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lunes, 4 de mayo de 2026

Begoña Gómez Urzaiz: Las abandonadoras


Idioma original:
español

Año de publicación: 2022

Valoración: muy recomendable

Confieso haber renunciado de forma algo ostensible a participar en la ya algo lejana semana dedicada a las Madres de libro. Diría, incluso, haber hecho algo análogo al troleo cuando publiqué, de forma posterior y hace más de un año, mi algo escéptica reseña de cierto libro de Rachel Cusk

Hay que tener cuidado a la hora de definirse. 

Qué sería más impopular que desmarcarse de forma patente de un colectivo como ése, colectivo, curioso, al que la emergente ideología ultra no sabe dónde ubicar: ¿defendemos a las mujeres que son madres con algún argumento rancio y lacrimoso, o ejecutando una pirueta imposible, lo hacemos desde un feminismo frío y calculador que sitúa a la mujer individuo por delante de ese rol reproductivo que la naturaleza le ha designado?

Todo esto daría para una intrincada, prolongada y seguramente estéril discusión que acabaría con la clásica disyuntiva. No estamos para eso.

De Begoña Gómez Urzaiz hay que leerlo todo: supongo que me perdonará que le otorgue el apelativo de culo inquieto, pero no veo otra manera de definir su compromiso por tomar referencias clásicas y combinarlas con lo más nuevo, sus guiños pop o incluso levemente indies frente a una visión urbana y algo middle-class que puede exaltar a los muy pusilánimes, pero sin dejar de lado perspectivas más radicales, aunque sea meramente por ese efecto de capilaridad derivado de un eclecticismo y una amplitud de miras, cosa que parece tan fácil de describir como difícil de ejercer en este mundo de algoritmos y motores de búsqueda que te planta ante las narices aquello que te cuadra y reconforta. 

Aquí, la periodista catalana nos ofrece una serie de artículos, la mayoría sobre celebridades de distintos campos culturales, mujeres que tomaron decisiones difíciles - de esas que te ponen a los pies de los caballos -en relación con su maternidad. El título ya desvela algo sobre aquello a que nos enfrentamos. Habla de Maria Montessori, de Mercè Rodoreda, de Muriel Spark o de Joni Mitchell. También de personajes literarios que han protagonizado circunstancias similares en obras de ficción. Siempre ante el escándalo de sociedades que definen roles y no aceptan salidas de esos roles, sea cuál sea su justificación, sea vivir vidas poco convencionales o sacrificarse por otra finalidad, por su talento, por su profesión. Gómez Urzaiz intercala en esos artículos alguna experiencia personal, alguna reflexión, en una confesión de cómo afronta una mujer joven la conciliación de su profesión y ese esquema preconcebido que le depara la sociedad, ese colectivo monolítico tan presto a juzgar y evaluar. Lo hace con un estilo fresco, rico, culto y desinhibido, lo hace con una actitud abierta, personal y constructiva, igual que aborda las situaciones de los personajes de sus artículos, sin perderse en juicios de valor, sin escatimar información, sin dejar de ser en ningún momento la escritora traviesa y perspicaz que es.

Gómez Urzaiz coordinó un libro que reseñamos aquí

sábado, 13 de septiembre de 2025

Madres de libro (bonus round): Linea nigra de Jazmina Barrera

Idioma original: 
español
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy recomendable
 
