer de un par de plot twist que incitan a seguir leyéndolo. Por incómodo que pueda resultar hacerlo.

Me explico y ya veréis cómo me entendéis mejor: la acción se desarrolla en  una pequeña comunidad del condado de Palm Beach, en Florida, que tiene la característica de reunir allí a un alto número de delincuentes sexuales, en buena medida pederastas. Y no, no se trata de Mar-o-Lago, como podría deducirse, sino de otra situado en la parte pobre del condado (que la tiene, aunque parezca insólito), en el municipio de Nahokee. Allí, en un antiguo asentamiento de trabajadores del algodón, un reverendo adventista creó una comunidad para que los ex-convictos de este tipo de delitos pudieran residir cumpliendo la ley de ese estado que les impide vivir a menos de mil pies de un colegio, guardería, parque infantil o patio de recreo de niños. Se creó así Contrition Village, que puede ser visto como un lugar donde encontrar la paz para esos individuos, pero también como una cárcel al aire libre donde deben cumplir una segunda condena, de por vida... (*)

En uno de los bungalows que componen esa pequeña comunidad se produce, en 2008, un incendio que acaba con la vida del ciberpedófilo (por lo visto, sí que existe este término, no me despellejéis) Christian Nowak. Aunque todo parece indicar un accidente, algunas cosas no cuadran -o cuadran demasiado- y la periodista Marcia Harris, del The Palm Beach Sun no cejará hasta descubrir lo que ha pasado realmente... pese a que todo el mundo, desde el director del periódico a su pareja y, por supuesto, la oficina del sheriff,  le piden que lo deje. Tan sólo contará con la ayuda ocasional de la detective Sonia Aldir, de la unidad de seguimiento de delincuentes sexuales de Palm Beach (formando una pareja que recuerda un poco y salvando las distancias, a la del obsesivo dibujante Graysmith y el detective Toschi en la magnífica película Zodiac). 

La historia, por tanto, puede leerse como propia del género negro, con su carga de intriga y turbiedad. A ello contribuye, en gran medida, además del estupendo guión de Portela, las ilustraciones de Keko, con su trazo vigoroso en blanco y negro, matizado de forma muy interesante por el uso de la fototransferencia para los fondos. En la mayoría de los casos los personajes pueden parecer algo estáticos, pues, más que una historia llena de acción, aquí la tensión se sustenta en los diálogos y los silencios; para ello se ajusta a la perfección la estética de Keko. Ya digo que no es un thriller trepidante, sino más bien un noir contenido pero no exento de momentos de violencia, ya sea evidente, física, o latente.

Por otro lado, y como he mencionado al principio, lo más impactante e inquietante de esta novela gráfica son las preguntas que suscita. Aunque también toca temas como el acoso escolar, la marginalidad en EE.UU. o la dificultad de las mujeres para desarrollar una carrera profesional, lo central en esta historia es todo lo relativo a los delincuentes sexuales. ¿Qué hacer con ellos, aparte de perseguirles y castigarles? ¿Deben perder sus derechos las personas que ya han cumplido su condena legal? ¿Y entre esos derechos debe contarse incluso dónde pueden o no vivir? ¿Hasta qué punto merecen el perdón y la reintegración en la sociedad? ¿Son más graves los delitos sexuales que los de otro tipo o es la sensibilidad contemporánea la que nos hace verlo así (en un momento dado, por ejemplo, Marcia plantea que un delincuente de este tipo no puede vivir donde le plazca, pero que un asesino sí podría hacerlo)? ¿Somos hipócritas por querer tener a pedófilos y violadores lo más alejados posible de nuestras comunidades o lo somos por, precisamente, no querer asumir que este tipo de personajes han salido de nuestra propia sociedad... en la que, no lo olvidemos, hay ocultos (o no tan ocultos, en algún caso) más como ellos? En fin, preguntas hay muchas y repuestas, al menos en el libro, sólo alguna. 

Nota casi final: casualmente, coincidió mi lectura de esta novela gráfica con el visionado de la película franco-iraní Un simple accidente, que, si bien, obviamente, trata de otra situación y otro contexto muy diferente, tiene algunas concomitancias con el cómic. No diré cuáles para no hacer ningún espoiler, pero si veis ambas, espero que estéis de acuerdo conmigo.

(*) Y no es un lugar inventado, sino que existe realmente, con el nombre de Miracle Village, en el municipio de Pahokee, que no Nahokee, aunque sí en el condado de Palm Beach... Es decir, que por poco estos ex-convictos no tienen de vecino a Donald Trump... lo que supondría una doble condena y ni siquiera esta gente se merece eso.

También de Keko en Un Libro Al Dia: Yo, asesinoEl perdón y la furia

martes, 6 de mayo de 2025

Joyce Carol Oates: Gente adinerada

Idioma original: Inglés
Título original: Expensive People
Traducción (al catalán): Núria Busquet Molist
Año de publicación: 1968
Valoración: Ambicioso y decididamente recomendable

Gente adinerada es la segunda de las cuatro novelas autoconclusivas que conforman Wonderland, la tetralogía de Joyce Carol Oates. Aunque cambia el estilo, tono y planteamiento general de Un jardín de placeres terrenales, su predecesora, mantiene el alto nivel literario y la dura crítica a Estados Unidos.

