jueves, 31 de marzo de 2011

John Steinbeck: Las uvas de la ira

Idioma original: inglés
Título original: The Wrapes of Wrath
Año de publicación: 1939
Valoración: imprescindible

Las uvas de la ira es, simple y llanamente, una de mis novelas favoritas. Ambientada en la época de la Gran Depresión americana, asistimos a los arduos esfuerzos de una familia granjera de Oklahoma que emprende un viaje a California en busca de un porvenir que parece eludirles continuamente.

Con los capítulos que nos hablan de los diferentes miembros de esta familia se van alternando otros que narran historias anónimas y generales. De esta manera, entendemos que las tribulaciones de la familia Joad no fueron circunstanciales ni se dieron de manera aislada: el hambre, la falta de empleo y la desesperante imposibilidad de encontrarlo fueron desgracias comunes a la vida de millones de americanos tras el Crack del 29. Esta conjugación de lo particular y de lo general dota de consistencia a la novela y es, en mi opinión, uno de los mayores aciertos narrativos de Steinbeck.

Además, el autor se las ingenia para dar vida a algunos personajes memorables. Por ejemplo, Ma Toad, la matriarca, cuyo nombre jamás conoce el lector, quien se erige en guía y bastón de la familia de manera espontánea y enternecedora.

Por triste que resulte, las tribulaciones de esta familia de "Okies" recuerdan demasiado a la situación que viven muchas familias hoy en día. Su lucha infatigable, su tesón y su afán de supervivencia son, deberían ser, un ejemplo para todos.

También de John Steinbeck: De ratones y hombres y La perla.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Réjean Ducharme: El valle de los avasallados


Título original: L'avalée des avalés
Idioma original: francés
Año de publicación: 1967
Valoración: No procede

Pues nada menos que "la novela que inspiró a Jean-Claude Lauzon en su obra maestra Léolo". Eso dice la portada.

Léolo es, con diferencia, mi película favorita. La primera vez que oí hablar de ella fue en el colegio, cuando el profesor de música, un tipo pequeño con tremendo bigotazo, llegó una tarde a clase traumatizado por la película que había visto el día anterior. Yo era pequeño, pero oír al tipo ese hablar indignado de que la monstruosidad cinematográfica aquella trataba sobre las masturbaciones y las cagadas de un niño pequeño hizo que memorizara el título de por vida. Cosas de la cabeza.

La segunda vez, ya en la Universidad, me habló de ella Sergio Oiarzabal, buen amigo y extraordinario poeta, desaparecido el año pasado, del que ya hemos reseñado en este blog alguno de sus libros. Nada más mencionarla, el título y el recuerdo de mi profesor vinieron de golpe a mi cabeza, y esa misma noche pude, por fin, después de tantas masturbaciones y cagadas, verla. Desde entonces, no he parado. De verla, tampoco.

Como este es un blog de crítica de libros, no voy a contaros la peli. Pero podéis imaginaros mi sorpresa y mi emoción cuando descubrí, en una librería, "la novela que inspiró a Jean-Claude Lauzon en su obra maestra Léolo".

Desgraciadamente, no he podido pasar de la página 90.

- ¿Acaso la novela era rematadamente mala?
- No, al menos no lo creo. Tiene buena pinta.
- ¿Acaso el autor es un personaje repugnante y eso te ha obligado a dejar de leer?
- No. Al contrario: el autor es un tipo misterioso, con varias novelas, guiones de cine, canciones, esculturas y collages. No concede entrevistas. Además, es de Québec, lo que le da un punto curioso: no conocía ningún autor quebequés.

Por lo que dice la contraportada, la novela trata de una "niña prodigio, disertadora, políglota, actriz, intérprete de diversos instrumentos, bailarina, experta en montar y desmontar armas de un solo vistazo. Desgraciada, lúcida, destinada al suicidio o dispuesta a envejecer...". Rozamos el record guiness de calificativos en una contra. Sigue diciendo: "De su mano y de la de su autor, atravesaremos el libro de las maravillas, saltando del relato oral a la fábula, del ars lírica al ars dramaticae y la retórica, del Libro de las Crónicas y de Ester al Calígula de Camus, pasando por los clásicos y la mitología, leyendas y hazañas de todos los tiempos y toda clase de cuentos, finamente sazonado con guiños y referencias a Céline, Descartes, La Fontaine, Flaubert, Proust y Poe, entre otros". JODER. ¿ENTRE OTROS? Pero, ¿es que acaso queda alguno, algún autor, algún género literario, algo, que no "atravesemos de su mano y de la del autor"? ¿Hacen pruebas de doping a las gentes que escriben las contraportadas?

Sí: ya me pareció, cuando leí el texto precedente, que alguien se había pasado con el diccionario de sinónimos. Pero lo achaqué a la pura emoción de editar "la novela que inspiró a Jean-Claude Lauzon en su obra maestra Léolo" (¿a que ya empieza a chirriar?).

Y para no ponerme más en evidencia por reseñar un libro que NO he sido capaz de leer, terminaré explicandoos la razón de esta renuncia: porque la edición es un puñetero desastre. Un desastre mayúsculo. ¡Un tsunami en la imprenta! ¡El apocalipsis bibliográfico! ¡El Doctor Hyde de Guttemberg! ¡Gadafi revisando galeradas! ¡La desintegración del Libro! ¡Quiero la verdad! ¡Tú no puedes encajar la verdad! ¡¿Ordenó usted el código rojo?!

Solo para que os hagáis a la idea: tomemos la solapa.
Línea 2: "Réjean Ducharme, (1941,Saint-Felix-de-Valois,"
Falta un espacio después de la coma.
Línea 6: "autor que, además de nue-ve novelas y cuatro"
¿"Nue-ve"?
Línea 17: "General, que le fue en-tregado en Canadá por"
¿"En-tregado"?
Línea 25: "separado, han sido: _____Prix Cánada-Belgique,"
Se les ha ido la mano con el doble espacio (el subrayado es cosa mía, para distinguirlo).

A lo largo del texto, además, escriben Montreal y Montréal indistintamente.

¡¡¡¡Y todo esto solo en la solapa!!!!!!

Os podéis imaginar lo que pasa en el libro, donde hay, podríamos decir, muchas más palabras y párrafos: erratas monumentales, dobles espacios, falta de espacios, tipografías confusas, líneas huérfanas, líneas viudas, líneas suegras, notas al pie a distintas alturas según la página, números de página mal alineados, falta de coherencia total en el uso de guiones, espacios, comillas..., páginas cuya última línea termina mucho antes de donde debería, o mucho después...

Una fiesta, vamos.

Entiendo que es cosa mía. Que a mucha gente semejante cantidad de erratas no le supone ningún problema, pero en mi caso la distracción continua y la mala leche creciente me impiden disfrutar de la lectura, porque algo dentro de mí pasa a un "estado de alerta" que me va separando del texto y me centra exclusivamente en el libro. Y cuando me pasa esto ya no leo, solo miro. Y me tropiezo. Y me vuelvo a tropezar. Y llega un punto en el que me alejo del libro antes de que acabemos mal.

Todo esto venía a que si alguien se lo lee, que me cuente qué tal, de qué va, esas cosas.

martes, 29 de marzo de 2011

¿Puede la literatura cambiar el mundo?

Hace unos meses, en un programa televisivo con Roberto Saviano, autor de Gomorra, el director Roberto Benigni pronunció una frase hermosísima: "Cuando un hombre con una pistola se encuentra a un hombre con una pluma, el hombre con una pistola es hombre muerto". La frase fue muy aplaudida, repetida, compartida, twitteada. ¿Pero es cierta además de hermosa? ¿Sigue teniendo la palabra tanta fuerza como para cambiar la realidad? ¿Alguna vez la tuvo?

Dos entradas recientes de este mismo blog están dedicadas a dos escritores que han creído en la necesidad de escribir desde el compromiso ideológico, y en la capacidad de su escritura para cambiar el mundo (a pequeña o mayor escala): me refiero a Gabriel Celaya y a Stéphane Hessel (esta segunda entrada, por cierto, ha resultado ser bastante polémica). Y Mario Benedetti es uno de los faros que han iluminado este blog desde su primera entrada. ¿Cómo podemos entonces renegar del valor social, político, ideológico de la literatura?

Probablemente las personas que escribimos este blog tengamos una opinión distinta al respecto: por eso esta entrada está planteada como pregunta, y por eso no dará ninguna respuesta. Pero es casi inevitable ser algo escéptico sobre el poder real de la palabra, en un mundo en el que hasta la política parece estar supeditada a la economía; y sobre todo, en un mundo en el que otras formas de arte o de comunicación (el cine, la música, la televisión, el propio internet) han absorbido gran parte del poder de influencia que en otro tiempo tuvo (puede pensarse) la literatura.

Y sin embargo, no faltan hoy en día los escritores (literatos, periodistas, blogueros) amenazados, perseguidos, exiliados, detenidos, censurados en todo el mundo; y en este mundo occidental nuestro, en que no existe la censura institucional, existe también, y cada vez más poderosa, la censura (que muchas veces se convierte en autocensura) de lo políticamente correcto. Y si tantos esfuerzos se hacen por controlar o mutilar la libre expresión a través de la palabra, ¿no será que algún poder conserva? ¿No será que decir y escribir lo que se piensa sigue siendo en sí mismo un acto de rebeldía? ¿Y un acto de consecuencias imprevisibles?

