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sábado, 30 de mayo de 2026

Carlos Portela y Keko: Contrition

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: recomendable

Tela marinera con esta novela gráfica que nos proponen el guionista Carlos Portela y el dibujante Keko, pues es de esas obras que resultan incómodas las mires por donde las mires y plantean espinosas preguntas de difícil respuesta... para quien quiera hacérselas, claro. Porque este cómic también puede leerse como un thriller policiaco -y periodístico, en este caso- sin más, bastante bien llevado e intrigante por fuer de un par de plot twist que incitan a seguir leyéndolo. Por incómodo que pueda resultar hacerlo.

Me explico y ya veréis cómo me entendéis mejor: la acción se desarrolla en  una pequeña comunidad del condado de Palm Beach, en Florida, que tiene la característica de reunir allí a un alto número de delincuentes sexuales, en buena medida pederastas. Y no, no se trata de Mar-o-Lago, como podría deducirse, sino de otra situado en la parte pobre del condado (que la tiene, aunque parezca insólito), en el municipio de Nahokee. Allí, en un antiguo asentamiento de trabajadores del algodón, un reverendo adventista creó una comunidad para que los ex-convictos de este tipo de delitos pudieran residir cumpliendo la ley de ese estado que les impide vivir a menos de mil pies de un colegio, guardería, parque infantil o patio de recreo de niños. Se creó así Contrition Village, que puede ser visto como un lugar donde encontrar la paz para esos individuos, pero también como una cárcel al aire libre donde deben cumplir una segunda condena, de por vida... (*)

En uno de los bungalows que componen esa pequeña comunidad se produce, en 2008, un incendio que acaba con la vida del ciberpedófilo (por lo visto, sí que existe este término, no me despellejéis) Christian Nowak. Aunque todo parece indicar un accidente, algunas cosas no cuadran -o cuadran demasiado- y la periodista Marcia Harris, del The Palm Beach Sun no cejará hasta descubrir lo que ha pasado realmente... pese a que todo el mundo, desde el director del periódico a su pareja y, por supuesto, la oficina del sheriff,  le piden que lo deje. Tan sólo contará con la ayuda ocasional de la detective Sonia Aldir, de la unidad de seguimiento de delincuentes sexuales de Palm Beach (formando una pareja que recuerda un poco y salvando las distancias, a la del obsesivo dibujante Graysmith y el detective Toschi en la magnífica película Zodiac). 

La historia, por tanto, puede leerse como propia del género negro, con su carga de intriga y turbiedad. A ello contribuye, en gran medida, además del estupendo guión de Portela, las ilustraciones de Keko, con su trazo vigoroso en blanco y negro, matizado de forma muy interesante por el uso de la fototransferencia para los fondos. En la mayoría de los casos los personajes pueden parecer algo estáticos, pues, más que una historia llena de acción, aquí la tensión se sustenta en los diálogos y los silencios; para ello se ajusta a la perfección la estética de Keko. Ya digo que no es un thriller trepidante, sino más bien un noir contenido pero no exento de momentos de violencia, ya sea evidente, física, o latente.

Por otro lado, y como he mencionado al principio, lo más impactante e inquietante de esta novela gráfica son las preguntas que suscita. Aunque también toca temas como el acoso escolar, la marginalidad en EE.UU. o la dificultad de las mujeres para desarrollar una carrera profesional, lo central en esta historia es todo lo relativo a los delincuentes sexuales. ¿Qué hacer con ellos, aparte de perseguirles y castigarles? ¿Deben perder sus derechos las personas que ya han cumplido su condena legal? ¿Y entre esos derechos debe contarse incluso dónde pueden o no vivir? ¿Hasta qué punto merecen el perdón y la reintegración en la sociedad? ¿Son más graves los delitos sexuales que los de otro tipo o es la sensibilidad contemporánea la que nos hace verlo así (en un momento dado, por ejemplo, Marcia plantea que un delincuente de este tipo no puede vivir donde le plazca, pero que un asesino sí podría hacerlo)? ¿Somos hipócritas por querer tener a pedófilos y violadores lo más alejados posible de nuestras comunidades o lo somos por, precisamente, no querer asumir que este tipo de personajes han salido de nuestra propia sociedad... en la que, no lo olvidemos, hay ocultos (o no tan ocultos, en algún caso) más como ellos? En fin, preguntas hay muchas y repuestas, al menos en el libro, sólo alguna. 

