Mostrando las entradas para la consulta El invierno del dibujante ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta El invierno del dibujante ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de marzo de 2015

Paco Roca: El invierno del dibujante

Idioma: español
Año de publicación: 2010
Valoración: muy recomendable

¡Qué bueno es Paco Roca! No sólo dibuja maravillosamente, sino que domina a la perfección el arte narrativo y sus historias rezuman humanidad por cada una de sus viñetas. Además, sin caer nunca en la complacencia maniquea ni evitar los aspectos más "incómodos" de sus personajes; muy al contrario, los señala y comprende como el autor profundo y verdadero que es.

Bueno, podría decir que aquí acaba el panegírico, pero no es así, porque el libro-cómic-novela gráfica (en este caso nunca "tebeo" pero no por las razones que cabría suponer...) de la que hablamos hoy sólo puede merecer mis más fervientes elogios. Para empezar, el tema que trata, un hecho poco conocido (supongo que incluso dentro del mundo de la historieta), quizás anecdótico, pero que sirve de punto de partida del argumento y de metáfora de toda una época de la Historia de España, tan gris y fría como un largo invierno: en la Navidad en 1958, una serie de dibujantes, que habían abandonado la célebre editorial Bruguera (rival acérrima de TBO, de ahí lo que he puesto antes) un año y medio atrás, para editar su propia revista, Tío Vivo, vuelven al redil tras haber fracasado económicamente (en buena parte por las trabas puestas por su editorial de origen). No eran unos dibujantes cualesquiera, sino los más destacados, hasta ese momento, de Bruguera: Conti (autor de Carioco), Cifré ( del Reporter Tribulete), Escobar (Zipi y Zape, no digo más...), Giner (El inspector Dan) y Peñarroya (Gordito Relleno)... estos "monstruos" quisieron desasirse del sistema impuesto en la editorial, que les aseguraba los ingresos, pero a cambio de una producción ingente y, sobre todo, de perder sus derechos sobre los dibujos entregados. Su partida, de todas formas, posibilitó la entrada en la editorial de nuevos valores, como Raf (Sir Tim O'Theo) y, sobre todo, el apabullante Francisco Ibáñez (Mortadelo y Filemón... para empezar). A partir de este momento, sin embargo, las historietas publicadas por Bruguera perdieron buena parte del carácter crítico y corrosivo que, al parecer, tenían hasta ese momento, a pesar de la censura imperante  (en esta novela gráfica también aparecen retratados otros grandes dibujantes como "Miquel Bernet, "Jorge, autor de Doña Urraca y padre de Jordi Bernet; el inclasificable, en todos los sentidos, Vázquez o escritores de la casa como Víctor Mora, guionista de El Jabato y El capitán Trueno o Francisco González Ledesma, alias "Silver Kane" cuando firmaba novelas del oeste y escritor de género negro, ahora tan en boga, con su nombre real).

Bueno, quién haya aguantado hasta aquí, tras este rosario de nombres, habrá adivinado que para el hoy gran dibujante Paco Roca todos éstos son los héroes de su infancia (y también para mí... o más bien, son los autores de los héroes de mi infancia) y, desde luego, eso se nota en el cariño con el que los ha retratado y contado sus cuitas. Lo ha hecho sin caer tampoco en una manida confrontación entre buenos y malos: en esta historia, todos tienen sus razones para actuar como actúan, incluso algunos de los que lo hacen de manera más implacable o falta de ética. Para empezar, varios de los personajes plasmados en El invierno del dibujante, como Josep Escobar o el jefe de publicaciones, Rafael González, habían sido represaliados por el régimen franquista y bastante les había costado salir adelante... Este exquisito trato a sus protagonistas (en verdad, esta es una historia coral) se corresponde con la gran elegancia desplegada en la composición gráfica y en la puesta en escena, atenta a todos los detalles de la época (magníficos los pequeños momentos costumbristas de la vida en la calles de Barcelona que nos brinda).

Recapitulando: una joya de libro, una pequeña obra maestra sobre una parte de nuestra Historia colectiva ... y sobre los creadores de una parte de nuestra historia personal. Al menos, de la mía.

Y una última nota: precisamente hace pocos días ha fallecido Francisco González Ledesma, a los 87 años de edad. Espero que esta reseña sirva como modesto homenaje, a él y al resto de los creadores que protagonizan este estupendo libro.