Al fin y al cabo, quizás la literatura sí conserve la capacidad de cambiar a las personas; y las personas, al fin y al cabo, son las que pueden cambiar el mundo.

lunes, 28 de marzo de 2011

Zoom: "La leyenda del caballero sin cabeza", de Washington Irving

Idioma original: inglés
Título original: The legend of Sleepy Hollow
Año de publicación: 1820
Valoración: Recomendable

Con La leyenda del caballero sin cabeza (o La leyenda de Sleepy Hollow) pasa como con El retrato de Dorian Gray: que casi todo el mundo cree conocerlo, porque conoce alguna de sus adaptaciones o simplemente la versión simplificada que forma parte de la cultura popular, pero muy poca gente realmente conoce o ha leído el original. No estoy diciendo que estas transformaciones o popularizaciones sean malas en sí mismas: solo que suceden, y que es un fenómeno curioso. Y también en este caso, como pasaba con El retrato..., la visión popularizada ("cuento romántico de terror sobrenatural") tiene poco que ver con lo que en realidad es el relato de Washington Irving.

Porque lo que prima en el relato, en realidad, más que el terror, es el humor. Y yo afirmo (de vez en cuando me da así por afirmar cosas, es una manía que tengo) que el terror y el humor son como el agua y el aceite, pueden estar en el mismo recipiente pero sin mezclarse. No sé si la metáfora es del todo acertada, pero lo que sí sé es que este relato, por su argumento, su tono y su estilo entraría mejor a formar parte de El Decameron o Los cuentos de Canterbury que de un volumen de cuentos de Poe.

En realidad, lo sobrenatural (ni siquiera lo llamaré terrorífico) ocupa muy poco espacio en el relato: el caballero no hace su aparición hasta las últimas páginas, y antes el autor se limita a realizar ciertas vagas referencias a las extrañas características del "Valle Dormido" (Sleepy Hollow, ¿lo pilláis?). El resto, el 75% de la novela, está ocupado por una novella humorística, con un personaje ridículo (Ichabod Crane, maestro crédulo y algo quijotesco) enamorado de una dama apetecible (rolliza y heredera) y que compite por sus favores con un hombre mucho más joven y rudo que él. Creo que la mayoría de los lectores se harán ya una idea de cómo acaba la historia, sin necesidad de que yo la cuente.

En realidad, probablemente es de agradecer esta elección de Irving por el humor en vez del terror: los relatos terroríficos del siglo XIX, con pocas excepciones (Poe, quizás E.T.A. Hoffman, algunos de Maupassant...) han envejecido muy mal, y ahora resultan recargados, retóricos y casi ridículos. En cambio, la ironía y el humor salvan a esta novela de esos peligros, y hacen que siga siendo una lectura entretenida y con un punto atractivo. No es lo que pensamos que es, pero es. Afirmo.

domingo, 27 de marzo de 2011

Martin Amis: El libro de Rachel


Título original: The Rachel Papers
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1973
Valoración: Está bien

No siempre es una buena idea embarcarse en la ópera prima de un autor por mucha calidad que éste haya adquirido con el tiempo. Aunque, prejuicios aparte, la relación entre los inicios y la obra madura varía mucho de unos a otros. A veces, pocas, el autor al comienzo de su carrera produce su gran obra magna, dice de una vez todo lo que quería decir y los libros que suceden a ése no son más que meros epígonos. El libro de Rachel se sitúa entre ambos extremos. Nos encontramos, efectivamente, ante una novela de aprendizaje que además relata un episodio juvenil, de iniciación. Pero no por ello deja de estar bien escrita, perfectamente construida, con personajes creíbles y una trama coherente que mantiene el interés hasta el final. No será de las mejores de su autor pero está claramente por encima de muchas genialidades que luego resultan no serlo tanto.

Se trata de una historia de amor/desamor y una aceptable indagación sobre distintos tipos de relaciones humanas narrada con pulso firme, lo que implica una visión muy clara de cómo evolucionarán los personajes evitando irregularidades y desequilibrios. No falta, sin embargo, la dosis de sorpresa imprescindible para que la lectura resulte amena al lector. Aunque, en este caso, es fácil caer en la trampa y confundir autor y protagonista y aunque la inclusión de elementos autobiográficos es clara, Amis consigue construir una personalidad convincente. Sin disimular la simpatía que le inspira el personaje principal, es capaz de poner de manifiesto sin piedad sus puntos oscuros que, aunque justificados por el propio personaje en la mayor parte de sus páginas, se ponen en evidencia contundentemente al final.

Charles, el adolescente pretendidamente mundano que cree estar de vuelta de todo a base de mucho sarcasmo, agudas observaciones y bastante esfuerzo intelectual, pertenece a un tipo literario que se mantuvo durante mucho tiempo, que continuaba vigente por entonces pero que, hace tiempo, acabó pasando a la historia. Por sus ojos, conocemos a una Rachel idealizada, de la que no sabe gran cosa y, aunque piensa constantemente en ella y escribe para calmar su obsesión, pasarán muchas páginas hasta que logremos conocerla. Las dudas sobre la identidad de Rachel y sobre el destino de la relación entre ambos mantienen la intriga y ocupan gran parte de la trama. El hecho de que ella tenga ya novio y éste sea un individuo maduro y situado socialmente parece colocarle en clara desventaja, lo que se intuye claramente es que se trata de una relación con fecha de caducidad, si es que empieza, y que será la chica quien le ponga fin. Cuando más tarde se da un giro a la trama, nuestra intuición se desvanece. Mientras tanto, las otras relaciones – de pareja, paterno-filiales o fraternales – se van desarrollando a su ritmo con sus altibajos, sus pequeñas catástrofes, concesiones y pantomimas.

Esperaba un final más inseguro pero el Amis primerizo no se limita a cortar en cualquier punto con la excusa de los finales abiertos, al contrario: descubriendo la gran fatuidad de Charles y los pequeños fraudes que la sostienen así como la auténtica personalidad de su cuñado, logra cerrarla realmente y hacerlo con naturalidad y coherencia.

También de Martin Amis: Campos de Londres, El segundo avión.

sábado, 26 de marzo de 2011

Jenn Díaz: Belfondo

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: está (muy) bien

"Belfondo" es el nombre de un pueblo, gran protagonista de esta novela de la autora catalana Jenn Díaz, cuyos habitantes viven bajo la tutela -y el yugo- de un amo omnipotente y omnipresente, un amo que no es sino el verdadero dios de Belfondo.

La novela está compuesta por veinte capítulos que, como fragmentos de un espejo roto, cuentan las historias individuales de los habitantes de Belfondo al mismo tiempo que crean una imagen sólida y compacta de la vida en el pueblo. Los diferentes personajes se entrecruzan, en mayor o menor medida, en las diferentes historias, y terminan reuniéndose en el capítulo o historia final. En Belfondo cabe de todo: desde amores prohibidos o inconfesados, pequeñas y ridículas venganzas y abusos terribles, hasta trabajos de lo más curiosos.

El estilo de Jenn Díaz es ágil, cuidado y sencillo sin caer en la simplicidad; vertebra toda la novela a pesar de los diferentes puntos de vista desde los que está narrada la historia. Lo más destacable, en mi opinión, es la afiladísima intuición de la autora: es imposible que el lector no sea vea reflejado en, e incluso identificado con, muchos de los detalles que dan vida a los personajes.

Aun así, me da la impresión de que, aunque la novela empieza con una fuerza arrolladora, va perdiendo un poco de fuelle a medida que avanza. Quizá sea porque la estructura narrativa -esta suma de historias particulares- puede terminar volviéndose un poco repetitiva.

En conjunto, como indico en la valoración, la novela está muy pero que muy bien. Desde este blog, os animo a seguirle la pista a esta escritora de 22 años. Sí, me he guardado un as en la manga: es jovencísima y Belfondo es su primera novela. Y esto solo quiere decir que aún tiene muchas buenas historias que contarnos.

viernes, 25 de marzo de 2011

Derek Van Arman: Matar por matar el tiempo

Idioma original: inglés
Título original: Just killing time
Fecha de publicación: 1993
Valoración: Repugnante

Lástima que no tengamos una etiqueta que ponga "Gamberrada", porque esto es lo que creo que es Matar por matar el tiempo.

Me lo recomendó una amiga en plena adolescencia. Era la época en la que Quentin Tarantino disfrutaba de su Edad de Oro gracias a sus películas trufadas de violencia viñetera, diálogos ingeniosos y gangsters con mucho estilo, y como yo era una gran admiradora del padre de Pulp Fiction, pues hice caso a mi amiga y me tragué el libro que hoy reseño en un par de semanas. ¿Y qué opinión me mereció? Pues me pareció espantoso...

Matar por matar el tiempo cuenta la historia de un cuidadoso psicópata que mata a sus víctimas por el motivo que da título al libro, por matar el tiempo básicamente, y del policía que trata de atraparlo a lo laaargooo de los años, porque resulta que el matador de turno, de nombre Zak Dorani, ¡lleva nada más ni nada menos que treinta años dando matarile a quien le place! Y el bueno del poli bueno, llamado Jack Scott, sufre la horrible frustración de haberle dejado escapar porque en una ocasión le tuvo cogido por los pelos, sí, pero la maldita e injusta Justicia no vio que el tal Dorani mereciera pasar su vida entre rejas y acabó por dejarle libre.

Al principio hay una larga reflexión del protagonista bueno que deja claro que podemos encontrarnos un super psycho en cada rincón de nuestras ciudades, que puede serlo desde el vecino del quinto hasta el frutero del hipermercado, pero el libro no es ni ameno ni interesante, y peca de exceso de páginas y de ser pesado en demasiadas ocasiones.