Nos sumerge en la mente de Richard Everett, un adolescente solitario, alienado y mentalmente inestable que relata su vida a través de unas memorias en primera persona con continuas apelaciones al lector. Memorias que deliberadamente carecen de una arquitectura literaria («Sólo en la ficción hay transiciones claras entre los acontecimientos», pg. 162), presentan varios personajes que no se desarrollarán jamás y se prolongan indefinidamente (pues, al terminarlas, el narrador deberá «afrontar el suicidio», pero le «da miedo morir», pg. 262).

Richard estuvo rodeado de bienes materiales cuando crecía. Pertenecía a una familia adinerada y vivía en una casa grande y cara de un barrio residencial de Detroit. Sin embargo, era hijo de un matrimonio profundamente desestructurado. Su madre, Natashya Romanov (en adelante la llamaré Nada) no les quería ni a él ni a su padre, el exitoso pero infeliz ejecutivo Elwood Everett, con quien estaba casada sólo por dinero y a quien engañaba con decenas de hombres.

Richard admite enseguida que Nada es el núcleo de Gente adinerada. Y tiene razón: alrededor de ella giran estas memorias, los acontecimientos y el resto del elenco («porque Nada siempre avanzaba (...), como cualquier constelación importante, dirigiéndose hacia aquello que ella creía que buscaba, y junto a ella avanzaban satélites y partículas de polvo, entre ellos yo», pg. 232).

Menudo personajazo logró Oates con Nada. Es una mujer atractiva, esquiva tanto para su hijo Richard como para su marido, Elwood. Es, también, una escritora menor, autora de una obra de gran calibre. Y es quien, desde el inicio, sospechamos que murió a manos de su hijo, que se confiesa asesino.

Los sentimientos del narrador hacia Nada son, por cierto, harto complejos, intensos y oblicuos. Él siente un amor desmesurado por su madre, uno que rebasa toda frontera filial. «¿Todavía la quería?», se pregunta Richard en la pg. 231. «La quería más que nunca, claro. Las madres que se arriman y suplican amor no reciben nada, y no se merecen nada, pero las madres como Nada (...) nos sorben cada gota de amor. Lo horrible es que el amor es una emoción con la cual no puedes hacer nada. No tiene valor. Quienes amamos desesperadamente somos como los nobles en el exilio, exiliados sin ningún reino para mirar hacia atrás, para recordar. Nuestra persona querida existe dentro de la perfecta aureola de su propia consciencia, egoísta y adorada, protegida de nosotros por la misma violencia del amor que sentimos. ¿No es eso el amor que siente un niño por su madre, os debéis preguntar? ¿Verdad? ¡Ay, dejad que sea cualquier cosa, cualquier tipo de amor! ¡Tenía suficiente amor de cualquier tipo! Podía perdurar más que los amantes, los maridos, los amigos...»

En cambio, Nada no corresponde a su hijo. Aunque en ocasiones se muestra afectuosa, nunca le prodiga amor genuino (al igual que hace Elwood). Incluso lo ha abandonado en alguna ocasión. Richard describe así su interacción con Nada cuando es consciente de que ésta volverá a marcharse de casa tras una discusión con su marido: «Me parece que lo supe yo antes que ella. Todo el día entraba y salía de mi habitación, se sentaba en mi cama y depositaba la mano fresca y remota sobre mi frente febril, mirándome con la sorpresa tenue y vaga de una persona que descubre que hay vida en el maniquí de una tienda o en un cadáver. ¡Nunca signifiqué nada para ella, nunca! Quizá era una extraña broma protoplásmica que padre le había deseado una noche, ya tarde, después de un coctel. Yo era carne, huesos, sangre y cerebro etiquetados como "Richard", y "Richard" debería haber evocado en su mente pensamientos mecánicos de culpa, responsabilidad y amor. Me quería cuando era feliz. Me quería cuando se daba cuenta de mi existencia. Me quería si era bueno, si padre era bueno, si la habían invitado a salir las dos noches de un fin de semana, si el mundo iba bien, si la humedad era baja y el barómetro agradable: mientras que yo la quería siempre, cuando era una puta o era una santa, encantadora o fea, con los cabellos cortos y brillantes o largos y grasientos... La quería, ¿pero de qué nos sirvió a ninguno de nosotros?», pg. 127.

Tras un breve diálogo, en el que Richard le dice a Nada que si marcha de nuevo no se moleste en volver, ella se queda «quieta y seria», mirándolo «de la misma forma en que miraba a padre o a las mujeres con rulos del vecindario, o a las cacas que hacían los perros de los vecinos en el césped de casa. Su cara era magnífica y pálida, sus ojos oscuros, algo dementes (...). ¡Ay, no lo sé! ¡No sé qué parecía! La miré y miré durante años. La observaba y la quería. (...) pasó de ser otra persona a formar parte de mí mismo. Era como si Nada, mi madre, se hubiera convertido en una especie de criatura embrionaria incrustada dentro de mi cuerpo (...)», pg. 128.

Pero no os penséis que el resto de personajes palidecen al lado de la polifacética Nada. Richard y Elwood están igualmente perfilados (su aspecto físico, sus voces, su psicología, etc...). También muchos secundarios, pese al escaso foco que reciben.

Otro aspecto destacable de Gente adinerada es su estructura y su estilo. Ya he mencionado que elude el formato literario en sus memorias. A ese enfoque tan interesante hay que añadir otros dos aspectos que dotan al texto de un carisma excepcional: el grado de suspense que alcanza y la narración no fiable de Richard.

Por último, querría mencionar que la crítica a Estados Unidos efectuada en estas páginas es muy acertada. Se enfoca a la clase medio alta, su educación, su pleitesía por el dinero, su pretenciosidad intelectual, su hipocresía, etc...


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