Cuando ya habíamos cerrado y programado la serie de libros para la semana sobre la maternidad, recuperé de entre mis eBooks atrasados esta obra de la autora mexicana Jazmina Barrera. Y en cierto modo es bastante adecuado que este libro aparezca como bonus round porque es, en sí mismo, una especie de sumatorio de obras sobre la maternidad, sobre el embarazo, el parto o la lactancia, entre otros temas. Es un libro que para desarrollarse reconstruye una genealogía (del Libro de la almohada a Pequeñas labores, pasando por Ursula K. LeGuin, Adrienne Rich, deRachel Cusk, o incluso el Frankenstein de Mary Shelley), y reivindica la propia necesidad de seguir ampliando esta genealogía, ocupando ese espacio negado a las mujeres, a las madres, en el propio concepto de literatura: 
Sé de otras escritoras que también están escribiendo sobre embarazo y parto y lactancia. Más libros fragmentarios, que citan al 'Libro de la almohada'. Me encanta esta moda, y quiero que sea mucho más que una moda. Que seamos más. Muchas. Creo que nunca vamos a ser suficientes. Pienso en los diarios, las listas, las cartas, los herbarios, los libros de texto: todas esas formas de escritura a veces son, o pueden ser, literatura. Lo mismo pasa con los diarios de embarazo, con los diarios de bebés. Quiero que sobren los libros, que los haya buenos y malos. Quiero un canon, una tradición. Y también una ruptura, libros en contra del canon. Nuevos géneros literarios. 
De hecho, este libro es, orgullosamente, un "Diario de la maternidad", que comienza con la noticia del embarazo, y dura (o al menos ese era el plan, como reconoce la escritora) con el destete de su hijo Silvestre. Así, el hilo principal del texto lo componen anotaciones muy concretas, y generalmente muy breves, sobre el embarazo, las náuseas, los movimientos del feto en la barriga; el parto con todo su terror y toda su gloria; y sobre los primeros meses de vida del bebé, y su relación fisiológica y emocional con su madre. En estas anotaciones, lo factual convive con lo reflexivo; la narración de anécdotas con la introspección o el comentario de lecturas de otras autoras, que ocupan sobre todo mucho más espacio en la segunda mitad. (De hecho, la obra incluye una lista final de "LIBROS QUE LEÍ MIENTRAS AMAMANTABA", en que figuran varios libros sobre la maternidad, aunque también sobre muchos otros temas).
 
Con todo, este plan, hasta cierto punto espontáneo (y que no corresponde, por cierto, con el libro que la autora debería estar escribiendo, y para el que había recibido una beca) se ve atravesado por otras líneas relevantes, algunas de ellas imposibles de prever, como el terremoto que sacudió México el 19 de septiembre de 2017, o el cáncer de ovarios detectado a la madre de la escritora. De hecho, la madre de la escritora, pintora de profesión, le sirve a la autora como puente para introducir en el texto numerosas referencias a la pintura o la fotografía, como Frida Kahlo o la narradora y traductora indígena Luz Jiménez, que aparece en varias fotografías de Tina Modotti (en algunas de ellas, dando de mamar) y que también fue modelo para Diego Rivera, entre otros pintores. 
 
El texto (y me imagino que los lectores atentos habrán notado que evito llamarlo "novela" para no traicionar la deliberada ambigüedad genérica de la obra) está compuesto, como mencionaba antes, por fragmentos relativamente breves e independientes; apuntes rápidos, como anotaciones de un diario, que crean una imagen poliédrica de la maternidad, con toda su complejidad y sus contradicciones. Esta es una decisión estética, pero también, como explica la autora, un efecto del propio tema y del contexto de la escritura, entre tomas del pecho, pañales cambiados y siestas mal dormidas:
Susan Griffin también escribe sobre las interrupciones de la maternidad y los fragmentos que produce. Dice que tenemos sólo iluminaciones breves entre las interrupciones que hay que registrar. Luego ponerlas una junto a otra, con la esperanza de que algún día, más tarde, podamos darles sentido.
Creo que, de los libros que he leído sobre la m/paternidad, este es uno de los que mejor toca todas las teclas que más me atraen en el tratamiento de este tema: es inteligente y sensible, no idealiza la experiencia pero tampoco es un relato tremendista, deja espacio al humor y a la ironía, es autoanalítico y autocrítico pero al mismo tiempo da cabida a muchas otras voces y experiencias, por lo que no se vuelve solipsista... Creo que es sin duda un libro que relagaría sin pensarlo a una amiga que estuviese embarazada, o pensando en quedarse embarazada, entre otras cosas porque, como decía antes, permite también seguir el hilo que te lleva a otras lecturas posteriores.
 