Por tanto, etiqueto con la categoría más baja que tenemos en ULAD este libro que leí hace ya unos cuantos años porque, en mi opinión, no logra ni siquiera entretener al lector, aunque sepamos de antemano (sólo hay que ver la portada) que mucho no nos podemos esperar...

jueves, 24 de marzo de 2011

Stefan Zweig: Mendel el de los libros

Idioma: alemán
Título original:
Buchmendel
Fecha de publicación: 1929
Valoración: muy recomendable

Y volvemos al fin, después de muchos meses, al que ha sido uno de nuestros autores fetiche desde que arrancó este blog: Stefan Zweig. Uno vuelve a sus páginas como quien pisa de nuevo la casa de sus abuelos, después de muchos años, y encuentra que todo está en su sitio y es correcto y huele a antiguo. Sin duda, su prosa es limpia, precisa, con las dosis justas de retórica para atraer sin cansar, pero creo que no es esto lo que más me atrae. Lo mejor de Zweig es su capacidad para mostrar, en pocos trazos, la esencia de sus personajes.

En este caso, en realidad, todo el libro (el librito: apenas 50 páginas) se reduce a eso. Quiero decir que la trama consiste en el desvelamiento de una persona: Mendel, el de los libros. Zweig nos lo presenta magistralmente, sacándolo de entre las sombras del olvido, y sentándolo ante nuestros ojos en la mesa del café Gluck, donde el viejo se volcaba de la mañana a la tarde sobre las páginas amarillentas de su mercancía. Nos hace presenciar el milagro al introducirse a sí mismo, de joven, haciéndole una consulta bibliográfica, y recibiendo como respuesta un increíble torrente de títulos, autores, editoriales, precios y librerías de viejo.

Mendel, el librero judío del café Gluck, encarna esa contradicción extrema entre lo más alto y lo más pequeño, que raya con la vivencia religiosa. Un anciano miope y sucio, encerrado en la trastienda de un café, encarnaba la memoria más portentosa que conoció la Europa de su tiempo. Una memoria que, como al Funes borgiano, le incapacitó para la vida y, por eso mismo, le dio un aura de santo, de monstruo, de prodigio viviente.

Zweig atrapa al lector en la descripción extasiada de esta extraña mente y con la afligida narración de las circunstancias que la perdieron para siempre. Paradójicamente -o no-, Mendel el de los libros es en el fondo un ensayo sobre el olvido.

También de Zweig: Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Novela de ajedrez, El mundo de ayer, Fouché. Retrato de un hombre político y María Antonieta.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Juan Marsé: La oscura historia de la prima Montse

Idioma original: español
Año de publicación: 1970
Valoración: está bien

No sé si esto podrá catalogarse como otra de mis "herejías", porque generalmente Juan Marsé está considerado por la crítica como uno de los novelistas españoles contemporáneos más relevantes e influyentes (Premio Cervantes en 2008, qué más se puede decir); y sin embargo, los dos libros suyos que he leído, Últimas tardes con Teresa y este, no me han terminado de convencer. Por supuesto que le reconozco sus méritos narrativos y estilísticos, pero sus historias no me acaban de interesar ni de convencer.

Esta, La oscura historia de la prima Montse, es una novela narrada en dos planos temporales: el presente, en el que el narrador, Paco, vuelve a encontrarse con sus tíos y primos (y a enrollarse con su prima Nuria, por cierto); y el pasado, en el que transcurre la "oscura historia de la prima Montse". Y la "oscura historia" consiste en que la tal prima, Montse Claramunt, hija de una familia burguesa catalana y profundamenta religiosa, se involucra (difícil decir hasta qué punto) con un presidiario ateo y proletario, provocando el predecible escándalo en su familia bien. Y el narrador, que es un punto más macarra que el resto, queda como personaje aislado entre dos mundos, conectándolos.

Como decía más arriba, evidentemente reconozco las bondades del libro: en cuanto a la técnica narrativa está estupendamente construido, con ese juego constante entre pasado y presente, y el modo en que Paco y Nuria van constrastando y corrigiendo sus recuerdos me recordaba a Faulkner y su Absalón, Absalón (una de mis novelas favoritas). Pero no fui capaz de identificarme con ninguno de los personajes: ni con los burgueses estirados (excesivamente caricaturizados en general), ni con el narrador, ni con el presidiario, ni con la prima Montse, cuyo retrato probablemente sea el más superficial de todos; y la historia dejó pronto de interesarme, nada más ver que la "oscura historia" en realidad no era tan oscura. En cuanto al estilo, me parece un arma de doble filo: es brillante en ocasiones, poético, una obra de arte en sí mismo; pero al mismo tiempo ese esteticismo estático dificulta el desarrollo de la historia, y hay casos en que llegas a perderte entre tanta floritura.

En resumen: está bien, pero no pasa a formar parte de mis autores de cabecera. O sea: si tuviera que hacerlo podría dar una clase sobre la maestría técnica de Marsé y su importancia como escritor en la España post-franquista; pero como lector, no le diría a nadie: "Tienes que leer a Marsé, es buenísimo".

martes, 22 de marzo de 2011

Alain Fournier: El gran Meaulnes


Título original: Le Grand Meaulnes
Idioma original: francés
Fecha de publicación: 1913
Valoración: muy recomendable

Este es otro de esos libros que me han llegado a las manos sin saber muy bien cómo: un día apareció en uno de los estantes de casa, una edición vieja, descolorida y de un color amarillo deslucido poco atrayente, de un autor que en su momento no conocía en absoluto. Y hete aquí, que no sé bien aún porqué, me decidí a leerlo. Y qué buenísima elección.

A veces, cuando no conozco al autor, prefiero no leer la contraportada, ni buscar información sobre él, ni saber nada sobre el libro. Suele ser una experiencia que me ha gustado mucho, y así me embarqué en la lectura de este librito.

Y digo librito porque son unas 230 páginas de formato pequeño que se leen rapidísimo. El autor te introduce en un pequeño pueblo francés, a finales del siglo XIX, donde el narrador, un adolescente que estudia en el colegio regentado por sus padres, nos cuenta cómo conoce al protagonista, Agustín Meaulnes, al que todos llamarán “el Gran Meaulnes”.

Con un estilo serio, directo y bien escrito, y a través de Francois Seurel, conocemos a este Gran Meaulnes, llevándonos a un recorrido a través de la adolescencia y el paso a la madurez. Hay un momento en el que aparecemos en una boda misteriosa llena de magia e irrealidad que nos recordará a ese paraíso perdido que podemos ver en otros autores. Un lugar que existió alguna vez y al que no podemos regresar. Allí conocerá a alguien…

Cuando cerré el libro, me dejó un cierto gusto melancólico. Había sidouna lectura enriquecedora, de las que te hacen reflexionar, recordar… Y busqué información sobre el autor de un libro que podía decirte algo y lo hacía. Y lástima, pues es la única obra de Fournier, ya que un año después de su publicación murió en la Primera Guerra Mundial., con 28 años. Se incluye dentro de las cien mejores obras del siglo XX, y, personalmente, me ha recordado en ciertas atmósferas y situaciones al Demián, de Hesse, escrito 6 años después.

lunes, 21 de marzo de 2011

Antonio Colinas: Sepulcro en Tarquinia


Idioma original: castellano
Año de publicación: 1975
Valoración: Imprescindible


Hoy es el Día Internacional de la Poesía y queremos celebrarlo comentando uno de los libros más emblemáticos de uno de nuestros mejores poetas, Antonio Colinas, que acaba de publicar su Obra Poética Completa (hasta el momento), 40 años después de haber ganado el Premio Ciudad de Irún en su primera edición.

Resulta bastante habitual, incluso en las obras consideradas antológicas, que unos cuantos poemas destaquen del conjunto, manteniendo los demás una presencia digna pero discreta. No ocurre así en la producción de Colinas, donde todo lo que se recoge tiene la misma excelente calidad. Sepulcro en Tarquinia compuesta, como la mayoría de sus obras, en verso libre, está dividida en cuatro partes que presentan una escenografía arcaica, el recurso frecuente a la memoria, paisajes desolados, individuos extraídos de la historia y estatismo: las figuras, humanas o no, parecen sacadas de un cuadro, sus interlocutores nunca replican de forma que su conversación es mero monólogo. La piedra, como elemento natural o arquitectónico, tiene una presencia fundamental: simboliza el pasado, da título explícito a la primera parte y de forma indirecta a las dos siguientes. La acusada musicalidad y el esteticismo, tan propios del autor, no faltan en ninguno de sus versos, lo descriptivo predomina sobre la acción. En general, recrea todos los referentes clásicos, del siglo de Oro a la generación del 27, convirtiéndolos en presente y, sobre todo, apropiándose de ellos hasta hacerlos completamente suyos.

La primera parte, Piedras de Bérgamo ,en la que utiliza, en su mayor parte, la segunda persona verbal, transmite una emotividad fría. El poema que le da nombre está compuesto por versos alejandrinos y su clasicismo es todavía mayor si cabe: “Si sepulcro, contienes una doncella viva; / si corazón de piedra, suenas como un oboe”. El simbolismo se obtiene a base de colores (negro, verde y oro) e imágenes visuales, aunque a veces alude a otros sentidos: humedad, sonidos, temperatura. En el poema Novalis, encontramos ecos de S. Juan de la Cruz. Se identifican naturaleza y sentimientos (noche/tristeza - nostalgia/belleza). En Poseidonia, vencedora del tiempo – dónde se compara la destrucción de esta ciudad de Italia fundada por los griegos con la actual pérdida de los valores espirituales – aparecen estampas bucólicas que son como ráfagas de los viejos poemas pastoriles. También aquí se refleja una naturaleza más leída que vivida, o la fusión de ambas, lo que le presta un efecto plástico especial. La estética del renacimiento europeo se identifica con la decadente elegancia de principios del siglo XX en el poema Vamos, vamos a Europa. Como en la mayoría de las composiciones de Piedras de Bérgamo, se dirige a un interlocutor cambiante y la inmovilidad es absoluta, incluso las acciones son estáticas.: “… caía la lluvia en Boulogne, / entre dos anarquistas, la irlandesa / cantaba, los aviones, sobre los chorreantes prados de Welwins Garden / un cielo de cerveza / (…) se levanta la noche con magnolias / sobre los lupanares de Pompei”. Poema particularmente pictórico es Noviembre en Inglaterra, que cierra esta primera parte del libro.