Nota casi final: casualmente, coincidió mi lectura de esta novela gráfica con el visionado de la película franco-iraní Un simple accidente, que, si bien, obviamente, trata de otra situación y otro contexto muy diferente, tiene algunas concomitancias con el cómic. No diré cuáles para no hacer ningún espoiler, pero si veis ambas, espero que estéis de acuerdo conmigo.

(*) Y no es un lugar inventado, sino que existe realmente, con el nombre de Miracle Village, en el municipio de Pahokee, que no Nahokee, aunque sí en el condado de Palm Beach... Es decir, que por poco estos ex-convictos no tienen de vecino a Donald Trump... lo que supondría una doble condena y ni siquiera esta gente se merece eso.

También de Keko en Un Libro Al Dia: Yo, asesinoEl perdón y la furia

viernes, 26 de enero de 2018

3x1: Museos, Historietas Y Viceversa


A estas alturas, creo que todos convendremos en considerar al cómic -llamémosle tebeo, BD o fumetti- como una más de las artes -¿la octava, quizá?- o, cuando menos, una afortunada combinación entre dos de ellas. En todo caso, quienes sí parecen tenerlo claro son algunos de los más importantes museos del mundo; no sólo porque en ellos se programen exposiciones sobre este género (como la que ahora mismo hay en el Reina Sofía de Madrid dedicada a George Herriman, creador de Krazy Kat), sino porque algunos incluso han decidido implementar joint-ventures editoriales para optimizar la sinergia resultante de esta suerte de coworking artístico-conceptual (vale, pido perdón por la gilipollez de esta frase, pero no me he podido resistir...); es decir, en plata: que ciertos museos han comenzado a publicar cómics, de reputados autores, eso sí, relacionados precisamente con su actividad museística o alguna de las obras que en ellos se exponen.


Autor: Nicolas de Crécy
Título: Periodo glacial
Idioma original: francés
Título original: Période Glaciaire
Año de publicación: 2005
Traducción: Ana Millán
Valoración: entre recomendable y está bien


El museo pionero en esta práctica, que yo sepa, fue el del Louvre (cómo no, dada la categoría y respeto que se le concede en Francia a la Bande Dessinée), habiendo participado en esta iniciativa autores tan reconocidos como Enki Bilal o Jiro Taniguchi. O quien abrió en 2005 esta serie de coediciones de cómics relacionados con el museo: el sorprendente y exquisito Nicolas de Crécy, precisamente con este Período glacial, original historia postapocalíptica en la que un grupo de exploradores-antropólogos, ayudados por una especie de híbridos parlantes entre perro y cerdo -como el romántico Hulk-, recorren una Francia convertida en blanquisa en busca de los escasos restos de la civilización actual... ¿Hasta dónde llegarán en su pesquisa? Ya, ya lo sé; no es muy difícil de adivinar... ; )

El resultado es una obra deliciosa y con el peculiar toque lindante con lo surreal que caracteriza a este autor. Como mínimo, una propuesta interesante y recomendable, sobre todo para los amantes del cómic galo.




Autor: Étienne Davodeau
Título: El perro bizco
Idioma original: francés
Título original: Le chien qui louche
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien


El perro bizco, de Étienne Davodeau también pertenece a la serie publicada por las ediciones del Museo del Louvre en colaboración con Futuropolis, aunque en este caso el registro cambia: está ambientada en un prosaico presente y la ironía melancólica del cómic anterior se convierte en un humor mucho más evidente, casi con la tierna socarronería de las películas de Jacques Tati. Aquí el protagonista es Fabien, un vigilante del museo -muy divertida la relación que los celadores mantienen con las obras y con los visitantes que las contemplan- que debe atender a la "sugerencia" de la familia de su novia Mathilde, el irreductible clan Benion, de colgar en el mismísimo Louvre un cuadro horrendo pintado por un antepasado con ínfulas artísticas: "El perro bizco", claro... obra que hace honor a su nombre. El pobre Fabien se ve en un aprieto fácil de imaginar, hasta que recibe una ayuda inesperada, que no desvelaré. Una BD divertida y hasta tierna, aunque no deja una huella demasiado profunda, hay que reconocer...