Como curiosa nota final, este libro lo disfrutarán todavía un poquito más los lectores que hayan leído también Literatura infantil de Alejandro Zambra: Jazmina Barrera y Alejandro Zambra son pareja, y ambos son los padres de Silvestre, por lo que ambos libros funcionan  como un espejo feminino/masculino sobre una misma experiencia. De hecho, "Alejandro" figura profusamente en la obra de Barrera, y alguna anécdota en concreto (como la sobredosis de hongos alucinógenos del escritor intentando superar una migraña) aparecen narrados en los dos libros desde perspectivas diferentes.

domingo, 6 de abril de 2025

Rachel Cusk: Un trabajo para toda la vida

Idioma original: inglés.
Título original: A Life's Work.
Traducción: Catalina Martínez Muñoz.
Año de publicación: 2001-2007.
Valoración: se deja leer


Rachel Cusk escribió Un trabajo para toda la vida en el 2001. Quiero suponer que, entonces, era una escritora con poca repercusión y que necesitó, de alguna manera, compartir sus experiencias. Siguiendo con las suposiciones, cuando alguna de su obra posterior (alguna reseñada aquí) obtiene un reconocimiento más o menos generalizado (dentro de este liliputiense mundillo), se opera el consabido proceso de progresiva curiosidad del público por la obra anterior, la recuperación – previas cuestiones legales o burocráticas – de ésta, etc. Cuestión esta que es una cierta especialidad de Libros del Asteroide, notable editorial que suele presentar autores poco conocidos (actuales y no tanto) . En el marco de este proceder, recuperar esta obra más de dos décadas después de su primera publicación responde a esta lógica. Lo que no me ha cuadrado tanto es que la autora incorporara, ya en 2007, dos textos introductorios, que en esta edición se han incluido.

Porque estas dos introducciones desvirtúan la obra, parecen pretender justificarla y casi excusarse por su contenido, y hasta cierto punto condicionan su lectura, como si la autora renegara parcialmente de su escrito original, o necesitase explicar sus intenciones ante eventuales malas interpretaciones. Que parece ser que las hubo, en su momento. No había que esperar a que Elon Musk se hiciera con Twitter para destapar el odio, al parecer. Lo siento, pero mi opinión es que esto ni era necesario en 2007, y en 2025 ya es francamente prescindible.

Básicamente, Un trabajo para toda la vida es como un dietario algo desordenado de experiencias y reflexiones relacionadas tanto con las últimas fases del embarazo como con el parto y los primeros años de cuidado del niño. Está escrito, por lo tanto, en una obstinada primera persona, que es como suelen escribirse estos libros. Pero es que esas sensaciones que se manifiestan, desde las consecuencias físicas, inevitables, hasta el proceso mental, que me temo que también depara muchos lugares comunes, no me han aportado novedad alguna sobre lo que es una sensación universalmente experimentada y universalmente aceptada. Bueno: quizás no tan universalmente. No tantas madres desempeñan una profesión o una situación económica como la de Cusk, que les puede permitir disponer de canguros y cuidadoras (algo tendencioso, por cierto, el episodio del incidente con la cuidadora española). Entonces si esa percepción de la situación personal ocasiona esas sensaciones, si esa reflexión induce a sentimientos poco convencionales – el rechazo, el hastío, el agobio –pero esas circunstancias no los convierten en reprobables, sino en manifiestamente lógicos, Cusk inunda su corriente de conciencia de tópicos que, a pesar de su honestidad y sinceridad, parecen extraídos de una versión algo erudita y desganada de un diario de Bridget Jones, madre. Todo lo cual reduce el atractivo del texto.

Otros libros de Rachel Cusk reseñados en ULAD: aquí

viernes, 12 de mayo de 2023

Rachel Cusk: Segunda casa

Idioma original: inglés
Título original: Second place
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable (alto)



«En esa época de año —primavera— las patatas que guardamos en el cobertizo empiezan a echar brotes, aunque las conservemos completamente a oscuras. Les salen esos brazos blancos y carnosos porque saben que es primavera, y a veces me quedo mirando una patata y pienso que sabe más que la mayoría de la gente»

Tengo la opinión de que cuanto más difícil resulta distinguir los mimbres de una buena narración (incluso una vez concluida su lectura) esta ha sido concebida más cerca de las tripas que del cerebro, más orgánica es, más íntima y personal. En el caso de Rachel Cusk, se le añade una buena bofetada de honestidad y esa leve y continua sensación urticante de que nada de lo que está escrito es inocente.