Sepulcro en Tarquinia está formado por un único poema – de más de 500 versos, sin apenas puntuación y dividido en secciones – en el que abundan las reiteraciones y sigue predominando lo visual. Esta minuciosa descripción, de carácter simbólico, tiene también destinatario. En él se emplean enumeraciones caóticas, fusión de lo rural antiguo con lo urbano moderno: "…después del huracán de las estrellas, / del otoño, con árboles de oro, / con torres incendiadas y columnas, / con los muros cubiertos de rosales / tardíos / y tú en aquel tranvía salpicado / a la orilla del agua por las barcas” junto a algún recurso surrealista: “con un sueño de potros… / con un nido de tigres… / con un hato de ciervos en los ojos”. El ritmo de cada verso individual es tan intenso como en el resto de la producción de Colinas, pero la cadencia general del poema se acelera o demora según falten o no los tiempos verbales, cambiando del paso al galope y viceversa. Todo el poema es un acto de nostalgia: el autor se traslada, mediante imágenes asociadas con plena libertad, a una época ya vivida. En ellas alude, fundamentalmente, a un pasado amoroso sin futuro: “debes saberlo ahora que recuerdas: / jamás llegará nadie a este lugar, / aquí nos trae el mar los peces muertos / y no hay más vida que la de las olas”.

La tercera parte, titulada Castra Petavonium, aunque compuesta por ocho poemas con título propio, tanto por tema como por recursos podría formar un todo continuado parecido al anterior. Excepto en los últimos poemas, se emplea también la segunda persona, motivos como el de los caballos y recursos poéticos son similares a la segunda pero lo que ahora se recrea es un ambiente guerrero para lograr un implacable canto a la derrota.

En la última parte, Dos poemas con luz negra, vuelven a aparecer noche, piedras, silencio y arcaica arquitectura. Ambos cuadros son nocturnos, con los claroscuros precisos para que podamos percibir las siluetas: “Se funden las vidrieras. / En su luz cae la luz o cae la escarcha (…) y van brotando soles de vacío, / coronas luminosas de las sombras”. Tras tanta acumulación de imágenes, concluye, en cada uno, con una reflexión trascendente: “presentían / la luz o la negrura del sepulcro” y “para escrutar la vida hay que fundarla / y que fundamentarla / en un Orbe”.

domingo, 20 de marzo de 2011

750 días después

Hoy, poco después de nuestro segundo aniversario, cumplimos 750 días, y por lo tanto 750 entradas. Y como los números redondos parecen ocasiones propicias para hacer balance, aprovechamos para echar la vista atrás, y compartir con nuestros lectores algunos números, y algunas reflexiones sobre el blog.

Y la primera reflexión es que aquí seguimos, 750 días después, aunque ya no somos los mismos que cuando empezamos: somos más, muchos más, tanto a este como al otro lado de la pantalla (sí, los que escribimos ULAD vivimos dentro de tu ordenador. ¿Qué te pensabas?). Cuando abrimos el blog, éramos solo tres personas; ahora somos once (doce si contamos a Ian Grecco, que en estos momentos está de viaje, y no, asegura él, huido porque le persiga la policía), además de contar con varios colaboradores ocasionales o "firmas invitadas". El primer mes que abrimos este blog tuvimos 1200 lectores, y nos parecieron muchos; este mes rondaremos las 20.000 páginas vistas, y nos parecen una barbaridad... Además, tenemos 923 seguidores en nuestra página de facebook, y 241 en Twitter. ¿Estáis todos locos?

Estadísticas de páginas vistas (verde claro) y visitantes (verde oscuro) del blog desde su apertura

Respecto a nuestras preferencias, no han cambiado demasiado desde que hicimos el anterior recuento, cuando cumplimos un año: seguimos leyendo sobre todo libros originalmente publicados en inglés (262, frente a los 173 en español); preferimos la novela (395 entradas, por 88 de ensayo, 70 de volúmenes de relato, 48 de poesía, 27 de teatro y 18 de comic, por ejemplo); seguimos siendo generosos con los libros que reseñamos (hemos puesto 113 "imprescindibles", 279 "muy recomendables" y solo 40 "repugnantes") y nos siguen tirando más los libros recientes que los clásicos (entre el siglo XX y el siglo XXI acaparan 640 reseñas, nada menos).

¿Y cómo es nuestro lector medio? Pues haciendo una mezcolanza nada científica de nuestras estadísticas de motigo, del propio blogger y de facebook, nos encontramos con que nuestra lectora típica es una mujer española de entre 25 y 34 años, que entra en nuestro blog sobre todo el lunes y martes en torno a las 12 del mediodía, pero nos abandona luego el fin de semana (snif, snif); que usa Windows e Internet Explorer, y llega al blog a través de google (que digo yo que, si es nuestra lectora típica, ya podía haberse aprendido la dirección). La entrada que más le ha gustado a esta lectora media es "No regales libros": la ha visto 2735 veces; que está bien, era graciosa, pero ¿no se cansará nunca? (En realidad, todos los que hacemos este blog, hombres, mujeres y entes asexuados, estamos perdidamente enamorados de esta lectora típica, y todo lo que hacemos, lo hacemos para impresionarla).

En fin, que cómo pasa el tiempo. Con lo jóvenes que éramos cuando empezamos. Y míranos ahora. Míranos.

sábado, 19 de marzo de 2011

Al Berto: El miedo

Idioma original: portugués
Título original: O medo
Año de publicación: 1987-
Valoración: Muy recomendable

Al Berto es el seudónimo (poco afortuado para mi gusto: parece el nombre de un rapero o de un concursante de Gran Hermano) de un magnífico poeta portugués de la segunda mitad del siglo XX, de nombre real Alberto Raposo Pidwell Tavares. Además de una importante obra poética, Al Berto también es autor de varios libros en prosa, uno de teatro, un libreto de ópera, un libro de fotografía y una "falsa autobiografía".

Pero sin duda, el libro fundamental, que resume sus esfuerzos e intuiciones poéticas, es El miedo, prácticamente unas Obras completas o Summa poética compilada inicialmente en 1987, pero ampliada con los años, incluso después de la muerte del poeta. Es decir, algo parecido a las Antolojías (sic) de Juan Ramón, o a Hojas de hierba de Walt Whitman (y que también recuerda a veces, en aquellos capítulos que tienen forma de diario, al Libro del desasosiego pessoano, aunque sin heterónimo de por medio): se trata en definitiva de una obra abierta en continua construcción, en evolución constante que resume lo fundamental de su trayectoria poética durante más de veinte años.

Por eso, El miedo no es un libro para leer seguido de cabo a rabo (probablemente ningún libro de poesía lo sea), sino para tener en la mesilla o en la biblioteca, y acercarse a él de vez en cuando, esperando verse sorprendido y dejándose atrapar por el estilo, relativamente sencillo y comprensible, pero indudablemente poético, del autor.

Así, uno podría encontrarse por ejemplo con cosas como este "Oficio de amar" (lo pongo en el portugués original, creo que se entenderá bastante bien):

ja não necessito de ti
tenho a companhia nocturna dos animais e da peste
tenho o grão doente das cidades erguidas no princípio doutras galáxias, e o remorso

um dia pressenti a música estelar das pedras, abandonei-me ao silêncio
é lentíssimo este amor progredindo com o bater do coração
não, não preciso mais de mim
possuo a doença dos espaços incomensuráveis
e os secretos poços dos nómadas

ascendo ao conhecimento pleno do meu deserto
deixei de estar disponível, perdoa-me
se cultivo regularmente a saudade de meu próprio corpo

O este "Recado":

Ouve-me
que o dia te seja limpo e
a cada esquina de luz possas recolher
alimento suficiente para a tua morte

vai até onde ninguém te possa falar
ou reconhecer -vai por esse campo
de crateras extintas - vai por essa porta
de água tão vasta quanto a noite

deixa a árvore das cassiopeas cobrir-te
e as loucas aveias que o ácido enferrujou
erguerem-se na vertigem do voo - deixa
que o outono traga os pássaros e as abelhas
para pernoitarem na doçura
do teu breve coração - ouve-me

que o dia te seja limpo
e para lá da pele constrói o arco de sal
a morada eterna - o mar por onde fugirá
o etéreo visitante desta noite

não esqueças o navio carregado de lumes
de desejos em poeira - não esqueças o ouro
o marfim - os sessenta comprimidos letais
ao pequeno-almoço

[Leo en internet que la versión publicada en español es una seleccción incompleta, que es algo comprensible (la obra original tiene más de 600 páginas) pero no deja de ser una lástima]

viernes, 18 de marzo de 2011

Gabriel Celaya, 100 años después

Hoy hace exactamente 100 años nacía en Hernani, Guipuzcoa, Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta, que pasaría a los manuales de literatura simplemente como Gabriel Celaya. Ingeniero de profesión, que no de vocación (como refleja su poema "Biografía"), formó parte de los círculos estudiantiles y vanguardistas cercanos a la Generación del 27, y tras una etapa existencialista, durante el Franquismo se convirtió en uno de los exponentes más destacados de la poesía comprometida. Falleció en 1991, después de recibir numerosos (y merecidos) galardones. Algunos de sus poemas, como "España en marcha" o, sobre todo, "La poesía es un arma cargada de futuro", se han convertido ya en hitos (himnos) de la poesía española del siglo XX. Hoy, cuando se cumplen exactamente 100 años desde su nacimiento, es inevitable, justo y necesario, rendirle homenaje, y rendir homenaje a los que como él creyeron, en tiempos más difíciles, en el poder de la palabra para cambiar el mundo.