Título: El perdón y la furia
Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: está bastante bien

Este tercer cómic, sin embargo, está editado por el Museo de Prado, pinacoteca que también se ha sumado a esta práctica editorial, pero relacionándola con exposiciones que se hacen en el Museo (habiendo sido así su primera Historieta publicada El tríptico de los encantados (una pantomima bosquiana), de Max, con motivo de la exposición que celebraba el V centenario de El Bosco). Este otro cómic, El perdón y la furia, está dedicado a José de Ribera y cuenta la historia de un artista llamado Osvaldo González,  obsesionado hasta la locura con la obra de este pintor; en concreto con el conjunto llamado Las furias, encargado por el virrey de Nápoles en 1632, y que él relaciona con el Speculum redemptionis, la Geometría Mágica y otras sesudeces de las que sin duda se han informado bien los autores del libro.  Autores que son, Altarriba y Keko, además de otra historieta, Yo, asesino que comparte con este cómic no sólo una afinidad temática, la relación entre el arte y el crimen -aunque aquí no todo es lo que parece- sino también la misma técnica gráfica, a base de violentos claroscuros, en puro blanco y negro, aderezados tan sólo por la violencia del color rojo.

Los admiradores de esta pareja de guionista-ilustrador no se verán decepcionados, pero para los que no las conozcan, quizás sea mejor empezar a leer otraas obras de Altarriba, como la ya mencionada o la excepcional El arte de volar.


En fin, no sé hasta qué punto esta y otras iniciativas semejantes conseguirán que los no aficionados al género se interesen o simplemente respeten un poco más los cómics. O consigan que quienes no suelen entrar en un museo se acerquen de vez  en cuando a uno. Pero ojalá ocurriera alguna de las dos cosas o ambas. Porque de hecho, no hay por qué elegir entre la "alta cultura" y la cultura popular: una puede disfrutarse tanto como la otra. O viceversa.


Otras obras de Antonio Altarriba y Keko reseñadas en Un libro Al Día: Yo, asesinoEl arte de volar 