También de Paco Roca en ULAD: Los surcos del azar

viernes, 12 de enero de 2018

Jiro Taniguchi: Un zoo en invierno

Idioma original: japonés
Título original: Fuyu no dôbutsuen
Año de publicación: 2008
Traducción: Víctor Illera Kanaya
Valoración: Recomendable

Recomendable manga metaliterario éste -o "metamanguero"... o como sea-, obra del desaparecido Taniguchi y ambientado hace cincuenta años, en una época de cambio y transformación en todo el mundo. 

Estamos en 1966, en Kioto, donde el jovencísimo Hamaguchi entra como empleado en la empresa textil Comercial Watanabe y allí recibe el encargo de acompañar a la hermosa hija del dueño, la señorita Huyako. Tal encargo acabará metiéndole en un lío -no es lo que parece-  y comprometiendo su puesto en la empresa, por lo que el joven Hamaguchi aprovecha una visita que hace a su amigo Tamura, en Tokio, para, casi sin darse cuenta, cambiar de ocupación y comenzar a trabajar como ayudante del maestro de manga Shiro Kondo, faena que además le permitirá desarrollar sus dotes como dibujante. En la oficina-taller de Kondo encontrará además casi una nueva familia, junto a los otros dos ayudantes del maestro, Moriwaki y Fujita, la responsable editorial, la señorita Hogashimo y el calavera amigo de Kondo, el pintor Kikuchi, que le llevará de fiesta a descubrir la noche del célebre distrito de Shinjuku.

A partir de aquí la historia que cuenta este cómic, que bien podría haberse desviado hacia una panorámica de las delicias de la cara más crápula de la capital nipona, mantiene firme el rumbo a través de un tono serio, emotivo y hasta melancólico. Hamaguchi, que en todo momento demuestra ser un chaval sensible y educado y con la cabeza más o menos amueblada, opta por tomar el camino del esfuerzo, la amistad y el amor (el amor de verdad, no me refiero a la exaltación lasciva del deseo físico, no semos malpensados...), en vez de la juerga y el desenfreno, como habríamos hecho la mayoría...

El libro, además de ser un buen ejemplo del consabido bildungsroman, nos ofrece una interesante mirada a la creación e industria del manga cuando ya constituía un sector editorial potente, pero sin haber vivido aún el éxito mundial y el crecimiento desaforado que ha venido después. una época en la que los dibujantes aún podían formar parte de cierta bohemia, por más que sus métodos de trabajo estuviesen ya a caballo entre la creación artística y la producción industrial en cadena. Muy interesante, además, resulta comparar esta obra con otra de temática similar, El invierno del dibujante de Paco Roca... El tono nostálgico está presente en ambos trabajos, si bien en el caso del manga de Taniguchi se debe más a la remembranza de la juventud ya lejana que a la falta de esperanza, mientras que en el cómic del valenciano, parece deberse más a la ensoñación de lo que pudo ser, pero no hubo manera.

Por último, y aunque no hace falta mencionarlo a quien ya conozca alguna de sus obras, el virtuosismo de Jiro Taniguchi como dibujante es, también aquí, posiblemente insuperable.

Otros títulos de Jiro Taniguchi reseñados en Un Libro Al Día: El gourmet solitario

sábado, 23 de marzo de 2024

Paco Roca y Rodrigo Terrasa: El abismo del olvido

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: imprescindible

Hay libros que duelen y, sin duda, éste es uno de ellos. Sí, ya lo sé, se trata de un libro "de dibujitos", llamadlo como queráis, cómic, novela gráfica o incluso tebeo... pero eso no tiene nada que ver con la dureza de la historia que nos cuenta o, si acaso, la amabilidad del trazo de sus ilustraciones -más aún en el caso de las de Paco Roca, que resultan simpáticas e incluso entrañables, por atroz que sea lo que están representando- pone aún más de relieve, por contraste, la barbaridad, la inhumanidad de lo que estamos leyendo. En este caso, la crónica de unos acontecimientos que ocurrieron hace más de 80 años, pero cuyas consecuencias, aunque parezca mentira, aún no se han acabado de resolver.