Resumen resumido: M vive una apacible existencia con su esposo Tony en una marisma remota, mientras siente que la madurez vital que atraviesa tiene muy poco que ofrecerle. Sin embargo, la idea de invitar a L, un artista plástico cuya obra admira desde hace años, a pasar una temporada en la casa de invitados (la segunda casa), despierta en ella un entusiasmo inesperado que la llevará a proponérselo de inmediato. El tiempo que L pasará con ellos será un recuerdo inolvidable pero no en los términos que M imaginaba.

La premisa de Segunda casa está inspirada en la obra Lorenzo en Taos de Mabel Dodge Luhan. En ella, la propia autora, una rica mecenas estadounidense de las artes, explica la singular experiencia vivida cuando el escritor D. H. Lawrence (El amante de Lady Chatterley) aceptó su invitación de pasar una temporada en la colonia de arte de Taos que ella regentaba.

Sin que M pueda considerarse propiamente una mecenas al uso, sí vive una intrínseca relación con el arte en su vida cotidiana, tanto desde el punto de vista sensorial como intelectual. Ello contribuye a un particular perfil psicológico que el lector no puede dejar de lado a la hora de transitar junto a ella las vivencias que narra.
«Los dedos del pianista, rigurosamente entrenados, son más libres de lo que lo será jamás el corazón esclavizado del amante de la música. Supongo que esto explica por qué los grandes artistas pueden ser personas tan horribles y decepcionantes. La vida rara vez ofrece la oportunidad o el tiempo suficiente para ser libre en más de un sentido.»
Esa hipersensibilidad artística de la protagonista, combinada con una vida apartada y sin más contacto que la propia naturaleza, en una fase vital en plena crisis de la madurez y de monotonía matrimonial, se materializa en una deriva emocional de abulia hacia todo lo que la rodea en su vida cotidiana. M está en crisis y cree que el hecho de tener a L cerca, con su personal visión de la realidad, va a darle una perspectiva mucho más excitante. Probablemente de forma subconsciente, M también está manejando otras motivaciones más básicas (dicho en el buen sentido), como el hecho de que necesita conectar con otro ser humano y sentirse mirada de nuevo.

Al final, la visita de L no es más que un pretexto para que la autora, a través de su narradora protagonista —y en su soliloquio frente a un tal Jeffers— exponga una serie de reflexiones muy personales y aún más audaces, sobre cuestiones de calado:
  • Sobre el menosprecio hacia nuestras necesidades más básicas cuya satisfacción siempre relegamos. La importancia de escucharse y de ser sincero con uno mismo, aunque sea hablando con un Jeffers imaginario.
  • Sobre la complejidad y omnipresencia del sesgo patriarcal en la sociedad.
«(…) esa aura de libertad masculina está presente en la mayoría de las representaciones del mundo y de nuestra experiencia humana en él, y que como mujeres nos hemos acostumbrado a traducirla a un idioma que podamos reconocer (…) evitando algunas de las partes a las que no encontramos sentido o no entendemos, y otras a las que sabemos que no tenemos derecho, y voilà!: participamos. Es como llevar un traje elegante que nos han prestado, o a veces directamente una suplantación (…)»
  • Sobre el arte en la vida del ser humano como faceta imprescindible para gozar de una vida plena.
Segunda casa está plagada de reflexiones muy diversas y pertinentes que obligan al lector o bien a detenerse o bien a plantearse una segunda lectura. Por otra parte Second place también ser puede traducir como segundo puesto, lo que encaja muy bien con la sensación de intrascendencia que invade a la protagonista. Rachel Cusk me ha sorprendido muy gratamente en esta primera incursión en su obra y espero volver a ella más pronto que tarde. Recomendable alto.