jueves, 30 de abril de 2015

Antonio Altarriba & Keko: Yo, asesino

Idioma original: español (creo)
Título original: Moi, assasssin
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Otra cosa tal vez no, pero desde luego este libro deja bien a las claras desde su título y aún más desde su magistral primera página, de qué trata: pues de las andanzas de un asesino, claro, contadas por él mismo. No un asesino a sueldo ni un terrorista obediente a su Causa, ni un homicida "pasional" (¿os acordáis de aquel "romántico" eufemismo, en boga hasta hace no demasiado tiempo?): hablamos de un asesino psicópata, frío y sin motivos aparentes. Pero nada del típico asesino en serie que destripa a sus víctimas o deja una firma reconocible para que le trinque la policía, más pronto que tarde; nuestro asesino es "en exclusiva", como dice él, mata por puro placer y para satisfacer una inquietud estética. Es más, se toma cada uno de los asesinatos como una obra de arte diferente, como una performance con la que trasmitir un mensaje conceptual, aunque sea poco discernible y aun permanezca oculto para la mayoría de la gente. Porque el asesino protagonista, Enrique Rodríguez, es además profesor de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco y ha desarrollado toda una tesis sobre el "arte del sufrimiento" en la que se basa su exitosa carrera académica.
Y aquí debo hacer una aclaración: aunque como lector soy bastante aficionado a la novela negra o policiaca, no es que yo tenga un especial interés en este tipo de personajes, asesinos psicópatas, de los que, por otra parte, en los últimos tiempos hemos sufrido una saturación en películas, series, novelas y hasta ensayos sesudos. Mi interés por esta novela gráfica /cómic -o  lo que se diga- viene en gran parte motivada porque la ciudad en la que se desarrolla gran parte de la historia ha sido -y aún es en buena medida-  también mi ciudad. Y es más, yo estudié en la Facultad universitaria donde da clase el asesino de la historia, hasta que fui injustamente expuls... bueno, ejem, dejémoslo. Digamos que es mi alma máter y conozco perfectamente sus pasillos y departamentos, que salen aquí plasmados. Lo que no conocí entonces, lo puedo jurar, es a ningún profesor asesino, aunque sí a más de uno al que me hubiera gustado... en fin, corramos otro estúpido velo... Bueno, para acabar el "momento Cuéntame" de hoy, explicaré que, para más regocijo, resulta que el guionista de este cómic/novela gráfica, Antonio Altarriba, también es profesor en esa misma Facultad (no de Historia del Arte, por suerte); imaginemos jocosos comentarios y el desinhibido ambiente que puede haber generado allí la publicación de este libro... Quizás previendo ciertas suspicacias -y también como una broma privada, al parecer- el dibujante Keko creó al asesino como un retrato exacto del guionista Altarriba. Lo que, por otro lado, ha resultado ser un acierto: resulta perfecto como plasmación del asesino Enrique Rodríguez, inconcebible con otro aspecto antes incluso de acabar de leer el libro.
Ya puestos, hay que hacer una especial mención al magnífico trabajo gráfico de Keko: no se trata sólo de ese estupendo dibujo en blanco y negro (y los toques de rojo, allí donde se requiere este color... adivinad dónde), minucioso para la ambientación (disfrutarán en especial quienes conozcan la ciudad de Vitoria, pero también aparecen otros escenarios: Madrid, París, Valladolid, Salamanca...) y expresionista al hora de tratar los personajes. No soy un aficionado exhaustivo de las novelas gráficas o cómics, pero su trazo me ha recordado a clásicos maestros del claroscuro como Will Eisner, Alex Toth y, sobre todo, el  Frank Miller de Sin City. O el Taxista de Martí, aparecido en la legendaria revista El Víbora. Sin olvidar que, aparte del tenebrista pero adecuado uso de luces y sombras, destaca la sabia planificación y montaje de las escenas... algunas de ellas especialmente delicadas, puesto que narran asesinatos truculentos, pero que este dibujante resuelve de forma magistral.
Al estar contada desde el punto de vista del asesino, éste nos va ilustrando a lo largo de toda la historia de las razones que justifican sus actos criminales. Al tratarse de un inteligente profesor universitario, el discurso está bien cimentado, aparte de que aparecen continuas referencias, tanto visuales como literarias, a la relación entre la violencia y el arte, comenzando  por el célebre libro de Thomas de Quincey El asesinato como una de las Bellas Artes (no aparece, sin embargo cierta referencia  de la cultura popular actual que, no por obvia, me parece menos pertinente: la del inefable personaje Hannibal Lecter. Aunque  no me refiero al dr. Lecter sujeto con el bozal o que se dedicaba a comerse el hígado de sus víctimas, sino al que, después de mostrar en una conferencia como fue el horcamiento de los Pazzi, en el siglo XV, reproduce el acto con su siguiente víctima); es más, el profesor Rodríguez no sólo considera como artísticas sus acciones, sino al asesinato gratuito como un actos verdaderamente revolucionario, a diferencia de los que matan amparándose o al servicio de una ideología -y aquí la inserción de un atentado de ETA no es mero recurso de la ambientación- o por servir a intereses espúreos, por interés personal. Nuestro asesino mata "por amor al arte" -son sus palabras- e incluso como una reivindicación de su individualidad y de sus instintos reprimidos por la sociedad y el Estado, que aceptan y fomentan ciertas formas de violencia mientras persiguen otras que escapan a su control. Incluso lo que parece insinuarnos esta historia es que el riesgo quizás no esté tanto en considerar el asesinato como un tipo de arte, sino que puede estar en considerar el arte -según qué arte, de quién y por quién- como un tipo de crimen.
Claro, que también todo este discurso puede verse como una elaboración intelectual del personaje, destinada a justificar -ante sí mismo, sobre todo- el sucumbir sin resistencia ante sus impulsos criminales. Y eso que el asesino de la historia, no es sólo una fría máquina de matar -y éste es uno de los aciertos del guión de Altarriba-, sino un tipo con sus problemas laborales, sentimentales y existenciales (casi se diría que está en plena crisis de la mediana edad). Incluso llega a parecernos una víctima él también, en este caso de las consabidas intrigas entre colegas universitarios y académicos... La empatía que él no parece sentir por los demás, acabamos sintiéndola los lectores por este asesino, que acaba por hacerse entrañable, de tan magistralmente que lo han construido los dos autores de este libro.


Nota aclaratoria: El título original está en francés porque esta novela gráfica se editó primero en Francia, aunque supongo que el idioma en el que se escribió fue el castellano. Digo supongo porque resulta que A. Altarriba es catedrático de literatura francesa, así que entra dentro de lo posible que escribiera el guión directamente en este otro idioma. Je ne sais pas.





Otros libros de Antonio Altarriba en Un libro al día: El arte de volar

martes, 22 de diciembre de 2015

ULAD: Nuestros libros del 2015

Montuenga

Mejor novela del s. XX: Los reconocimientos, de William Gaddis
Mejor novela del s. XXI: Abril rojo, de Santiago Rocangliolo
Mejor thriller: Vestido de novia, de Pierre Lemaitre
Mejor novela iniciática: Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil
Mi gran descubrimiento: La escritura peligrosa de Tom Spanbauer en El hombre que se enamoró de la luna 
Mejor ensayo: La insensatez de los necios, de Robert Trivers
Mejor volumen de relatos: Extinción, de David Foster Wallace
Peor novela: 1914. El asesinato de Sarajevo, de Eladi Romero García
No he pasado de la cuarta página en: El día en que Nietzsche lloróde Irvin D. Yalom

Juan G. B. 

