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viernes, 12 de enero de 2018

Jiro Taniguchi: Un zoo en invierno

Idioma original: japonés
Título original: Fuyu no dôbutsuen
Año de publicación: 2008
Traducción: Víctor Illera Kanaya
Valoración: Recomendable

Recomendable manga metaliterario éste -o "metamanguero"... o como sea-, obra del desaparecido Taniguchi y ambientado hace cincuenta años, en una época de cambio y transformación en todo el mundo. 

Estamos en 1966, en Kioto, donde el jovencísimo Hamaguchi entra como empleado en la empresa textil Comercial Watanabe y allí recibe el encargo de acompañar a la hermosa hija del dueño, la señorita Huyako. Tal encargo acabará metiéndole en un lío -no es lo que parece-  y comprometiendo su puesto en la empresa, por lo que el joven Hamaguchi aprovecha una visita que hace a su amigo Tamura, en Tokio, para, casi sin darse cuenta, cambiar de ocupación y comenzar a trabajar como ayudante del maestro de manga Shiro Kondo, faena que además le permitirá desarrollar sus dotes como dibujante. En la oficina-taller de Kondo encontrará además casi una nueva familia, junto a los otros dos ayudantes del maestro, Moriwaki y Fujita, la responsable editorial, la señorita Hogashimo y el calavera amigo de Kondo, el pintor Kikuchi, que le llevará de fiesta a descubrir la noche del célebre distrito de Shinjuku.

A partir de aquí la historia que cuenta este cómic, que bien podría haberse desviado hacia una panorámica de las delicias de la cara más crápula de la capital nipona, mantiene firme el rumbo a través de un tono serio, emotivo y hasta melancólico. Hamaguchi, que en todo momento demuestra ser un chaval sensible y educado y con la cabeza más o menos amueblada, opta por tomar el camino del esfuerzo, la amistad y el amor (el amor de verdad, no me refiero a la exaltación lasciva del deseo físico, no semos malpensados...), en vez de la juerga y el desenfreno, como habríamos hecho la mayoría...

El libro, además de ser un buen ejemplo del consabido bildungsroman, nos ofrece una interesante mirada a la creación e industria del manga cuando ya constituía un sector editorial potente, pero sin haber vivido aún el éxito mundial y el crecimiento desaforado que ha venido después. una época en la que los dibujantes aún podían formar parte de cierta bohemia, por más que sus métodos de trabajo estuviesen ya a caballo entre la creación artística y la producción industrial en cadena. Muy interesante, además, resulta comparar esta obra con otra de temática similar, El invierno del dibujante de Paco Roca... El tono nostálgico está presente en ambos trabajos, si bien en el caso del manga de Taniguchi se debe más a la remembranza de la juventud ya lejana que a la falta de esperanza, mientras que en el cómic del valenciano, parece deberse más a la ensoñación de lo que pudo ser, pero no hubo manera.

Por último, y aunque no hace falta mencionarlo a quien ya conozca alguna de sus obras, el virtuosismo de Jiro Taniguchi como dibujante es, también aquí, posiblemente insuperable.

Otros títulos de Jiro Taniguchi reseñados en Un Libro Al Día: El gourmet solitario

sábado, 11 de marzo de 2017

Jiro Taniguchi & Masayuki Kusumi: El gourmet solitario

Idioma original: japonés
Título original: Kodoku no gurume
Año de publicación: 1997
Traducción: Alberto Sakai
Valoración: recomendable


Fallecido recientemente, Jiro Taniguchi fue uno de los más destacados autores de manga -entendiendo el término en su sentido más amplio: cómic o incluso, como en este caso, lo que llamamos novela gráfica-; dotado de un estilo de dibujo elegante y detallado en grado sumo, muchas son sus obras destacadas, pero quizás llame la atención, por su originalidad y su argumento en principio sencillo, hasta el punto de poder parecer extravagante, El gourmet solitario, realizado junto con el guionista Masayuki Kusumi.