También de Rachel Cusk en ULAD: A contraluz

martes, 17 de diciembre de 2019

Rachel Cusk: A contraluz

Idioma original: inglés
Título original: Outline
Traducción: Marta Alcaraz
Año de publicación: 2014
Valoración: entre recomendable y está bien

Hay novelas difíciles de reseñar, no por su contenido, sino porque sé de antemano que puede que la reseña no encaje con la opinión de muchos lectores, algunos de ellos de los que me fío enormemente. Y podría ser perfectamente el caso de esta novela. Pero aquí se pide honestidad y sinceridad, así que vayamos a ello.

En primer lugar, debemos ser conscientes de lo que plantea la novela: un viaje de la protagonista a Grecia que sirve de vehículo para narrar, a partir de él, un conjunto de conversaciones entre la narradora y varias personas (no demasiadas) que, fortuitamente o de manera buscada, encuentra en su camino. Y vemos de entrada que sabemos poco de la protagonista, únicamente que se encuentra en un avión, camino a Atenas. La conversación inicial con su vecino de vuelo ya apunta de manera clara hacia donde la historia se dirige, pues, a través de la historia de su interlocutor, habla sobre las relaciones sentimentales, de pareja y de padres a hijos. Así, en una conversación en apariencia distendida, la autora la usa para mostrar un estilo donde se dice más de lo que se expresa, y utilizando una voz externa para tratar estos temas.

En los diferentes capítulos que conforman la novela, la protagonista conversa con distintos personajes que, de manera natural, le cuentan su vida o episodios de ella, y es en esas charlas de tono coloquial donde la autora utiliza los personajes de intermitente presencia (en alguno caso repetida) para poner un espejo ante ella y contrastar, de esa forma, diferentes visiones de ver el mundo y, especialmente, de las relaciones. Así desfilan, no únicamente los personajes, sino especialmente los puntos de vista, que divergen entre ellos y conforman un caleidoscopio a través del cual observar la siempre compleja vida sentimental.

El tono de Cusk es distendido, pero pulcro, preciso y afilado, y deja reflexiones que continúan mucho más allá de lo que la propia conversación establece. Así, encontramos perlas como «el amor lo cura casi todo, y cuando no puede curar, borra el dolor. Tú, por ejemplo, me dijo mi vecino, ahora estás triste, pero si estuvieras enamorada, la tristeza desaparecería» o «Lo que Ryan había aprendido de todo aquello era que tus fracasos nunca dejan de regresar a tu lado, mientras que tus éxitos son algo de lo que siempre tendrás que convencerte» o «son curiosas las ganas con las que los demás te animan a hacer cosas que ellos no harían ni en sueños, ese entusiasmo con el que te guían hacia tu propia destrucción». Así, en esta mirada caleidoscópica de personajes, vemos desfilar por el diorama de la narración a personajes de personalidad muy bien definida, como una madre quien dejó de lado su profesión para dedicarse al completo a su familia y darse cuenta a la postre que una vez la pierde no le queda nada «Lo único que te queda es otorgarles a tu marido y a tu hijo una importancia tal que tu ego pueda alimentarse de ella».

Con este estilo cuidado, la prosa de Cusk nos invita a viajar con ella a Grecia, pero nos insta especialmente a viajar por las múltiples vidas que retrata, de modo distendido, casi accidental y aleatorio, y que permite a la autora abrir diferentes escenarios en torno a las relaciones humanas, a los vínculos que establecemos con amigos y familiares, a las pequeñas luchas libradas en esas relaciones que a veces terminan en derrotas. Su estilo diáfano, abierto y nítido, expone sin juzgar situaciones sobre las que reflexionar, y se sitúa ella como receptora también de esas historias que ponen, a cada uno, en un contexto dialéctico y reflexivo del que sacar, como las instantáneas de un viaje, recuerdos que nos permitan pensar en aquello que somos o fuimos.