Me explico: El abismo del olvido es una novela gráfica (¿reportaje gráfico, incluso?), obra del más que afamado dibujante valenciano Paco Roca y del también valenciano, pero periodista, Rodrigo Terrasa, sobre la excavación de una de las fosas comunes -en este caso, la 126, para ser exactos- del cementerio de Paterna, en las que están enterrados más de dos mil personas fusiladas tras la Guerra Civil española. Sí, lo habéis leído bien: no DURANTE, lo que podría considerarse algo horrible pero esperable, sino DESPUÉS. Gente que había regresado a sus hogares tras la guerra y que allí habían sido detenidos, por cometer, supuestamente crímenes de igual naturaleza y gravedad en el bando republicano durante la contienda, aunque parece que la mayoría de las detenciones se debió más a inquinas, envidias y revanchas personales que a esos supuestos crímenes. Esto mismo pasó en otros lugares de España, por supuesto, pero el caso es que los fusilados en el cuartel de artillería de Paterna, cerca de Valencia, fueron luego trasladados al cercano cementerio de la localidad para hacerlos desaparecer en las fosas comunes excavadas allí mismo, enterrados de cualquier manera, con nocturnidad y alevosía, como si se tratara de animales infectados. Ahora bien, lo que no podía prever la represión franquista es que el enterrador del lugar, Leoncio Badía, otro republicano que también había sido condenado a muerte y luego indultado, se preocuparía por dar a sus compañeros muertos el entierro más digno posible, por registrar dónde se encontraba cada uno con vistas a una futura exhumación (que no podía prever tendría que esperar hasta bien avanzado el siglo XXI) y por preservar alguno de sus efectos personales para entregárselos a la familias, tratando de procurarles un mínimo consuelo. Todo con suma cautela y discreción, claro está, para no acabar él mismo en una de esas fosas.

Leoncio Badía, maestro republicano reconvertido a la fuerza en sepulturero, es uno de los héroes de esta historia que narra unos hecho que poco tienen que ver con lo heroico, con las "hazañas bélicas" con que la ficción (más aún en el caso de los cómics) ha asociado a menudo esta temática. Héroes también son Pepica, la hija de unos de los ejecutados -o digámoslo claramente: asesinados-, que prometió a su madre que los restos de su padre descansarían junto a los suyos en el cementerio y no cejó hasta conseguirlo, casi a sus noventa años o los arqueólogos que han trabajado en ésta y tantas fosas a los largo y ancho del territorio español, para poner fin a una situación vergonzosa, a un oprobio que debería haber provocado, hace ya mucho tiempo, una reacción revulsiva en toda la sociedad y que si no lo ha hecho o no lo suficiente, es algo que no dice nada bueno de nosotros, me temo... Y no se trata de reabrir heridas o de ponerse en un bando o en otro, simplemente resulta realmente infame y aun abyecto pensar que nuestra sociedad del bienestar (a duras penas, aunque sea), del consumo desaforado y el disfrute por bandera se cimenta sobre los restos de tanta gente vilmente asesinada y humillada incluso tras la muerte, sobre el dolor de tantas familias y sobre su miedo durante varias décadas... y también sobre el olvido que durante otras tantas la España que presumía de abierta, moderna y democrática decidió echar encima, como las paletadas de cal viva y tierra que el infeliz, pero digno y lleno de humanidad, Leoncio se vio obligado a arrojar sobre los cadáveres de los ejecutados (por no hablar del laberinto burocrático al que se han visto abocados sus descendientes, además, cuando han pretendido recuperar sus restos).


No es esta la primera obra que Paco Roca dedica al tema de la memoria, ya desde el gran éxito que le supuso Arrugas, aunque también, en cuanto a la memoria colectiva (o a la pérdida de la misma), encontramos este tema en Los surcos del azar o Regreso al Edén; pero quizás en este caso, en colaboración con Rodrigo Terrasa, esta recuperación de lo que nos han querido o nos hemos querido hacer olvidar sea más necesaria que nunca. Porque el olvido es la primera piedra del muro que nos puede impedir ver la verdad y ya se sabe que la verdad es la primera baja de cualquier guerra... pero además, suele ser también la última. En España, en Latinoamérica, en Ucrania o en Gaza, da igual. Lo importante es que tal indignidad y tal alarde de deshumanización como las que se cuenta en este libro, no vuelvan a repetirse. Aunque haya quien esté dispuesto a hacer todo lo necesario para que eso ocurra...


Nota final: Para quien esté interesado y pueda acercarse, claro, en el Centro Cultural La Beneficència, de Valencia, hay hasta el mes de mayo una exposición sobre este tema que resulta de no menos interés y tan emocionante como el libro.

Otros libros de Paco Roca reseñados en Un Libro Al Día: Los surcos del azar, El invierno del dibujante

sábado, 24 de enero de 2015

Paco Roca: Los surcos del azar

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable

Con algo de preocupación, me he dado cuenta de que en los últimos meses he reseñado en este benemérito blog varios libros pertenecientes a lo que hemos dado en llamar "literatura bélica". He escrito "preocupación" porque tal vez haya alguien que me pueda atribuir, a raíz de tal circunstancia, una ánimo militarista o belicista, y, desde luego, nada más lejos de mi intención (de hecho, creo que es algo que he dejado claro en las propias reseñas de las que hablo).