El argumento, ya digo, resulta en apariencia de lo más simple, y además redundante: este manga consta de 18 capítulos que tienen como único protagonista al señor Inokashira, un comerciante autónomo de piezas decorativas de importación que trabaja solo y por ello visita también solo a sus clientes o hace otro tipo de gestiones, por diferentes lugares de Tokio y de Japón. Cuando le aprieta la gusa, come allá donde esté y en los establecimientos que tiene a su disposición. en algunos casos son restaurantes, en otros, puestos callejeros, snack-bars o incluso, una noche que está trabajando a su oficina, baja a un súper 24 horas  a comprar víveres... el resultado es que se pone tibio, el amigo Inokashira. Porque el hombre es un verdadero gourmet: se pega sus buenas panzadas y es de lo más tiquismiquis a la hora de combinar esto con lo otro, según los parámetros de la gastronomía japonesa (más allá del sushi y los fideos yakisoba, que también, encontramos mamekan dulce de judías, yuba fresco al estilo de Kioto, donburi de anguila, shumai chinas, takoyaki de pulpo, gyoza o empanadillas... y muchas delicias más que hacen la boca agua a cualquier incauto lector de este manga *). Por lo general, hay que decir que queda bastante satisfecho de cada comida.

Claro, que nuestro protagonista no sólo come: también observa y mucho: los ambientes, las personas que se encuentra, los cambios que ha experimentado el lugar en el que se encuentra, recuerda momentos de su vida -de la que apenas se nos dan datos, en un principio-; además, se mete en situaciones comprometidas o simplemente embarazosas (también es cierto que para un japonés este adjetivo abarca un abanico muy amplio), disfruta en determinados ambientes y se tensa en otros... en definitiva, nos ofrece un panorama bastante completo de los pensamientos y sensaciones que puede llegar a experimentar un individuo viviendo momentos tan normales como pasear por un barrio o ciudad desconocida y comer fuera de su casa. Situaciones nada extraordinarias pero que, al encontrarnos solos, en cierta forma nos obligan a recolocarnos en el mundo, a tomar partido por una opción vital u otra, aunque sea tan sólo las de entrar a comer  en este o el otro local, atrevernos con un menú al que no estamos acostumbrados o entablar conversación con las personas con las que compartimos la barra del bar. Puede parecer una sarta de banalidades y quizás lo sean, pero el caso es que la maestría de Taniguchi y Kusumi logran que al finalizar el libro, tengamos la sensación de haber leído una obra llena de sentido y profundidad, una auténtica novela, que, como todas las buenas obras literarias, nos enriquece y hacer reflexionar sobre nosotros mismos, sobre el mundo, sobre la vida.

Hay una segunda parte, de los mismos autores: Paseos de un gourmet solitario. Ambas tiene también una evidente relación con otra obra de Taniguchi: El caminante.

* Para quien esté más interesado en el aspecto gastronómico del libro, dejo este enlace (aquí) de un revista que publicó una cena gastro-cómic-emotiva realizada en un restaurante japonés y basada en esta obra, claro.



viernes, 26 de enero de 2018

3x1: Museos, Historietas Y Viceversa


A estas alturas, creo que todos convendremos en considerar al cómic -llamémosle tebeo, BD o fumetti- como una más de las artes -¿la octava, quizá?- o, cuando menos, una afortunada combinación entre dos de ellas. En todo caso, quienes sí parecen tenerlo claro son algunos de los más importantes museos del mundo; no sólo porque en ellos se programen exposiciones sobre este género (como la que ahora mismo hay en el Reina Sofía de Madrid dedicada a George Herriman, creador de Krazy Kat), sino porque algunos incluso han decidido implementar joint-ventures editoriales para optimizar la sinergia resultante de esta suerte de coworking artístico-conceptual (vale, pido perdón por la gilipollez de esta frase, pero no me he podido resistir...); es decir, en plata: que ciertos museos han comenzado a publicar cómics, de reputados autores, eso sí, relacionados precisamente con su actividad museística o alguna de las obras que en ellos se exponen.