Novelón del año (en todos los sentidos): Los reconocimientos, de William Gaddis.
Sorpresa (se entiende que agradable): Londres después de medianoche, de Augusto Cruz.
Novela negra para-disfrutar-más-que-un-cochino-en-un-lodazal: Lennox, de Craig Russell.
Libros que me removieron las entretelas (y algo más): Poeta muerta, de Patricia Heras y La captura de Macalé, de Andrea Camilleri.
Mejor carta de navegación por los procelosos piélagos de nuestra época: La piel de la frontera, de Francesc Serés
Escollos evitados a tiempo: Lección de anatomía, de Marta Sanz y Un mal año para Miki, de José Ovejero.
Libros más preciosamente ilustrados: La vida de las paredes de Sara Morante e Ilustre Ruritania ilustrada de Ainize Santos y Santi Pérez Isasi (lástima de texto, en este caso).
Novela gráfica del año: Yo, asesino de Antonio Altarriba y Keko.
Publicación y recopilación del año (y obra maestra): Torpedo 1936 (integral), de Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet.

Santi
Novela española del año: Cicatriz de Sara Mesa
Novelón del año: El museo de la inocencia de Ohran Pamuk
Clásico del año: Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell
Descubrimiento del año: Anna Starobinets, en particular sus relatos.
Autor al que ya no daré más oportunidades: Patrick Modiano
Fenómeno literario del año: Elena Ferrante y su serie de novelas sobre Dos Amigas
Fenómeno literario que no entiendo: la seride de novelas Mi lucha Karl Öve Náusea 
Curiosidades literarias: En Nadar-dos-pájaros de Flann O'Brien y Viaje alrededor de mi cuarto de Xavier de Mestre 
Literatura y/o periodismo, a quién le importa: La agonía de Francia de Chaves Nogales y El fin del 'homo sovieticus' de Svetlana Aleksievich

Carlos Andia
Libro de viajes del año: En mares salvajes, de Javier Reverte
Novela apetecible 2015: Siete casas en Francia, de Bernardo Atxaga
Decepciones de mayor o menor rango: En la orillade Rafael Chirbes, y Retrato de un hombre inmaduro, de Luis Landero
Para sumergirse en la Historia: Los Austriasde John Lynch
Clásico recuperado (y con mucho gusto): Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán
Tocho superlativo del año: Las mil y una noches (la reseña, antes de fin de año)

Francesc Bon 

Un año en que publican dos de mis autores favoritos no debería ser malo. Aunque lo hagan con obras que quizás, no sean sus mejores. Pero si bien a Houellebecq todos los acontecimientos ajenos han contribuido a que Sumisión gane en relevancia, crezca en trascendencia y rabie de actualidad y, por lo tanto, sea indiscutiblemente la novela más importante del año y su lectura obligatoria. A su lado, y no por deméritos, Pureza palidece, aunque crece en el recuerdo, lo cual no está nada mal. No suelo ponerme al lado de los vilipendiados por el mero hecho de serlo, pero ¿Franzen? El mejor de los que lo despedazan, que escriba un párrafo como el peor de los incluidos en Las correcciones y entonces hablamos.
Un autor con el que repetiré: aparte de decenas de clásicos, creo que volveré a probar a DeLillo para ver si el brutal desequilibrio entre Ruido de fondo y Cosmópolis tiene algún matiz. Y caerá algún Faulkner más, supongo. 
De este año no pasa: que encuentre unas semanas para apartarme del mundo y lea El día del Watusi de Francisco Casavella.
El libro que marcó mi añoSumisión, y aún podría exponer una docena de nuevos motivos por los que seguiré defendiendo esta novela.
El accésitaunque plantee dudas sobre si son puntos de partida de una carrera o no, libros como Nuevo destino son auténticos ganchos en la quijada.
Una apuesta personalSantiago Lorenzo cambiando de registro o Jenn Díaz poniendo su brillante prosa al servicio de asuntos más carnales. Peligro de que estilo, por brillante y solvente que este sea, devenga encasillamiento, amigos.
Frustrado: por no poder aportar mucho nuevo aquí ya que prácticamente todo lo que he leído ha caído en ULAD. Sí que he reconocer que este año ha sido para mí más un año de editoriales que de autores. Cualquier cosa de Sajalín, muchísimas cosas de Malpaso y bastantes de Blackie Books y Asteroide,
Incomprensible: Anagrama convirtiendo en emblemas de su producción dos naderías como Blitz y También esto pasará.

Y, como siempre, emplazar a nuestros lectores a que aprovechen los comentarios para dejarnos sus listas, sus sugerencias, preferencias, filias y fobias. Que ya tardabais.