Estilísticamente, la narración de Cusk es sobria y elegante, y a pesar de la narración en primera persona ella misma se sitúa a cierta distancia de la historia narrada que deja totalmente en manos de sus interlocutores (algunas veces ella misma prácticamente ni interviene en el diálogo). Así, su visión de las diferentes historias es cercana a la que obtiene el lector, una distancia que permite a la autora prácticamente desaparecer del relato y situar justo en ese sitio desocupado por ella al lector, quien acaba conociendo a la protagonista por contraste con sus interlocutores. De esta manera, las historias narradas por los personajes parece que vaya dirigidas prácticamente al lector, y el juicio o análisis que debería hacer la protagonista de manera explícita los deja al lector, en quien recae la reflexión sobre lo leído. Este aspecto, y las pinceladas conceptuales de los personajes es lo más destacable de un libro que, en ocasiones, puede acercarse a la monotonía o desinterés, por la ausencia de una trama que se sustenta principalmente por compartir un mismo eje sobre el que giran los diferentes temas tratados: maternidad, relaciones de pareja, aspiraciones profesionales y vida propia.

Y si os preguntáis el porqué de una valoración no tan generosa como la reseña insinúa, la respuesta está en que el libro cae en la monotonía. Porque no cabe duda que está bien narrado y la prosa de Cusk es precisa, estrictamente perfecta, sin aristas ni puntas que hieran la lectura, pero a pesar de acertadas reflexiones, pocas de las historias narradas tienen impacto por lo que cuentan y ahí radica el principal escollo del libro ya que no es el cómo está narrado (ahí Cusk sobresale y cumple perfectamente con el propósito), sino el qué, pues más allá de alguna historia donde sí tiene interés por sí sola, la lectura del libro se desliza por las páginas buscando un impacto, en modo de acertada reflexión, que justifique la historia contada. Y eso para mí no es suficiente, por más bien que esté narrada.

También de Rachek Cusk en ULAD: Segunda casa

lunes, 17 de diciembre de 2018

LO MEJOR DEL 2018, SEGÚN ULAD, MODESTIA APARTE

Juan G. B. dice: 

Oriol Vigil dice:

Koldo CF dice:
Ha sido, para mi, el año de los autores latinoamericanos. Aquí la lista:

Francesc Bon opina:
No ha sido un buen año. Mis preferencias siguen inamovibles y nadie les hace sombra y alguno ya debería. Y un desastre solo recordar leer autores españoles o estadounidenses. 
  • Mi mejor lectura del año: El viaje vertical, de Vila-Matas 
  • Novedades que salvo, y mucho: Las posesiones, de Llucia Ramis 
  • Te gustará si votaste o piensas votar a Vox: Ordesa de Manuel Vilas. (Esto es una broma muy del momento, ni siquiera comprendería que le gustara a alguien, y los que votan a Vox ni leen libros ni leen blogs literarios, seguro) 
  • Hartito de darles más oportunidades: Trueba, Amat, y otros involucrados en el socavón que se abre bajo lo que fue antes Anagrama. 
  • Propósitos de año nuevo que caerán seguro: Barth, Gaddis, Vollmann. Y ya que otros toman gustosos el relevo de la actualidad, re-lecturas a manta. 

Carlos Andia sentencia:
  • Lo mejor del año: las relecturas de Lorca (Bodas de Sangre / Yerma) y Carpentier (El siglo de las luces)
  • Narrativa: quizá Lectura insólita de 'El capital', de Raúl Guerra Garrido, porque el nivel, la verdad, no ha sido muy espectacular 
  • Descubrimientos: Antonio Di Benedetto (Zama), y la faceta literaria de Henri Michaux (Un bárbaro en Asia)
  • Reconciliación con, y por lo tanto reapertura de puertas a: Michel Houellebecq (gracias a El mapa y el territorio)
  • Ensayo: entre bastante igualdad, finalmente me decanto por Jean-Yves Jouannais (El uso de las ruinas, reseña dentro de poco) 
  • Clásico: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne 
  • Experimento: Me acuerdo, de Georges Perec (reseña también en unos días) 
  • Decepciones: varias, moderadas, quizá la más fastidiosa, por los elogios que arrastraba, Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón 
  • Intenciones: un hipertocho que llegará pronto, volver a Di Benedetto, quizá a Sabato, cosas interesantes... y, sí Koldo, Cartarescu también. 