Autor: Nicolas de Crécy
Título: Periodo glacial
Idioma original: francés
Título original: Période Glaciaire
Año de publicación: 2005
Traducción: Ana Millán
Valoración: entre recomendable y está bien


El museo pionero en esta práctica, que yo sepa, fue el del Louvre (cómo no, dada la categoría y respeto que se le concede en Francia a la Bande Dessinée), habiendo participado en esta iniciativa autores tan reconocidos como Enki Bilal o Jiro Taniguchi. O quien abrió en 2005 esta serie de coediciones de cómics relacionados con el museo: el sorprendente y exquisito Nicolas de Crécy, precisamente con este Período glacial, original historia postapocalíptica en la que un grupo de exploradores-antropólogos, ayudados por una especie de híbridos parlantes entre perro y cerdo -como el romántico Hulk-, recorren una Francia convertida en blanquisa en busca de los escasos restos de la civilización actual... ¿Hasta dónde llegarán en su pesquisa? Ya, ya lo sé; no es muy difícil de adivinar... ; )

El resultado es una obra deliciosa y con el peculiar toque lindante con lo surreal que caracteriza a este autor. Como mínimo, una propuesta interesante y recomendable, sobre todo para los amantes del cómic galo.




Autor: Étienne Davodeau
Título: El perro bizco
Idioma original: francés
Título original: Le chien qui louche
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien


El perro bizco, de Étienne Davodeau también pertenece a la serie publicada por las ediciones del Museo del Louvre en colaboración con Futuropolis, aunque en este caso el registro cambia: está ambientada en un prosaico presente y la ironía melancólica del cómic anterior se convierte en un humor mucho más evidente, casi con la tierna socarronería de las películas de Jacques Tati. Aquí el protagonista es Fabien, un vigilante del museo -muy divertida la relación que los celadores mantienen con las obras y con los visitantes que las contemplan- que debe atender a la "sugerencia" de la familia de su novia Mathilde, el irreductible clan Benion, de colgar en el mismísimo Louvre un cuadro horrendo pintado por un antepasado con ínfulas artísticas: "El perro bizco", claro... obra que hace honor a su nombre. El pobre Fabien se ve en un aprieto fácil de imaginar, hasta que recibe una ayuda inesperada, que no desvelaré. Una BD divertida y hasta tierna, aunque no deja una huella demasiado profunda, hay que reconocer...



Título: El perdón y la furia
Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: está bastante bien

Este tercer cómic, sin embargo, está editado por el Museo de Prado, pinacoteca que también se ha sumado a esta práctica editorial, pero relacionándola con exposiciones que se hacen en el Museo (habiendo sido así su primera Historieta publicada El tríptico de los encantados (una pantomima bosquiana), de Max, con motivo de la exposición que celebraba el V centenario de El Bosco). Este otro cómic, El perdón y la furia, está dedicado a José de Ribera y cuenta la historia de un artista llamado Osvaldo González,  obsesionado hasta la locura con la obra de este pintor; en concreto con el conjunto llamado Las furias, encargado por el virrey de Nápoles en 1632, y que él relaciona con el Speculum redemptionis, la Geometría Mágica y otras sesudeces de las que sin duda se han informado bien los autores del libro.  Autores que son, Altarriba y Keko, además de otra historieta, Yo, asesino que comparte con este cómic no sólo una afinidad temática, la relación entre el arte y el crimen -aunque aquí no todo es lo que parece- sino también la misma técnica gráfica, a base de violentos claroscuros, en puro blanco y negro, aderezados tan sólo por la violencia del color rojo.

Los admiradores de esta pareja de guionista-ilustrador no se verán decepcionados, pero para los que no las conozcan, quizás sea mejor empezar a leer otraas obras de Altarriba, como la ya mencionada o la excepcional El arte de volar.


En fin, no sé hasta qué punto esta y otras iniciativas semejantes conseguirán que los no aficionados al género se interesen o simplemente respeten un poco más los cómics. O consigan que quienes no suelen entrar en un museo se acerquen de vez  en cuando a uno. Pero ojalá ocurriera alguna de las dos cosas o ambas. Porque de hecho, no hay por qué elegir entre la "alta cultura" y la cultura popular: una puede disfrutarse tanto como la otra. O viceversa.


Otras obras de Antonio Altarriba y Keko reseñadas en Un libro Al Día: Yo, asesinoEl arte de volar