lunes, 6 de julio de 2015

Cristina Fernández Cubas: La habitación de Nona

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable

Para el gran público, Cristina Fernández Cubas es prácticamente desconocida (o por lo menos eso pienso yo); es en cambio mucho más prestigiosa entre los escritores y los críticos, que la reconocen como una de las grandes cuentistas del panorama literario español actual. Quizás sea precisamente por haberse especializado en el cuento por lo que es menos conocida que otras escritoras, lo que no deja de ser injusto porque no es inferior a ninguna de ellas. Es verdad que su novela policiaco-fantástica La puerta de atrás puede considerarse un experimento relativamente fallido, pero en cambio el ensayo (o conjunto de ensayos) Cosas que ya no existen es una obra magnífica en su género, que no está muy claro cuál es.

En La habitación de Nona, Cristina Fernández Cubas vuelve a su terreno favorito: el relato, que viene cultivando desde que en 1980 publicó Mi hermana Elba. Y en concreto, el relato con tintes fantásticos, aunque no siempre pueda encajarse estrictamente en el género, si entendemos que para ello debe aparecer algún elemento sobrenatural.

El primer relato del volumen, el que le da título, es un ejemplo perfecto del estilo y las técnicas de Fernández Cubas: centrado en la relación de la narradora con su hermana Nona, una niña "especial", el relato se mueve en el terreno de la ambigüedad sobre la veracidad de lo que se nos está contando, y camina sobre la frágil frontera entre imaginación y realidad, sobre todo cuando el punto de vista es el de un niño. Por un momento parece que el relato va a terminar con una conclusión tradicional, en la que el lector recibe una respuesta que explica retrospectivamente todo el texto (al estilo de El sexto sentido) pero hábilmente Fernández Cubas rechaza esa opción, y vuelve a llevar al lector al campo de la ambigüedad y la duda. Es en este relato, en este tipo de relatos, donde la escritora explora las posibilidades del relato fantástico en el siglo XXI.

Otros relatos del volumen son en cambio más tradicionales, es decir, más "siglo XX". El segundo cuento, por ejemplo, cae dentro de la categoría de "relato con sorpresa", y lo fía casi todo a una revelación final que no es en realidad tan sorprendente. "Interno con figura" juega con la autoficción (se menciona, por ejemplo, un relato protagonizado por una niña llamada Nona), al igual que "La nueva vida"; "El final de Barbro" es una historia de tensiones familiares muy bien construida y muy bien contada, pero más tradicional que el resto, mientras que "Días entre los Wasi-Wano" mezcla esto mismo con la posibilidad de otra dimensión fantástica superpuesta, aunque nunca claramente desarrollada.

Como era esperable en su autora, La habitación de Nona es un muy buen libro de relatos: conjuga su capacidad para insinuar la presencia de mundos subterráneos e invisibles que subyacen al nuestro, con una destreza técnica y estilística admirable. Quizás sea un volumen algo irregular, en el que destacan ciertos cuentos (sobre todo el primero, o "Interno con figura"), y otros en cambio resultan más planos ("Hablar con viejas" o "El final de Barbro"). Es en todo caso una más que digna adición a la larga bibliografía de la autora, un referente indispensable del relato español contemporáneo.