Montuenga contribuye: 

Marc Peig opina:

Carlos Ciprés añade:
Y que en los próximos meses Ustedes gocen de sus lecturas. 

Beatriz Garza estima:
  • Autor descubrimiento del año: Margaret Atwood 
  • Novela(ZA) descubrimiento del año injustamente olvidada: Primera sangre de David Morrell 
  • Clásico del año: Marianela de Benito Pérez Galdós 
  • Novela (que como no podía ser de otra manera, supera a la película) del año: Tomates Verdes Fritos de Fannie Flagg 
  • Relectura provechosa del año: Las hermanas Grimes de Richard Yates 
  • Lectura LGTBI del año: La chica danesa de David Eberhoff 
  • Objetivos cumplidos del año: Lectura y reseña de novela gráfica 
  • Conceptos aprendidos del año: La diferencia entre "literatura" y "producto literario". El género del ciclo cuentístico
  • Objetivos para el año que viene: me abstengo, que luego me siento fatal. 

Santi concluye:

lunes, 2 de abril de 2012

Rachel Cusk: Arlington Park

Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2006
Valoración: Recomendable

Sexta novela de la británica Rachel Cusk, una de esas escritoras jóvenes por las que bebe los vientos la divina lista de la revista Granta, enumero a continuación los cinco motivos principales que encuentro para recomendarla.

1- Narra escenas en principio intrascendentes (sin grandes sucesos ni desenlaces epatentes) que se dan durante un lluvioso día en un fictico barrio a las afueras de Londres llamado Arlington Park, protagonizadas por un grupo de "mujeres desesperadas" que rondan los cuarenta años y que se refugian en un mundo de jardines bien cuidados, casitas de muñecas y parques infantiles para no aceptar que sus vidas y sus maridos les provocan una honda insatisfacción. Es decir: descripciones de vidas cotidianas y burguesas aparentemente anodinas que en el fondo destilan una esencia de frustración e infelicidad amarga como la hiel.

2- A menudo comparan a Rachel Cusk con Virgina Woolf y esta novela con Mrs Dalloway, y no sin razón: Arlington Park comparte con ella tempo y espíritu, sobre todo en la historia de una mujer que mientras se sumerge en los preparatativos de una cena, aprovecha para perderse en reflexiones y sensaciones y mostrarnos su sopor existencial.

3- A Rachel Cusk no le tiembla el pulso al dejar claro que no toda mujer va a ser feliz consiguiendo un marido con una buena posición, una bonita casa en un barrio residencial y uno, dos o tres guapos y sanos hijos. Bajo una existencia tan idílica y correcta, pueden esconderse monstruos personales varios, como los son el de una maternidad no deseada o el de la sensación de que un cónyuge escogido más que nada por inercia social, puede haber "asesinado" proyectos y deseos de auterrealización. Y aunque no sea cómodo de leer (especialmente cuando el lector comprueba que, sin duda, en esta novela hay niños no queridos por sus madres), Cusk es exquisita a la hora de mostrar todas estas espinas: sin aspavientos ni histerias.

4- Es una novela fácil y rápida de leer pero que le da a uno mucho que pensar, especialmente si hace paralelismos entre las mujeres insatisfechas y cobardes de Arlington Park (no parece que vayan a rebelarse por miedo a los cambios que ello supondría) y personas conocidas o, incluso, uno mismo: ¿o acaso no somos todos, en mayor o menor medida, ovejas temerosas de desviarnos del rebaño social y escoger vivir vidas poco usuales o arriegadas?

5- Después de terminarla, dan ganas de leer más de Cusk, y eso tiene mérito, especialmente cuando está claro que el mundo de esta escritora no contiene acción sofocante, catedrales en construcción, vampiros seductores ni espías misteriosos: sólo árida cotidianidad con olor a hierba recién cortada y un buen asado para la cena.