Ahora bien, como suele decirse, la falta de contradicciones es dogmatismo y yo, después de todo, fui un niño criado viendo en la tele los grandes clásicos del cine de guerra y jugando a las batallas con unos diminutos soldaditos que vendían en sobres, en los kioscos de mi infancia (tranquilos todos: el momento Yo también fui a EGB acaba aquí). Así que ruego que me perdonen mi particular momento "artúrico" (por Pérez-Reverte, no por el rey de la Tabla Redonda) y me permitan contarles que, en mi imaginario particular, yo también tengo unos héroes a los que admiro. Y no son otros que aquellos republicanos españoles que, después de haber estado combatiendo durante tres años contra el fascismo/franquismo en la guerra de España y tras pasar, en muchos casos por los campos de trabajo franceses -quien dice "trabajo", dice "concentración"-, acabaron combatiendo contra el Eje y liberando al resto de Europa del fascismo/nazismo. Aunque luego no pudieron -ni les dejaron- hacer lo mismo con su propio país.

Muchos lo hicieron encuadrados en el maquis y la Resistencia francesa, liberando departamentos enteros y ciudades de cierta importancia. Otros, alistados en los ejércitos soviético -comunistas- o norteamericano -no pocos nacionalistas vascos, por ejemplo-...  y sin olvidar nunca a los asesinados en los campos de exterminio nazis, por supuesto.  Pero en un lugar de honor de mi "mitomanía" personal están los que lucharon encuadrados en la división del general Leclerc, en la compañía del capitán Dronne, conocida como "la Nueve" y compuesta casi en su totalidad por estos republicanos españoles (donde había comunistas, socialistas y anarquistas): después de pegar tiros por el Norte de África y Normandía, fueron los primeros en entrar en el París liberado. E incluso, más tarde, en llegar al llamado "nido del Águila" de Hitler en Berchtesgaden.

En recuerdo de estos combatientes, el magnífico autor de cómics valenciano Paco Roca ha escrito y dibujado este Los surcos del azar (título tomado de un hermoso verso de Antonio Machado, a quien también se homenajea en esta historia. He puesto "autor de cómics" porque no estoy muy ducho en la reseña de este género (de hecho, me he metido en el territorio de mi compañera Izas, aquien pido disculpas desde aquí) y no sé qué parámetros hay que tener en cuenta para poder hablar de "novela gráfica", como se dice últimamente. En todo caso, creo que si algún cómic merece considerarse como tal, sin duda es éste. A destacar en el aspecto gráfico, en mi opinión, aparte del hermoso trazo abocetado de Roca, el montaje -en la mejor tradición de la narración visual- de las escenas de acción, a veces utilizando el recurso a la elipsis pero sin perder efectividad por ello; muy al contrario...

Por lo demás, el argumento que sostiene la historia no parece demasiado original: un guionista valenciano llamado Paco -qué cosas- localiza en una pequeña ciudad francesa a un antiguo combatiente de "la Nueve", un anciano bastante huraño que, sin embargo , acaba por relatarle sus recuerdos de la guerra... Sí, lo sé: yo también he leído Soldados de Salamina. Y, por suerte, Paco Roca nos ahorra todo el rollo autoficcional (aparte del personaje del guionista, claro) y tampoco se dedica a elaborar una mixtificación de una figura histórico-literaria controvertida... En esta novela gráfica, de todas formas, aparte del protagonista Miguel, del anarquista Fábregas o de la "camarada" Estrella, también se retrata a personajes reales, como los generales De Gaulle y Leclerc, el capitán Dronne o el burrianero Amado Granell, el primer soldado aliado que llegó al Hôtel de Ville parisino.

Pero que nadie piense que nos hayamos ante una suerte de "hagiografía republicana" o una apología del combatiente virtuoso: Roca no se amilana a la hora de tocar temas espinosos -también en los ejércitos aliados- como son el racismo, las tensiones ideológicas o incluso las ejecuciones, en pleno combate, de prisioneros enemigos... Cierto es que estos aspectos no suponen el aspecto primordial de la novela, pero ahí están y yo le aplaudo por ello.

En suma, una novela gráfica magnífica de uno de los mejores dibujantes de la actualidad. Y una obra que rescata, al menos para el gran público, una parte de lo que no deja de ser nuestra propia historia y que merece la pena conocer y recordar.

También de Paco Roca en ULAD: El invierno del dibujante