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

jueves, 17 de marzo de 2011

VV.AA.: Arte, ideología y capitalismo

Idioma: castellano
Fecha de publicación: 2008
Valoración: está bien

Decíamos ayer que las transcripciones de conferencias no acaban de convencerme. Creo que voy a tener que retractarme. Está claro que todo buen conferenciante domina algunos trucos retóricos que en vivo sirven para meterse al público en el bolsillo y transcritos se desinflan sin remedio. Además, una ponencia está sujeta a circunstancias del momento (o incluso del espacio) y soporta por lo general argumentos menos exhaustivos y prolijos que un ensayo. Sin embargo -o quizá por eso mismo-, una conferencia transcrita tiene una gran ventaja frente a un texto concebido desde el principio como tal: la frescura. Un autor se atreverá a decir cosas que se pensaría mucho antes de poner por escrito. Quien la transcribe y publica comete, en este sentido, una traición; pero una traición que ofrece jugosas sorpresas.

En este caso el responsable de la elogiable traición es el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que desde hace varios años edita una colección de libritos con las intervenciones de las muy autorizadas voces que por allí pasan. Quienes no vivimos en Madrid no podemos más que agradecerles la idea. El libro del que hablo surge de una visita de Slavoj Zizek (en realidad no se escribe así, pero quien sepa poner sobre las zetas un acento circunflejo invertido que tire la primera piedra). Para quien no le suene, este señor es probablemente el filósofo más polémico sobre la faz del planeta. Abundan sus intervenciones en youtube, que no suelen aburrir. Por citar dos que recuerde: una disquisición sobre las diferencias entre los váteres alemanes y franceses, y la demostración inapelable de que Sonrisas y lágrimas es un film propagandístico pro-nazi.

Dicho esto, podéis suponer que merece la pena leer lo que el bueno de Zizek tiene que decir acerca de varias películas, entre ellas Titanic, Los pájaros, El código Da Vinci o El perfume. En estos y otros especímenes ejercita su agudísima capacidad de análisis, deudora de Marx y Lacan, levantando las máscaras de los más renombrados productos ideológicos del capitalismo actual. Sus comentarios se ilustran con fotogramas de las películas, lo que resulta muy útil para no perderse. También resulta útil tener ciertas nociones de Filosofía y Psicoanálisis, no lo vamos a negar.

Se completa el libro con dos intervenciones más, de Jorge Alemán y César Renduelles, que abundan en los mismos temas. La primera, sinceramente, me dejó bastante frío. Será que no entiendo a Lacan lo suficiente para apreciar su posible aportación a una nueva renovación de la izquierda política. En cuanto a la segunda, Renduelles demuestra con admirable rigor cómo gran parte del cine actual comulga de un sueño de redención violenta que nos salve a todos del ciclo de consumo desbocado que nos engulle. El club de la lucha, por ejemplo. Lo curioso, dice (y concuerdo), es que estos sueños no hacen sino reforzar, al nivel más profundo, la lógica que pretenden criticar, olvidando "que el consumismo es un epifenómeno material de un sistema social monstruosamente espiritual".

Se trata, en fin, de un librito que no te cambiará la vida, pero sí te deparará unos cuantos golpes de genio y unos cuantos destellos de lucidez sobre las apariencias cotidianas que nos rodean. Y eso no es poco, ¿no?

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cristina Fernández Cubas: Cosas que ya no existen

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable

Me resulta difícil de comprender que Cristina Fernández Cubas no sea tan conocida como otras escritoras españolas actuales (por ejemplo, Maruja Torres o Almudena Grandes); por calidad literaria no puede ser, porque todo lo que esta autora ha escrito -todo lo que yo le he leído, por lo menos- es excelente. A lo mejor es porque no se ha movido en los círculos literarios de la Corte, o porque ha decidido tener una trayectoria creativa propia (con más relatos que novelas, y al margen de modas y tendencias), o porque no se ha prodigado en los medios... Sea por lo que sea, creo que se trata de una escritora que merece un reconocimiento mayor del que ha recibido por ahora, por mucho que en los círculos críticos especializados esté muy bien considerada.

Cosas que ya no existen es un libro peculiar en su bibliografía, pero como casi todos los demás, es un gran libro. Es un conjunto de relatos "basados en hechos reales": algunos son autobiográficos (¿autoficcionales?); otros son historias que alguien le contó a la escritora. Van desde la infancia de la escritora, hasta el final del siglo XX; transitan por medio mundo (España, Argentina, Brasil, Egipto); pasan de lo minúsculo (un salón lleno de libros) a lo planetario (la muerte de Evita Perón); siempre muestran aristas nuevas de la realidad, que se convierte en relato. La anécdota titulada "La guerra", que la propia autora no sabe si es real o ficción, podría ser un cuento independiente en cualquier volumen de cuentos sin pretensión de realidad.

Porque la lección más importante que puede aprenderse de este libro es, precisamente, que nuestros recuerdos también son una historia, una narración; que nunca, por muy fieles que intentemos ser a la realidad, pueden ser la realidad misma. Siempre hay selección, alteración, narrativización, textualización, ficcionalización. La escritora es plenamente consciente de ello, y por eso acepta alegremente que sus recuerdos se transformen en cuentos (y, como dice en el prólogo, que sean premiados como tales); no quiere decir que esté engañando al lector, sino que está asumiendo como inevitable algo que demasiadas veces pasa desapercibido: que nuestro pasado ya no existe, solo existen las narraciones que construimos sobre nuestro pasado.

martes, 15 de marzo de 2011

Miguel Ángel Villar Pinto: La sangre de Dios

Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: Se deja leer

Pues este es otro paisano y esta su primera novela. Que sea de La Coruña y que sea una primera obra me hacen ser un poco más condescendiente, pero solo hasta cierto punto.

Porqué nos encontramos ante una novela de género apocaliptico, que empieza contándonos la destrucción total de la humanidad, pero total, total; que no se libra ni un subsecretario. Y como no podía ser menos, esta es fruto de la liberación de unos virus de diseño por parte de una secta. Pero no de una secta islámica, sino cristiana. De hecho, una de las primeras cosas que cuenta es la detención por parte del protagonista del último de los terroristas de la Yihad islámica.

Y utilizando estos eventos, y a pesar de la brevedad de la novela, el autor nos da una clase de política ficción, contándonos como será el estado federal de la Res Pública Europea del año 2050, que incluso utiliza un lenguaje común, que no es otro que un latín actualizado, muy simpático de leer. Aprovecha para darle una puñalada a los nacionalismos, muy lúcidamente, en mi opinión. Y también nos da unas clases de religión comparada, con especial atención al cristianismo primitivo, donde no podían faltar menciones a los textos de Qumran y de Nag Hamadi.

La novela nos pinta un futuro inquietante y consigue trasmitir el ambiente esquizofrénico en que vive el policía de élite que la protagoniza, pero se queda corta en la descripción de los personajes, que podían haberle dado mucho más juego. Aunque apunta buenas maneras por parte del autor, así que habrá que concederle el beneficio de la duda y leer otras obras del mismo, ya que en esta paga las del novato.

lunes, 14 de marzo de 2011

Zoom: Encender una hoguera, de Jack London

Idioma original: inglés
Título original: To Build a Fire
Año de publicación: 1908
Valoración: muy recomendable

Este cuento naturalista del autor de Colmillo blanco nos presenta a un hombre, víctima de su inconmensurable prepotencia, en conflicto con la sabia madre Naturaleza.

En mitad de una violenta ola de frío, un hombre decide adentrarse en el territorio del Yukón para estudiar la posibilidad de extraer madera de esa zona en la primavera siguiente mientras sus compañeros esperan en el campamento base.

Desde el principio hace caso omiso de las señales que el entorno le va mandando, así como de las advertencias de los lugareños. Como explica el narrador, se trata de un hombre "sin imaginación": aunque lógicamente es capaz de sentir el frío, carece de las herramientas para interpretar el significado de ese dato empírico. No ocurre así con su perro, fiel acompañante en su insensato viaje, cuyo comportamiento debería poner a su dueño sobre aviso: los niveles de frío han superado la barrera de lo soportable para un ser de sangre caliente. Finalmente el hombre se dará cuenta de que algo no marcha bien y emprenderá una lucha a contrarreloj por la supervivencia.

La dicotomía instinto-razón está presente a lo largo de todo el relato; quizá, incluso, de una manera demasiado explícita: lo único que como lectora del siglo XXI le puedo achacar a Jack London es su afán por dárnoslo todo demasiado "mascadito". Pero, mejor, fórmense una opinión ustedes mismos: se puede leer el cuento on-line tanto en castellano (aquí) como en inglés (aquí).

Por cierto: la versión definitiva y más aclamada de este cuento -y la que ahora reseño- es la de 1908, reescrita por Jack London a partir de un cuento suyo publicado en 1902. Dejémoslo en que la primera es… más benigna.

domingo, 13 de marzo de 2011

Virginia Woolf: Una habitación propia

Idioma original: inglés
Título original: A room of one's own
Fecha de publicación: 1929
Valoración: Muy recomendable

No creo que haya mucho que decir sobre la escritora inglesa Virginia Woolf, de soltera Stephen, que no se haya dicho ya. Su nombre suena incluso a los más profanos en la materia gracias a películas más o menos famosas que incluyen en su título o en su trama a la señora Woolf de un modo u otro, como ¿Quién teme a Virginia Woolf? (basada en la obra de Edward Albee), o Las horas, donde Nicole Kidman, nariz postiza en rostro, ganó el oscar gracias a su interpretación de la escritora.

Los más entendidos, sabrán que La señora Dalloway, Orlando o Noche y día son algunos de los títulos de esta autora que, atrevida y talentosa como pocos, quiso revolucionar las clásicas líneas narrativas respetadas hasta entonces introduciendo en sus obras elementos novedosos y técnicas insólitas, más propias de la poesía que de la prosa.

Miembro de honor de un grupo de intelectuales y artistas británicos conocido por el nombre del barrio donde se reunían (Bloomsbury), perteneciente a una adinerada y peculiar familia, esposa del poeta Leonard Woolf, y víctima de desórdenes mentales desde muy joven, Virginia Woolf forma parte de esa desgraciada lista de escritores suicidas que el mundo de la literatura arrastra desde siempre.

El libro que hoy nos ocupa se trata de un ensayo que surgió de la pluma de Woolf a raíz de que la escritora decidiera preparar y dar una serie de charlas sobre el papel de la mujer en la literatura. Publicado en 1929, un año después de que tuvieran lugar estas charlas, Una habitación propia es un ensayo impecablemente escrito, analítico y brilllante pero, asimismo, de lectura ágil y agradecida, que deja bien clara la sensata opinión de la autora: para que una mujer pueda escribir y desarrollar su carrera de escritora en condiciones óptimas, necesita "una habitación propia", un lugar que va más allá de la (lógica) acepción espacial del término, abarcando, asimismo, una posición de independencia económica.

Así pues, Woolf reflexiona en este libro sobre lo que a la mujer le falta y le sobra para ser escritora, la compara con el "hombre escritor", analiza la sociedad de su época, nombra a mujeres que considera que deben ser nombradas, señala, observa y elucubra. Y todo, antes de que comenzaran los años 30.

Por lo tanto, Una habitación propia es, en mi opinión, un libro muy recomendable ya que trata con más sentido que sensibilidad cuestiones que, aunque no se crea, siguen vigentes en pleno siglo XXI. No hay nada más que sacar el tormentoso debate de que si existe la llamada "literatura femenina" para acordarnos de Virginia Woolf, las Brontë, Corín Tellado, etc...

sábado, 12 de marzo de 2011

Arthur Schnitzler: La cacatúa verde

Idioma original: alemán
Título original: Der grüne Kakadu
Año de publicación: 1898
Valoración: Muy recomendable

TÚ: ¿La cacatúa verde? Pues no me suena de nada
YO: Ya, a mí tampoco me sonaba, fui al teatro a verla porque el director era Luís Miguel Cintra, uno de los más conocidos y mejores de Lisboa. Pero de la obra, no sabía nada...
TÚ: ¿Y este Arthur Schnitzler, que tiene nombre de salchicha, quién es?
YO: Pues un novelista y dramaturgo austriaco que vivió a caballo entre el siglo XIX y el XX. En España no es muy conocido, pero en su época fue un escritor influyente y polémico, admirado por Freud y censurado por su representación del sexo y el poder. Por ejemplo, seguro que no sabes que Eyes Wide Shut, la película de Kubrick, se basa en un relato suyo...
TÚ: Vale, ¿y la obra?
YO: Pues la obra es una comedia...
TÚ: ¿Una comedia? Bah...
YO: Oye, espera, espera, que hay comedias y comedias. Y esta es de las buenas, de las que vale tanto como cualquier tragedia. Buena, buena, buena.
TÚ: Si tú lo dices...
YO: Que sí, que sí... Me recordaba a El inspector de Gogol, o a las obras de Darío Fo, porque utiliza el humor para hablar de cosas muy serias, y desenmascarar la realidad.
TÚ: ¿Y de qué va?
YO: Pues es un poco complicado de explicar. A ver: se sitúa en París, durante la Revolución Francesa, exactamente la noche de la caída de la Bastilla. En una taberna llamada La cacatúa verde...
TÚ: Aaaaaaaaah, de ahí viene el título.
YO: Sí. Pues en esta taberna se juntan dos tipos opuestos de personajes: por un lado, un grupo de ex-actores, que ahora se gana la vida haciéndose pasar por criminales y maleantes, y por otro gentes de la aristocracia parisina, que vienen atraídos por la posibilidad de mezclarse con los "bajos fondos", vivir peligrosamente y dar rienda suelta a pasiones e instintos que normalmente tienen que reprimir.
TÚ: Pues suena bien.
YO: Y sobre todo, que la obra está muy bien construida, como un crescendo constante, con cada vez más personajes y más confusión en el escenario, varias subtramas de relaciones entre personajes, y claro, Schnitzler le saca mucho partido a la mezcla entre realidad y teatro dentro del teatro.
TÚ: Oye, pues me has puesto los dientes largos, ¿dónde puedo conseguir un ejemplar?
YO: Pues me temo que está difícil: a comienzos del siglo XX se publicó una traducción de la obra en español, pero desde entonces no se ha vuelto a traducir. Mira a ver si en las bibliotecas de tus alrededores, o en alguna librería de segunda mano...
TÚ: Oye, pues gracias...
YO: De nada, hombre. Y recuerda: "la muerte es la máscara de la revolución, la revolución es la máscara de la muerte, la muerte es la máscara de la revolución, la revolución es la máscara de la muerte"..ñ
TÚ: Ahá, sí, estooooooooooo... que me tengo que ir, ¿eh? A seguir bien...

viernes, 11 de marzo de 2011

Stéphane Hessel: ¡Indignaos! Un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica

Idioma original: francés
Título original: Indignez-vous!
Fecha de publicación: 2010
Valoración: Muy decepcionante

Hay mucho que decir en esta reseña, y no sé bien cómo empezar, sobre todo porque tampoco querría extenderme más allá de los límites tácitos de este blog. Pero empezaré por una afirmación personal y radical: menuda tomadura de pelo. Y aún añadiré: una vez más, nos la han metido doblada. Y lo peor es que digo esto, de todo corazón, siendo consciente de que comparto prácticamente al 100% las afirmaciones que el bueno de Stéphane Hessel presenta en este librito.

Hagamos un poco de historia...

Hace unos meses, nos llegó la noticia de que un libro de apenas 30 páginas, publicado por una casa editorial totalmente underground, escrito por un personaje mítico de 93 años y de la intelectualidad progresista francesa, estaba entre los más vendidos, si no el que más, de nuestro querido país vecino del norte. Decir que el título era sugerente era decir poco: Indignaos!. Guau. Menudo título. Zola y su J'accuse...! redivivo. Lo vendían a 3 euros, más o menos. La portada era escandalosamente pobre. Más underground, imposible.

Hace menos meses, llegó la feliz noticia: el libro iba a ser editado en España. Con Destino, nada menos. Sinceramente, lo primero que pensé es que Destino no era exactamente "underground". Pero bueno. Luego supe que en España se vendería por 5 euros, porque incluía un prólogo de José Luis Sampedro y otras cosillas. Sin ánimo de ofender, Sampedro tampoco es que me parezca muy "underground". Pero bueno. Con ese título...

Total, que por fin me lo he comprado y me lo he leído. Y no voy a engañaros: pensaba que sería un impacto REAL en mi vida efectiva, que pondría en forma de frase muchos pensamientos enmarañados de mi cabeza, que, después de leerlo, me sentiría notablemente indignado. Pero no: a la vista está mi valoración.

¿Cómo hostias este libro pudo ser un best-seller en un país tan dado a la afinación editorial como Francia? Fácil: porque ni dios lee la prensa, porque todo el mundo anda atocinado con la tele o con internet, y porque, como se desprende del último Mundial, los franceses ya no son lo que eran. No hay más que ver a su presidente.

Hablemos un poco del contenido, ya que estamos. En la edición española de Destino, después de un cuadro de Paul Klee y del prólogo de José Luis, viene propiamente lo que podríamos llamar el libro, que dura exactamente 27 páginas en formato pequeño. Introduce el autor al lector ibérico con una nota "A los lectores españoles", en la que se aclara que el lector español está en buena posición para asimilar las ideas de las páginas siguientes porque existe una "España rebelde y valiente de siempre [que] puede favorecer este impulso hacia una Europa cultural", y también se nos agradece la postura propalestina general que hemos defendido desde buena parte de la sociedad civil. Y a continuación, entramos en harina. Al final, unas páginas de "Notas del editor de acuerdo con el autor" y un CV de Hessel.

Mi problema fundamental con este libro es que no dice nada extraordinario, ni siquiera nuevo. Ni siquiera lo dice de una forma emocionalmente especial. Y repito: coincido con casi todo lo que en él se dice. Hessel elabora un interesante artículo de opinión al tiempo que se apoya en datos históricos relevantes para el discurso y una aguda esquematización de muchas ideas, por desgracia hoy en desuso, relativas a lo que indica el subtítulo de la obra. Sintetizando quizá demasiado, podríamos decirlo así:

Memoria de la II Guerra Mundial y sus consecuencias, que motivaron la creación de las Naciones Unidas y la Declaración de los Derechos Humanos, así como, en la Francia ocupada durante la Guerra, la aparición del Consejo Nacional de la Resistencia, que "proponía para la Francia liberada un conjunto de principios y valores sobre los que se asentaría la democracia moderna de nuestro país". Estos valores (trato a los inmigrantes, derecho a la seguridad social y a la jubilación, independencia y honestidad de los medios de comunicación, preponderancia de la sociedad civil sobre los valores económicos, etc.) se han perdido. Historia breve de cómo se consiguieron. El Estado, aunque diga lo contrario, sí puede garantizar los costes de estos derechos, y debe hacerlo. ¿Por qué no lo hace? Porque "el poder del dinero, tan combatido por la Resistencia, nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general". Hay muchos motivos para indignarse: que cada uno busque el suyo; pero, sobre todo, que se indigne. La indiferencia es la peor de las actitudes. Y hay dos "nuevos grandes desafíos" que podemos identificar para indignarnos: "La inmensa distancia que existe entre los muy pobres y los muy ricos, que no para de aumentar" y "los derechos humanos y la situación del planeta". Los Derechos Humanos son "universales", y no "internacionales". Palestina es mi caso personal de indignación. Incluso un juez sudafricano, judío y sionista, ha "acusado al ejército israelí de haber cometido 'actos asimilables a crímenes de guerra y quizás, en determinadas circunstancias, a crímenes contra la humanidad' durante la Operación Plomo Fundido, que duró tres semanas". Una buena frase: "la historia da pocos ejemplos de pueblos que saquen lecciones de su propia historia". Los palestinos usan el terrorismo. La violencia es el resultado de la exasperación. La exasperación es negativa, es "una negación de la esperanza". La no violencia es el camino que debemos aprender a seguir. "Hay que dotar a la esperanza de confianza, la confianza en la no violencia". Una mala frase: "Tanto del lado de los opresores como de los oprimidos, hay que llegar a una negociación que haga desaparecer la opresión". Hay que defender una insurrección pacífica. Crear es resistir. Resistir es crear.

Reconocedme que el resumen os ha impresionado.

A ver: no tengo mucho que objetar a las tesis de este hombre. Su currículo es extraordinario. Su participación en la reflexión, definición, redacción y defensa de muchos de los derechos de los que yo y todos los presentes gozamos en la actualidad quizá fue, en determinados aspectos, decisiva. Su alzamiento en favor de la no violencia, de los derechos fundamentales, del ajuste del mundo, es algo que suscribo totalmente...

- ¿Hay un pero, no?

No, hay DOS peros. El primero es que todo lo que dice ya está muy dicho. Y además, mejor dicho. Incluso por contemporáneos nuestros, no solo por antiguos luchadores de la Resistencia. Obviando las referencias a Martin Luther o Mandela, que incluso se mencionan en el libro, hoy en día, y hasta si me apuras en los últimos pocos años, tenemos tropecientos ejemplos en artículos de opinión, libros o discursos. En España, por ejemplo, Federico Mayor Zaragoza, que acuñó el término "cultura de paz" mientras fue director de la UNESCO, ha publicado varios artículos en El País con tesis semejantes. En el seno de la UNESCO, en Paris, la Embajadora del Reino de Marruecos Aziza Bennani lleva varios años defendiendo programas sobre cultura de paz, educación democrática y diversidad cultural. Entre los escritores, Amin Maalouf ha publicado dos libros fundamentales, Identidades asesinas y, sobre todo, El desajuste del mundo, en el que no solo repite muchos de los argumentos y pensamientos de Hessel, sino que los interroga, los analiza, los pone frente a un espejo y, finalmente, los supera, con una prosa, además, espléndida. Y algunos artículos de Soares. Y el discurso de Obama en El Cairo. Y tantos otros...

El segundo "pero" es que Hessel, o bien peca de ingenuo, o bien tiene algunas fisuras en su discurso. Decir que los bancos son parte del problema es como no decir nada, es una versión beta de wikileaks sin detalles morbosos sobre las operaciones de estética de Gadafi, ese chico de moda. Decir que tenemos que indignarnos es señal de que este buen hombre no ha pisado una tasca de barrio. La pueril defensa que realiza de la no violencia se cae por su propio peso cuando asume que los "opresores" participarán en la "negociación" de un equilibrio universal sin motivos, supongo que por algún sentimiento de culpa o un buen corazón escondido entre fajos de billetes de 500 o minas antipersona o tiros en la nuca. ¡Con dos cojones, Stéphane! Lo que está proponiendo, al final, es que si nos juntamos toda la humanidad indignada en bloque y nos indignamos pacíficamente pero con la suficiente fuerza, nuestra superindignación obligará a los "opresores" a desoprimir a la gente buena del mundo, con lo que recuperaremos la dignidad perdida en estos años de choriceo, medios de comunicación corruptos y violencia. Muy poético. Una versión de Ensayo sobre la ceguera pero con gente indignada, en lugar de gente ciega.

- Empecemos por crear un evento en facebook, a ver si llegamos a seis mil millones.
- Pero Manolo, que una sexta parte de la población mundial vive con menos de un euro al día. Y una tercera parte está sometida a violencias y peligros diarios.
- ¿Me estás diciendo que hay gente que NO tiene facebook?

Mira que no quería extenderme. Pero ya está hecho.

Una engañifla, este libro. Un ejercicio impresionante de márketing editorial. Una soberana exposición de ideas y temas que abundan en los periódicos progresistas de medio mundo. Una obsesión propalestina sospechosamente lejana a muchas de las injusticias (Directiva del Retorno, por ejemplo) diarias que tienen lugar en Francia hoy, ahora. Unos argumentos sin argumentar, unas tesis hermosas pero infantiles, una falta de profundidad vergonzosa. Un libro, en definitiva, innecesario.

jueves, 10 de marzo de 2011

Stanislaw Lem: La investigación


Título original: Śledztwo
Idioma original: polaco
Año de publicación: 1959
Valoración: Recomendable

Si la mayoría de las novelas de suspense se burlan un poco del lector ésta es una madeja que se enreda y desenreda constantemente. Los elementos inquietantes aparecen por todas partes, no se limitan al objeto de la investigación y, al contrario de lo que es habitual, la lógica no servirá de mucha ayuda para resolver los enigmas.

Pero nada de esto convierte a la novela en policíaca. La resolución del caso se halla al margen de las pistas y las cuestiones que plantea son sobre todo filosóficas. De forma que persiguiendo la verdad se desemboca en el absurdo y cuanto más caminamos más lejos nos hallamos de la meta. Estamos ante una compleja reflexión sobre la falsedad de las apariencias, la vulnerabilidad del ser humano, el engaño al que le someten los sentidos y el fracaso de los procedimientos científicos considerados fiables. Por eso, el recuento de unos hechos inconexos y absurdos, una desesperada búsqueda de la verdad de estos hechos – y de la verdad absoluta, de paso –consigue que los personajes desconfíen de lo que oyen y ven. La razón tampoco sirve: si enfoca demasiado cerca se pierde la perspectiva y si pretende abarcar mucho se desperdiga en los detalles.

El pronóstico del creciente poder de las máquinas con cerebro muestra al autor como el gran cultivador de ciencia-ficción que fue. Se basa en la capacidad de los cerebros artificiales para elaborar estrategias en el marco de la carrera armamentística de los dos bloques. El error consiste en atribuir a los ordenadores la capacidad de decisión y, a partir de ahí, predecir que las máquinas acabarían al mando del orden mundial. Lem – como muchos profetas de la emancipación de los robots–parece olvidar que las máquinas sólo ejecutan tareas automáticas porque los datos, su combinación y la intencionalidad con que les son suministrados son humanos siempre, que, aunque dichas máquinas sean capaces de realizar operaciones matemáticas a velocidad de vértigo, carecen de todo vestigio de conciencia de modo que, por mucha sofisticación que lleguen a adquirir, ésta procede de los hombres y nadie, por mucho que se empeñe, podrá insuflar dicha conciencia en los engranajes (o chips) de un artilugio mecánico.

Todo se reduce a un arbitrario, alucinado y alucinante viaje en busca de no sé sabe qué, porque no queda claro si lo que pretenden el detective Gregory y sus colegas es descubrir la verdad de los hechos, la propia identidad, su papel en el mundo o el significado de éste. Sospechosos, investigadores, secundarios y víctimas juegan roles intercambiables, todo es incierto, imposible de interpretar y tan irreal como un sueño. Es más, puede que hasta los sueños sean más consistentes que una realidad tan resbaladiza que llega a conducir a los personajes hasta la frontera de sí mismos.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Miguel Delibes: La hoja roja

Idioma original: español
Año de publicación: 1959
Valoración: recomendable

Cuando al viejo Eloy le aparece la hoja roja en el librillo de fumar, el recién jubilado se lo toma como un aviso: se le está acabando el tiempo lo mismo que el papel de fumar.

La metáfora de la hoja roja vertebra esta pequeña gran historia escrita por el recientemente fallecido Miguel Delibes. ¿Por qué digo pequeña? Porque Delibes tiene la maravillosa capacidad de retratar minuciosamente personajes sencillos, de esos que uno conoce en su día a día y que precisamente por eso no catalogaría como "material literario". ¿Por qué digo grande? Porque uno apenas tiene que pasarle un algodón a esta fina capa de anodina cotidianidad para profundizar en los grandes temas planteados por el escritor vallisoletano: la soledad, la vejez, el vértigo ante la cercanía de la propia muerte, la ilusión de vivir...

Al personaje del viejo Eloy -no es cosa mía: el narrador siempre se refiere al protagonista como "el viejo Eloy"- se le opone el personaje de la Desi, su joven criada. En base a los personajes, se distinguen tres partes en la narración: por un lado, encontramos la vida y los recuerdos enmarañados del viejo; por otro, las ilusiones y pensamientos de la chica; por último, la especial relación que se va forjando entre ellos y que terminará estrechándose debido a ciertos acontecimientos -no por intuidos menos dramáticos- que devienen al final de la novela.

Si bien la narración puede resultar repetitiva, esto no es ninguna torpeza por parte del autor sino todo lo contrario: el viejo Eloy vuelve continuamente a las mismas vivencias, recupera junto con su amigo Isaías los mismos recuerdos y se olvida sistemáticamente de los mismos detalles del día a día; además intenta, infructuosamente, comunicarse con los que le rodean a través de la neblina que le empaña las ideas. El lector se enternece ante el retrato de los miedos y las obsesiones de un hombre al que le ha salido la hoja roja en el librillo de fumar y que sabe que también él tiene las hojas contadas.

También de Miguel Delibes: Diario de un jubilado, La sombra del ciprés es alargada, Cinco horas con Mario, entrada in memoriam tras su fallecimiento

martes, 8 de marzo de 2011

Henry James: El fondo Coxon

Idioma original: inglés
Título original: The Coxon fond
Fecha de publicación: 1894
Valoración: Recomendable

Cuando se tienen ganas de leer algo bueno, algo francamente bueno sin incurrir en riesgos, siempre es recomendable recurrir a autores como Henry James, que a uno rara vez le dan sustos.

Vamos, que cuando se quiere disfrutar de la lectura de un libro con un argumento sólido y atractivo, unos personajes bien armados y una calidad literaria indiscutible, y terminarlo sin quedarse con la desagradable sensación de haber quemado el tiempo, considero que hay que escoger obras de autores, llamémosles, consagrados. Y entre este género de autores que poseen un estilo sobresaliente y cuyo único pecado puede consistir en resultar "demasiado clásicos" o "demasiado lentos" a cierto tipo de lector aficionado a la fast food literaria, está Henry James, el creador de obras como Retrato de una dama o Las alas de la paloma. Por cierto, se dice que el libro que hoy reseño podría ser una suerte de antesala a esta última novela...

Escrita en 1894 y editada por primera vez en España en el recién acabado 2010 por Ático de los libros, El fondo Coxon es una deliciosa novela corta que posee un aroma típicamente jamesiano. Cuenta las vicisitudes que padece un pequeño grupo de personas que, de un modo u otro, se ven implicadas en la siguiente cuestión: se ha de decidir a quién adjudicar un jugoso fondo económico previsto por una ricachona familia que se las quiere dar de protectora de artistas y genios pobres. Saltram, su candidato principal, resultará ser un resabido tipo susceptible de levantar todo tipo de pasiones...

Así, en El fondo Coxon, veremos desfilar al pitagorín en cuestión, el atrevido y poco productivo señor Saltram; a la joven descendiente de los ideólogos del fondo; al pretendiente de ésta; al amigo del pretendiente (el sensato narrador de la historia), y a otros personajes de la supuestamente intelectual y adinerada sociedad de damas y caballeros almidonados que reinó en los Estados Unidos y en la Inglaterra más regia de finales del XIX y principios del XX.

Recomiendo sin duda esta agradable y breve novela a todos aquellos que sepan disfrutar del genial James y deseen contrastar presente y pasado para comprobar que, aunque pasen los siglos, la estupidez y la rígida fusta de aparentar poniendo en riesgo la cordura, siguen bien vivas.

También de Henry James: "Los amigos de los amigos"

lunes, 7 de marzo de 2011

Gabriel García Márquez: El coronel no tiene quien le escriba

Idioma original: español
Año de publicación: 1961
Valoración: Imprescindible

[[[Mucho he tardado (casi dos años) en reseñar esta novelita, que sin embargo está entre las imprescindibles de mi biblioteca personal, y que pertenece a ese género de la novela corta que tanto me gusta (como se pudo ver en mi reseña de Las batallas en el desierto, de Emilio Pacheco, no hace mucho). Pero al final, esta es la crónica de una reseña anunciada (perdón por el chiste fácil)]]]

Gabriel García Márquez nos ha regalado varias obras maestras a lo largo de su carrera. La mayor de todas, seguramente, sea Cien años de soledad, en que concentró todo su talento imaginativo y estilístico (sus dos grandes virtudes), y los transformó en una obra magna, compleja, cautivadora; Crónica de una muerte anunciada (que por cierto, también está todavía sin reseñar, ejem) es un prodigio de técnica narrativa, funciona como un reloj perfecto e implacable; otras, como El general en su laberinto o El amor en los tiempos del cólera contribuyen a dar amplitud y profundidad a su narrativa. El Otoño del Patriarca (que a mí no me gustó nada, y que nunca he conseguido terminar) fue su incursión en la novela de dictador y en la novela experimental, simultáneamente. Y a esto habría que sumar otras tantas novelas y volúmenes de relatos, macondianos o no, como La hojarasca, La mala hora o Doce cuentos peregrinos.

Y en toda esta obra amplísima y genial, ¿qué lugar ocupa El coronel no tiene quien le escriba? Pues un lugar pequeño, pero especial. Es una de las obras pertenecientes al ciclo de Macondo, e incluso Aureliano Buendía se deja caer (como referencia casi mítica) por la novela; sin embargo, es una novela mucho más realista que otras del mismo ciclo, y hasta da la impresión de estar escrita con un estilo más sencillo y menos florido (menos adjetivado y metafórico, vamos) que otras obras de Gabo. Pero es sin duda una novela emotiva, igualmente poética, contenida pero contundente.

Con referencias más o menos evidentes a la historia colombiana (la Guerra de los Mil Días o el periodo conocido como La Violencia), la novela cuenta la historia del coronel, anciano veterano de guerra en espera de una pensión que nunca llega, y su mujer asmática, que viven de lo que pueden conseguir empeñando y vendiendo sus últimas posesiones. Su vida gira en torno a un gallo de pelea, que fue propiedad de su hijo muerto, y en el que tienen depositadas todas sus esperanzas de supervivencia. Pero nada llega: ni la pelea, ni el dinero, ni la carta oficial que el coronel espera viernes tras viernes, en que le anuncien por fin la concesión de la pensión que le prometieron.

El coronel es una obra triste, sin duda, pero con una tristeza nada melodramática. Sus personajes principales, acosados por el hambre, la enfermedad, la vejez, la pobreza y las deudas, nunca pierden la dignidad, libertad ni los ideales. Y Gabo demuestra una vez más, ahora en las distancias cortas, su capacidad para combinar lo sentimental con lo social, lo político con lo individual, el estilo con la fantasía.

domingo, 6 de marzo de 2011

Charles C. Mann: Una nueva historia de las Américas antes de Colón



Título original: 1491. New Revelations of the Americas Before Columbus

Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2005
Valoración: recomendable

Parece que últimamente elijo los títulos atendiendo a su numeración: 1421, 1434, 1491...¿alguién conoce más? Vale, es pura coincidencia o se ha puesto de moda titular de esta manera, pero la verdad es que así te sitúas rápidamente en el contexto temporal.

En la contraportada nos dicen: “Tradicionalmente, nos han enseñado que los primeros habitantes de América entraron en el continente atravesando el estrecho de Bering doce mil años antes de la llegada de Colón. Se daba por supuesto que eran bandas reducidas y nómadas, y que vivían sin alterar la tierra. Pero, durante los últimos años, los arqueólogos y los antropólogos han demostrado que estas suposiciones, igual que otras que también se sostenían desde hacía tiempo, eran erróneas.”

Este párrafo sintetiza las intenciones del autor, corresponsal de Science. A través de los resultados de nuevos estudios sobre la zona, se centra en tres aspectos principales: la demografía americana anterior a la conquista, los orígenes de la población y su ecología. Así, lejos de creer que el continente estaba prácticamente inhabitado, exceptuando las urbes mesoamericanas y quizá incaicas, expone cómo la población era mayor que la europea, y no sólo en dichas urbes, donde se alcanzaron unos niveles altísimos de ocupación, sino también en el resto del continente, como por ejemplo en Bolivia.

Sobre los orígenes, conocemos la teoría del estrecho de Bering, que actualmente tiene fuertes detractores, y se habla de varias oleadas de migraciones muy anteriores a los doce mil años que estábamos acostumbrados a estudiar. Hallazgos en Chile anteriores a esa fecha confirman que el continente ya estaba habitado y hace pensar que los avances americanos corrieron aparte de lo que sucedía en Oriente, sin su influencia. Y por último, Mann se centra en la ecología, es decir, en la creencia de que los americanos no transformaron el paisaje en el que vivían, no interviniendo en el desarrollo de la tierra. Pues bien, afirma totalmente lo contrario, que precisamente lo que encontraron los europeos a su llegada era un territorio completamente alterado por la mano humana con un complejo sistema de explotación de la tierra.

La lectura de estas más de 500 páginas se hace muy amena, recordándome en ocasiones el estilo de Un antropólogo inocente. Rápida lectura que te atrapa, y te provoca exclamaciones de sorpresa y sonoros: “¡oh!”.

Podemos estar más o menos de acuerdo con las conclusiones que saca el autor a la luz de los nuevos descubrimientos sobre el tema, pero de lo que no hay duda es de que existen esos nuevos descubrimientos, y este libro es un punto de partida para acercarnos a ellos.